En un relato en primera persona de los 78 días de la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado, su hermano Sergio nos lleva a ver en primer plano cómo se teje la impunidad del poder.
Por momentos agudo, lúcido, emotivo, tierno, angustiante, furioso e impotente, pero siempre digno, sincero, y con una notable capacidad de reflexión auto-crítica, el libro es un aporte fundamental que echa luz a la lucha incansable que Sergio llevó a cabo junto a su compañera, Andrea Antico, la abogada, Verónica Heredia, su familia y distintas organizaciones y personas por la aparición con vida de Santiago y por una investigación objetiva que clarifique lo que sucedió el 1° de agosto de 2017 en el marco de la represión de Gendarmería a un corte de ruta de integrantes de la comunidad mapuche en Chubut. El libro nos clarifica con detalles irrebatibles que se trató de una desaparición forzada seguida de muerte.
El texto es también un testimonio personal que expone el dolor de una familia que, sin experiencia en la lucha política ni recursos, debió resistir un escenario para el cual nadie está preparado. Porque, justamente, al tratarse de un crimen de Estado, todos los recursos del poder fueron puestos a disposición del encubrimiento y la impunidad, llegando incluso a sospechar de la víctima y su familia. Sergio tuvo que dejar de ser la persona sencilla, dedicada a su trabajo, a sus emprendimientos y a su familia, y convertirse -sin pretender serlo- en el referente de una lucha que tuvo en jaque al poder político durante meses, y que fue blanco de ataques violentos y sistemáticos por parte del gobierno nacional y todo el aparato comunicacional del macrismo en medios tradicionales y redes sociales.
La obra al mismo tiempo es un alegato contra la impunidad de las fuerzas represivas del Estado en general y contra funcionarios que mantienen una continuidad en sucesivos gobiernos antiobreros. No se nos puede escapar que la misma Patricia Bullrich que fue responsable del operativo que asesinó a Santiago Maldonado y que encubrió las pruebas ha sido una de las espadas del actual gobierno en su ataque sistemático a las organizaciones obreras, de la izquierda y los explotados y de las elementales libertades democráticas como el derecho a manifestar, atacado desde el primer día del gobierno de Milei, con el ilegal “protocolo anti-piquetes” del cual la misma Bullrich fue abanderada.
La obra pone de relieve, además, la potencia organizativa y de lucha de múltiples organismos de DDHH, partidos políticos, sindicatos, agrupaciones, movimientos sociales, personalidades de la cultura y la ciencia, profesionales, trabajadores, jóvenes y sectores medios de la sociedad, que llevaron a cabo movilizaciones masivas en CABA y en las principales plazas del país. Incluso en la propia ciudad de 25 de Mayo se vivieron marchas históricas por su trascendencia El pueblo argentino mostró, una vez más, la enorme reacción contra la violación a los Derechos Humanos por parte del Estado, tal como ocurrió en mayo de 2017 cuando una multitud movilizada frenó el intento de la Corte Suprema de premiar con el 2×1 a los genocidas presos.
El libro -que cuenta con los prólogos de Pedro Saborido, Ana María Careaga y Alejandro Bercovich, y un anexo sumamente rico en datos de la causa a cargo de Ariel Pennisi- está estructurado en dos partes.
La primera, lleva por título “La persona que amas puede desaparecer”, ese verso emblemático de “Los dinosaurios” de Charly García. Es una cronología del día a día de cada una de las innumerables decisiones, respuestas, preguntas, declaraciones, viajes, reuniones, presentaciones judiciales, que debieron hacer Sergio Maldonado, Andrea Antico, la abogada Verónica Heredia, y muchas personas que participaron activamente de la búsqueda de Santiago bajo la hipótesis de desaparición forzada.
La segunda parte es un retrato de 25 de Mayo (la ciudad del interior bonaerense donde nacieron y crecieron los Maldonado), de la infancia y adolescencia de Sergio, sus primeros años y la adolescencia de Santiago y de la familia. Un primer plano sensible y necesario, que resulta -aún sin proponérselo- un desmentido rotundo a la campaña injuriosa, con Patricia Bullrich (entonces ministra de Seguridad) a la cabeza, que intentaba mostrar a Santiago como un terrorista y sembrar intrigas contra la familia Maldonado. Nos muestra, en cambio, una familia de laburantes en un pueblo chico, a un pibe de barrio con inquietudes políticas y filosóficas que hace de su ideología una forma de vida, una militancia a partir de su propia experiencia vital.
Cronología de una lucha
La propia elección de la abogada nos hace ver a Sergio Maldonado en un camino acertado. Verónica Heredia es una abogada especializada en Derechos Humanos, defensora de víctimas de violencia institucional y desaparición forzada en democracia. El mismo 2 de agosto de 2017, cuando escuchó por primera vez sobre Santiago Maldonado, Verónica Heredia elaboró un habeas corpus para que pudiera presentar su hermano.
Lo que sobresale desde la primera reunión que tiene Sergio Maldonado con el juez a cargo de la causa, Guido Otranto, y la fiscal, Silvina Ávila, es que la justicia juega a la defensa de la Gendarmería, a punto tal que Sergio confunde a la fiscal (que debería investigar a los gendarmes que actuaron ese día) con una abogada de la fuerza que reprimió el 1° de agosto de 2017 donde se encontraba Santiago.
El mismo juez Otranto fue quien emitió la orden judicial para desalojar la ruta y solicitó el accionar de fuerzas federales. Pablo Noceti, quien era jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad conducido por Patricia Bullrich, se reunió entre el 30 de julio y el 1° de agosto en Bariloche con los ministros de Seguridad de Chubut, Río Negro y Neuquén, y el 1° de agosto con el propio juez Otranto, en una propiedad de Benetton en la zona de la represión. El personal judicial, político y represivo que llevó a cabo la represión que incluyó la desaparición seguida de muerte de un manifestante en Resistencia Cushamen, provincia de Chubut, estuvo a cargo de la investigación Contó desde el minuto cero con todos los instrumentos para ocultar o destruir pruebas, desviar o retrasar la investigación y lograr la impunidad. Una de las primeras batallas que tomó la querella de Sergio Maldonado fue recusar al juez. Rodearse del acompañamiento de organismos de Derechos Humanos y organizaciones solidarias con la búsqueda de Santiago y de señalar las responsabilidades políticas del gobierno nacional, fue otra de las decisiones trascendentales que tomó la familia Maldonado.
Ya el 3 de agosto, Sergio se hizo presente en la Pu Lof Resistencia Cushamen, donde había estado Santiago y sacó una serie de conclusiones muy precisas de lo que había sucedido, luego de entrar en contacto con la comunidad mapuche de la zona, entre otros, con Soraya Maicoño y Andrea Mallañanco, compañera de Facundo Jones Huala. “El 31 de julio y el 1° de agosto las fuerzas de seguridad habían desatado represiones en la Pu Lof, un territorio recuperado por la comunidad mapuche de las tierras que desde la década de 1990 manejaba la Compañía de Tierras del Sud Argentino del magnate italiano Carlo Benetton. El 30 de julio también había habido una represión en Bariloche. No era la primera vez, en 2016 y 2017 la policía y la empresa, que actuaban mancomunadamente, ya habían protagonizado operativos violentos contra la comunidad mapuche” (Maldonado, 2025, p. 25). Este es el contexto de la represión que sufrió Santiago.
Inevitablemente, la lucha por la aparición con vida de Santiago Maldonado chocó con el régimen político en su conjunto. Por eso, la movilización popular y una campaña extensa a lo largo y ancho del país, que tomó la forma del agudo interrogante “¿Dónde está Santiago Maldonado?”, fue central para empezar a desarmar el operativo de encubrimiento. Esa campaña provocó una crisis política en el gobierno macrista a pocos meses de las elecciones de medio término. El rostro de Santiago y esa pregunta, “¿Dónde está?”, se reprodujo en carteles, muros, pizarrones de escuelas y facultades, canchas, recitales; se convirtió en bandera; alteró el debate público preelectoral y le impuso al gobierno una agenda en la que quedaba a la defensiva.
Cómo reprimir, desaparecer, plantar un cuerpo y borrar evidencias
Uno de los aportes que hacen imprescindible al libro es la precisión en describir cómo sucedieron los hechos.
El 1° de agosto un grupo de personas de comunidades mapuches cortó la ruta en reclamo por tierras ancestrales en el marco de un conflicto en permanente tensión con la policía de Chubut y el terrateniente Benetton. Allí estaba Santiago Maldonado para apoyar la lucha mapuche. La represión fue ordenada por el juez Otranto y contó con alrededor de un centenar de uniformados de la Gendarmería, bajo la conducción política de Noceti -que se encontraba en la zona- y Bullrich -que hacía de vocera pública para dar cobertura política al accionar salvaje de las fuerzas represivas.
Luego de desalojar el corte de ruta, la Gendarmería emprendió una corrida, disparando y amenazando a los manifestantes, que huían como podían. Allí fue visto con vida por última vez Santiago Maldonado, escapando de la feroz represión de la Gendarmería.
En la audiencia del 4 de agosto en el juzgado de Esquel, la Gendarmería no presentó ningún informe de su actuación y negaron tener a Santiago. Sergio nos presenta la escena de forma directa y contundente: “Sobre el paradero de Santiago nadie hizo ningún aporte. El comandante Méndez no había llevado el informe de la operación del 1° de agosto. Es decir, no había información sobre la actuación de Gendarmería. Se excusó diciendo que en medio del operativo él había tenido ganas de ir al baño y, justo cuando se fue, los gendarmes habían reprimido el corte de ruta y entrado sin orden judicial a Cushamen. El resto, con total tranquilidad, negaba saber nada, no podían confirmar la presencia de Santiago en el lugar, decían no haber detenido a nadie y que no sabían quiénes eran las personas que había en el lugar porque estaban encapuchadas.” (Maldonado, 20215, p. 27)
El mismo día se lleva a cabo un rastrillaje en la zona del que no se informó a la familia y, dos días después, el juzgado de Otranto emitió un comunicado donde afirmaba que no había pruebas de que a Santiago se lo hubiera llevado la Gendarmería. El mismo libreto de Patricia Bullrich que, junto a TN y otros medios oficialistas, se ocupaban de plantar dudas sobre las comunidades mapuches y una supuesta organización terrorista “RAM”.
En el segundo contacto con el juez Otranto y la fiscal Ávila, en el que Sergio Maldonado les pidió explicaciones respecto del estado de la causa y la información a la familia de los resultados del rastrillaje, tanto el juez como la fiscal lo echaron del juzgado a los gritos, al tiempo que se reunían todo el tiempo con los abogados de Gendarmería.
Tanto el rastrillaje como las pericias a las camionetas de la Gendarmería contaron con el aviso previo a los responsables directos de la represión. Las camionetas habían sido lavadas y algunas tenían las fajas rotas, lo que dejaba a las claras que no habían sido preservadas.
El 9 de agosto, de forma sorpresiva a través de un contacto de la Secretaría de DDHH por iniciativa del gobierno nacional, Sergio tuvo una reunión con Gerardo Milman y otros funcionarios del Ministerio de Seguridad y de la Policía Federal. Los representantes del gobierno y de las fuerzas represivas pusieron en duda incluso que Santiago haya estado presente ese día, y dejaron claro cuál era la orientación del gobierno macrista: llegaron al paroxismo de pedirle a Sergio los nombres y las direcciones de los amigos de Santiago, lo que obviamente rechazó entregar exigiendo la aparición con vida de su hermano.
El 11 de agosto se llevó a cabo una masiva movilización en Plaza de Mayo, en la que Sergio Maldonado fue acompañado por Nora Cortiñas, Adolfo Pérez Esquivel, organismos de DDHH y centenares de organizaciones. Cerró el acto Sergio leyendo un escrito de Santiago y exigiendo su aparición con vida. El 31 de agosto, en vísperas de cumplirse un mes de la desaparición, se llevó a cabo una movilización en 25 de Mayo con la presencia de referentes políticos y de DDHH, encabezada por la familia Maldonado.
La lucha se fue masificando y tomó una dimensión nacional colocando al gobierno de Macri y la ministra Bullrich como responsables políticos de la represión y el encubrimiento de una desaparición forzada en democracia, lo que fue convirtiéndose en una crisis política.
El cuerpo de Santiago
Los capítulos “Cómo plantar un cuerpo” y “La puesta en escena de la aparición”, son impresionantes, por el vértigo que transmite el texto y la sucesión de hechos increíblemente obscenos por parte de la justicia, ahora con la causa a cargo del juez Gustavo Lleral, luego de que Otranto fuera apartado.
El 17 de octubre se llevó a cabo un rastrillaje en el río Chubut. Estuvieron Sergio y sus acompañantes (el perito de parte no estaba presente por razones personales), el juez Lleral, personal del juzgado, Prefectura, bomberos, gente de la comunidad mapuche, perros de búsqueda, etc. Parecía un rastrillaje de rutina. Ya habían buscado por ahí sin encontrar a Santiago. Sergio intuía que era una puesta en escena para mostrar que la causa seguía activa y que el juez se ponía a cabeza de la búsqueda en el territorio, en lugar de profundizar la investigación sobre la Gendarmería y el personal que estuvo a cargo de la represión.
Luego de recorrer esa zona del río en gomones y caminando por la orilla, Sergio decidió retirarse del operativo por no encontrarle sentido, era prestarse a una maniobra de distracción. De nuevo en la tranquera de acceso a la comunidad, antes de retirarse en camioneta, Sergio se detuvo unos instantes para analizar lo que estaba sucediendo. Se acercó el juez, intentó darle un abrazo y le anunció que habían encontrado algo.
“Caminamos hasta llegar al río. Se podía ver un cuerpo con campera celeste, flotando a escasos metros de la orilla donde varias veces habíamos estado antes, sin ver absolutamente nada. Un lugar que, la primera vez, los primeros días de agosto, estaba prácticamente sin agua.” (Maldonado, 2025, p. 138)
Los interrogantes que quedan abiertos dan una dimensión de las complicidades del pacto de encubrimiento para lograr la impunidad.
¿Cómo pudo conservarse el cuerpo en el estado en que se encontró durante 78 días? El juez Lleral y las pericias amañadas de la autopsia sostienen la hipótesis de la crioconservación. Es decir que Santiago se ahogó y su cuerpo siempre estuvo ahí. Los habituales divagues de Elisa Carrió cobraron la forma de una provocación al compararlo con Walt Disney. Pero el proceso de crioconservación necesita una temperatura de -90° C, y la temperatura promedio del agua un 1° de agosto es de 6° C. No hay forma de demostrar científicamente que un cuerpo pueda conservarse en ese estado durante 78 días.
La hipótesis del ahogamiento tampoco puede sostenerse objetivamente, dado que la profundidad del río en ese lugar y en esa fecha era de aproximadamente 50 centímetros.
Si se tomara por cierto que el cuerpo de Santiago estuvo en el agua 78 días, ¿cómo es posible que para identificar el cuerpo se le pudieron tomar las huellas dactilares? Según los textos publicados por los propios peritos, la piel se desprende a los 20 o 30 días de exposición al agua.
El polen encontrado en la ropa de Santiago pertenece a especies alejadas de la zona. No hay forma de explicar cómo se encontró ese tipo de polen en la vestimenta, teniendo en cuenta, además, que el polen solo permanece hasta 20 o 30 días en la ropa de nylon.
Igualmente inexplicable fue el estado del cuerpo con relación al contacto con la fauna del lugar (nutrias, hurones, peces, cangrejos). El cuerpo debería haber recibido numerosos ataques, pero no hubo rastros de ello. Solo se encontraron dos lesiones incompatibles con los animales de la zona.
Si nos restringimos al informe médico con relación al frío, los daños provocados por las bajas temperaturas llegan a la altura de las rodillas, lo cual pone en crisis la hipótesis del ahogamiento.
En el anexo de Olvidar es imposible, Ariel Pennisi aporta un dato clave que ya había publicado en Tiempo Argentino[i]: la existencia de una gendarme que trabajaba en el consultorio del Escuadrón 36 Esquel y fue testigo de una serie de irregularidades durante la represión y en los días posteriores. Esta gendarme -que habría brindado testimonio- tuvo contacto con los gendarmes que participaron de la represión. “El día 2/08/17 asistieron a su consultorio Dávila Felipe y Jorge Espejo comentando que había un detenido, se referían a él como el ‘hippie’, lo habían detenido en la zona del campo de Benetton. Ellos manifestaron que en ese lugar había una unidad, una sección de Gendarmería. Lo que referenciaban era que había un detenido, una persona, y la habían llevado ahí porque había mucho alboroto, situaciones de violencia. Estas dos personas están ingresadas en el libro de atención que llevaba la testigo en su puesto de trabajo.” (Maldonado, 2025, p. 241) También refiere ocultamiento de pruebas y preparativos de los gendarmes ante el anuncio de que habría allanamientos y pericias.
Sin embargo, la justicia no tomó esa línea de investigación, ya que tenía el fin de garantizar la impunidad y darle aire político al gobierno. El informe de la autopsia y el fallo de Lleral intentaron darle un cierre a la causa, en una narración de los hechos que cuadraba con el libreto de Bullrich.
La causa sigue abierta y la lucha también.
Hacer de Santiago bandera. Los debates que deja abiertos la lucha de Santiago Maldonado
La imagen de Santiago tiene la fuerza y la belleza de la juventud que se rebela contra el régimen.
En un contexto en el que la juventud pretende ser asociada al individualismo consumista, Santiago es bandera de la organización comunitaria y la solidaridad de clase, de pueblo, por sobre todas las cosas. Cuando se intenta, por parte del Estado y sus voceros, asimilar la juventud a una adhesión ideológica a la ultraderecha, Santiago se planta contra la propiedad privada de Benetton.
Su lucha contribuyó a poner de manifiesto el proceso de acaparamiento de la tierra y los recursos naturales por parte de los grandes conglomerados capitalistas. Estos intereses motorizan el desalojo de las poblaciones originarias y han contado con el aval de gobiernos nacionales y provinciales, tanto “nacionales y populares” como de la derecha.
Y es en este punto en que el libro de Sergio Maldonado abre debates.
¿Está lo suficientemente destacada la lucha de Santiago en el libro? Su presencia en el territorio junto a la comunidad mapuche habla de un compromiso activo con causas que sentía propias. Es justamente ese compromiso personal el que, tras su muerte, se agiganta y se convierte en una militancia colectiva. Lejos de ser una víctima pasiva, Santiago se revela como un joven que hizo de su ideología una forma de vida; una lucha que, paradójicamente, cobró una potencia política y una masividad mucho mayor a partir de su desaparición.
Es justo decir que, tras la lectura, persiste una sensación de ausencia: su biografía intelectual, política y militante aún nos queda en falta. Aun cuando el libro de Sergio es un aporte fundamental para desarmar la trama de impunidad, la figura de Santiago como militante, sujeto de ideas propias —sus lecturas, sus debates internos, los objetivos de su activismo— todavía espera un relato que lo retrate. Reconocer este vacío no le resta valor a Olvidar es imposible, sino que más bien subraya que Santiago fue mucho más que el objeto de una persecución estatal; fue un joven con una búsqueda política que excede los márgenes de este libro y que merece ser recuperada en toda su dimensión.
Es preciso recuperar la lucha de Santiago, hacerlo bandera en sus sueños, en su compromiso, en su militancia.
[i] Pennisi, A. (2022). “Santiago Maldonado, ¿un crimen de Estado? Las mentiras de Bullrich. Una autopsia de la autopsia. La testigo que no existe.” Disponible en: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/santiago-maldonado-un-crimen-de-estado/