Irak: el referéndum bajo la ocupación

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Una farsa dentro de una tragedia


El infame “cambio de régimen” exportado por las fuerzas armadas del imperialismo norteamericano-británico y los criminales de guerra de su ‘Coalición de los Dispuestos’ se desenvuelve como una pesadilla histórica, combinando rasgos tanto de tragedia como de farsa. El “referéndum” de octubre de 2005 para una “nueva Constitución” en Irak es una farsa de este tipo dentro de una tragedia.

 


Un proceso electoral por el “documento fundacional de la democracia” ha tenido lugar bajo la amenaza de las armas del ejército de ocupación al mando de los EEUU, sobre un documento redactado por especialistas norteamericanos con el objeto de resguardar solamente sus intereses imperialistas. La “democracia” exportada por los EEUU institucionalizó su fundación constitucional a través del terror militar, del abusivo y extendido fraude electoral, particularmente en la tercera ciudad en importancia, Mo-sul, y en las áreas suni, donde ha prevalecido la abstención frente a la farsa impuesta por el imperialismo.


 


Cocina norteamericana


 


Un colaborador suni de las autoridades de la ocupación, que participa en la comisión de redacción de la nueva constitución, ha afirmado abiertamente que fue “cocinada en una cocina norteamericana, no en una iraquí” (Reuters, 28/8). El cheffue el embajador norteamericano en Bagdad, Zal-may Khalizad, un miembro del neo-conservador Project for a New American Century (Proyecto por un Nuevo Siglo Norteamericano), que ha llamado a la invasión de Irak desde 1998. Khalizad ha prestado servicios, en el pasado, como intermediario del gobierno norteamericano con el régimen talibán; ha trabajado antes para Unocal en Afganistán y luego de la invasión de 2001 fue designado como el primer embajador norteamericano a Afganistán, lo cual ayudó a otorgar una legitimidad trucha a las elecciones afganas y al régimen quisling (l) de Kar-zai en Kabul.


 


Designado nuevamente en Irak, Khalizad fue respaldado por oficiales de la Embajada norteamericana, operando desde la sede central de un partido kurdo “para ayudar a pasar a máquina el borrador y a traducir modificaciones desde inglés al árabe para los legisladores iraquíes” (The Washington Post, 23/8).


 


No causa sorpresa, entonces, que Khalizad fuera presentado al falso “parlamento” iraquí de colaboracionistas por el líder kurdo y presidente-quisling de Irak Jalal Talabani como “querido hermano” (The New York Times, 16/8).


 


La manipulación de las organizaciones kurdas fue crucial para el imperialismo norteamericano, tanto durante la invasión como durante la ocupación. Ahora es crucial también para la institucionalización de la ocupación. Por eso, la “constitución” impuesta por el imperialismo introduce el “principio federativo” con el objeto de presentarlo como una concesión fundamental a las aspiraciones kurdas y shiítas. De hecho, esto es una mentira cínica y una trampa peligrosa que amenaza producir el desmembramiento de Irak vía una guerra civil étnico-religiosa entre árabes, kurdos, sunitas y shiítas, funcional a la dominación imperialista.


 


Desmembramiento y “federación”


 


Las constituciones en los tiempos modernos institucionalizan la soberanía y la integridad territorial del Estado-nación. En las sociedades multinacionales, multiétnicas y multiculturales, donde se introduce el principio federativo, generalmente se intenta establecer un equilibrio entre las tendencias hacia la centralización de una economía integrada y un Estado, y las tendencias hacia la descentralización de las diferentes entidades dentro de la Federación.


 


La “constitución” iraquí, cocinada en la cocina norteamericana, es una novedad: presentándose como federalismo, introduce el desmembramiento del país en sub-estados impotentes, a la manera del imperio otomano, con lo cual la soberanía nacional es destruida y los restos sometidos al control del imperialismo.


 


Herbert Docena escribe en un artículo muy interesante en Asia Times de agosto pasado: “Incidentalmente, durante el curso de las negociaciones sobre la constitución, Al Hakim, del Sciri [Consejo Supremo por la Revolución Islámica en Irak], impulsó la creación de un sub-estado shiíta en el sur, abarcando nueve de las 18 provincias iraquíes. El borrador de la constitución permitiría que este sub-estado determinara políticas sobre el petróleo en su territorio, ganara una porción sustancial de regalías sobre los yacimientos de petróleo existentes, y rastrillara hasta 100% de los ingresos sobre los yacimientos que aún están por desarrollar. La posición de los EEUU sobre la cuestión del federalismo podrá tener mucho que hacer con el aseguramiento de que los que terminarían como gobierno sobre los yacimientos petróleos iraquíes -los kurdos en el norte y los partidos shiítas en el sur- es gente que se ha pronunciado públicamente a favor de su privatización (…) Mientras la constitución otorga el poder de legislar sobre las políticas petroleras a las regiones productoras de petróleo, también hace un gran esfuerzo para estipular que el Estado central debería ‘garantizar la libertad de movimiento para obreros, bienes y capitales iraquíes entre las regiones y las provincias’. Esta diferenciación de roles entre el Estado central y las regiones sigue la plantilla que favorece el tipo de ‘federalismo pro-mercado’ planteado por los constitucionalistas neoliberales: según lo cual el Estado central sólo tiene el poder de mantener un mercado común dentro del territorio, mientras que el poder de regular el mercado se delega a los sub-estados debilitados.


Para los neoliberales, el federalismo está bien siempre que las regiones no erijan paredes contra el libre comercio y no lleguen a adquirir poder suficiente para implementar las políticas laborales, del ambiente y sociales adicionales.


 


“La constitución también construye la base para la eventual adquisición de bienes iraquíes, en la forma de valores, bienes inmuebles u otras formas de capital, por extranjeros o por corporaciones multinacionales (…) Dado que el orden 39 de Bremer ya permite la propiedad extranjera de bienes iraquíes y dado que este orden se perpetuará como ley, la constitución efectivamente quita la restricción que le diera a los iraquíes la propiedad exclusiva sobre los bienes en Irak (…) Entonces, mientras la prensa sigue contando el cuento de los sunitas, shiítas y kurdos peleándose entre sí por el botín del petróleo, deja de lado el conflicto entre los iraquíes y los no-iraquíes. La constitución aún podría allanar el camino para que los no-iraquíes tengan tanto derecho sobre el petróleo de Irak como los iraquíes”. En otras palabras, el federalismo patrocinado por los EEUU allana el camino para la colonización del país y de sus recursos.


 


A pesar de la reivindicación -a veces apoyada, curiosamente, aun dentro de la izquierda- de que se hagan concesiones a las aspiraciones nacionales kurdas, o que se paguen reparaciones por las injusticias sufridas por la mayoría shiíta, bajo el gobierno predominantemente sunita baathista, la verdad es que la colaboración de los líderes kurdos y shiítas con el imperialismo norteamericano y británico lo ayuda a imponer su proyecto neocolonialista contra todas las nacionalidades y grupos étnico-religiosos que viven en Irak, árabes, kurdos, turcos, asirios, shiítas, sunitas y otros.


 


Además: es mentira que haya una tendencia popular a favor del federalismo, como expresión “distorsionada” de las aspiraciones de las hasta ahora nacionalidades o comunidades religiosas oprimidas. Según una encuesta de julio de 2005, llevada a cabo por el International Republican Instítute, una institución financiada por el gobierno norteamericano encargada de construir los aparatos de los partidos iraquíes pro-capitalistas, el 69% de los iraquíes en todo el país quieren que la constitución establezca “un gobierno fuerte centralizado” y sólo el 22% quiere que otorgue “poderes significativos a los gobiernos regionales”. Aun en las áreas de mayoría shiíta en el sur sólo el 25% quiere el federalismo, mientras el 66% lo rechaza.


 


La clase gobernante norteamericana y su Estado está profundamente divididos a causa de la guerra iraquí. Esto se demuestra claramente en el conflicto entre la CIA y la Casa Blanca -con el ‘CIAgate’ ocupando el lugar del Watergate al final de la Guerra de Vietnam-. El cambio de régimen en el ultramar se ha transformado en crisis de régimen en casa.


 


Bajo estas presiones, el gobierno de Bush Jr. intenta apurar la “construcción del Estado” y el “proceso de democratización” a través de elecciones y referéndums truchos. Las nuevas elecciones bajo la nueva “constitución” en diciembre de 2005, constituyen otro paso más en la misma dirección. Al mismo tiempo, la democratización estilo norteamericano va de la mano con las torturas en Abu Ghraib, los campos de concentración, las bombas de fósforo blanco contra los luchadores heroicos de Fallujah, las campañas contra la población civil enmascaradas como operaciones de contra-insurgencia… Es obvio que el propósito principal de la nueva constitución es encender una guerra civil catastrófica entre los sunitas y los shiítas, así como también entre los kurdos y los árabes o los otros grupos étnicos que habitan Kirkurk.


 


La Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional apoya la resistencia iraquí contra el imperialismo y todas las luchas en Irak, e internacionalmente, mediante el movimiento antibélico, para echar las tropas de ocupación de Irak y poner fin a la presencia militar imperialista en la región. Al mismo tiempo, luchamos en forma independiente para construir una dirección obrera y revolucionaria bajo la bandera de la Cuarta Internacional para unir a todos los oprimidos para la liberación nacional y social en Irak, y por una Federación Socialista en Medio Oriente.


 


 


(1) Quisling, Vidkun (1887-1945): político noruego, cuya colaboración con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial convirtió su nombre en sinómimo de traidor (nota del traductor).


 

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