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Las tendencias trotskystas en el origen del PT

Por Rui Costa Pimenta
El PT cuenta hoy en su interior con un conjunto de corrientes trotskystas, algunas de las cuales tienen apenas un puñado de adherentes. De ellas, cuatro fueron reconocidas recientemente por la dirección partidaria como corrientes oficiales, la Democracia Socialista, O Trabalho, Convergencia Socialista y la insignificante Voz Proletaria (posadista), más conocida por sus aspectos pintorescos y por la conducta extravagante de su fundador, el argentino Homero Cristaldi (J. Posadas). La quinta corriente trotskysta, Causa Operaría — a la cual el autor de este artículo está vinculado— es la única corriente de expresión del Partido de los Trabajdores a la que le fue negado el reconocimiento en función de las divergencias políticas con la línea oficial de partido.
 
Estas corrientes se estructuran, sin excepción, en el período de crisis del régimen militar que se inició a mediados de la década der70 con el fin del “milagro brasileño” y con la expresiva derrota del partido oficialista, el ARENA, a manos del partido burgués oficial de oposición, el MDB. Su estructuración fue un lento proceso molecular de recomposición política, tanto del movimiento obrero derrotado por el golpe militar del '64, como del movimiento estudiantil desestructurado por la derrota del '68 y por la actividad desorganizadora de los grupos foquistas durante la década del '70. Su creación, aunque tenga bases en la reestructuración del proceso político nacional, fue —en gran medida— impulsada por la actividad de las organizaciones trotskystas internacionales, europeas y latinoamericanas. Así es que Democracia Socialista se formó a partir de la fusión de diversos grupos políticos regionales, algunos de los cuales, eran producto de la evolución y de la ruptura d' organizaciones semi-foquistas de la década de '70 como el POC (Partido Obrero Comunista) o el Polop (Política Operaría) y se vinculó al llamado Secretariado Unificado de la IVa Internacional dirigido por el belga Emest Mandel. La Convergencia Socialista, fundada por exiliados brasileños en Chile, fue creada bajo la inspiración del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) de Argentina, dirigido por Nahuel Moreno, actual Mas. O Trabalho, actual nombre de la antigua OSI (Organización Socialista Intemacionalista) fue el resultado de una fusión entre grupos trotskystas como la OC-1- de Maio (Organización Comunista l2 de mayo), apoyada por el entonces CORCI (Comité de Organización por la Reconstrucción de la IVa Internacional), pero particularmente por la organización argentina Política Obrera y por el francés Partido Comunista Intemacionalista. Del interior de la OSI surgirá Causa Operaría, como resultado de una polémica internacional entre las organizaciones francesa y argentina en tomo al carácter de la burguesía en los países atrasados, la orientación a seguir en los sindicatos de los países atrasados e, incluso, la conducta a adoptar frente al PT.
 
Ei “ala socialista” del MDB y el partido obrero independiente
 
Las diferencias políticas de estos grupos en tomo a la cuestión crucial de la organización partidaria de los explotados, o sea, de la propia estructuración política de la clase obrera, se manifestaron de inmediato. La DS y la CS, ambas  en aquel momento vinculadas al Secretariado Unificado, respectivamente a la mayoría y a la minoría del SU, adoptaron la táctica común de estructurar en el partido oficial de oposición a la dictadura, el MDB, un “ala socialista”. Ambas organizaciones compartían la concepción predominante en la burguesía democrática de aquella época de que el MDB era “un frente amplio de oposición” a la dictadura. Esta política de frente popular precoz denunciaba, al mismo tiempo, una concepción de la revolución de carácter etapista, donde en una primera fase, por la ausencia de libertades democráticas, el proletariado quedaría integrado política y organizativamente a la burguesía. En las elecciones del '78 lanzaron los llamados “candidatos obreros y socialistas” del MDB, los cuales tenían poco de obreros y nada de socialistas, como el burócrata Benedito Marcilio, presidente del Sindicato de Metalúrgicos de Santo André, apoyado por la Convergencia Socialista.
 
La OSI, al contrario, va a lanzar ya a partir de 1977 la propuesta de construcción de un “partido obrero independiente”, la cual tenía el mérito innegable de señalar de inmediato la necesidad centi*al de separar al proletariado de la burguesía, organizándolo en partido propio opuesto al “frente amplio de oposición” dominado por la burguesía nacionalista y democratizante. Sin embargo, esta cuestión será uno de los puntos de discordia que llevaron al surgimiento de Causa Operaría. El motivo de la discusión fue la manera abstracta y sectaria con que era levantada la reivindicación: “... siempre que los revolucionarios plantearon la cuestión del partido obrero como algo distinto del partido revolucionario (dotado de un programa comunista más o menos acabado), este planteamiento tenía un objetivo preciso frente a organizaciones existentes, que agrupaban al proletariado y frente a las cuales los revolucionarios organizados constituían una pequeña minoría”.
 
“La OSI, al contrario, inventó la consigna del partido obrero dirigida... a nadie. Y particularmente de un partido obrero no dirigido a los sindicatos, cuando exactamente lo contrario es lo que debería hacerse hoy debido a la revitalización de las organizaciones obreras a partir del ascenso de la lucha huelguística” (...).
 
“Si mañana, por ejemplo, se reúne un congreso de organizaciones sindicales para aprobar la constitución del llamado Partido de los Trabajadores debemos intervenir en este proceso, luchando no por cualquier programa sino por una Verdadera plataforma’ obrera independiente.” (1)
 
De esta forma, antes mismo del nacimiento del PT, cuando este apenas “estaba en el aire”, en el '78, ya se delineaban claramente tres posiciones entre las corrientes trotskystas: 1) La posición de los integrantes del SU —la DS y la CS— que proponían un “ala socialista” de un partido burgués, una vaga delimitación ideológica (en la medida en que el programa de esta “ala socialista” no se diferenciaba en nada de la estrategia democratizante de la oposición burguesa) en un partido no sólo burgués sino además de colaboración con el régimen militar; 2) Una propuesta de partido obrero, defendida por la OSI, no dirigida a provocar una evolución política en el interior de las organizaciones de masas del movimiento obrero, como los sindicatos, sino dirigida a una auto-proclamación de la propia organización; y 3) Una propuesta de partido obrero concebida como un llamado a la auto-organización de los trabajadores influenciados por la burgusía, donde los revolucionarios deberían intervenir críticamente con un programa de independencia de clase.
 
La CS: del partido socialista con Almino Affonso al PT
 
Los seguidores de Moreno en Brasil tomaron la iniciativa de plantear la construcción de un partido socialista. No se trataba de un partido programáticamente trotskysta ni siquiera obrero. La propuesta de construir un PS fue concebida por los morenistas como la forma de “realizar la síntesis de las variadas corrientes que aspiran al socialismo” (2), lo que significaba concretamente la reunión de varias figuras remanentes del viejo nacionalismo burgués del antiguo PTB varguista, como Almino Affonso, el vicegobernador de Orestes Quercia, Edmundo Moniz, Fernando Henrique Cardoso y otros con el objetivo de crear un “amplio y democrático Partido Socialista en el Brasil, usando para eso incluso las leyes vigentes en el país” (3). El objetivo estratégico de tal partido sería la lucha por establecer un “socialismo con libertad” (4).
 
Esta propuesta de los morenistas, que fue presentada como una formulación precursora del PT, no tenía absolutamente nada que ver con la organización independiente de los explotados sino que constituía la continuación de la política seguida en el interior del MDB. En el mismo documento de propuesta del PS, explicaban que la participación de los “socialistas” en el MDB, concebido como “un frente electoral o frente de oposición democrática”, tenía como objetivo “la unidad de todas las fuerzas democráticas” para luchar por “el fin del régimen de excepción ... a partir de un programa mínimo del MDB”. El objetivo de esta política sería que “el régimen militar debe ser sustituido por un gobierno provisorio, elegido por el frente democrático, y este tiene que tener un plazo que debe ser lo más breve posible, suficiente para la convocatoria de una Constituyente libre y democrática”).
 
La política de encubrir los objetivos de-mocrático-burgueses con un lenguaje socialista es lo que caracteriza tanto a la política seguida por los morenistas en aquel momento como su actividad en torno al PS. En el II9 Congreso de Convergencia Socialista, surgida esta propuesta de construcción del PS, podemos leer en una de las resoluciones: “Nosotros, militantes de Convergencia somos socialistas, por eso, en esa Asamblea Constituyente lucharemos para que los trabajadores consigan votar una constitución que organice el país en nuevos moldes, dentro de una planificación socialista, o sea, lucharemos para que en la Constituyente se vote un gobierno de los trabajadores y una constitución socialista que siente las bases para la construcción de un Brasil socialista”(6).
 
La idea de luchar en la Constituyente burguesa por un gobierno de los trabajadores y una constitución socialista revela con claridad que la política de los morenistas es una política de frente popular (el “frente amplio de oposición”) y de demagogia socialista, demagogia porque el socialismo es colocado aquí solamente para ocultar el carácter burgués de las reivindicaciones democráticas, toda vez que no se explican las condiciones concretas en que es posible realizar el socialismo.
 
El viraje de la recién formada Convergencia hacia el PT ha sido señalado como un gran acierto de los morenistas en la época que caracterizaban al nuevo partido como “el embrión del partido socialista que está naciendo” y el núcleo de Convergencia Socialista se propone frente a él “luchar con todas las fuerzas para que este embrión crezca rápidamente y se transforme en verdadera opción para la democracia” (7). En realidad, entre la política de construcción del PS y el viraje en dirección al PT hay una política de carácter contradictorio. El viraje de la CS en dirección al PT es el resultado, en primer lugar, del fracaso de la propuesta de PS, que no conseguirá realizar la “convergencia” con los “socialistas” burgueses; el PT será el resultado de una ruptura entre la burocracia sindical encabezada por Lula y el ala “auténtica” del MDB (Fernando Henrique Cardoso, Alberto Goldman, etc.) causada por las imposiciones de la evolución de la situación política y de la lucha de clases. La continuidad está en que la CS llevará dentro del PT la misma política que presidió su actividad en torno del PS.
 
La CS reivindicará desde el inicio, e incluso hasta el día de hoy, las “bases políticas originales del PT”, en las cuales, se dice, los morenistas habrían tenido participación directa. Los documentos iniciales del PT, sin embargo, no son una plataforma obrera y socialista sino formulaciones democráticas y burguesas. Allí se propone “la participación política de los trabajadores”, “la democratización de la sociedad”, pero en ningún momento son planteadas las cuestiones fundamentales de la lucha por la independencia de clase y los objetivos históricos de la clase obrera. La intervención de la CS en el interior del PT estará guiada desde el inicio por una adaptación a las tendencias oportunistas que estaban presentes en su fundación, en dirección a un partido “amplio”, “democrático”, o sea, el mismo tipo de partido que la CS proponía para su PS. La CS no proponía una adaptación transitoria al PT como forma de luchar por un partido de clase realmente independiente; así, la CS afirmará, sin rodeos, que “para la CS sólo hay un PT, el que lanzó Lula ante 80.000 metalúrgicos en abril de 1979. Defendemos este PT y sus banderas de lucha. Y vamos a combatir a los que quieren modificar los objetivos trazados desde el comienzo por los compañeros Lula, Bittar, Cicote, Ibrahim, Skromov y demás dirigentes sindicales. No queremos que el PT tenga todo nuestro programa.” (8) (Destacado por el autor).
 
Con estas posiciones, la CS se presentó desde el principio no como una vanguardia revolucionaria que participa de la experiencia política de los trabajadores, con un programa y una política que les permita evolucionar hacia una organización propia de clase independiente, plenamente conciente de sus objetivos como clase, sino como un elemento adicional de confusión y fortalecimiento de las tendencias burguesas y pequeñoburguesas que convivían en el partido en aquel momento y que hasta hoy predominan en él.
 
Posteriormente, en 1981, la CS efectuará un giro de 180 grados en algunas de sus posiciones iniciales. Va a caracterizar al lulismo como “una burocracia históricamente contrarrevolucionaria”, que “Lula es igual que Joaquim” (“pelego”del sindicato metalúrgico de Sao Paulo) y que entre ambos había sólo una “división del trabajo”, para plantear una línea de “entrismo” que “aproveche los aspectos progresivos del PT” (9), como si se pudiesen aprovechar aspectos “progresivos” de la contrarrevolución. Esta política, con mayores o menores variaciones, durará hasta el año '90, cuando la CS se enfrentará a la cuestión de la reglamentación de las tendencias y efectuará un nuevo viraje político.
 
O Trabalho: pilar de la dictadura y partido obrero
 
Cuando Lula lanzó en 1979 la propuesta de construir un Partido de los Trabajadores, la corriente O Trabalho, entonces OSI, la condenó sin medias tintas: “surgido en el interior del sindicato corporativista, aglutinando viejos burócratas (...) y burócratas más nuevos, el PT viene mostrando en cada huelga su verdadero papel: mantener la estructura sindical corporativista, quebrar al movimiento huelguístico (...) es una articulación burguesa, que juega, al lado del PCB, un papel de apoyo a la dictadura”(10).
 
Este análisis de O Trabalho (que hoy es ocultado, de todas las maneras posibles, por sus integrantes de la época, algunos de los cuales son hoy miembros de la fracción mayoritaria del partido como Luiz Gushiken, Clara Ant y Glauco Arbix) no tenía nada que ver con la realidad sino que formaba parte dé un esquema abstracto y doctrinario que procuraba imponer a los hechos y cuyo centro era la concepción de que los sindicatos brasileños no eran organizaciones obreras sino de la burguesía. El análisis de O Trabalho reducía los sindicatos brasileños a una de sus características, la de su reglamentación jurídica y su control por el Estado, sin considerar que eran las únicas organizaciones formales de la clase obrera brasileña. Este análisis conducía a numerosas equivocaciones, la más importante de las cuales era la política de “destrucción de los sindicatos” existentes y la construcción de nuevos sindicatos, llamados “sindicatos libres”. Según Trotsky, “las tentativas sectarias de edificar y mantener pequeños sindicatos ‘revolucionarios’ como una segunda edición del partido significan, de hecho, renunciar a la lucha por la dirección de la clase obrera. Es preciso establecer aquí como principio irrenunciable: el auto-aislamiento sectario fuera de los sindicatos de masas equivale a una traición a la revolución y es incompatible con la afiliación a la IVa Internacional” (11).
 
En el análisis de O Trabalho había también otro error, éste común al conjunto de los sectores petistas, pero desde otro ángulo. El PT no nació en el interior de ningún sindicato, fuese corporativo o no. El PT fue el resultado de todo un amplio proceso de recomposición política, no sólo en el interior de la clase obrera sino también en el interior de la izquierda pequeñoburguesa. Basada en este mismo argumento, que sirvió a O Trabalho para condenar al PT, el conjunto de la izquierda procuró presentar al PT como la expresión genuina del movimiento obrero, ocultando la predominancia en su interior de los elementos pequeñoburgueses nacionalistas y democratizantes. Lo mismo hará el propio O Trabalho en seguida, dando un viraje de 180 grados en relación a su política frente al PT, pero sin alterar esta apreciación.
 
Cuatro meses después de la crítica que hacía al PT, O Trabalho cambia totalmente sus posiciones: “El PT es una respuesta del movimiento obrero en el sentido de su organización independiente (...) El PT nace como la articulación de agentes de la burguesía en el movimiento obrero, pero no evolucionó como un pilar de la dictadura. La fuerza motriz de su articulación es la lucha de los trabajadores y no los partidos burgueses ni la dictadura militar”(12). No tenemos aquí ningún verdadero análisis de la evolución del PT sino, simplemente una pérfida tentativa de adecuar las posiciones políticas a la realidad con un mínimo de daño para la credibilidad de la organización. No se puede considerar seriamente que los “agentes de la dictadura”, como era considerado el propio Lula, “evolucionan ya no en el sentido de luchar contra la dictadura sino en el sentido de la organización independiente del movimiento obrero”, o sea, de la lucha contra el capital. La pretensión de que la “fuerza motriz” del PT es la lucha de los trabajadores también carecía, como carece hoy, de sustentación. Una de las características más relevantes del PT es el hecho de haber elevado a un verdadero objeto de culto la no interferencia del partido en el movimiento organizado de los trabajadores a través de la teoría de la “autonomía de los movimientos sociales”. El PT careció siempre, y carece incluso hoy, de organización fabril e incluso de organización partidaria formal en los sindicatos. En realidad, las huelgas iniciadas en 1978 marcaron el despertar de la clase obrera frente a la dictadura y proyectaron a sus dirigentes, particularmente a Lula, a nivel nacional. El llamado de esta dirección a construir un Partido de los Trabajadores dio a la propuesta una importancia nacional y puso a la orden del día, objetivamente, la cuestión de la constitución de un partido independiente, sus métodos, su estrategia y su programa. Este fue un hecho totalmente progresivo en un país que, como Brasil, carecía completamente de una organización política de masas c la clase obrera y en el cual no había un partido revolucionario desarrollado.
 
El conjunto de la izquierda —y a partir de ese momento también O Trabalho— dio la tarea por resuelta. Su caracterización será que “Lula y los que lo rodean están hoy marcados por las relaciones que establecieron con el movimiento obrero independiente (...) Lula cumple un enorme papel progresivo (...) después de más de un año de construcción de este partido obrero independiente que está siendo el PT” (13).
 
La confusión que se presenta aquí es la de que plantear simplemente un partido de trabajadores que agrupa indiscriminadamente asalariados y pequeñoburgueses, no puede ser identificado automáticamente como un partido obrero independiente. La creación del PT constituyó, en aquel momento, un paso progresista, pero también un paso que precisaba ser completado con otros: actuar en forma independiente en el terreno electoral y, más importante aún, en el terreno de la agitación y de la propaganda en general, en el conjunto de la situación política, a partir de una estrategia y una táctica realmente obreras, lanzarse a la organización política de los trabajadores en su lugar de trabajo.
 
El desenvolvimiento posterior de O Trabalho confirma las caracterizaciones establecidas an teriormente. La identificación del PT como partido obrero independiente lo llevará a reclamar su ingreso primero al PT y luego a su fracción mayoritaria. La falta completa de críticas de O Trabalho a la evolución del PT provocarán, más adelante, en su interior una ruptura vertical que hará que la mitad de la organización, ya bastante debilitada en función de sus zigs-zags políticos, se disuelva en la fracción lulista, incluyendo a todos sus principales dirigentes.
 
Democracia Socialista: el partido obrero sin programa
 
Al contrario de las corrientes analizadas más arriba, la DS no se caracterizó en los primeros tiempos de su existencia por proponer una organización partidaria separada del MDB. Acomodada en el “ala socialista” de ese partido burgués, la DS acogió al PT como la alternativa natural en el momento en que surgió. Los mandelistas brasileños caracterizaron enseguida al PT como un “partido obrero independiente, clasista”(14). Esta caracterización se postula como un axioma a partir del cual se estructura un conjunto de consideraciones, pero nunca fue explicada desde un punto de vista objetivo. La DS incluso llega a reconocer, contradictoriamente con esta caracterización fundamental, que el PT “no es un partido revolucionario”, “que no asimiló la lucha de clases” y que “es necesario luchar por un partido marxista revolucionario de masas”. Según el documento de la DS “para alcanzar los intereses históricos de la clase obrera el PT deberá adoptar el programa del marxismo-revolucionario”, aunque al mismo tiempo agrega esta consideración fundamental: “no podemos defender esto para el PT desde ya: esto sería estrecharlo. Por lo tanto, los marxistas defienden sus posiciones, organizan una corriente y procuran construir una organización. Con el avance cualitativo del grado de conciencia y de movilización de las masas, en una situación revolucionaria o pre-revolucionaria, ahí sí será posible luchar para que el PT adopte el programa del marxismo revolucionario. Esto exigirá una organización revolucionaria suficientemente fuerte y respetada para imprimir concretamente esta dirección al PT”(15).
 
Esta curiosa caracterización abre de inmediato un conjunto de interrogantes: 1) Si no se debe defender un programa marxista-revolucionario de inmediato para el PT, ¿qué tipo de programa debe ser defendido para el PT, un programa no-marxista y no-revolucionario?; 2) Si el programa marxista-revolucionario no debe ser defendido para el PT, ¿para quién será defendido, una vez que las masas evolucionan por referencia al PT?; 3) Si no se debe defender un programa marxista-revolucionario para el PT, ¿cómo va a obtener éste “un avance cualitativo del grado de conciencia de las masas”, lo que equivale a la asimilación de este mismo programa?; 4) Si no defendemos el programa marxista-revolucionario antes de la situación revolucionaria, ¿cuáles serán las condiciones para defenderlo en una situación como ésta?; 5) ¿Cómo construir “una organización revolucionaria suficientemente fuerte y respetada para imprimirle al PT esta orientación” sin defender un programa marxista-revolucionario?
 
No es posible construir un partido sin un programa, por más rudimentarios que sean sus posiciones políticas. Por definición, un partido político es un agrupamiento o una reunión de personas para defender una propuesta política determinada, cualquiera que ella sea. La teoría de la imposibilidad de defender “desde ya” un programa “marxista-revolucionario” tiene dos consecuencias absolutamente lógicas. La DS respondió a la cuestión de cuál debería ser el programa del PT con una cita recortada y desfigurada de Federico Engels, que se tornó una especie de apología de la conducta del conjunto de las corrientes de izquierda en el interior del PT: “El primer gran paso a ser dado en todos los países que hayan entrado recientemente en movimiento es la constitución de los obreros en partido político independiente, no importando cómo, bastando sólo que sea un partido obrero independiente separado. Este paso se dió antes de lo que esperábamos, y eso es lo más importante. Que el primer programa de este partido sea confuso y de los más incompletos es un inconveniente inevitable, pero pasajero. Las masas tendrán tiempo y oportunidad de defenderse, y esta oportunidad la tendrán en el momento en que posean un movimiento propio, donde ellas serán impulsadas por sus propios errores, volviéndose más sabias a su propia costa”(16).
 
Esta cita sirvió para que una parte de la izquierda brasileña transformara a uno de los autores del Manifiesto Comunista en un apologista del “partido obrero sin programa” y en un instrumento de su propia orientación de no presentar un programa revolucionario para el PT. En realidad, esta es toda una deformación del propio pensamiento de Engels que en la misma carta señala que “lo que los alemanes (dentro del partido obrero norteamericano, N. de R.) deberían haber hecho era actuar de acuerdo con su propia teoría —si es que ellos comprenden lo que nosotros hacíamos en 1845-48, ir hacia todo movimiento real del conjunto de la clase obrera, aceptar el punto de partida como un hecho concreto y conducirlo gradualmente a nivel teórico, resaltando que cada falta cometida, cada derrota sufrida, era una consecuencia necesaria de los errores teóricos del programa original 17).
 
La comprensión de la DS ante el fenómeno del PT es que este sería un partido “sin programa”, ocultando el hecho de que el PT sí tenía un programa, cuya estrategia era la “democratización del Estado” y que este programa debería ser sometido a una crítica “desde ya” por los revolucionarios, los que deberían oponer a esta “confusión inconveniente pero inevitable” su propio programa revolucionario señalando que “cada derrota sufrida era una consecuencia necesaria de los errores teóricos del programa original”. Así, la DS declaró, desde el inicio, que bajaba sus banderas ante el programa que los intelectuales pequeñoburgueses, de origen stalinista o nacionalista burgués, estaban imponiendo al partido (y que estaban lejos de constituir sólo “un error teórico”). La segunda consecuencia inevitable de esta elaboración teórica de un “partido sin programa” es que la DS dejó de lado cualquier programa propio, una vez que no lo defiende para el PT, lo que significaba adoptar el propio programa del PT, toda vez que un programa es un ser que sólo puede vivir a través de la lucha política. La idea de un programa que exista fuera de la lucha cotidiana por su aplicación en todos los terrenos es una idea metafísica y escolástica.
 
El desenvolvimiento posterior de la DS estará marcado por una infinidad de crisis que le drenarán un gran número de militantes en favor de las corrientes mayoritarias del PT. Gradualmente, la DS adoptará casi integralmente todo el programa del ala pequeñoburguesa del partido en nombre de que ésta habría evolucionado hacia posiciones revolucionarias.
 
Causa Operaría: por un PT obrero y de masas
 
En 1978, Política Obrera, organización argentina que tuvo un papel decisivo en la lucha contra las posiciones adoptadas por la OSI-O Trabalho intemacionalmente y en Brasil, y por lo tanto, en el nacimiento de Causa Operaría, definía ya una posición clara frente a la cuestión del PT: “El proletariado, para participar como clase del actual proceso político, necesita de su propia organización, un partido obrero independiente, propuesta que debe ser desenvuelta bajo la forma de un programa y que debe ser levantada como exigencia a la burocracia sindical que rompe con la dictadura’ 18).
 
En abril de 1979, el núcleo inicial que va a publicar a partir de ese año el periódico Causa Operaría, profundiza este análisis en un documento de balance de las divergencias con la orientación oficial de la OSI: “La experiencia histórica más destacada, la del Labour Party británico, demuestra que la derrota de los marxistas (la federación social-demócrata), debida en gran parte a su sectarismo antisindical y antiparlamentario, dio lugar a la captura del partido obrero de los sindicatos por los políticos de la burguesía enseguida después de haber puesto en peligro su formación. Las presiones contra un partido obrero independiente en Brasil son infinitamente más poderosas. Por lo tanto, sólo ayudando a la vanguardia obrara a orientarse, esto es, mediante un programa y un trabajo profundo de propaganda, agitación y organización, solamente así podrán quebrarse las maniobras y los ataques del gran capital y de los profesionales pequeñoburgueses. ¿Qué futuro le espera a un grupo que niega a los sindicatos su carácter de organizaciones de masas de la clase obrera, un grupo que niega la necesidad de un programa? ¿Qué futuro le espera sino el de caer en el ridículo y en el desprecio? Afirmar que no importa el programa es trabajar para la victoria política de los enemigos de clase que no quieren obviamente el partido obrero independiente (19).
 
En su primer número, el periódico de la organización ponía el problema del PT en términos concretos frente a la evolución de la situación política: “La propuesta de construir un partido de la clase obrera es, sin dudas, progresivo. Sin embargo, la independencia política de un partido obrero no es una cuestión de forma sino de contenido: depende de su programa. Este programa debe partir de las reivindicaciones vitales del proletariado y de los explotados y proponer los métodos propios de organización destinados a llevar sus luchas en la dirección de la destrucción del Estado burgués, dirigiendo a las masas hacia la instauración de un gobierno obrero y campesino”.
“Existe entre quienes se reivindican de la lucha por un PT una enorme confusión sobre las características de un programa consecuente. Por esto, es necesario abrir el debate sobre las tareas prácticas por la construcción de un verdadero partido obrero independiente”(20).
 
Además de postular con claridad la relación entre el movimiento obrero, el partido y la cuestión del programa, se hacían consideraciones sobre el carácter y la forma de organización de este partido: “Un PT solamente podrá ser la representación política de los trabajadores si es de masas (...) si queremos un auténtico PT el camino es claro: tenemos que partir de las masas obreras organizadas y proyectar su movilización hacia un plano político junto a las comisiones de fábrica, a los cuerpos de delegados, esto es, a la extensión de las organizaciones obreras a partir de sus lugares de trabajo, tenemos que formar los núcleos del PT y multiplicarlos por mil”(21).
 
Sobre esta base se postulaba el siguiente camino: “La perspectiva de un partido obrero y de masas depende en gran parte de la capacidad de la vanguardia obrera para intervenir en el debate actual con una clara posición de independencia de clase: por un auténtico PT sin los “auténticos” del MDB, organizado en un congreso de bases”(22).
 
La relación entre el partido revolucionario y el PT era definida así: “Nosotros luchamos por un partido obrero revolucionario, y para éste no existe ningún sustituto. Pero esa lucha sólo puede darse a través de la intervención en el combate y en la experiencia de las masas. No luchamos por un PT centrista que quede a medio camino entre la revolución y la reacción. Decimos que, si el PT se transforma en un canal de masas, habrá dado un paso de ruptura con la burguesía y habrá abierto un espacio para luchar por transformarlo en un partido revolucionario”(23).
 
Las cuestiones planteadas por Causa Operaría al inicio de la formación del PT nunca serán resueltas claramente por los dirigentes de éste. Incluso hoy, diez años después de la creación del PT, la dirección partidaria aún no llegó a una conclusión sobre cual es la concepción del partido sobre el socialismo, sobre su carácter de clase, sobre la estructura del partido y otras cuestiones fundamentales. El PT se guía por las resoluciones coyunturales que se aprueban en sus encuentros, las que acaban formando un programa político más o menos coherente, pero que no es presentado como tal. Cuestiones programáticas tan importantes como la de la formación de un frente con los partidos burgueses en la elección presidencial o el acuerdo con estos mismos partidos para la formación de un gobierno conjunto luego de una victoria de Lula, son presentados como resoluciones coyunturales, ocurriendo lo mismo con la orientación sindical del partido (Pacto Social) y con el apoyo a las candidaturas burguesas en las elecciones y con su política internacional. La dirección petista ha sustentado una situación de ambigüedad programática que le permite adoptar resoluciones que definen una estrategia extraña a los intereses de clase del proletariado sin establecer ninguna base programática clara que permita una diferenciación política clara en su interior.
 
Causa Operaría, paradójicamente, fue la única de las corrientes aquí analizadas que no fue reconocida como tendencia oficial en nombre de que no reconoce al PT como “partido estratégico”, eso a pesar del hecho de haber sido la única corriente que definió claramente su concepción del PT y luchó por ella abiertamente en el interior del partido, dejando claro que las propuestas que hacía no eran para la construcción de un partido centrista sino para impulsar la evolución del PT como partido revolucionario, objetivo explícitamente abandonado por las demás corrientes en nombre de que “no es posible” luchar por un programa revolucionario en el interior del PT. En contrapartida, de un pequeño puñado de militantes que era en 1979, que habían salido de una costosa ruptura política, conoció un gran desarrollo hasta tomarse una de las más expresivas tendencias trotskystas en el interior del PT.
 
 
 
Notas:
 
(*) Rui Costa Pimenta es dirigente de Causa Operaría (Brasil)
 
 
(1) En defensa del marxismo, 1979, Documento de (2) Revista Versu9^nu 22, 1978; ruptura de Causa Operaría con la OSI;
(3) Idem;
(4) Idem;
(5) Idem. Documento presentado por la coordinación (dirección) nacional del Movimiento de Convergencia
Socialista a la Convención Nacional del MDB donde fue elegido el general Euler Bentes Monteiro como candidato
de la oposición a la presidencia. En aquel momento, Con vergencia se proponía apoyar al general sobre la base de un programa mínimo democrático en la línea presentada en este documento;
(6) Periódico Convergencia Socialista, n- 5, noviembre de 1979;
(7) Revista Versus; n° 6;
(8) Periódico Convergencia Socialista, ns 9, marzo 1980
(9) Boletín de discusión, nc 2, 1981
(10) La lucha de clases, n- 2, órgano del Comité Central ele la OSI, setiembre de 1979
(11) La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la IV-’ Internacional. Programa de Transición para la Revolución Socialista, León Trotsky, 1939
(12) La lucha de clases, n2 3, 1980
 (13) La lucha de clases, ne 6, junio de 1981
(14) El PT y el partido revolucionario en Brasil, Cuader- 
(15) Idem; nos de En Tempo, nQl, setiembre de 1981;
(16) Carta de Engels a la socialista norteamericana
(17) Idem; Florence Kelly, 1886;
(18) Periódico Política Obrera; organo de la organización 
(19) En defensa del marxismo; Política Obrera, hoy Partido Obrero, setiembre de 1978; 
(20) Periódico Causa Operaría, ns 0, junio de 1979;
(21) Periódico Causa Operaría, n2 2, octubre de 1979; (23) Periódico Causa Operaría, n2 3, noviembre de 1979
(22) Idem;
 

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