La rebelión de la juventud en Francia

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Defendamos el levantamiento de la juventud de Francia abajo la ‘chiracaille’ por la Unión Socialista de Europa


Desde hace dos semanas, una revuelta gigantesca de la juventud más postergada, humillada y pisoteada de los barrios y guetos que circundan a las grandes ciudades sacude a Francia y conmueve a Europa y el mundo. La muerte por electrocución de dos jóvenes que procuraban zafar de un control policial fue el detonante que hizo explotar el resentimiento social acumulado de una nueva generación sin ningún porvenir social bajo las condiciones reales del capitalismo.


El estallido no ocurre en un suburbio de África o América Latina sino en el corazón del imperialismo francés y de la Unión Europea. Luego de la exhibición de pobreza, desigualdad y miseria que tuvo lugar en Nueva Orleáns, la revuelta de la juventud de Francia deja al desnudo la realidad social del llamado primer mundo y el contenido de despojo social de la llamada globalización. El Estado imperialista francés y sus secuaces, que miraron como incidentes menores las muertes masivas de familias en los recientes incendios de albergues miserables en la periferia urbana, sacan a relucir ahora la ‘tolerancia cero’ y el toque de queda. A lo largo de los últimos años, sin embargo, este mismo Estado francés fue reduciendo la asistencia social a las barriadas populares, con el cínico pretexto de la necesidad de no superar los topes previstos del déficit de presupuesto.

 


La revuelta juvenil se extiende ahora a Bélgica y a Alemania; el primer ministro en espera, Romano Prodi, ya ha advertido que una ola de rebelión popular similar a la francesa podría desatarse en cualquier momento en Italia. El alzamiento generalizado de un vasto sector de los adolescentes franceses se produce en el mismo momento en que la mayoría de los Estados de Europa, así como los Estados Unidos, enfrentan una crisis de régimen político y están encabezados por los gobiernos más débiles de las últimas dos décadas. La sublevación juvenil se desarrolla, así, en condiciones de una crisis de conjunto -social y política- de los principales Estados imperialistas.


 


Es completamente natural que la masa de la juventud insurgente se encuentre compuesta por descendientes de inmigrantes, africanos o asiáticos, ‘les noirs et les beurs’, desmitificando por completo las pretensiones integra-doras de la democracia representativa del capital. Esa masa refleja, como también es natural, el odio de la juventud por los atropellos del imperialismo francés y mundial contra las naciones de Medio Oriente y de África del norte; conocen muy bien lo que ocurre en Palestina o en Irak, o el destino que el español Zapatero le reservó a los marroquíes y senegaleses que pretendían ingresar a Europa por Ceuta y Melilla. No ignoran en absoluto el trágico destino de albaneses o africanos que cruzan el Mediterráneo para ingresar a Italia. La revuelta juvenil es una expresión concentrada de toda la explotación colonial por parte del sanguinario capitalismo europeo. Pero es un hecho, que la gran prensa no ha podido ocultar, que a esa masa se han unido desde el principio y luego en forma creciente los jóvenes desocupados que exhiben una ascendencia europea.


 


El gobierno francés ha respondido a la revuelta con la represión, sin por ello dejar de expresar sus irreconciliables diferencias internas. El presidente Chirac demoró más de una semana en aparecer en público, un signo inconfundible de hundimiento político. Pero la represión contra lo que el ministro Sarkozy llama la ‘racaille’ (la canalla) juvenil sólo sirvió para profundizar la rebelión. La Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional hace suya la expresión de un semanario satírico francés y llama a luchar para poner fin a la ‘Chiracaille’, o sea a echar al gobierno de Chirac, Villepin y Sarkozy. Luego de la victoria del No en el reciente referendo sobre la constitución europea, la revuelta de la juventud le recuerda al pueblo trabajador de Francia que este gobierno imperialista es una cosa del pasado que sólo se sostiene en pie por la complicidad de la izquierda institucional francesa y la burocracia sindical. En momentos en que Marsella vive la conmoción de una huelga del transporte y de una lucha de portuarios y marítimos que aún no ha sido resuelta, la consigna de la unidad de los trabajadores y de la juventud para acabar con la ‘Chiracaille’ cobra una impresionante actualidad.


 


Las direcciones oficiales de la izquierda francesa han formado un frente común con el gobierno de la ‘Chiracaille’ contra lo que llaman la ‘violencia’ de la juventud. El partido socialista y el partido comunista han publicado comunicados que llaman a “poner fin a la violencia” (“El orden debe ser restablecido”, comunicado del PCF del 6 de noviembre). La organización Lutte Ouvriére caracteriza la rebelión en masa de la juventud como “estéril” y que se encuentra en un callejón como consecuencia del reflujo de la clase obrera. Como en abril de 2002 cuando el régimen político francés se enfrentó a la posibilidad de un colapso, como consecuencia del fracaso electoral del partido oficial y del partido socialista, la izquierda vuelve a cerrar filas en defensa de la democracia. La CRCI llama la atención de los obreros avanzados de Europa sobre esta secuencia política desde la crisis de abril de 2002 hasta la rebelión actual, pasando por la victoria del No en el referendo reciente, porque plantea la crisis del régimen político francés y la posibilidad de la caída de la ‘Chiracaille’, lo que abriría una perspectiva de poder.


 


La violencia de la insurrección de la juventud francesa no tiene, es cierto, el carácter de una violencia revolucionaria contra el Estado capitalista, ni el nivel de una lucha de clase del proletariado contra el capital. Es la violencia masiva de una juventud lumpenizada por el capitalismo. Se dirige contra las instituciones del Estado, como las comisarías, la policía y las municipalidades, pero también lo hace contra los bienes de otros trabajadores y vecinos o contra bienes comunitarios. Pero la tarea de los obreros luchadores y coscientes no puede reducirse a caracterizar esta violencia contradictoria, a condenarla en abstracto o a darla derrotada por anticipado. La tarea de los obreros con conciencia de clase debe ser orientar esta revuelta hacia una perspectiva revolucionaria, en primer lugar interviniendo ellos mismos en la crisis con una posición política clara y una consigna precisa. No se trata de emitir un juicio sobre la juventud sino de llevarla, por medio de la acción, a una lucha eficaz, o sea decisiva. La Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional llama a defender la insurrección de los jóvenes desposeídos de Francia por medio de movilizaciones, paros y la huelga general hasta la renuncia de los responsables de la represión el ministro Sarkozy y la caída de la 'Chiracaille'. Apoyamos las iniciativas parciales de las organizaciones de base de la izquierda y de algunas de sus direcciones (la LCR) para manifestar en defensa de la juventud y por la renuncia de Sarkozy, con la consigna de Fuera la ‘Chiracaille’, huelga general, satisfacción de las reivindicaciones de todos los trabajadores en lucha. Con esta orientación llamamos a formar comités obrero-juveniles en todas las barriadas -o sea para impulsar la huelga general. Los comités obrero-juveniles deben hacerse cargo de la defensa de los barrios y de la seguridad de su población.


 


No hace falta decir que la salida a la miseria de la juventud pasa por una acción anti-capitalista. Para asistir socialmente a los barrios marginalizados; para que los jóvenes tengan trabajo; para terminar con la desocupación en masa, que afecta a todas las franjas de edad; es necesario un plan de conjunto de características anticapitalistas: en primer lugar, acabar con todos los subsidios al capital y establecer un impuesto extraordinario a las grandes ganancias capitalistas y a las fortunas personales, para poner en marcha un programa de obras públicas sociales, bajo control de los trabajadores, esto en una escala que permita dar trabajo al conjunto de la población activa.


 


Desde hace cerca de dos años, la CRCI ha señalado que la crisis del capital plantea en Europa la cuestión del poder, o sea del gobierno de los trabajadores. La izquierda en su conjunto, sin embargo, no solamente ha ignorado esta cuestión sino que está empeñada en diferentes países en formar gobiernos de centroizquierda que salven al Estado de las crisis de régimen político. Esto vale para los que impulsan la ‘Unione’ en Italia o el gobierno de la ‘izquierda plural’ en Francia, como es el caso del Partido de la Izquierda Europea, que preside Fausto Bertinotti (que reúne al PCF, al Synapsismos de Grecia, a los ‘Linke’ de Alemania, entre otros, y con vacilaciones la Liga Comunista Revolucionaria de Francia. El alzamiento generalizado de la juventud desposeída de Francia pone al desnudo las limitaciones insalvables de esta salida política y su antagonismo irreconciliable con la tendencia a la miseria y a la desesperación social de las masas europeas en su conjunto. La CR-CI llama a aprovechar los acontecimientos que se desarrollan en la actualidad en Francia para reagrupar a la izquierda combativa de Europa y a las fracciones organizadas de los obreros más conscientes en una fuerza política revolucionaria que tenga por estrategia la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa (Rusia incluida).


 


Por la huelga general del proletariado y la juventud francesa para poner fin a la ‘Chiracaille’.


 


7 de noviembre de 2005


 

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