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Los trotskistas en la Unión Soviética

Por Adrián Paglietani

Número 6 de los “Cuadernos de León Trotsky” editados en el Instituto León Trotsky, E. D. I, París, 1980.

 

A principios del año pasado fue abierta la parte cerrada de los Archivos de Trotsky depositados en la Universidad de Harvard. Recordemos que Trotsky había puesto como condición para depositar allí sus archivos, que una parte de éstos no fuese abierta hasta 1980, puesto que contenía numerosos documentos relativos a la acción clandestina de la Oposición de Izquierda en la URSS. El Instituto León Trotsky —formado en París a iniciativa de un grupo de investigadores de la historia del movimiento obrero— envió a Harvard un equipo de colaboradores. Algunos de los documentos inéditos encontrados en la “parte cerrada'’ fueron ahora publicados en los “Cuadernos" que edita el Instituto.

Estos documentos de la Oposición bolchevique-leninista en la URSS (declaraciones, documentos de debate interno) fueron redactados durante el período en que la inmensa mayoría de sus miembros se encontraba en los "campos de deportación” de Siberia (1929-1933), casi completamente aislados de la URSS y del mundo, enviados allí por la burocracia stalinista luego de ser expulsados del Partido Comunista. Es el período de consolidación del stalinismo, que concreta el desplazamiento del proletariado de la dirección del Estado Soviético, y su reemplazo por la burocracia estatal y partidaria. Esta se ha diferenciado de la clase obrera, como una capa que le es ajena y hostil, tanto por los privilegios materiales que acumula, como por el programa político que enarbolar abandono de la perspectiva de la revolución mundial, como el único medio de sacar a la URSS de su aislamiento; planteo de la construcción del “socialismo en un solo país”. La consolidación de esta casta se vio facilitada por el reflujo de las masas soviéticas —cuya vanguardia fue diezmada durante los largos años de guerra civil— y de la propia revolución internacional, luego de la derrota de las revoluciones chiria y alemana, a mediados de los años 20: en el caso de la primera, directamente provocada por la orientación impresa por la burocracia al PC chino, a quien impuso una alianza con quien habría de ser su masacrador, el líder nacionalista Chiang-Kai-Shek.

La consolidación de la burocracia, representada por la fracción de Stalin en el PC, se produjo tras dura lucha. En ella debió derrotar a la Oposición de Izquierda, encabezada por Trotsky, que representaba la continuidad del leninismo, de la lucha por el reforzamiento de la dictadura del proletariado y por una estrategia revolucionaria internacional. Y también a la llamada “Oposición de derecha” —cuyo teórico fue Bujarin— directamente responsable en la elaboración de la política que llevó a la derrota al proletariado chino, y que planteaba un programa que desembocaba en la restauración del capitalismo abatido por la Revolución de Octubre: debilitamiento de la planificación económica centralizada, vía libre a los mecanismos de mercado, rechazo de todo plan de industrialización de la URSS.

En el curso de esta lucha, la burocracia puso a punto los métodos policiales sanguinarios y represivos de toda actividad obrera independiente, que habrían de caracterizar todo su dominio posterior. Estos fueron dirigidos en primer lugar contra la Oposición de Izquierda (derrotada por una coalición de la derecha y el "centro" stalinista), para posteriormente ser utilizados contra la derecha y para el arreglo de cuentas al interior de la propia burocracia. Esta represión acarreó una desarticulación organizativa de la Oposición de Izquierda: exilio de Trotsky a Turquía, deportación a Siberia de la mayoría de los oposicionistas, represión sistemática de todas sus actividades. Pero —como lo confirman los documentos ahora publicados— no logró una desarticulación política de la Oposición, que valiéndose de métodos clandestinos de comunicación, siguió desarrollando sus análisis sobre la situación de la URSS y mundial, y una actividad dirigida a la vanguardia obrera y a la juventud, tanto en los campos de deportación como en los centros urbanos. El gran valor de los documentos es que muestran la madurez y unidad política de la Oposición, como una corriente de ideas al interior de la URSS. Se trata de documentos elaborados por los deportados, baje la represión y en condiciones de una muy mala o nula comunicación con su “centro dirigente” (situado en el extranjero alrededor de Trotsky), necesarios sin embargo a los fines de la continuidad de la lucha política en la URSS. Los oposicionistas revelan en primer lugar una clara conciencia de las causas de su retroceso, de su lugar dentro de la revolución rusa y mundial, y del carácter del período político que atraviesan:

"Por sus raíces profundas, la crisis de nuestra revolución deviene de una crisis de la revolución mundial, estrechamente ligada al declive de la ola revolucionaria que comenzó con la derrota de la revolución alemana de 1923. Esto condujo al aislamiento de nuestra revolución, al refuerzo de la reacción internacional y de los elementos democrático burgueses al interior de la URSS; esto se reflejó en el estado de ánimo del proletariado y condujo a la derrota del ala leninista del partido, que se transformó en oposición a la dirección que comenzó a abandonar los carriles de la política proletaria (...). La oposición de derecha tendía a comprometerse en la vía del abandono abierto de las bases de la dictadura y del sometimiento del país al capital extranjero. La realización de ese programa es imposible porque la oposición leninista lo denunció desde el principio como ‘termidoriano’, desde 1927, porque ella suscitó un movimiento y una lucha, y en fin a causa de la presión de las masas, la cual fue insuficiente para hacer pasar la dirección a manos de la Oposición, pero suficiente para impedir que cayera en manos de los derechistas. Tal es la causa fundamental de la crisis del bolque entre los derechistas y los centristas, que terminó en su ruptura. Hemos visto la línea de la dirección centrista, vacilante entre la burguesía y el proletariado, que ejecuta zig zags incesantes entre nuestra línea y la de los derechistas” (Documento de los deportados de Vejneuralsk, junio de 1930).

El párrafo que citamos, pertenece a un extenso documento redactado sobre papel de armar cigarrillos, que de ese modo logró llegar al exterior (y que circuló análogamente entre los deportados en la URSS).

En su ruptura con la “derecha”, Stalin enarboló algunos de los puntos que habían sido largamente reclamados por la Oposición: industrialización del país, colectivización del campo. Los oposicionistas, sin embargo, se guardaron de ver en ello un retorno del "centro” stalinista al leninismo: “Esta política (de la derecha) en la cuestión de la industria y la preparación insuficiente de los planes tornaban el terreno extremadamente favorable al desarrollo de fuerzas de clase hostiles y a la tendencia oportunista de derecha en las capas no proletarias del partido. El recrudecimiento del estado de ánimo pro kulak (propietario campesino acomodado) y el debilitamiento de las posiciones de clase del proletariado preparaban el Termidor. La victoria y la restauración de las relaciones capitalistas amenazaban el país. Esto es lo que determinó el parate del desplazamiento de los centristas hacia la derecha; rompieron su alianza con los ‘termidorianos’ de derecha y ocuparon las posiciones de la izquierda, acompañando este cambio de gestos y de acrobacias ultraizquierdistas (la ausencia de una real democracia obrera crea una situación en la que toda medida vital y necesaria, dictada por la voluntad y los intereses de clase del proletariado, es ejecutada de manera degenerada y corrompida, que hace a veces más mal que bien) (...). La industrialización decidida en la 16° Conferencia que, por su ritmo acelerado, tiene el mismo perfil que la de Europa o América, no hace sino basarse en la misma fuente: la explotación tensa de las masas obreras. Desde hace mucho, en una de sus reivindicaciones esenciales, la Oposición pidió la revisión de la repartición del ingreso nacional en provecho de la industria y de la clase obrera, mientras que la política del grupo dirigente no concluía sino en una transferencia de fondos de la ciudad al campo... La política del grupo dirigente se reducía a la baja mecánica de los precios, lo que implicaba inevitablemente la caída del salario real de los obreros y de la calidad de los productos... a través de los precios, los beneficios de la industria son transferidos al campo (...) (Esta) política falsa de los años precedentes ha hecho que el partido y la clase obrera entrasen debilitados y desmoralizados en el tercer período, el de la colectivización forzada. La presión creciente de los kulaks, que sembraban la revuelta contra la industrialización, habría necesitado de una organización y firmeza más grande. Las capas semiproletarias de campesinos pobres —obreros agrícolas— debieran haber actuado resueltamente para hacer pasar los campesinos medios de su lado. El proletariado hubiese debido dar prueba de más combatividad para hacer frente al enemigo de clase. Habría sido más necesario que nunca crear uniones de campesinos pobres (era la exigencia de la Oposición que, dirigida por el partido, hubiesen debido encargarse de la organización soviética del campo contra el avance de los kulaks.. >La campaña de colectivización estaba en pleno desarrollo, pero las organizaciones de masas no estaban preparadas para ella y su actividad se encontraba atrapada dentro de los límites estrechos del burocratismo. No se había tocado a las masas, y todo el trabajo se hacía a través del aparato del partido, contaminado por el burocratismo, el mismo aparato que, durante muchos años, se entrelazó con los elementos kulaks de la aldea (...). Está claro que la campaña por la colectivización integral debe haber tenido en gran parte un efecto negativo” (documento del oposicionista Dingelstedt, Mayo 1930).

El autor no tenía en sus manos la información que confirmaba plenamente su pronóstico: la “colectivización forzada” condujo a un enfrentamiento con el campesinado, inclusive sus capas media y pobre, del que salieron millones de campesinos muertos y más de la mitad del ganado de la URSS abatido por los propios campesinos, que rechazaban la “colectivización” burocrática.

Respecto a la industrialización emprendida por el stalinismo, el mismo dirigente de la Oposición concluía:

“Para resumir, digamos que hay ‘industrialización e industrialización’. Y no nos dejaremos seducir por las bellas palabras de los capituladores que nos dicen que nuestras exigencias están siendo realizadas, en tanto no se nos haya probado que la industrialización es prácticamente imposible sin ejercer sobre la clase obrera una presión muy violenta, sin bacanales burocráticas y sin la supresión de toda actividad autónoma verdadera del proletariado”.

Los “capituladores eran ciertos sectores de la Oposición (por ejemplo, el economista Préobrazhenski) que de la analogía formal del nuevo rumbo stalinista a comienzos de los 30, con el programa de la Oposición, deducían que el stalinismo había adoptado ese programa y se sumaban a él, abandonando sus posiciones. Una analogía, además de formal, puramente "económica” (industrialización, colectivización agraria), pues el centro del programa de la Oposición eran las exigencias políticas sin las cuales las medidas económicas no se convertían en un medio de fortalecimiento de la dictadura proletaria: democracia en el Partido, revitalización de los soviets y de la Internacional. La Oposición libró dura batalla política contra esta presión capituladora, como asimismo contra quienes en su interior, sin llegar a capitular, se planteaban atenuar la agudeza de la lucha contra la burocracia —contra quienes, ante la ruptura de Stalin con la derecha, se planteaban “esperar y ver”:

“La consigna de todos los que se preparan a capitular es la de ‘atenuar la agudeza de la lucha’. ¿Qué es, la agudeza de la lucha? Planteémonos en primer lugar la pregunta: nuestra lucha contra los centristas, ¿es concebible sin agudeza, con suavidad? Lo sería al precio de nuestro silencio, del abandono de nuestras ideas y de todo esfuerzo por inscribirlas en la realidad. Es la sola existencia de nuestras ideas la que llevó (y lleva) a la dirección actual a una resistencia tal que no pudo (y no puede) existir sin lo que se llama de modo bien ligero la ‘agudeza de la lucha’. En síntesis, no habría agudeza si no hubiera lucha. Está claro que los que quieren una lucha atenuada (que van a atenuarla ¿hasta qué punto? La lucha más atenuada, es la ausencia de lucha) están en el fondo por detener totalmente la actividad fraccional, y por eso mismo, se alejan de nosotros y se desplazan hacia el centrismo” (“La política de la veleta”, documento de los oposicionistas deportados Askendarian y Bertinskaia).

La Oposición sufrió bajas, pero salió políticamente victoriosa de esa lucha, pues el grueso de sus filas no capituló. Paralelamente, un debate se desarrolló en su seno sobre el carácter del Estado soviético luego del triunfo de la burocracia:

"El secretario, el presidente del Soviet local, el recolector de trigo, el cooperador, los miembros de los sovjozes (granjas colectivas) los jefes de empresa, los del partido y los sin-partido, los especialistas, los capataces que, avanzando por la línea de la menor resistencia, establecen en nuestra industria un sistema de presión y de despotismo en la fábrica —he aquí el poder real en el período de la dictadura proletaria que atravesamos. Esta etapa puede ser caracterizada como la dominación y la lucha de los intereses corporativos de las diferentes categorías de la burocracia.

“De un Estado proletario con deformaciones burocráticas —como Lenin definía la forma política de nuestro Estado— estamos pasando a un Estado burocrático con sobrevivencias proletarias comunistas.

“Bajo nuestros ojos se ha formado y continúa formándose una gran clase de gobernantes con sus propias divisiones internas, que se acrecienta por la cooptación prudente, directa o indirecta (promoción burocrática, sistema ficticio de elecciones). Lo que une a esta clase es una forma, original también, de propiedad privada, a saber, la posesión del poder del Estado. ‘La burocracia posee el Estado como su propiedad privada', escribía Marx (Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel)” (documento de Rakovski, Kossior, Muralov y Kas-parova, abril de 1930).

Se trata de los primeros intentos de definir la naturaleza del Estado burocratizado y de su sector dirigente: la burocracia no es definida como una clase en el sentido de la posesión de los medios de producción, sino como poseedora del poder estatal, en un país donde la clase obrera se ha apoderado del Estado, pero sus representantes en él se han separado de ella, constituyéndose como sector social autónomo y antiobrero. Se trata de la misma preocupación que está en el centro del famoso texto de Rakovski “Los peligros profesionales del poder” (1928), y que al parecer fue desarrollada en trabajos más amplios durante su deportación (“Las leyes de la acumulación socialista durante el período ‘centrista’ de la dictadura proletaria”, “Las leyes del desarrollo de la dictadura socialista”), los cuales son mencionados en los documentos de Harvard, pero lamentablemente no han sido hallados. Lo mismo acontece con otros trabajos que reflejan la riqueza de la producción teórica de la Oposición de Izquierda en la URSS durante esta etapa (“Las conquistas de la dictadura proletaria en el año XI de la revolución” de Préobrazhenski y Smilga, “La ley del desarrollo desigual en Marx” de Solntsev, “Política agraria del centrismo” de Sosnosky.. y cuántos más habrá habido!). El párrafo arriba mencionado fue contestado por otros sectores de la

Oposición:

“En tanto que la burocracia fue considerada como una casta, su dominación, por despótica que ella fuera, no quitaba al Estado su carácter proletario, del mismo modo que el reino despótico de Luis Bonaparte no anulaba el carácter pequeño burgués del Segundo Imperio. Pero a partir del momento en que la burocracia se transforma en una clase —y ustedes escriben que ella ya lo es— el Estado Soviético se ha despojado de repente de sus hábitos proletarios, tanto más cuanto que la dominación de una clase no admite el domino de otra. Hay que elegir: o bien la burocracia gobernante es una clase y esto significa que ya no existe la dictadura proletaria, o bien ella no es más que un grupo, una casta, y en ese casop pese a la dominación de la burocracia, el Estado conserva su carácter proletario. Nosotros creemos que ustedes toman a Marx demasiado al pie de la letra. La burocracia no ha sido engendrada por el Estado Soviético, ella se ha desarrollado a la par con el crecimiento y la centralización de los Estados burgueses. En todas partes ese grupo-casta se multiplica por cooptación en las clases dominantes, y también frecuentemente en las clases que le son hostiles (por referencia a los Estados burgueses, tenemos entre nosotros una diferencia cuantitativa y no cualitativa), en todas partes la burocracia posee el Estado como propiedad privada. Sin embargo, Marx, que sepamos, nunca calificó a la burocracia como ‘clase’ ni en el amplio sentido ni por inexactitud terminológica, que no se encuentra más que raramente en sus trabajos históricos, ni en el sentido estricto cuando analiza abstractamente el sistema social. Inútil decir que la parte importante de la burocracia en la apropiación de la renta nacional, aun cuando ella aumente, lo mismo que su rol organizador del proceso de producción, no son las etapas de una construcción que la constituyen en tanto que clase, porque una clase no es una categoría de repartición, sino una categoría de producción ligada a la propiedad de los medios de producción. Aún teniendo en cuenta la corrección del camarada Cristián (Rakovski), que defiende esta concepción señalando que se trata de un proceso en ‘devenir’, es decir que la burocracia está transformándose en una clase, aún en ese caso, nuestras objeciones no pierden su valor. Pensamos que la burocracia no es una clase y que no lo será jamás. La burocracia, capa dirigente de la sociedad, va a degenerar, es el germen de una clase que no será una clase burocrática desconocida hasta hoy, cuya aparición significaría que la clase obrera se ha transformado en alguna otra clase oprimida. La burocracia es el germen de una clase capitalista que domina el Estado y posee colectivamente los medios de producción. Marx escribía en 1875: ‘Ese desarrollo de las fuerzas productivas es la premisa absolutamente indispensable (para el socialismo), porque de otro modo no es sino la miseria la que se generaliza. Ahora bien, con la miseria, la lucha por los objetos de primera necesidad va a recomenzar, y con ella toda la vieja confusión’ (Crítica del programa de Gotha). La ‘vieja confusión’ resucitará necesariamente bajo la forma de degeneración de la dictadura proletaria en dictadura pequeño burguesa o en orden capitalista, o bajo alguna forma de capitalismo de Estado original, lo que, más que una dictadura pequeño burguesa o un capitalismo ordinario correspondería a una actitud de gran potencia del Estado ruso, en la medida que esta reconstitución se produce bajo las condiciones de expansión imperialista en la época del capitalismo agonizante” (Documento de Khotimsky y Cheikman, Julio de 1930).

Notemos de paso que se emplea aquí la frase de Marx cuya idea posteriormente servirá a Trotsky como una de las claves del análisis de la burocracia soviética, en la “Revolución Traicionada”. Citemos un último documento, en respuesta al que acabamos de transcribir:

“La evolución del sistema soviético en la URSS, debido a los choques entre las clases mal reglados y dirigidos por una política errónea y zigzagueante, se traduce en una línea quebrada. Quiere decir que, por el momento, no podemos definir más que la tendencia general, la dirección que sigue. Ella está muy bien expresada en la declaración de Rakovski... Los camaradas Khotimsky, etc., no están contentos de esta definición dialéctica, dinámica, que admite que pudiera producirse en la línea quebrada un desvío que modificaría la dirección prevista. El camarada Khotimsky exige una definición estática, que pudiera tener lugar en un manual y constituiría un punto fijo en un lugar donde los hechos reales, los fenómenos controlados, no pudieran marcarla. (...) ¿Qué es la burocracia?, pregunta el camarada Khotimsky ¿Es una clase, o no? Olvida que, según Marx, Engels y Lenin, la burocracia, salida de las clases de la sociedad, se ha alejado de esas clases que la han engendrado para elevarse por encima de ellas. No hay en la cita (de Rakovski) nada nuevo sobre la burocracia, clase que posee el Estado como su propiedad privada. Pero no es de la burocracia en general que hay que discutir, sino de hasta qué punto la burocracia de la URSS se ha alejado de la sociedad. Son los problemas de la democracia proletaria —unidad entre los dirigentes y ios dirigidos— y del burocratismo —separación entre dirigentes y dirigidos— que están a la orden del día. Nuestra tarea más urgente es la de estudiar lo más atentamente posible el proceso de formación de la burocracia soviética, el proceso de transformación del Estado Soviético en Estado burocrático” (Documento de Trigubov, Julio de 1930).

Es imposible no advertir en esta polémica de alto nivel muchos de los temas que Trotsky desarrollará posteriormente en su análisis de la burocracia soviética. La cuestión es tanto más meritoria cuanto que las comunicaciones con Trotsky y el acceso a las informaciones en general, eran sumamente fragmentarias para estos militantes deportados; sin mencionar la constante presión y represión de la burocracia. La mejor conclusión está sacada en una carta dirigida por dos militantes soviéticos deportados a Trotsky:

“Esos retrasos (en la recepción y envíos de cartas) nos han sido muy útiles; nos han permitido verificar la línea y las posiciones que hemos elaborado nosotros mismos. Y hemos constatado frecuentemente con placer que, frente a los mismos acontecimientos, el mecanismo del pensamiento y las formulaciones eran las mismas sobre las islas del Ural (lugar de deportación) y de Prinkipo (isla turca donde se encontraba exilado Trotsky)... Es para nosotros la prueba concluyente de los lazos que unen a nuestra corriente más allá de las distancias” (carta de Jakovine y Ardachelia, Noviembre de 1930).

Lo que la publicación de estos documentos demuestra es que los trabajos y aún más las grandes obras de Trotsky (como “La Revolución Traicionada”) son el producto de la elaboración colectiva de una verdadera corriente política. No es mera argucia literaria la afirmación del Programa de Transición de la IV Internacional (1938), de que “la sección más fuerte de nuestra Internacional se encuentra en la URSS”, si se tiene en cuenta la calidad de los cuadros trotskistas soviéticos que estos documentos sacan a luz. Téngase sólo en cuenta que uno de los materiales de base para la elaboración de una de las principales obras de Trotsky (“La Internacional Comunista después de Lenin” o el “Gran organizador de derrotas”) fue un texto elaborado por un militante soviético deportado, Lapine, llamado "Critica del proyecto de programa de la Internacional Comunista”. Hay que agregar que ahora se sabe que los militantes soviéticos, antes de que toda comunicación con ellos fuese interrumpida, alcanzan a discutir y aprobar la orientación por la construcción de la IV Internacional, e incluso algunas tácticas surgidas de la nueva orientación (como el ‘‘entrismo” en el PS francés). Todo ello surge de un informe inédito del último militante trotskista que estuvo en contacto con ellos, el escritor Victor Serge, liberado en 1936 gracias a su nacionalidad belga, en donde también se lee:

‘‘Somos en este momento muy poco numerosos: algunas centenas, más o menos quinientos. Pero esos quinientos no se inclinarán. Son hombres probados, que han aprendido a pensar y sentir por ellos mismos y que aceptan con tranquilidad la perspectiva de una persecución sin fin”.

Para esa época muchos militantes ya habían sido fusilados, y los que restaban habían sido separados del resto de los deportados y enviados a campos de confinamiento en las zonas más inhóspitas, pues su labor política reportaba un sistemático crecimiento de la Oposición de Izquierda (y luego a la IV Internacional) entre los centenares de miles de deportados del stalinismo. Con posterioridad, hacia fines de los años 30, prácticamente todos fueron fusilados: así culminó momentáneamente la batalla entre el stalinismo y el bolchevismo. Pero la labor política realizada por los bolcheviques-leninistas, reflejada en centenares de documentos, y asimismo en periódicos (“El bolchevique militante”, “La Pravda detrás de los barrotes”) que manuscritos o impresos artesanalmente circularon entre los deportados, son la mejor prueba de que el stalinismo fracasó, pues no logró hacer arriar la bandera de la revolución proletaria internacional y de la revolución política en la URSS, que enarbolada por el último baluarte trotskista, marcó indeleblemente la historia de la Unión Soviética. El resurgir de la lucha obrera antiburocrática en la URSS (de la cual la revolución polaca es un anticipo) sacará a luz la huella imborrable que el trotskismo dejó impresa en la historia del movimiento obrero soviético.

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