Por una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista


Los acontecimientos de las últimas semanas, con la generalización de la crisis financiera internacional, el derrumbe económico de una serie de países y la intervención de las masas que provocó la caída del dictador Suharto en Indonesia, marcan el ingreso en una nueva etapa de la crisis mundial. La propagación de la crisis económica, su tendencia a transformarse en crisis políticas y hasta en crisis revolucionarias (Corea, Indonesia) evidencian la reversión del ciclo abierto en 1989/1991, cuando los ideólogos del capitalismo osaron proclamar su victoria por un período histórico de duración indefinida.


 


La crisis en Asia


 


Desde su inicio, la crisis asiática no ha dejado de agravarse, abarcando cada vez más países y de una mayor importancia en la economía mundial. Cada vez que se la dio por cerrada, resurgió con mayor fuerza y un poder destructivo superior. Cuando se afirmó que la crisis había sido conjurada en Tailandia, estalló en Corea. Luego se trasladó a Indonesia y Malasia. Cuando se anunció que había sido superada en Corea con el acuerdo para la refinanciación de su deuda externa comenzó a trasladarse significativamente a Japón y a China, dos países claves en la economía mundial.


 


Japón y China son los países que sufren las mayores presiones deflacionarias como consecuencia de su elevada capacidad productiva y de la baja demanda. La caída de los precios reduce los beneficios y provoca la desvalorización de los capitales invertidos en esos países.


 


Japón es la segunda potencia imperialista mundial. Su sistema bancario está en quiebra y acumula montañas de millones de préstamos incobrables. La economía japonesa se contrae a pesar de los repetidos, y cada vez mayores, paquetes de reactivación. Como consecuencia, Japón acumuló una enorme deuda pública (la deuda pública consolidada japonesa duplica su PBI) sin lograr sacar a la economía del estancamiento. Cuando las posibilidades de una reactivación de la economía japonesa están agotadas, la crisis de Indonesia fue un golpe demoledor para Japón: sus bancos son los principales acreedores de la deuda externa de Indonesia, que se considera incobrable en un 70%.


 


La importancia del papel de China en la economía mundial, y en el desenvolvimiento de la crisis, lo pone en evidencia el hecho de que la única oportunidad en que la Bolsa de Wall Street cayó severamente en los últimos meses fue en ocasión de la caída de la Bolsa de Hong Kong, que constituye la bisagra entre China y el mercado mundial. También en China, el sistema bancario está en quiebra. Su comercio exterior enfrenta la caída de los restantes países asiáticos, en los que colocaba su producción. Hong Kong está sometida a una fuerte presión devaluatoria. Hong Kong no se sostiene por sí misma: ha conseguido, hasta ahora, evitar la devaluación de su moneda por el sostén que le ha dado China, lo que constituye una confiscación de las masas chinas para sostener a la especulación mundial. Una devaluación en Hong Kong o, lo que es lo mismo, la incapacidad de China para continuar sosteniéndola plantea un golpe demoledor para la economía mundial por el papel que juega China en ella. Provocaría un violento agravamiento de la sobreproducción mundial y, en consecuencia, una agudización sin precedentes de la concurrencia en los mercados mundiales y una perspectiva de quiebras generalizadas a nivel mundial.


 


Crisis mundial


 


Otra evidencia del derrumbe ideológico de la burguesía es la caracterización de que lo que ha entrado en crisis es el llamado modelo asiático. Es decir, la pretensión de dar una explicación parcial, particular, regional, circunscripta después de 15 años de bombardearnos con la tesis de que la globalización había barrido a las economías nacionales para crear una única e indivisible economía global.


 


Lo que se denomina como peculiaridades asiáticas la extrema fusión entre el capital bancario e industrial; el entrelazamiento profundo entre el capital privado y el Estado es la tendencia más general que está recorriendo el capitalismo mundial a través de las fusiones, adquisiciones y reestructuraciones. Precisamente por esto, la crisis asiática sólo puede ser caracterizada como una expresión concentrada de la crisis del sistema capitalista mundial.


 


La contradicción entre el desarrollo internacional que han alcanzado las fuerzas productivas y el carácter nacional de los capitales, las monedas y los Estados está en la base de la crisis actual, que revela así su carácter mundial, no de modelos o políticas sino del régimen social capitalista. Es insuperable bajo el capitalismo porque todo intento de crear una moneda mundial significa darle un carácter internacional a una determinada moneda nacional, es decir, equivale a llevar esta contradicción a su punto máximo.


 


La crisis pone de manifiesto la relación fundamental entre el imperialismo mundial, especialmente el norteamericano, y las burguesías asiáticas.


 


En el trascurso de la crisis, el FMI y el Tesoro norteamericano no salieron al rescate de ninguno de los grupos capitalistas o países en quiebra. Al contrario, impulsaron la crisis a fondo, la hicieron más aguda y violenta para apoderarse de los despojos de sus competidores quebrados. En este sentido, puede decirse que el FMI fue el factor más revolucionario en la crisis asiática como lo prueba el hecho de que forzó al gobierno indonesio a decretar el aumento de combustibles que desató la rebelión popular que terminó derrocándolo.


 


Quien se suponía que debería actuar como prestamista de última instancia, se presentó, en la realidad de la crisis, como un acreedor. El imperialismo norteamericano está actuando en Asia de una manera similar a la que el imperialismo alemán actuó en relación a la RDA: agrava, incluso artificialmente, la crisis para despedazar a sus competidores, para copar sus mercados, para monopolizar sus fuentes de materias primas y apoderarse de sus activos. Está obligado a hacerlo incluso a riesgo de desatar como en Indonesia revoluciones o reacciones nacionalistas porque la crisis capitalista le indica que en el mercado mundial no hay lugar para competidores.


 


Estados Unidos, en el corazón de la crisis


 


La crisis económica norteamericana está disimulada por la crisis mundial. Con el derrumbe de los mercados asiáticos, de Rusia, de Europa del Este, de América Latina, los capitales se refugian en los Estados Unidos. Así, los Estados Unidos aparecen como el mayor factor de estabilización del capital mundial, pero son también, y al mismo tiempo, el mayor factor de desestabilización económica mundial: la Bolsa de Wall Street sube porque las demás bajan; los capitales norteamericanos se valorizan porque los demás se desvalorizan.


 


Como consecuencia de la fenomenal valorización de la Bolsa de Wall Street, Estados Unidos es el país que sufre el mayor exceso de capital en todo el mundo. Lo revela el hecho de que las cotizaciones de la Bolsa no guardan ninguna relación con los rendimientos que obtienen las empresas norteamericanas: medido en los términos del valor de sus acciones, esos beneficios son irrisorios, lo que significa que el capital norteamericano es el más sobrevaluado de todo el planeta.


 


La Reserva Federal está obligada a alimentar la especulación mediante una política emisionista. Actúa como un conductor que ha sobrepasado todos los límites de velocidad, pero está obligado a apretar el acelerador por dos razones. La primera, si se cae la especulación bursátil, las quiebras del Asia se extenderán a todo el mundo, y en particular, a los Estados Unidos. La segunda razón es que Estados Unidos cuenta con superávit fiscal gracias a los impuestos que gravan los beneficios derivados del arbitraje de acciones; una caída bursátil llevaría, inmediatamente, a una crisis fiscal de envergadura.


 


El ingreso de capitales refugiados está revalorizando el dólar frente a las demás monedas, lo que lleva a los Estados Unidos a sufrir el mismo proceso que hasta hace poco él mismo provocó en los países del Asia: el déficit comercial sube, sube y sube, lo que desata las protestas de los capitalistas ligados al mercado interno y a las exportaciones. Esto explica el hecho aparentemente inexplicable de que los republicanos, y parte de los demócratas, critiquen al FMI, al Nafta y le nieguen a Clinton los poderes especiales necesarios para negociar un acuerdo de libre comercio con los países latinoamericanos.


 


Como consecuencia de la crisis, el potencial de quiebra del gran capital financiero norteamericano no tiene parangón.


 


El monto de los llamados contratos derivativos que sirven para asegurar a los capitalistas contra las fluctuaciones de las monedas o las tasas de interés y que durante 25 años crearon la ilusión de un sistema monetario perfecto que tienen anudados los bancos norteamericanos supera el total del comercio y la inversión mundiales. Una parte de estos contratos firmados por los bancos nortamericanos aseguró a los capitalistas asiáticos contra la devaluación de sus monedas, el ascenso de sus tasas de interés o la caída de sus bolsas; en consecuencia, los 25 mayores bancos norteamericanos han acumulado un riesgo crediticio potencialmente incobrable muy superior a sus propios capitales. En otras palabras, se encuentran virtualmente en quiebra.


 


El Estado norteamericano no cuenta con los medios financieros para emprender semejante salvataje. Una crisis de tal envergadura que plantearía la quiebra de colosos como la banca Morgan o el Citibank no se resuelve por medios económicos sino políticos, recurriendo al expediente del fascismo para hacerles pagar a las masas y a las burguesías rivales el costo de ese salvataje.


 


Indonesia


 


La caída de Suharto y la creación de una situación revolucionaria en Indonesia plantean una crisis general de la política imperialista. Esto no sólo por el peso económico y demográfico de ese país (más de 200 millones de habitantes) sino también por su histórico papel de gendarme en la región, tanto con relación al sudeste asiático como en relación con China y Japón. El imperialismo y la CIA estuvieron detrás del golpe de Estado que en 1965 entronizó a Suharto, con la masacre de 500.000 personas.


 


En mayo de 1998 las protestas alcanzaron un punto revolucionario, cuando decenas de miles de jóvenes obreros y desocupados se rebelaron en Jakarta y otras ciudades. La policía se esfumó y las tropas confraternizaron con los manifestantes. Con la situación fuera de control, los militares y los imperialistas le dijeron a Suharto que había llegado la hora de irse.


 


El inicio de la revolución indonesia tiene lugar en un cuadro caracterizado por una crisis económica y social descomunal: las industrias están quebradas, el sistema bancario y la moneda han desaparecido, lo mismo que los abastecimientos; la miseria de las masas es pavorosa; el continente está sacudido por la crisis; la lucha interimperialista por apoderarse de los despojos de la economía asiática es mortal. Se trata, por lo tanto, de una situación enormemente volátil.


 


El proceso político que empieza a desenvolverse presenta rasgos comunes con otros países: comienza a desenvolverse una dirección política mejor dicho, todavía un proyecto de dirección política de carácter pequeñoburgués y centroizquierdista, proveniente de los restos del viejo nacionalismo indonesio. Se trata de una dirección que no existía previamente, débil y dispersa, que se está desarrollando al calor de los acontecimientos.


 


La burguesía no confía en ella (por eso ha preferido poner en el gobierno al vicepresidente de Suharto, respaldado por el Ejército). Tampoco la propia centroizquierda indonesia parece confiar en sí misma, como se desprende de sus planteos enormemente timoratos y del apoyo que dan al presente gobierno.


 


¿Qué solidez tiene este retoño de dirección centroizquierdista? Rápidamente los acontecimientos la pondrán a prueba. ¿Qué se hará con la industria en quiebra? ¿Se la nacionalizará? ¿Qué precio pretenden cobrar los yanquis para salvar la situación? ¿La burguesía indonesia está dispuesta a pagar ese precio? ¿Cómo reaccionarán los competidores imperialistas de los Estados Unidos frente al copamiento norteamericano de Indonesia? La enorme volatilidad de la situación política pondrá en jaque al centroizquierda, pero no sólo a él: el ejército, por el papel que está jugando, será obligadamente golpeado por el desarrollo de la crisis política.


 


Corea puede ser un anticipo de los desarrollos de la situación indonesia. En diciembre de 1997, ganó las elecciones una dirección centroizquierdista que formó un gabinete que incluye desde representantes directos del imperialismo hasta burócratas sindicales.


 


Este gobierno centroizquierdista, que está llevando adelante la política dictada por el imperialismo norteamericano, le impuso a los sindicatos el paquete que el anterior gobierno derechista no había podido imponer: despidos, ataques a las condiciones laborales. Pero el agravamiento de la crisis como consecuencia del hundimiento del acuerdo de refinanciación de la deuda externa hizo fracasar el acuerdo que habían establecido el gobierno centroizquierdista y los burócratas centroizquierdistas. El gobierno se vio obligado a ir más allá del acuerdo en el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores y los sindicatos se vieron obligados a salir a la huelga general. Es decir que, en el momento en que el centroizquierdismo comienza a desarrollarse en Indonesia como consecuencia de la crisis, en Corea comienza a romperse la maniobra centroizquierdista… como consecuencia del agravamiento de la crisis.


 


La evolución de la crisis mundial, por lo tanto, jugará un papel decisivo en el desarrollo de la crisis indonesia y en las posibilidades del centroizquierda. Si Japón se hunde todavía más, si China devalúa, o si la lucha interimperialista por los despojos de Indonesia acelera el ritmo de la crisis y de la guerra comercial, se plantearía un rápido fracaso de la experiencia centroizquierdista. Si ello no ocurre, si la crisis mundial se desarrolla a un ritmo más lento, crecen las posibilidades de un ensayo parcial y temporario del centroizquierda en Indonesia ya sea como apoyatura civil de un gobierno militar o, más difícil, incluso como gobierno.


 


Rusia, en la crisis mundial


 


El monumental déficit fiscal del Estado ruso que fue la excusa para la especulación salvaje contra el rublo y la fantástica fuga de capitales que se ha desatado en las últimas semanas concentra la impasse en que se encuentra el proceso restauracionista en Rusia.


 


Los burócratas rusos se apoderaron de las fábricas y los yacimientos y acumularon fabulosos beneficios que sistemáticamente fugaron al exterior, pero han sido incapaces de crear una economía monetaria: en Rusia, las operaciones económicas tienen lugar por trueque, lo que es una aguda expresión de su descomposición económica. Pero el Estado que no puede financiarse mediante el trueque está obligado a recurrir a un endeudamiento exponencialmente creciente para hacer frente a sus obligaciones.


 


El volumen que ha alcanzado la deuda pública pone en evidencia que las posibilidades de sostener la circulación económica mediante el trueque se han agotado. La crisis mundial al provocar la caída internacional del precio del petróleo ha hecho todavía más patente este agotamiento.


 


¿Cómo se plantea el imperialismo resolver la impasse de la restauración y poner en pie una economía mercantil y monetaria? Con los mismos métodos que en Indonesia y Corea: agudizando la crisis a fondo y profundizando la dislocación provocada por el proceso de la restauración para apoderarse de los despojos de la industria rusa. Esta es la política que exigen el Banco Mundial y el FMI y que aplica el gobierno del recientemente asumido Kireyenko: despidos en masa de empleados públicos, reforma laboral, eliminación de los subsidios a las empresas y a los alquileres, ley de quiebras, reforma impositiva para exigir el pago de impuestos a las empresas privadas, reforma fiscal para descargar el peso de la deuda sobre las repúblicas y regiones de Rusia, respeto de los derechos de los accionistas extranjeros (de manera tal que la deuda pública rusa pueda ser pagada con acciones de las empresas).


 


La perspectiva que plantea este programa es de una descomposición social sin precedentes y de un agravamiento, también sin precedentes, de la lucha de clases. Vale como antecedente de este pronóstico la actual oleada de huelgas que es la consecuencia directa del programa de austeridad que aplicó el año pasado el gobierno de Yeltsin sobre la base de no pagar los salarios y las pensiones durante meses.


 


Al ritmo de la crisis y del empantanamiento de la restauración, la clase obrera rusa deberá procesar y agotar una experiencia política con los restauracionistas. Las huelgas mineras que reclamaron la renuncia de Yeltsin protagonizadas por los mineros, que con su huelga de 1989 jugaron un papel fundamental en el ascenso de Yeltsin al poder parecen indicar que la clase obrera está recorriendo este camino. No es la única expresión: el manifiesto de los trabajadores de la fábrica ZIL de Samara en huelga por tiempo indeterminado contra su cierre plantea la necesidad de luchar "contra los comunistas y los demócratas" (es decir, contra los burócratas viejos y los reconvertidos, todos ellos restauracionistas) y por la expropiación de las fábricas, por el derrocamiento de Yeltsin y por el traspaso del gobierno a un congreso de los comités de huelga.


 


La latinoamericanización de Europa


 


La unidad europea, anunciada como su ingreso en la modernización global y como su consolidación frente al capitalismo yanqui y japonés, fue postergada diversas veces en virtud de la propia crisis, y parece más la entrada en una pesadilla que en un sueño. Con 20 millones de desocupados, más de 50 millones de personas atravesaron la línea de pobreza en los últimos años.


 


Pero si la modernidad europea se parece cada vez más al Tercer Mundo, la lucha de clases también tiende a alcanzar niveles latinoamericanos. Camioneros o funcionarios públicos en Francia, desocupados en toda Europa (que llegan a ocupar los edificios públicos) recorren el camino que ha llegado hasta Dinamarca, con su primera huelga general en décadas.


 


El Euro, los Tratados de Maastricht y de Amstedam son cuestión de sobrevivencia para la burguesía europea frente a la competencia de los imperialismos rivales. Pero implican tales ajustes (eliminación de déficits fiscales, cortes en los gastos sociales, quiebras) que significarán ataques salvajes contra las masas, en condiciones de manifiesta disposición de lucha de éstas.


 


Indonesia, Corea, Rusia, son los puestos de avanzada de una crisis de naturaleza mundial en la que, con independencia de sus niveles desiguales, se verifica la tendencia de las masas a dar un basta definitivo a la ofensiva del capital, a través de la acción directa y de la movilización de clase.


 


El carácter histórico de la crisis


 


El derrumbe asiático de 1997 que continúa haciendo tambalear no sólo esta área sino el mundo entero no puede reducirse a una turbulencia regional o a una crisis episódica coyuntural. Y eso no sólo porque afecta y sigue afectando a una parte del mundo donde vive la mitad de la humanidad. No sólo porque está centrado en una región que funcionó como un motor del crecimiento del capitalismo mundial durante la última década y que incluye, entre otros, a China, Corea del Sur y Japón, la segunda potencia económica mundial. Sobre todo, porque constituye una explosión de la totalidad de las contradicciones del capitalismo mundial.


 


Los resultados no pueden ser separados de los procesos históricos que condujeron a ello, el crecimiento y caída de los tigres asiáticos fue conectado con la relación entre EE.UU. y Japón (y entre el dólar estadounidense y el yen japonés), después del acuerdo Plaza, creador de un equilibrio temporario que finalmente se derrumbó con el desarrollo de la crisis. Sobre todo, el surgimiento y la caída de los tigres fue conectada con la explosiva expansión financiera y los procesos de desregulación, liberalización, etc. de los mercados financieros, también conocidos bajo el nombre de la globalización post 1979 del capital financiero.


 


Lo último fue producto de la sobreproducción sin precedentes de capital en el cual la expansión de posguerra de veinticinco años basada en los acuerdos de Bretton Woods terminó en los años setenta. La crisis de sobreproducción, como dijo Marx, es el punto donde el capital encuentra su límite en sí mismo. Por intermedio de la economía de la deuda que fue construida después del derrumbe de Bretton Woods, la crisis de la deuda, la crisis fiscal de los estados capitalistas, etc., condujeron a la desregulación y globalización de los mercados financieros como única salida.


 


Pero el límite alcanzado en los años setenta, la crisis de sobreproducción, no fue superado. El límite fue transferido y escondido en los cielos de la especulación financiera, y la crisis de sobreproducción de capital productivo fue compuesta con una gigantesca sobreacumulación de capital ficticio. Tanto el capital productivo como el ficticio reclaman la plusvalía extraída por la explotación de obreros de producción en la economía real. La sobreproducción de instrumentos financieros, mientras ofrecía una salida provisoria al capital en condiciones de estancamiento en inversiones productivas, en el mediano plazo intensifica la tendencia que tiene la tasa de ganancia a caer.


 


La fragilidad de la estructura financiera hipertrofiada en una escala mundial fue demostrada en la serie de shocks desde el derrumbe mundial de 1987 pasando por el derrumbe del peso mejicano en 1994 hasta el derrumbe asiático de 1997.


 


Lo último efectivamente destruyó el llamado milagro asiático que fue el logro más alto de la globalización del capital financiero. En realidad, tanto el crecimiento como la caída de los tigres fueron el resultado de la interacción entre la expansión mundial de capital financiero y los problemas no resueltos del desarrollo histórico de la región. El mito de que un país puede ser transformado, en la época del imperialismo, de un país dependiente subdesarrollado capitalista en uno metropolitano explotó. Con él también explotó el mito de la globalización como el capítulo final de la historia.


 


La globalización de capital financiero durante las últimas dos décadas y los ataques neoliberales sobre las masas se mostraron totalmente incapaces de resolver la crisis continua de sobreproducción de capital. No sólo fueron incapaces de estimular inversiones productivas, como los monetaristas plantearon en un principio, sino profundizaron el estancamiento, produjeron millones y millones de desocupados permanentes y desarrollaron las formas más extremas de parasitismo.


 


La distancia inalcanzable entre los mercados financieros globalizados y la economía real puede crear ilusiones enormes, incluyendo la ilusión de que las finanzas se hayan emancipado de la economía real, la esfera de producción y las leyes de movimiento de capital. Pero finalmente estas leyes toman su venganza.


 


Cada crisis capitalista es siempre la manifestación no de ésta u otra contradicción sino la explosión de la totalidad de las contradicciones capitalistas, tanto en la acumulación como en el proceso de realización.


 


Esta explosión tuvo lugar una vez más. La crisis mundial en la cual terminó la prolongada prosperidad de posguera en los años setenta no fue superada por la globalización del capital financiero de los años ochenta y noventa. Por el contrario, la globalización hizo expandir en una escala global estas contradicciones y condujo a una nueva irrupción de la crisis mundial en una forma mucho más devastadora e incontrolable.


 


La vigencia de la Revolución de Octubre


 


Después del derrumbe asiático, la crisis mundial ha tenido un efecto devastador en Rusia, asestando un golpe fatal a la estabilización del rublo, exacerbando la caótica situación social y la inestabilidad política. Siete años después de la implosión de la Unión Soviética, el proceso de restauración capitalista está en desbande; las cuentas, los impuestos y los salarios no son pagados. Los activos del país son robados y llevados a los bancos suizos y de otros países occidentales.


 


Una esfera especulativa hipertrofiada fue construida de manera totalmente artificial sobre una base productiva en constante desintegración, donde el trabajo excedente no llega a extraerse en la forma de plusvalía. La fuerza del trabajo aún no se transforma en mercancía, es decir, no existe aún un mercado de trabajo. Una transformación como ésta requeriría el funcionamiento del ejército de reserva más grande de desocupados de la historia, con decenas y centenares de millones de personas privados de empleo. El temor de explosiones sociales incontrolables causadas por la desocupación masiva es la principal razón de la crisis de pagos. La elite dominante burocrática prefiere conservar obreros sin sueldo durante meses, proveyendo sólo algunos servicios, a la alternativa de despedir a masas enteras de ellos.


 


Los mismos imperialistas reconocen que su sueño de reconquistar y colonizar todas las vastas áreas donde ha habido expropiación de capital aún no se realizó y está siendo transformado en una pesadilla. La expansión de la OTAN al este hasta las fronteras con Rusia y su reorganización administrativa forman parte de los preparativos imperialistas para la incontrolable situación que se avecina.


 


El ciclo abierto por la Revolución de Octubre de 1917 aún no está cerrado. Su vitalidad está determinada por el carácter de nuestra época de decadencia imperialista del capitalismo, de guerras y revoluciones.


 


El derrumbe irrevocable del stalinismo y de su reaccionario y utópico "socialismo en un solo país" abrió un período de choques violentos entre la revolución y la contrarrevolución en escala mundial. En este contexto se decidirá el destino final de la Revolución de Octubre y su extensión internacional.


 


El imperialismo frente a la crisis


 


El imperialismo se encuentra empeñado, en todo el mundo, en sujetar la acción directa independiente de las masas por la vía democrática, intentando soluciones dentro del orden jurídico existente a las crisis políticas provocadas por la crisis mundial capitalista. El propósito de los propagandistas burgueses de la democracia no es defender ideal alguno sino paralizar a la clase obrera e inmovilizar la resistencia popular frente a la ofensiva rabiosa del capitalismo. Para el imperialismo, el régimen democrático se torna el recurso político más apto y viable en función de encadenar políticamente a las masas. Con éste se pretende unificar en todos los países a todas las clases sociales y a todos los partidos políticos, desde la burguesía al proletariado y desde la derecha a la izquierda, tornándose el recurso político menos costoso para salvar la dominación política burguesa.


 


La caída del Muro de Berlín no abrió una nueva era histórica de la democracia sino un período de agudización del enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución. Porque ésta es la característica de la etapa, aparece el viejo recurso político del Frente Popular en los más diversos países. Ya éstos mantengan su antiguo nombre o sean bautizados como alianzas de centroizquierda, su contenido político es el mismo: utilizar la organización de los trabajadores como sustento de la estabilidad de la dominación política de la burguesía, de la política antiobrera y de la explotación imperialista de las naciones atrasadas.


 


A diferencia del pasado, estas expresiones del Frente Popular no se presentan como instrumentos limitados de presión de la burocracia soviética sobre el imperialismo y no pueden cometer sus traiciones en nombre de la Revolución de Octubre o de la defensa del campo socialista sino como instrumentos abiertos del imperialismo. Por las condiciones excepcionales y profundas de crisis capitalista, una vez en el gobierno van cuan lejos exija el capital en el ataque a las conquistas sociales apoyándose en los compromisos que logran establecer con las direcciones obreras y eventualmente con las direcciones nacionalistas.


 


Son, como en el pasado, recursos políticos del imperialismo contra la revolución proletaria.


 


La tendencia mundial hacia los gobiernos de Frente Popular o, eventualmente, los llamados gobiernos de centroizquierda es una expresión indirecta de las implicancias revolucionarias de la presente crisis mundial. Por esta razón, su constitución es independiente de la existencia inmediata de una situación revolucionaria. Es un proceso que expresa la tendencia internacional a las crisis revolucionarias.


 


La democracia ingresa como sustituto del socialismo desaparecido para dar un eje ideológico y político a estos Frentes Populares lo que refleja la validez y actualidad de la reflexión de Engels: "en el día de la crisis, al día siguiente, la democracia pura va a ser el grito de guerra de toda la contrarrevolución".


 


La defensa de la democracia es el punto de unidad entre estos Frentes Populares y el imperialismo, que elaboró su política en estos términos para salir del retroceso que le impuso su derrota en Vietnam, enfrentar la crisis de los golpes militares que impulsó en todo el planeta y, no menos importante, horadar las bases de los Estados Obreros burocratizados. Desde la victoria electoral contra el sandinismo en Nicaragua, hasta la absorción de la Alemania del Este por la del Oeste, la defensa de la democracia ha rendido enormes frutos al imperialismo. Es sobre esta base política que la izquierda democratizante surgida en la década del 70, incluidos sectores oriundos del trotskismo, colabora con, o apoya a, los gobiernos de centroizquierda.


 


Los gobiernos de Jospin, Blair o Prodi cumplen plenamente la función contrarrevolucionaria de descargar la crisis capitalista sobre las masas obreras en Europa, como las coaliciones políticas que gobiernan Europa Oriental y varios países de la ex URSS. La misma naturaleza y la misma función corresponden a la Autoridad Nacional Palestina o al gobierno de Nelson Mandela en Africa del Sur. El centroizquierda en la oposición Frente Amplio uruguayo, Alianza argentina, Frente Lula-Brizola en Brasil, Frente Democrático en Paraguay cumple ese mismo papel al boicotear las movilizaciones populares y avalar las políticas antiobreras. No es de extrañar que estos frentes se sitúen a contramano de las grandes luchas de las masas, como la huelga general paraguaya o las ocupaciones de tierra en Brasil.


 


La tarea de los trabajadores es enfrentar estos gobiernos y desenmascarar el régimen democrático. Los gobiernos de izquierda de Prodi, Jospin, Blair deben ser caracterizados sistemáticamente como lo que son, gobiernos imperialistas. Es el único modo de actuar en términos revolucionarios en un país opresor.


 


Por su debilidad congénita, derivada de la descomposición mundial del stalinismo y la socialdemocracia, los Frentes Populares de centroizquierda están condenados al fracaso y a un rápido derrumbe en la consideración política de las masas.


 


En último término, la cuestión crucial es si serán derrotados por la revolución socialista, o serán, como en el pasado, la antesala del fascismo.


 


Las masas frente a la crisis


 


La crisis capitalista está dando lugar a manifestaciones revolucionarias. La tendencia a la organización de clase independiente está presente en los principales procesos.


 


En Indonesia, con extraordinaria rapidez, los activistas sindicales se han lanzado a la construcción de un Partido de los Trabajadores. En un hecho inédito, los trabajadores coreanos destituyeron a la dirección sindical por haber apoyado la ley de despidos del gobierno, e impusieron una nueva, al tiempo que resolvían la huelga general.


 


Rusia enfrenta la mayor crisis desde la caída de Gorbachov. El proceso huelguístico, el más importante desde 1991, empalma con una violenta crisis financiera y con una crisis política. La clase obrera rusa deberá procesar y agotar una experiencia política con los restauracionistas. Las huelgas mineras indican que está recorriendo ese camino.


 


Rusia, Indonesia, Corea y todo el mundo marchan bajo el impacto de la crisis mundial. La experiencia con gobiernos centroizquierdistas irá procesando los elementos para la construcción del partido revolucionario. A través de la lucha, los trabajadores irán destruyendo los obstáculos políticos hacia su propio poder.


 


Como en Indonesia, las revoluciones tienen que estallar porque no hay quien las contenga y el gran capital tiene que darse una política sobre los acontecimientos para encuadrarlos. El problema para los revolucionarios es procurar que las direcciones, los activistas, la vanguardia, comprendan la naturaleza de la etapa, la velocidad de la crisis y la imposibilidad de un acuerdo con la burguesía que no signifique el hundimiento de las masas. El problema para los revolucionarios es explicar la función de los gobiernos centroizquierdistas y de Frente Popular y por qué se plantea de nuevo el problema del partido como salida política para los trabajadores.


 


El papel de la izquierda y del centroizquierda


 


El derrumbe del stalinismo no condujo a un renacimiento de la socialdemocracia. Por lo contrario, el fracaso de la socialdemocracia, tanto como gobierno o como oposición, de producir siquiera un proyecto reformista como alternativa a la política neoliberal queda expuesto. La base material tradicional de la consolidación de la socialdemocracia expansión capitalista, recursos coloniales, el estado benefactor keynesiano está desintegrada. Bajo estas condiciones, no hay espacio económico para el consenso y para la conciliación de clases.


 


No fue Tony Blair en Gran Bretaña quien transformó al tradicional Partido Laborista sino el viejo reformismo que se transformó en un partido contrarreformista de tipo liberal.


 


La tendencia hacia gobiernos de centroizquierda aparece combinada con la bancarrota histórica del stalinismo y la socialdemocracia. El capitalismo en crisis necesita nuevas formas de control de las masas, con la activa participación de los tradicionales representantes de la izquierda. Cuando los gobiernos neo-liberales de derecha no tienen éxito, es la izquierda, en nuevas combinaciones de colaboración de clases, llamadas de centroizquierda, quien intenta ocupar su lugar.


 


La agudización de la crisis y de la lucha de clases, hace que el centroizquierda tenga que construir defensas por su flanco izquierdo. Fuerzas provenientes de la así llamada extrema izquierda se transforman en la cobertura radical indispensable del centroizquierda. Ambas cultivan la confusión acerca del colapso de los regímenes stalinistas en 1989/1991.


 


Uno de los aspectos ideológicos más importantes en ese sentido es la identificación del stalinismo con el marxismo, para rechazar el primero en nombre de la bancarrota del segundo. En nombre del colapso del socialismo real y de las doctrinas stalinistas de inevitabilidad histórica, los teóricos de la izquierda oficial y de la extrema izquierda rechazan la existencia de la necesidad y la causalidad en la historia y las propias leyes del movimiento del capital. Nivelando el determinismo mecánico con la comprensión dialéctica de la lógica de las contradicciones, separan y contraponen la posibilidad a la actualidad y la necesidad. De esta manera, la posibilidad se transforma en abstracta y formal y el socialismo se reduce a una expresión de deseos, una utopía abstracta.


 


La posibilidad abstracta se transforma en la base del agnosticismo histórico, del relativismo político y del posibilismo, siendo la forma ideal para disfrazar las prácticas rastreras del centroizquierda.


 


Por la refundación inmediata de la IV Internacional


 


La extensión y la profundidad de la crisis mundial del capitalismo prueban que se trata de un régimen social que se sobrevive a sí mismo, habiendo ya madurado hace mucho tiempo las premisas objetivas de su sustitución revolucionaria por el socialismo. Como afirma el programa de la IV Internacional, aquellas premisas, en realidad, ya han comenzado inclusive a pudrirse: el fracaso del proletariado en acabar con el capitalismo cuando éste hizo evidente su agotamiento histórico, determinó que haya sufrido y continúe sufriendo su podredumbre en una escala inaudita.


 


En la crisis del capitalismo se juega el destino de la humanidad, el cual depende, en última instancia, de la capacidad del proletariado en organizarse políticamente para poner fin a la esclavitud asalariada, destruyendo el estado burgués. Los esfuerzos de la clase obrera por poner en pie el partido revolucionario, sin embargo, se ven cuestionados constantemente por la competencia entre los propios trabajadores por la sobrevivencia cotidiana. La burocratización de las organizaciones obreras es una expresión de ese proceso, al basarse en los privilegios que conquista una capa de la clase obrera, transformándose en agente del capital en las filas del movimiento obrero.


 


La organización política de la vanguardia obrera, en escala internacional, es pues la condición de la continuidad de la lucha del proletariado contra el capital, y de su victoria final. Las bases políticas de esa organización han sido echadas desde hace 150 años, cuando el Manifiesto Comunista dio forma al programa consciente de la clase obrera, y se proyectan en nuestro siglo con el bolchevismo, tendencia dirigente de la Revolución de Octubre, cuya continuidad contra la degeneración stalinista fue garantizada por la IV Internacional y su Programa de Transición, fundada hace 60 años por León Trostky.


 


Al lanzar, en 1997, un llamado a la refundación de la IV Internacional, un conjunto de organizaciones y partidos trotskistas se hacían eco no sólo de esa continuidad histórica sino también de la urgencia de las tareas políticas planteadas para la vanguardia obrera a escala mundial. Sobre la base de los fundamentos sólidos del programa transitorio, fue realizado un análisis de la crisis mundial y planteadas las premisas políticas de esa tarea en el actual período: la lucha por la dictadura del proletariado, el carácter mundial de la revolución, la necesidad de la revolución social y política en los antiguos Estados Obreros burocratizados, la vigencia de la Internacional Obrera, la independencia de clase frente a las maniobras centroizquierdistas y frentepopulistas de la burguesía y la burocracia, la construcción del partido basado en el método y el programa de las reivindicaciones de transición.


 


Por una Conferencia Internacional


 


La crisis mundial avanza con extraordinaria rapidez, determinando el paso de la crisis financiera a la crisis económica y política, y de ésta a la propia revolución, en los puntos del planeta en que toma un carácter más álgido (Asia). En las organizaciones obreras y de izquierda tradicionales, inclusive en las corrientes que se reivindican del trotskismo, se producen nuevos desarrollos y divisiones, en los que se ponen en juego, de manera más o menos clara, más o menos conciente, las cuestiones centrales del programa y la organización revolucionaria, a nivel nacional e internacional.


 


El surgimiento de fracciones de izquierda en partidos comunistas, especialmente en Europa, es parte de ese proceso. En Europa del Este, la ex URSS y los Balcanes, la descomposición social, la guerra y la reacción obrera agudizan el debate en el seno de las organizaciones obreras y de izquierda. En Asia, la inminencia de la revolución plantea cuestiones ineludibles a todas las direcciones políticas. En los EE.UU., las huelgas recientes (UPS, gráficos) plantean un viraje de la lucha obrera, que repercute en los sindicatos y en el embrionario Partido Laborista. En América Latina, la ruptura con la burguesía tiende a tornarse una cuestión de sobrevivencia para las organizaciones obreras y de izquierda. En Brasil, una parte de la izquierda del PT declaró que no va a votar a Lula y otra parte no acepta votar por un candidato estadual impuesto por Brizola, abriendo una amplia crisis.


 


En corrientes trotskistas, como la LIT, se producen rupturas en torno de la vigencia de la IVª Internacional. Lutte Ouvrière ha tomado posición frente al liquidacionismo de la LCR, representante del "Secretariado Unificado de la IVª Internacional", caracterizando que "moral y políticamente, ya no están en una organización que se reivindique partidaria del comunismo" . Estas crisis amplían la base política del debate sobre la IVª Internacional.


 


Frente a toda la vanguardia mundial en lucha, está planteada la cuestión de cómo enfrenta la clase obrera internacional la crisis mundial. Nosotros llamamos a organizar una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista, para discutir el programa y la organización política de los trabajadores frente a los desafíos que plantea esta crisis. Partimos de la necesidad del movimiento obrero de un programa que plantee la tendencia a las crisis revolucionarias y la necesidad de unir políticamente a la vanguardia para impulsar partidos obreros en todo el mundo, dar una orientación a las luchas y superar el centroizquierdismo y el frente popular, para construir una Internacional Obrera, para luchar por gobiernos de trabajadores. Llamamos a organizar una asamblea internacional de trabajadores para abrir un nuevo curso a los que la experiencia va llevando a plantearse la cuestión de la organización revolucionaria independiente. A 150 años del Manifiesto Comunista, está planteada con más fuerza que nunca su consigna histórica: "Proletarios del mundo, ¡uníos!".


 


(Texto aprobado el 30/5/98)


 


Resolución política aprobada en la reunión internacional realizada en Buenos Aires entre el 27 y el 30 de mayo de 1998.


 


Oposición Trotskista Internacional Partido Revolucionario de los Trabajadores (Grecia) Partido Obrero (Argentina) Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia) Partido de la Causa Operaria (Brasil) Oposición Trotskista del POR (Bolivia) Partido de los Trabajadores (Uruguay) Liga Trotskista (Estados Unidos) Colectivo En Defensa del Marxismo (España)


 

Carta a Lutte Ouvrière


Compañeros:


 


Hemos considerado con sumo interés vuestro análisis sobre la evolución política de la Liga Comunista Revolucionaria, principal sección del SU, en la revista "Lutte de Classes" del pasado 20 de febrero del corriente año. Importa destacar dos aspectos íntimamente vinculados de la caracterización que formulan sobre el significado del "cambio de nombre" de tal organización, con el propósito declarado de abandonar su definición de "comunistas".


 


Primero y sin medias tintas: "política y moralmente la Liga ya no está en una organización que se reivindique partidaria del comunismo" y hasta cierto punto se ha transformado en … anticomunista puesto que se propone, según Uds. lo señalan, "abrir" la organización a "actores del movimiento de masas" que "no sólo no se reivindican comunistas" sino que "son adversarios del comunismo" y que incluye a "políticos arribistas en lo que concierne a ciertos dirigentes".


 


Segundo: el hecho de que Uds. informan que no se trata de un fenómeno políticamente novedoso, puesto que domina toda la política de la LCR desde mucho tiempo atrás. "Hace años agregan Uds., que la dirección de la LCR proclama a los cuatro vientos que la referencia al comunismo es inadecuada, contraproducente y propone en consecuencia desembarazarse de ella". Citan al respecto la fórmula acuñada al comienzo de los 90, por la propia Liga, de "construir un partido no delimitado programáticamente", lo que constituye una contradicción en sus términos y la regresión a un tipo de movimientismo pre- bernsteiniano. La Liga, postula que la ausencia de programa se refiere explícitamente, conforme Uds. lo indican, a que sus miembros no deben compartir "un acuerdo completo ni sobre la interpretación del pasado ni sobre la visión del mundo".


 


No es necesario abundar más para señalar que la caracterización de la LCR así expuesta es una confirmación de nuestro propio planteo de que el Secretariado Unificado se ha transformado en una organización extraña al programa trotskista y de la IVª Internacional y, por eso mismo, imposible de "ser reformada" y que debe ser "políticamente derrotada" en la tarea de proceder a la refundación de aquélla. Las comillas corresponden exactamente a la declaración que le entregamos a Uds. en la reunión que realizamos en París en marzo de 1997 y en la cual les trasmitimos por escrito la propuesta de un trabajo conjunto en pro de una Conferencia Mundial para, precisamente, proceder a la refundación de la IVª Internacional.


 


Es, además, la misma caracterización que Uds. rechazaron dos meses después, en mayo de 1997, cuando tuvieron la muy correcta actitud de respondernos por escrito, declarando vuestra oposición a que las organizaciones que se reclaman del trostkismo trazaran tal frontera de delimitación política. Es por esa misma razón que Uds. nos atribuyeron arbitrariamente el propósito de armar un bloque sin principios que, en nombre de formulaciones "muy generales" sirviera apenas para "condenar al SU", amalgamando grupos que "no tienen entretanto una política mejor" (esto último afirmado sí en términos "muy generales" y sin precisión). La arbitrariedad consistía en adjudicarnos a nosotros una caracterización política que, en verdad, era de Uds. y que no establecía ninguna diferencia de principios entre quienes se proclamaban formalmente del movimiento cuartainternacionalista. Todo indica que la apreciación que desarrollan, ahora, respecto a la LCR, confirma nuestro punto de vista de marzo del 97. Nos parece, en consecuencia, que los problemas involucrados en nuestra propuesta, deben ser examinados a la luz de esta nueva realidad.


 


Para esto, no obstante, es necesario, superar una limitación insalvable, contenida en la mencionada respuesta de Uds. de mayo del 97. En la misma Uds. consideran lo que nosotros denominamos "bases para la discusión de la refundación de la IVª Internacional", a saber: "1) la actualidad de la lucha por la revolución socialista mundial y la dictadura del proletariado, 2) la reafirmación de la caracterización de los Frentes Populares como un bloque con la burguesía que condena al partido del proletariado a ser un apéndice del capital, 3) la necesidad de la revolución social y política en la antigua URSS, Este europeo, China, Indochina, Corea del Norte y Cuba, 4) la elaboración de una estrategia anticapitalista basada en el método y en las reivindicaciones de transición"; Uds. consideran insistimos como "muy generales". Pero evitan clarificar si son correctos o no, si deben ser ampliados y desenvueltos o no, corregidos o no; es decir, en nombre de la "generalidad" de los puntos que consideramos como "base para la discusión", omiten pronunciarse al respecto.


 


Vuestra carta indica que la posibilidad de un pronunciamiento sobre estos puntos solo sería conducente en otras condiciones internacionales, por ejemplo, en circunstancias "de un ascenso general de las luchas obreras y de un giro a la izquierda (de la situación mundial)". La función de semejante reparo nos parece un recurso, una "fuite en avant", en relación al debate de principios que planteamos desarrollar en común y que evita definir el tipo de relaciones concretas que pueden establecerse entre organizaciones revolucionarias sobre una base de principios. Esto nos parece la mejor prueba de la "voluntad real" de establecer un "cuadro político común" que Uds. reclaman, pero de manera puramente "general", es decir, abstracta o meramente subjetiva como una suerte de expresión de deseos. De todas maneras, también todo esto puede ser examinado objetivamente a la luz de una nueva realidad, puesto que junto a esta carta les estamos enviando las declaraciones conjuntas que las organizaciones firmantes hemos acordado en nuestras reuniones de San Pablo y Buenos Aires. Estas expresan de forma mucho más amplia el significado preciso del momento actual de la lucha de clases internacional, en el cual juzgamos como imprescindible la tarea que les proponemos encarar en común, sobre lo cual hemos avanzado considerablemente y con propuestas que importarían una nueva apreciación de vuestra parte.


 


Sobre esta base, reivindicamos nuestros procedimientos de transparencia y delimitación política, esperando poder desarrollar la tarea que nos hemos propuesto. Reclamamos un contacto directo entre vuestra organización y una delegación de las organizaciones firmantes para discutir la iniciativa que aprobamos en la reunión de Buenos Aires, por una campaña para concretar la convocatoria de una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista.


 


Saludos revolucionarios.


 


Aprobada en la reunión internacional realizada en Buenos Aires entre el 27 y el 30 de mayo de 1998.


 


Oposición Trotskista Internacional Partido Revolucionario de los Trabajadores (Grecia) Partido Obrero (Argentina) Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia) Partido de la Causa Operaria (Brasil) Oposición Trotskista del POR (Bolivia) Partido de los Trabajadores (Uruguay) Liga Trotskista (Estados Unidos) Colectivo En Defensa del Marxismo (España)


 

Declaración sobre el documento final de la reunión de Buenos Aires por la Refundación de la IVa Internacional


La Asociación Marxista Revolucionaria Proposta de Italia, la Liga Trotskista de los Estados Unidos y la Oposición Trotskista Internacional se unen con el Partido Obrero de Argentina, el Partido Causa Operaria de Brasil, la Oposición Trotskista de Bolivia, el Colectivo En Defensa del Marxismo de España, el Partido de los Trabajadores del Uruguay y el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia, para llamar a una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista como parte de nuestra campaña común por la refundación de la Cuarta Internacional.


 


Sin embargo, no podemos tan sólo firmar el documento "Por una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista" sin salvedades. Acordamos con el análisis general y las conclusiones programáticas y de organización del documento, que primero fueron establecidas por las nueve organizaciones firmantes de la "Declaración de Génova" de febrero de 1997. Pero tenemos las siguientes reservas acerca del nuevo documento.


 


Coincidimos con que el capitalismo mundial ha estado en crisis desde los inicios de los años 70 y que los capitalistas no tienen soluciones frente a la crisis. Su actual política neoliberal con el ropaje de la democracia burguesa, no provee ninguna solución. No la da tampoco la caída de la Unión Soviética. Por el contrario, ésta ha removido un elemento de estabilidad de la situación precedente: la burocracia stalinista contrarrevolucionaria.


 


Coincidimos con que la crisis está profundizándose a escala mundial y que, en todas partes, continuarán empeorando las condiciones de los trabajadores, incluso en los países imperialistas, que por un tiempo puedan protegerse descargando el peso de la crisis sobre las semicolonias y los ex-estados obreros.


 


Coincidimos con que las tensiones sociales se están incrementando en todo el mundo y que los trabajadores y los oprimidos lucharán contra la crisis. Explosiones como las de Francia, Albania, Corea del Sur e Indonesia no sólo continuarán, serán incluso más frecuentes. Ellas proveerán invalorables experiencias para la vanguardia y las masas y oportunidades para construir partidos revolucionarios.


 


Sin embargo, pensamos que es esencial para los trotskistas considerar cuidadosamente el ritmo de desarrollo de la crisis. Es aquí que encontramos deficiente el documento.


 


En el terreno económico, pensamos que el documento exagera la importancia de los mercados de valores y de la especulación financiera, en relación a la economía real de producción y distribución. El crash bursátil de octubre de 1987 fue proporcionalmente más grande que el de 1929, pero aun afectó pobremente la producción.


 


El capitalismo mundial sufre una sobreacumulación de capitales y de capacidad de producción excedente. En algún punto pronto, esto conducirá a una nueva recesión, y en algún punto más tarde a la depresión. Pero por ahora las economías de los países capitalistas avanzados continúan expandiéndose. Mientras las condiciones son terribles en la mayoría de las semicolonias y los ex-estados obreros, por el momento muchas economías de aquellos países están creciendo aún en la actualidad.


 


En el terreno político, pensamos que el documento es también algo mecánico al ligar las crisis económicas con el desarrollo de luchas revolucionarias. En muchos países semicoloniales y en los ex-estados obreros, las condiciones son lo suficientemente malas como para provocar revoluciones. Pero aún en la mayoría de ellos, nosotros no vemos revoluciones. Por el momento, las explosiones están contenidas.


 


Pensamos que el documento generaliza mucho acerca del desarrollo político de las masas y exagera sobre la perspectiva de confrontaciones revolucionarias en el próximo período. En particular, pensamos que es prematuro hablar de latinoamericanización de la lucha en Europa occidental, o que Europa occidental está "en las vísperas de confrontaciones revolucionarias".


 


En este esquema, pensamos que las formulaciones del documento sobre el frente popular confunden la cuestión.


 


Coincidimos con que el imperialismo por ahora preferiría usar la democracia burguesa, antes que recurrir a los militares o a las dictaduras para bloquear la radicalización del movimiento de las masas. A su turno, esto incluye el apoyo a las coaliciones de centroizquierda y a los frentes populares. Coincidimos con que las coaliciones de centroizquierda y los frentes populares de hoy tienen una política procapitalista y proimperialista más abierta que la de los frentes populares de los años 30.


 


Y acordamos con que los trotskistas deben desenmascarar a aquéllos, así como toda otra forma de colaboración de clases, polemizando si es necesario contra sus apologistas de "extrema izquierda", incluyendo a aquellos que se identifican a sí mismos como trotskistas.


 


Pero pensamos que el documento incorrectamente tiende a identificar la dinámica política de las coaliciones de centroizquierda y los frentes populares de hoy con la dinámica de los frentes populares del pasado.


 


En nombre de la "democracia" y "la lucha contra el fascismo" no del "socialismo", como dice el documento los frentes populares de los años 30 buscaron bloquear los levantamientos revolucionarios en Francia, en España y en todas partes. Los Partidos Comunistas explicaron esto a sus filas como "Ahora la democracia y el antifascismo, más tarde el socialismo".


 


La dinámica del bloqueo a los levantamientos revolucionarios diferenció a los frentes populares de los años 30 de las formas previas de colaboración de clases, tales como el "bloque de izquierda" entre los socialistas y los radicales en Francia en los años 20, el "gobierno laborista-liberal" de Ramsay MacDonald en Gran Bretaña y otros gobiernos socialdemócratas.


 


Algunos de los gobiernos de centroizquierda del presente juegan un rol similar al de los frentes populares de los años 30. Por ejemplo, el gobierno de Mandela-CNA en Sudáfrica, y hasta cierto punto, el gobierno de Jospin en Francia. Ellos buscan realmente frenar las luchas en curso de las masas.


 


Pero otros gobiernos de centroizquierda son simplemente pálidas versiones de los gobiernos de colaboración de clases del pasado. Los Prodi, Blair y, en cierta medida aún el gobierno de Jospin, han sido elegidos por los grandes capitalistas para implementar su política neoliberal, no para descabezar levantamientos revolucionarios.


 


Estos gobiernos no son los frentes populares descriptos en el conocido pasaje del Programa de Transición, que dice: "Los Frentes Populares por un lado, el fascismo por el otro: son recursos políticos extremos del imperialismo en la lucha contra la revolución proletaria". Podríamos ver un giro de los capitalistas hacia el frente popular o hacia gobiernos de "tipo izquierdistas" en los países capitalistas avazados para bloquear movimientos revolucionarios. Pero por ahora los capitalistas no necesitan hacer esto.


 


Repetimos: coincidimos con que la tarea central de los trotskistas es exponer a todas las coaliciones y gobiernos de colaboración de clases, incluidos los gobiernos de centroizquierda y de frentes populares de hoy. Nuestro desacuerdo sobre este punto está relacionado a nuestro desacuerdo con el ritmo del desarrollo de la revolución mundial, particularmente en los países avanzados.


 


Enfatizamos estos puntos porque pensamos que los trotskistas deben luchar contra la simplificación excesiva, contra los análisis impresionistas de la situación mundial. La historia de la Cuarta Internacional muestra los efectos negativos del catastrofismo.


 


Por ejemplo, la "inminencia de la tercera guerra mundial" de Pablo en 1951, el catastrofismo económico y político de Healy en los años 60 y 70, la "inminencia de revoluciones y contrarrevoluciones" de Lambert en los 70, los "choques inminentes" y las "nuevas vanguardias de las masas" del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional en los 70 y la "amenazante situación revolucionaria" de los morenistas en los 80.


 


Estos métodos llevan a la confusión, al fracaso, a la desmoralización y a las desviaciones políticas. Estas desviaciones incluyen la revisión de las tareas planteadas para la construcción de partidos revolucionarios; hablando continuamente de revolución, pero fracasando en reconocer las reales situaciones revolucionarias cuando surgen.


 


Las otras seis organizaciones involucradas en nuestro proyecto común para la refundación de la Cuarta Internacional no sufren estas desviaciones, y el documento no contiene tampoco ese tipo de desviaciones. Pero el documento tiende a simplificar en exceso la situación económica y política en formas que son potencialmente peligrosas.


 


El tiempo dirá si estamos acertados o equivocados en nuestras afirmaciones sobre la situación mundial. En los próximos dos o tres años la economía capitalista mundial podrá o no colapsar, y confrontaciones revolucionarias tendrán lugar o no en Europa occidental y otros países imperialistas. Las respectivas posiciones serán testeadas por los acontecimientos.


 


Mientras tanto, afirmamos nuestro compromiso para la campaña común por la refundación de la Cuarta Internacional, en torno a las bases políticas bosquejadas en la "Declaración de Génova" y al proyecto de una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista.


 


Asociación Marxista Revolucionaria Proposta


 


Liga Trotskista de los Estados Unidos


 


Oposición Trotskista Internacional


 


Buenos Aires, 31 de mayo de 1998.


 

El PT de Brasil: Historia, crisis, perspectivas


Para entender el PT


Fundado en 1980, el Partido de los Trabajadores posee hoy un gobernador, 5 senadores, 51 diputados federales y varias decenas de diputados estaduales. Pertenecen al partido el 70% de los dirigentes de la CUT, de la Central de Movimientos Populares y un número todavía mayor de dirigentes del Movimiento Sin Tierra. Minoritario en las organizaciones estudiantiles, es por el contrario el preferido de la mayoría de los jóvenes politizados, según informan las encuestas de opinión pública.


 


En las dos últimas elecciones presidenciales brasileñas (1989 y 1994), el candidato del PT quedó en segundo lugar. Ahora Lula disputa por tercera vez y nuevamente con chances de victoria, la presidencia de Brasil. Esto genera una demanda de informaciones calificada acerca del candidato y de su partido, el Partido de los Trabajadores.


 


El objetivo de este artículo es proporcionar algunas de estas informaciones. Comenzamos suministrando un breve panorama histórico de Brasil, necesario para comprender el papel que el PT asumió desde el final de los años 80 hasta hoy. Inmediatamente, señalaremos las líneas generales de la actual disputa presidencial. Finalmente, discutiremos algunos aspectos de la lucha entre las diferentes corrientes que componen el PT.


 


Período histórico


 


A partir de los años 30 y hasta el final de los años 70, el capitalismo brasileño experimentó un desenvolvimiento rápido, industrializador y urbanizante. Tasas de crecimiento que llegaron a una media del 7% al año transformaron a Brasil en la "octava potencia industrial del mundo capitalista" y urbanizaron al 70% de su población (contra el 30% en el final de la década del 20).


 


Durante cincuenta años, se afirmó un tipo específico de capitalismo: conservador y anti-democrático; asociado de manera subordinada al capital internacional; dotado de una base productiva volcada hacia la exportación y hacia los mercados de mayor poder adquisitivo, una sociedad con la mayor tasa de concentración de renta de todo el mundo y, matriz de todo esto, un altísimo nivel de concentración de la propiedad.


 


Este modelo sufrió diversas crisis desde que comenzó a ser implantado. La crisis ocurrida a mediados de los años 50 fue superada con una mayor apertura al capital extranjero, la intensificación de la sustitución de importaciones, la ampliación de la base productiva, la aceleración de la expropiación del campesinado y la "modernización capitalista" del latifundio.


 


El proceso generó enfrentamientos que desembocaron en la crisis de 1961/64 y en la instalación de una dictadura militar, que creó las condiciones institucionales necesarias para un nuevo ciclo de crecimiento (1968/72).


 


A esta altura, ocurrió una nueva crisis, activada por el choque internacional (de los pulpos del petróleo) y momentáneamente superada con la profundización de la subordinación principalmente por la vía de endeudamiento externo aunque bajo el aparente manto nacionalista del gobierno Geisel.


 


A partir de 1976/77, el modelo entró en un proceso de agónico estancamiento. Se combinaron sus propias contradicciones, con las alteraciones en la economía capitalista internacional que culminará en el final de los años 60, su "época de oro". Los reajustes de la economía mundial, principalmente con la consolidación del capital transnacional y del nuevo estado alcanzado por el capital financiero, pasan a exigir nuevos parámetros de asociación subordinada. En Brasil, la "crisis del modelo" se prolongó por toda la década del 80.


 


La burguesía no reaccionó unificadamente a la crisis del modelo. Varios motivos explican esto: la crisis de la dictadura militar que debilitó a las fuerzas armadas, uno de los pilares del orden capitalista en Brasil; el ascenso del movimiento obrero y popular, a partir del final de los años 70; las presiones del capital monopolista internacional, en el sentido de implantar el modelo sintetizado por el "Consenso de Washington", las presiones económicas derivadas de la crisis del modelo y las disputas interburguesas por la distribución de las pérdidas, etcétera.


 


Esta situación una crisis y una clase dominante dividida sobre cómo enfrentarla abrió una "brecha" en el esquema de dominación burguesa. A través de aquella brecha, penetraron las fuerzas populares, en el final de los años 70 y durante toda la década del 80: el movimiento estudiantil; las huelgas del nuevo sindicalismo; la Amnistía; el surgimiento del PT, de la CUT y del MST, la campaña de las Directas, las conquistas en la Constituyente; la legalización de los partidos comunistas; y un sorprendente avance electoral de la izquierda. El auge de esta ofensiva de las fuerzas populares fue la elección presidencial de 1989.


 


A lo largo de toda la historia republicana brasileña, sólo en otras dos oportunidades un socialista disputó la presidencia:


 


En 1930, con Minervino de Oliveira, operario marmolista que no pudo votarse a sí mismo (estaba preso), ni se sabe cuántos votos tuvo (fraude). Las elecciones fueron el preludio de la "revolución del 30"; de quince años de dictadura varguista.


 


En 1945, con Yedo Fiúza, ex-intendente de Petrópolis y candidato por el Partido Comunista, la izquierda recibió el 10% de los votos nacionales. El buen desempeño de los comunistas estimuló a la burguesía a colocar al Partido en la ilegalidad, en 1947 (recién regresaría a la legalidad en 1986).


 


En las dos oportunidades, la izquierda tuvo un papel marginal en la elección. En 1989, al contrario, el candidato del Frente Brasil Popular disputó el segundo turno, el país se polarizó entre el bloque conservador y el bloque democrático popular.


 


En este resultado confluyeron una serie de factores. Por los motivos ya explicados, la burguesía se dispersó entre diversas opciones electorales; el presidente José Sarney se encontraba extremadamente desgastado, enfrentándose con un grado de descontento muy elevado; la radicalización popular se canalizó no hacia los movimientos sociales, que ya vivían un cierto descenso, sino hacia las urnas. De alguna manera, la burguesía fue tomada por sorpresa por el resultado del primer turno, o por lo menos no disponía de los medios para evitarlo.


 


Un polo socialista


 


Los momentos críticos de la historia brasileña como la independencia de Portugal (1822), la abolición de la esclavitud (1888), la proclamación de la República (1889) constituyeron, en realidad, una confrontación entre diferentes proyectos de país.


 


Cuando fueron conflictos entre sectores populares y las clases dirigentes, éstas optaron por un política de tierra arrasada; así fue con el Quilombo de los Palmares (1692/95), con Canudos (1897) y en el Contestado (1915), para limitarnos sólo a estos ejemplos.


 


Cuando los conflictos se produjeron entre diferentes segmentos de la oligarquía dominante, éstos optaron por los "acuerdos por arriba" la famosa conciliación a través de los cuales el proceso de "modernización capitalista" del país fluía sin rupturas con los sectores atrasados o reaccionarios de las elites, pero a costa de las grandes masas populares.


 


A mediados de los años 30, con la Alianza Nacional Libertadora, por primera vez en la historia brasileña las fuerzas populares se presentaron como fuerza autónoma y con un proyecto nacional propio que, aunque democrático-burgués, se volvía contra el patrón conservador de la modernización burguesa. La acción militarista del Partido Comunista apresuró y facilitó el aplastamiento de este proyecto.


 


En los momentos críticos de las décadas siguientes, los proyectos populares se subordinaron a uno de los campos de la burguesía, o no reunieron fuerzas suficientes para consolidarse como alternativa a las salidas conservadoras.


 


Ese modelo comenzó a cambiar en la crisis de los años 80, cuando se afirma, principalmente con el PT, un polo socialista. Incluso dispuesto a realizar las tareas históricas que la burguesía brasileña no fue capaz o no necesitó realizar superación de la dependencia al imperialismo, liquidación del latifundio, democratización de la propiedad (principalmente de la tierra), democratización política y otras reformas populares realizadas donde el capitalismo siguió una vía distinta de la nuestra aquel polo socialista afirmaba que las tareas deberían ser realizadas bajo la dirección de los trabajadores, contra el capitalismo y en la perspectiva de la construcción del socialismo (ver al respecto las resoluciones del 5º Encuentro Nacional del Partido de los Trabajadores, realizado en 1989).


 


La afirmación de este polo socialista alteró sustancialmente el patrón de la lucha de clases en el país. Por otro lado, fue el propio desarrollo capitalista en Brasil negando la posibilidad de realizar tareas democrático-burguesas bajo la hegemonía de la burguesía brasileña y sus socios mayores del capital internacional lo que colocó en el orden del día al socialismo como objetivo estratégico de los trabajadores y las fuerzas populares.


 


Al mismo tiempo que se afirmaba este objetivo estratégico distinto al propuesto por los partidos comunistas oficiales (Partido Comunista Brasileño y Partido Comunista del Brasil), para los cuales la lucha por la democratización, por las reformas populares, por la soberanía popular, etc., constituían una primera etapa, separada y distinta de una segunda de lucha por el socialismo el PT comprendía que el camino para la construcción/conquista de un poder socialista en el Brasil exigiría tres acciones combinadas; la radicalización de la lucha social, combinada con la construcción de fuertes organizaciones de masas; la disputa de espacio institucional; y la construcción de un partido y de una fuerte conciencia socialista de las masas.


 


La coyuntura excepcional de final de los años 80 casi materializó, también, una posibilidad fantástica, que nunca había tenido la izquierda antes del surgimiento del PT: la elección de un presidente socialista. En este caso, el gobierno de las fuerzas democrático-populares y socialistas viviría una situación estratégica muy peculiar: ejercer el gobierno federal sin tener la hegemonía ideológica de la sociedad, ni el dominio del Estado.


 


Realizado durante el año 1989, el 6º Encuentro Nacional del PT consideró a la conquista del gobierno como una parte decisiva del proceso de conquista y ejercicio del poder del Estado. Se imaginaba un escenario donde el gobierno implementaría reformas de fondo respaldado en un clima inédito de movilización social. En el curso de este proceso, la burguesía intentaría cooptar, sabotear y finalmente derribar el nuevo gobierno; los sectores populares, teniendo de su lado la legalidad, defenderían a su gobierno y radicalizarían el proceso de transformación social.


 


En otras palabras, a pesar de que lo que sigue no está escrito en ninguna resolución, se imaginaba realizar, esta vez sin golpe militar, una "vía chilena" al socialismo.


 


Neoliberalismo a la brasileña


 


La amenaza de una derrota, en 1989, impuso con éxito la unidad burguesa, primero en torno del candidato Fernando Collor de Melo y después alrededor del llamado neoliberalismo.


 


El primer gobierno abiertamente neoliberal, el de Collor de Melo, no consiguió llegar hasta el final las disputas interburguesas, agravadas por la aplicación de Consenso de Washington, combinado a la movilización popular, abrieron el camino para el impeachment del presidente de la República.


 


Pero el temor y el riesgo de que el PT venciera en las elecciones presidenciales de 1994 permitieron que la unidad burguesa en torno del neoliberalismo sobreviviese al tropiezo inicial de Collor, así como al plebiscito sobre el sistema de gobierno (1993) y al fracaso de la reforma constitucional (1993/94).


 


Unificada y aprovechándose de los errores cometidos por la izquierda (entre los cuales se destaca la débil oposición al gobierno de Itamar Franco vice de Collor y colocado en la presidencia después del impeachment, bajo cuya cobertura fue elaborado el plan Real y forjada la alianza que eligió a Fernando Henrique Cardoso), la burguesía impuso una dura derrota electoral y política a la candidatura del Frente Popular, eligiendo ya en el primer turno a su candidato. El arma principal utilizada para esta victoria fue el Plan Real, que fue más que un expediente electoral: en realidad, el "Real" introdujo en el país el choque neoliberal.


 


El proyecto Tucano-Pefelista (1)


 


Con la victoria de FHC, en 1994, la burguesía pasó a disponer de una dirección orgánica y comprometida con el proyecto neoliberal. Sus objetivos: destruir el "modelo" económico anterior, construir uno nuevo y, fundamentalmente, cerrar la "brecha" abierta en el final de los años 70.


 


La espina dorsal del proyecto Tucano-Pefelista, según sus propios defensores, es la atracción de capitales extranjeros. Brasil sería un país con enormes riquezas y un potencial de crecimiento, que no dispondría de los capitales necesarios para su explotación. Como estos capitales existen, en enorme cantidad, en el mercado financiero internacional, la cuestión estaría en adoptar políticas que atraigan estos capitales hacia Brasil.


 


La profundización de la dependencia financiera y tecnológica del país del capital internacional, acompañado por el achicamiento de la acción social del Estado, agrava todos los problemas estructurales de la sociedad brasileña. El mantenimiento de la economía brasileña en un ritmo de crecimiento cercano a la recesión, contrae aún más el ya restringido mercado interno. El proceso de reestructuración productiva salvaje, llevado a cabo por la gran mayoría de las empresas del país, elevó su productividad, pero resultó en un enorme desempleo industrial, en la caída de la masa salarial y en la rebaja general de los salarios, en la quiebra y el desmantelamiento de sectores enteros del capital brasileño. El abandono de los pobres a su propia suerte tiende a convertir a sus luchas en salvajes, extendiendo un tipo de acción por la sobrevivencia que las elites califican como "anti-sociales", alimentando la sensación de que el país vive una guerra civil no declarada.


 


El curso futuro del Brasil está relacionado: a) con la consolidación (o no) de la política neoliberal tucano-pefelista; b) con las tendencias del capitalismo y de la lucha de clases en escala internacional; c) con el nivel de movilización de los movimientos sociales y políticos de los trabajadores y de las grandes masas populares en Brasil.


 


Es poco probable que la destrucción neoliberal prosiga indefinidamente. No porque le falte apetito al gran capital internacional sino por otros dos motivos: a) en primer lugar, el tejido social brasileño es lo bastante resistente y generará más temprano o más tarde, una alternativa; b) en segundo lugar, el capitalismo está entrando en una fase internacional de "cierre de fronteras", lo que amplía las ventajas de otra política económica (vale recordar que el ciclo iniciado en los años 30 recibió un empuje decisivo de la "desconexión" resultante de la Gran Depresión y de la Primera Guerra Mundial).


 


Sectores de la burguesía brasileña, al mismo tiempo que hacen promesas de amor a la modernización neoliberal, buscan alternativas para sobrevivir al proceso de "globalización". El resurgimiento de corrientes nacionalistas y keynesianas resulta de esta búsqueda de segmentos burgueses, que encuentra eco en sectores medios y aun entre los partidos de izquierda. Dependiendo de la resistencia social y política a la destrucción neoliberal, esos segmentos pueden ganar importancia, conquistar la hegemonía e imponer una política de desarrollo económico no neoliberal, aprovechando inclusive las condiciones dejadas por la destrucción neoliberal, enormes necesidades de infraestructura, mercado interno deprimido, fuerza de trabajo barata y extensa.


 


El problema más serio para concretar esta política está en las bajas tasas de ahorro e inversión de la sociedad, que contrastan con las altas tasas de consumo de las elites del país. Revertir esta situación exige romper con los privilegios de los sectores burgueses dominantes. Pero es posible que la tradicional conciliación de las elites permita el uso de alguna fórmula intermedia que haga recaer sobre el pueblo, una vez más, el peso fundamental del proceso.


 


Otra alternativa sería que las fuerzas populares, con los trabajadores al frente, acumularan fuerza suficiente para imponer una nueva política de desarrollo económico y social, que supere no sólo al neoliberalismo sino también al capitalismo.


 


Estas alternativas están en juego, igual que otras veces, de manera indirecta o inconsciente, en las elecciones presidenciales de 1998.


 


Las elecciones presidenciales de 1998


 


En el comienzo de los años 90, el centro del debate ideológico y de la lucha política en todo el mundo y en Brasil era la crisis del socialismo. Importantes sectores de la izquierda brasileña consideraron terminada la crisis del modelo, y llegaron a pronosticar que la hegemonía neoliberal tenía largo aliento, quedándole a la izquierda, durante décadas, un papel secundario, de segunda línea.


 


Desde la crisis de Méjico, en 1995, la situación internacional comenzó a cambiar. El impacto sobre el Brasil fue directo, poniendo en cuestión la idea de que el gobierno tucano-pefelista pudiese superar la crisis de "modelo" generando un nuevo ciclo de desarrollo para Brasil.


 


Hoy, el fantasma que amenaza al mundo es el del "crash global": la crisis del capitalismo. Y el imaginario brasileño está dominado por la idea de que podremos ser "el blanco elegido", la próxima víctima de un ataque especulativo.


 


Es en ese cuadro que se producen las elecciones presidenciales de 1998, para las cuales se inscribieron más de 15 candidatos, la mayoría de los cuales sin expresión política y electoral. Los más fuertes, hasta el momento, son Fernando Henrique Cardoso, Luis Inácio Lula da Silva y Ciro Gomes.


 


Fernando Henrique es el candidato oficial de las clases dirigentes; su programa es continuista, monopolista, dependiente y conservador.


 


Ciro Gomes busca ser el portavoz de los sectores disidentes del gobierno. Cabe recordar que uno de los efectos de la aplicación del programa neoliberal fue el de empujar hacia una postura "oposicionista" a sectores que en 1994 apoyaron a FHC. Se trata de empresarios, que tuvieron que vender su patrimonio, ciertamente que en condiciones relativamente ventajosas, a los grandes capitalistas internacionales. O incluso de aquellos que no están recibiendo lo que pretendían del botín de las concesiones y privatizaciones. Es una miríada de pequeños y medianos propietarios que no están resistiendo los altos impuestos y la apertura comercial. Esto sin hablar de amplios sectores de la clase trabajadora, que se desilusionaron con Fernando Henrique, pero no piensan votar a Lula. Estos sectores no desean enfrentar la "globalización", el neoliberalismo, el imperialismo norteamericano, y mucho menos subvertir la estructura social brasileña. Pero reclaman contra el ritmo que ha impreso Fernando Henrique y se quejan de los resultados prácticos de la macroeconomía del Real.


 


El programa de Ciro Gomes (que puede ser leído en el libro El próximo paso: una alternativa para el Brasil, de Ciro Gomes y Roberto Mangabeira Unger) intenta aminorar los dolores del parto neoliberal de estos sectores. Exonerar a la producción, cobrar impuestos al consumo, achicar la deuda pública con el dinero de las privatizaciones, atacar el corporativismo sindical, acelerar las reformas a través de medidas conscientemente impopulares. Estas y otras son las medidas que van a hacer recaer aún más el costo del ajuste neoliberal sobre los trabajadores.


 


Mientras tanto, dos hechos sirvieron como cortina de humo sobre el carácter de clase de la candidatura de Ciro Gomes: en primer lugar, importantes dirigentes de la izquierda brasileña, inclusive del PT, asesorados por el intelectual Jorge Castañeda y financiados por el PNUD-ONU, negociaron durante meses un programa común con Ciro Gomes. Al mismo tiempo, su candidatura fue lanzada por el Partido Popular Socialista (ex-comunista).


 


La candidatura de Ciro Gomes tiene viabilidad electoral. Sus chances dependerían:


 


a) De obtener el apoyo de un amplio sector del electorado de izquierda. Lo que sólo sucedería si la candidatura de Lula no consiguiese afirmarse como alternativa al modelo económico vigente en el país. En este caso, tendríamos un enorme retroceso en relación a 1989 y 1994, regresando a una situación de polarización entre dos proyectos conservadores, con las fuerzas socialistas convirtiéndose en cautivas de fuerzas burguesas, como sucedía frecuentemente con la izquierda brasileña antes del surgimiento del PT.


 


b) De que ocurriese una crisis más grave, que desgaste de forma irreversible al candidato FHC. En este caso, la gran burguesía podría cambiar la candidatura de FHC, que ya no sería atractiva electoralmente, por una candidatura de oposición burguesa.


 


La candidatura de Lula fue lanzada por un frente compuesto por el PT, por el Partido Comunista de Brasil, por el Partido Comunista Brasileño, por el Partido Democrático Laborista (de Leonel Brizola) y por el Partido Socialista Brasileño (de Miguel Arraes).


 


El PSTU, que fue parte del Frente Brasil Popular en 1994, decidió no apoyar a Lula, entre otros motivos debido a la presencia del PDT. El Partido Verde y el Partido de Movilización Nacional, que igualmente integraron el Frente Brasil Popular en 1994, también decidieron lanzar candidatos propios a la presidencia.


 


El frente que apoya a Lula no se reprodujo en la mayoría de los estados (están en juego, en las elecciones de 1998, además de la presidencia de la República, los gobiernos de Estado, toda la Cámara de Diputados y las Asambleas Legislativas estatales, además de parte del Senado).


 


En muchos Estados, los partidos de izquierda apoyan candidaturas del Partido Progresista Brasileño (de Paulo Maluf), del Partido del Frente Liberal (de Antonio Carlos Magalhaes), del PMDB y del propio PSDB (de Fernando Henrique). Tal vez el caso más grotesco ocurra en el estado de Maranhao, donde el PT lanzó candidato propio al gobierno del estado; el Partido Comunista de Brasil y el Partido Socialista apoyan la reelección de Roseana Sarney, del PLF; y el PDT apoya la candidatura de Epitacio Cafeteira, del PPB.


 


A pesar de las dificultades, de la timidez y de las contradicciones de la oposición popular, la situación objetiva es muy difícil para el gobierno. El cristal de la estabilidad se quebró. El cuadro económico es de dificultades crecientes. Se amplió la disputa en las huestes que apoyaron a FHC en 1994. Aumentó el margen de maniobra de sus aliados, en particular del Partido del Frente Liberal. La insatisfacción social gana dimensiones preocupantes. En resumen: las elecciones no son más un paseo para el gobierno, como lo pensaban hasta los sectores de la oposición en 1997.


 


Naturalmente, esto no elimina las posibilidades de victoria de Fernando Henrique, inclusive en el primer turno. Sucede que las debilidades de la oposición de izquierda concedieron un gran margen de maniobra al gobierno. Una de estas debilidades quedó clara en la solidaridad o en la tregua que diversos líderes opositores le dieron al gobierno cuando la crisis asiática de octubre de 1997, bajo el argumento de que críticas más fuertes le harían el juego a la especulación internacional. Este regalo sorprendente no impidió al gobierno atribuir parte de la crisis a la oposición (ésta habría hecho críticas que generaron una "impresión negativa" sobre el Brasil entre los inversores internacionales); además de estimular al ministro de Hacienda, Pedro Malan, a proponer a la oposición un pacto por el mantenimiento de la política económica (la propuesta fue rechazada).


 


Otra debilidad fue la inexistencia, en octubre de 1997, de una candidatura presidencial de izquierda (Lula sólo fue lanzado por el PT a mediados de diciembre). Después de todo la oposición exigía otro modelo económico, lo que suponía otro gobierno, pero no tuvo hasta entonces la disposición política de lanzar un candidato a la presidencia.


 


Otra señal de debilidad fue dada cuando la multinacional Volkswagen amenazó despedir a 10.000 trabajadores, en su fábrica de Sao Bernardo do Campo. Los despidos eran parte de un plan antiguo, pero su implementación tenía relación directa con las medidas económicas adoptadas por el gobierno al final de 1997, entre ellas la duplicación de la tasa de interés, que se fue a más de 40% al año.


 


Los metalúrgicos demostraron estar dispuestos a un enfrentamiento en gran escala; algo indispensable para que el tema del desempleo se convirtiese, en 1998, en lo que fue la reforma agraria en 1997, gracias a la movilización del Movimiento de los Sin Tierra. Entretanto, la dirección del sindicato de los Metalúrgicos del ABC optó por la vía del acuerdo, que terminó en el retiro "voluntario" de casi cuatro mil metalúrgicos y en la pérdida de una serie de derechos que constituían, de hecho, un salario indirecto.


 


Recientemente, Lula atacó la privatización de Telebras (empresa estatal de comunicaciones), relacionándola con la formación de una caja de campaña para Fernando Henrique. El candidato a vice-presidente, Leonel Brizola, fue más lejos: dijo que los inversores no deberían participar de la privatización, pues Telebrás (y otras estatales) serían recuperadas por el futuro gobierno popular. La burguesía reaccionó con violencia y la posición oficial del frente de izquierda fue recular: reafirmaba la realización de una auditoría en las privatizaciones, pero no afirmaba la voluntad política de devolverle al Estado las empresas privatizadas.


 


Lo más curioso fue el pretexto utilizado para este recule: que el debate sobre las privatizaciones le interesaba al gobierno y no a la oposición. Esto, porque supuestamente el pueblo estaba interesado en los temas cotidianos, como salud, educación, habitación. Este argumento desprecia la capacidad del pueblo (que supuestamente no sería capaz de percibir el vínculo entre su vida cotidiana y la presencia o no del Estado en la economía). Además, si el pueblo "no está preparado" para comprender las posiciones de la izquierda en el terreno macroeconómico, ¿quién apoyará las medidas transformadoras del futuro gobierno popular? ¿Las elecciones no son exactamente un momento precioso para plantear un choque de proyectos diferentes y antagónicos de la sociedad? ¿O vale la lógica del pensamiento único?


 


Lo más grave, con todo, es que la mayoría de la población (51% en la ciudad de Sao Paulo y la mayoría de los electores de Rio Grande do Sul, según las encuestas encomendadas por órganos de prensa) se manifiesta contra la privatización, cuyos efectos son plenamente sentidos en lo cotidiano, como saben los habitantes de Rio de Janeiro y del interior de Sao Paulo, afectados por las frecuentes interrupciones en el suministro de energía eléctrica, iniciados después de la privatización de la electricidad.


 


Una campaña de centroizquierda


 


En 1989, en el inicio de la campaña presidencial, la mayoría del PT y de su dirección nacional no creían que pudiésemos perder las elecciones. Al final, sufrimos una derrota electoral y política.


 


Después de la derrota de 1994, sectores del PT evaluaron que no había posibilidad de ganar las elecciones siguientes y tomaron todas las medidas para que esa profecía derrotista se volviese realidad.


 


En primer lugar, adoptaron una táctica que abandonaba la polarización directa entre las fuerzas conservadoras y las fuerzas democrático-populares y socialistas. Esta polarización ocurrió en 1989, con la izquierda en la ofensiva. Volvió a ocurrir en 1994, pero la izquierda estaba a la defensiva y en recule política y programáticamente; en parte por esto, tuvimos una "polarización" en términos, básicamente, electorales.


 


Para 1998, esos sectores proponían que la polarización fuese entre derecha y "centroizquierda". En nombre de esto, el Partido debería estar dispuesto, inclusive, a apoyar a un candidato a presidente de otro partido. Se habló hasta de apoyar a Itamar Franco (ex vice de Collor de Melo) o a Ciro Gomes (ex ministro de Hacienda del gobierno de Itamar durante la fase final de la campaña electoral de 1994).


 


Esta nueva orientación comenzó a manifestarse ya en 1994, en el segundo turno de las elecciones para gobernador. En importantes Estados, el sector moderado declaró su apoyo a candidaturas del PSDB. Este apoyo (después de haber sido derrotados por el candidato a presidente del mismo PSDB) intentaba, según sus defensores, "dividir a la coalición gobernante": el PSDB, según ellos, sería "prisionero de la derecha" (lease, del PLF).


 


Esta orientación también se manifestó en el apoyo público e interno a las medidas adoptadas por varios gobiernos municipales y por los gobiernos estaduales dirigidos por el Partido. Esto implicó el apoyo a las privatizaciones, despido de empleados públicos, "asociaciones con la iniciativa privada", etcétera.


 


El primer testeo de esta nueva orientación fueron las elecciones municipales de 1996. El resultado fue inequívoco: a pesar de elegir un numero mayor de intendentes, en relación con 1992, el PT perdió la inmensa mayoría de las ciudades que gobernaba (en el estado de Sao Pablo, centro político del país, perdió todas las que gobernaba). Más grave todavía: la mayoría de las ciudades donde obtuvimos victorias son de pequeño y mediano tamaño. Las excepciones (como Porto Alegre y Belém) fueron exactamente las ciudades donde la izquierda del partido hegemonizó la campaña electoral y aplicó una táctica diferente de la que prevaleció nacionalmente.


 


Este revés electoral no alteró la táctica defendida por el sector moderado, que continuó declarando públicamente que la candidatura de Lula, apoyada "sólo" por la izquierda, no tenía ninguna chance.


 


En agosto de 1997, se realizó el 11º Encuentro Nacional del PT. El sector moderado venció con una diferencia menor al 1% de los votos. El resultado apretado explicado sobre todo por la reanudación de la movilización social durante el primer semestre de 1997, estimulada por la izquierda y contrariando la política de los moderados enterró cualquier posibilidad de que el PT fuera a apoyar candidaturas presidenciales ajenas al Partido (como Ciro Gomes o Itamar Franco). También abrió las puertas a las candidaturas petistas más potables para los demás partidos, quedando claro que Lula sería el candidato del PT a la presidencia de la República.


 


Mientras tanto, el 11º Encuentro Nacional dejó abierto el carácter de la candidatura de Lula, si de "izquierda" o de "centroizquierda". Este carácter sólo fue definido en mayo de 1998, en un Encuentro Nacional Extraordinario: se trata de una candidatura de centroizquierda.


 


Naturalmente, no hay ninguna resolución diciendo esto, porque el término centroizquierda ganó, para la mayoría del PT, un sentido peyorativo. Pero es innegable (y ya es asumido públicamente por portavoces del sector moderado) que la campaña de Lula de 1998 tiene como modelo la victoriosa campaña de Jospin.


 


Esta opción por el centroizquierda fue producto de tres embates, en los cuales el sector radical del Partido fue derrotado. El primero de ellos fue la realización de las alianzas para las elecciones estaduales en la mayoría de los casos, prevalecieron criterios demasiado amplios (hasta alianzas con el PPB y el PSDB).


 


El segundo embate fue un debate programático: el sector radical no consiguió que el conjunto del PT debatiera su programa de gobierno, prevaleciendo el respeto al sentido común crítico al neoliberalismo y lleno de ambiciones reformistas, pero sin la defensa clara de un orden alternativo, de ruptura con el orden económico mundial y mucho menos de una ruptura con el capitalismo. Al respecto, se sugiere la lectura de las resoluciones del Encuentro Nacional de mayo de 1998, de la Carta Compromiso del candidato a presidente y de las directrices del Programa.


 


El supra citado Encuentro Extraordinario rechazó la bandera de la suspensión del pago de la deuda externa, bajo el argumento de que esta deuda sería "privada", lo que "inviabilizaría" la táctica de la suspensión. El Encuentro rechazó también una enmienda que establecía que en un futuro gobierno popular el PT reconocería la "legitimidad" de las ocupaciones promovidas por el Movimiento de los Sin Tierra.


 


El tercer embate fue el de la movilización social, la clase trabajadora asalariada, en particular su fracción obrera, no se movilizó como era necesario. El sector más radicalizado y movilizado todavía es el de los Sin Tierra, que representa a 20 millones de brasileños sobre una población estimada de 150 millones.


 


Al señalar la opción por una candidatura de centroizquierda, a lo Jospin, vale hacer algunas precisiones: a) Brasil no es Francia, y el impacto político cultural de la victoria de Lula sería tremendamente mayor; b) Lula no es Jospin, y la victoria de un ex obrero metalúrgico sería un terremoto en la tradición oligárquica brasileña; c) el PT no es el Partido Comunista Francés, y las energías liberadas por la izquierda brasileña, en el caso de una victoria, pueden producir movimientos que vayan más lejos de los deseos de la propia campaña; d) la burguesía brasileña no es la burguesía francesa y la campaña de Lula está siendo violentamente atacada, en un tono que recuerda ciertas campañas anticomunistas de la época de la Guerra Fría y de las dictaduras militares.


 


Enfrentando un adversario poderosisímo, un cuadro de polarización y con un candidato que rechazaron en los últimos tres años, los moderados del PT están con dificultades para conducir la campaña. En un principio asumieron sólos su conducción, ahora están siendo llevados a abrir pequeños espacios para los sectores radicales.


 


En todo caso, la línea política que prevalece es la de ellos, y esta línea torna muy difícil una victoria. Pero no la convierte en imposible, dado el nivel de descontento popular con el gobierno FHC y las característica del candidato y del Frente que lo lanzó.


 


En caso de que venza, creemos que Lula intentará comportarse como Mandela: propondrá a las elites un pacto político, que presupone concesiones mutuas, reformas graduales y una perspectiva de elevación del nivel de vida del pueblo. Evidentemente, es poco probable que la burguesía y la situación internacional lo consientan.


 


En caso de que venza FHC, su gobierno será de ruptura: adoptará medidas de emergencia en el terreno económico, buscará concluir las "reformas" antipopulares y reducir todavía más las libertades democráticas, en el sentido de una menemización del país. Lo que nos lleva a prever, cualquiera sea el resultado de las elecciones, un proceso de radicalización en la lucha de clases del país.


 


Esto nos lleva a discutir las divergencias estratégicas que existen en el interior del Partido de los Trabajadores y su posible evolución.


 


Divergencias estratégicas


 


En los años 80, el PT hegemonizó la construcción del polo socialista, porque fue el sector de izquierda que mejor supo aprovechar la brecha abierta por la confusión reinante en la burguesía rechazando las diversas alternativas de convertirlo en socio de los tradicionales pactos de las clases dirigentes.


 


Esta postura inicialmente basada en un fuerte sentimiento de independencia de clase, fue evolucionando paulatinamente hacia una posición estratégica: la afirmación del objetivo socialista; el conjunto de la burguesía como enemiga; el rechazo de la "etapa" democrático nacional propuesta por el PCB y PCdeB; y una difusión creciente del marxismo.


 


Asi, a pesar de fuertes divergencias ideológicas, tácticas, de concepción de partido y sobre la vía de la toma del poder, el PT mantuvo en general una postura unitaria, lo que le permitió capitalizar la lucha social de los años 80 y el desgaste de los partidos conservadores. A partir de la derrota electoral de 1989, aquella unidad se fue deshaciendo.


 


La casi victoria alimentó el electoralismo, no sólo en el sentido menos noble del término sino principalmente introduciendo alteraciones en la estrategia del partido. Para muchos sectores, la disputa y el ejercicio del gobierno dejaron de ser medios, para convertirse en un fin.


 


En algunos gobiernos municipales, la práctica administrativa fue transformando al partido en "gerente", no del capitalismo lo que sería malo, pero por lo menos grandioso sino sólo del statu quo local.


 


La crisis del llamado socialismo real produjo una verdadera desbandada: algunos abandonaron el socialismo; otros pasaron a llamarse "lucha por el socialismo" lo que no pasa de ser un intento de reforma permanente del capitalismo; varios dicen defender el socialismo como "horizonte", del que ya se ha dicho que se alejan a medida que nos acercamos a él. Y de una forma general, se formó una onda "revisionista" contra todo lo que oliese a marxismo, socialismo revolucionario e inclusive al "petismo de los años 80".


 


La falta de unidad estratégica y la corrosión de la cultura que dio coherencia al Partido hicieron que el PT y los movimientos sociales estimulados por él perdiesen eficacia táctica y redujesen su capacidad de atraer a nuevos cuadros de ahí el visible envejecimiento de las actuales direcciones. Este proceso fue particularmente grave en el movimiento sindical.


 


La confusión estratégica disolvió al antiguo núcleo dirigente del Partido la tendencia conocida como Articulación y generó, a partir de 1991 (1er Congreso del PT), un proceso de recomposición interna, que todavía está en curso, reflejando las diferentes estrategias presentadas ante el Partido.


 


El sector moderado del PT viene construyendo, desde 1991, esto que hoy llamamos "política de centroizquierda", con serias derivaciones para algunos principios caros al Partido: independencia de clase, el socialismo, la democracia interna (el ejemplo más reciente fue la intervención en el PT de Rio de Janeiro, un hecho inédito en la historia petista). Además, la política de "centroizquierda" ha reducido en general el desempeño electoral del PT.


 


Guardadas las debidas proporciones, el PT está viviendo un proceso semejante al que alcanzó a otros partidos de izquierda, en Brasil y en el mundo. El Partido Comunista Italiano, por ejemplo, se dividió: por un lado, el Partido Democrático de Izquierda, reformista y pro-capitalista; del otro, Refundación Comunista. El Frente Farabundo Marti (salvadoreño) y el Frente Sandinista de Liberación Nacional también se dividieron, en ambos casos con la salida de sectores asumidamente social-demócratas algunos de los cuales se reunieron durante el año pasado con próceres petistas, en la tentativa de construir un proyecto continental de "centroizquierda".


 


En Brasil todavía no ocurrió ninguna división importante. Pero muchos militantes se alejaron del Partido; Convergencia Socialista y otros grupos menores crearon el PSTU; líderes históricos del Partido emigraron hacia el PSB y el Partido Verde. Y hay una tensión creciente en el Partido, que se refleja en un refrán repetido, en tono de amenaza, por algunos "moderados": "1999 será el año del ajuste de cuentas".


 


El futuro del PT dependerá de algunas variables. La primera de ellas es la evolución de la situación internacional: la velocidad y la intensidad de la crisis, las formas que asuma y la posibilidad de que se produzcan revoluciones y vuelvan a formar parte de la agenda mundial.


 


La segunda variable es la evolución de la situación nacional: cómo reaccionará la economía brasileña a la crisis internacional, el resultado de las elecciones de 1998 y, en el caso del triunfo de FHC, sus tendencias a "menemizar el país". La tercera variable es el comportamiento de los diferentes movimientos sociales. La cuarta variable es el comportamiento del sector moderado, sobre el cual ya hablamos un poco. La quinta variable es el comportamiento del sector radical.


 


Radicales, chiítas, ortodoxos, izquierda del PT… estas denominaciones se convirtieron en lugar común en los grandes diarios brasileños y ya dominan inclusive el vocabulario petista. Por detrás de estos objetivos, se ocultan en verdad tres grandes corrientes ideológicas:


 


a) los reformistas revolucionarios, cuya principal matriz ideológica es la Refundación Comunista y el viejo Partido Comunista Italiano;


 


b) los nacionalistas radicales, que construyen su estrategia en torno de la ruptura de la dependencia del Brasil frente al orden económico internacional;


 


c) los socialistas revolucionarios, que a su vez están distribuidos en un gran número de corrientes, algunas con vinculaciones internacionales.


 


Es prematuro decir cómo estas corrientes se van a comportar en la coyuntura postelectoral, tanto frente a los dilemas estrictamente de la lucha de clases como frente a los de la llamada lucha interna.


 


Lo que nos parece cierto es que una división del PT tendría un impacto profundamente negativo para la izquierda brasileña y para la lucha socialista internacional. Incluso porque una escisión no produciría dos partidos fuertes. Por eso mismo, la izquierda del PT viene repudiando públicamente los intentos de dividir el Partido y ha buscado fortalecerse en la lucha social y en las elecciones, en la perspectiva de convertirse en mayoría en el próximo encuentro nacional.


 


En cualquier caso, el destino del PT no será decidido en los cónclaves internos, sino en el terreno más amplio de la lucha de clases. Por esto mismo, la izquierda se ha esforzado para radicalizar la campaña presidencial: esto aumenta las chances de victoria de Lula y, corriendo a la izquierda la correlación de fuerzas en la sociedad, plantea la posibilidad de conquistar una hegemonía de izquierda socialista y revolucionaria en el propio partido.


 


 


Notas:


 


(*) Walter Pomar es el vicepresidente 3º del Partido de los Trabajadores. Redactó este artículo especialmente para En Defensa del Marxismo


 


1. Tucano: Partido Social Demócrata, de Cardoso. Pefelista: Partido del Frente Liberal, de derecha, participa del gobierno.


 

“Estar con las masas para hacer la revolución”

Huracán, testimonio de un trabajador minero


Huracán, le dicen, tal vez por la fuerza de sus convicciones. Edgar Ramírez Santiesteban, trabajador minero, fue el dirigente más radical que ocupó la secretaría ejecutiva de la influyente Central Obrera Boliviana (COB).


 


Comenzó como trabajador de interior de mina en la Empresa Minera Unificada, una filial de la otrora poderosa Corporación Minera de Bolivia (Comibol), que explotaba los yacimientos de plata y estaño del mítico Cerro Rico de Potosí. Militante del Partido Comunista de Bolivia (PCB), en 1971 comenzó a sentir los rigores de la dictadura militar del entonces coronel Hugo Banzer, cuando fue exiliado hasta una isla de Chile.


 


Según su propio relato, Huracán ingresó a la FSTMB, en 1978, como responsable de la regional Potosí de la organización sindical minera. Electo como secretario de Cultura de su Federación, en 1980 se trasladó a La Paz.


 


Durante la dictadura militar de Luis García Meza y Luis Arce Gómez el hombre que había recomendado a los bolivianos caminar con el testamento bajo el brazo, Ramírez estuvo en la clandestinidad por casi dos años, sin salir del país, aunque en todo ese tiempo organizó la resistencia contra la dictadura. "Todo lo que se conoce y todo lo que se desconoce de la resistencia contra García Meza, lo hicieron los compañeros que se quedaron en el país", comenta él mismo.


 


Pero su labor no ha concluido, ahora más que nunca dice se necesita organizar un partido para la revolución.


 


Aquí presentamos su testimonio.


 


De la ofensiva a la resistencia


 


Como trabajador de base, Ramírez participó en la Asamblea Popular, el soviet boliviano que hizo creer a más de uno que Bolivia sería el primer país latinoamericano que repetiría la experiencia de la revolución rusa.


 


"Fui delegado en Potosí; allí la Asamblea debería inaugurarse en agosto, pero reventó cuando estábamos en plena labor de organización. No funcionó ni un solo día".


 


Pero en el proceso previo hubo avances importantes, como la consolidación de un Control Obrero en la Universidad estatal.


 


En Potosí el rector de la Universidad Tomás Frías fue Julio García, pero no como consecuencia de un trabajo sistemático para que en la Universidad hubiera presencia obrera sino que es una de esas casualidades donde las disputas hacen que los hombres busquen una alternativa y ubiquen al mejor representante.


 


A comienzos del 71 se inicia lo que se llamó la Revolución Universitaria, porque el rector A. Villalpando, militante del Partido Comunista de Bolivia (PCB), fue intervenido por un Consejo Supremo de la Universidad conformado por representantes de las diferentes facultades (en ese entonces no habían carreras), por estudiantes y docentes, pero también administrativos de la universidad.


 


Había dos propuestas, la de los que apoyaban a Pérez Alcalá, y la de los que apoyaban a A. Villalpando. La disputa llegó hasta la COD, se discutió el problema y al final, en otro ampliado departamental, se decidió destituir a los dos rectores y nombrar a un tercero que era el Secretario Ejecutivo de la COD: Julio García (quien era militante del Partido Obrero Revolucionario, POR). Aunque él era un viejo trotskista, era un buen dirigente sindical.


 


Pero la participación de Huracán Ramírez en el sindicalismo apenas había comenzado en 1971.


 


"He estado prácticamente en todos los acontecimientos del movimiento obrero y popular, no hubo uno solo en el que no estuve. Siendo trabajador de base hasta el 71 no era dirigente sindical aunque sí ya tenía una larga trayectoria política, fui apresado.


 


"En Potosí, el golpe del coronel Hugo Banzer (21 de agosto de 1971) no tuvo las características de La Paz, donde hay una derrota militar de las fuerzas revolucionarias y Banzer se impone con los tanques. Al amanecer el día 22, después que habíamos decidido replegarnos a la mina, al escuchar las informaciones transmitidas por las radioemisoras, salimos al enfrentamiento con el Ejército, pero nosotros mismos decidimos suspender todo acto de hostilidad porque el golpe de Estado se había consolidado. Los que éramos los dirigentes más visibles nos declaramos clandestinos, aunque después nos apresaron".


 


La evolución política


 


"No sé qué posición política tengo actualmente, pero soy un trabajador que ingresa a la actividad sindical con formación política. Milité desde comienzos de 1960 en la Juventud Comunista de Bolivia (JCB), trabajé en una sastrería, fui activista de esta organización y cuando entré a trabajar en el 69 en la dirección sindical, ya tenía una larga trayectoria política.


 


"Fui miembro del Comité Regional de Potosí de la JCB, fui dirigente nacional y promovido al PCB donde fui parte de su comisión política. En todo el período de los años 80 al 82, estuve a la cabeza del PCB, junto con otros que se quedaron en la clandestinidad, entre ellos Humberto Ramírez, Ramiro Barrenechea, Remberto Cárdenas, Oscar Salas y Walter Morales.


 


"Pero en 1982 yo soy expulsado del PC, no oficialmente. Hubieron problemas que me diferenciaron del PCB, ya durante el periodo clandestino, principalmente responder a la pregunta ¿dónde había que estar?. Donde estaban las masas.


 


"Así, estuvimos en la huelga de la reconquista sindical en 1981, que terminó en diciembre de ese año con la libertad de muchos detenidos. Estuve en Huanuni con Walter Veizaga, el Rompecatres y Mario Ortuño, quien era de la Federación de Mineros. Cuando entramos a Huanuni, entre los tres hicimos equipo de la Federación.


 


"En Siglo XX, Julio Cossio Victoria, un relacionador nominado por la dictadura, buscó contacto con nosotros y nos ofreció convocar a una asamblea para proponer la organización del sindicato, el desconocimiento y expulsión de los relacionadores y elegir a la dirección sindical.


 


"Por esa razón, Cossio fue apresado, lo metieron al cuartel de Uncía, donde según un informe de Derechos Humanos lo amarraron del cuello con un cable eléctrico y lo arrastran por todo el patio. Llegó a Oruro muerto, con la cabeza totalmente calva, desnudo. Allí, lo llevaron a la morgue donde lo presentaron como un aparapita (cargador de bultos) que había sido encontrado muerto por congelamiento.


 


"Cuando el médico un ex trabajador de Comibol que tenía que dar certificado de defunción lo vio, lo reconoció y avisó de la muerte a una religiosa de la parroquia Pío XI, de quien no recuerdo el nombre, pero que aún trabaja en Derechos Humanos.


 


"El otro dirigente destacado es Pedro Gómez, quien en ese entonces estaba haciendo sus primeras armas. Se puso a la cabeza del sindicato en Catavi.


 


"Lo contrario ocurre con los relacionadores del PCB.


 


"Rosendo Ossorio, organiza una reunión con ellos. El relacionador principal era un dirigente de apellido Murillo, también militante del PCB.


 


"Cuando con Hugo Orozco, quien era miembro de la Federación, entramos a Siglo XX, les planteamos la necesidad de hacer una asamblea para desconocer a los relacionadores. En respuesta recibimos la amenaza de que si nosotros seguíamos "fregando", nos iban a denunciar a la policía. Y nos denunciaron.


 


"Actitudes de ese tipo hacían que sea dudosa inclusive su militancia, porque después de eso vino la represión. En 1981 hubo una huelga de 68 días en todas las minas de la Comibol y de la privada. Por la represión, en Huanuni varios caen presos.


 


"Al término de la huelga suspendieron la represión, liberaron a los presos y se legitimaron los comités de bases que se habían formado en toda la minería boliviana. Tras 68 días de huelga y varios presos, heridos y una represión sañuda y muertos como la de Julio Cossio, ya no había más relacionadores.


 


"En este proceso también estuvo Oscar Salas (quien llegó a ocupar la secretaría ejecutiva de la COB y ahora es diputado de la coalición de gobierno). Oscar estuvo clandestino junto conmigo y era parte de la Federación de Mineros. El estaba en La Paz coordinando el problema nacional. A través de Ana María Acuria, una religiosa ( ya muerta), se logró que uno de los obispos abriera un contacto con el representante del Vaticano, Alfio Rapisarda, para pedirle su intervención en procura del respeto a las vidas de los presos y que trate de presionar al gobierno para que retroceda.


 


"Oscar me mandó la respuesta del nuncio apostólico con Emil Balcazar (otro dirigente minero): dijo que no iba a hacer nada, que ellos estaban de acuerdo con lo que estaba ocurriendo en el país, que respaldaban al gobierno. Por esa razón nosotros tuvimos un contacto con los curas y las monjas de abajo. Gracias a ellos, pudimos salir de Oruro, donde el obispo, monseñor Julio Terrazas dio la cara por todos".


 


Las diferencias


 


"Después de ese período, tenía posiciones divergentes con el PCB.


 


"No estaba de acuerdo con las nuevas elecciones porque la posición del MIR era que el parlamento (electo en 1980) elija a Hernán Siles como presidente. La posición del PCB era que esa correlación de fuerzas que había en el parlamento era adversa a la Unidad Democrática y Popular (UDP) y que debía haber nuevas elecciones. Incluso hicieron cálculos del tiempo que se necesita para hacer nuevas elecciones.


 


"Yo no estaba de acuerdo con esa posición, les dije que no había que hacer parlamento del 80, ni nuevas elecciones, porque ambas opciones hacían depender el desenlace político de lo que pasara en el Parlamento, a una supuesta correlación que se debía dar al margen de las masas. Las masas deberían ser la fuerza en la que nos apoyemos y deberíamos hacer depender el desenlace de la correlación de fuerzas y de lo que pase en las masas. Estaba hablando de que las masas debían tener sus mecanismos de participación en ese poder.


 


"Pero en esta posición se estaba cruzando la empresa privada que estaba apostando a lo que iba a pasar en el parlamento.


 


"En ese instante con sinceridad digo no tenía conciencia de lo que podía pasar a partir de ese momento en Bolivia. Lo que planteé acerca de que no hay que hacer depender la situación de lo que pase en el parlamento, ni con nuevas elecciones ni con el parlamento de los 80, sino con la fuerza de las masas, era una especie de intuición".


 


La ruptura


 


"Cuando se realizó el congreso minero de Huanuni, hubo un documento político que el PCB presentó. En la fracción del partido, que tenía más de 200 delegados entre ellos siete miembros del comité central se decidió que en el Presidium debían estar Oscar Salas y Simón Reyes, y que Edgar Ramírez debía ir a la Comisión Política para defender el documento.


 


"Sin embargo, les dije que defendería el documento, sólo si se incorporaba una frase: que los trabajadores lucharemos para derrotar a la dictadura, sin renunciar a ninguna de las vías, incluida la parlamentaria.


 


"Eso quería decir que nosotros presuponíamos que lo más importante era lo otro, y esa modificación ustedes la encuentran si revisan ambas versiones para un estudio más concienzudo de la experiencia de la UDP.


 


"Allí estaban Simón Reyes y Oscar Salas en el Presidium, Simón tratando de disputarse el puesto con Juan Lechín, quien tenía el mérito de haber ingresado al país (diciembre del 81 o enero del 82) cuando todavía la dictadura estaba en su auge, para ponerse a la cabeza del movimiento. Simón no ingresa; eso pesaba.


 


"Después, el 8 de octubre como era miembro de la Federación de Mineros soy propuesto para ocupar el cargo de diputado. Mi rechazo fue total. Yo les pregunté cómo era posible que habiendo estado en contra del parlamento del 80, iba a jurar como diputado.


 


"Les dije no voy y por eso me bajan de miembro del comité central, que era hasta entonces, a soldado raso. Me quitan todos los grados que me había ganado con muchos méritos, incluso con más que algunos que ahora están como dirigentes del partido.


 


"Decidieron emplazarme para que yo asuma la diputación o me sancionarían (expulsión). Yo les dije que me sancionaran.


 


"Pero hubo un tercer ingrediente adicional, en ese pleno en el que deciden mi separación del PCB. El gobierno de Siles estaba discutiendo las medidas económicas y que iban a subir los precios de cuatro artículos: el pan, el azúcar, el arroz y la carne.


 


"Yo no soy economista, pero el solo hecho de que suba el precio del pan a mí me daba cosa. Yo decía: ¿Si va subir el pan, dónde están nuestras diferencias? ¿Dónde está la diferencia de nuestras medidas económicas de izquierdistas con las medidas económicas de la dictadura?


 


"Inclusive las mismas medidas tenían el mismo molde, el paquete económico, estaban en la misma dirección. No soy economista y por lo tanto no podía indagar en profundidad los aspectos técnicos de la administración de la economía. Pero el solo hecho de que suba el pan para mí era suicida. Ya no hubo necesidad de que me emplacen a nada. Decidí salir del partido.


 


"Las posiciones de descontento que se desenlazan en el 85, tres años después de mi salida, no tienen características coyunturales del 85, ni son por la mala experiencia del PCB en la UDP.


 


"Cuando me pidieron volver al partido, les dije: He meditado mucho, estoy renunciando a 22 años de mi vida, pero lamento decirles que he llegado al convencimiento de que me he equivocado, que he militado en un partido reformista, en un partido en el que cuando hay que decidir lo fundamental, el problema del poder, asumimos posiciones de que hay que mantener el poder del enemigo, no tocarlo, sino adaptarnos a él e incorporarnos. Eso es reformismo químicamente puro.


 


"Les dije: pienso que he entrado a vivir en una casa que no es la mía, el dueño pienso que son tales y tales personas, esos que están a la cabeza, entonces, como quieres tú le dije a Ramiro Barrenechea votar al dueño de su casa.


 


"Empecé a leer, a estudiar y planteé, con otros compañeros, la necesidad de la Cogestión Obrera que, entre otras cosas, su aspecto principal no era lo que se hizo público.


 


"El debate esencial estaba en el artículo quinto del decreto que elaboramos en la Federación de Mineros y el razonamiento era que la cogestión obrera debía servir para modificar todo el ordenamiento jurídico, económico, de política empresarial, social, comercio de minerales, política financiera, debería modificar todo. El proyecto del gobierno de la UDP era que la cogestión debía respetar el ordenamiento jurídico, es decir lo que estaba hecho.


 


"Nosotros hicimos un bloque, una tendencia que defendía la cogestión como mecanismo de incorporación de las masas en las definiciones de carácter político, en la disputa de la economía y del poder. En esa tendencia estaban Víctor López, Juan Lechín, Líber Forti, Cirilo Jiménez, Guillermo Dalence y compañeros, prácticamente de toda la izquierda, que se unen en ese grupo. Al otro lado estaba la militancia del PCB porque los otros partidos no tenían miembros, ni en el sindicato ni en la Federación de Mineros. 


 


"El problema de la cogestión fue uno de los eslabones de la participación de los trabajadores buscando su propia opción, sin plegarse a lo que estaba hecho por el Estado de la burguesía. Pero el poder no era nuestro.


 


"Después ya van a haber varias posiciones como la de la resistencia al neoliberalismo propuesto en La Chojlla y otras que son también de disputa".


 


Los partidos de izquierda


 


Casi marginado de la dirigencia sindical, el Huracán evalúa a los partidos de izquierda y la vigencia de sus planteamientos, si los tienen, en el movimiento obrero popular.


 


"Yo pienso que no están inventando nada, están intentando reverdecer árboles que están resecos. Pero lo que me interesa es el problema de nuestra izquierda, porque no tenemos que buscar incorporarnos en el modelo o combatirlo echándole migas en su cama, tenemos que enfrentarlo afectando el modelo y afectándolo de muerte.


 


"Bolivia necesita una revolución socialista y eso se va a dar al margen de que nosotros querramos o no. Los revolucionarios lo único que podemos desear es ser partícipes de ese proyecto.


 


"La revolución boliviana necesita que tengamos una organización política que esté adecuada para las características de este país, no porque querramos encontrar otras clases sociales sino porque nosotros tenemos que tomar en cuenta que la revolución y las luchas se enfrentan en el terreno, no se hacen en abstracto y por eso tenemos que tener localizados los eslabones esenciales a los que debemos atacar. Y en cuanto a los sectores de la clase obrera: No es igual organizar a la clase obrera en Pando que a la clase obrera de Santa Cruz, de Cochabamba que de La Paz o de las minas. No estoy queriendo decir con eso que nosotros queremos que esa organización política se constituya en Estado.


 


"En segundo lugar, estamos obligados a conocer de manera adecuada la realidad del país, el problema agrario no se resuelve igual que en Cuba o igual que en la URSS o que en la Argentina y creo que la estructura económica tampoco es la misma que en el Brasil o en el Perú. Tenemos que tener conocimiento de nuestra realidad y por tanto el programa de la revolución tiene que ser el resumen de ese conocimiento de la realidad de nuestro país.


 


"En tercer lugar, no es suficiente decir las clases sociales que nosotros tomamos en cuenta son la clase obrera, la pequeña burguesía, etc. No podemos nosotros pensar en redimir a los obreros y al mismo tiempo defender al patrón, hay necesidad de la fuerza social con la que debemos contar para hacer la revolución, pero no como un referente estadístico (¿somos 20.000 o somos 30.000?) sino para concretar lo que debe hacer la organización política que ha sido estructurada para la revolución sobre la base de esas clases sociales.


 


"No vamos a importar revolucionarios, no van a venir de la Luna, tienen que surgir de esos diversos sectores de la sociedad, pero nosotros tenemos que saber cuáles son.


 


"También tenemos que decidir obligatoriamente el método. Cuando un partido se defina por utilizar cualquier vía, cualquier método de lucha, es un partido que está decidiendo no participar en la revolución jamás, un partido, un destacamento organizado, no se hace para utilizar todos los métodos. El método tiene mucho que ver con el destino de la organización.


 


"Para mí, por las experiencias históricas de la lucha obrera y también por las características que tiene el enemigo ahora, el desenlace tendrá que ser insurreccional. Entonces el partido tiene que ser un partido que se defina por el método insurreccional, eso quiere decir que tiene que ser un partido ligado con las masas, que piense que la definición es rápida, no hay luchas prolongadas.


 


"Entonces lo del método significa que estamos hablando de un problema que es esencial. Es falso aquello de que el partido se adapta.


 


"Estas cosas tienen que ser parte no de un debate académico sino de una evaluación que tenga destino: la estructuración de la organización política, el partido de la clase obrera.


 


"Estamos en un período de definiciones, estamos frente a un Estado oligárquico. Que no participa el resto de la burguesía es falso, sí participa, pero el destacamento de vanguardia de esa burguesía es la fracción oligárquica, que ha logrado adueñarse de la economía, el poder y utiliza al resto de la burguesía para sus fines.


 


"Incluso estará tratando de estructurar la economía para fortalecer no solamente sus intereses económicos sino su base social de sustentación.


 


"Cuando hablan de microempresas, de que no hay que hacer depender la solución del desempleo del Estado sino del trabajo, de la empresa privada, nos están hablando que tenemos que incorporarnos a su bando.


 


Enfrentar el poder económico


 


En primer lugar, éste es el Estado que tiene que ser enfrentado; en segundo lugar, la organización debemos estructurarla en el eje político, pero también en el eje económico de donde proviene su fortaleza para ser poder.


 


"Hay grandes proyectos relacionados con las materias primas, los minerales y los hidrocarburos, geográficamente se han extendido. Hay proyectos que están marchando en el oriente boliviano y también en el occidente.


 


"Por esa razón, creo que incluso para que vuelvan a trasnocharse esos intelectuales que han descubierto que aquí no hay clase obrera o que la clase obrera se ha amalgamado tanto que ya no hay diferencia entre un universitario y un obrero, tienen que estudiar estos fenómenos en la estructuración de la economía boliviana.


 


"Hay informaciones procedentes de Brasil, de que los contingentes de trabajadores no sólo son numerosos sino que algunas medidas de protesta son más o menos en la misma dirección que nuestras preocupaciones. Lo mismo ocurre en la Argentina, en el que grandes contingentes que se ocupan de traer los recursos para la exportación se han sublevado y también las poblaciones.


 


"Yo creo que hay una especie de inicio de un flujo de la actividad revolucionaria, y eso, en contraposición de los signos de recesión económica universal. Lo de la crisis de Japón, de la bolsa de valores del Lejano Oriente, es conocido ya. Entonces, ¿quién puede poner las manos al fuego y decir que eso no va a llegar a Europa o que eso termina ahí con la crisis de la bolsa de valores de Nueva York?


 


"La debacle económico-financiera del planeta, tiene su explicación, porque ha terminado la época de la especulación meramente financiera, porque resulta que todos los indicadores de la producción decrecían, la actividad frenética de las bolsas no tenía ninguna relación con la producción y las grandes utilidades eran meramente especulativas y no el fruto de la reactivación económica material.


 


"Hay nuevas categorías que vamos a tener como eso de la obsolescencia prematura que es una de las causas que ha provocado la crisis del Lejano Oriente. Según los economistas, lo que estaba en crisis era la industria tradicional, la automotriz, la minería del acero, la siderurgia, la del carbón y no así los sectores nuevos como la informática, la cibernética, las telecomunicaciones, la biogenética, pero resulta que las causas de esa hecatombe en el Lejano Oriente, es del sector más dinámico, el nuevo. Las computadoras que se hacen ahora, a la otra semana ya son obsoletas, y las computadoras que no han sido ni etiquetadas, en el almacén ya han sido superadas por otra generación de computadoras.


 


Entonces, es un proceso de sobreproducción que tiene características nuevas, no es el fenómeno de la industria automotriz que fabrica y fabrica y ya no podía vender; aquí se fabrica y se fabrica y ni siquiera sirve.


 


"Nosotros los de izquierda tenemos que ponernos a elaborar ese proyecto haciendo un acto de renunciamiento en doble sentido, en primer lugar entrando al convencimiento de que nosotros no somos los únicos seres que vamos a protagonizar el desenlace, no vamos a ser las estrellas, pero podemos ser los protagonistas, parte del montón.


 


"Pero creo que el abrirnos a la discusión para debatir y dar soluciones a los problemas que debemos enfrentar es el desprendimiento más importante que tenemos que aceptar".


 


El partido en la época actual


 


"Hay muchas organizaciones que han decidido renunciar al partido y lo grave de ello es que dicen que se apoyan en Marx, Lenin y Engels. Lo grave es que están haciendo demasiado esfuerzo para encontrar propuestas de los clásicos, que jamás hicieron; la preocupación de esos teóricos fue la de estructurar una organización para derrotar a la burguesía. Marx, antes de participar en la redacción del Manifiesto Comunista, ya tiene trabajos importantes como La Sagrada Familia, La Ideología Alemana y otros. Empero esos trabajos importantes son sobre las características que tiene la explotación de la burguesía sobre la clase obrera o sobre las formas de expresión que tiene la ideología, pero sus mayores esfuerzos están dirigidos a tratar de estructurar a la clase obrera en un partido.


 


"De ahí que lo que creo que hay que rescatar del manifiesto del partido comunista es el nombre: Manifiesto del Partido, es el manifiesto del partido y el partido es organización.


 


"Marx tiene Comité Central, tiene Comité Regional. Existen cartas de emplazamiento a Marx para que entregue los borradores del Manifiesto del Partido Comunista que le encomendó el Congreso de diciembre de 1847, y no ha entregado hasta fines de enero, le amenazan con sanciones, no del espíritu santo, sino del Comité Regional de Bruselas. Eso muestra que ese esfuerzo no fue para hacer una pieza literaria, que jamás pierda vigencia, sino un instrumento que expresaba que los revolucionarios habían estado analizando los problemas por separado, llegando casi a las mismas conclusiones sobre la necesidad de la revolución, se reúnen para luchar juntos.


 


"Ahora, a los que nos invitan a discutir que no hay que hacer partido, yo quisiera que le vayan a aconsejar al Goñi o a Banzer que no tengan partido, porque resulta que nos aconsejan a nosotros, a las víctimas, y no les aconsejan a los explotadores, a los opresores, nos aconsejan a nosotros que no nos dotemos de un instrumento de lucha, de emancipación.


 


"En torno del partido yo creo que giran los otros temas, como el del programa, la estructura del partido, las clases sociales y el problema agrario. Con lo que no estoy de acuerdo es que no hay que repetir las viejas experiencias".


 


Una convocatoria


 


"Hace 15 años, Edgar Ramírez no aceptaría nada para una revista de filiación trotskista. Si he aceptado hoy no es porque quiero una entrevista sino porque siento una necesidad.


 


"En este momento hay un vacío, que creo que estos compañeros están en la misma vereda que tantos otros muchos hombres y mujeres que estamos pensando en la necesidad de estructurar el partido para la revolución boliviana, y por eso yo creo que lo que hay que hacer es insistir con lo que dije del desprendimiento en ese doble sentido, personal; pero también de dejar nuestra supuesta verdad un poco al lado para discutir, porque hay otras verdades en la gente con la que no hemos querido discutir nunca. Pero si no hacemos esto, no vamos a tener respuesta para la revolución.


 


"Desde la década del ochenta se habla de la globalización de la economía mundial y esto se refiere al hecho de que unas cuantas transnacionales, que funcionan en todo el planeta, explotan a los trabajadores que se encuentran en diferentes países, trabajadores de la China y de Sudáfrica, del Canadá o los de Bolivia.


 


"El fenómeno de la internacionalización de la economía capitalista, que ya estaba dado desde principios del siglo XX y que últimamente se ha agudizado, ha internacionalizado en la práctica la lucha de los trabajadores contra el mismo patrón, por la consecución de las reivindicaciones económico-sociales y también la lucha por la conquista histórica de la clase obrera que no puede ser otra que la revolución socialista.


 


"Esos hechos objetivos nos obligan no simplemente a teorizar sobre estos problemas sino a poner en pie organizaciones internacionales de lucha sindical y política.


 


"Sin embargo, la necesidad de poner en pie un partido revolucionario a nivel mundial no tiene que darse simplemente en el papel, en el plano de la propaganda.


 


"Actualmente existen varias organizaciones que dicen ser internacionales pero eso no es más que apariencia, porque son individuos que no representan a organizaciones realmente existentes en los diferentes países.


 


"No me refiero solamente a las organizaciones que dicen representar a la IVª Internacional, sino también a lo que ocurrió con el llamado Movimiento Comunista Internacional, que aparecía como un monstruo, pero en muchos casos con expresiones débiles o casi inexistentes en cada país.


 


"Por eso, la concreción del partido internacional tiene que ser la culminación de las tareas de organización en el plano nacional. Esto no quiere decir que primero tengamos que dedicar nuestros esfuerzos en el plano puramente nacional y posteriormente recién iniciar el trabajo de construcción de la Internacional. Se trata de evitar que las organizaciones nacionales sean puro nombre o solamente estén en el papel, tienen que ser expresiones nacionales que aglutinen a todos los explotados y oprimidos de un determinado país, que tengan una real inserción en las masas.


 


"Por otro lado, debe evitarse que las organizaciones sean sunchu luminarias (grupos que se organizan al calor del entusiasmo y desaparecen en muy poco tiempo). Se debe estructurar una verdadera organización revolucionaria internacional. El hecho de que no exista una organización de estas características, en el panorama mundial actual, confirma la necesidad de luchar por poner en pie una organización de esta naturaleza.


 

Dónde se encuentra hoy el movimiento sindical norteamericano


En los últimos meses, la clase obrera norteamericana ha librado batallas sindicales de gran magnitud.


 


La victoria de los Teamsters, el sindicato de camioneros, contra la UPS, en agosto de 1997, y la huelga de dos meses de los obreros de la UAW (United Auto Workers, el sindicato de la industria automotriz) de Flint, contra la General Motors, fueron las mayores luchas obreras en los Estados Unidos en los últimos treinta años. Por el número de obreros empeñados en la lucha, por la tenacidad de su combate, por enfrentar a grandes patronales de dimensiones mundiales, y por tener como reivindicaciones fundamentales la lucha contra la precarización del trabajo, estas luchas despertaron la simpatía y el apoyo de amplios sectores trabajadores.


 


Las huelgas de la GM, según un vocero liberal del imperialismo, "parecen pertenecer menos a la década de los 90 que a una era pasada, cuando los poderosos sindicatos ponían de rodillas a los poderosos gigantes industriales de los Estados Unidos y las titánicas batallas sindicales atraían mucha atención (cuando) políticos, ejecutivos y millones de norteamericanos seguían cada detalle de esos conflictos () Traen a la memoria los días de gloria de los sindicatos de la década del 50 y del 60 (porque) el sindicato ha hecho una demostración de fuerza raramente vista en nuestros días: ha cerrado a una gran compañía, y ha descalabrado a un verdadero coloso que por mucho tiempo simbolizó el poder industrial de los Estados Unidos" (1). No se trata de una opinión aislada. Para un vocero de los especuladores de Wall Street, "volvimos a los 50" (2). Refiriéndose a la huelga de la UPS, un observador sindical señala que "la mayoría de los huelguistas jamás había estado en un piquete, jamás persiguió un camión u hostilizó a un rompehuelga. Pero me parecieron muy semejantes a sus abuelos y bisabuelos que cambiaron al movimiento sindical en la década del 30" (3). Estas impresiones y observaciones personales, que provienen tanto de la burguesía como de las filas sindicales, están señalando la nueva etapa que está recorriendo el movimiento sindical norteamericano.


 


Estas grandes luchas son la expresión más visible de un proceso que recorre a amplios sectores de la clase obrera norteamericana y de su activismo y que se expresa en luchas parciales, en campañas de organización (afiliación a los sindicatos) y en distintos reagrupamientos antiburocráticos. El propósito de este trabajo es pasar revista a este proceso.


 


El fin de la era Reagan


 


El reaganismo fue el intento más serio, más profundo y más prolongado de reacción política en un cuadro democrático llevado adelante por el imperialismo norteamericano.


 


Para el movimiento obrero norteamericano significó millones de despidos, reducción de salarios, flexibilización, liquidación de conquistas sociales y concentración de la riqueza nacional en manos de los explotadores. Bajo Reagan se acentuó la tendencia declinante de las afiliaciones sindicales iniciada en la década del 70: apenas el 10% de los obreros industriales norteamericanos estaban afiliados a un sindicato a fines de la década del 80. Aunque en el sector estatal la tasa de afiliación trepaba al 25%, en el Sur y en las pequeñas empresas era infinitamente menor (por debajo del 5%).


 


A mediados de la década del 90, sin embargo, esta ofensiva capitalista contra el movimiento sindical daba síntomas de agotamiento.


 


Un primer indicio, de carácter indirecto, fue la renovación de la dirección de la AFL-CIO, la central sindical norteamericana, en octubre de 1995. Por primera vez en décadas, no hubo lista única y la burocracia debió dilucidar sus divergencias por medio de una votación. La nueva dirección renovadora encabezada por John Sweeney, del sindicato de empleados de servicio (SEIU) era una fracción de la vieja burocracia sindical que se presentaba con un discurso militante, organizativo y confrontativo.


 


El antecedente inmediato de la renovación en la AFL-CIO fue la victoria de los reformistas en el sindicato de los Teamsters, el mayor de los Estados Unidos. Un frente entre la burocracia de izquierda y una agrupación de bases de carácter democratizante y centroizquierdista el TDU, Teamsters por un Sindicato Democrático había derrotado en las elecciones de 1991 a la vieja burocracia ligada a la mafia. Junto con los mineros y los empleados de servicios, los Teamsters fueron los principales impulsores de la reforma de la central sindical.


 


La agresividad, especialmente verbal, que mostraba esa nueva dirección de la AFL-CIO tenía por objeto revertir el agudo retroceso de los sindicatos, tanto en términos de afiliación como de influencia ante los poderes del Estado, en particular frente al partido demócrata. "Que una fracción de la vieja burocracia se viera obligada a entrar en choque con sus viejos compañeros, a presentarse como renovadora, a utilizar un lenguaje combativo, y a declararse partidaria de los métodos de confrontación, resalta todavía más claramente el fracaso de su política en los últimos veinte años y el giro a que se ve obligada para frenar su retroceso" (4).


 


Este reformismo tenía, también, un evidente lado reaccionario pues, según comentaba por ese entonces un diario extranjero, "obedece a la necesidad de combatir las nuevas formas de sindicalismo sindicatos asociativos, coordinadoras que han aparecido por fuera de las estructuras tradicionales" (5) como una respuesta al "creciente descontento y resentimiento entre los trabajadores" como consecuencia del retroceso de sus salarios y conquistas (6).


 


Un segundo síntoma del agotamiento de la época reaganista en el movimiento obrero fue la fundación, en junio de 1996, de un partido el Labor Party (LP) que pretendía basarse en los sindicatos.


 


A pesar de una larga campaña de preparación, el LP sólo logró agrupar a un sector minoritario de los sindicatos, que representa poco más del 10% de los 16 millones de afiliados de la AFL-CIO; amén de numerosos sindicatos locales, sólo unos pocos grandes sindicatos nacionales adhirieron al LP: petroleros, químicos y energía atómica (OCAW); electricidad (UEW); mantenimiento de las vías férreas (BMWE); estibadores (ILWU) y empleados del gobierno (FGE). El nuevo partido estableció un programa extremadamente vago en cuanto a comprometerse prácticamente en las luchas por las reivindicaciones que defiende como el derecho al trabajo, la indemnización por despido, el derecho de huelga o el salario mínimo. Menos, todavía, intentó, no digamos ya enfrentar sino, al menos, delimitarse, del capital norteamericano en tanto imperialismo.


 


En la concepción de sus organizadores, la formación del LP fue una medida extrema para enfrentar la pérdida de influencia de las direcciones sindicales en el partido demócrata. John Sturdevant, presidente de la Federación de Empleados del Gobierno y uno de los dos miembros de la Ejecutiva de la AFL-CIO, afiliado al LP, resaltó que "la fundación del Labor Party no tiene por objeto crear una alternativa al sistema bipartidista sino presionar al partido demócrata. Esta organización podría (ser) una suerte de contrapeso del Consejo de Dirección demócrata, que está volcado hacia la derecha" (7). Por esa razón, el LP se negó a presentar candidatos independientes en las elecciones de 1996 y dio libertad a sus afiliados para votar y hacer campaña por Clinton. Con esto, la izquierda de la burocracia pretendía tender un puente hacia el oficialismo sindical, que realizó un fenomenal esfuerzo mensurable en 35 millones de dólares y el desvío de varios miles de rentados sindicales para impulsar la campaña de los candidatos electorales demócratas.


 


La idea de que la burocracia pueda lograr, mediante la creación de un grupo de presión dentro del partido demócrata, recuperar la influencia perdida en el Congreso y la Casa Blanca es una ilusión. Su inevitable fracaso plantea, a término, la posibilidad de una ruptura real de una sección del movimiento sindical con el partido demócrata. En este punto radica la importancia sintomática de este partido.


 


El síntoma más importante de que la época del reaganismo había llegado a su fin fue el reanimamiento de las luchas sindicales. En 1996, las estadísticas de huelga, aunque todavía muy bajas, crecieron por primera vez en muchos años; el número de huelgas de más de 1.000 trabajadores pasó de 195 (en 1995) a 237 (en 1996). En algunos casos, las huelgas adquirieron una dureza excepcional, como la de los trabajadores de la UAW contra la Caterpillar, la de los trabajadores de la prensa de Detroit, la de los trabajadores de la Bridgestone en Dekatur, o la huelga de los obreros de la UAW en Dayton contra la GM.


 


En todos los casos, se trataba de luchas parciales, empresa por empresa y aún planta por planta; la iniciativa, por regla general, la tuvo la patronal, que pretendía liquidar conquistas obtenidas. En la mayoría de los casos, los trabajadores no lograron detener la producción, ya que la ley autoriza a las patronales a contratar rompehuelgas; las leyes antisindicales no permiten a los trabajadores hostilizar a los carneros, montar piquetes de masas u ocupar las plantas; están prohibidas las huelgas generales y las huelgas de solidaridad. Frente a tamañas dificultades, el crecimiento del número de huelgas estaba mostrando que una fracción decisiva del movimiento obrero norteamericano ya no aceptaba pasivamente estas limitaciones represivas.


 


Los resultados de estas luchas fueron ambiguos, Algunas terminaron en derrotas (Caterpillar, Detroit); en otras, aunque los obreros lograron poner ciertos límites, no lograron quebrar, de conjunto, la ofensiva patronal (Dayton). En esto cabe una especial responsabilidad a la burocracia sindical que, habiendo subido con la consigna de organizar a los desorganizados, en realidad desorganizó a los organizados durante las luchas.


 


En la huelga contra la GM en Dayton, por ejemplo, "la burocracia del gremio automotor incentivó que 300 huelguistas carnerearan para producir frenos para Chrysler y para Isuzu, no para GM" (8). Un activista de la UAW entrevistado por la revista Labor Notes, que refleja el punto de vista de las direcciones reformistas ligadas al LP, denunciaba en estos términos la política derrotista de la burocracia: "Esto (la flexibilización y la tercerización) es un problema nacional, pero la dirección nacional del sindicato ha dejado a los (sindicatos) locales que luchen de a uno por vez. Así no funciona" (9).


 


La huelga de la prensa de Detroit había tenido un inicio prometedor: el 80% de los trabajadores adhirió a la huelga; se instalaron piquetes de masas de cientos y hasta de mil trabajadores y simpatizantes para impedir la salida de los diarios de la planta de impresión. En esos primeros días, los piquetes sostuvieron verdaderas batallas con la policía que intentó desalojarlos. A las pocas semanas, los dirigentes de los principales sindicatos envueltos en la huelga aceptaron una resolución de la Junta Nacional de Relaciones Laborales que prohibía a los piquetes hostigar a los carneros o retrasar la distribución de los diarios. Más papista que el Papa, la burocracia anunció que no defendería a los huelguistas en caso de que fueran detenidos por violar esa resolución. Ese fue el inicio de la derrota.


 


Es de destacar que la burocracia reformista de los Teamsters, cuyos afiliados constituían la mayoría de los huelguistas, no se diferenció en este conflicto de la burocracia tradicional. En las vísperas de las elecciones nacionales de los Teamsters, su presidente Ron Carey decidió dejar el manejo de la huelga en manos de los sindicatos locales, dirigidos por la burocracia tradicional, para no quedar pegado a una huelga potencialmente derrotada (10).


 


En la mayoría de los conflictos, y especialmente en aquellos que fueron más obstinadamente seguidos por los trabajadores, se destacaron agrupamientos de activistas independientes.


 


En Detroit, el Unity Victory Caucus (UVC, Junta Unidad y Victoria), fue lanzado por los trabajadores de prensa en huelga en octubre de 1995 y representó el más alto nivel de organización de las bases sindicales durante la lucha. Su programa planteaba la democracia sindical en el manejo de la huelga y el desconocimiento de las resoluciones de la Junta Nacional de Relaciones Laborales que prohibía la formación de piquetes de masas para enfrentar a los rompehuelgas y frenar la distribución de los diarios; reclamaban a la AFL-CIO la declaración de una huelga general de 24 horas en la ciudad y la convocatoria a una marcha nacional del movimiento sindical. Partidarios del UVC se presentaron, sin éxito, en las elecciones del sindicato de periodistas y, exitosamente, en el sindicato de tipógrafos.


 


En la huelga de la planta de frenos de la GM en Dayton, que paralizó por varias semanas las operaciones de la empresa en América del Norte, "el conflicto contó con una serie de jóvenes activistas de base con vínculos a la izquierda" (11).


 


La debilidad de estos agrupamientos de activistas radica, antes que en su inexperiencia, en su confianza en la burocracia. Su política consiste en presionarla para empujarla a la lucha, no en presentarse a sí mismos como una alternativa de dirección frente a la burocracia sindical. El UVC de Detroit, por ejemplo, "tenía una considerable influencia en el invierno 95/96 y evitó que la huelga fuera vendida en ese momento. Pero, en última instancia, el UVC fracasó en presentarse a sí mismo como una dirección alternativa en los sindicatos en huelga () los dirigentes del UVC enfatizaron repetidamente que ellos no tenían diferencias estratégicas con el Consejo y que no eran una dirección alternativa. En un sentido, el costado de la unidad del UVC se opuso al de la victoria" (12).


 


Lo mismo puede decirse de la conducta del TDU. Teamsters for a Democratic Union es el mayor agrupamiento de bases en el movimiento sindical norteamericano: reúne alrededor de 10.000 militantes en todo el país y fue el principal sostén del candidato renovador Ron Carey cuando éste derrotó a la burocracia tradicional en 1991. Tiene su base principal en Detroit y podría haber jugado un papel fundamental en la huelga de la prensa, pero se subordinó a la decisión de Carey de abstenerse en esa lucha fundamental. 


 


En este cuadro, se van produciendo una serie de victorias y de casi victorias de los agrupamientos reformistas en las elecciones sindicales, en lo que un miembro prominente del ala izquierda de esta corriente renovadora define como "una amplia rebelión dentro de los sindicatos" (13). Entre las más significativas se cuentan las victorias de los reformistas en el Sindicato de Mantenimiento de Vías Férreas (de 50.000 miembros) o la Asociación de Empleados del Estado de California (de 40.000 miembros) y las victorias de los partidarios del TDU en las elecciones locales de los Teamsters en Washington, Rock Island, Minneapolis y Forest Hill. En el muy importante gremio del transporte público de Nueva York (Transport Workers Union, Local 100) "los conservadores robaron las elecciones de diciembre de 1997" (14), que luego fueron anuladas. En las que celebraron posteriormente, aunque los reformistas obtuvieron una muy amplia mayoría entre los trabajadores de los subterráneos, perdieron por un margen muy estrecho ante la burocracia tradicional.


 


La victoria más importante de los reformistas en este período fue la reelección de Ron Carey al frente de los Teamsters. Carey, con el apoyo del TDU, derrotó a un frente único de la vieja burocracia encabezado por Jim Hoffa (h), hijo del líder histórico del sindicato. En 1996, la campaña electoral de Carey se basó menos en la movilización de la base sindical que la de 1991, lo que se manifestó en una mayor abstención electoral. En el balance de aquella elección, sosteníamos que "el resultado de la elección de los camioneros constituye una derrota para la vieja burocracia; pero es también, por su elevadísima abstención, una advertencia para la actual dirección" (15). Los peligros encerrados en esta advertencia no tardarían en manifestarse.


 


En el plano de la organización de los desorganizados, el movimiento sindical alternó algunas victorias la principal, la afiliación de los 10.000 trabajadores administrativos de la US Airways con importantes derrotas, como la del sindicato textil (UNITE) en las fábricas del sur del país, donde no pudo superar la presión de las patronales sobre los trabajadores (la mayoría, mujeres inmigrantes). En este terreno, la burocracia de la UAW sufrió un fracaso estratégico, ya que no pudo penetrar en las fábricas de las empresas extranjeras, principalmente japonesas, radicadas en el sur del país. En este fracaso, se pueden advertir también las señales de la política de la burocracia de subordinación al partido demócrata. Una agresiva campaña de organización en el Sur significaba pasar por encima de las normas de reconocimiento de la Junta Nacional de Relaciones Laborales e ir a la huelga contra las empresas que se niegan a reconocer a los sindicatos lo que hubiera puesto a los sindicatos en la oposición del partido demócrata, cuyo control sobre el gobierno federal depende de su control del llamado sólido Sur, a través de sus gobernadores y de su amplio bloque de diputados y senadores.


 


La gran victoria de los Teamsters contra la UPS


 


En agosto de 1997, después de dos semanas de huelga, los Teamsters obtuvieron una gran victoria contra la UPS, la mayor empresa de distribución de correspondencia en los Estados Unidos. Fue la primera gran victoria sindical nacional después de dos décadas caracterizadas por grandes derrotas y algunas pocas victorias parciales.


 


El corazón de la huelga fueron los piquetes, que bloquearon los más de 2.000 depósitos de la empresa en todos el país y paralizaron sus operaciones. La mayoría de los trabajadores en los piquetes contaba con menos de treinta años.


 


La huelga recibió un enorme respaldo popular, el cual "galvanizó a los huelguistas en los piquetes e impulsó a la empresa a realizar grandes concesiones" (16). La amplitud del apoyo a la huelga obedeció al hecho de que las reivindicaciones de los camioneros igualdad de pago para todos los trabajadores, estabilidad laboral, basta de precarización tocaron el nervio de una población trabajadora agobiada y agotada después de una década de reestructuraciones, reducción de los costos laborales, tercerizaciones y proliferación de los empleos basura.


 


Bajo esta presión, la patronal debió ceder en casi todos los puntos en disputa: conversión de los trabajadores de tiempo parcial en trabajadores de tiempo completo, aumento de salarios, mantenimiento de la caja jubilatoria de los Teamsters.


 


La victoria de los Teamsters fue un verdadero shock para la burguesía norteamericana, porque derrumbó la tesis de que las tercerizaciones y la precarización laboral habían terminado con el movimiento sindical. Como lo señaló en aquellos momentos un vocero de los financistas norteamericanos, "la huelga (de la UPS) parece ir contra el punto de vista convencional de que la inseguridad laboral está frenando a los trabajadores para reclamar mayores salarios y beneficios" (17).


 


Después de la huelga, los voceros de la burguesía norteamericana advirtieron sobre las "perspectivas inflacionarias" que se abrían como consecuencia de la victoria de los trabajadores. El temor patronal a la generalización de un movimiento reivindicativo traducía, según Stephen Roach, jefe de los economistas del banco Morgan Stanley, la percepción de que la recuperación económica norteamericana "floreció sólo porque las corporaciones norteamericanas aplicaron una inflexible presión sobre la fuerza de trabajo". Para el banquero, "no hay una pizca de evidencia macroeconómica que apoye la popular noción de una significativa mejora en la productividad norteamericana el peso de la evidencia está crecientemente en favor de una recuperación producida por la presión sobre los trabajadores ha habido un dramático realineamiento de la distribución del ingreso en 1996, los beneficios fueron los más altos de los últimos 28 años mientras que la participación de los asalariados en el ingreso cayó muy por debajo de lo alcanzado en la década del 80" (18).


 


El movimiento sindical volvió a aparecer como un factor sensible para la marcha de la economía: un movimiento reivindicativo de proporciones podía amenazar la continuidad de una recuperación. En estas condiciones, la política de las organizaciones obreras volvía a adquirir una relevancia nacional.


 


La burocracia vio en la victoria sobre la UPS el fruto de su política de lobby sobre el Congreso y la Casa Blanca. Para las direcciones sindicales, la victoria no fue la obra de los trabajadores galvanizados en los piquetes y del respaldo popular que obtuvieron, sino de la resistencia de Clinton a dictar el arbitraje que le reclamaban la patronal y decenas de gobernadores y diputados. Con esto, la burocracia esterilizó las enormes perspectivas que abría la victoria de los camioneros, tanto en términos de lucha reivindicativa como campañas de organización sindical.


 


En su balance de la huelga, Prensa Obrera señalaba que "contradictoriamente, la victoria de los trabajadores de la UPS reforzará la subordinación de la burocracia a la política imperialista democrática y debilitará el movimiento dentro de la propia burocracia hacia la formación del Labor Party. Se trata de un camino a ninguna parte, que a término provocará nuevas derrotas y profundizará la crisis del movimiento sindical" (19).


 


Apenas dos días después de la victoria de los camioneros sobre la UPS, el temor a una generalización de los movimientos huelguísticos llevó a Clinton a decretar la suspensión de la huelga ferroviaria que debía comenzar pocos días después. La política oficial de la burocracia no tardó en mostrar que era un callejón sin salida.


 


La huelga de la UPS mostró la extrema tensión social existente en los Estados Unidos y los grandes esfuerzos de su movimiento obrero para imponer un límite decisivo a la flexibilización y a la pérdida de conquistas, pero no logró alterar la correlación de fuerzas al interior del movimiento sindical ni la política de sus direcciones.


 


La crisis en el sindicato de los camioneros


 


Apenas cinco días después de la victoria de los Teamsters sobre la UPS, la justicia anuló las elecciones sindicales de diciembre de 1996, en las que los reformistas derrotaron a la burocracia tradicional, e intervino el sindicato hasta la realización de nuevas elecciones. La justicia actuó a requerimiento de Jim Hoffa, que encabezaba la lista derrotada, quien acusó a los asesores rentados de la dirección de Carey de montar un esquema financiero con el objeto de desviar fondos sindicales hacia la campaña del oficialismo.


 


La anulación de las elecciones tuvo el indisimulable propósito de enfriar al movimiento sindical, revigorizado por la victoria contra la UPS. A pocas horas de la suspensión por decreto de la huelga ferroviaria, esta nueva intervención del Estado norteamericano contra los sindicatos demostraba el fracaso de la política de la burocracia.


 


El llamado esquema financiero puso en evidencia el papel jugado por los asesores externos en el movimiento sindical. Según la revista Labor Notes, estos asesores "editan sus periódicos, organizan sus convenciones, asesoran a sus dirigentes, dirigen sus campañas de publicidad y despilfarran millones en políticos que, justamente, emplean a muchas de las mismas firmas de asesores" (20). Actúan, en los hechos, como la verdadera dirección de los sindicatos, sin ningún control político o financiero de la base y aún de la propia dirección, reforzando todavía más la aguda burocratización de los sindicatos norteamericanos.


 


Que esto haya ocurrido con una dirección que es el mayor representante del reformismo sindical, retrata las enormes e insalvables limitaciones de la burocracia reformista. Pero también revela las limitaciones de los agrupamientos antiburocráticos que como el TDU depositan su confianza en estas direcciones. Aunque fue el principal motor de la movilización que llevó a la victoria de los reformistas en las elecciones nacionales, en numerosos sindicatos locales y en la huelga contra la UPS, el TDU no dirigía el sindicato de los camioneros, lo que dejó en manos de su aliado Carey.


 


No se trata de reivindicar la superioridad moral y militante de los activistas de base sobre los consultores externos, como lo hace buena parte de la izquierda sindical norteamericana. Importa señalar la raíz política del escándalo, que no es otra que la subordinación política de las direcciones sindicales al partido demócrata. Estos consultores son un puente financiero y político entre los burócratas sindicales y los legisladores y políticos demócratas. El esquema consistía en la donación de fondos del sindicato a las campañas de determinados candidatos demócratas, que luego retornaban como donaciones privadas a los fondos de campaña de Carey. Aquí también, la función crea el órgano: una deformación tan monstruosa es la consecuencia necesaria de una política que tiene como eje el lobby parlamentario en Washington.


 


La crisis que envuelve a los Teamsters es, antes que nada, una crisis de las relaciones entre la burocracia sindical y el partido demócrata. "Es hora de deshacerse de los asesores externos", concluye Labor Notes (21), pero para hacerlo, la vanguardia sindical debe destruir todas las relaciones sociales y políticas que atan los sindicatos al Estado, ya que son ellas las que han convertido a los asesores en la verdadera dirección de los sindicatos.


 


Las elecciones para la renovación de la dirección de los Teamsters se realizarán en septiembre; por disposición judicial, Carey no puede presentarse como candidato. Para esas elecciones, el TDU respalda la candidatura de otro burócrata reformista, Tom Leedham, uno de los vicepresidentes de la dirección de Carey.


 


La nominación de Leedham, situado políticamente más a la izquierda que Carey, fracturó el campo reformista. El "ala más conservadora" (22) de la dirección de Carey, encabezada por su tesorero Tom Server, se ha lanzado a conformar una tercera lista, con el único objetivo de debilitar a Leedham y al TDU. Más directamente, quince presidentes de sindicatos locales que en el pasado respaldaron a Carey se han pasado a apoyar a Hoffa. La crisis desatada por las relaciones entre la dirección de los camioneros y los demócratas ha abierto la posibilidad de que la podrida burocracia mafiosa recupere el gremio, algo que parecía impensable algunos meses atrás.


 


Es difícil negar, como pretenden hacerlo los mandelianos norteamericanos (23), la descarada intervención estatal en el sindicato de los camioneros. Esto salta a la vista cuando se ve que la justicia permite a Hoffa, un especialista en el lavado de dinero y en el desvío de fondos sindicales, presentarse como candidato, y que se han paralizado silenciosamente las investigaciones sobre el destino de los fondos en otros sindicatos dominados por los derechistas ligados a la mafia, como el Laborers International Union of North America (sindicato de jornaleros).


 


El objeto de esta intervención estatal es poner un límite al movimiento reformista y, por sobre todo, evitar la potencial evolución de algunas de sus fracciones de izquierda hacia el Labor Party. Lo revelan dos hechos. El primero es que los burócratas reformistas más estrechamente ligados al partido demócrata están utilizando la intervención gubernamental para torpedear la candidatura del propio candidato reformista. El segundo es que la derecha republicana no está aprovechando el escándalo de los Teamsters para hacer una gran campaña de agitación antisindical. Donde lo intentó, como en California, fue derrotada. El plebiscito promovido en ese Estado para prohibir las donaciones de fondos sindicales a los partidos políticos fue rechazado y no sólo porque los sindicatos hayan organizado una gran movilización contra su aprobación. Fue rechazado, también, porque para una parte de la burguesía, la prohibición de las donaciones sindicales a los partidos significaría, en los hechos, la ruptura de muchos de los hilos que unen a la burocracia sindical con los demócratas, lo que a la larga reforzaría el peligro de una alternativa política independiente.


 


La crisis en el gremio de los camioneros es una crisis de las relaciones entre la burocracia reformista y el partido demócrata, es decir, una crisis que golpea el corazón de la estrategia política de la burocracia sindical. La subordinación política de esta burocracia al partido demócrata amenaza con destruir la mayor construcción reformista y el mayor agrupamiento antiburocrático, el TDU en todo el movimiento sindical norteamericano. La conclusión de la crisis de los Teamsters es que el punto de partida para la lucha por la auténtica democracia sindical en el movimiento obrero norteamericano es la ruptura política con el partido demócrata, es decir, la ruptura con la burocracia que plantea como estrategia la subordinación de los sindicatos al imperialismo democrático.


 


Las bases se reaniman; la burocracia gira a la derecha


 


La victoria sobre la UPS significó un innegable impulso a las luchas sindicales, que comenzaron a desarrollarse con creciente intensidad en los meses siguientes. Un periódico de la izquierda norteamericana caracteriza la situación creada por este reanimamiento sindical en los siguientes términos: "la resistencia de los trabajadores se acelera () los obreros están hoy volviendo a la lucha en número creciente () la capacidad de las patronales para impedir las acciones defensivas por parte de la clase obrera parecen haberse agotado" (24).


 


En este cuadro, se destacan las huelgas de los choferes del transporte público de Filadelfia contra las pretensiones del intendente demócrata de introducir en el servicio trabajadores de tiempo parcial, con salarios horarios inferiores; la de los obreros de la planta de neumáticos Titan, en Des Moines, la de los mineros del carbón en Pensilvania; la de los Teamsters de la fábrica de cerveza Anheuser-Busch, las movilizaciones de advertencia de los empleados de la aerolínea Northwest e, incluso, la huelga de los jóvenes empleados de la cadena McDonalds en Ohio.


 


Algunas de estas luchas ponen en evidencia las dificultades que enfrenta el movimiento sindical como consecuencia de la política de la burocracia.


 


En febrero, después de una lucha de seis años que terminó en una importante derrota, los trabajadores de Caterpillar, el mayor fabricante mundial de máquinas viales, rechazaron el contrato ofrecido por la empresa y la UAW, hasta que fueran reincorporados 160 huelguistas que estuvieron a la vanguardia del conflicto. En una fábrica derrotada, semejante movimiento de solidaridad con los activistas despedidos es de una enorme significación. Después de cinco meses, la patronal tuvo que ceder, lo que significa, dentro de la derrota, una gran victoria política.


 


El paso atrás de la patronal estuvo influido por un giro en su situación comercial. Durante la mayor parte del conflicto, Caterpillar expandió enormemente sus negocios en todo el mundo, en particular en Asia. Pero la crisis asiática colapsó sus ventas, no sólo por la caída de la demanda en ese continente sino también por la caída de la propia demanda norteamericana (los equipos vendidos con anterioridad en Asia y que ahora resultaban inservibles por la recesión, comenzaron a ser revendidos en los propios Estados Unidos). La dirección de la UAW dejó pasar la oportunidad creada por el reanimamiento de los trabajadores y las dificultades de la empresa para reabrir la discusión del convenio colectivo. Como señala el ya mencionado Kim Moody, "el fracaso del sindicato para sacar ventaja del cambio en la posición internacional de Caterpillar en el último año es la consecuencia de su compromiso con la competitividad de la compañía como estrategia para preservar la base institucional del sindicato" (25).


 


Otra expresión de la política abiertamente patronal de la burocracia de la UAW fue el conflicto desatado en la división Saturno de la General Motors. En esta división, los obreros tienen un convenio colectivo diferenciado del resto de los trabajadores de la GM: cobran salarios un 12% inferiores a los de las restantes plantas, compensados por premios a la producción: "en 1995/96, los premios fueron de unos 10.000 dólares por trabajador. Pero con las ventas en declinación, el premio se redujo a 2.000 dólares en el 97 y este año los trabajadores tienen pocas posibilidades de cobrar algún premio" (26). En consecuencia, en la Saturno se produjo una verdadera "rebelión de los trabajadores de base, donde obreros sin experiencia sindical lucharon contra la empresa, contra los dirigentes del sindicato local y contra la dirección nacional de la UAW para volver al convenio tradicional de GM" (27). Esta rebelión, que fue derrotada sólo cuando la patronal amenazó con 2.700 despidos, estaba mostrando el mar de fondo existente en las grandes plantas automotrices que no tardaría en estallar.


 


Con el telón de fondo de esta seguidilla de huelgas en todo el país, se desarrolló en Nueva York una enorme manifestación de más de 40.000 obreros de la construcción, la más numerosa que se recuerde en muchos años. Los trabajadores protestaban contra la firma de un contrato entre el municipio y una empresa que no emplea obreros sindicalizados.


 


"Hace unos años resultaba inconcebible contratar obreros no sindicalizados en los grandes trabajos públicos. Hoy, la mayoría de los trabajos de construcción, especialmente los de rehabilitación de edificios, son realizados por obreros no sindicalizados" (28). La contratación de obreros no sindicalizados se ha generalizado como palanca para imponer la flexibilización laboral porque, como reconoce el propio diario neoyorkino, "nada de esto fue causado por la competición global".


 


La burocracia del gremio, una de las más reaccionarias de los Estados Unidos, es enteramente responsable del avance patronal. En los primeros años de este siglo, la mayoría de los obreros de la construcción eran de origen irlandés y el sindicato, naturalmente, reflejaba entonces esa composición. Pero cuando la composición étnica del gremio comenzó a cambiar, la burocracia se negó a organizar a los obreros negros, cuya afiliación no era aceptada por el sindicato. "A comienzos de la década del 60, Nueva York vio repetidas manifestaciones de las organizaciones de la comunidad negra que reclamaban que las obras de construcción (es decir, la afiliación al sindicato) fueran abiertas a los trabajadores negros" (29). Los capitalistas se valieron de esa gran masa de trabajadores no sindicalizados (contra su propia voluntad) para liquidar las condiciones laborales de todos los obreros de la construcción: "hoy, la mitad de los aprendices de la construcción pertenecen a minorías étnicas" (30).


 


En la cuenta de la burocracia es necesario cargar, también, el fracaso de la unificación de los dos grandes sindicatos docentes, la NEA (Asociación Nacional de Educadores) y la AFT (Federación de Maestros de Norteamérica). La Asamblea Nacional de delegados de la NEA rechazó abrumadoramente la unificación, defendida por las direcciones de ambos sindicatos como una herramienta para combatir la privatización de la educación y los ataques antisindicales de las autoridades educativas.


 


La unificación que habría creado el mayor sindicato norteamericano, con más de tres millones de miembros fue rechazada por los delegados de la NEA porque los estatutos del sindicato unificado establecían una organización más vertical y menos democrática. Según un delegado presente en la Asamblea, "quizás el motivo más importante (fue) que el nuevo Consejo de Dirección (del sindicato unificado) tendría realmente menos control que la Asamblea de Delegados del NEA sobre la Junta Ejecutiva" (31). Hay también otros motivos. Mientras la AFT está dirigida por la burocracia tradicional, en los últimos años la NEA se movió hacia una posición reformista. "Muchos miembros de la NEA continúa el mismo delegado no sólo perciben a la AFT como más rígida y menos democrática sino también como menos interesada en el programa de derechos civiles, femeninos y de solidaridad internacional (de la NEA) y más dispuesta a hacer concesiones a la reforma educativa en cuestiones como en los exámenes a los docentes y en la revisión de títulos" (32). El rechazo de la unificación, sin embargo, refleja puntos de vista extremadamente contradictorios entre los propios docentes. Como reconoce este mismo delegado, "es innegable que existe en la NEA un fuerte prejuicio contra la afiliación a la AFL-CIO (a la cual está afiliada la AFT) y un estrecho profesionalismo contra la afiliación de los trabajadores manuales (no docentes)", que la AFT sí organiza (33).


 


Bajo el impacto de la victoria de la UPS, el movimiento sindical obtuvo una importante victoria en el terreno de la organización: la afiliación de los 19.000 trabajadores de embarque y venta de pasajes de la United Airlines, la mayor empresa aerocomercial norteamericana. Un especialista calificó esta victoria como "un tremendo salto para el movimiento sindical" (34).


 


Uno de los más significativos esfuerzos de organización no provino de la dirección sindical sino de las propias bases de uno de los sectores más explotados de todo el movimiento obrero: en noviembre pasado, 17.000 de los 35.000 empleados del Programa de Experiencia Laboral (PEL) de Nueva York votaron ser representados sindicalmente por el grupo comunitario ACORN. Como los enrolados en los planes trabajar o en el plan barrios de la Argentina, los participantes del PEL neoyorkino no son considerados trabajadores sino beneficiarios de la seguridad social. Si no trabajan, pierden el subsidio, por una tarea completamente flexibilizada y en condiciones insalubres (35). Por eso su principal reclamo es el establecimiento de un convenio colectivo.


 


Sintomáticamente, en el terreno de la organización, la dirección renovadora de la AFL-CIO sufrió su primera gran crisis política: en junio fue despedido Richard Bessinger, director de las campañas de organización de la central. Su despido es la expresión de una crisis más general en el seno de la burocracia ya que el énfasis en la organización había sido el principal argumento electoral de los renovadores en su lucha por la dirección de la AFL-CIO.


 


Bajo la dirección de Bessinger, en 1997 los sindicatos afiliaron 100.000 trabajadores más que en 1996, pero esto no impidió que el total de sus afiliados cayera en 159.000. Pero según fuentes de la propia dirección de la AFL-CIO, citadas por Labor Notes (36), el despido de Bessinger no obedece a su desempeño como organizador sino a "razones políticas". Bessinger, que pertenece al ala izquierda de los renovadores, había despertado la cerrada oposición de varios dirigentes de la vieja guardia, porque "era muy crítico de las direcciones sindicales" que no ponían empeño en los esfuerzos de organización. "Sweeny (el presidente de la AFL-CIO) estaba bajo fuerte presión para reemplazarlo".


 


A raíz del despido, nos enteramos, siempre por boca del mismo miembro de la dirección de la AFL-CIO, que "(dentro de la central) existe un poderoso bloque de fuerzas que es financiera, filosófica y violentamente opuesto a la organización". Este bloque antisindical impuso el despido de Bessinger y su reemplazo por Kirk Adams, director regional de la AFL-CIO en el Sur (la región con las tasas de afiliación más bajas del país) y ex director de campaña y director político de la gobernadora demócrata de Texas.


 


El reemplazo de Bessinger por un hombre estrechamente ligado a la derecha demócrata constituye un innegable "giro a la derecha para la AFL-CIO". La burocracia intenta así ponerle un límite a su propia ala reformista, en la misma línea que lo hacen "los burócratas más conservadores del campo reformista" de los Teamsters en su propio gremio. Uno y otro movimiento están estrechamente ligados: como reconoce el dirigente ya mencionado, "(el despido de Bessinger) fue un movimiento preventivo. Después de todo, Jim Hoffa está casi listo para hacerse cargo de los Teamsters".


 


Este giro derechista, que refuerza la subordinación de los sindicatos al Estado (Hoffa está ligado a la derecha republicana) y debilita al movimiento reformista, es la respuesta de la burocracia al reanimamiento sindical provocado por la victoria de los Teamsters sobre la UPS.


 


En este cuadro de luchas sindicales en ascenso y crisis política de la burocracia, estallan las huelgas en las plantas de la GM en Flint.


 


Por qué no se ganó en Flint


 


Durante dos largos meses, la atención y las simpatías del movimiento sindical norteamericano y de buena parte del mundo estuvieron dirigidas hacia Flint, Michigan. Allí, los obreros de la UAW de las plantas de estampado y de autopartes de la General Motors libraron una feroz batalla contra el pulpo industrial más poderoso del mundo. La huelga, la décima que se registraba en una planta de la GM en los últimos dos años, fue una verdadera rebelión contra la política patronal de reducción de costos mediante el despido de 50.000 trabajadores en los próximos años (después de haber despedido más de 200.000 en las últimas dos décadas), el cierre de plantas, la flexibilización y la tercerización.


 


En dos meses de lucha, los obreros pusieron a la patronal de rodillas: la obligaron a cerrar, por falta de insumos, sus operaciones en toda América del Norte y le provocaron una pérdida cercana a los 3.000 millones de dólares (un 50% más que los beneficios récord que había registrado en el primer trimestre de este año).


 


Sin embargo, pese a la energía de los huelguistas, pese a que la patronal estaba de rodillas, pese a la tendencia a la huelga nacional de los trabajadores de la GM expresada en las abrumadoras votaciones a favor de la huelga en la planta de Dayton y en la División Saturno, la huelga de Flint terminó en una derrota para los trabajadores. La burocracia de la UAW aceptó discutir el cierre de las plantas que pretendía la patronal en ocasión de la renovación del convenio colectivo que tendría lugar en 1999 y aceptó también que no sean reemplazados los obreros que se jubilen, lo que aumentará las presiones flexibilizadoras sobre el plantel obrero. Este último hecho no es para nada menor: en plantas relativamente antiguas como las de Flint, el número de obreros en edad próxima a jubilarse es elevado, lo que implicará una importante reducción de personal. Por último, el acuerdo que llevó al levantamiento de la huelga no pone ningún límite a la política de tercerizaciones.


 


Pese a su enorme esfuerzo, los trabajadores no pudieron ganar porque, desde el principio del conflicto, la burocracia de la UAW buscó un compromiso con la patronal. Por ese motivo, se negó a darle un carácter nacional a la huelga a pesar del evidente carácter nacional de las reivindicaciones en juego y de las abrumadoras votaciones a favor de ir a la huelga de varias plantas de la GM. En una verdadera carnereada, la burocracia nacional de la UAW autorizó a los obreros de la planta de estampado de Mansfield (Ohio) a trabajar con las matrices que la patronal retiró de la planta de Flint. En otras palabras, en lugar de unir a los obreros contra la patronal la primera obligación de un sindicato, la burocracia de la UAW siguió la política antisindical de enfrentar a los obreros de una planta con los de la otra.


 


Después de dos meses de lucha, en los cuales fracasaron todos los intentos patronales de perforar la huelga, la burocracia aceptó un arbitraje cuyo único objetivo era evitar una derrota estrepitosa de la GM a manos de los huelguistas. La política derrotista de la burocracia de la UAW puede sintetizarse en las palabras que su vicepresidente, Richard Shoemaker, pronunció mientras los obreros de base mantenían los piquetes en las puertas de las plantas de Flint: "Nunca le dijimos a la GM que no la ayudaríamos a volverse competitiva" (37).


 


Para la burguesía, sin embargo, lo obtenido por la GM es "pequeño y caro" (38) en vista del enorme costo de la huelga: "la resolución del conflicto más costoso de GM en su historia no le dio al fabricante ni la paz sindical ni las sustanciales ganancias de productividad que se esperaban" (39). Claro que eso lo dicen una vez pasado el susto; apenas quince días antes, el diario londinense sostenía que "GM se arriesga a convertir un problema laboral en una derrota estratégica" (40).


 


A lo largo del conflicto, una parte de la prensa patronal en especial el Business Week criticó los altos costos y los pobres resultados de la política de "guerra a los sindicatos" de la dirección de la GM, oponiéndolos a los beneficios que obtiene la Ford en términos de paz social, eficiencia, y rentabilidad al desarrollar una política de estrecha colaboración con la burocracia de la UAW. En esta dirección, planteaba "un cambio completo en el acuerdo nacional con la UAW" (41).


 


El convenio nacional del 96 que ahora se considera insuficiente para promover la eficiencia de la GM le otorgó entonces enormes ventajas, tales como una garantía de empleo a 95% de su personal pero vigente sólo para sus operaciones rentables y la autorización a reducir personal como consecuencia de mejoras en la productividad. El convenio del 96 le permitió a la GM despedir legalmente a varios miles de trabajadores.


 


Lo significativo es que, bajo el peso de la crisis capitalista, GM no puede cumplir los convenios, ni aún los que permiten una extrema flexibilidad, como el del 96. Lo mismo puede decirse del convenio de la División Saturno, plenamente flexibilizado, establecido a fines de la década del 80. A principios de julio, los obreros de la Saturno votaron ir a la huelga porque la empresa pretendía tercerizar una parte de la producción y despedir trabajadores, desconociendo el convenio que ella misma había impuesto. 


 


La incapacidad de la GM de cumplir los convenios es una consecuencia directa del agravamiento de la crisis mundial y de su propia debilidad: su participación en un mercado que sufre una enorme sobreproducción está cayendo aceleradamente, tiene una enorme capacidad de producción excedente y sus fábricas y automóviles son tecnológicamente anticuados. Sus competidores norteamericanos la amenazan directamente ya sea mediante la adquisición de competidores asiáticos, como Ford; ya sea mediante fusiones, como la Chrysler con Mercedes Benz.


 


Para enfrentarlos, GM planea sus propias asociaciones. "esto significa Asia" (42): Daewoo (de Corea) y Suzuki e Isuzu (de Japón) podrían ser devoradas por la norteamericana. Pero aunque "la crisis (asiática) le ha creado oportunidades", para que estas adquisiciones sean exitosas GM debe aplastar a sus obreros en Norteamérica. ¿De qué le servirían sus plantas en Seúl si no puede desplazar allí su producción por la resistencia de los obreros norteamericanos?


 


Para los capitalistas, el aumento de la eficiencia (la explotación de los trabajadores) importa sólo como un medio para aumentar la rentabilidad (el beneficio). En el cuadro de la crisis mundial, no importa cuánta eficiencia GM logre arrancarles a sus obreros; la sobreproducción de 30 millones de automóviles y la consiguiente competencia capitalista derrumban los beneficios. Lo prueba el ejemplo de la Nissan, cuya planta es la más eficiente de todas las que operan en los Estados Unidos. Pese a ello, Nissan está en quiebra precisamente porque para ser eficiente se endeudó en gran escala. Los superflexibilizados y no sindicalizados obreros de la Nissan serán, en consecuencia, despedidos en masa porque el problema de la patronal es que ni incluso un re-bajo costo laboral alcanza para enfrentar la crisis capitalista. El mismo problema enfrentan General Motors y las restantes automotrices. Necesitan aún más.


 


En este cuadro, la política de la burocracia sindical de la UAW y de toda la burocracia sindical norteamericana radica en dos ilusiones, a saber: que es posible establecer acuerdos de largo plazo que garanticen la competitividad de las empresas; que puede recuperar la influencia perdida en el partido demócrata.


 


La convención nacional de la UAW celebrada a mediados de julio brinda una radiografía exacta de la política de la burocracia. Allí, mientras la dirección impedía cualquier debate sobre la huelga del Flint "una simple huelga local" el vicepresidente Shoemaker declaraba que "comprendemos las necesidades de las empresas automotrices de aumentar su competitividad".


 


Los principales debates de la convención estuvieron enderezados a discutir la proyectada fusión con los sindicatos siderúrgico (USWA) y de maquinistas (IAM). Los presidentes de estos sindicatos, que estuvieron presentes en la convención, declararon "sus esperanzas de que la fusión sirva para dar mayor peso a los funcionarios sindicales frente a los políticos demócratas" (43). Para dejar en claro esa subordinación política, los convencionales aplaudieron un video de Clinton y recibieron a numerosos políticos y parlamentarios demócratas. La burocracia sindical norteamericana no ha aprendido nada en los últimos veinte años de derrotas y retrocesos (o ha aprendido demasiado en los dos años de lucha).


 


El agravamiento de la crisis mundial plantea el inevitable fracaso de la política de acuerdos para favorecer la competitividad capitalista. Pero un fracaso en este plano será, también, un fracaso de la política de lobby con los demócratas, lo que plantea la emergencia de fracturas, choques y crisis dentro de la burocracia sindical norteamericana. En este cuadro, pueden surgir agrupamientos que se proyecten independientemente en el plano sindical y político.


 


Serán necesarios todavía nuevos choques entre la clase obrera y la burguesía y nuevas convulsiones en el movimiento sindical como consecuencia del inevitable fracaso de la política de la burocracia, para que en la vanguardia sindical norteamericana madure la necesidad de superar definitivamente a la burocracia sindical y a sus aliados demócratas y organizarse en un partido propio.


 


 


 


Notas:


 


1. The New York Times, 20/7/98.


2. Business Week, 27/7/98.


3. Bulletin In Defense of Marxism, septiembre/octubre de 1997.


4. Prensa Obrera, Nº 473 14/11/95.


5. Le Monde, 27/10/95.


6. The Washington Post, 28/10/95.


7. International Workers Bulletin, 26/08/96.


8. Pablo Pozzi, "La clase obrera norteamericana en la era post-Reagan"; en Herramienta Nº4, Invierno 1997.


9. Labor Notes, julio de 1997.


10. Peter Johnson, "Lessons of a Struggle", in Workers Struggle, junio de 1997.


11. Pablo Pozzi, Op. Cit.


12. Peter Johnson, Op. Cit.


13. Kim Moody, "Caterpillar: del rechazo a la ratificación"; en International Viewpoint, junio de 1998. Kim Moody es director de la revista Labor Notes.


14. Idem.


15. Prensa Obrera, n° 525, 2/1/97.


16. The New York Times, 21/08/97.


17. The Wall Street Journal, 23/08/97.


18. The New York Times, 26/8/98.


19. Prensa Obrera, n° 554, 28/8/98


20. Labor Notes, julio de 1997.


21. Idem, julio de 1997.


22. Idem, junio de 1998.


23. "Algunos en la izquierda () denuncian la intervención gubernamental olvidando que no habría habido elecciones directas sin una orden de consentimiento (judicial) y que Carey no podría haber sido elegido como presidente en 1991 () La denuncia de la intervención gubernamental no significa mucho para los afiliados al sindicato". Dianne Feeley, "Teamsters trouble", en International Viewpoint, febrero de 1998.


24. The Militant, 19/5/98 y 13/7/98.


25. Kim Moody, Op. Cit.


26. The Wall Street Journal, 12/3/98.


27. Kim Moody, Op. Cit.


28. The New York Times, 9/7/98.


29. Class Struggle, mayo/junio de 1998.


30. The New York Times, 9/7/98.


31. Labor Notes, agosto de 1998.


32. Idem.


33. Idem.


34. The New York Times, 20/7/98.


35. Ver Luis Oviedo, "La crisis capitalista y la política social de la burguesía"; en En Defensa del Marxismo, n° 20, mayo de 1998.


36. Un "director de acción parlamentaria", cuyo nombre no se da a conocer. Labor Notes, agosto de 1998.


37. Business Week, 13/7/98.


38. Financial Times, 30/7/98.


39. International Herald Tribune, 30/7/98.


40. Financial Times, 16/7/98.


41. Business Week, 13/7/98.


42. Financial Times, 13/6/98.


43. The Militant, 13/7/98.


 

La reorganización internacional de la clase obrera en discusión


En los últimos años, vieron la luz un conjunto de planteamientos, iniciativas, conferencias y llamamientos, de las más diversas corrientes políticas, referidos a los problemas que la llamada globalización planteaba al movimiento obrero de los diferentes países.


 


Entre las corrientes que más activamente se han planteado este problema, está la burocracia de los grandes sindicatos de los países imperialistas; en particular, la burocracia sindical norteamericana. Estas organizaciones enfrentan una persistente caída del número de afiliados como consecuencia de la tercerización y de la llamada exportación de empleos a los países atrasados. Adelantando una conclusión, podemos decir que la preocupación internacionalista de esta burocracia sindical tiene que ver con la necesidad de dar una salida a sus propias organizaciones nacionales.


 


Los trabajos de Dan Gallin (1) y Kim Moody (2) nos acercan a la manera en que las distintas fracciones de la burocracia de estos grandes sindicatos examinan esta cuestión.


 


Dan Gallin es un representante oficial de los grandes sindicatos de los países imperialistas. Es secretario general de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación y Afines (UITA) y, preside, además, la Federación Internacional de Asociaciones para la Educación de los Trabajadores.


 


Kim Moody, por el contrario, es un opositor. Es uno de los principales redactores de la revista norteamericana Labor Notes, que forma parte de las oposiciones democráticas y centroizquierdistas y de las burocracias de izquierda, como por ejemplo, la dirección de los Teamsters (camioneros) o la del sindicato de la industria química y atómica. Esta última es una de las principales impulsoras del Labor Party norteamericano.


 


Más allá de la calidad de sus planteamientos, que analizaremos inmediatamente, se trata de opiniones de peso. Representan a las direcciones de organizaciones que agrupan a decenas de millones de obreros y que están en el centro del alza de las luchas de masas que se registran tanto en Europa como en los Estados Unidos.


 


Internacionalismo: forma y contenido


 


Para Dan Gallin, a diferencia del pasado, hoy "no puede existir una política sindical efectiva, ni aún a nivel nacional, que no sea global en su concepción e internacional en su organización".


 


La perentoria necesidad actual de contar con una "organización sindical global" sería la consecuencia, según Gallin, de la llamada "globalización de la economía mundial" ocurrida a partir de los años 70. En consecuencia, el "internacionalismo" sería una necesidad de origen reciente.


 


En otras palabras, cuando Gallin reivindica el "internacionalismo" como una necesidad frente a la "economía globalizada", está condenando en bloque (como prematuros o abstractos) todos los intentos de poner en pie organizaciones obreras internacionales anteriores a la década del 70. Para decirlo más claramente, Gallin reivindica en bloque la política nacionalista de la burocracia de las grandes centrales sindicales reformistas del último siglo, que fue responsable de las enormes catástrofes sufridas por la clase obrera mundial.


 


Derivar, como lo hace Gallin, la necesidad del "internacionalismo" de la "globalización" capitalista es la versión más extrema del reformismo, es decir, del nacionalismo y del anti-internacionalismo. El propio Gallin lo reconoce, una vez de manera implícita; otra, de manera explícita.


 


"Ahora, dice, es el momento de retomar las cosas donde las dejaron las internacionales serias del pasado". Se refiere, no a la Internacional Comunista o a la IVª Internacional sino a la Internacional Socialista y a la Internacional Sindical de Amsterdam (3). Pero las únicas Internacionales realmente en serio fueron la IIIª (hasta su degeneración) y la IVª, que actuaron como partidos mundiales, es decir como auténticas organizaciones internacionales de la clase obrera. La Internacional Socialista lo mismo que su correlato sindical de Amsterdam nunca dejaron de ser una federación de partidos (o sindicatos) nacionales, los cuales, a inicios de la Primera Guerra Mundial, se subordinaron a las políticas nacionales de cada una de sus propias burguesías y condujeron al proletariado mundial a la masacre en nombre de la defensa de la patria.


 


Para Gallin, el primer dirigente sindical que advirtió la necesidad de marchar hacia "la organización internacional de los trabajadores industriales" fue Edo Fimmen, secretario de la socialdemócrata Federación Internacional de Sindicatos de Amsterdam. La idea central de Fimmen, según Gallin, es que "el desarrollo del capitalismo siempre ha determinado la forma de organización de sus oponentes" (4). Gallin, siguiendo a Fimmen y al reformismo clásico de la II° Internacional, considera al internacionalismo como una refracción de la corporación capitalista, a cuya evolución debe adaptarse.


 


Pero el internacionalismo está dictado, en realidad, por el carácter mundial de la opresión social de la burguesía; o, lo que es lo mismo, por el carácter mundial de la economía del capital y de la relación de los Estados nacionales. No es por casualidad que la Iª Internacional naciera al calor de la lucha por la independencia de Polonia y las amenazas de guerra, y que la IIIª lo fuera como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Es decir, de grandes crisis políticas internacionales.


 


Las únicas Internacionales serias es decir, las que actuaron conscientemente como organizaciones y direcciones internacionales de la clase obrera fueron las que lucharon por la dictadura del proletariado. Las organizaciones que lucharon contra la dictadura del proletariado es decir, por la dictadura del capital nunca pudieron alumbrar auténticas organizaciones internacionales de la clase obrera sino que dieron lugar a simples federaciones de partidos nacionales, aptas tan sólo para tiempos de paz social. Y no son tiempos de paz social los que tenemos por delante.


 


Globalización e internacionalismo


 


¿Cómo es esa "economía global" de la que Gallin deduce, con un razonamiento puramente reformista, la necesidad de una "organización sindical global"?


 


"La producción internacional, dice, se ha convertido en una característica estructuralmente central de la economía mundial () La fuerza fundamental detrás de este nuevo orden es la integración en la economía global de las nuevas naciones capitalistas y de gran parte del mundo en vías de desarrollo () Las compañías transnacionales (que) son la fuerza motriz de esta integración () están localizando sus funciones centrales en aquel país que sea más efectivo en cuanto a los costos () Esta economía global sin fronteras ha creado un mercado de trabajo mundial ". En apoyo de sus tesis, Gallin brinda una estadística verdaderamente impresionante de transferencias de empleos industriales, de servicios, e incluso de producciones sofisticadas, como software para computadoras desde Estados Unidos y Europa a los países del Tercer Mundo.


 


Pero Gallin nos pinta una economía mundial indiferenciada, en la que las peculiaridades nacionales han sido barridas, a fuerza de integración y de competencia. Todas las naciones han sido convertidas en víctimas de las omnipotentes compañías transnacionales que, según las propias palabras de Gallin, "están barriendo el planeta, virtualmente sin oposición". Lo que Gallin nos presenta, en definitiva, es un capitalismo sano, pujante, sin oposición y sin contradicciones.


 


La tendencia a la universalización de la producción y a la extensión mundial, sin embargo, es tan antigua como el capitalismo mismo. La preeminencia de la exportación de capitales sobre la exportación de mercancías que Gallin cita como prueba de la globalización fue señalada como tendencia fundamental del imperialismo por Lenin, hace más de 80 años. Lenin, recordémoslo, señaló también que la época de la descomposición capitalista se caracteriza por la preeminencia del capital financiero, sin el cual el capital carecería de la movilización necesaria para globalizarse, o sea desplazarse de una rama a otra, de un mercado a otro. Gallin lo omite por completo.


 


Con todo, lo más importante es que Gallin es decir, la burocracia de los grandes sindicatos de los países imperialistas no puede captar el hecho fundamental de que el capitalismo sólo puede tender a la universalización de la producción por medio del agravamiento de todas sus contradicciones internas.


 


Hace medio siglo, polemizando con los que sostenían la existencia de una economía mundial indiferenciada como la que hoy pinta Gallin, Trotsky escribió que "el capitalismo tiene la propiedad de tender continuamente hacia la expansión económica, de penetrar regiones nuevas, de vencer las diferencias económicas, de transformar las economías nacionales y provinciales, encerradas en sí mismas, en un sistema de vasos comunicantes, de acercar así, de igualar el nivel económico y cultural de los países más avanzados y más atrasados () Pero al aproximar económicamente a los países y al igualar el nivel de su desarrollo, el capitalismo obra con sus métodos, es decir, con métodos anárquicos, que zapan continuamente su propio trabajo, oponiendo un país y una rama de la producción a otra, favoreciendo el desenvolvimiento de ciertas partes de la economía mundial, frenando o paralizando el de otras. Sólo la combinación de estas dos tendencias fundamentales, centrípeta y centrífuga, nivelación y desigualdad, consecuencias ambas de la naturaleza del capitalismo, nos explica el vivo entrelazamiento del proceso histórico () A causa de la universalidad, de la movilidad, de la dispersión del capital financiero, que penetra en todas partes, de esta fuerza animadora del imperialismo, éste acentúa aún estas dos tendencias. El imperialismo une con mucha más rapidez y profundidad en uno solo los diversos grupos nacionales y continentales; crea entre ellos una dependencia vital de las más íntimas; aproxima sus métodos económicos, sus formas sociales, sus niveles de evolución. Al mismo tiempo, persigue ese fin, que es suyo, por procedimientos tan antagónicos, dando tales saltos, efectuando tales razzias en los países y regiones atrasados, que él mismo perturba la nivelación de la economía mundial, con violencias y convulsiones que las épocas precedentes no conocieron" (5). La crisis actual, con todo, es mucho más incluso que una de esas gigantescas razzias de las que hablaba Trotsky.


 


"La llamada globalización es una mistificación, una cobertura ideológica cuya función es ocultar el agudizamiento de la competencia y de la anarquía capitalistas y la violentísima fragmentación y descomposición social provocadas por el agravamiento de la crisis (capitalista)" (6). Como veremos, el planteo sindicalista-internacionalista basado en esta mistificación burguesa es también, él mismo, una mistificación.


 


Estado-nación e internacionalismo


 


El grado verdaderamente excepcional de internacionalización que ha alcanzado la producción capitalista es decir, las fuerzas productivas sociales se encuentra en violenta contradicción con el carácter nacional y cada vez más privado de la propiedad capitalista. Conforme el capitalismo se expande y la producción se internacionaliza y socializa, la propiedad del capital se concentra y se centraliza en un número cada vez menor de manos. La llamada globalización del capitalismo es una ficción porque encubre, precisamente, que cuanto más globalizada es la producción capitalista y la reproducción del capital, más exclusivamente nacional es la burguesía que monopoliza ese capital.


 


Dan Gallin resuelve todas estas contradicciones que amenazan con provocar una catástrofe a cada paso, decretando la "irrelevancia de los Estados nacionales", cuyos "agentes económicos, políticos y sociales no tienen ningún control sobre las fuerzas externas". En otras palabras, los Estados habrían sido reemplazados por la dictadura del mercado global y de las compañías trasnacionales que, a su turno, se habrían liberado de sus ataduras nacionales.


 


Esto tampoco existe en el mundo real. La Ford no es una empresa trasnacional; es un pulpo imperialista norteamericano, al igual que IBM, Boeing o el Citibank de la misma manera que la Mercedes-Benz es alemana o la Toyota japonesa. El enorme proceso de fusiones que ha acompañado la globalización, y que agudizó y aceleró la concentración y centralización del capital, aumentó el copamiento de unos grupos nacionales por otros.


 


En los países oprimidos, los Estados nacionales parecen haber perdido sus atributos soberanos como consecuencia de la ofensiva del capital financiero, pero las recientes medidas de Estados como Malasia, que declaró la inconvertibilidad de su moneda, o de Hong Kong, que procedió a intervenir en la bolsa y el mercado de cambio, ponen también de manifiesto los progresos de la centralización y de la burocracia de los diferentes Estados nacionales. Después de todo, ¡son capaces de manejar una deuda externa sin parangón en la historia!


 


Pero todavía más falso es afirmar que el Estado se ha vuelto "irrelevante" en las naciones opresoras, donde el entrelazamiento entre el aparato estatal y los principales monopolios nacionales se ha vuelto extremadamente íntimo. Pero incluso aquí, el Estado es capaz de arbitrar los procesos de fusiones y en los movimientos especulativos.


 


¿Es acaso "irrelevante" el Estado norteamericano, que jugó el papel central en el impulso a la fusión de las empresas aeronáuticas y de la defensa para pulverizar la competencia europea, debilitada, entre otras cosas, porque no responde a un Estado único? Tal es el grado de entrelazamiento entre el Estado y los pulpos norteamericanos de la defensa que es difícil separar, en la política de expansión de la Otan hacia el Este que impulsa el gobierno de Clinton, el interés estratégico del imperialismo norteamericano de cercar a Rusia del interés comercial de la McDonnell-Douglas-Boeing y de la Raytheon de vender sus aviones, misiles y radares a los países del desaparecido Pacto de Varsovia. ¿Puede calificarse como "irrelevante" el papel de un Estado cuyas empresas de defensa son proveedoras de los dos tercios de los ejércitos mundiales?


 


¿Es "irrelevante" la política monetaria norteamericana, que fue el principal detonante de la crisis en Asia, donde ahora el imperialismo norteamericano está utilizando todos los medios a su disposición económicos, políticos, diplomáticos y hasta militares para derrumbar la resistencia de las burguesías asiáticas y apoderarse de los activos y los mercados de sus competidores quebrados?


 


Salta a la vista que la llamada globalización no ha tornado "irrelevantes" a los Estados nacionales. Al contrario, la agudización de todas las contradicciones sociales, nacionales, regionales, entre las distintas ramas de la economía propias del capitalismo exigen que el Estado juegue un papel de arbitraje todavía más activo que en el pasado. Se trata de un arbitraje tan brutal que ha derrumbado todos los velos que presentaban a la democracia como la encarnación de la voluntad popular o del bien común para dejarla al desnudo tal cual es, como la dictadura del capital financiero. La conclusión necesaria del reconocimiento del papel del Estado como una dictadura descarnada del capital financiero es la necesidad de acabar con él, es decir, derrocar a la democracia.


 


¿Por qué Gallin, y muchos con él, repite una tesis que es falsa a todas luces? Porque juega una función política: evitar a toda costa la lucha de las masas contra los Estados nacionales, es decir, contra la burguesía. El propio Gallin lo confirma con todas las letras al plantear, como una de las tesis fundamentales de su trabajo, que "el remedio tradicional, consistente en tratar de conseguir el poder en el contexto nacional () se ha quedado anticuado e ineficaz". Claro que, quien renuncia a tomar el poder, lo deja conscientemente en manos de quienes lo detentan. Así, con la excusa de un supuesto internacionalismo, se veta la lucha de los explotados por el poder político. Este ha sido siempre el papel histórico que han jugado las direcciones contrarrevolucionarias.


 


Como se ha señalado en el VIII° Congreso del Partido Obrero, "para la izquierda desmoralizada y la burocracia sindical, la mistificación globalizadora es una justificación ad hoc de su política de abandono de la lucha de clases y de su integración al Estado y al orden imperialista" (7).


 


El verdadero internacionalismo está en las antípodas de desconocer los Estados nacionales y condenar la lucha por el poder político en el marco nacional en nombre de "una política () global en su concepción e internacional en su organización". El internacionalismo es la lucha a muerte en el propio país por el derrocamiento de la propia burguesía y por la instauración de la dictadura del proletariado. Porque sólo así se debilita la dominación mundial de la burguesía y se facilita la lucha de los trabajadores de todo el mundo contra sus propios explotadores.


 


Democracia e internacionalismo


 


Gallin demuestra que cuando una empresa transfiere empleos e ingresos del centro a la periferia, no se produce "un honesto intercambio uno por uno": en los países atrasados no se crea el mismo número de empleos (ni con los mismos salarios) que los que son destruidos en los países adelantados. Para Gallin esto obedece a la represión y a las dictaduras de Europa del Este, América Latina y que todavía sufren en el Asia: "lo que ahora estamos contemplando son los efectos de décadas de represión, de violencia armada y de miedo".


 


El lector atento descubrirá inmediatamente la contradicción en que cae Gallin. La represión es, típicamente, la función del aparato del Estado. ¿Por qué, entonces, el marco del Estado nacional es "inadecuado e ineficaz" para que los trabajadores se defiendan, mediante el ejercicio del poder político, de los ataques de los capitalistas, y no lo es para que los capitalistas ataquen a los trabajadores?


 


Según Gallin, el dominio de las compañías trasnacionales ha dejado a la "democracia indefensa"; "la amenaza a la democracia es ahora universal y alcanza a todas las regiones y zonas político-económicas (porque) la democracia no puede sobrevivir si el capital trasnacional tiene éxito en imponer sus soluciones económicas a nivel mundial".


 


Gallin no oculta la matriz imperialista de la democracia que defiende. Así, sostiene que "el actual ataque contra el movimiento sindical es un intento contrarrevolucionario que se alza contra la revolución democrática que la Resistencia realizó en Europa, contra el New Deal en los Estados Unidos () y también contra la democratización de posguerra en Japón".


 


Para Gallin, la defensa de esta democracia "debe ser el imperativo categórico del movimiento sindical", sin percibir que todo imperativo categórico, incluso el de la democracia, es totalitarismo.


 


La defensa de la democracia es la consigna del imperialismo y del gran capital; no del proletariado. Esto es evidente si se considera que la penetración política y económica más profunda del imperialismo norteamericano en América Latina está teniendo lugar bajo la cubierta de la democracia; que la destrucción de la economía estatizada en los países del Este y la privatización en masa y los ajustes estructurales del FMI se hicieron en nombre de la democracia; y que ahora, en Asia, la democracia es la carta que está jugando el imperialismo para enfrentar las crisis mortales de los regímenes de la región y para hacerles pagar a los explotados los costos del derrumbe económico.


 


La defensa de la democracia imperialista desnuda el carácter crudamente nacionalista del planteo internacional de la burocracia sindical de estos países: para los dirigentes sindicales de los Estados Unidos y Europa, si se extendieran a todo el mundo los regímenes laborales, ambientales y sanitarios que rigen en sus países, se acabaría la competencia desleal del trabajo barato de los países atrasados y se frenaría la exportación de empleos y de ingresos.


 


Es a todas luces evidente que la clase obrera debe luchar contra las dictaduras. ¿Pero cómo hacerlo sin luchar contra los Estados nacionales de esas dictaduras? Se deja el lugar, en caso de no hacerlo, a los recambios democratizantes.


 


Más importante todavía. ¿En nombre de qué debemos defender esas conquistas y esas libertades democráticas? ¿En defensa del statu quo? ¿En defensa de un régimen político y social cuya descomposición está arrastrando a la humanidad a la barbarie?


 


La clase obrera debe defender sus conquistas y sus libertades con sus propios métodos y en nombre de su propio programa, la supresión de la explotación capitalista.


 


El "movimiento sindical global"


 


Gallin sostiene que "no estamos en un debate sobre quién tiene las mejores ideas sino en un debate sobre el poder. En consecuencia, el problema es de organización". La superación de la crisis del movimiento obrero mundial vendría, entonces, de "aprender a pensar de modo global" y reorganizar al movimiento sindical, en consecuencia.


 


En esta dirección, Gallin propone destinar más recursos a las actividades internacionales, fusionar sindicatos pequeños y cambiar el centro de gravedad del movimiento sindical mundial de las centrales sindicales nacionales a las federaciones internacionales por rama industrial.


 


Saltan a la vista de inmediato las impresionantes limitaciones de este planteo.


 


En primer lugar, porque la política de fusiones de sindicatos y de mayores recursos que Gallin propone a nivel internacional ya se llevó adelante en la central sindical más importante del planeta: la AFL-CIO norteamericana. La dirección encabezada por John Sweeney ganó la dirección de la central con el programa de destinar mayores fondos para la organización de los trabajadores y de promover las fusiones para crear sindicatos más fuertes. Al cabo de dos años, todo el experimento ha terminado en un fracaso: el propio Sweeney debió despedir al responsable de llevar adelante estas tareas como consecuencia de la oposición que había despertado en el seno de la propia dirección de la AFL-CIO.


 


En segundo lugar, y por sobre todo, porque si los sindicatos fracasaron en impedir la ofensiva capitalista contra el empleo y las condiciones de trabajo no fue por falta de recursos sino por la sistemática política de colaboración de clases y de subordinación a la burguesía y su Estado la democracia que llevó adelante la burocracia que los dirige.


 


En definitiva, lo que Gallin nos presenta como salida es una versión global de la misma política.


 


Kim Moody: los planteos del ala izquierda


 


¿Cuál es la visión del ala izquierda de la burocracia sindical norteamericana frente a la cuestión de la "organización obrera internacional". El trabajo de Kim Moody, que representa orgánicamente a este sector, presenta una visión del mundo mucho más realista que la de Gallin.


 


Para Moody, la globalización no ha creado una economía mundial indiferenciada: "el capitalismo es ahora global, pero la economía mundial continúa fragmentada y altamente desigual () la antigua división Norte-Sur se ha profundizado en términos de ingresos para la mayoría". Tampoco el capitalismo globalizado es todopoderoso: "los contornos del capitalismo globalizado son ahora evidentes, como lo son también sus puntos débiles". Ni es "irrelevante" la lucha contra los Estados nacionales: "El Estado no ha desaparecido; a lo sumo ha cambiado de dirección () El más básico carácter distintivo de un efectivo internacionalismo para este período es la capacidad de la clase obrera de oponerse a toda la agenda del capital trasnacional y sus políticos en sus propios patios traseros ()".


 


La verdadera superioridad del trabajo de Moody, sin embargo, radica en otro lado: su revista de las luchas obreras de la década del 90, algo que está por completo ausente del análisis de Gallin.


 


Para Moody, "hay signos de que ha comenzado una rebelión contra la globalización capitalista, sus estructuras y sus efectos. En los Estados Unidos, en 1996, las estadísticas de huelgas, aunque todavía muy bajas, crecieron por primera vez en años; el número de huelgas de más de 1.000 trabajadores pasó de 195 en 1995 a 237 en 1996. En España, Italia, Francia, Alemania y Gran Bretaña hay ahora un significativo crecimiento en los niveles de acción sindical. La rebelión tiene lugar, en distintos niveles, a ambos lados de la división Norte-Sur () Los empleados públicos, que tienen una mayor proporción de mujeres, engrosaron las huelgas de masas en muchos países, reflejando el nuevo papel de las mujeres, tanto en la clase obrera como en los sindicatos () En el centro de la rebelión, está la clase obrera y sus organizaciones más elementales, los sindicatos".


 


"El retorno a la acción sindical en los 90, continúa Moody, se diferencia del levantamiento obrero de 1967/75 de varias maneras. Mientras todavía no tiene la escala de los 60, no es todavía un levantamiento, pero es más general, afectando no sólo a las naciones más desarrolladas sino también a muchas de las naciones más industrializadas del Tercer Mundo. Como el proceso que impulsa a más trabajadores a la acción, la propia rebelión es más auténticamente global que en cualquier época del pasado () Globalmente, el sindicalismo independiente ahora agrupa a un mayor número de trabajadores que en cualquier otro momento de la historia () Esto señala una de las más sugestivas ideas estratégicas del período: el potencial para una acción común entre los viejos sindicatos del Norte y el movimiento social en las naciones del Sur".


 


Esta "rebelión internacional en perspectiva", señala Moody, es tanto más notable cuanto que "los dirigentes oficiales de los sindicatos son luchadores a disgusto () obligados a pelear batallas que no hubieran querido dar". Moody denuncia que "muchos de los principales dirigentes sindicales son partidarios de un nuevo realismo que dice que hay que adherir a las consideraciones empresariales, que la cooperación con las gerencias es el medio para tal fin y que la asociación con el capital nacional o regional es la vía para la estabilización del empleo () Lo que estos dirigentes tienen en común es su compromiso con la flexibilidad en las empresas y en el mercado de trabajo". Esta burocracia, continúa Moody, se sostiene por la verticalización de los sindicatos: "la falta de democracia y de responsabilidad de los dirigentes () es una seria debilidad ahora que los sindicatos vuelven a la lucha. La lucha por la democracia sindical debería convertirse en parte de la agenda para el cambio, si los sindicatos quieren jugar un papel efectivo".


 


En resumen, para Moody, la situación del movimiento obrero mundial se caracteriza por la contradicción, creciente e insuperable, entre la tendencia de las masas explotadas a luchar contra el capitalismo y sus gobiernos, que se desarrolla internacionalmente, y la política de las direcciones sindicales, de cooperación con los capitalistas de sus países y sus Estados. Lo que está en debate, en consecuencia, "no es acerca de jurisdicciones o de estructuras sino acerca de orientación"; es decir, acerca de la política que deben seguir las organizaciones obreras. ¿Qué plantea el ala izquierda de la burocracia sindical norteamericana?


 


Movimientismo e internacionalismo


 


La superación de la contradicción entre las tendencias combativas de las masas y las tendencias reaccionarias de las direcciones sindicales pasa, según Moody, por la promoción de una nueva dirección y un nuevo modelo sindical: el "sindicalismo del movimiento social" o "sindicalismo movimientista".


 


"En el sindicalismo movimientista, ni los sindicatos ni sus afiliados son pasivos de manera alguna. Los sindicatos toman un activo liderazgo en las calles y en la política. Se alían con otros movimientos sociales, pero ofrecen una visión y contenido de clase que provee un cemento mejor que el que usualmente mantiene unido a las coaliciones electorales o temporales. El sindicalismo movimientista implica una activa orientación estratégica que usa lo más fuerte de los explotados y oprimidos de la sociedad, generalmente los trabajadores organizados, para movilizar a aquellos que son menos capaces de sostener una movilización propia: los pobres, los desempleados, las organizaciones vecinales () La idea del sindicalismo movimientista es un movimiento sindical cuyas bases se extienden mucho más allá de las puertas de la fábrica y cuyas reivindicaciones incluyen amplios cambios sociales y económicos". Como ejemplo de este "sindicalismo movimientista", Moody presenta a los sindicatos de Brasil, donde la CUT articula con el Movimiento Sin Tierra y "otros movimientos populares urbanos".


 


Para Moody, "sobre todo, el sindicalismo movimientista es una perspectiva a ser peleada en una escala internacional" y, en consecuencia, "es necesaria una corriente internacional para defender las ideas y la práctica del sindicalismo movimientista".


 


¿Qué clase de orientación política es el movimientismo sindical? O, más exactamente, ¿qué contenido de clase tiene la orientación movimientista que defiende la oposición sindical norteamericana?


 


Detrás del planteo de la necesidad de un amplio movimiento social subyace la tesis fundamental de que la agenda obrera, como tal, se ha agotado y que la propia división de la sociedad en clases, que defienden intereses irreconciliables, ha sido superada por la aparición de nuevos actores sociales. El programa obrero debe ser reemplazado, entonces, por programas amplios, que representarían a un grupo heterogéneo de diversos sectores y actores sociales, que superen la vieja agenda obrera del derrocamiento de la burguesía, de la toma del poder por la clase obrera, de la expropiación del capital, de la dictadura del proletariado (como punto de partida para la reorganización de la sociedad sobre nuevas bases). En resumen, lo que ha sido superado son los objetivos históricos del proletariado como clase. Pero en la misma medida en que renuncia a los intereses históricos del proletariado, el movimientismo renuncia al internacionalismo y se encierra en el particularismo de los diferentes actores sociales de cada país.


 


El movimientismo sindical levanta como programa un conjunto de reivindicaciones plenamente compatibles con la propiedad capitalista y con la dominación social de la burguesía. Por ejemplo, Moody plantea lanzar "una campaña internacional por la efectiva reducción de la jornada de trabajo" (para combatir el desempleo).


 


Ya hemos señalado en otros trabajos que "pretender que la desocupación puede ser eliminada bajo el capitalismo por la reducción de la jornada de trabajo es una ilusión reformista, o mejor dicho, un reformismo iluso. Sólo sería posible si se cumplieran, al mismo tiempo, dos condiciones, ambas irrealizables bajo el capitalismo. La primera, que no hubiera posibilidad de progreso técnico que permita compensar la reducción de las horas trabajadas mediante la elevación de la productividad y la intensificación del trabajo. La segunda, que la burguesía fuera incapaz de aumentar la oferta de trabajo mediante el fomento de la inmigración u otras medidas y, en consecuencia, de agudizar la competencia entre los obreros. La reducción de la jornada nunca ha servido para terminar con la desocupación; y nunca lo hará" (8).


 


La historia no sólo demuestra que la dominación social de la burguesía es perfectamente compatible con la reducción de la jornada de trabajo. Demuestra también que estas reducciones fueron conseguidas, siempre, como un subproducto de la acción revolucionaria de las masas, cuando éstas pusieron en cuestión el poder político de la burguesía. En última instancia, fue la Revolución de Octubre, y el temor de la burguesía a su extensión, lo que la llevó a aceptar la jornada de ocho horas.


 


Otro tanto puede decirse de la campaña internacional que propone Moody por "la cancelación de la deuda (externa) del Tercer Mundo", lo cual debería producir un acuerdo mundial entre deudores y acreedores, es decir entre el imperialismo y las burguesías nacionales. Veamos exactamente lo que dice Moody: "en el dominio de la política internacional, la renegociación de los acuerdos comerciales debe ser parte de un programa de largo alcance. Pero en términos de la política (internacional) del momento, hay un objetivo que puede atraer más que cualquier otro como nivelador hacia arriba: la cancelación de la deuda del Tercer Mundo". En otras palabras, la consigna de la deuda está inscripta en una estrategia de largo plazo de acuerdos mundiales entre las potencias, es decir entre los burgueses del Norte y los del Sur.


 


El objetivo estratégico del movimientismo sindical es, en última instancia, la incorporación de cláusulas sociales en el Nafta, en el Mercosur y en la Organización Mundial de Comercio. La política del ala izquierda de la burocracia sindical norteamericana aparece así como el complemento social de la política internacional del capitalismo norteamericano.


 


No es casual que el sindicalismo movimientista que plantea Moody, en nombre de la burocracia opositora, tenga enormes puntos de contacto con los planteos que hace Gallin. Dice Gallin: "un elemento esencial en la estrategia internacional del movimiento obrero (es) la construcción de amplias coaliciones populares, con el movimiento sindical en su centro, pero aunando muchos grupos cívicos, movimientos específicos y otros colectivos populares". Semejantes amplias coaliciones sólo pueden jugar el papel, en el plano de cada país, de base de apoyo para los gobiernos de izquierda como los de Jospin, Blair y, eventualmente, de Lula, es decir, convertirse en la pata social de los gobiernos del gran capital.


 


Por la refundación inmediata de la IVª Internacional


 


La agenda que se agotó es la que durante medio siglo impusieron las burocracias y las direcciones contrarrevolucionarias al movimiento obrero mundial: la colaboración de clases, las mejoras en el cuadro capitalista, la subordinación política al Estado capitalista democrático. Esta política ha llevado a la destrucción de todas las "organizaciones obreras internacionales" existentes. Es imposible, por lo tanto, construir una "organización obrera internacional" con nuevas versiones de la antigua política.


 


La construcción de una "organización obrera internacional" equivale a reconstruir la agenda obrera, es decir el programa político del proletariado. Su punto de partida será entonces, inevitablemente, la independencia política del proletariado respecto de los explotadores y sus Estados y el método de las reivindicaciones transicionales que partiendo de las necesidades imperiosas de las masas y de su actual nivel de conciencia, las llevan a plantearse la cuestión del poder político.


 


Los planteamientos internacionales de la burocracia sindical, tanto oficialista como opositora, son mortalmente hostiles al internacionalismo proletario. Una organización obrera verdaderamente internacional por su organización, por sus objetivos y por su papel efectivo en la lucha de clases es inseparable de un programa auténticamente internacionalista, es decir, del programa de la IVª Internacional.


 


 


 


Notas:


 


1. Dan Gallin, "Marcando las líneas de batalla"; en Revista de Trabajo, junio de 1995. En todos los casos, los diferenciados son nuestros.


2. Kim Moody, "Hacia un sindicalismo internacional del movimiento social"; en The New Left Review, junio de 1997. En todos los casos, los diferenciados son nuestros.


3. Federación Internacional de Sindicatos de Amsterdam


4. Edo Fimmen, "La alternativa laboral. Los Estados Unidos de Europa o Europa SA"; citado por Dan Gallin, diferenciados nuestros.


5. León Trotsky, "Crítica al programa de la Internacional Comunista"; en Stalin, el gran organizador de derrotas; Editorial El Yunque, Buenos Aires, 1974 (diferenciados nuestros).


6. "Resolución sobre la situación internacional. Aprobada por el VIII° Congreso del PO", En Defensa del Marxismo, N° 16, diciembre de 1996.


7. Idem.


8. Luis Oviedo, "La crisis capitalista y la política social de la burguesía"; En Defensa del Marxismo, N° 20, mayo/junio de 1998.


 

Las ´megafusiones´ y la ‘locomotora’ yanqui


“El ritmo de las fusiones no admite respiros” (1). “Cada lunes, un nuevo anuncio bate el récord” (2). “La fiebre de fusiones no dio su última palabra” (3).


 


Durante los últimos 60 días, en medio de la crisis económica capitalista más profunda desde la última posguerra, no cesa la ola de compras, fusiones o alianzas entre grandes monopolios capitalistas. Han trascendido ampliamente los sectores y las cifras que analizamos en un artículo previo (4).


 


“Impulsado por el acelerado ritmo de las fusiones de los bancos estadounidenses… llega la consolidación bancaria a Canadá" (5). Siguiendo el ‘modelo’ argentino se ha desatado la ‘comilona’ de la banca mexicana, en una puja entre grandes pulpos europeos y norteamericanos (6). En Europa, a su vez, según Business Week, está en marcha una “guerra de ofertas” por los bancos. Tras la lucha que se libró por el Banque Générale de Bélgica, “se ha roto un molde: los gobiernos europeos ya no podrán proteger sus grandes bancos nacionales… Las fusiones se encaminarán en un estilo más agresivo, como en los Estados Unidos, borrando las fronteras europeas" y “anticipando una ola de despidos en el sector" (7).


 


La unión de la Bolsa de Filadelfia, la más antigua de los EE.UU., con el American Stock Exchange (Amex) y la Asociación Nacional de Corredores de Valores (NASD), ha dado lugar a la más grande “megafusión" del “mercado de mercados" (8). El “número de mercados de opciones de futuros (y derivados) en EE.UU. (se reduce) de cuatro a tres” (9). “Los secretos nucleares de los bancos” (10) se concentran en menos manos en forma ‘explosiva’.


 


Desde que las normas ‘antitrusts’ han sido reducidas a su mínima expresión, especialmente en EE.UU. —al punto que altos funcionarios como Greenspan, el jefe de la Reserva Federal, ha terciado a favor de Microsoft en la disputa que le siguen sus competidores por 'cercenamiento de la competencia’ en relación con los programas de acceso a Internet—, la ‘fusionmanía’ parecería estar quebrando todos los obstáculos. “Ola de fusiones arrasa a la publicidad” (11), “fusión en el sector de seguros" (12) de Conseco y Green Tree Financial Corp., dos grandes del ramo, que se han lanzado a ‘consolidarse’ con grandes pulpos de la salud; días después “nace un coloso de los servicios médicos” entre United Healthcare Corp. y Humana Inc. “La empresa combinada será un gigante… con operaciones a lo largo de EE.UU. y en varios otros países” (13). En los ‘servicios’ se produjo, también, “la megafusión de Coopers & Lybrand y Price Waterhouse, dos de las seis mayores firmas de consultoría y contabilidad” (14).


 


Las barreras ‘legales’ que impedían la vinculación de empresas de telecomunicaciones con medios audiovisuales han sido barridas. Así, siempre en EE.UU., tras la gran fusión de MCI-WorldCom afines de 1997, se unieron ahora SBC y Ameritech, concretando “el mayor acuerdo de la historia del sector de las telecomunicaciones" (15) y la “tercera mayor fusión del mundo" (16). La nueva alianza se transformó en el mayor operador en Norteamérica y “cambiará el mapa de las comunicaciones en EE.UU." (17). Cuarenta y cinco días después, ATT “la mayor telefónica de larga distancia de EE.UU.” (18) se fusionó con TCl, “la principal operadora de TV por cable del país, dos sectores que en el pasado habían intentado fusionarse sin éxito, abriendo nuevos rumbos a las comunicaciones” (19).


 


A escala mundial, la ola de fusiones está arribando a los sectores más tradicionales de la gran industria, ya muy concentrados desde mucho tiempo atrás. “Las fusiones llegan al sector químico” (20): la holandesa Akzo Nobel NV compró a Courtaulds PLC, “la Rolls-Royce de la industria británica de pinturas y fibras" (21). En la industria biotecnológica, Monsanto engulló primero a Dekalb, una de las semilleras más importantes de los EE.UU., y se fusionó después con Delta and Pine. El pulpo norteamericano acaba de adquirir ahora el negocio mundial de semillas de Cargill, desde donde pretende hacer frente al “bando rival de biotecnología que actualmente trata de integrar DuPont Co." (22), el coloso europeo del sector.


 


En la industria automotriz, junto a la compra de la Rolls-Royce por la Volkswagen, a principios de mayo, se anunció un “terremoto” (23): la fusión de Daimler Benz, también alemana, con la Chrysler americana. Esto puso “a sus rivales en una encrucijada” (24), porque “en el mercado mundial lo que sobran son autos y barcos” (25). Ahora se anuncia una "lucha darwiniana”, esto es, “matarse" unos contra otros, como lo describe Los Angeles Times (26). Ya hay “vientos de fusión entre Volvo y VW” y The Wall Street Journal estima que en “en comparación con los 20 actuales" quedarán “sólo de 10 a 12 grupos automotrices” (27).


 


Por último, “la era de la consolidación podría estar llegando a las siderúrgicas mundiales”, tras “tumbar (un hindú que ya había comprado una gran siderúrgica en Kazajstán) la ficha más grande" en EE.UU. (28). Así “las fichas de dominó están empezando a caer en la industria siderúrgica de los EE.UU.” (29).


 


En los cinco primeros meses de 1998, en EE.UU., este proceso de fusiones ha alcanzado cifras impresionantes. Las ‘combinaciones’ empresarias “representan más del doble de los 260.000 millones de dólares en transacciones registradas en un período comparable en 1997 (durante cinco meses cualesquiera consecutivos)… (Cifra que a su vez había sido) el mayor del total anual en los cuatro años anteriores a 1997” (30). Según un analista de la Universidad de Chicago, las fusiones de 1998 “van en camino de contabilizar la friolera de 1,4 billón de dólares”, el equivalente a un 12% “del total de la valuación bursátil”, un 'récord histórico' en materia de “fusiones desde todo punto de vista” (31). "En las últimas cinco semanas —decía a mediados de mayo el diario de California- hubo cinco operaciones de más de 25 mil millones de dólares cada una, un volumen que antes sólo se había alcanzado una vez en la historia” (32). En las semanas siguientes, algunas de las fusiones que hemos mencionado superaron largamente esa cifra.


 


‘Megafusiones’ y crisis capitalista


 


Del hecho de que “en EE.UU. se usa cada vez menos efectivo en las fusiones" (33), algunos analistas han concluido que este proceso de súper-monopolización empresaria tendría una base más 'sana', que el que le precedió una década antes. Las fusiones de los '80 se financiaron con los llamados títulos 'basura', conduciendo al derrumbe bursátil de 1987 y a una cadena de quiebras.


 


Ahora, “los grandes tratos se hacen en acciones en lugar de dinero’ (34). Según un informe de la ‘consultora’ Securies Data, "el componente en efectivo de las fusiones y adquisidores anunciadas este año ha bajado a sólo el 13,4%… (tras un) declive constante respecto del nivel del 42,3% que había alcanzado en 1994” (35).


 


¿Pero por qué ocurre esto? Porque, según los informes de la Reserva Federal de EE.UU., “el valor de mercado de las acciones está a un nivel récord de un 115% por encima del costo de reemplazar los activos netos” (36). Así, la 'baja' de operaciones en efectivo parece apoyarla idea de que las empresas comienzan a considerar que sus títulos han alcanzado su valoración máxima y quizás hasta estén sobrevalorados’, dice Elizabeth Mackay, principal estratega de inversión de Bear Stearns” (37).


 


¿Pero cómo se interrelaciona la ‘ola’ de fusiones y de valores 'superinflados' comprometidos en dichas operaciones, con la otra gran ‘ola’ inversa, de deflación mundial, que se expresa palmariamente en la baja de los precios de las materias primas y los ´commodities´?


 


Algunos medios capitalistas se interrogan en términos alarmantes: ¿“Hasta dónde llegará la ola de fusiones”? (38). La respuesta es, precisamente, que esta ‘furia’ de fusiones es una respuesta capitalista a la crisis.


 


La crisis capitalista se desenvuelve contradictoriamente, lo cual refleja diferentes momentos y fases de la crisis. Mientras Wall Street sigue actuando como una gran succionadora' de fondos de todo el mundo, porque opera como ‘refugio’ de los capitales, el proceso de fusiones recibe el ‘combustible’ que logra mantenerlo a flote (39). Así mientras los valores bursátiles en los EE.UU., y relativamente aún en Europa, se mantienen ‘altos’, en el resto del planteta los valores y los patrimonios (que los anteriores representan), se desploman. Esta situación no puede mantenerse por mucho tiempo más.


 


Un reflejo de ello es que los bancos europeos y norteamericanos —grandes protagonistas de la ola de fusiones— van camino a sufrir los mismos problemas que la banca japonesa. Si la fundición de ésta se ha agravado, en gran medida, por el derrumbe de los 'tigres' asiáticos, el del 'oso' ruso presagia para la banca de Occidente una quiebra aún mayor. “Rusia, un campo minado para los bancos occidentales", anunció a fines de junio The Wall Street Journal (40). Para Alemania, por ejemplo, el “riesgo" en "perspectiva”, es equivalente al “que tiene en los cinco países asiáticos más problemáticos’* (41). El endeudamiento actual de todos los ‘emergentes’, como sucede especialmente en América Latina, es mayoritariamente ‘privado’, es decir, mucho más ‘riesgoso' que el ‘financiamiento público’ de la década pasada, que gozaba incluso de garantías reales y ejecutables (en su mayoría, el actual no las tiene). El incumplimiento de esa deuda llevó en su momento a la lona a la banca comercial norteamericana y contribuyó al gran derrumbe de octubre de 1987 de Wall Street (42). Una expresión de esta perspectiva es que debido a que la crisis “le quitó a los inversionistas el apetito por los valores de mercados emergentes" (43), la banca ‘de inversión’ norteamericana en su afán de captar negocios ha bajado sus comisiones a un punto tal que ya “se teme por su rentabilidad”: “‘Estas comisiones (que han caído a un quinto de un año atrás) son como un suicidio’…", dijo un directivo de J.P.Morgan a The Wall Street Journal (44).


 


Un año atrás, Greenspan ya se refirió a la “exuberancia irracional” de los mercados; ahora Paul Volcker, otro ‘duro’ que rigió los destinos de la Reserva Federal durante la era reaganiana, alertó sobre el riesgo de la creciente ‘desregulación’ que ha facilitado la ola de fusiones y el ‘boom’ de Wall Street: “La ironía es que una de las cuestiones planteadas en el Congreso hoy, como resultado de las fusiones recientes, es la presión política que se ejerce para debilitar las barreras tradicionales a las combinaciones de comercio y bancos— precisamente la práctica de Asia y otras regiones contra la cual nos posicionamos como una importante fuente de debilidad institucional—” (45).


La crisis capitalista mundial está arribando a una situación que tendrá que desembocar, oportunamente, en un derrumbe no sólo de la ‘burbuja’ financiera de Wall Street sino fundamentalmente en una desvalorización fenomenal de los valores comprometidos en esta ola de fusiones.


 


Los valores ‘inflados’ de estas ‘mega'-operaciones son algo así como 'estertores' para evitar lo peor. Esta ‘depredación’, “predice(n), conducirá a un desastre mundial”. Es lo que plantea “John Gray, el viejo pensador conservador (inglés)”, según denuncia en un libro “La falsa aurora: los delirios del capitalismo moderno" (46).


Una manifestación extrema para evitar un derrumbe generalizado de los ‘poderosos’ —y de sus estados— es el intento de cargar el costo de la crisis exclusivamente sobre las espaldas de los países ´débiles'. De aquí la aspiración imperialista de alcanzar un “Acuerdo Mundial de Inversiones" que dé ‘garantías’ a los megamonopolios para su apropiación del planeta entero (47).


 


El potencial de derrumbe que está presente en esta ola de fusiones ha quebrado todos los ‘paradigmas' que formularon los apologistas de la iniciativa ‘privada’ y de la panacea del ‘mercado’. Aunque se presenta travestida de ‘neoliberal’, la aguda senilitud presente del capitalismo se expresa, como en los críticos años ‘30, en un reclamo generalizado de 'socorro' de los grandes capitalistas a sus estados. “‘Si en un país hay cincuenta entidades financieras y una de ellas quiebra, paciencia; el gobierno no tiene por qué intervenir’— explica el doctor Marc Faber, economista y administrador de inversiones de Hong Kong, conocido por sus opiniones iconoclastas—. Pero, ¿y si sólo hay dos? Como gobierno, ¿estamos obligados a sacarlas del apuro? En otras palabras, ¿estamos creando compañías demasiado grandes para ir a la quiebra?’. Sin embargo, no hay garantías eternas, ni aún para los colosos” (48)


Paul Samuelson, un ‘nobel’ de Economía, acaba de reclamar para Japón “propuestas heréticas”, una enérgica intervención estatal que impida un crash mundial: “épocas desesperadas requieren medidas desesperadas” (49). Un mes antes, el mismo Samuelson decía: “No hay dónde esconderse cuando se produce una caída global y general de las acciones y bonos. Fondos compensatorios especulativos, ayudados por computadoras cargadas con sofisticados softs financieros y futuros en derivados, intensificarán la caída para exagerar la fuerza correctiva de la economía de los fundamentáis (50). Cuando la burbuja estalle, se habrá pinchado la nueva burbuja de la invencibilidad de Estados Unidos y de la muerte de los ciclos económicos” (51).


 


Una respuesta ‘extraordinaria' a la caída de los beneficios


 


A pesar de la ‘burbuja’ financiera, “algunos entendidos de Wall Street—dice un artículo de Los Angeles Times— aseguran que una baja importante del precio de las acciones no bastaría para terminar con la oleada de fusiones. Gracias a los espectaculares aumentos de las utilidades de esta década, muchas grandes corporaciones estadounidenses se encuentran en perfecto estado financiero y estarían en condiciones de endeudarse para financiar compras con sentido estratégico” (52). Otros ‘entendidos’ sostienen que la ola de fusiones resume una supuesta ‘bonanza’ económica en los EE.UU. y el Viejo Continente.


 


Durante el gran auge de Japón de los '60 y los '70, y más tarde de los ’Nic’s del sudeste asiático, se destacó a la región como una ‘locomotora’ del desenvolvimiento económico mundial. Tenía altas tasas de ahorro interno, de inversión y procesos productivos innovadores; en cuanto en EE.UU. y Europa, esos indicadores caían sistemáticamente.


 


La base del ‘boom’ asiático se sostuvo, claro, en las enormes tasas de ganancia de las corporaciones, arrancadas por la vía de una enorme superexplotación obrera. El ‘despegue 'asiático pareció ‘equilibrar1 al sistema capitalista, aunque era la expresión de un anacronismo o ‘anormalidad´ el fenomenal estancamiento del capitalismo norteamericano y europeo.


 


Diferentes análisis han demostrado que, en los últimos 40 años, la tasa de beneficio, especialmente en los EE.UU., ha caído sistemáticamente. La tasa de beneficio capitalista alcanzó su peor momento, a mediados de los ‘80, cuando se la cifró aproximadamente en un tercio de la vigente a fines de los ‘40 y principios de los ‘50. Lo mismo sucedió con las tasas de ahorro e inversión (53).


 


El proceso de recomposición de los beneficios ha tenido un carácter muy parcial y limitado, e incluso hay crecientes evidencias de que esa recuperación se ha quebrado. Un reciente estudio (54), ilustra las tasas de beneficio industriales relevantes, en los países centrales en su conjunto y en los EE.UU:


 


                              1946/68 69/73 74/78 79/83 84/88 89/93 1993


EE.UU.               32,7 21,3 17,4 12,1 14,6 15,6 14,9


OCDE (55) 25,5 19,8 14,4 11,3 13,8 13,7


 


La ola de fusiones, dictada para expulsar capital concurrente y elevar así los beneficios, no ha logrado quebrar esta tendencia. El Financial Times señaló que “de acuerdo con un reciente estudio sobre fusiones en los EE.UU., de Mercer Management Consulting, el 57 por ciento de todos los acuerdos sellados desde mediados de los '80 rindieron beneficios promedio en baja, en la industria, durante los tres años siguientes —difícilmente pueda afirmarse que esto es un resonante aval a las fusiones y adquisiones" (56). The Economist afirmó, en febrero pasado, lo mismo: “El retomo sobre el capital invertido cae después de las fusiones. En los acuerdos más grandes de la última década, los rendimientos obtenidos por las empresas involucradas cayeron en promedio de un 12 a un 4 por ciento después de tres años de realizados” (57).


 


La ola de fusiones, con excepción, relativamente, de la industria de las comunicaciones y los servicios financieros, no está dictada en lo fundamental por un proceso de innovaciones tecnológicas y de incremento de la productividad (58).


 


“Las ganancias de productividad de la era informática son sólo un mito", ha escrito Stephen Roach, el economista jefe de la banca de inversión Morgan Stanley (59). Considerando las siete economías más poderosas del mundo, Roach afirma: “El crecimiento de la productividad está declinando actualmente en estos países, de un promedio del 4,5 por ciento al año en los ’60 a un 1,5 por ciento en los '90. En los EE.UU., donde la producción por trabajador ha crecido más rápido que en Europa,… estos logros pueden ser atribuidos a las jornadas más largas de trabajo en los EE.UU.” (60). En el boletín que publica el Morgan Stanley, el Global Economic Forum, que dirige el economista citado, refiriéndose a la economía norteamericana, el mismo Roach ha sostenido ahora que hay un “embuste en el secreto de los logros de productividad de los años recientes”. “No hay nada especial en materia de productividad del trabajo”. “El 70% de las ganancias de productividad se explican, en los ’90, por una espectacular compresión en el incremento de los costos laborales” (61). 


 


El ´emblemático' caso Boeing


 


El proceso incesante de centralización monopólica parece presagiar las próximas turbulencias de Wall Street y los grandes mercados de Occidente. Este pronóstico vale para todas las ´megafusiones’, incluso para aquellas como las bancadas o las de los pulpos de las comunicaciones, donde los avances tecnológicos —como el de la fibra óptica o el desarrollo de computadoras con capacidad de almacenaje y de procesamiento en cuestión de segundos de millones de datos—, parecen tener una importante incidencia en la determinación de fusiones.


 


Una experiencia aguda de todo esto la ofrece Boeing. Se trata de un ejemplo ‘emblemático’ porque, en el curso de unos años, Boeing se fue ‘consolidando’, devorando a toda una serie de competidores y proveedores, hasta llegar a su fusión con la McDonnell Douglas. Mediante ese proceso “Boeing se ha ido convirtiendo en el mayor fabricante de aviones militares en el mundo, así como el primer proveedor de bienes y servicios tanto para el Pentágono como para la Nasa” (62). Además "posee una participación impresionante de dos tercios del mercado mundial de aviones comerciales” (63).


 


En medio de un 'auge 'de la aviación aerocomercial —que la ‘crisis asiática’ todavía no quebró— significativamente la revista Fortune afirma: “El problema de Boeing —y por cierto es bien grande— es que la estación de servicio de su barrio probablemente opera con mayor eficiencia que la compañía aeroespacial más grande del planeta. Las técnicas de producción anticuadas de Boeing acarrean un costo enorme. Cada alteración, incluso las que parecen de carácter menor, como cambiar la ubicación del soporte de una lámpara de emergencia, consume miles de horas de tiempo de ingeniería, requiere cientos de páginas de dibujos detallados y su ejecución cuesta cientos de miles, si no de millones de dólares. Boeing, admirada mundialmente como el titán de la industria estadounidense, así como el gran exportador y líder de su sector, ha conseguido prosperar con métodos tan arcaicos. Las razones son lo suficientemente claras. A sus principales clientes (aerolíneas protegidas por la regulación y el Departamento de Defensa que gasta libremente) les importa poco el precio. Asimismo, Boeing no ha tenido un competidor supereficiente que provenga del Japón (ni de ningún otro lado) que le esté pisando los talones" (64).


 


“Los analistas —se decía a principios de febrero— esperan que Boeing produzca beneficios de aproximadamente tan sólo 37 centavos por acción en 1997, una caída brusca comparada con la cifra pro forma de 1996 (ajustada por las fusiones) de u$s 1,88 por acción” (65). Finalmente no sólo hubo caída de los beneficios, sino que Boeing reconoció, en marzo, que en 1997 sufrió “su primera pérdida anual en medio siglo" (66). Días después, tras una serie de tragedias protagonizadas por aviones modelo 737 de diversas aerolíneas en el mundo, Boeing fue obligada a inspeccionar esas aeronaves. Esto condujo al anuncio de una nueva caída de los ingresos para el primer trimestre de este año, “tres veces mayor de lo que muchos analistas esperaban" (67). Ahora por la ´crisis asiática’ que le provocó a la Boeing la cancelación de un 30% de los pedidos de jets- jumbo para este año, The Economist habla de que “Boeing (va) a los tumbos" y, más aún, “está siendo sobrepasada por los primeros indicios de una quiebra" (68).


 


La conclusión de la revista inglesa es instructiva. “Tal como van las cosas, este año Airbus captará la mitad del mercado mundial. Si esto es lo que está sucediendo a Boeing durante el tercer año del auge en materia de aeronaves jet, ¿qué diablos ocurrirá cuando se inicie la retracción?" (69).


 


Conclusiones


 


El derrumbe tendencial de los beneficios capitalistas no ha podido ser contrarrestado por las fusiones y mega-adquisiciones capitalistas. Aunque el derrumbe actual abre una enorme posibilidad de adquirir empresas quebradas, esto está condicionado por la evolución de la propia crisis y las medidas proteccionistas que adopten los afectados. El crecimiento de EE.UU., de las dos últimas décadas, alcanzó un promedio vegetativo del 1 al 1,5% anual. “En los EE.UU., la economía más abierta del mundo —declaró el ya citado Lester Thurow en las recientes jomadas de la Asociación de Bancos de la Argentina— el PBI creció un 36 por ciento desde 1973 hasta 1995” (70); y aun así, “los salarios de los trabajadores autónomos descendieron un 14%" (71) (no hablemos de los correspondientes a la clase obrera). Esta misma situación es la que caracteriza a Europa, de un modo general.


 


La teoría según la cual la 'compresión de la demanda interna ’—reducción de salarios, flexibilización laboral, impuestos al consumo, etc. — y el ‘impulso de las exportaciones’ incrementaría la riqueza de las naciones, la eficiencia y la productividad, ha quedado en ruinas. Aún antes de desatarse la crisis asiática, una economista del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Isabelle Grunberg, decía que debido a la “saturación gradual del mercado mundial" y “frente a una demanda nacional y mundial que pierde velocidad —y que se manifiesta en una caída de los principales productos industriales—, los beneficios que las empresas sacan de la reducción de costos laborales no van a ser invertidos en la producción de bienes y servicios suplementarios. Peor aún, la inversión será defensiva. Consistirá en volver a comprar rivales, en consolidar sus operaciones, en reducir sus costos de producción mediante despidos o el recurso a la subcontratación”(72). Por esto precisamente, después de junio de 1997, se ha acentuado la furia de fusiones (73).


 


La economía de EE.UU., dice la misma economista, se parece crecientemente a “la economía del hámster” o de “la noria”: “el reverso del decoro del crecimiento norteamericano" es una economía “donde hay que trabajar cada vez más para mantener su nivel de vida" (74). Una economía — ¡estamos hablando de EE.UU., la economía del ‘sueño americano1— que va camino, inexorablemente, a un ‘despertar’. “Este año los dividendos bajaron a menos del 1,5% por primera vez en la historia norteamericana… Cada día, nuevos anuncios en Wall Street dan cuenta de una caída superior a la esperada en las ganancias del segundo trimestre” (Daily Telegraph, reprod. en Clarín, 28/6);


Los grandes 'teóricos’ norteamericanos, intentando salvar la economía mundial de una deflación generalizada, están —como dice el viejo adagio- buscando la paja en el ojo del ‘enfermo’ asiático, y son incapaces de ver la viga de la gran ‘enfermedad’ del capitalismo norteamericano, donde se concentra la clave de todos los problemas del capitalismo de fin de siglo.


 


2 de julio de 1998


 


 


 


Notas:


 


1. La Nación, 13/6.


2. Los Angeles Times, reproducido en Clarín, I7/5.


3. La Nación, 16/5.


4. Ver En Defensa del Marxismo N° 20, 5/98.


5. The Wall Street Journal, 20/4.


6. Esta puja es correlato, también, de otra entre grandes pulpos automotrices de ambos continentes. Al igual que los yankis usan a Irlanda. Portugal y España, en Europa, para penetrar la Unión Europea; los pulpos del Viejo Continente quieren aprovechar las 'ventajas comparativas' de México esto es, sus bajos salarios—, en el Nafta, para penetrar el mercado norteamericano.


7. Business Week, 1/6. Es interesante advertir, como ya lo indicáramos en el artículo anterior, que la ‘expansión de la banca española, primero hacia América Latina, ahora en Italia (participando en forma minoritaria de la compra de la estatal Banca Nazionale del en los 'mercados' como un signo de debilitamiento: los títulos de deuda del Banco Bilbao Vizcaya acaban de ser degradados por las consultoras de Wall Street.


8. The Wall Street Journal, 12/6.


9. Ibídem. 


10. Time, 25/5; la revista se refiere así a la explosividad de esas operaciones especulativas de los bancos que se ´cubren´ unas con otras y cuya contabilidad es tan volátil como sus cotizaciones. Aquellos ´instrumentos´, cuya progresión fue la base de la ´globalizacion´ (especulación) financiera internacional en los últimos 15 años, representan “en la actualidad 25 billones de dólares, una cifra que excede el tamaño de todas las economías combinadas de los EE.UU., Europa y Japón” (ibídem).


11. The Wall Street Journal, 21/5


12. Id. Ant., 8/4.


13. Id. Ant., 29/5.


14. Id. Ant., 22/5.


15. Id. Ant., 11/5.


16. Los Angeles Tunes, reproducido en Clarín 17


17. The Wall Street Journal, 11/5.


18. Id. Ant., 25/6.


19. Ibídem.


20. Id. Ant., 21/4.


21. Ibídem.


22. Id. Ant., 30/6.


23. Los Angeles Times, reproducido en Clarín, 10/5.


24. The Wall Street Journal, 8/5.


25. Lester Tliurow, en La Nación, 24/6.


26.  Reproducido en Clarín, 10/5. Las primeras víctimas seguramente serán los fabricantes coreanos, y luego algunos japoneses: “Nissan y Mitsubishi, entre los ‘vulnerables"' (The Wall Street Journal, 8/5). El empecinamiento de GM por quebrar a toda costa la huelga de la planta de Flint, en los EE.UU. —al momento de cerrarse este artículo el conflicto entraba en su cuarta semana— tiene que ver, indudablemente, con todo este proceso.


27. The Wall Street Journal, 1 /7.


28. Id. ant., 18/3.


29. Ibídem.


30. The Wall Street Journal, 12/6.


31. Los Angeles Tintes, reproducido en Clarín, 17/5.


32. Ibídem.


33. The Wall Street Journal, 17/4.


 34. Fortune, 23/12/97.


35. The Wall Street Journal, sin fecha.


36. Ibídem.


37. Ibídem.


38. Los Angeles Times, reproducido en Clarín, 17/5.


39. En el mismo sentido, mientras los más diversos países se hunden, los grandes monopolios imperialistas, y especialmente los yanquis, están ´aprovechando´ la crisis para quedarse por chirolas con las privatizaciones en curso en Rusia y Brasil. Este proceso dejara seguramente a las privatizaciones ejecutadas mediante los famosos mecanismos de ´capitalización de deuda´ – como sucedió en Argentina – casi con una aureola de ´dignidad´. En el mismo sentido, la baja del precio del petróleo es explotada para obligar no solo a Rusia sino a países como México y Venezuela, a un remate generalizado de sus yacimientos a favor de los grandes pulpos; mientras tanto las monedas y los presupuestos de estos países se hunden, porque son sostenidos mayormente por recursos provenientes de la explotación del crudo. Lo mismo está ocurriendo en Chile respecto del cobre. La caída del precio del metal ´sirve´ a los pulpos para reclamar la entrega de las minas aun en poder del Estado. Una vez más, esto es presentado como una vía para el ´saneamiento´ de las finanzas públicas. Ulteriormente, como lo indica toda la experiencia histórica, no hará más que agravarlas. Así procede la ´lógica´ del capital.


40. The Wall Street Journal, 25/6.


41. Ibídem.


42. Así nuestro subcontinente, que los ‘gurtíes' presentan como inmune a la 'crisisasiática', será sin lugar a dudas la próxima víctima.


43. The Wall Street Journal, 25/6.


44. Ibídem. Por lo indicado —¿haciendo quizás honor a la 'ingeniería post-moderna’?— los bancos, explica “Tarik Rafique, de la agencia de calificaciones crediticia Standard & Poor’s”, se están poniendo “muy creativos”: ahora “Wall Street negocia bonos respaldados por las remesas de los expatriados” en las naciones imperialistas, es decir, por los fondos que los salvadoreños y ‘sudacas ’ en los EE.UU., los turcos, marroquíes y otros en Europa, envían a sus familias en sus países (The Wall Street Journal. 25/3). Actualmente; “estos , instrumentos financieros ocupan el primer lugar en la lista” de los negocios bancarios, dice otro 'especialista ’ (ibídem). Algunos analistas, dice The Wall Street Journal, consideran* que por esta vía los negocios financieros “han minimizado los riesgos (y) se prevé que los bonos respaldados por remesas reciban una buena calificación”, ya que, por ejemplo, los residentes turcos en Alemania dejarían el dinero en marcos, permitiendo a los “dueños de los bonos no preocuparse por los posibles altibajos de la lira turca, o por cambios en la política del gobierno turco” (ibídem). El problema de estos ‘instrumentos' es que saltarán también por los aires cuando los países 'centrales' comiencen a expulsar a los anteriores, como lo están haciendo Hong Kongy Malasia con los inmigrantes indonesios explotados en esas naciones, y como se está insinuando en la política que vienen aplicando todas las naciones imperialistas con sus inmigrantes, inclusive bajo los gobiernos 'socialistas’o ‘laboristas’. Aunque sus conductores no vean el precipicio, el capitalismo se dirige por un camino de comisa.


45. Los Angeles Tunes, reproducido en Clarín, 17/5.


46. The Sunday Tunes, reproducido en La Nación, 29/5.


47. Ver Prensa Obrera, N°579,2/4. Ese ‘acuerdo ’ ha sido descripto por un conocido periodista inglés, John Pilger, como “el avance imperial más importante del último medio siglo” (The Sunday Tunes, citado arriba). Sin embargo, el ‘acuerdo’ se encuentra parado no sólo por la reacción que ha provocado en muchos países, sino por las propias luchas intestinas entre los grandes pulpos, especialmente entre los europeos y norteamericanos. El 4 de junio, EE.UU. y la Unión Europea firmaron un acuerdo “con el fin de mejorar el cumplimiento de las leyes internacionales en materia de competencia”, que expresamente “no se aplica para los temas políticamente más comprometidos. No abarca las fusiones ni las adquisiciones de una empresa por otra, debido a que existen diferencias entre las leyes de la UE y de EE.UU.” (Financial Times, 5 y 9/6). Expresión de esto son las trabas que la UE ha puesto, desde hace más de dos años, a la concreción de la alianza entre American Airlines y British Airways, “que debía ser la mayor (aerolínea) del mundo y quizás la más lucrativa” (The Wall Street Journal, 16/6). La alianza acordada en 1996 fue superada desde entonces por varias otras fusiones, especialmente entre aerolíneas europeas que desde entonces ‘presionan’ a la UE para 'bombardear' esa alianza que ”controlaría el 60% del tráfico aéreo entre EE.UU. y el Reino Unido y un 70% de los vuelos entre Londres y Nueva York (una de las rutas más importantes del mundo)” (ibídem).


48. The Sunday Times, citado arriba.


49. Los Angeles Times, reproducido en Clarín, 28/6.


50. Los economistas burgueses se dominan así a los indicadores que refieren a la ´economía real´, por ejemplo, la producción de materias primas manufacturas, etc. 


51. Los Angeles Times, reproducido en Clarín, 26/4.


52. Los Angeles Times, reproducido en Clarín, 17/5.


53. Esto explica, por ejemplo, que en medio de la ‘bonanza’ de los beneficios ‘recuperados’, la infraestructura de la mayoría de los países de Europa y EE.UU. sufra un deterioro que algunos medios han comparado con el de cualquier ‘republiqueta ’ (no nos referimos, por supuesto, a los consabidos ‘gastos sociales’ —en educación, hospitales, etc.—, sino a caminos, transporte, etc.).


54. Andrew Glyn, “Does aggregate profitability really matter?”(¿Es realmente la masa de los beneficios lo que importa?), en el Cambridge Journal of Economics, sept/97.


55. Los países que conforman la OCDE trascienden a los imperialistas, peto resulta un indicador apropiado en la medida que las cifras están consolidadas.


56. Financial Tunes, 14/10/97


57. The Economist, 7/2.


58. Curiosamente, parece que el parasitismo de las economías ‘burbujas’ ha tenido un efecto ‘benéfico’ en el campo de la tecnología y el incremento de la 'productividad´ de las citadas ramas: “Los avances tecnológicos en el sector de las comunicaciones… han hecho del lavado de dinero un problema cada vez más sofisticado y de difícil solución” (El Cronista, 23/9/97). En cambio, la ‘improductividad’ capitalista para desarrollar una cura al cáncer, para tomar un ejemplo nomás, no sorprende a quienes investigan en la materia. Un médico especialista en el tema, de la Universidad de Harvard, explicó por qué en forma muy sencilla: “El financiamiento de la ciencia funciona como cualquier otra inversión” (The New York Times, reproducido en La Nación, 9/5). Así se verifica, también, cómo en una medida nada despreciable, el desenvolvimiento de la ciencia y la tecnología bajo el capitalismo se rige como una función de la acumulación y de los beneficios. Y sobre todo, su desarrollo Se usa para reforzar el dominio capitalista de las fuerzas productivas (y de manera superlativa, a la fuerza productiva más importante, la clase trabajadora).


59. Financial Times, 13/8/97


60. Ibídem.


61. Global Economic Forum, 16/3. En el artículo ya citado del Financial Times, Roach sostenía que “en los ´60 se soñana que la era de la tecnología de las computadoras permitiría a estas resolver por nosotros las cosas, haciéndonos más soberanos. Robots iban a ser programados para servirnos café, hacer nuestras camas, traernos diarios… nada de esto ha sucedió. Aun 30 años más tarde, las corporaciones han sucumbido a la misma clase de fantasías creyendo que las inversiones en computadoras y las innovaciones en los multimedios fomentarían la productividad de su fuerza de trabajo”. Roach demuestra que para llevar esas ´fantasías´ a la realidad se habrían requerido fuertes inversiones que los empresarios no quisieron desembolsar.


Aunque este hombre del capital no arriba a esta conclusión, lo que nos está diciendo es que los capitalistas no ‘invierten’ intuyendo el peligro de una mayor caída de los beneficios. ¡He aquí el parasitismo de la ‘era de la informática’!


El capital, ‘innovador’ por naturaleza para vencer en la competencia mercantil, en materia de ‘innovaciones’ productivas, sin embargo, incrementa cada vez más su carácter 'conservador' y parasitario. La señalada saturación de los mercados —que conduce a lo anterior—, en último término, es una expresión de la tendencia a la imposibilidad de realizar la plusvalía y el capital en la reproducción.


Un estudio del Trade Union Congress, del Reino Unido, desmitificó ahora el supuesto recupero reciente de la productividad británica. “Las ganancias de productividad que se proclaman responden a la prolongación de la jomada de trabajo y no a una mayor eficiencia. El trabajador británico trabaja 9% más horas por año que el alemán y 5% más que el francés, pero la productividad horaria se encuentra 20% abajo de la de esos países. En los 90, mientras la productividad creció 2,2% por año, los salarios reales lo hicieron sólo al 1,2%, y en consecuencia las ganancias se incrementaron un 37% en el mismo período. Sin embargo, el coeficiente de inversión se encuentra entre los más bajos de los países industrializados: 16,6% en 1997 contra 18,7% promedio para la Unión Europea” (Financial Times, 23/4).


62. Fortune, 3/2.


63. Ibídem.


64. Ibídem.


65. Ibídem.


66. The Wall Street Journal. 17/3.


67. Id.Ant., 10/4.


68. The Economist, reproducido en El Economista, 19/6


69. Ibídem. La Boeing no tiene nada que envidiar de Airbus, de la que se ´queja´ por los ´subsidios´ encubiertos que recibe su competidor europeo de los estados que la integran. La firma norteamericana no solo abastece en exclusividad a la potencia imperialista poseedora del mayor arsenal aeroespacial de la historia. Recientemente recurrió directamente a Clinton para que éste ´gestionara´ pedidos de aeronaves en el exterior para la empresa, como ha sucedido primero con Irlanda, y ahora en China durante su visita.


70. La Nación. 14/6.


71. Ibídem.


72. Le Monde, reproducido en Clarín, 22/6/97.


73. La cháchara sobre la ‘bondad’ de todo los ‘esfuerzos’ que se reclamaban, que traerían aparejado ‘la suba del ingreso, de la demanda efectiva, el desarrollo de nuevas actividades económicas, la creación de nuevos empleos’, etc., etc., prédica que era tomada como una ‘bendición’ en los países del ‘Tercer Mundo ’ y los ex- ‘socialistas ’, se ha transformado ahora en “la maldición de ser emergentes” {La Nación, 28/6). Lo mismo decía la Gazeta Mercantil de San Pablo: “ser emergente ha dejado de ser un buen negocio” (24/5).


74. Ídem nota 65.


 

Argentina: las características de la presente crisis política Conferencia dada en el auditorio de la radio FM La Tribu, en Buenos Aires, el 30 de junio de 1998.


Los acontecimientos de los últimos días o semanas en Argentina han puesto al desnudo una crisis política muy aguda. ¿Pero qué significa una crisis política?


 


Significa que está cuestionada la orientación general del Estado y que ese cuestionamiento no parte solamente de una clase o un sector sino que parte de varios sectores más o menos significativos, decisivos, de la sociedad, inclusive por parte de la clase que sostiene al gobierno que vive esa crisis política.


 


¿Cuáles son las manifestaciones de esta crisis política y cuáles sus causas?


 


La manifestación más destacada de esta crisis política es la disputa desatada en torno a la sucesión de Menem. Cuando falta solamente un año para las elecciones presidenciales, no hay a la vista, ni en el campo del oficialismo ni en el de la oposición, quién va a suceder a Menem. No sólo esto sino que hay una lucha interior en los dos bloques que se disputan esta sucesión que hacen concretamente imprevisible determinar la composición y el carácter de las coaliciones que se van a disputar esa sucesión, e incluso si esta sucesión no va a desarrollarse en el marco de una vacío de poder gubernamental, o una renuncia anticipada por ejemplo como resultado de la crisis económica mundial. Una parte de la opinión pública cree que Menem podría echarse atrás en su abandono de la re-reelección.


 


La semana pasada cuando Menem anunció su retiro electoral y Duhalde levantó el plebiscito, el comentario de los diarios fue que se había salvado la unidad del peronismo. Pero ahora, de nuevo, Menem, pretende hacer una interna para quedarse con el PJ; es decir que cinco días después de anunciada la salvación de la unidad del peronismo, se afianza la división del peronismo. Pero cinco días antes de que renunciara a la re-reelección, Menem había proclamado, abiertamente, por primera vez que la quería. De manera que en diez días nos dimos el gusto de que un tipo que jugaba a si quería o no quería la re-reelección, se define a favor para renunciar a ella cinco días más tarde y reiterar, otros cinco días después, que quiere su reelección a la cabeza del PJ.


 


Hay que convenir que para que Menem pueda hacer maniobras de este tipo, en el campo opositor (sea dentro del justicialismo como de la Alianza) no existe aún nada confiable o seguro para la burguesía en materia de sucesión. Si viniera desde la oposición un caudillo, arrasando, imponiendo sus ideas, convenciendo a la opinión pública, las volteretas de Menem no serían posibles.


 


La prensa argentina ha analizado todo esto en forma muy superficial, y esto se acentúa cuando mayor es su coloración izquierdista. En Página12, por ejemplo, Pasquini Durán ha tomado las declaraciones de Duhalde en Neuquén referidas a que quiere ser el presidente de la justicia social, para concluir que como la Alianza pretende lo mismo, el 80% del país está unido detrás de la justicia social. El analista es incapaz de distinguir la verdad del verso y presenta un cuadro de unidad política nacional completamente ficticio.


 


Más que sumar al PJ y a la Alianza, hay que dividirlos; tienen internas a muerte: dos fracciones de la Alianza y otras dos el PJ, más las respectivas sub-fracciones, en especial en la provincia de Buenos Aires. No hay un bloque del 80%, sino cuatro o cinco, del 20% cada uno.


 


¿Pero cuál es la raíz de esta crisis política, por qué se produce? ¿Qué es eso de que está cuestionada la orientación del gobierno cuando toda la clase capitalista apoya la política del gobierno y toda ella coincide en las privatizaciones, la reforma laboral? ¿Qué es lo que está cuestionado? ¿No sería más atinado cuestionar que hubiera una crisis política que decir que la política del gobierno está en cuestión?


 


La resistencia popular


 


El primer problema que cuestiona la orientación de todo este régimen político, es el grado de descomposición social y de la resistencia de las masas populares a la política de descomposición social. En el programa A dos voces de ayer, Antonio Cafiero dijo que no podíamos seguir tal como íbamos, porque con dos millones y medio de desocupados está cuestionado el modelo. Pero cómo, ¿no era que el modelo consistía justamente en que hubiera dos millones y medio de desocupados? Pero Cafiero no lo ve así; él piensa que estos dos millones y medio de desocupados van a terminar derrocando al modelo. Entonces propone una orientación de contención, de atenuación de la crisis entre las masas. Este señor está asustado, porque han habido cortes de ruta, movilizaciones, ocupaciones fabriles; está asustado porque otros regímenes en el mundo parecidos al actual en Argentina han sido violentamente despedidos y en esos países ya hay un proceso de insurrección generalizada como consecuencia de los mismos planes económicos que lleva adelante Menem. O sea hay un ejemplo internacional y una realidad nacional: o sea las mismas causas tienen que producir las mismas consecuencias. Cuando digo otros gobiernos me refiero a Indonesia. En Corea, ha subido un gobierno izquierdista, cuyo presidente fue duramente perseguido hasta hace muy poco, y del cual se temía que implantara el comunismo, pero que lleva adelante la misma política que propone Machinea, con el resultado de que tenemos en este momento una fábrica tan importante como la Hyunday, con sesenta mil obreros, ocupada por la totalidad de los obreros junto con sus mujeres y sus niños. Una de las fábricas más importantes del mundo, de la importancia de General Motors o la Ford, afectada por una insurgencia obrera.


 


El primer problema que tiene la burguesía, entonces, es cómo encara el fenómeno de este movimiento popular, acicateado por niveles de miseria absolutamente increíbles, que tiende a ese tipo de insurgencias. La sociología llamada burguesa rechaza que esta pauperización extraordinaria del pueblo sea considerada una manifestación del fracaso del plan económico. Ella dice que los dos millones y medio de desocupados son funcionales al modelo, que no es expresión de un fracaso sino del éxito de un modelo que se propuso tener dos millones y medio de desocupados y tienen dos millones y medio de desocupados.


 


Están equivocados. La desocupación mundial en masa es una manifestación del límite histórico del capitalismo; la expresión de una crisis fundamental en la reproducción capitalista. La idea de que el capitalismo florece donde las masas son pobres, es una idea pre-capitalista del capitalismo, el capitalismo necesita mercados ¿Quién compra bajo el capitalismo si somos pobres? ¿A quién le van a vender lavarropas, notes books, video-games, etc. ¿A quién le van a vender? El capitalismo en su época ascendente desarrolla una pobreza relativa, quiere decir que la acumulación de capital y el crecimiento de la riqueza son más acelerados que las mejoras del trabajador. La desocupación en masa es una poderosísima señal de que el proceso capitalista se encuentra en crisis. No digo que no ande; sino que está agotado, también hay autos que andan pero eso no significa que un tipo que tiene un auto puede esperar a que pare para ir a un mecánico; el auto puede andar sin que eso quiera decir que funcione, lo que se comprueba enseguida llevándolo al taller.


 


Repetimos, entonces el gran problema de orientación que tiene la burguesía es la necesidad de hacer frente a esta situación. En el pasado decía que la desocupación se absorbe con el crecimiento, pero esto no ocurrió, y ahora la crisis mundial amenaza provocar una recesión. Esperaban una desocupación del 13 por ciento y ahora parece que se va de nuevo al 17. Es decir, el proceso de acumulación capitalista se encuentra empantanado. El primer problema es la crisis social y por eso se habla de justicia social y que el gobierno diga que tiene asignaturas pendientes, es decir, hay una crisis de orientación.


 


Ahora bien, aunque es lo principal, esta crisis de orientación no sólo afecta a las masas populares, es decir, no sólo coloca a las masas populares en una posición beligerante contra el gobierno; sino que también afecta a sectores intermedios de la sociedad, por ejemplo a una parte entera de la clase media, afectada también por una tendencia a la desocupación masiva. La semana pasada pude verificar en la zona agraria del sur bonaerense la situación de crisis de la pequeña agricultura: los tamberos, los chacareros, con gente que hace producción mixta… pasan por una situación de quiebra generalizada. Hay una liquidación masiva de la pequeña y mediana producción, no ya en Tucumán, no ya en la zona cuyana, sino también en la mismísima provincia de Buenos Aires.


 


División de la burguesía


 


Tenemos también el cuestionamiento de la burguesía, que depositó una gran confianza en que este plan económico iba a permitir aumentar las exportaciones, consolidarlas con Brasil, pero ahora ve que en donde más caen las exportaciones es en el Mercosur, como consecuencia de la crisis mundial. El índice de quiebras, un índice de malestar económico, es este año el más alto de los últimos 80. Al comienzo del plan económico la deuda externa privada era cero; en la actualidad es de 30.000 millones de dólares. Como consecuencia de que no puede pagar su deuda, las acciones de Alpargatas, un gran emporio, cayeron a 15 centavos. Es decir que vuelve a plantearse el rescate de los capitalistas con fondos públicos, lo cual vuelve a amenazar de muerte a la llamada convertibilidad. Precisamente por esto acaba de renunciar el viceministro de Roque Fernández. El gobierno de Menem, al cual todos caracterizan como el más grande defensor de los intereses de la burguesía, acaba de mandar un proyecto de reforma impositiva al Congreso, que ha abierto otro frente de crisis. También se ha producido la semana pasada un nuevo enfrentamiento entre la industria automotriz y la industria siderúrgica, que son dos grandes baluartes económicos de la burguesía. Techint, un grupo mundial, denunció que mientras los pulpos automotrices sólo invirtieron 2.000 millones en esta industria, el Estado argentino puso 5.000 millones de dólares disimulando el carácter parasitario del desarrollo industrial del que más se jactan, no sólo Menem, sino también Cavallo ¿Por qué Techint hace esta denuncia? Porque la industria automotriz no quiere comprarle la chapa a Techint sino que quiere importarla. Dice que es más barato importarla, denunciando así el parasitismo de Techint, un pulpo que también es mostrado con orgullo por ideólogos capitalistas. En la industria automotriz y en la industria siderúrgica se encuentran los grupos económicos decisivos. Es un enfrentamiento que marca la agudización de la crisis económica. De manera que no es superficial, no es nada ligera esta crisis. Estos grupos, a su vez, están enfrentados con los pulpos telefónicos, por el elevado precio de los servicios de comunicación, lo cual los lleva a plantear que debería gravarse con un impuesto especial a las ganancias de la Telefónica y Telecom.


 


Estos han respondido en forma muy dura, amenazando hundir a la Bolsa de Buenos Aires, retirando sus capitales.


 


Desorientación


 


El grado de desenvolvimiento de la crisis política lo testimonia la desorientación de las principales direcciones patronales. Duhalde acaba de decir en Neuquén: "esto, mientras duró, estuvo bárbaro, pero no va mas". Cafiero dice lo mismo. Pero a la hora de definir su propia política, Cafiero y Duhalde dicen que hay que continuar la política de Menem. ¡Es extraordinario! Uno de los aspectos más importantes de la actual situación es precisamente el hecho de que los principales partidos de la burguesía se manifiestan completamente impotentes para darle una salida a una situación que ellos declaran que se encuentra en una peligrosa impasse. Esto significa que la única forma en que se producirá un cambio de orientación va a ser, como dicen los brasileños, na marra, es decir, al calor de una crisis extraordinaria, bajo el imperio de la necesidad, con la gente en la calle, con el peso cayéndose y con la bolsa derrumbándose. En frío, racionalmente, pensando, viendo todos los problemas que hay, a este país no lo cambia ninguno de estos partidos. Frigeri, en alusión a las afirmaciones de Duhalde contra el modelo, no vaciló en decir que la inquietud que puedan suscitar en la patronal se arregla en un plenario con los principales pulpos, les explica de que se trata.


 


Pero la demagogia de Duhalde para las tribunas, pone en evidencia el problema que las masas representan para la política burguesa.


 


El arte de gobernar es, para la burguesía, cómo subordinar al pueblo, no ignorarlo (tanto en democracia como en dictadura). A la luz de esta crisis política ustedes comprenderán me aparto un poquito del hilo central por qué despreciamos la orientación general de la izquierda de buscar un espacio electoral a la izquierda de la Alianza. No es una política que se encuentra en concordancia, ni con la gravedad de la crisis, ni con la desesperación de las masas.


 


El objetivo no debe ser armarse un ranchito a la vera del camino, sino ir a disputarle a los políticos patronales en descomposición, la dirección política de las masas. Sustituir al peronismo, que es el movimiento popular de este país, por un partido obrero. Terminar con el dominio político del peronismo en las masas trabajadoras y colocar a las masas trabajadoras bajo una dirección de izquierda, revolucionaria y socialista. No estoy diciendo que esto ocurrirá mañana, sino que hay que luchar hoy, no mañana, por ese objetivo. Es el único objetivo que hoy le importa a un trabajador. Los niveles de miseria, de desnutrición, de enfermedad y de desesperación son extraordinarios; uno está obligado a discutir con los trabajadores en términos de salidas inmediatas. 


 


Acabar con la tutela del peronismo


 


Hay una crisis profunda en las masas. Entonces, no se trata de armar un esquema electoral con vistas al 99, sino de arruinarle la fiesta a todas las tentativas de la burguesía por encauzar a las masas populares detrás de ese esquema. Por ejemplo, la Alianza está provocando desilusión entre la gente progresista por el hecho de que la Meijide ya dijo que Silvani sería un magnífico director de la DGI en un gobierno de la Alianza y que el equipo de la Fundación Mediterránea sería un magnífico equipo económico en el gobierno de la Alianza; lo único que falta es que re-nombren a IBM-Dadone, presidente del Banco Nación. Esto desafecta la gente progresista que quería a la Alianza. Pero, ¿y los obreros peronistas que querían al peronismo? ¿Y la desafectación de ellos con el peronismo? ¿Cómo creen ustedes que viven el hecho de que tienen a la cabeza del partido por el cual votaron toda la vida, a una manga de delincuentes que apoya a los patrones, que financia el programa de desocupación, que los reprime, etc? Dar una salida a este estado de ánimo del pueblo, ésta es la tarea fundamental.


 


Que ésta es la tarea fundamental, nadie lo plantea más a fondo que la propia patronal. Porque cuando Duhalde el otro día planteó que quería recuperar la justicia social, no sólo largó un slogan electoral, no sólo reconoció lo del fracaso del modelo, y todo lo demás, sino que Duhalde planteó una tentativa más importante; planteó lo dijo textualmente reconstruir la alianza histórica del peronismo, es decir, que tendría que volver a ser un movimiento de características nacionalistas y populistas para no perder el control de las masas, que él sabe mejor que nadie que lo está perdiendo. La tarea es que termine de perderlo por completo.


 


La crisis es saludable. El hambreador intenta algunos cambios para capturar de nuevo al pueblo. La crisis del peronismo plantea por eso la posibilidad, no digo la probabilidad, de que se haga otra vez un intento de reconstruir un peronismo nacional y popular con un ala izquierda semimontonera incluida. Porque de lo contrario perdería el control de las masas.


 


Es sintomático que cuando Duhalde lanzó el plebiscito, los izquierdistas de origen peronista, empezaran en la prensa a revaluar al duhaldismo: Pasquini Durán, Miguel Bonaso. Este último, que fue montonero, sacó un artículo en Página/12, que en lugar de decir que Duhalde es un mentiroso y desenmascararlo, comenta en cambio que Duhalde, en un programa de televisión, habló mal de todos los presidentes que tuvo Argentina, sin exceptuar a Cámpora, presidente por un par de semanas, el más incapaz de todos. Si Duhalde hubiera rescatado a Campora, Bonasso ya lo estaría pensando dos veces. Por eso no es casual que, en estas condiciones, Duhalde hable de la pata frepasista del peronismo, para recuperar a una parte de la ex izquierda peronista. El operativo político está en marcha. Lo que ocurre es que las probabilidades de que fructifique son pocas, porque Duhalde no está dispuesto, ni tiene condiciones, de bancarse una guerra contra la burguesía en función de un proyecto que sigue siendo burgués, pero que no contaría con el apoyo de la burguesía, tipo Perón en 1945.


 


La crisis ha obligado a la política patronal a reconsiderar las cosas, pero no le ha aumentado, sino que le ha disminuido la capacidad para resolverlas y, por lo tanto, encauzarlas.


 


Hay todo un sector de la izquierda que coquetea con Duhalde, como el Ptp. Es decir, en torno a una posibilidad que no se va a dar o sea que Duhalde lance a las masas contra Menem, la izquierda se adelanta en capitular. Ni le importa que Duhalde tenga un acuerdo con Cavallo, que haya reclutado al ex equipo de éste, y que lo apoyen hasta los Alemann. Mientras apoyan a Duhalde, confunden al movimiento obrero, y buscan perjudicarnos, obstaculizarnos la tarea de reemplazar al peronismo en el movimiento obrero por una dirección trabajadora del movimiento obrero. Creo muy pedagógico, señalar en el análisis de situación, las posibilidades políticas, incluso hipotéticas, que están abiertas para nuestros adversarios.


 


En medio de este agotamiento de las políticas patronales, en su capacidad para movilizar al pueblo en nombre de las reivindicaciones más perentorias de éste, las direcciones sindicales están calculando qué partido burgués puede mejor defender los intereses de los sindicatos, es decir, de su burocracia.


 


Todos sabemos que los obreros de la CTA no van a conseguir nada con un gobierno de la Alianza, sin embargo está haciendo lobby sistemáticamente, para que Claudio Lozano, de la CTA, sea nombrado defensor del pueblo. Pero la Alianza no quiere saber nada con los sindicatos. No lo quieren ni a Lozano, que es apenas el asesor de un sindicato, y para una función que integraría a la CTA al Estado. Tomamos también el caso de Duhalde, que ya dijo que va a votar la reforma impositiva y la reforma laboral, es decir que no tiene nada que darle a los sindicatos.


 


Es por esto que el planteamiento de constituir un partido propio de los trabajadores deberá provocar una reflexión en las masas en general, y en sectores del activismo de las organizaciones y de las direcciones sindicales pro-Duhalde y pro-Alianza. Porque comprenden que el movimiento obrero, sin una estrategia política coherente nunca va a poder llevar adelante una lucha reivindicativa bien hecha. Sin una perspectiva política, el activista aborda confusamente la lucha reivindicativa. La crisis de las agrupaciones obreras está bien reflejada en el caso de la Uocra, donde Gerardo Martínez, uno de los tipos más reaccionarios, derechistas y repodridos, sin embargo, tuvo que ponerse al frente de la efervescencia colosal de los trabajadores por la muerte de obreros. Y la muerte de esos obreros es producto de la legislación laboral del gobierno menemista, y los obreros de la construcción saben que Gerardo Martínez es co-autor de toda esas legislaciones laborales. Gerardo Martínez, se ha visto obligado a agitar contra su propia política.


 


Por un partido obrero


 


Estos burócratas de arriba, ¿van a tomar algún tipo de medida a favor de una independencia obrera? Es muy difícil que ocurra, en un 99%. Un sindicato tiene seccionales en todo el país. Las direcciones medias sufren el problema de otra manera. Abajo hay una inquietud en ascenso. Es con relación a esto que hemos valorado el resultado electoral que el Partido Obrero tuvo en la elección pasada, es decir en relación a una perspectiva en desarrollo. No lo valoramos numéricamente, porque pasar de 50.000 votos a tener 150.000 puede ser proporcionalmente importante, pero 150.000 votos no es mucho. Detrás de este crecimiento había un fenómeno político, no los números, sino la realidad política que está detrás de este tipo de números. Es decir, hay un fenómeno objetivo que le exige al movimiento obrero pegar un giro político, y hay expresiones subjetivas, pequeñas, que son los síntomas de que esta necesidad se va comprendiendo.


 


¿Lo que el PO está diciendo es vengan todos al Partido Obrero? La confusión en ese punto es muy sencilla; cuando nosotros nos juntamos como Partido Obrero, fue con la convicción de que el nombre de nuestro partido era el resumen de la estrategia política que teníamos que seguir. Que la Argentina iba a la liquidación del peronismo y la conformación de un Partido Obrero, entonces lo colocamos directamente en el nombre. Esta perspectiva ha crecido. Nosotros la planteamos cada vez con más fuerza, convocamos a reuniones, mesas redondas, a los sindicatos, a las comisiones internas, realizamos plenarios… y hay organizaciones y dirigentes que ya se inscriben en este política. Se nota el desarrollo de estos planteamientos en la campaña contra la persecusión de los trabajadores de Atlántida y en una cantidad enorme de internas en el sindicato gráfico. Se ha formado un plenario de trabajadores con tendencias sindicales disidentes de De Gennaro en ATE en toda la Zona Norte, y se van a formar en otros lugares. Pero la tarea sistemática a la que hay que abocarse es a que todo el mundo de la izquierda y del movimiento obrero tiene que reunificarse con el planteo de romper con la burguesía, por un partido de los trabajadores, para sacar a las masas peronistas de la tutela política del peronismo. Esta es la vía para sacarlos de la tutela de la burocracia de los sindicatos. Para que el temor que tiene Duhalde cuando plantea, por un peronismo de la justicia social, para que ese temor que él tiene, se le haga realidad; que pierda la base peronista, que la crisis y la pica entre ellos lo desprestigie aun más, y que esto contribuya a poner en pie un gran partido obrero.


 


No estamos, qué va, ante un proceso automático, o fatal, que pueda desenvolverse sin la acción exterior política de un partido. Entonces, nuestra estrategia política está toda enderezada a reunir pronunciamientos, adhesiones y organizaciones al proyecto de una alternativa obrera independiente y a la organización de un congreso nacional convocado por todos los sectores obreros y la izquierda que sostienen este planteamiento, naturalmente con un programa de combate, el único que puede convocar y movilizar masas contra el capital y su Estado.


 


Nosotros sí decimos que este proyecto menemista tiene que ser totalmente destruido. Efectivamente, nosotros hacemos un eje en la nacionalización sin pago de YPF, en la recuperación sin pago de YPF, en la recuperación sin pago de los sectores estratégicos, en el monopolio del comercio exterior, en salarios que cubran el costo de la canasta familiar, en el retorno del 82% móvil para los jubilados, en el control obrero de las cajas, en la liquidación de las parasitarias AFJP, en la liquidación de las administradoras de riesgo, que son las responsables de las muertes de los trabajadores, en el control de la higiene y de la seguridad por parte de comités obreros, en una planificación económica, bajo control de los trabajadores, abiertamente.


 


El arte político en un período como éste, es cómo conjugar la necesidad del trabajador de salidas inmediatas, con respuestas estratégicas frente a la crisis actual del sistema. Porque a nivel mundial se ha agudizado enormemente de hecho y en la apariencia, o sea, en la subjetividad, la crisis de sistema del capitalismo, la crisis de sus regímenes políticos, la crisis de sus aparatos de Estado.


 


En un país como Japón. cuando todos los diarios pronosticaban la violenta victoria del partido oficial, que iba a acrecentar su dominio sobre la cámara de senadores, donde ya tenía el 50% de los senadores, lo que ocurrió fue que el partido de gobierno cayó en picada y el partido comunista de Japón aumentó el 100% de los votos. El PC de Japón tiene 25 senadores y 4.000 intendentes. Independientemente de que el PC japonés es procapitalista y ya ha propuesto un gobierno de coalición a la oposición pro-yanqui, a los ojos del pueblo parece la izquierda. Quiere decir que hay un giro político, que hay una crisis sistémica. Entonces hay que dar una respuesta a los problemas urgentes, en relación estrecha con la respuesta estratégica. En la Argentina puede pasar cualquier cosa, a partir de una crisis cambiaria en Brasil, en el Mercosur, o una crisis en la disputa electoral. La podría ocasionar la extradición de Palleros, demostrando que Cavallo y Menem firmaron sabiendo todo el contrabando de armas. El detonante puede ser cualquiera. Los elementos de conjunto están planteados, entonces la tarea política es realmente una campaña para romper con los partidos de la clase patronal y formar un partido de trabajadores. ¿Qué clase de partido de trabajadores? Nuestro partido va a plantear el programa de un partido revolucionario. Otros irán con otro programa, discutiremos. Lucharemos para que sea un paso adelante con relación al sometimiento de los trabajadores al peronismo y un paso adelante en la lucha por tener un auténtico partido marxista, socialista, revolucionario internacionalista en la Argentina. Nada más.


 

Carta abierta a Hugo Moyano


Al finalizar la concentración del miércoles 2, luego de que Diputados aprobara la negrera ley laboral, usted le dijo a la concurrencia que "esto lo van a pagar en las urnas".


 


El motivo de esta carta abierta es, precisamente, pedirle que nos aclare lo que esto significa. ¿Ha querido usted decir, acaso, que la salida contra estos atropellos es votar en el 99 a la Alianza?


 


Pero la Alianza es, en lo que respecta al movimiento obrero, lo mismo o peor que Menem. La mayor parte de la Alianza, y en especial del Frepaso, intentó que no se formara quórum para tratar la ley negrera, porque están en contra, al igual que Techint y la UIA, de la eliminación de algunas variantes del contrato basura y porque son partidarios de la atomización de los sindicatos. Si hubiera sido por ellos, la ley negrera habría sido todavía peor.


 


¿Es necesario acaso que le recordemos que la Alianza va a dar su participación y su voto al proyecto de ley impositiva de Menem? ¿Que quiere sustituir el aporte a las Cajas de jubilación que todavía realizan algunas patronales, por mayores impuestos al consumo que pagarán los trabajadores? ¿Que esta ley impositiva, además, significará aumentar la carga de los impuestos al consumo en las provincias?


 


La Alianza no le oculta a nadie que pretende gobernar para la oligarquía, ni tampoco oculta que su intención es que los trabajadores paguemos la crisis mundial capitalista. Fernández Meijide fue tan franca recientemente, que hasta abogó por la liquidación del Estatuto del Docente como lo reclama el Banco Mundial. Pertenece ya a la historia la adhesión de Alvarez a la ley de convertibilidad que ata la economía argentina a los intereses de la especulación capitalista internacional.


 


Por un partido de la clase obrera


 


No, ningún diputado negrero va "a pagar" nada si los trabajadores lo castigamos votando a la Alianza. Ocurrirá exactamente lo contrario: seremos los trabajadores los que recibiremos una gran paliza si, como en el 89 y en el 95, volvemos a votar por nuestros verdugos.


 


Moyano: el motivo de la presente carta, así como las consideraciones anteriores, es que su planteo signifique una mínima posibilidad de que usted pueda estar pensando en presentar candidatos de la clase obrera en todo el país. Esto sí que haría "pagar" caro a los negreros que votaron la ley laboral y tantas otras leyes antiobreras, como a sus cómplices que fingen oponerse. Esto significaría un paso revolucionario para nuestro sindicalismo, porque por fin habría roto políticamente con los partidos patronales.


 


Si no se da este paso, el movimiento obrero oficial corre el riesgo de dividirse todavía más. Porque aunque usted habla de castigar al justicialismo y sus aliados y deja entrever que apoyaría a la Alianza, los diarios informan que Palacios, el máximo dirigente de UTA, que co-dirige con usted el MTA, estaría apoyando la precandidatura del ministro de Gobierno de Duhalde, a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. La precandidatura de Bancalari ya está arreando a toda una tropa de autodenominados combativos, que arriman de este modo a la candidatura del propio Duhalde. Creemos firmemente que quienes apoyen a Duhalde o a la Alianza quedarán condenados a permanecer en la prehistoria de las peores derrotas obreras.


 


Por un plan de lucha


 


Para impulsar una alternativa de candidatos obreros es necesario también un enérgico plan de lucha, para que la crisis la paguen los capitalistas. Es necesario señalar rotundamente, en este sentido, que la política seguida por el MTA, la CTA y la CCC frente a la ley laboral ha concluido en un enorme fracaso, porque puso la colosal fuerza del movimiento obrero detrás de la absurda posibilidad de que los patrones se fueran a perder una oportunidad de superexplotación por una cuestión de quórum. ¿No es este fracaso una buena lección para concluir que no hay salida en el campo patronal y que hay que estructurar una fuerza obrera independiente?


 


Para enfrentar la crisis mundial, Roque Fernández acaba de postergar la cancelación de las deudas del Estado con los jubilados. Los pulpos automotrices están suspendiendo y van a despedir. El Congreso va a incrementar los impuestos al consumo. Para que los capitales no se vayan, están aumentando los intereses. Si no queremos esta solución (¡y no la queremos!) necesitamos una fuerza política de la clase obrera. Aliancistas y duhaldistas están, en ésta como en crisis pasadas, en la vereda de enfrente.


 


Por nuestro programa


 


Que la crisis la paguen ellos, por supuesto! Que se abran las cuentas de monopolios y bancos para impedir que saquen plata del país; para impedir que especulen contra el bolsillo del pueblo; para darles una orientación popular a la producción y a la economía nacionales. ¡Control obrero!


 


Que se aumenten los salarios y las jubilaciones y se repartan las horas de trabajo disponibles para que no quede ningún desocupado.


 


Que se ponga fin al pago de la deuda externa, para evitar la bancarrota nacional.


 


Paremos la sangría que los Fondos de Pensión están haciendo con nuestros aportes y que ya nos ha provocado una pérdida de dos mil millones de pesos. Por una jubilación financiada por los patrones, estatal, bajo el control de obreros y jubilados.


 


Por un plan político y económico de los trabajadores elaborado por un congreso de delegados obreros.


 


Para enfrentar en serio la crisis mundial y las tentativas inevitables de los capitalistas de descargarla contra el pueblo, levantemos las alambradas que separan a las naciones de América Latina y propongamos a sus pueblos y organizaciones de masas la inmediata unidad política de nuestros países.


 


Para realizar estos anhelos, que pondrán fin a tanto sufrimiento y miseria, es necesario dar un paso de una sencillez extraordinaria: romper con los partidos patronales, romper con la obediencia al explotador, romper con la superstición que dice que los políticos patronales saben más, romper con los burócratas sindicales que quieren que sigamos atados a los capitalistas.

¿A dónde va el Mst?


En un reciente artículo en el periódico del Mst (12/8), Silvia Díaz realiza planteos francamente sorprendentes, al menos para una socialista. Dice que "Si nuestro país se pusiera firme en defender su producción nacional, si nos uniéramos a toda Latinoamérica para impedir que nos arrasen las mercancías a precios de dumping… podríamos defendernos del vendaval de la globalización". El planteo luce como más propio de un agente de ventas que de una dirigente obrera.


 


Llama la atención que la compañera y su partido no estén advertidos de que detrás de la "producción nacional" se esconden muchas cosas. Se esconde, por ejemplo, ¡la producción extranjera! El ciento por ciento del armado nacional de autos es realizado por pulpos extranjeros. Estos pulpos, como Silvia Díaz, también están de acuerdo en proteger la "producción nacional"… de autos. Es por eso que reclaman un arancel del 35% contra los importados, para "defenderse del vendaval de la globalización". De modo que la defensa de la "producción nacional" encubre los privilegios de los pulpos imperialistas que arrasan con otros sectores de la "producción nacional". Por ejemplo, con los autopartistas.


 


También se ocultan detrás de la "producción nacional" otros pulpos, que la juegan de nacionales, como Techint. Para su defensa, Techint ha conseguido que le aumenten los aranceles a la importación de acero e incluso que se prohíba la entrada de los productos que provienen de Asia y de Brasil. Pero en la misma línea proteccionista, el pulpo Techint viene exigiendo la eliminación de los aportes patronales a la seguridad social y el establecimiento de convenios de trabajo por empresa para facilitar la aplicación de la flexibilidad laboral. Al final, no hay forma más efectiva de luchar contra la competencia, que es lo que reclama Silvia Díaz, que ¡bajando los costos! Con este objetivo, precisamente, Techint está alentando la división de la UOM. Silvia Díaz nos objetará con toda sinceridad que su planteo no llega a esos extremos. Sin embargo, "la defensa de la producción nacional" no es otra cosa que la defensa de los dueños de la "producción nacional", los cuales además pueden ser extranjeros.


 


La lucha contra el "dumping" (venta a precios inferiores al costo de producción) que reivindica la compañera es propia de un lobby comercial, no de un programa obrero de lucha. No tiene nada de antiimperialista. En el momento actual, unifica a todos los capitalistas afectados por las devaluaciones monetarias en Asia, lo cual incluye, además de Japón, a Corea, Indonesia, Filipinas, países que están lejos de ser imperialistas. La industria euro-yanqui del automóvil que opera en Argentina quiere defender su "producción nacional" de la competencia japonesa y especialmente de la coreana (la japonesa Toyota ya se encuentra instalada en Argentina). También en Estados Unidos los grandes pulpos del acero norteamericanos están llamando a luchar contra el "dumping" asiático.


 


Es curioso que la compañera invoque a la unidad latinoamericana para luchar contra el "dumping". Es que uno de los principales problemas de la "producción nacional" argentina es la competencia de la "producción nacional" brasileña (que tampoco es brasileña en su mayor parte). En el caso del acero, los brasileños han sido acusados por los argentinos de practicar "dumping" e incluso de tener contratos de abastecimiento exclusivos para abastecer a la industria automotriz del Mercosur. Las autopartistas argentinas denuncian que Brasil quiere acaparar la fabricación de componentes. La defensa de la "producción nacional" lleva a la división latinoamericana, no a la unidad. La unidad política de América Latina debe servir a la transformación socialista de sus naciones, no a una modificación de sus nomencladores arancelarios. El proteccionismo industrial, cuando no está fundado en la destrucción de la estructura social existente (vieja), solamente sirve para perpetuarla, de modo que el proteccionismo lo terminan pagando los trabajadores.


 


Llama también la atención que Silvia Díaz haya comprado el cuento de la globalización. Esta terminología para definir a un capitalismo pujante fue inventada para ocultar la descomunal sobreacumulación de capital y el parasitismo financiero que anunciaban el derrumbe capitalista. Mientras globalizaba la miseria social por un lado, la burguesía mundial se hacía más nacionalista por el otro. El derrumbe asiático es una expresión de la feroz lucha entablada entre las burguesías nacionales imperialistas. Para resistir "el vendaval de la globalización", Silvia Díaz no propone, sin embargo, una lucha obrera internacional sino la defensa de las fronteras y producciones "nacionales". En este punto estratégico, se encuentra muy pero muy cerca del Frepaso y muy pero muy lejos del socialismo revolucionario.


 


De cualquier manera, la actual guerra comercial y las operaciones de "dumping", no han sido desatadas por el "vendaval de la globalización", sino por su derrumbe. Mientras la especulación capitalista iba en ascenso, el FMI y el Banco Mundial se felicitaban por la creciente apertura del comercio. La bancarrota de esa especulación ha puesto fin a ese acuerdo de caballeros. Pretender enfrentar el derrumbe de este acuerdo y el colapso financiero y económico capitalista mediante la defensa de las "producciones nacionales", es francamente una fantasía reaccionaria, que sólo sirve para atar a los obreros de las diferentes naciones a sus burguesías.


 


La compañera llega a decir que "No hay soluciones facilistas, menos en el grave contexto internacional". Se trata de una concesión ideológica extraordinaria al imperialismo, esto porque es un planteo derrotista y desmoralizador; es precisamente lo que la burguesía mundial quiere hacernos creer para que aguantemos la crisis y, por sobre todo, para combatir la tendencia de los trabajadores a emprender una acción histórica independiente. Pretende que el derrumbe capitalista, en lugar de facilitar, dificulta las salidas socialistas. Mientras que Lenin subrayaba la sencillez de las soluciones obreras ante "la catástrofe que nos amenaza", como la apertura de los libros de los pulpos, la abolición del secreto comercial y el control obrero de la industria y de los bancos, Silvia dice lo contrario, quizás porque, en el fondo, se da cuenta de que las soluciones estrechas que propone son simplemente inviables.


 


El derrotismo y el nacionalismo pequeño burgués caracterizan, precisamente, a Izquierda Unida.


 

¿“Salvar a la Nación” o a sus dueños?


El “Plan de Salvación Nacional” que acaban de dar a conocer Patria Ubre y el Peronismo de ia Resistencia comete la enorme torpeza de proponer nada menos que la devaluación del peso, bajo la rúbrica del “Sinceramiento del tipo de cambio”.


 


Sería una falta de respeto hacia los autores del “Plan” suponer que no saben que la devaluación monetaria sería otro golpe terrible para el costo de vida de los trabajadores. El que una ley hecha a la medida de los especuladores internacionales haya establecido una paridad inamovible del peso con el dólar, no quiere decir que sea revolucionario proceder a una devaluación. Incluso si se devaluara quedaría establecida una nueva paridad, lo que demuestra que la devaluación no resuelve ninguna cuestión fundamental.


 


Es sorprendente que una corriente política popular haga este planteo cuando la devaluación del peso no forma parte de las reivindicaciones de ningún sector obrero, aunque sí de un sector de la gran patronal, como el que encabeza Claudio Sebastiani, el presidente de la UIA, el mismo que completó el quórum para que saliera la 'reforma laboral'. También se queja por el tipo de cambio el pulpo Techint, quien consiguió recientemente algo equivalente a una devaluación, como lo es que se establecieran aranceles a la importación de productos siderúrgicos, con el pretexto de que los capitalistas de Asia y de Brasil estaban vendiendo por debajo del costo. Con el mismo pretexto de mejorar su competitividad con el exterior, Techint exige que se eliminen los aportes patronales a la seguridad social o que se establezcan convenios de trabajo por empresa.


 


A los redactores del documento en cuestión no se les pasó por la cabeza que la posibilidad dé que los productos de Asia puedan entrar a Argentina a un precio cada vez más bajo, obedece a la devaluación de sus monedas. Éstas ‘devaluaciones competitivas’ que propone un sector de la burguesía internacional constituye un ataque contra toda la clase obrera mundial. La estrechez nacionalista del planteo devaluatorio conduce a los autores de la propuesta a integrar un bloque agresivo contra los trabajadores de las diferentes naciones. Otra cosa que olvidan quienes proponen la devaluación, es que ella nos enfrenta a las restantes naciones latinoamericanas y que, por lo tanto, es contraria a la unidad de América Latina. Estamos frente a un nacionalismo de parroquia que conspira contra el nacionalismo revolucionario latinoamericano.


 


Patria Libre y el Peronismo de la Resistencia proponen, en la misma línea de pensamiento, “una financiación al endeudamiento interno en dólares en préstamos personales, hipotecarios y a la pequeña y mediana industria”, o sea convertir a pesos la deuda privada en dólares. Es decir que mientras que el consumidor deberá sufrir la devaluación a pleno con el aumento correspondiente de los precios, el capitalista o el pequeño burgués endeudados serán rescatados por el Estado mediante la conversión de sus deudas en dólares a pesos devaluados. Es precisamente lo que están haciendo los gobiernos proimperialistas de Asia en este momento, que apelan para ello incluso a la nacionalización temporal de algunos bancos para rescatar a los deudores capitalistas con fondos públicos. El texto que estamos examinando no plantea, curiosamente, la confiscación de la gran banca y cree suficiente para enfrentar la crisis, "fortalecer… a la banca pública’’ existente, suponemos que incluyendo en este ‘fortalecimiento’ a las AFJP de la ‘banca pública' y, por lo tanto, a todas las AFJP en general. Para quienes fueron otrora partidarios de la “patria socialista", la renuncia a nacionalizar sin pago a la banca y mantener el régimen confiscatorio de la jubilación privada, constituye un claro 'aggiornamiento' político, es decir un retroceso. El "Plan de Salvación Nacional” no plantea en ningún momento las dos grandes medidas que servirían auténticamente a esa salvación: el desconocimiento de la deuda externa y la unidad política inmediata de América Latina. En estas condiciones, el documento podrá reclamar para sí un nacionalismo de carácter ideológico, es decir, un nacionalismo que exalta al país propio en detrimento de las demás naciones, pero nunca un nacionalismo de carácter revolucionario, que es aquel que tiene por objetivo eliminar al imperialismo, contribuyendo así a su desaparición en el plano internacional.


 


El planteo de devaluar el peso y rescatara la burguesía endeudada constituye un aval anticipado que da el ‘peronismo revolucionario’ a la salida que ya tienen en carpeta los capitalistas para el momento en que la crisis actual llegue a su punto más alto. Se trata, por lo tanto, de una descomunal concesión ideológica a la oligarquía capitalista argentina. Este alcance del programa de ‘salvación’ es lo más grave de todo el planteo.


 


“Democracia participativa"


 


Es también interesante la posición del documento frente al actual régimen político y, por lo tanto, al Estado. No plantea por supuesto un gobierno de trabajadores, aunque reivindique el  socialismo nacional sino que “convoca a todas las organizaciones intermedias” a la “Utilización plena de un sistema de democracia participativa". El documento parece desconocer el hecho notorio de que ‘organizaciones intermedias' como el Consejo Empresario, la UIA, la Rural, etcétera, tienen mucho más que una “participación" en el actual régimen político y que lo mismo ha ocurrido desde 1955 en adelante. En función de esto, lo menos que cabía esperar de un programa revolucionario es que planteara la expulsión de esas 'organizaciones intermedias' del poder del Estado, lo cual sólo es posible mediante la expropiación de los grandes capitalistas.


 


El planteo de la “democracia participativa", sin embargo, pretende resolver una vieja cuadratura del círculo, o sea cómo conciliar un régimen político popular con el Estado burgués; es un intento de superar la separación entre la llamada "sociedad civil" y e l Estado. Pero esta separación (contradicción) es inherente al capitalismo y al Estado burgués. Bajo el capitalismo la “sóciedad civil" está dividida en clases, es antagónica y tiende a la guerra civil, por lo cual necesita un Estado que arbitre ese conflicto en el marco de ese antagonismo social. El Estado, para cumplir su función de árbitro, debe estar por encima de la "sociedad civil”. La democracia parlamentaria perpetúa esta división mediante la ficción de que la “sociedad civil” está representada, no por clases antagónicas, sino por individuos con iguales posibilidades, que se expresan mediante el voto.


 


La aspiración a conciliar sociedad y Estado expresa el interés social de conservar a una y al otro, la cual es propia de la pequeña burguesía que quiere mantener este sistema, de un lado, con una mayor injerencia política, del otro. Esta pequeña burguesía no se ha dado cuenta de que, históricamente, ya ha fracasado en esta tentativa. Todas sus creaciones partidarias, o sea el radicalismo, el peronismo y el frepasismo han terminado como agencias de la burguesía pro-imperialista. En lugar de sacar las conclusiones de esta realidad y luchar por la formación de un gran partido obrero, los autores del documento nos proponen seguir en el pantano vicioso de la reconciliación entre la sociedad y el Estado. La contradicción que Patria Libre y el Peronismo de la Resistencia quieren conciliar, solamente puede ser resuelta por la supresión del antagonismo entre las clases, lo que en definitiva llevará a que el Estado sea reabsorbido por la sociedad. De otro modo, queda abierta la 'salida' de la supresión de la sociedad civil por parte del Estado, que es lo que ha hecho el fascismo o la integración de las organizaciones populares al Estado, o sea la “comunidad organizada” de Perón, que no es más que una versión atenuada del fascismo. La “democracia participativa” es una contradicción en sus propios términos, esto porque donde hay ejercicio del poder por los explotados no hay Estado en el sentido clásico de la palabra, y donde hay Estado no puede haber gobierno de los explotados. Propugnar la integración de las organizaciones populares al Estado constituye un planteo reaccionario en momentos en que las masas necesitan más que nunca independizarse de los partidos patronales y de la tutela del estado capitalista.


 

La política para desarrollar al Partido Obrero

Intervención sobre el Informe de Actividades en el IXo del Partido Obrero, que sesionó entre el 22 y 25 de mayo de 1988


Compañeros. Hemos escuchados distintos informes. Algunos con observaciones críticas respecto del informe de actividades, o del informe oral del día de ayer, y también de las orientaciones que siguen los distintos comités. Hubo igualmente una serie de aportes al desarrollo de los frentes y a las luchas, que en cierto modo complementan un informe de actividades y permiten establecer un concepto más general.


 


Pretendo tomar lo que se ha dicho hasta aquí como elementos de elaboración política para esta parte del informe de actividades.


 


Método


 


De cualquier manera, el núcleo del informe de actividades no ha sido debidamente debatido. Y no lo ha sido, creo, porque ha pretendido formular una idea compleja, que en el fondo, es simple. Una idea simple que ha sido recibida muy complicadamente. Quizás el compañero informante no se expresó bien, quizás algunos no lo entendieron, en resumen, si repartimos el problema 50 y 50, se ha complicado esta idea. Lo que pretendo es colocar todos los problemas desde un punto de vista básico, desenvolverlo hasta sus últimas consecuencias. Porque, en realidad, la idea central del Informe de Actividades parte de la caracterización de que el PO se encuentra en un momento crucial y en ese momento crucial, nosotros nos sentimos mejor preparados que en cualquier etapa anterior. Hemos elaborado una experiencia. Al hacer explícitas las conclusiones de esta elaboración, podremos corregir, en la lucha, sus defectos.


 


Es difícil encontrar un organización que diga, con toda claridad, cómo piensa abordar la etapa. Es este escamoteo, y no los errores estrictos de posición política concreta, lo que explica que cuando afrontan una oportunidad muy grande, y, consecuentemeete, no la aprovechan, se precipiten luego en una crisis insoldable. Como no clarificaron primero su política para después verificarla en los hechos, cuando los hechos empiezan a no salir como esperaban, entran enuna crisis ciega. Nosotros también podemos entrar, eventualmente, en una crissi, pero no va a ser ciega. Primero vamos a decir cuáles son las premisas  de nuestra actividad, luego las vamos  poder cotejar en el desarrollo de la lucha.


 


Quiero empezar conuna anécdota para clarificar esto mejor. Es un periódico de izquierda, se escribe una carta dirigida al Congreso del PO y al PO que suena como una cargada. Pero, aunque suene así, es indiscutible que el que la escribió está pensando en serio, aunque no sepamos si él se va a tomar en serio lo que nos escribió o a tomarlo como una cargada. Pero eso es un problema de él. La carta nos planteaba una reunión, para que expliquemos por qué está vigente ahora la consigna de construir un partido obrero. Porque ellos no ven ningún síntoma de vigencia de esta consigna.


 


Ellos, dice, no ven ninguna tendencia a construir un PO, por  lo cual esta consigna esta fuera de lugar. Pero agregan: nosotros somos un pequeño grupo, en cambio ustedes son una organización grande. Ustedes quizás sepan algo que nosotros no sabemos. Hagamos una reunión y devélennos el misterio. Esto último es lo que suena como cargada.


 


¿Cuál es el misterio que no conocemos y que ustedes seguramente deben conocer, de lo contrario no harían este planteo?


 


Naturalmente, ellos deben pensar que acá no hay ningún tipo de misterio y que, a a hora de que hagamos una reunión y nos expliquemos, terminaríamos diciendo un par de tonterías.


 


Una vez conocí a un tipo que me dijo —y después lo pude comprobar— que ser un buen espía había que saber leer el diario. Con esto quiero decir, o viendo al tema anterior, que generalmente el misterio está a la luz del día. El problema es que no se lo quiera ver.


 


El concepto político central que hay acá no es misterioso. Pero además de no ser misterioso, disculpen que me detenga en este aspecto del problema, no solo está a la luz del día para cualquiera, sino que el PO lo viene poniendo a la luz del día hace varios meses. Estamos en mayo, bueno, desde aproximadamente 9 meses.


 


i Y por más que lo repetimos no les entra en la cabeza a nuestros adversarios!


 


Peronismo


 


Nuestra caracterización —que este grupo no ve y que es la clave de toda nuestra orientación actual— es que se hundió el peronismo.


 


Sobre esto hemos elaborado bastante: hemos escrito que es un cadáver insepulto, etc. Y hemos elaborado bastante porque ya sabíamos por anticipado qué se nos iba a decir: ¿sabés cuántos antes que vos ya dieron por muerto al peronismo?


 


¡No somos tan ingenuos como para que, de golpe, descubramos que el peronismo se murió! Pero aquí tenemos dos opciones. Una, decir que antes no estaba muerto, que ahora realmente está muerto. Por lo tanto, que el padre de la idea seríamos nosotros. Pero no hemos tomado esta opción; no hemos elegido declararnos el padre de la idea. No. Reconocemos que, todas las veces que se lo declaró muerto, los que lo declararon muerto tenían razón: había muerto.


 


El peronismo, en efecto, está muerto hace muchísimo tiempo. Y la prueba de que está muerto hace muchísimo tiempo es que no puede gobernar. Por ejemplo, si la gente se pregunta ¿por qué hubo una dictadura militar y 30 mil desaparecidos? Por la incapacidad del peronismo. El pueblo pagó con 30 mil desaparecidos el seguidismo al peronismo, no el ascenso de los militares. Como el peronismo no podía gobernar, vinieron los militares. Y como el pueblo no pudo superar al peronismo, tuvo que pagar con 30 mil desaparecidos el error de ir detrás del peronismo. Esto es lo que caracteriza a un cadáver (insepulto).


 


La vanguardia política de aquella época no lo entendió. No entendió cómo superar al peronismo. Es más, ella misma hacía seguidismo al peronismo.


 


Por ejemplo, llegaban a decir el peronismo está muerto, pero sigue en pie la identidad peronista. El peronismo como organización, como elemento de movilización, Perón mismo, está muerto, porque además se murió y todo el mundo vio que lo enterraron y nadie dudó, como ocurrió con el suicidio de Yabrán, si realmente era Perón o no el que se había muerto.


 


Pero decían que el pueblo tenía una identidad peronista. Entonces seguían actuando como peronistas y llamaban al pueblo a seguir actuando como peronista y hasta cuando Menem fue candidato, el Ptp integró el frente para que Menem fuera candidato y la IU no pudo adoptar una posición sobre cómo iba a votar en el caso de que hubiera segunda vuelta en el colegio electoral porque querían guardarse en la manga la posibilidad de votar por Menem.


 


Y cuando tuvieron que explicar por qué votarían por Menem, dijeron: por la identidad peronista del pueblo.


 


El carácter contrarrevolucionario del peronismo


 


Entonces, el peronismo es un cadáver. Un cadáver insepulto hace mucho tiempo. El peronismo, se agotó en 1955, pero como fuerza relativamente movilizadora contra los gobiernos que sucedieron al peronismo, murió definiti¬vamente en noviembre de 1972, y más definitivamente en junio de 1973, cuando Perón regresa a la Argentina. Y confirmó la tesis que nos separó durante dos décadas del morenismo, de que Perón volvería al país solamente para es- tran-gu-lar un ascenso de la clase obrera argentina.


 


Un folleto que sacamos apenas nació el PO se llamaba ‘Perón no vuelve’.


 


En 1965, cuando se anuncia que Perón sale de Madrid para venir a la Argentina, nosotros planteamos ‘Perón no vuelve’. Y un sector de compañeros se oponía a sacar una cosa así. Tuvimos una crisis, nos dimos cuenta de que jugábamos el destino de la nueva organización. Pero sacamos el folleto donde decíamos que: Perón no vuelve porque no hay ninguna revolución obrera para estrangular. Dijimos: acá no pasa nada, las aguas están calmas: así que si Perón viniera solamente sería para joder a la burguesía. Y para joder a la burguesía no va a volver, ni lo van a dejar volver. ¡No vuelve!


 


Pero, cuando en 1972 dijeron que volvía, no sacamos un folleto diciendo: No vuelve. ¡Sacamos un folleto para decir que Perón vuelve para estrangular!


 


Desde entonces, el peronismo es un cadáver. Y todo lo que ocurrió después: la triple A, Isabelita, etc., lo confirma.


 


Naturalmente que el golpe militar ‘rebobina’ la historia argentina. Produce un gran salto hacia atrás, aunque no anula la experiencia vivida. En 1983 tenemos que volver a reconstruir un proceso político. Y se vuelve a plantear en condiciones extremadamente más agravadas el problema anterior: ¡está muerto!


 


Por eso, nosotros pudimos sacar aquel afiche que cito tanto, que decía: "La Casa Rosada no cambia de dueño”, donde señalábamos que el movimiento obrero iba a tener que pagar con dolor y sufrimiento el haber votado por Menem y que solamente agotada esta experiencia lo iba a superar. Es decir que nosotros caracterizábamos que subjetivamente, en 1989, el movimiento obrero estaba en la etapa más baja de su conciencia; que es cuando el Mas dice que hay una situación completamente revolucionaria. ¡Miren qué absurdo, no!


 


Ahí se pusieron a prueba dos tesis que le costaron la vida a un partido (el Mas) y le abrieron el futuro al otro (el PO). Ahora, el peronismo está muerto en el medio de una gran crisis social.


 


Cuando las masas tienen que actuar, actúan.


 


Ha habido este paro activo en Córdoba; el 29 hay otro paro activo en Córdoba. Ha habido esta huelga de la construcción sobre la cual después vamos a hablar. Porque la burocracia, con su ley de accidentes de trabajo, su privatización de los accidentes, con este paro se ha transformado en agente involuntaria de la recuperación del sindicato de la Construcción, porque esto no vuelve más para atrás. Es el sindicato más aplastado, aunque sabemos lo sabíamos de antes— que es el sindicato más importante, porque ahí han ido a parar todos los compañeros nuestros despedidos. El único con una cierta reactivación, que ahora se encuentra con esta nueva situación.


 


En medio de una situación de crisis social inmensa, el peronismo está muerto. Pero no sólo está muerto, sino que se divide, y se divide en el poder. Los diarios de hoy hablan del temor al resurgimiento de las Tres A, en alusión a los misteriosos atentados cerca de la seguridad de Duhalde.


 


Si el proceso sigue así, en las elecciones del ‘99, el partido justicialista sale quinto. ¡Es un derrumbe político completo del partido que se adjudica las mayores conquistas y es el responsable de las mayores derrotas, masacres y tragedias de la clase obrera argentina!


 


Y el grupo político del que hablábamos al principio nos pregunta qué sabe el PO que ellos no sepan para tener esta consigna de formar un partido independiente de la clase obrera.


 


No ve los misterios que están a la luz del día.


 


Cuando tuvimos la primera discusión sobre el informe político en el Comité Nacional, tocamos este problema. Planteamos que el derrumbe del Plan Cavallo, la crisis del gobierno, la crisis del peronismo y las luchas populares, que asumen por momentos, características revolucionarias, im-pulsan una dinámica. Un fenómeno interesante de esta dinámica y de esta consigna que busca desarrollarla en forma consecuente, es que el partido está encontrando un terreno de intervención absolutamente colosal que no se explica por la fuerza del partido. Se explica por el lugar que el partido ha conquistado y por la orientación.


 


Una tendencia de las masas


 


Una expresión de esto es el resultado electoral. Recuerdo un compañero de la construcción que no fue a votar porque ese mismo día su mujer tuvo un hijo, contó que sus compañeros eran todos peronistas y votaban al peronismo y que además le decían “el peronismo es un sentimiento” que estaba por encima de cualquier dirección, y por lo que volverían a votar al peronismo.


 


Sólo que el lunes, cuando este compañero nuestro fue a laburar, le dijeron que no, que cuando llegó el momento de votar, dijeron: vamos a votar al PO. Y se lo decían a él porque sabían que él era del PO. 


 


Existe una tendencia profunda en una parte de la clase obrera, porque no podríamos tener 32 mil votos en Córdoba, comparados con los 2 mil votos previos o con los casi 9 mil de la elección constituyente es un salto descomunal si no es como consecuencia de una maduración que comienza a ocurrir en el proletariado. Tampoco es un resultado que nos cayó gratis: fuimos a buscarlo con una caracterización muy precisa y con consignas igualmente precisas.


 


Esta tendencia se manifiesta en todos los terrenos. Porque allí donde hay un conflicto, el PO aparece y rápidamente polariza, no porque el peronismo no esté sino porque pesa como un cadáver.


 


Entonces, los peronistas en Río Turbio, ¿qué hacen? Kirchner es peronista: va y dice que hay que levantar la huelga, que hay que aceptar las condiciones de la patronal, de una patronal trucha, que no tiene capital y tiene cagando a todo el mundo —en la mina ha muerto gente— y todo lo demás…


 


El peronista de la CTA hace causa común con Kirchner. Los obreros de Río Turbio eran todos peronistas, o lo fueron. Y cuando se produce el conflicto, vamos con el planteamiento de mantener la huelga y el sindicato docente, que lleva adelante este planteamiento bajo la influencia de nuestros compañeros, se transforma en su eje.


 


Quiero señalarles, y de paso pedirles que lean mejor el periódico porque es una muy buena fuente de información, que vean en el periódico una nota donde el compañero Ornar —que bajó a la mina a hacer entrevistas—, cuenta las dificultades que tenían para relacionarse con los compañeros. Este hecho de entrar a la mina a hablar con ellos era la primera vez que ocurría. Pero alcanzó esta primera vez para que los compañeros se transformaran en el apoyo fundamental a la huelga minera, tal como lo señaló ei compañero del Río Turbio en el acto del 1° de Mayo.


 


Pero una semana después. Kirchner viaja a Río Turbio con la finalidad de en una serie de inauguraciones para la campaña por el plebiscito. Entonces, un conjunto de compañeras organizadas en Mujeres en Lucha, lanza una idea puede haber partido espontáneamente o por iniciativa de las compañeras de Río Turbio, pero ¡qué casualidad!, que coincide con el lanzamiento de nuestra campaña a nivel nacional por la organización de la mujer trabajadora.


 


Y entre ellas, nuestras compañeras del FUT arman una impecable movilización que después va a ser registrada por la TV ¡y le arruinan ei acto a Kirchner! q Con esto empezaron a transformarse en un polo político.


¿A qué se debe? A que se derrumbó el peronismo; a que se está asimilando dolorosa experiencia aunque se le busque la vuelta es siempre por lo  mismo.


 


Sapag es, en Neuquén, más importante que el peronismo. Sin embargo, miren qué situación. Como habrán visto hoy en Clarín, la universidad, por iniciativa nuestra, los secundarios, por iniciativa nuestra, los docentes, por iniciativa nuestra, y los terciarios por iniciativa nuestra, están llevando adelante una huelga general contra la reforma educativa. Clarín, dice con mala leche, que es contra la aplicación de ia reforma educativa y pone en negritas la palabra aplicación. Falso. La gran prensa trata de intervenir en este conflicto porque Sapag está en ruinas. El otro día propuso suspender la reforma.


 


Independencia obrera


 


Entiéndase que cuando hablo de derrumbe del peronismo, me refiero a la dinámica política que lo confronta a cuatro millones de desocupados, a los trabajadores de 600 pesos, a trabajadores flexibilizados, a trabajadores con accidentes de trabajo, etcétera.


 


¿Qué significa esto históricamente? Que no existe otra respuesta al derrumbe del nacionalismo burgués que la formación del partido de los obreros que seguían al nacionalismo burgués. No hay otra respuesta histórica, no estamos inventando la pólvora.


 


Pero tampoco hay que olvidar que desde que se inventó la pólvora, no todo el mundo supo usarla. Insistimos en este análisis, para que se entienda sobre qué base estamos actuando. Todo esto está dicho el 23 de octubre en un artículo de Prensa Obrera, de balance de las elecciones, y repetido permanentemente en todos los periódicos.


 


Cotejemos nuestra caracterización y nuestra política con la de Izquierda Unida y de toda la izquierda.


 


IU —que dijo que el peronismo estallaba en el ‘89 y en lugar de esto estalló IU-, caracteriza ahora que la derechización de la Alianza va a provocar una escisión de la izquierda del Frepaso. Entonces tiene enderezada su política a capturar a la izquierda del Frepaso. ¿Y los obreros peronistas?


 


No entienden nuestra caracterización ni pueden sacar las conclusiones que se derivan de nuestro análisis.


 


Conclusiones que son de gran alcance revolucionario, porque crearían una situación revolucionaria.


 


Hay compañeros que dicen que ésta es una consigna absurda porque uno no puede tener como consigna construir el propio partido de uno. Cuando uno quiere construir su propio partido, (en esto los compañeros tenían razón), tiene que decir qué tareas propone para que su partido se pueda desenvolver. Pero no puede proponer como tarea que se desenvuelva su partido. ¿Se entiende?


 


Naturalmente, estos compañeros no consiguen entender de qué estamos hablando, son esquemáticos, por lo menos. Nuestra consigna es un señalamiento a la clase obrera para que saque todas las conclusiones de la dirección del proceso político, social, cultural y económico que esa clase obrera vive. Concretamente, significa que la clase debe plantear en sus organizaciones y a sus organizaciones, uno, que rompa con la burguesía, dos, que luchen para formar un partido obrero, tres, que es necesario un programa para acabar con Menem y su política. En este terreno se pone al desnudo el carácter contrarrevolucionario de toda la burocracia sindical. En este terre¬no también queremos desarrollar nuestro partido revolucionario.


 


Los compañeros en cuestión no se dan cuenta de que hay que construir un partido obrero. Ellos no siguen el proceso de maduración de la clase obrera. Creían que la consigna nuestra era: hagamos grande al PO. Nuestra consigna no es esa. Nuestra consigna es esa: hay que romper con el peronismo, hay que romper con la burguesía y construir un partido obrero.


 


No tiene nada que ver una cosa con la otra.


 


La Alianza


 


¿Desde qué punto de vista nos interesa la Alianza en todo esto? Nos interesa en el sentido de ver si la Alianza está produciendo el sustituto del peronismo, es decir, muere el nacionalismo burgués, nace un nacionalismo burgués.


 


Por ejemplo, en Perú, durante muchísimos años, el nacionalismo burgués era el APRA de Haya de la Torre. En un momento clave de la historia, los militares dan un golpe e inauguran un gobierno nacionalista y el APRA queda como oposición proimperialista a un gobierno nacionalista. Y el que queda dominando el movimiento nacionalista y el APRA queda como oposición proimperialista a un gobierno nacionalista. Y el que queda dominado el movimiento nacionalista es el gobierno militar.


 


Entonces la pregunta es: ¿La Alianza hace esta sustitución? Pretende generar o ha generado un movimiento de contenido nacionalista burgués, de movilización de masas, por una autonomía burguesa del país, por unaindependencia nacional? No. Está 'menemizada'.


 


En este punto, se impone una observación concreta que debería servir para terminar con una forma abstracta de actuar, que traduce toda la desilusión de una parte de la pequeña burguesía. Acá se dijo—pero también es muy frecuente escucharlo fuera de aquí—, que cuando al estado burgués le falta una mediación (con las masas), siempre le aparece otra.


 


Puede ser, pero cuál es. La teoría de que siempre aparece otra es históricamente inexacta. No se trata de esto, se nos retruca. De lo que se trataría es de aue siempre aparece otra si no hay un partido revolucionario


 


No es así, respondemos. Hay una relación dialéctica; el partido se desarrolla cuando esas mediaciones entran en crisis y las mediaciones van a desaparecer cuando esté el partido revolucionario .


 


¿Lenin tomó el poder porque no había mediaciones? No. Estaba Kerensky, era una mediación, pero fracasó. Y fracasó, entre otras poderosas razones' porque estaba Lenin. Pero en otro lugar, en España, estaba el gobierno de frente popular, en Inglaterra estaba el gobierno laborista, en la Argentina estaba Perón. No había partido, pero el surgimiento de este partido, lo bloquearon estas mediaciones ‘kerenskianas’. Hay un artículo de Trotsky que explica que el ‘kerenskianismo’ no significa necesariamente un gobierno débil. Hay gobiernos centroizquierdistas fuertes y gobiernos centroizquierdistas débiles. El de Kerensky era débil porque había una guerra, y una crisis económica y porque estaba el Partido Bolchevique. .


 


La relación es dialéctica. El partido contribuye a que se quiebre una mediación, pero si sostenemos que sólo el partido es ¡a razón por la que se quiebra esa mediación nos pasamos al campo del idealismo y abandonamos el materialismo, que tiene que explicar por que razones concretas no hay una mediación.


 


Por ejemplo, en Indonesia hoy, después se ampliará en el informe internacional, no hay mediación, ya que el centroizquierda no ha levantado cabeza todavía. Pero tampoco hay partido. Y como no hay un partido, una mediación que no existe funciona como mediación.


 


Ustedes leen los diarios y dicen: acá todavía no pasa nada porque no hay un liderazgo revolucionario. Entonces ¿qué es lo que está funcionando como mediación? La falta de mediación.


 


Es decir que, cuando no hay partido, ¡hasta la falta de mediación funciona como mediación! Y acá se dice que la burguesía siempre tiene mediación. ¡No, a veces no tiene mediación!


 


Pero incluso cuando no tiene mediación, subsiste si no hay partido. Y otras veces no subsiste, aunque tenga mediación, porque hay un partido, y otras veces esto depende de la combinación entre el hundimiento de la mediación y el desarrollo de! partido. Es una combinación. Hay una tesis de Lora, que hasta que otro investigador no demuestre su error, yo sigo pensando que es correcta.


 


Lora dice lo siguiente: ¿cómo es posible que un partido que no tenía casi miembros hubiera conseguido la aprobación de las Tesis de Pulacayo de 1946? (Las tesis del sindicato minero en las que se fija como orientación la revolución obrera).


 


El lo explica por una combinación de circunstancias especiales. El nacionalismo que tendría que estar dirigiendo al movimiento obrero acababa de gobernar en forma desastrosa y había caído como consecuencia en un gran desprestigio. Lo derriba una coalición de la oligarquía y el PC. Cuando, en medio de esta gran crisis, el POR va a los mineros, a su congreso, el nacionalismo y el stalinismo son repudiados por los obreros porque se dio una combinación especial que los juntó en el desastre. Y ahí logran meter las Tesis de Pulacayo.


 


El POR como partido, va a crecer a partir de aquí, hasta 1949-50. Le doy importancia a esto porque es un ejemplo de análisis concreto de una situación concreta.


 


La Alianza refleja el fenómeno de la fondomonetarización y neo-iiberaliza-ción de una fracción reducida de ia pequeña burguesía acomodada y es por eso que podría provocar desgajamientos hacia la izquierda. Pero todavía no.


 


Por eso, ahora es nuestro momento, cuando el centroizquierdismo actúa totalmente entregado y cuando la izquierda está girando alrededor de ese centroizquierdismo entreguista.


 


Hay un tema que no se ha seguido, pero que importa apuntarlo. Hay una lucha de Verbitsky en Página/12, desde hace varios meses, para que el asesor N° 1 de De Gennaro, Claudio Lozano, sea el ombudsman de la Capital Federal. Es decir, que la CTA se propone cogobernar con ia Alianza mucho antes de las elecciones del '99. Es un dato político importante.


 


Eí desarrollo del PC


 


A la luz de ésto, si el partido va a crecer o no es un tema mal planteado. De aquí a un cierto tiempo no sólo nosotros vamos a crecer, aunque nosotros más que todo el mundo. Crecer va a ser más o menos inevitable. Este no es entonces, el problema.


 


La receptividad, la tendencia a organizarse, ya está en desarrollo.


 


La primera impresión que tuve de que íbamos a tener una buena elección fue cuando el Largo, en Córdoba, al comienzo de la campaña, me mostró una encuesta referida al grado de conocimiento que la ciudadanía tenía de los partidos, donde PO aparecía entre los primeros. Bueno, me dije, ya está. Pero ¿cómo ya está? No basta saber que un partido existe para votarlo. Pero el PO sólo puede ser conocido por su lucha y, en esta etapa esto es una credencial. Es decir, si la gente sabe quién es ei Partido Obrero, quiénes son sus líderes y qué plantea, en esta situación política, el PO tiene que desarrollarse. Nuestro problema es desarrollarnos no de cualquier manera sino como partido revolucionario, desarrollarnos en la lucha para que ias organizaciones obreras rompan con la burguesía y se independicen política, organizativa y programáticamente.


 


Esta consigna política gobierna nuestra acción y se tiene que materializar en la práctica. Para eso tenemos que considerar a las masas en la totalidad de sus movimientos. No podemos decir hay que construir un partido obrero y hacer tal o cual tarea. Hay toda una serie de luchas políticas que, en primer lugar, tienen que ver con las organizaciones obreras que la clase tiene, aue ya existen, y también con las que tenemos que construir. El PO, con el llamado a romper con la burguesía, a romper con los partidos patronales, tiene que impulsar las luchas en las organizaciones que existen y, entre los trabajadores que no están organizados, organizados, por ejemplo, la juventud, los desocupados, etc.


 


Por eso hablamos de un planteo político-reivindicativo. Sobre la base de reivindicaciones, desarrollar algo que explícitamente es una alternativa política; por una alternativa obrera, por mesas político-reivindicativas de las organizaciones en lucha, partidistas y no partidistas, por el partido obrero. Las tres apuntan a lo mismo, pero probablemente, en el desenvolvimiento de la situación, sectores enteros pasen por diferentes fases. Es decir pasen por luchar con nosotros por la independencia obrera, pasen por formar alternativas organizadas y pasen por construir un partido obrero. O no pasen por las dos primeras y directamente vayan a la tercera, todas son fases probables, pero no inevitables dentro del movimiento político de la clase.


 


La consigna de construir un gran partido obrero ya la habíamos planteado con anterioridad en el VIII° Congreso, y nos hemos desarrollado sobre la base de ella. Es decir, que no venimos al IX° Congreso a traer una novedad. Nosotros evitamos la novedad: queremos que se aprueba una consigna que ya se había aprobado en un Congreso anterior. Es decir que somos un plomazo.


 


Entonces, el problemaque tenemos no essi vamos a crecer, sino cómo vamos a crecer. No nos interesa crecer para retroceder, ni tampoco nosimporta crecer sobre la base de un reclutamiento que no corresponda a los objetivos revolucionarios del Partido Obrero.


 


Pero, además, tenemos que crecer sobre la base de una determiné orientación política, ¡ella tiene que producir el crecimiento! Crecimiento que se va a producir aunque no tengamos esa orientación política. Pero nosotros queremos que se produzca como consecuencia de esta comprensión política porque es la más rica, la más amplia, es la variante más fecunda del desarrollo. No queremos inflarnos, ni hacer dieta. Indudablemente van a ocurrir oscilaciones, pero no se trata de eso. Tiene que ver con el problema de la orientación.


 


Entonces el eje central es la campaña política para que las organizaciones rompan con la burguesía y se construya un partido obrero. Sobre la base de esta consigna, en todas esas organizaciones obreras, tenemos que desarro¬llar fracciones independiente con más método, y montarlas donde no existen. Por ejemplo, bajo la forma de una agrupación sindical bajo la forma de una mesa político-reivindicativa. Sin embargo, cuando muchos compañe ros acá proponen una mesa político-reivindicativa de Capital les digo que el Comité Ejecutivo, en su análisis actual, está en contra. ¿Por qué?


 


Porque no estamos proponiendo estructuras administrativas sino organizaciones que respondan a una consigna política y a una necesidad de lucha, que se exprese en un programa. En un local, un compañero me planteó la necesidad de una mesa político-reivindicativa en el barrio ¿Cuando le pregunté quiénes la iban a formar, me dijo que gente nuestra… Es decir que el PO, de partido obrero iba a pasar a llamarse mesa político-reivindicativa.


 


Es decir que a Sanidad de Capital, o a Telefónicos, no iría más en nombre, del PO, sino en el nombre de una mesa política-reivindicativa. Se cree que con cambios de nombres, a lo Pts, se gana a las masas.


 


O sea que el peronismo se hunde y las masas deberían construir un partido obrero; pero el Partido Obrero les dice a las masas: no formen un partido obrero todavía, sino estaciónense en engendros centristas por las reivindicaciones, es decir, sin objetivo estratégico. Si denunciamos la reforma laboral, pero no decimos que la Alianza la apoya; si no decimos que para derrotar esta reforma hay que romper con la burguesía, si esto no ocurre, denunciar la reforma laboral no quiere decir nada.


 


Todo el mundo está por la salud. Los médicos están por la salud, la Alianza está por la salud, el Frepaso está por la salud… no podría ser de otra manera. ¿Quién podría estar contra la salud? El problema es: hay que romper con la burguesía, para sacar a la salud de manos de los pulpos, luchar por la reivindicación de la salud sobre la base de una plataforma de ruptura con la burguesía. No sobre la base de otra cosa.


 


Naturalmente, si hay una lucha nosotros nos metemos, pero con el objetivo de desarrollar un movimiento consecuente, como en toda lucha. Romper con la burguesía y formar un agrupamiento. Romper con la burguesía y formar un comité de huelga. Romper con la burguesía y formar una interfabril. Romper con


 


la burguesía y hacer un paro activo, la huelga general. ¡Si no es así, es verso!


 


Es el verso con el cual la Alianza quiere que aguantemos hasta 1999. Sin embargo, en este Congreso, por hacer este planteo, hubo quién nos acusó de electoralistas. No entendió nada.


 


Elecciones, política y acción directa


 


Al hacer un planteamiento político, somos electoralistas. Es decir que si nosotros decimos rompan con la burguesía, Partido Obrero, se nos dice que estamos pensando en ¡os votos del ‘99. ¿Y como es la mejor forma de no ser electoralistas? No haciendo un planteamiento político y diciendo vamos por la salud. ¿Y ese planteo, qué es? No es nada; ese planteo no vale nada.


 


Este mismo problema se plantea con la izquierda. La izquierda sigue a la burguesía. Ustedes lo vieron en el caso dei 24 de marzo, cuando no quisieron impulsar una campaña por el plebiscito contra las leyes de punto final y obediencia debida. Querían que io resuelva la Alianza, que presionemos a los diputados de la Alianza. Eso está claro. El PC está buscando un Juan Pablo Cafiero para hacerlo figurón electoral. Esta consigna de que rompan con ia burguesía vale también para ia izquierda; lo dije en el acto del 1° de Mayo.


 


A ios compañeros de ia izquierda les decimos: estamos por ¡a unidad más total, rompan con la burguesía y hagamos un frente por ¡a independencia de la clase obrera.


 


Nosotros estamos hoy en una organización de combate, el PO, pero no siempre ha sido así. Hemos estado en sectas. Yo sé muy bien lo que es una secta. Eso también es valioso saberlo. La secta es como la zorra de la fábula, cuando no puede alcanzar las uvas dice que están verdes. La secta dice que hay que priorizar la lucha porque no es capaz de actuar en base a una estrategia, no porque le interese la lucha. Pero sin estrategia no se pueden desarrollar las luchas ni convertirlas en organización.


 


Bueno, estamos proponiendo a todas las organizaciones, inclusive a la izquierda, formar fracciones y construir organizaciones. En los sindicatos y en las fábricas, siempre ha sido el eje para nosotros y, en particular, por las dificultades que presenta. Porque la cuestión del partido obrero, con relación al hundimiento del peronismo, donde mejor se aprecia es en una fábrica cualquiera o en un sindicato. ¿Qué pasaba hasta ahora, o hasta hace un tiempo? Había una organización que decía defender a los trabajadores. ¿De quién dependía esa organización en definitiva? Del peronismo. Cuando la coyuntura económica era desfavorable para los obreros, había una organización que hablaba en su defensa. Y cuando había una coyuntura,'favorable había una organización que buscaba obtener alguna ventaja.


 


Durante el auge dei menemismo, las burocracias abandonaron incluso esa pretensión (ahora comienza a haber un viraje, caso Uocra). Lo que ha pasado es que las organizaciones obreras se adaptaron en forma total al entreguismo el nacionalismo burgués. El peronismo se hundió, las organizaciones vinculadas al peronismo están desmoralizadas. Cuando nosotros les decimos a ias organizaciones. rompan con ia patronal, vamos a la huelga, construyamos una a alternativa obrera independiente, no nos estamos dirigiendo a la burocracia, nos estamos dirigiendo a las masas.


 


Como las masas se interesan por lo que hace su dirección, nosotros presentamosnuestro llamado a las organizaciones obreras oficiales como tales, sean la CGT, CTA, o MTA. Peroel que nos están escuchando, a quienes vamos dirigiéndonos, es a la masa. Como consecuencia de esta orientación, esperamos que se desarrolle el partido obrero, las mesas político-reivindicativas, las agrupaciones sindicales, etc., y que así provoquemos la ruptura de las organizaciones obreras con la patronal.


 


Este es el valor del pronunciamiento político del 1o de Mayo en Córdoba El sindicato gráfico es chico, hay una o dos agrupaciones que están diriqidas por nosotros, los grupos de izquierda que aceptaron intervenir ni sabemos por qué están ahí. EL PL, el Mas… ni sabemos por qué firmaron. Pero lo que importa es que un sindicato, no importa si chico o grande, y varios partidos no importa si chicos o grandes, se pusieron de acuerdo para hacer un acto ¡del 1o de Mayo! sobre la base de la consigna Rompan con Ia patronal formemos una alternativa obrera independiente.


 


Ahora, nosotros tenemos que ir a todos lados y decir, ¿están de acuerdo?


 


Y tratar de que en la prensa aparezca si están de acuerdo o no. Y cuando hagamos un inventario de todos los que manifestaron su acuerdo, podemos ir a los cordobeses y decirles convoquen a un encuentro nacional e inviten a todos los que han dado su acuerdo. ¿Cuál es el reproche? ¿Es pequeño lo de Córdoba? ¿Lo queremos más servido? ¿Entonces qué nos queda para hacer a nosotros?


 


Lo que nos interesa es agarrar la punta del ovillo. A nosotros nos interesa una punta de donde poder tirar. Después, nosotros nos daremos maña, a partir de esa punta.


 


Este es el enfoque general nuestro. Otros partidos tienen otra orientación. Por ejemplo, decía lo de la IU, pero miren lo del Ptp. El Ptp tiene un tremendo problema. Si al PTP no le sale realmente un movimiento nacionalista en algún momento de aquí al ’99, ¿qué hace? Porque está haciendo una agitación, líos, acuerdos, movimientos y todo lo demás en función de encontrar un movimiento nacionalista. Es en función de esto que hace una política de complicidad con las burocracias sindicales que están en ia Alianza (hasta que negocian con Duhalde). El Ptp, en Neuquén, trató de salvar un acuerdo con Sapag, hace diez días o una semana, y nosotros decidimos continuar la huelga general. Fue un enfrentamiento netamente político.


 


En nuestra estrategia, uno de los ámbitos centrales de esta lucha está planteado en la Capital Federal. La primera persona que advirtió esta importancia fue la compañera M., de Capital, con un texto que publicó en el Bl y que por ese motivo el CE lo puso como artículo N°1. La necesidad de que el Comité Capital actúe en bloque, en el distrito, es un problema político. Porque el problema político de Capital es la lucha contra el gobierno de De la Rúa. ¡Una lucha política a muerte contra el gobierno de De la Rúa! Por eso es que, después, el CE le pidió a Capital que la elección de delegados se hiciera en Asamblea General y no que se hiciera por partes. ¡Y en todo el país esto es central! Porque puede marcar todo un rumbo a la orientación política del país y de las masas una iucha en Capital contra ei gobierno de De la Rúa. Y la prueba de que estamos extraordinariamente atrasados es que ya salieron a la huelga los docentes, ei teatro Colón, los médicos.


 


En Capital, hay que poner en práctica la política de luchar por la salud, la educación y todo lo demás, como una lucha política contra De ia Rúa y el Frepaso. Naturalmente, toda lucha es sobre la base de reivindicaciones: que les aumenten a ios docentes, acabar con la reforma laboral, el problema de aulas que tienen los secundarios que le hicieron el corte de calles, todo esto denunciando a De la Rúa como a un gobierno del gran capital, de la patronal, proimperialista, agente dei FMÍ, privatizador dei Banco Ciudad, represivo y desenmascarando a la burocracia sindical que sostiene la Alianza.


 


No, no vamos a hacer un frente con la CTA de telefónicos, sobre la base de un saludo a la bandera. Lo que queremos con los telefónicos es una mesa político- reivindicativa, contra el gobierno de De la Rúa. Al cual sostiene la CTA. Si acá no se hace un planteamiento político, las propuestas que se hicieron están mal. Quiero volver sobre el tema: es indudable que cualquiera que tenga un mínimo de experiencia en la actividad práctica sabe que tiene que tomar cualquier reivindicación, cualquier lucha y armarun trabajo en común para ira algún lugar. Eso está claro. Pero no ciegamente. El partido tiene primero que definir cuál es su planteo en esta situación. Y el planteo es político. Cuando interviene en cada movimiento práctico, lucha por hacerlo avanzar hacia esas consignas. ¿Cómo se puede luchar por un partido obrero en la Capital si no es en contra de De la Rúa? Alguien dijo acá que ya tenemos una buena consigna —construir un partido— y la hemos desplazado por otra, luchar contra De la Rúa. No entiendo. ¡¿Un partido obrero para no luchar contra De la Rúa?! Entonces es un partido pequeño burgués, no es un partido obrero. Es la Alianza. Si vamos a construir un partido obrero es para luchar contra De la Rúa y contra Menem.


 


El tema es que en la Capital no hay un movimiento de agitación general de parte nuestra. El PO tiene que darse como propósito intervenir y ganar a los trabajadores, a los obreros. ¿Cómo? Explotando toda crisis política.


 


Lo que dijo un compañero sobre el ¿Qué hacer? es una total falsedad, lo debe haber leído en sánscrito. Lenin no dice allí “primero tenemos que ir al movimiento obrero y después tenemos que ir a las otras clases sociales". Primero reivindicaciones, después política. No.


 


Lenin planteaba, claro, conquistar al proletariado, no a los campesinos o estudiantes, como había hecho el populismo. Pero no planteaba ganara la clase con métodos o reivindicaciones económicas sino con una lucha política. Ahora bien, lucha política es luchar contra el Estado, por lo tanto hay que desarrollar toda oposición popular contra el Estado, sobre la base de un programa.


 


Si un obrero, candidato a entrar al PO, ve a los secundarios cortando las calles porque no hay aulas. Se arma todo un alboroto, van todos los partidos. El PO no va. El candidaro a ingresar al PO pregunta: ¿Por qué no fueron? ¿Podemos acaso contestarleque nosotros Lenin nos dijo que hasta qie no seamos fuertes en la clase obrera no debemos inmiscuirnos en problemas de secundarios, universitarios y todos los demás?


 


Ah, nos responde el obrero: ¿entonces dejaron que los caguen a palos a los secunarios? En este caso, me voy a afiliar al Mst. No se si es obrero el Mst o no, prosigue ese compañero, perome bastacon saberque no deja que caguen a palos a los secundarios.


 


No se podría construir un partido obrero con ese método de primero voy a los obreros y después no voy a los obreros. Está mal planteado; hay que ganar la clase mediante la agitación política, es decir contra la organización de la burguesía en su Estado y contra todos los atropellos de éste. Estar a la vanguardia en la lucha contra toda forma de opresión es la carta para penetrar en el movimiento obrero.


 


Ahora queremos refundar inmediatamente la IV° Internacional. Muy bien, refundamos inmeiatamente la IV° Internacional y tenemos una huelga general estudiantil en Indonesia para tirar abajo el gobierno, pero como nosotros recién la refundamos, naturalmente en el movimiento obrero de Indonesia, no tenemos nada – además el movimiento obrero de Indonesia no está todavía atrás de los estuiantes, es decir, los questán al frente son los estudiantes- Entonces, no intervenimos en el derrocamiento de Suharto. Razón: Lenn dijo que primero tenemos que crearnos un lugar en el movimiento obrero. ¡¿Qué tal?! Pero el que intervino en el derrocamiento de Suharto perdió.


 


Ustedes van a conocer a los compañeros griegos. Los compañeros griegos tienen una cédula de identidad en Greciaque los ha salvado de tremendas crisis que ellos han tenido con elementos revisionistas del trotskismo que han destruído su organización. ¿Sabén cuál fue? Ellos participaron en lugar destacado en la ocupación del Poitécnico que derribó a la Junta Militar de Grecia. Ahora se celebró un aniversario de ese hecho, hubo que invitarlos a ellos también. Porque ellos fueron los protagonistas delderrocamiento de la dictaura militae griega. Y eso los tiene enaltecidos. Y a nosotros también, porque en la época de la dictadura militar acá marchamos con las Madres de Plaza de Mayo, en una manifestación gigantesca. ¿Qué habría pasado ese día si hubiéramos estado en una fábrica?


 


¿Con qué cara íbamos después a ver a un obrero?


 


En realidad, los obreros nos reciben bien porque dicen, bueno, éste es el partido que luchó contra la dictadura, Alfonsín, Menem, con las Madres, lucho con éstos y con los otros. Está bien, me gusta este partido. Esa es la política concreta.


 


Desarrollar nuestra política obrera


 


La cuestión de la mesa-político reivindicativa, por lo tanto, no es una receta ni es un conjunto de reivindicaciones, sino que es un planteamiento político oue tiene que ser lanzado en forma integral, que hay que explicar para oue sistemáticamente, se pueda ir construyendo el partido. En estas condiciones es que creo que hay un caso, o una serie de casos, que están,mal planteados y otros que en cambio, ayudan a entender mejor nuestro trabajo. Se toma el caso de M.: 30 compañeros en la agrupación, 2 compañeros en el partido Esto quiere decir, escuchamos decir, que no andamos


 


El pasaje de una agrupación al partido hay que tomarlo como un proceso más complejo. No es para que venga y se vaya, necesitamos, la escuela preparatoria de una agrupación, la escuela preparatoria de una fracción de gen*e que va madurando en la lucha y comprendiendo que necesita un partido


 


El problema de M;, en lo que tiene que ver con la composición del partido, es analizar qué tenemos en la agrupación que deba ser incorporado al partido. Pero el problema de M. es desarrollar esa agrupación ése es el problema fundamental. La separación entre la agrupación y el partido es justamente lo que nosotros estamos tratando de superar en esta propuesta de mesa político-reivindicativa, en esta propuesta de frente de organizaciones partidistas y no partidistas, en el sentido que consideramos desde el punto de vista del movimiento histórico, a las agrupaciones que luchan por la independencia de clase parte de la formación del partido.


 


No consideramos partido sólo al propio partido, sino a todo el movimiento histórico que evoluciona y madura en esa dirección y con él. Entonces el problema de M. tiene que ver con la calidad de la agitación de la Capital y tiene que ver con los planteos nuestros en la UTA. Porque podríamos crear una gran oposición a la burocracia de la UTA. Además, porque podríamos ser la vanguardia obrera de cualquier frente de lucha en Capital.


 


Todo esto lo estuvimos discutiendo durante nueve meses con los compañeros. Para que monten la agrupación y saquen un boletín. Sacaron ei boletín y montaron la agrupación. No hay crisis en M.


 


Toda esta confusión sobre la agrupación y el partido tiene que ver opino con una visión parcializada de la realidad. A partir de la caracterización del derrumbe del peronismo, caracterizo que los compañeros que ingresan a la agrupación de M., lo hacen porque necesitan la herramienta histórica adecuada ahora que se


 


les acabó el peronismo. Necesitamos desenvolver, entonces, este primer paso político. Son trabajadores que se están moviendo por ei objetivo histórico de superar al nacionalismo burgués y construir un partido obrero, ése es el contenido. Cuanto más concientes lo hagan se incorporarán al partido, pero ya son la expresión de ese movimiento. No podemos pensar en términos de una división históricamente artifical entre agrupación y partido.


 


En D. de San Lorenzo, en el C. de San Martín, en el F. y en A. de Santa Cruz, y en I. de San Martín, estamos empantanados porque no hemos hecho lo de M. Ustedes piensen lo siguiente: San Lorenzo es la capital de la desocupación. Dirigimos un sindicato. La huelga de Río Turbio demostró que un sindicato puede transformarse en el eje de un gran movimiento de lucha. ¿Cómo es que, después de 2 años, este sindicato de San Lorenzo no ha podido hacer ninguna propuesta unitaria al movimiento obrero de San Lorenzo? Y por eso sigue esa CGT fantasma de San Lorenzo.


 


Acá el problema político es que, si tenemos un sindicato, el sindicato tiene que ser el factor de la centralización y de la organización del movimiento obrero de ese lugar. ¡Sobre esa base -incluso- va a crecer él mismo, porque al potenciar el movimiento obrero de la zona va a reforzar su capacidad para resolver sus propios problemas!


 


El caso del I. es interesante porque el I. tiene una gran crisis política. Hace 2 o 3 años que, a raíz del lugar político que ocupaba el I., tendría que ser la vanguardia de un reagrupamiento político-sindical de la zona. Pero no se actuó en esa dirección.


 


Creo que en el I. llegaron a tener 100 suscripciones, en un solo lugar. Así que la influencia del partido ya, podríamos decir, desbordaba. Era una glotonería tener 100 suscriptores en un solo lugar. Pero el movimiento obrero de la zona no tenía ni noticias. No tenían un boletín… Ese boletín que sí saca M.


 


Tampoco A. tiene un boletín. No es, entonces, un bloque político, ideológico y cultural contra Kirchner. Es una maquinaria administrativa débil que carga con el peso de la destrucción del sindicato por las burocracias anteriores. ¿Puede superar esta situación? Lo demostró en Río Turbio. Y también transformarse en un factor de reagrupamiento general; pero primero tiene que tener una publicación por medio de la cual hacerse valer. La iglesia está penetrando entre los docentes de Santa Cruz haciendo los cursos de capacitación y no hay un frente de combate contra eso.


 


Resultado de todo esto, es que en lugar que —como en Neuquén— la burguesía esté preocupada porque no puede imponer la reforma educativa, es decir, a diferencia de Neuquén, donde la epidemia se la hemos contagiado al gobierno, que no puede imponer su plan, en Santa Cruz, los infectados somos nosotros. Es decir, nuestra tendencia se ha debilitado. Esto explica que tengamos en la regional una polémica bizantina interna sobre la reforma educativa.


 


Quiero aclarar que los responsables de estos errores que critico son los mismos responsables de los aciertos que elogio. Es imposible, porque ¿quién hizo lo de Río Turbio? La dirección del F. y de A ¿Quién está con esta dificultad para armar la política de M.? La dirección del F. y de A.


 


Yo he citado el ejemplo del colegio BA varias veces en el CE. A ustedes les tiene que sorprender que en períodico salga un artículo que habla una derrota que nos merecemos. ¿Cómo puede ser un artpiculo así? Lógico, en cuatro años, fue imposible que saquen el boletín en el BA. Entonces pasó como en el huevo de la serpiente y nuestros aliados se transformaron en nuestros peores enemigos. Una situación estancada, dejamos florecer el parasitismo, lo acomodaticio, lo renegado y empezó a manifestarse la culpa de todo acá es que está el PO. ¿Pero el PO de qué tenía la culpa? De no decir esta boca es mía.


 


Miren qué interesante, le echaban la culpa al PO, pero el PO no hablaba. No sacaba un boletín, la UJS no tenía nada, la agrupación no tenía nada, ¡el Centro que dirigíamos no tenía nada!


 


Si nosotros dirigíamos el Centro con los demás, y sacábamos un boletín, e íbamos desarrollando las ideas y todo lo demás, armábamos una homogeneidad… ¡pero no armamos nada! Entonces dicen: esto pasa por culpa del PO. Ahora sacamos un boletín y, con dificultades, se crece en el BA.


 


De que hagamos una tarea de este tipo, luchando, con boletines, con publicaciones que expresen una línea política e ideológica, también depende que construyamos algo en Río Turbio. Con las compañeras en lucha y con los compañeros que quieren formar una agrupación. Si no…


 


El otro caso es el de C. No hay una idea, no hay un planteo, entonces el frente se fue descomponiendo. Pero con un boletín y un planteamiento, nosotros hubiéramos tenido en el C. una agrupación de masas. Como la tenemos en todos los lugares en que esto se hace.


 


Lo curioso del equipo este T. es lo siguiente: que en el debate interno del círculo, los compañeros que discrepan con A. defienden la posición que A. reivindicó aquí. ¿Qué quiere decir? A. es partidaria de una agrupación en el sindicato, pero A. acá, en el Congreso, puso el énfasis en el partido. Los compañeros t. también ponen énfasis en el partido. Más suscripciones, más partido, más suscripciones, más partido. Pero no le jodamos la vida a la comisión directiva, formando una agrupación en T. Es interesante. Mientras todo sea el partido, fenómeno. Lo propagandístico no jode la vida a nadie. Nosotros, el CE somos partidarios de que se forme una agrupación. Ahora en T. hay una trampa con la agrupación (bueno, por lo pronto, nosotros ya teníamos una agrupación). La trampa es que esta directiva, frente-populista, aliancista, etc., es la consecuencia de una gran victoria contra el guillanismo. Y procura disimular su carácter conciente de que puede dividirse, no adopta posiciones de ningún tipo en particular, no adopta posiciones combativas tampoco, ha hallado un modus vivendi.


 


Muy bien, no formamos una agrupación. Pero al menos vayamos con un planteamiento a la comisión directiva, de manera que la discusión del planteamiento político permita introducir una diferenciación. Si estamos de acuerdo o no estamos de acuerdo con lo que se está planteando, qué plan de lucha necesita el gremio. Es el gremio más flexibilizado del país.


 


Pero no hay plan de lucha. La idea es que hay que evitar el plan de lucha, no quieren ir a una huelga, no quieren ir a un conflicto, como no quisieron ir en el pasado.


 


Sin embargo, recientemente, ocurrieron una serie de despidos y se han visto obligados a declarar una suerte de paro que quedó congelado por una suerte de conciliación obligatoria. Es decir, que si Mahoma no va a la montaña, la montaña vendrá a Mahoma. Por lo tanto, es mejor que tengan la iniciativa.


 


Me acuerdo ahora de ese compañero de Santa Cruz que hizo la entrevista, Ornar, en una charla que dio en el local de Saavedra dijo que los compañeros que estaban haciendo la huelga adentro de la mina habían invitado a los miembros del PO a ir a hablar con ellos para discutir la situación política. No para discutir la marcha del conflicto sino para discutir la situación política en la que este conflicto estaba introducido. Nosotros una de las cosas que tenemos que hacer es plantear abiertamente los problemas políticos a direcciones como la de T. Planteárselo directamente.


 


El problema que tenemos en T. es el problema que tuvimos en M. y que se empieza a resolver y que tenemos que resolver en tantos lugares, en el BA, en la Coordinadora de Secundarios, en la UJS; es decir, el carácter de las posiciones que tenemos que levantar, en las organizaciones, en las fracciones dentro de organizaciones existentes, u organizando nuevas organizaciones. Así desarrollaremos al partido, que se va a construir inevitablemente. No está planteado el problema si vamos a crecer. Crecer vamos a crecer, la cuestión es con qué política y método. Se trata de construir un partido revolucionario. Cuando digo que el problema no es si vamos a crecer, estoy diciendo que el PO no tiene obstáculos, pero cuando planteo cómo vamos a crecer, digo el PO tiene tremendos obstáculos. Con esto quiero decir que el análisis de la situación nos dice qué obstáculos se han levantado y qué obstáculos se han planteado. Esto, en lugar de la famosa frase del ex-Mas: “el trotskismo no tiene obstáculos”, que io llevó a chocar con una pared grande como una casa.


 


Yo coincido con el compañero V. en que los T. no son una tendencia. Sería desviar el debate. Porque acá está ausente de un planteo del partido, del comité, de la dirección, del equipo dirigido al gremio. Un planteo que veremos si clarifica o no a los compañeros. El que quiera hacer una tendencia en este partido se la va a tener que fabricar él solo. No le vamos a fabricar nosotros una tendencia.


 


Cuando digo que el problema de si vamos a crecer o no vamos a crecer no es la cuestión, alguien respondió, pero porqué no llevamos a nadie a la movilización del 13. Es una visión muy aparatista. Un partido revolucionario no puede movilizar gente por encomienda, por ejemplo, para el 13. Lo del 13 fue un bluff. Jerarquizan ia jomada del 13 todos aquellos que quieren hacer el frente por la salud y la educación, pero no quieren luchar contra Menem y De la Rúa. Lo'del 13 es una maniobra para estrangular la lucha contra la reforma laboral. Pero como la CTA dice que quiere luchar contra la reforma laboral, los partidos del frente de la salud y la educación que no quieren criticar a la CTA, dicen empujemos. Pero es muy claro que está para estrangular.


 


Quieren hacer una movilización para ver si convencen a alguien. Porque ya dijeron que aunque convenzan a los de la Alianza, los de la Alianza no tienen votos para votar en contra de la reforma laboral. Es un bluff.


 


¿Y sí somos capaces de movilizar? Bueno los compañeros del Río Turbio hicieron un acto político reivindicativo del 1o de Mayo con 250 compañeros. jEn Río Turbio, que tiene unos pocos miles de habitantes! Los compañeros de Neuquén tienen movilizado a todo el sector educativo de la provincia.


 


Los próximos nueve meses


 


¡Cómo se puede decir que nosotros íbamos a hacer una campaña de suscripciones indiscriminada! Entonces acá hay que armar bien un sistema de resoluciones, y no veo, en este punto, más que distintas iniciativas de distintos compañeros para ratificar la campaña de suscripciones, cuando lo que se necesita es una resolución política general con las ideas políticas fundamentales del informe, el concepto general de cómo vamos a encarar la actividad en el proximo período, de las iniciativas que vamos a adoptar, del eje político de nuestra acción, de la disciplina iterna que tenemos que señalar y todo lo demás.


 


El compañero Juan aclaró que no era verdad que habíamos tenio 500.000 dólares de déficit de la campaña electoral, y es sobre este punto que quiero cerrar este informe y dejarlo definitivamente claro. Toda la política financiera que hizo el partido el año pasado era esencialmente correcta, todas las cosas sobre las que apostó económicamente fructificaron políticamente, lo que está ueriendo decir también es que a partir de aquí deben crecer las posibilidades de apoyo económico para el PO, es decir que al final nos autofinanciábamos. Por ejemplo, apostamos a un local, apoyamos económicamente al local 3 meses, en 3 meses ese local se tiene que autofinanciar. Sacamos un periódico, creemos que es un buen periódico, lo queremos meter en el movimiento obrero, después de un tiempo se tiene que autofinanciar. Esa era la idea.


 


El problema es que no estamos aprovechando los frutos políticos para mejorar nuesta base ecónomica. ¿Cómo hacemos ahora para entrar a una nueva campaña? De aquí deriva el celo por el problema financiero, es un celo eminentemente político y no es sólo el problema de que un compañero cotice. Primero, la cuestión de que un compañero cotiza revela cómo crecemos. Si el compañero no cotiza, ya estamos desnaturalizando el desarrollo del partido. En segundo lugar, todas las actividades, por ejemplo el Boletín de M. y todos los demás, en la medida que es una tarea justa impulsa a los compañeros a subvencionarlo, a sostenerlo y, entonces, la tarea aparece doblemente como una creación política de las masas y una creación organizativa de las masas. Que ellas sientan que sobre las bases de un planteamiento programático pudieron montar una realidad material es el factor más grande de educación.


 


Esta educación tiene que ver con el problema de la toma del poder. Nadie sabe cómo es eso de tomar el poder; ésta es una de las razones porque las que hay subordinación a la patronal. Saben tanto del poder los que hablan del poder como una desocupada de la ropa que usó Valeria Maza en el casamiento. Se aprende a conquistar el poder en la lucha cotidiana, cuando sobre la base de un programa, se construye una organización (que tiene que ser sostenida con dinero). Ese es el poder. Con este método de organizar sobre la base de una lucha fundada en un programa, se aprende a buscar el poder y se establecen las condiciones subjetivas para la toma del poder. La incomprensión de ese problema del dinero de la organización llega a los propios miembros del CE, responsable de la actividad. Hay una incomprensión política y hay un problema de método. Esto es un partido político, esto no es la Iglesia Católica, donde cuando alguien se equivoca se arrepiente; se vuelve a equivocar, se vuelve a arrepentir, etc. Si nos equivocamos sistemáticamente, tenemos que ser sustituidos sobre la base de la discusión y de la crítica. Un partido que no se da cuenta de que con su desarrollo político, está influyendo a nuevas capas sociales, a las cuales, entonces, puede pedirles el apoyo económico, es un partido que está ciego, no ve la realidad que él mismo está creando. Hay mucha gente de la pequeñaburguesía que se acerca al PO, todos esos que decían que éramos una secta, ¿qué descubren ahora? Que somos el primer partido de la izquierda en votos, en calidad política y en organización y que todos los grupos de la izquierda democratizante se sectarizan contra nosotros. Entonces, hay un viraje, los demás son los sectarios, los demás son los escisionistas, los demás son los destructores y nosotros somos los únicos que construimos. Las direcciones de los comités, si quieren ser una verdadera dirección, y construir una organización en sus distritos, tienen que decires de acá de dónde vamos a juntar plata, vamos a abordar el asunto de esta u otra manera.


 


Hay un comité, que no voy a mencionar, un comité que consiguió, en el campo de la burguesía, un apoyo económico y, por sobre todo, en los medios, que fue uno de los factores más importantes del éxito electoral del PO en ese distrito. No vamos a poder construir nada si no tenemos el dinero; es sobre esto que queremos llamar la atención en este punto; no debemos tener déficit sobre las actividades que deben autofinanciarse. Nosotros queremos tener déficit en el sentido del adelanto de las actividades que después se van a autofinanciar. El PO no es un banco, su función no es dar superávit, al revés, tiene que dar déficit. Si el partido da superávit hay algo que anda mal, porque quiere decir que no sabemos usar políticamente el dinero; somos un desastre político. Tener déficit, quiere decir que tenemos más línea política que guita para solventarla, eso está bien. Mientras que el problema sea que tenemos más línea que guita no hay ningún problema, es decir que avanzamos con nuestra línea e incurrimos en un déficit que después cubrimos con el desarrollo de esa línea.


 


Termino de la siguiente manera; al final ¿crecemos o no crecemos? Una pregunta, por ejemplo, qué compañeros del I. responden diciendo que no crecemos; un compañero de La Plata dice que crecemos, pero no es bueno lo que crecemos, y el Pts que dice que no crecemos. Para saber si crecemos hay que ver no solamente si somos más militantes, sino si vendemos más periódicos; si tenemos más agrupaciones; si hacemos actos como en Río Turbio, o como en Neuquén. Crecer es este conjunto de factores y, viendo ese conjunto de factores, digo lo siguiente: en M. aun podemos ser dos militantes pero en la agrupación somos 30, en la huelga de Río Turbio fuimos un eje, lo mismo en la huelga de Neuquén, lo mismo el 1o de Mayo en Córdoba y Tucumán, la posibilidad de la venta de prensa ha llegado a 6.000 periódicos.


 


Es decir que estamos creciendo; van a haber períodos mucho más intensos y algunos otros que puedan ser de recule, pero estratégicamente estamos en ascenso.


 


Es necesario que el partido se cohesione en una táctica política y en una centralización de iniciativas organizativas; esto lo transformará en el partido capaz de resolver la crisis política.


 


Recientemente, en una entrevista, un periodista del diario Perfil me replicó que lo que yo estaba planteando tenía que ver con la historia futura, y que a él le interesaba saber lo que el PO va hacer ahora. Lo que le respondí fue que lo que acababa de decir era para ahora, que impulsar la ruptura de los organizaciones obreras con los partidos patronales y desarrollar un gran partido obrero, era para los próximos 9 meses. El creía que era para después del 2050, no, le dije: es para los próximos 9 meses, porque esta crisis se ha acelerado, ahora es que hay que golpear, ahora es que hay que intervenir, ahora comenzó la gran oportunidad.


 


Compañeros, cuando yo insisto en el problema de que cada frente tenga su prensa, cuando insisto en la importancia de la calidad de las consignas y de la táctica estoy insistiendo en el elemento ideal de la política, en contraste con el elemento material de la política. ¿Y por qué hago este énfasis? Porque los comités que no se desarrollan adolecen de eso, del elemento ideal, de la política, de la perspectiva. El elemento ideal es la consigna, es la reivindicación. Este elemento ideal es el que gana al obrero para la lucha, es el primer elemento que lo impacta. El partido se va a desarrollar entre las masas por la vía ideal, por la vía de la consustanciación entre las ideas que el partido proyecta y lo que las masas quieren hacer o necesitan hacer; sobre eso se construye ia organización. Es decir, cuando uno quiere construir una organización, o sea lo material, sin lo ideal no puede hacerlo. Podemos ser muy pocos militantes, pero si se tiene el elemento ideal, se señala el camino político adecuadamente, se va preparando a un gran ascenso, se estructura la conciencia de clase.


 


Bueno, disculpen compañeros lo que llevó, nada más. (Aplausos)


 


 

La crisis mundial y la IVa Internacional

Llamada a una Conferencia Obrera y de la Izquierda Clasista Mundial


Todo método de actuación política debe responder a la situación histórica que debe enfrentar. Si por un lado, ninguna situación concreta puede ser concretamente encarada sin un método político, el método en cuestión debe ser el producto de una caracterización correcta de esa situación.


 


La situación histórica se caracteriza desde hace un tiempo por un viraje político en el plano internacional. La primera expresión de ese viraje es el pasaje de una situación de euforia capitalista, que precede por poco tiempo a la disolución de la Unión Soviética y a la absorción del sector oriental de Alemania, a una clara tendencia de depresión capitalista, que se manifiesta hasta el momento en el conjunto de Asia, Oceanía y Europa del este, y que ha comenzado a extenderse a América Latina, Estados Unidos y el conjunto de Europa. La solución de las contradicciones capitalistas mediante la penetración en China y la ex URSS ha entrado en una impasse e, incluso, se está convirtiendo en un fracaso. La devaluación de las divisas china y rusa, por ejemplo, podría provocar una desvalorización de capitales de tal envergadura, que podría cancelar y hasta revertir todo el proceso de acumulación de los últimos diez años.


 


La segunda expresión del viraje es la modificación que se va produciendo entre los distintos sectores de la economía mundial; en primer lugar entre Estados Unidos y Asia, en particular Japón; y entre Estados Unidos y Europa y América Latina. La crisis asiática se va desarrollando según una línea general impuesta por el imperialismo yanqui, que básicamente consiste en liquidar a una parte importante de sus rivales económicos, en especial de la banca de inversión y de la industria de alta tecnología. Al gobierno de Clinton no le ha temblado hasta ahora el pulso para acentuar el derrumbe de los países del sudeste asiático y lo mismo está haciendo ahora con Japón, incluso a pesar de las consecuencias que este derrumbe puede tener sobre la bolsa neoyorquina y la economía norteamericana. Un sometimiento de la economía asiática al capital financiero norteamericano modificará sus relaciones con Europa y acentuará la tendencia a una asociación yanqui-alemana dentro de la Unión Europea. En este caso la crisis política tomará cuenta de países como Francia e Italia y de la mayoría de los europeo-orientales.


 


Este agravamiento extraordinario de las tensiones económicas internacionales se manifiesta en una acentuación de la presión del capital norteamericano sobre la clase obrera de su país. Para manejar la crisis mundial en beneficio propio, el imperialismo yanqui necesita una completa libertad de maniobra frente a la clase obrera de su país. El furioso intento de la General Motors, así como de otros pulpos, de tercerizar al máximo su producción, está llevando a un enfrentamiento estructural con el sindicato automotriz. Las huelgas y las luchas sindicales han venido creciendo sin pausa en los Estados Unidos en los últimos dos o tres años.


 


Otra manifestación del viraje político mundial es la transformación de las crisis económicas en políticas e incluso revolucionarias. Es lo que ocurrió el año pasado en Albania, Yugoslavia y Ecuador y este año en Indonesia, Corea y Rusia; es lo que se encuentra en gestación en este momento en Brasil, Argentina, México, Venezuela y Chile. Es indudable que la revolución albanesa ha influido en los levantamientos en Kosovo, dentro de Yugoslavia, y de este modo, ha puesto en jaque los acuerdos imperialistas de Dayton, referidos a Bosnia. La Otan no esconde que uno de sus principales objetivos en la actual crisis en los Balcanes es la recomposición del ejército albanés barrido durante la crisis pasada. Lo que los teóricos imperialistas califican como crisis ‘geopolíticas' son, en realidad, las consecuencias de la hecatombe económica capitalista sobre los débiles o artificiales estados o federaciones nacionales montados en los pactos de posguerra entre el imperialismo y el stalinismo.


 


Las crisis políticas o revolucionarias han demolido a los gobiernos y partidos de derecha (conservadores ingleses y gaullistas franceses, o la derecha coreana, indonesia y aibana) y han dado lugar en casi todos lados a gobiernos de centro-izquierda o de frente popular, incluso en Europa (Italia, Francia, Gran Bretaña). Las huelgas obreras y las movilizaciones populares se han incrementado con fuerza e incluso han surgido tentativas de construir “partidos obreros" (Corea, Indonesia); incluso, en Estados Unidos, numerosos sindicatos ya han anunciado que impulsarán “candidatos, obreros” distritales en las próximas elecciones. El ascenso de la izquierda democratizante al gobierno ha puesto al desnudo el completo agotamiento político del reformismo y del ex stalinismo o comunismo nacional, pues esos gobiernos ejecutan políticas de ataque a las conquistas obreras, privatizadoras y de recomposición del capital. En la mayoría de esos partidos de izquierda se manifiestan crisis internas excepcionales y en algunos casos la aparición de izquierdas de características revolucionarias (en el PC francés, probablemente en el PT de Brasil).


Los gobiernos centro-izquierdistas aparecen algunas veces para prevenir una crisis revolucionaria (en Europa y Corea) y, en otras, pueden aparecer para frenar una crisis ya desatada (Indonesia).


 


En todos lados, la situación política evoluciona de un modo concreto en respuesta al derrumbe económico y a la lucha de las masas.


 


La cuestión estratégica que plantea esta situación histórica es la construcción del partido obrero revolucionario, es decir, la superación de la crisis histórica de dirección del proletariado. Pero tal cuestión no se plantea como una cuestión de tal o cual país, más maduro desde el punto de vista de la crisis de conjunto, o de una suma de países, sino como una cuestión internacional, independientemente (aunque no aisladamente) de lo que ocurre en los diversos países. Caracterizar la crisis mundial y a las fuerzas en presencia, y señalar una salida de conjunto y un programa de reivindicaciones y de lucha para arribar a esa salida, ésta es la tarea del momento para la vanguardia obrera internacional.


 


Es a partir de aquí y de ningún otro lado, que debe y puede abordarse la refundación de la IVa Internacional. Es la única forma concreta de hacerlo. Ante la falta de partidos revolucionarios en las inmensa mayoría de los países e incluso la ausencia de una vanguardia obrera que sea realmente tal, la tarea internacionalista por excelencia es ofrecer un punto de referencia internacional, en el plano del programa y en el plano de la organización. Si la pequeña vanguardia obrera internacional es capaz de proclamar seriamente la refundación de la IVa Internacional, ella se convertirá, de este modo precisamente, en la palanca de Arquímedes que permitirá impulsar al proletariado internacional a la lucha mundial por el socialismo.


 


Esa pequeña vanguardia obrera internacional tiene un capital histórico y político imbatible para afrontar esta tarea. Ese capital es la verificación del acierto del programa cuartainternacionalista frente a todos los problemas cruciales del actual momento histórico. En particular de que la inevitabilidad del derrumbe de los regímenes burocráticos y de la tendencia de la burocracia a convertirse en capitalista, deberá desatar un gigantesco cataclismo social; y de que ese cataclismo social, lejos de atenuar la descomposición mundial del capitalismo, acentuará sus características catastróficas.


 


Esta pequeña vanguardia obrera mundial necesita, fundamentalmente, despejar su propio campo de confusiones. Una gran parte de las tendencias que se reclaman del socialismo y del internacionalismo se han convertido en democratizantes y han concluido aferradas a la pequeña burguesía académica. Esto ha ocurrido principalmente (aunque no exclusivamente) con el Secretariado Unificado de la IVa Internacional, que ha pasado hace mucho tiempo a jugar un papel contrarrevolucionario. Rechaza la dictadura del proletariado para abrazar la democracia formal o abstracta; repudia la acción histórica independiente de la clase obrera y pregona el frente de colaboración de clases; abandonó el principio de construir un partido internacional obrero y lo sustituyó por una federación de grupos librepensadores; considera consumados los procesos de restauración capitalista y anuncia el fin de la época histórica abierta por la revolución internacional de 1917. Es decir que no ha dejado una piedra en pie de la política de revolución mundial. La más neta y brutal delimitación de campos con estas tendencias contrarrevolucionarias es la condición para refundar la IVa.


 


Pero la conjugación de la crisis mundial capitalista con el agotamiento del reformismo y del stalinismo, plantea una auténtica crisis política para una enorme masa de luchadores de todo el mundo, que actúan dentro de las organizaciones históricas de la clase obrera dominadas por aquellas direcciones. Los partidos que luchamos por la refundación de la IVa Internacional y que recientemente protagonizamos un gran acto político en Buenos Aires, hemos redactado un documento sobre la presente situación histórica y las tareas revolucionarias que emergen de ella. Llamamos a discutirlo en todos lados y a verificar en común las posibilidades de una conferencia obrera y de la izquierda clasista de todo el mundo, para poner en marcha un plan de acción y dar los pasos hacia la construcción de un partido obrero mundial, la IVa Internacional.


 

Resolución sobre la situación internacional IXº Congreso del Partido Obrero


1. Crisis mundial


 


El período transcurrido entre el VIIIº Congreso del PO (diciembre de 1996) y la actualidad (mayo de 1998) está dominado por un agravamiento sin precedentes de la crisis capitalista que ya ha comenzado a provocar explosiones revolucionarias.


 


El análisis de conjunto del período puede sintetizarse así: en el lapso de los diecisiete meses transcurridos entre uno y otro Congreso, hemos pasado de gruesas manifestaciones de la tendencia a la crisis al estallido de ésta en Asia y, en el plano político, a nuevas acciones revolucionarias de masas, como las que derrocaron a Suharto en Indonesia.


 


La crisis asiática es infinitamente más grave de lo que están dispuestos a admitir los teóricos del capitalismo. No se trata de una mera crisis bursátil y, mucho menos, de una crisis regional o episódica. Es una crisis económica, financiera, monetaria e industrial que engloba al capitalismo mundial en su conjunto, que se sitúa en el cuadro más amplio de un conjunto de crisis económicas sucesivas (México, Brasil, Argentina, quiebra de pulpos históricos, fusiones), y que tiene por epicentro la inflación bursátil de Estados Unidos y su contenido estallido económico. Es una crisis del sistema capitalista mundial que ha recorrido todo un desarrollo convulsivo desde la declaración de la inconvertibilidad del dólar, en 1971, (inconvertibilidad que es, a su vez, la culminación de todas las contradicciones acumuladas a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial). La crisis en curso pone en evidencia el agotamiento del ciclo abierto en 1989/91 de ofensiva política, ideológica y económica de la burguesía mundial ligado a la resolución transitoria en favor del imperialismo de las crisis revolucionarias en Alemania y la ex URSS.


 


Asia


 


La crisis asiática se ha ido extendiendo a un número cada vez mayor de países y de importancia creciente dentro de la economía mundial. Cada vez que se la dio por cerrada, resurgió con mayor fuerza y un poder destructivo superior. Cuando se afirmó que había sido conjurada en Tailandia, estalló en Corea. Luego se trasladó a Indonesia y Malasia. Cuando se anunció que había sido superada en Corea con el acuerdo para la refinanciación de su deuda externa se volvió a agudizar en Japón y a trasladarse a China, donde las presiones deflacionarias se han hecho muy intensas. Hay caída de los precios, de beneficios y desvalorización de los capitales invertidos.


 


Japón es la segunda potencia imperialista y el primer acreedor mundial. Su sistema bancario está en quiebra (acumula montañas de millones de préstamos incobrables). La economía japonesa se contrae a pesar de los repetidos, y cada vez mayores, paquetes de reactivación. Como consecuencia, Japón acumuló una enorme deuda pública (duplica su PBI). Cuando las posibilidades de una reactivación de la economía japonesa ya estaban agotadas, la crisis de Indonesia le dio otro golpe demoledor: los bancos japoneses son sus principales acreedores.


 


El papel de China en la economía mundial y en el desenvolvimiento de la crisis se puso en evidencia cuando la Bolsa de Wall Street cayó severamente como consecuencia de la caída de la Bolsa de Hong Kong, que constituye la bisagra entre China y el mercado mundial. También en China, el sistema bancario está en quiebra. Su comercio exterior enfrenta la caída de la demanda de los restantes países asiáticos. Hong Kong, sometida a una fuerte presión devaluatoria, ha conseguido, por ahora, evitarla por el socorro de China, lo que constituye una confiscación de las masas chinas en beneficio de la especulación mundial. Una devaluación en Hong Kong agravaría enormemente la tendencia a la desvalorización de los capitales especulativos, primero, y productivos, enseguida.


 


Derrumbe ideológico de la burguesía


 


El estallido de la crisis ha provocado un colapso ideológico en la burguesía.


 


La burguesía mundial no previó el estallido de la crisis ni tampoco pudo señalar su gravedad, alcances, implicancias, repercusiones y alternativas, cuando la tuvo encima. La crisis ha desmentido violentamente el conjunto de los macaneos neoliberales y pone en evidencia el carácter alienador del mercado.


 


Según la teoría neoliberal, Japón reunía todos los requisitos del éxito económico: alto ahorro interno, bajos salarios, bajo consumo, alta inversión, gran productividad. Fueron precisamente estos factores los que empujaron a Japón a la crisis, al poner más rápidamente que en otros países las contradicciones de la reproducción del capital: sobreinversión de capital productivo en relación con el consumo de las masas; sobreacumulación de capital en todas sus formas (financiero, ficticio) en relación con las posibilidades de beneficios del capital productivo; hipertrofia de las economías nacionales con relación a la capacidad de consumo internacional; sobreacumulación de capital en relación con los múltiples capitales que se disputaban el mismo mercado mundial. 


 


Otra evidencia del derrumbe ideológico de la burguesía es su caracterización de la crisis, limitada al modelo asiático. Es decir, que pretende dar una explicación parcial, particular, regional, circunscripta, a una crisis que estalla después de quince años de una globalización, que habría barrido a las economías nacionales y creado una única e indivisible economía global.


 


Lo que se denomina como peculiaridades asiáticas la extrema fusión entre el capital bancario e industrial; el entrelazamiento profundo entre el capital privado y el Estado es una refractación de la tendencia general del capitalismo mundial a la centralización del capital por medio de fusiones, adquisiciones y reestructuraciones. Se trata de una tendencia tan poderosa que la prensa imperialista señala que cualquier intento del gobierno norteamericano de ponerle un límite, por la monopolización que entraña, provocaría inmediatamente una deflación mundial. La llamada crisis asiática sólo puede ser caracterizada como una expresión concentrada de la crisis mundial del capitalismo.


 


Anarquía y sobreproducción


 


La sobreinversión del capital productivo es la consecuencia de la intensa racionalización capitalista operada en las últimas dos décadas.


 


En su lucha por sobrevivir en mercados cada vez más saturados de mercancías, los capitalistas están obligados a invertir para obtener sistemáticas ganancias de productividad para desplazar a sus competidores, incluso en aquellos mercados donde la capacidad de producción excedente es manifiesta.


 


Lo característico de la racionalización capitalista es que el capital que destruye para sustituirlo por técnicas y métodos de organización más rentables, puede ser mayor que las inversiones nuevas. La inflación de los capitales en acciones reforzó, además, esta sustitución, porque permitió a los capitalistas financiar en forma más barata sus nuevas inversiones.


 


Los métodos de la racionalización capitalista explican que, junto al constante reemplazo de capital productivo viejo por nuevo, aumentan, al mismo tiempo, las tasas de desocupación y el valor de la masa de capital desplazado de la producción.


 


La anarquía inherente al modo de producción capitalista se convierte, de esta manera, en un factor que incrementa excepcionalmente el exceso de inversiones y la sobreproducción. Lo racional para el capitalista considerado aisladamente, es absolutamente irracional para el capitalismo tomado en su conjunto; en otras palabras, la racionalidad del capitalista desnuda la completa irracionalidad del capitalismo.


 


El dólar y la economía mundial


 


El factor que detonó la crisis asiática es la contradicción, cada vez más aguda y manifiesta, entre la tendencia a la internacionalización de las fuerzas productivas y la incapacidad del capitalismo para superar al particularismo nacional.


 


Desde 1971, con la disolución del sistema monetario internacional vigente, el dólar norteamericano pretendió convertirse en patrón monetario internacional, pero sin dejar de ser nunca la moneda nacional de los Estados Unidos, regulada por los intereses del capital norteamericano.


 


Al lado de esta contradicción, se ha desarrollado otra. La sobreacumulación de capital en todas sus formas no solamente infló el valor del capital en acciones, también lo hizo con las monedas vinculadas a esa inflación de capitales. La sobrevaluación así producida del dólar le dio a Estados Unidos un privilegio especial para apoderarse de los mercados de capitales de otros países a valores relativos ventajosos. Con el tiempo, este proceso produjo una valorización general de las monedas atadas al dólar, esto respecto del oro y respecto de las monedas que estaban fuera de la órbita especulativa impulsada desde Estados Unidos.


 


Esta valorización especulativa, sin embargo, no demoró en entrar en contradicción con las necesidades comerciales de las naciones involucradas, las que para ello necesitan un abaratamiento de sus exportaciones y, por lo tanto, la desvalorización de sus monedas. La contradicción entre la valorización especulativa y la necesidad de una desvalorización comercial estalló cuando Tailandia decidió devaluar porque ya no le cerraba el déficit de su comercio exterior. Esto desencadenó un proceso de devaluaciones, o mejor dicho, desnudó el carácter ficticio de la valorización de capitales, que había superado largamente sus posibilidades de reproducción.


 


La contradicción entre el desarrollo internacional que han alcanzado las fuerzas productivas y el carácter nacional de los capitales, las monedas y los Estados está en la base de la crisis actual, que revela así su carácter mundial, no de modelos o políticas sino del régimen social capitalista. Esta contradicción es insuperable bajo el capitalismo porque todo intento de crear una moneda mundial significa darle un carácter internacional a una determinada moneda nacional, es decir, equivale a llevar esta contradicción al paroxismo.


 


Estados Unidos y Asia


 


El imperialismo norteamericano y el europeo son el factor más dinámico y activo de la crisis.


 


En el transcurso de la crisis, el FMI y el Tesoro norteamericano no salieron al rescate de ninguno de los grupos capitalistas o países en quiebra. Al contrario, bloquearon sus posibles salidas, como la pretensión de Japón de establecer una especie de FMI asiático (para aislar la fluctuación de las monedas asiáticas frente al dólar) o la posibilidad de una estatización de la deuda privada coreana que impidiera la quiebra de sus principales grupos industriales. Estados Unidos (y también Europa) impulsaron la crisis a fondo, y la hicieron más aguda y violenta para apoderarse de los despojos de sus competidores quebrados. En este sentido, puede decirse que el FMI fue el factor más revolucionario en la crisis asiática, como lo prueba el hecho de que forzó al gobierno indonesio a decretar el aumento de combustibles que desató la rebelión popular que terminó derrocándolo.


 


Quien se suponía que debería actuar como prestamista de última instancia, se presentó, en la realidad de la crisis, como un acreedor que viene a la ventanilla de cobro. El imperialismo norteamericano agrava la crisis, incluso artificialmente, para despedazar a sus competidores, para copar sus mercados, para monopolizar sus fuentes de materias primas y apoderarse de sus activos. Está incluso obligado a hacerlo aun a riesgo de desatar como en Indonesia revoluciones o reacciones nacionalistas porque el vacío que él no ocupe lo ocuparán sus competidores.


 


Estados Unidos: el corazón de la crisis


 


El punto que separa al Partido Obrero de la inmensa mayoría de los que analizan la crisis mundial es la caracterización de que, para nosotros, el corazón de la crisis está en los Estados Unidos.


 


La crisis mundial al mismo tiempo que disimula por un corto tiempo la crisis económica norteamericana acelera su explosión. Con el derrumbe de los mercados asiáticos, de Rusia, de Europa del Este, de América Latina, los capitales se refugian en los Estados Unidos. Así, los Estados Unidos aparecen como un factor de estabilización. La Bolsa de Wall Street sube porque las demás bajan; los capitales norteamericanos se valorizan porque los demás se desvalorizan; el capital norteamericano progresa a nivel mundial provocando el derrumbe del capital asiático y europeo. Pero precisamente por esto, Estados Unidos es el mayor factor de desestabilización económica mundial.


 


Como consecuencia de la fenomenal valorización de la Bolsa de Wall Street, Estados Unidos es el país que sufre el mayor exceso de capital en todo el mundo. Las cotizaciones de la Bolsa no guardan ninguna relación con los rendimientos que obtienen las empresas norteamericanas: la relación porcentual de esos beneficios con relación al valor de sus acciones, es irrisoria, lo que significa que el capital norteamericano es el más sobrevaluado de todo el planeta.


 


La Reserva Federal alimenta la especulación mediante una política emisionista. Actúa como un conductor que ha sobrepasado todos los límites de velocidad, pero está obligado a seguir apretando el acelerador. Debe actuar así porque si se cae la especulación bursátil norteamericana, las quiebras del Asia se extenderán a todo el mundo, y en particular, a los Estados Unidos. Además, Estados Unidos cuenta con superávit fiscal gracias a los impuestos que gravan los beneficios ficticios derivados de la valorización ficticia de las acciones; una caída bursátil llevaría a una crisis fiscal de envergadura.


 


El ingreso de capitales refugiados está revalorizando el dólar frente a las demás monedas, lo que lleva a los Estados Unidos a sufrir el mismo proceso que hasta hace poco él mismo provocó en los países del Asia: el déficit comercial sube, sube y sube, lo que desata las protestas de los capitalistas ligados al mercado interno y a las exportaciones. Esto ha provocado un agravamiento de las divisiones en la burguesía norteamericana, que se manifiesta en las polémicas sobre el aporte de 18.000 millones de dólares al FMI, las críticas al Nafta y la negativa del Congreso a darle a Clinton los poderes especiales necesarios para negociar un acuerdo de libre comercio con los países latinoamericanos. Una victoria de la banca de inversión y del capital internacionalizado, que defienden la política de valorización del dólar (para proceder a una recolonización norteamericana del Asia a precios de regalo), provocaría una inundación de exportaciones asiáticas a los Estados Unidos (complemento de la apertura de los mercados financieros asiáticos a los norteamericanos) y un paralelo retroceso de la burguesía industrial norteamericana. Estas divergencias se manifiestan en el plano estratégico: la oposición de la banca de inversiones internacionalizadas a una cartelización de la economía mundial (división de zonas entre países imperialistas) que restrinja las posibilidades de penetración del capital norteamericano.


 


Pero son precisamente los bancos los que enfrentan las peores contradicciones ya que, como consecuencia de la crisis, el gran capital financiero norteamericano presenta un potencial de quiebra que no tiene parangón en el mundo entero.


 


El monto de los llamados contratos derivativos que sirven para asegurar a los capitalistas contra las fluctuaciones de las monedas o las tasas de interés y que les sirve mucho más para especular contra las monedas y las políticas monetarias de los diferentes países y que durante 25 años crearon la ilusión de un sistema monetario equilibrado que tienen anudados los bancos norteamericanos se estima en 25 billones de dólares. En consecuencia, los 25 mayores bancos norteamericanos han acumulado un riesgo crediticio potencialmente incobrable muy superior a sus propios capitales.


 


El conjunto de las contradicciones económicas que acumula el capitalismo norteamericano como consecuencia de la crisis mundial empalma con un colosal agravamiento de las contradicciones sociales, que se manifiestan en el crecimiento de la pobreza, la caída salarial, la precarización, la política de destrucción de la seguridad social y el incremento de la población carcelaria.


 


El capitalismo es un régimen social que ha agotado hace mucho tiempo sus posibilidades históricas. La crisis actual no es un punto de partida; al contrario, se desenvuelve en el marco de un régimen social que, en las crisis pasadas, en las guerras pasadas o en las catástrofes pasadas, ha ido exacerbando la oposición entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas, y agotando su capacidad de resolverlos con métodos que no sean infinitamente más bárbaros que en el pasado.


 


2. El re-comienzo de la revolución


 


El proceso de la crisis capitalista está dando lugar a manifestaciones y estallidos revolucionarios.


 


En Albania, el hundimiento de la especulación financiera llevó al derrocamiento revolucionario de un gobierno derechista por la acción de las masas, que desarmaron a la policía. Con la intervención imperialista y las elecciones, solamente ha culminado una etapa. El comienzo de la revolución albanesa fue un factor fundamental del estallido de la crisis en Kosovo y, consecuentemente, de la desintegración del régimen de Milosevic y de las perspectivas de levantamientos de los albaneses en Macedonia. Es decir, reabrió la crisis revolucionaria en los Balcanes, que la burguesía europea no tiene condiciones políticas ni militares de resolver.


 


En Indonesia, las manifestaciones populares encabezadas por los estudiantes provocaron la caída de Suharto e iniciaron una revolución. Por cierto, la revolución puede estancarse o disolverse, pero esto no es probable. De todos modos, las masas han intervenido frente a la crisis económica y política para derribar al régimen existente.


 


La revolución indonesia no tiene un origen puramente nacional sino que es la consecuencia del excepcional agravamiento de la crisis asiática. Hace pocos meses, Indonesia mostraba un crecimiento económico excepcional y su régimen político, aunque cargado de contradicciones, parecía no tener nada que temer. La caída de Suharto responde a un proceso internacional. Los acontecimientos de Indonesia, de Albania, de Kosovo y de Corea están marcando el debut de una crisis revolucionaria internacional.


 


El inicio de la revolución indonesia tiene lugar en un cuadro caracterizado por una crisis económica y social descomunal: las industrias están quebradas, el sistema bancario y la moneda han desaparecido, lo mismo que los abastecimientos; la miseria de las masas es pavorosa; el continente está sacudido por la crisis; la lucha interimperialista por apoderarse de los despojos de la economía asiática es mortal. Se trata, por lo tanto, de una situación enormemente volátil.


 


El movimiento de masas que derrocó a Suharto estuvo constituido fundamentalmente por los estudiantes; aunque los obreros participaron de la movilización, no lo hicieron con sus banderas, su programa o sus propias organizaciones.


 


El proceso político que empieza a desenvolverse presenta rasgos comunes con otros países: comienza a desenvolverse una dirección política mejor dicho, un proyecto de dirección política de carácter pequeñoburgués y centroizquierdista, proveniente de los restos del viejo nacionalismo indonesio. Se trata de una dirección débil y dispersa, que se está desarrollando al calor de los acontecimientos.


 


La burguesía no confía en ella (por eso ha preferido poner en el gobierno al vicepresidente de Suharto, respaldado por el Ejército). Tampoco el propio centroizquierda de Indonesia parece confiar en sí mismo, como se desprende de sus planteos timoratos y del apoyo que dan al presente gobierno (al que las masas repudian en la calle) y de su reclamo para elecciones recién dentro de un año. Lo más probable es que en Indonesia se produzca una variante militar bonapartista antes de que llegue la oportunidad del centroizquierda.


 


¿Qué solidez tiene este retoño de dirección centroizquierdista? La profundidad y extensión de la crisis la pondrán rápidamente a prueba. ¿Qué se hará con la industria en quiebra? ¿Se la nacionalizará? ¿Qué precio pretenden cobrar los yanquis para salvar la situación? ¿La burguesía indonesia está dispuesta a pagar ese precio? ¿Cómo reaccionarán los competidores imperialistas de los Estados Unidos frente al copamiento norteamericano de Indonesia? La enorme volatilidad de la situación política no sólo pondrá a prueba al centroizquierda: el ejército, por el papel que está jugando, será obligadamente golpeado por el desarrollo de la crisis política.


 


Corea puede ser un anticipo de los desarrollos de la situación indonesia. En diciembre de 1997, ganó las elecciones una dirección centroizquierdista que formó un gabinete que incluye desde representantes directos del imperialismo hasta burócratas sindicales.


 


Este gobierno centroizquierdista, que está llevando adelante la política dictada por el imperialismo norteamericano, les impuso a los sindicatos el paquete que el anterior gobierno derechista no había podido imponer: despidos, ataques a las condiciones laborales. Pero el agravamiento de la crisis como consecuencia del hundimiento del acuerdo de refinanciación de la deuda externa hizo fracasar el pacto que habían establecido el gobierno centroizquierdista y los burócratas centroizquierdistas. El gobierno se vio obligado a ir más allá del acuerdo en el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores y los sindicatos se vieron obligados a salir a la huelga general. Es decir que, en el momento en que el centroizquierdismo comienza a desarrollarse en Indonesia como consecuencia de la crisis, en Corea comienza a romperse la maniobra centroizquierdista… como consecuencia del agravamiento de la crisis.


 


La evolución de la crisis mundial, por lo tanto, jugará un papel decisivo en el desarrollo de la crisis indonesia y en las posibilidades del centroizquierda. Si Japón se hunde todavía más, si China devalúa, o si la lucha interimperialista por los despojos de Indonesia, aceleran el ritmo de la crisis y de la guerra comercial, se plantearía un rápido fracaso de la experiencia centroizquierdista. Si ello no ocurre, si la crisis mundial se desarrolla a un ritmo más lento, crecen las posibilidades de un ensayo parcial y temporario del centroizquierda en Indonesia ya sea como apoyatura civil de un gobierno militar o, más difícil, incluso como gobierno.


 


Las posibilidades del retoño centroizquierdista indonesio están determinadas por la marcha de la crisis mundial que tiene todavía por delante un largo período de acentuación hasta llegar plenamente a los Estados Unidos y por la respuesta de los explotados a la acentuación de esa crisis.


 


3. Rusia


 


Rusia enfrenta la mayor crisis desde la caída de Gorbachov. Hay un precario proceso huelguístico que empalma con una agudísima crisis financiera, con una reforma de gabinete en la que se han fortalecido los sectores más proimperialistas y con la completa impasse del proceso restauracionista.


 


El monumental déficit fiscal del Estado ruso que fue la excusa para la especulación salvaje contra el rublo y la fantástica fuga de capitales que se ha desatado en las últimas semanas concentra la impasse en que se encuentra el proceso restauracionista en Rusia.


 


Los burócratas rusos se apoderaron de las fábricas y los yacimientos y acumularon fabulosos beneficios que sistemáticamente fugaron al exterior, pero han sido incapaces de crear una economía monetaria: en Rusia, la circulación económica tiene lugar por medio del trueque. Desde el punto de vista de una economía monetaria, la economía rusa se encuentra en una etapa de regresión respecto de cuando estaba en vigencia el rublo soviético. Esta moneda de cuenta burocrática no ha sido todavía reemplazada por ningún valor mercantil. Pero el Estado que no puede financiarse mediante el trueque está obligado a recurrir a un endeudamiento exponencialmente creciente para hacer frente a sus obligaciones.


 


El volumen que ha alcanzado la deuda pública pone en evidencia que las posibilidades de sostener la circulación económica mediante el trueque se han agotado. La crisis mundial al provocar la caída internacional del precio del petróleo ha hecho todavía más patente este agotamiento.


 


¿Cómo se plantea el imperialismo resolver la impasse de la restauración y poner en pie una economía mercantil y monetaria? Con los mismos métodos que en Indonesia y Corea: agudizando la crisis a fondo y profundizando la dislocación provocada por el proceso de la restauración para apoderarse de los despojos de la industria rusa. Esta es la política que exigen el Banco Mundial y el FMI y que aplica el gobierno del recientemente asumido Kiriyenko: despidos en masa de empleados públicos, reforma laboral, eliminación de los subsidios a las empresas y a los alquileres, ley de quiebras, reforma impositiva para exigir el pago de impuestos a las empresas privadas, reforma fiscal para descargar el peso de la deuda sobre las repúblicas y regiones de Rusia, respeto de los derechos de los accionistas extranjeros (de manera tal que la deuda pública rusa pueda ser pagada con acciones de las empresas).


 


Todo esto plantea que la lucha popular habrá de adquirir características todavía más profundas y lo mismo sucederá con la crisis política.


 


Al ritmo de la crisis y del empantanamiento de la restauración, la clase obrera rusa deberá procesar y agotar una experiencia política con los democratizantes, que en Rusia son restauracionistas. El movimiento huelguístico de las últimas semanas que paralizó las principales cuencas mineras y se extendió a varios sectores de la industria y a los trabajadores de la salud y la educación indica que la clase obrera marcha en esta dirección. Por primera vez se planteó la posibilidad de una huelga general nacional en el inmenso territorio ruso. En la mayor parte de los centros huelguísticos se eligieron comités de huelga, pasando por encima de la burocracia de los sindicatos (dirigidos por los yeltsinianos). En forma mayoritaria los huelguistas reclamaron la dimisión inmediata de Yeltsin.


 


Esta no es, sin embargo, la única expresión de este proceso político al interior de la clase obrera rusa: el manifiesto de los trabajadores de la fábrica ZIM de Samara en huelga por tiempo indeterminado contra su cierre plantea la necesidad de luchar "contra los comunistas y los demócratas" (es decir, por una dictadura proletaria) y por la expropiación de las fábricas, por el derrocamiento de Yeltsin y por el traspaso del gobierno a un congreso de los comités de huelga.


 


La impasse del proceso restauracionista en Rusia confirma la caracterización del PO de que la crisis de los regímenes burocráticos forma parte del proceso mundial de la crisis capitalista, que sólo podrá ser resuelto en la arena de la lucha de clases internacional.


 


4. Frentes populares y centroizquierda


 


El agravamiento de la crisis mundial capitalista, de una extensión y profundidad incomparables con las del pasado (engloba incluso la impasse de la restauración capitalista en los antiguos Estados Obreros, burocratizados) reafirma la plena vigencia del ciclo histórico abierto por la Revolución de Octubre. El choque actual entre revolución y contrarrevolución no surge tan sólo de los problemas creados por el capitalismo en los últimos años sino de sus contradicciones acumuladas a lo largo de toda la era imperialista, generadoras de un impasse histórico que comenzó a ser resuelto por la revolución de 1917. La expropiación del capital en un amplio conjunto de países iluminó el carácter mortal de las contradicciones capitalistas y la madurez histórica del proletariado para derrotar el capital y echar las bases del socialismo. Esto no se ha revertido.


 


La reafirmación del ciclo histórico de la revolución no tiene un carácter ideológico; corresponde, antes que nada, a una caracterización del momento histórico presente: significa que está planteada con más fuerza que nunca la alternativa de revolución o contrarrevolución, socialismo o barbarie. Significa también que en la actual etapa no está planteada la reconstitución del movimiento obrero revolucionario a partir de la nada, sino a partir de las tradiciones y referencias, organización y programa, ya creadas en un siglo de luchas contra la explotación y la barbarie capitalistas y la burocratización de las organizaciones obreras.


 


La crisis de dirección del proletariado mundial condenó a la revolución al aislamiento durante un largo período y concluyó, provisoriamente, con la desintegración de los Estados obreros. El fracaso del proletariado en acabar con el capitalismo cuando éste hizo evidente su agotamiento histórico, lo condenó a sufrir su podredumbre en una escala inaudita. Durante un largo período también, las políticas de Frente Popular, al enajenar la independencia clasista de la clase obrera, fueron el instrumento privilegiado del stalinismo y otras direcciones contrarrevolucionarias para contener la revolución, en alianza con el cadáver político de la burguesía imperialista, bautizado de progresista.


 


Toda la cháchara de los ideólogos izquierdistas o derechistas acerca de la nueva era democrática inaugurada por la caída del Muro de Berlín, se viene abajo cuando, frente a la generalización de la insurgencia popular, se reflota el viejo recurso político del Frente Popular, en los más diversos países. Que éstos mantengan su antiguo nombre (Frente Amplio, Frente Brasil Popular) o que sean rebautizados como alianzas de centroizquierda, no altera su contenido político: un recurso contra la revolución.


 


En las condiciones inéditas de la actual crisis mundial capitalista, los Frentes Populares no pueden cometer sus traiciones en nombre de la Revolución de Octubre o de la defensa del campo socialista. Por otro lado, la ideología reformista y la verborragia social de otrora son sustituidas por políticas antipopulares de austeridad, contención de gastos y privatizaciones (pues ésta es la condición que el imperialismo les pone para tolerarlos y hasta impulsarlos). Generalmente, debutan como continuadores de las políticas derechistas, en condiciones de extrema crisis de éstas, y hasta pudiendo ir más lejos que la derecha.


 


Donde la opinión vulgar ve una victoria ideológica del neoliberalismo, existe en realidad una contradicción explosiva: los gobiernos de centroizquierda que reemplazan a gobiernos de derecha que caen como consecuencia de su descomposición, de su fracaso en dominar las condiciones de la crisis y de la furia popular no pueden seguir un camino alternativo que les permita encauzar esa furia popular. No pueden actuar como contención política, porque la pequeño burguesía, como consecuencia de la crisis, ya no tiene los resortes políticos del pasado.


 


La aparición de regímenes de centroizquierda o frentepopulistas es un síntoma del agravamiento de la lucha de clases. No sólo en Corea o quizás más tarde en Indonesia sino también en la propia Europa. A partir de las grandes movilizaciones francesas de 1995 contra la destrucción de la seguridad social, asistimos a un salto cualitativo de la lucha de clases en el Viejo Continente, como se verifica en las huelgas de los camioneros y las movilizaciones de los desocupados franceses, o la huelga general dinamarquesa. Jospin, Prodi y Blair son los gobiernos del imperialismo francés, italiano y británico contra las masas de sus respectivos países y contra los pueblos que ellos oprimen directa e indirectamente.


 


A falta de un socialismo para defender, la defensa de la democracia se transforma en su eje ideológico y político, a través del cual han ido convergiendo con el imperialismo. La democracia es un recurso general del imperialismo frente a las crisis políticas, el hundimiento de regímenes y los estallidos revolucionarios provocados por la crisis. El imperialismo elaboró su política democratizante para salir del retroceso político que le impuso su derrota en Vietnam, la crisis de sus gendarmes militares en América Latina, Asia, Africa y Medio Oriente, y para zapar las bases de los Estados Obreros burocratizados. La democracia ha sido, además, el vehículo político de la penetración financiera del imperialismo en los países atrasados.


 


Compensando su debilidad congénita, el eje democrático cuenta con el respaldo de la nueva izquierda (y hasta de cierta extrema izquierda) surgida en la década del 70, e inclusive el de sectores oriundos del trotskismo, que comenzaran su actual trayectoria transformando a Trotsky, en nombre de la democracia socialista, en un vulgar opositor democrático de la dictadura stalinista. Al abrazar la democracia burguesa, es decir al abandonar la lucha por la dictadura del proletariado, esta izquierda y estos trotskistas han pasado por entero al campo de la contrarrevolución.


 


Los gobiernos de Lionel Jospin, Tony Blair o Romano Prodi cumplen plenamente esta función contrarrevolucionaria en Europa, que lo fue también hasta hace poco del gobierno de Felipe González en España, y lo es la de las coaliciones socialdemócratas de Europa Oriental y varios países de la ex URSS. La Autoridad Nacional Palestina, o el gobierno de Nelson Mandela en Africa del Sur, echan mano a todos sus recursos en ese sentido. El centroizquierda en la oposición, como el Frente Amplio uruguayo, la Alianza argentina, el frente Lula-Brizola en Brasil, o el frente democrático de Domingo Laino en Paraguay, cumplen desde ya ese papel contrarrevolucionario, al boicotear las movilizaciones populares, endosar las políticas antiobreras (como la reforma laboral en Argentina), anunciar que respetarán las privatizaciones ya realizadas (y hasta anunciar otras) y boicotear e incluso reprimir donde ocupan cargos en el aparato del Estado las grandes luchas obreras y populares como la huelga general paraguaya, las ocupaciones de tierras en el Brasil, los cortes de ruta de los desocupados o la huelga minera de Río Turbio en Argentina.


 


La tarea reaccionaria es realizada de modo perfectamente conciente, como lo demuestra la articulación continental de esos sectores mediante las reuniones de la izquierda latinoamericana con representantes del Partido Demócrata y del Departamento de Estado de los EE.UU., o en el llamado Foro de San Pablo, que congrega a la mayoría de la izquierda de América Latina (al cual se integra el castrismo en correlato con la política restauracionista que desarrolla en Cuba).


 


La debilidad política de estas coaliciones, sin embargo, pesa más que los cuantiosos recursos puestos a su disposición. El margen de su campo de maniobra depende del estadio de desarrollo político de las masas y de la presencia militante de una vanguardia revolucionaria.


 


Las bases programáticas de esa vanguardia ya han sido puestas y reafirmadas por la historia: la vigencia de la dictadura del proletariado, de la revolución mundial y de la Internacional Obrera y la necesidad de movilizar a las masas con un programa de reivindicaciones transitorias; es decir, con un programa de salida a la catástrofe capitalista que, por eso mismo, crea las condiciones de la dictadura del proletariado.


 


5. Refundar la IVª Internacional


 


Desde el VIIIº Congreso del Partido Obrero (diciembre de 1996), el PO y un conjunto de organizaciones trotskistas de diversos países han lanzado sobre la base de un programa común una campaña internacional por la refundación de la IVª Internacional.


 


En sus reuniones, estos partidos elaboraron un conjunto de planteamientos políticos que marcan una trayectoria que puede ser verificada prácticamente:


 


La caracterización de que el principal problema que enfrenta el movimiento obrero mundial, ante el agravamiento de la crisis y las perspectivas todavía más catastróficas que se desprenden de ella, es la ausencia de una dirección revolucionaria centralizada y organizada en el plano internacional. La tarea ineludible ahora es desenvolver las enseñanzas de los acontecimientos, exponer sus leyes internas y ofrecer un programa y un eje de reagrupamiento que permitan refundar el Partido Obrero Mundial.


 


Los rasgos principales de esas lecciones son:


 


Aunque con la disolución de la URSS, la caída del Muro de Berlín, la anexión de la ex RDA y la profunda penetración del capitalismo en China, se abría para el capitalismo una hipotética oportunidad de salida sobre la base de la liquidación de las conquistas de la clase obrera en esos países, para ello habría sido necesario un aplastamiento efectivo de sus clases obreras y de la clase obrera de los principales países. A diez años del comienzo de este proceso, en cambio, la restauración capitalista está empantanada y tienen lugar crisis bursátiles generalizadas, caídas generales de los valores, una desocupación en masa, luchas y revueltas y crisis internacionales explosivas.


 


El hundimiento de los regímenes burocráticos aparece así como un aspecto inseparable de la crisis capitalista mundial. El fracaso de la política de integración pacífica de los Estados obreros a la economía mundial ha abierto así un período de lucha de clases de una agudeza incomparablemente superior a las de cualquier otra época.


 


La crisis revolucionaria continúa presente en forma real o potencial en todos los Estados obreros en disolución, caracterizados por la existencia de aparatos estatales y regímenes políticos burgueses que no han logrado establecer relaciones sociales plenamente capitalistas.


 


Existe una tendencia internacional típica de un período de crisis a la formación de gobiernos de centroizquierda o de frente popular, abiertamente agentes del imperialismo.


 


El último período ha confirmado plenamente este conjunto de caracterizaciones y planteos programáticos.


 


Por una Conferencia Internacional Obrera y de Izquierda


 


La crisis mundial y el fuerte resurgimiento de las luchas obreras, incluso en Estados Unidos, y de las revoluciones, esto en el marco de la descomposición sin parangón del nacionalismo pequeñoburgués, la socialdemocracia y el stalinismo reconvertido, ponen a la orden del día refundar la Internacional revolucionaria. Con relación a este objetivo, el SU (y el lambertismo) son un obstáculo mortal, pues se han pasado al democratismo de centroizquierda. El PO le propondrá a los partidos y organizaciones que luchan por la refundación de la IVª Internacional, la convocatoria de una Conferencia Obrera y de Izquierda Internacional para discutir un programa político y desarrollar una campaña internacional, para que las organizaciones obreras rompan con la burguesía y la pequeña burguesía, para que los sectores más combativos rompan con los democratizantes de izquierda y para formar partidos obreros independientes y revolucionarios en cada país y refundar la IVª Internacional.


 


 


 


Mayo de 1998


 

La crisis económica internacional y sus consecuencias políticas IXº Congreso del Partido Obrero


La primera vez que nos reunimos un conjunto de organizaciones internacionales en la ciudad de Detroit, en agosto de 1996, uno de los temas que pesó en la reunión fue la gran manifestación obrera en la Argentina de fines de julio de 1996, la caída de Cavallo y la tremenda huelga general de agosto. Después, cuando nos reunimos en Génova, en marzo de 1997, estalló la revolución en Albania. Luego nos reunimos en San Pablo, en medio de un derrumbe bursátil internacional que ilustraba el carácter extraordinario de la crisis mundial. Ahora vamos a empezar una nueva reunión y, de Indonesia, nos mandan de obsequio levantamientos generalizados y la caída de una dictadura de 30 años, y estallan las huelgas generales en Rusia.


 


En cierto modo, cuando se recuerdan en qué condiciones se hizo cada reunión, cuando se recuerdan los factores que influyeron en cada una de ellas, la caracterización de la situación mundial se presenta casi servida.


 


En la reunión internacional de noviembre, en San Pablo, se señaló que ya en oportunidad de la reunión anterior en Génova (Italia), con motivo de los acontecimientos albaneses, habíamos adoptado en común una resolución que destacaba que el proceso de disolución de los Estados obreros y de la crisis mundial del capitalismo estaba provocando explosiones revolucionarias que demostraban las perspectivas de crisis todavía más catastróficas que planteaban las tentativas de querer restaurar pacíficamente el capitalismo en los ex Estados obreros, y la necesidad, por lo tanto, de luchar por una dirección internacional. En esas reuniones, y es muy importante que subrayemos esta idea, no condenábamos la perspectiva positiva de los movimientos revolucionarios debido a que carecieran de una dirección revolucionaria en cada país sino que, en lugar de oficiar de agoreros, planteamos que había que aprovechar esos procesos y esas crisis revolucionarias en marcha para construir una vanguardia revolucionaria internacional. Nuestro problema es cómo aprovechar estos acontecimientos, sus enseñanzas, sus perspectivas, su dinámica, para traducirlos en un programa y en una organización que hagan consciente el camino a seguir y permitan construir las direcciones revolucionarias necesarias para la victoria. El principal defecto de la situación actual, si se puede hablar de este modo, no es la falta en cada país de un partido nacional sino la falta de una vanguardia internacional organizada y centralizada. Por eso, en Génova, planteamos la consigna de la refundación inmediata de la IVª Internacional. Aquí hay un problema de método, porque la única base para refundar la IVª Internacional es un programa que asimile la tendencia histórica de la lucha internacional de esta etapa.


 


En la reunión de San Pablo, señalamos que esta crisis bursátil era más que un episodio financiero. Lo ubicamos en un contexto más amplio de crisis económicas sucesivas (el Tequila de México, la quiebra de la banca Baring, las crisis de Argentina y Brasil, el hundimiento de pulpos muy importantes, los rescates y choques, todo lo cual estaba demostrando muy rápidamente el agotamiento del ciclo abierto en 1989/1991, cuando las grandes crisis revolucionarias en Alemania y en la Unión Soviética fueron resueltas transitoriamente en beneficio del imperialismo. Aunque este desenlace le permitió al imperialismo largar una ofensiva de tipo general, llegamos a noviembre (de 1997) con crisis bursátiles generales, caídas enormes de los valores, pérdidas de seis billones de dólares (la caída de la Bolsa de Tokio desde su pico hasta ahora), desocupación en masa, y en una serie de revueltas y luchas, como las huelgas en Francia y lo de Albania, crisis internacionales explosivas, etcétera.


 


Esta caracterización nos ha permitido ubicar en concreto, en su lugar histórico, la cuestión de la disolución de los regímenes burocráticos. En lugar de una expresión del fracaso del comunismo, era un episodio de la lucha de clases que sólo se podía resolver en un combate gigantesco que llevaría a guerras civiles e internacionales. Es decir, que se abrió un período de luchas de clases infinitamente más agudo que cualquier otro de la historia. La completa restauración del capitalismo, la completa victoria del capital mundial contra las conquistas de la Revolución de Octubre y del movimiento revolucionario internacional sólo se puede conseguir al precio del fascismo y de la barbarie, no sólo en esos países sino también en los países imperialistas, para que el imperialismo pueda, con estos métodos fascistas, imponer o restablecer una dominación que fue parcialmente destruida por la Revolución de Octubre.


 


En esa misma reunión, señalábamos la tendencia, típica de un período de crisis, a la formación de gobiernos de frente popular y de centroizquierda que, como consecuencia del hundimiento de la burocracia rusa y del proceso de restauración capitalista, ya no se referencian en la defensa burocrática de los Estados obreros sino que son abiertamente procapitalistas. Estos gobiernos centroizquierdistas de frente popular ponen más empeño que los gobiernos derechistas en llevar adelante una política neoliberal. Pero mientras la prensa internacional ve en este centroizquierdismo proimperialista la victoria ideológica del neoliberalismo, nosotros vemos una contradicción explosiva. Los gobiernos de derecha caen como fruto de su descomposición y del odio popular; pero la incapacidad de los gobiernos de centroizquierda para encauzar ese odio popular que acabó con la derecha, su incapacidad para cumplir la función de contención política, deberán crear rápidamente situaciones aún más conflictivas. No estamos ante la dominación omnipresente de la ideología neoliberal sino ante una pequeña burguesía que ya no tiene los recursos políticos del pasado.


 


La reunión de noviembre ratificó los análisis de los procesos de crisis revolucionaria en todos los ex Estados obreros, cuya agudeza varía de un Estado a otro, pero que está presente, en forma real o inmediata o potencial, en todos ellos. Hemos tenido el ejemplo de la revolución albanesa, donde la caída precipitada de un gobierno derechista, en medio de una especulación financiera fuera de proporciones, es un microcosmos de procesos exactamente iguales que se incuban o se desarrollan en todos esos países. Los ex Estados obreros, en particular la ex Unión Soviética a partir de las crisis de 1991, han sido caracterizados por nosotros como Estados obreros en disolución: el aparato del Estado y los gobiernos de esos países son capitalistas y burgueses, pero la sociedad que tienen que gobernar es una sociedad transitoria en donde domina la tendencia a la restauración capitalista. La lucha decisiva aún está por darse, pero será en el plano mundial.


 


A la luz de estas caracterizaciones, esa misma conferencia ratificó una idea central, probablemente la idea más importante: que el período histórico abierto por la Revolución de Octubre de 1917 estaba más abierto que nunca, es decir el período de descomposición del capitalismo, de crisis y de revoluciones, y de revolución socialista mundial.


 


La Revolución de Octubre puso en marcha un proceso histórico, al cual primero los obreros más avanzados y luego las masas, obligadamente, se tendrán que volver a referenciar en el marco de la actual crisis mundial. Es decir que no ha empezado otro proceso histórico, para el cual habría que crear otras referencias, porque las que había habrían desaparecido. Desde el punto de vista metodológico, quiero subrayar que el planteamiento de que el período histórico abierto por la Revolución de Octubre sigue vigente es parte fundamental de la caracterización del momento histórico presente. Todos los que conocen la literatura del Partido Obrero tendrán que convenir en que esta caracterización nos ha permitido prever los acontecimientos como nadie ha podido hacerlo.


 


Japón, China y la crisis asiática


 


En este Congreso vamos a analizar y a caracterizar lo que ha ocurrido desde noviembre: en síntesis, hemos pasado de la crisis bursátil en Asia a la revolución asiática. Independientemente del desarrollo ulterior que ella tenga, es indudable que la movilización indonesia y la caída del gobierno de Suharto son el comienzo de una revolución. Esta revolución puede se estrangulada o no llegar a su culminación, es decir, puede no llegar a dar todos los golpes suficientes para quebrar el aparato del Estado, pero ha comenzado una revolución. Esa es la característica del período de noviembre hasta ahora. En materia económico-financiera o bursátil, la crisis asiática es infinitamente más grave de lo que la presentaban los teóricos oficiales en el comienzo. Ustedes recordarán que cuando el gobierno de Corea llegó a un acuerdo con los bancos acreedores para refinanciar una deuda de 21.000 millones de dólares a corto plazo, dijeron que la crisis asiática había terminado. Ahí fue donde empezó realmente a agravarse. El eje de la crisis empezó a trasladarse en forma extremadamente significativa a dos países decisivos, Japón y China.


 


El sistema bancario japonés está en completa bancarrota. Probablemente, sus deudas incobrables se encuentren en el orden del billón de dólares. La economía japonesa se contrae; van por el séptimo paquete económico de reactivación (éste por 125.000 millones de dólares) y, con cada paquete, la economía se contrae todavía más. Una de las consecuencias más desastrosas de esta política es que si se computan la deuda pública oficial y la de los presupuestos paralelos, la deuda pública japonesa es el doble del producto bruto. Para entrar a la Unión Europea se exige que la deuda pública sea el 60% del producto, ¡y Japón tiene una deuda que es igual al 200%! Desde el punto de vista económico, las posibilidades de la reactivación japonesa están completamente agotadas. Es en estas circunstancias que se agrava la crisis de Indonesia; el mayor acreedor de Indonesia son los bancos japoneses. Pero se considera definitivamente incobrable entre el 60 y el 70% de la deuda de Indonesia de 90 mil millones de dólares. Los principales acreedores, además de Japón, son Europa, particularmente Alemania, y los EE.UU., en ese orden (y, en EE.UU., algunos bancos en particular).


 


Esta es la dimensión de una crisis absolutamente descomunal, una crisis que es altamente instructiva. ¿Por qué es instructiva? Porque cuando uno escucha a los teóricos neoliberales, todos dicen que el mal de todas las economías del mundo es la debilidad de la tasa de ahorro. "Se consume demasiado, los salarios son muy altos, los obreros son muy vagos, la productividad es muy baja, se ahorra poco, no hay inversión, no hay desarrollo". Pero mientras EE.UU. tiene una tasa de ahorro del 4% sobre el producto bruto, Japón tiene el 38%. ¡Nueve veces más! Según la versión oficial, en Japón se pagan salarios relativamente bajos, la gente se suicida porque no aguanta el estrés de 14 horas de trabajo, el japonés consume poco porque es temeroso, entonces ahorra y guarda en los bancos. EE.UU. es puro déficit, Japón es puro superávit. Pues bien, Japón ha muerto de un ataque de superávit. Todo ese ahorro se canalizó en inversión. Japón colapsó de un ataque de sobreproducción y de sobreacumulación de capital (1).


 


A su vez, este ahorro japonés, indonesio, coreano, etc., que se traducía en una gran inflación del sistema bancario, productivo y especulativo, permitía que otros países que no tenían esos ahorros encontraran financiación. El hundimiento de estos países es un golpe tremendo para la economía mundial porque eran un motor de la demanda de consumo y de inversiones.


 


Es una crisis sistémica del capitalismo mundial; los que se llaman los valores asiáticos son la expresión acentuada, desarrollada, incluso hipertrofiada, del propio capitalismo mundial, y no su versión bastarda o no capitalista.


 


La fusión de los bancos con la industria y el elevado porcentaje de la deuda pública tipifican la tendencia a la concentración, por un lado, y al desarrollo de capitales ficticios, por el otro. Estos últimos permiten acelerar la centralización del capital en menos manos, ya que esos capitales en acciones y títulos, tienen un acceso excepcional al crédito y a la valorización especulativa. Estados Unidos, que critica el modelo asiático, está corriendo en realidad detrás de él, como lo demuestra el proceso de fusiones capitalistas que lo caracterizan en los últimos años.


 


China es, junto con Japón, el país donde la tendencia a la deflación es más intensa, es decir, donde el exceso de capacidad de producción y la insuficiencia de la demanda son muy altos, al punto que los precios caen. China se encuentra en la perspectiva de una crisis industrial, porque el 60% del sistema bancario, al menos el sistema bancario estatal, se encuentra completamente quebrado. El gobierno chino acaba de votar un salvataje que ha denominado operación de recapitalización. La situación de china es extremadamente grave porque, al mismo tiempo, el comercio internacional chino se ha perjudicado enormemente, como consecuencia de la crisis de los demás países asiáticos a los cuales les vendía su producción (2).


 


Después de 10, 15 ó 20 años de inversiones de capital extranjeros, China es un eje fundamental de la economía mundial. Hong Kong juega de bisagra entre China y la economía mundial, porque a través de Hong Kong se financia la economía china. Por eso Hong Kong, pese a que es una isla, es un termómetro sensible de la situación general de China. De manera que la única vez que la bolsa de Nueva York realmente cayó en profundidad fue cuando se cayó la Bolsa de Hong Kong, en noviembre (3). Uno de los factores permanentes de la crisis actual es la perspectiva de devaluación de la moneda de Hong Kong, que no se sostiene por sí misma sino por China. Esto es interesante, porque el socialismo está salvando al capitalismo. ¡China salva a Hong Kong y a la Bolsa de Nueva York! Es, claro, un proceso de confiscación de las masas chinas.


 


Es el análisis de la totalidad de las relaciones económicas, lo que permite determinar el carácter mundial de la crisis actual. Es curioso que se insista en que no tiene este carácter mundial, después de quince años de hablarnos de la globalización. Estalla una revolución en Indonesia y dicen que es un acontecimiento aislado.


 


¿Por qué en industrias que tienen un extremado exceso de capacidad, sigue aumentando la inversión? Porque hay una lucha para ver quién se va a ir a la quiebra como consecuencia del exceso de capacidad. Los capitalistas compiten entre ellos para ser más productivos, para bajar más los precios y mandar a la lona al otro. El capital quiere superar la sobreproducción sobreacumulando capital y agravando, por lo tanto, las próximas crisis. Por ejemplo, la Volkswagen del Brasil trabajaba con métodos anticuados porque consideraba que había un excedente tan grande que no justificaba nuevas inversiones. La Ford y la Fiat elevaron, en cambio, fuertemente sus inversiones, y la Volkswagen, siendo la industria automovilística más importante en el país que tiene la principal industria del rubro en América Latina, empezó a retroceder en forma escandalosa. La anarquía del proceso de producción capitalista aparece como un factor agravante o de incremento de este exceso de producción en ramas ya totalmente excedidas, lo cual demuestra la irracionalidad de la llamada regulación por medio del mercado .


 


Estados Unidos y Asia


 


Un factor fundamental de esta crisis es la contradicción entre la internacionalización extraordinaria de las fuerzas productivas y el carácter nacional de los Estados y de los sistemas monetarios. En el proceso de la especulación internacional, la hegemonía norteamericana ha impuesto la dominación del dólar; todas las monedas del mundo han sufrido, en consecuencia, la presión de la política monetaria norteamericana y del ciclo económico en los Estados Unidos.


 


Tenemos economías completamente en ruinas, como la rusa, en donde la vida es más cara que en Nueva York, porque el rublo vale más que el dólar, aunque hace dos años el rublo no valía nada (4). Para fomentar ese proceso especulativo, se montó un esquema financiero con la deuda pública rusa, que valorizó ficticiamente al rublo. Se crea así una contradicción entre la tendencia de las monedas a valorizarse por la especulación y la necesidad de desvalorizarse para mantener el comercio exterior. Cuando esta contradicción se agudiza (Corea, Indonesia, etc.), empieza el déficit de comercio exterior, que se financia con mayor ingreso de capitales, lo que lleva a un alza mayor de la moneda. Esto lleva a situaciones como la de la Argentina que, siendo un país históricamente superavitario en el comercio, tiene un déficit comercial de ocho mil millones de dólares.


 


Esta descripción quiere señalar un factor fundamental de la crisis mundial: la contradicción entre el desarrollo internacional de las fuerzas productivas y el carácter nacional del capital, de sus Estados y de sus monedas. Por eso, los asiáticos tuvieron que devaluar. Por ejemplo, la continua devaluación en Japón afecta a otros países asiáticos y a Estados Unidos. Si se devalúa la moneda china, caerá la Bolsa de Hong Kong y habrá un intento de inundar al mundo con productos chinos. Entonces, por primera vez, el exceso de capacidad de producción ya no será resuelto con más inversiones para desplazar al competidor sino con quiebras generalizadas de los que, efectivamente, ya no puedan competir más, que es lo que ocurre en Asia, y aun de todos los competidores entre sí.


 


Esta contradicción es uno de los elementos fundamentales de la crisis: en el lenguaje tradicional del marxismo, la contradicción entre las fuerzas productivas y las fronteras nacionales.


 


Quería resaltar este problema porque estamos discutiendo si asistimos a meros episodios sin gran trascendencia o a todo un encadenamiento de alcance descomunal. Esta crisis pone al desnudo la relación enormemente contradictoria entre el imperialismo norteamericano y Japón, y entre el primero y el europeo, a partir de la crisis en Rusia. En todo este proceso, la conducta del FMI, del Tesoro y de los bancos norteamericanos no fue salir al rescate de las economías asiáticas sino impulsar implacablemente su crisis y sus quiebras. El abecedario de los programas del FMI no es que se pague la deuda sino cerrar la industria automovilística de Indonesia, la industria siderúrgica de Corea, los bancos coreanos y japoneses, desregular el mercado… El capital norteamericano ha empezado a instalar corredoras de Bolsa, bancos, que empiezan a crecer en el mercado japonés. En Corea, por ejemplo, la Ford se va quedar con Kia, la General Motors con otra, etc.; es decir, hay un copamiento sistemático. Por la tenacidad que han puesto en impulsar las quiebras de todos estos países, el FMI y el Tesoro norteamericano deben ser considerados como los grandes factores revolucionarios de toda la crisis asiática. Nadie hizo tanto por la revolución asiática como el capital norteamericano. En Tailandia, liquidaron ciento doce bancos, y el sistema bancario pasó casi totalmente a manos del capital norteamericano; y, sin embargo, Tailandia ha recaído en la crisis y es inminente una próxima devaluación de su moneda. Por eso hay quienes no se animan a seguir copando la industria y la banca, porque no están seguros del alcance final de la crisis y temen hacerlo a destiempo y terminar siendo arrastrados por la propia crisis. Es decir, el capital no puede funcionar si no es a través de un proceso de confiscación, si no es llevando a la quiebra al concurrente. Había un esquema para que Corea pudiese salir de la crisis: si las empresas privadas coreanas están muy endeudadas, y el gobierno y el Estado no tienen deuda, ¿por qué el Estado coreano no coloca títulos de deuda en el mercado y con ello rescata a los bancos, a las industrias, etcétera? El gobierno coreano efectúa operaciones de rescate, pero que están en muchos casos condicionados a la efectivización de la quiebra. La crisis sirve a la concentración del capital y, dentro de éste, a imponer la hegemonía de la gran industria y de la banca de inversión norteamericanas. Este aspecto de la crisis puede provocar una gran reacción nacionalista.


 


Estados Unidos, el centro de la crisis


 


El centro de la crisis está, sin embargo, en Estados Unidos. La crisis norteamericana aparece disimulada por la crisis mundial, cuando en realidad es aquélla la que potencia a ésta. Por ejemplo, ante el derrumbe general del mundo, los capitales especulativos van a Estados Unidos. Abandonan la deuda pública basura de la Argentina, de Indonesia, etc., y van hacia las genuinas acciones y bonos del Tesoro norteamericano; este movimiento está inflacionando la especulación en Estados Unidos. Los que dicen que la Bolsa de Wall Street anda bien porque sube, mientras en todos lados baja, no entienden que si allí se valoriza el capital ficticio, ello obedece a un gigantesco movimiento de desvalorización internacional, de modo que la Bolsa yanqui llegará al pico cuando todo el mundo se incendie. La crisis mundial repercute en Estados Unidos bajo la forma de una especulación aún más extrema, que produce en ese país los mismos efectos que ya produjo en los otros: la sobrevaluación previa al derrumbe. En el Congreso norteamericano, la bancada republicana empieza a hostilizar al FMI o al comercio con México porque la sobrevaluación del dólar perjudica las posibilidades comericales de la industria. Por eso, se ha producido una crisis política y Clinton no puede sacar la ley que lo autorice para una negociación de conjunto con los países latinoamericanos para abrir sus mercados y el yanqui, para una zona de comercio único.


 


El grado potencial de quiebra del capital norteamericano (y cuando digo capital norteamericano me refiero al Chase Manhattan Bank, a la Banca Morgan, al Citibank, es decir, a los grandes pulpos) no tiene parangón. Un informe de la revista Time acaba de indicar que los compromisos de cierto tipo de especulación del capital estadounidense (en todo el mundo, pero especialmente en Asia) supera los veinticinco billones de dólares, es decir, el monto de todo el comercio y la inversión mundiales. Para mensurar esta cantidad, recordemos que el PBI estadounidense es de nueve billones de dólares. Time dice que el capital norteamericano está amenazado por una bomba nuclear: si no explota, bárbaro; si explota, nadie queda vivo.


 


Desde la crisis de 1971, virtualmente no hay sistema monetario internacional. En 1971, se perdió todo tipo de anclaje de las monedas: ya no tienen relación estable con nada; se cotizan día a día en el mercado. Es una disolución profunda del sistema monetario internacional, causada por un conjunto de factores, y que llevó a una suerte de comercio especulativo muy curioso, que consiste en contratos que aseguran el valor de las monedas. ¿Cuál es el problema de ese seguro? Para mantener las monedas en determinado tipo de valores, hay que sacar seguros, y por ellos hay que pagar primas. Las primas salen de los beneficios de las empresas y éstos de la explotación del trabajador. Resumiendo: la clase obrera del mundo, además de soportar la acumulación capitalista, tiene que soportar también la disolución del sistema monetario y financiar todos los seguros que se van tomando. Por un tiempo, los capitalistas vivieron la ilusión de la estabilidad monetaria. Las monedas no sufrían grandes devaluaciones y, sin embargo, estaban suspendidas en el aire. Es un sistema como el planetario, de atracciones recíprocas: un astro no cae porque el otro lo atrae, pero ninguno tiene los pies en el suelo. Así creyeron haber encontrado la clave de la privatización absoluta: nada está anclado a nada, todo se negocia en el mercado y, a pesar del caos, hay un orden. ¿Qué ocurrió? Los bancos norteamericanos les dieron seguros a los asiáticos de que sus monedas no se iban a devaluar. Otros aseguraron a un banco asiático que la tasa de interés de su país no se iba a mover, o de que la Bolsa no se iba a caer. Es decir que los bancos norteamericanos salieron a respaldar con garantías el valor de todas esas monedas. O al revés: sabiendo que iban a caer, armaron contratos apostando a la caída. Como consecuencia de esto, se estableció un sistema de contratos que ya no está relacionando al comercio de mercancías sino que son seguros para garantizar monedas, intereses, etc. A esto se lo llama economía virtual, tan virtual que no se puede registrar en los libros. Nadie puede ver en los libros de un banco cuánto ha contratado porque en estos contratos nadie le da a otro nada: son promesas de que se van a pagar las diferencias si hubiera una caída o una subida, o se darán la mano si no pasara nada y, entonces, sólo se paga y cobra la prima de la operación.


 


Pero, en Asia, las fluctuaciones han sido descomunales. Por ejemplo: los dos principales bancos coreanos que tenían contratos con la Banca Morgan de Estados Unidos no quieren pagarle la millonada que deben, porque dicen que la Banca Morgan los engañó. El Time dice que esto es una bomba nuclear: de estos veinticinco billones no se conoce qué contratos serían incumplibles: los veinticinco billones virtuales se transforman en una cifra incierta, pero real. Hay una cosa muy interesante: si todo es virtual, olvidémonos todo, porque no hay nada anotado. El problema es convencer al acreedor que renuncie a cobrar, con el argumento de que eran promesas; antes de eso, hay una guerra.


 


Queda al desnudo que el verdadero drama es la propiedad privada. Porque todo gira en defender esa dominación, ese derecho a explotar al prójimo, incluso al precio de una destrucción económica descomunal. Esto ilumina todo el proceso histórico de la crisis del capitalismo desde la Primera Guerra Mundial, pasa por la Segunda Guerra y termina con las descomunales pavadas sobre los treinta gloriosos años de crecimiento capitalista. En esos años, por una coyuntura extraordinariamente favorable, media o tres cuartas partes de la intelectualidad mundial dejó de ver al capitalismo como un sistema social que había agotado su posibilidad de desarrollo. Un cadáver insepulto que despide un terrible olor a podrido.


 


Tenemos el caso de la crisis entre Estados Unidos y México. Durante tres años, la DEA estuvo haciendo una actividad clandestina en México sobre lavado de narcodólares. Ahora se supo y esto produjo una gran crisis. La DEA alega que no se puede permitir que se pisotee la soberanía de México, cosa que llama la atención: ¿desde cuándo a la DEA le importa la soberanía mexicana? Estos descubrimientos de la DEA son la muerte del sistema bancario mexicano, porque este sistema funciona con narcodólares. ¿Para qué quiere la DEA terminar con el sistema bancario mexicano? La respuesta la tienen los bancos norteamericanos. Hace quince años que vienen luchando por monopolizar la banca mexicana. En Clarín hay un reportaje a Escasany, del Banco Galicia. Un re-gorilón, chupasangre, antiobrero, pero que al final parece el Ptp defendiendo al Banco Nación. Ahora se acuerda de que el Banco Nación cumple un papel importante para evitar la colonización completa. En México, ocurre lo mismo.


 


Esta situación nos indica que el corazón de la crisis está en Estados Unidos, el país en donde la sobreacumulación de capital se manifiesta con mayor amplitud. Los japoneses reconocen estar muy endeudados porque ahorraron mucho. Adviertan la contradicción: porque ahorraron mucho, se prestaron mucho entre ellos. Entonces muchos de ellos están endeudados porque otros muchos de ellos ahorraban. Ahora se cae todo porque hay un exceso de producción, no pueden pagar la deuda y entonces desaparece el ahorro que se acumuló y que se prestó. Los yanquis dicen que no deben nada, pero vivieron del ahorro de todo el mundo. La deuda externa norteamericana es de 3 billones de dólares y necesita atraer capital para refinanciarla. Así se ha convertido, contradictoriamente, en el país más sobrevalorizado del mundo; por lo tanto, el que está más cerca de un derrumbe. Para evitar este derrumbe y para mantener esta especulación, la Reserva Federal estadounidense está emitiendo dinero. La evidencia de que la emisión de la Reserva Federal está superando el 12% anual (y el creciente déficit comercial) ha comenzado a provocar el temor de un derrumbe del dólar. Los dos países que más están emitiendo son Estados Unidos e Inglaterra.


 


¿Qué tenemos como resumen general? La crisis de este sistema de economía virtual afecta fundamentalmente a Japón, Europa y Estados Unidos (y sobre todo a los bancos de este último país) y deberá producir una debacle más o menos inminente de la mayor parte de los llamados países emergentes, porque los capitales tienden a retirarse. Esto se manifiesta en Rusia, porque el gobierno tiene un déficit de presupuesto importantísimo sin posibilidades de financiar, y ya mostró en su conducta una tendencia a devaluar al vender dólares en lugar de aumentar la tasa de interés. Y con eso delata que va a devaluar, porque los capitales que hay en Rusia son mucho mayores que todos los dólares que tiene el gobierno ruso.


 


Otro país que está en la misma desesperante situación es Checoslovaquia, un país completamente arruinado. Allí se acaban de manifestar los jóvenes con eslóganes anticapitalistas, denunciando el capitalismo y chocando contra la policía en las calles de Praga. Sobre eso, la prensa no dice nada.


 


Indonesia y Corea


 


La prensa internacional se ha preguntado si lo que ocurre en Indonesia no es similar a lo que ocurrió en Filipinas contra la dictadura de Marcos, cuando el pueblo se colocó en la calle frente al ejército, éste no se animó a tirar y cayó la dictadura. Dicen que la diferencia es que en Indonesia no hay liderazgo, que es una pena, porque lo de Filipinas finalmente terminó en forma más o menos pacífica. Si comparamos lo de Indonesia con lo de Filipinas, la primera diferencia que encontramos (desde el punto de vista de la revolución mundial) es la envergadura de la crisis económica y social. El movimiento filipino se dio, en cierto modo, como un fenómeno político relativamente aislado en Asia, incluso en el marco de una profunda crisis propia de Filipinas, porque había un movimiento guerrillero dirigido por el Partido Comunista. La situación en Indonesia, desde el punto de vista económico y social, es definitivamente desesperante. Hay industrias totalmente quebradas, la situación de las masas ha caído por el suelo, están quebrados los sistemas de pago y las cadenas de abastecimiento. Entonces, una solución filipina, que consiste en que venga una mujer carismática la Fernández Meijide de Indonesia no puede darse como una solución, porque ese gobierno, con esa mujer supuestamente, tendría que encontrar una solución a una crisis económica que desborda la situación de Indonesia y que afecta a Singapur, China, Corea, etc. Entonces, la primera característica de este comienzo de una revolución en Asia tiene que ver con la envergadura de la crisis y todas sus conexiones.


 


El segundo fenómeno importante se relaciona con la naturaleza del propio movimiento de las masas. Según las informaciones, los que han tenido un papel fundamental han sido los estudiantes. En una segunda etapa, han aparecido otras capas sociales, y de ninguna manera se puede decir que haya una conducción obrera. Pero el proceso político de Indonesia tiene características comunes con muchos otros procesos (los de Albania, Corea, Inglaterra, Argentina), en los cuales incluso desde las cenizas y éste es un dato que este Congreso debe recoger emerge una dirección pequeñoburguesa de centroizquierda. Cuando digo de las cenizas, me refiero a gente que aparece como una dirección, como consecuencia de sus planteos, de sus vínculos. En este caso, una asociación musulmana, que ya ha dicho que la única solución posible son las elecciones presidenciales, o al menos parlamentarias. Es un debut poco audaz, poco claro, poco capaz.


 


Otro problema también es qué hacer con toda la industria en quiebra. ¿El Estado la confiscará? ¿El Estado tiene los recursos para emitir deuda? ¿Cómo sale del pozo, si no es con la ayuda del imperialismo? Pero el precio que pide el imperialismo para ayudar a Indonesia es que quiebre su industria y entregue el petróleo. Supongamos que Indonesia paga ese precio, pero ¿lo va a permitir Japón, que es el principal inversor en Indonesia? ¿Lo va a permitir Alemania, que está entrando a Indonesia para quedarse con sus despojos? Una dirección centroizquierdista muy fragmentada tiene que hacer frente a una situación extremadamente volátil, lo cual plantea, como transición, la emergencia de un gobierno militar, con apoyo centroizquierdista.


 


¿Cómo sería el probable desenvolvimiento de esta crisis? Se procura estructurar una dirección centroizquierdista y una alianza con los militares; como no hay un partido revolucionario se tiene que atravesar esta etapa. Para poder ver cómo sigue luego, tenemos que corrernos un poco en el mapa, porque la solución que, teóricamente, se prepara para Indonesia está en pleno desenvolvimiento en Corea, donde en diciembre, la centroizquierda ganó las elecciones. El imperialismo, que hasta la campaña electoral desconfió de esta salida, apostó a ella a medida que se iba definiendo y ahora no se siente defraudado, porque este gobierno centroizquierdista de Corea les impuso a los sindicatos que aceptaran los despidos y una ley de grandes ataques laborales. Fue una gran sorpresa la capacidad de este gobierno kerenskiano, centrista y frentepopulista para doblegar a los sindicatos, mostrando el papel tremendamente importante de un gobierno de estas características. Sin embargo, cuando la burocracia sindical y el gobierno creían que la crisis podía ser controlada, y la bancarrota económica coreana se acentuó; los sindicatos coreanos llamaron ahora a la huelga general, para esta semana, en lo que es el primer choque entre la clase obrera y su gobierno frentepopulista. Es decir, cuando en Indonesia empiezan los retoños de un salida centroizquierdista, en Corea empieza a quebrarse una salida de ese tipo.


 


Estoy hablando de la mecánica política que se va poniendo de manifiesto en un proceso revolucionario, así como su interacción internacional. Como la crisis económica es el combustible, acelera el proceso político, si se suma un derrumbe en China o en Japón, las salidas centroizquierdistas van a ser más difíciles, y mayores las posibilidades de guerra civil. En cambio, si el gobierno chino demuestra tener recursos para contener la crisis y los japoneses logran aguantar, se puede armar un cordón que disminuirá el ritmo de la crisis. Habrá algunas chances para alternativas centroizquierdistas que, a la larga, van a fracasar de todos modos porque, según nuestro análisis, la crisis es mundial y terminará con una bancarrota en Estados Unidos, en Inglaterra, etc. El hecho de que disminuya el ritmo de esa crisis no implica que cierre ese proceso político sino que lo hace más lento, menos visible.


 


Rusia


 


Lo que está ocurriendo en Rusia forma parte del mismo proceso político; toda la prensa mundial coincide en que la crisis actual es la más importante desde que cayó Gorbachov. Hay un proceso huelguístico creciente desde el momento en que el gobierno de Yeltsin reformó el gabinete en el sentido contrario a las tendencias del movimiento huelguístico, favoreciendo a los sectores más proimperialista en lugar de que suban los centroizquierdistas, dispuestos a algún tipo de conciliación con los trabajadores para contener la crisis. Entonces, el movimiento huelguístico no cede nada, se bloquean las minas, los ferrocarriles, los caminos, etc., y están apareciendo las consignas políticas por el derrocamiento de Yeltsin.


 


Nos ha llegado la proclama de un comité de huelga en Rusia de la fábrica de automotores Zim, que está en huelga por tiempo indeterminado. Un gran sector de estos obreros forma parte de una tradición revolucionaria, no son improvisados. Esta es una empresa semiestatal; a través de maniobras oscuras se fueron alquilando partes de la empresa a favor de los burócratas de la propia empresa, cuyas familias se apropian de los contratos de tercerización. Sus obreros entonces deciden la huelga total. Una de sus consignas dice: No a la quiebra, no a las compañías por acciones, no a los directores extranjeros. Es decir, una consigna contra la restauración capitalista. La proclama, llamada Necesitamos dar un paso decisivo, dice: Seguramente que vamos a ganar si logramos unir el gran poder de nuestra fuerza colectiva con el poder de nuestra inteligencia y el conocimiento de los obreros y de los técnicos que son honestos y que creen en el porvenir de esta empresa. Solamente vamos a ganar por medio de la fuerza. El régimen criminal que ha llevado a Rusia a esta vergüenza y humillación jamás oída y al pueblo a la pobreza y a la miseria, debe ser inmediatamente derrocado. Durante muchas décadas, vivimos como siervos bajo el dominio del feudal Partido Comunista de la Unión Soviética. Ahora, nuevos explotadores, demócratas, nos han lanzado a una nueva explotación de carácter burgués. Son las mafias de los comunistas y de los demócratas las que han llevado a Rusia al borde de la catástrofe. Esta catástrofe sólo puede ser evitada con la acción revolucionaria de la clase obrera organizada. No hay otra fuerza social que lo pueda realizar. Es por esto que nosotros, los obreros, tenemos que tomar el poder y la responsabilidad total del destino de nuestra sociedad. La administración mafiosa de Yeltsin tiene que ser disuelta de forma inmediata e incondicional. Todo el poder debe ser transferido a los comités de huelgas responsables ante las asambleas obreras. Esta responsabilidad debe ser la ley suprema de la vida de nuestro país. Cualquier poder que no esté bajo el estricto control de las masas organizadas degenerará inmediatamente y producirá nuevos explotadores, no importa lo hermosamente que se enmascare. Marchemos todos a la Plaza de la Gloria. Abajo los comunistas y los demócratas. Abajo los parlamentos y los presidentes. Viva el poder obrero. Viva la revolución.


 


Indudablemente, este sector puede estar influido por los que piensan que la URSS era un país capitalista de Estado, y que los viejos capitalistas comunistas han sido reemplazados por los nuevos capitalistas demócratas igualmente viejos. Si pensaran eso, es una confirmación del acierto de Trotsky, que decía que podíamos tener un frente y mantener una discusión con los que discrepaban con nuestra caracterización del Estado ruso. Este documento de una fábrica de cinco mil trabajadores, pretende traducir el espíritu popular. Si es verdad que lo traduce, está expresando que los obreros rusos no luchan contra los demócratas restauracionistas en nombre del viejo Partido Comunista, ni que tampoco impulsan una variante más avanzada de democracia restauracionista, están planteando la dictadura del proletariado. Luchan contra la confiscación de la propiedad estatal, por la revolución socialista. Pero, además, demuestra que una vanguardia revolucionaria en Rusia sólo podría actuar hoy si ha obtenido antes una autoridad basada en la lucha contra el viejo régimen stalinista. Este documento refuta a los que criticaron al PO por oponerse al golpe contrarrevolucionario de derecha de 1991, del aparato del PC, que hubiera procedido, al igual que lo hizo Yeltsin, a la restauración del capitalismo, pero además, con una bota militar. Los que estuvieron con ese golpe tienen una divergencia de principio con estos compañeros de la fábrica Zim. Aunque no podemos exagerar la representatividad del documento, tiendo a suponer que éste es representativo de la mentalidad de la vanguardia en toda Rusia, porque este documento tiene una lógica, que es la de la crisis rusa. La lógica de la crisis rusa es que la restauración capitalista destruyó a la clase obrera, por lo tanto ésta tiene que ser anticapitalista. Pero hay otra cosa más: ¿quiénes restauran el capitalismo en Rusia? Los comunistas, la vieja burocracia; por lo tanto, tienen que acabar con ella.


 


Refundar la IVª Internacional


 


Es decir que allí donde todo el mundo dice que no pasa nada, que en Rusia hay caos, pero no hay partido, en realidad está accionando una maduración política. Si en Rusia maduran así, también lo hacen en Indonesia, en Corea, bajo el impacto de la propia crisis. Por eso, nuestra responsabilidad es refundar la IVª Internacional. Y este proceso político en diferentes estadios de desarrollo en Indonesia, Corea y Rusia (pero que es uno solo internacionalmente), igualmente se da en Europa, donde también gobiernan el frente popular y la centroizquierda.


 


Hay un solo lugar en donde los partidos de derecha están peor que el peronismo, en Francia. Lutte Ouvrière caracteriza, sin embargo, que en Francia la ofensiva de derecha está en pleno ascenso. Pero los diarios dicen otra cosa: que lo más probable es que la derecha se desintegre como consecuencia de los escándalos y corruptelas. En Francia, la situación está madura para derrocar a Chirac y nadie está haciendo este reclamo; esa consigna minaría al gobierno frentepopulista, que necesita cogobernar con Chirac. Toda Europa está con gobiernos centroizquierdistas, que van respondiendo empíricamente según la presión popular, pero cuyos márgenes de acción por la crisis son extremadamente limitados. Pero la derecha (los conservadores británicos, los gaullistas franceses, etc.) se ha ido. Desde Indonesia a Europa, la tendencia es a gobiernos de frente popular, es decir, que el imperialismo apela a este último recurso, sea en forma preventiva (Europa) o en un marco revolucionario.


 


Deberíamos definir, a partir de esta caracterización, un conjunto de consignas y tareas y llamar a todas las organizaciones obreras que actúan en todos estos procesos revolucionarios a debatirlas en común en una conferencia internacional. Allí nos vamos a hacer presentes para defender todos los puntos de los acuerdos de Génova y San Pablo.


 


En primer lugar, quiero reivindicar el carácter propagandístico de la propuesta. Lo importante es armar una tribuna internacional para ser oídos por aquellos que sabemos que escuchan, pero que no sabemos quiénes son. Tendría el valor de llamar la atención sobre nuestra caracterización de esta crisis mundial y sobre las consignas y el programa. Tendríamos que evaluar, con aquellos con quienes nos reunamos, un programa de actividades para concretar esta convocatoria. Hace pocos meses, los compañeros italianos fueron invitados a un acto relativamente restringido en Francia, donde divulgaron todas las posiciones votadas en San Pablo y Génova. Los participantes de ese encuentro no llegaron a ninguna conclusión. Pero los convocantes no fuimos nosotros sino gente que no sabe bien qué hacer y, por supuesto, terminó sin resolver nada. En este caso, si nosotros hacemos la convocatoria y nosotros la definimos, va a salir algo.


 


En el movimiento trotskista ha habido una serie de evoluciones muy importantes que hay que señalar. Una de las más importantes es la confirmación total de que el SU es una organización contrarrevolucionaria, un sostén del gobierno contrarrevolucionario francés y del frente popular. La Liga Comunista, el principal partido francés del SU, hizo un congreso para cambiar su nombre y pasar a llamarse Alianza Democrática Revolucionaria o algo semejante. Evidentemente, detrás del cambio de nombre, está el abandono completo de una pretensión marxista. Pero no es sólo el problema de cambiar de nombre, sino el contexto en el cual esto ocurre. Lo hacen en el momento en que se pone de moda (aunque ya se está pasando esta moda) la denominación democratizante. Lutte Ouvrière caracteriza que la Liga abandonó el comunismo. Es decir que la Liga no actúa más en el terreno de la clase obrera. Pocos meses antes, sin embargo, Lutte Ouvrière nos había enviado una carta diciendo que no estaba dispuesta a ser cómplice de nuestras maniobras contra la Liga, a la cual acusamos de que había abandonado el marxismo. Tres meses después, ellos mismos dicen que abandonó el marxismo. Esto replantea la discusión política con Lutte Ouvrière. Este proceso político de cambiar el nombre se da también en la organización inglesa Militant, aunque Militant asegura que no cambió su programa, en lo que tienen razón: ya lo habían cambiado hace mucho. Este cambio de nombre es un pasaje a posiciones contrarrevolucionarias.


 


El fenómeno más curioso de Francia es que ninguna corriente caracteriza al gobierno francés como gobierno contrarrevolucionario imperialista. El gobierno de Jospin es el gobierno del imperialismo francés, es el gobierno del frente popular del imperialismo francés, es el gobierno de los partidos obreros y pequeñoburgueses del imperialismo francés, es el que defiende los intereses de los pulpos franceses en el exterior, es el gobierno de la Compañía Tucumana de Agua, que sostiene al dictador Bussi en esa provincia. Yo le pregunto a la Liga Comunista: ¿en el conflicto del agua, están con la provincia burguesa y oligárquica de la Argentina o están con el gobierno socialista francés? El Partido Obrero defiende a la provincia de Tucumán, oligárquica, burguesa y capitalista, contra el gobierno de Jospin, socialista, que defiende los intereses imperialistas que le quieren chupar la sangre al pueblo de Tucumán.


 


En las discusiones que tenemos se nos dice que con este lenguaje no nos vamos a ganar a los obreros franceses. Pero a los obreros franceses, lo primero que les debemos explicar es que su gobierno es contrarrevolucionario. Lutte Ouvrière, que, de los partidos conocidos, es el que está más a la izquierda, dice que el objetivo del gobierno de Jospin es gerenciar al capitalismo. Pero un gobierno nunca puede tener la dirección del país como un objetivo, porque estar en el gobierno es haber realizado ese objetivo, es ya dirigir realmente a la sociedad capitalista. En Francia, hay una discusión política trabada en la izquierda que no pasa por la caracterización del gobierno. Si es o no un gobierno del imperialismo. La izquierda le propone al gobierno planes de lucha y dice que están dispuestos a luchar con el partido socialista, o el comunista, o cualquiera, por tal cosa, pero está ausente la estrategia de suplantar al gobierno burgués con una alternativa obrera; no hay una exigencia a estos partidos, si todavía son obreros, de que rompan con la burguesía, para preparar a las masas que los puedan seguir a luchar por el gobierno obrero. El primer paso para romper con la burguesía es echar a Chirac. Hay, en este punto, una extrema confusión, y sobre esto sería importante que nuestra reunión internacional fijara, al menos, un esbozo respecto de esta polémica en Francia, empezando por el correcto señalamiento de Lutte Ouvrière de que la Liga abandonó el marxismo y por reclamarles a las organizaciones revolucionarias de Francia que tomen una posición sobre el gobierno del frente popular.


 


En Génova, sacamos una declaración contra el frente popular, pero esa declaración también vale para países donde todavía no hay un frente popular; la lucha contra el frente popular tiene que tener un carácter internacional.


 


Lutte Ouvrière dice que no interviene en la lucha de los indocumentados en Francia porque es débil entre los obreros y su prioridad debe ser trabajar en el movimiento de los trabajadores. El planteo es lógico, pero equivocado porque el ataque a los indocumentados en Francia es el ángulo que ha elegido el imperialismo francés para atacar a la clase obrera francesa, introduciendo el chauvinismo contra el obrero que viene de otro país. Es necesario poner en claro al obrero francés que la culpa de que no haya trabajo no la tienen los indocumentados sino el capitalismo. Es una cuestión metodológica; no hay en esto ningún ataque a la honorabilidad revolucionaria de Lutte Ouvrière como organización. Marco una divergencia.


 


Otra evolución política importante ha sido la de la LIT. Convocó a un congreso abierto del que aceptamos participar, pero que nunca se hizo. Desde entonces no hay ninguna novedad en las relaciones, pero esto no quiere decir que las cosas no evolucionen. Por ejemplo, no tenemos ninguna novedad de Lutte Ouvrière, pero hemos visto que ha cambiado de posición respecto de la Liga Comunista. En la LIT también, porque el Mas rompió con la LIT, y la LIT denuncia al Mas como una corriente antimarxista. El Mas plantea la disolución y está por un encuentro de intelectuales marxistas para ver qué hacer; y la LIT se mantiene en la reconstrucción de la IVª Internacional, y denuncia que, en conferencias y en mesas redondas, dirigentes del Mas o relacionados con el Mas denunciaron a Trotsky de sanguinario y a los bolcheviques de criminales. Esta escisión tiene una significación política. Como el Mas quiere fundar un marxismo abierto, en su revista Herramienta escriben hasta los menemistas. Pero el marxismo es, por definición, abierto. Surge como una crítica a la filosofía clásica, que era cerrada. En lugar de encerrarse en una interpretación del mundo, el marxismo sostiene que hay que transformarlo y, con esto, abre a la actividad revolucionaria todo el campo de la experimentación social, cultural y humana. Entonces, ¿cómo puede haber un marxismo abierto o no abierto? Quiere decir que el Mas ni siquiera sabe qué es el marxismo. Es la manifestación de una disolución política concreta.


 


Creo que hay que llevar a nuestra reunión internacional este llamamiento a una conferencia mundial, a la que habría que invitar a la LIT.


 


Pero hay otras novedades, como el agravamiento excepcional de la crisis del PT del Brasil. El ala izquierda del PT tuvo la oportunidad, que no tuvo ninguna fracción de izquierda, de ganar la convención de un Estado y consagrar a su dirigente como candidato a gobernador. En el marco del PT, su izquierda podía desarrollar una campaña política en su propio Estado y mostrar su capacidad de acción; en esa campaña hubiera quedado de manifiesto si son iguales que Lula o si realmente son otra cosa, si encarnan a los trabajadores de estados importantes. Entonces la burguesía monta todo un operativo y Lula interviene el PT del Estado de Río de Janeiro, anula la candidatura de la izquierda e impone que el PT de Río de Janeiro vote al candidato de un partido burgués, el de Brizola. Esta izquierda, que es frentepopulista, porque opina que todo depende de para qué se lo usa (como si el frente popular se pudiera usar para hacer la revolución), tiene ahora que tomar una decisión, lo cual plantea la posibilidad de que abandone toda ambigüedad en relación con la dirección centroizquierdista del PT y al frente popular.


 


Sobre este punto hago dos propuestas: invitar a esta izquierda al PT a una conferencia internacional para discutir una plataforma de lucha internacional, para tocar las tareas actuales, abrir un debate sobre la refundación inmediata de la IVª Internacional. Además, soy partidario de que, en la reunión internacional de la semana que viene, la delegación de Causa Operaria explique cómo ellos piensan abordar la crisis del PT, por su significación tanto nacional como internacional.


 


Las conclusiones que fueron aprobadas en las reuniones de Detroit, Génova y San Pablo han sido plenamente confirmadas por los hechos y han servido para impulsar el trabajo por la refundación de la IVª Internacional de todo el Partido Obrero. Los análisis de esas reuniones y del propio PO han sido confirmados por los hechos y, cada vez que examinamos el problema, más avanzamos en su comprensión y somos más concretos en las conclusiones. Definimos mejor las tareas organizativas. Probablemente seamos, entre todos los partidos del mundo, el más cuartainternacionalista, esto medido por la conciencia que tienen nuestros militantes de la importancia de la IVª Internacional. Porque, de un modo general, la IVª Internacional se encuentra en todo el mundo reducida a un debate de cúpulas. Una de las razones por las que proponemos la refundación de la IVª Internacional y discutir las divergencias, y no, al revés, discutir las divergencias para ver si refundamos la IVª Internacional, es que creemos que lo primero hace intervenir a los militantes y lo segundo es para entendidos. Y el problema de la refundación es de la militancia y de las masas, porque el arte de los internacionalistas en la lucha por construir la Internacional, es demostrar al proletariado del mundo hasta qué punto la idea de la Internacional ha penetrado en el proletariado de su país. Los trabajadores de todo el mundo se van a preguntar sobre el alcance que tiene nuestra propuesta, en función de cómo madura en nuestra clase obrera. Por eso trabajamos tanto este problema y no lo abandonamos nunca. La cuestión clave es transformar el tema en un interés masivo, es decir, que forma parte de la construcción del Partido Obrero.


 


Por eso pido encarecidamente que reventemos Argentinos Juniors y pongamos un gran cartel que diga el eslogan más feo que se pueda inventar desde el punto de vista publicitario comercial: "Por la refundación inmediata de la IVª Internacional". Hay que reventar Argentinos Juniors. Hay que hacer más esta semana por la IVª Internacional, que todo lo que la dirección, los militantes, los cuadros de este partido han hecho siempre por las suscripciones. La comparación es, ciertamente, grande.


 

La crisis de Kosovo: ¡Unicamente una solución internacionalista!


1. La esperada explosión en Kosovo ha tenido lugar y se está transformando en una guerra en gran escala. La ofensiva del ejército y las fuerzas policiales de Serbia en Drenitsa y en los pueblos de la frontera de Albania con Yugoslavia, que se supone ofrecen refugio al Ejército de Liberación de Kosovo, transforma el área en un territorio devastado étnicamente limpio. Los ancianos, los niños y las mujeres son nuevamente las principales víctimas. 107.000 personas, en su mayoría de la etnia albanesa de acuerdo con cifras de la agencia de la ONU para los refugiados han sido desplazadas dentro de Kosovo y 43.000 más han huido a Albania y Montenegro. Otros 20.000 civiles, de la etnia serbia, han escapado hacia el norte, más al interior de Serbia.


 


Estados Unidos amenaza con una intervención militar de la OTAN. La OTAN ha realizado preparativos y ejercicios militares en toda el área desde Albania a la ex-república yugoslava de Macedonia. Otro ejercicio militar de la OTAN, en Albania, está programado para fines de agosto. Todas las bases imperialistas en los países vecinos están en alerta roja constante. Junto a los preparativos militares se desarrolla una intensa acción secreta de la diplomacia por parte de los enviados de Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN, en Belgrado, Pristina, Tirana, Skopja, Atenas.


 


Todo el mundo, incluso los imperialistas, saben que Kosovo no es Bosnia; que la guerra no puede ser confinada dentro de las viejas fronteras de Yugoslavia sino que tiene una tendencia imparable a desbordarse a los otros países balcánicos, envueltos por una vía u otra en el conflicto y en el violento rediseño de las fronteras de los Estados. La perspectiva catastrófica de una guerra de conjunto en los Balcanes está frente a nosotros.


 


La cuestión de Kosovo, en su esencia, no puede ser un conflicto limitado entre los albano-kosovares en lucha por sus derechos nacionales y sus opresores serbios, el régimen burocrático, restauracionista y nacionalista de Milosevic. Es la violenta manifestación por excelencia de la históricamente irresuelta cuestión balcánica. Como tal, tiene que ser confrontada y resuelta no desde arriba, por el imperialismo y las élites naciones de la zona, sino desde abajo, por las masas populares y por la clase obrera y los marxistas revolucionarios en los Balcanes, en Europa e internacionalmente. No puede haber ninguna solución nacional o nacionalista; sólo puede haber una solución internacional e internacionalista, en la lucha por la perspectiva que vislumbraron todos los revolucionarios de los Balcanes de los últimos 150 años: el establecimiento de una Federación de pueblos libres e iguales de los Balcanes, sobre una base socialista. La tragedia yugoslava no canceló esta necesidad histórica; le ha dado incluso mayor urgencia.


 


2. La espiral de la desintegración de Yugoslavia ha dado ahora, aparentemente, una vuelta completa: ha retornado a lo que fue su punto de partida, Kosovo. Fue ciertamente la liquidación de la autonomía de la provincia kosovar por parte de Milosevic, en 1989, jugando la carta del nacionalismo serbio en su lucha por el poder en la Yugoslavia post-titoísta, la que sacó al demonio nacionalista de la botella.


 


Aunque más tarde la propaganda imperialista y los medios de comunicación de EE.UU. y Europa demonizaron a Milosevic, en el período inicial, tuvo el apoyo de Washington y el FMI para volcar a la Yugoslavia en crisis hacia la economía de mercado.


 


En esa época, la estrategia del imperialismo norteamericano para Yugoslavia (así como para la URSS de Gorbachov) era mantener su integridad como un Estado Federal, para controlar centralizadamente el proceso de una transición restauracionista al capitalismo.


 


El rol del propio FMI fue crucial en el desenvolvimiento de la tragedia yugoslava. Con sus medidas draconianas impuestas a una economía desigualmente desarrollada, sobreendeudada, estancada, y mal manejada por burocracias descentralizadas con intereses enfrentados, alimentó todas las tendencias centrífugas y las contradicciones entre las repúblicas más prósperas y las más pobres de la Federación.


 


Milosevic hizo el trabajo sucio del FMI de imponer esas medidas, primero en Kosovo, encendiendo un descontento social de masas en la población albanesa y una ola de huelgas mineras con ocupación de los socavones. La represión de los albaneses (que forman una mayoría del 90 por ciento de la población de Kosovo) fue el preludio de la pesadilla en ciernes en Eslovenia, Bosnia y Krajina.


 


3. Pero la desintegración de Yugoslavia no podía ser y no fue un fenómeno regional aislado, una erupción del atraso balcánico tradicional (de acuerdo con los comentarios racistas de los medios occidentales); menos aún la tarea demoníaca de un dictador único con base en Belgrado. Explicaciones de este tipo demuestran tanto la ceguera y la estupidez política como las posiciones de los apologistas voluntarios o involuntarios del imperialismo.


 


La desintegración de Yugoslavia fue obviamente parte de la desintegración del stalinismo mundial y sus regímenes burocráticos, bajo el impacto de la crisis mundial del capitalismo sobre sus exacerbadas contradicciones internas. El colapso del así llamado socialismo realmente existente y la caída del Muro de Berlín significaron también el colapso del orden geopolítico internacional establecido en Yalta, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, mediante la colaboración de clases de la burocracia stalinista con el imperialismo anglo-norteamericano. Esta colaboración no sólo torpedeó la revolución en Europa, y particularmente en Grecia, sino que también impidió el impulso histórico-natural hacia la unificación socialista de los Balcanes manifestada en la guerra revolucionaria de los guerrilleros comunistas de Yugoslavia, Albania y Grecia contra el fascismo (bien documentada en los trabajos y Memorias del famoso general guerrillero yugoslavo Tempo-Svetozar Vukmanovic).


 


La Federación Balcánica fue abortada y las fronteras de los estados nacionales fueron rediseñadas otra vez, de acuerdo no con la voluntad de las naciones y de las nacionalidades oprimidas sino con los pactos y los equilibrios entre el imperialismo y la burocracia stalinista de Moscú. Cuando este equilibrio internacional de la posguerra colapsó, colapsaron también las bases sobre las cuales se establecieron las fronteras nacionales de los Estados balcánicos en todo el período de la Guerra Fría.


 


La cuestión balcánica emergió de nuevo a través de un violento renacimiento de nacionalismos enfrentados, ante todo en la Yugoslavia multinacional. El stalinismo y la burocracia no resolvieron sino que suprimieron por décadas los problemas nacionales los cuales, de cualquier modo, no pueden ser resueltos en los confines del así llamado socialismo en un solo país balcánico atrasado.


 


Ahora que los viejos regímenes han colapsado, las mismas viejas elites burocráticas, virando al mercado capitalista y a los brazos del imperialismo, manipularon conscientemente y movilizaron todos los reclamos nacionales y las úlceras irredentistas en los Balcanes como la mejor manera de promover el proceso de la restauración capitalista y sus intereses económicos en éste.


 


Estas burocracias nunca actuaron o actúan solas. Los poderes imperialistas a los que están íntimamente conectadas fijan las pautas rectoras y el respaldo nacional necesario.


 


Los Balcanes se convierten otra vez en el campo de batalla de intereses y fuerzas capitalistas antagónicas. León Trotsky, durante las Guerras Balcánicas, ya había distinguido los dos aspectos interconectados de la cuestión oriental o balcánica (1): de un lado las relaciones entre las naciones y Estados de la península balcánica; del otro lado, los intereses conflictivos, las intrigas y las intervenciones constantes de los grandes poderes imperialistas. El segundo aspecto, el factor imperialista, es el dominante porque, como Trotsky correctamente escribió en ese temprano período, "la solución de la cuestión puramente balcánica se opone enteramente a los intereses de las dinastías y de las bolsas de valores (…) Los grandes poderes (…) siempre han tenido un interés directo en enfrentar a los pueblos y a los Estados balcánicos unos contra otros y entonces, cuando se han debilitado unos a otros, someterlos a su influencia económica y política" (2).


 


¡Esto fue verdad entonces, y lo es todavía más hoy!


 


Sólo los apologistas pueden no ver el rol jugado por Alemania después de su reunificación en el desmembramiento de la Federación Yugoslava. El Tratado de Maastricht, de 1991, en el que Alemania impuso sus términos a Europa para salvaguardar el codominio franco-alemán, se convirtió en la lápida de la segunda Yugoslavia. El imperialismo alemán, en su avance hacia Europa Central y del Este, necesitaba la destrucción de las conquistas de la revolución yugoslava, una Croacia fuerte como su protectorado y bastión en el área y, consecuentemente, no sólo la desintegración de Yugoslavia sino también una Serbia débil la tradicional antagonista de Croacia.


 


Europa siguió el camino alemán y tiene la responsabilidad principal por el caos subsiguiente. Cuando el imperialismo europeo "un gigante económico, un enano político y un pigmeo militar", de acuerdo a un cínico comentarista probó su total incapacidad para resolver el caos sangriento que había creado, el imperialismo norteamericano entró en acción para promover su engaño en un nuevo orden mundial yanki.


 


4. La intervención de los EE.UU. y las incursiones aéreas de la OTAN contra las posiciones serbias, el embargo contra Serbia y la demonización de Milosevic llevaron a los infames acuerdos de Dayton lo que hubiera sido imposible sin la colaboración del demonizado Milosevic.


 


El EEK (Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia) siempre se opuso, política y prácticamente, a la intervención de los EE.UU., de Europa, de la OTAN (y de Grecia) en Yugoslavia y a los ataques de la OTAN contra los serbios. Era nuestro deber elemental oponernos al imperialismo y defender a una nación pequeña en lucha por repeler los planes imperialistas para destruir toda resistencia, para pulverizar los Balcanes, fragmentándolos en piezas impotentes y recolonizar esta estratégica región. Al mismo tiempo, condenamos todos los nacionalismos balcánicos, incluyendo el nacionalismo serbio y los crímenes de limpieza étnica.


 


Como fue previsto, el nacionalismo serbio finalmente traicionó a su propia nación oprimida. Milosevic abandonó a su suerte a las comunidades serbias de Krajina, Eslovenia y Bosnia y contribuyó a la firma y a la implementación de los acuerdos de Dayton. Pero esto no fue el fin, el final feliz para el imperialismo.


 


El fiasco europeo llevó a la intervención norteamericana y a Dayton. Dayton ahora abre la perspectiva de un fiasco norteamericano.


 


La Bosnia independiente es sólo una ficción, compuesta por dos, tres o cuatro fragmentos hostiles que se llaman a sí mismos repúblicas, totalmente subordinadas, económica y militarmente, a los EE.UU. y la OTAN. Pero la presencia de la OTAN y los norteamericanos no se encuentra para nada segura. Más aún: ¡la insurgencia revolucionaria de Albania en marzo de 1997, que derrocó al régimen derechista de Berisha, mostró como dijo Madeleine Albright, la cabeza del Departamento de Estado "los peligros futuros para toda la región y para Europa entera"!


 


El imperialismo norteamericano necesita ahora, como nunca antes, estabilizar una fuerte presencia militar y un indisputado control político en los Balcanes, el blando bajo vientre de la ex-URSS. La política de los EE.UU. en Kosovo, Yugoslavia y los Balcanes, como un todo, está indisolublemente ligada con la reorganización y la extensión de la OTAN hacia el este, hacia las fronteras de Rusia.


 


La administración Clinton ya no esconde el hecho de que ve la extensión de la OTAN vinculada a los temores norteamericanos a un renacimiento revolucionario en Rusia, a partir de la impasse económica y de la extendida catástrofe social provocada por el proceso restauracionista. Documentos oficiales norteamericanos enfatizan que "La alianza debe estar preparada para otras contingencias, incluyendo la posibilidad de que Rusia pueda abandonar la democracia y retornar a su comportamiento amenazante del período soviético" (3).


 


A medida que el impacto de la crisis asiática en Rusia se hace devastador y las movilizaciones de los mineros rusos marcan un nuevo inicio en la lucha social en la tierra de Octubre, el imperialismo norteamericano descubre que su posición en Bosnia y en el norte de los Balcanes es más que insegura, mientras en el sur de los Balcanes, la revolución albanesa destruyó el Ejército de Albania y, más allá, el conflicto entre Grecia y Turquía puede degenerar en cualquier momento en una conflagración sangrienta, destruyendo todo el flanco oriental de la OTAN.


 


En este contexto, el imperialismo norteamericano escala su intervención para reorganizar todo el sistema de control imperialista en la región, manipulando los conflictos locales y los antagonismos nacionales, provocando los incendios y jugando entonces el rol de bombero…


 


La nueva explosión de la crisis en Kosovo es parte de este desenvolvimiento.


 


5. Dayton tiene sus directos efectos colaterales sobre Kosovo. Su economía informal de contrabando fue golpeada. El impulso privatizador de la burocracia de Belgrado se intensificó y con éste el pillaje de la riqueza minera y otros recursos de la región kosovar en colaboración con compañías capitalistas de Europa, particularmente griegas.


 


Hubo también un flujo limitado de inmigrantes serbios desde Krajina, pero esto no debe ser exagerado ya que el régimen de Belgrado no tiene la voluntad ni los recursos para asentar a un número importante de ellos y, sobre todo, darles trabajo.


 


El deterioro de las condiciones económicas y sociales fue acompañado de un incremento de la discriminación nacional contra los albaneses. El régimen de Milosevic está seriamente debilitado después de Dayton, donde sus credenciales nacionales fueron mancilladas. Amenazado por las movilizaciones opositoras de 1996 así como por el conflicto con la nueva dirección de Montenegro su único socio en la nueva Yugoslavia, Milosevic integró al gobierno de Belgrado a los ultranacionalistas del fascista Seselj. La sobrevivencia política de Milosevic depende de su capacidad para mantener a Kosovo, con todo el peso que esto tiene en la ideología nacionalista serbia, bajo control de Serbia. El empeoramiento de las condiciones de los albaneses en Kosovo, sumado a la explosión revolucionaria en la misma Albania y al flujo hacia Kosovo de aproximadamente el 30 por ciento de las armas tomadas del disuelto ejército albanés, tuvo como resultado el debilitamiento de la dirección política conciliadora del proimperialista Rugova y el reforzamiento de los grupos armados albaneses que operan bajo el nombre colectivo de "Ejército de Liberación de Kosovo" (UCK).


 


En realidad, el UCK está formado por tres componentes principales, separados e incluso antagónicos: el UCK del autoexiliado en Bonn primer ministro de la república de Kosovo, Bouyard Boukosi; el UCK de Drenitsa conducido por ex-oficiales albaneses del ejército yugoslavo que lucharon en Bosnia y Croacia; y el UCK de Fatos Nano, es decir, el grupo controlado por el actual gobierno de Tirana.


 


El UCK de Drenitsa es el más numeroso y combativo, pero carece de dirección política, especialmente después del asesinato de sus dos principales líderes, los hermanos Yasari. (La más reciente ofensiva del ejército serbio tiene como su principal objetivo el UCK en Drenitsa).


 


Las relaciones entre los tres grupos armados están lejos de ser armoniosas y algunas personas en Kosovo están atemorizadas por la perspectiva de una libanización futura de la región, una guerra civil entre las milicias albanas.


 


La situación se presenta aún más confusa con el involucramiento de voluntarios de… Arabia Saudita, Egipto y otros centros fundamentalistas islámicos con conexiones bien conocidas con la CIA.


 


6. El imperialismo norteamericano apoya abiertamente al UCK, especialmente desde el inicio de las hostilidades en marzo de 1998. Los medios de comunicación norteamericanos publicitaron continuamente su papel. El punto más alto, por lejos, de esta publicitada campaña fue la visita oficial de Richard Holbrook, el enviado de los EE.UU., a los cuarteles centrales secretos del Ejército de Liberación de Kosovo, ¡con su foto, que lo muestra sentado y hablando con las guerrillas, divulgada por todo el mundo! (¿Puede imaginarse una foto similar de representantes oficiales de los EE.UU. con los zapatistas, o las guerrillas de Colombia o de las Filipinas?).


 


Por el momento, los EE.UU., y particularmente la misión Holbrook, tuvieron éxito en promover al UCK como parte integrante de la delegación albanesa para las futuras negociaciones sobre el destino de Kosovo. La propuesta de Holbrook es hacer de Kosovo una República Federal en el cuadro de la nueva Federación Yugoslava. El régimen de Milosevic parece estar dispuesto a considerar un desarrollo de este tipo: el primer ministro Milutinovic visitó Pristina para discutir un plan de autogobierno de Kosovo; la cuestión de si este autogobierno será ejercido en el marco de la república serbia o en el de la Federación Yugoslava se mantiene abierta. Algunos líderes kosovares ven este plan favorablemente y al autogobierno como un primer paso hacia la independencia de Kosovo.


 


La última ofensiva militar serbia coincide con estas maniobras diplomáticas: la cuestión es quién ejercerá un control mayor sobre el territorio de Kosovo cuando ambas partes comiencen las negociaciones sobre el autogobierno o, incluso, la partición (con la región de Metohi uniéndose a Serbia).


 


El ala más radical y activa del UCK tiene la estrategia de escalar el conflicto hasta el punto en que una intervención directa de los EE.UU. y la OTAN se haga cierta. Por esta vía, creen que la independencia de Kosovo puede ser alcanzada de hecho o de derecho. En esta ala radical hay muchos partidarios de la idea de una Gran Albania, uniendo a la población de Albania, de Kosovo y de Macedonia occidental (la región de Tetovo).


 


Comparten las mismas ilusiones reaccionarias del Belli Kombatar durante la Segunda Guerra Mundial, que colabó con las fuerzas de ocupación del imperialismo fascista italiano. Los fascistas italianos ordenaron la unificación de Kosovo con Albania, ¡pero esa Gran Albania no fue más que una colonia italiana!


 


7. Indudablemente, los derechos nacionales de los oprimidos albaneses de Kosovo tienen que ser defendidos contra la discriminación serbia y la limpieza étnica. Pero la cuestión que está planteada es: ¿pueden esos derechos ser defendidos colaborando con el imperialismo y ayudándolo a fragmentar los Balcanes en miles de mini-Estados impotentes con una sombra de independencia, cuando en realidad son colonias? Esto no es una defensa del derecho a la autodeterminación nacional. Esta es la ruta más segura para la destrucción de esos derechos.


 


Varios grupos de izquierda en Europa occidental y América (incluyendo a muchos que se llaman trotskistas), en el período posterior a 1989/91, de ultra pesimismo y confusión que siguió al colapso de la URSS, apoyaron la intervención imperialista en Bosnia, haciendo una parodia de la posición de Lenin sobre el derecho a la autodeterminación nacional. Algunos de ellos, lo siguen repitiendo hoy, ¡identifican al UCK con los combatientes por la liberación nacional en el Tercer Mundo!


 


Nosotros no podemos defender los derechos nacionales de los albano-kosovares capitulando ante el imperialismo; como no podemos luchar contra el imperialismo encubriendo a Milosevic y la opresión nacional serbia.


 


La línea estratégica de los marxistas tiene que ser la que diseñaron Trotsky y los primeros Congresos de la Internacional Comunista.


 


"La única vía para salir del caos y la sangrienta confusión de Estados y naciones en la vida de los Balcanes es la unión de todos los pueblos de la península en una única entidad económica y política, sobre la base de la autonomía nacional de todas sus partes constituyentes (…).


 


"La unidad estatal de la península balcánica puede ser alcanzada por dos vías: o desde arriba, por medio de la expansión de un Estado balcánico, el que se pruebe como más fuerte a expensas de los más débiles éste es el camino de las guerras de exterminio y de la opresión de las naciones débiles, el camino que consolida las monarquías y el militarismo; o desde abajo, a través de la unión de los propios pueblos éste es el camino de la revolución, el camino que significa derrocar a las dinastías balcánicas y desplegar la bandera de una república Federal de los Balcanes.


 


"… la tarea de crear las condiciones normales para la existencia nacional y estatal en los Balcanes cae con todo su peso histórico sobre los hombros del proletariado balcánico" (4).


 


La verdad de esta tesis fue probada históricamente una y otra vez, particularmente en la revolución balcánica, que se desarrolló a través de la resistencia de masas contra el fascismo en los años 40 y que fue traicionada por el stalinismo, así como por las tragedias que siguieron a la desintegración del stalinismo.


 


Después del colapso del stalinismo, una sola corriente política y un solo programa han pasado la prueba de la historia: el movimiento revolucionario formado por Trotsky.


 


La refundación de la IVª Internacional puede dar un punto de referencia y un eje de reagrupamiento para todos los elementos de vanguardia del movimiento obrero en los Balcanes. Será un importante paso adelante en la lucha contra el imperialismo, la guerra y el nacionalismo, por la Federación Socialista de los Balcanes y los Estados Unidos Socialistas de Europa.


 


¡Libertad a Kosovo y a todos los pueblos y minorías oprimidos de los Balcanes!


 


¡Abajo todos los chauvinismos!


 


¡Fuera los imperialistas de EE.UU., la Unión Europea y la OTAN de los Balcanes!


 


¡Por una Federación Socialista de los Balcanes!


 


¡Refundemos la IVª Internacional!


 


Atenas, 31 de julio de 1998.


 


 


 


 


Notas:


 


1. Ver León Trotsky, The Balkan Wars,1912/13, Monad Press, 1980, págs. 38/41.


2. León Trotsky, Op. Cit., págs. 38/39.


3. "The Debate over NATO Expansion"; en Arms Control Today, Washington, vol. 27, Nº 6, Septiembre 1997, pág. 3.


4. León Trotsky, Op. Cit., págs. 39/40

Sobre universitarios, intelectuales, preciosas y ridículos


Prensa Obrera y En Defensa del Marxismo se distinguen de otras publicaciones de izquierda por su atención sistemática a las cuestiones teóricas más generales de la realidad social y la revolución: sus páginas están abiertas, por ejemplo, a debates sobre el arte, el psicoanálisis, las cuestiones históricas, etc. En otras publicaciones de izquierda (y no sólo argentinas) el abordaje de estos temas, cuando existe, es tan rastrero como sus políticas. Esto da amplio margen para la existencia de un gran número de revistas teóricas, en las que esas cuestiones son tratadas con un alto grado de abstracción, pero completamente desvinculadas de la política y de cualquier compromiso militante.


 


Sokal y el ridículo


 


En su Nº 590, Prensa Obrera publicó un artículo de Hernán Díaz (un constante animador de esos debates) sobre la estocada dada por el físico norteamericano Alan Sokal al mundo académico de las ciencias humanas. Jorge Altamira también se refirió al tema, de pasada, en su discurso por la refundación de la IVª Internacional, en el acto internacionalista del 30 de mayo en Argentinos Juniors. ¿Cuál es la importancia de este asunto?


 


Alan Sokal hizo publicar un artículo ridículamente redactado adrede (lo que comenzaba por el propio título) en la prestigiosa revista norteamericana de ciencias sociales Social Text, la que lo aceptó como cosa seria. El procedimiento no era nuevo: en varios 1º de abril (equivalente en el hemisferio norte a nuestro 28 de diciembre) revistas científicas prestigiosas publicaron artículos completamente ridículos en su contenido, pero formalmente serios. Las revistas de gran tirada, habituadas a chupar noticias de aquéllas, reprodujeron a veces estas ridiculeces, revelando en este caso la falta de preparación de periodistas y jefes de redacción. Algunos años atrás, la revista brasileña Veja reprodujo resumidamente un artículo científico en el que el autor sostenía haber descubierto la manera de cruzar genéticamente células animales y vegetales, previendo como un uso posible de ese descubrimiento la producción, directa de la planta, de tomates rellenos. Otra revista descubrió el furcio de Veja y lo comentó jocosamente, ilustrando el comentario con dibujos de tomates emitiendo mugidos…


 


Lo nuevo, en el affaire Sokal, fue que la engañada no era una revista comercial sino científica. Posteriormente, el físico de la Universidad de Nueva York publicó, junto al físico de la Universidad de Louvain (Bélgica), Jean Bricmant, el libro Imposturas intelectuales, cuyo eje es la denuncia del uso indebido, abusivo e ignorante, de conceptos de las ciencias exactas por renombrados representantes de las ciencias humanas, en especial de la corriente posmoderna. Haciendo esto, sin embargo, concluyeron cuestionando la totalidad del discurso de esos papas, al revelarlo como un palabrerío en el que el hermetismo se limita a ocultar la falta de sentido. Esta tendencia de las ciencias humanas se ha acentuado particularmente en los últimos años.


 


Ciencia y alienación


 


Digamos en primer lugar que el cuestionamiento de Sokal y Bricmant no se refiere sólo a representantes más recientes de las ciencias humanas (Deleuze, Lacan, etc.), sino que remonta bien atrás: analizan, por ejemplo, la completa incomprensión de la teoría de la relatividad por Bergson, lo que no impidió a éste criticarla y extrapolar esa crítica hacia el terreno de la filosofía. Sokal y Bricmant no cuestionan la totalidad de las ciencias humanas: "no se trata de un ataque a la filosofía o a las ciencias humanas en general (sino) de un modesto esfuerzo para apoyar a nuestros colegas en esos campos, que hace tiempo denuncian los efectos perniciosos de un jargón oscurantista y del relativismo visceral", afirman.


 


Ciertamente, muchos especialistas en ciencias humanas ya percibieron hace tiempo el vacío de ciertos discursos, disimulado tras un oscuro lunfardo cientificoide, cuando no en meros juegos de palabras. Pocos, sin embargo, emprendieron la tarea de demolerlos en su propio campo, tal vez porque casi todos sintieron la misma duda expresada por Sokal y Bricmant en un reciente artículo en la Folha de San Paulo (13/6/98), dirigido contra las críticas que les hiciera un filósofo brasileño: "Cuando tomamos contacto con los textos de Lacan, Deleuze y otros, nos sorprendieron con sus abusos groseros, pero no sabíamos si valdría la pena gastar tiempo para revelarlos".


 


Es cierto, por otro lado, que esa revelación exige un manejo de las ciencias exactas y físico-naturales del que carece la casi totalidad de los humanistas (mientras que, al contrario, no son pocos los científicos familiarizados con los conceptos de las ciencias humanas). Sokal y Bricmant, además, no tienen como referencia teórica al marxismo, sino a la filosofía analítica de la ciencia, que ya posee un retoño marxista, el marxismo analítico de Jon Elster y John E. Roemer, que no viene aquí al caso.


 


Uno puede regocijarse cuanto quiera por la desmitificación demoledora, realizada por los dos físicos, de la elite oscurantista de las ciencias humanas más promocionada por la gran prensa, sin avanzar un milímetro en la comprensión de las causas de su existencia, y en la de sus implicaciones sociales y políticas. Esto no se resuelve planteando el rescate de "lo valioso que (el posmodernismo) haya producido en algunos puntos parciales" (¿qué?).


 


Desde su inicio, la tradición de las "ciencias sociales" Comte, Durkheim, Weber, Parsons, Lévi-Strauss plantea la existencia de un punto ideal desde el que el investigador podría estudiar imparcial y objetivamente los fenómenos sociales, con la condición de librarse de las nociones y prejuicios debidos a su educación. El controvertido sociólogo Pierre Fougeyrollas concluyó, en entrevista a Le Monde de 1987, que eso sería, en la mejor hipótesis, "algo comparable a la cosmología matemática antes de la teoría de la relatividad. Las disciplinas llamadas ciencias sociales produjeron saberes fragmentarios considerables, pero sus teorías globales continúan delimitadas por el horizonte de las sociedades existentes y tributarias de la ideología que garantiza su sustentación… La pretendida conciliación entre ciencias sociales y marxismo es comparable al casamiento del agua con el fuego, que sólo puede resultar en la extinción del fuego… con el marxismo es posible integrar los saberes fragmentarios de las ciencias sociales, mientras que escogiendo las ciencias sociales es completamente imposible integrar el marxismo".


 


Hernán también afirma que "sólo desde el marxismo se podrá reducir a cenizas lo inútil del pensamiento posmoderno (y rescatar lo valioso)": la función de la crítica marxista, sin embargo, no es sólo contraponerse victoriosamente al posmodernismo, sino analizar sus raíces sociales, en la línea de lo que Lucien Goldmann explica en Las ciencias humanas y la filosofía: una teoria sólo puede considerarse superior a otra cuando, además de ser capaz de oponérsele puntual y totalmente, es también capaz de explicarla. Para un marxista, la explicación de fondo es siempre social (de clase).


 


Elitismo y masificación


 


Hernán apunta correctamente al señalar que el elitismo es el objetivo del lenguaje rebuscado de los representantes académicos de las ciencias humanas. Pero es necesario calificar social y políticamente ese elitismo.


 


El elitismo formal de las ciencias humanas aparece, en primer lugar, como la tentativa de preservar artificialmente el carácter elitista de una enseñanza universitaria que se masificó después de la Segunda Guerra Mundial. Los EE.UU. anticiparon el proceso ya en la década dorada de 1920, pasando de 250 mil estudiantes universitarios en 1900, a un millón y medio en 1940 (en la pos-graduación, las cifras respectivas son de 5.800 y… 100 mil): una sextuplicación. En el mismo país había 3 millones de estudiantes universitarios en 1958, y 10 millones en 1974: un crecimiento muy superior al demográfico. La propia enseñanza secundaria creció de 2,5 a 4,8 millones sólo en los años 20 (un crecimiento del 32% al 51% de los jóvenes en edad escolar).


 


En Francia, el efectivo universitario pasó de 150 mil estudiantes en 1956 a 605 mil en 1967, siendo creado entonces un ministerio exclusivo para las universidades. Las cifras de la ex-URSS son mucho más espantosas que las de los EE.UU. y Europa. En América Latina, también, en 1950 había 75 universidades con 270 mil alumnos (2% de los jóvenes en edad universitaria) y 25 mil profesores. En 1988, ya había 450 universidades y 2.000 instituciones de enseñanza superior, con más de 6 millones de alumnos para las primeras (un millón y medio sólo en Brasil, que tenía apenas 100 mil en 1960) y 500 mil profesores: entre 10% y 15% de los jóvenes en edad correspondiente (porcentaje muy inferior al de los EE.UU., Europa y Japón). En la década perdida (1980-90), las universidades crecieron un 5% anual, a pesar del retroceso económico.


 


Paralelamente, se desarrolla lo que Ernest Mandel, en El capitalismo tardio, denominó la "constitución de la investigación (producción de conocimientos) en una rama independiente de la producción". Las inversiones en ciencia y tecnología crecieron 15 veces en los EE.UU. entre 1947 y 1967, mientras el PBI sólo lo hizo 3 veces. En América Latina, el proceso fue desigual, dado que 50 de las 450 universidades concentran el 80% de la investigación (en Brasil, las 3 universidades públicas paulistas concentran, en un universo superior a 200 universidades, casi 60% de la investigación). Aquí tenemos la base de un elitismo exacerbado. En la universidad fue desplazada la figura del "profesor" por la del "investigador que da clases" (últimamente, y en la medida de la exacerbación de la desigualdad, la última está siendo desplazada por la del "gerente de recursos económicos y humanos" que, a veces, da clases).


 


Proletarización


 


Las razones del proceso descripto se encuentran, parcialmente, en la necesidad de calificación de mano de obra de un capitalismo en expansión (1945-1970), y en las concesiones hechas por el capital para evitar desarrollos revolucionarios en la inmediata posguerra, o lo que es lo mismo, en las presiones de los trabajadores y de la población explotada (factor decisivo este último en las recientes décadas de contracción económica). Clases y capas sociales, antiguamente marginadas de la universidad, pasaron a tener acceso a ella.


 


Las consecuencias del proceso universitario, y educacional en general, son múltiples. Por un lado, la proletarización del profesorado (que deja de ser un sector de elite) lo que lo lleva a adoptar los métodos de organización y lucha de la clase obrera: en Francia se constituye la central FEN (Federación de la Educación Nacional) que compite con las centrales sindicales; surge la CTERA en Argentina y el poderoso sindicalismo educacional en el Brasil y en México, así como las centrales continentales y mundiales (CEA, CMOP, IE, etc.). Surge en todas partes un inédito sindicalismo universitario, y el sector profesoral en general pasa del "asociacionismo" (de características a-clasistas y corporativas) hacia el sindicalismo de clase.


 


Podría decirse que, así como las nacionalizaciones burguesas son la negación de la propiedad privada en el cuadro de su afirmación, la expansión educacional (y, sobre todo, la generalización de la aspiración a una enseñanza media y superior) manifiestan la tendencia a la negación de la división entre trabajo manual e intelectual en el cuadro de su agudización. Parafraseando a Walter Benjamin, que entendía que la principal consecuencia para la obra de arte de "la era de su reproductibilidad técnica" era la pérdida de su aura, podría afirmarse que la enseñanza universitaria perdió su aura sagrada del pasado, sin perder la base de su alienación: en el campo de las ciencias humanas, el ignorante expresándose en sociologués (o filosofés o antropologués, da lo mismo) es la consecuencia caricatural de ese proceso, tal vez la más inofensiva.


 


De poco sirve afirmar que el hermetismo subjetivo y estetizante de las ciencias sociales en la actualidad "se ha alejado del sentido que dio origen a la misma ciencia social": en su origen, la sociología (creada por A. Comte en su búsqueda del orden social, y que sólo mereció breves frases de desprecio absoluto por parte de Marx) o la antropología, vinculada a la explotación de los pueblos coloniales, eran objetivamente (y subjetivamente) mucho más elitistas que actualmente, así como la propia universidad. La actual crisis mundial capitalista, con su necesidad de supresión en gran escala de fuerzas y potencial productivo, hace de la educación una cuestión explosiva, debido a la acumulación de conquistas sociales en ese plano: la ciencia, inclusive la social, se mueve en el cuadro de esa contradictoriedad explosiva.


 


Ciencia y crisis


 


Las consecuencias que más nos interesan, sin embargo, son aquí otras, y de éstas Sokal y Bricmant casi no tienen idea. Con la expansión universitaria, los intelectuales tuvieron, por primera vez en su historia moderna, un público masivo sin poner siquiera un pie fuera de su institución (la universidad). El carácter sobre-alienante de ese proceso fue agudizado conscientemente por la burguesía, por ejemplo en los EE.UU., donde los campus fueron construidos exprofeso alejados de toda concentración urbana: la alienación intelectual asumió contornos hasta físicos, y esto no dejó de tener consecuencias en su producción, tal como lo estudió el marxista Russell Jacoby, justamente para el caso de los EE.UU., en su libro Los últimos intelectuales. Esta es una de las bases sociales de lo denunciado por Sokal.


 


La masificación de la enseñanza universitaria implicó una caida de su calidad, no como una consecuencia automática del "número" (ésa es la explicación capitalista reaccionaria), sino por el carácter capitalista, y cada vez más alienado, de aquélla. La contradicción entre ese proceso y la preservación de la calidad asumió formas económicas (la construcción de sectores de punta o de excelencia, contrapuesta a la masa de universidades, consideradas fábricas de diplomas); institucionales, como la construcción de un doble sistema universitario en diversos países (las grandes écoles ENA, ENS, Politécnica, EHESS, Collëge de France contrapuestas a las universidades, en Francia; las cinco grandes Harvard, Yale, Stanford, Princeton y Cornell y el resto, en los EE.UU.); y epistemológicas, en especial en el sector de la producción científica en que la tendencia alienante se contrapone más frontalmente al propio objeto de estudio (la realidad humana y social), lo que se resuelve en la constitución de un jargón exclusivista e insignificante, preservante de la independencia del sector, y para consumo de cretinos (en el sentido literal y no peyorativo del término).


 


Como marxistas, no podemos ser deterministas. La base económica crea un proceso alienante a través del cual se expresa la decadencia histórica del capitalismo. En el campo científico, esto se manifiesta como proceso de fragmentación del conocimiento que lo segmenta profundamente de la realidad y de sí mismo (lo que Hernán percibe al referirse al "discurso que prevalece sobre los hechos, la forma que prevalece sobre el contenido", y a "la infinidad de sectas académicas que coexisten sin debate ni intercambio alguno entre ellas y con el resto de las ciencias"). Esto quiere decir que, también en este plano, la institucionalidad capitalista tiende a transformarse en un factor de bloqueo absoluto de las fuerzas productivas de la humanidad.


 


Ese fenómeno no es privativo de las ciencias humanas, y es posiblemente más grave (por sus consecuencias) en el caso de las ciencias exactas, físico-naturales y biológicas. El editor del British Medical Journal (una de las publicaciones más relevantes de ese área), Richard Smith, acaba de declarar que "apenas 5% de los artículos publicados (en las publicaciones médicas) tienen el patrón mínimo de eficiencia científica y relevancia clínica", y esto es bastante más peligroso que un papagayo balbuceando el dialecto ridículo que le impartió un filósofo posmoderno.


 


Elitismo


 


Está claro que la tendencia apuntada se verifica en las ciencias humanas, en una economía que privilegia el análisis subjetivo y el enfoque micro, hasta transformarse en psicología de tercera categoría; en una sociología que deja de investigar las relaciones sociales objetivas para concentrarse en el "análisis del discurso"; en una filosofía que se recicla como una creciente especulación acerca del lenguaje y sus límites (o sea, no sobre la cosa sino sobre el nombre de la cosa); en una historia que desdeña los procesos objetivos en favor de sus reflejos literarios, hasta transformarse en (mala) historia de la literatura.


 


El argumento formal y elitista tuvo una gran expresión cuando, hace dos décadas, Jacques Lacan decidió disolver como un papa su Cause Freudienne, que se había vuelto "demasiado popular" para su gusto: dijo entonces, en una carta-compendio del ridículo para consumo de confundidos, "je dis la dis, la dis-solution y jai pas besoin de beaucoup de monde, et il y a du monde dont jai pas besoin" ("no tengo necesidad de mucha gente, y hay gente de la que no necesito"). Ni saliendo de la universidad consiguió Lacan alejarse de la "contaminación popular", de una universidad diferente de aquella que Trotsky describió a principios de siglo: "La universidad es la última etapa en la educación estatalmente organizada de los hijos de las clases poseedoras y dominantes, de manera análoga a como el cuartel es la institución educativa final de la joven generación de obreros y campesinos. El cuartel educa los hábitos psicológicos de subordinación y disciplina necesarios a las funciones sociales de los mandos subalternos. La universidad, en principio, prepara para funciones de administración, dirección y poder" (Sovremienni Mir, 1910). Lo máximo que se puede decir hoy es que se esfuerza en ese sentido, en condiciones cada vez más difíciles.


 


El marxismo, expresión teórica del proletariado revolucionario, tiene una batalla a librar en este campo, a condición de no proponerse luchar contra molinos de viento. Tomemos como ejemplo la polémica suscitada por la publicación del artículo "Freud y Lacan", de Pierre Fougeyrollas, en En Defensa del Marxismo Nº 16, de marzo de 1997.


 


Psicoanálisis e idealismo


 


En 1977, el entonces lambertista Fougeyrollas publicó un libro (Contra Lévi-Strauss, Lacan y Althusser. Tres ensayos sobre el oscurantismo contemporáneo) donde, en la parte referida al psicoanálisis, planteaba argumentos semejantes a los del artículo arriba citado: la noción de "inconsciente", que en Freud permanece abierta a una interpretación materialista, se transforma en Lacan en idealismo cuando éste pretende que "el inconsciente está estructurado como un lenguaje", o sea que el lenguaje precede al inconsciente, esto es, al ser humano, es decir, que "en principio era el Verbo, y el Verbo se hizo carne". Lacan, por otro lado, escribió que "es de hecho el verbo el que está al principio", y aun que "es el mundo de las palabras el que crea el mundo de las cosas" (sic).


 


Trotsky, como es sabido (aunque no citado por Fougeyrollas), fue pionero en el análisis de la contradictoriedad de la teoria psicoanalítica, al decir que ella "conjuga el realismo fisiológico con un análisis casi literario de los fenómenos psíquicos. El psicoanálisis se basa en que el proceso psicológico constituye una superestructura compleja, fundamentada en procesos fisiológicos que la subordinan". Fougeyrollas sostendría, básicamente, que el lacanismo es el desarrollo unilateral del segundo aspecto, idealista, del psicoanálisis.


 


Cualquiera que sea el juicio acerca del libro mencionado, o de la tesis en cuestión, se trataba de una audaz intervención en el campo ideológico. El mundo académico reaccionó con desdén, y Le Monde le dedicó un comentario totalmente despectivo, recordando que Fougeyrollas "ya había hecho cosas mejores" (refiriéndose a la obra de Lacan mientras era miembro del PC francés, con el que rompió en 1956 Fougeyrollas fue miembro del maquis anti-nazi o aun como independiente en la década posterior).


 


Curiosamente, pero no tanto, un anónimo escriba de Informaciones Obreras, el periódico de la OCI lambertista, también apuntó sus baterías contra el libro (previamente ensalzado por el propio IO), acusándolo de "idealismo" por suponer que "el marxismo podría librar al psicoanálisis de su muleta idealista", esto porque "una ciencia del hombre es imposible en la sociedad capitalista" (re-sic). Esto porque "los hombres, en esta sociedad, están alienados, truncados; sus relaciones toman, en la sociedad mercantil, la forma de relaciones fantasmagóricas entre las cosas. La imposibilidad de una ciencia humana no reside en una dificultad teórica articular marxismo y psicoanálisis sino práctica. La utilidad del marxismo es la de ser una guía para la acción para ayudar a la clase obrera a abolir las relaciones capitalistas, y a emanciparse emancipando a toda la humanidad. Antes de ese salto cualitativo toda ciencia del hombre es imposible". Muy marxista todo esto (Marx y Hegel, y tantos otros deben haber sido un producto del feudalismo).


 


A estas verdades absolutas y revolucionarias, en las que la realidad y sus contradicciones no entraban ni con vaselina, Fougeyrollas se vio obligado a responder que ello no impedía que bajo el capitalismo hubiese enfermos mentales (tal vez pensando en el articulista de IO), que fuese necesario ocuparse de ellos, y que el psicoanálisis ya habia dado pruebas de su utilidad en ese sentido.


 


Ignocracia


 


Quizás por tener una experiencia política más larga y variada, sobre todo en lo referente a burocracias, que otros intelectuales lambertistas (Broué, Just, Chesnais), Fougeyrollas se la vio venir, y al poco tiempo se retiró silenciosamente del lambertismo. Los otros tuvieron que pasar por procesos inquisitoriales (después de haberlos encabezado, inclusive contra PO, que por haber afirmado una posición independiente sobre los sindicatos latinoamericanos fue acusado por el lambertismo de "agente de Videla y Pinochet"), procesos en los que fueron calificados de agentes de los más diversos y oscuros poderes (incluyendo la monarquía francesa, ya no recuerdo si los Orléans o los Bourbons), lo que llevó a uno de los últimos de la lista, P. Carrasquedo (el vasco de la dirección lambertista) a declarar de entrada que él no era un agente del arzobispo de Bilbao…


 


Ya que Hernán adopta un tono de confesión personal, séame permitido imitarlo. En 1977-78 representé al PO en el Comité de Coordinación del CORCI (Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, compuesto básicamente por PO, el POR boliviano y la OCI francesa). En ese período, presencié la sonrisa irónica con que el responsable internacional de la OCI recibía a Fougeyrollas, que venía a plantear problemas del trabajo africano (al que se encontraba vinculado), mientras el sub-responsable, dueño de un currículum político muy inferior al de Fougeyrollas (y de un currículum intelectual igual a cero) se ubicaba a sus espaldas, para hacer ademán, pese a los numerosos testigos presentes, de introducirle un paraguas, justamente en el lugar en que las espaldas cambian su nombre. Al sub en cuestión le agradaba repetir el gesto iconoclasta con Gérard Bloch, éste un ex-prisionero del campo de concentración de Buchenwald. Nada que ver con algún desprecio proletario por los intelectuales que no existe sino apenas la reacción patológico-alérgica provocada en los burócratas (o en los pichones de burócratas) por cualquier tipo de actividad cerebral.


 


Ya la lectura de la otrora importante La Vérité, órgano teórico lambertista, se había transformado en un penoso ejercicio de acompañar los esfuerzos de una serie de militantes por no apartarse de la línea pensada es una manera de decir por el jefe máximo. Aprovecho la ocasión para reivindicar la republicación de un artículo publicado en ¡Adelante!, substituta temporal de Política Obrera bajo la dictadura militar, a mediados de 1976, de Pierre Fougeyrollas, sobre la "muerte de un filósofo de la muerte" (Martin Heidegger), en el que se adelantan algunos ejes de análisis de los vínculos existentes entre la filosofía de Heidegger y su militancia en el partido nazi, por el que fue rector universitario (¡esto sí que era elitismo!), que tornaron recientemente célebre al filósofo germano-chileno Víctor Farías (Heidegger y el Nazismo).


 


Intelectuales y Revolución


 


En el artículo anteriormente citado, Trotsky afirmaba que "en los obreros, la diferencia entre padres e hijos es simplemente de edad. En la inteliguentsia, además, es social. El estudiante, en contraste con su padre y con el joven obrero, no cumple ninguna función social, no siente sobre él la dependencia inmediata del capital o del Estado y al menos objetivamente, si no subjetivamente es libre para discernir el bien y el mal. En ese período todo bulle en él, sus prejuicios clasistas están aún poco formalizados como sus inclinaciones ideológicas, los problemas de conciencia se le presentan con especial fuerza, su pensamiento se abre por primera vez a grandes generalizaciones científicas, y para él lo extraordinario es casi una necesidad fisiológica. Si el colectivismo es capaz, en general, de conquistar su conciencia, es ahora, y precisamente por el noble carácter científico de su fundamentación y el contenido cultural universal de sus objetivos, y no como cuestión prosaica de cuchillo y tenedor".


 


En las condiciones de inicios de siglo, no obstante, Trotsky constataba que "el paso de la inteliguentsia al lado de la social-democracia, en los marcos del régimen burgués, se hace tanto menos posible cuanto más tiempo pasa". Esto porque no sólo aquélla, "sino también su retoño estudiantil no muestran, decididamente, inclinación alguna por el socialismo. Entre el partido obrero y la masa estudiantil hay una muralla. Explicar esto unicamente por los defectos de la propaganda, que no sabe abordarla por el lado conveniente, significa ignorar la historia de las relaciones recíprocas entre el estudiantado y el pueblo, equivale a ver en el estudiantado una categoria intelectual y moral, y no un producto histórico y social. Cierto que la dependencia material de la sociedad burguesa no se expresa en el estudiantado más que de manera indirecta, a través de la familia, y por tanto débilmente. Pero, en cambio, en el estudiantado se reflejan a toda potencia, exactamente como en una cámara de resonancia, los intereses y aspiraciones sociales generales de las clases en las que es reclutado. En el curso de toda su historia tanto en sus mejores momentos heroicos, como en los períodos de completa atonía moral el estudiantado europeo no fue más que el barómetro sensible de las clases burguesas".


 


Ciertamente, la universidad continúa siendo una institución de la sociedad burguesa, pero en completa crisis, debido a la propia crisis de esa sociedad, incomparablemente más profunda que la de la época en que Trotsky escribía las líneas citadas. La situación actual precisa cuál es la tarea planteada en defensa del marxismo: la denuncia y el análisis del oscurantismo posmoderno como una tentativa desesperada (de crisis) de justificar un papel independiente para la intelectualidad en la sociedad, al margen de la lucha entre las clases fundamentales, pero en definitiva por cuenta de la burguesía. No es por casualidad que distinguidos posmodernos y posmarxistas hayan cumplido un papel fundamental de asesoría de gobiernos burgueses reaccionarios en la etapa reciente, desde Lyotard en Francia hasta Portantiero en Argentina, para no hablar del gobierno brasileño actual, literalmente compuesto casi exclusivamente por tránsfugas de las universidades públicas de San Pablo.


 


En la universidad y en el sistema educacional en general, también, el capitalismo ha creado sus propios sepultureros, bajo la forma de la organización sindical (obrera) de docentes y funcionarios, y de un movimiento estudiantil con un peso inédito y susceptible de adoptar posiciones revolucionarias. Esto amplía la base de la lucha por el poder obrero, a cuyo servicio debe estar la lucha ideológica. Sólo la reorganización socialista de la sociedad podrá salvar a la ciencia de su destrucción (o de su esterilización elitista) irreversible por el capital. No se trata de contraponer la ciencia proletaria a la ciencia burguesa, sino de organizar a intelectuales y estudiantes junto al partido de la clase obrera, por la ciencia y por el socialismo. Y que siga el debate.


 

La mundialización como espectro del capitalismo

Intervención en el Encuentro Internacional por el 150º aniversario del Manifiesto Comunista, París, 13 al 16 de mayo de 1998


1. En 1978, la grotesca aparición de los pretendidos nuevos filósofos, marcó un giro a la derecha, el agotamiento de la radicalización del 68, el inicio de la ofensiva neo-liberal, sostenida por la desregulación de los mercados que acababa de comenzar entonces; en 1993, la publicación de Los Espectros de Marx, de Jacques Derrida, representa un giro de signo opuesto, un giro a la izquierda, el final de la euforia capitalista que siguió a los cataclismos históricos de 1989/1991 en el Este, una oposición y una resistencia crecientes al neoliberalismo y el retorno del rechazado, la reaparición del fantasma del comunismo que no dejó de atormentar al mundo capitalista desde la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, hace ya 150 años.


La sorpresa fue inmensa, tanto entre los marxistas que en su gran mayoría, aún se encontraban en una situación de estupor y extrema confusión trás el derrumbe del socialismo real, como entre los antimarxistas postmodernos que acababan de perder su punto de referencia privilegiado: su rechazo del proyecto de emancipación revolucionaria. Era como si la implosión de la URSS y del campo socialista hubiese sido seguida por la implosión del campo postmoderno.


 


Los Espectros de Derrida iban más lejos aún: en su condena inequívoca tanto moral como política del triunfalismo capitalista, revelaban la falta de sustancia, la inmaterialidad de la victoria de los amos del mundo.


 


Más que una marca del pasado, Los Espectros de Marx son una anticipación de "un mundo que viene", la manifestación de "esa débil fuerza mesiánica" de la que habla Wálter Benjamín, y a la que retorna Derrida.


 


Ya hubo varias lecturas discordantes de Los Espectros de Marx, tanto de marxistas como de no marxistas, y varias críticas, fundadas como infundadas. Situándonos siempre, en un campo materialista dialéctico-histórico, inaceptable para la deconstrucción, y manteniendo nuestros propios puntos críticos, sostenemos que los Espectros de Derrida, guardan un valor teórico que sobrepasa su valor como síntoma de cambio de coyuntura o su importancia política como una valiente toma de posición en un momento histórico extremadamente difícil para aquellos que participan de la lucha y alimentan la esperanza de una transformación radical del mundo.


 


El concepto de lo Espectral o mejor, la constelación de espectralidad para utilizar el término de Frédéric Jameson con todas sus resonancias, correspondencias, raíces, en la tradición marxista, remontando hasta sus orígenes y al Manifiesto de 1848, puede ser muy útil, hasta vital, en un trabajo de auto-emancipación del marxismo de toda ontologización, de toda reducción a una metafísica (el ejemplo stalinista fue el más monstruoso y denunciado, pero de ninguna manera único o superado). Al mismo tiempo, la elaboración del concepto de la espectralidad en el campo marxista puede ofrecer una nueva perspectiva en el análisis de procesos complejos, a menudo oscurecidos bajo el significante en boga de mundialización.


 


La exploración puede y debe ir más allá de la región ya examinada por Derrida. También puede y debe avanzar en la dirección opuesta por la decontrucción: en el espacio de la crítica marxista de la economía política, basada metodológicamente en la lectura materialista renovada y siempre abierta de la dialéctica hegeliana.


 


En esta perspectiva, la mundialización y el comunismo pueden ser tomados no como objetos estáticos, cerrados sobre sí mismos, y en una relación exterior de oposición permanente, excluyéndose mutuamente, sino, por el contrario, en su relación histórica interna.


 


Esto último se encuentra ya inscripto en el núcleo teórico central del Manifiesto del Partido Comunista.


 


Diferenciándose de todos los reformismos, del utopismo abstracto y los restantes simulacros de socialismo, el Manifiesto muestra que la perspectiva y el carácter internacional de la revolución social y del comunismo son generados en el seno de la sociedad burguesa, en sus contradicciones, en sus tendencias a revolucionar-mundializar las fuerzas productivas, que en cierto punto del desarrollo histórico escapan a todo control capitalista. La época burguesa, rompiendo con las épocas precedentes, por la universalidad y la permanencia de los cambios que introduce, desemboca en la más radical de las rupturas: la ruptura comunista con todas las formas de propiedad, de división de clases, de explotación, de opresión y con todas las ideas recibidas de una historia que no es más que la historia, hasta nuestros días, de la lucha de clases.


 


Sobre esta base, establecida por el Manifiesto, lo que aparece, sobre todo para sus enemigos, como el Espectro del Comunismo, se transforma en una fuerza social en acción, el proletariado organizado como clase revolucionaria, en partido armado políticamente con su Manifiesto y su programa.


 


2. Se puede explorar la lógica de esta transformación dialéctica del Espectro, nacido de las tendencias mundializantes de la sociedad burguesa, en Partido proletario de la revolución comunista mundial. Nuestra aproximación se apoya y se articula alrededor del pasaje del Ser a la Esencia, como se presenta al comienzo del segundo libro de La Ciencia de la Lógica de Hegel. Es aquí que comienza "el camino de la extralimitación del ser, o más bien de la intralimitación en este mismo (ser)" (1). Este pasaje de la inmediatez del ser hacia su movimiento interno es la entrada y al mismo tiempo el hilo de Ariadna en el laberinto de las apariencias, de los fenómenos y de la efectividad de la mundialización capitalista contemporánea.


 


La esencia en el sentido hegeliano (y marxista) no tiene un contenido metafísico. No está ni más allá ni más acá del ser, ni es un sustrato estable, sino "su propia dimensión en profundidad, la interioridad de su movimiento y de su devenir" (2).


 


Este movimiento es negatividad o reflejo para utilizar el lenguaje hegeliano. Por lo tanto, la relación interna entre las tendencias hacia la mundialización y hacia el comunismo, en el seno de la sociedad burguesa, pueden ser vistas como una relación reflejada, de negatividad que niega su negación, que se desarrolla en distintos momentos.


 


Siguiendo el orden lógico hegeliano, pueden ser despejados tres momentos de desarrollo.


 


I. El reflejo que se postula, la negación que plantea la relación en la inmediatez;


 


II. El reflejo exterior separando los polos de la relación y;


 


III. El reflejo determinante, un acto de determinar que retoma determinaciones opuestas en sí (3).


 


3. Un plan general de análisis de esta espiral de relaciones reflejas puede esbozarse así:


 


I. La mundialización como positividad que se opone al comunismo (Reflejo que se postula) o La mundialización como lo que reduce el comunismo a un espectro


 


a) La mundialización se ha convertido en la referencia ideológica dominante sobre el comunismo y en sinónimo de la completa y definitiva victoria del capitalismo sobre el comunismo histórico.


 


El carácter hueco de esta declaración puede llevarnos al otro extremo, creer que la mundialización es sólo un artificio mediático capitalista. Su forma ideológica es un reflejo deformado y deformante de un proceso real, profundo, de larga duración histórica.


 


En su fase más reciente, la de la financierización desregulada planetaria, este proceso de mundialización ha devenido la base de la ofensiva internacional (y de las ilusiones) del neoliberalismo.


 


Al mismo tiempo, la mundialización capitalista ejerció presiones gigantescas sobre las sociedades y economías llamadas de tipo soviético, exacerbando todas sus contradicciones internas, acumuladas en décadas de aislamiento y gestión burocrática, y que las burocracias dominantes ocultaban en nombre de la "victoria completa y final del socialismo en un solo país".


 


La impasse y la caída de los regímenes burocráticos stalinistas en 1989-91 y el giro sin disfraces hacia la restauración capitalista por iniciativa de la misma elite dirigente, rompiendo cualquier relación, aún retórica, con la herencia revolucionaria de Octubre de 1917, provocó un shock enorme, sin precedente histórico en el mundo entero. Toda la armadura apologética capitalista, del neoliberalismo, del pensamiento único, etc., fue movilizado para explotar al máximo ese shock histórico, presentando a la mundialización capitalista como una fuerza natural irresistible que pudo, con gran éxito, reducir al comunismo a un espectro del pasado, al fantasma de un muerto.


 


b) La mundialización bajo esta forma ideológica grotesca , anunciando el fin, no sólo del comunismo, sino de la Historia, con H mayúscula, el fin de la lucha de clases, la desaparición de las clases, la muerte de la política, etc., etc., ha devenido la ideología de la no ideología.


 


En nombre de la superación de las encrucijadas ideológicas, ha avanzado un ultraideologismo, que a pesar de su autoproclamada victoria no cesa de emprender una cruzada de desfiguración sistemática del devenir histórico y de descomposición de cualquier concepto.


 


Una de las formas más en boga es la separación dualista del cuerpo histórico del comunismo toda su historia de luchas, de los partidos obreros, de las organizaciones políticas y sindicales, de las tendencias, de las escisiones, de las reunificaciones, de los programas y las políticas diferentes y opuestas, de las victorias, de las tragedias, en suma, de toda la tradición de los oprimidos, como la llamaba W. Benjamin, de su espíritu.


 


El cuerpo debe quedar bajo tierra o mejor aún, bajo el barro el lugar reservado a los muertos, a fin de que su espíritu, que se niega a desaparecer, se vuelva inofensivo.


 


Hay un precedente histórico: cuando terminó el primer período revolucionario del cristianismo y comenzó su estatización la institucionalización de Constantino la doctrina grecopagana de la inmortalidad del alma, sustituyó la espera mesiánica de la inmediata llegada del Reino de la libertad sobre la tierra y de la Resurrección de los cuerpos.


 


Hoy, la única forma aceptable de marxismo es la de un espectro de otro mundo.


 


Marx, el irreductible, es reducido, a un economista o filósofo que ofreció una contribución interesante, y hasta importante, pero limitada en el marco del siglo XIX. Por otro lado, todos los que han sido inspirados por Marx y han luchado o luchan por el desarrollo o la realización de sus ideas son arrojados al infierno de los libros negros del nuevo negacionismo.


 


c) Pero por esta separación, dualista ella misma, el Espíritu descarnado siempre está de regreso; debe retornar para ser conjurado.


 


El espectro de Marx se le aparece al mismo George Soros o a la redacción del Wall Street Journal, que atormentados por el temible fantasma son obligados a pronunciar su inefable nombre. Este persistente tormento no es más que la manifestación fetichizada de las contradicciones del propio capital.


 


II. La globalización como espectralización (reflejo exterior) o la mundialización fuera del mundo


 


Las contradicciones internas del capital se manifiestan en primer lugar como un espectro amenazante, sea bajo el nombre del comunismo, sea bajo la forma indeterminada de un peligro social difuso que se parece en forma extraña a los viejos fantasmas de los tiempos del Manifiesto y de 1848.


 


En su desarrollo ulterior sus mismas contradicciones tienden, cada vez más, a reducir al capital mismo a un espectro.


 


a) La mundialización del capital se transforma en el proceso de su espectralización bajo la forma de la financierización.


 


Los treinta años gloriosos de la expansión capitalista de la posguerra basados en la internacionalización del keynesianismo, institucionalizados por los acuerdos del Bretton Woods condujeron a una crisis de sobreproducción del capital, sin precedentes históricos.


 


Esta crisis de sobreacumulación es la fuerza motriz de la mundialización financiera que le siguió. El capital huyó de la producción, hacia la esfera de la especulación en los mercados financieros que se desregulaban y se mundializaban.


 


Numerosos estudios establecieron fehacientemente que la famosa globalización o mundialización, la palabra mágica de los wiz kids de las universidades de Stanford, Harvard y Columbia, corresponde sobre todo y ante todo a una mundialización del capital financiero y de los mercados financieros y no a una integración de las actividades productivas mundiales (4).


 


Hilferding ya había caracterizado correctamente al capital financiero denominándolo capital abstracto. Es el capital que hace abstracción de las condiciones de su génesis y se opone a ellas como una fuerza alienada y alienante.


 


El cáracter fetichista del capital toma su forma (y fuerza) más extrema en el capital ficticio, abstracto o financiero.


 


En épocas anteriores, en las condiciones del modo de producción capitalista, la alienación es falsamente identificada con la objetivación de las fuerzas creadoras del trabajo y se cubría bajo esa identificación (sobre este punto vital ver los análisis correspondientes de Marx y, más reciente, los trabajos sobre la alienación de Bertell Ollman e Istvan Míeszaros).


 


En nuestra época y sobre todo en este fin de siglo estamos siendo testigos de un vuelco de lo más extraño: la alienación ya no se esconde más detrás de la objetivación sino trás la desaparición aparente de la objetivación. El fin del trabajo es celebrado al mismo tiempo que la mítica todopoderosa de los mercados financieros mundializados con su esplendor artificial de una fantasmagórica independencia de toda base productiva material.


 


La diferencia abismal entre la economía financiera y la economía real es bien conocida, se impone y crece minuto a minuto. Apenas entre el 5% y 8% por ciento de los aproximadamente 1.400 billones de dólares de transacciones cotidianas en el mercado de cambios, correspondería a una transacción internacional real en mercancías y servicios (5).


 


La alienación sin el velo de su identificación ilusoria con la objetivación no está desnuda, por el contrario, la alienación encuentra su disfraz más opaco y mistificante en la desobjetivación aparente, en la espectralización.


 


La fuente última de todas las grandes ilusiones sobre el capitalismo de este fin de siglo se encuentra en ese exagerado crecimiento de la esfera financiera mundial, que tras su autonomización fantasmagórica de la producción material esconde sus lazos indisolubles con ella.


 


El capital ficticio no puede existir sin el capital productivo, sin apoyarse en última instancia en la producción de la plusvalía y sin tomar una parte de ella.


 


El mundo fantasmagórico de las finanzas mundializadas es un parásito monstruoso que se alimenta canibalizando el mundo real del trabajo viviente.


 


b) La dominación del capital financiero en la época del capitalismo decadente alcanza su apogeo en el período de financiazación globalizante de fines del siglo XX. La dictadura de los mercados financieros desregulados no es más que esa dictadura de las abstracciones de las que Marx ya había hablado y hecho un pronóstico sombrío.


 


Una economía orientada hacia el valor de cambio, dominada y regulada por la ley del valor, por lo tanto por el trabajo abstracto, tiende siempre a borrar las diferencias específicas, las cualidades, todo carácter concreto de la actividad humana.


 


Las famosas líneas del Manifiesto: "Todo lo sólido y permanente se desvanece en el aire, todo lo que era sagrado, es profanado" pueden ser leídas en estas perspectiva, como líneas de una tragedia y no de una epopeya de la modernidad y de la burguesía.


 


La financiarización representa el último acto de esta tragedia histórica: todo se desvanece en el aire y sube al cielo de las finanzas. La dictadura de las abstracciones, bajo la forma de la dictadura del capital abstracto toma pleno impulso utilizando para sus fines todos los privilegios de la informática y de las tecnologías de punta.


 


La movilidad del capital como abstracción alcanza la velocidad de la luz: "destruyendo el espacio gracias al tiempo, es decir, al reducir al mínimo el tiempo que cuesta el movimiento de un lugar al otro" (6).


 


De esta destrucción del espacio nace un nuevo espacio, un ciberespacio de abstracciones, la realidad virtual reemplazando la realidad de los seres humanos vivientes.


 


La globalización capitalista crea un mundo inmundo fuera del mundo. La dictadura de las abstracciones es la tiranía de lo Espectral.


 


c) Pero lo Espectral, que es la negación tanto del ser como del no ser, es también el límite; y el límite del capital es el propio capital. Del Manifiesto al Capital, pasando por el primer esbozo de este, los Grundrisse, Marx insiste en que lo que distingue a la era del capitalismo de todos los precedentes, es la apertura mundial, la tendencia del capitalismo hacia "el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el cambio incesante de su propia base, como condición para su reproducción" (7).


 


Pero esta tendencia a la universalidad que quiebra todas las barreras, creando una división mundial del trabajo, el mercado mundial, el carácter mundial de las fuerzas productivas modernas, encuentra en cierto punto que "la barrera más grande en el camino de esta tendencia" es el propio capital y "entonces se mueve hacia su superación por sí misma" (Fundamentos …)


 


Las tendencias mundializantes del capital, sus efectos, sus nuevas demandas van hacia un conflicto cada vez más violento con el capital como forma forma social.


 


La globalización financiera de las últimas décadas era, como ya lo señalamos, el producto de la crisis de sobreproducción del capital, es decir la manifestación del hecho de que el capital sobreacumulado encontró su propio límite y no tenía otra salida que volar en el éter del espacio bursátil planetario. Al mismo tiempo, esta huida hacia delante o hacia arriba puso al capitalismo en una posición en la que el brujo ya no sabe dominar las fuerzas infernales que ha convocado" (Manifiesto). La serie de shocks financieros desde el crac internacional de 1987, pasando por la crisis mejicana 1994 y 95 hasta el diluvio de 1997 en Asia Oriental se lo recuerdan a los amos del mundo.


 


En efecto la crisis de sobreacumulación de los años 70, era una barrera no superada en los años 80 y 90. Fue transferida a un nivel superior, transformándose en una barrera aún más temible: la sobreacumulación del capital ficticio o abstracto. El capital (re) encuentra su propio límite bajo la forma de espectro.


 


III. La globalización como transición hacia el comunismo (reflejo determinante) o el fantasma del mundo porvenir.


 


a) La tendencia a la universalidad es inherente al capital como valor que se autodesarrolla. Pero también, el desarrollo universal es simultáneamente la reproducción ampliada a escala universal de las contradicciones del capital. A un cierto punto histórico, esta universalización de las contradicciones demuestra, de una manera cada vez más violenta, que el capital es "esa forma contradictoria, es él mismo transitorio y produce las condiciones reales para su abolición. El resultado es que el capital tiende a crear esta base que encierra de manera potencial el desarrollo universal de las fuerzas productivas y de la riqueza, así como la universalidad de las comunicaciones, base del mercado mundial. Esta base limita la posibilidad del desarrollo universal del individuo (9).


 


La transición desde la posibilidad a su realización, por supuesto, no es automática, instantánea, sin contradicciones; se desenvuelve por toda una época, con sus propias contradicciones, sus rupturas, obstáculos, regresiones, zigs zags, impasses, estallidos.


 


Esta época de transición, es la del ocaso del capitalismo, la que Lenin denominó "el estadio superior y último del capitalismo, el del imperialismo".


 


La fosilización de la definición leninista por el stalinismo y formalistas de todo color niega su verdadero contenido dialéctico: el estadio imperialista de esa forma pierde su carácter de época histórica de ocaso y por lo tanto de transición, llena de contradicciones, de sorpresas, de dinamismo en proceso, y se reduce a una situación estática, ahistórica, sala de espera indefinida de "mañanas (tan) lejanas que (ya) (no) canten (más).".


 


La época del ocaso capitalista comienza precisamente cuando la tendencia a la universalidad nacida del capitalismo que lo acompaña desde el inicio, alcanza el nivel de la mundialización de la división del trabajo, de las fuerzas productivas, del mercado.


 


Esta mundialización no es estática, dada de una vez por todas. Se desarrolla en zig-zag y en espiral.


 


En otras ocasiones propusimos un esbozo de periodización de la globalización en tres fases principales hasta ahora.


 


La primera fase empieza en el último tercio del siglo 19 y termina con el estallido de todas las contradicciones mundializadas en la Primera Guerra Mundial y la Revolución de Octubre. Corresponda al pasaje histórico que provocó las grandes controversias sobre el imperialismo y produjo los análisis de Lenin y de Hilferding.


 


La segunda fase empieza con los acuerdos de Bretton Woods, al final de la Segunda Guerra Mundial, y duró los treinta gloriosos años hasta el derrumbe del edificio del Bretton Woods en 1971.


 


La tercera fase empieza al final de los años 70 y dura hasta ahora; es la etapa de la globalización financiera que intento darle una solución a la crisis en la que culminó la segunda fase de la mundialización.


 


La espiral de la mundialización en su desenvolvimiento en círculos cada vez más amplios, acentúa "el carácter desigual y cambiando del desarrollo histórico", "las fuerzas centrípetas y centrífugas del capitalismo mundial" (tal como ya lo había notado León Trotsky, con una profundidad incomparable). Todas las desigualdades y divisiones a escala planetaria se profundizan y, al mismo tiempo, las formaciones sociales y los niveles de desarrollo histórico más diversos se combinan y se enlazan en un conjunto de relaciones cada vez más apretadas, mundializadas, jerarquizadas, polarizando las desigualdades entre países y regiones, creando un espacio-tiempo heterogéneo y polirítmico.


 


El valor es una "objetividad fantasmagórica" (10), la abstracción de todo carácter cualitativo del trabajo individual concreto, y su reducción a trabajo abstracto como su mediación social necesaria. Por lo tanto, la universalidad, que se desenvuelve con el autoflorecimiento del valor es una universalidad abstracta, premisa y al mismo tiempo obstáculo para la universalidad concreta que se forma sobre la base de la socialización del trabajo humano y de su potencialidad a escala mundial.


 


La universalidad abstracta de la mundialización capitalista, una universalidad fantasmagórica, fracturada, desigual, polarizada, jerarquizada, anticipativa, es el fantasma de la universalidad concreta, reflejo anticipativo, en negativo del futuro comunista en su génesis en el seno de las contradicciones del presente. Hay una reproducción ampliada de estas contradicciones en cada círculo de la espiral de la globalización: en un cierto punto de las contradicciones acumuladas, estas explotan provocando una crisis mundial (como Nicolai Bujarin lo señaló, con justeza, en su respuesta a Rosa Luxemburgo respecto al imperialismo).


 


Esta crisis le da un final brusco en la fase de la mundialización y prepara las condiciones y la presión para la fase siguiente.


 


Así la primera fase terminó con el estallido de la 1ª Guerra Mundial y la revolución socialista. Todos los intentos, durante los años 20 y 30 de retornar a las condiciones previas a 1914, el repliegue en el cuadro de Estado-Nación, el nacionalismo económico, el proteccionismo, etc., en síntesis, todo esfuerzo realizado de negar la realidad modificada de la globalización de la vida económica no hicieron más que precipitar el desastre, la Gran Depresión, la caída de la humanidad al infierno del fascismo y de una nueva guerra mundial, mucho más sangrienta y destructiva que la anterior.


 


La segunda fase de la mundialización., después de la 2ª guerra mundial, financiada con los recursos norteamericanos y basada en un keynesianismo internacionalizado e institucionalizado, intentó evitar y retrasar la repetición de una nueva crisis mundial que llegó, finalmente, con el derrumbe del sistema de Bretton-Woods en 1968-71.


 


La tercera fase, con la globalización y liberalización de los mercados financieros empieza hacia finales de los años 70 bajo la presión de la crisis de sobreacumulación


 


El crash internacional de 1997, que tiene su epicentro en Asia Oriental no es simplemente turbulencia financiera localizada; es el estallido de la totalidad de las contradicciones acumuladas con la financiación globalizada.


 


Cada fase de mundialización y cada esfuerzo para prevenir la crisis que produce, finalmente no hace más que como ya lo decía el Manifiesto en 1848 "preparar crisis más generales, más formidables y para disminuir los medios de prevenirlas" (11).


 


Seguramente no puede haber un derrumbe automático del sistema capitalista; pero la disminución de sus medios para prevenir las crisis, su creciente incapacidad para controlar o mediar en sus contradicciones mundializadas, es un signo de su decadencia histórica.


 


b) como el principio regulador del capitalismo es la ley de valor, la decadencia del rol de esta ley marca la época de la decadencia capitalista (sobre este punto son claros e incisivos los trabajos de Hillel Ticktin).


 


La declinación del rol regulador del valor se manifiesta bajo distintas formas: la imposibilidad de un retorno al patrón oro (el restablecimiento del patrón oro en los años 20 no hizo más que precipitar el crac del 29), el intervencionismo estatal, el keynesianismo parejo a esto el giro al antikeynesianismo neo-liberal, la gigantesca brecha entre la hipertrofia de las finanzas y el valor generado en la producción etc.


 


Tras toda esta mitología del fin del trabajo, está el hecho de que las nuevas tecnologías, introducidas en el cuadro de la crisis capitalista, no emanciparon al capital de su necesidad de explotar el trabajo, sino que por el contrario, hacen cada vez más urgente la necesidad de su superación.


 


En un estadio bastante precoz, Marx analizaba este proceso:


 


"A partir del momento en que el trabajo, bajo su forma inmediata dejó de ser la fuente principal de riqueza, el tiempo de trabajo deja y debe dejar de ser la medida de valor de uso. El sobretrabajo de las grandes masas dejó de ser la condición de desarrollo de la riqueza general, tanto como el no trabajo de algunos dejó de ser la condición de desarrollo de las fuerzas generales del cerebro humano (12).


 


El desempleo orgánico que se perpetúa y crece en el último cuarto de siglo, no es el resultado necesario del progreso tecnológico en sí, sino el producto de la crisis de sobreproducción del capital; cualquier esfuerzo para salir de esta crisis de sobreproducción dentro del cuadro del capitalismo sólo puede agravar una situación ya de por sí insoportable. La salida del infierno de la desocupación perpetua no puede ser más que la ruptura del marco capitalista. A su manera, la desocupación, es el índice negativo de que las condiciones están maduras, no para el fin del trabajo, anunciado por los nuevos ricos del parasitismo bursátil, sino para la abolición de la alienación del trabajo por medio de la abolición del capital.


 


La desocupación orgánica, anuncia a su manera la muerte de la ley del valor y del mercado.


 


c) La superación de la forma valor es imposible en el sistema capitalista cuya esencia es la producción de plusvalía "el robo del tiempo de trabajo ajeno" (13).


 


La contradicción entre la necesidad de superar la forma valor y la imposibilidad de tal superación en el cuadro del capitalismo conduce a las explosiones sociales, a una serie de shocks y crash financieros, a crisis cuyo carácter supera la característica clásica de las periódicas crisis cíclicas.


 


Toda crisis económica mundial durante este siglo ha sido una crisis de la forma valor. Es el caso del crac del 29 o de la crisis que siguió al derrumbe de los acuerdos de Bretton Woods. Es también el caso de la reciente crisis, ligada al crac en Asia Oriental, cuya profundidad y consecuencias a escala mundial no pueden ni deben ser subestimadas.


 


La espectacular caída de los Tigres asiáticos, tras su también espectacular ascenso, es el resultado de todo el desarrollo de la globalización financiera. El resultado no se separa de su proceso de génesis. Lo que se derrumbó, entonces, en 1997, no es sólo la leyenda de los tigres y demás países recientemente industrializados, que son presentados como ejemplo de países atrasados transformándose en países de centro metropolitano; es también la desmentida histórica de la leyenda de que la globalización financiera después de 1980, pudo sacar al capitalismo mundial de la prolongada crisis en la cual acabó la expansión de la posguerra. El triunfo de la economía de mercado mundializada se revela más que ilusoria. Detrás de laomnipotencia de los mercados se encuentra el hecho de que el mercado como tal (y quien dice mercado dice dominación de la forma valor) alcanzó sus límites históricos. De principio regulador de los intercambios se convirtió en el principio de desorganización de la vida económica mundial.


 


Una observación importante: el cáracter transitorio y por lo tanto el potencial revolucionario de nuestra época se hace manifiesto, no sólo en la periferia, sino también en el centro, más particularmente en Europa, en los períodos que intermedían, entre el agotamiento de una fase de globalización y antes del comienzo de la siguiente.


 


Así hubo allí un período prolongado de confrontación entre revolución y contrarrevolución en Europa entre 1917 y 1945, entre el agotamiento de la 1ª fase de la mundialización en 1914, y mucho antes del comienzo de la 2ª ola de mundialización con los acuerdos de Bretton Woods en 1944.


 


Un segundo gran período de luchas revolucionarias internacionales que hizo regresar al fantasma de la revolución socialista en Europa fue el de los años 1968-1974, cuando la 2ª fase de la mundialización, basada en el sistema de Bretton Woods se agota y se derrumba con este último en la crisis y antes del comienzo de la 3ª fase (situado aproximadamente en 1979).


 


El agotamiento de esta 3ª fase de la mundialización financiera se manifiesta tanto en una serie de sismos en las bolsas internacionales (1987, 1989, 1990, 1994, 1997) como en la lucha social de clases.


 


La resistencia de las masas explotadas, oprimidas, excluidas, por los desastrosos resultados de la globalización del capital, alcanza un nuevo cáracter cualitativo, en la 2ª parte de la década del 90 con las grandes movilizaciones a escala planetaria, contra el neoliberalismo, de la rebelión zapatista contra el Atena (Nafta), a las históricas movilizaciones de noviembre-diciembre 1995 en Francia y la radicalización que le siguió y que sigue creciendo en casi todos los países europeos contra los dictados de Maastricht.


 


La mundialización es ante todo, la mundialización de todas las contradicciones del capital hasta el punto de estallido. Es la fuerza motriz de la superación del capitalismo. La globalización no ha enterrado al comunismo. Al contrario. Lo hace renacer.


 


El parto es doloroso, prolongado, lleno de peligros, de catástrofes inauditas. La hora de la partera legendaria la revolución socialista mundial, ha llegado. La tarea de todos los revolucionarios es, como lo preconizaba el Manifiesto, transformar el espectro en fuerza organizada que para quebrar las cadenas y ganar uno nuevo: el mundo por venir.


 


 


 


Atenas, abril de 1998


 


 


 


Notas:


 


1. Hegel, Science de la Logique, tomo I, Libro II, La doctrina de la esencia, traducción, presentación, notas de P.J. Labarrete y Hwendlin Jansyk, Aubier 1982, p. 1.


2. Ver nota 1, op. cit..


3. Ver Hegel, Ciencia de la Lógica, op. cit. p. 17-33.


4. ver por ej., el libro colectivo coordinado por Francois Chesnais, La mondializatión financiere – Génese, cou et en jeux, Syros 1996.


5. F. Chesnis, op. cit p. 14.


6. K. Marx, Fundamentos de la Crítica de la Economía Política (Grundisse), Anthropos 1972, t II p. 32.


7. (Fundamentos …, op. cit., p. 34).


9. (Fundamentos …, op. cit. p. 35).


10. (K. Marx, El Capital)


11. Ed. Sociales 1967. p. 40.


12. (Fundamentos …, op. cit. p. 222).


13. (Op. cit.).


 

Trabajo productivo, trabajo improductivo y descomposición capitalista


La diferenciación entre trabajo productivo y trabajo improductivo en la sociedad contemporánea ha sido objeto de múltiples controversias en la literatura marxista. Es uno de los temas más polémicos, de recurrente aparición en el debate político y académico, en función de sus más diversas implicancias: su relación con la dinámica de la acumulación capitalista, el vínculo que supone con la conformación de las clases sociales en la sociedad burguesa, la determinación que impone a la hora de estimar la plusvalía obtenida por el capital y su tasa de ganancia, la posibilidad de asociar la cuestión a la periodización o a las etapas históricas de evolución del modo de producción capitalista. Recientemente, la revista Política Operaria de Portugal ha estimado que la cuestión es una piedra de toque para definir un abordaje revolucionario de la lucha de clases a nivel internacional. Examinemos este tema.


 


Productividad y trabajo


 


La asociación entre productividad y trabajo que, en términos generales, parece algo evidente por sí mismo, es en verdad algo menos trivial de lo que sugieren las apariencias. La idea que todo gasto de energía humana con un propósito útil es, al mismo tiempo, trabajo y una actividad productiva, se presenta como algo prácticamente natural a primera vista; por lo pronto en oposición a la inactividad, o a la pasividad del tiempo libre. Con este criterio superficial se establecen por ejemplo las distinciones conceptuales de las estadísticas oficiales entre "población económicamente activa" (los que trabajan) e "inactiva" (los que no pueden o no quieren trabajar). Trabajo y trabajo productivo sería, entonces, una sola y misma cosa. Sin embargo, existen una serie de actividades que implican igualmente un gasto de energía humana y de desgaste físico, que tienen un propósito útil y que no son consideradas "trabajo". Es el caso de la práctica deportiva (por supuesto no profesional), y que no se clasificaría en ningún caso como actividad "productiva" (1).


 


Como todas las cosas, en realidad, el significado de trabajo y de lo que es productivo ha variado a lo largo de la historia y de los cambios propios de la evolución del hombre. No es un secreto que en la Antigüedad se consideraba como productivo precisamente el no trabajo, puesto que el trabajo mismo era considerado como una tarea propia del no humano, del hombre considerado en su pura animalidad. Los trabajadores eran esclavos. Los "hombres libres" no trabajaban. La rutina, el escasísimo desarrollo de la capacidad de transformar la naturaleza, el carácter conservador de la vida social contribuyeron durante un largo período, hasta la denominada época moderna y los albores de la sociedad capitalista, a que la idea de productividad se presentara indisolublemente unida a la de fecundidad. Se identificaba como un atributo propio de la naturaleza: la capacidad de la tierra de dar frutos, la de la vida animal de reproducirse.


 


Muy lentamente esta concepción de productividad se fue ligando a la condición propia del trabajo humano. El desarrollo de la agricultura, vinculado al progresivo desarrollo técnico de los medios de trabajo, fue entonces, por mucho tiempo, considerado como la esencia de toda fecundidad-productividad. Un concepto que comenzó progresivamente a "humanizarse", hasta adoptar una forma racional con los fisiócratas, la primera escuela de economía moderna que concibió la actividad laboral de los hombres como una suerte de metabolismo social. Sus análisis, entonces, constituyeron un progreso decisivo, en la medida en que precisaron que el trabajo aplicado a la tierra, el esfuerzo humano bajo ciertas condiciones naturales, era el fundamento de toda productividad social. "Quesnay (el más completo de los economistas de la escuela fisiocrática de la primera mitad del siglo XVIII) vio más lejos que los economistas que buscaron más tarde la fuente de la productividad en las máquinas, el ahorro, el capital, o sea, en todas partes menos en el esfuerzo humano, en la fuerza de trabajo del hombre" (2).


 


Con Fourier, Saint Simon y, más tarde con los economistas clásicos Smith y Ricardo, el concepto de trabajo productivo se extiende hasta alcanzar al conjunto de actividades del hombre, a partir de la materia prima natural, pero no limitadas apenas a la labor sobre la tierra. Los "productores" serán, entonces, los trabajadores y los empresarios, es decir, las clases propias de la sociedad burguesa en oposición a los estamentos ociosos del viejo régimen y a su función puramente improductiva, parasitaria. A partir de aquí, el concepto de trabajo productivo se desenvolverá en el sentido de una definición "material": es todo aquello que concluye en la elaboración de objetos de uso, tangibles, sensibles, físicamente ponderables como resultado de una transformación que se nutre de los medios de la naturaleza como fuente original.


 


Productividad y capital


 


No obstante, la sociedad capitalista no produce sólo riqueza, objetos o valores de uso. Los productos del trabajo revisten la forma de mercancías, es decir, de valores de cambio. Sólo si funciona como valor de cambio, un producto puede cumplir su función como valor de uso. Y sólo funciona como valor de cambio, bajo la producción capitalista, si, al mismo tiempo, rinde una ganancia para el empresario; es decir, si éste puede quedarse con una parte del valor (de cambio) producida por el trabajador y que no está incluida en el valor (de cambio) de la fuerza de trabajo, en su salario. Si un empresario no obtiene plusvalía, la producción se interrumpe. En el capitalismo, para el capital, es "productivo", sólo produce, el trabajo que da plusvalía. En consecuencia, la noción de trabajo productivo no "entraña simplemente una relación entre la actividad y el efecto útil de ésta, entre el obrero y el producto de su trabajo, sino que lleva además implícita una relación específica social e históricamente dada de producción, que convierte al obrero en instrumento directo de valorización del capital… dentro del capitalismo sólo es productivo el obrero que produce plusvalía… Si se nos permite un ejemplo ajeno a la órbita de la producción material, diremos que un maestro de escuela es obrero productivo, si, además de moldear la cabeza de los niños, moldea su propio trabajo para enriquecer al patrono. El hecho de que éste invierta su capital en una fábrica de salchichas no altera en lo más mínimo los términos del problema" (3).


 


El economista soviético Isaak Rubín, autor de un texto "clásico" sobre la teoría marxista del valor, consideró que la cita anterior de Marx, resumen del tratamiento del tema que el propio autor de El Capital ya había desarrollado en su trabajo previo sobre las Teorías de la Plusvalía, no deja ningún lugar a dudas: todo trabajo que el capitalista compra con el propósito de obtener una plusvalía es trabajo productivo, independientemente de que este trabajo se materialice o no en un objeto y de que sea o no objetivamente necesario o útil para el proceso de producción (por ejemplo el trabajo de un payaso empleado por un empresario de circo) (4). En relación a este punto existe una coincidencia más o menos generalizada, entre los autores marxistas, sobre la irrelevancia del problema de la "utilidad" o de la necesidad social de los valores de cambio para juzgar si son el resultado de un trabajo productivo o no, para el capital. Un ejemplo tradicional: la fabricación de armamento puede ser tan "productiva" como innecesaria e inútil para la "sociedad".


 


El acuerdo desaparece si se trata, en cambio, de analizar la "materialidad" de la mercancía, a la hora de determinar el carácter del trabajo del cual esta mercancía resulta. Mientras Rubín afirma que la producción de bienes inmateriales no cuestiona el carácter productivo del trabajo respectivo, en la medida en que produce plusvalía para un capitalista (es el caso del citado "payaso"), el recientemente fallecido Ernest Mandel se inscribe en el punto de vista opuesto, cuando sostiene que la definición de trabajo productivo "excluye los bienes no materiales de la esfera de producción del valor" (5). Se trata de un error que no tiene en cuenta que el significado de trabajo productivo para el capital excluye todo lo que tenga que ver con el contenido del trabajo, limitándose a examinar la forma social de su organización, es decir, su estructura capitalista: la cual está condicionada por una sociedad en la cual la propiedad de los medios de trabajo es el monopolio de una clase y la "libertad" de trabajar es la condición de existencia de la mayoría excluida de tal propiedad.


 


Industria, comercio y trabajo productivo


 


Mandel, como muchos otros, parece apoyar su tesis en algunas afirmaciones del Tomo II y del Tomo III de El Capital en la cuales se sostiene que los empleados y trabajadores del comercio y de los bancos, por ejemplo, no son trabajadores productivos; algo que de todas maneras parece contradictorio, a primera vista, con los planteos previos de Marx, como el que acabamos de citar más arriba y como los que pueden encontrarse a plenitud en pasajes de la aquí también mencionada Historia crítica de las teorías sobre la plusvalía. En realidad, como indica el propio Rubín, la contradicción es sólo aparente, porque hasta el Tomo II Marx sólo considera al capital directamente empleado en el proceso de producción inmediata y excluye, por lo tanto, al capital en el llamado proceso de circulación o de realización, de venta, de los productos ya terminados.


 


Pero es precisamente a partir del Tomo II, donde Marx amplía el horizonte de su análisis de la sociedad capitalista para considerar la "metamorfosis del capital" en su movimiento real. Esta abarca, para garantizar la reproducción del propio capital, todo un ciclo que se extiende en el tiempo a través de tres instancias diversas: a) el capital-dinero, mediante el cual el capitalista adquiere en el mercado los elementos de la producción y contrata a los obreros que necesita; b) el capital-productivo como tal, que se valoriza mediante el valor que acrecientan los trabajadores, por encima del valor de la fuerza de trabajo, por el cual son remunerados; y c) el capital-mercancía, que el capitalista debe transferir a los consumidores para recuperar el capital-dinero, la plusvalía correspondiente y reiniciar un nuevo período de la producción. Las fases a) y c) son propias del "proceso de circulación del capital"; b) es el "proceso de producción" donde el capital se valoriza mediante la apropiación del trabajo impago de los trabajadores. La "circulación" no agrega valor, es apenas el ámbito en el cual el valor, ya producido por el capital, cambia de "forma".


 


En este nuevo sentido, en esta nueva dimensión del análisis, el capital "productivo" se opone al capital en el proceso de "circulación" y el trabajo "en la producción" es un trabajo distinto al trabajo "en la circulación", aunque ambos, por mecanismos distintos (que veremos más adelante) sean la condición para la apropiación de los capitalistas respectivos de una parte de la plusvalía social. De todas maneras, la distinción sobre el carácter "productivo" del trabajo en esta etapa de la investigación de Marx, difiere de la distinción formulada en la etapa previa de su estudio, en la cual la propia cuestión no se planteaba. En términos de Rubín: el trabajo del vendedor no es productivo, no porque no produzca cambios en los bienes materiales, sino sólo porque es contratado por el capital en la fase de la circulación. El trabajo del payaso al servicio del empresario de circo es productivo aunque no provoque cambios en los bienes materiales y, desde el punto de vista de las exigencias de la economía social sea, menos útil que la labor del vendedor (6).


 


Tiempo de trabajo y "tiempo muerto"


 


El concepto de "circulación" en Marx no es un concepto "físico". No se refiere a la circulación de mercancías para su venta, que incluye todo lo que tiene que ver con el transporte, empaquetamiento, almacenamiento y distribución de las mismas y que habitualmente se asocia al "comercio" y que Marx consideraba como la función "real" de la circulación. "La función de circulación (propiamente dicha) del capital sólo consiste en transferir el derecho de propiedad de un producto de una persona a otra, es sólo una transformación del valor de una mercancía a una forma dinero o, inversamente, sólo una realización del valor producido" (7). Teniendo en cuenta esto, dentro de estos límites, es que Marx considera que los gastos de circulación no añaden ningún valor al producto, puesto que responden simplemente a un cambio en la forma de la mercancía. El trabajo que se gasta en estas operaciones es un trabajo, por lo tanto, que no agrega valor, del mismo modo que en una sociedad de productores mercantiles autónomos, éstos no podrían agregar al valor de la mercancía que producen medido en tiempo de trabajo necesario de su producción, el tiempo que corresponde al regateo, la negociación y el pacto final de un intercambio de sus productos mercantiles.


 


Dicho de otro modo, el trabajo "en la circulación" es un trabajo que, al no agregar valor, representa un gasto que el capitalista no puede hacer "rendir" porque no agrega valor, no produce plusvalía, es una suerte de "tiempo muerto" en los términos de la valorización de su propio capital. Aquí tenemos el caso de un trabajo "improductivo" aunque perfectamente necesario, en el contexto de la producción capitalista. Es interesante indicar aquí que esta suerte de "tiempo muerto", en la medida en que el capital se ve obligado a permanecer en una fase en que no se le agrega valor, es un problema que también se presenta en la propia etapa del capital productivo. Un caso claro es el de la producción de vino que, una vez acabada su elaboración, debe permanecer estacionado un largo período durante el cual demanda relativamente poco trabajo para quedar sujeto a procesos naturales. El valor, considerado como tiempo de trabajo socialmente necesario no es, en consecuencia, igual al tiempo que dura la fase de la producción, sino al tiempo de trabajo tanto el objetivado como el vivo empleado durante la fase productiva. Sólo el tiempo de trabajo vivo actuante crea y transfiere valor y por este motivo el tiempo de producción, como algo distinto del tiempo de trabajo efectivo, no tiene un papel formador de valor (8).


 


Productividad del trabajo "improductivo"


 


Es justamente debido a esta última razón que el capital tiende sistemáticamente a reducir al máximo los tiempos muertos sin trabajo o sin trabajo creador de valor del proceso de su reproducción, lo que indudablemente debe aplicarse a todas las fases de su metamorfosis, en la circulación y en la producción. Marx, luego de indicar que el tiempo que el capitalista gasta en la circulación, en la transformación de la mercancía en dinero, es tiempo "improductivo", aunque necesario para la reproducción capitalista, se formula el siguiente interrogante: ¿no interviene en la determinación del valor un momento que es independiente del trabajo, que no deriva directamente de él, sino que dimana de la circulación misma? (9). Respuesta: por cierto que sí, puesto que, en la medida en que se reduzcan los gastos implícitos en los tiempos muertos, desde el punto de vista de la valorización, mayor será la plusvalía de la cual puede apropiarse el capital.


 


A la luz de lo que acabamos de señalar es posible entender por qué el capital tiende a hacer más eficientes, más economizadores de tiempo, en definitiva, más "productivos", los procesos propios de la circulación. Lo que parece una "contradicción en términos" sólo puede resolverse en una apreciación rigurosa del conjunto del modo de reproducción del capital, para el cual el desarrollo técnico, el avance en el rendimiento del trabajo y, por lo tanto, el mejoramiento de la productividad son un medio para incrementar su beneficio, la cantidad de trabajo impago que forma su plusvalía. Este abordaje del problema de la "productividad" de las fases "improductivas" propias de la metamorfosis del capital, es una tercera dimensión del análisis del problema del trabajo productivo. No guarda relación con el concepto de trabajo productivo definido sólo en términos de su capacidad de valorizar un capital, con independencia del contenido mismo del trabajo necesario o no, útil o no desde el punto de vista social. Tampoco se reduce a las consideraciones propias de las tres fases de la reproducción. Aquí la productividad debe ser considerada a la escala de la relación más general del desarrollo de las fuerzas productivas, como una característica específica del modo de producción capitalista y de las fases históricas de este movimiento de la sociedad burguesa.


 


Es obvio, por ejemplo, que si un supermercado sustituye a una serie de pequeños almacenes no altera en nada el carácter "improductivo" de la circulación. Considerado el hecho en sí mismo, esto representa un avance en el trabajo productivo en el sentido del avance de las economías de escala, de la proletarización de la fuerza de trabajo, de la incorporación de técnicas modernas, incompatibles con la empresa media o individual, es decir, del desarrollo de las fuerzas productivas propias de la sociedad capitalista. Subrayamos aquello de "considerado en sí mismo" para no introducir, en este punto, otros elementos que tienen que ver con la eventual monopolización del sector, la apropiación de lucros extraordinarios debido a este motivo, la asociación con el capital financiero, la violentación de los mecanismos de la competencia mercantil mediante la vinculación con el aparato estatal, etc. Todo esto escapa a la naturaleza de nuestro análisis en este apartado.


 


Es precisamente por la función imprescindible que cumple la "circulación genuina", no creadora de valor, en el proceso general de reproducción del capital, que el capital es "compensado" con una participación en la plusvalía global por medio del mecanismo de la nivelación de la tasa de ganancia. Es por tal función también que el capital comercial aparece como un capital… productivo: "sólo es en virtud de su función de realización de los valores que el capital comercial funciona como capital en el proceso de reproducción, y por ello, en cuanto capital actuante extrae plusvalía de la generada por el capital global…así como el trabajo impago del obrero crea directamente plusvalía para el capital productivo, así el trabajo impago de los asalariados comerciales crea para el capital comercial una participación en dicha plusvalía… (por ello) el desembolso en costos de circulación es una inversión productiva para el capital comercial y, en consecuencia, para él también es directamente productivo el trabajo comercial que compra" (10).


 


Trabajo productivo y clase obrera


 


Notablemente, luego de citar el párrafo anterior, los compañeros de Política Operaria (11), insisten en considerar como proletarios sólo a los obreros industriales, reservando a los trabajadores de la fase de la "circulación" el mote de semiproletarios, algo así como proletarios inacabados. Nos parece, de todos modos, que derivar mecánicamente la condición de proletario de una de las tres dimensiones con las cuales enfocar el significado de "trabajo productivo" es a la vez estrecho y extremadamente mecánico: en el proletariado debe incluirse al conjunto de la clase social privada de los medios de producción, sin acceso directo a los medios de subsistencia e incapaz de subsistir sin recurrir de un modo sistemático a la venta de su fuerza de trabajo. Esto incluye, indudablemente, a trabajadores "productivos" e "improductivos", desde el punto de vista de su ubicación en el sistema capitalista, como productores directos o no de plusvalía para la clase propietaria. En este tópico, Mandel se muestra convincente cuando rastrea esta definición en Marx y Engels y en sus seguidores más ortodoxos: el Kautsky maduro (no el senil), Plejanov, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo (12). Excluye, en cambio, a aquellos "asalariados" que integran las cúpulas dirigentes o semidirigentes de las corporaciones capitalistas, o los elementos desclasados al servicio del control y la represión patronal; sólo para dar algún ejemplo.


 


La definición de proletario no puede limitarse al lugar que ocupa el asalariado en el mecanismo de la reproducción del capital. Es sólo la base, el fundamento a partir del cual se desarrolla el capitalismo como sistema, la lucha de clases y las etapas más generales de la evolución del modo de producción capitalista como un todo. Martins Rodrigues (13) estima que distinguir al proletariado de otras capas, más o menos explotadas, no proletarias, es la distinción fundamental que debe establecerse si se pretende formular una política revolucionaria para la clase obrera. Por eso insiste en calificar como proletarios sólo a los obreros industriales que ejercen un "trabajo productivo" en el sentido de la producción directa de plusvalía. Apela a Lenin que "habiendo captado el efecto deformado del imperialismo en la lucha de clases… percibió la creciente importancia asumida, en los países avanzados, por la diferenciación en el seno de los asalariados, entre el proletariado, el semiproletariado, la nueva pequeña burguesía, así como la aristocracia obrera, la burocracia sindical y partidaria y todo una serie de otros asalariados en actividades parasitarias…". Pero Lenin no partió para esto de una apreciación esquemática del "trabajo productivo", así como Rosa Luxemburgo no la tuvo en cuenta al calificar a la clase obrera inglesa como un "proletariado burgués" en la fase de mayor adaptación del movimiento obrero británico al imperialismo. Una definición acotada de "proletariado" limitada al obrero actuante en la industria, ¿podría incluir, para citar un caso, a los marineros del Aurora o del acorazado Potemkin?


 


Trabajo, fuerzas productivas y "destructivas"


 


En los planteos sobre el trabajo "productivo" "infortunadamente tan llenos de discrepancias conceptuales como ninguna otra parte de la literatura crítica de Marx" (14) no se ha salido de una polémica que abarca lo que aquí denominamos las dos primeras dimensiones del problema, relativas, por un lado, a la relación del trabajador con la posibilidad de que cualquier capital se valorice a costa de su trabajo impago y, por otro lado, a la relación entre el trabajo y las fases propias de la reproducción del capital. Poca importancia se le ha dado a una aproximación de conjunto, relativa a lo que podemos llamar la "historicidad" del trabajo productivo, o sea, su vínculo con la evolución del modo de producción capitalista y sus tendencias al agotamiento y la descomposición. Ya Marx subrayó que, como resultado de sus propias fuerzas vitales, el capitalismo está condenado a descomponerse y anunciar, de este modo, su propia desaparición. Es cuando el capital tiende a convertir el desarrollo de las "fuerzas productivas" en "fuerzas destructivas" y manifestar la lógica de la disolución de su orden económico, social y político.


 


Este es el punto fuerte del abordaje de Lenin del fenómeno del imperialismo, que surge "en un grado muy alto del desarrollo del capital, cuando algunas de sus principales características se convierten en lo contrario" y evidencian un "estadio de transición, el reclamo de un orden social superior" (15). En estas condiciones lo que importa es ver cómo el "trabajo productivo" también se convierte en "trabajo destructivo", en depredación del medio humano y del medio natural como expresión de la sobrevivencia del capital, más allá de haber cumplido ya su misión histórica. El monopolio, el capital financiero, la "reacción en toda la línea", la violencia estatal, las catástrofes económicas, las convulsiones sociales sin precedentes, la guerra y la revolución; todas estas expresiones de la decadencia de un sistema no pueden apreciarse a la escala de una visión puramente estática de las fórmulas del propio El Capital, lo cual vale también para la cuestión en debate.


 


Poco tiempo atrás, un órgano de prensa del capital financiero (The Economist) puso de relieve el altísimo grado de organización capitalista que marca hoy el desarrollo del negocio de la prostitución a nivel internacional, involucrando la producción de pornografía, el turismo sexual, las redes de explotación de menores a escala planetaria. Naturalmente, desde el punto de vista de la clasificación genérica de El Capital se trata del alargamiento de áreas de "trabajo productivo". Pero a nadie se le puede escapar que no es lo mismo que el imperialismo invada un país con medios de transporte y ferrocarriles que con el establecimiento de empresas de pornografía y prostitución. Otro caso: cuando un movimiento nacionalista expropia y estatiza una empresa extranjera, transformando un área productiva en un terreno de "trabajo improductivo", qué sentido tiene decir que, eventualmente, ha convertido proletarios en "semiproletarios". ¿No habló Trotsky, acaso, de luchar por la "administración obrera de la industria nacionalizada"?


 


Las categorías de "trabajo productivo" e "improductivo" son operativas para el análisis de la realidad si son adecuadamente contextualizadas. Sus implicancias respecto a una estimación de la contabilidad social (producción de valor y plusvalía efectiva), a la posibilidad de estimar la evolución de la explotación y la ganancia capitalista, a la tipología de las clases sociales y a la evolución de la sociedad capitalista como un todo, importa aristas de investigación y estudio que deben ser establecidas con cuidado para evitar la vaguedad y el error.


 


 


 


Notas:


 


1. Ver para esto y para la primera parte de este trabajo: Naville, Pierre; De la alienation a la jouissance. Ed. Librairie Marcel Riviere, Paris, 1957.


2. Idem, pág. 459.


3. Marx, Karl, El Capital, Tomo I, Cap. XIV.


4. Rubín, Isaac Illich, Ensayos sobre la teoría marxista del valor, Cuadernos de Pasado y Presente, Córdoba, 1974.


5. Mandel, Ernest, El Capital, cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx, Edit. Siglo XXI, México, 1985, pág. 124.


6. Rubín, Isaac Illich, op.cit.


7. Idem.


8. Ver Rosdolsky, Roman, Génesis y Estructura del Capital de Marx, Edit. Siglo XXI, México, 1978.


9. En los Grundrisse, citado por Rosdolsky, op.cit.


10. Ver en El Capital, op.cit., Tomo III, Cap. 17.


11. Castro, Mariano, "Capital industrial y trabajo asalariado", en Política Operaria, Lisboa, Portugal, mayo-junio 98.


12. Mandel, Ernest, op.cit. pág. 128.


13. Martins Rodrigues, Francisco, "¿Somos todos proletarios?", en Política Operaria, Lisboa, Portugal, mayo-junio 98.


14. Rubín, op.cit.


15. Ver Lenin, N., El imperialismo, etapa superior del capitalismo, ediciones varias.


 

Psicoanálisis y Marxismo: ¿Un diálogo imposible? Parte 3


Partes 1 y 2


 


3° parte: El lenguaje y la relación sexual


 


Vamos a abordar texto de Fougeyrollas.


 


Este texto tiene su importancia. Amén de por las barbaridades que dice, porque propone un cierto ordenamiento de lo que sería la lucha política en el seno del psicoanálisis.


 


Su tesis es clara como el agua:


 


"No existen actualmente ciencias humanas, ciencias sociales, ciencias del hombre y la sociedad. Todo esto son ideologías, son expresiones deformadas e invertidas de las relaciones reales de producción (otra vez sopa), que se enmascaran bajo el nombre de "ciencias sociales", "ciencias humanas", "ciencias del hombre y la sociedad", etc. Lo que existe hoy es el método y las adquisiciones del materialismo histórico () el materialismo histórico nos muestra que la explotación del hombre por el hombre en el modo de producción capitalista engendra la opacidad de las relaciones de producción reales; engendra a través de la ideología, la imposibilidad de captar de una manera científica la realidad social en la cual vivimos".


 


En otras palabras, el materialismo histórico es el axioma por dónde deben pasar todos los saberes. Todo lo demás es pura ideología.


 


En otros términos, tenemos aquí la posición inversa a la que Sartelli le criticaba a Rolnik: ahora, con el "materialismo dialéctico", podemos explicar "todo", desde como coger hasta como ir a marte o hacer papas fritas.


 


Fougeyrollas apelará mas de una vez a este tipo de afirmaciones que pueden sonar muy convincentes o radicales, pero que la experiencia demuestra, en la mayoría de los casos, que no son mas que una expresión aún mas exacerbada de ideologismo. Esto, en el sentido de que dicha declaración no hace mas que esconder una profunda ignorancia acerca de los problemas reales y concretos que deben enfrentarse en cada caso particular.


 


En otras palabras, habrá que ver como aborda Fougeyrollas, con este rasero, la crítica a otras prácticas. Por ahora, lo que tenemos a mano, y a lo que responderemos, es a cómo, con este axioma en la mano, Fougeyrollas reinterpreta el psicoanálisis.


 


Y veremos que en este caso, su posición es de un ideologismo prácticamente inadmisible para una revista como EDM.


 


El "arco político" del psicoanálisis


 


Para Fougeyrollas las neurosis y patologías mentales pueden, y deben, reconducirse al nivel de la relación sociedad vs. naturaleza.


 


El conflicto freudiano entre el "yo" y la "sexualidad" debe ser leído como una "interacción de la sociedad con sus presiones y de la naturaleza con sus pulsiones". En otros términos, "la represión [ese concepto psicoanalítico tan fundamental] es el resultado de presiones sociales contra nuestras pulsiones animales, es la dialéctica naturaleza vs. sociedad".


 


Para Fougeyrollas, el fundamento "material" de la sexualidad humana es el conjunto de pulsiones que en cada individuo constituirían "su equipamiento animal". La sociedad por su parte, ejerce sobre dicho individuo "un cierto número de presiones" que forzarían al individuo "en el ejercicio" de sus "instintos". ¿Que quiere decir que lo "forzarían"?, o, ¿en qué sentido lo forzarían "en su ejercicio"?, o, ¿porqué dicho forzamiento habría de implicar conflicto alguno para el individuo en su relación con la sociedad?, son todas preguntas que Fougeyrollas considera demasiado obvias, supongo, para responder.


 


Los "límites" que Fougeyrollas encontrará en Freud son fácilmente predecibles: todos aquello puntos en que se planteen nociones o conceptos que o bien escapen a la pura dialéctica naturaleza sociedad, o bien contradigan la idea de una sexualidad natural o biológica, o bien pretendan plantear alguna subjetivación con relación a procesos históricos.


 


Los nombres que Fougeyrollas detecta en Freud de aquello que hace obstáculo a la dialéctica serían la "pulsión de muerte" y la "represión originaria", que además son precisamente los puntos desde donde Lacan organizará su lectura de Freud. Este es el único punto en que debemos reconocer que Fougeyrollas ha sabido dar en el clavo.


 


Volveremos sobre ello, pero antes conviene recorrer el análisis que hace de las corrientes posteriores a Freud.


 


Por un lado tenemos a los freudomarxistas (Reich, Marcuse, Fromm, etc.) quienes tendrían la virtud de defender la subordinación o integración del psicoanálisis a la relación naturaleza sociedad, es decir, al materialismo histórico (esta equivalencia es según la perspectiva de Fougeyrollas).


 


Así, Reich habría demostrado cómo la expansión o contracción de la vida sexual en la ex URSS se verificaría íntimamente asociada a la revolución política, verificándose una "expansión de la vida sexual en el periodo de la revolución de Octubre", que contrastaría con "el retorno a la represión sexual" que se habría producido junto a la reacción burocrática stalinista.


 


La tesis central de Fougeyrollas sobre la sexualidad es que "la relación entre los sexos reproduce las relaciones sociales de base, es decir, las relaciones sociales de producción que constituyen la sociedad" (otra de esas pomposas aseveraciones que declaran mas que lo que prueban).


 


No obstante ello los freudomarxistas habrían fracasado.


 


Para Fougeyrollas, "el freudomarxismo nació de una preocupación legítima: la de articular los descubrimientos de Freud con el materialismo histórico, y los freudomarxistas tuvieron razón en plantear el problema. Lo que ocurre es que no supieron tratar científicamente la cuestión y se deslizaron al psicologismo, ya presente en Freud" (por suerte lo tenemos a Fougeyrollas que, suponemos, sabrá hacer las cosas mejor).


 


La otra corriente importante es el posfreudismo oficial, la IPA, encarnada en la corriente yanqui, y cuya característica política consiste en plantear la adaptación del sujeto al marco socialmente existente.


 


Lo interesante de esto, y que quizás no este demás aclarar, es que tanto los freudomarxistas como los postfreudianos, y también Fougeyrollas, finalmente coinciden en este punto esencial: el "conflicto" psíquico debe ubicarse en el nivel de la mencionada contradicción entre los impulsos sexuales "naturales" del individuo y la sociedad.


 


Por lo tanto, también coinciden todos ellos, a la hora de señalar como la principal limitación de Freud, el haber perdido de vista esta dimensión y haberse ido por las ramas de la "pulsión de muerte" y otros conceptos "estrambóticos".


 


Los freudomarxistas, los postfreudianos y Fougeyrollas, en cambio, habrían sabido no errar como lo ha hecho el creador del psicoanálisis respecto de este punto central.


 


Subrayo estas coincidencias conceptuales entre todos ellos porque esas mismas coincidencias son las que permitirán precisar sus "diferencias", es decir, aquello que permitirá su ordenamiento "político". Veremos, entonces, que los freudomarxistas se habrían caracterizado por orientar la solución de la contradicción en el sentido de una modificación de la sociedad en función del individuo, en tanto que los postfreudianos de la IPA se caracterizarían por plantear que la modificación debe realizarla el individuo, en función de la sociedad.


 


La misma coincidencia en el nivel del problema es lo que, a su vez, les permite dividirse entre izquierda y derecha.


 


La expresión mas clara del acuerdo de fondo entre estas "izquierda" y "derecha" la da el hecho de que durante años, tanto freudomarxistas como postfreudianos no han tenido mayores dificultades en convivir institucionalmente, e incluso coincidir teóricamente (al estilo de las Meijde con los Menem o Balza), como lo prueba el aval general que ha tenido durante años, por parte de los postfreudianos yanquis, el tratado sobre las neurosis que redactara quien encabezaba el sector de izquierda de la IPA desde el tiempo de Freud: O. Fenichel.


 


Por ejemplo, no dudo en que Fougeyrollas acordaría con los ojos cerrados con algunas de las tesis expuestas por este tratado, como, por ejemplo, que la neurosis implica algún tipo de trastorno de la sexualidad, mas precisamente una fijación en algún estadio intermedio (una "regresión de formas adultas a formas infantiles de sexualidad" o "la perduración de estos estadios anteriores del desarrollo"), dentro de un desarrollo cuyo punto culminante, denominado carácter genital supone "la capacidad de encontrar una plena satisfacción mediante el orgasmo genital", el cual posibilitaría "una regulación fisiológica de la sexualidad" (O. Fenichel, "Teoría psicoanalítica de las neurosis", Ed. Paidos, páginas 188 y 554) (subrayado mío).


 


Es lo que se diría una posición claramente "materialista", ¿no?.


 


Lástima que esta "materialidad" aparentemente tan obvia se demuestre en los hechos y en la práctica tan ideal como inexistente. Ya lo retomaremos. Pero antes tenemos que terminar de recorrer el arco político que Fougeyrollas nos viene presentando del psicoanálisis


 


Ya teníamos a los de "izquierda" y a los de "derecha". Ahora aparece un tercer personaje, quien, a pesar de haberse hecho famoso por su profundo y sistemático combate contra los postfreudianos de la IPA y la corriente yanqui (es decir, los de "derecha", según el propio Fougeyrollas), no podría ubicarse, veremos porqué, del lado izquierdo. Ergo, habrá que ubicarlo a la derecha (así funciona la "dialéctica" de Fougeyrollas: lo que no es blanco es negro, y viceversa).


 


La situación de Lacan será caracterizada por Fougeyrollas como equivalente a la de aquellos que critican a la sociedad burguesa pero no para aspirar al "comunismo" (el eje del tiempo, para Fougeyrollas, también se organiza, que duda habría, en forma tan inexorable como lo blanco y lo negro, es decir, para adelante o para atrás) sino para plantear un retorno "a una sociedad aristocrática con poder represivo", posición que sería la que caracterizaría, por ejemplo, al fascismo. Mas allá de los detalles tales como que es esta una "innovadora" manera de caracterizar al movimiento de Musolini, y que no deja de implicar la posibilidad de que la sociedad burguesa pudiera no ser represiva (o, tal como gustan presentarlo los democratizantes, sería siempre "menos" represiva), esto nos permite finalmente completar nuestro mapa


 


los postfreudianos a la derecha


el fascista Lacan a la extrema derecha


los freudomarxistas y sus vacilaciones y fracasos a la izquierda


Fougeyrollas en la extrema izquierda, en la posición del "partido revolucionario".


"Aahhh, que placer!", no hay como la simpleza de este tipo de razonamientos para sentirnos tranquilizados acerca de quienes son los "amigos" y quienes son los "enemigos".


 


Es el mismo tipo de razonamiento al que nos tienen acostumbrados los democratizantes, que tienden a presentar al arco político como un continuo, con su centro y sus extremos.


 


Pero ello no es mas que la expresión del acuerdo que existe, entre las diferentes fracciones políticas de la burguesía, en la defensa del modo de producción capitalista.


 


Si Meijide está en el centro izquierda y Balza en el centro derecha es porque en algún momento pueden coincidir, es porque están de acuerdo sobre la cuestión de fondo: la defensa del régimen burgués.


 


La posición de los revolucionarios nunca ha sido la de uno de los "extremos" de este continuo, punto al que intenta reducirlos la vulgata democratizante de los medios de prensa. La posición revolucionaria se ubica en exterioridad a dicho continuo, pues sus objetivos implican una modificación radical de la sociedad, una transformación del propio modo de producción.


 


Lo que quisiera que se percibiera es que el ordenamiento que ha hecho Fougeyrollas del supuesto arco "político" del psicoanálisis, se basa en un acuerdo de fondo con la corriente yanqui (y veremos que también con Stalin) en cuanto a la concepción del sujeto, del lenguaje, y del psicoanálisis.


 


Las "diferencias" entre ellos no son mas que aquellas que posibilita su acuerdo.


 


Y este acuerdo consiste en pensar al sujeto, como representante de la sociedad, en conflicto con la naturaleza.


 


Lo cual es, desde el punto del marxismo, una capitulación en toda la línea, pues implica aceptar la idea de que las contradicciones sociales no son mas que la consecuencia de la contradicción mayor del hombre con la naturaleza. Con lo cual, la posición mas cabal es la de los ecologistas.


 


Fougeyrollas ha mostrado finalmente su vena política: no es mas que un ecologista travestido de trotzkista.


 


El punto es que, una vez admitido este "acuerdo" las diferencias solo consisten en lo siguiente: los "derechistas" serian los "realistas" que plantearían que, a falta de un cambio social cuya realización no les incumbe en tanto terapeutas, la dirección de la cura debe ir en el sentido de la adaptación social. En cambio los de "izquierda" serian los "utópicos" (tan moda ultimamente) que, despreciando, supuestamente, las reformas, insisten en que es la sociedad la que debe adaptarse al hombre, y que mientras tanto, a falta de algo mejor, dejan hacer a los únicos que tienen propuestas "concretas": los de "derecha".


 


Como se dice en las películas, cualquier parecido con la situación política nacional, no es mas que casualidad.


 


 


¿Extrema derecha o supina ignorancia?


 


Vayamos entonces al punto: ¿qué es lo que denotaría en Lacan su carácter "fascista"?


 


Para ello habrá que ser tolerante con Fougeyrollas pues, a pesar de haber usado él mismo esa caracterización, a la hora de probarlo ya no será tanto una cuestión de fascismo como de clericalismo. Pero que importancia puede tener, a esta altura del partido, distinguir entre una cosa y la otra puesto que, como de hecho ocurre en todo razonamiento ideologista, lo que importa no es la precisión de la crítica sino solo la tipificación del "delincuente", del "malo", del "enemigo".


 


En otras palabras, Fougeyrollas intentará demostrar que Lacan es idealista, clerical y fascista.


 


La misma impudicia que ya le permitió a Fougeyrollas poder tomar la palabra en nombre del creador del Psicoanálisis para hacer las "correcciones" que correspondían, ahora le permitirá afirmar sin la menor duda que la esencia del planteo lacaniano se reconduce al planteo estructuralista de Lévi-Strauss, en donde radicaría su idealismo.


 


Semejante idiotez solo puede sostenerse a partir de una profunda ignorancia del interlocutor. Por eso mismo es realmente increíble cómo, a pesar de ello, estas zonceras ya forman parte, de un modo casi "natural", del folklore izquierdoso.


 


Lo cual no ha vuelto por eso más aguda la crítica de la izquierda contra el famoso libro del antropólogo francés, "El pensamiento Salvaje", que de alguna manera fecha el origen del estructuralismo. Pero en fin, eso ya es harina de otro costal. Sigamos con Lacan.


 


Con una lógica tan "moderna" como implacable, Fougeyrollas razon:


 


Lacan es Lévi-Straussiano


Lévi-Strauss es idealista


Lacan es idealista


(no importa que en este silogismo, los dos primeros tiempos hayan sido afirmados antes que probados).


 


Ahora bien, este supuesto idealismo Lévi-Straussiano es el que estaría en la base de la transposición que habría hecho Lacan, de la anteriormente mentada relación entre necesidades sexuales y sociedad, al nivel del lenguaje.


 


Así, por ejemplo, el "deseo", definido por la palabra autorizada de Fougeyrollas como "la vivencia de esta necesidad sexual" (se refiere a la necesidad sexual biológica), quedaría "reducido" en Lacan a la imposibilidad del significante de significarse a sí mismo: "Para Lacan, no es mas el deseo el que resulta de la necesidad sexual, sino la necesidad sexual que resulta no sabemos por qué ni cómo del funcionamiento de la ley del significante que da lugar al deseo" (subrayado mío).


 


Que lástima que Fougeyrollas no se escuchó (leyó) a sí mismo en ese momento. Hubiese podido sacar la conclusión esencial de lo que acababa de escribir: cuando no se sabe de algo, mejor callarse.


 


Sobre todo por lo que sigue.


 


En efecto, como Lacan plantearía "la negación de la relación sexual", cosa típica de "curas", de la conjunción de estos dos elementos Fougeyrollas deduce su carácter clerical.


 


En otras palabras, Fougeyrollas entiende que Lacan, en sus seminarios, cuál un pastor al estilo Gimenez, se dedicaría a pregonar la abstinencia sexual!!!!


 


No creo que haya mejor ejemplo que este artículo de Fougeyrollas para demostrar que cualquiera puede entender cualquier cosa de cualquier cosa.


 


Faltaría probar el carácter fascista.


 


Fougeyrollas lo deducirá de la interpretación lacaniana del concepto de represión, según la cual "la represión es el hecho de que el significante no llega nunca a significarse completamente" (supongo que será en vano precisar que si Lacan dice algo parecido, no es usando el término "completamente", sino "a si mismo"; pero, como dice el dicho: "perlas…".). En síntesis: "Lacan está condenado a una concepción completamente lingüística del psiquismo".


 


Y por ello sería idealista, clerical y fascista.


 


Lo que importa reconstruir de esto, puesto que es el andamiaje de todo este razonamiento, es la supuesta oposición entre una materialidad supuestamente ubicada en la dimensión de lo biológico o social, y la idealidad que supuestamente reinaría en el lenguaje.


 


Por eso Fougeyrollas hará hincapié en la corrección que Lacan le hace a Goethe respecto de la afirmación del Evangelio según San Juan de que "al comienzo fue el verbo". Su deducción es que el "verbo" y la "palabra", y en ese sentido el "significante" (¿que diferencia podría haber entre uno y otro para la nesciencia de Fougeyrollas?), se caracterizarían por su idealidad, su no-materialidad, por pertenecer a la abstracción del mundo puramente espiritual.


 


Por eso, reconducir la neurosis y el deseo al campo del lenguaje no podría ser mas que una operación idealista de vaciamiento de la materialidad del conflicto psíquico.


 


Y en ese sentido, la alienación que plantearía Lacan con relación al lenguaje, al carecer de sustento material, no sería mas que una consigna ideológica.


 


Reconstruyamos entonces el razonamiento de Fougeyrollas:


 


La sexualidad humana se reduce al impulso instintual, a nuestro "equipamiento animal" (¿qué otra materialidad podría haber para explicar la conducta social de los hombres?)


El deseo "es" la "vivencia" de la insatisfacción de dicho impulso instintual, algo totalmente similar a lo que sería el hambre o la sed


La insatisfacción de dicho impulso instintual es resultado de una oposición que le plantea la sociedad a su libre satisfacción (¿por qué?, vaya uno a saber)


Esta oposición entre instinto y sociedad se debe a las relaciones de producción que dominan a los seres humanos (vaya uno a saber porque o cómo)


El lenguaje no tiene absolutamente nada que ver en todo esto (los mecanismos por los cuales se transmiten e interiorizan en el individuo las presiones de la sociedad, al descartarse la vía del lenguaje, están por descubrirse).


La sexualidad humana


 


Lo primero que debe tenerse en cuenta es que este paquete de ideas es muy anterior a Freud.


 


Nada, pero absolutamente nada de todo esto tiene un ápice que ver ni con Freud ni con el psicoanálisis.


 


Motivo por el cual es común precisar que los postfreudianos, mas que post, son prefreudianos. Justamente en el sentido en que han retomado nociones prefreudianas acerca del inconsciente y la sexualidad.


 


Es propio de ignorantes suponer que Freud "no pudo percibir" que la causa de las neurosis era la represión social. Basta leer a Freud para verificar que esa y otras teorías fueron por él examinadas muy en detalle. Y si fueron desechadas, no fue por una posición política o ideológica, sino, como buen científico y materialista, por no encontrar verificación y correlato en su práctica clínica.


 


La represión social de la sexualidad podrá causar muchas cosas, pero no tiene nada que ver con los síntomas neuróticos.


 


Si así fuera, ya hace mucho que debería haberse realizado el sueño Reichiano de la profilaxis de las neurosis.


 


La creación del psicoanálisis, incluso, requirió de una nueva conceptualización de lo que vulgarmente se entiende por "realidad". El psicoanálisis se funda a partir del momento en que Freud debe reconocer que la causalidad de las neurosis no radica en la supuesta facticidad de los hechos traumáticos sino en su articulación significante.


 


En 1899, luego de haber desarrollado lo que se llamó la "teoría de la seducción", que asociaba cuadros clínicos al momento histórico y naturaleza de hechos traumáticos, Freud debe concluir, o bien que el número de padres perversos debería ser mucho mayor que lo supuesto, o bien que el trauma no es reconducible a un hecho puramente fáctico, sino que tiene la estructura de un fantasma, es decir, una articulación simbólico-real.


 


Ya hemos explicado en el capítulo anterior que el lenguaje no tiene nada de ideal.


 


La materialidad del mismo va mas allá del simple aspecto respiratorio o jaculatorio.


 


La materialidad del lenguaje radica en el determinismo que el mismo implica en la vida de los sujetos que lo habitan.


 


Definir el deseo a partir de la metonimia significante no tiene nada de idealista. Lo que es idealista es suponer que el hombre pueda abandonar su condición de ser parlante y "retornar" a una existencia puramente animal.


 


Lo que Lacan hace es subrayar eso mismo que descubrió Freud y que los postfreudianos tendieron a olvidar: que los síntomas neuróticos desaparecen a partir de la resolución de la articulación significante que los constituye.


 


Un paciente cuya lengua materna era el francés tenía un síntoma que no dejaba de disimularse detrás de lo común: ante la proximidad de una pelea o de un conflicto grave, que podía comprometerlo físicamente, le temblaban las rodillas.


 


Una larga cadena de asociaciones, que terminó concentrándose en una identificación a ciertas fallas del padre, expresada en la transformación del "yo" del paciente en el "nosotros" (paciente y padre) resolvió la encarnación de la misma en las rodillas (que en francés se dice "genoux", homofónico con "je – nous", es decir, "yo-nosotros").


 


Este es el pan de todos los días de los psicoanalistas. Esto es lo que todos los días verificamos en una práctica que nada tiene que ver con lo que sí es el puro idealismo e ideologismo de las declamaciones abstractas estilo Fougeyrollas.


 


Volviendo a la cuestión de la sexualidad humana, el otro aspecto fundamental del descubrimiento Freudiano es que la supuesta "normalidad" de la misma no es mas que un fantasía inencontrable en la práctica y que solo sirve para caracterizar como "perversas" al conjunto de las prácticas reales.


 


Freud descubre que los síntomas son la forma de satisfacción sexual de los neuróticos. Y que en tanto tal, los mismos no definen tanto la "desviación" como el carácter "esencial" de la sexualidad humana: la satisfacción sexual, en los seres parlantes, es autoerótica y parcial.


 


Eso es lo que significa el término pulsión (trieb), tan torpemente traducido muchas veces como instinto.


 


Y este carácter autoerótico y parcial, es decir, pulsional, de la sexualidad humana, se debe justamente al lenguaje.


 


Lo que la condición humana ha perdido, sea por lo que sea (lo que el psicoanálisis descubre es que sería por el lenguaje), es justamente su condición animal, es decir, la legalidad y determinismo del instinto.


 


En otras palabras, lo que guía la conducta humana no es una "saber" biológico heredado genéticamente, sino otros parámetros. En particular, lo que está esencialmente perdido, respecto de la condición animal del instinto, es la fijeza del objeto y de la acción sexual.


 


Al perderse este lazo "natural" y "universal" que define a los "partenaires" de la relación sexual, la sexualidad humana se transforma en un dilema que cada ser humano solo podrá resolver en forma particular (se ha perdido la solución universal). Y en ese sentido, no hay sociedad ni idioma que pudiera devolvernos la armonía del par preestablecido que supone la relación sexual al nivel biológico.


 


Ese es el sentido de las afirmaciones lacanianas tales como "la relación sexual no existe", o "la mujer no existe", etc.


 


Lacan no dice que no existan las mujeres en el sentido vulgar de la palabra. Ni dice que no existan las relaciones sexuales o que la gente no coja. Lo que dice es que no existe la mujer del modo en que una hembra pudiera existir para un macho en el mundo de los animales.


 


¿Puede tomarse ahora dimensión de la idiotez que implica suponer en Lacan un pregonar la abstinencia o resignación sexual, como cree Fougeyrollas?


 


¿Puede comprenderse ahora cómo los desarrollos, tanto en Lacan como Freud, están dictados por una preocupación clínica (es decir práctica, materialista)?


 


La fórmula "la relación sexual no existe" forma parte de una conceptualización mucho más consistente de la dimensión de la causa en juego en las neurosis que las afirmaciones doctrinales del tipo "la base real del inconsciente es la explotación del hombre como el hombre", que pueden sonar muy interesantes, o muy "materialistas", pero que hasta ahora han funcionado tan abstractamente como la afirmación de que "Dios existe" (o que "Dios no existe", para el caso, es lo mismo), es decir, en forma puramente ideológica.


 


Lo que el psicoanálisis descubre es que el hombre es el único ser viviente que tropieza dos veces con la misma piedra.


 


El concepto de repetición en Freud, y en Lacan, se deduce de esa situación paradojal (por anti-adaptativa).


 


Y la conclusión que de ahí se extrae es que lo que se pone en juego en dicha repetición, y lo que, por lo tanto, impide la "adaptación", es una "satisfacción". Una satisfacción que se revela ser el meollo de la satisfacción sexual. Es lo que Freud llamaba la satisfacción pulsional, y Lacan llamaba "goce".


 


No es el lugar aquí para desarrollar todos los detalles necesarios para demostrar el carácter sexual del síntoma de las rodillas del paciente anteriormente mencionado.


 


Lo que importa señalar de esto es que el núcleo de la sexualidad humana, como decía antes, es autoerótica.


 


En su goce podríamos decir que el ser humano es "asocial". El caso mas claro, obviamente, es el de las drogas. Generalmente se tiende a atribuir toda la responsabilidad sobre la droga en sí. Pero todos sabemos que es el propio sujeto el que retorna a la droga. La "adicción" no viene dada tanto por la particularidad química de cada droga (sin con esto decir que esto no tenga ninguna importancia) sino porque en torno a ella se concentra este goce autoerótico. Este es el punto fundamental de la "adicción", y por eso mismo, su terapéutica es tan problemática, pues requiere de parte del sujeto una renuncia a cambio de una promesa de sustitutos que no dejan de palidecer ante las posibilidades que ofrece la droga.


 


En otras palabras, lo que quisiera que se entienda es que, lo que se verifica como "esencial", a partir de la clínica, aunque parezca mentira, no es el "amor", los "ideales", sino estos puntos, siempre oscuros y dañinos para cada sujeto, pero donde se concentra lo duro, lo irrenunciable, lo mas material, de su "satisfacción sexual".


 


Evidentemente esto implica pensar en una noción de "satisfacción" muy paradójica y que me parece que nunca ha formado parte del campo conceptual del marxismo.


 


Para el marxismo, la satisfacción siempre ha sido pensada en relación a la insatisfacción de las llamadas "necesidades".


 


El punto es qué debemos entender por dichas "necesidades".


 


El hambre de millones de seres humanos en el planeta es obviamente una exigencia perentoria. Pero de ello no deberíamos deducir que ese sea el único nivel al que se puede plantear el problema de la alimentación en la condición humana. Sino no podríamos comprender la huelga de hambre que llevó a la muerte a Boby Sand y otra decena de presos del IRA, hace unos 15 años, aunque mas no sea para retomar un tema tratado recientemente en el cine (ver la película "Madres en lucha").


 


Es cierto que los que se mueren de hambre son millones, y los Boby Sand son muchos menos. Pero lo que el caso de Boby Sand ilustra es que la "necesidad" política en ese caso, era mas importante que la necesidad de comer.


 


Demás está decir que hay muchos otros casos que también se dejan morir de hambre porque hay otra "necesidad" prioritaria para ellos, sin que sea forzosamente la política. Es el caso de las anoréxicas, por ejemplo, las cuales plantean grandes problemas clínicos.


 


Alguno podría insistir en que son pocos casos comparados con las situaciones de hambruna de Africa.


 


Pero, precisamente, lo que el psicoanálisis ha aprendido, es a sacar enseñanzas del caso particular. Lo que ha aprendido es que el caso particular, muchas veces, dice mucho mas que las estadísticas sobre ciertos aspectos de la condición humana.


 


Para el psicoanálisis no habría solución por la vía de una síntesis ideal a la supuesta dialéctica naturaleza sociedad. La naturaleza, al menos en tanto comportamiento y conducta sexual predeterminada en forma biológica, está perdida.


 


 


 


Un debate necesario


 


A falta de interlocutores marxistas, los psicoanalistas suelen desbordarse en análisis sociológicos en dónde la transposición de esta perspectiva pesimista solo puede conducir a posiciones políticas reaccionarias.


 


Es lo que ocurre con muchas de las corrientes lacanianas que, luego de haber criticado en los postfreudianos la adaptación del sujeto a la sociedad terminan pregonando una nueva adaptación: la adaptación a la falta de adaptación, es decir, una resignación que nos reconduce desde el imposible estructural a las impotencias de la existencia social, aunque ahora amparados en la institución "analítica", es decir, el club de los resignados, que se ofrece como solución política.


 


En ese sentido, los planteos que hay en el seno de la AMP y de otros grupos lacanianos, acerca de que el "discurso capitalista" permitiría una conexión directa del sujeto $ con el objeto a no dejan de ser, amén de forzamientos a mi juicio improcedentes respecto del texto de Lacan (puesto que requieren replantear completamente toda la estructura del discurso), planteos políticamente reaccionarios, en la medida en que plantean, por un lado que el capitalismo habría finalmente dado una respuesta al problema de la "satisfacción", y por el otro que habría una "satisfacción" que sería "mejor" que las otras, que sería la que permitiría nuclear a la elite que constituirían los analizados (el "afecto societatis" pregonado por Miller; ver artículo en Internet).


 


En ese sentido, la desconfianza que en general reina en la izquierda respecto de los planteos lacanianos no deja de tener un costado válido. Pero una cosa es no dejarse vender pescado podrido y otra cosa es decir que los peces son están todos podridos.


 


Los psicoanalistas deberían comprender que la transposición de los matemas deducidos a partir del diván sobre el conjunto de la sociedad, como conjunto, solo conduce a una metafísica políticamente reaccionaria


 


Pero los marxistas también deberían comprender que no hay planteo revolucionario, ni militancia alguna, que vaya a resolver los conflictos de cada sujeto con su goce. Y que tampoco hay condición de clase que vaya a eximirnos de dicho conflicto.


 


Eso no quiere decir que no haya correlaciones para hacer entre lo social y lo individual.


 


Es un hecho que revienta los ojos que las instituciones "mentales", sean los hospitales psiquiátricos, los institutos de menores, etc., están siempre pobladas por sectores sociales pobres.


 


Es un hecho, subrayado por el propio Lacan una y otra vez, el carácter histórico del psicoanálisis.


 


Hay muchos elementos que plantean que tanto a psicoanalistas como marxistas les convendría escucharse mutuamente.


 


Esto significa: cuando uno no sabe, no conviene abrir la boca mas que en la medida en que lo requiera el hacer preguntas.


 


Creo que si tenemos presentes las "condiciones" de borde que he ido dibujando, un diálogo fructífero podría entablarse.