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Una gran victoria política

Por Osvaldo Coggiola
Tanto la realización del Tribunal Moral Internacional en Bolivia, cuanto su propio fallo, constituyen no sólo una victoria política de la democracia obrera, sino del propio trotskismo. Para entenderlo, es necesario tener en cuenta una serie de elementos.
 
1) El Tribunal fue convocado a partir de un llamado del compañero Juan Pablo Bacherer y de la Oposición Trotskista del POR, entonces extremadamente minoritarios (no más de media docena de militantes). Después de diversas escisiones derechistas (Filemón Escobar, Víctor Sosa, etc.), se produjo una escisión a la izquierda del POR, que se plantó frente a las injurias de Guillermo Lora y decidió hacerles frente desde una posición de principios, creando un precedente histórico en Bolivia y en la historia del POR. Lora rió inicialmente de la ‘pretensión’ del Tribunal (“Al pendejillo le hacen consentir que pueden armar nada menos que un tribunal internacional para limpiarle de toda mancha”, escribió Lora respecto de su acusación de ‘delación’, en Masas n°1461, artículo “Ladillas y garrapatas nos hacen cosquillas”), para posteriormente usar todo su peso y el del POR contra su realización, lo que no impidió que la Oposición Trotskista consiguiera reclutar para su realización a importantes dirigentes del movimiento obrero y democrático boliviano (con la única defección del dirigente docente rural Raúl Nina), para lo que incidió también el éxito de la campaña internacional por el Tribunal.
 
2) El trotskismo, representado por el PO en la Argentina, fue la única corriente que realizó una campaña internacional por el Tribunal (ausente, por ejemplo, en los periódicos morenistas fuera del boliviano, para no hablar del mutismo del Secretariado Unificado y del lambertismo), esto junto al hecho de haber sido la única que organizó una campaña contra la represión y el Estado de Sitio en Bolivia, a mediados de año, con actos públicos y la ocupación, por ejemplo, del consulado boliviano en San Pablo (Brasil), cuando fue entregado un petitorio con 8 mil firmas por la libertad de los presos. Los grupos del "Comité de Enlace” patrocinado por el POR se limitaron a colgarse de esas actividades y a protestas formales contra “la persecución a Guillermo Lora” (que no revistaba entre los 600 detenidos), sin ninguna acción práctica. Después de no hacer campaña internacional (ni financiera), el morenismo fue arrastrado al Tribunal: su representante inicial, Ricardo Napurí, había defeccionado bajo pretextos formales (haber tenido enfrentamientos políticos con
Lora en el pasado, lo que, si valiese como justificativo, dejaría fuera del Tribunal a toda la izquierda nacional e internacional). Fue la certeza de su realización lo que lo reincorporó, con un representante internacional. La campaña del trotskismo revolucionario dio difusión internacional al llamado de los militantes de la Oposición Trotskista.
 
3) Instalado el Tribunal en Bolivia, Lora multiplicó las amenazas físicas y políticas, con “cartas abiertas” de repudio al Tribunal de Vilma Plata y Raúl Nina; desplazando a Miguel Lora (dirigente docente), de Oruro, y a la propia Vilma Plata, sobre la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, para presionar por la salida de su presidente del Tribunal (lo que no consiguió), y hasta con amenazas de bomba a los medios de difusión que se hiciesen eco del mismo. Una ex-presa política, actual dirigente de derechos humanos, apoyó materialmente al Tribunal, pero sin ser parte de él, por temor declarado a represalias físicas de Lora y sus adláteres. Nada de eso impidió la realización del Tribunal. El fracaso de Lora fue medido por la prensa, que constató la desaparición de Lora durante la semana del Tribunal (“Lora... desapareció de la circulación pública”, escribió Post-Meridi.um., La Paz, 23/11/95): en vano la TV lo buscó para entrevistarlo.
 
4) La presencia y presidencia de Esteban Volkov, nieto de León Trotsky, garantizaron gran parte del impacto del Tribunal frente a la opinión pública y los medios de difusión. Lora pretende ahora explicar el éxito del Tribunal como fruto de un golpe publicitario, basado en amistades personales. Sucede que Volkov aceptó presidir el Tribunal, no porque obtuviera cualquier ventaja (¿cuál?), sino, como lo dejó claro en repetidas declaraciones a la prensa (Ultima Hora, Hoy ,Post-Meridium) y a la TV (Canal 2 y Canal 9), para dar continuidad a la lucha del ‘Viejo’ y de toda su familia contra la calumnia en el movimiento y las organizaciones obreras, lucha en la cual buena parte de su familia (su abuelo, su madre Zina, su tío León Sedov, sil padre Platón Volkov, y otros) dejaron su sangre y su vida. La falta de respeto de Lora por esa tradición (llegó a afirmar, para desprestigiar a Volkov, que “el trotskismo no se transmite genéticamente”), la calificación de 'Seua’ Volkov y de Catalina Guagnini como ‘ingenuos’ e ‘idiotas útiles’, revelan la soberbia burocrática e ignorante del personaje, así como su impotencia. Desesperado, llegó a insinuar que obtuvieron ventajas pecuniarias (cuando, al contrario, hicieron sacrificios para estar presentes): Lora se ha vuelto calumniador multidireccional, lo que evidencia su descomposición política. También es importante la lucha política que, junto a Seva, libramos desde 1990 (cuando defendimos conjuntamente a Trotsky y al trotskismo en el Simposio Internacional “50° Aniversario del Asesinato de Trotsky”, que organizamos en San Pablo) y en 1991, cuando hicimos lo mismo en Buenos Aires (en la Universidad y en el acto en la Federación de Box), lo que creó la tradición y la confianza de una lucha en común, factor que nos llevó a proponerle la presidencia del Tribunal.
 
5) En las propias sesiones del Tribunal hubo lucha política, victoriosa, contra las propuestas de que todo concluyese con un llamado a la reconciliación, contra que el fallo se limitase a constatar la ‘falta de pruebas’ de la 'delación’ de Bacherer (el fallo afirma claramente la falsedad de la acusación), contra que se dejase sin sanción la actitud de Lora (que fue calificada de calumniadora), y liasta contra la posición morenista de calificar la ‘delación’ y la colaboración’ como ‘acusaciones morales’ (como si ser policía fuera una ‘condición moral’, y no material y social). La posición conciliadora citada fue defendida públicamente por el periódico morenista Chasqui Socialista (n° 162, julio de 1995, artículo “El carácter del Tribunal Moral”); el carácter moral del Tribunal no implica que la acusación) contra la posición de Bacherer y la Oposición Trotskista también lo fuese. No fue por ‘vocación de manija’ que defendimos, contra ciertas maniobras, a Volkov y Coggiola como portavoces del Tribunal frente a la prensa y la TV.
 
Por todos los motivos enunciados, el Tribunal consagra la victoria de una larga y profunda lucha política —y de todos sus antecedentes históricos—, que debe ser una plataforma para la estructuración de una fuerte corriente trotskista en Bolivia, en la perspectiva de una auténtica tendencia trotskista internacional.

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