Los orígenes del trotskismo en Cuba

Los primeros trotskistas cubanos

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

El trotskismo en Cuba tiene los antecedentes directos de sus orígenes en la existencia de una corriente discrepante dentro del Partido Comunista que surgió en 1931 y en su desarrollo muy pronto recibió la influencia de la Oposición de Izquierda Internacional.
A finales de 1930 se inició un reajuste de la línea estratégica y táctica del Partido Comunista de Cuba, sobre la base de los acuerdos del XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y de las orientaciones recibidas del Buró del Caribe de la Internacional Comunista. La reorientación de la táctica y la estrategia apuntaba a ampliar su radio de acción a todo el país, orientar su trabajo hacia los sectores más importantes de la clase obrera especialmente el azucarero, hacia el campesinado y la pequeña burguesía y a corregir sus errores de sectarismo; además, había redefinido su concepción sobre el carácter de la revolución, hasta esos momentos calificada como revolución proletaria que ahora era denominada agraria y antiimperialista. Sin embargo, el joven e inmaduro PC no podía sustraerse de la corriente sectaria de clase contra clase que dominaba en el movimiento comunista internacional por aquellos tiempos (2). Desde 1931 comenzaron a manifestarse muestras de discrepancias con la línea del PC por parte de algunos militantes que ocupaban responsabilidades de dirección en sus organizaciones colaterales, fundamentalmente en el Ala Izquierda Estudiantil (AIE) y en Defensa Obrera Internacional (DOI). Al mismo tiempo, a mediados de ese año aparecían signos de oposición a la línea sindical del PC en el seno de la Federación Obrera de La Habana (FOH) (3).
Durante todo el año 1931 y los primeros meses de 1932, la corriente de oposición, que se presentaba inicialmente como contraria a la línea del PC sólo en cuestiones de táctica y organizativos, se fue ampliando y dando nuevas señales de vida, y el arribo a Cuba de Sandalio Junco y Juan Ramón Breá la puso en contacto directo con el trotskismo internacional.
Sandalio Junco era un dirigente del PC que desde las filas sindicales había participado en la lucha contra Machado y actuado desde los primeros meses de 1928, junto a Julio Antonio Mella y otros exiliados cubanos en las actividades revolucionarias en México. Al año siguiente asistió a la Primera Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina en Buenos Aires, Argentina, en representación del PC cubano y a la Primera Conferencia Sindical Latinoamericana de Montevideo, Uruguay, representando a la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC). A inicios de 1930 fue a la URSS, donde trabajó junto a Rubén Martínez Villena en la Internacional Sindical Roja (ISR), con quien asistió al Congreso de esa organización a fines de agosto de 1930, y participó en la Segunda Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina en los primeros días de setiembre de ese mismo año, en Moscú (4). En la Unión Soviética entró en contacto con la ideas trotskistas bajo la influencia del español Andrés Nin, que había sido dirigente de la ISR, se había vinculado con la Oposición de Izquierda rusa, y más tarde sería uno de los principales dirigentes del movimiento trotskista en España y una de las figuras más destacadas del trotskismo internacional. De esta forma, cuando en los primeros meses de 1932 Sandalio Junco regresa a Cuba, lo hace como un trotskista convencido (5).
Por su parte, Juan Ramón Breá había estado vinculado al movimiento estudiantil desde 1929 junto a Raúl Roa y bajo la orientación de Rubén Martínez Villena participó en las luchas contra la dictadura machadista. Posteriormente viajó a Francia y a España y en ambos países hizo contactos con los trotskistas europeos, en particular con Andrés Nin, dirigente de la Oposición de Izquierda Internacional y de la Oposición Comunista española. Desde España, Breá envió literatura trotskista a Cuba y al regresar al país en 1932 ya era un seguidor de las ideas de Trotsky (6).
Ambos inmediatamente se vincularon a los elementos descontentos con la línea del PC y contribuyeron a que el movimiento trotskista cubano tomara fisonomía como tal.
El trotskismo en la Isla da sus primeros pasos organizativos con la creación de la Oposición Comunista de Cuba, que surge en agosto de 1932 como una fracción organizada dentro del PC (7). La Oposición Comunista no se constituyó como un nuevo partido sino como una fracción dentro del PC que, si bien en sus primeros tiempos no cuestionaba los principios ideológicos y programáticos del movimiento comunista internacional, se proponía como objetivos generales e inmediatos la lucha contra los métodos de la dirección del PC cubano por considerarlos sectarios y burocráticos.
La Oposición Comunista se integró con militantes aislados y con miembros de las organizaciones colaterales del Partido, y no pudo contar con la incorporación de células o comités seccionales, excepto el caso de Guantánamo, lo que ocurrió meses después de su fundación. La Oposición nunca fue un movimiento homogéneo, ni desde el punto de vista de su composición social ni desde el ideológico, y nunca llegó a ser un movimiento de masas. Se nutrió de miembros del AIE, de DOI y de la FOH (8).
Algunos de esos jóvenes estudiantes y obreros, revolucionarios honestos, discrepaban con la línea sectaria del PC, o rechazaban algunas de sus decisiones como la relacionada con las elecciones de noviembre de 1932, a la que consideraban no revolucionaria, reformista y que hacía el juego a la dictadura (9).
Del AIE salió el grupo principal de los que engrosaron la Oposición Comunista de Cuba. Desde mediados del año 1932, la dirección nacional de la AIE fue controlada por el grupo trotskista que en el seno de esa organización encabezaba Marcos García Villareal. El enfrentamiento abierto con el PC tuvo lugar en octubre de 1932, cuando los trotskistas miembros de la fracción comunista del AIE enviaron al Comité Central del PC una comunicación en la que manifestaban su inconformidad con la expulsión del Partido de Gómez Villar (seudónimo de Marcos Garcia Villarreal), secretario de la fracción comunista del AIE, y solicitaban una revisión total de los métodos y de la línea sindical y política del PC (10).
En setiembre, habían sido expulsados del PC además de García Villarreal, Sandalio Junco y otros militantes que habían tomado el camino del trotskismo (11). Además de los dos últimos, se destacaron en la fundación del movimiento trotskista cubano un grupo de miembros del AIE, militantes del PC y de la Liga Juvenil Comunista (LJC), así como otros que sin ser miembros del Ala, estaban vinculados a ella como Luis Busquet, Roberto Fontanillas, Juan Pérez de la Riva (La Habana), Charles Simeón, Manuel García, Bertha García (Matanzas), Carlos Padrón, Juan Ramón Breá, Carlos González Palacios, Lincoln Larramedy (Santiago de Cuba) y Eusebio Mujal (Guantánamo) (12).
Desde las páginas de Línea, órgano del AIE, de la cual era director Marcos García Villarreal, y a través de la estructura organizativa del Ala, la Oposición Comunista logró controlar e influir en esa organización estudiantil en todo el país.
Defensa Obrera Internacional organización colateral del PC que tenía entre sus tareas principales promover la ayuda a los presos políticos y la solidaridad con los movimientos progresistas fue, como ya señalamos, otro de los núcleos en que influyó el trotskismo y que nutrió a la Oposición Comunista. Los principales dirigentes de la DOI eran a la vez militantes de la Oposición Comunista, como Luis Busquet, Juan Pérez de la Riva, Vargas Gómez, Roberto Fontanillas, Gastón Medina y José Antonio Díaz Ortega. Además, algunos eran al mismo tiempo dirigentes del AIE como Busquet y Fontanillas, y otros de la FDH como Gastón Medina (13). La composición de la DOI era heterogénea, una parte de sus integrantes eran militantes del PC, otros procedían del Partido Aprista, algunos eran estudiantes, intelectuales o empleados y otros obreros; la heterogeneidad se manifestaba también en lo ideológico. Los vínculos de la Oposición Comunista con la DOI se establecieron, además de en La Habana, en otros lugares del país como Matanzas, Santiago de Cuba, Guantánamo y el norte de la provincia de Oriente (14).
La otra organización en este caso propiamente obrera en que los trotskistas lograron ganar influencia, fue la Federación Obrera de La Habana. En 1932, Sandalio Junco, Pedro Varela, Gastón Medina y otros trotskistas, lograron el control de la Mesa Ejecutiva de la FOH, que en aquellos momentos, según el propio Gastón Medina «… se limitaba a unos pequeños sindicatos supervivientes de la cruzada antiobrera del régimen de Machado» (15). Bajo la dirección de los trotskistas la FOH rompió con la CNOC y el PC, y trató de ampliar su influencia y su radio de acción sobre el movimiento sindical de La Habana y del resto del país; su mayor influencia se hizo sentir en el sindicato de empleados de comercio, tanto en la capital como en otros lugares de la Isla. Además, hicieron esfuerzos para vertebrar federaciones obreras locales paralelas a las afiliadas a la CNOC en Matanzas, Santiago de Cuba, Puerto Padre, Victoria de las Tunas y Guantánamo.
Como puede apreciarse, la presencia de la Oposición Comunista se puso de manifiesto en las organizaciones colaterales del Partido (AIE, FDH y DOI) y, además de en La Habana, en otros lugares del país: Matanzas, Santiago de Cuba, Guantánamo y el norte de la provincia de Oriente. Contó con una base social heterogénea integrada por elementos de la pequeñoburguesía (16), intelectuales y estudiantes, algunos de ellos comunistas o apristas, y obreros fundamentalmente de origen anarcosindicalista; en un informe del partido trotskista cubano a su centro internacional en París señalaban que «muy pocos de los trabajadores militantes de las fracciones del PC se unieron a la Oposición Comunista» (17). Fue esa base social original heterogénea la raíz que, junto a otros factores, condujo pocos años más tarde a las disensiones internas en el trotskismo cubano y a su crisis.
La Oposición Comunista de Cuba y el movimiento trotskista internacional
Sandalio Junco y Juan Ramón Breá, que ya poseían una formación trotskista y habían introducido en Cuba literatura con esa orientación, junto a los contactos que ya tenían con los trotskistas europeos, en especial con los españoles, contribuyeron a que la Oposición Comunista de Cuba tomara un camino definidamente trotskista y a su afiliación a la Oposición de Izquierda Internacional (OII); Marcos García Villarreal, en su condición de secretario general de la OCC, también contribuyó de manera decisiva en tal sentido (18).
Desde la constitución de la OCC, algunos de sus miembros mantuvieron correspondencia con los trotskistas españoles y norteamericanos y recibieron prensa y literatura que estos enviaban (19). Según el historiador español Pelai Pagés, la Oposición Comunista española de Asturias recibió la aportación de varios militantes cubanos, expulsados por el dictador Machado que se establecieron allí (20). Es muy probable que estos exiliados cubanos enviaran a Cuba literatura trotskista.
Estos contactos aislados, y no oficiales, de los miembros de la OCC con trotskistas del exterior contribuían a mantenerlos actualizados en cuanto a los problemas del trotskismo internacional y a ampliar sus conocimientos teóricos sobre el pensamiento de Trotsky.
La Izquierda Comunista de España (ICE) prestó especial atención al desarrollo del movimiento trotskista latinoamericano. En una carta abierta del Comité Ejecutivo de la ICE, enviada por su dirigente Henri Lacroix «A los grupos de América Latina de la Oposición Comunista de Izquierda», informaba sobre la decisión de su IIIª Conferencia Nacional (26-28 de marzo de 1932) de crear un secretariado encargado de las relaciones con los grupos latinoamericanos, el que tendría, además, las tareas de promover la organización de nuevos grupos, difundir las ideas de la Izquierda Comunista Internacional, enviar literatura y ayudar a los grupos ya existentes a establecer relaciones entre sí; la ICE enviaba a América Latina la revista Comunismo, el Boletín hispanoamericano, así como libros y folletos de Ediciones Comunismo (21).
Fue precisamente a través de la Izquierda Comunista de España, que los trotskistas cubanos establecieron vínculos con la dirección de la Oposición de Izquierda Internacional, que tenía su sede en París.
En su carta del 31 de marzo de 1933, dirigida desde La Habana por Juan López a Andrés Nin, principal dirigente de la Izquierda Comunista española, se informaba de la existencia de la Oposición Comunista cubana, de sus principales actividades y se solicitaban materiales teóricos de los trotskistas españoles y de la Oposición de Izquierda Internacional (22).
De inmediato los españoles trasladaron la carta a la dirección de la Oposición de Izquierda Internacional y ésta escribió a los trotskistas cubanos comunicándoles que enviarían materiales en francés y en español, e informándoles las vías para mantener una comunicación estable (23); fue entonces, sólo después de nueve meses de su creación, que la OCC se afilió oficialmente a la OII.
El hecho fue reflejado por la prensa trotskista española y norteamericana. En mayo de 1933, la revista teórica de la Oposición de Izquierda española publicaba una nota en la que expresaba, entre otras cosas: «(…) ha quedado constituida en Cuba la Sección de la Oposición Comunista Internacional. Hasta ahora los camaradas cubanos se habían limitado a mantener correspondencia aislada con la sección española. Pero ahora (…) han constituido ya de una forma orgánica nuestra Sección cubana» (24).
Pocos días después aparecía en el periódico de los trotskistas norteamericanos la siguiente información:
«En La Habana, Cuba, también se ha constituido, dentro del partido oficial, una Oposición Bolchevique-Leninista. Hasta ahora es sólo un pequeño grupo, que nos pide literatura y contactos con otras secciones de la Oposición de Izquierda Internacional» (25).
La correspondencia entre la Oposición Comunista de Cuba, los trotskistas franceses y la dirección de la Oposición de Izquierda Internacional, cursada hasta finales de junio de 1933, refleja la insistencia de los cubanos para que se les envíen materiales teóricos y de propaganda, a la vez que el desenvolvimiento de su labor organizativa y de elaboración de proyecciones de estrategia política; en este sentido, por ejemplo, piden a la OII opiniones sobre su folleto programático En el camino de la Revolución (26); por su parte, los dirigentes de la OII prometen que mandarán literatura a Cuba y que se esforzarán por estudiar los problemas de América Latina, pero a la vez advierten que dudan poder hacerlo en la medida necesaria; además, expresan que ayudarán a los cubanos a ponerse en contacto con los trotskistas de otros países latinoamericanos para que intercambien experiencias y colaboren entre sí (27).
En aquellos momentos la dirección del movimiento trotskista internacional, aunque mantenía contactos con América Latina no la tenía como su principal centro de atención; los ojos, tanto de la dirección de la OII como los del propio León Trotsky estaban dirigidos hacia Europa y, fundamentalmente, hacia los problemas de Alemania y de Francia. Por esa razón, junto a factores como el idioma común en el caso de España y de la cercanía geográfica en el de Estados Unidos, fueron las secciones de la Organización de Izquierda Internacional de esos dos países, especialmente la de España, quienes ejercieron una mayor influencia sobre el movimiento trotskista cubano en sus años iniciales.
Lo anterior no fue óbice para que Trotsky prestara cierta atención a los problemas del movimiento revolucionario latinoamericano. Desde 1931 se inició una aguda disputa entre León Trotsky y la dirección de la OII de una parte, y de Andrés Nin y la Oposición de Izquierda española de la otra. La discusión giraba en torno a problemas internos de las secciones francesas y española de la OII sobre los que no nos detendremos, pues nos alejaríamos del objeto de estudio del presente trabajo (28). Trotsky sabía la influencia que ejercía la IC española sobre el movimiento trotskista latinoamericano y esto le preocupaba, pues consideraba que la literatura de los trotskistas españoles, fundamentalmente Comunismo, pudiera alejar a los trotskistas latinoamericanos de la línea política de la Oposición Internacional de Izquierda; por eso escribió: «(…) los acontecimientos en América del Sur son muy satisfactorios, pero no debemos olvidar que la mayor parte de América del Sur utiliza la literatura española. Debemos atraer la atención de todas nuestras secciones sudamericanas hacia nuestras divergencias con la sección española. Sería bueno enviarles, en español, mi correspondencia con Nin y por lo menos dos cartas sobre las cuestiones españolas (29).
Sin embargo, todo parece indicar que los ecos de la polémica Trotsky vs. Nin no llegaron a Cuba, pues no hemos encontrado ninguna referencia a la misma ni en los documentos ni en la prensa trotskista de la época; tampoco los trotskistas de aquellos años que hemos entrevistado han hecho alusión al respecto.
En el período que estudiamos, es decir hasta 1935, León Trotsky no tuvo contactos directos con los trotskistas cubanos, aunque sí escribió ocasionalmente, como veremos más adelante, sobre los problemas de Cuba.
Indudablemente fueron los trotskistas norteamericanos y los españoles los que ejercieron una mayor influencia sobre el movimiento trotskista cubano en estos años; y en mayor grado la OI española.
Estrategia y táctica
La Oposición Comunista de Cuba no fue, como tampoco lo sería más tarde el Partido Bolchevique Leninista, una fuerza política homogénea, pues en su seno se debatieron diversas tendencias discrepantes por cuestiones de objetivos y de táctica (30), que tenían su origen tanto en sus propias raíces internas como en la influencia del trotskismo internacional, especialmente del español y del norteamericano.
Los trotskistas fueron intensificando su labor de proselitismo en el movimiento obrero y estudiantil así como dentro de las propias filas del Partido Comunista y en su propaganda los ataques a la dirección del mismo se fueron haciendo cada vez más fuertes. Cuando la Oposición Comunista fue constituida en agosto de 1932, comenzó el trabajo para crear un aparato fraccional paralelo a la estructura del PC en todo el país, se formó un Comité Central de la OC de Cuba, con Marcos García Villarreal como secretario general e integrado por Sandalio Junco, Pedro Varela, Carlos González Palacios, Charles Simeón, Luis M. Busquet, Roberto Fontanillas, Armando Machado y Carlos Padrón, entre otros (31); se organizaron comités distritales en las provincias de La Habana, Matanzas y Oriente, así como comités seccionales y células en La Habana, Matanzas, Santiago de Cuba, Guantánamo, Victoria de las Tunas y Puerto Padre; a la vez, en muchos lugares fueron creados organismos paralelos de la DOI y del AIE, aunque en algunos casos ambas organizaciones eran totalmente controladas por los trotskistas. Simultáneamente, el enfrentamiento entre la Oposición Comunista y el Partido se agudizó; subió el tono de los ataques mutuos y éstos se hicieron cada vez más virulentos.
Entre los últimos meses de 1932 e inicios de 1933, los miembros de la Oposición Comunista fueron expulsados del PC (32). A pesar de esto, los trotskistas cubanos se consideraban parte del movimiento comunista internacional y proclamaban que tenían el deber de luchar para la regeneración del PC de Cuba y de la Internacional Comunista. De esta forma, siguieron la línea del movimiento trotskista internacional de no constituir partidos trotskistas independientes y de trabajar dentro de los partidos comunistas para llegar a controlarlos; esta línea, que se mantuvo a escala internacional hasta la segunda mitad de 1933, fue seguida en Cuba hasta que, una vez modificada internacionalmente, se constituyó el Partido Bolchevique Leninista en el país en setiembre de 1933.
Una de las primeras manifestaciones públicas de la Oposición Comunista que hemos podido localizar, es un manifiesto publicado en Santiago de Cuba en enero de 1933, con el título de «Partido Comunista de Cuba. Buró de Oposición Comunista. ¿Qué significa el Congreso de la UFON?», en el que se denuncia el carácter pro-patronal, pro-machadista y antiobrero del congreso convocado por el dirigente sindical reformista Juan Arévalo para ser efectuado en la ciudad de Cienfuegos; además, en el manifiesto se llama a formar el frente único de obreros y campesinos y convoca a luchar por la jornada de ocho horas, contra los despidos, por el seguro social para los desocupados y por la expulsión de los dirigentes amarillos de las organizaciones obreras (33). Pero el primer documento publicado por los trotskistas cubanos en que se expresa una proyección política definida, fue el Manifiesto Programático del Buró de Oposición Comunista.
El Manifiesto Programático del Buró de Oposición Comunista, dado a conocer en Santiago de Cuba, en enero de 1933 (34). En el camino de la Revolución. Cuba. 1933, publicado por el Comité Central de la Oposición Comunista, el 10 de mayo de 1933, en La Habana (35) y los Estatutos de la Oposición Comunista de Cuba, fechado en La Habana, junio de 1933 (36), constituyen los tres documentos de mayor importancia de la Oposición Comunista de Cuba, pues en ellos están plasmados los fundamentos teóricos y organizativos, así como la proyección político-ideológica que servirían de guía a su acción política.
Como ya apuntamos, la Oposición trotskista se consideraba parte del movimiento comunista de hecho, hubo una serie de casos militantes de la Oposición Comunista que al mismo tiempo militaron por un tiempo en el PC o en la Liga Juvenil Comunista, hasta que fueron expulsados de estas organizaciones por su actividad trotskista, es por eso que el primero de los tres documentos aparece bajo el encabezamiento de «Partido Comunista de Cuba». En el Manifiesto se bosquejan los principios programáticos que serían desarrollados posteriormente con mayor amplitud en el Programa del Partido Bolchevique Leninista.
En el Manifiesto Programático después de una breve introducción en la que, entre otras cosas se expresa que «(…) la Oposición Comunista ha surgido como una necesidad revolucionaria, en momentos en que toda pasividad debe interpretarse como una traición y en que toda actitud indecisa supondría un oportunismo, el peor de todos los crímenes contrarrevolucioanarios (…)» (37) y que «Es precisamente en estos momentos en que parece asomar la duda en nuestra filas (…)» (38), se pasa al análisis del devenir histórico cubano a partir de 1868, para tratar de desentrañar la estructura de clases y los intereses sociopolíticos que se mueven en los años 30.
Acertadamente, en el documento se expone cómo después de la última guerra de independencia del pasado siglo, tuvo lugar la penetración económica y la injerencia política norteamericana en Cuba, que impidió el desarrollo de una burguesía nativa lo suficientemente fuerte desde el punto de vista económico y político como para evitar la subordinación al imperialismo estadounidense, y como los gobiernos cubanos habían estado obligados a servir los intereses de Estados Unidos, afectando muchas veces a los de la propia burguesía cubana.
Pero, ¿la burguesía nativa estaba sólo subordinada a los Estados Unidos, o más bien, sus intereses se fueron relacionando estrechamente con los de la burguesía norteamericana? Lo que no llegaron a comprender los trotskistas cubanos para enero de 1933 fue que, además de subordinación, existía una estrecha vinculación de los intereses de la burguesía nativa con los de la de los Estados Unidos y de ahí, es decir, no sólo de su debilidad, se derivaba su carácter antinacional. Por otra parte, algo que tampoco llegaron a comprender fue que el gobierno de G. Machado, al menos durante una buena parte de sus existencia y hasta que perdió su base social y se transformó en un gobierno de una camarilla reducida, fue la expresión de los intereses de un sector de la burguesía nativa a la vez que estaba al servicio de los Estados Unidos. Es decir, no se tiene en cuenta que la burguesía cubana estaba integrada por diversos sectores; aunque sí se expone claramente su incapacidad para encabezar una verdadera revolución democrático burguesa.
Más adelante se hace un breve análisis de las distintas fuerzas de oposición a la dictadura machadista para, a continuación, pronosticar tres posibilidades a las que podía conducir el conjunto de contradicciones existentes en el país: 1ª) Una revuelta de la oposición burguesa, 2ª) un pacto de la oposición burguesa con Machado, y 3ª) la intervención militar de los Estados Unidos; ante estas tres posibilidades se traza como línea seguir trabajar para la formación de un frente único con el papel de luchar por la revolución popular, agraria y antiimperialista. En caso de que se produjera una revuelta de la oposición burguesa, participar en ella de manera independiente para transformarla en revolución agraria y antiimperialista; si se establecía una conciliación de la oposición burguesa con Machado, la respuesta sería: frente único para la revolución, y si los norteamericanos intervenían: «(…) otra vez la Sierra Maestra y el camarada Mauser tendrían la palabra» (39).
En el documento se define el carácter de la revolución como popular, agraria y antiimperialista, como el enemigo principal al imperialismo norteamericano y como su aliada interna a la burguesía nativa. Las fuerzas motrices de la revolución que integrarían el frente único: obreros industriales y agrícolas, pequeños campesinos, desocupados, estudiantes y empleados. Como puede apreciarse, al menos en el plano teórico, a inicios de 1933 los trotskistas cubanos habían definido con claridad y de manera acertada, tanto el carácter que debía tener la revolución antimachadista, como al enemigo principal y los aliados y enemigos de clase.
En el documento que analizamos, se afirma que existían condiciones para iniciar la revolución cuanto antes, pues: «(…) la Revolución Popular, Agraria, Antiimperialista no es un bello sueño para realizar dentro de 50 años, sino una realidad inminente que debemos acometer enseguida (…)» (40).
Pocos meses después, en mayo de 1933, se observa un cambio en sus concepciones. Así, en En el camino de la Revolución. Cuba. 1933, expresan: «(…) actualmente no está puesta a la orden del día la Revolución Agraria y Antiimperialista, sino las tareas específicas de conquistar a las masas y preparar el terreno para la Revolución» (41) y en otra parte del documento, señalaban: «(…) no existe actualmente una radicalización de las masas ni un crecimiento del movimiento obrero (…)» (42). Ahora se consideraba que aún no existían condiciones para la revolución, pues todavía no había tomado auge el movimiento obrero y popular; no se reconocía sólo tres meses antes del derrumbe de la dictadura de Machado el alza de las luchas populares que evidentemente se fortalecían cada vez más (43). Por otro lado, ahora se definía el carácter de la revolución como agraria y antiimperialista y se eliminaba el calificativo de popular.
En el camino de la Revolución, reconocían que el imperialismo intentaba la transformación pacífica de la situación política a través de la mediación, que la oposición burguesa hacía el juego a esas maniobras, que existían organizaciones de la pequeña burguesía opuestas a la mediación que continuarían en la lucha, que no era táctico plantear en aquellos momentos la consigna de gobierno obrero-campesino y que aún no existía un partido proletario lo suficientemente fuerte para lanzarse de inmediato a la conquista del poder (44). Afirmaban con acierto: «Un error que se comete aquí frecuentemente, y que es la base de todos los errores sectarios, consiste en confundir el carácter específico de las clases que luchan actualmente en Cuba, y en calificar y agrupar bajo una denominación común a todos los grupos revolucionarios adversos a la línea comunista (…) Presentar el problema de una forma tan llana, denominando socialfascistas y lacayos del imperialismo, lo mismo a Menocal que a Mendieta, que a los grupos pequeñoburgueses y estudiantiles, sin tratar de aprovechar prácticamente las divisiones internas de estos núcleos, diferenciar sus orientaciones políticas (…) es aislar a los obreros del resto de la lucha, colocarlos en un plano tal que les será imposible agrupar en derredor suyo a las masas campesinas y sectores que se sienten oprimidos y descontentos para ocupar el poder» (45).
Lo apuntado hasta aquí muestra que la dirección de la OCC hizo una correcta apreciación teórica de las fuerzas políticas y de clase actuantes en el escenario del momento y de la táctica más consecuente a seguir. Sin embargo, aunque aparentemente comprendió el papel de la pequeñoburguesía en la sociedad neocolonial cubana de los años 30, en realidad no fue así. Criticaban a la dirección del PC por sus errores de sectarismo y dogmatismo bajo la influencia de la línea de «clase contra clase» emanada de la Internacional Comunista por la época, pero ellos mismos incurrían en errores del mismo signo. En el propio documento demuestran que no llegaron a entender el papel revolucionario de los sectores más avanzados de la pequeñaburguesía cubana, y si por una parte como ya apuntamos advertían la necesidad de diferenciar a la oposición burguesa (Mendieta-Menocal) de los grupos pequeñoburgueses que luchaban contra Machado, por otra expresaban: «Esto no significa que exista un sector pequeñoburgués dispuesto a hacer causa común con el proletariado y sostener los principios de la revolución hasta el fin. Semejante aseveración sería completamente falsa y peligrosa. Los núcleos pequeñoburgueses que se sostienen en la lucha … sólo aspiran a conquistar mejores posiciones (…)» (46).
La pequeñaburguesía para ellos se encontraba excluida del concepto de masas populares; sólo pertenecían a éstas los obreros y campesinos, únicas fuerzas que consideraban revolucionarias: «Así, nosotros conquistaremos a las masas populares, y evitaremos que la pequeñaburguesía que aún se sostiene en la lucha se apodere para su beneficio de este momento trascendental e insuperable de la revolución» (47).
En ocasiones se ha tratado de presentar al movimiento trotskista cubano de los años 30 como una alternativa marxista consecuente frente a la línea sectaria del PC. Nada mas alejado de la realidad. Si bien tuvieron acertadas interpretaciones teóricas en algunos casos, desde el punto de vista teórico en general y práctico, siguieron una política no menos sectaria ni dogmática que la del PC. Se trataba de lograr una supuesta unidad, pero no entre iguales; los otros debían reconocer la hegemonía de los trotskistas, su carácter de vanguardia revolucionaria y como tal subordinárseles. Así se observa en su línea sindical; en lugar de luchar por una central sindical unitaria, como lo había sido la CNOC en los tiempos de Alfredo López, que agrupara a los obreros de diversas tendencias, para la Oposición Comunista «(…) la tarea de la unificación del movimiento sindical se presenta bajo la forma de una lucha despiadada y cruenta, contra los sectarios (léase; seguidores de la línea del PCC) de una parte, y los reformistas, sindicalistas y socialfascistas, de otra» (48). Su autotitulado carácter de única y exclusiva vanguardia revolucionaria, lo declaraban en los Estatutos de la Oposición Comunista de Cuba: «La Oposición Comunista de Cuba es la única vanguardia revolucionaria del proletariado, y la única organización capaz de conducir revolucionariamente hasta el fin las luchas de la clase trabajadora de Cuba contra sus explotadores nativos y extranjeros» (49).
A pesar de su relativa lucidez en la comprensión de la realidad nacional del momento, el sectarismo y el dogmatismo que marcaron desde su nacimiento al trotskismo cubano le impidieron junto a otros factores una efectiva inserción en el movimiento popular y revolucionario del país, pues le alejó no sólo de la pequeña burguesía sino de la mayoría de la clase obrera.
Principios organizativos y estructura
La Oposición Comunista de Cuba surge en el seno del PC como un movimiento que se autoproclama renovador, auténticamente marxista, continuador genuino del leninismo y que persigue el propósito de rescatar al Partido del proletariado cubano de las «nocivas influencias stalinistas del tercer período». La OC no se propuso inicialmente la creación de un nuevo partido independiente del ya existente PC; sin embargo, como grupo fraccional adoptó una estructura que de hecho constituía todo un aparato organizativo paralelo dentro del PC, como ya habíamos apuntado antes.
El enfrentamiento de los trotskistas con el PC se hizo cada vez más agudo y tenso, y ya desde los últimos meses de 1932 y los primeros de 1933, los oposicionistas fueron expulsados de sus filas. De manera que, ya desde antes de constituir un nuevo partido independiente del Comunista, de hecho desde los primeros meses de 1933 los trotskistas actuaban como una organización plenamente independiente del PC, aunque continuaran considerándose como fracción del mismo y proclamando que perseguían el objetivo de su regeneración para convertirlo, según sus concepciones, en un verdadero partido leninista de la clase obrera.
Sin embargo, en la práctica el camino que siguieron sólo conducía a la creación de un nuevo partido. Un momento importante en ese tránsito fue el del establecimiento de sus propias normas de vida orgánica con la elaboración de los Estatutos de la Oposición Comunista de Cuba (50), documento que se dio a conocer en La Habana, el 30 de junio de 1933, dos meses y medio antes de constituirse el Partido Bolchevique Leninista. Desde antes de ser establecidos los estatutos, ya la OCC se había vertebrado como un organismo político independiente; así, la proclamación de los estatutos sancionó un hecho ya consumado y lo completó. Fue el punto de transición de la OCC al PBL.
Después de proclamarse «la única vanguardia revolucionaria del proletariado» que nació de las filas del PCC y que después de luchar en su seno contra la dirección sectaria y ser expulsada del mismo, expresa que «La OC se estructura ahora orgánicamente para evitar la destrucción del movimiento comunista en Cuba. Con la aplicación accional de la línea que corresponde a un Partido inspirado en los principios revolucionarios del marxismo»(51).
Los Estatutos de la Oposición Comunista de Cuba establecían la estructura, principios organizativos, disciplina así como los deberes y derechos de los miembros de la organización. Son similares a los de cualquier partido comunista del mundo por esos años.
Estructura:
La organización básica era la célula, que podía ser constituida según un criterio laboral o territorial; es decir, en fábricas, ingenios, u otros centros de trabajo, o en pueblos o barrios, y su instancia superior era la junta de célula. Los organismos intermedios eran las secciones y los distritos; la sección agrupaba a un cierto número de células y el distrito a varias secciones de un territorio dado. La máxima instancia en ambos niveles serían las conferencias seccionales, integradas por delegados de las células, y las conferencias distritales, integradas por delegados de las secciones; entre una conferencia y otra, en ambos niveles, los órganos y el comité distrital respectivamente. El Congreso Nacional debía ser el órgano supremo de la OC, formado por delegados de las células, y se encargaría de elegir al Comité Central, instancia superior de la OC entre un congreso y otro; a su vez, el Comité Central sería el encargado de elegir al Buró Político, que dirigiría a la organización en el intervalo de las reuniones del Comité Central. De no poder efectuarse el Congreso Nacional se realizarían conferencias nacionales con delegados de todas las secciones de la OC, la conferencia nacional tenía facultades para elegir al Comité Central.
En los niveles de Comité Central, comités distritales y seccionales, serían creados departamentos subordinados a sus respectivos órganos dirigentes, con el encargo de desarrollar las tareas específicas y dirigidos cada uno por un secretario; serían organizados los departamentos siguientes: organización y finanzas; propaganda y agitación; sindical, agrario y antimperialista. El trabajo de los secretarios de los departamentos sería controlado por el secretario general.
Principios de organización. Disciplina
Según los Estatutos de la Oposición Comunista:
«La OC tiene como base el centralismo democrático, único modo de mantener la unidad absoluta de la organización desde la base hasta la cima. El centralismo democrático consiste en:
a) Elección, tanto de los órganos inferiores como superiores de la OC por las juntas de células, conferencias y congresos.
b) Obligación de los organismos superiores de rendir cuentas periódicamente de sus actividades entre todos los miembros de la OC de Cuba.
c) aceptación obligatoria de las decisiones de los organismos superiores de la OC para los organismos inferiores, severa disciplina entre los afiliados, ejecución rápida y puntual de las decisiones del CC y demás órganos de la OC de Cuba. Las resoluciones tomadas en los Congresos, Conferencias o Juntas de Células de la OC deben ser absolutamente ejecutadas, a pesar de que algún miembro o grupo de miembros del organismo que las ordene o las reciba, no apruebe estas órdenes.
d) Todas las cuestiones planteadas en las células o en cualquier otro organismo de la OC provocarán discusión libre y durante el mayor tiempo posible, siempre que la discusión se realice en el seno mismo de la organización y que tenga como finalidad principal el mejoramiento de los métodos de trabajo, de la estrategia y táctica de la OC Una vez que las Conferencias o Congresos tomen una decisión sobres las cuestiones discutidas, la discusión terminará y la minoría se someterá a la decisión de la mayoría» (52).
Citamos in extenso los Estatutos en lo relacionado con el centralismo democrático, para que pueda observarse como teóricamente se establece la articulación entre la más amplia democracia interna con un estricto centralismo como garantía del mantenimiento de una sólida unidad. Sin embargo, en su actividad práctica los trotskistas, tanto dentro del PC cuando aún pertenecían a él, como fuera del mismo; es decir, en el seno de la OC, no aplicaron consecuentemente esos principios.
Muchas de las orientaciones de los organismos superiores de la OC o de los acuerdos tomados no eran cumplidos; muchos de los problemas no se discutían sólo dentro de la organización sino que se ventilaban públicamente, y esto no se refiere, insistimos, sólo a cuando aún se encontraban dentro del PC, sino ya en la época en que habían sido expulsados del mismo y actuaban en el seno de la OC y después en el PBL.
Como puede observarse, en los Estatutos no se habla de libertad de tendencias ni de libertad de fracciones; sin embargo, la propia heterogeneidad del movimiento trotskista cubano y las influencias recibidas del trotskismo internacional condujeron a la aparición como veremos más adelante de tendencias que no se ajustaron a la disciplina interna del PBL y actuaron como fuerzas centrífugas que contribuyeron a la crisis de ese partido pocos años más tarde.
Lo hasta aquí apuntado muestra claramente que el movimiento trotskista cubano en sus inicios, a pesar de todas sus inconsecuencias y de su papel disociador dentro del movimiento obrero y popular, se caracterizó por su carácter antiimperialista, su orientación revolucionaria, su adscripción al marxismo y por la defensa de los intereses nacionales. Estuvo integrado, en su mayoría, por hombres y mujeres muy jóvenes que actuaban honestamente, guiados por el afán de lograr cambios radicales en la sociedad cubana, al margen de los errores que manifestaron en su práctica política, o de los derroteros que cada uno de ellos seguiría años más tarde.
Los trotskistas consideraban en mayo de 1933 que la revolución no estaba aún a la orden del día; sin embargo, ¿cual fue su actitud ante la mediación Welles y ante la huelga que derrocó en agosto de ese año a la dictadura machadista? La respuesta a este interrogante nos permite acercarnos a la postura que adoptaron ante la injerencia imperialista en Cuba y su fiel servidor nativo.
En el ya citado En el camino de la Revolución. Cuba. 1933, en mayo de 1933, la OC desenmascara los objetivos de la mediación y la condena (53). Un mes más tarde, el 28 de junio de 1933, los trotskistas desde el Ala Izquierda Estudiantil publican un manifiesto en el que rechazan «la mediación y la claudicación que ella encierra» (54). Ya desde noviembre de 1932, en otro manifiesto del AIE habían advertido sobre los manejos que fraguaba el gobierno de los Estados Unidos.
La nueva solución que se pretende dar a los problemas de Cuba una solución impuesta por el imperialismo no puede en modo alguno satisfacer las necesidades de los obreros, campesinos y estudiantes de Cuba. (…) De llevarse a vías de hecho estos intentos pacifistas, el Gobierno asesino de Gerardo Machado, garantizada su vida y hacienda por la intervención oficial de los Estados Unidos, abandonará el país, dando paso a nuevos gobernantes, cuyo sometimiento a Wall Street por nadie es ignorado. Esto significa que el imperialismo evita a todo trance el desencadenamiento de un movimiento insurreccional de masas (55).
La mediación fue combatida desde sus inicios por la OCC y las organizaciones controladas por los trotskistas como el AIE y el FOH (56).
Desde los primeros días de julio de 1933 se inició una huelga por reivindicaciones inmediatas entre los obreros del transporte en La Habana que se fue ampliando a otros sectores laborales en todo el país hasta convertirse en una formidable huelga política general contra la dictadura de Machado, y a la que se incorpora no sólo la clase obrera sino todo el pueblo y todas las organizaciones de oposición a Machado que no habían aceptado la mediación; el PC, las CNOC, el DEU y otras organizaciones desempeñaron un destacado papel en su dirección desde sus inicios. La Federación Obrera de La Habana, dirigida por los trotskistas, también había convocado a los sindicatos bajo su control a la huelga por sus reivindicaciones inmediatas y contra la dictadura. Cuando la huelga se mostraba en su momento de mayor fuerza, el Comité Central del PC adopta la decisión de ponerle fin: ocurrió el llamado «error de agosto». Ante la negativa de las propias organizaciones obreras de la CNOC de abandonar la huelga, el CC del PC reconoció el error y mantuvo la orientación de continuarla hasta la caída de Machado. Tanto en aquellos momentos, como en otros más recientes, los enemigos del movimiento revolucionario se aprovecharon de este error para atacar al PC acusándolo de pacto con Machado y de traición (57).
Como bien ha señalado Raúl Roa: «Aunque de monta evidente y de adversas implicaciones para el curso del movimiento revolucionario, como hubo de reconocerlo el propio Partido, en desnuda crítica y autocrítica, el «error de agosto» fue eso: una equivocación política fruto de múltiples factores y contingencias. ¿Quién podría aducir, sin faltar deshonestamente a la verdad, que es obra de mala fe o consecuencia de una distorsión moral? (58).
No nos detendremos en el análisis detallado de las circunstancias y causas del «error de agosto», pues nos alejaríamos del objeto de este trabajo (59).
Como ya señalamos, los trotskistas desde la FOH habían llamado a la huelga y mantuvieron desde el 5 de agosto la consigna de no detener el paro hasta tanto no fueran satisfechas todas las demandas obreras y se liquidara el régimen político de opresión imperialista; en un manifiesto publicado el 12 de agosto reiteraron la consigna de huelga general y de abajo Machado a la vez que atacaban con fuertes invectivas al PC y a la CNOC (60).
Los trotskistas intentaron capitalizar el error del PC utilizándolo como argumento para presentarse a sí mismos como los principales iniciadores y conductores del formidable movimiento popular que derrocó a la dictadura machadista.
Los ataques mútuos entre trotskistas y comunistas, no sólo en torno a la cuestión de la huelga de agosto sino en general, acentuaban las contradicciones en el seno del núcleo políticamente más avanzado de los trabajadores cubanos; ya la escisión era un hecho y no había posibilidad de retroceso. Si bien el grupo trotskista era pequeño numéricamente sólo logró arrastra tras de sí a muy pocos militantes del PC, es decir no provocó un cisma en el PC sino un desgajamiento de una pequeña porción de su militancia, y no logró atraerse a grandes sectores populares en el país la división sólo serviría a los enemigos de la revolución popular.
Notas:
(*) Dr. Rafael Soler Martínez, Profesor de Historia de la Revolución Cubana, Universidad de Oriente. Director de la Revista Santiago
1. Algunos autores, entre los que se destaca Victor Alba, han sugerido que Mella se mostró partidario de las ideas trotskistas y que de alguna manera estuvo vinculado al movimiento trotskista en México; plantean, además, la tesis de que Mella fue asesinado no por agentes del dictador Machado sino por los propios comunistas con la complicidad directa de Tina Modoti (Cft.: Victor Alba: Historia del movimiento obrero en América Latina, Julián Gorkin: Cómo asesinó Stalin a Trotski, Bernardo Claraval: Cuando fui comunista). Otros se han hecho eco de esas afirmaciones (Cfr.: Octavio Paz: «Frida y Tina: vidas no paralelas» y Phillippe Cheron: «Del gusto por la mistificación: a propósito de Tina Modoti», en Vuelta Nº 82, México, septiembre, 1983, Jorge García Montes y Alonso Avila: Historia del Partido Comunista de Cuba, Alejandro Galves Cancino: «Lauto-absolution de Vidali et la mort de Mella» en Cahiers León Trotsky, Nº 26, june 1986, Paris). Sin embargo, ninguno de estos autores ha podido demostrar una sola de esas afirmaciones y todos han presentado un denominador común: la mitología y la virulencia anticomunista. Mella desde su llegada a México en 1926, hasta su asesinato en enero de 1929, compartió la lucha contra la dictadura de Machado desde la ANERC con las tareas del Partido Comunista Mexicano, fue miembro de su Comité Central y llegó a ser su secretario general durante los meses de junio a septiembre de 1928, cuando Rafael Carrillo se encontraba en Moscú. Según afirma Arnaldo Martínez Verdugo, fue acusado por Vitorio Codovilla y por Ricardo Martínez de mantener posiciones trotskistas basándose en las discrepancias de Mella con algunas orientaciones de la Internacional Comunista, como por ejemplo las relacionadas con la creación de una tercera central sindical en México, la CESUM pero, que una vez analizado el problema en el Comité Central del PCM, este decidió dirigirse a la Internacional Comunista rechazando las acusaciones por infundadas e informarle que el propio Mella había sido el autor de la Tesis del CC en las que definía la postura del PCM contraria al trotskismo. Mella hasta su muerte se mantuvo en las filas del PCM. Por otra parte, desde hace mucho tiempo ha quedado totalmente demostrado que los responsables directos del asesinato de Julio Antonio Mella fueron José Magriñat y el pistolero López Valiña, que actuaban al servicio del dictador Machado. Un excelente y documentado análisis sobre este asunto puede encontrarse en: Arnoldo Martínez Verdugo: Historia del comunismo en México, y en Olga Cabrera: «Un crimen político que cobra actualidad», en Nueva Antropología, Nº 27, julio 1988, México.
2. Comité Central del Partido Comunista de Cuba: El Partido Comunista y los problemas de la Revolución en Cuba, págs. 16-18. (Biblioteca del Instituto de Historia de Cuba. La Habana). Lionel Soto: La Revolución del 33, tomo II, págs. 162-163, 169-171.
3. Comité Central del Partido Comunista de Cuba, op.cit., págs. 7-8.
4. Sobre la 2ª Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina, efectuada en Moscú no se ha publicado prácticamente nada; la más estudiada hasta hoy es la 1ª, realizada en Buenos Aires en 1929, de la que fueron publicados sus documentos así como numerosos trabajos en los que se analiza su desarrollo e importancia, y en menor medida la 3ª, de Montevideo (1934) (Cfr.: Jürgen Mothes: «Los comunistas en el movimiento revolucionario latinoamericano de los años veinte y treinta», en Problemas actuales de América Latina. y Manuel Caballero: La Internacional Comunista y la Revolución Latinoamericana. Sobre la 2ª, de Moscú, sólo se encuentra una breve referencia en B. Koval: Movimiento obrero en América Latina. 1917-1959. La participación de Rubén Martínez Villena y Sandalio Junco en la 2ª Conferencia de PC latinoamericanos, de Moscú, en la primera quincena de septiembre de 1930 hemos podido encontrarla en el libro de Raúl Roa: El fuego de la semilla en el surco, y en las cartas enviadas por Villena desde la URSS a Cuba, publicadas en Rubén Martínez Villena: Poesía y prosa, tomo II.
5. Rubén Martínez Villena: Poesía y prosa, tomo II. / Raúl Roa: El fuego de la semilla en el surco.
6. Cfr.: Anexo II y Roberto Pérez Santiesteban: «Introducción» en Breá, Juan y Mary Low, La Verdad Contemporánea, págs. 362-364.
7. Bolshevik-Leninist Party (Cuban Section of the International Communist League, B.L.) To The International Secretariat, (La Habana), March 20, 1935. The Trotsky Archives (Trotsky Archives), Houghton Library, Harvard University. 19052.
8. Ibid., pág. 7 y Comité Central del Partido Comunista de Cuba, op.cit., pág 8.
9. Cfr: Comité Central del Partido Comunista de Cuba: op.cit. págs. 31-35. Lionel Soto: op.cit., pág. 149. «Plataforma electoral del Partido Comunista de Cuba para las elecciones de 1932», en Mirta Rosell, Luchas obreras contra Machado, págs. 188-211.
Los enemigos del movimiento comunista cubano han tratado de presentar la participación del PC en las elecciones de 1932 como una traición consciente al movimiento popular. El PC explicó, en el documento mencionado, que se trataba de combinar las diversas formas de lucha de manera flexible y utilizar la táctica leninista de lucha parlamentaria, no con el objetivo de tomar el poder sino de divulgar los objetivos revolucionarios. Es indudable que no se trató en modo alguno de una traición, pero si fue un error plantear la consigna de ir a elecciones con el «voto en la columna en blanco», cuando la dictadura de Machado tenía entronizado un régimen de terror en el país y no existían las mínimas condiciones de «legalidad burguesa» posibles de aprovechar; la decisión no fue comprendida por muchos, a los que alejó del PC.
10. Cfr.: Anexo II. Ladislao González Carbajal: El Ala Izquierda Estudiantil y su época, págs. 78-79. Carta del Bolshevik-Leninist Party (Cuban Section of the International Communist League, B.L.) to the International Secretariat, March 20. Trotsky Archives. 19052.
11. Ladislao González Carbajal: op.cit, pág. 78. / Comité Central del Partido Comunista de Cuba: Resolución sobre la Oposición en el Partido, 9 de septiembre de 1932. Centro Ruso para la Conservación y Estudio de los Documentos de la Historia Moderna. Moscú. (Archivos de la Internacional Comunista). (RTsKhIDNI Comintern) Nº 495/106/52.
12. Cfr: Anexo II. / Comité Central del Partido Comunista de Cuba: op.cit., pág. 8-12. Carta del Bolshevik-Leninist Party (Cuban Section of the International Communista League, B.L.) to the International Secretariat, March 20, 1935. Trotsky Archives. Entrevistas realizadas por el autor a Manuel Tue Lambert, José Antonio Portuondo, Sergio Mateo, Julio Le Riveren, Abelardo Ramas Antunez, Idalberto Ferrer Acosta (La Habana), Manuel García Suárez, Barta García López (Matanzas), Pedro Verdecie Pérez, Luis Galano Torres (Las Tunas), Luis Miyares, Roberto García Ibáñez, Antonio Ferrer Cabello (Santiago de Cuba), Roberto Mineto y Luciano García (Guantánamo). Entrevista de Robert Alexander a Charles Simeón (New Jersey). Entrevista realizada por Maricela Vazquez Rodríguez a Angel Murillo Granjel (La Habana).
13. Comité Central del Partido Comunista de Cuba: op.cit., pág. 43.
14. «A los obreros y campesinos. Al pueblo trabajador». Manifiesto del Buró Provincial de Oriente de Defensa Obrera Internacional (Oposición). Santiago de Cuba, julio 3 de 1933. Defensa Obrera. Organo de la Oposición de Defensa Obrera Internacional. Año I. Puerto Padre, agosto 27 de 1933. Archivo Histórico Provincial Santiago de Cuba (AHPSC), Audiencia Provincial de Oriente. Tribunal de Defensa Nacional, Leg. 3, Exp. 30 / Entrevistas a Manuel García (Matanzas), Luis Miyares (Santiago de Cuba), Pedro Verdecie (Las Tunas), Luciano García (Guantánamo).
15. «Was limited to a few small unions, survivors of the anti-labor crusade of the Machado regime». (Traducido por el autor) Carta del Bolshevik-Leninist Party (Cuban Section of the International Communist League, B.L.) to the International Secretariat, march 20, 1935, pág. 8. Trotsky Archives.
16. En diversos documentos, no sólo del PC sino de los propios trotskistas, se pone de relieve la composición social mayoritariamente pequeñoburguesa de la Oposición Comunista de Cuba. Cfr.: Carta del Bolshevik-Leninist Party to the International Secretariat, march 20, 1935. Trotsky Archives, y «On the movement of the Fourth International in Latin America (March 1940). Report to Emergence Conference of the FI by the Latin American Departament. Cuba», en Documents of the Fourth International. The formative years (1933-1940). Pathfinder Press. New York, 1973.
17. Loc.cit. (7), pág. 8.
18. Cfr.: Ibib., pág. 9. / Comunismo, Organo teórico mensual de la Izquierda Comunista Española, Madrid, Mayo de 1933. The Militant, New York, June 10, 1933.
19. Comunismo, Mayo 1933. Entrevistas a Luis Miyares (Santiago de Cuba) y Pedro Veredicie (Las Tunas). En el archivo de Luis Miyares existen ejemplares de la revista Comunismo de los años 1932 y 1933, y en el de Pedro Veredicie se encuentra literatura trotskista editada en España que él asegura recibían desde 1932.
20. El movimiento trotskista en España (1930-1935), pág. 83. P. Pages indica como fuente la carta que le envió I. Iglesias el 2 de mayo de 1975.
21. Henry Lacroix, Comité Ejecutivo de la izquierda Comunista Española: «A los grupos de América Latina de la Oposición Comunista de Izquierda», en Bernardo Claraval: Cuando fui comunista, págs. 62-63. / Pelai Pages: op.cit., págs. 100-121. / Cfr. Anexo I.
22. Carta de Juan López a Andrés Nin, La Habana, 21 de marzo de 1933. Instituto Internacional de Historia Social (IIHS), Amsterdam (International Institute voor Sociale Geschiedenis. Amsterdam.)
23. Carta de la Opposition de Gauche Internationale (Blocheviques-leninistas) aux camarades de Habana (Cuba), s/f., IIHS.
24. Comunismo, Madrid, Mayo 1933, pág. 234.
25. «At Havana, Cuba, there has also been formed, inside the official party, a Bolshevik-Leninist Opposition. For the present, it is only a small group, wich requests us for shimpments of literature and connections with the other sections of the International Left Opposition». The Militant (New York), June 10, 1933 (Traducido por el autor).
26. Opposition Comuniste de Cuba. Secretariat General. A la Section francaise de lOppositión de Gauche Internationale. (La Habana, s/f.), IIHS.
27. Opposition de Gauche Internationale. A lOpposition Com. de Gauche Cuba. (Paris) 29 Juin 1933. IIHS.
28. Según P. Pagés, las discrepancias Trotsky v.s. Nin se iniciaron con la separación de Alfred Rosmer de la dirección de la Liga Comunista francesa, lo que fue apoyado por el primero, pero con lo cual Nin no estuvo de acuerdo; por otra parte, Trotsky apoyaba al grupo encabezado por H. Lacroix, que constituía una minoría en la Izquierda Comunista de España, de la que había sido separado. Nin y la dirección trotskista española criticaban a Trotsky y al Secretariado Internacional por aplicar métodos incorrectos; por su parte, Trotsky acusaba a Nin de frenar la formación de la Oposición española y de hacer todo lo posible por aislarla de la Oposición Internacional.
Un análisis de las discrepancias L. Trotsky vs. A. Nin, es realizado por Pelai Pagés en op.cit., págs. 129-153.
29. «(…) succès en Amérique du Sud sont très satisfaisants, mais nous ne pouvons pas oublier que, pour la plus grand partie. lAmérique du Sud utilise la litterature espagnole. Nous devrions attirer particulièrement lAttentintion de toutes nos sections sud-américains sur nos divergences avec la section espagnole. Il serait bon de leur envoyer en espagnol ma correspondence avec Nin et au moins deux lettres treitant des questions espagnoles.» León Trotsky, Oeuvres, March-July 1933, pág. 161 (Traducido por el Dr. Herbert Pérez Concepción).
30. Entrevista de Robert Alexander a Charles Simeón, New jersey, abril de 1970. Carta del Bolshevik-Leninist Party to the International Secretariat, págs. 7-9.
31. Robert Alexander: Trotskysm in Letin America, pág. 217. / Carta del Bolshevik-Leninist Party to the International Secretariat, march 20, 1935, págs. 2-4.
32. Comité Central del partido Comunista de Cuba, op.cit., págs. 8-10. / Liones Soto: op.cit., pág. 169
33. Archivo Nacional de Cuba (ANC), Especial, Leg. 1, Exp. 194.
34. ANC, Especial, Leg. 1, Nº 193
35. ANC, Especial, Leg. 14, Nº 141.
36. AHPSC, Tribunal de Defensa Nacional, Leg. 3, Exp. 30.
37. Partido Comunista de Cuba. Manifesto Programático del Buró de Oposición Comunista, pág. 1.
38. Ibid.
39. Ibid., pág. 8.
40. Ibid., págs. 6-7.
41. Comité Central de la Oposición Comunista, pág. 6.
42. Ibid. pág. 3.
43. Cfr: Rubén Martínez Villena: «Las contradicciones internas del imperialismo yanqui en Cuba y el alza del movimiento revolucionario», en Josefina Meza Paz: Rubén: antología del pensamiento político, págs. 437-449.
44. Loc.cit. (41), págs. 3-4.
45. Ibid., pág. 7.
46. Ibid., pág. 3.
47. Ibid., pág. 4.
48. Ibid., pág. 11.
49. Oposición Comunista de Cuba, Estatutos, pág. 1.
50. Ibid.
51. Ibid.
52. Ibid., pág. 2.
53. Loc.cit. (41), págs. 2-3.
54. «¡Al pueblo de Cuba! ¡A todos los estudiantes!», La Habana, 28 de junio de 1933 (Manifiesto de AIE), en Pensamiento Crítico Nº 39, abril, 1970, La Habana.
55. «Ala Izquierda Estudiantil de Cuba. A todos los estudiantes de Cuba. A las masas trabajadoras», Habana, 27 de Noviembre de 1932, Comité Central, en Hortensia Pichardo: Documentos para la Historia de Cuba, tomo III, pág. 540.
56. Raúl Roa: La Revolución del 30 se fue a bolina, pág. 276.
57. Cfr.: Mario Riera Hernández: Historial Obrero Cubano, págs. 80-84. Jorge García Montes Antonio Alonso Avila: Historia del Partido Comunista de Cuba, págs. 123-127.
58. El fuego de la semilla en el surco, pág. 484.
59. Para profundizar sobre este aspecto puede consultarse: Lionel Soto: op.cit., págs. 376-395. Raúl Roa: El fuego de la semilla en el surco, págs. 482-492. / Comité Central del partido Comunista: «El papel del Partido en la lucha contra Machado en agosto», Archivo del Instituto de Historia de Cuba (AIHC), Primer Partido Marxista Leninista. Sig. 1/2:1/1.2/52-59.
60. «Federación Obrera de La Habana. Trabajadores. Continuidad el paro por vuestras demandas. Atrás los traidores que ordenan la vuelta al trabajo. Habana, 12 de agosto de 1933. Comité de Huelga» (Manifiesto de la FOH) Archivo de Evelio Tellería Toca (AET).

Artículos relacionados

Deja un comentario