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Italia: Los trabajadores abuchean a la burocracia sindical y a Refundación Comunista

Por Franco Grisolia
"Los ricos también lloran”. Este es el título de un manifiesto del Partido de la Refundación Comunista publicado en septiembre del año pasado, cuando el gobierno de centroizquierda de Romano Prodi envió al parlamento el proyecto de presupuesto para el 2007. El mensaje del partido del dirigente reformista Bertinotti, hoy presidente de la Cámara de Diputados, era que el presupuesto produciría un reequilibrio social a favor del proletariado y de otros sectores populares, pagado por los ricos. Esta vergonzosa demagogia no duró ni una semana.
 
Apenas examinado el contenido real de las medidas previstas, incluso quien hubiera albergado alguna ilusión debió cambiar de opinión. II Manifestó, diario independiente de izquierda, que el día de la sanción de la ley había titulado “Podía ser peor”, pocos días después denunciaba que el presupuesto era “una tomadura de pelo para los trabajadores”.
 
Regalos al gran capital…
 
La medida esencial del presupuesto era una reducción neta de los impuestos para los patrones por casi 5.000millones de euros (7.000 millones de dólares) que junto con otras medidas elevó el monto de los regalos hechos a los patrones por el centroizquierda a cerca de 10.000 millones de euros... solamente en 2007. En concordancia con el crecimiento del papel imperialista de Italia, el presupuesto aumenta los gastos militares en un 13%. Todo esto se pagará con una reducción de gastos, del orden de los 40.000 millones de euros, que afecta en forma directa o indirecta a los trabajadores (aumento de las contribuciones para las jubilaciones, recortes de las transferencias del Estado a las comunas, provincias y regiones, con el consiguiente aumento de los impuestos locales, etc.).
 
El impuesto a las ganancias ha sido objeto de una complicada reformulación, que lo aumenta para los trabajadores en relación de dependencia con sueldos altos sin reducirlo realmente para los obreros y empleados.
 
A pesar de las cortinas de humo, la realidad de esta política de gobierno de centroizquierda reformista ha comenzado a quedar en evidencia, cada vez en forma más clara, a los ojos de los trabajadores.

De esto da testimonio la posición de la propia burocracia sindical. El secretario general de la principal central sindical, la CGIL, declaró en el momento de los primeros anuncios: “Es nuestra ley presupuestaria”. En las semanas siguientes fue más precavido: “toma en cuenta algunas de nuestras demandas”. Finalmente, debió reconocer que hay “luces y sombras”... y que “las sombras prevalecen sobre las luces”.
 
La clase obrera

A pesar de su desconcierto y hostilidad crecientes, la única acción práctica la clase obrera fue una huelga proclamada en noviembre por varias pequeñas confederaciones de izquierda (Cobas, Cub-RDB, Sincobas, Slai-Cobas, etc.). Pero se trató de una huelga propagandística que involucró a una pequeña minoría de trabajadores.
 
Sin embargo, pocos días después, a principios de diciembre, el malestar de los trabajadores explotó en forma emblemática en el más grande establecimiento de la Fiat, el de Mirafiori, en la ciudad industrial de Turín. Aquí los secretarios generales de las tres grandes confederaciones sindicales, Epifani, Bonanni (CISL) y Angeletti (UIL), se acercaron para explicar sus acciones a tres grandes asambleas de trabajadores.
 
Inesperadamente, frente a la prensa y la televisión, Epifani, Bonanni y Angeletti fueron interrumpidos y abucheados por millares de trabajadores.
 
La acusación era clara: ser esclavos del gobierno y de su política antiobrera. El grito de “Bertinotti traidor” resonó en la asamblea.
 
A pesar del rechazo de los trabajadores, el presupuesto fue aprobado a fines de diciembre con el voto de toda la izquierda.
 
Refundación Comunista
 
La imagen de Refundación se deteriora de manera continua a los ojos de los trabajadores.

Tres hechos lo han demostrado claramente.

El primero sucedió en marzo, en la Fiat de Mirafiori. Con el objeto de relanzar la imagen del partido se presentaron a volantear en los portones de la fábrica el secretario del partido, Giordano (quien reemplazó al líder titular Bertinotti, cuando éste pasó a ser presidente de la Cámara) y el ministro Ferrero. La indiferencia fue total. Los obreros evitaron detenerse o criticaron abiertamente la política del PRC.
 
El segundo fue el resultado negativo de una serie de elecciones locales, que tuvieron lugar en mayo.
Refundación perdió cerca de un cuarto de sus votos en términos porcentuales y la mitad en términos absolutos.
 
La plaza vacía de Bertinotti
 
El tercer episodio que muestra el retroceso del PRC entre los trabajadores y la juventud sucedió el 9 de junio, en ocasión de la visita a Roma de George Bush.
 
Ese día se convocaron en Roma dos manifestaciones.

La primera fue convocada por diferentes siglas del sindicalismo de izquierda (incluida la izquierda de la CGIL), de movimientos de la juventud y “alternativos” y de algunas fuerzas políticas, entre las cuales estaban, en primer lugar nuestro PCT y, por primera vez, la corriente de “Izquierda Crítica”. Era una manifestación contra Bush y contra Prodi y su política militarista.

La segunda fue convocada por los partidos de la izquierda del gobierno (en primer lugar, Refundación) y sólo criticaba a Bush.

La manifestación antigubernamental contó con la participación de decenas de miles de personas, incluidos muchos militantes de base del propio PRC; la plaza de Refundación permaneció prácticamente vacía.
 
Salto cualitativo

El 9 de junio señaló un salto cualitativo en la situación de la izquierda en Italia. No porque la base de masa de los partidos centroizquierdistas y del PRC se haya trasladado a la izquierda sino porque lo sucedido manifiesta con claridad la desilusión creciente de esa base con sus propios grupos dirigentes.
 
Esta es la compleja situación que hoy determina la perspectiva de la izquierda en Italia. En un momento en el cual el gobierno tambalea (tiene poquísimos votos de mayoría en el Senado), la lucha se ha trasladado al terreno de una nueva reforma de las jubilaciones. Se desarrollan algunas huelgas contra la reforma previsional, impulsadas por la izquierda de la CGIL. Refundación Comunista levanta la voz pero se prepara para una nueva entregada.

La desilusión de la base trabajadora del centroizquierda y el PRC con sus partidos y el gobierno de Prodi puede dar lugar a una desmoralización y a un reflujo o, por el contrario, ser el punto de partida de un relanzamiento de la lucha de clases en Italia y de una alternativa política revolucionaria. El Partido Comunista de los Trabajadores está empeñado en darle a la desilusión de los trabajadores con los centroizquierdistas una salida revolucionaria.
Cualesquiera que sean las alternativas de esta batalla, a los ojos de millones de trabajadores ha quedado en claro el carácter imperialista y antiobrero del gobierno de la centroizquierda italiana.
 

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