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Otra historia morenista del morenismo

Por Julio Magri
Del GOM a la Federación Bonaerense del PSRN (1943-1955)
 
Lamentablemente, un nuevo esfuerzo de la corriente morenista por reconstruir su propia historia ha vuelto a quedar trunco, según lo que surge del libro “El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina", coordinado por Ernesto González. El tomo 1 abarca el período 1943-55, desde que se fundó el GOM —Grupo Obrero Marxista— hasta el golpe que derribó a Perón en 1955, y reúne materiales de archivo, relatos y desgrabaciones de militantes de ese período, de características anecdóticas, superficiales y auto-justificativas.
 
Los problemas políticos que llevaron a los supuestos aciertos y errores que se reconocen en la presentación, no están analizados. No se toman en cuenta las investigaciones históricas sobre el morenismo que hicimos en Prensa Obrera y En Defensa del Marxismo (números 2 y 3, diciembre de 1991 y abril de 1992), o el trabajo de Osvaldo Coggiola, lo que no habla bien de la honestidad intelectual o política del libro, aunque es evidente que los autores conocen estas investigaciones porque procuran justificarse ante las innumerables críticas que fueron hechas.
 
El primer grupo morenista, el GOM, se fundó en 1943, en momentos en que emergía en el país un movimiento nacionalista de masas. “La inmadurez del grupo —se dice en varias partes del libro (pág. 103) — impidió tener una caracterización acertada del nuevo fenómeno provocado por el golpe del 4 de junio, pero utilizó un método correcto: el de buscar las razones de clase”. ¡El juicio es típicamente morenista, ‘nos equivocamos pero tuvimos razón’.
 
El supuesto método de clase correcto que llevó a una caracterización errada, consistió en caracterizar que el golpe de 1943 y luego el peronismo representaban “a la vieja estructura del país, ligada a la producción agro-ganadera y su dependencia del imperialismo inglés” (pág. 11). El método era correcto porque hacía referencia a una de las clases sociales, pero la caracterización resultó falsa porque se había equivocado de clase. En realidad, por este camino no lograrían ‘pegarla’ ni hoy, esto porque ni las clases existen en sí mismas, sino en relación con otras clases, y en segundo lugar porque la relación entre los fenómenos políticos y la economía no es lineal, sino dialéctica, es decir, contradictoria. A partir de esto, se entiende que el golpe y el peronismo hayan surgido en condiciones de una ruptura interna de la viej a oligarquía y ante la presencia de un proletariado masivo que, como estaba ocurriendo en todo el mundo, superaba el retroceso de la década del 30.
 
La caracterización errónea no tuvo, sin embargo, según los autores, ninguna consecuencia sobre la política práctica del grupo. Es así que dicen que “al GOM le resultó difícil comprender el proceso que culminó el 17 de octubre de 1945. Sin embargo, tuvo una actitud diferente ante el obrero peronista desde el mismo día del surgimiento de ese nuevo e imprevisible fenómeno que vino a arrasar con las tradiciones clasistas del viejo movimiento obrero. Toda la izquierda sólo veía en las movilizaciones a los burócratas, a la policía abriendo paso y permitiendo el ingreso de las columnas de las fábricas y a un coronel, supuestamente nazi-fascista. Pero el GOM, a diferencia de las otras corrientes, fue adonde estaban los obreros peronistas, y educó a sus militantes y simpatizantes en que el respeto a la voluntad de la base era una cuestión decisiva de la democracia obrera, tan importante como su independencia de los patrones y el Estado” (pág. 119).
 
Más todavía. “Nuestro grupo hizo lo fundamental que tiene que hacer todo grupo que se dice obrero. Fuimos los que dijimos que el lugar preferencial de trabajo de los trotskistas debían ser los sindicatos peronistas y supimos entender este fenómeno decisivo. Y lo hicimos sin capitularle, porque denunciamos el carácter totalitario y reaccionario de la burocracia sindical y del control estatal que ejercía sobre los sindicatos. Ese acierto es la página fundamental que escribió nuestro grupo y la razón última de que subsista hasta la fecha: el haberse ligado al movimiento obrero” (pág. 138). En síntesis, el GOM tenía instinto de clase pero ninguna calidad marxista. Ha logrado sobrevivir, subsistir, gracias a esta característica empírica y a su nula base teórica.
 
Sin embargo, tanto autocastigo es sospechoso. Ocurre que los autores tergiversan los hechos y saben lo que están haciendo, esto porque citan 9 renglones de un frondoso folleto de Nahuel Moreno, de 1949, es decir que no pueden alegar que lo ignoran. No se trata de un artículo ocasional, sino de un texto central, clave, que resume la polémica sostenida por Moreno y el GOM con los demás grupos trotskistas de la época. Allí se afirma algo que los autores evitan cuidadosamente reproducir, a saber que el 17 de octubre “no se trató por lo tanto de una movilización de clase ni de una movilización antiimperialista, sino de una movilización fabricada y dirigida por la policía y los militares, y nada más.
 
Es decir que la acusación del libro a “toda la izquierda (que) sólo veía en las movilizaciones a los burócratas, a la policía abriendo paso y permitiendo el ingreso de las columnas de las fábricas y a un coronel, supuestamente nazi-fascista”, ¡es una acusación al GOM! ¿Es así como el Mas quiere enfrentar su historia?
 
Que Moreno hubiese escrito esto en 1949, 4 años después de 1945, revela que se trataba de una caracterización meditada que impregnó toda la orientación política del morenismo, resumiendo cuatro largos años de polémica del GOM. Los autores tampoco citan textos claves del periódico del GOM ("Frente Proletario"), donde se señalaba que el peronismo era “la vanguardia de la ofensiva capitalista contra las conquistas obreras”, y donde los sindicatos surgidos en 1945 fueron caracterizados del siguiente modo: “En cuanto a su esencia son sindicatos estatizados, es decir, los sindicatos oficialistas son sindicatos fascistas o semifascistas” (Frente Proletario N° 7, pág.2).
 
En 1951, en el folleto de Nahuel Moreno “GCI, agente ideológico del peronismo”, se cita la tesis sindical del GOM de 1947, donde se decía que los sindicatos son fascistas o semifascistas, para reivindicar un informe político interno de diciembre de 1949, que señala: “Estos nuevos sindicatos no fueron el fruto de un mayor empuje del proletariado, sino una claudicación, una derrota, producto de la incapacidad por parte de los obreros de defender la legalidad del sindicato al cual pasivamente apoyaban: el sindicato stalinista... Sintetizando: la CGT, pese a la afiliación de grandes sectores obreros, apoyo pasivo y acicateado por el gobierno, fue y es una organización creada, fundada y estructurada con el apoyo, la protección y el control estatal. Es una forma de organización no impuesta por la lucha de la clase obrera contra el capitalismo, sino por el Estado y en beneficio de la burguesía. Esto es lo esencial de la CGT y sobre esa base tenemos que comprenderla y combatirla” (.Revolución Permanente N° 7-8, pág. 57-58).
 
Moreno escribió que “lo esencial es que para nosotros es un gobierno reaccionario desde su surgimiento en 1943 y su continuación en 1945, no habiéndose transformado nunca en un régimen progresivo o revolucionario, producto de un movimiento anticapitalista o antiimperialista” (Revolución Permanente N° 7-8, pág.45). Moreno no intuía siquiera el carácter nacionalista burgués del peronismo, a pesar de los abundantes choques que éste tenía con el imperialismo yanqui, y a pesar de la experiencia latinoamericana y las enseñanzas de Trotsky sobre los gobiernos militares o semi-militares de características bonapartistas, que buscan el apoyo regimentado del proletariado (es decir, bajo su control) para lo cual otorga concesiones que a veces son importantísimas.
 
Para el GOM, el peronismo había estructurado un Estado policial, semifascista, oligárquico y pro-inglés. 'FrenteProletario’N°7, agosto de 1947, decía que “los militares... incitaban al proletariado a ir contra la burguesía. Se produjo al calor de tal demagogia todo un movimiento obrero artificial que era alentado y apoyado por funcionarios estatales y policiales. Al decir artificial queremos decir que no fue consecuencia de la situación desesperada del proletariado o de su experiencia o conciencia”. El GOM estuvo muy lejos de impulsar estas reivindicaciones obreras “artificiales”, coincidiendo en esto con la Unión Democrática, que acusaba a Perón de demagogo.
Sin solución de continuidad, los autores dicen, sin embargo, que “toda la izquierda y el trotskismo, incluido nuestro partido, ignoró el aspecto progresivo del Partido Laborista” (pág. 121), el cual habría consistido en la “posibilidad de (un) partido reformista clasista” (pág. 120). Pero no fue que lo ignoraron, sino que lo combatieron, porque era la fachada electoral del supuesto movimiento reaccionario-fascista. En segundo lugar, no se presentó como la posibilidad de un partido reformista clasista, sino de la burocracia sindical estatizante. Por eso duró unos meses, fue disuelto por Perón y el 99% de los burócratas acató la orden y se integró al Partido Unico y luego al Partido Peronista. La burocracia que impulsó el PL había abandonado el reformismo hacía más de una década, es decir al partido socialista, y por eso fue reclutada por Perón.
 
El análisis sigue en la onda de la autojustificación y la autocomplacencia, cuando dice, pero no demuestra, que “más allá de las unilateralidades (sic), nuestro grupo intentó hacer una definición de clase del nuevo fenómeno y aplicó un método correcto para interpretar esta realidad” (pág.123) o “El posadismo se convirtió en el ‘agente ideológico del peronismo’, mientras que nosotros participamos en la creación de los sindicatos peronistas sin capitular, aunque tuvimos una política sectaria” (ídem).
 
En esta frase hay más errores y mentiras que palabras. Porque si caracterizaban a los sindicatos peronistas de fascistas y “participamos en la creación de los sindicatos peronistas”, como se dice, no sólo capitulaban sino que creaban el frente sindical del fascismo. Una cosa es militar en los sindicatos fascistas para separar a las masas del fascismo, otra cosa es ser los fundadores del sindicalismo facho. ¿En qué consistía la política sectaria? Es imposible saberlo. También se dice que fueron 'unilaterales’ pero que tuvieron un método de clase y que aplicaron un método correcto para interpretar la realidad. En síntesis, nos equivocamos, pero tuvimos razón, no capitulamos...
De este modo, un libro que debería ayudar a las nuevas generaciones a entender el pasado, es un cúmulo de justificativos, coartadas, citas elegidas a dedo, ocultamiento de documentos esenciales, etc.
 
Pero hay más. Los autores dicen que “durante sus primeros años de existencia, nuestra corriente tuvo una interpretación equivocada, sectaria, del peronismo. Veíamos básicamente un solo aspecto: que representaba a la vieja estructura del país, ligada a la producción agroganadera y su dependencia del imperialismo inglés. El peronismo de 1945, como dirección burguesa, efectivamente la representaba. Pero no comprendimos que, por esa misma razón, éste ofrecía una relativa resistencia a la penetración del imperialismo yanqui en ese entonces, y que ese elemento era determinante...” (pág. 11).
 
Pero la caracterización de Perón como un agente inglés por parte del GOM no alcanza para explicar que dijeran que el 17 de octubre de 1945 fue una movilización policial o que los sindicatos peronistas eran fascistas. Esta era, por cierto, la caracterización de la Unión Democrática y del PC y el PS.
 
El libro en cuestión oculta la vasta literatura morenista de apología al PC y al PS, esto con la finalidad de poder decir que “evidentemente cometimos muchos errores, pero no le capitulamos al stalinismo ni a la socialdemocracia, a pesar de que nuestro grupo recién se estaba formando” (pág. 107). Es ridículo, si compartieron las caracterizaciones de la Unión Democrática y del stalinismo en relación al peronismo, capitularon al menos en el plano de la teoría, la propaganda, la educación y la lucha de ideas. Para los autores, resulta evidente que este ‘tipo’ de capitulación es ‘abstracta’ Pero si no capitularon ni ante el stalinismo, ni ante el socialismo, ni ante la burocracia peronista, de qué errores están hablando.
 
Veamos. En el folleto “El GCI y el problema sindical”, págs.52-53, del GOM, se decía: “En cambio, la burocracia reformista contrariamente a la anterior (a la nacionalista) depende fundamentalmente de los obreros. Refleja en cierta medida su presión y diferentes estados de ánimo por los que atraviesan aquéllos... Su sumisión ideológica a la burguesía, que no la fiviTr>ft de roces con ella, sobre todo en las cuestiones tácticas a adoptar frente al movimiento obrero, no indica para nada sumisión a los gobiernos, sectores o partidos dominantes”. El desatino es descomunal. Se caracteriza a la burocracia sindical en función de desvíos ideológicos y no de intereses materiales, lo que demuestra, dicho sea de paso, que el morenismo no sabía lo que era una caracterización de clase. Por otro lado, la caducidad del reformismo se expresa en que sus representantes no pueden sustraerse a la presión de los Estados y gobiernos, por lo que terminan convirtiéndose en sus agentes (¡ ¡'lugartenientes de la burguesía’W— Lenin). Esa fue, precisamente, la trayectoria de la burocracia que se hizo peronista. El burócrata sindical del peronismo era un caso extremo de burócrata reformista, pero que estaba sujeto también a las oscilaciones y crisis del nacionalismo burgués que lo tutelaba. Se colocaba de este modo en una escala superior, bordeando la independencia obrera, a la burocracia stalinista o socialdemócrata, cuando éstas formaban parte de la Unión Democrática dirigida por la embajada norteamericana.
 
¡El libro no dice que la corriente morenista llamó a votar por el PC y el PS en 1948, 1950 y 1951! “Nuestro partido debe utilizar las elecciones para propugnar las soluciones clasistas contra la ofensiva gubernamental. La única salida que da satisfacción a todos los problemas planteados es el apoyar al PS y al PC...”, decía, por ejemplo, la resolución del grupo morenista ante las elecciones en la Provincia de Buenos Aires.
 
Bolivia
 
El libro de historia morenista dedica varias páginas a la cuestión boliviana, arrancando de 1946, con la aprobación de la Tesis de Pulacayo. Pero omite que Moreno caracterizó al gobierno nacionalista de Villarroel, surgido en 1943, de “reaccionario”, y que apoyó luego al régimen rosquero (oligárquico)-stalinista, conocido como el 'sexenio*. Para Moreno, el sexenio fue “un período democrático, de verdaderas libertades democráticas aseguradas por la presión del proletariado y la pequeño-burguesía”. El GOM no denunció la colaboración stalinista con la rosca ni el estrangulamiento del levantamiento popular por parte del stalinismo.
 
En la revolución boliviana de 1952, el morenismo fue a la rastra de los acontecimientos, pero los autores de esta historia no la presentan así, ni mucho menos.
 
Veamos.
 
“El POR argentino (el GOM había cambiado de nombre), desde mayo-junio de 1952 ya empezaba a plantear el control del gobierno por la COB” (pág. 201). No el gobierno de la COB, sino el ‘control’ obrero al gobierno burgués, como lo habían planteado los mencheviques bajo el gobierno provisional ruso de febrero a octubre de 1917. Justamente, en eso consistía la capitulación: en el apoyo crítico al gobierno burgués de Paz Estenssoro. El morenismo no planteó en abril de 1952 que la COB derrocara al gobierno burgués y tomara el poder, sino “exigid la integración del gabinete de Paz Estenssoro con ministros obreros elegidos y controlados por la Federación de Mineros y la nueva central obrera...” (ídem, pág. 200/201). Es decir la colaboración estatal directa.
 
Esta consigna partía de la caracterización del gobierno del MNR como una forma indefinida de poder, de pugna entre el proletariado y la burguesía, y no como un gobierno burgués, que debía enfrentar a una revolución proletaria y a una situación de doble poder (milicias obreras, destrucción del ejército). El 15 de mayo de 1952, el grupo morenista escribió: “Las dos alas existentes en el seno del MNR (se refiere a la sindical y a la pequeño burguesa, JNM) expresan actualmente los intereses del proletariado y la burguesía”; de esto desprendía la consigna de rodear al gobierno de “ministros obreros”. A fines de 1952, se reconoce en el libro, el morenismo sostuvo que “no tenemos elementos como para precisar la vía organizativa por la cual se concreta” el problema del poder, con lo cual se admite que todavía en esa fecha se negaba que la COB fuera una alternativa de poder. Recién en enero de 1953, el morenismo planteó la consigna “Todo el poder a la COB”, pero entonces se había disipado la dualidad de poderes, el movimiento obrero estaba en reflujo y la COB se había burocratizado.
 
El golpe de 1955
 
En 1953, como resultado de tantos desaciertos, el morenismo pegó un viraje de 180 grados y decidió hacer entrismo en un movimiento legal creado al calor oficial —el PSRN—, Partido Socialista de la Revolución Nacional, fundamentalmente debido a los ‘éxitos’ que había logrado con esa táctica el grupo de Esteban Rey en Tucu-mán, Salta y Jujuy. El entrismo se concretó en 1954.
 
Este entrismo coincidió con los preparativos golpistas contra Perón. En junio de 1955 se produjo la primera tentativa; en agosto Perón presentó la renuncia a la presidencia, en una clara capitulación ante los golpistas, y finalmente fue derrocado en setiembre de 1955. El libro, como toda la literatura morenista, presenta la actuación de esos años como sus jornadas gloriosas.
 
Sin embargo, ante la renuncia de Perón, el grupo morenista planteó en un volante que la clase obrera discutiera si se le aceptaba o no la renuncia, y que en caso afirmativo, “el gobierno debe pasar a manos de la clase obrera a través de uno de los senadores de la CGT” (pág. 244). Evidentemente, había aquí más errores que palabras. Primero. La aceptación de la renuncia de Perón era el triunfo del golpe. El morenismo alentaba esta posición. Segundo. Una eventual designación de un senador de la CGT en la presidencia no era un gobierno de la clase obrera, sino un gobierno burgués surgido de la capitulación ante los golpistas.
 
De este modo, en la confusión, el morenismo concluyó sus primeros 12 años de vida.

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