El guerrerismo de Biden: la fuga hacia adelante de un régimen que hace agua

El gobierno de Joe Biden ha fracasado en poder concretar sus promesas políticas y económicas de campaña. 

No ha habido una mejora económica. Se han recuperado la mayoría de los puestos de trabajo perdidos en la pandemia, pero las condiciones laborales son pésimas y los salarios son carcomidos por una creciente inflación. La crisis capitalista internacional empeora las condiciones de vida de la mayoría trabajadora mientras una minoría selecta ha seguido multiplicando sus fortunas. 

No ha habido una vuelta a la normalidad del sistema político y este se sigue deshilachando. La Corte Suprema aparece como la dirección política de una ofensiva de ultraderecha que fallo tras fallo afecta los derechos adquiridos y los temas sentidos para el progresismo como el aborto, las medidas de protección ambiental y la separación entre la Iglesia y el Estado. Esta ultraderecha, que ha afianzado su control del Partido Republicano, amenaza con darle a Biden un zarpazo electoral mientras su popularidad es más baja que la de Trump en este momento de su gobierno. En este campo, quizás su mayor éxito ha sido la desmovilización del ala izquierda de su propio partido, que no ha actuado fuera del libreto oficial en ningún tema significativo. 

El intento de darle una salida a la crisis de régimen de la burguesía norteamericana mediante un gobierno bonapartista y represivo fue un fracaso. Fue erosionado por la crisis capitalista, pero sobre todo derrotado por la rebelión popular del 2020. El levantamiento frente al asesinato de George Floyd y contra todo el régimen policial ha dejado una marca de fondo en la situación política nacional. Otro factor que condiciona al régimen político es el desenvolvimiento de un movimiento protofascista, que tuvo un salto al ser promovido por Donald Trump desde la cima del propio Estado y de uno de sus partidos tradicionales, con el intento de golpe del 6 de enero de 2021. La polarización social y política del país ha adquirido proporciones históricas. Otra expresión de esto es la recomposición en curso del movimiento obrero, todavía minoritaria, pero con un número creciente de conflictos y procesos de sindicalización de sectores desorganizados de la clase obrera. 

Este régimen político en decadencia se corresponde a la menor participación de Estados Unidos en el producto bruto internacional, a su menor peso como potencia imperialista que en el pasado y a la crisis de su productividad industrial. La principal muestra de esta pérdida de hegemonía fue el recule desordenado en Afganistán. Luego de 20 años de ocupación militar norteamericana los Talibán demolieron al gobierno títere proyanqui en días. El escenario de huida desordenada del año pasado fue una humillación que no se veía desde la retirada de Saigón en 1975.

La cruzada sobre Rusia y China de la Otan y sus aliados bajo la dirección de Estados Unidos es una apuesta fuerte para revertir el cuadro de retroceso de la hegemonía norteamericana a nivel internacional y para recomponer los niveles de ganancia de su burguesía, abriendo importantes áreas económicas a su depredación directa. El saqueo colonial de Irak y Afganistán y, años después, de la Ucrania de la “Revolución Naranja” fueron grandes éxitos imperialistas, aunque no pudieron darle una estabilidad duradera a la economía capitalista mundial que va de crisis en crisis. La posibilidad de desplazar a los gobiernos que capitanean la restauración capitalista en Rusia y China con la pretensión de constituir potencias rivales y establecer un loteo colonial aparece como la gran apuesta para la salvación del senil imperialismo norteamericano. 

La recuperación económica fantasmagórica

La principal causa de la fuerte caída de apoyo político a Biden es el deterioro de la situación económica. Las encuestas le dan a Biden un 39,6% de aprobación y 54,9% de desaprobación. Está por debajo incluso de la popularidad de Trump en el momento equivalente de su mandato. Dos tercios de la población consideran que los aumentos de combustible generan penuria en su situación económica. 

Aunque ha habido un rebote posterior a la pandemia en el movimiento económico y la tasa de empleo, las señales negativas son muchas. El PBI no solo no siguió creciendo, sino que en el primer trimestre del año decreció un 1,6%. El mercado de acciones ha tenido sucesivas caídas, que totalizaron en la primera mitad del año una pérdida de valor de 9 billones de dólares, el peor ejercicio de Wall Street desde 1971. Las criptomonedas y sus derivados financieros también siguen en caída. La inflación, que ya marcó el 9,1% interanual en junio, es el mayor factor de crisis y la mayor preocupación popular. En combustibles el aumento fue de un 34,6% y en alimentos de 10,1%.

Es el mayor aumento de precios anual desde 1981 y está dando lugar a una contracción del consumo. El origen de la inflación está, no en el crecimiento de la demanda como sostienen los economistas burgueses, sino en la huelga de inversiones capitalistas que responde a la sistemática caída de la tasa de ganancia, la fuerza motriz de las sucesivas y agravadas crisis capitalistas. Es a estas tendencias intrínsecas del capitalismo que responden los síntomas como la enorme emisión monetaria del Estado para rescatar al capital durante la pandemia, o el impacto de la guerra en Ucrania y la prohibición de importar combustible de Rusia. Cada uno de estos hechos, y las respuestas que se ensayan como el aumento de las tasas, acrecientan las contradicciones económicas planteadas. Los recortes de Biden a los impuestos sobre los combustibles y las bravuconadas contra las petroleras se han mostrado completamente ineficaces para hacer bajar los precios. Los aumentos de alimentos han dado lugar a un fuerte incremento de la cantidad de trabajadores que piden asistencia a organizaciones no gubernamentales al no poder cubrir la comida de sus familias con sus ingresos1Smith, C. et. al. (21/7/2022). Growing number of Americans to feel pinch as inflation hits finances. Financial Times.

El aumento de tasas de interés dictado por la Reserva Federal podría desatar una recesión sin lograr hacer mella en los aumentos de precios. En junio el aumento de tasas al rango de 1,5-1,75% fue el mayor desde 1994. Para fin de año podría estar por encima del 3%. La suba de las tasas de interés amenaza con precipitar la quiebra de las empresas “zombies”, que tienen una deuda mayor a las ganancias que producen. Se va consolidando un cuadro de recesión sumado a la inflación, con un sobreendeudamiento de empresas y una caída de productividad. El grueso de las “zombies” sigue en peligro de quiebra formal. Sus ganancias son menores que sus deudas, incluso con la relativa licuación de estas que genera la creciente inflación. 

Las medidas recesivas están dirigidas contra el mercado laboral, donde el faltante de mano de obra ha generado condiciones para pelear por mejoras salariales, en un cuadro de extrema precariedad y flexibilización de décadas. Powell criticó en el Congreso a un “mercado laboral extremadamente rígido, con una tasa de desempleo casi en el punto más bajo en 50 años, récord histórico de puestos laborales sin cubrir y un alto crecimiento de salarios”. Ningún análisis serio puede sostener la versión que culpa de la inflación a los aumentos salariales. Por lo pronto su crecimiento es muy moderado frente al de los niveles de ganancia de los capitalistas2Un ejemplo de análisis marxista del problema de la inflación, la ganancia y los salarios en la presente crisis es Roberts,M.( 9/5/2022). Inflation: wages versus profit. The Next Recession. https://thenextrecession.wordpress.com/2022/05/09/inflation-wages-versus-profits/. Se calcula que en el 2021 la diferencia entre el aumento de la rentabilidad capitalista y los aumentos de salario fue de 1,78 billones de dólares a favor de los capitalistas3Boyle, C. y Dirnbach, E. (31/1/2022). In a single year, $1.78 trillion was taken from the working class. In These Times. https://inthesetimes.com/article/build-back-better-wealth-gap-worker-power-income-inequality-wage-theft. Por lo pronto el aumento salarial promedio en el último año es la mitad del aumento promedio de precios, con lo cual los trabajadores están sufriendo una indisimulable y deliberada caída de sus salarios reales4Thier, H. (13/7/2022). The federal reserve’s answer to inflation is class war. In These Times. https://inthesetimes.com/article/federal-reserve-workers-pay-biden-inflation-corporations-profits-wages.

La cruzada sobre Rusia y China apuesta a revertir el retroceso de la hegemonía norteamericana a nivel internacional y a recomponer sus niveles de ganancia.

La recomposición del movimiento obrero norteamericano

El rebote económico de la pospandemia fue usado por los trabajadores para tratar de lograr mejores condiciones laborales. En la reapertura de millones de puestos de trabajo, aunque en condiciones muy precarizadas, muchos trabajadores han intentado mejorar su situación. 

La llamada “gran renuncia” se vincula a esta posibilidad. 4,3 millones renunciaron a sus trabajos en mayo de 2021 y números similares en los meses subsiguientes. La tendencia continúa, con un 40% de los empleados en julio de 2022 diciendo que están considerando renunciar a sus trabajos para conseguir algo en mejores condiciones5Bove, T. (21/7/2022). Great resignation shows no signs of slowing down. Fortune. https://fortune.com/2022/07/21/great-resignation-40-percent-want-to-quit-where-are-they-going/. Las renuncias son más masivas en los trabajos peores pagos, como alimentación, comercio, hotelería y camioneros. Entre los trabajadores de salud, luego del desastre laboral que implicó la pandemia, se calcula que un 20% renunció a su trabajo6Hoff, J. (7/1/2022). The great resignation continues: 4.5 million U.S. workers walked off the job in November. Left Voice. https://www.leftvoice.org/the-great-resignation-continues-4-5-million-u-s-workers-walked-off-the-job-in-november. Sin embargo, montar un emprendimiento exitoso o poder vivir de trabajos de tiempo parcial o a distancia no va a ser una salida para una parte significativa del mercado laboral. La “gran renuncia” muestra el rechazo masivo a las condiciones laborales existentes, pero también prepara a muchos para una intensa frustración. Millones de trabajadores han dejado de buscar trabajo activamente por las malas condiciones laborales existentes. Biden se apoya en esto para una trampa estadística. Aunque estos millones no han conseguido una nueva ocupación, se proclama la conquista de un virtual pleno empleo, aún en el marco de indicadores económicos y sociales negativos indisimulables. Varios analistas han destacado que las condiciones de trabajo precarias dificultaron enormemente la vuelta al trabajo de millones de madres, que no logran reinsertarse laboralmente luego de la pandemia. La falta de acceso a opciones de cuidados de niños las hace desistir de buscar trabajo. Se trata de una distorsión estadística, que deja de contabilizar como desocupados a millones que no han ingresado a una mejor posición social. 

Tiene mucho más futuro otro fenómeno que se extiende en el mismo contexto, que es la ola de intentos de sindicalización, particularmente en las grandes corporaciones tecnológicas y de servicios que más han crecido en los últimos años y dominan la economía y las huelgas salariales y por convenios colectivos en la industria. La posibilidad de conquistar colectivamente una mejora laboral abre la perspectiva concreta de beneficiar las condiciones de vida de millones de trabajadores. Debemos tener en cuenta que se trata de un país en donde priman los convenios por empresa y, mayoritariamente, el trabajo fuera de cualquier convenio y en donde hay enormes trabas a la sindicalización. 

Se ha popularizado mediáticamente la referencia a la Generación U (por union: sindicato) para referirse a los jóvenes activistas que protagonizan los nuevos procesos de sindicalización. El caso más sonado ha sido el avance de la sindicalización en Amazon. La derrota del intento de sindicalización en la planta de Bessemer, Alabama, en 2021 había sido un golpe al proceso de organización en la empresa. Esa campaña había sido impulsada por la burocracia sindical con sus métodos de aparato y contó con la presencia de toda la plana mayor del Partido Demócrata. Un acto de Bernie Sanders en Bessemer contó con menos de 15 trabajadores de los más de 6000 del depósito de Amazon allí7Cozzarelli, T y Hoff, J. (10/4/2022). Grassroots unionism: lessons from the victory at Amazon. Left Voice. https://www.leftvoice.org/grassroots-unionism-lessons-from-the-victory-at-amazon/. En contraste, un esfuerzo de activistas sin un respaldo de grandes aparatos logró una victoria en la constitución del Amazon Labor Union en la planta de Staten Island, Nueva York, ganando el plebiscito en el depósito de 5000 empleados. Las condiciones inhumanas de trabajo han pesado más que la enorme presión ejercida por la patronal del millonario Jeff Bezos. Las iniciativas de sindicalización se multiplicaron luego del batacazo en Staten Island.

El rebote económico de la pospandemia fue usado por muchos trabajadores para tratar de lograr mejores condiciones laborales.

Muchos comentaristas destacan que el núcleo que actuó no siguió la estrategia típica del aparato sindical, que no pide el plebiscito para sindicalizar una empresa hasta tener la mayoría asegurada. Por el contrario, convocó acciones de lucha como abandonos de tareas y lanzó una agitación pública con una carpa en la puerta con un núcleo de activistas despedidos y convocó lo antes posible el plebiscito por la sindicalización. Procesos de sindicalización nuevos están en marcha también en Google, Starbucks (de un primer local en Buffalo, Nueva York, la sindicalización se extendió a 200 locales), las tiendas de Apple, Verizon y Trader Joe’s. En McDonald’s a pesar de la prohibición a organizar sindicatos que sigue rigiendo han recomenzado los reclamos salariales que plantean el paso de 7 a 15 dólares la hora con protestas y paros. 

Las presiones, maniobras y represalias de estos grandes grupos empresariales han sido cruentas. Abundan amenazas, despidos y chicanas para interferir con los procesos de decisión de sindicalización. La legislación laboral yanqui propicia estos ataques ya que obliga a sortear un plebiscito de todo el personal para poder constituir un sindicato. En varias de estas empresas, antes de un proceso de organización estrictamente gremial han surgido protestas políticas frente a las acciones patronales. Algunos ejemplos son la oposición de los trabajadores de Google a colaborar con un programa de inteligencia artificial para el Pentágono y con un buscador que sería usado por el gobierno chino para hacer espionaje contra su población. En Google también hubo protestas por encubrimiento de casos de abuso sexual y un exitoso juicio masivo de 15.500 trabajadoras por la desigualdad salarial entre hombres y mujeres. Indudablemente estos conflictos han ido armando la base para un proceso de organización sindical que siempre había sido imposible en los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. Hubo acciones de lucha de empleados de Amazon y Netflix para protestar por contenidos transfóbicos. Trabajadores de Disney organizaron un abandono de tareas contra la complicidad de la empresa con las leyes homofóbicas promovidas por el gobierno de Florida. 

Los procesos de huelga bajo el gobierno Biden se han extendido ampliamente. Desde las huelgas docentes contra la falta de condiciones para la vuelta a clases en pandemia, a las huelgas por salario de los gremios docentes de Chicago de enero de 2022 y de Minneapolis y Sacramento en marzo de 2022.

Un capítulo muy importante ha sido el de las huelgas para lograr mejoras salariales y de convenio. Estas se han instalado en la industria más concentrada, luego de muchos años de que predominaran las huelgas en sectores estatales y de servicios. En muchos casos las medidas de lucha han durado meses enteros e involucrado centenares e incluso miles de obreros. A pesar de la combatividad de los trabajadores, en muchos casos la burocracia impuso convenios muy desfavorables o limitados. El proceso de huelgas tuvo un pico en octubre de 2021, pero se extiende al año siguiente. Algunas de las huelgas claves han sido la de los mineros del carbón de Warrior Met Coal de Alabama, la de los petroleros de Chevron en California, las de los pulpos alimenticios Nabisco y Kellogg’s, las de las empresas de maquinarias agrícolas John Deere y CNH Industrial. En la huelga de 2.000 carpinteros del estado de Washington jugó un rol de dirección un agrupamiento de base antiburocrático, llamado “The Peter J. McGuire Group”, que es crítico de la dirección sindical y sus negociaciones y promovió la organización de piquetes de huelga. Hubo también importantes conflictos en sectores de la salud privada. En el curso del 2021 tuvieron lugar por lo menos 25 paros industriales de centenares o miles de participantes cada uno8Solidaridad, B. (6/1/2022). The struggle at the point of production in 2021. Socialist Resurgence. https://socialistresurgence.org/2022/01/06/the-struggle-at-the-point-of-production-in-2021/

En muchos casos se desaprobaron mociones de acuerdos promovidos por la burocracia, mostrando un ánimo combativo de la base de huelguistas, como en la autopartista Ventra de Michigan, en una huelga de salud privada de Oregon y en una de la cadena de supermercados Kroger.

En el gremio automotriz UAW (United Auto Workers) se realizó un plebiscito en el que triunfó por el 63,6% una reforma de estatuto que instaura la elección directa de la dirección sindical. El proceso había comenzado por una investigación del Estado sobre corrupción en la dirección sindical, pero fue aprovechado por un agrupamiento antiburocrático para buscar mejores condiciones para recuperar el gremio.

En el gremio de Teamsters (camioneros) una nueva agrupación ganó las elecciones contra la burocracia tradicional, heredera de Jimmy Hoffa. Si bien tiene su origen como división de la misma burocracia, basó su campaña en proponer métodos más militantes para pelear por mejores paritarias y condiciones de trabajo.

Estos procesos de organización involucran todavía a una fracción minoritaria de la clase obrera. El porcentaje de sindicalización de los trabajadores de EEUU, que supo estar en el 30% en los años 60, fue del 10,8% en 2020, y cayó más aún a 10,3% en el 2021. En el sector privado es apenas del 6,2%. El apoyo general a los sindicatos, sin embargo, está en ascenso, con la simpatía del 68% de los adultos de EEUU según una encuesta de Gallup9Scott, B (23/6/2022). The creative methods workers are using to stop bosses’ abuse. In These Times. https://inthesetimes.com/article/the-creative-methods-workers-are-using-to-stop-bosses-abuse. Este crecimiento muestra el cambio de ánimo, a pesar de la dificultad para organizarse colectivamente por la combinación de la inacción de la central obrera burocrática AFL-CIO (American Federation of Labor- Congress of Industrial Organizations), las restrictivas condiciones legales y la persecución patronal. Hasta los organizadores rutinarios de la AFL-CIO informan que se les acercan muchos más sectores de trabajadores pidiendo organizarse y el estado informa un aumento de un 57% más de pedidos de plebiscitos para constituir sindicatos en el primer semestre de 202210Brooks, C. (27/6/2022). We are in a unique moment of labor upsurge that requires rethinking the old union organizing rules. Jacobin. https://jacobin.com/2022/06/worker-led-union-organizing-upsurge-starbucks-amazon-momentum.

El crecimiento del activismo sindical tuvo una expresión en la concurrencia masiva en relación a los parámetros habituales de la conferencia de activistas de la web de sindicalistas combativos Labor Notes. Con 4000 participantes, fue por lejos la más grande de su historia. Los diversos informes dan cuenta de una radicalización y un entusiasmo muy grandes y de la autoridad conquistada por varias de las nuevas direcciones. Y al mismo tiempo, de las enormes contradicciones políticas de un activismo que no ha saldado cuentas con el Partido Demócrata y la burocracia del AFL-CIO. Labor Notes, vinculado a los Demócratas Socialista (DSA) invitó a oradores del ala izquierda de la burocracia y a Bernie Sanders para cerrar el evento. La tensión en debates sobre sindicalismo clasista, rechazo o incorporación de la policía en los gremios y seguidismo a los demócratas o independencia política y partido de la clase obrera cruzaron muchos de los talleres, a pesar de su regimentación11Francisco, A. (27/6/2022). Report from labor notes conference. Oakland Socialist. https://oaklandsocialist.com/2022/06/27/report-from-labor-notes-conference/.

En paralelo funcionó una convención de la AFL-CIO con pocas novedades que presentar. El presidente Biden dio allí un discurso en el que aseguró que seguirá insistiendo en la ley PRO Act que facilitaría la sindicalización de trabajadores. La ley sigue trabada en el Congreso, como tantas de sus iniciativas, y difícilmente salga en los meses que quedan de mayoría parlamentaria demócrata asegurada. 

Este reverdecer de activistas sindicales es un dato de enorme importancia para organizar un movimiento obrero independiente del Estado en EEUU, con la condición de sistematizar y llevar a las masas las conclusiones antiburocráticas y clasistas que se desprenden de la intensa experiencia que se ha recorrido estos meses.

Biden quiere remontar su imagen negativa con la generación de empleo y mostrándose como el presidente “más pro sindicatos de la historia”. La verdad es que preside una situación de recrudecimiento de la lucha de clases por la extrema precariedad laboral, en la cual la burocracia sindical vinculada al Partido Demócrata sigue actuando como una losa que mantiene desorganizada a la inmensa mayoría de los trabajadores y sin siquiera acceso a un convenio colectivo de trabajo. 

Polarización y descomposición social

La crisis sigue extremando la polarización social, dificultando el acceso a la vivienda, cuyo precio ha subido, bajando la cantidad de operaciones inmobiliarias, aumentando el ritmo de desalojos y dejando abandonadas y hacinadas las viviendas sociales existentes, como las que sufrieron incendios con múltiples muertes en enero de 2022 en Bronx y Filadelfia12Montenegro, G. (12/1/2022). Estados Unidos: incendio en el Bronx, un desastre evitable. Prensa Obrera. https://prensaobrera.com/internacionales/estados-unidos-incendio-en-el-bronx-un-desastre-evitable

El gobierno Biden tampoco ha mejorado la situación de la comunidad afroamericana ni controlado la feroz violencia policial de la que es objeto. Amir Locke, en Minneapolis, Jayland Walker, en Akron, son algunas de las nuevas víctimas del genocidio cotidiano. La militarización de la sociedad, el racismo rampante y la descomposición social siguen dando lugar a matanzas escolares y raciales. Hubo 300 matanzas solo en el primer semestre de 2022. La situación de los migrantes tampoco ha tenido mejoras sino lo contrario. El 2021 fue el año con más arrestos y deportaciones, con un récord de 1,7 millones de arrestos de las fuerzas migratorias, a las cuales Biden les ha dado mayores poderes que Obama y Trump. Activistas de derechos de los migrantes han responsabilizado al endurecimiento de Biden de las condiciones que llevaron al desastre de 51 muertos asfixiados en un camión que cruzaba migrantes de México a Texas13Elk, M. (28/6/2022) Immigration Activists Blame Biden for 51 Migrants Dying in Tractor-Trailer. Payday Report. https://paydayreport.com/immigration-activists-blame-biden-for-51-migrants-dying-in-tractor-trailer/.

Otro punto de reagrupamiento del activismo en desarrollo fue la realización, el 18 de junio, de una marcha de decenas de miles sobre la Casa Blanca impulsada por la “Campaña del Pueblo Pobre” que convocó una “Asamblea Masiva de Gente Pobre y Trabajadores de Bajos Ingresos” congregando manifestantes de todo el país y de movimientos de lucha muy diversos.

El default político del gobierno de Biden

La impotencia de Biden no podría ser más manifiesta. El megaproyecto legislativo Build Back Better que fue el centro de su campaña, nunca llegó a aprobarse, frenado en el senado por demócratas conservadores como Joe Manchin que objetan el gasto fiscal que implica. 

El proyecto de una normalización política, sobre la base de una colaboración parlamentaria con los republicanos moderados que le daban la espalda a Trump, nunca tomó forma. Trump ha reforzado su control sobre el Partido Republicano y todo indica que este se prepara para quitarle el control del Congreso a Biden en las elecciones parlamentarias de noviembre. 

La Corte Suprema de mayoría conservadora que dejó en pie Trump se ha constituido en un centro político que lanza verdaderos actos de gobierno que dejan al de Biden pintado y sin respuesta, frente a los hechos consumados. Colaboran al relanzamiento del movimiento derechista mientras Trump todavía tramita las audiencias sobre su participación en el golpe fallido del 6 de enero de 2021. 

Los furcios o momentos de distracción que sus rivales aprovechan para mostrar a Biden como un hombre senil sin rumbo coinciden con esta realidad política y la ilustran, pero no son la esencia de las dificultades que enfrenta. No se destaca, por otro lado, la mucho más joven vicepresidenta Kamala Harris ni otras figuras del partido. 

El ala izquierda de Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez y DSA está adaptada a Biden en todos los asuntos esenciales, carece de una agenda propia y no ha protagonizado ningún hecho significativo. Esto ha llevado a una serie de crisis internas en DSA, por ejemplo, la desarticulación de su fracción sindical para adaptarse a la agenda de la AFL-CIO y las promesas de Biden de reformas legales pro-sindicales y, también, la defensa de miembros que apoyan al régimen de apartheid en Israel, como el diputado neoyorquino Jamaal Bowman, cuya separación fue pedida por miembros de la organización por esta razón. Han votado los monstruosos presupuestos militares y apoyan la política de la Otan en la guerra en Europa. No forzaron el tratamiento parlamentario los que habían sido sus ejes de agitación electoral: el salario mínimo de 15 dólares la hora y la cobertura médica gratuita, el medicare for all. Alexandria Ocasio-Cortez ha declarado, contra la abrumadora opinión popular, que Biden está haciendo “un gran trabajo hasta ahora” en la presidencia.

El proyecto de una normalización política, sobre la base de una colaboración parlamentaria con los republicanos
moderados, nunca tomó forma.

Sectores de izquierda que habían tenido un desarrollo independiente como Socialist Alternative y la concejal de Seattle Kshama Sawant que se ha destacado en procesos de lucha locales contra la represión policial y en apoyo a luchas obreras se han unido a DSA adaptándose a esta integración al Estado, sin incidir en un cambio de orientación.

La cruzada medieval de la Corte Suprema

La decisión de la Corte que anuló el histórico fallo Roe vs Wade que garantizaba el aborto legal, aunque era un hecho sabido y anunciado, fue una bomba nuclear en la política norteamericana. Revertir Roe vs Wade era un objetivo expreso de Trump cuando nombró a los jueces conservadores. Los republicanos han estado aprobando leyes para dificultar muy significativamente el ejercicio de abortos en los estados que controlan, que la Corte ha convalidado. Y los fundamentos del fallo se filtraron un mes antes. Nadie puede darse por sorprendido.

El país ha quedado dividido entre estados donde el aborto ha quedado ilegalizado mediante leyes-gatillo que entraban a regir con el fallo de la Corte (de 13 donde estas restricciones se aplicaron de manera inmediata se podría llegar a prohibir hasta en 26 de los 50 estados) y aquellos donde sigue siendo legal. Los republicanos anuncian sin vueltas que de recapturar la mayoría parlamentaria en noviembre van por una ley nacional que prohíba el acceso al aborto. 

La movilización callejera contra el fallo reaccionario ha tenido un carácter limitado, muy lejos de la masividad del movimiento de Black Lives Matter. La movilización más masiva ha sido una concentración de 20.000 manifestantes en Nueva York. Ha habido repetidas concentraciones en la sede de la Corte y en las casas de sus jueces, en las principales ciudades e incluso en pequeñas ciudades tradicionalmente conservadoras. Empiezan, de todos modos, a despuntar acciones de base, como el abandono repetido de clases de parte de cientos de estudiantes en Filadelfia para organizar movilizaciones por el derecho al aborto legal14Wilder, R. (9/6/2022). Students walk out to defend roe! Socialist Alternative. https://www.socialistalternative.org/2022/06/09/students-walkout-defend-roe/.

La estrategia de Biden y los demócratas es usar el ataque conservador para tratar de levantar la tensión de la campaña electoral hacia las elecciones de noviembre. Contra toda su trayectoria política, la difícil empresa de mantener la mayoría parlamentaria demócrata es presentada como la base para lograr el aborto legal. La enmienda Hyde, que niega el aborto gratuito mediante el uso de fondos federales llevándolos a costar más de 500 dólares, fue consagrada con votos demócratas, entre ellos el del propio Joe Biden. Tampoco avanzaron con establecer una ley nacional cuando tuvieron mayorías parlamentarias en ocasiones anteriores, como bajo la presidencia de Barack Obama, que hizo campaña desde el 2007 con esa promesa para luego considerar que “no era el momento” cuando asumió en el 2009. La ley-gatillo que acaba de empezar a regir en Luisiana había sido incluso promulgada por ex-gobernadores demócratas.

Es muy expresa la negativa a encabezar un proceso de movilización que imponga el aborto legal en las calles, como lo hizo la marea verde en la Argentina.

Las únicas acciones prácticas que Biden anunció frente al fallo se relacionan a proteger a las mujeres que viajen de un estado donde no haya aborto legal a uno en donde pueda practicárselo. La política demócrata de “estados santuarios” genera todo tipo de contradicciones legales. Está en debate el acceso a las licencias laborales para acceder a abortos fuera del estado, la persecución o no por la compra o venta de pastillas abortivas fuera del estado en donde rigen las prohibiciones y miles de problemas legales derivados que prometen atiborrar al sistema judicial. Las propuestas de la izquierda demócrata se suman a esta adaptación a los hechos consumados, proponiendo la apertura de clínicas de aborto en tierras federales que no estén cubiertas por las leyes de los estados, como ser las bases militares. La negativa a encabezar un proceso de movilización que imponga el aborto legal en las calles, como lo hizo el movimiento de mujeres con su marea verde en la Argentina, es muy expresa.

Existe ahora una ley de aborto legal con media sanción en el Congreso. Su aprobación en el Senado requeriría de la derogación del “filibusterismo”. Esta disposición del reglamento del Senado impone de hecho una mayoría especial para cualquier ley disputada. La posibilidad de bloquear los debates parlamentarios por una minoría ha sido usada históricamente por los conservadores de ambos partidos como un derecho de veto contra cualquier reforma progresista. Biden se ha negado a modificar este reglamento porque es visto como un reaseguro para el régimen político ante cualquier desborde por izquierda, obligando a un consenso bipartidario para cualquier reforma significativa. Luego del fallo de la Corte ha amenazado con hacer una excepción al ¨filibusterismo¨ para el tratamiento del aborto y avanzar con la ley, pero no ha dado paso práctico alguno ni es claro como lo haría. 

Otros sectores internos han reclamado a Biden que nombre a nuevos jueces, dejando a los conservadores en minoría. No hay límite legal al número de la Corte, y la actual mayoría parlamentaria podría modificar su composición. Pero esta decisión también es vista como “extremista” y descartada. Ambas posibilidades ilustran la mentira de Biden de que quiere el aborto legal pero no hay “ninguna acción del presidente” que pueda defenderlo. 

Se escucharon muchas críticas a los demócratas en las movilizaciones en defensa del aborto legal. La inacción en la protección de los derechos reproductivos es citada como una de las razones para la pérdida de apoyo a Biden entre los votantes jóvenes15Paz, C (27/6/2022). Why democrats keep saying “Roe is on the ballot”. Vox. https://www.vox.com/23184192/democrats-abortion-roe-dobbs-strategy-vote-midterms-crisis. Las experiencias de luchas masivas por el aborto legal en Argentina y otros países son ampliamente comentadas y discutidas. El pañuelo verde es un emblema del movimiento que se despliega en las calles. La decisión de la marea verde argentina de no esperar el trámite parlamentario y de poner en pie un movimiento de masas que revolucionó al país, barrio por barrio, en cada lugar de trabajo y de estudio y de rodear al parlamento para imponer la aprobación, tiene una enorme vigencia para los luchadores de EEUU.

La Corte no se ha limitado al problema de salud reproductiva y ha producido una catarata de fallos que refuerzan la agenda conservadora. Desde la libre portación de armas, a la habilitación del rediseño de sectores electorales para licuar la representación de la población afroamericana en fallos recientes sobre Luisiana y Alabama. Otro fallo habilitó la realización de ritos religiosos en el marco de la escuela pública. En otro han fallado contra el derecho del Estado norteamericano a regular las emisiones contaminantes de las empresas.

El juez Clarence Thomas, una de las voces principales de la mayoría conservadora de la Corte, ha establecido una verdadera agenda de restauración conservadora, considerando que los fundamentos de la decisión sobre el aborto habilitan a reconsiderar las decisiones que permiten el uso de anticonceptivos, el sexo y el matrimonio entre personas del mismo género. Una cruzada medieval en curso en la principal potencia capitalista del mundo. Se ha señalado que existen sobradas evidencias para un juicio político contra Thomas, por sus lazos con el golpe trumpista fallido del 6 de enero, en el que su esposa estaba físicamente presente. El gobierno de Biden no ha dado, sin embargo, paso alguno en ese sentido.

El Partido Republicano moviliza a la ultraderecha, con o sin Trump

A pesar del fracaso del intento de Trump de desconocer su derrota electoral en 2020 y la flagrante criminalidad del intento de golpe del 6 de enero de manifestantes convocados por él y liderados por grupos de choques de la ultraderecha, no ha habido una marginalización de Trump, del Partido Republicano, ni de la vida política.

Si bien en el momento del intento del golpe una franja del Partido Republicano le dio la espalda a Trump, el realineamiento ha sido de fondo. En febrero de 2022 el Comité Nacional Republicano sacó una resolución afirmando que la “movilización” del 6 de enero fue una acción política legítima y condenando a quienes, como la diputada republicana Liz Cheney, se integraron a la comisión investigadora constituida en el Congreso respecto al intento de golpe. 

Las audiencias en el Congreso, en las cuales han declarado empleados de Trump y sus funcionarios, arrojaron testimonios contundentes de que convocaron a sabiendas manifestantes armados para llegar al Capitolio en donde se realizaba el conteo de votos. Dieron cuenta incluso del intento de Trump de ponerse al frente de la columna físicamente, que fue impedido por agentes del Servicio Secreto. 

Nada de esto ha separado a Trump del partido. Por el contrario, muchos informes indican que los grupos que componen de alguna manera el movimiento “Make America Great Again” o “America First” han dirigido su atención exitosamente al copamiento de posiciones en los organismos locales del Partido Republicano y entre los funcionarios electorales que controlarán las próximas elecciones.

Estos dispersos y contradictorios movimientos de ultraderecha no son un movimiento vertical orgánico y cohesivo controlado por Trump. Se alistan allí los movimientos religiosos conservadores, los sindicatos policiales, grupos de teorías conspirativas que se han multiplicado en las redes sociales (con denominaciones como Qanon, Groyper, Boogaloo boys, Alt-right), los neonazis y Ku Klux Klan más tradicionales o las milicias rurales, junto a grupos de choque más nuevos como los Proud Boys, Three Percenters o los Oathkeepers, estos últimos particularmente compuestos por miembros de las fuerzas represivas16(24/2/2022) Storming of the Capitol – The U.S. far right in the spotlight. Speak Out Now. https://speakoutsocialists.org/storming-of-the-capitol-the-u-s-far-right-in-the-spotlight/

La presidencia de Trump les ha dado a estos grupos una enorme proyección mediática y un potencial de reclutamiento, canalizando en una dirección chauvinista, nacionalista, racista y reaccionaria la desesperación de amplias masas pequeño burguesas, rurales e incluso obreras frente a la prolongada crisis social y la declinación de Estados Unidos como potencia dominante. La base movilizada de Trump no es parte de un movimiento fascista organizado. Son una base electoral dispersa, reaccionaria, con una participación política muchas veces episódica. Las organizaciones fascistas militan al interior del movimiento y expresan el objetivo político de quienes lo promueven.

Es indudable que un sector de la burguesía norteamericana ha invertido fuertes recursos en el impulso de estos grupos como forma de canalizar el malestar social detrás de una agenda pro-capitalista, cosa que no ha sido investigada por la comisión parlamentaria sobre el 6 de enero, como tampoco la inacción de las fuerzas represivas del Estado.

Está por verse cuán desgastada está la figura de Trump para pelear por la vuelta a la presidencia en 2024. Él se ha tratado de recolocar jugando a apoyar los caballos ganadores en las internas locales del Partido Republicano. Arrastra reyertas y problemas legales pesados, aparte de haber terminado un único mandato en crisis total sin poder sostener un equipo de gobierno estable ni siquiera unos pocos meses seguidos.

De todas maneras, la agenda de reacción profunda planteada por la mayoría conservadora en la Corte muestra un alcance mucho mayor a este movimiento protofascista que el seguimiento personal a la figura de Trump. Quien mejor aparece posicionado dentro de su partido para relevarlo como próximo candidato presidencial, en términos de encuestas y de apoyo de los donantes del partido, no es de ninguna manera una opción más moderada. Ron De Santis, el gobernador de Florida, compite como relevo por derecha con Trump. Su prontuario está lleno de políticas homofóbicas, racistas y antiinmigrantes. El creciente apoyo a su precandidatura entre los conservadores ha sido descrito como “las mismas políticas de Trump, con menos caos”. Apuestan a retener los votos de una parte del electorado de derecha que ha sido avergonzado por la caterva de lúmpenes y nazis que protagonizaron el intento golpista de Trump17Politi, J. y Stacey, K. (5/7/2022). De Santis benefits from ‘Trump fatigue’. Financial Times.

Las elecciones de medio término se han convertido en un hito para la ultraderecha. Allí procesarán su reorganización interna y se prepararán para pelear la vuelta al gobierno, intentando explotar a su favor el desastre del gobierno demócrata. En el camino están bajo asedio las reivindicaciones y derechos ganados de los trabajadores, la juventud, las mujeres y las minorías de género y raciales. 

Los procesos de lucha en tiempos recientes en el movimiento obrero, de mujeres, de las comunidades afroamericanas e inmigrantes, en particular los latinoamericanos, los movimientos de diversidad sexual y sobre todo la búsqueda de una política socialista de miles de jóvenes, muestran que existe el material para promover el reagrupamiento de una izquierda revolucionaria y un partido de la clase obrera en Estados Unidos. Su convocatoria implica ganar a la vanguardia de las luchas a la ruptura con el Partido Demócrata, la burocracia sindical y la política identitaria pequeño burguesa y abrir así un canal para darle una salida positiva a la enorme crisis política y social de Estados Unidos. 

El renovado empuje imperial

Cualquier lector de diarios habrá notado que si hay una actividad en la que Biden ha desmentido el insultante sobrenombre de “Sleepy Joe” (el dormilón Joe), que le colgara su archirrival Trump, es en el ajetreo de viajes internacionales para reunir a sus aliados alrededor de la Otan para montar el creciente cerco militar, diplomático y político contra Rusia y China. 

Mientras en todos los otros aspectos su gobierno aparece actuando de contragolpe, en este Biden tiene una intensa agenda que le marca la cancha a los países del mundo, obligando a definirse a favor o en contra del campo militar que promueve. Mientras que la mayoría de las aventuras militares de EEUU de Vietnam para acá han sido tremendamente impopulares, ahora gozan de un cierto éxito publicitario. La campaña de propaganda que presenta la presencia de la Otan como una asistencia al pueblo ucraniano contra la barbarie de Putin, le ha dado un importante rédito al gobierno norteamericano. Aunque no compensa el desbarajuste económico inflacionario, la mayoría de la población respalda aún la intervención tercerizada de EEUU en el este europeo. Lo mismo pasaba con la intervención en el sudeste asiático, cuando los muertos los ponían aún otros. Los funcionarios de Biden se lamentan públicamente de que esto no se traslade en un aumento en la popularidad de su presidente y su gobierno. 

Entre 2014 y 2019 invirtieron 1.500 millones de dólares en el armamento de Ucrania. Ahora han votado en el parlamento norteamericano impresionantes presupuestos de apoyo militar para Ucrania (33.000 y 40.000 millones de dólares). El apoyo no es solo financiero. Sumado al publicitado apoyo logístico y técnico, se ha dado a conocer en junio la presencia de un número importante de operativos de la CIA y comandos especiales de las fuerzas armadas norteamericanas peleando en Ucrania18Schmitt,E. Barnes,J. y Cooper, H. (25/6/2022). Commando network coordinates flow of weapons in Ukraine, officials say. New York Times. https://www.nytimes.com/2022/06/25/us/politics/commandos-russia-ukraine.html. Aunque estos no estarían supuestamente actuando en los choques directos sino funcionando en calidad de “consejeros” de las tropas ucranianas, la extensión y recrudecimiento de la guerra llevará a reconocer e intensificar la intervención directa. 

La restauración de la normalidad que Biden prometió en la campaña siempre se asentó en la idea de relanzar un “liderazgo” norteamericano a nivel internacional, que no es otra cosa que una ofensiva diplomático-militar contra sus rivales. Biden expresa el ala de los halcones en la propia burguesía norteamericana. El desbande de su ocupación de Afganistán, donde Biden había rechazado las posibilidades de un avance talibán en las vísperas del desastre, y los retrocesos en Irak y Siria han aumentado el peso del cuestionamiento a la hegemonía norteamericana en el mundo. El nerviosismo y la hiperactividad imperialista de estos meses pretenden dar respuesta a ello.

En esta política hay señales de una división en la burguesía norteamericana. Los precios de los combustibles, alimentos y agroquímicos son la muestra más inmediata de que el intervencionismo tiene sus costos, incluso como acelerador de la crisis política y la lucha de clases en el propio territorio norteamericano. Los costos domésticos de la política imperial incluso han mostrado una división pública del equipo de Biden, con un planteo de la secretaria de Tesoro, Janet Yellen, haciendo una crítica del sostenimiento de Biden de sanciones económicas a China que refuerzan la inflación en EEUU19Sevastopulo, D. (4/7/2022). White House divided over whether to axe China tariffs. Financial Times.. Trump y el Partido Republicano expresan más nítidamente el punto de vista del sector de la burguesía más escéptico de este tipo de intervencionismo, aunque no tengan condiciones políticas para hacer una campaña por el cese al fuego y se limiten a criticar las consecuencias domésticas. El tema de la rusofilia adjudicada a Trump ha sido un latiguillo demócrata desde la campaña del 2015.

El crecimiento del intervencionismo yanqui no se limita al choque con Rusia. La presión militar y diplomática contra China ha crecido cualitativamente con la conformación de una Otan de Asia, la llamada Quad, que une a EEUU con India, Japón y Australia, mientras que ha armado la coordinación Aukus con el Reino Unido y Australia. 

Otro escenario de intervencionismo mayor es África. En mayo de enviaron 500 soldados a instalarse en Somalia para intervenir en una disputa entre el Estado local y una petrolera norteamericana20Black Alliance for Peace (25/5/2022). On african liberation day Biden’s troop deployment to Somalia confirms Africa is not free. https://blackallianceforpeace.com/bapstatements/nomoretroopstosomalia. En junio, demócratas y republicanos votaron juntos una ley titulada “Contrarrestar influencias rusas malignas en África” que prevé la expansión de las operaciones de inteligencia y el comando militar norteamericano AFRICOM, así como la extensión de bases militares21Dunn, R. (14/6/2022). New bill that passed house reinvokes old russian bogeyman as pretext for more U.S. intervention in Africa. Covert Action Magazine. https://covertactionmagazine.com/2022/06/14/new-bill-that-passed-the-house-reinvokes-old-russian-bogeyman-as-pretext-for-more-u-s-intervention-in-africa/. Los únicos votos en contra fueron unos pocos republicanos. La izquierda demócrata sigue hasta el final la militarización imperialista y el intervencionismo en marcha.

La agenda de Biden ha incluido también un esfuerzo por participar a sus aliados en Medio Oriente, tratando de aislar a Irán. Fue una novedad en ese sentido la reunión en junio de funcionarios militares de EEUU, Israel, Arabia Saudita, Qatar, Bahréin, Jordania y Egipto para coordinar militarmente una “defensa” contra Irán. Son elementos de presión para alejar a Teherán del eje ruso-chino.

La reciente Cumbre de las Américas ha servido para tratar de disciplinar a los países latinoamericanos al choque con Rusia y China y limitar la influencia económica china en la región. La “cumbre” pretende limitar esta competencia alineando a los presidentes latinoamericanos con las medidas de boicot que desarrolla el imperialismo “en defensa de los valores de la democracia” con la guerra contra Rusia y el bloqueo que viene desarrollando contra China.

Ese objetivo imperialista, no ha sido en gran medida logrado por Biden. Los gobiernos burgueses latinoamericanos de distintos colores políticos, más allá de tributos simbólicos a la presión norteamericana, resisten cortar sus relaciones comerciales con China. 

De un modo general, podemos afirmar que el resultado de la escalada guerrerista encabezada por EEUUU es incierta. El gobierno de Biden está lejos de reunir las condiciones políticas externas e internas para llevar a buen puerto esta nueva ofensiva militar. Todavía está fresca la retirada ignominiosa de Afganistán como muestra del retroceso de EEUU en su rol de gendarme internacional. Una muestra de las dificultades de EEUU para mantener un conflicto directo que incluya el despliegue de tropas de infantería en el teatro de operaciones contra rivales mucho menos poderosos que Rusia o China.

El desafío de las tendencias combativas y de la izquierda en EEUU es poner en pie un movimiento contra la guerra de la OTAN dentro de sus propias fronteras.

El escollo mayor está en el propio frente interno. Una empresa bélica de las dimensiones de la que se proyecta requiere un régimen fuerte, con un liderazgo y autoridad suficientes, capaz de disciplinar a todas las clases sociales del país. Un salto en el carácter represivo y policial del Estado norteamericano. Recordemos que la tentativa de avanzar en esa dirección ya viene de un fracaso de la mano de Trump. Y el gobierno de Biden está a los tumbos, con la popularidad y el capital político en caída libre. Es muy probable que una derrota electoral en las elecciones de medio término lo confine en los últimos dos años de mandato a una presidencia de “pato rengo”, sin control del Congreso ni poder alguno para actuar. 

La gestión demócrata enfrenta, por un lado, una crisis capitalista explosiva, con una inflación imparable y una recesión en puerta sumada a la pandemia que no ha terminado y, por el otro, la rebelión popular que explotó contra el régimen policial en el 2020, que hizo crujir al conjunto del sistema político y que sigue como amenaza latente. Las consecuencias de la crisis han ido echando leña al fuego del descontento popular, preparando una nueva etapa convulsiva. La guerra, en este cuadro, puede terminar convirtiéndose en un bumerang. 

La postura de la izquierda norteamericana frente a la guerra ha sido en general de una extrema duplicidad e inacción que esconden una profunda integración al régimen imperialista. DSA editó en febrero una declaración que, si bien coloca la responsabilidad principal de la guerra unilateralmente en Putin, adaptándose al discurso oficial norteamericano, al mismo tiempo condena a la Otan, llama a que EEUU rompa con ella y condena su política de “expansión imperialista”. Termina su declaración diciendo “ninguna guerra, salvo la guerra de clases”22Democratic Socialists of America (26/2/2022). On Russia’s invasion of Ukraine. https://www.dsausa.org/es/statements/on-russias-invasion-of-ukraine/. Sin embargo, el bloque de diputados y senadores que responden a la organización votan los presupuestos militares del Pentágono y sobre todo, no han puesto en marcha movimiento alguno contra la guerra. 

Solo unas pocas organizaciones y militantes tienen el mérito de haber convocado manifestaciones contra el rol de EEUU en promover, financiar y ejecutar el cerco militar sobre el este europeo y China. El problema de la guerra vuelve a mostrar el carácter contrarrevolucionario de la integración al Estado de la inmensa mayoría de las organizaciones de izquierda norteamericanas mediante su subordinación al guerrerista Partido Demócrata. El desafío de las tendencias combativas y de la izquierda que se reclama revolucionaria en EEUUU es poner en pie un movimiento contra la guerra de la Otan dentro de sus propias fronteras, en unidad de acción con los trabajadores de todo el mundo. Es un paso necesario y obligatorio para constituir un proyecto emancipatorio real en EEUU.

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