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La segunda violación de Alemania

Anexión no es unidad
Por Jorge Altamira

Si las palabras aún conservan su valor, el 3 de octubre pasado no tuvo lugar la “unificación” de Alemania, sino la absorción de la Alemania stalinista por la RFA. Esto desde un punto de vista político. En el plano económico se ha producido la mayor confiscación que se conozca en la historia, y aun más que esto, una destrucción de recursos productivos efectivos impuesta por los grandes pulpos que controlan las decisiones estatales en la Alemania capitalista. En estas condiciones, los “costos” de la “unificación” son extraordinariamente elevados para el conjunto de los trabajadores de Alemania —tanto los “costos” políticos como los económicos. Es que, en definitiva, esta “unificación” siguió el curso de la ribera más derechista de ambos Estados alemanes y también la más expropiatoria con referencia a la clase obrera y a otras capas populares alemanas.

 
La anexión perpetrada el día 3 se produjo de acuerdo a lo estipulado por el artículo 23 de la Constitución de la RFA, el cual admite la incorporación de los Estados regionales que lo pidan. De este modo, la RDA se disolvió en cinco estados federales que fueron anexados a la estructura estatal establecida de Alemania occidental. Se dejó de lado otra vía, también establecida por la Constitución de la RFA, que es la convocatoria a una asamblea constituyente. La conclusión de esto es que el conjunto del pueblo alemán fue privado de la posibilidad de expresar su autodeterminación nacional y su soberanía política, es decir, de concurrir a un proceso deliberativo y democrático. Esto no constituye ninguna anomalía, sin embargo, porque simplemente retrata el carácter confiscatorio de todo el “operativo unidad”.
 
La consecuencia de las características políticas reaccionarias impresas a la “unificación” se manifiestan en dos cuestiones fundamentales, de un lado, en el mantenimiento de la legislación represiva occidental y del conjunto de su aparato burocrático de opresión, y del otro, en la asimilación de una gran parte de la burocracia germano-oriental al Estado “unificado”. Como resultado de esto se ha impedido el desmantela-miento de los servicios de represión y espionaje stalinistas, así como la publicidad de sus archivos, que los servicios occidentales pretenden ahora guardarse para sí. En esos archivos se encuentra la evidencia de que gran parte del personal político oriental que se ha pasado a la República “unificada”, está constituido por informantes del espionaje staliniano —no importa que ahora actúen como democristianos, socialdemócratas o democrático-socialistas. Pero al mismo tiempo esos archivos tienen importante información sobre los trabajadores disidentes u opositores al stalinismo, algo que la policía política de Kohl-Willy Brandt no se privará de usar.
 
Este salvataje de la burocracia stalinista no impide, sin embargo, que se mantenga la vigencia de la ley de “prohibición profesional”, que impedía ocupar la función pública en el lado occidental a personas de ideas marxistas. Al mismo tiempo ha comenzado el ataque para derogar la progresiva ley de aborto, de vigencia relativamente reciente en la RDA, y por supuesto que ha quedado eliminada la garantía del pleno empleo.
 
¡Pero esto no significa que los trabajadores orientales puedan acogerse a los salarios e indemnizaciones sociales vigentes en el oeste, aunque sí deberán pagar por lo que compren “precios occidentales”! Los bancarios del este, por ejemplo, han pasado a cobrar un salario de 1.500 marcos (unos cinco millones y medio de australes) lo cual a “precio alemán reunificado” es un miseria. Se ha establecido así una Alemania con “dos velocidades” o de “dos categorías”. A la larga esto deberá llevar a una mayor polarización en todo el país, pues como lo reclamara hace poco el Financial Times (30/7), “en un verdadero sistema de libre mercado, el estrechamiento de las diferencias salariales entre el este y el oeste podría ser alcanzado, en parte, por cortes en los salarios occidentales...”
 
La burocracia sindical ha realizado su propio operativo anexionista, copiando el modelo aplicado al nivel estatal: disolvió a la stalinista Central Sindical oriental, pero no para convocar a un congreso obrero de unidad, sino para absorber para sí a los diferentes sindicatos por industria, y por sobre todo a su extendida red de obras sociales y centros de vacaciones. Con todo, el interés principal de este operativo es acabar con las nuevas direcciones que han surgido en las fábricas y sindicatos del este como consecuencia de la movilización de los últimos dos años contra el régimen staliniano.
 
Basta mencionar las características principales de todo este operativo anti-unitario contra los trabajadores y las masas alemanas, para reconocer en ellas los síntomas inconfundibles de una latente explosión social y política, que se intenta prevenir. La anexión del 3 de octubre no ha resuelto la cuestión de la unidad de Alemania, sino que simplemente es una expresión y un reconocimiento de que Alemania ha entrado por primera vez desde el fin de la guerra en una situación de características pre-revolucionarias. No por nada es el “nexo” entre el este y el oeste.
 
Todo esto explica un hecho relativamente secundario, pero no por ello menos importante, como es la indefinición en que ha quedado la cuestión de la capital del Estado “unificado”, que debería ser la multitudinaria e histórica Berlín, y no la provincial e inexpresiva Bonn. Pero el retorno de Berlín a su condición de capital significaría darle un centro político a la protesta popular, del que ambas Alemanias han carecido hasta ahora. En la memoria de los explotadores aún se conserva la imagen de la revolución obrera berlinesa oriental de 1953, cuando ambos sectores de la ciudad estuvieron a punto de irrumpir en una acción común, por encima de las divisiones impuestas y los ejércitos de ocupación. La cuestión de la capital es una cuestión capital para el capital.
 
Gorbachov y la URSS
 
Es cierto que las masas orientales jugaron un papel decisivo y final en la desintegración de la RDA, pero esto no le quita nada a la evidencia de que esta desintegración forma parte de la gigantesca convulsión social y política por la que atraviesa la URSS y de la política de la burocracia rusa, encabezada por Gorbachov, para resolver esta enorme crisis con el concurso del imperialismo mundial. En este último sentido, la anexión de la RDA por la RFA ha sido un operativo concebido como una de las alternativas admisibles, por Gorbachov.
 
Más allá de las presiones, viajes y “apretadas” de Gorbachov al extinto gobierno staliniano para que implemente la completa “apertura” hacia la RFA, en la crisis final de la RDA jugó un papel fundamental la fuga de alemanes orientales hacia Alemania oeste a partir de Hungría. Recientemente (Le Monde, 25/9/90), el ex primer ministro de Hungría, Miklos Nemeth, reveló en Londres haber tenido reuniones secretas con Kohl y Genscher, para hacerlos partícipes de la decisión de abrir la frontera entre sus dos países a los refugiados orientales. El gorbachiano o “renovador” fracasado Nemeth, dice textualmente que se dirigió al castillo de Gymnich, cerca de Bonn, para que Kohl “pudiera prepararse para los cambios políticos inevitables debidos a la apertura de la ‘cortina de hierro' (¡Cómo “cambian” de lenguaje los burócratas!). No olvidaré jamás, dice Nemet, la reacción del señor Kohl, quien visiblemente emocionado murmuró» ‘el pueblo alemán no olvidará nunca lo que usted ha hecho al tomar esta decisión Nemeth agrega que Kolh le ofreció “algo a cambio”, pero que su respuesta fue que no había que ligar este asunto a ninguna otra cosa, razón por la cual un préstamo de Bonn a Budapest fue reportado para más adelante!!
Uno de los aspectos decisivos del operativo montado por Gorbachov para poner fin a la RDA, fue precisamente la necesidad de un gran préstamo occidental, que sólo la RFA podía tener interés en conceder, si mediaba la anexión oriental. La parte final del operativo ha sido, precisamente, la concesión de un crédito de cinco mil millones de marcos, sin condicionamientos económicos, que la burocracia moscovita ha dilapidado en un abrir y cerrar de ojos, ¡jen el pago de intereses atrasados de la deuda externa!! (The Wall Street Journal, 3/10/90).
 
El sector oriental de Alemania ha pagado así, por segunda vez en cincuenta años, indemnizaciones económicas a la burocracia rusa, si se recuerdan las “reparaciones” forzosas arrancadas por Stalin y también por segunda vez la burocracia rusa será responsable del desmantela-miento de la industria de Alemania oriental, en 1945 a través del traslado a la URSS de las maquinarias y herramientas y ahora pagando con ese desmantelamiento el crédito de la RFA a Gorbachov! Los alemanes del este no han vivido, el 3 de octubre, su día de liberación, sino un segundo acto de su esclavización.
 
Con todo, el lado económico de la crisis rusa y oriental es solo un aspecto de esta maniobra. En su ultimo viaje a la RDA antes de la caída del muro, Gorbachov señaló explícitamente que la peor de las variantes en el desarrollo de la crisis, era que “el poder (quedara) en la calle”. La anexión germano-occidental apunta, precisamente, a evitar que esto, una revolución, pudiera ocurrir.
 
El alcance de esta política “de seguridad” se extiende a toda Europa oriental, para lo cual está prevista una conferencia de todos los Estados de Europa, Canadá y Estados Unidos, y los llamados acuerdos de “desarme”. A través de este proceso, el “este” y el “oeste" se prometen “socorro mutuo” contra la revolución, tal como lo demostró, anticipadamente, la invitación que Baker y Mitterrand hicieron a Gorbachov para que el ejército rojo invadiera Rumania, en oportunidad del golpe-revolución que derribó a Ceaucescu.
 
El operativo “unificación” tuvo para su inspirador, Gorbachov, la contrapartida del apoyo del imperialismo al operativo de mantenimiento de las naciones del Báltico dentro de la URSS. Este toma y daca “persuadió” a los jefes militares soviéticos de que la “seguridad” de la URSS quedaba a salvo gracias a la política de Gorbachov. Mientras en Vilna, Lituania, los disidentes democratizantes celebraban la anexión alemana, desconocían seguramente, o fingían hacerlo, que esa anexión había sido pagada con la privación de la independencia nacional de Lituania!
 
El “costo” económico de la “unificación”
 
Es sorprendente que la ampliación económica de la explotación capitalista sea presentada como, o incluso pueda representar, un “costo” para sus beneficiarios. Que sepamos, la anexión económica de Argentina a Gran Bretaña, en las dos últimas décadas del siglo pasado, no significó un costo para el Tesoro inglés o para el contribuyente. Y no solamente esto, sino que esa anexión permitió al capital mundial una tasa extraordinaria de acumulación.
 
¿En el caso alemán, todo sería diferente? Primero se presentó el “costo” de la “unificación” para la RFA en diez mil millones de marcos, ahora se habla de cuarenta mil millones —pero de dólares, y no sería tampoco ésta <4la cuenta final” (O Estado de Sao Paulo, 9/10/90). La cifra de lo que se presente como un “rescate” se acerca al total del producto bruto oriental, lo cual equivale a la entrega de un indemnización de cinco mil dólares anuales a cada oriental o de diez mil dólares a cada persona activa. Ya muchos se preocupan por el impacto que este “costo” habrá de tener sobre el conjunto de la economía mundial, a la que acosan el déficit del presupuesto norteamericano (de 300.000 millones de dólares anuales, “por lo bajo”) y el déficit del presupuesto y del balance de pagos soviético (que simplemente es un inmenso “agujero negro”).
 
En realidad, el “costo” de la “unificación” está expresando dos cuestiones fundamentales: de un lado, la falta de pujanza, el envejecimiento o la descomunal crisis del capitalismo mundial, y del otro, los métodos de destrucción económica que inevitablemente ha tenido que imponer para encarar la “unificación”.
 
Por ejemplo, “una alta autoridad de Alemania oriental acusó a Alemania occidental de debilitar intencionalmente la economía de Alemania oriental, con el objetivo de adquirir sus empresas a precios más bajos”. Esa “autoridad” citada por el Financial Times (10/8/90), es un insospechable procapitalista,  el “ministro de finanzas a cargo del partido socialdemócrata”, quien agregó que “todo indica que se quiere conseguir la economía de la RDA lo más barato posible”.
 
Pero estas “acusaciones fueron corroboradas por el presidente de Peat Marwick, de Frankfurt, una de las principales firmas auditoras de Alemania occidental. Los inversores occidentales, deduce el Financial Times, calculan que no tiene sentido pagar altos precios ahora por algo que podrá ser comprado a precios de liquidación mañana”. En una economía como la oriental donde el presupuesto de las empresas que se llevan a la quiebra se confunde con el presupuesto del Estado, el hundimiento de aquéllas produce un déficit fiscal, que deberá cubrirse con préstamos o mayores impuestos. El “costo” de la “unificación” alemana está vinculado, así, con la política del saqueo capitalista.
La descomposición del capitalismo mundial se revela aquí en el hecho de que la burguesía alemana no puede sumar sino que debe restar en el proceso de unidad económica, esto porque le interesa eliminar un competidor que actuaba en un mercado protegido por el Estado, y no acrecentar uno nuevo en un mercado mundial ya saturado y ante una inminente crisis de sobreproducción. Una manifestación peculiar de esta situación es la decisión de cerrar una eficiente empresa, la Pentacom GmbH, productora de las cámaras fotográficas Praktica, porque opera en un mercado cedido al monopolio japonés de aparatos fotográficos.
 
Las brutales consecuencias de la anexión económica provocaron una crisis en el organismo encargado de la privatización de las empresas orientales, donde fue desplazado un capacitado especialista en estos procesos... por el presidente de la Hoesch. Es la historia del zorro en el gallinero.
 
En el importantísimo mercado del seguro, la occidental Alianz se quedó con la totalidad de las pólizas del mercado oriental efectivamente solventes —las otras las pasó al Estado, que deberá anotarlas en sus cuentas de resultados negativos. Esto le permite a la Alianz obtener una renta extraordinaria, que podríamos bautizar como renta de anexión.
 
Semejante saqueo económico no sólo está dejando varios millones de desocupados, sino un vaciamiento tal, que el Instituto de Investigación de Berlín Oeste prevé un déficit en cuenta corriente para la región oriental, de 37 mil millones de marcos, en 1990, y de 72 mil millones, en el '91, para una economía cuyo producto anual es de 270 mil millones de marcos. Es decir que la región este ha dejado de producir y se ha transformado en un gran receptor de mercancías del oeste. Resultado: la producción cae en Alemania oriental, un 30%, y sube en la occidental, un 4% del PBI. Gracias a la “demanda del este, las ventas minoristas de Alemania occidental han crecido un 5%, y aún más los beneficios” dice el International Herald Tribune (15/8/90). Incluso cuando los productores de carne orientales ofrecieron a los comercios un precio un 20% inferior al de la carne del oeste, el propietario rechazó la oferta ‘‘porque su contrato solo le permitía comprar a las compañías distribuidoras de Alemania occidental” (The Wall Street Journal, 22/8/90). “Alemanes orientales en estado de excitación creciente sospechan de la existencia de un complot para socavar sus compañías y granjas, de modo de poder después absorberlas a precio barato” (ídem). Cuando uno de esos productores del este redujo aún más el precio de la carne y estableció su propio puesto de venta, ‘las comercializadoras occidentales intentaron comprarle toda la producción” —para mantener los altos precios vigentes y eliminar la competencia (ídem). Es natural que esta quiebra organizada y el desempleo masivo concluyan como una enorme carga presupuestaria, que deberá ser pagada por contribuyentes y consumidores, a través de mayores impuestos o una inflación más alta.
 
Todo esto importa, porque demuestra los límites insalvables de la penetración capitalista en eV este, y su tendencia a generalizar las condiciones revolucionarias al este y oeste de Europa. La tarea de la unidad democrática de Alemania y de Europa entera quedará en manos del proletariado, que la transformará en socialista.
 
Pero el financiamiento del capitalismo en el este, se ha transformado en una carga, por la simple razón de que el pletórico capitalismo mundial está en quiebra, es decir, está enterrado e inmovilizado en negocios sin salida. Esta situación de exceso de capital que se encuentra a la vez inmovilizado, explica que suban las tasas de interés, o dicho de otro modo, porque el ahorro escasea y el riesgo de las inversiones es elevado. Se trata de una situación bien diferente a la que prevalecía durante la colonización económica inglesa de Argentina, cuando la existencia de posibilidades de inversión movilizaba un capital nuevo que provenía de los beneficios empresarios y de los ahorros líquidos individuales de capitalistas en potencia.
 
Lejos de la posibilidad de que el capitalismo regenere a los sistemas burocráticos, lo más probable es que se entierren en ellos como en otras tantas operaciones que pasaron del beneficio a la pérdida. Solo a través de una contrarrevolución violenta el capitalismo podría imponer durablemente sus salidas, pero antes de que esto ocurra deberán generalizarse las condiciones revolucionarias provocadas por la crisis actual.
 
Y entonces...

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