Cimbronazo electoral en el marco de una economía y un régimen político agotados

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Los resultados de las elecciones del domingo 7 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires, no constituyeron de ningún modo un "respaldo" para el gobierno nacional. Sostener lo contrario es distorsionar fuertemente la realidad política argentina, pretendiendo que el gobierno nacional o incluso la burguesía del país mantienen la iniciativa política. En el caso de la gran prensa, se pretende cebar a De la Rúa y su cohorte para lanzarlos con más brío a la adopción de nuevas medidas antiobreras, como el aumento de la edad jubilatoria de la mujer, que fue anunciado al día siguiente de los comicios, o el propósito de producir una reforma política en la ciudad de Buenos Aires, que pretende, entre otras cosas, liquidar la representación proporcional antes que asuma la nueva Legislatura. En el paquete oficial figuran medidas tan graves como el despido masivo de empleados públicos (ley de empleo) o la reducción del aporte impositivo a las provincias para que el gobierno nacional pueda seguir pagando la deuda externa.


 


La verdad de los resultados electorales


 


La verdad del asunto es que la Alianza perdió, el domingo 7, entre casi 350.000 y medio millón de votos respecto a las elecciones de poco más de seis meses atrás (según se incluya o no a sus partidos muletos, tipo Ucedé o el de los "jubilados") (Ver Cuadro 1). Ha perdido de este modo la mayoría automática de que gozaba en la Legislatura. La caída de la Alianza es aun más feroz si se comparan los recientes resultados con los de elecciones anteriores: del tope del 56% que sacó De la Rúa en 1997, pasó al 34 % para diputados locales el domingo pasado. Seis meses de gobierno fueron suficientes para acentuar el desbarranque.


 


El fortísimo retroceso de la Alianza no fue, sin embargo, capitalizado por el desgraciado Cavallo (Ver Cuadro 2). Se trata de un hecho político excepcional, pues significa que, por primera vez, no se dio la perversa rotación de votos entre los partidos oficiales, o sea el mal llamado "voto castigo", que sólo "castigaba" a los que así votaban. Todo lo que consiguió Cavallo ahora fue la transferencia de sólo una parte de los votos del PJ, impulsada por los punteros de Duhalde y Ruckauf. Es decir que el indecoroso 33% que obtuvo Cavallo para jefe de gobierno representó una derrota también para el conjunto de la dirección real del peronismo. Para la Legislatura, la alianza peronismo-Cavallo obtuvo una proporción de votos aún menor, en virtud del corte de boleta.


 


Con referencia a las elecciones de octubre pasado, un cuarto de millón de electores decidieron quedarse en su casa. Para esto no hubo necesidad de ningún movimiento 501, es decir de un abstencionismo fundado en el macaneo "ideológico", que ya había fracasado en el 99. La abstención del domingo 7 de mayo fue la vía de repudio que encontró una parte de quienes en elecciones anteriores votaron por los partidos tradicionales. La otra parte que emigró de la Alianza y del peronismo fue hacia los partidos de la izquierda y a la lista PAIS que encabezó Irma Roy.


 


Luego de la contratendencia derechizante que produjo la victoria de Ruckauf*Rico en la provincia de Buenos Aires el pasado octubre, en el marco de la victoria presidencial del centroizquierda, este nuevo desplazamiento hacia la izquierda, esta vez en la Capital, es un acta de constatación del fracaso de la política derechista en los pasados meses (e incluso de su inviabilidad) y un indudable indicio de las convulsiones cada vez más intensas de la política argentina.


 


Una crisis potencialmente enorme


 


El retroceso electoral de los partidos oficiales, sin embargo, es solamente una parte del paisaje. Ocurre que estos mismos partidos concurrieron a las elecciones ya en un cuadro de disgregación creciente. La UCR hace tiempo que no puede enfrentar sola una elección; no solamente necesita del Frepaso sino que esta vez requirió de tres muletas más *la de la Ucedé, la del sector peronista de Marino y la del partido de jóvenes y jubilados, que muchos dicen que es una aseguradora de pensiones. El menemismo, por su lado, fue directamente pulverizado, mientras que Cavallo requirió del acuerdo harto conflictivo con Beliz y del apoyo condicionado de los gobernadores peronistas. De modo que el recule en los votos ha sido en definitiva el aspecto incluso menor de una descomunal crisis política de los partidos históricos del capital y de todas y cada de sus tendencias. La razón de esta crisis es su incapacidad para detener la impresionante declinación económica y para manejar o arbitrar la colosal descomposición social.


 


Los resultados electorales han mostrado, además, el rápido agotamiento político del Frepaso. Incluso la ventaja que le ofreció la posibilidad de polarizar con Cavallo no le alcanzó para evitar la fuerte hemorragia de votos de la Alianza. La representación política de la pequeña burguesía progresista ya ha sido abandonada por una parte significativa de ésta. La experiencia concreta ha vuelto a demostrar que la pequeña burguesía no puede jugar un rol político independiente del imperialismo, de un lado, y de las masas, del otro. Que lo diga si no Flamarique.


 


Pero el epicentro de la crisis política lo ocupa, incuestionablemente, el peronismo. Sus popes no vacilaron en entregarle a Cavallo la posibilidad de convertirse en su líder político (a tal grado ha llegado su dependencia del imperialismo). El desmoronamiento del peronismo ha impedido que el desgaste de De la Rúa encontrara el relevo tradicional dentro de los partidos consagrados del sistema. El desbarajuste posterior de Cavallo en el episodio de la segunda vuelta, ha dejado un vacío a la derecha del tablero político. El imperialismo está obligado a gobernar con el centroizquierda *por lo menos hasta la próxima crisis. Esto quedó definitivamente demostrado cuando, según La Nación, "los empresarios" bajaron a Cavallo de la segunda vuelta porque "no quieren que el ballotage demore las reformas económicas" (1). En otra página, el mismo diario informa que Altamira aseguró el día anterior que Cavallo renunciaría a la segunda vuelta precisamente por exigencia de los banqueros.


 


La crisis del peronismo no es de aparato ni se limita a un desgaste. La huelga del 5 de mayo fue, de hecho, una declaración de guerra de la parte más activa de la clase obrera contra el conjunto de la dirección peronista. Se ha abierto, entonces, una nueva oportunidad para desarrollar hasta sus últimas consecuencias las tendencias de las masas hacia la independencia política. Esta es la tarea central del momento.


 


La gran huelga del 5


 


Un editorialista de La Nación, enemigo declarado de la huelga, apuntó que "el paro fue masivo en el transporte, en cualquiera de sus variantes, y en la educación, en cualquiera de sus niveles, aunque los sectores industriales sintieron la huelga (por lo menos en un cincuenta por ciento) en los grandes distritos de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe" (2).


 


Este fue, precisamente, el dato distintivo de la huelga del 5 de mayo. No se limitó solamente al paro masivo en las plantas mecánicas (luego de las sucesivas movilizaciones contra la reforma laboral acaudilladas por los obreros de Ford); el paro industrial fue aplastante en Córdoba, donde a la huelga en las plantas terminales se sumó la paralización prácticamente total de los talleres metalúrgicos y del resto de la industria. Fue masivo en el cordón norte del Gran Rosario, donde la CGT San Lorenzo organizó la acción de los piquetes que paralizaron las plantas aceiteras, petroquímicas y papeleras, y tuvo casi las mismas características en todo el arco industrial del sur de la provincia. En Neuquén, el dato distintivo no fue esta vez el paro estatal o docente, sino la presencia en la masiva movilización de más de 5.000 trabajadores de la industria (ceramistas, entre otros). En Tucumán pararon masivamente los obreros de la Fotia (que garantizan el alistamiento de los ingenios).


 


La huelga fue enormemente significativa en el cordón industrial del Gran Buenos Aires, donde se hizo sentir en las plantas grandes y sólo flaqueó en los talleres más pequeños y más desorganizados. Hubo un enorme esfuerzo de la clase obrera para sumarse al paro aun en las condiciones más difíciles: plantas que deliberaron durante el turno mañana y resolvieron parar el turno tarde y noche; plantas en las que se abandonó el trabajo masivamente una vez que se cumplieron las horas para el cobro de algún premio que significaba una parte sustancial del salario.


 


Es un hecho que la huelga tuvo como protagonistas fundamentales a choferes y camioneros. Aquí hay una fuerte tendencia de lucha debido a los convenios negreros y a los despidos anunciados por las patronales, a la vez que la concentración capitalista está borrando la tradicional figura del "componente". Pero la huelga del 5 no fue, simplemente, "el paro producido por la paralización del transporte". Fue un paro que confirmó "la tendencia a la movilización popular que es además protagonizada por la clase obrera", lo cual plantea "que es posible estructurar, desde la clase obrera, una oposición popular al nuevo gobierno fondomonetarista" (3).


 


No se ha reparado lo suficiente en la inmensa popularidad del paro. La Alianza no pudo estructurar un movimiento de boicot o repudio ni en una "plaza fuerte" suya como la Capital. La huelga se expresó en sectores de la clase media empobrecida (como se revela en la huelga masiva en la Universidad de Tucumán u otros centros universitarios, donde existe un dominio institucional de la Alianza) o en el eco popular que tuvieron los piquetes frente a los supermercados (el Sindicato de Empleados de Comercio de Rosario proclamó como objetivo de la huelga arrancar el descanso de los días domingos). Una expresión en el mismo sentido es el paro docente, que vació las escuelas en Córdoba, Santa Fe, Tucumán, en gran parte de las provincias y en una considerable franja del GBA a pesar del boicot indisimulado de la conducción aliancista (frepasista) del Suteba.


 


El enorme eco del paro del 5 en la propia Capital tuvo su expresión política 48 horas después, en el desplazamiento electoral (político) hacia la izquierda y la conquista de una banca por el PO.


 


El paro del 5 fue arrancado, en una gran franja, a fuerza de piquetes. Piquetes en las rutas sobre el acceso a las plantas, piquetes en las líneas de transporte, piquetes de camioneros en los nudos de concentración, piquetes para provocar el cierre de los supermercados y los bancos. Los trabajadores hicieron valer su derecho de huelga, que no forma parte del derecho burgués, a través de sus propios métodos; y, de paso, desautorizaron la "orden" dada por el ministro del Interior que prohibía los piquetes y los cortes de ruta. Por eso La Nación, en su editorial al día siguiente del paro, denunciaba exasperada "la vieja prepotencia de los piquetes de huelga" y proponía colocar a la clase obrera fuera de la ley, porque "cuando se apela a la huelga para forzar a las autoridades a gobernar o legislar de determinada manera (reforma laboral) se está perturbando el libre funcionamiento de las instituciones de la democracia", y "la utilización de procedimientos típicamente mafiosos revela la subsistencia de estructuras delictivas" (4).


 


El paro quebró la disciplina en los gremios de la CGT "oficial", otro dato relevante de la huelga. Se expresó en el paro de los empleados de comercio en las provincias (Rosario, Córdoba), de los estatales en los hospitales de Santa Fe o en reparticiones nacionales (INTI) que desoyeron la orden de la Upcn; en los petroleros de Mendoza (Supe) y en los trabajadores de los hospitales municipales que enfrentaron el carnereaje de la burocracia aliancista del Sutecba.


 


En las horas inmediatas posteriores al paro, los choferes de UTA de Mar del Plata resolvían la huelga por tiempo indeterminado frente a una rebaja del salario (y arrancaban una victoria 96 horas después); los autoconvocados de Salta (docentes, estatales) realizaban una huelga por 48 horas frente a una medida similar (oculta bajo la entrega de un "ticket canasta"); la CGT San Lorenzo ratificaba la convocatoria a la Marcha a Pata y Pulmón, y los piqueteros del norte de Salta reforzaban el corte de ruta. Toda una tendencia a la continuidad de la lucha que no tiene respuesta en el seno del propio bloque de fuerzas que convocó al paro.


 


El PC y el paro del 5


 


Es llamativo que el PC virtualmente no se haya pronunciado por el paro nacional del viernes 5 de mayo. Sólo a último momento y en forma vergonzante, le dedicó un par de líneas perdidas en un artículo interior de su periódico. Refleja, de nuevo, que está a la rastra de la burocracia centroizquierdista de la CTA, la cual no ha perdido todavía todas sus esperanzas en el gobierno aliancista.


 


El PC confirma su apoyo a la atomización sindical. Volviendo a usar un mecanismo ya utilizado, el periódico Propuesta dedica tres páginas, incluyendo las dos centrales, o reportear al abogado laboralista y profesor universitario Mario Elffman. Consultado sobre la posición de la CTA expuesta en el documento "Reforma Laboral: ¿ajuste o democracia?", Elffmann dice: "hay una primer parte (del documento) descriptiva general, muy lograda, concreta, cierta, lógica, razonable…Y hay una segunda parte en la que la cuestión a resolver es si uno está o no de acuerdo con que todo sea negociable".


 


La CTA plantea justamente que las partes fijen "el ámbito funcional y territorial", lo que habilita la existencia de convenios por empresa, por pyme, por profesiones, por localidad o por región; o sea, una política de fractura de la clase obrera ante las patronales. Sobre esto el abogado entrevistado por el PC no deja lugar a ambiguedades: "creo que ahí ya priman cuestiones de orden táctico en la negociación se puede llegar a obtener un provecho aún en las peores condiciones" (5).


 


¿Una cuestión táctica los convenios por empresa o zona o una política para atomizar la organización de los trabajadores, para rebajar aún mas sus salarios y descomponer condiciones de trabajo? En el lenguaje de Beatriz Nofal (UCR, Alianza) en el debate en Diputados: "¿De qué otro modo, sin convenios por zona que sean soberanos, podemos lograr que los salarios del interior se adapten a las realidades provinciales?".


 


La dirección del PC apela al método de los reportajes porque su política choca con su propia gente, ni que decir del activismo.


 


Precisamente, cuando salió el proyecto de reforma laboral de la Alianza, el PC le criticó, no la atomización del movimiento sindical sino "la primacía de las organizaciones con personería gremial sobre las simplemente inscriptas (muchas de las que adhieren a la CTA) garantizando el monopolio de la CGT en la negociación". Esto invalidaría, según la dirección del PC, el "carácter progresista (de) la intención de habilitar la negociación por empresa con el cuento de que debilitaría a la burocracia sindical" (6). Es decir, la atomización obrera sería progresiva si habilitara derechos de negociación a los gremios de la CTA.


 


Esta es, letra por letra, la posición de la conducción aliancista de la CTA, cuya única divergencia de peso con el proyecto oficial era que éste habilitaba sólo a los sindicatos con personería gremial reconocida para negociar y firmar convenios. Por eso se le critica que deja "intactos los privilegios del gremialismo empresarial y del sindicalismo de estado" (7). Por estas razones la CTA y el PC estuvieron a la rastra de la movilización obrera contra la reforma laboral y son un peso muerto para los trabajadores.


 


El PC se ve obligado a reconocer sin sacar ninguna conclusión que la CTA "estuvo virtualmente paralizada ante la ofensiva neoliberal del nuevo gobierno". Se lamenta que esto hubiera permitido un mayor protagonismo a la CGT de Moyano. Pero se recompone: "Felizmente se consigue reposicionar, dice, y volver a ocupar el lugar que le corresponde convocando desde posiciones más avanzadas a este paro" (8). ¿Desde posiciones más avanzadas? La CTA recién convoco al paro el martes 2 de mayo. El lunes 1º de Mayo, en el acto frente a la Legislatura provincial de Neuquén, una asamblea de los trabajadores allí concentrados tuvo que votar un paro el 5 en repudio a las provocaciones del gobierno provincial, debido a la falta de definición de la CTA nacional.


 


Pero, ahora, después del paro, el PC tampoco levanta el reclamo de un plan de lucha de las centrales sindicales. Titula un artículo de balance que publica "Ahora, coordinar las luchas" (9), y plantea como "buena propuesta la de exigir que se realice un plebiscito sobre la reforma laboral y los temas que hacen a la desocupación y la pobreza". Es decir que llama a frenar. Es un planteo conciente para sacar la conflictividad del terreno de la lucha y llevarla al empantanamiento de las juntadas de firmas. En el terreno de la lucha de clases el PC considera "prioritario lograr un compromiso de apoyo mutuo a fin de que allí donde haya (¡sic!) una lucha, un conjunto de organizaciones y sectores la rodeen y apoyen". Son palabras de Alderete, "coordinador nacional del Movimiento Político Sindical Liberación, integrante de la CTA" (rama sindical del PC). Es una política de división y parálisis.


 


Congreso de bases


 


A pesar de la amplitud del paro general del viernes 5, la CGT de Moyano y la CTA han archivado la lucha contra la reforma laboral. Han comenzado a hablar de nuevas luchas por otras nuevas reivindicaciones. Pero a pesar de la importancia de éstas, como el subsidio a los desocupados o el aumento del salario mínimo, es un mal augurio postular nuevas acciones cuando no se ha ido hasta el final en las que se han emprendido. Moyano y De Gennaro toman en cuenta que Diputados ha culminado el procedimiento de aprobación de la ley, para concluir que la lucha contra la reforma laboral queda cerrada y, peor, que "la ley existe para ser acatada". Semejante planteo significa el otorgamiento de un cheque en blanco a las instituciones estatales. Incluso si la ley debiera ser acatada, nada impide luchar por su derogación… y hasta por el veto del Ejecutivo, aunque haya sido éste el autor del proyecto. La cuestión de la reforma laboral no es un asunto de legalismo sino de relaciones de fuerza.


 


De cualquier modo, la amplitud del paro nacional del viernes pasado abre una nueva etapa en el movimiento obrero. La CGT de Daer fue convertida por la huelga en una nulidad política. Reveló cuál es la posición de la masa obrera, más allá de los números de los padrones sindicales. También dejó en claro, dentro de la propia CGT de Moyano, que una mayoría de sus burocracias actuó como un peso muerto frente al paro, cuando no en forma directamente traicionera. Los dirigentes que impulsaron el paro tienen entonces la responsabilidad de tomar una iniciativa para que la masa que paró y que quiso parar se ponga al frente del movimiento obrero y desencadene una etapa de luchas masivas. De lo contrario las masas quedarán obligadas, de aquí en más, a protagonizar escaramuzas y conflictos parciales, que tienen más posibilidad de producir desgaste que una profundización de la lucha.


 


Naturalmente que convocar a un congreso de delegados de base de todo, absolutamente todo, el movimiento obrero es una iniciativa extraordinaria, pero es toda la situación del país y de los explotados la que se ha vuelto extraordinaria. La tendencia de las burocracias sindicales, inclusive la más "disidente", es capitular ante el Estado y los grandes capitalistas. Pero, más allá de esto, la necesidad de ampliar la capacidad de acción del movimiento obrero y profundizar la perspectiva de su lucha es absolutamente vital para los miles y miles de activistas que apoyan, siguen, confían o tienen alguna ilusión en los dirigentes que llamaron al paro del 5. Es a estos compañeros que les decimos que la realización de un congreso de delegados de base, para discutir y organizar un plan de lucha hasta la obtención de las reivindicaciones, es vital.


 


Hagamos un frente común para reclamar este congreso a Moyano y De Gennaro.


 


Izquierda "Unida"


 


Izquierda Unida (en realidad Izquierda Unida Sionista) es la que obtuvo el mejor resultado en las elecciones de Capital, en relación al conjunto de la izquierda (Ver Cuadro 3). Claro que reúne a grupos y sub-grupos políticos diversos, es decir que carece de homogeneidad política y funciona sobre la base de compromisos electorales. Aumentó su votación casi al doble (el PO creció, en cambio, cerca del 50%) y reunió también el doble de votos con relación a nuestro partido. Obtuvo dos bancas.


 


Los resultados prácticos de la elección de IUS han develado el mecanismo político tramposo de esta unidad. Mientras que los que hicieron el "gasto" de la campaña fueron los llamados "independientes", Patricia Walsh y Herman Schiller, los beneficiarios resultaron los capitostes de los grupos políticos; Echegaray, en especial, del Partido Comunista, se esforzó incluso en que no se supiera que era candidato a legislador, por temor a suscitar un repudio del electorado. Los que acusan al PO de acaparar candidaturas resultaron ser la peor clase de aprovechadores políticos, porque ni siquiera lucharon para ganarlas. El PC y el Mst explotaron mediáticamente el apellido de Patricia Walsh (que como militante de reciente data está demostrando condiciones propias, aunque no siempre positivas), y el reconocimiento hacia Schiller de una parte del judaísmo sionista, para quedarse ellos con las bancas. Quienes lo votaron aún deben seguir pensando que todo este operativo estuvo al servicio de la "unidad".


 


Otro aspecto de la campaña de IUS fue el trabajo mencionado en el medio judío, pero con el agregado de una campaña que pintó al PO como antijudío. Así caracterizó Echegaray a Altamira en Página 12 (10). Indigna naturalmente esta canallada de parte de quienes casi saludaron el atentado a la Amia como una acción de la revolución árabe y que en todo caso sabotearon las movilizaciones que se hicieron en repudio al atentado. Más importante todavía, la identificación entre judaísmo y sionismo significa que se le ha otorgado a éste un salvoconducto en la izquierda democratizante internacional. Un aspecto de esta campaña se manifestó en la prohibición de la DAIA, una institución sionista que colaboró con la dictadura militar y con el menemismo, de que Pablo Rieznik pudiera participar de un debate entre candidatos a jefe de gobierno, mientras que a Patricia Walsh la misma DAIA le toleró un generoso escenario mediático. No será nunca ocioso insistir en que el PO no tuvo en cuenta especulaciones electorales para denunciar la incorporación del sionismo en IU, de una corriente opresora y antisocialista.


 


El apoyo o la neutralidad ante el sionismo significa el apoyo o la neutralidad ante un movimiento y un régimen estatal de opresión nacional. La negativa de los partidos de IU a movilizarse en repudio al atentado a la AMIA es también una cuestión de principios porque se trata de la neutralidad o la indiferencia ante el fascismo y el antisemitismo.


 


En oportunidades anteriores los partidos de Izquierda Unida tenían incorporado a su programa el apoyo a los movimientos de liberación nacional y en especial al palestino. Es decir que se oponían al sionismo y al régimen estatal sionista como expresión de la opresión nacional del pueblo palestino. Adoptaban, entonces, una posición de principios en defensa de la libertad nacional. Ahora, en cambio, la Coordinadora de IU declara que "no todos pensamos igual sobre todo", es decir sobre el sionismo, y Schiller dice que el sionismo, palestinos, Israel "son debates de largo alcance". Está claro, entonces, que el acuerdo IU-Schiller ya ha producido el completo retroceso de la izquierda de IU hacia una posición de apoyo o neutralidad ante la opresión nacional. Se trata de la variante argentina de los acuerdos de Oslo impuestos por Clinton.


 


La otra veta que IUS explotó en su campaña electoral es que representaba a los que "se unen", algo que es rigurosamente falso. Son incapaces de cualquier unidad en procesos de lucha o sindicales y sólo recurren a ella para rescatarse mutuamente frente a una contienda electoral. Ninguno de los integrantes de la Izquierda Unida Sionista es capaz hoy de solventar políticamente un espacio electoral autónomamente. El planteo de la "izquierda que se une" es rigurosamente una demagogia destinada a captar el voto más fácil del electorado, es decir el de quien tiene un acercamiento reciente a la izquierda; el de quien ha estado empantanado mucho tiempo en el centroizquierdismo electorero; e incluso el más distante de las luchas, en especial de las políticas e ideológicas.


 


El voto por la unidad en sí misma, sin contenido, incluso despreciando el programa porque sería factor de "divergencias"; este tipo de voto constituye, en un proceso de crisis política y de radicalización, un voto de transición. La agudización de la lucha de clases y política impone por sí misma una exigencia de delimitación que tiende a minar la base de esta clase de voto superficial.


 


Naturalmente, frente al grupo legislativo de IUS y de otros sectores de izquierda, e incluso del de Irma Roy, vale la vieja fórmula revolucionaria de "golpear juntos y marchar separados". El apresuramiento de IUS en proponer un bloque o interbloque parlamentario en la ciudad no tiene nada que ver con la eficacia política o legislativa, sino que intenta de nuevo protegerse de la diferenciación política. Ya en un artículo de 1998, el Partido Comunista presentó su política en términos de formar una "izquierda-centro", es decir una izquierda que se adapta a la derecha. Esto lo ha reiterado Echegaray luego de las recientes elecciones, aludiendo explícitamente a los frepasistas de la Alianza, es decir a sus viejos camaradas del comité central. Formar un bloque con estas características significaría cubrirle la espalda a un operativo de vaciamiento político.


 


IU ha producido una caracterización distorsionada de los resultados electorales. El PC plantea que fortalecieron a la Alianza (a pesar de perder entre 350 y 500 mil votos), es decir que se ha reforzado la iniciativa política de ésta. Esta caracterización entra como anillo al dedo a la justificación de la "unidad de izquierda" para contrabalancear a la derecha, y a despreciar una iniciativa política de las masas, que obligaría a poner el acento en el programa.


 


El Mst, una réplica centrista de este mismo planteo, sostiene que la "Alianza ganó", pero "retrocedió". Esta caracterización está condicionada por el oportunismo electoral, de ahí que el planteo estratégico no contemple una salida política a las masas que dan la espalda al peronismo, sino las elecciones del 2001.


 


El PC caracteriza que las elecciones de Capital han fortalecido al gobierno aliancista nacional para llevar adelante sus planes de ajuste. "A nivel del gobierno nacional, dice, el triunfo porteño de la Alianza afianzó el rumbo económico dominante" (11). "El triunfo de la Alianza en la Ciudad de Buenos Aires, agrega, brindará un nuevo impulso al ajuste (…) Así la victoria de Anibal Ibarra otorgó un renovado oxígeno político para profundizar el rumbo adoptado".


 


El PC se suma así al coro patronal que no quiere registrar que la Alianza perdió 10 escaños y 400.000 votos en apenas seis meses. Votos que no fueron a parar a la oposición centroderechista, sino a la izquierda de la centroizquierda y al PO.


 


En realidad, la votación del domingo 7 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires, le quita legitimidad a todo intento del gobierno aliancista para avanzar en nuevas medidas de ajuste. Los cortes de ruta y los levantamientos posteriores a la elección, se lo recordaron rudamente. En lugar de una consolidación, el gobierno aliancista, ha entrado en una nueva fase de crisis.


 


El PC saca entonces un balance erróneo, pero ¿por qué y con qué objetivo?


 


Contrariamente a su perorata acerca del reforzamiento de los ajustadores, e l PC valora positivamente el triunfo de Ibarra, o sea como una derrota de Cavallo ("que debe examinarse junto con un avance notable de la izquierda"). Es decir, que la victoria del ajuste no sería tan negativa después de todo. El PC, que en el pasado cercano fue parte de la centroizquierda (junto al Chacho Alvarez, Fernández Meijide, Pino Solanas, etc.) no ha terminado de romper sus vínculos con el progresismo proimperialista. Echegaray no lo oculta cuando plantea la estrategia de un frente "izquierda-centro". El PC insiste en que la actual IU es parte del Foro de Sao Paulo junto a otros partidos progresistas proimperialistas. En las mismas páginas, Patricia Walsh llama a "la reconstrucción del campo popular", término que recubre un policlasismo bajo dirección extraña al proletariado, y en el periódico del Mst, define que "las tres banderas de independencia económica, soberanía política y justicia social son las que está expresando nuestro programa" (12). El gobierno de los trabajadores y la unidad socialista de América Latina, no.


 


El PC coincide: estamos, caracterizamos, en una "etapa de acumulación de fuerzas y de recomposición del campo popular, con un eje en la unidad de la izquierda y los revolucionarios" (itálicas nuestras). La función de la unidad de la izquierda es claramente dar sustento a la recomposición de un frente popular bajo dirección burguesa o pequeñoburguesa.


 


Esto explica los ataques de los integrantes de IU, contra el "sectarismo" del PO. Para Echegaray IU "tiene un proyecto realista…". Para Walsh "la izquierda que se une, una izquierda que no es sectaria", (que) se abre "por más unidad" a la "reconstrucción del campo popular".


 


Lo que IU ataca es la perspectiva de que la clase obrera construya su partido político independiente, que es lo que está a la orden del día, frente a la crisis del nacionalismo burgués. Se trata de desarrollar la ruptura de las masas con el peronismo, devenido en instrumento incondicional del imperialismo y del gran capital. Esto es lo que IU considera "sectario". El PO ha llamado a la izquierda a encarar de conjunto esta tarea político-histórica. Pero este necesario debate ha sido rehuido en todo momento y lugar, por la explotación demagógica de consignas como "la izquierda que se une", que ocultan una estrategia contraria a los intereses históricos de la clase obrera.


 


La explotación electorera de esta consigna es plenamene conciente. Pero demagogia aparte, IU ha demostrado que no puede intervenir en el terreno de la lucha de clases como factor de reagrupamiento. Así, por ejemplo, en la movilización convocada el 24 de febrero a Plaza de Mayo por la CGT contra la reforma laboral, el PC no sólo le dio la espalda sino que en su periódico defendió los convenios y sindicatos por empresa. Ahora, en las elecciones que se realizarán en el sindicato docente de la provincia de Buenos Aires (Suteba), el PC se ha negado a integrar el frente antiburocrático constituido por casi todas las expresiones combativas y de izquierda. ¿Es el precio que paga por mantenerse en la dirección burocrática centroizquierdista de la CTA, junto a los dirigentes centroizquierdistas del Suteba y Ctera? También el año pasado se había negado a integrar el frente antiburocrático en las elecciones nacionales de ATE. Y fue un factor fundamental, en impedir que este frente antiburocrático ganara el sindicato provincial de Santa Cruz. También en la gran huelga minera de Rio Turbio se colocó del lado de la burocracia degenarista contra los trabajadores, por lo que sufrió el repudio de asambleas masivas.


 


"A otro perro con ese hueso".


 


El objetivo estratégico del PO en la presente etapa es, claramente, desarrollar la ruptura de las masas con el peronismo para formar un partido de trabajadores. En función de esta política, el Partido Obrero denuncia el electoralismo sin principios e incluso proimperialista de la Izquierda Unidad Sionista y llama a toda la izquierda a una acción política, para impulsar un congreso de bases y un partido de trabajadores.


 


¿La tercera fuerza electoral? ¡El PCR..!


 


El PCR ofrece el análisis más original de los comicios de la Capital. Se atribuye para sí el abstencionismo y el voto en blanco que de conjunto abarcaron a un tercio del padrón electoral. Asegura que fueron éstas las posiciones "que mejor permitieron expresar a las masas populares en lucha su repudio a la política de ajuste y entrega y al sistema" (13). Es decir que el abstencionismo había tenido un programa político definido, el del PCR. ¿Pero quién se enteró de la posición del PCR?. Proponer al mismo tiempo la abstención y la concurrencia electoral (votar en blanco), lejos de ser una posición política es una incoherencia sin política?


 


El medio millón de ausentistas en los recientes comicios de la Capital no representa una evolución líneal del abstencionismo, que sería, siempre ascendente. Las cifras indican que "en los años ochenta la concurrencia a votar se mantuvo por encima del 80%" (14), bajó al 76,5% en las elecciones del 97 (diputados nacionales) y subió al 81% en las presidenciales de octubre del 99, el mismo porcentaje de 1983. En este último caso, la elevada concurrencia tuvo lugar a pesar de la campaña "oficial" sobre los que iban a "huir" de la democracia, incluyendo los "tours" para retirarse al km 501. En resumen, el abstencionismo sigue la línea sinuosa de los altos y bajos de la crisis política.


 


En 1997, la elevada abstención coincidió con el derrumbe electoral del peronismo y la elevada votación a la izquierda, fue expresión de una crisis política. Fue en período de los cortes de ruta, el significativo paro del 14 de agosto, la huelga docente en Neuquén, las movilizaciones por el asesinato de José Luis Cabezas, la división de la burguesía. Una franja de trabajadores peronistas se recluyó en su casa o ancló su voto a la izquierda (el PO obtuvo su mejor votación desde el 83).


 


El fenómeno no se repitió en 1999. Luego que la Mesa de Enlace (CTA, MTA, CGT) llamara a implantar la "paz social" para garantizar la victoria electoral de la Alianza, las luchas provinciales fueran derrotadas una a una y varias organizaciones de desocupados fueran quebradas por la acción prebendaria del estado.


 


(El voto en blanco no sigue exactamente la evolución del abstencionismo. Tuvo su punto mas alto en el 95 -3,59% frente a la elección de Menem, cayó algo en el 97 y volvió a bajar en el 99 *2,96%. En la elección de Capital promedió el 3%).


 


El PCR mezcla el voto en blanco con la abstención y el voto nulo. Pero un abstencionismo políticamente consciente es un desafío al orden legal, que en su punto mas alto supone el boicot a las elecciones y, como mínimo, un programa y una organización capaz de ir a la lucha. Fuera de esto, el voto en blanco o el ausentismo electoral son opciones del sistema. El PCR no se detiene en estas sutilezas y mete todas las opciones en una misma bolsa, porque lo que está tratando es de escamotear su incapacidad para ofrecer una salida política en una circusntancia concreta, que involucró un millón ochocientos mil personas.


 


Según el PCR, "no estamos en la Argentina en un momento de retroceso del movimiento revolucionario que justifique centrar nuestro trabajo en utilizar la tribuna electoral para explicar nuestra línea revolucionaria a las masas" (15). Como el movimiento de las masas está en "auge" desde el Santiagueñazo (1993) sería un crímen volcarse a las elecciones en lugar de poner todas las energías en "llevar la lucha de masas hasta sus extremos, como enseñó Lenin" (16).


 


En una palabra, en pleno "movimiento revolucionario", el PCR carece de las fuerzas "revolucionarias" y es al mismo tiempo políticamente incapaz, de utilizar la tribuna política para desarrollar ese "movimiento revolucionario". Sin embargo: ¿que mejor termómetro que la caida espectacular de la Alianza en sólo cuatro meses; la desintegración del peronismo y el crecimiento enorme de la izquierda; ¿que mejor que esto para que las masas puedan medir la evolución operada en la temperatura revolucionaria?


 


El PCR quiere simplemente ocultar el derrumbe de su política de construir "una verdadera oposición" con la propia Alianza, que procuró con tenacidad hasta la víspera de las elecciones de octubre pasado. En 1989, en el "auge revolucionario" de los asaltos a supermercados y de la hiperinflación, el PTP presentó candidatos como parte del frente menemista, parece que recién hubiera nacido después de esa fecha. En 1995, con otro "auge revolucionario" (crisis tequila, santiagueñazo, derrumbe del plan Cavallo) formó parte del frente encabezado por Solanas, "que anuncia a los cuatro vientos su intención de votar por Bordón en la segunda vuelta, lo que equivale a llamar a votar al mendocino en la primera *para que pueda, en primer lugar, llegar a la segunda" (17). Esta posición de votar a Bordón, la planteó el Perro Santillán el 1º de mayo de ese año en San Lorenzo. En 1999, el PCR llamó al "voto en blanco, nulo o la abstención", pero su política iba atrás de Duhalde, a quien atribuyó "estar pensando en dejar de pagar los intereses de la deuda externa" y a quien llamó a "unir fuerzas para un amplio frente antimenemista que garantice una gran pueblada nacional" (18).


 


En definitiva toda la perspectiva del PTP es colocar al movimiento obrero como furgón de cola del "frente nacional" dirigido por la burguesía nativa, pero como esta no da señales de querer tal frente, el PTP está obligado a hacer la plancha con el votoblanquismo.


 


El Partido Obrero


 


El PO obtuvo la mitad de votos de IU, pero logrado como partido y en base a un programa, o sea que tiene un peso propio del que carece el cambalache de la izquierda democratizante. Aunque el crecimiento electoral del PO y la consagración de un legislador forma parte de una tendencia general a la izquierda, su significado político es diferente. La llamada izquierda es, en verdad, una variante de la centroizquierda; no en vano formó el Frente del Sur y el Frente Grande, e integra el Foro de San Pablo, incluso junto a tendencias abiertamente capitalista como el PRD de México, o represivos como Bolivia Libre. Comparte con el centroizquierda expresiones contra "el modelo", el repudio al "neoliberalismo", la "justicia social", el planteo de "re-unir al campo popular" (o sea la colaboración de clases con la burguesía nacional o lo que queda de ella). El Partido Obrero ocupa la posición única, por su programa y actividad, de representar la posición de la lucha de clases, del desarrollo de la independencia de la clase obrera para que conquiste una posición dirigente, de la conquista del poder por los explotados; en una palabra, de la estrategia de la revolución proletaria. La campaña electoral del PO fue rigurosamente consistente con esta estrategia. Fue el único partido que no se valió de muletas frentistas y, por sobre todo, el único que planteó la cuestión de la crisis política de la burguesía y de sus partidos, y de cómo debía ser explotada para poner en pie un partido obrero independiente.


 


El mandato que, en consecuencia, recibe el PO, es estratégico: ayudar a la clase obrera que ha seguido al peronismo a sacar todas las conclusiones de la crisis actual para que ello le permita convertirse en protagonista activa de la formación de un partido de trabajadores. En la medida en que la lucha de masas, de un lado, y el proceso político, del otro, comienzan a plantear esta cuestión de un modo inmediato, es posible caracterizar que estamos ingresando a una nueva etapa.


 


En las vísperas del XI Congreso


 


¿En que términos se desenvuelve el proceso político argentino tomado como conjunto?


 


El cambio de gobierno operado el 10 de diciembre pasado consagró a un gobierno integrado por la representación política de la pequeña burguesía progresista (Frepaso). El desplazamiento del peronismo en crisis por un gobierno que representa a la izquierda del imperialismo y a la pequeña burguesía progresista y que se expone a una lucha de clases con los trabajadores, es un progreso de la situación política porque acerca estratégicamente la perspectiva de un gobierno de los trabajadores.


 


Esta caracterización sale reforzada con los últimos acontecimiento electorales y los cortes de ruta de los desocupados. El imperialismo y el gran capital "votaron" en forma abrumadora por el centroizquierda, el gobierno De la Rúa y su candidato progresista, Aníbal Ibarra. La alternativa de que el capital financiero pudiera optar por una alternativa derechista fue descartada desde el vamos. La propia política derechista se empantanó en apenas algunas semanas y acabó con la salida forzada de Rico del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Por la misma razón Cavallo tuvo que presentar su campaña como una "colaboración para el éxito del gobierno nacional" y fue obligado a bajarse del caballo ante la posibilidad de una segunda vuelta. La recomposición de una oposición de derecha a la Alianza tendrá que esperar, ahora, el descenlace de una nueva etapa de convulsiones sociales y de ajuste de cuentas al interior de la propia clase explotadora.


 


La burguesía debe apelar, más que a sus representantes orgánicos y clásicos, a ciertas reservas inusuales para asegurar su propio control. Despeja así el camino para una lucha de clases más nítida en la misma medida en que se ve obligada a hacer uso de elementos que, desde la oposición, sirven normalmente como obstáculo o desvío a la estructuración políticamente independiente de la clase obrera (en esto consiste el "progreso" de la situación política planteado con el advenimiento de la Alianza, caracterizado así en el documento de base del XI Congreso). Al convertir a los opositores de ayer en los "oficialistas" de hoy, contribuye precisamente a confrontarlos con el movimiento de masas, al que en su momento buscaron expresar y regimentar como opositores.


 


Esto es precisamente lo que acaba de verificarse en la Capital. Con un "joven progresista" a la cabeza, la Alianza perdió medio millón de votos en 120 días, y el desplazamiento del electorado se dio en su totalidad hacia la izquierda, en un porcentaje próximo al 20%. El cuadro siempre distorsionado de las elecciones, condicionadas por el control del poder y de los gigantescos fondos dilapidados en la campaña, muestra el retroceso de los partidos que se ubican en el centro de gravedad histórico de la burguesía.


 


Todo esto traduce una crisis política enorme de las formaciones políticas a través de las cuales los explotadores establecieron su dominación, no ya en el período democratizante, sino en los últimos cien (radicalismo) y cuarenta (peronismo) años respectivamente. Aunque fuera solamente por esto, la crisis del actual régimen político ya tendría un significado histórico. Asistimos a una transición, a una bisagra entre dos etapas y, por eso mismo, a una oportunidad excepcional para desenvolver las tendencias de las masas que tienen potencial revolucionario.


 


El resultado electoral en la Capital, mostrando una inversión muy clara de las tendencias del electorado en apenas seis meses, es la expresión de un fenómeno más amplio: todos los factores de inestabilidad política se han acentuado en el último período. El gobierno está fracasando en su propósito de reconstruir un régimen de ofensiva, luego de la descomposición del menemismo. Si tomamos en cuenta la pueblada correntina, la movilización contra la reforma laboral y ahora las fenomenales luchas en curso, con epicentro en Salta y Neuquén, el gobierno De la Rúa enfrentó en cuatro meses tres grandes crisis, marcadas por un nivel creciente de intervención y combatividad de las masas explotadas. En su momento, cuando se produjo la movilización obrera a Plaza de Mayo contra la Reforma Laboral dijimos que el gobierno había sido colocado a la defensiva en plena luna de miel, durante sus primeros 100 días de ejercicio (19).


 


Ahora mismo los voceros de la burguesía están planteando que los piqueteros salteños liquidaron toda posibilidad de que el gobierno pudiera utilizar en provecho propio la victoria para jefe de gobierno porteño. Los elogios al "pluralismo", a la ausencia de polarización e inclusive al ascenso de la izquierda en los comicios legislativos, expresan un intento de cooptación de la izquierda y, al mismo tiempo, la tentativa por ocultar que detrás de la dispersión del voto se expresa un fenómeno más profundo de fragmentación de todo el régimen y aún de las instituciones del Estado. Una prueba adicional de esto es la crisis recurrente a la que están expuestas las Fuerzas Armadas y los aparatos de seguridad (represión, corruptelas, negociados, crímenes).


 


Una salida a esta situación es la posibilidad de un gobierno de coalición. De hecho, la presencia de De la Rúa en el inicio del período de sesiones de la Legislatura santafesina para apoyar a Reutemann es una manifestación de esta tendencia que, de entrada, se manifestó en ocasión de la firma del Pacto Federal del gobierno nacional y los provinciales para aprobar el Presupuesto Nacional elaborado… por el gobierno de Menem.


 


Una variante de esta naturaleza cuestionaría el mecanismo de la rotación en el poder. En un régimen presidencialista, una salida de este tipo estimularía las tendencias al bonapartismo. Al día de hoy el propio Poder Ejecutivo tiene que salir a asumir, inclusive contra su propia voluntad, un papel de árbitro en las provincias ante la emergencia de las puebladas, movilizaciones y cortes de ruta. En la base de todo este panorama tenemos el fracaso del gobierno para dar una salida a la enorme crisis económica. 


 


La bancarrota económica replantea, pero con mayor agudeza, la alternativa devaluacionista. Cuando la burguesía reclama más que nunca la reducción del "costo argentino", el peso se encarece. Además de la presión de la competencia extranjera, hay una depreciación del peso fogoneada también por la imposibilidad de cumplir con las metas de déficit fiscal y la dificultad para financiar el pago de la deuda externa.


 


La presión por la devaluación del peso ya tiene un alcance internacional, como lo demostró la reciente discusión en Río de Janeiro, para insertarla dentro de un acuerdo monetario y cambiario con el real brasileño, que requeriría la intervención del FMI. Pero este debate demostró que junto con la desvalorización del peso puede caer todo el Mercosur y plantear la alternativa de la dolarización en Argentina. La dolarización, sin embargo, enfrenta el obstáculo enorme de que la economía norteamericana está obligando a la Reserva Federal a una política monetaria restrictiva, o sea menor crédito interno e internacional *obviamente a contramano de la dolarización. De este modo, las contradicciones que presentaría una devaluación frente a las situaciones brasileña y norteamericana, potenciarían en un extremo inusitado las consecuencias que ella tendría de por sí frente al endeudamiento interno en dólares. La alternativa devaluatoria plantearía, entonces, en una de sus variantes más extremas, una crisis política sin precedentes.


 


Es esta perspectiva la que tiene inmovilizado al gobierno. Pero esto lo deja sin respuesta ante el creciente descontento popular. Cualquier intervención en las luchas, en estas circunstancias, debe partir del carácter excepcional, o sea revolucionario, que encierra su perspectiva política.


 


La situación de las masas, nuestra intervención


 


En el escaso lapso de 90 días, tomando como punto de partida la movilización obrera de la CGT a Plaza de Mayo el 24 de febrero, las masas han comenzado a ocupar el centro de la escena política. Se ha reforzado la tendencia a la rebelión popular en las provincias y se ha reforzado la presencia de la clase obrera como protagonista de esta rebelión. La movilización del 24 de febrero abrió una nueva etapa política y la amplitud del paro nacional del 5 de mayo ha abierto una nueva etapa en el movimiento obrero. El corte de ruta en el norte de Salta es, en sí mismo, una radiografía de esta caracterización. Comenzó el 2 de mayo, promovido por organizaciones de desocupados de Tartagal y Mosconi orientadas por "punteros" del PJ, que tuvieron que salir a chocar con las intendencias dirigidas por el peronismo frente al derrumbe de los planes de empleo y asistenciales. Fue parte del paro del 5 de mayo y se reforzó en las horas siguientes, con el paro de 48 horas resuelto por los "autoconvocados" (docentes y estatales) del departamento San Martín, contra la rebaja de salarios a docentes y estatales.


 


El gobierno de la Alianza apostó a darle un golpe decisivo al corte con el desalojo en la madrugada por la gendarmería, sin contar con el regreso ya no de los piqueteros sino de las poblaciones en masa, que por miles retomaron el corte, colocaron a las fuerzas de seguridad al borde de la derrota y prácticamente dirimieron el conflicto. Allí vino la negociación orquestada por el clero y con los funcionarios del Frepaso en la primera línea. Entre el primer desalojo y el armisticio, los pobladores votaron un programa de 31 puntos que supera los reclamos elementales del principio de la lucha y plantea no sólo la reposición masiva de los planes Trabajar sino también la intervención masiva a los municipios, 15.000 puestos de trabajo reclamados a las petroleras, la triplicación de las regalías y la derogación de la rebaja de salarios dispuesta por el gobierno provincial, entre muchos otros reclamos. En un comentario que es todo un reconocimiento a las asambleas obreras que debatieron cada reclamo del conflicto, el ministro del Interior, desde Londres, lamentó la falta de interlocutores "válidos" porque "uno pensaba que había llegado a un acuerdo pero luego aparecían nuevos puntos (votados por la gente)" (20).


 


Estamos asistiendo a la generalización vertiginosa de estas luchas y al esfuerzo de una nueva generación de la clase obrera por dotarse cada vez de mejores programas. Los pobladores en lucha del norte de Salta expresaron agudamente la búsqueda de un nuevo poder político en su reclamo de intervención total a los municipios, y hoy existe toda una corriente a favor de que las asambleas populares nombren a los interventores, fijen sus mandatos y se establezca la convocatoria a nuevas elecciones. El agotamiento de las ilusiones democráticas se resuelve, por ahora, en la recreación de nuevas ilusiones democráticas.


 


Los servicios de inteligencia han trazado ya un "mapa" de los conflictos inminentes: Jujuy, Salta, Santiago, Corrientes, Río Negro, Neuquén (no ha sido incluido el Gran Rosario, quizás por el pacto de paz social que acaban de firmar las regionales cegetistas, entre ellas las de Moyano, con Reutemann). De este "mapa" no pueden excluirse las plantas automotrices, ante la perspectiva de nuevos despidos en masa luego de una sangría atroz.


 


Esto revela "que es posible estructurar, desde la clase obrera, una nueva oposición popular al nuevo gobierno fondomonetarista" (21) pero, además, que todas las características políticas señaladas el 24 de febrero *crisis política, insatisfacción de la gran patronal, tendencia a la movilización popular con la clase obrera como protagonista, gobierno a la defensiva, empantanamiento económico* se han agravado. La aprobación de la reforma laboral no le ha permitido al gobierno de la Alianza mejorar su situación.


 


Llamamos a la CGT disidente y la CTA a la convocatoria a un congreso de delegados de base porque responde a la necesidad de ampliar la capacidad de acción del movimiento obrero, hoy expuesto en cien escenarios, y debatir la perspectiva de estas luchas. Llamamos a debatir un plan de acción de conjunto y el programa para enfrentar la crisis, es decir confrontar con el "modelo" de Moyano y de otras burocracias que están, por ahora, de este lado de la barricada. Este reclamo de conjunto debe tomar forma en cada regional, convocando a las organizaciones que llamaron al paro, interviniendo en las crisis que están provocando violentos desplazamientos sindicales (Rosario, Villa Constitución, Mar del Plata, UOM). La crisis política que recorre a la burocracia de los sindicatos no ha llegado aún a provocar manifestaciones de quiebra del aparato (salvo, incipientemente, en la UOM), pero está actuando vigorosamente en esa dirección.


 


Se ha abierto una etapa de deliberación inmensamente rica en el movimiento obrero. Será necesario promover asambleas y mesas redondas para debatir el programa frente a la crisis en un momento en el que todos están obligados a exponer sus propios planteos de "salida". El centro de nuestro planteamiento es el llamado a impulsar una lucha consecuente, mediante un congreso de delegados de base, y a construir un partido de trabajadores.


 


 


Notas:


1. La Nación, 9 de mayo de 2000.


2. La Nación, 7 de mayo de 2000.


3. Prensa Obrera Nº 656, 2 de marzo de 2000.


4. La Nación, 7 de mayo de 2000.


5. Propuesta, 9 de marzo de 2000.


6. Propuesta, 3 de febrero de 2000.


7. Propuesta, 9 de marzo de 2000.


8. Propuesta, 11 de mayo de 2000.


9. Idem.


10. Página 12, 4 de mayo de 2000.


11. Propuesta, 11 de mayo de 2000.


12. Alternativa Socialista, 11 de mayo de 2000.


13. Hoy, 10 de mayo de 2000.


14. Centro de Estudios de la Nueva Mayoría.


15. Informe CC, 10 de noviembre de 1999.


16. Hoy, 29 de abril de 2000.


17. Prensa Obrera Nº 446.


18. Hoy, 1º de setiembre de 1999.


19. Prensa Obrera Nº 656, 2 de marzo de 2000.


20. La Nación, 16 de mayo de 2000.


21. Prensa Obrera Nº 656, 2 de marzo de 2000.

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