Una entente con los privatizadores y la Otan

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La corriente internacional que dirige Pierre Lambert ha conseguido colocarse no sólo a la derecha de los partidos que se reclaman trotskistas, sino incluso a la derecha de cualquier partido que se reclame defensor de los trabajadores.


 


En 1991, el lambertismo creó en Francia el llamado Partido de los Trabajadores (PT), un pseudo partido laborista, conformándose como pseudo tendencia interna, la Corriente Comunista Internacionalista (CCI). Asimismo formó la Entente International des Travailleurs (en español, Acuerdo Internacional de los Trabajadores, AIT), en la cual revistan todas las organizaciones lambertistas del mundo más una serie de políticos social-demócratas y burgueses desplazados. El programa de la AIT, que el lambertismo concibe como una especie de Primera Internacional, es en realidad reformista, y sus declarados objetivos son la lucha por la legislación laboral y los convenios colectivos, contra las políticas de desregularización y flexibilidad, y por las libertades democráticas (1). Su programa máximo es, en realidad, el programa mínimo, y su forma de acción es el pasilleo por los organismos internacionales de la burguesía, tales como la Organización Internacional del Trabajo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y el lanzamiento de campañas conjuntas con partidos y políticos burgueses, sin ninguna perspectiva en el movimiento obrero (2). La AIT no se propone como dirección internacional revolucionaria del proletariado, y dice incluir todas las corrientes genuinas respetando su diversidad. Por supuesto este respeto a la diversidad sólo incluye a burócratas o políticos burgueses como los sindicalistas social-demócratas de Force Ouvrière en Francia, o del PRD de México. Con un diputado del PRD, el PT francés visitó la sede del FMI en 1994 para convencer al organismo de que anule sus planes de austeridad para los países del Tercer Mundo.


 


Desde el punto de vista del lambertismo, la situación de supuesta mundialización del capital y retroceso de la clase obrera a nivel internacional significa que hay que dar una respuesta de carácter puramente economicista o sindicalista. Luego de autodisolverse en la AIT, el lambertismo decidió nada menos que la refundación de la IVa Internacional en 1993. Quien lea las resoluciones de la ultima conferencia mundial de esta organización (3), podrá ver en la práctica cómo es posible violar de todas las formas posibles el legado revolucionario de Trotsky en nombre de la IVa Internacional. En realidad, el programa de la IVa lambertista es el programa de la AIT. Así lo revela el capítulo sobre los problemas políticos existentes, donde entre otros puntos toca la crisis del PT francés. El PT es, en realidad, una fachada del lambertismo dirigido desde la CCI, y los pocos militantes independientes son dejados de lado por los dirigentes de la CCI (4).


 


Que el camino de la AIT no sólo no conduce a una política de reconstrucción de la IVa Internacional, sino ni siquiera a la más mínima lucha reformista lo demuestra la política del lambertismo en Eslovaquia.


 


En 1995, la AIT participó en una conferencia mundial en Banska Bystrica, Eslovaquia, conjuntamente con la Asociación de los Trabajadores de Eslovaquia (ZRS); entre otras cosas, la conferencia se dedicó a denunciar las privatizaciones. Previamente, la ZRS había concurrido a elecciones con un programa que incluía, además, la negativa a la participación de Eslovaquia en la NATO. Sin embargo, luego de las elecciones, la ZRS decidió ingresar al gobierno burgués de Vladimir Meciar, del Movimiento por una Eslovaquia Democrática (HZDS), el Partido Campesino Eslovaco (RSS) y el ultranacionalista Partido Nacional Eslovaco (SNS). Al ingresar al gobierno, la ZRS firmó un documento que llama a Eslovaquia a integrarse a Europa y a las estructuras políticas, económicas y de seguridad trans-atlánticas, es decir al imperialismo (5). Josef Kalman, miembro de la ZRS, fue nombrado nada menos que comisionado del primer ministro Meciar y miembro del comité a cargo de las negociaciones para la integración a la Unión Europea y a la OTAN, mientras que otro dirigente de la asociación, el ingeniero Peter Bisak, fue nombrado … ministro de privatizaciones.


 


Luego de esto, el lambertismo, lejos de romper con la ZRS, ha pasado a defenderla fervorosamente en nombre de la democracia obrera. Daniel Gluckstein, secretario general del PT francés y máximo dirigente de la CCI, ha publicado un artículo en el cual justifica que la ZRS participe en el gobierno de coalición eslovaco "en nombre de su oposición a las privatizaciones" (6). Para Gluckstein, este "es un acto político que, como todo acto político, levanta discusión. Pero nadie puede erigirse para dar lecciones o proceder a alguna excomunión".


 


Es decir, en nombre de la democracia es posible compartir el mismo organismo internacional con un partido que participa en un gobierno burgués, privatizador y pro-imperialista, ya que después de todo "se trata de una libre discusión entre militantes de orígenes diversos, que buscan la vía mas eficaz de preservar al pueblo trabajador".


 


Curiosa forma de razonar para una corriente que hace veinte años decidió la persecución política de los militantes de Política Obrera de la Argentina, en medio de la más sangrienta dictadura de su historia, por las diferencias políticas que se produjeron en el Comité de Reorganización de la IVa Internacional (CORCI) en torno a la naturaleza bonapartista de las burguesías nacionales en los países semi-coloniales.


 


El hecho de que las críticas a la AIT y la ZRS hayan sido publicadas en el órgano del PT de Bélgica, un partido stalinista que apoya por la izquierda las privatizaciones en Bélgica y otros países, no invalida la denuncia. Sólo demuestra que el lambertismo se ha colocado en el mismo campo que la burocracia stalinista, que llevó a los estados de la ex-Unión Soviética y el Este europeo a la restauración capitalista.


 


En realidad, en el artículo de Gluckstein hay una fervorosa defensa del régimen burgués de Bratislava, el cual, según el dirigente lambertista, sería víctima de la ofensiva del FMI y la Unión Europea. Es verdad que el imperialismo presiona al gobierno eslovaco para que lleve adelante hasta el fondo las medidas privatizadoras y su integración a Europa. Continuando con esta línea de pensamiento, el lambertismo tendría que pasar a ser parte de todo gobierno nacional burgués del mundo que sufra las presiones del imperialismo.


 


El gobierno eslovaco de Meciar estima que existe un sistema de privatizaciones razonables. Por supuesto, el defensor de la ZRS rechaza identificarse con dicho gobierno, pero resulta extraño imaginar que si la ZRS se opone tanto a dicha política, haya aceptado no sólo formar parte del gobierno sino, además, dirigir el ministerio de privatizaciones.


 


El lambertismo ha tirado por la borda no sólo las enseñanzas del leninismo y el trotskismo en relación al rol pro-imperialista de los gobiernos burgueses nacionales, y de los llamados Frente Populares, sino los mas mínimos criterios de honestidad intelectual. La enseñanza práctica es que para estos supuestos refundadores de la IVa Internacional se puede construir una organización proletaria internacional en alianza con la burguesía pro-imperialista. Para los militantes obreros que buscan la reconstrucción de la IVa Internacional, la conclusión es que el lambertismo es irrecuperable para dicha tarea.


 


 


Notas:


 


1. "¿Quiénes Somos?" en Carta del Buró Internacional de la AIT nº19. Nueva serie, junio de 1996.


2. Ver por ejemplo Carta del Buró Internacional de la AIT, nos 17/23. Nueva serie.


3. Conferencia Mundial de las Secciones de la IVa Internacional en La Verdad, nº19. Madrid, primer trimestre 1997.


4. Idem, página 28.


5. Solidaire, órgano del Partido del Trabajo de Bélgica, nº 10, 7 de agosto de 1996.


6. Daniel Gluckstein, "Respuesta a una campaña contra la AIT. Defensa de la democracia"; en Carta del Buró Internacional de la AIT nº 20, Nueva serie, septiembre de 1996.


 

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