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Un primer balance critico de Solidaridad

Por Aldo Ramírez
Un primer balance crítico, en el movimiento obrero polaco, de la política seguida por Solidaridad, fue realizado a los pocos días del golpe por uno de sus principales dirigentes. Zbigmew Bujak, 27 años, es el principal dirigente de la regional Varsovia del sindicato, y uno de los pocos miembros de su Comisión Nacional que permanece en libertad. Desde la clandestinidad, dio una conferencia de prensa que fue fragmentariamente reproducida por el "International Herald Tribune" (19/1/82), la que pasamos a reproducir in extenso dada su enorme Importancia como paso de la clarificación política de la vanguardia obrera polaca:
 
(Bujak) respondió a lo que él llamó “una pregunta brutal”: ¿Debió Solidaridad hacer algo diferente de lo hecho, para evitar un enfrentamiento?:
 
“Mi respuesta será también brutal. Sé que muchos políticos de Occidente creen que si hubiésemos sido más prudentes pudimos haber evitado esta tragedia. Pero también se que lo que ellos llaman prudencia hubiese significado para nosotros colaboración con el estado y las autoridades del partido -una colaboración que hubiera tenido que ser dirigida contra los trabajadores, los intelectuales, los hombres del arte y la cultura. Tendríamos que habernos transformado en un anexo del sistema totalitario, creando sólo una impresión de democracia. No se puede pedir esto de nosotros ni del sindicato Solidaridad.
 
“Déjenme explayarme sobre la cuestión —continuó— Mucha gente compara la construcción de Solidaridad a una revolución. Pero también que esta revolución debía evitar el uso de la fuerza y respetar los acuerdos que determinan la razón de estado de Polonia -alianzas, cooperación económica, el rol dirigente del POUP.
 
“Se suponía que debíamos permitir al partido y a las autoridades gubernamentales reformar el sistema de gobierno del país y encontrar una fórmula nueva para el rol dirigente del partido, que tomase en cuenta los cambios sociales que estaban ocurriendo. Ahora sabemos que nadie estaba pensando en tales cambios y reformas, y que nuestras esperanzas -de que encontráramos pruebas de buena voluntad del otro lado- eran ilusorias. Es claro, ahora, que la actual situación no podía ser evitada”.
 
El Sr. Bujak, que fue paracaidista, dijo que estaba en contacto con activistas sindicales de Gdansk, Wroclaw, Lodz y otras regiones, y que el sindicato se estaba reorganizando. Dijo que los dirigentes en la clandestinidad estaban considerando el llamado a una huelga general, reivindicando el cese de la ley marcial y la libertad de Walesa y los otros sindicalistas presos. “Las tentativas de llevarlos a juicio o de expulsarlos de Polonia desatarían una huelga”, agregó.
 
“El primer schock de la ley marcial ya pasó, dijo, y ahora la oposición espontánea está creciendo.”
 
Como ejemplo señaló que existe una resistencia pasiva contra los despidos políticos en las fábricas, que los intelectuales estaban destruyendo sus cartas del partido, que la gente está actuando conjuntamente para rehusar la firma de las declaraciones de lealtad, y que los artistas y animadores estaban rehusando la cooperación con la radio y la televisión controladas por el estado.
 
“Si esta resistencia continúa -y existe la posibilidad de que aumente- ven una real posibilidad de abatir esta dictadura o al menos liberalizar la situación recuperando los derechos de las organizaciones disueltas o suspendidas”, dijo.
 
Bujak volvió varias veces sobre el tema de que la confrontación que culminó con la imposición de la ley marcial el 13 de diciembre, era inevitable, dada la dureza de las autoridades, y a menos que el sindicato no quisiera perder su misión y su identidad. "Había dos caminos -dijo- Solidaridad podía haber pensado sólo en su sobrevivencia, lo que significaría abandonar los esfuerzos por las reformas y vender los intereses de los trabajadores, intelectuales y otros. O podía tratar de realizar el programa adoptado en su congreso nacional de setiembre, para democratizar el país e instituir reformas para sacarlo de la crisis.
 
"Las autoridades también -sostuvo- estaban frente a una elección: adoptar reformas o destruir al sindicato. Desde el momento que decidieron defender sus privilegios, el enfrentamiento era inevitable”, agregó.
 
(...) “Verdaderos sindicatos independientes pueden existir sólo en condiciones de democracia”, sostuvo. "En consecuencia, para continuar independiente, el sindicato debe luchar por la democracia y transformarse en su guardián”. Dijo que “la esencia del programa adoptado en se-tiembre era la reconstrucción de todas las esferas de la vida social y económica”.
 
“Nadie tiene el derecho de decir que esto era imprudente”, declaró.
Bujak dijo que la ley marcial los “había tomado de sorpresa”, y que “fui personalmente uno de los más sorprendidos”.
 
“Ya durante la última primavera —dijo— algunos activistas sospecharon que las autoridades estaban planeando algún tipo de acción contra Solidaridad.
 
“Horas antes del golpe, agregó, toda la dirección del sindicato, reunida en Gdansk, comenzó a recibir informaciones sobre movimientos de tropas, policías y grupos especiales de la policía, corte de comunicaciones, etc. Pero el objetivo y la intención de esas acciones no estaba claro para los sindicalistas”.
 
Un cambio de planes a último momento permitió a Bujak escapar a la policía. Dijo que si la liberalización no vuelve, en los próximos meses, al nivel de antes del golpe, las actividades clandestinas crecerán. Estas incluirán distri¬bución de panfletos, manifestaciones y otras demostracio¬nes.
 
"No descarto que grupos armados clandestinos desarrollen actividades terroristas”, agregó. “Esto sería un desas¬tre para el país”.
 
En cambio, él llama a los miembros de Solidaridad a organizarse en células de 10 personas y a ayudar a las per¬sonas que pierdan su empleo. “Esta actividad está marchando”, dijo, agregando que “los trabajadores harían huelga en caso de despidos políticos”.
 
(...) En lo que respecta a sus propios planes, Bujak dijo que se mantendría en la clandestinidad “hasta que gane¬mos la lucha por la reactivación del sindicato”. “No voy a dejar el país, y no me voy a dejar expulsar”. (...)
 

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