Ricardo Lagos: Una candidatura del capital financiero

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El inicio de la campaña electoral presidencial en Chile ha sido, también, el debut de un conjunto de realineamientos políticos relacionados con el desenvolvimiento de una crisis de orden general.


 


Vacilaciones económicas entre los explotadores


 


En primer lugar, comienzan a manifestarse claros síntomas de agotamiento del “modelo” económico que el gobierno de la Concertación (coalición de la Democracia Cristiana (DC), el Partido Socialista Chileno (PSCh) y otros grupos de centroizquierda) tomó de manos del pinochetismo.


 


El devenir económico de Chile viene siendo presentado como “ejemplo de estabilidad y crecimiento”. Este es, sobre todo, el planteamiento de la “izquierda” y centroizquierda que gobierna, y a partir del cual ha puesto a resguardo todas las “conquistas” que el gran capital labró contra las masas en quince años de dictadura.


 


En verdad, el llamado “milagro” chileno (el crecimiento económico de 1985 a 1989) apenas remontó la catástrofe industrial y bancaria de los años 1982 y 1983 (25% de retroceso de la producción física en dos años), que desembocara en una crisis pre-revolucionaria. Los explotadores chilenos urdieron entonces un salvataje político y económico cuya fragilidad y parasitismo comienzan a ponerse de manifiesto.


 


El Banco Central aún carga con la hipoteca de la “deuda subordinada”, esto es, los quebrantos de los holdings industriales y bancarios durante 1982 y 1983. La política de “capitalización” de la deuda externa obligó al Estado a pagar títulos desvalorizados por el 100% de su valor, así como a absorber los pasivos de las empresas públicas que serían vendidas. Para pagar la deuda externa y financiar estos negociados, el Estado motorizó un mercado de capitales “atractivo” para los fondos especulativos. Pero el verdadero protagonista de este “mercado emergente” ha sido el ahorro previsional de los trabajadores chilenos, que el Estado confiscó a cuenta de un puñado de agentes de Ton dos de pensión (AFP) —tres AFP concentran el 75% de los fondos previsionales. En relación al crecimiento de la economía en 1991 y 1992, un reciente estudio interpreta que “los períodos de entradas masivas de capitales coinciden con “booms” bursátiles, los cuales inducen a una expansión del consumo vía efecto riqueza” (CEDEAL, agosto ’92). Las superganancias del mercado de valores financiaron un “boom” de la construcción para la gran burguesía y pequeño burguesía acomodada, y un auge del consumo suntuario: aunque las importaciones crecieron un 18% entre 1991 y 1992, “se destaca que las de bienes de consumo muestran una expansión del 36%” (CEDEAL). En plena “primavera” de los explotadores los salarios permanecieron inalterados.


 


La condición para asegurar un flujo estable de capitales que financien este “milagro” especulativo es que la tasa de interés interna se sitúe por encima de la devaluación esperada de la moneda. Pero ello conduce, inevitablemente, a la inflación en dólares y a una revaluación de la moneda chilena que bloquea el desenvolvimiento de las exportaciones.


 


Para atenuar estos efectos y disminuir el flujo “excesivo” de capitales, el gobierno autorizó a las AFP a invertir en el exterior (ello permitió la participación chilena en la privatización de la argentina SEGBA). De este modo, el gobierno chileno ha “institucionalizado” un proceso de fuga de capitales que revela el carácter puramente especulativo de los fondos que ingresan al país, esto es, de su incapacidad para aplicarse en inversiones productivas. (Un economista argentino, Roberto Lavagna, atribuyó las inversiones trasandinas en empresas eléctricas al “agotamiento del modelo chileno”).


 


La sobrevivencia del “pujante” mercado de capitales constituye una losa sobre todas las clases de Chile, y aun sobre otras fracciones de los explotadores: para que las ganancias de las AFP sostengan a la Bolsa en vilo, es necesario superbeneficios en las empresas privatizadas que controlan. Las tarifas eléctricas chilenas —donde las AFP tienen invertido el 20% de sus fondos— son, según un estudio de CEPAL, “las más altas de América Latina”. Un intento del gobierno por poner un límite a su crecimiento provocó una caída de la Bolsa del 10% en setiembre pasado, motorizada por “los representantes de los fondos de inversión extranjeros que operan en Chile —con importantes fondos en las empresas eléctricas— que manifestaron su alta preocupación por las consecuencias que esto podría traer para la imagen financiera del país” (El Mercurio, 4/10).


 


Para frenar el ingreso de capitales y la revaluación de la moneda —y mejorar la posición de los exportadores— el gobierno ató el peso chileno a una canasta de monedas (las que, precisamente, se derrumbaron en la crisis monetaria reciente). Pero el cimbronazo cambiario desató una fuga de capitales instantánea: los “hot money” dejaron de ingresar en una cantidad importante” (El Mercurio, 13/9). De inmediato, el gobierno dio marcha atrás y se lanzó a vender dólares para bajar y “reestabilizar” su precio.


 


Durante mucho tiempo, los técnicos del socialismo “renovado" argumentaron que las “nuevas” exportaciones chilenas (frutas, maderas, pesca) soportarían un peso revaluado. Pero la crisis mundial las ha colocado en la picota: en los últimos meses, los mercados europeos comenzaron a colocar todo tipo de trabas a los despachos de fruta. Un apologista del milagro chileno acaba de reconocer que “la fragilidad de nuestra economía abierta y exportadora es demasiado evidente” (Análisis, 14/ 9).


 


Como resultado de estas restricciones, “tras un largo período en que la diferencia de exportaciones e importaciones fue positiva, en setiembre se rompió esa tendencia… y se anticipa una tendencia deficitaria para los próximos meses” (El Mercurio, 17/11). El comentarista resta importancia al fenómeno, a partir de la abundancia de divisas. Pero la perspectiva de un déficit comercial creciente plantearía un cuadro devaluatorio y una segura fuga de capitales. Un dólar estable y bajo y altos intereses satisfacen las aspiraciones del capital financiero, pero golpean sobre los exportadores. A su vez, una política devaluatoria y de subsidios a estos últimos, desataría una fuga de capitales y el fin del mercado “emergente”, En tomo a esta encrucijada, ha comenzado a delinearse una división entre los explotadores chilenos.


 


Disgregación de la derecha


 


La lucha interna entre los precandidatos de la derecha ha puesto de manifiesto el carácter encarnizado de esta pugna: una de las postulantes—la diputada Evelyn Matthei— recurrió a los “servicios militares del pinochetismo para espiar a su rival Sebastián Pinera. Matthei cuenta con el apoyo de un bloque político patronal que dirige el empresario Ricardo Claro, quien “siendo miembro del directorio del Instituto Chileno Norteamericano de Cultura, (no vaciló) en renunciar y asumir personalmente la defensa de las uvas envenenadas (1). (Análisis, 31/8). Claro “representa al gran empresariado tradicional enfrentado con los Chicago Boys” (ídem). La camarilla pinochetista está asociada a este sector golpeado por las maniobras proteccionistas del imperialismo: hace tiempo que el Departamento de Estado yanqui viene intentando recortar el complejo industrial-militar montado por el pinochetismo, cuyos “productos” se han sumado a las exportaciones “no tradicionales” del país. La Justicia norteamericana acaba de pedir la extradición de uno de los “capitanes de la industria” afines al pinochetismo —el empresario Cardoen—, acusado de haber exportado material bélico a Irak durante la crisis del Golfo (2). La reciente gira latinoamericana de Pinochet ha tenido como objetivo articular un frente militar “de rechazo a la disminución de gastos y contingentes militares impulsada por EE.UU., particularmente de las industrias militares locales. El portavoz de la resistencia (de los militares latinoamericanos) es el general Pinochet” (Página Abierta, 12/10).


 


Santiago Pinera (rival de la Matthei en la interna derechista), tiene fuertes lazos con los agentes de los fondos de inversión y los "zares” de las AFP. Asimismo, forma parte de la fracción derechista partidaria de una reforma constitucional que debilite a la dique política y militar del pinochetismo, a través de la reforma del sistema electoral, la supresión de los senadores “designados”, y la remoción de los pinochetistas del Consejo de Seguridad y del Tribunal Constitucional (Corte Suprema). Para los agentes directos de los fondos de inversión y del imperialismo, se trata de minar a la dique pinochetista, convertida en portavoz de un sector burgués golpeado por la crisis mundial.


 


Luchas y radicalización


 


En medio de esta crisis entre los explotadores, la dase obrera y la juventud de Chile han iniciado un ciclo de luchas contra el gobierno de la Concertación. En la región sureña del Bío-Bío, los obreros del carbón realizaron marchas y ocupaciones de poblaciones enteras contra el cierre de minas. Las direcciones sindicales pactaron con el gobierno una tregua en nombre de un plan de “reconversión laboral” que reubicaría a los cesantes. El “plan”, sin embargo, está completamente empantanado, y en las regiones afectadas vuelve a discutirse la necesidad de salir a la lucha. En la actualidad, los mineros de CODELCO han iniciado paros parciales contra la privatización de la empresa, mientras que la Federación del Cobre discute la posibilidad de un paro nacional.


 


La juventud universitaria desarrolló un movimiento multitudinario contra el arancelamiento pinochetista (refrendado por el gobierno DC-PS) y contra los préstamos usurarios para los estudios superiores. Frente al bloqueo de las direcciones progubernamentales de la FECH, se constituyó una “Coordinadora de Universidades Movilizadas” en el sur del país (Punto Final, julio ’92). Recientemente, una ola de renuncias médicas en masa desnudó el desquicio de todo el sistema de salud pública, sin recursos para atender a los cinco millones de desempleados o subocupados del “milagro” chileno.


 


La propia directiva de la CUT—que avaló la preservación de la política laboral pinochetista y la miseria salarial— debió convocar, días atrás, a una marcha en Santiago: en ella, cinco mil trabajadores abuchearon al colaboracionista y democristiano Bustos, presidente de la CUT.


 


Este reanimamiento obrero clausura un período de reflujo de las masas chilenas, luego de que sus direcciones renunciaran al derrocamiento revolucionario de Pinochet y colocaran la política de la “rebelión popular” en la mesa de negociaciones, para "relevar ordenadamente* al tirano (1985/86). Las recientes elecciones municipales han traducido limitadamente este principio de radicalización política: la derecha (RN-UDI) retrocedió en un 5% respecto de las presidenciales de 1991. La Concertación mantuvo globalmente su votación, pero la DC se ubicó por debajo de su “tercio histórico”. El Movimiento de Izquierda Allendista (MIDA, frente del PC con desprendimientos miristas) alcanzó el 7%, cuando todos los “observadores” políticos (aun los del propio MIDA) le daban menos del 3% de la votación.


 


La candidatura de Lagos


 


Apenas cerrado el escrutinio municipal, Ricardo Lagos —dirigente del PS y ministro de Educación—lanzó su candidatura presidencial. El alcance de la misma debe ser comprendido a la luz de la situación política considerada de conjunto: la crisis interburguesa, la disgregación de la derecha y las luchas de las masas contra el gobierno.


 


La proclamación de Lagos fue inequívocamente interpretada como un desafío a la DC, socia del PS en el gobierno y portadora del mayor caudal electoral dentro de la coalición gobernante. A despecho de ello, Lagos declaró que “iría hasta el final” en la defensa de su candidatura, y anunció un programa de gobierno: éste plantea "desregular las condiciones para la inversión extranjera directa”, “avanzar en la ampliación de las oportunidades domésticas de inversión para las AFP, y lograr la mejoría de la estructura de incentivos de las administradoras de dichos fondos” esto es, elevarlas comisiones y beneficios de los pulpos que controlan las AFP. Lagos se pronuncia contra los impuestos que “atentan contra la productividad de la inversión” (esto es, los impuestos al capital) para propugnar un impuesto “que gravará el gasto”. Lagos no descarta parcelar CODELCO (compañía estatal del cobre) e iniciar luego un proceso de “privatización periférica" en sus áreas más rentables (lo que relanzaría las posibilidades de “inversión” de las AFP).


 


La plataforma de Lagos lamenta que “la inflexibilidad de los salarios reales y el exceso de trabas de entrada y de salida en el mercado de trabajo conspiren contra la dinámica económica” es decir que está a favor de la más extrema flexibilidad laboral. No podía extrañar, en este cuadro, la euforia de la gran burguesía y el capital financiero frente a la propuesta Lagos: “muchos empresarios estarían dispuestos a darle su voto. Y afirman también, que en estas condiciones, prefieren a Lagos que a Frei (precandidato de la DC), porque perciben a la DC menos renovada que al socialismo” (El Mercurio, 26/10). Un archirreaccionario columnista del mismo diario confiesa—con alguna incomodidad— que hoy ‘la izquierda renovada es una mejor alternativa que la usual ramplonería de la Democracia Cristiana… es imposible desconocer que un gobierno de socialistas renovados podría constituir un aporte de estabilidad a la modernización del país” (El Mercurio, 12/11).


 


La disgregación de la derecha política ha colocado el centro de la lucha interburguesa en el seno de la propia coalición gobernante. Pero en ella, Lagos se ha levantado como candidato del capital financiero y el imperialismo. En su programa, ha denunciado a los que “buscan el favoritismo de políticas públicas sectoriales bajo cualquier forma de proteccionismo”, es decir, a las fracciones patronales que procuran un “paraguas” estatal frente a la crisis mundial. Esta fracción burguesa tenderá a cobijarse bajo la “ramplona” DC.


 


Lagos y el PS han propuesto a la DC presentar dos candidaturas presidenciales en la primera vuelta (Lagos y Frei), aunque con una lista común a diputados para preservar una mayoría parlamentaria. La DC ha rechazado la propuesta, anunciando que “dos candidatos serían dos listas a diputados y dos programas distintos de gobierno”. La campaña electoral puede ser, por lo tanto, el escenario de la fractura de la coalición gobernante.


 


La izquierda y la candidatura de Lagos


 


Pero la postulación de Lagos no puede sostenerse sin un pérfido operativo político sobre las masas chilenas, dirigido a presentar al hombre del imperialismo como portavoz de las aspiraciones populares. Toda la izquierda, chilena está contribuyendo en este sentido.


La izquierda del PS no vaciló en calificar a la proclamación de Lagos como una “candidatura socialista independiente”, que rompería amarras con la “burguesa” DC. De acuerdo con sus propias manifestaciones, la izquierda socialista —Maira, Almeyda y Escalona— parece la más firme defensora de la postulación de Lagos “hasta el final”, mientras acusan a la derecha partidaria de “pretender negociar al candidato socialista con la DC”. Luego de que Lagos anunciara su programa proimperialista (y desatara una ola de críticas en numerosos comités de base socialistas), Luis Maira levantó una cerrada defensa del candidato, y “llamó a tener un acto de confianza en las convicciones profundas de Lagos” (El Mercurio, 23/10). La función de los almeydistas y otros socialistas “de izquierda” es actuar de “bisagra” entre los Lagos y la base obrera y juvenil del partido, para bloquear —con alguna demagogia izquierdista— su evolución política. Ello vale, inclusive, para la pequeña corriente “Fuerza y Convicción", para quien el PS "debe salir de su ambigüedad(!) política que lo ha convertido en simple vagón de los elementos conservadores de la Concertación”. Pero en realidad, lo más conservador del gobierno, y la avanzada del gran capital en sus filas, ¡han sido los ministros socialistas! De cualquier modo, hay que resaltar lo siguiente: Almeyda y Escalona sólo tienen una política de aparato, de modo que es altamente improbable que se animen a romper con la DC al precio de ir con listas parlamentarias separadas y sufrir una merma en su representación.


 


Si el PS llega a “romper la Concertación”, será para representar en el Congreso un polo político de mayor entrelazamiento con el imperialismo. En cambio, la izquierda presenta este realineamiento proimperialista… como un paso progresivo. ¿Cómo conciliará Lagos el apoyo del gran capital con el voto de la izquierda? Con “alguna” demagogia democratizante. La reforma constitucional que promueve Lagos —y que apoya la mayoría de la burguesía y del propio imperialismo— no tiene otro propósito que desplazar del aparato estatal a los elementos más desprestigiados del pinochetismo… pero dejando a salvo las instituciones creadas por la dictadura: así, la Concertación discute con la derecha aggiornada “cambios cualitativos en la composición del Consejo de Seguridad Nacional” (31/8), lo que significa que el Consejo seguirá vigente como órgano de represión estatal. Del mismo modo, la detención de algún elemento “desocupado” de los servicios pinochetistas servirá de pantalla para la absolución definitiva del cuerpo de oficiales de la dictadura: Carlos Ominami —lugarteniente de campaña de Lagos—llamó a “realizar un esfuerzo a quienes todavía están bajo el efecto de situaciones dramáticas y dolorosas para que se recree una relación cívico militar como la que corresponde con un país democrático” (El Mercurio, 23/10).


 


La izquierda que no participa formalmente del gobierno está completamente adaptada a esta “armonización” institucional, y desde ya que carece de un planteamiento independiente frente al “operativo Lagos". Gladys Marín, principal dirigente comunista y precandidata presidencial del MIDA, declaró que “hoy no podríamos llegar a un entendimiento con Lagos porque él es candidato de la Concertación, con un programa de la Concertación” (Página Abierta, 26/10). Pero esto significa que sí cabría un entendimiento con un Lagos… por fuera de la Concertación. Una presentación separada de la DC y el PS conduciría a una primera vuelta polarizada entre Lagos y Frei: el planteo de a Marín deja preparado el terreno para votar, en a segunda vuelta, al socialista proimperialista.


 


Pero es que Marín y el MIDA no tienen nada iiferente que ofrecer—en términos de programa— a Lagos: para Marín, ha sido “la planificación absoluta lo que llevó al derrumbe al socialismo” (Página Abierta, 26/10). Por eso defiende a China, que “se ha insertado bastante en la economía internacional. Es la economía socialista de mercado” (ídem). No es difícil pasar de este “socialismo de mercado” (labrado sobre la masacre de obreros y estudiantes chinos) a la aceptación del “pinochetismo” de mercado: el MIDA, por eso, no se propone “intervenir en el mercado ni tampoco incidir en las políticas específicas del sector privado”, sino apenas “rediseñar una política de redistribución de ingresos con equidad y solidaridad”. El MIDA no impugna el "milagro” pinochetista, apenas se propone “humanizarlo” con un incremento del “gasto social” (lo que, de todos modos, es inviable sin liquidar el poder económico del puñado de especuladores bursátiles, explotadores agrarios e industriales que tienen en un puño a Chile). No puede sorprender, en este cuadro, que la principal campaña política del PC chileno resida en el reclamo por reformar el sistema electoral, para poder integrarse —por la vía del Parlamento— al régimen “demo-pinochetista".


 


El Partido de los D'abajadores—recientemente constituido por ex dirigentes del PC, del MIRy de otras formaciones de izquierda—ha respondido — por la boca de su dirigente Sanfuentes— a una propuesta de Luis Maira (dirigente de la “izquierda socialista") en el sentido de "ampliar hacia la izquierda la Concertación”. Para Sanfuentes, la Concertación estaría agotada, y se plantea, en cambio, “la formación de un amplio bloque popular por la democracia” (Pluma y Pincel, octubre de 1992). El principal obstáculo al mismo sería la permanencia del PS en la Concertación, tras un candidato DC. Pero si el PS diera “por superada la actual experiencia concertacionista, y levantase una candidatura Lagos con lista parlamentaria propia, precipitaría un fuerte realineamiento en todos los sectores políticos y sociales del país” (ídem). En suma: un planteo que coloca al PT “de cabeza" en el apuntalamiento de la candidatura proimperialista de Lagos.


El “nuevo bloque popular y democrático" que propone Sanfuentes volvería a agrupar —en tomo de una votación plebiscitaria— a las fuerzas que erigieron a la UP de Allende y a los anteriores “Frentes Populares" de la izquierda chilena. En aquellas instancias, la izquierda tomó en sus manos los intereses de los explotadores nativos, y pretendió superar el raquitismo de éstos con un programa de estatizaciones. En esta oportunidad, el bloque izquierdista se hará cargo directamente de las aspiraciones del capital financiero en Chile: como en el resto de América Latina, la izquierda se ha colocado en la primera fila del salvataje del capital, jaqueado por su bancarrota y por la agudización de la lucha de clases.


 


Por un reagrupamiento revolucionario de los explotados y de la izquierda


 


Surge, de todo lo anterior, el papel de primer orden que ocupa la lucha y la denuncia política de la candidatura Lagos; la exigencia a las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero por la completa independencia respecto del candidato proimperialista, y el reagrupamiento revolucionario de todos los activistas y corrientes que deberán arribar a esa conclusión política.


 


La lucha por un reagrupamiento revolucionario de la izquierda no pretende “enderezar” a corrientes y partidos cuyo agotamiento ha sido verificado por la prueba misma de la lucha de clases. La izquierda llevó en Chile más lejos que en ningún otro país, la pretensión de alcanzar las aspiraciones obreras y democráticas por medios democráticos (UP 1970/73), esto es, sin quebrar el dominio político y económico de los explotadores: durante cuatro décadas, el stalinismo y socialismo chilenos intentaron gobernar a través de las instituciones del Estado y en colaboración con los representantes políticos de los explotadores. La “reedición" de esta estrategia sólo puede darse, ahora, bajo la forma de una grosera cooperación con el imperialismo y de la completa descomposición y vaciamiento de sus partidos.


 


El planteamiento político que aquí presentamos debe servir, en cambio, para delimitar y contribuir al progreso revolucionario de los mejores elementos que aún permanecen en las organizaciones tradicionales, preparando de este modo las condiciones para la puesta en pie de una organización revolucionaria y cuartainternacionalista en Chile.


 


 


 


NOTAS:


(1) A mediados de 1991, el gobierno norteamericano suspendió las importaciones de uva chilena, alegando la existencia de una partida “contaminada con cianuro”.


(2) Digamos, de paso, que Cardoen también es aportista del Partido Radical, que integra la coalición gobernante y está a cargo de la estratégica cartera de Relaciones Exteriores.

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