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Crónica de un seminario sobre Engels

Por Hernán Díaz
El 28 y 30 de agosto y el I° de setiembre pasados se realizó en Buenos Aires un Seminario homenaje a Federico Engels con motivo de cumplirse los 100 años de su muerte. Organizado por el historiador Emilio Corbiére, candidato a senador por el PSA, se pudieron escuchar las exposiciones de una treintena de dirigentes e intelectuales de todos los matices, donde no se debió extrañar el aburrimiento, la superficialidad ni la tergiversación histórica, pero brillaron por momentos la sagacidad y la crítica aguda.
 
La cantidad de exponentes no permitió intervenciones mayores de 10 minutos y, más lamentable, tampoco las preguntas del público. Este silencio obligado quizás explique que haya quedado impune la presencia de Julio Godio, supuesto socialista y funcionario de Menem, a quien los 10 minutos se le hicieron muy largos para poder ocultar su verdadero pensamiento sobre el dirigente alemán. Godio lo acusa en un reciente libro de ‘vulgarizador’, 'reduccionista’ y ‘escolástico’, pero ante su nuevo auditorio prefirió dejar la imagen de que Engels era un buen muchacho.
 
Engels político
 
Quien tuvo el papel de exponer en toda su amplitud la revisión de Engels ( tal como fuera denunciada en un artículo de Prensa Obrera por Osvaldo Coggiola) fue Alberto Kohen, ex PC, ahora ‘corresponsal’ del grupo Actuel Marx, de Francia. Insistió en la tesis de Texier acerca de las tres ‘rectificaciones’ del viejo Engels, manifestadas en 1885,1891 y 1895. En ellas, Engels habría revalorizado la utilización del voto como arma del socialismo y a la democracia burguesa “como único ámbito donde se construirá el socialismo”. Pero Beatriz Rajland, investigadora del FISIP, minutos antes que Kohen, había leído la verdadera cita, donde Engels afirma que la democracia burguesa enfrentará en forma clara a la burguesía con el proletariado y sólo a partir de allí se podrá pensar en la construcción del socialismo, es decirlo opuesto a la interpretación de Kohen, quien no por eso se sonrojó de sus tergiversaciones.
 
También Edgardo Logiúdice expuso un perfil 'democrático' y  ‘pacifista’ de Engels en la primera jornada, afirmando que la república democrática sería la forma real de la ‘malentendida’ dictadura del proletariado. Como si Marx y Engels no le hubiesen reclamado a la Comuna de París que postergara su llamado a elecciones También tergiversó la crítica de Engels a la lucha de barricadas, presentándolo como un anciano pacifista, cuando lo que Engels criticaba era una táctica blanquista de poca efectividad en 1895, reclamando ya una lucha abierta de masas contra el poder.
 
Otro abordaje democratizante de Engels lo consumó Luis Vergne, de la Fundación Juan B. Justo, quien, bajo la excusa de analizarla táctica política de Engels, recogió cuatro sucesos para él ‘reveladores’. Primero, la necesidad de una alianza obrera y campesina en la revolución alemana de 1848. Si con ello Vergne quiso defender el guiso recalentado del frentepopulismo (colaboración con la burguesía), aclararemos que lo que se reclamaba era que el proletariado supiera arrastrar tras de sí a las capas medias, y no al revés. Segundo, que Marx y Engels entraron al Partido Democrático (burgués) en 1848, porque era la única forma de ser escuchados por los obreros. La conclusión de Vergne sería que hay que entrar al Frepaso, porque tiene espacios en la televisión. Tercer punto, la carta de Engels a Turati de 1895, donde Engels afirmaba que, acercándose una revolución ‘democrática’ en Italia, “podrá llegar el momento en quesea un deber nuestro cooperar con ellos (los partidos burgueses) de una manera positiva”. Lógicamente, en el marco de una acción concreta el partido obrero ‘cola-bora’ con quien dirige de momento la revolución, pero Engels en ningún caso afirma que hay que subordinarse, someterse o mimetizarse con la burguesía. Cuarto punto, y Vergne sólo lo enunció, el apoyo que habría dado Engels al programa agrario del partido obrero francés de 1892. Fue ésta, quizás, la mentira más grande oída en el seminario. Este programa del P.O.F. planteaba (como aquí el FTP y el PC en el encuentro reciente de La Rioja) ‘créditos blandos’ para los campesinos arruinados por los grandes terratenientes y los impuestos. Engels le escribió a Sorge que era “estúpido e imposible” pretender evitar que los campesinos caigan en la ruina, cosa de la que el capitalismo se encarga solo. El ala derecha del partido alemán quiso copiar el programa agrario francés, lo que generó la doble indignación de Engels, refutando estas posturas con el artículo ‘La cuestión campesina en Francia y en Alemania’. Una respuesta posterior a esta desviación la hizo Karl Kautsky en el libro La cuestión agraria.
 
Las posiciones de Kohen, Logiudice y Vergne fueron retrucadas por nuestro compañero Pablo Rieznik, quien demostró que la postura de Engels sobre la democracia es una caracterización de clase de ese régimen y en ningún caso una evaluación de una ‘forma pura’ de gobierno apta para albergar un régimen capitalista o socialista. Su intervención demostró, a diferencia de h absoluta mayoría de exposiciones que se puede ser crítico y polémico que se puede ‘recoger el guante’ dejado por los falsificadores de turno, y que no por eso se pierde brillo y profundidad.
 
Desde otro ángulo, Julio Gambina, de la Fundación Juan B. Justo, también ayudó a demoler las visiones democratizantes de Engels, recordando que según éste el sufragio servía para velar la explotación y no para resolverla. Además citó las palabras de Engels en la que éste acusa a Liebknecht de podar su ‘Introducción’ al libro de Marx La lucha de clases en Francia (citado por todos los revisionistas del seminario), que deja al censurado Engels como un pacifista ajeno a toda violencia. La protesta de Engels a Liebknecht parece un tiro por elevación dirigido a los ‘socialistas de paja’ del presente, que siguen fatigándonos con la censura al Engels combativo y revolucionario.
Otro aspecto con el que se machacó los cerebros y la paciencia de los presentes fue con el de la bendita utopía, que está muy linda en Serrat pero no cuaja en la pluma de un revolucionario concreto como Engels. Horacio Tarcus, de la UBA, Gervasio Paz, ex PC de la revista Tesis 11, y Rubén Dri, filósofo, fueron entre otros quienes quisieron ‘revalorizar’ la “dimensión utópica” del pensamiento de Engels. Fue también Pablo Rieznik el encargado de destruir esta cantinela derrotista. Recordó la crítica de Engels a Feuerbach por usar la palabra ‘religión’ no en su uso concreto actual sino por el sentido de su origen, denunciándolo como un vicio intelectual. Esto significaba considerar el uso social de una palabra. Por eso la palabra ‘utopía’, concluyó Rieznik, en su uso social actual concreto no hace más que expresar la bancarrota política de la izquierda democratizante que ya descree de todo socialismo y deja el objetivo ‘final’ para los nietos de sus nietos.
 
Un aspecto mencionado por Rubén Dri buscaba diferenciar la concepción del Estado en Marx y en Engels. El primero lo habría visto como un resumen de la ‘sociedad civil’, mientras que Engels parece inclinarse más por verlo como un aparato externo a la sociedad, una máquina que se puede tomar por asalto, insistiendo obviamente en que esta visión es vulgar, etc. Puede valer como respuesta a esta postura la exposición previa de Horacio Tarcus, con lo cual vemos que no fue la izquierda sino el centro del Seminario quien respondió, retomando citas de Engels donde se distancia del economicismo ramplón e intenta ver el fenómeno del poder del Estado como un elemento en la trama de relaciones y determinaciones que atraviesan la sociedad. La determinación de la economía ‘en última instancia’ no niega la relativa autonomía del Estado y las citas de Engels demostraron que estaba muy lejos de los análisis simplistas.
 
Engels filósofo
 
Las críticas a los escritos filosóficos de Engels tampoco escasearon. Néstor Kohan, de la revista Dialékti-ca, planteó que Engels había errado al establecer toda la filosofía como una división entre materialistas e idealistas, visión maniquea y, sobre todo, antidialéctica. También Engels elaboró por primera vez la teoría de que la conciencia es ‘reflejo’ de la materia, concepción retomada por Lenin que, según Kohan, niega el rol del sujeto en la observación científica. Por otra parte Engels habría sido el primero en ‘estandarizar’ y rebajar la filosofía marxista a un vulgar ‘materialismo dialéctico’ que luego fue copiado por el stalinismo y también por el trotskismo, que compartiría entonces esta concepción adocenada, tal cual se puede apreciar en los manuales de Politzer y de George Novack (¡valiente ejemplo!).
 
También Rubén Dri planteó tres errores de Engels en el plano filosófico: plantear que la naturaleza es a base de la dialéctica (pero en la naturaleza no hay sujeto y entonces no puede haber dialéctica); plantear que existe una contradicción en Hegel entre la dialéctica y su sistema (Dri afirmó que es un “grosero error” de Engels); finalmente, equipararla ciencia a la filosofía.
 
A estas intervenciones se opuso Rieznik, planteando que los escritos de Engels debían analizarse en función del momento y la situación en que fueron escritos. EILudwig Feuerbach, más que establecer un dogma acerca de la filosofía marxista, buscaba combatir a los agnósticos del momento, quienes decían que no se podían ‘conocer’ los hechos sociales, así como los ex marxistas de hoy afirman que ya no existen los ‘grandes relatos’ explicativos de la sociedad (Foucault), que lo real no es representable (Laclau  y que no se puede arribar a la comprensión de las ‘grandes concatenaciones (como las llamaba Engels) que explican los sucesos sociales. Las palabras de Engels revestían entonces una gran actualidad para explicar cómo el proletariado conoce los hechos sociales a través de su praxis social y política, y es esta praxis, planteada ya en el Manifiesto comunista, la que no sólo nos permite sino que nos obliga a conocer el presente social en su conjunto.
 
Desde Engels hasta el presente
 
Una recurrencia del Seminario fue la mención insistente de Gramsci como heredero de Engels. Según la talla del expositor, podíamos concluir que estaba hablando bien de ambos o los tergiversaba en conjunto. Atilio Borón, de la Democracia Avanzada, planteó que Engels anticipaba algunos temas gramscianos como el análisis del ‘largo plazo’ (ya que el capitalismo tiene para largo y asimila las crisis), la guerra de posiciones en oposición a la guerra de asalto, etc. Pero si ‘oponemos’ la guerra de posiciones a la guerra de asalto, si oponemos la hegemonía (que no es otra cosa en Gramsci que el dominio político del partido proletario sobre las otras clases sociales) a la toma del poder, quedamos relegados, como los usufructuarios derechistas de Gramsci, a un movimiento cultural izquierdista asimilado al capitalismo, sin objetivos políticos de ningún orden. La ‘hegemonía’ gramsciana no puede partir más que de dotar de un programa político a la vanguardia obrera y, a través de ella, a todas las clases explotadas. En cuanto a la supuesta vigencia secular del capitalismo, nadie como Engels más inadecuado para esa afirmación. En los últimos 15 años de su vida fue analizando paso a paso las vicisitudes de la crisis europea que, según él, terminaría “en el cortísimo plazo” en una guerra generalizada, que significaría, a la vez, la crisis y el hundimiento del capitalismo. La guerra europea que Engels vaticinaba todos los años como inminente se produjo finalmente en 1914, y hubiera significado realmente el hundimiento del capitalismo a no mediar la traición de los malos discípulos de Engels de la Segunda Internacional, que primero apoyaron la guerra, más tarde se opusieron a la revolución rusa y finalmente aplastaron a sangre y fuego la revolución alemana.
 
Otro aspecto que merece destacarse es la caracterización de la presente situación internacional. La mayoría de los oradores habló de derrota, situación ‘sombría’, impotencia de la izquierda, necesidad de autocrítica, replanteos, vigor del capitalismo, etc. Como la presente situación de derrota se inicia con la defección de los países llamados socialistas, la revisión del pasado se tiene que remontar al comienzo de ese proceso, es decir a Lenin. La nueva moda (Godio, Alberto Kohen) es afirmar que entre el ‘subjetivismo revolucionario’ de Lenin 0absurdo e ilusorio’) y el ‘objetivismo historicista’ de Kautsky, la historia le dio la razón al segundo. ¿Por qué? No se sabe. ¿Qué consiguieron los kautskistas? Nada. Desaparecer de la historia como corriente, destino que prefigura el futuro de los ‘nuevos derechistas’ del socialismo.
 
Un capítulo anecdótico del seminario resultaron dos participantes cubanos, organizadores también del encuentro: Fernando Martínez Heredia, de la Universidad de La Habana, y Gilberto Valdez, del Instituto de Filosofía de Cuba. Del primero no tenemos nada que decir, igual que él. El segundo, lejos del tema del seminario, destacó que con la actual ‘revolución tecnológica’ se inicia una nueva onda larga de desarrollo del capitalismo. La altura teórica de estos enanos del marxismo no impidió que cada vez que era presentado un ‘compañero cubano’ la sala estallara en un delirio de aplausos, forma muy cómoda de pagar con entusiasmo los pecados políticos cometidos.
 
En definitiva, un seminario multicolor, donde brillaron fundamentalmente dos luces: hacia un lado, una luz mortecina, la de los que buscan afanosamente una soga para su naufragio político y justificar su reconversión a la democracia y el pacifismo burgués. Hacia el otro, un reflector, el propio Engels, poniendo en apuros a sus exégetas con la vitalidad y combatividad de sus escritos. Y si Marx comparó alguna vez a los dirigentes que se vestían con los trajes viejos de las pasadas revoluciones para entender su tiempo, podemos decir que esta izquierda va por el mundo ‘vestida de pebeta’ con un traje prestado, que poco acomoda a su vejez ideológica, y así va a terminar, sola, fané y descangallada, vendida por cuatro centavos al primer ricachón que se le cruce.

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