Como vimos en artículos anteriores, tras la postración de Lenin a fines de 1922 se abre una terrible batalla por la sucesión de mando, que se volverá más encarnizada con el fallecimiento del indiscutido líder partidario. Congresos y conferencias amañadas, desplazamientos de voces críticas, y todo tipo de acción faccional permitieron a la troika (camarilla dirigente conformada por Stalin, Zinoviev y Kamenev) ponerse al frente del partido. Trotsky, quien tenía todos los atributos, el liderazgo y la popularidad necesaria para suceder a Lenin, será el blanco de la troika en una primera instancia. Atenuada la voz crítica de los trotskistas, la propia camarilla se deshizo en una lucha por el liderazgo.
Para mediados de 1925, con el triunvirato fortalecido por su victoriosa campaña antitrotskista, Stalin dejó en claro que no estaba dispuesto a compartir el poder, ni mucho menos poner en discusión el rumbo que iba a tomar la Unión Soviética. No sólo se autopercibía como el mejor intérprete que podía tener la etapa termidoriana, contrarrevolucionaria, sino que era consciente que para llevar adelante su tarea no podían existir ni oposiciones ni voces discordantes. La burocracia estatal se alineó con Stalin, reconociendo en él al mejor conductor, quien con mano de hierro podría controlar el disenso y emprender los virajes que resultaran necesarios de cara a sus intereses.
Zinoviev, principal vocero y organizador de la razzia antitrotskista desde 1923 a 1925, tenía apetito de poder y se postulaba en la sucesión a Lenin. Al frente del Ejecutivo de la Internacional Comunista, se arrogaba ser el continuador del “leninismo”, dirigiendo la “bolchevización” de los partidos europeos: extirpación del trotskismo y las oposiciones de las organizaciones extranjeras. Su aliado, Kamenev, con notable peso en la dirección moscovita, hizo aportes decisivos en la organización de la difamación y desacreditación de Trotsky. Juntos, compartieron orientación sobre los aspectos decisivos de la política partidaria, sellando aún más su alianza en la necesidad de enfrentar a Stalin. Sin embargo, el poder no es un cálculo matemático: dos no resultó ser más que uno, siendo el poder de Stalin superior al de sus contrincantes.
Zinoviev y Kamenev lo aventajaban en el terreno político, teórico e incluso en su vinculación con la clase obrera rusa, mientras que Stalin contaba con un punto de apoyo mucho más firme. El georgiano dirigía y conocía a la perfección una amplia estructura partidaria: el aparato, a esta altura completamente asimilado a los intereses de la emergente burocracia estatal. Por aquel entonces Stalin solía exponer a otros a batallas que no quería dar personalmente, mientras sus contendientes quedaban expuestos como divisionistas o elementos nocivos a la unidad partidaria.
Bien, a sabiendas del desenlace favorable a Stalin y las profundas razones sociales que le permitieron imponerse, detengámonos a estudiar cómo surgió y se desarrolló este enfrentamiento al interior de la troika durante 1925, el lugar que jugaron los comités regionales y sus conferencias. En un siguiente artículo analizaremos el XIV congreso como escenario de desenlace de la ruptura en el triunvirato, el nacimiento de una nueva oposición y el comportamiento de Trotsky durante esta etapa.
Dos antecedentes rupturistas en la troika
Previo a la discusión de las conferencias regionales y el congreso que se dio en diciembre de 1925 entre los miembros de la troika, sumando a Bujarin como una voz de peso, existieron una serie de roces y fricciones en el seno de la camarilla gobernante. Estas discusiones, vale decir, se dieron tras las derrotas que sufrió Trotsky y la Oposición en los dos congresos anteriores y la consolidación del triunvirato como alianza dirigente del partido y la URSS.
El primer punto de debate giró en torno al pedido de expulsión de Trotsky del partido, impulsado por Zinoviev y Kamenev contra la opinión de Stalin y la mayoría de la dirección. Para enero de 1925, Zinoviev y Kamenev eran los mayores portavoces del antitrotskismo. Ambos habían encabezado la campaña en las distintas organizaciones, que no sólo tomaron como verdades las difamaciones sobre Trotsky, sino que también reclamaban su expulsión del partido. Entre ellas estaba la organización de Petrogrado (ciudad recientemente denominada Leningrado), que aún reunía la mayor población obrera del país, y por otro lado, el antitrotskismo que se había impuesto tras años de difamaciones dentro de la Komsomol, órgano que agrupaba a las juventudes comunistas. La campaña, en sus términos difamatorios y contrarrevolucionarios, había sido tan exitosa que logró retroalimentarse entre los dirigentes y los militantes educados en el odio al trotskismo, reclamando medidas punitivas contra los opositores como una muestra de «leninismo», disciplina y fidelidad al partido.
Ambos dirigentes habían llegado al máximo de su enemistad política con Trotsky, al publicar este las Lecciones de Octubre, donde se señalaban los posicionamientos contrarios a la insurrección de octubre de Zinoviev y Kamenev en las vísperas de la revolución de 1917. El tímido apoyo de Stalin a sus compañeros de troika a lo largo del debate a diez años de la revolución, desapareció y se volvió un instrumento de acusación del propio georgiano, quien no era apuntado en la obra de Trotsky en los mismos términos de Zinoviev y Kamenev.
Fue así que en una reunión conjunta del CC (Comité Central) y el CCC (Comité Central de Control), se rechazó la propuesta de expulsión partidaria que Zinoviev y Kamenev llevaron a la mesa de dirección en nombre de distintas organizaciones del partido. El rechazo de Stalin, implicó su reformulación, pasando los mocionantes a exigir ahora la expulsión de Trotsky del Politburó y del CC, es decir de los principales puestos de mando del partido. Nuevamente fue rechazada por decisión de Stalin, quien en ese momento ya reunía a la mayoría de los miembros de la dirección, contando entre ellos con las fuertes figuras de Bujarin, Kalinin, Voroshílov y Ordzhonikidze. La propuesta de Stalin se orientó a despojar a Trotsky del máximo cargo estatal en el que éste se encontraba, el Consejo Militar Revolucionario, mientras que se lo mantendría dentro de la dirección partidaria. El CC confirmó esta propuesta, que terminó siendo acompañada por Zinoviev y Kamenev.
Si bien su presencia en el Politburó no dejaba de tener cierto carácter testimonial, ya que la troika se venía reuniendo clandestinamente a espaldas de Trotsky, por el momento Stalin no estaba de acuerdo con su expulsión y, sin sonrojarse, acusaba a Zinoviev de llevar adelante el “método de la amputación, el método de la sangría.” (Deutscher, El profeta desarmado, Pág. 228) Zinoviev era quien interpretaba en 1924-1925 la política más antitrotskista entre los miembros de la dirección, sin guardar ningún reparo en público, mientras que Stalin atacaba a Trotsky apelando a cierto cálculo político. No era menos enemigo de Trotsky que el resto de la troika, al contrario: era la mayor antítesis que pudiera existir en el seno del partido, sin embargo prefería impulsar un planteo más moderado, pensando más en la consolidación de su liderazgo al frente del partido y el Estado que el lugar a designar a una Oposición por aquel entonces muy debilitada. Al mismo tiempo, la expulsión de Trotsky en ese momento, aún estando éste en una posición de debilidad, generaba el temor de desatar en el partido una lucha que no pudiera controlar. No era este el momento de expulsarlo, sino más bien de reducirlo a su mínima expresión y apelar al autodisciplinamiento del ex jefe del Ejército Rojo.
Finalmente, Trotsky fue desplazado a un puesto de menor jerarquía. Se lo designó como miembro del Consejo de Economía Nacional, bajo el mando del mucho menos capacitado Dzerzhinsky. Si bien esta designación no dejaba de ser una humillación, Trotsky tomó con esmero las tareas que se desprendían de los tres organismos que se encargó de presidir: el Comité de Concesiones, la dirección de Desarrollo Electrónico y la comisión Industrial Tecnológica. En cada uno de ellos, sobre todo en la comisión industrial supo desempeñar una gran tarea, atravesada con polémicas teóricas y políticas sobre la industrialización y el desarrollo económico soviético.
Por otro lado, el otro gran antecedente de choques entre Stalin y el resto de la troika se dará en el terreno internacional. Zinoviev chocará con Stalin en torno a la política electoral del Partido Comunista Alemán (KPD) meses antes del debate del XIV congreso. Mientras el georgiano apoyaba la candidatura de su futuro lugarteniente Ernst Thalmann y la orientación electoral de presentarse el KPD en soledad en las elecciones presidenciales del Reich para marzo de 1925, Zinoviev acompañó a Ruth Fischer y Arkadi Maslow en la política de conformar una alianza electoral con los socialdemócratas. Estos últimos no sólo son derrotados, sino que serán desplazados de la dirección del KPD meses después.
Será un fuerte golpe para Zinoviev, que como referente indiscutido de la Internacional Comunista verá peligrar su predominio político ante el ascenso de Stalin. Zinoviev, quien se presentaba como el maestro ciruela del leninismo, a menos de dos años del reciente V congreso que lo ubicó en la cima de la organización, verá desplomarse su poder frente a un Stalin con mayor injerencia en cada una de las secciones comunistas de Europa y el mundo. Bujarin será en 1926 el reemplazo stalinista a Zinoviev al frente del Ejecutivo de la Internacional Comunista.
Fue así que en septiembre de 1925 comenzó a gravitar la idea de formar un grupo que se delimitara de Stalin y sus seguidores, así sea constituyéndose de manera informal. Conocido como el “grupo de los cuatro”, estará encabezado por Zinoviev, quien mayores ambiciones de liderazgo guardaba, y un Kamenev ya desplazado de la dirección moscovita. Junto con ellos estaba la voz crítica de Krúpskaia, enfrentada con Stalin desde antes de la muerte de su compañero Lenin, y Sokólnikov, un intelectual derechista, aliado a Kamenev y Zinoviev en la campaña antitrotskista.
Las diferencias sobre el “socialismo en un sólo país” y el “enriquecimiento de los kulaks”
Las diferencias de Zinoviev y Kamenev con Stalin-Bujarin guardaban múltiples explicaciones, reflejando cada uno distintas presiones e intereses políticos. Sin embargo, es cierto que hasta que el ascenso personal de Stalin no se mostró evidente para todo el mundo, la troika supo funcionar aún con resoluciones comunes, siendo ambiguas, imprecisas y por demás contradictorias. En definitiva, la razón de ser de la troika estaba íntimamente vinculada con anular a Trotsky y su amenazante liderazgo. Una vez anulado el trotskismo y la Oposición como principal escollo, se desató la guerra por el liderazgo del partido y el Estado.
Hecha esta aclaración, la parte de la historia que nos ocupa no es una secuencia de simples maniobras y disputas personales por hacerse del poder, sino un enfrentamiento político entre distintas alas de la organización. Las diferencias más profundas en el seno de la troika se presentaron en la segunda mitad de 1925, expresándose en las conferencias provinciales primero y explotando pocos días después al celebrarse el XIV congreso del partido.
Los acuerdos existentes en el triunvirato sobre temas decisivos como el carácter de la revolución y el contenido de clase de la misma, forzados incluso en medio de la campaña antitrotskista, estaban atados con alfileres. Así, la revisión teórica antimarxista planteada meses atrás por Bujarin-Stalin, como respuesta a los planteos permanentistas de Trotsky, que buscaba ser revalidada oficialmente bajo el nombre de “socialismo en un solo país” estuvo en discusión y en una primera oportunidad fue formulada de forma ambivalente, a partir de ciertas resistencias que operaban en la troika.
El debate sobre el «socialismo en un sólo país» continuará una vez culminada la conferencia. La insistencia de Bujarin y la vulgaridad de Stalin en la elaboración, hicieron que Zinoviev y Kamenev pusieran a disposición del partido numerosas citas de Lenin, donde éste negaba la idea del desarrollo socialista en un solo país, valiéndose de la tradición internacionalista bolchevique en franca contradicción con el chauvinismo. Zinoviev no sólo debía discutir el nacionalismo ruso en nombre de la tradición leninista, que él mismo decía representar, sino a partir del lugar de dirección que poseía dentro de la propia Internacional Comunista.
Mientras tanto, la debilidad del argumento de Stalin será bien compensada con el peso del aparato partidario y se apelará así al chauvinismo ruso como una «cuestión de fé». De cara al XIV congreso, ambas partes desarrollarán publicaciones y fuertes polémicas que estallaron en las sesiones plenarias de diciembre, polémica que ya precisamos en https://revistaedm.com/edm-25-03-16/que-fue-el-socialismo-en-un-solo-pais/ .
La otra gran discusión que separó a la troika giraba en torno al problema del campo, más específicamente la relación existente entre el partido y los kulaks, los campesinos acomodados, que entre otras cosas disponían de mano de obra a cargo y podían especular con el precio del trigo.
Si bien en los últimos meses comenzó a divisarse una relativa recuperación económica, lo cierto es que la necesidad de alimentos en la ciudad y los problemas de producción de granos no se habían superado, creándose fuertes tensiones entre el campo y la ciudad. En este contexto de liberalización económica planteada por la NEP, ya no se instrumentaba la requisa de granos ni el pago de grandes tributos, sino que se fomentaba el desarrollo del mercado de trigo como vía de expansión productiva. Bujarin extremó la fórmula nepista planteando “el enriquecimiento” de los kulaks, entendiendo la especulación capitalista de estos sectores como el elemento determinante para el desarrollo y la edificación socialista en Rusia.
En esos términos, Bujarin posponía la lucha de clases en el campo, para apoyar incondicionalmente al sector campesino más próspero. Esta era la “alianza obrero y campesina” que defendía la burocracia al frente del partido. Stalin, defensor en la práctica de la fórmula bujarinista, rechazó y supo condenar (en el momento que consideró oportuno) la “desafortunada expresión” de enriquecer a los kulaks. El secretario general era consciente de los odios que traían consigo los kulaks, no sólo de los campesinos pobres sino también de una clase obrera que aún no salía de la pobreza. Su veneración significaba una enorme impopularidad.
El principal detractor que tuvo Bujarin a todo su plan económico fue el otrora compañero y coautor de ABC del Comunismo, Eugeny Preobrazhensky, quien rechazaba la alianza con los campesinos acomodados como contrapunto al plan industrialista que debía llevarse a cabo. Preobrazhensky defendía la acumulación primitiva socialista que debía impulsarse en el campo para desarrollar la industria, por medio de “cooperativas de productores mecanizadas y organizadas en gran escala” (Deutscher, Pág. 223). Aún con matices, esta crítica a la política en el campo era también sostenida por Trotsky y el resto de la Oposición, lo que les valió la difamación por la troika de llevar adelante una política “anticampesina”. Zinoviev y Kamenev, quienes habían sido los principales difamadores, fueron pocos meses después quienes emprendieron la crítica a la política que llevaba el partido en el campo, en términos similares a los adoptados por los difamados opositores.
Zinoviev y Kamenev impugnaron la orientación de Bujarin como una profunda desviación de la dictadura proletaria. Veremos más adelante el contenido obrero, proveniente de Leningrado, que guardaba esta impugnación. En un cuadro de exageradas veneraciones campesinas, resulta lógico que “la reacción más vigorosa contra el neopopulismo de Bujarin, contra su galanteo al agricultor acomodado y su reconciliación virtual contra el atraso industrial de Rusia, provino de Leningrado.” (Deutscher, Pág. 227) Desde Leningrado se llama a la lucha del campesino pobre contra el rico, sosteniendo que estos últimos eran quienes dirigían el partido en el campo.
Los ataques de Leningrado a Bujarin, y al mismo tiempo a Rikov, evitaban aludir a Stalin. Era algo premeditado por Zinoviev, quien sabía de la audacia del secretario general para alejarse de los “exabruptos” de sus aliados, al mismo tiempo que acompañaba el contenido fundamental de la política económica en el campo.
Leningrado vs. Moscú
Como anticipamos, a la hora de comprender la emergencia y el resquebrajamiento de la troika, sin dudas, debe ser consideraddo el anclaje territorial que tenían sus miembros. Petrogrado, bautizada Leningrado por la propia burocracia, era la moderna ciudad industrial que se había forjado durante el zarismo, conteniendo una mayoritaria militancia proletaria con tradición de lucha sindical y política. Por otro lado estaba Moscú, la gran ciudad que bajo el orden soviético pasó a tener la misma centralidad que en el pasado imperial, al concentrar la mayor cantidad de oficinas gubernamentales y órganos centrales del partido. Mientras que Zinoviev era el indiscutido dirigente de Leningrado, Kamenev tenía una importante influencia sobre Moscú. En medio de la dispersión política de la troika, Uglanov, el lugarteniente de Kamenev en Moscú, comenzó a alinearse con el liderazgo de Stalin, poniendo al partido moscovita tras los intereses del secretario general en el verano de 1925.
La característica central del partido en Leningrado era su combatividad proletaria, esto le valió a su militancia un mayor involucramiento político. Estando en lo correcto o no, la militancia obrera de Petrogrado presentaba posiciones propias y acostumbraba abrir debates frente a la dirección central. Ya sea por las viejas oposiciones ultraizquierdistas que surgieron en tiempos de Lenin, el rechazo a poco de anunciarse la NEP, las resistencias afines a Trotsky que surgieron tras la muerte del líder bolchevique o las críticas a la burocratización partidaria, en Petrogrado históricamente existían posiciones de disenso.
Sin embargo, Zinoviev y la camarilla que respondía a sus posiciones tenía un importante control del partido leningradense, conteniendo y reprimiendo cualquier voz crítica que emergiera durante esta etapa. Fue así que durante todo 1924 y 1925 las posiciones más duras contra Trotsky provinieron precisamente de Leningrado, incluso la resolución de expulsarlo del partido rechazada en el CC. En el debate contra la dirección central, Zinoviev liberaba una potente fuerza militante en favor suyo, y al mismo tiempo debía contener ciertos excesos que sirvieran más al contendiente que a sí mismo.
Fue así que las conferencias regionales realizadas previas al XIV congreso del partido, tuvieron como común denominador las críticas de una dirección regional a otra. En Leningrado se debatían las desviaciones de la dirección central y Moscú, en un tono mucho más elevado que el que pudiera registrarse dentro de las reuniones y mesas de los órganos de dirección tras el verano de 1925. La acusación partía de caracterizar a la dirección moscovita de contener desviaciones pequeñoburguesas, vinculadas con su orientación pro-kulak, encontrando el partido en Leningrado los anticuerpos del proletariado como respaldo revolucionario. Zinoviev da un giro de ciento ochenta grados en su posición, denunciando las desviaciones de Moscú. Como dirá Trotsky: «En su lucha por sobrevivir, los líderes del partido se adaptaran a la conciencia de clase del proletariado de Leningrado.» (E.H.Carr, El Socialismo en un solo país, pág. 69)
Las acusaciones de Leningrado a la dirección moscovita no paraban de crecer, siendo Leningrádskaia Pravda el periódico que oficiaba de tribuna para las críticas y denuncias a la dirección central. En septiembre de 1925, Zalutski, secretario del comité provincial y una figura de relevancia en el partido de Leningrado, acusó a la dirección de estar “creando un Estado burgués, lo que Lenin llamaba el ‘reino de la estrechez de miras campesino’, pero que ellos denominan ‘edificación de socialismo’”, llegando a definir a Stalin-Bujarin como constructores del «Termidor de la revolución». Lejos de retractarse de esta frase expresada oralmente, Zalutski ratificó lo dicho frente al Comité Central de Control. Este organismo exigió al comité provincial la dimisión de Zalutski del puesto de secretario provincial. El buró de Leningrado accedió a esta petición central, en un cuadro de crecimiento del malestar en la militancia local.
En lo fundamental, las críticas a los planteos bujarinistas que llevaba adelante la militancia de Leningrado partían de una gran verdad: Moscú necesitaba dar un golpe definitivo al proletariado ruso y sus tradicionales planteos revolucionarios, reforzando el poder de la burocracia estatal. Es decir, el contenido pro-kulak de Bujarin respondía cruda y circunstancialmente a los intereses de la burocracia estatal, a la que la dirección partidaria estaba asimilada. Desplazados, Zinoviev y Kamenev se apoyaron en la clase obrera como parte de una resistencia general que venía operando en un cuadro de burocratización estatal y partidaria. Una vez más, los planteos hechos por Trotsky dos años atrás en el folleto El Nuevo Curso, fuertemente reprimidos por los dirigentes del proletariado leningradense, adquirían plena vigencia. Sin citas de autoría, fueron retomados por Leningrado contra Moscú.
Dos conferencias que aceleran la ruptura
La Conferencia de Leningrado se inauguró el 30 de noviembre en un clima por demás espeso. Zinoviev ofició de expositor moderado frente a los planteos de otros cuadros, como Sarkis y Safarov, que emitieron duras críticas a la dirección, siendo Bujarin el blanco apuntado por todos. En su informe, Zinoviev se ubicó a “favor del comité central, a favor de una línea leninista única, a favor del leninismo” (Carr, Pág. 128), y si bien a lo largo de la conferencia resaltó las dos grandes desviaciones de la dirección, orientó las resoluciones a un voto de confianza al CC en aras de la «unidad partidaria». Más allá de las resoluciones, la conferencia le servía a Zinoviev para dar muestras de respaldo a su conducción, ya sea en el aval de sus planteos como en el poder personal que ofrecía para la contención de los elementos más radicalizados.
Mientras tanto, Moscú atacaba la falta de disciplina que guardaba la militancia leningradense, acusándolos de divisionistas. La conferencia local se celebró unos días después que la de Leningrado, el 5 de diciembre de 1925. El informe inicial de Rykov tuvo una orientación relativamente similar a la de Zinoviev, por su tono conciliador. Bujarin, en cambio, apuntó sus dardos a Leningrado y a Zinoviev, aunque elogiando al proletariado de aquella regional y haciendo sólo críticas implícitas a su principal oponente personal. Los acusaba de ingenuidad y temor a la hora de llevar adelante una política, y al mismo tiempo les criticaba su “falta de fe” y “pesimismo” en lo que respecta a las reservas que sus críticos guardaban a la edificación estrictamente rusa del socialismo.
Los dardos a Zinoviev contenían imputaciones en torno al rechazo de cualquier dirección unipersonal, ya que entendía que éste quería tomar el lugar de Lenin, el cuál sólo podría ser reemplazado por una «dirección colectiva». Tanto Molotov como Bujarin sostuvieron un tono no sólo provocador sino acusatorio a Leningrado y las críticas que desde allí se venían realizando.
Kamenev ofició como el gran opositor en Moscú, aunque en términos igualmente moderados. Haciendo sólo algunas consideraciones sobre la concepción que Bujarin tenía del capitalismo de estado como concepto diferenciado al defendido por Lenin, Kamenev no desarrolló críticas profundas a la dirección y terminó votando la resolución unitaria propuesta por la burocracia moscovita. La misma resultó contradictoria, si bien Moscú no hacía ninguna mención de Petrogrado y los cuadros críticos de la regional, en la misma se desacreditaban completamente los planteos provenientes de Leningrado, ubicándolos como berrinches ultraizquierdistas.
Moscú votó sus resoluciones el 7 de diciembre, cuando aún no había culminado la conferencia en Leningrado. Las alusiones implícitas, y no tan implícitas, de la conferencia moscovita llegaron a conocimiento de los delegados leningradenses, desatando una serie de incidentes en su propia conferencia. Zinoviev y la mayoría de la regional chocaron con los miembros de la dirección regional alineados con la dirección central: Komarov, Lóbov y Moskvin. Tras el duro debate con la militancia, estos tres dirigentes que respondían a Stalin-Bujarin fueron expulsados de sus puestos de dirección. La conferencia culminó el 10 de diciembre, añadiendo como resolución la publicación de una carta dirigida a Moscú, rechazando los discursos pronunciados contra Leningrado y señalando que esta actitud moscovita amenazaba la unidad partidaria.
El sentido conciliatorio y unitario de las resoluciones de ambas conferencias no dejaba de ser una cortina de humo, ya que el enfrentamiento entre Leningrado y la dirección del partido stalinista-bujarinista no dejaba de escalar. Moscú respondió la carta escrita por Leningrado, y al hacerlo atacó abiertamente la política de Kamenev y Zinoviev, siendo estos dirigentes expresiones de la “falta de fe” en el partido, y acusando explícitamente a este último de arrogarse la continuidad del leninismo. Al mismo tiempo, al faltar pocos días para iniciarse el XIV congreso, el CC resolvió una propuesta a Leningrado que ataba de pies y manos a sus dirigentes. Se censuraba cualquier crítica a la orientación stalinista del CC, negando explícitamente esta posibilidad a los principales cuadros de Leningrado (entre ellos Zinoviev y Kamenev), se exigía el reingreso de los dirigentes que quedaron fuera de la dirección regional días atrás y la intervención de la prensa local, agregando miembros de la dirección central a su comité redactor. La propuesta no era más que una exigencia de capitulación a Leningrado. El comité local la rechazó, consciente de ir a un congreso plagado de ataques y maniobras.
Los pocos días que separaban las conferencias regionales del congreso nacional del partido sirvieron para verificar que Stalin y Bujarin habían logrado alinear a la mayoría de la dirección partidaria, poniendo al partido detrás de su única dirección. Incluso la poderosa juventud agrupada en la Komsomol, pasó de ser un órgano crítico y ligado a los planteos obreros de Leningrado a ser un apéndice de Moscú. La desintegración de la troika se iba a efectuar con la derrota de Zinoviev, arrastrando detrás de sí a toda la dirección de Leningrado, que ya estaba infiltrada por hombres que respondían al secretario general del partido. Como veremos en el próximo artículo, para el XIV congreso la suerte ya estaba echada.
Bibliografía:
Broué, Pierre; “El Partido Bolchevique”, Alternativa, Buenos Aires, 2007.
Carr, Edward Hallet; “El Socialismo en un sólo país (1924-1926). Tomo 2”, Alianza Editorial, Madrid, 1975.
Deutscher, Isaac; “Trotsky. El profeta desarmado”, Era, Madrid, 1985.
Trotsky; ¿Socialismo en un sólo país?, “Stalin, el gran organizador de derrotas”, IPS, Buenos Aires, 2012.
Trotsky; “La Revolución Traicionada”, IPS, Buenos Aires, 2014.
Zinoviev y Stalin; “II. Socialismo en un sólo país. El gran debate 1924-1926”, El Leninismo, Zinoviev; La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos, Stalin; Cuestiones del Leninismo, Stalin; Siglo XXI, Madrid, 2015.