La crisis de Kosovo: ¡Unicamente una solución internacionalista!

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1. La esperada explosión en Kosovo ha tenido lugar y se está transformando en una guerra en gran escala. La ofensiva del ejército y las fuerzas policiales de Serbia en Drenitsa y en los pueblos de la frontera de Albania con Yugoslavia, que se supone ofrecen refugio al Ejército de Liberación de Kosovo, transforma el área en un territorio devastado étnicamente limpio. Los ancianos, los niños y las mujeres son nuevamente las principales víctimas. 107.000 personas, en su mayoría de la etnia albanesa de acuerdo con cifras de la agencia de la ONU para los refugiados han sido desplazadas dentro de Kosovo y 43.000 más han huido a Albania y Montenegro. Otros 20.000 civiles, de la etnia serbia, han escapado hacia el norte, más al interior de Serbia.


 


Estados Unidos amenaza con una intervención militar de la OTAN. La OTAN ha realizado preparativos y ejercicios militares en toda el área desde Albania a la ex-república yugoslava de Macedonia. Otro ejercicio militar de la OTAN, en Albania, está programado para fines de agosto. Todas las bases imperialistas en los países vecinos están en alerta roja constante. Junto a los preparativos militares se desarrolla una intensa acción secreta de la diplomacia por parte de los enviados de Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN, en Belgrado, Pristina, Tirana, Skopja, Atenas.


 


Todo el mundo, incluso los imperialistas, saben que Kosovo no es Bosnia; que la guerra no puede ser confinada dentro de las viejas fronteras de Yugoslavia sino que tiene una tendencia imparable a desbordarse a los otros países balcánicos, envueltos por una vía u otra en el conflicto y en el violento rediseño de las fronteras de los Estados. La perspectiva catastrófica de una guerra de conjunto en los Balcanes está frente a nosotros.


 


La cuestión de Kosovo, en su esencia, no puede ser un conflicto limitado entre los albano-kosovares en lucha por sus derechos nacionales y sus opresores serbios, el régimen burocrático, restauracionista y nacionalista de Milosevic. Es la violenta manifestación por excelencia de la históricamente irresuelta cuestión balcánica. Como tal, tiene que ser confrontada y resuelta no desde arriba, por el imperialismo y las élites naciones de la zona, sino desde abajo, por las masas populares y por la clase obrera y los marxistas revolucionarios en los Balcanes, en Europa e internacionalmente. No puede haber ninguna solución nacional o nacionalista; sólo puede haber una solución internacional e internacionalista, en la lucha por la perspectiva que vislumbraron todos los revolucionarios de los Balcanes de los últimos 150 años: el establecimiento de una Federación de pueblos libres e iguales de los Balcanes, sobre una base socialista. La tragedia yugoslava no canceló esta necesidad histórica; le ha dado incluso mayor urgencia.


 


2. La espiral de la desintegración de Yugoslavia ha dado ahora, aparentemente, una vuelta completa: ha retornado a lo que fue su punto de partida, Kosovo. Fue ciertamente la liquidación de la autonomía de la provincia kosovar por parte de Milosevic, en 1989, jugando la carta del nacionalismo serbio en su lucha por el poder en la Yugoslavia post-titoísta, la que sacó al demonio nacionalista de la botella.


 


Aunque más tarde la propaganda imperialista y los medios de comunicación de EE.UU. y Europa demonizaron a Milosevic, en el período inicial, tuvo el apoyo de Washington y el FMI para volcar a la Yugoslavia en crisis hacia la economía de mercado.


 


En esa época, la estrategia del imperialismo norteamericano para Yugoslavia (así como para la URSS de Gorbachov) era mantener su integridad como un Estado Federal, para controlar centralizadamente el proceso de una transición restauracionista al capitalismo.


 


El rol del propio FMI fue crucial en el desenvolvimiento de la tragedia yugoslava. Con sus medidas draconianas impuestas a una economía desigualmente desarrollada, sobreendeudada, estancada, y mal manejada por burocracias descentralizadas con intereses enfrentados, alimentó todas las tendencias centrífugas y las contradicciones entre las repúblicas más prósperas y las más pobres de la Federación.


 


Milosevic hizo el trabajo sucio del FMI de imponer esas medidas, primero en Kosovo, encendiendo un descontento social de masas en la población albanesa y una ola de huelgas mineras con ocupación de los socavones. La represión de los albaneses (que forman una mayoría del 90 por ciento de la población de Kosovo) fue el preludio de la pesadilla en ciernes en Eslovenia, Bosnia y Krajina.


 


3. Pero la desintegración de Yugoslavia no podía ser y no fue un fenómeno regional aislado, una erupción del atraso balcánico tradicional (de acuerdo con los comentarios racistas de los medios occidentales); menos aún la tarea demoníaca de un dictador único con base en Belgrado. Explicaciones de este tipo demuestran tanto la ceguera y la estupidez política como las posiciones de los apologistas voluntarios o involuntarios del imperialismo.


 


La desintegración de Yugoslavia fue obviamente parte de la desintegración del stalinismo mundial y sus regímenes burocráticos, bajo el impacto de la crisis mundial del capitalismo sobre sus exacerbadas contradicciones internas. El colapso del así llamado socialismo realmente existente y la caída del Muro de Berlín significaron también el colapso del orden geopolítico internacional establecido en Yalta, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, mediante la colaboración de clases de la burocracia stalinista con el imperialismo anglo-norteamericano. Esta colaboración no sólo torpedeó la revolución en Europa, y particularmente en Grecia, sino que también impidió el impulso histórico-natural hacia la unificación socialista de los Balcanes manifestada en la guerra revolucionaria de los guerrilleros comunistas de Yugoslavia, Albania y Grecia contra el fascismo (bien documentada en los trabajos y Memorias del famoso general guerrillero yugoslavo Tempo-Svetozar Vukmanovic).


 


La Federación Balcánica fue abortada y las fronteras de los estados nacionales fueron rediseñadas otra vez, de acuerdo no con la voluntad de las naciones y de las nacionalidades oprimidas sino con los pactos y los equilibrios entre el imperialismo y la burocracia stalinista de Moscú. Cuando este equilibrio internacional de la posguerra colapsó, colapsaron también las bases sobre las cuales se establecieron las fronteras nacionales de los Estados balcánicos en todo el período de la Guerra Fría.


 


La cuestión balcánica emergió de nuevo a través de un violento renacimiento de nacionalismos enfrentados, ante todo en la Yugoslavia multinacional. El stalinismo y la burocracia no resolvieron sino que suprimieron por décadas los problemas nacionales los cuales, de cualquier modo, no pueden ser resueltos en los confines del así llamado socialismo en un solo país balcánico atrasado.


 


Ahora que los viejos regímenes han colapsado, las mismas viejas elites burocráticas, virando al mercado capitalista y a los brazos del imperialismo, manipularon conscientemente y movilizaron todos los reclamos nacionales y las úlceras irredentistas en los Balcanes como la mejor manera de promover el proceso de la restauración capitalista y sus intereses económicos en éste.


 


Estas burocracias nunca actuaron o actúan solas. Los poderes imperialistas a los que están íntimamente conectadas fijan las pautas rectoras y el respaldo nacional necesario.


 


Los Balcanes se convierten otra vez en el campo de batalla de intereses y fuerzas capitalistas antagónicas. León Trotsky, durante las Guerras Balcánicas, ya había distinguido los dos aspectos interconectados de la cuestión oriental o balcánica (1): de un lado las relaciones entre las naciones y Estados de la península balcánica; del otro lado, los intereses conflictivos, las intrigas y las intervenciones constantes de los grandes poderes imperialistas. El segundo aspecto, el factor imperialista, es el dominante porque, como Trotsky correctamente escribió en ese temprano período, "la solución de la cuestión puramente balcánica se opone enteramente a los intereses de las dinastías y de las bolsas de valores (…) Los grandes poderes (…) siempre han tenido un interés directo en enfrentar a los pueblos y a los Estados balcánicos unos contra otros y entonces, cuando se han debilitado unos a otros, someterlos a su influencia económica y política" (2).


 


¡Esto fue verdad entonces, y lo es todavía más hoy!


 


Sólo los apologistas pueden no ver el rol jugado por Alemania después de su reunificación en el desmembramiento de la Federación Yugoslava. El Tratado de Maastricht, de 1991, en el que Alemania impuso sus términos a Europa para salvaguardar el codominio franco-alemán, se convirtió en la lápida de la segunda Yugoslavia. El imperialismo alemán, en su avance hacia Europa Central y del Este, necesitaba la destrucción de las conquistas de la revolución yugoslava, una Croacia fuerte como su protectorado y bastión en el área y, consecuentemente, no sólo la desintegración de Yugoslavia sino también una Serbia débil la tradicional antagonista de Croacia.


 


Europa siguió el camino alemán y tiene la responsabilidad principal por el caos subsiguiente. Cuando el imperialismo europeo "un gigante económico, un enano político y un pigmeo militar", de acuerdo a un cínico comentarista probó su total incapacidad para resolver el caos sangriento que había creado, el imperialismo norteamericano entró en acción para promover su engaño en un nuevo orden mundial yanki.


 


4. La intervención de los EE.UU. y las incursiones aéreas de la OTAN contra las posiciones serbias, el embargo contra Serbia y la demonización de Milosevic llevaron a los infames acuerdos de Dayton lo que hubiera sido imposible sin la colaboración del demonizado Milosevic.


 


El EEK (Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia) siempre se opuso, política y prácticamente, a la intervención de los EE.UU., de Europa, de la OTAN (y de Grecia) en Yugoslavia y a los ataques de la OTAN contra los serbios. Era nuestro deber elemental oponernos al imperialismo y defender a una nación pequeña en lucha por repeler los planes imperialistas para destruir toda resistencia, para pulverizar los Balcanes, fragmentándolos en piezas impotentes y recolonizar esta estratégica región. Al mismo tiempo, condenamos todos los nacionalismos balcánicos, incluyendo el nacionalismo serbio y los crímenes de limpieza étnica.


 


Como fue previsto, el nacionalismo serbio finalmente traicionó a su propia nación oprimida. Milosevic abandonó a su suerte a las comunidades serbias de Krajina, Eslovenia y Bosnia y contribuyó a la firma y a la implementación de los acuerdos de Dayton. Pero esto no fue el fin, el final feliz para el imperialismo.


 


El fiasco europeo llevó a la intervención norteamericana y a Dayton. Dayton ahora abre la perspectiva de un fiasco norteamericano.


 


La Bosnia independiente es sólo una ficción, compuesta por dos, tres o cuatro fragmentos hostiles que se llaman a sí mismos repúblicas, totalmente subordinadas, económica y militarmente, a los EE.UU. y la OTAN. Pero la presencia de la OTAN y los norteamericanos no se encuentra para nada segura. Más aún: ¡la insurgencia revolucionaria de Albania en marzo de 1997, que derrocó al régimen derechista de Berisha, mostró como dijo Madeleine Albright, la cabeza del Departamento de Estado "los peligros futuros para toda la región y para Europa entera"!


 


El imperialismo norteamericano necesita ahora, como nunca antes, estabilizar una fuerte presencia militar y un indisputado control político en los Balcanes, el blando bajo vientre de la ex-URSS. La política de los EE.UU. en Kosovo, Yugoslavia y los Balcanes, como un todo, está indisolublemente ligada con la reorganización y la extensión de la OTAN hacia el este, hacia las fronteras de Rusia.


 


La administración Clinton ya no esconde el hecho de que ve la extensión de la OTAN vinculada a los temores norteamericanos a un renacimiento revolucionario en Rusia, a partir de la impasse económica y de la extendida catástrofe social provocada por el proceso restauracionista. Documentos oficiales norteamericanos enfatizan que "La alianza debe estar preparada para otras contingencias, incluyendo la posibilidad de que Rusia pueda abandonar la democracia y retornar a su comportamiento amenazante del período soviético" (3).


 


A medida que el impacto de la crisis asiática en Rusia se hace devastador y las movilizaciones de los mineros rusos marcan un nuevo inicio en la lucha social en la tierra de Octubre, el imperialismo norteamericano descubre que su posición en Bosnia y en el norte de los Balcanes es más que insegura, mientras en el sur de los Balcanes, la revolución albanesa destruyó el Ejército de Albania y, más allá, el conflicto entre Grecia y Turquía puede degenerar en cualquier momento en una conflagración sangrienta, destruyendo todo el flanco oriental de la OTAN.


 


En este contexto, el imperialismo norteamericano escala su intervención para reorganizar todo el sistema de control imperialista en la región, manipulando los conflictos locales y los antagonismos nacionales, provocando los incendios y jugando entonces el rol de bombero…


 


La nueva explosión de la crisis en Kosovo es parte de este desenvolvimiento.


 


5. Dayton tiene sus directos efectos colaterales sobre Kosovo. Su economía informal de contrabando fue golpeada. El impulso privatizador de la burocracia de Belgrado se intensificó y con éste el pillaje de la riqueza minera y otros recursos de la región kosovar en colaboración con compañías capitalistas de Europa, particularmente griegas.


 


Hubo también un flujo limitado de inmigrantes serbios desde Krajina, pero esto no debe ser exagerado ya que el régimen de Belgrado no tiene la voluntad ni los recursos para asentar a un número importante de ellos y, sobre todo, darles trabajo.


 


El deterioro de las condiciones económicas y sociales fue acompañado de un incremento de la discriminación nacional contra los albaneses. El régimen de Milosevic está seriamente debilitado después de Dayton, donde sus credenciales nacionales fueron mancilladas. Amenazado por las movilizaciones opositoras de 1996 así como por el conflicto con la nueva dirección de Montenegro su único socio en la nueva Yugoslavia, Milosevic integró al gobierno de Belgrado a los ultranacionalistas del fascista Seselj. La sobrevivencia política de Milosevic depende de su capacidad para mantener a Kosovo, con todo el peso que esto tiene en la ideología nacionalista serbia, bajo control de Serbia. El empeoramiento de las condiciones de los albaneses en Kosovo, sumado a la explosión revolucionaria en la misma Albania y al flujo hacia Kosovo de aproximadamente el 30 por ciento de las armas tomadas del disuelto ejército albanés, tuvo como resultado el debilitamiento de la dirección política conciliadora del proimperialista Rugova y el reforzamiento de los grupos armados albaneses que operan bajo el nombre colectivo de "Ejército de Liberación de Kosovo" (UCK).


 


En realidad, el UCK está formado por tres componentes principales, separados e incluso antagónicos: el UCK del autoexiliado en Bonn primer ministro de la república de Kosovo, Bouyard Boukosi; el UCK de Drenitsa conducido por ex-oficiales albaneses del ejército yugoslavo que lucharon en Bosnia y Croacia; y el UCK de Fatos Nano, es decir, el grupo controlado por el actual gobierno de Tirana.


 


El UCK de Drenitsa es el más numeroso y combativo, pero carece de dirección política, especialmente después del asesinato de sus dos principales líderes, los hermanos Yasari. (La más reciente ofensiva del ejército serbio tiene como su principal objetivo el UCK en Drenitsa).


 


Las relaciones entre los tres grupos armados están lejos de ser armoniosas y algunas personas en Kosovo están atemorizadas por la perspectiva de una libanización futura de la región, una guerra civil entre las milicias albanas.


 


La situación se presenta aún más confusa con el involucramiento de voluntarios de… Arabia Saudita, Egipto y otros centros fundamentalistas islámicos con conexiones bien conocidas con la CIA.


 


6. El imperialismo norteamericano apoya abiertamente al UCK, especialmente desde el inicio de las hostilidades en marzo de 1998. Los medios de comunicación norteamericanos publicitaron continuamente su papel. El punto más alto, por lejos, de esta publicitada campaña fue la visita oficial de Richard Holbrook, el enviado de los EE.UU., a los cuarteles centrales secretos del Ejército de Liberación de Kosovo, ¡con su foto, que lo muestra sentado y hablando con las guerrillas, divulgada por todo el mundo! (¿Puede imaginarse una foto similar de representantes oficiales de los EE.UU. con los zapatistas, o las guerrillas de Colombia o de las Filipinas?).


 


Por el momento, los EE.UU., y particularmente la misión Holbrook, tuvieron éxito en promover al UCK como parte integrante de la delegación albanesa para las futuras negociaciones sobre el destino de Kosovo. La propuesta de Holbrook es hacer de Kosovo una República Federal en el cuadro de la nueva Federación Yugoslava. El régimen de Milosevic parece estar dispuesto a considerar un desarrollo de este tipo: el primer ministro Milutinovic visitó Pristina para discutir un plan de autogobierno de Kosovo; la cuestión de si este autogobierno será ejercido en el marco de la república serbia o en el de la Federación Yugoslava se mantiene abierta. Algunos líderes kosovares ven este plan favorablemente y al autogobierno como un primer paso hacia la independencia de Kosovo.


 


La última ofensiva militar serbia coincide con estas maniobras diplomáticas: la cuestión es quién ejercerá un control mayor sobre el territorio de Kosovo cuando ambas partes comiencen las negociaciones sobre el autogobierno o, incluso, la partición (con la región de Metohi uniéndose a Serbia).


 


El ala más radical y activa del UCK tiene la estrategia de escalar el conflicto hasta el punto en que una intervención directa de los EE.UU. y la OTAN se haga cierta. Por esta vía, creen que la independencia de Kosovo puede ser alcanzada de hecho o de derecho. En esta ala radical hay muchos partidarios de la idea de una Gran Albania, uniendo a la población de Albania, de Kosovo y de Macedonia occidental (la región de Tetovo).


 


Comparten las mismas ilusiones reaccionarias del Belli Kombatar durante la Segunda Guerra Mundial, que colabó con las fuerzas de ocupación del imperialismo fascista italiano. Los fascistas italianos ordenaron la unificación de Kosovo con Albania, ¡pero esa Gran Albania no fue más que una colonia italiana!


 


7. Indudablemente, los derechos nacionales de los oprimidos albaneses de Kosovo tienen que ser defendidos contra la discriminación serbia y la limpieza étnica. Pero la cuestión que está planteada es: ¿pueden esos derechos ser defendidos colaborando con el imperialismo y ayudándolo a fragmentar los Balcanes en miles de mini-Estados impotentes con una sombra de independencia, cuando en realidad son colonias? Esto no es una defensa del derecho a la autodeterminación nacional. Esta es la ruta más segura para la destrucción de esos derechos.


 


Varios grupos de izquierda en Europa occidental y América (incluyendo a muchos que se llaman trotskistas), en el período posterior a 1989/91, de ultra pesimismo y confusión que siguió al colapso de la URSS, apoyaron la intervención imperialista en Bosnia, haciendo una parodia de la posición de Lenin sobre el derecho a la autodeterminación nacional. Algunos de ellos, lo siguen repitiendo hoy, ¡identifican al UCK con los combatientes por la liberación nacional en el Tercer Mundo!


 


Nosotros no podemos defender los derechos nacionales de los albano-kosovares capitulando ante el imperialismo; como no podemos luchar contra el imperialismo encubriendo a Milosevic y la opresión nacional serbia.


 


La línea estratégica de los marxistas tiene que ser la que diseñaron Trotsky y los primeros Congresos de la Internacional Comunista.


 


"La única vía para salir del caos y la sangrienta confusión de Estados y naciones en la vida de los Balcanes es la unión de todos los pueblos de la península en una única entidad económica y política, sobre la base de la autonomía nacional de todas sus partes constituyentes (…).


 


"La unidad estatal de la península balcánica puede ser alcanzada por dos vías: o desde arriba, por medio de la expansión de un Estado balcánico, el que se pruebe como más fuerte a expensas de los más débiles éste es el camino de las guerras de exterminio y de la opresión de las naciones débiles, el camino que consolida las monarquías y el militarismo; o desde abajo, a través de la unión de los propios pueblos éste es el camino de la revolución, el camino que significa derrocar a las dinastías balcánicas y desplegar la bandera de una república Federal de los Balcanes.


 


"… la tarea de crear las condiciones normales para la existencia nacional y estatal en los Balcanes cae con todo su peso histórico sobre los hombros del proletariado balcánico" (4).


 


La verdad de esta tesis fue probada históricamente una y otra vez, particularmente en la revolución balcánica, que se desarrolló a través de la resistencia de masas contra el fascismo en los años 40 y que fue traicionada por el stalinismo, así como por las tragedias que siguieron a la desintegración del stalinismo.


 


Después del colapso del stalinismo, una sola corriente política y un solo programa han pasado la prueba de la historia: el movimiento revolucionario formado por Trotsky.


 


La refundación de la IVª Internacional puede dar un punto de referencia y un eje de reagrupamiento para todos los elementos de vanguardia del movimiento obrero en los Balcanes. Será un importante paso adelante en la lucha contra el imperialismo, la guerra y el nacionalismo, por la Federación Socialista de los Balcanes y los Estados Unidos Socialistas de Europa.


 


¡Libertad a Kosovo y a todos los pueblos y minorías oprimidos de los Balcanes!


 


¡Abajo todos los chauvinismos!


 


¡Fuera los imperialistas de EE.UU., la Unión Europea y la OTAN de los Balcanes!


 


¡Por una Federación Socialista de los Balcanes!


 


¡Refundemos la IVª Internacional!


 


Atenas, 31 de julio de 1998.


 


 


 


 


Notas:


 


1. Ver León Trotsky, The Balkan Wars,1912/13, Monad Press, 1980, págs. 38/41.


2. León Trotsky, Op. Cit., págs. 38/39.


3. "The Debate over NATO Expansion"; en Arms Control Today, Washington, vol. 27, Nº 6, Septiembre 1997, pág. 3.


4. León Trotsky, Op. Cit., págs. 39/40

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