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Expulsiones en el PT ¿Adónde va la izquierda?

Por Rui Costa Pimenta
La realización del I° Congreso del Partido de los Trabajadores, en noviembre de 1991, dio lugar a que la izquierda del partido (Movimiento por una Tendencia Marxista, O Trabalho, Convergencia Socialista, Força Socialista y varios grupos menores) caracterizaran que se abría la perspectiva de la construcción de una “nueva mayoría en el PT” o sea, de que el dominio de la dirección burocrática cediese lugar a una dirección formada por un bloque de izquierda. De esta forma, el I9 Congreso habría servido como registro de la vigencia de la democracia interna del partido y de evolución de éste hacia la izquierda.
 
Los acontecimientos de los últimos seis meses desmintieron de la forma más categórica posible estas ilusiones. En lugar de una evolución a la izquierda, la política derechista de la dirección petista llegó a su auge con la represión a la vigorosa huelga de los conductores del transporte de Sao Paulo. Por otro lado, el apoyo al gobierno de Collor, cuya permanencia hasta 1994 había sido votada por el I9 Congreso. El PT apoyó el cambio ministerial orquestado por Collor a fines de abril para “darle aire” al gobierno. “El ministerio tenía que caer. La sociedad estaba perplejá” declaró Lula. “Lula apoya la salida de los ministros” titulaba Jornal da Tarde (31/3) y “aprobó la constitución del nuevo gabinete” (Eduardo Jorge, líder de la bancada parlamentaria petista en Folha de Sao Paulo, 18/4).
Inmediatamente votó a favor de la enmienda del PFL, partido del gobierno, sobre la revisión constitucional y el aplazamiento del plebiscito sobre el sistema de gobierno, maniobra parlamentaria directamente impuesta por Collor. El PT apoyó la formación de la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) que fue un intento, al principio, de evitar la caída de Collor y que en todo caso pretende canalizar toda la crisis dentro de los límites controlados rígidamente por las diferentes alas de la burguesía”. “El PT acató la sugestión de los partidos de oposición de esperar los hechos” con el significativo pretexto de que “el partido quiere formar la CPI cuando ella cuente con el apoyo de un gran abanico de partidos. El PT se transformó, en este proceso político en un claro instrumento de atadura de las masas a la política de sectores del gran capital que luchan por determinar la orientación del Estado.
 
Denunciada precisamente por oponerse a la orientación de defender el gobierno de Collor hasta el ‘94, las corriente de izquierda más expresiva numéricamente fue excluida del partido por parte de la dirección, sin prácticamente ofrecer resistencia, mientras que los demás componentes del bloque de izquierda se integraron a la política de la dirección mayoritana en relación a la CPI, lo que los hizo ingresar a una etapa de crisis sin precedentes, como fue el caso del grupo O Trabalho (lambertista). Es muy significativo que CS fuera acusada de “organizar campañas contra Collor”; su expulsión del PT fue, por lo tanto, a cuenta de la política de sostén del régimen político y a disciplinar a todas las tendencias en esta dirección. Para sostener la legalidad del régimen, el PT no dudó en violar su propia legalidad. Se confirmó de esa forma, al contrario de las ilusiones de la izquierda centrista del PT, el pronóstico que hicimos en diversas oportunidades desde fines del año pasado. “La escisión del PT está objetivamente planteada y subjetivamente impulsada por la dirección oficial en función de una estrategia de conjunto. Hasta ahora la izquierda ha sido víctima pasiva de los acontecimientos” escribíamos en “En defensa del marxismo” (N9 3, abril del 92). Mientras la izquierda se adaptaba profundamente a la política de la corriente mayoritaria, ésta, al contrario, preparaba claramente la ruptura del PT para colocarlo de forma clara y definitiva en los rieles de la política de la burguesía.
 
La exclusión de Convergencia Socialista
 
La expulsión de Convergencia Socialista, tendencia legalmente reconocida, es una expresión mas de la integración del PT al Estado. Esta integración se manifiesta en todos los terrenos: “vigilia contra la recesión” con la FIESP bajo el lema de “trabajadores y empresarios unidos jamás serán vencidos”; establecimiento de un “foro paulista de desarrollo” con el quercismo y la FIESP por parte de la dirección de la CUT; política de aislamiento de las luchas obreras como ocurrió con la ocupación por 78 días del frigorífico Pedrozo en el ABC paulista, o aún más, con la represión de la huelga de los conductores de Sao Paulo; propuesta de la dirección de la CUT de “auto-regulación” de las huelgas, en particular del sector público, qile fue la principal conclusión que sacó esta burocracia de la huelga de conductores, y proponiendo que las huelgas que no afectaran a la población (como si hubiera huelgas que no la afectaran) sean sustituidas por una cámara de conciliación, o en resumen, que los trabajadores del servicio público tengan prohibido hacer huelga. Un conjunto de empresas definió adecuadamente la política de la dirección de la CUT: “los dirigentes sindicales fueron a todos lados, menos a las puertas de las fábricas” (Folha de Sao Paulo, 5/7).
Finalmente, la política de la dirección del PT de apoyar a la CPI dirigida por un ala del propio gobierno (Benito Gama del PFL, que responde al gobernador derechista de Bahía, Antonio Carlos Magalhaes) y proponer la realización de actos conjuntos con el quercismo y el PSDB de Jereis-sati. Sin el PT, la CPI no podía, ni por un instante, jugar un papel de bombero de la crisis gubernamental... incluso contra sí mismo, sosteniendo de presidente de la CPI, a un diputado oficialista vinculado públicamente... a las empresas protagonistas de la corrupción “collorida”: “los diputados montaron un extraordinario pacto de silencio. La excepción correspondió al diputado Jacques Wagner quien, en un documento dirigido al presidente del Congreso, cuestionó la neutralidad del diputado Benito Gama (presidente de la CPI). El diputado Wagner no contó ni siquiera con la solidaridad de su propio partido, el PT” (Folha de Sao Paulo, 17/6). Esta política, que fue interpretada forzosamente por la izquierda del PT como un giro a la izquierda, es en realidad, una profundización de la política derechista decidida en el I9 Congreso. Nada está más lejos de la política del PT que la idea de impulsar cualquier acción independiente de las masas, mucho menos de tirar abajo al gobierno de Collor. Toda la función de la CPI es armar una red de seguridad para el régimen político en crisis, a través de un acuerdo entre situacionistas y oposicionistas.
 
Este desarrollo político no deja margen de duda de que el PT lleva adelante una política que se opone por el vértice a los intereses de los explotados del campo y la ciudad. En junio, por ejemplo, la bancada*federal (y la intendencia de Santos) del PT chocaron con la extraordinaria® huelga nacional de los portuarios (100 % de adhesión), votando la ley de “modernización” de puertos, en el mejor estilo “neoliberal” que el PT ataca, liquida la estabilidad en el trabajo de los estibadores, .ataca los salarios y acaba con el monopolio de los sindicatos para las contrataciones. Aloisio Mercadante (del PT) se atribuyó la gestión del “consenso” que permitió “sacar” la ley, que mereció el siguiente comentario del dirigente (jpelego!) de la Federación Nacional de Estibadores: “Fuimos engañados, pues nuestros derechos fueron escamoteados por las artimañas de los diputados” (O Estado de Sao Paulo, 27/6).
 
El PT se caracteriza hoy como una corriente política que se coloca integralmente en un terreno de clase opuesto al de la clase obrera y los explotados en general y, como tal, es incapaz de convivir con cualquier especie de derecho democrático de sus tendencias internas. Este hecho que ya se había expresado claramente con la exclusión de Causa Operaría en el propio I- Congreso (a través de un proceso que se desarrollaba desde 1988) y, ahora, es confirmado a través de la expulsión de Convergencia Socialista.
 
Un desenlace anunciado
 
Causa Operaría fue expulsada del PT del fines del año pasado, culminando un largo proceso de persecución política que incluyó expulsiones individuales de innumerables dirigentes obreros; exclusiones de los cargos de diversos dirigentes municipales y estaduales del partido y de candidaturas, como ocurrió en las elecciones de 1989 con la intervención administrativa de los directorios de Bauru y Volta Redonda; agresiones físicas e, inclusive, la emulación de encuentros estaduales enteros, como ocurrió con el de Brasilia, ganado por una coalición dirigida por Causa Operaría en 1990. Durante todo este proceso de lucha contra la persecución política de los revolucionarios dentro del PT, que duró de 1989 a 1991, señalamos innumerables veces que el proceso de persecución contra Causa Operaría correspondía a un proceso de conjunto, de integración del PT al Estado, de fortalecimiento de la burocracia pro-burguesa en el aparato del partido, que no se trataba, por lo tanto, de una cuestión particular sino de un proceso político que afectaba a todas las corrientes del partido y al conjunto del movimiento obrero.
 
Todo este proceso fue ignorado por el conjunto de la izquierda del PT que procuró atribuirlo a causas puramente fortuitas justificando y apoyando, de facto, este proceso de exclusión. En el I2 Congreso, todas las corrientes se negaron a tomar la palabra para defender el derecho de participación de los delegados pertenecientes a Causa Operaría, elegidos por las bases.
 
Asistimos al fenómeno de corrientes y organizaciones que acaban siendo víctimas de su política de adaptación al adversario. En la CUT, después de un tumultuoso y fraudulento IV9 Congreso Nacional, CS impulsó un “Documento de compromiso de la oposición con la dirección (surgida fraudulentamente del Congreso), proponiendo una tregua en la lucha interna. Apoyándose en este Documento...”, Articulación quedó con las manos libres para llevar adelante su política traidora, ese documento paralizó y dividió a la oposición (mayoritaria en las organizaciones sindicales), llegándose al extremo de que la “CUT por la base enviara delegados, junto con Articulación, al Forum Paulista para el desarrollo con el gobierno de Fleury. Las tendencias que, como CS, se negaron en aquel momento a sacar las conclusiones de los acontecimientos ahora están sufriendo en carne propia los efectos de una política que, obviamente se negó a ser ignorada. Frente a la amenaza de expulsión por “actuación independiente del partido”, CS respondió que “es evidente y pública la acción autónoma del brazo parlamentario (del PT), del sindical y de las intendencias. Y esto no impidió la convivencia en un espacio común” (Convergencia socialista, N9 328, 24/4); con un pie afuera y aunque rechazara la expulsión, CS revindicaba el “espacio común” con la derecha. La expulsión de CS fue, en este sentido, mi resultado anunciado de la política de la izquierda y de la propia CS. La principal conclusión que debe sacarse de todos estos acontecimientos es que es imposible escapar a la obligación de encarar de frente —y esto vale para todas las corrientes de izquierda del PT— la caracterización de la evolución política del PT.
 
Un balance
 
El PT cumplió integralmente un ciclo como organización política vinculada al movimiento obrero. Las características democratizantes de su origen —que muchos sectores del movimiento obrero tomaron, equivocadamente, por un sinónimo de clasismo, de combatividad, en fin, por un verdadero sustituto del partido revolucionario -maduraron, se desenvolvieron plenamente a través de la integración del partido al Estado. Las intenciones constantemente proclamadas del “programa original” del PT —sistemáticamente reivindicado por la izquierda petista— de “democratizar el Estado” y “participar del Estado’3 se realizaron en la práctica de la lucha política en la forma de una completa integración al Estado “realmente existente”, con todas sus taras y su carácter de instrumento de opresión de clase. La idea de volver a los “orígenes” democratizantes del PT —o sea, a un PT semirevolucionario—“es por lo tanto, apenas una ilusión, una utopía que, al pretender hacer girar hacia atrás el motor de la lucha de clases, desprecia la experiencia concreta. Ya no estamos más en el momento en que se levantaba la consigna “trabajador vote trabajadores”, sino en el momento en que el PT define una alianza preferencial con el PSDB, partido que estando en el gobierno y fuera de él, es un partido de Collor; estamos en la etapa en que en Santa Catarina en un tercio de los municipios el PT apoya candidatos quercistas.
 
Este desarrollo absolutamente previsible confirma, sin dejar sombra de dudas, la caracterización efectuada por nosotros en los primeros momentos de vida del PT de que éste no podría sustituir la tarea estratégica de luchar por la construcción de un auténtico partido revolucionario.
 
El momento en que se podría pensar en “rescatar”, “salvar” o “recuperar” al PT para la lucha de clase del proletariado ya pasó. La tarea que se plantea en este momento es sacar todas las conclusiones de la experiencia democratizantes.
 
El fin de las tendencias
 
Los procesos de expulsión contra CS, ahora, como antes contra Causa Operaría, no sólo son golpes dirigidos a erradicar del partido (o, alternativamente, domesticar) a dos corrientes “inconvenientes” para la dirección partidaria. La burocracia partidaria necesita terminar con la propia existencia de tendencias en el PT como parte de la transformación del PT en un partido de Estado. Es muy claro que los choferes en huelga de Sao Paulo, perseguidos por Erundina no podrían tener sus núcleos y su derecho de tendencia dentro del PT. Si el Estado-PT del municipio de Sao Paulo se vale de la ley (de la burguesía) y de la policía (brazo armado de la burguesía) para “acabar con la huelga ¿cómo podría tolerar la democracia interna con los portavoces políticos de esos huelguistas dentro del PT? ¿Qué diferencia existe entre la actitud del Estado-PT de Erundina con la actitud de un Quercia o de un Fleury frente a la huelga de los funcionarios estaduales o a la de un Collor frente a las huelgas de Petrobras? ¿Cuál es la diferencia entre esta actitud y la de un Helmut Kohl frente a la huelga de los trabajadores del servicio público en Alemania, o de la de un Reagan frente a la huelga de los controladores aéreos en los Estados Unidos? En todos estos episodios, la burguesía, su Estado y los alcahuetes que tienen transitoriamente el comando del aparato del Estado, procuran lanzar a la población contra la clase obrera en nombre del interés "mayor” de la sociedad, que no es otra cosa que el interés mezquino de la clase social que domina el Estado. ¡Pero dentro de los partidos de Quercia, Kohl y Reagan no podría haber democracia interna para los obreros!
 
No es casualidad que la vanguardia de esta política en el interior del PT esté compuesta fundamentalmente por elementos oriundos del stalinismo, como José Genoino, José Dirceu, Marco Aurelio García, Augusto da Franco, Eduardo Jorge y otros de menos lustre. Tampoco es casualidad que la misma dirección que lleva adelante esta política esté procurando su integración con la social-democracia internacional a través de la afiliación de la CUT a la CIOSL y del PT a la Internacional Socialista, enemigos históricos e irreconciliables del proletariado.
 
El PT no es más una vía de desarrollo
 
La inversión de las tendencias en el movimiento obrero brasileño que marca la actual etapa política en su conjunto, a partir de las huelgas de 1978, planteó la construcción de un partido propio de la clase obrera. Esta tarea objetiva se expresaba en las tendencias propias de la acción obrera (reconstrucción de sindicatos y de las organizaciones de base, centralización nacional del movimiento obrero, organización política, etc.). Estas tendencias no pueden desenvolverse más en el interior del PT. El PT dejó de ser un cuadro que permitiría el desenvolvimiento de estas tendencias, a las cuales tampoco expresó nunca sino en forma muy indirecta y deformada.
 
Esta conclusión ya se había tornado absolutamente clara en el I9 Congreso del PT, pero el conjunto de la izquierda se negó a tomar las flagrantes evidencias que se presentaban para sacar una conclusión de conjunto. En función de eso, como ya señalamos en diversas oportunidades en materiales nacionales e internacionales, la izquierda se convirtió en una víctima pasiva de los acontecimientos.
 
La principal conclusión que sacó esta izquierda de los acontecimientos del I° Congreso del PT fue elaborada por la corriente O Trabalho, expresando de una forma más clara y más acabada la confusión existente en la izquierda del partido. La consigna de “formar una nueva mayoría en el PT”, expresó después del I9 Congreso las profundas y fatales ilusiones del conjunto de la izquierda en el desenvolvimiento del PT, y en que el PT integrado al Estado, que se oponía a luchar contra el gobierno Collor incluso en el terreno electoral, permitiría el desenvolvimiento de una nueva mayoría y, por lo tanto, su radical transformación interna. La consigna de O Trabalho fue la expresión de una profunda ceguera política de aquellos que se negaron a ver que lo que estaba en juego eran intereses sociales y no un conflicto ideológico entre “socialistas”, una lucha de clases y no la búsqueda filosófica del “mejor camino”. En este sentido, OT marcó el rumbo al lanzarse a disputar con candidaturas alternativas, bloques y otros artificios el control partidario y que este control superaría indoloramente el rumbo reaccionario adoptado.
 
Las convenciones municipales realizadas posteriormente al I9 Congreso fueron, en este sentido aleccionadoras porque la dirección del PT no dudó en utilizar el aparato del Estado para favorecer a su corriente. Por otro lado también se manifestó un visible retroceso de la izquierda, como puede verificarse en el caso de San José dos Campos, donde CS perdió la candidatura municipal a manos de una ex-militante del “procesista” PDS apoyada por la Articulación. En las convenciones del PT para la elección del candidato para las elecciones municipales de este año, CS impulsó listas (“Na luta, PT”) con los lambertistas, Tendencia Marxista y sectores desplazados de Articulación y un manifiesto en que se suscribía la tesis del “impeachment" (o sea, del ascenso del vicepresidente Itamar Franes y la preservación de las actuales instituciones), evidentemente destinada a llegar a un acuerdo con Articulación. En Sao Paulo, el conjunto de la izquierda fue incapaz de oponerse a Suplicy, quien terminó el encuentro municipal saludado por todas las corrientes como el “mejor candidato lo que verificó que la oposición que se le hizo fue poco más que una formalidad política.
 
Ya antes del I9 Congreso habíamos caracterizado que la derecha preparaba la ruptura del PT y pronosticamos que esa ruptura era inevitable^ La orientación de construir una “nueva mayoría en el interior del PT, o sea, la ilusión de que sería posible un progreso de la izquierda, de los sectores que se reivindican de una posición clasista en un cuadro común de discusión y de trabajo con la derecha del PT, sirvió apenas para profundizar la crisis de la izquierda y contribuir para que la derecha preparase, en mejores condiciones, la ruptura del partido. La exclusión de CS, hecha con la complacencia y hasta incluso con la colaboración directa de tendencias como el MTM, OT, DS y Forfa Socialista (así como, antes, la exclusión de Causa Operaría fue hecha en medio de una total pasividad, cuando no con la directa colaboración de la izquierda del partido) reveló que el bloque de izquierda había pasado de la adaptación a la completa capitulación.
 
Nuestra organización repudia integral e incondicionalmente la exclusión de CS y denuncia los métodos totalitarios y stalinistas utilizados por aquéllos que, a cada paso, se llenan la boca para dar lecciones de moral al mundo en nombre de la democracia, pero que imponen en su propio partido un régimen de caza de brujas, de impedimento de cualquier debate de ideas y de manipulación de las masas y de las bases partidarias (la dirección del PT suspendió su 89 Encuentro Nacional, que tenía como única función la elección de la nueva dirección: la actual fue electa hace tres años y ha sido objeto de deserciones y cooptaciones no apoyadas por nadie). Denunciamos el hecho que esta expulsión se da como producto de la profunda integración del PT al régimen burgués, y del bloqueo total de la acción obrera contra la ofensiva del capital.
 
Sin embargo, por sobre todo, nuestro propósito es elaborar una comprensión política y social de este proceso, que no comienza con este hecho, pero sí alcanza su nivel más alto. Los que en este momento reivindican la disolución de las tendencias están repitiendo la tentativa del régimen militar instalado en 1964 de eliminar a la izquierda. Están repitiendo la tentativa del stali-nismo de eliminar las expresiones revolucionarias del movimiento obrero. En nombre de defender una disciplina de partido totalmente ficticia, está en marcha un proceso de destrucción de todos los sectores que guardan alguna vinculación con la lucha del movimiento obrero.
 
Romper con el PT
 
La alternativa que se desprende de esta crisis es clara, las masas nada tienen que esperar de un partido que habla en nombre del Estado, que defiende, frente a la ofensiva de despidos, de congelamiento y de miseria, una política de defensa del capital; que neutraliza a las organizaciones de lucha de las masas, como los sindicatos y la CUT y que hipoteca totalmente su independencia política. Permanecer atado a tal partido es señalar un camino de derrotas aún más profundas que las de Usiminas, Vasp, del salario de hambre, etc.
 
Lo que estamos plantenado claramente para la izquierda, para Convergencia Socialista, para los grupos que se oponen a la actual composición política del PT en todo el país, para los agolpamientos y militantes del movimiento sindical, popular y de la juventud que en todos los rincones procuran una perspectiva política para las luchas que se están librando; lo que planteamos, en definitiva, es que nos unamos en una amplia ruptura de conjunto de estas fuerzas y agrupamientos con el PT para estructurar una alternativa política de clase que sólo puede basarse en un programa revolucionario.
 
Las masas explotadas que luchan están sin referencias políticas de conjunto, organizadas, que puedan señalar un norte para esas luchas, un camino de evolución y de desenvolvimiento.
 
La burocracia del PT y la CUT aparece a los ojos de muchos militantes como una fuerza que no puede ser suplantada. Esto es absolutamente falso. La burocracia es fuerte para el Estado, para la prensa burguesa, pero cada día que pasa ella se revela más débil frente a las masas, como se puede verificar en los congresos de la CUT, en su crisis en el interior de los sindicatos y en el propio PT.
 
Más y más sectores, por la vía de la experiencia, rompen con la política de la burocracia del PT y entran en choque con ella. Las tendencias al reagrupamiento sindical y político, que forman parte de la evolución de la clase obrera en los últimos años, están amenazadas de perderse, de dispersarse y de desmoralizarse, por la ausencia de una perspectiva política independiente organizada de la burguesía, por la ausencia de una alternativa real al PT y a la dirección de la CUT.
 
Esta situación —claro que en diferente grado y con diferentes formas— es una característica decisiva de la política mundial, como lo podemos ver en la poderosa huelga de los sindicatos alemanes, en la revuelta de las masas pauperizadas en Los Angeles. La idea de que las masas no luchan es falsa. No sólo luchan en un gran número de países sino que van a luchar todavía más en el próximo período con el agravamiento de la crisis.
 
La crisis y descomposición del stalinismo abrió un período de profunda e irrecuperable inestabilidad entre las direcciones que sirven como obstáculo a la evolución política de las masas y abrió enormes perspectivas para la creación de una alternativa revolucionaria.
 
El “frente revolucionario”
 
Frente a la evolución de la situación, CS articuló en el interior del PT un frente con grupos regionales “socialistas” y *revolucionarios”, que bautizó como FUR, Frente Único Revolucionario, que supuestamente debía ser una preparación de la ruptura con el PT. Uno de los objetivos de este FUR sería capitalizar la crisis de las corrientes consideradas como centristas en el PT (OT, DS, MTM, FS, etc.).
 
El objetivo que se asignaba este frente a largo plazo era construir un “partido revolucionario”. En esta concepción, el “partido revolucionario” sería el resultado de una amalgama de agrupamientos “revolucionarios”, definidos a priori como tales por los mismos componentes del frente. El frente no se propone convertirse en partido a partir de una delimitación política sino de las coincidencias que empíricamente pueda encontrar, sin que estas coincidencias tampoco surjan de una delimitación previa. La determinación de las posiciones (determinar es delimitar, “determinatio est negatio”), no tiene lugar ni siquiera en el plano de la táctica, es decir con referencia a la situación y luchas del momento. Las “coincidencias” se convierten así en proclamaciones abstractas y arbitrarias o contingentes, lo cual tiene naturalmente la ventaja de autorizar a cada organización, y en especial a Convergencia Socialista a hacer lo que le venga en gana.
 
Cualesquiera fueran las consideraciones iniciales de este frente sobre la necesidad de romper con el PT, o incluso, de los plazos y las características de esta ruptura, los acontecimientos se precipitaron independientemente de él. El secretario general del PT —conocido por ser el autor de la mayor parte de los procesos internos en relación a las tendencias del PT— lanzó un documento dando un ultimátum a CS para que se adecuara totalmente a las normas del partido y se integrase efectivamente al PT. En un abrir y cerrar de ojos, todas las ilusiones sobre la importancia política, la capacidad de maniobra y otros elementos que impedirían una exclusión de CS por la dirección del PT se derrumbaron como un castillo de arena golpeado por una ola. CS fue excluida del PT en forma administrativa, con una tímida protesta, y prácticamente sin ninguna lucha, con lo que quedaba claro que su ausencia de combate en la anterior exclusión de Causa Operaría no era incidental o particular sino que respondía a una política general y de conjunto, a una caracterización y una política capituladora en relación al PT.
 
Pero al mismo tiempo en que la excluía, la dirección del PT autoriza a CS a registrar sus candidatos por el PT para las próximas elecciones. El oficialismo pretendía con esto evitar la presentación de recursos ante la justicia electoral por vulneración de derechos adquiridos por los candidatos y evitar por sobre todo las protestas de las convenciones que los habían elegido. Pero con esta maniobra el “frente revolucionario”, que ya contaba con varias candidaturas registradas por el PT, quedó en una situación ambigua, con un pie adentro y otro afuera del PT; proponiendo la ruptura con el PT pero manteniendo varios candidatos por el PT.
 
El manifiesto del “frente revolucionario”
 
Después de la exclusión de CS, el “frente revolucionario” lanzó una Carta de Principios y una Resolución sobre Estrategia como “Primer Cuaderno de Debate hacia un Encuentro Nacional” del “Movimiento por la construcción de un Frente Revolucionario”.
 
Lo que caracteriza, antes que nada, a estos documentos es su completa desvinculación de las cuestiones en juego actualmente en la situación política, a pesar de que el “frente” está obligado a actuar en relación a ella en todo momento: por ejemplo, la crisis política, las elecciones municipales, la situación del movimiento obrero, la posición sobre la CUT y el PT, situación internacional, etc. O sea, de las cuestiones que dividen y agrupan a los diferentes sectores políticos del movimiento obrero y de las masas y que, supuestamente, deberían ser la base de un reagrupamiento que merezca el nombre de frente revolucionario. Lo más notable es que la Carta de Principios no hace un balance de la experiencia en el PT, cuando todos sus integrantes, con apenas una excepción, estuvieran en los últimos trece años dentro del PT. Hace apenas siete meses, en el I9 Congreso del PT (diciembre de 1991), Convergencia Socialista reivindicaba los “orígenes” del PT, o sea las formulaciones políticas democratizantes (burguesas) “originales” de la actual dirección responsable de la propia exclusión de CS. Los demás grupos no tienen en general una formulación sobre estos problemas, habiendo defendido los planteamientos de CS o similares en diversas oportunidades. ¿El “PT de los orígenes” que CS reivindicaba habría sido un “partido revolucionario”? Según la definición de la tesis presentada por CS al I9 Congreso (ver En Defensa del Marxismo, N9 2), sí. En el documento inaugural del frente, apenas se hace mención de este problema, refiriéndose a que “el partido que nació de las huelgas mostró su total fracaso al silenciar el brutal ataque impulsado por la intendencia petista... contra la huelga y la organización sindical” de los choferes señalando la contradicción pero no logrando explicarla, de modo que no sabe si es un reproche a la traición a los choferes o al origen huelguístico del partido. ¡Después de todo, en el libro “iQue hacer”, Lenin reclamaba un partido compuesto de políticos socialdemócratas y no de “huelguistas”, que responden al curso espontáneo del movimiento
 
Los “principios” del frente
 
En lugar de definiciones políticas concretas, los documentos iniciales del “frente revolucionario” nos presentan generalidades que se procura que hagan las veces de “principios revolucionarios”.
 
Según el documento del frente “los principios son definiciones de puntos (sic) que dirigen toda nuestra acción en el movimiento de masas, que están presentes en nuestra actividad, y que sirven también para definir las relaciones de los revolucionarios con las demás organizaciones de la clase obrera (partidos, sindicatos etc)”. Queda claro al leer esta definición que el frente no entiende a sus “principios” como la expresión consciente (comprensión) de los procesos inconscientes (agotamiento del capitalismo, crisis de dirección del proletariado), sino como un compendio de dogmas establecidos por la tradición de cada corriente integrante del frente. Se trata por lo tanto, de principios de carácter pragmáticos y no teóricos, o sea, no se trata precisamente de principio.
 
Los principios básicos” del frente son: la independencia de clase, la democracia obrera, la moral y la ética revolucionaria, la necesidad de un partido revolucionario, el carácter internacional del socialismo. Estos principios fueron consagrados en 1848 en Alemania; no pueden constituir, por lo tanto, una respuesta a la presente crisis histórica. Ya Trotsky, en 1934, fustigó a quienes pretendían evadirse de la lucha política del momento co un proclamado retorno a Lenin o a Marx, es decir ignorando las lecciones de las gigantescas experiencias y tragedias de la clase obrera durante casi un siglo. Pero lo curioso de ese retorno a las tablas de la ley del marxismo es el hecho de que no proclama como principio lo que Marx y Lenin definieron como el punto cardinal de su doctrina: la dictadura del proletariado. De lo que se concluye que los “principios básicos” del frente delatan una completa falta de principios, ya que la independencia de clase y el socialismo internacional no son más que palabras sin la dictadura del proletariado.
 
Todo el documento está apoyado en la estrategia defendida por CS en sus tesis del I° Congreso del PT en defensa de un “régimen de democracia obrera, donde reine la más amplia libertad para todos los sectores organizados o no de movimiento obrero”. ¿Quiénes esto sostienen, sospechan el alcance de sus postulados? Si un “régimen de democracia” pudiera ser la garantía de una completa libertad, quedaría refutada a especie de que el Estado es un órgano suprasocial de coacción al servicio de la clase social dominante. Estado y libertad no serían antagónicos, en cuyo caso la democracia podría transformarse un un “valor universal” bajo el Estado capitalista. Sostener que el Estado obrero no es una dictadura significa admitir que tampoco es el Estado burgués; que la dictadura de los explotadores solo rige allí donde no hay Estado, e decir donde dominan las bandas armadas de os latifundistas, comerciantes de drogas, es decir en los feudos. Que, en cambio, cuando aparece e Estado, con su derecho “natural”, su “contrato social”, etc., se impone, por encima del imperativo de clase, el imperio de la ley. Negar que el Estado obrero es también una dictadura significa convalidar la tesis fundamental del PT con re pecto al Estado, a saber de que puede asumir carácter de representante general a fuerza perfeccionar sus fundamentos constitucionales. Pero como todo Estado, la dictadura obrera puede restringir hasta un cierto punto la libertad de la propia clase que ejerce la dictadura, cuando se produce una presión o amenaza extrema de características adversas, al igual que lo que ocurre en el Estado burgués cuando ante una presión revolucionaria de las masas, las democracias declaran el estado de sitio y la ley marcial e incluso se transforman en dictaduras “de jure”, restringiendo brutalmente las libertades de la propia clase burguesa que ejerce el poder.
 
El principio de la “democracia obrera” tampoco va más allá de una declaración de formalidades jurídicas: “estamos permanentemente en defensa de la democracia obrera, en todos los organismos e instancias de lucha de nuestra clase (sindicatos, central sindical, asociaciones, consejos, partidos, etc.). Luchamos por la total libertad de expresión, proporcionalidad, asambleas democráticas que decidan todas las cuestiones importantes. Luchamos resueltamente contra la burocratización de los organismos de clase; es para nosotros una cuestión de principios impedir que rijan en el movimiento obrero los métodos de los aparatos burocráticos (las maniobras, las calumnias, las agresiones físicas, el cercenamiento a la palabra, etc.) Pero Trotsky en "Los sindicatos en la época del imperialismo” ya explicaba que estos principios habían tenido vigencia en el periodo del capitalismo atomizado de la libre competencia, pero ya no cuando la centralización del capital privaba a los sindicatos de posibilidad de explotar las diferencias entre los capitalistas y cuando, como consecuencia, la acción del Estado sobre los sindicatos destruía las posibilidades de la democracia interna de éstos. Es así que Trotsky señalaba que las "viejas” consignas de independencia y democracia sindicales solo eran posibles si los sindicatos eran ganados por una dirección revolucionaria.
 
Moral y ética
 
Para la derecha del PT la política “socialista* debe tener como fundamento a la ética, un viejo concepto “socialcristiano” que permitiría la conversión de los hombres a principios más justos y evitaría el desgarramiento de la lucha de clases.
 
El “frente revolucionario” ha sido incapaz de criticar este nuevo auge de “moralidad” pero lo que es peor han asimilado este contrabando ideológico propio de la colaboración de clases. “Las diferencias entre revolucionarios son nada más que una lucha de ideas, franca, abierta y honesta, donde el uso de la mentira, simulaciones, agresión física son inaceptables entre revolucionarios. Sólo son utilizados los mismos contra el enemigo de clase frente a la necesidad de preservar su organización y la integridad de sus militantes”, dice el documento del Frente. La idea que para integrar el Frente es necesaria una “moral y ética revolucionarias” significa que no sería suficiente con tener un programa revolucionario... además habría que tener un “alma revolucionaria”.
 
La idea de que las divergencias entre revolucionarios “no son nada más que una lucha de ideas” es ajena al marxismo del mismo modo que es ajena a la psicología científica la idea de que sólo mienten los mentirosos. Las divergencias de ideas, siempre y cuando tengan alguna importancia real, claro está, expresan en el terreno de las ideas intereses de clase al menos en forma potencial, y, tienen por base las contradicciones materiales de la sociedad. Lo contrario sería sostener que las divergencias cayeron del cielo, o que carecen totalmente de importancia, en cuyo caso tienen un carácter escolástico. ¿Por otro lado, si las divergencias no expresan intereses sociales antagónicos, qué importancia tienen entonces estas divergencias, al menos para la lucha de un partido revolucionario?
 
El dislate del documento, no obstante, es revelar el carácter de la "moral y ética” que se pretende: las divergencias entre revolucionarios no pueden ser tratadas con vigor, o sea con los métodos de la lucha de clases en el campo de las ideas, sino con los de la diplomacia. El “frente revolucionario” suprime por decreto la lucha de clases en su interior y la transporta al exterior.
 
¡Pero el “frente revolucionario” viene del PT, el cual hasta hace pocos meses era su “espacio interior”, y de donde fue disparado al "espacio exterior”, por métodos nada diplomáticos. Las organizaciones del frente no se prepararon para esta expulsión porque seguramente creían que en el ex “interior” regía la lucha de ideas y no la de clases, y ahora transforma a aquel “interior” en “exterior”, quedando el frente como único “interior”, donde ya se pueden pronosticar separaciones y salidas, precisamente por que quien no admite el rigor clasista de la lucha de ideas se tiene que hacer a la idea de que será “expulsado” cuando menos lo espere hacia el campo de la lucha de clases.
 
La definición de que la lucha de ideas en determinado ámbito está privada de contenido de clase es de cuño staliniano, quien precisamente justificaba sus purgas con el argumento de que en el partido comunista se había “infiltrado” un “enemigo de clase”. Su idea de que en un partido revolucionario solo está presente la inocente lucha de ideas constituye una confesión inconsciente de monolitismo; solo se admiten las divergencias irrelevantes, las cuales aparezcan difícilmente entre personas serias. Esta confesión inconsciente o vergonzante se aprecia en el párrafo del documento que afirma que “incluso en el más revolucionario de los partidos siempre habrá (sic) divergencias y opiniones diferentes...” No “incluso” sino ESPECIALMENTE en los partidos revolucionarios se expresan vigorosas luchas de ideas y divergencias, por la simple razón de que representan a las clases lanzadas a un nuevo descubrimiento del mundo, sea la burguesía en su época, sea el proletariado en la actual. El carácter clasista de una “idea” no solo tiene que ver con lo que “refleja” sino con lo que “proyecta”, y más todavía cuanto más revolucionaria es. La realidad clasista en su estructura y movimiento es tan insondable como el inconsciente freudiano, por eso no saben lo que dicen los charlatanes que denuncian al método marxista como un reduccionismo de clase, que sería como acusar a un psicólogo por haber penetrado en todos los pliegues del inconsciente individual.
 
La teoría moral del “frente revolucionario” es un enorme retroceso ideológico pues significa la búsqueda de un sustituto a una comprensión materialista, es decir, revolucionaria y socialista, de la realidad. Su carácter funcional —que es el de establecer un modus vivendi arbitrario y de conveniencia entre los componentes de la coalición en ausencia de un real acuerdo de principios— esclarece aún más este otro hecho.
 
Partido revolucionario
 
La Carta de Principios glorifica el partido revolucionario: “es más que una estrategia, es un verdadero principio que orienta nuestra militancia y al cual los revolucionarios no deben renunciar ...” Sin embargo el frente está compuesto de varios "partidos revolucionarios” que han “orientado” diferentes a militancias” hasta ahora y aun ahora. A estos desatinos se llega por no plantear en forma concreta las cuestiones y por el afán de esquivar la delimitación de posiciones. Se dice que “el partido revolucionario debe agrupar a la vanguardia más consciente de la clase obrera”, como si pudiese existir esta vanguardia sin estar organizada en un partido de clase . El carácter declarativo de la defensa del partido revolucionario denota que este "principio” es un injerto artificial en un documento que defiende con claridad la “auto-organización” de las masas, es decir la espontaneidad. ¡La más "autorganizada” de las "auto-organizaciones” obreras, es el resultado de una experiencia acumulada (conciencia) y de una lucha de partidos, que vehiculiza, deforma o enriquece la experiencia de las masas. Esta segunda tesis, la de la "auto-organización”, está claramente elaborada en las tesis presentadas por CS al P Congreso del PT, donde se encuentra formulada en oposición a la idea de un partido para que las masas tomen el poder.
 
EL FRENTE EN LA PRACTICA (I)
 
La nueva reglamentación de tendencias
 
Habiéndose formado en tomo a la expulsión de CS del PT, uno de los primeros actos del nuevo movimiento fue el de excluir algunas corrientes políticas sin ninguna fundamentación, en particular Causa Operaría. La explicación dada, posteriormente, para esta decisión es la de que “los criterios votados por el frente, en su última reunión, reconoce a todas las organizaciones que lo componen como revolucionarias. Esto es lo que determina la convivencia entre ellas: una relación entre revolucionarios cotejada por la práctica cotidiana conjunta.
 
“(...) para Causa (Operaría) la mayoría de las organizaciones que componen el frente son capituladoras y enemigas. Para nosotros, esta es una actitud de autoproclamación, propia de sectas que parasitan a las organizaciones de izquierda y sólo consiguen mirar su propio ombligo. En nuestra opinión eso es incompatible con el frente. Sólo un cambio real de actitud por parte de estas organizaciones, comprobada en la práctica, puede determinar el futuro de las relaciones con el frente y con las organizaciones que lo componen. O sea, que dejen de ser las sectas de hoy y pasen a tener una relación leal y seria en el movimiento” (periódico Convergencia Socialista, NG 335).
 
Entre estas afirmaciones hay un conjunto de cosas que merecerían una consideración. ¿Qué puede ser más “auto-proclamativo” que una reunión de diversas corrientes que vota que todas ellas, independientemente de cualquier programa y hasta incluso antes de definir un programa, y aún reconociendo que no tiene programa, “son revolucionarias”? CS, en su periódico, saca la conclusión de que Causa Operaría es incompatible con el frente, pero ¿el propio frente sacó alguna resolución sobre Causa Operaría? ¿Será esta una actitud “leal”, “moral” y “ética”, que una corriente decida en nombre de todas las otras y después procure argumentos para justificar esta posición?
Sin embargo, el principal problema no está en estos argumentos artificiales y penosamente elaborados por CS, sino en el hecho en sí. CS, arrogándose autoridad para hablar en nombre del frente, exige que Causa Operaría abjure de sus posiciones políticas para ingresar al frente. No sólo su procedimiento es típicamente stalinista, como para colmo exactamente el mismo procedimiento adoptado por el PT, primero contra Causa Operaría y después contra CS. Pero para el Frente, estos procedimientos habrían sido, una de las principales demostraciones, sino la principal, de la degenaración del PT.
 
Hay aquí un fraude diabólico. Se publican artículos llamando a los revolucionarios, a los socialistas a formar un frente de oposición al curso adoptado por el PT. Sin embargo, la corriente que más intensa y claramente luchó contra este curso y defendió una perspectiva de clase, revolucionaria, es la primera a la que se impide participar en la discusión.
 
La oposición de CS al ingreso de Causa Operaría en el frente demuestra que CS concibe al frente como un negocio particular. ¿O será que el frente, para CS, apunta a ocultar su enorme crisis política, tanto o más grande que la del Mas de Argentina? ¿La escisión dentro del Mas y de Convergencia es “solo” una lucha de ideas o también de clases?¿Será por esto que procura proscribir, del frente toda y cualquier real polémica, transformándolo en un convento de la moral y la ética?
 
EL FRENTE EN LA PRACTICA (II) Elecciones en Volta Redonda
 
Después de la realización del Congreso de los Metalúrgicos de Volta Redonda, Causa Operaría, por medio de una carta abierta distribuida nacionalmente, propuso a los militantes y a la dirección de Convergencia Socialista la formación de un frente para disputar las elecciones para el sindicato.
 
Esta carta nunca obtuvo respuesta. Poco después del Congreso, CS comenzó a apoyar la propuesta del actual presidente del sindicato, Vagner Barcelos, de realizar una convención cutista para elegir una lista "unitaria” para disputar las elecciones. Esta posición repite la que CS tuvo en 1989 cuando decidió ir a una supuesta “convención democrática de la CUT” para apoyar a Vagner Barcelos, y la propia CS y sectores independientes que hoy componen la corriente Luta Metalúrgica y Causa Operaría en Volta Redonda fueron dejados fuera de la lista.
CS erigió la llamada “unidad de la CUT* en un principio político, pero que no figura entre los principios del Frente, el cual ataca a la burocracia sindical ¿Debemos concluir de aquí que CS tiene una doble moral? Según este principio de unidad de la CUT, los cutistas deberían estar juntos en las elecciones sindicales en todos lados. Fue lo que propusieron en la elección de banca-ríos en Río de Janeiro —propuesta rechazada por Articulación— y ahora en Volta Redonda.
 
CS pretende ignorar conscientemente que esta práctica de “unidad de la CUT” es una completa abstracción, porque no se materializa en ningún tipo de unidad de acción en defensa de los intereses de los trabajadores. ¿Qué otra conclusión se puede sacar de una propuesta genérica de unidad con los que defienden el pacto social con la burguesía en general (vigilia con la FIESP, foro Paulista de Desarrollo, acuerdo con las terminales automotrices) y con el gobierno Collor en particular (entendimiento nacional)? ¿En qué adelanta la unidad en Volta Redonda con los que defienden la privatización “con transparencia” (Vagner Barcelos) y los que defienden crear “fondos para administrar las acciones de los obreros en la privatización de la CSN” (PDT/Articulación)? ¿Qué puede esperar la clase obrera de una unidad con los responsables de innumerables derrotas en los últimos años?
 
La política de “unidad de la CUT” en Volta Redonda no está apoyada en las necesidades reales del proletariado y en la necesidad de éste de unirse para luchar, sino que responde tan sólo a las maniobras de las cúpulas sindicales en el interior de los aparatos burocráticos de los sindicatos.
 
Uno de los alegatos usados por CS y por los demás defensores de la formación de una lista unitaria de la CUT era derrotar a Formigueiro, agrupamiento que apoyó abiertamente la política del presidente de CSN, Roberto Procopio Lima Neto, recientemente alineado con la Forja Sindical. De parte de CS, se trataría de la re-edición en el movimiento sindical de Volta Redonda de la política de voto útil que dice que, frente a la supuesta amenaza de la derecha, se hace necesario apoyar el mal menor, conforme ocurrió en el segundo tumo de las elecciones pasadas en varios lugares (San Pablo, Porto Alegre, etc.), donde las direcciones del PT proponían apoyar a un sector burgués que iría a negociar a los trabajadores contra otro sector burgués que iría a masacrar a los trabajadores: Fleury vs. Maluf, Colares vs. Marchezan, etc.
 
CS, en vísperas de la “convención democrática”, hizo un llamado a Luta Metalúrgica para que “se sumara a la lucha por la unidad de la CUT contra los pelegos y la privatización, participando de la convención democrática”. Según CS la política correcta sería la de aliarse con la CUT Por la Base, el PDT y la Articuladón/PT (defensores de la privatización y responsables por las peores derrotas ya sufridas por el gremio) contra “la privatización”  y los “pelegos”, en lugar de luchar para construir una alternativa realmente clasista que se opusiese de hecho a la privatización y defendiese, a través de la lucha, los intereses del gremio. El único resultado de la política de “voto útil” y del “mal menor" es el de crear obstáculos a la creación de una dirección para el movimiento obrero independiente de la burguesía. Esta es la lección de toda la historia del movimiento obrero y, con particular énfasis, la historia reciente del país, con la creación de la CUT, de las oposiciones sindicales, la experiencia del PT» etc.
 
¿Cómo se enfrentó Vagner Barcelos, con la política de privatización del gobierno de Collor representado por el presidente de la CSN, Procópio Lima Neto? Esta política se tradujo de inmediato en despidos en masa y profundización del congelamiento salarial con el objetivo de “sanear” financieramente la empresa. Los trabajadores de la CSN respondieron con una huelga de 31 días. Durante esta huelga, Vagner, aliado de los directores que posteriormente irían a formar el Formigueiro, prohibirá a los activistas de base hablar en las asambleas y procurará en todo momento quebrar la huelga, lo que consiguió convocando una asamblea totalmente vaciada para aprobar su película.' Después de esta derrota, la CSN realizó nueve mil despidos, despidió a todos los activistas que se encontraban dentro de la fábrica. y redujo los salarios de los operarios a su más bajo nivel histórico. En la campaña siguiente, Vagner firmó, sin ninguna tentativa de lucha, un acuerdo que concedía 4,5% de reajuste para el gremio (frente a una inflación de cerca del 30% al mes) y permitió que la fecha y el local de la asamblea fuesen fijados por el propio Procópio a través de los boletines de la empresa. A fines de año, aceptó que una asamblea controlada por los jefes y por los guardias de la CSN aprobase un acuerdo con Procópio y finalmente entregó la negociación de la campaña de este año directamente en las manos de Luiz Antonio Medeiros, de la Forja Sindical que, desconociendo la voluntad expresa de millares de trabajadores simplemente firmó el acuerdo reivindicado por el presidente de la CSN. Podríamos escribir páginas y más páginas de las derrotas v de las capitulaciones de la política de Vagner.
Vagner Barcelos, además, siempre defendió (inclusive con los recurso más antidemocráticos, como impedir por la fuerza la utilización de la palabra en las asambleas y la intervención de los elementos clasistas y de base del gremio) la política de Formigueiro. Siempre se colocó al lado de Formigueiro contra el gremio. ¿Cuál es la base para elegir a Vagner como un “mal menor” en relación a la Forja Sindical y al Formigueiro?
 
Más aún, recientemente, el propio Bartolomé Citeli, que integró durante todo este tiempo la directiva de Vagner y compuso la lista encabezada por él para la próxima dirección, denunció a los diarios que Vagner era apoyado por el propio representante de Collor, el presidente de la CSN, Roberto Procópio Lima Neto! Y agrega: “ellos ya tienen la experiencia de Vagner en la presidencia. ¿Cuál es el resultado? Huelgas derrotadas, bajos salarios en el sector privado por falta de propuestas. Resultado, privatizar y debilitar a los trabajadores” (Jornal do Vale, 18/6/92) Lo que Bartolomé dice no es nada más que lo que todos vieron en Volta Redonda: Vagner creó todas las condiciones para el avance de la política de Procópio.
 
La política del “mal menor” o “voto útil”, como se puede ver, carece completamente de contenido. Esto es así porque en la realidad, la política de CS —que mal se oculta detrás de estas formulaciones insustanciales— es la de apoyo a la política de Vagner Barcelos.
 
En estas elecciones, CS no defendió siquiera la “convención unitaria” como un planteo aislado, sino que defendió desde el primer momento la candidatura de Vagner Barcelos en esta convención como la mejor expresión de esta política. En momento alguno CS evaluó lanzar una candidatura propia, una candidatura combativa. Para CS, la candidatura de Vagner Barcelos no es un “mal menor” sino la mejor candidatura para el sindicato y para el gremio.
La consigna de CS fue “Unidad urgente: Vagner presidente”, pues para ella Vagner representa la garantía de victorias, la “inteligencia” y los mejores luchadores”, a pesar de toda la historia de derrotas, de la total falta de apoyo a (y de lucha contra) los cipeiros y otros luchadores despedidos por Procopio (inclusive los de la propia CS), a pesar de la defensa de la privatización, etc.
 
Con esta política, CS se convirtió en garante de tres años de capitulación y de derrotas de la gestión de Vagner Barcelos, de donde salió el propio Formigueiro.
 
El frente" se presenta con el objetivo declarado dg constituir una “alternativa revolucionaria al PT”. La necesidad de constituir una alternativa reaccionaria al PT es incuestionable. Sin embargo, para crear esta alternativa es preciso oponer una política revolucionaria al curso actual del PT (y, por lo tanto, también de la dirección de la CUT).
Las elecciones de Volta Redonda, por la importancia del sindicato de los metalúrgicos de esa ciudad, ponen sobre el tapete también la cuestión de la alternativa al PT. La política seguida por CS se coloca, sin embargo, a contramano de la constitución de una alternativa a la política seguida por el PT. En Volta Redonda, la política de CS da un aval a toda la defensa de la privatización, a la política de colaboración de clases, de freno a las luchas, etc. que caracterizan, en realidad, la política de pacto social preconizada por el PT.
 
La constitución de un frente de izquierda que sea una verdadera alternativa independiente de la burguesía al PT, que se materialice como una alternativa de lucha y de defensa de los intereses de los trabajadores pasaría no por una alianza con la Articulación, la DS y el PDT (de Brizzola, aliado de Collor) sino por una ruptura con esos sectores y su política antiobrera y por un frente con los sectores de base, combativos, que están realizando una verdadera resistencia a la privatización y a la política de tierra arrasada de Collor y de Procópio, en primer lugar los integrantes de Luta Metalúrgica que, inclusive, mostraron el camino para la constitución de esta alternativa con su victoria en la CIPA de la CSN y con el agrupamiento en torno de la lucha contra la privatización de los dos concejales del PT en la ciudad. Este es el camino para la constitución de un verdadero frente de izquierda. La política de CS en Volta Redonda constituye, en realidad, una política de aborto de la construcción de un frente que sea una alternativa revolucionaria al PT.
 
EL FRENTE EN LA PRACTICA (III)
El “Fuera Collor”
 
La prueba más importante para el frente revolucionario es evidentemente la crisis política en marcha en el país. En esta crisis, el PT llevó a su punto más alto su política de integración al Estado y de alineamiento con los intereses de la burguesía. Por detrás de la CPI y de la acusación de corrupción, la dirección del PT está en verdad integrando un amplio frente político que va de Lula a Orestes Quercia, pasando por los dirigentes del PSDB, Mario Covas, Tasso Jereissati y José Richa, notorios representantes y asociados del gran capital nacional y extranjero. El objetivo de esta articulación burguesa es el de montar, un esquema de sustentación del próximo presidente, el vicepresidente de Collor, Itamar Franco, para que éste pueda poner en marcha la política del gran capital que viene flagelando a ln población para enfrentar la crisis capitalista.
 
Frente a esta operación política de carácter claramente antiobrero, CS asumió la siguiente posición: “llegó la hora de ir a las calles. Llegó la hora de ir con quien quiera. Con Quercia o sin Quercia. Con el PSDB o sin él. Esa es la responsabilidad del PT. Llamar, convocar, organizar y movilizar para realizar grandes actos. (...) Siete meses después del I- Congreso, el Directorio Nacional del PT votó la defensa pública del “Fora Collor” ¡Bravo! Ahora se trata de ir a las calles” (periódico Convergencia Socialista, n9 337).
 
La Convergencia se integra al frente popular que va de Quercia a Lula bajo el pretexto de que la directiva del PT habría dado un giro a la izquierda con la cuestión de la CPI, y no de que en realidad ha profundizado el curso derechista. Más aún, CS llega a proponer un “gobierno encabezado por el más legítimo representante de los trabajadores, el propio Lula” (Convergencia Socialista, N2 332, 12/6), con lo que CS (y el Frente) se declaran como un satélite (excluido) del PT, el que a pesar de todo, representaría “legítimamente" a los trabajadores.
 
Esta posición demuestra que la “ruptura” de CS con el PT —que debería servir de fundamento a un frente-— tiene un carácter poco más que secundario y formal.
 
Por un verdadero frente de lucha
 
El completo agotamiento político del PT como vía para el desarrollo de las masas plantea la necesidad de romper clara e integralmente con este partido. La tendencia de las masas va en el sentido opuesto al del PT, o sea, a un choque de enormes proporciones con el conjunto del régimen político. La ruptura con el PT se constituye en un requisito para la estructuración de esta alternativa.
Está planteada la estructuración de un frente de combate. La vigencia de este frente estará dada por su capacidad de orientar a las masas sobre la base de un programa claro para intervenir de forma independiente en la crisis.
 
El frente debe estructurarse en función de la necesidad de las masas y para dar una expresión consecuente a la lucha del conjunto de las corrientes de izquierda frente a la crisis del PT.
 
Fuera Collor y el conjunto del Congreso “collorido”
Elecciones generales con libertad partidaria completa. Huelga general para acabar con el régimen corrupto.
 
Contra los despidos
Escala móvil de horas de trabajo; control obrero de la producción y ocupación de las fábricas.
 
Abajo la confiscación de los salarios
Reposición integral de las pérdidas salariales; reajuste mensual de acuerdo con la inflación; pago inmediato de los 147% de los jubilados y un salario igual al de los trabajadores activos.
 
Por un salario mínimo vital
Salario mínimo real suficiente para la atención de las necesidades básicas del trabajador y su familia, discutido por las organizaciones obreras.
 
Reforma agraria con expropiación del latifundio
Plan nacional de ocupación de tierras; creación de comités de auto-defensa en el campo.
 
Fuera el imperialismo
No al pago de la deuda externa; no a las “privatizaciones”; anulación de las privatizaciones.
 
20 de julio de 1992
 

 

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