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Rusia obrera y campesina

Por Luis Emilio Recabarren
Existen ya muchas publicaciones sobre la Rusia de los Trabajadores, ya sean escritas con pesimismo o con optimismo, a favor y en contra, según el modo de pensar y el estado de ánimo de cada escritor. Algunos han escrito después de haber visitado aquel país. Por cierto, algunos escritores fueron a Rusia a ver el comunismo establecido por los comunistas y, como no lo encontraron en la forma y manera que su imaginación caprichosa se trazara, declararon después que los comunistas habían fracasado.
 
Yo fui a Rusia, enviado como delegado al IV Congreso de la Internacional Comunista y al II Congreso de la Internacional de los Sindicatos Rojos. Y fui a Rusia llevando en mi convicción que los comunistas no habían podido construir todavía la sociedad comunista en Rusia, por las razones que se leerán en el transcurso de estas páginas, y que, con el poder político y económico en sus manos desde el 7 de noviembre de 1917, se ocupaban en acumular los elementos para la construcción de la sociedad comunista que tenemos trazada en nuestros programas y aspiraciones. Este modo de apreciar la situación de Rusia durante los cinco años transcurridos, y predicados durante el mismo tiempo en Chile, es lo que ha formado en la masa trabajadora organizada de este país una idea clara y sin equívocos de la verdadera condición en que se desenvuelve la creación de la sociedad comunista en Rusia.
 
Con este criterio, con la constante información que nos proporcionábamos sobre la marcha de los acontecimientos de Rusia, fui a aquel país a ver el trabajo realizado hasta la fecha, que habrá de conducir al proletariado a la edificación del comunismo; no iba, pues, a ver funcionando el comunismo como muchos, ingenuamente o malévolamente se lo quieren imaginar. Repito, yo iba anheloso a ver cuánto trabajo se había avanzado ya en la preparación de la sociedad comunista.
 
Sobre lo que vi y constaté durante los cuarenta y tres días que estuve en Moscú, he escrito algunos artículos, cinco de los cuales se publicaron en La Nación de Santiago. Esos artículos y las conferencias que he dado, después de mi llegada, de regreso de Rusia, coleccionados y con agregados que completan las informaciones, son el material que hoy ofrezco en este modesto folletito, con la intención de llevar a los lectores una información real de lo que hasta la fecha lleva construido el proletariado que, en Rusia, tiene hoy en su poder la suma del poder político y económico, después de haber destruido despiadadamente todo el mecanismo de la sociedad capitalista explotadora.
 
Se me podrá observar que cuarenta y tres días no son suficientes para reconocer e informarse de todo lo que es necesario en un país que ha cambiado tan fundamentalmente su régimen social, político y económico. Responderé a eso que yo no fui a Rusia a buscar detalles, que para este objetivo no los necesito, fui solamente a constatar lo más fundamental, con lo cual se construirá el porvenir.
 
Fui a ver si la clase trabajadora tenía en sus manos efectivamente el poder político, con el cual garantice la conservación en sus manos el poder económico. Fui a ver si la clase trabajadora tenía en sus manos la dirección del poder económico, con el cual irá construyendo su bienestar. Fui a ver si la clase trabajadora había abolido ya definitivamente todo el estado de explotación capitalista y de tiranía. Fui a ver si la expropiación de los explotadores estaba ya completamente consumada en Rusia. Fui a ver si habría posibilidad de restauración del sistema capitalista. No fui en busca de menudencias y detalles. Para recoger lo fundamental me alcanzó el tiempo. Y pude ver con alegría, que los trabajadores de Rusia tenían efectivamente en sus manos toda la fuerza del poder político y económico, y que parece imposible que haya en el mundo una fuerza capaz de despojar al proletariado de Rusia de aquel poder ya conquistado.
 
Pude constatar además que la expropiación de los explotadores es completa, de tal manera que jamás volverá a Rusia un régimen de explotación y tiranía, como el que todavía soportamos en Chile. Pude convencerme que no me había engañado anteriormente, cuando he predicado en este país que el proletariado de Rusia tiene en sus manos todo el poder para realizar su felicidad futura y va reuniendo los elementos para construir la sociedad comunista, como verdadero reinado de justicia social. También pude saber cómo la clase trabajadora tomó en sus manos todo el poder y las responsabilidades del caso, y cómo, por medio de la dictadura proletaria, lo conservará impidiendo que la burguesía derrumbada pretenda reconquistarlo. Y el detalle de eso, que es lo fundamentalmente interesante, es lo que relato en este folleto.
 
El proletariado de Chile recogerá de la lectura de este folleto muchas enseñanzas para sus actividades futuras, que le permitan avanzar con éxito hacia el derrumbe del Estado capitalista, el cual es la causa del estado de tiranía y de explotación que nos vemos obligados a soportar.
 
No creo haber mirado la nueva organización de Rusia con ojos optimistas y benévolos, lo cual no lo consideraba de utilidad para mis propias convicciones. He examinado si los fundamentos establecidos ya en Rusia son los fundamentos que se necesitan para la construcción de la sociedad comunista. Y es ese examen el que me ha convencido de que el pueblo de Rusia tiene en sus manos los elementos que se necesitan para la construcción de la sociedad comunista.
 
También quise convencerme de si las condiciones del pueblo ruso eran más propicias para la revolución y para el comunismo que las condiciones en que se encuentra el proletariado de Chile para acometer la misma empresa. Creo no engañarme si aseguro que al proletariado de Chile sólo le falta disciplinar un poco más su organización política y económica, para encontrarse en capacidad de realizar la Revolución Social que expropiará todo el sistema de explotación capitalista y que termine definitivamente con el caos capitalista, incapaz de producir el bienestar social que reclama la población de Chile.
 
Es de esperar que después de la lectura reposada de este corto folleto, cada proletario sepa tomar el sitio que le corresponde para encaminar sus actividades hacia la realización del programa de combate del comunismo, que destruya este sistema capitalista, que ya ha probado de sobra su total incapacidad para dar al país ningún bienestar.
Continuar en la inactividad o a la espera de ilusorias promesas que se renuevan sin cesar, para mantener la esperanza de los crédulos, que desgraciadamente son siempre los incapaces; continuar en esa condición es mantener el malestar permanente para todos, malestar que desde hace treinta años se hace sufrir al pueblo de Chile, engañándolo con promesas que no han tenido otro objeto que prolongar el estado de explotación capitalista, que permite a unos pocos hacerse millonarios en poco tiempo, mientras la mayoría de la población permanece en la más vil miseria.
 
Dar al pueblo los medios para terminar con su malestar es, entre otros, el objetivo de este folleto.
Luis E. Recabarren S.
Marzo de 1923
 
Conferencia sobre la actual situación de Rusia
 
El compañero Recabarren ha concretado sus impresiones sobre el estado actual de población de Rusia en diversas conferencias; publicamos acá una de ellas.
 
Nuevas funciones en la organización obrera
 
Ayer, en el pasado reciente, en Rusia, el Partido Comunista tenía un programa que proclamaba la abolición del régimen capitalista y la expropiación de los explotadores (como se mantiene en el resto del mundo por los demás partidos comunistas). Pero hoy, cuando el Partido Comunista tiene el gobierno, tiene todo el poder político en sus manos, después de haber expropiado y abolido todo el sistema de explotación capitalista y de haber puesto en manos de los sindicatos la mayor parte del poder económico, no puede ya mantener su programa de ayer, programa de aspiraciones. Ahora su programa es aplicar y realizar lo que hasta ayer sostuvo en su programa. Han cambiado, pues, las condiciones de su acción.
 
El Partido Comunista es hoy en Rusia el único partido de gobierno, pues no hay otros partidos en aquel país. Los grupos demócratas, llamados mencheviques, son tan insignificantes que no pueden ser tomados en cuenta para las labores del gobierno. No hay partidos burgueses. Sería un absurdo incomprensible tolerar la existencia de partidos burgueses que reclamarán el retorno de la explotación y de la tiranía capitalista. Un pueblo que ha abolido la esclavitud económica y política, y que está construyendo una nueva organización social basada en la libertad y en la justicia, no revelaría inteligencia si tolerara la organización de una acción encaminada a restaurar esa esclavitud y esa tiranía que acababa de abolir por medio de la revolución.
 
Siendo el Partido Comunista el único partido de gobierno en Rusia, asume solo ante la historia las responsabilidades de su acción. En los cinco años transcurridos ha dedicado su acción a establecer los fundamentos que garanticen el desarrollo progresivo de la economía nacional, bajo el poder absoluto de la clase trabajadora organizada. Ha entregado a los sindicatos el poder de legislar sobre todo lo que se relaciona con la organización del trabajo y para controlar la producción. Con el poder político en sus manos, el Partido Comunista ha abolido el sistema de explotación capitalista y ha dado a la clase trabajadora todos los derechos para intervenir en la construcción de los poderes político y económico, con lo cual el proletariado de Rusia construirá la sociedad comunista trazada en nuestros programas.
 
Organizar el poder de la clase trabajadora, el poder político y el poder económico, capacitar a la clase trabajadora para el ejercicio de esos poderes, porque no tenía esa capacidad, ésta ha sido la tarea de mayor importancia del Partido Comunista que ha realizado hasta el presente y que continúa realizando. Si el Partido Comunista ha podido realizar esta tarea, ha sido en razón de que se trata de un partido fuertemente disciplinado y capaz de realizar esa acción que nadie ha podido disputarle.
 
Por eso es que la Internacional Comunista, ante el resultado de esta experiencia, recomienda la formación de partidos comunistas, reducidos si se quiere en número, pero fuertemente disciplinados, cuya disciplina los capacite tanto para arrancar el poder a la burguesía como para organizar el Estado proletario después.
 
La experiencia, también, ha dejado establecido que no es posible confiar esta labor a los sindicatos que, en razón de la composición de sus elementos, es difícil que puedan construir la disciplina que se requiere para asegurar el triunfo de la revolución proletaria, que coloque a la clase trabajadora en posesión de todos los poderes para abolir la explotación capitalista y establecer el comunismo.
 
El Partido Comunista, consciente de estas realidades, ha asumido sin vacilación en Rusia, la responsabilidad de ejercer el poder. Como he dejado establecido, las funciones del Partido Comunista cambian de método, pues una vez en posesión del poder encaminan su acción a la implantación de su programa, que antes era una aspiración. De partido revolucionario pasa a ser partido de gobierno.
 
A los sindicatos obreros les pasa lo mismo, de organismos revolucionarios, cuya existencia tiene por objeto arrancar a la clase capitalista algunas mejoras económicas para la clase trabajadora, mientras llega el momento de abolir el sistema de explotación capitalista, se transforman, una vez conquistado el poder político, en organismos constructores de la nueva estructura económica que hasta antes de la revolución sólo ha sido un programa de aspiraciones.
 
Este camino ya lo han recorrido los sindicatos rusos. Hasta 1917 eran sindicatos revolucionarios que reunían a la clase trabajadora para disputar a los capitalistas algunas mejoras y hoy organismos del Estado obrero, constructores de la sociedad comunista.
 
La vida de los sindicatos rusos está llena de acciones interesantes, dignas de ser conocidas aunque sea en pequeña proporción por nuestros compañeros. Veamos algunas de sus páginas.
 
En el informe del camarada Andreef, de la CGT de Rusia, en el II Congreso de la Internacional Sindical Roja, encontramos las siguientes declaraciones:
 
“Ante todo, es necesario que los camaradas extranjeros sepan que los sindicatos rusos no fueron jamás reformistas.
Los sindicatos de la Europa occidental y de América tienen que pasar del reformismo a los métodos revolucionarlos de lucha, pero los sindicatos rusos no han sido jamás afectados por la plaga de la clase obrera que se llama reformismo. Desde la época en que el capitalismo no hacía más que comenzar entre nosotros, hasta el momento en que nacían los primeros gérmenes de la lucha y organización obreras, nuestros sindicatos fueron organismos revolucionarios. Aún antes de la revolución de octubre, nuestros sindicatos han llenado siempre no solamente su rol económico, sino también su rol de combate, caminando de la mano con el partido político del proletariado, el Partido Comunista: al principio en la lucha contra el zarismo y, más tarde, en la lucha contra el capital.
 
Por ello nuestros sindicatos no han debido pasar por la etapa dolorosa del reformismo que deben pasar los sindicatos de los otros países.
 
Es útil que el proletariado sepa apreciar el valor de esta experiencia. Si los sindicatos rusos, debido al uso de los métodos revolucionarios y al desprecio de los métodos reformistas o democráticos, si debido al uso de esa táctica es que han podido abolir el sistema de explotación capitalista, razonable debe ser para todos los trabajadores tomar debidamente en cuenta que han sido los métodos revolucionarios los que han dado a la clase obrera de Rusia la victoria definitiva contra la explotación capitalista”.
 
Los sindicatos rusos ni creyeron ni se confiaron jamás de las falsas promesas y de los engaños con que siempre se hace víctima a la clase obrera de los demás países. Los sindicatos rusos confiaron solamente en sus fuerzas y en su acción revolucionaria. Es cierto que tuvieron que sufrir una tras otra persecuciones, pero es más cierto que al fin triunfaron.
 
Doy en seguida una noticia ligera de los accidentes sufridos por los sindicatos de Rusia. Dice Losovsky: grandes huelgas y conflictos sociales aparecieron después de 1880; en 1890 asistimos a una huelga general en Petrogrado y en la región de Moscú y, desde el siglo XX, apareció un desarrollo impetuoso del movimiento obrero con huelgas de masas y demostraciones que terminaban en colisiones sangrientas. Este movimiento huelguista espontáneo hizo nacer entre los trabajadores una necesidad de organización. Pero las organizaciones obreras no pudieron existir legalmente, fueron implacablemente destruidas por el zarismo. Asistimos a este estado de cosas durante muchos años; ante el estallido de las grandes huelgas aparece la necesidad de los comités clandestinos, de la circulación clandestina de volantes y los mejores militantes a la cabeza de los movimientos son encarcelados, deportados a la Siberia o asesinados.
 
Desde 1905 apareció, de nuevo, una rápida organización de los sindicatos. En 1907 había cerca de 200.000 obreros organizados, pero ese mismo año la represión los destruyó de nuevo hasta 1917.
 
Las organizaciones obreras de masas no surgen hasta febrero de 1917, cuando la muchedumbre obrera se abalanza como un incontenible torrente al seno de los sindicatos.
 
La revolución del 25 de octubre es una revolución de la clase obrera y, al mismo tiempo, es la obra de un partido, de soviets y de sindicatos. Esta revolución ha puesto al frente de los sindicatos nuevas tareas, puesto que una nueva situación fue creada, en la cual las formas sociales sufrieron un desplazamiento radical.
 
La transformación de los sindicatos en Rusia se opera como sigue: hasta febrero de 1917, son organismos contra la explotación patronal y contra la tiranía gubernamental zarista; en febrero de 1917 se constituyen en órganos de revolución; después de la revolución de octubre de 1917, son los órganos de la edificación económica de Rusia que deben afrontar tanto la organización del trabajo como la organización de la producción. En 1921, la introducción de la nueva política económica (NEP) obliga a los sindicatos a revisar sus métodos y su táctica.
 
Dice Losovsky, en uno de sus folletos y sobre la formación actual de los sindicatos:
“Es evidente que, antes de hacer una huelga, los sindicatos hacen uso de otros métodos para liquidar el conflicto. Con este objeto, se constituyen órganos de conciliación. Jurados de arbitraje, jurados de entente amigable, etc. Pero, si todos estos medios pacíficos fracasan, la suspensión del trabajo se hace inevitable. Se comprenderá que una huelga en Rusia se desarrollará en condiciones muy distintas que en Europa Occidental. Este no es un país donde la legislación proclama la ‘libertad de trabajo’, es decir, la libertad para los rompe-huelgas. Este no es un país, tampoco, donde todo el aparato del Estado: policías, gendarmería sea puesto al servicio de la clase patronal, para protegerlos contra las huelgas, y donde los rompe-huelgas trabajan bajo la protección de las bayonetas policiales.
 
El proletariado ruso está garantido contra esa clase política del Estado, y sabe que el poder de los Soviets no asegurará jamás una tal ‘libertad de trabajo’, que no ayudará jamás a los rompe-huelgas a sabotear las huelgas dirigidas contra los empresarios privados o colectivos. Por consecuencia, las circunstancias en las cuales estallan los conflictos en Rusia son muy distintas que en los otros países. El proletariado ruso posee un arsenal más abundante para la acción contra la clase patronal.
 
Es así que en el curso del último año, en varias villas, han estallado algunos conflictos entre obreros y patrones. Es en Vitebsk donde los patrones panaderos quisieron declarar un lock-out y se encontraron frente a la resistencia no solamente de los sindicatos, sino también con la del Soviet local de los diputados obreros, y el lock-out tuvo que fracasar. Cuando las empresarios ávidos de ganancias comenzaron una explotación cínica de mujeres y de niños, cincuenta empresarios fueron juzgados en Moscú por el tribunal revolucionario, por el tribunal de la clase obrera. En presencia de miles de obreros, los negocios más o menos propios de estos empresarios fueron examinados y el tribunal condenó a una fuerte multa a todos los inculpados por infracción a las leyes sobre protección al trabajo. Estas circunstancias, en medio de las cuales se desarrolla la lucha de los sindicatos rusos, difieren radicalmente de las condiciones de la lucha de los obreros de la Europa Occidental donde funcionan tribunales de clase de la burguesía”.
 
En las pocas expresiones transcritas de Losovsky podemos ver los dos períodos de acción de los sindicatos rusos de los que he hablado antes.
 
El primer período, durante el régimen capitalista, en su lucha terrible contra la explotación y la tiranía, afrontando todos los sufrimientos que todavía tenemos que afrontar los trabajadores que no tenemos la suerte de vivir en Rusia.
 
El segundo período, el actual, en su labor de reconstrucción económica y de construcción comunista del nuevo Estado en poder de los trabajadores.
 
Voy a enumerar en seguida todo lo más fundamental, que en el transcurso de los cinco años pasados ha ido estableciendo la clase trabajadora de Rusia.
 
Tiene todo el poder político y económico en sus manos. Los órganos del poder político son los Soviets elegidos solamente por la clase trabajadora, pues las leyes electorales de Rusia sólo dan derecho a voto y a ser elegidos solamente a los que trabajan, negando esos derechos a los que no trabajan y a los comerciantes y patrones, cuyo número es ya muy insignificante en Rusia.
 
Los órganos del poder económico son los sindicatos, que hoy tienen en su poder la tarea de la construcción económica de la sociedad comunista, y mientras dure el período de transición, en su camino hacia el establecimiento del comunismo, tiene también a su cargo la tarea de la defensa de los intereses de la clase obrera.
 
Con el poder en sus manos, la clase obrera de Rusia, por el órgano de sus sindicatos, tiene ya establecido, en condiciones inamovibles, el derecho a legislar sobre la organización del trabajo.
 
Comités de fábrica. Son comisiones de obreros elegidas por el mismo personal de cada establecimiento para fiscalizar la administración; además, el personal elige, de acuerdo con el Consejo de Economía Nacional, el director del establecimiento y demás jefes que sean necesarios en un establecimiento. Con estos derechos, los obreros se evitan y se libran de todos los abusos de que actualmente son víctimas en los países donde se trabaja todavía bajo el sistema de explotación capitalista.
 
Salarios y horas de trabajo. Los salarios y horas de trabajo no son señalados por el personal de cada establecimiento, sino que es derecho del sindicato de la respectiva industria. Cada sindicato, de acuerdo con el Consejo de Economía Nacional, que es también un organismo obrero de funciones técnicas, determina y legisla, o mejor dicho, fija las categorías de salarios, que actualmente están divididas en 17, siendo la categoría uno la del salario de los aprendices y la categoría 17 la del salario de los técnicos y directores. El salario está fijado en rublos oro, lo cual coloca al obrero o empleado a salvo del encarecimiento de la vida que se produce en razón de la baja del precio del rublo papel. (Es decir, más claro, el proletariado ruso está hoy en la misma situación en que estuvieron los obreros ferroviarios de Chile, cuando se les pagaba sus sueldos a razón de 16 peniques por peso.)
 
El hecho de que el proletariado tenga garantizado su salario en oro es una conquista de bienestar que no tienen los obreros del resto del mundo. Es por esto que pude constatar que, en una de las grandes fábricas metalúrgicas de Moscú, se había pagado, durante tres meses, sumas diferentes a un mismo personal, sin alterar sus salarios, en la forma que sigue: en septiembre, 295.105.270.000 de rublos papel. En octubre, 484.532.900.000 de rublos papel. En noviembre, 871.960.220.000 de rublos papel. Como se ve, esa enorme diferencia en rublos papel no es sino una misma cantidad en rublos oro. Esta ventaja que tiene la clase trabajadora de Rusia no la tiene la clase trabajadora de ningún otro país, salvo la de aquellos países donde el cambio se mantiene casi inalterable, que no produce oscilaciones importantes en el mercado -como, por ejemplo, en nuestros vecinos de Uruguay, Argentina, Perú y Bolivia, que tienen mucho menos especuladores del salario que en Chile, donde tan mansamente se soporta toda la miseria.
 
Los sindicatos también fijan las horas de trabajo y la jornada máxima establecida es de ocho horas, siendo de seis horas las jornadas de los mineros y trabajos insalubres, y está casi abolida la mala costumbre de trabajar horas extraordinarias. Los obreros que trabajan seis horas en trabajos insalubres tienen además un salario mejorado y ración preferida de leche.
 
Hombres y mujeres trabajan en igualdad de condiciones.
 
Es un hecho bien establecido que los sindicatos son la autoridad encargada de establecer los salarios y los honorarios, y que las fuerzas del Estado Obrero cumplen y hacen cumplir.
 
La clase obrera en el seno de los sindicatos dicta sus condiciones de trabajo. La clase obrera en el seno de los soviets, con la fuerza de los soviets en su poder, cumple sus resoluciones. En ningún otro país la clase obrera dispone de la facultad de organizar y mejorar sus condiciones de trabajo.
 
Es el Partido Comunista quien, tomando el poder en sus manos, con el apoyo de los sindicatos y por medio de los soviets elegidos por el mismo pueblo, garantiza a la clase trabajadora el ejercicio del poder para mejorarse ella misma.
 
Los partidos demócratas y socialistas, llamados mencheviques, fueron y son contrarios a que la clase trabajadora disfrutara de ese justo bienestar, pues fueron contrarios a la expropiación de la clase explotadora y gobernante.
El Partido Comunista tomó el poder por medio de la violencia. No esperó conquistar el poder por medio del voto electoral, por medio de la legalidad como nos aconsejan siempre los partidos demócratas, llamados partidos de orden, porque el Partido Comunista está convencido, por los hechos ya vividos, que por medio del ejercicio legal del voto, de la elección de parlamentarios, jamás conseguirá la clase trabajadora tener el poder para abolir el sistema de explotación y opresión capitalista, que le permita vivir en un estado de justicia y libertad. El Partido Comunista, convencido de esta verdad histórica recurrió a la violencia para tomar el poder en sus manos, después de haber organizado y disciplinado bien sus filas, escogió el momento de mayor desorden por el que atravesara la clase capitalista.
 
Así es como hoy día, la clase obrera tiene en sus manos los elementos para ir construyendo la sociedad comunista del porvenir.
 
Todavía, después de las ventajas ya enumeradas anteriormente, que se proporcionan con su poder, los trabajadores tienen otras ventajas: -La habitación. En Rusia se proclamó el siguiente principio: “Nadie debe tener dos habitaciones mientras haya alguien que no tenga una”. Pero una gran parte de los trabajadores viven vecinos a los establecimientos donde trabajan, sin pagar arriendos por las viviendas, y los que pagan, en su mayor parte tal vez no deben disponer de más de un día de salario al mes para el arriendo de su habitación. Hay quien solamente emplea un medio día y quienes dispondrán de más según sean sus condiciones de salario. El que está cesante por falta de trabajo no paga arriendo y tiene además alimentación gratuita en los hoteles de la Comuna.
 
La educación. Está en gran parte bajo la vigilancia de la clase obrera, pues cada fábrica tiene sus escuelas, donde los hijos de los obreros reciben la educación y donde los obreros pueden vigilar y administrar esa educación. Casi en todas las grandes fábricas hay una escuela para los hijos de los obreros y empleados, y una escuela técnica para el perfeccionamiento de la capacidad profesional de los obreros. La educación se hace en conjunto para niños y niñas. El programa de enseñanza, naturalmente, se hace por los métodos comunistas elaborados por el Comisariado de Instrucción. La canción nacional que se canta en todas las escuelas y universidades de Rusia es “La Internacional”, canción que llama a todos los hombres de la tierra a vivir como hermanos.
 
La salud. En cada establecimiento existe un servicio médico, bajo la vigilancia de los obreros, para el cuidado de la salud de todo el personal y sus familias. La excelente organización de estos servicios médicos no existe en otros países. Los obreros, ellos mismos, con el poder absoluto de sus manos, cuidan su salud y se dan todo el bienestar que pueden ir estableciendo con los recursos que van disponiendo a medida que van progresando. La previsión social no está, pues, abandonada. Algunos chalets que fueron de los burgueses se han convertido en casas de salud y convalecencia de obreros enfermos en donde pueden ir a pasar alguna temporada con sus familias. Los vicios, que tanto esclavizaban antes a los obreros, van desapareciendo en la misma rápida proporción con que progresa la cultura. La represión a los vicios cuenta con las fuerzas del Estado y de toda la organización obrera interesada en su extinción. Es al revés de nuestros gobernantes y capitalistas, que se enriquecen a costa del vicio de la clase trabajadora.
 
La dictadura proletaria en pleno vigor todavía existe y se mantiene por la voluntad de toda la organización de la clase proletaria. Es la fuerza que garantiza la estabilidad del poder obrero contra la intención de restaurar el sistema de explotación capitalista, con todo su conocido cortejo de esclavitud y opresión que es la condición de la clase burguesa.
 
¿Quiénes son los que protestan de la dictadura proletaria? Todos los enemigos de la abolición de la explotación capitalista, llamados demócratas, socialistas revolucionarios y algunos anarquistas o supuestos anarquistas.
Ningún obrero consciente concibe que, después de derrocado el sistema de explotación capitalista y después de destrozado su sistema de tiranía, se pudiera permitir, a pretexto del derecho y la libertad, que esa clase capitalista volviera a organizarse en partidos que pretendieran reconquistar el poder para restablecer el imperio de su sistema de explotación y de tiranía. Una vez destrozada la organización burguesa, patronal o capitalista, como quiera que se llame, no puede permitirse que vuelva a organizarse, porque su organización significaría la amenaza de volver a tomar el poder, para volver a establecer la explotación despiadada de los trabajadores.
 
La organización patronal, capitalista o burguesa, consiste en la posesión del poder político, con todos los órganos de gobierno, policías, ejércitos, jueces, cámaras, etc., con lo cual se asegura el derecho de explotar el trabajo de la clase proletaria.
 
Cuando la clase trabajadora, con el sacrificio de sus héroes, ha logrado destrozar esa terrible organización patronal o capitalista, cuya crueldad está sufriendo en el resto del mundo la clase obrera, no es posible, bajo el pretexto de ninguna libertad, permitir que la fiera capitalista vuelva a organizarse.
 
No hay derecho a explotar el trabajo de los obreros y, por lo tanto, no puede reconocerse derecho a las clases capitalistas vencidas para volver a su sistema de explotación.
 
¿Qué libertad y qué derecho reclaman las clases burguesas vencidas por la revolución en Rusia? ¿Puede concebirse que se les vaya a reconocer derecho a publicar diarios o revistas? ¿Qué objeto tendría esto?
 
Los reformistas, los demócratas, los socialistas revolucionarios, que antes opinaban que no era tiempo todavía para hacer la revolución y que, una vez producida, siguen empecinados en sostener que aún no es tiempo para realizar la expropiación capitalista, etc., ¿qué derecho reclaman? ¿El derecho de defender los intereses de la clase capitalista vencida por la revolución? ¿El derecho de restablecer las instituciones burguesas? No es posible otorgar derechos para la reconstrucción del régimen capitalista destrozado por la revolución. Y tampoco puede ser juicioso otorgar derechos para defender ese régimen bajo ningún pretexto.
 
La dictadura proletaria es la fuerza inteligente que garantiza a los trabajadores la muerte definitiva del sistema de tiranía y de explotación capitalista. La dictadura proletaria desaparecerá por sí sola cuando las raíces del sistema capitalista hayan desaparecido completamente.
 
Los que hoy gritan en contra de la dictadura proletaria, ¿defienden los intereses del proletariado o de la burguesía?
La dictadura del proletariado no va dirigida contra el proletariado. Es creación del proletariado, es fuerza del proletariado, ideada y construida exclusivamente para cimentar el Estado proletario contra las pretensiones de restablecimiento de los sistemas de esclavitud de la clase capitalista. No puede, pues, el proletariado protestar contra la fuerza que le asegura perpetuamente su bienestar.
 
Después de haber explicado las condiciones en que desenvuelve actualmente sus actividades la clase obrera, dueña del poder en Rusia, creo conveniente tratar algo de lo que la prensa burguesa ha llamado el fracaso del comunismo en Rusia y la vuelta al capitalismo, hechos que son de gran importancia y que, en realidad, lejos de significar una vuelta al capitalismo, significan una mayor seguridad para el establecimiento del comunismo.
 
Bajo la denominación de Nueva Política Económica se restablecieron en Rusia algunos métodos capitalistas, como ser:
 
-Arrendamiento de algunas fábricas a capitalistas.
-Comercio libre.
 
-Restablecimiento de los salarios en moneda, como consecuencia de las dos circunstancias anteriores.
 
Pero también es cierto que, si por una parte se volvió al uso de estos métodos, bajo ningún concepto puede hablarse de fracaso del comunismo. También es mucho más verdadero y real que, junto con el restablecimiento de esas medidas, se verificó la expropiación más completa y definitiva de toda la burguesía, cosa que hasta ese momento no se había completado. Es decir, la adopción de la NEP, que significa el restablecimiento de algunos métodos capitalistas, impuso como una medida indispensable la abolición completa y definitiva de la propiedad privada, que hasta ese momento no se había completado.
 
Hasta el establecimiento de la NEP, el comercio se hacía solamente por los órganos del Soviet. Una vez aplicada, se restableció la libertad de comercio, hecho que trajo la circulación de capitales y, por lo tanto, produjo mucho más desarrollo a todas las industrias. Es decir, con capital burgués se fortifica la potencia industrial soviética de hoy, base del industrialismo comunista de mañana.
 
La Rusia acosada por las contrarrevoluciones, que pagaban el oro de los aliados, bloqueada por los aliados, con el desastre del Volga que produjo el hambre en esa región, y soportando todavía las consecuencias de la guerra europea que había destrozado toda su economía, tuvo que recurrir a la adopción de la Nueva Política Económica, con mayor razón cuando no se veía la posibilidad de que la revolución se desarrollase en otros países que hubieran podido servir de apoyo a la Revolución Rusa.
 
 
*Luis Emilio Recabarren (Valparaíso, 6 de julio de 1876 - Santiago, 19 de diciembre de 1924). Obrero tipógrafo, líder sindical y militante del movimiento obrero chileno. Fue electo diputado en dos periodos, entre 1906 y1924. Fundador del Partido Obrero Socialista de Chile (POS) en 1912, posteriormente Partido Comunista de Chile (PCCh) a partir de 1922. Fundador y director de diversos periódicos, como El Despertar de los Trabajadores, El Socialista y El Justicialista. En 1923, al regresar de un viaje a Rusia, escribió una serie de artículos, reunidos luego en un folleto. Publicamos acá su introducción y el capítulo VII.
 

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