Crecen las crisis del imperialismo y las rebeliones populares

Declaración del Movimiento por la Refundación de la IV Internacional


Los obreros y oprimidos enfrentamos nuevos desafíos


 


Entre el 23 y 25 de noviembre se reunió en Roma el Comité de Coordinación del Movimiento por la Refundación de la IVInternacional. En sus deliberaciones, cuyo principal objetivo fue impulsar la campaña por el Congreso Mundial por la Refundación de la IVInternacional, que tendrá lugar en Buenos Aires en el próximo mes de abril, fue aprobada la Declaración que publicamos a contiuación.


 


El Comité de Coordinación del Movimiento por la Refundación de la IV Internacional, reunido en Roma, Italia, entre el 23 y 25 de noviembre de 2003, llama a todas las organizaciones revolucionarias y a los luchadores de la clase obrera internacional y las masas populares oprimidas a unirse a nosotros en una lucha común en el Congreso por la Refundación de la IV Internacional, que se realizará en Buenos Aires, Argentina, entre el 20 y 22 de abril de 2004.


 


Todos los desarrollos en la situación mundial en los últimos seis meses después de nuestra Convocatoria inicial demuestran la objetiva necesidad de este Congreso para el reagrupamiento de las fuerzas de la vanguardia revolucionaria internacional. El imperialismo norteamericano y su coalición de cómplices voluntarios están absorbidos en el pantano del Irak ocupado y en resistencia. La misma suerte enfrenta la estrategia norteamericana de una "guerra indefinida contra el terrorismo" cuyos objetivos eran, mediante la invasión y ocupación de Irak, rediseñar el mapa político de Medio Oriente y reorganizar las relaciones internacionales entre estados y clases en el mundo de la posguerra fría, de acuerdo a los intereses capitalistas norteamericanos y las necesidades de la crisis del sistema capitalista.


 


La continua y creciente resistencia del pueblo iraquí contra las fuerzas de ocupación, transforman a Irak de base para la reorganización imperialista de Medio Oriente en un factor mayúsculo de desorganización y desestabilización en la región e internacionalmente, desde Indonesia y las Filipinas a Arabia Saudita y Turquía.


 


En la Palestina ocupada, la "hoja de ruta" de Bush para terminar con la Intifada e imponer la autoridad imperialista-sionista sobre las masas palestinas, directamente conectada desde el primer momento con la guerra contra Irak, ha fracasado junto con el gobierno colaboracionista de Abu Mazen. El infame Muro de la vergüenza que está construyendo el régimen del apartheid sionista de Sharon y la enorme crisis económica, con sus efectos devastadores en las condiciones de vida de los propios judíos, son manifestaciones de la putrefacción del proyecto sionista. El llamado "plan de paz de Ginebra" redactado por una fracción de los sionistas laboristas y de los dirigentes burgueses palestinos es un intento reaccionario no sólo de revivir los acuerdos de Oslo en los términos más desfavorables para las aspiraciones nacionales palestinas sino, por sobre todo, de ayudar a los imperialistas norteamericanos y a sus aliados sionistas en la mortal impasse que enfrentan en Irak y en el conjunto del Medio Oriente.


 


La desestabilización producida por la guerra alimentó la crisis irresuelta en la Rusia postsoviética y en todo el antiguo espacio de la URSS. La ofensiva del régimen de Putin contra un sector de los oligarcas, la caída del centroizquierda en Croacia y el colapso del régimen de Shevardnadze en Georgia ponen de manifiesto nuevas convulsiones en el proceso de la restauración capitalista que se convierten, a su turno, en un factor de la crisis mundial.


 


La amenaza de un "nuevo Vietnam" para el imperialismo estadounidense profundiza la crisis política dentro de la metrópoli norteamericana y de su acólito, el gobierno de Blair en Gran Bretaña; divide a las clases gobernantes, agudiza el conflicto entre Europa y Estados Unidos y da ímpetus al movimiento contra la guerra, que sigue en pie después de la histórica movilización mundial del 15 de febrero de 2003, como lo muestra la masiva movilización de 200.000 manifestantes en Londres contra la visita de Bush.


 


La "guerra indefinida contra el terrorismo" del imperialismo no sólo no abrió una salida a la crisis del sistema ni aterrorizó a la vasta mayoría de los oprimidos, sino que hizo más intratable la crisis y aceleró internacionalmente la tendencia hacia rebeliones revolucionarias.


 


Siguiendo a una serie incesante de rebeliones en América Latina – el patio trasero del imperialismo norteamericano – , contra el FMI, la superexplotación de las finanzas globales y la globalización de la miseria, en Ecuador en el 200 0, en Perú, en Venezuela contra el golpe orquestado por el imperialismo norteamericano y la oligarquía local, en Bolivia en 2000 y después, sobre todo en Argentina en 2001, los eventos revolucionarios que sacudieron Bolivia en octubre del 2003 representan un salto cualitativo: la necesidad y la posibilidad de la toma del poder por una revolución proletaria apoyada por el campesinado pobre y la población indígena se plantearon de la manera más directa.


 


Pero la revolución boliviana expuso también de la manera más directa el papel contrarrevolucionario jugado en las actuales condiciones por los gobiernos de centroizquierda y sus aliados movimientistas de izquierda para asegurar la continuidad del orden constitucional democrático-burgués del capitalismo. Abstracciones como, por ejemplo, la democracia burguesa, la "autogestión" y hasta los derechos indígenas, son contrapuestas, al "autoritarismo" de la revolución y a la necesidad que quebrar la maquinaria estatal, sobre todo a los cuerpos armados de la clase dominante, por medio de la dictadura del proletariado.


 


El gobierno de Lula en Brasil, apoyado por el gobierno de Kirchner en Argentina, con Evo Morales – el dirigente del MAS de Bolivia – interpusieron la "salida constitucional" que puso a Mesa como presidente e impidió que los trabajadores y campesinos insurrectos tomaran el poder.


 


Es el mismo gobierno de Lula tan alabado por los gurús "alterglobalistas" del Foro Social Mundial, que encabeza dentro de Brasil el más pérfido ataque neoliberal contra los derechos jubilatorios, la educación pública y el Movimiento de los Sin Tierra, que reclaman una reforma agraria. En los primeros nueve meses del gobierno de Lula, 44 campesinos fueron asesinados y dirigentes del MST brasileño, como José Rainha, fueron encarcelados y sometidos a juicio. En ese gobierno, el cargo del ministro que trata precisamente con la cuestión agraria es ocupado por Miguel Rosseto, uno de los dirigentes de "Democracia Socialista", la sección brasileña del llamado "Secretariado Unificado de la IV Internacional".


 


El Secretariado Unificado, que todavía usurpa el nombre de la Internacional revolucionaria fundada por León Trotsky y sus compañeros en 1938, no expulsa a los colaboracionistas de clase y los encubre, sin oponerse a su presencia en el go bierno neoliberal y fondomonetarista y encontrando "aspectos positivos" en las políticas del gobierno de Lula, particularmente en su… política exterior y en su actitud hacia… el problema agrario.


 


La política "brasileña" del SU es la continuación de sus "políticas domésticas" en Europa y en particular en Francia, donde su sección, la Liga Comunista Revolucionaria, en su reciente Congreso, ha cambiado sus Estatutos abandonando incluso formalmente la referencia al objetivo estratégico de la dictadura del proletariado…


 


…en una capitulación ante las clases dominante (formulación apoyada por Jorge Altamira y Michael Savas Matsas)


 


…en el nombre de una utópica y de facto sin clases "democracia revolucionaria" (formulación apoyada por Peter Johnson y Franco Grisolía). (1)


 


Este cambio es absolutamente consistente con las políticas tanto en Francia, donde en nombre de la defensa de la democracia llamaron a votar por Chirac en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2000, como internacionalmente.


 


En el último Congreso del SU (así también como en el Congreso de la LCR) se declaró que "el ciclo histórico abierto por la Revolución de Octubre se ha cerrado" y que una nueva Internacional emergerá a través de reagrupamientos en el cuadro del movimiento de movimientos "no-global" o "alterglobalizador" como su "expresión política", sin estar en continuidad con la tradición histórica en la clase obrera a través de la Primera, la Segunda, la Tercera y la IV Internacional, y sin tener la forma de un partido mundial de la revolución socialista. El método y el programa de las reivindicaciones transitorias es rechazado y reemplazado por un programa reformista, por ningún programa, o finalmente por la "Carta de Porto Alegre" del Foro Social Mundial (el "Llamamiento de los movimientos sociales").


 


La realidad del "otro mundo posible" planteado por las direcciones movimientistas del Foro Social Mundial y del Foro Social Europeo se ha demostrado claramente como ilusoria y de hecho subordinada a la dominación del capital internacional. Esto es verdad también, en particular, para la llamada izquierda "alternativa" o "anticapitalista", que presenta al Partido de la Refundación Comunista de Italia, dirigido por Fausto Bertinotti, como el centro de un nuevo reagrupamiento de fuerzas políticas de izquierda, al menos en el escenario europeo. El rápido giro de Bertinotti en los meses recientes hacia la unidad con el centroizquierda liberal italiano (la coalición del Olivo, con una perspectiva de un cambio del gobierno, muestra que la perspectiva de una "izquierda anticapitalista europea" – planteada tanto por el SU (LCR) como por la IST (Partido Socialista de los Trabajadores de Gran Bretaña) – no representa más que una cobertura de izquierda a la política de ataques a la clase obrera planteada por la totalidad de la socialdemocracia y las variadas centroizquierdas.


 


La cuestión no es simplemente darles una expresión política a los movimientos sociales ni resolver la "crisis de representación" de la clase obrera con la extrema izquierda ocupando el vacío dejado por la bancarrota de las burocracias tradicionales de izquierda, la socialdemocracia y el stalinismo. La propia clase obrera internacional bajo el impacto de la presente crisis mundial del capitalismo debe convertirse en una clase para sí misma luchando por su dictadura revolucionaria para abrir el camino a la sociedad sin clases. La lucha por la revolución socialista, por la dictadura del proletariado y la transición al comunismo mundial, y la construcción de la Internacional revolucionaria, son tareas indisolublemente interconectadas de la clase obrera, de su vanguardia y de todos los oprimidos.


 


Las divergencias históricas con nuestra lucha por refundar la IV Internacional sobre la base de los cuatro principios de nuestra Declaración de Génova de 1997 no pueden ser más agudas:


 


Enfatizamos la actualidad de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado.


 


Denunciamos toda forma de colaboración de clases y de "frente popular".


 


Enfatizamos la necesidad del programa de reivindicaciones transitorias, basado en el método del programa fundacional de la IV Internacional, que liga las luchas inmediatas con la movilización sistemática de las masas por la revolución socialista.


 


Enfatizamos que la revolución socialista mundial que abrió su círculo en octubre de 1917 en Rusia no ha terminado; nuestra época es la época de la declinación imperialista del capitalismo y de la transición hacia el comunismo mundial; una época de guerras y revoluciones, como nos recuerdan Irak y Bolivia. Una Internacional revolucionaria del proletariado y los oprimidos es más necesaria ahora que nunca antes; y esta Internacional no puede sino basarse en un programa revolucionario y en todas las experiencias de la lucha por la emancipación, no en la amnesia histórica o en la falta de programa, que siempre facilita la colaboración de clases y conduce de manera inexorable a la traición y a la derrota. Por estas razones, proponemos a todas las fuerzas de la vanguardia revolucionaria, provenientes tanto de tradiciones trotskistas como no trotskistas, que la nueva Internacional debería ser una IV Internacional refundada.


 


La velocidad de los acontecimientos hace necesario acelerar nuestra lucha. El Congreso Mundial del próximo mes de abril en Buenos Aires debe estar en el centro de los preparativos conscientes de todos los revolucionarios, tanto dentro como fuera del marco del MRCI. El programa y los próximos pasos hacia la Internacional son las tareas más urgentes en este momento histórico en cada país y en cada continente.


 


Comité de Coordinación del Movimiento por la Refundación de la IV Internacional (MRCI)


 


Roma, 25 de noviembre de 2003


 


 


Notas:


1. Se trata de dos distintas formulaciones políticas para el final del párrafo que las antecede.

La estrategia política a la luz de la rebelión del pueblo boliviano


Buenas tardes a todos. El tema de la charla que nos convoca hoy tiene una importancia estratégica. Los medios internacionales tuvieron una actitud ambivalente frente a los acontecimientos en Bolivia. Al principio los despreciaron con el silencio y la pobreza de la cobertura. Pero, precisamente por esto, contrastó fuertemente lo que ocurrió el 16 y 17 de octubre, es decir los últimos días de la crisis, cuando la prensa internacional empezó a tratar los problemas bolivianos como si se tratara de Irak. El contraste era muy fuerte. El amo del norte dice bueno… como son estos coyitas del sur, alguien lo va arreglar de alguna manera, y de golpe se dieron cuenta que los coyitas del sur estaban haciendo una revolución. Entonces se pegaron el julepe de sus vidas, y esto es altamente significativo: demuestra, en una primera semblanza, la jerarquía internacional de un proceso revolucionario en el segundo país más pobre de América. Es una característica de Bolivia: Bolivia es el país que concentra nuestras tradiciones históricas por un conjunto de motivos, desde la colonización. Los temas bolivianos hay que estudiarlos mucho, son una fuente extraordinaria de aprendizaje.


 


Movimiento de masas


 


Lo que caracterizó a esta gran movilización que hubo entre el 1° de setiembre y mediados de octubre, fue la amplitud. No siempre los movimientos revolucionarios de las masas, se caracterizan por incorporar a un porcentaje casi mayoritario de la población. Este fenómeno de irrupción de millones de personas y de un pueblo que está en vilo en torno a determinados acontecimientos es algo que ha comenzado a ocurrir en los últimos 30 a 40 años. En este sentido quiero señalar al movimiento de los obreros polacos contra el régimen estalinista en los años 1979/80 (y contra el FMI), que se manifestó en el hecho inaudito de que el 80% de los obreros de Polonia participó en el movimiento huelguístico que enfrentó al régimen en aquel momento, aunque no pudo derrocarlo. Piensen, simplemente, que, por ejemplo, hoy en los sindicatos, en todo el mundo, las tasas de afiliación no pasan del 10 ó 12%, y que afiliarse es una tarea administrativa. Poner el cuerpo en la lucha en un 80%, marca una amplitud impresionante.


 


El movimiento boliviano también se caracteriza por la amplitud pues en los últimos días todo el país marchaba a La Paz, y el que no marchaba a La Paz estaba marchando a Cochabamba o estaba marchando incluso a la capital de Santa Cruz. La gente venía del sur, venía de Oruro, venía de las minas, venía de los alrededores de la propia ciudad, generando un cerco a la capital y un cerco al poder político. Este fenómeno de la amplitud, en determinado momento, produce un salto de cantidad en calidad; porque una lucha de estas características empieza a hacer sentir a esas masas que están en la lucha que el horizonte de posibilidades es mucho más vasto. La cabeza empieza a pensar que lo que se puede y debe obtener de esta lucha es mucho más que lo que quizá motivó su inicio; así un conjunto de reivindicaciones del movimiento campesino, luego se transformó en los reclamos del gas y, ya después, en una lucha abierta contra el poder político.


 


Esta amplitud numérica que se transforma en calidad y que cambia las cabezas, quiero decir la conciencia, se manifiesta en una consigna singular de la revolución boliviana, muy singular, que es la consigna "ahora es cuando", una consigna muy impresionante porque es una respuesta precisa al reclamo de si no es ahora cuándo, si no lo hacemos ahora, cuándo; si no tomás esta decisión ahora, cuándo la vas a tomar. La respuesta, muy poética, es "ahora es cuándo", que en castellano está mal, porque hubieran debido decir: "cuándo… es ahora". Pero si dice, "cuándo… es ahora", no tiene la resonancia. Ese cuando es ahora. Ahora es cuándo.


 


Entonces, "ahora es cuándo" quiere decir que la historia se tiene que resolver en las próximas 24 horas. La historia no es un fenómeno de 24 horas, es algo más prolongado, pero de golpe hay una conciencia de que se tiene que cambiar la historia en estas 24 horas, que si no la cambiamos ahora no la cambiamos nunca, es ahora que hay que cambiar. Esto es impresionante y hace al problema de la lucha por el poder político, es una característica revolucionaria. La vida cotidiana es una vida atomizada, uno piensa en las cosas de uno, y lo que predomina es la competencia y la rivalidad, que por otra parte es lo que permite al poder capitalista mantenerse en pie. Cuando en aquellos momentos muy especiales los pueblos descubren los intereses comunes y los ideales comunes y se lanzan hacia adelante, asistimos a un fenómeno de características históricas y, por lo tanto, si es histórico, sin precedentes en la vida cotidiana.


 


El movimiento, además, no es simplemente un movimiento reivindicativo. Hay un petitorio como de diecisiete puntos. Tiene que ver con la reforma agraria; tiene que ver con la distribución de las aguas en el campo; tiene que ver con los salarios, tiene que ver con cuestiones diversas y de ellas se destaca el tema del gas. En un determinado momento se concentra en el tema de la exportación del gas. Pero detrás de este tema, Bolivia y el pueblo boliviano resumen una historia, porque la historia de Bolivia es la historia clásica del saqueo. El país de la plata, el país del estaño, permitió acumulaciones de capital descomunales en Europa, que explotó sus riquezas y a sus indígenas. Fue saqueado en forma tan inmisericorde que, en contraste con esa riqueza, produjo una enorme miseria, pobreza y falta de futuro. Ahora, una nueva generación asiste a la perspectiva de un nuevo saqueo. Al enfrentar el tema y decidir que no se van a dejar robar esa riqueza, son los ecos de la historia los que la movilizan; los que participaron no habrán ido a la escuela y no tendrán una debida asimilación académica o teórica de la historia boliviana, pero la resonancia de la historia de Bolivia está presente. Si nos dejamos robar esto, se dicen a sí mismos, también tendremos otros quinientos años por delante como los quinientos años que tuvimos desde los españoles hasta ahora. Tiene una carga histórica muy fuerte; solamente un cretino puede decir: ah, estos bolivianos no entienden que el gas, por sus características, solamente se puede valorizar en el mercado internacional. Pero el pueblo que se movilizaba sabe muy bien lo que es el mercado internacional. En el siglo XVI en Potosí se organizaban óperas que rivalizaban con Europa, y las escaleras de los teatros de Potosí se adornaban con plata. Así que Potosí estaba más integrada al mercado mundial de lo que estaba integrada la miserable Buenos Aires de entonces, que era un villorrio de barrios y no la conocía absolutamente nadie, e incluso Potosí era más significativa que algunas grandes capitales de Europa oriental. El pueblo boliviano también conoce esto porque el sistema de explotación en América del Sur se expresó mucho más claramente en el Alto Perú, que es el antiguo nombre de Bolivia. La explotación de las minas de plata en Bolivia se hizo mediante el trabajo esclavo, el trabajo servil de los indígenas del Alto Perú. Esto motivó las grandes revueltas del Alto Perú y del Perú del siglo XVIII, revueltas multitudinarias que carecieron de una adecuada dirección política porque eran movimientos todavía de características campesinas y la sociedad no había adquirido esa amplitud urbana que es la garantía de victoria en una sociedad que transita el capitalismo.


 


Pero a medida que va adquiriendo características revolucionarias, la movilización asume una forma claramente reconocible de revolución proletaria.


 


Revolución proletaria


 


Porque ¿quiénes están a la cabeza de estas luchas, a medida se van desenvolviendo? Se manifiestan primero las organizaciones campesinas, después nuevas organizaciones de trabajadores aunque de larga existencia pero que empiezan a intervenir en un modo audaz y desconocido hasta ese momento, que son las organizaciones barriales de la ciudad periférica a la capital, que es la ciudad de El Alto. Después ingresa la Central Obrera Boliviana, que es muy burocratizada; no es la primera en entrar a la lucha sino prácticamente la última; después empiezan a bajar (o subir) a La Paz los mineros de Huanuni, de Siglo XX, de Oruro. Vienen los mineros, que fueron diezmados por la política de privatizaciones de las empresas estatales mineras, y aún diezmados socialmente vuelven a tomar las calles, las cargas de dinamita, a cargárselas encima y marchar hacia La Paz. Sólo en última instancia, cuando la tensión política, social y militar alcanza el máximo de su agudeza, se produce la irrupción de la clase media paceña que vive en los barrios de menor altura, porque La Paz es como un caracol. En los barrios de abajo vive la clase media paceña que a instancias de la Iglesia decide también intervenir, en parte para apoyar a las masas y en parte para producir una solución que no sea la solución que esas masas quieren, sino una solución intermediada, arbitrada y negociada.


 


Este es el fenómeno de la revolución proletaria. ¿Qué clases sociales motorizan este movimiento? Los obreros y los campesinos, los obreros ocupados y los campesinos ocupados y los obreros desocupados y los campesinos desocupados, con sus organizaciones, y allí donde sus organizaciones no les responden construyen otras, y allí donde las otras no le responden las transforman y las obligan a que les respondan, como ocurre con un centenar de organizaciones vecinales de esta ciudad periférica de la capital, que es El Alto. El agrupamiento de fuerzas es tan intenso que el gobierno nacional se encuentra solo y aislado, apoyado por la embajada norteamericana y las fuerzas armadas. La tesis que dice que los movimientos nacionales en América Latina son y pueden ser revolucionarios en la época actual, solamente si son dirigidos por la clase obrera, se prueba ahí. La nación boliviana se levantó toda bajo la dirección de sus trabajadores, de la clase obrera.


 


Piqueteros


 


Ustedes fíjense la cantidad de cuestiones que plantea, ya en una primera apreciación, el proceso revolucionario boliviano. Ahora, cuando empezamos a hilar mejor y con más cuidado las conclusiones son más picantes. Porque la revolución boliviana revalida de una forma contundente al movimiento piquetero en América Latina y en particular en la Argentina. Es fundamentalmente un movimiento piquetero, porque la verdadera vanguardia de todo el movimiento son los jóvenes desocupados y los trabajadores desocupados de La Paz, de la ciudad de El Alto, que rodea La Paz, y los jóvenes campesinos, y sus métodos de lucha son los cortes de rutas y el bloqueo de la ciudad. Entonces, el fenómeno piquetero no es particular de la Argentina; en realidad, es un fenómeno que responde a una necesidad universal: ¿cómo interviene en la lucha la clase obrera allí donde el capitalismo la ha echado de los lugares de trabajo? ¿Se terminó la clase obrera? ¿Un obrero desocupado no es un obrero?


 


Es un debate interesante, porque si uno dice que obrero es el que trabaja en una fábrica y el que no trabaja en una fábrica no es un obrero, tenemos una caracterización sociologista. Es decir, que yo pertenezco a la clase de los explotados cuando estoy en la fábrica, mañana dejé de trabajar en la fábrica, ya no estoy en la clase de los explotados, tres días después vuelvo a la fábrica, vuelvo a la clase de los explotados, pareciera que pertenecer a la clase obrera fuera un paseo. Pero como la clase obrera es una categoría histórica, y como la desocupación forma parte de los avatares de la clase obrera porque forma parte del mecanismo de la acumulación capitalista, el obrero es explotado como obrero ocupado y como obrero desocupado, para reforzar la explotación del obrero ocupado, es decir que no es un fenómeno extraño al capitalismo, forma parte del desarrollo histórico de la clase obrera bajo el capitalismo. El obrero desocupado, si conserva la tradición histórica de la clase obrera, sigue siendo un obrero. 


 


La prueba de que lo sigue siendo es que cuando toma una posición de vanguardia y va a la lucha, más o menos inmediatamente, se le unen los obreros ocupados, y se le une la central obrera, y se le unen las organizaciones obreras. En esta fusión política no se distingue al que está desocupado del que está ocupado, porque tampoco en el metabolismo capitalista real existe esa distinción. Por doloroso que sea estar desocupado y relativamente beneficioso cuando se está ocupado, son posiciones que se intercambian todos los días; todos los días hay despidos y un ocupado pasó a ser desocupado, y un desocupado que encontró un empleo pasó a ser ocupado. Este intercambio que se produce cotidianamente en la sociedad es una prueba de la homogeneidad de la clase obrera, en última instancia, inclusive en condiciones de catástrofe de estas características.


 


Todo esto es extraordinariamente importante para nosotros porque hoy, en la Argentina, se discute la función del movimiento piquetero. Dónde se ha visto que un gobierno enfrente un movimiento, como lo han hecho De la Rúa, Cavallo, después Duhalde, Rodríguez Sáa y Kirchner, si ese movimiento fuera meramente reivindicativo (o, más aún, asistencial) sin alcance político. Ellos recelan claramente que se enfrentan a un desafío político, que ahí está concentrada una movilización que en un momento de aguda crisis puede llevar a la movilización del conjunto de las masas del país, y hacerlo detrás de una alternativa que no es simplemente un petitorio de desocupados sino de transformación de la Argentina sobre nuevas bases sociales.


 


Por eso los piqueteros se empeñan en definirse por medio de programas, porque ellos mismos se dan cuenta que solamente van a salir victoriosos si se plantan ante al conjunto de la sociedad como una alternativa de orden general y no como una alternativa de orden particular. En este sentido han puesto en ridículo al propio presidente de la nación, porque como yo tuve oportunidad de señalarlo aquí en Salta, en distintas entrevistas en el día de ayer y en el día de hoy, a mediados de julio el Bloque Piquetero Nacional se reunió con el presidente Kirchner y le presentó un programa – el programa del Bloque Piquetero al gobierno nacional – y hasta el día de hoy (han pasado cuatro meses) el gobierno nacional no lo ha contestado. Si mañana nosotros somos gobierno y viene algún romerista a la Casa Rosada y nos presenta un programa de gobierno nosotros contestamos 24 horas después y lo hacemos público para demostrar la infamia de las pretensiones romeristas y la justeza de nuestros planteos. En cambio, Kirchner no le contesta el documento a los piqueteros porque no podría demostrar que los piqueteros están equivocados o que sus pretensiones de orden político y social son antagónicas a los intereses del pueblo argentino.


 


En Bolivia se ha puesto de manifiesto esta importancia enorme que juega el movimiento piquetero como preparador de una crisis política y como factor conciente y organizado en el curso de una enorme crisis política. Sería una tontería que un pueblo aprenda sólo de las experiencias que él mismo vive. Tiene que aprender de las experiencias similares más avanzadas en otros lugares. En eso consiste la inteligencia humana. Como podemos pensar, prever, adelantarnos y no tener que tropezar todos con la misma piedra, hay un proceso de asimilación de la experiencia boliviana que es muy importante.


 


Doble poder


 


En el momento culminante de este proceso se crea en Bolivia una especie de doble poder. Ese doble poder es tan manifiesto que tiene una forma casi fotográfica: un tipo que está encerrado en la casa de gobierno que se llama Palacio Quemado, y un pueblo que está rodeándolo. Parece una película norteamericana, ¿se acuerdan? Los caballeros rodean el fuerte, lo sitian y pretenden estrangular a sus habitantes por el hambre. Este tipo, Goni, estaba ahí, encerrado, y todo el pueblo rodeando sistemáticamente la ciudad y rodeando sus barrios y llegando hasta el centro y copando la situación. Hay dos poderes: el poder de las masas y el del gobierno; y ni qué decir que el gobierno tenía el apoyo de la embajada norteamericana y tenía el de las fuerzas armadas. Del otro lado estaba el pueblo que tenía otro poder; la prueba de que era poder es que finalmente el presidente se tuvo que ir; incluso cuando tenía el apoyo de las fuerzas armadas y de la embajada norteamericana se tuvo que ir porque había otro poder que lo obligó a irse.


 


Lo que se discutía en Bolivia es quién gobierna, si las masas insurrectas o el poder oficial. Esto es un fenómeno revolucionario, porque el doble poder marca el nivel mayor que puede alcanzar la dislocación del Estado. ¿Cuál es el nivel mayor de dislocación del Estado? Que teniendo él el monopolio del poder, de golpe hay dos poderes. Él y otro, hay dos estados; uno en desintegración y el otro en potencia; entonces claramente hay un doble poder expresado en un conjunto de organizaciones, pero en particular, en las llamadas Juntas Vecinales de El Alto.


 


La revolución boliviana en este punto alcanza un nivel de tensión sin precedentes. El problema del poder era un problema inmediato y práctico. Ustedes lo pueden ver muy claramente si lo comparan con el Argentinazo. El Argentinazo nunca apareció como una posibilidad de poder de estas dimensiones. Si en el Argentinazo, con la gente protestando, el gobierno hubiera reprimido más tiempo; si no se hubiera ido; si esto hubiera juntado más gente y aun así no se iba; hubiéramos tenido la situación de Bolivia. En realidad lo nuestro fue revolucionario como lo de Bolivia, pero en sus primeros pasos, y lo de Bolivia varios pasos más adelante, todo un desarrollo ulterior.


 


El arte de la insurrección


 


Es una situación clásica en la que un Partido que goce del mínimo de confianza de esas masas, organiza tomar el poder. El derrocamiento de un gobierno (insurrección popular) realmente es inconcebible sin la organización de ese derrocamiento. Si no se organiza el derrocamiento, lo máximo que puede ocurrir es que el gobierno renuncie y otro gobierno u otros miembros del poder establecido lo reemplacen. Pero si de lo que hablamos es de derrocar el poder oficial y poner en ese lugar al otro poder del doble poder, es decir al poder que está colocado como alternativa de ese poder, el derrocamiento de ese poder tiene que ser una actividad organizada.


 


Nadie en Bolivia discutió este problema de la organización del derrocamiento y de la toma del poder, y ésta es una de las conclusiones políticas más relevantes. Así como para enfrentar el corte de una ruta o el bloqueo de un camino se tiene que dar una organización que asegure que la gente reciba la comida en la noche, que asegure un médico; bueno, ustedes lo conocen bien, estamos en una provincia que inauguró los grandes cortes de rutas, las grandes luchas piqueteras en la Argentina; Tartagal y Mosconi; la gente se tiene que organizar. ¡Cuánto más en la sustitución de un poder por otro poder! La toma del poder es una tarea concreta, no es un resultado derivado, automático o espontáneo, de otras tareas. No es que uno hace un montón de cosas y como resultado le cae el poder, ¡no! Si uno hace un montón de cosas para que confluyan en la victoria, una cosa que tiene que asegurar es la toma del poder, esa es una actividad organizada.


 


En el periódico que están leyendo ahora, pero en particular el que sale mañana, ustedes van a ver un conjunto de artículos que testimonian la fractura del ejército con relación a la rebelión popular. Lo cual refuerza la conviccción de que había que organizar la toma del poder. Cualquiera que haya seguido la situación no necesita de esta información para darse cuenta de ello. En esta crisis, el gobierno norteamericano defendió incondicionalmente a Sánchez de Lozada, costara lo que costara, y las fuerzas armadas actuaron en esta línea de sostener a rajatablas al gobierno y no hacer recambios; o sea, la lucha armada contra los trabajadores. Esta fue la posición durante treinta días, por eso hubo todas estas masacres. Ellos estaban convencidos de que iban a dominar militarmente. Las FF.AA. norteamericanas tienen militares en el ejército boliviano y ellos dirigieron las operaciones de represión. Está claro que si el gobierno norteamericano arregla luego con Kirchner y con Lula para que viajen a Bolivia dos mediadores a proponerles a los opositores un recambio, está claro que si hacen eso, es porque la represión armada por el gobierno norteamericano ha fracasado; y cuando un ejército se empeña en una represión y fracasa, se disloca. Ese día había condiciones favorables para una lucha organizada para el poder. En la historia boliviana, el problema de entender la captura del poder como una actividad organizada es una extraordinaria carencia política, es la piedra con la que tropiezan el pueblo boliviano y sus organizaciones desde tiempos inmemoriables. Ustedes miren la revolución de 1952; fue una gigantesca revolución, los mineros bajaron a La Paz y destruyeron el ejército, pero como no organizaron la toma del poder, la fracción dirigente nacionalista revolucionaria aprovechó las circunstancias y dio el golpe que le dio el poder usurpando a la revolución protagonizada por los mineros y los obreros bolivianos, porque los obreros y los mineros bolivianos no tenían en su programa la cuestión de la organización de la toma del poder. Esto es un asunto muy serio, porque un pueblo que desarrolla enormes sacrificios y va a la lucha hasta las últimas consecuencias corre el riesgo de sufrir una derrota descomunal si no es capaz de producir el desenlace de la lucha, el momento culminante, la derrota del enemigo.


 


Ese desenlace, o sea, la organización de la toma del poder es una técnica, tiene reglas, requiere disciplina, requiere de un trabajo. En este momento estoy leyendo un libro de casi mil páginas sobre Pinochet, que relata minuciosamente cómo lo bajaron a Allende, cómo los grupos comandos tomaron las comunicaciones, bloquearon las radios, aislaron completamente al gobierno de sus simpatizantes controlando las comunicaciones; hasta ese momento no bombardearon la Casa de Gobierno. Siguieron ciertas reglas, aislaron a la cabeza del cuerpo, aislaron a este del otro, controlando acá y allá, y en un momento determinado dijeron ahora vamos, el punto está maduro, hay que cortar y cae. Pinochet siguió reglas porque esas reglas son fundamentales, son la condición del triunfo. Nosotros tenemos que usar esas reglas, adaptándonos a las necesidades del movimiento obrero para que en el mundo no haya nunca más un Pinochet y para que el poder lo tengan directamente los trabajadores. Inversamente, Allende no tenía el mismo concepto que tenemos nosotros de la situación, porque de lo contrario él hubiera organizado desde el gobierno una acción concreta para neutralizar a las fueras armadas que claramente pretendían derrocarlo.


 


Nadie, en la literatura política sobre este proceso de la revolución boliviana última, ha señalado este aspecto. Pero esto es lógico, porque todo el mundo, toda la izquierda, le hace el culto a esta democracia trucha. Propone toda clase de cambios, pero sin afectar las reglas de la democracia trucha. Pero si el pueblo se levantó, ello quiere decir que no tolera más esas reglas, que esas reglas no están evitando el hambre. No es una decisión que viene de la universidad (no quiero más esas reglas) es el pueblo el que lo decide, y lo decide sobre la base de una experiencia histórica, lo decide una masa humilde, lo decide colectivamente una masa de centenares de miles. La nueva situación requiere de un desenlace popular, de lo contrario tendrá un desenlace antipopular.


 


Ustedes van a ver que los centroizquierdistas bolivianos, y Evo Morales en particular, dicen que esta crisis plantea que se vaya el presidente y que suba el vice. Por eso no piensan en la conquista del poder como una actividad organizada, porque están enterrados en la ficción de la democracia, como si de democracia uno comiera, y en realidad uno tiene que tener el régimen que le permita comer y no comer de acuerdo a lo que permite el régimen. No vamos a comer de acuerdo a los que nos permite la democracia, sino que tenemos que tener un régimen que no ponga ninguna traba a la posibilidad de desarrollarnos y ése régimen que no ponga ninguna traba a nuestro desarrollo, ése, será un régimen de auténtica libertad. Esta es una cuestión muy importante y para el Partido Obrero, la más importante. El día 17 de octubre, mientras se tramitaba la renuncia de Sánchez de Lozada, yo tuve la oportunidad de hablar en un acto público del Partido Obrero en Mendoza y, ante la importancia de los acontecimientos bolivianos, aunque a ustedes les pueda parecer simbólico, me pronuncié contra un arreglo basado en la renuncia de Sánchez de Lozada y defendí la organización de la toma del poder por los trabajadores y la instauración de un gobierno obrero y campesino en Bolivia.


 


Ahora bien, una actividad organizada para tomar el poder en un momento culminante como éstos, no se puede improvisar; quiero decir, se puede improvisar, pero que una improvisación tenga éxito es algo muy excepcional, no es una regla, es algo muy difícil, es la excepción… Para que en circunstancias de este tipo las cosas se faciliten se requiere de un partido político de la clase obrera. Y un partido político de la clase obrera que tenga las cosas tan claras como lo que es un Estado capitalista, lo que es la lucha entre clases y lo que es la crisis social; un partido que desde mucho antes de que tenga la ocasión de verse obligado a organizar la toma del poder, ya sepa que toda la crisis conduce a fenómenos multitudinarios de estas características, que en un momento determinado plantea la lucha organizada por el poder y que para eso, en definitiva, uno está construyendo un partido. No está construyendo un partido para nombrar candidatos para las elecciones del 16 de noviembre, esos son incidentes de la lucha en la que se aprovechan las circunstancias para hacer una propaganda y conquistar posiciones que puedan favorecer a los trabajadores en esa lucha. La finalidad última es la lucha por la conquista del poder político por medio de una actividad organizada, pero no una actividad putchista, no, una actividad organizada que se basa en una insurrección popular, como la fase culminante de una manifestación del propio pueblo, no al margen del propio pueblo. Estamos hablando de una actividad organizada que es la consecuencia final de un movimiento popular de características insurreccionales. Con lo cual se demuestra lo fatuo de todos estos "teóricos" que andan por la Argentina, y de nuestros propios argentinos, que dicen que eso de construir un partido es cosa "de antes", de viejos, que el mundo ha cambiado. Pero si el mundo ha cambiado lo ha hecho en el sentido de reforzar este problema de la necesidad del partido y ahí está Bolivia para demostrarlo.


 


Argentinazo y bolivianazo


 


La diferencia entre el Argentinazo y Bolivia es una diferencia de cantidad que se transforma en una diferencia de calidad. El Argentinazo es un fenómeno de 36 horas; aunque tiene un antecedente de lucha como movimiento que se insurrecciona y pide que se vayan todos, tiene 36 horas; éste tiene un mes. Es una constante acumulación de fuerzas, de choques, y eso tiene importancia, porque, en un mes, junto con la lucha va madurando la conciencia política. En algún sentido revela que la burguesía argentina tiene más consistencia que la boliviana: los burgueses bolivianos necesitaron un mes para darse cuenta de que esto iba a terminar en una insurrección. Acá, a las 36 horas le dijeron a De la Rúa que se tome el buque, que se vaya en helicóptero y lo metieron inmediatamente a Rodríguez Saá y después a Duhalde; es decir, el recambio fue más rápido. ¿Cuál es la función de un recambio rápido? Que no se acumulara un proceso que luego en su capacidad de acción y en su conciencia política ya fuera imposible de detener. Indudablemente, esto es una característica importante. Una característica también importante es que los piqueteros intervienen en este movimiento pero no todavía como movimiento insurreccional; los piqueteros van a la lucha en el Argentinazo a apoyar a la gente que en la Capital salió a protestar contra De la Rúa-Cavallo. Si esto hubiera durado una semana más hubiéramos tenido a los piqueteros dirigiendo gran parte del movimiento y sacando a los obreros de las fábricas; para que eso no ocurriera se buscó un desenlace más rápido. Lo de Bolivia es infinitamente más maduro que lo nuestro de Argentina, pero en un cierto sentido no, porque en la Argentina hubo un partido político, que fue el nuestro, que durante un año entero le dijo al pueblo argentino que la situación había madurado como para echar a De la Rúa y Cavallo, aún cuando habían sido elegidos democráticamente en un sufragio normal, regular y legítimo. Debido a la magnitud de la crisis y al malestar popular sacamos la consigna Fuera De la Rúa-Cavallo, por una Asamblea Constituyente. Los cuadros, simpatizantes y masas vinculadas al Partido Obrero ingresaron al Argentinazo, conscientes de lo que el Argentinazo planteaba, más de lo que en Bolivia, donde no hay un partido de las características del Partido Obrero. Pero como ustedes ven, no es suficiente un partido, es necesario que la madurez de la lucha sea mayor, cosa que ocurrió en Bolivia pero no ocurrió en la Argentina. Tampoco alcanza que esa madurez sea mayor, también tiene que haber un partido. Las revoluciones se producen cuando todos estos factores se pueden hacer coincidir y la tarea de un luchador es tratar de que estos factores coincidan. Cuando esos factores coinciden, el sacrificio popular, humano, en la lucha por obtener reivindicaciones milenarias, centenarias, profundas del pueblo es menor, cuando no coinciden es mayor, porque el enemigo golpea.


 


Como ustedes saben hubo un recambio, ese recambio para un argentino es perfectamente comprensible. Lo pusieron a Mesa en lugar de Sánchez de Lozada, como acá lo pusieron a Duhalde en lugar de De la Rúa; esto, lo sabemos, es un cambio que no cambia nada. El operativo político de este recambio es claro. ¿Qué debilidad del movimiento popular explota este operativo político? El apego al mito y a la ficción constitucional; por ejemplo, un líder como Evo Morales adhiere a la sucesión constitucional, otros líderes también quieren la sucesión constitucional, no estamos contra la democracia, queremos que esto siga. Naturalmente, aquí hay un cálculo político miserable. En abril de 2004, en Bolivia, tiene que haber elecciones municipales y todas las encuestas dicen que el partido de Evo Morales arrasaría. Entonces, Evo Morales dice por qué me voy a perder una victoria cómoda y ubicar a toda mi gente en los municipios a cambio de una aventura revolucionaria. En realidad, al contrarrevolucionario las elecciones le permiten instalar a su gente en el Estado existente; en cambio, una revolución destruye el aparato del Estado existente. El otro tema, muy interesante, en Bolivia, es el planteo de una corriente indigenista que reclama la devolución de los derechos originarios de los pueblos indígenas, que en Bolivia son mayoría. Entonces, ¿la revolución qué sería? La revolución sería el indigenismo, el reconocimiento de los derechos originarios. El indigenismo no cuestiona el Estado burgués; quiere que ese Estado burgués se democratice en el sentido de reconocer a las comunidades toda una serie de medios que les permitan autogobernarse. ¿Les devolverán las tierras, acabarán con el régimen de explotación, acabarán con la oligarquía, que en Bolivia terminó concentrando enormemente la tierra? No; el indigenismo presentado de esa manera es contrarrevolucionario. La tarea de los indígenas bolivianos es tomar el poder y hacer un gobierno obrero y campesino para construir el socialismo. No se puede pretender resolver los problemas indígenas en los mismos términos en que lo planteó Tupac Amaru en 1780; hay que resolver los en la época del dominio del mercado mundial y de la computación. El problema existe, pero tenemos que resolverlo en esta época y en esta época necesitamos una revolución socialista que se pueda dirigir a los trabajadores de otros países, sean o no indígenas, para formar un frente común que garantice el desarrollo del socialismo en todos los países. Entonces, la consigna gobierno obrero y campesino es la que mejor resume el anhelo histórico de los indígenas bolivianos, no el indigenismo.


 


El indigenismo ha sido funcional a este recambio por Mesa, al que le dicen: Bueno, ahora, usted que es presidente, usted, que con su sensibilidad conocida, blá, bla, bla, esperamos que reconozca los derechos de los pueblos originarios. La cuestión del gas es un problema internacional, no es un problema de comunidades. Si los obreros y los campesinos toman el poder en Bolivia, el gas servirá a Bolivia, pero sólo el gobierno obrero y campesino va a garantizar las cosas que sirvan al desarrollo del pueblo de Bolivia. Todo el mundo tendrá la provisión de gas en su casa, todo el mundo tendrá gas natural, pero como potencia productora de gas Bolivia puede abastecer al mercado mundial. En realidad, desde una perspectiva socialista, lo que nosotros diríamos es que mediante la unión socialista de América Latina, con el gas boliviano, el petróleo también boliviano y peruano y venezolano, el cobre colombiano, etc., hacemos una vaquita entre todos e impulsamos todas esas riquezas para el desarrollo común de los trabajadores de América Latina; por eso decimos por la Unión Socialista de América Latina.


 


Rescate internacional


 


Como ustedes ven, hay cosas apasionantes que se pueden sacar como conclusión en este movimiento. La revolución boliviana fue tan profundamente internacional que un operativo internacional salvó al Estado burgués. Lo salvó por medio de dos líderes: uno, es el jefe del Partido de los Trabajadores de Brasil y, el otro, uno que posa de revolucionario en la Argentina. Estos hicieron el trabajo sucio del imperialismo. Fracasó el ejército, las fuerzas armadas no pueden reprimir; no inquietarse, aún tenemos a Lula y a Kirchner ¿En qué consistió el trabajo sucio de estos dos? En que explotaron sus relaciones con los centroizquierdistas de Bolivia, viajaron allá, se entrevistaron con Evo Morales, le dijeron che, macho, nos conocemos de hace tanto tiempo, esto no da para mucho más, acá se va a producir una crisis y Brasil y Argentina nos vamos a poner contra ustedes, así que arreglen. Se va Sánchez Lozada, lo que es una satisfacción para ustedes, pero queda salvado el Estado. Esta es la labor que han hecho los centroizquierdistas, a los cuales apoya el Partido Socialista, que a su vez está aliado al Partido Comunista y a Izquierda Unida, etc. Detrás de los mediadores de Kirchner y Lula estaban los Estados, Brasil y Argentina, con todo su poder económico, en particular, de Brasil, sobre la economía boliviana, sobre Santa Cruz, etc. Además, está el gas que exporta Bolivia a Brasil y que Lula trata de pagárselo lo más barato posible. Esta es una conclusión muy importante porque revela el carácter contrarrevolucionario de Kirchner.


 


Una persona en la calle me dice: Ché, ¿no son muy duros con Kirchner, sólo tiene tres meses, por qué no lo dejan gobernar un poco y después damos una opinión? Pero en los tres meses o cuatro que está gobernando ya ha tenido la oportunidad de intervenir en Bolivia para salvar al Estado. Ha dicho: revolución proletaria no, si los obreros van a tomar el poder, yo soy un enemigo. Se resolvió el enigma de la esfinge; el que sabe leerlo queda advertido en el futuro; al que no sabe leerlo le van a cortar la cabeza en el futuro porque va a creer en lo que no debe creer.


 


Acá les quiero contar, un poco para amenizar pero otro poco por su extrema importancia, que toca una fibra muy profunda del Partido Obrero y se inserta en la propia historia del Partido Obrero, que cuando en junio de 1995, en la ciudad de Montevideo, se reunió toda la centroizquierda latinoamericana y el Partido Obrero en el Foro de San Pablo, en ese momento, en Bolivia, el gobierno boliviano compuesto de centroizquierdistas estaba reprimiendo una huelga general y había detenido a la mayoría de dirigentes y los había encerrado en alguna cárcel de la selva como siempre se hace en Bolivia. Uno de los partidos que integraba ese gobierno integraba el Foro de San Pablo que estaba reunido en Montevideo. Entonces nuestro delegado, el compañero Pablo Rieznik, levantó la mano y planteo que antes de empezar a discutir, votemos la expulsión del Movimiento Bolivia Libre, que integra el gobierno boliviano, que reprime a los obreros bolivianos. La propuesta armó una crisis total, no se pudo discutir nada. Durante tres días el Foro de San Pablo estuvo quebrado en torno a si se expulsa o no se expulsa. El Partido Obrero consiguió, sobre 300 delegados, apenas el apoyo de diez: de los delegados del Partido Comunis ta de Paraguay, de los delegados de Tupamaros, de los delegados del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria de Chile; la inmensa mayoría votó en contra, votó que quede el Movimiento Bolivia Libre, no importa que hubiera reprimido a los trabajadores. Hace ocho años, en Montevideo, advertimos el rol de estos partidos en una lucha del pueblo boliviano, y ocho años después se ha verificado la justeza de la advertencia. En ese momento dijeron que el Partido Obrero era quilombero, sectario, etc. Yo digo ahora, a la luz de esto, que ninguna lucha del Partido Obrero fue en vano; nunca fue por figurar, siempre fueron luchas donde se jugaba el futuro y ese futuro así lo demuestra. No hace falta que les diga que cuando perdimos la votación anunciamos ante todos los presentes que nos retirábamos definitivamente del Foro de San Pablo, que rompíamos con él y nunca más hemos vuelto. El Foro de San Pablo es hoy una organización de contrarrevolucionarios que han trabajado ya no para mantener en sus filas a un movimiento que reprimía, sino para defender al Estado burgués.


 


Hay otra experiencia importante. Hace tres días, el presidente de Venezuela criticó a la Organización de Estados Americanos (OEA) por no haber repudiado la masacre del pueblo boliviano. Pero como hoy es 29 de octubre, hace tres días fue 26 de octubre, y a los bolivianos los masacraron entre el 15 de septiembre y el 17 de octubre. Chávez se acordó tarde de repudiar a la OEA por no condenar la masacre del pueblo boliviano. ¿Por qué no condenó Chávez la masacre del pueblo boliviano durante la movilización? ¿Por qué Chávez no denunció a los emisarios de Lula y de Kirchner? Al contrario, los apoyó. Es muy interesante. ¿Qué es lo que se aprende de acá? El fiel de la balanza en Venezuela lo tiene el ejército venezolano. El gobierno de Chávez es un gobierno popular, pero que tiene como base de poder el ejército. Un ejército que en Venezuela coquetea con las aspiraciones populares y choca con las tendencias golpistas de Estados Unidos y de la burguesía venezolana, como cierto tipo de ejército nacionalista que en el pasado cumplía ese tipo de rol en America Latina. ¿Por qué lo hace? Porque ve que la crisis es tan grande y la belicosidad popular es tan grande que prefiere domesticar al pueblo, simpatizando con algunas de sus ideas, para evitar que el pueblo termine haciendo lo de Bolivia. Pero el ejército, aún buscando la simpatía del pueblo, sigue siendo el ejército del Estado y si las masas no se dejan domesticar … En Bolivia, el ejército estaba amenazado por la insurrección popular. Chávez no quiso dar ninguna señal de que él pudiera ser conciliador con la posibilidad de una destrucción de las fuerzas armadas por una insurrección popular. Entonces se mantuvo callado, no iba a decir que estaba bien, porque él es un presidente popular, pero hasta ahí, me callo la boca; condenó la masacre diez días después, diez días no, diez días después, después de ya todo un mes. Muchos días después, no diez, porque él habla para su ejército. Si mañana en Venezuela pasa lo mismo, Chávez está con el ejército, no con el pueblo de Venezuela, y en cierto modo eso ocurrió en Venezuela; porque Chávez sufrió un golpe militar, de la derecha militar, en abril del año pasado, y cuando vio que el alto mando militar estaba mayoritariamente con los golpistas presentó la renuncia, no se enfrentó. Lo que ocurrió fue que una vez que presentó la renuncia el ala más popular del ejército, constituida por los paracaidistas se levantó y derrotó a la derecha; entonces Chávez dijo que retiraba la renuncia y los paracaidistas reinstalaron a Chávez. La última vez que estuve acá en la UNSA, hablé de Chávez (1) entonces agrego estos elementos de juicio. Pero miren ustedes la conducta de Chávez, qué interesante, avala todo el operativo político en Bolivia de Kirchner y Lula y cuando se pregunta por qué actúa de esa manera, en función de qué intereses, entonces se ve cuál es la propia situación venezolana, el papel estratégico del ejército de Venezuela como base del poder del chavismo y la función de arbitraje que cumple ese ejército.


 


¿Qué ocurrió en Bolivia? Subió Mesa, se fue Sánchez de Lozada. Según el Mst, el pueblo ha obtenido una victoria; me voy a detener sobre esto porque es uno de los temas más interesantes.


 


Revolución por etapas


 


El problema acá es, en primer lugar, caracterizar este cambio, qué significa este cambio en el poder político. Apenas asumió Mesa ratificó todos los objetivos de Sánchez de Lozada, pero además formó un gabinete, en medio de la insurrección popular, con un oligarca, ministro de Agricultura; otro gran industrial, en industria; un hombre de los pulpos petroleros y del gas en energía. Es un gabinete más plutocrático y más entreguista que el del propio Lozada, que tenía un gobierno con los centroizquierdistas. Un problema que tienen los campesinos bolivianos es la papa muy barata que viene de Chile, entonces quieren bloquear ese libre comercio que arruina al campesinado, porque los métodos de producción de papa y de cultivo de papa de Bolivia son muy precarios. El gobierno, sin embargo, acaba de ratificar los acuerdos de libre comercio agrícola con Chile, que afectan a los campesinos que se rebelaron. En una palabra, Mesa no pretende disimular.


 


¿Cuál es, entonces, la esencia de este gobierno? La esencia de este tipo de gobierno es que la contrarrevolución cambia de frente, que sigue en el poder la contrarrevolución, sólo que bajo otra forma. No es que ha sido destruida la contrarrevolución y sube una fuerza intermedia entre la revolución y la contrarrevolución; no, es la misma contrarrevolución con un cambio de frente.


 


Aunque ya la exposición lleva su tiempo, les quiero comentar antecedentes muy ricos en esta discusión, probablemente uno de los intercambios teóricos más agudos en el movimiento revolucionario: una discusión epistolar entre León Trotsky y el economista bolchevique Preobrashenzky, en 1927, en torno a la revolución china. La discrepancia entre ellos sobre la revolución china los llevó discutir la revolución alemana de 1918 y la revolución rusa de febrero de 1917. En la revolución alemana de 1918, los obreros se levantaron en la culminación de la guerra y el emperador se vio obligado a abdicar, entregando el gobierno a una coalición formada fundamentalmente por el Partido Socialista, el cual había apoyado al emperador y a los militares alemanes durante toda la guerra. Este Partido Socialista sería Mesa, y el emperador sería Sánchez de Lozada, la única diferencia es que era una monarquía de varios siglos y Sánchez de Lozada, bueno, es un tipo de quinta, y que el partido socialista era el partido histórico de los trabajadores alemanes, no Mesa. Los socialistas tomaron el gobierno para salvar a la burguesía alemana de la insurrección popular, aprovechando las simpatías que contaban entre los obreros alemanes. Es decir que las clases sociales que habían defendido toda su vida a la monarquía ahora se habían alineado con el Partido Socialista. No es que con la monarquía se había caído la reacción, no, la reacción había pasado a estar representada por el Partido Socialista. Y, efectivamente, el PS lo primero que hace es organizar bandas armadas y un mes después asesina en Berlín a Rosa de Luxemburgo y Carl Liebchneck que eran revolucionarios y habían luchado contra la guerra y no habían colaborado con la matanza de los pueblos durante la guerra. El socialismo salva al capitalismo alemán y prepara con esta acción, en la crisis subsiguiente, el ascenso de Hitler.


 


Al tomar el ejemplo de la revolución de noviembre, en la carta que discute Trotsky con Preobrashenzky, los dos coinciden en que la caída del emperador alemán y la instauración de la República había sido una derrota de la clase obrera, ¡no un triunfo! ¿Cómo es esto si la caída de la monarquía es siempre una victoria? Lo que quería decir es que la revolución de noviembre había llevado al poder a un gobierno contrarrevolucionario, entonces no era una victoria, no basta con haber tirado abajo un rey para considerar una victoria, porque su lugar lo pasaron a ocupar los cipayos del rey. A mí, personalmente, cuando leí este intercambio de cartas, lo que me impresionó fue esto, que Trotsky hace la analogía con la revolución que triunfó en Rusia en el 17, que todo el mundo podría entender como una victoria porque derrocó al zar. Daría la impresión de que todo fue un continuo, primero febrero, primera victoria, se va el zar; después, octubre, otra victoria en dos etapas, entonces las dos son victorias. Pero si la caída del zar en Rusia había sido una victoria, ¿en Alemania no era una victoria? La verdad es que la revolución de febrero tampoco fue una victoria, porque lo que suplantó al zar en Rusia también fue la contrarrevolución, bajo otra forma, un cambio de frente de la contrarrevolución. Como el partido bolchevique reconoció que la sustitución del zar era la contrarrevolución en un cambio de frente, luchó los ocho meses para derrocarla, dándole la definitiva victoria a la revolución socialista.


 


Para preparar en Bolivia un triunfo auténtico hay que entender que los cambios tipo Mesa son contrarrevolucionarios, no revolucionarios, no parcialmente revolucionarios, no semirrevolucionarios, no medio o cuar torrevolucionarios, sino totalmente contrarrevolucionarios por referencia al proceso que desataron las masas. Entonces, hay que entenderlo para poder superar el conflicto histórico que el pueblo oprimido quiere resolver con su acción.


 


Con estas conclusiones termino mi intervención, las enseñanzas son grandes, ¡se han replanteado cuestiones teóricas vitales! Este balance vamos a descubrirlo con lo más consecuente del pueblo boliviano para preparar el camino de la segunda confrontación que efectivamente los lleve a la victoria. Es el balance que sacamos del Argentinazo para prepararnos, a nosotros también, para una segunda lucha esta vez victoriosa.


 


Les agradezco infinitamente la paciencia.


 


 


(*) Conferencia de Jorge Altamira en la Universidad Nacional de Salta, 29 de octubre de 2003.


 


1. "Chávez, Lula, Kirchner, ¿adónde va Latinoamérica?"; ver página Nº XX de esta edición de En Defensa del Marxismo.


 

Del conflicto de enero a la revolución de octubre: Parto y nacimiento de la Revolución Boliviana


Por su profundidad, el desarrollo de la revolución boliviana recoge el conjunto de las contradicciones históricas seculares de un país situado en el corazón geográfico y político de América del Sur. En sus antecedentes inmediatos, sin embargo, la situación revolucionaria reconoce su origen en las luchas desatadas contra la política hambreadora del gobierno de Sánchez de Lozada, ungido en agosto de 2002, que tuvieron su epicentro en la lucha contra el "impuestazo" de febrero de 2003. A más de medio año de ese levantamiento popular, sin embargo, el completo impasse político del movimiento obrero y popular boliviano había impedido un desenlace, no digamos revolucionario, sino siquiera democrático a la crisis nacional provocada por la política proimperialista y antipopular del gobierno del MNR, que contaba, según las deformadas encuestas de los institutos, con el apoyo de sólo el 9% de la población (el porcentaje real es mucho menor). Esto no impidió la continuidad de la imparable crisis gubernamental, lo que obligó a "Goni" a ampliar la base política del gobierno MNR-MIR-UCS, a través de una reformulación del gabinete, incoporando al ex "opositor" NFR (Nueva Fuerza Republicana) de Manfred Reyes Villa, un ex militar populista-derechista, lo que dio lugar a una mini-crisis política motivada por el reparto del botín gubernamental.


 


El gobierno tuvo que crear dos nuevos ministerios, para satisfacer los apetitos monetarios de nuevos y viejos aliados. Aun así, el NFR, que el 20 de julio había solicitado cuatro carteras, como precio para sostener a la moribunda coalición de gobierno, se tuvo que conformar finalmente con tres (pero también con 15 vice-ministerios), además de la estratégica prefectura de La Paz, para dotar al gobierno de una mayoría en el Congreso Nacional (senadores y diputados). Votado con un programa de reversión de las privatizaciones, el NFR pasó a sustentar (a cambio de unos – cuantos – dólares) al gobierno entreguista de Goni, en su intención hasta hace poco utópica de llegar al fin de su mandato, en 2007. La "gran" prensa (1), no pudiendo ocultar el sarcasmo popular frente a la desvergonzada negociación – "cuoteo" – que presidió la formación de la nueva coalición, parafraseando la expresión "megacoalición", que dio nombre al gobierno del finado Hugo Bánzer, bautizó como "pegacoalición" al nuevo gobierno MNR-NFR-MIR-UCS. (2)


 


Ganó así una sobrevida el gobierno responsable por el asesinato "oficial" de 60 trabajadores y luchadores populares (cada cinco días mató un trabajador), (3) conquistando apoyo para, ahora, hacer aprobar en el parlamento el Código Tributario, la Ley de Reestructuración de Empresas y la Ley de Concursos Comerciales, mediante las cuales se estableció la flexibilización laboral "legal" en Bolivia, incluso transgrediendo la Constitución y violando los derechos y conquistas de los trabajadores. Con el "perdonazo" (Ley de Reestructuración de Empresas) el gobierno condonó deudas de los grandes empresarios por un valor superior a 180 millones de dólares, el mismo gobierno que mató a 35 trabajadores, e hirió gravemente a 250, en febrero, intentando imponer un "impuestazo" que le hubiera permitido recaudar… 90 millones de dólares! Y ningún "perdón", en cambio, para los prestatarios, pequeños productores condenados a la ruina por no poder pagar pequeñas deudas usurarias de los bancos, bajo tasas de interés superiores al 35% real anual.


 


La base de la crisis política era la completa crisis del capitalismo y el Estado boliviano: las privatizaciones han fracasado en revertir la crisis fiscal (al contrario, la han acentuado) y no han promovido ningún crecimiento económico sostenido: "Las empresas deben pagar el 25% por concepto de Impuesto a las Utilidades (pero) luego de algunos ajustes a la tasa efectiva, las capitalizadas sólo pagan el 14%, en promedio, y las petroleras menos del uno por ciento" (!). (4) La fuga de capitales se ha acentuado: oficialmente, más de 300 millones de dólares de las "capitalizadas" están fuera del país. Con la privatización del sistema de jubilaciones (pensiones) el Estado dejó de recoger contribuciones, teniendo que bancar sin ellas a los pensionistas amparados en el antiguo sistema: el déficit, que era, en 1997, de 321,1 millones de bolivianos, subió de inmediato a 1364,4 millones, luego a 1876,5 millones, cuando el Estado comenzó a emitir bonos para cubrir el déficit: sólo en 2002, el Tesoro tuvo que pagar 2807,3 millones de bolivianos (5,1% del PBI) para pagar las rentas (con un déficit anual superior a 400 millones) (5). Según un cálculo necrofílico (hecho por el economista universitario Rolando Morales), con una tasa de mortalidad del 6% anual, el déficit será todavía del 1,5% en 50 años, todo para garantizar un negoción, de flujos constantes de fondos sin riesgo y baja ejecución, al capital financiero (AFPs) que se beneficia de la privatización, con los "fondos abiertos" (6). Las AFPs son propietarias del 50% de las empresas privatizadas: a pesar de eso, el total de sus recaudaciones equivale a sólo 4,82% del ingreso fiscal y a… ¡0,66% del PBI! (el porcentaje viene cayendo). El gobierno se vió obligado a crear una nueva dependencia (el SIN, Servicio de Impuestos Nacionales) para hacer de cuenta que está combatiendo este festival de evasiones impositivas y fugas de capital.


 


La contracara de esta orgía capitalista era, en primer lugar, la miseria jubilatoria, que propició el primer gran paso de las luchas actuales: en marzo y en noviembre del 2001, los jubilados iniciaron marchas desde la población de Caracollo pidiendo la nivelación de sus rentas a 800 bolivianos como mínimo. Después de una semana de caminata, una delegación del Gobierno, a cargo del entonces viceministro de Coordinación Abel Martínez, negoció con los jubilados. Lograron la nivelación de sus rentas a 800 bolivianos y con mantenimiento de valor indexado al dólar. Este nuevo acuerdo recibió críticas incluso del mismo gobierno. El ministro titular de Hacienda de entonces, José Luis Lupo, se molestó y pidió el cambio de Martínez. La nueva medida, dijo, aumentaría el déficit fiscal por pensiones, que cada año es de 300 millones de dólares. El gobierno dijo que era un compromiso "difícil de cumplir". La Ley de Mantenimiento de Valor estableció que todas las transacciones nacionales, como el pago de impuestos, y entre ellos el de rentas, se actualizasen según las UFV, es decir en función de la inflación.


 


Los rentistas salieron perjudicados, por cuanto el dólar subió en 10 por ciento, mientras la inflación era del 2.2%, 8 puntos de diferencia. El gobierno por su déficit fiscal no pudo pagar el Bonosol (un bono de asistencia social para las familias sin ingresos), y decidió disminuir las rentas de los ancianos elaborando el artículo 2334, quitando alrededor de 90 bolivianos por renta, para 110.000 rentistas. Los jubilados no aceptaron porque 1800 bolivianos, monto asignado a cada jubilado por el Bonosol, era un engaño: "Si se divide entre todo el año, sale a cuatro bolivianos por día y eso no alcanza ni para el pan del desayuno en muchos hogares" (8 bolivianos = 1 dólar), fue la declaración de un jubilado. La tenaz lucha de los rentistas conmovió a la opinión pública boliviana.


 


Ya en agosto del 2002, cuando Gonzalo Sánchez de Lozada fuera elegido presidente por el Congreso después de haber obtenido poco más del 20% de los votos válidos emitidos, anticipamos que "el gobierno que surge será un gobierno de crisis, minoritario y puesto en jaque político desde el inicio" (7). En junio de ese año, con 20,94 % de los votos, el Movimiento Al Socialismo, partido liderado por Evo Morales (8), obtuvo el segundo lugar. El primer colocado, el MNR, con 22,45 %, obtenía una "victoria" apretada, distante de simbolizar el poder de otrora del Movimiento Nacionalista Revolucionario. El partido gubernamental, la ADN del finado dictador Hugo Bánzer y del presidente Jorge Quiroga, había sido barrido del escenario político. Dos semanas antes de las elecciones, las encuestas daban como vencedor, con 27% de los votos, a la NFR de Manfred Reyes Villa, ex intendente de Cochabamba que prometía, entre otras cosas, duplicar los salarios de militares y policías (las huelgas salariales castrenses han sido un gran factor de crisis en los últimos años). La NFR cayó en el pleito a poco menos del 20%, siendo derrotada en su bastión, Cochabamba, por el MAS, que obtuvo 33% de los votos en la ciudad de la "guerra del agua" y de la Coordinadora. El primer lugar obtenido por el MNR de Sánchez de Lozada, con menos del 22% de los votos, fue poco más o menos que el producto inesperado de una carambola matemática.


 


En la semana previa a la elección, el embajador estadounidense amenazó al país con restricciones económicas si votaba por Evo Morales: "Quiero recordarle al electorado boliviano que si elige a los que quieren que Bolivia vuelva a ser un exportador de cocaína, ese resultado pondrá en peligro el futuro de la ayuda de los Estados Unidos a Bolivia", dijo el "gusano" cubano-americano Manuel Rocha, al final de un discurso en el Chapare. El presidente de la República, Jorge Quiroga, se encontraba al lado del diplomático cuando éste lanzó las amenazas. Morales agradeció a Rocha por reforzar su candidatura: "Yo creo que es el último toque que hace mi jefe de campaña, le agradezco mucho". En las calles, la gente lanzaba comentarios irreproducibles contra el "virrey" yanqui. Anteriormente, la predecesora de Rocha, Donna Hrinak, había dicho que los bolivianos "no tienen cojones" al percatarse de que un caso de narcotráfico investigado por la agencia antidrogas de Estados Unidos no era tramitado con agilidad por jueces y policías. El propio Departamento de Estado yanqui (a través de su portavoz, Charles Barclay) expresó oficialmente su preocupación por el resultado de las elecciones bolivianas. Con el segundo lugar en votos y en número de parlamentarios, el MAS y su candidato – el diputado uninominal con mayor votación nacional, 85 % en su región – fueron al segundo turno en el Congreso para elegir al nuevo presidente de la República, siendo derrotados por la coalición de partidos burgueses derechistas. El resultado de las elecciones nacionales del 30 de junio configuró un nuevo mapa político. La votación del líder cocalero Evo Morales y del dirigente campesino Felipe Quispe, superó el porcentaje obtenido por el "ganador" de los comicios.


 


El MAS de Evo Morales era una corriente que se basaba acentuadamente en la acción directa y la movilización campesina. Desde el punto de vista estratégico, sin embargo, sus posiciones son democratizantes. El MAS obtuvo una rotunda victoria política: resultó segundo en la votación general; ganó en Cochabamba, Oruro, La Paz y Potosí; obtuvo 35 parlamentarios y puso a Evo Morales en la segunda vuelta de las presidenciales. Que un dirigente sindical cocalero, impulsor de los cortes de rutas y los bloqueos de caminos, expulsado del Parlamento y "excomulgado" por el embajador norteamericano, obtuviera esta votación excepcional, no sólo en el campo sino también entre los obreros, los jóvenes y las masas empobrecidas de las ciudades, provocó una conmoción política que se extiendió más allá del país del Altiplano. Su ascenso electoral, como el del MIP del dirigente campesino Felipe Quispe, que obtuvo una votación excepcional en el Altiplano paceño, apareció directamente ligado a las grandes luchas de los campesinos cocaleros contra la erradicación del cultivo en el trópico cochabambino, a la "guerra del agua" de abril de 2001 en Cochabamba (contra la privatización del servicio) y al gran bloqueo campesino de La Paz de septiembre/octubre de 2001. Desde el punto de vista de su programa, sin embargo, el MAS integró el amplio marco centrozquierdista latinoamericano, que va de Cárdenas en México a Carrió en Argentina, pasando por Lula y el PT de Brasil, el Frente Amplio de Uruguay y el Foro Social Mundial de Porto Alegre.


 


El MAS se declaró partidario de la "condonación de la deuda externa": "No estamos aquí para romper con nadie; son importantes las relaciones internacionales pero no aceptamos políticas de hambre. Si Estados Unidos quiere relaciones, bienvenido, pero con mutuo respeto" (9). El MAS, entonces, no planteaba romper con el FMI (sino negociar "defendiendo la soberanía boliviana"), ni repudiar la deuda externa (sino su "condonación"). En esta cuestión clave, el MAS retomaba una consigna lanzada por la Iglesia Católica. La condonación de la deuda, como su moratoria o su renegociación, restablece la relación de dominación nacional sobre una nueva base. Para el MAS, "la gendarmería de la economía mundial tiene que analizar seriamente esa condonación porque no es posible que la pobreza sea un negocio para el Banco Mundial, para el FMI, tampoco la corrupción". Por este camino, llegó a plantear un relanzamiento del endeudamiento: "Queremos entablar nuevas relaciones internacionales para que las ayudas (es decir, los nuevos préstamos) sean apoyos a políticas nacionales".


 


Uno de los ejes del programa del MAS fue "recuperar las riquezas naturales del país para los bolivianos". La privatización fue el motor de algunas de las mayores puebladas continentales, como la "guerra del agua" de Cochabamba, el Arequipazo peruano, la lucha de los campesinos paraguayos contra la privatización telefónica, o las movilizaciones campesinas en Ecuador. ¿Mediante qué métodos, sin embargo, el MAS se propone "recuperar las riquezas nacionales"? No dijo si indemnizaría a los pulpos privatizadores, como establecen los contratos; o los expropiaría sin pago. En el primer caso, la "recuperación" del gas y del petróleo se convertiría en una hipoteca ilevantable para Bolivia, que debería pagar a precio de oro sus propios yacimientos. Para que las empresas renacionalizadas puedan convertirse en un instrumento para el desarrollo nacional, no basta con que sean estatales. El capitalismo de Estado es también una vía para el saqueo nacional. ¿Cómo poner a funcionar las empresas nacionalizadas? El MAS no plantea la dirección y el control obrero de las empresas nacionalizadas, sino la integración a ellas del capital "boliviano" (bajo la forma de cooperativas, empresas locales, etc.). "Como ha fracasado el capitalismo de Estado – dijo Evo Morales – ahora les toca a los pueblos crear sus empresas autogestionarias, empresas colectivas. El Estado tiene que fortalecer estas empresas" (10).


 


El objetivo estratégico del MAS era "recuperar la democracia secuestrada por el neolib eralismo", para lo cual planteó "una Asamblea Popular Constituyente, para que el pueblo defina la nueva estructura del Estado", o sea que se limitaba a la reforma de la Constitución Política del Estado. El planteo de la Constituyente en Bolivia tiene dos fuentes: los nacionalistas que pretenden transplantar al Altiplano la experiencia chavista; y las comunidades indígenas que, por medio de la reforma constitucional, pretenden "reconstruir la identidad" quechua, aymará y guaraní de la nación boliviana y establecer el ayllu, la primitiva comunidad indígena, como la base constitutiva del nuevo Estado. El MAS defiende el planteo indigenista. Plantea la reivindicación social del campesino, la lucha por la tierra, en terminos étnicos. El planteo indigenista se basa en la idealización (falseamiento) de la historia de las comunidades, pues en el incario, los elementos comunitarios del ayllu estaban integrados a un sistema opresivo de castas al servicio del estamento superior, los incas. Establece un bloque político "nacional" entre los indígenas sin tierra, las comunidades que mantienen una agricultura de subsistencia y los elementos capitalistas de origen indígena. No levanta un programa de expropiación del latifundio constituido después de la reforma agraria de 1953, ni levanta, tampoco, un programa que entronque la lucha campesina con la lucha del proletariado.


 


Los campesinos cocaleros del trópico cochabambino, muchos de los cuales son ex mineros que debieron emigrar en busca de una nueva forma de subsistencia, después de una lucha sañuda por la manutención de sus fuentes de trabajo y de la minería estatal (11), libraron y libran una lucha a muerte contra la erradicación forzosa de sus cultivos, contra la militarización de sus territorios, la persecución de sus cuadros sindicales y la ingerencia imperialista en Bolivia. Han denunciado que la supuesta "campaña antidrogas" no es más que la cobertura de un operativo de expropiación masiva de los campesinos para, como denuncia Morales, "reconvertir los cultivos en función de las necesidades de las empresas multinacionales, transformar a los campesinos en obreros rurales, y dejar el terreno libre a los gasoductos, oleoductos y al camino interoceánico". El MAS transformó esta lucha social en una reivindicación de la hoja de coca, "hoja milenaria (y) bandera nacional en la defensa de nuestra dignidad y de nuestra soberanía". Pero la coca ha permitido a los campesinos bolivianos desde hace siglos sobrellevar larguísimas y brutales jornadas de trabajo con una alimentación escasa y pobre; si algo simboliza la coca no es la dignidad sino la miseria a que han sido sometidos históricamente el campesino y el indígena boliviano.


 


Para Filemón Escobar, ex trotskista elegido senador por el MAS, este partido "es un instrumento político de las organizaciones sindicales, porque quienes han entrado en la campaña han sido ellas, sobre todo las centrales campesinas. El MAS es apenas el brazo partidario del vasto mundo sindical". La función de un sindicato obrero es defender las condiciones de contratación de los trabajadores; o sea que tiene una función restringida al cuadro de las relaciones sociales de producción. Como "brazo partidario del vasto movimiento sindical", el MAS es un partido de centroizquierda (12). Para el tumultuoso torrente de luchas populares que busca una salida al derrumbe capitalista de Bolivia por medio de la acción directa, y que se expresó en la votación del MAS, existió desde el principio una contradicción insoluble con el programa y la política centroizquierdistas. Las responsabilidades políticas asumidas por el MAS, como consecuencia de su victoria electoral, pondrían esta contradicción al rojo vivo (13).


 


En efecto, no tardaron cuatro meses para que el "nuevo" gobierno se viese sometido a una nueva insurrección popular, desde enero de 2003. Los jubilados del país decidieron, entonces, iniciar una marcha de protesta contra la ley 2434, dictada el 21 de diciembre de 2002 (14). Esa ley eliminaba el régimen compensatorio inversamente proporcional en las rentas de los jubilados. Los jubilados marcharon hasta la localidad de Patacamaya el año 2001, para lograr este acuerdo. La ley 2434 eliminaba la cláusula correspondiente al Art. 50 de la Ley de Pensiones, que dice que se haría una compensación anual en las rentas a partir del año 2002. El sistema inversamente proporcional, que fue el que se aprobó en la gestión de Tuto Quiroga, significa que todos los jubilados tenían derecho a recibir el reembolso de la inflación de la moneda nacional respecto al dólar, que en 2002 ascendió al 10% (15).


 


El 14 de enero, los jubilados cambiaron la marcha por los bloqueos: la carretera Oruro -La Paz estuvo cerrada por tres horas. La Policía no se animó a desbloquear la vía "por temor a lastimar". Cansados de esperar a que el Gobierno respondiese favorablemente su pedido de anular el artículo 3 de la Ley de Actualización y Mantenimiento de Valor, los más de 8.000 jubilados que se encontraban en Calamarca decidieron suspender la caminata y bloquear la carretera que conecta la ciudad de La Paz con Oruro y el interior del país. La decisión fue asumida por las Federaciones Departamentales de Jubilados y Rentistas, corroborada por el dirigente de la Federación de ex Trabajadores sin Jubilación Félix Cañari Pacajes: "Los bloqueos relámpago han sido una decisión que la han tomado las diferentes federaciones departamentales". Cañari informó también que Calamarca fue declarada base del movimiento de los rentistas, y que no se moverían de allí. Casi de forma espontánea, cientos de ancianos se pusieron a bloquear la carretera, así como todos los accesos y salidas a Calamarca. Los jubilados también recibieron el apoyo de los pobladores de la zona. El bloqueo se extendió, aproximadamente, por tres horas. Los efectivos policiales y militares miraban impotentes la acción de los jubilados. El capitán de Policía Alfredo Arce y el secretario general de la Confederación de Jubilados y Rentistas, Walter Quintana, cruzaron algunas palabras. "La función de la Policía es la de resguardar el orden público", dijo el jefe policial, mientras el dirigente de los jubilados acusó a los uniformados de haberlos provocado al ingresar a Calamarca. Arce respondió: "Ustedes están realizando una marcha no un bloqueo de caminos". Quintana le explicó al uniformado que esa población fue declarada como base del movimiento de los jubilados y rentistas del país: "Cuando vemos tropas que nos afrentan, entonces la gente reacciona y baja a la carretera. Nosotros no hemos alterado el orden público. Esto no se hubiera producido si ustedes no estuviesen acá", refutó. Mientras esto ocurría en Calamarca, en la ciudad de La Paz cientos de rentistas salieron a las calles para movilizarse en apoyo de sus compañeros. Los rentistas se congregaron en la plaza San Francisco desde la mañana. Cerca del mediodía, la ciudad estaba prácticamente paralizada. Daniel Ordóñez, secretario general de la Federación de Rentistas Mineros de Cochabamba, dijo que no se irían de La Paz en tanto no se solucionase el problema generado por las propias autoridades.


 


Finalmente, una violenta intervención puso fin a la marcha rentista. Los jubilados fueron metidos por la fuerza en buses y luego llevados a las ciudades. El gobierno dijo que la acción "protegía la salud de los ancianos": los ancianos fueron trasladados en autobuses a La Paz, Oruro y Llallagua, entre otros destinos. Los uniformados utilizaron la fuerza para imponerse ante la resistencia que ofrecieron muchos jubilados. Gritos, golpes y protestas se mezclaron mientras al menos medio millar de policías obligaban a los ancianos y ancianas a ingresar a los buses para luego trasladarlos hacia los centros urbanos. Algunos policías y militares no tuvieron ninguna consideración con las personas de la tercera edad que se resistieron a ingresar a los buses, algunos del Servicio Nacional de Caminos. Mientras la confusión y la represión se prolongaban, muchos pobladores de Calamarca que se solidarizaron con los ancianos también fueron objeto de la represión policial-militar. Todo comenzó cuando un camión militar ingresó a la población altiplánica con tropas militares. Este hecho despertó la inquietud en las filas de los jubilados, quienes rodearon el vehículo. Ante este hecho los uniformados lanzaron dos granadas de gas lacrimógeno que dispersaron al grupo de ancianos. Se vivieron momentos de tensión cuando los viejos mineros amenazaron con dinamitar la carretera, cosa que no ocurrió, pero bloquearon la vía por algunos minutos.


 


Los marchistas lanzaron una advertencia: "Si nuevamente somos vejados por las fuerzas del orden, no nos quedaremos de brazos cruzados". En el traslado de los manifestantes, hubo un accidente (16): once muertos dejó el choque de dos buses; seis eran rentistas. La indignación cundió. Maestros, pequeños prestatarios, constructores, fabriles y ex trabajadores mineros se sumaron a la protesta. Los marchistas llegaron a La Paz: desde Patacamaya, el 18 de enero, concluyó con gran apoyo popular la marcha contra el gobierno. La marcha partió a la mañana desde Senkata en su última etapa. Miles de rentistas caminaron por calles alteñas y paceñas recibiendo abrazos y gritos de apoyo. El llanto y la explosión de dinamita precedían sus pasos. Antes de partir, los rentistas mineros rezaron por las familias de los jubilados que murieron en el accidente. Los ancianos se arrodillaron en inmediaciones de la plaza San Francisco y lloraron la muerte de sus compañeros. Luego, los manifestantes recorrieron casi todo el centro paceño coreando estribillos como: "Muera Carlos Mesa (vicepresidente) el asesino" o "Goni, Mesa, los mismos asesinos". Calificaron al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada como "criminal" y responsabilizaron a Mesa de las muertes de los jubilados. La partida de los ancianos fue bulliciosa. "No nos rendiremos, nuestra lucha es justa y seguiremos pelando por nuestros derechos", gritaban desde las ventanas de los ómnibus.


 


La movilización se generalizaría luego de la tentativa del gobierno de imponer un impuesto (uno más) de 12,5% sobre todos los salarios y rentas superiores a 840 bolivianos (120 dólares) para generar el superávit fis cal exigido por el FMI para pagar el déficit fiscal y la deuda externa. Iniciada con un bloqueo campesino de la ruta entre Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, en enero, los cortes de rutas y la insurrección popular rápidamente se extendieron a todo el país, generalizándose en las jornadas del 12 y 13 de febrero. El "impuestazo" puso al país en estado de rebelión, imprimiendo un giro en la situación política. Los enfrentamientos provocaron 35 muertos y 250 heridos, muchos de ellos por las balas militares, con decenas de edificios públicos, de empresas, de sedes de partidos oficialistas, destruidos. El "Argentinazo" se extendía a Bolivia.


 


Prensa Obrera inmediatamente caracterizó: "En Bolivia ha comenzado una revolución. El impuestazo del 12,5% sobre los salarios de una población que en más del 80% se encuentra por debajo del nivel de pobreza, desató una vigorosa rebelión popular que hirió de muerte al gobierno fondomonetarista de Sánchez de Lozada. Se ha abierto una aguda crisis de poder que va a poner a prueba la consistencia política de los partidos de la oposición, en particular al Mas del dirigente campesino Evo Morales. Tanto el Mas como la COB (Central Obrera Boliviana) levantan la consigna Fuera Sánchez de Lozada y reclaman la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Con la rebelión popular boliviana, a caballo de la derrota de la intentona golpista en Venezuela a manos de la movilización de los trabajadores, y de la continuidad del Argentinazo, se amplía el campo de la revolución latinoamericana" (17).


 


No dejó de ser irónico el "argumento" con que el gobierno de Sánchez de Lozada intentó hacer pasar el impuestazo: si no se reduce el déficit fiscal – amenazaba – llegaremos a la situación de la Argentina. En realidad, con el impuestazo, el propio gobierno abrió las puertas para un Argentinazo en el Altiplano. El martes, en medio de protestas y movilizaciones parciales, la policía de La Paz se amotinó y se autoacuarteló en dependencias cercanas a la Casa de Gobierno en repudio al impuestazo y en reclamo de aumento salarial. La rebelión policial se extendió rápidamente a Potosí, Sucre, Tarija y Santa Cruz. En el interior también comenzaban las movilizaciones, los bloqueos y los cortes de ruta. Ante el crecimiento de la movilización, el miércoles el gobierno desplegó al ejército en el centro de La Paz. "El ejército llegó a la Plaza Murillo a matar", denunció un policía rebelado (18). La fractura de las instituciones armadas del Estado, el levantamiento de los policías en el cuadro de un levantamiento popular, y su enfrentamiento con el ejército, eran síntomas inconfundibles de la aguda descomposición del aparato del Estado y del inicio de una revolución. Cuando el ejército retrocedió, La Paz fue copada por los trabajadores y los estudiantes enfurecidos por la matanza; la movilización se extendió todavía al jueves. El centro del poder político se convirtió en un campo de batalla. Mientras los trabajadores y los estudiantes avanzaban y peleaban, en medio de una nube de gases, los vendedores de ediciones extra de los periódicos gritaban: "El ejército mata al pueblo para defender al gringo". Las ediciones se acababan pronto. Los francotiradores operaron y asesinaron a un estudiante que junto con otros cientos de compañeros intentaba llegar a la Plaza Murillo. Bajo una lluvia de gases y la represión militar que causó seis nuevos muertos en esta jornada, la movilización popular atacó las sedes del poder político (la Vicepresidencia, los ministerios de Trabajo y de Hacienda), las sedes de los partidos de la coalición gubernamental y los símbolos de la opresión imperialista (Burger King, Aguas de Illimani, bancos y financieras).


 


No hubo saqueos. Las movilizaciones entraron a los ministerios y a la Vicepresidencia, de donde sacaron computadoras y documentos que fueron apilados para ser quemados: "La gente no deja que nadie se lleve nada. Algunos lo intentan pero son perseguidos al grito de son chorros (…) Los propios manifestantes frenan a los ladrones obligándolos a lanzar a las improvisadas fogatas los objetos robados bajo el lema el pueblo no roba (…) Una dulcería de la calle Yanacocha es asaltada. Más tarde se devolverían los dulces y demás artículos" (19). La descripción que hizo la propia prensa paceña de los sucesos, fue un claro reflejo del carácter políticamente conciente de la masa movilizada. Mientras la Vicepresidencia y los ministerios de Trabajo y Hacienda ardían en La Paz, en el interior se repetían las movilizaciones, las marchas sobre los centros del poder político local, los ataques a las sedes de los partidos gobernantes y los bloqueos de caminos.


 


Empujado por la crisis económica y las exigencias del FMI, el gobierno atacó no sólo a los asalariados, sino a su propia base social en las capas medias, empujándola a la oposición: trasladó el principal escenario de conflicto social a las ciudades y dividió a la burguesía, ya que los empresarios y los exportadores vieron estas medidas como un nuevo ataque a sus intereses y destinadas a favorecer tan sólo a los bancos y a las empresas "capitalizadas" (privatizadas). La Oposición Trotskista caracterizó así la crisis política: "El gobierno ha quedado frágil, sus socios están en dispersión y velando por sus intereses ligados al robo de los recursos que nosotros aportamos. Las patronales no están unidas y no tienen una salida clara frente a la movilización del conjunto de los trabajadores. Sus partidos políticos no tienen fuerza, como lo demostró el período de las elecciones pasadas, donde Goni ganó con un estrecho margen y la gente votó a una salida que parecía nueva. La experiencia que tuvimos es clara, ya que vimos en el gobierno a todos los politiqueros actuales. Vimos a la ADN, la UCS, al MIR, al MNR, a NFR y todos ellos solo han representado los intereses de los poderosos, posibilitando que las transnacionales se apoderen de nuestros recursos. Ellos defendieron de manera clara el modelo neoliberal que ha generado un masivo desempleo y una fuerte inestabilidad de los trabajos en las fábricas. Estos politiqueros representan a sus propios intereses, es decir los intereses de su ganancia a costa de la vida de los trabajadores y están completamente unidos a los designios de la Embajada Norteamericana".


 


El acuartelamiento de los policías en el GES de La Paz (seguido por otras guarniciones como en Santa Cruz) añadió un componente a la caldeada situación. En el motín se verificaba el descontento de la tropa mal paga y maltratada, la oficialidad afectada por el impuestazo,y hasta las camarillas corruptas dispuestas a bloquear el proyecto de "reforma policial" del gobierno. El efecto fue explosivo, acelerando los acontecimientos. El 12 de febrero fue visible la parálisis del aparato represivo del Estado, fracturado con el combate entre los policías y el Ejército enviado por Sánchez de Lozada a reprimirlos, lo que abrió una amplia brecha para que la movilización de masas comenzara a colarse, con el gobierno y la maquinaria del Estado prácticamente inmovilizados. Ya había más de una decena de muertos y un centenar de heridos, la mayoría en la guerra entre policías y militares en Plaza Murillo. Al lanzar al Ejército contra la policía, Sánchez de Lozada buscaba imponer una salida autoritaria, represiva, ante la marea ascendente de protestas, pero debió retroceder apresuradamente cuando ya era tarde, sólo para que la derrota no fuera mayor, intentando conjurar el levantamiento en marcha. Comenzaban los ataques a los símbolos del poder político y económico: varios edificios estatales, las sedes de los partidos del gobierno (MNR, MIR, UCS, ADN), oficinas de financieras y de empresas privatizadas. Las acciones tenían un claro contenido político, evidenciado en los objetivos mismos, en las consignas y en que los manifestantes no permitían que actuaran saqueadores. La declaración de asueto por el gobierno para el 13 trató de impedir el paro nacional, mientras la movilización en La Paz reunía a mas de 10 mil personas: en Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, Potosí, se realizaban marchas y también ataques a las sedes de los partidos de gobierno. Las fuerzas militares apostadas en Plaza Murillo recurrieron a la criminal táctica de los francotiradores como provocación, para aterrorizar a los manifestantes y crear un clima sangriento qu e impidiera el desarrollo de la movilización. Los primeros heridos y víctimas fatales eran jóvenes, trabajadores de la salud que cumplían su deber, y obreros.


 


Hubo una guerra entre los efectivos militares, en el Palacio del Quemado, y los policias apostados en la Cancilleria y el GES. El ejército controlaba mitad de la Plaza Murillo, la otra mitad estaba en manos de la policia y del pueblo amotinado. La munición usada era de guerra, mataron a un policia del cuerpo de bomberos. A pesar de los intentos del Mayor Vargas y del general Hugo Tellería, de evitar mayor derramamiento de sangre, no fue posible contener a las partes y el ejército continuó disparando contra los policías y civiles. A las 17 horas del jueves 13, Goni, que había huído de incógnito, se presentó en la TV, anunciando el retriro del impuestazo. El pueblo había triunfado (20).


 


Al mismo tiempo, los dirigentes de las organizaciones populares se encargaban de disminuir las proyecciones del paro, negando continuidad a la lucha. Evo Morales, del MAS, y la COB, reiteraron el pedido de "que se vaya Goni". El hundimiento del gobierno planteaba una crisis de poder. El respaldo de la OEA, Duhalde, Bush, el FMI y Lula al "gobierno constitucional" tenía por objetivo evitar una victoria popular. El MAS, el principal partido de la oposición, reclamó que la vicepresidenta del Senado se hiciese cargo del gobierno y convocase a una Asamblea Constituyente "para refundar Bolivia". La COB respaldó esa posición. Con esta consigna evitaba plantear que el poder pasase a manos de él mismo y de las organizaciones populares. La constitución del Estado Mayor del Pueblo, en enero, con el MAS de Evo Morales (verdadero vencedor de las elecciones del 2002), el MIP de Felipe Quispe Mallku, la COB y los "movimientos sociales" (como la "coordinadora" de Cochabamba, de Oscar Olivera, y otros), que parecía delinear una situación de doble poder, se revelaba inútil, en la mejor hipótesis, o simplemente comola constitución de un freno preventivo para evitar "desbordes" populares. Esto lo reconoció, alarmado, un "anti-globalizador" boliviano, defensor de los "movimientos sociales" como superación de los "estrechos" sindicatos obreros: " De más en más enfrentados con la confrontación abierta (los movimientos sociales) fueron superados por la multitud revoltosa en los acontecimientos del 13 de febrero: fue ella, en realidad, la que casi derribó al gobierno" (21). Al atardecer del 14, la policía volvía a las calles – durante toda la noche se había gestionado un acuerdo – y comenzaba a detener no sólo a rateros y saqueadores, sino a quienes volvían a sus casas después de la movilización y a cualquier joven que estuviera a mano. Por eso, la movilización retrocedió, como lo demostró el reducido impacto del paro nacional de 48 horas de la COB durante el 17 y 18. Pero el gobierno había salido herido de muerte, al tener que anunciar públicamente el retiro del impuestazo, además de una reorganización de gabinete, con la remoción de cuatro ministros.


 


Los trotskistas bolivianos hicieron un balance de la dirección del conflicto: "¿Que pasó con la llamada nueva izquierda y el populismo aymara? A lo largo de estos más de 14 años de neoliberalismo se han gestado diferentes movimientos de lucha del conjunto de la clase trabajadora y explotada del país, de los cuales han salido agrupaciones como el MAS y el MIP. En el caso del MAS, que manifiesta ser de izquierda, muchas personas se acercaron buscando salidas a la crisis y una perspectiva de construcción diferente de la realidad. Pero el MAS ha demostrado lo contrario, en diferentes luchas ha capitulado frente a la política de hambre de los poderosos. El MAS ha quedado atrapado en el juego del parlamento y la democracia de los ricos y no ha posibilitado la organización real de los explotados y la incorporación de la clase obrera en la lucha por la construcción de una nueva realidad social. ¿Acaso esto no es evidente en las derrotas que ha sufrido el sector cocalero? En estos últimos años, la capitulación de Evo Morales amparándose en la Ley 1008 diseñada por la Embajada Gringa, ha llevado a la completa militarización del Chapare y a un proceso casi de total erradicación de la hoja de coca. Pero este proceso también, lo ha demostrado en otros conflictos como el del 12 y 13 de febrero, que ante la completa debilidad del gobierno y una perspectiva de su caída, el MAS no llamó a una salida del gobierno centrada en la organización de una gran huelga general con un bloqueo de caminos para la convocatoria de una Asamblea Constituyente Libre y soberana dirigida por las organizaciones de los explotados. El MAS, no dio ningún impulso a la lucha y se quedó atrapado en el discurso elaborado por la NFR de buscar una salida constitucional del gobierno. Es decir, el MAS facilitó la recomposición del gobierno de Goni y le perdonó la vida. Se ha convertido en el principal sostén del actual régimen. ¿Y que pasó con el MIP? Absolutamente nada. Las denuncias de su vinculación con el MIR parecen ser ciertas al mostrar una participación insignificante dentro del parlamento y estar al margen de las luchas de los explotados. El MIP ha mostrado ser un partido que más allá de hablar sobre el tema indígena está compuesto por un conjunto de indios oportunistas que a la primera de cambio se venden por un sueldo, como pasó con su candidata a vicepresidenta Esther Balboa".


 


Y, en relación a los sindicatos de la COB (Central Obrera Boliviana): "¿Que pasó con nuestros dirigentes? Como mencionamos, en los últimos años hemos visto cómo se han debilitado y en algunos caso destruido los sindicatos. Sin embargo, estas tareas, las patronales no las llevaron a cabo solas, sino que contaron con la ayuda, en muchos casos, de los dirigentes burocratizados. La burocracia, completamente alejada de la base, se encuentra ligada a los intereses de las patronales, vive de los favores que intercambia y que representan el abandono de los intereses de la clase obrera. Estas burocracias son las que han transado todos los despidos, el debilitamiento de nuestros mecanismos de lucha como la huelga; son las que han amparado el saqueo del país y la destrucción de las conquistas sociales. Los burócratas se hallan ligados a los partidos de los poderosos, militan en el MIR, en el MNR, en la NFR y por lo tanto defienden sus intereses, al igual que su discurso de la eficiencia, el mercado, la globalización. Este papel en el pasado lo cumplían los burócratas ligados al comunismo y al MIR-masas. Incluso muchos de los actuales dirigentes son izquierdistas convertidos. Estas burocracias debilitan los sindicatos impidiendo que los jóvenes que ahora son parte de la clase obrera vean sentido en conformar o en participar en los sindicatos. Estas burocracias son las que terminan negociando y vendiendo las luchas que surgen desde las bases. Estas burocracias son las que han posibilitado, en gran medida, que la clase obrera este ausente de las luchas más importantes de este último tiempo en el país, lo cual contribuyó al salvataje de los regímenes de los poderosos" (22).


 


La sobre-vida de Goni le permitió encarar el proyecto entreguista estratégico exigido por el imperialismo para garantizar el pago de la deuda externa, la completa colonización económica de Bolivia, y para alcanzar objetivos estratégicos más amplios, que también estaban presentes en el cerco a Venezuela y en la guerra contra Irak: la venta del gas boliviano al consorcio multinacional Pacific LNG. La salida buscada por las clases dominantes es la exportación de gas por vía marítima a los Estados Unidos, que ha encontrado con ello una buena forma de amarrar los intereses de varios grupos económicos y de poder en la región. Las transnacionales del petróleo presionaron para que Mejillones sea elegido como el puerto de exportación de gas a los Estados Unidos. La española Repsol-YPF, las británicas British Gas y British Petroleum y francesa Total, se han constituido en el verdadero factor de poder en el país alrededor del cual giran los grupos oligárquicos intermediarios del negocio, una elite tecnocrática dominante y muchos dueños de medios de comunicación que desean asegurar el fabuloso negocio para esas transnacionales y proteger los intereses energéticos de los Estados Unidos. El Estado boliviano se había transformado en una sucursal de las compañías petroleras (23).


 


Desde antes de junio del 2002, 90% del pacto estaba cerrado: la firma del negocio dependía de una decisión política del virtual presidente electo Gonzalo Sánchez de Lozada. El territorio sería arrendado en comodato por 99 años, el área total negociada sería mayor a 600 hectáreas. El gasoducto desembocaría en un pedazo de costa chilena aún por definir, donde también se instalaría un complejo petroquímico y turístico. Los impuestos del negocio serían percibidos por el fisco boliviano. La única exigencia para cerrar las conversaciones era la solicitud del gobierno boliviano de acceder – vía comodato, es decir, arriendo – a una franja costera, en la que pretendía desarrollar un complejo turístico. La histórica reivindicación nacional boliviana de salida al Pacífico sería usada para dar base a la mayor entrega de su historia. El proyecto Pacific LNG – que integran las petroleras Repsol-YPF, British Gas y Pan American Energy – incluye la construcción de un gasoducto desde Bolivia hasta un puerto chileno del Pacífico. En dicho terminal, el hidrocarburo será licuado y llevado en barco hasta México, donde se volverá a gasificar para suministrarlo a California, en Estados Unidos. Uno de los aspectos fundamentales de la negociación fue el debate de si un acuerdo de este tipo era objeto de un nuevo tratado entre ambos países. Se llegó a la conclusión que bastaba con un convenio binacional, el cual debía ser ratificado por el Congreso chileno. En el acuerdo se especificará que los terrenos en territorio chileno serán inscritos por los bolivianos en el Conservador de Bienes Raíces chileno, bajo la figura de comodato y por un período de 99 años. En el caso del transporte del gas, se utilizará como referente el Tratado de 1957, acordado para la exportación de petróleo hacia Arica. Los integrantes del consorcio manifestaron desde el primer día su preferencia por un puerto chileno, porque esto implicaría ahorros por entre 300 millones y 500 millones de dólares anuales. Los plazos entre el consorcio privado y el grupo de empresas que distribuirá la energía en Estados Unidos – que encabeza la compañía Sempra Energy – fueron, sin embargo, dilatándose. Según la prensa, el gas era uno de los temas esenciales para lograr un "pacto de gobernabilidad", junto con la revisión del proceso de privatizaciones, con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Jaime Paz Zamora, y la Nueva Fuerza Republicana (NFR), de Manfred Reyes Villa.


 


Perú, sin embargo, ofrecía condiciones más ventajosas que Chile (apoyado por los EE.UU.) para el embarque del gas y, según el ya citado Walter Chávez, tal vez fuese este "el punto de ruptura de la lealtad" de las FF.AA. a Sánchez de Lozada. La actividad golpista, sin embargo, tenía como principal protagonista al agente de la CIA David Grenlee, actual embajador de los EE.UU. en Bolivia, quien denunció un supuesto "golpe de Estado" de la izquierda para tomar el poder. Manfred Reyes Villa denunció, antes del actual pacto, que detrás de ello se ocultaba el acuerdo Goni-EE.UU. para preparar un auto-golpe. La crisis política se profundizó, y puediendo llevar a una situación tipo Venezuela. Vale resaltar que Bolivia, con 52,4 billones de pies cúbicos, tiene la segunda mayor reserva latinoamericana de gas natural (la primera es Venezuela, con 147 billones), con un aumento de once veces en los últimos cinco años, actualmente sólo exportado al Brasil, que compra 17 millones de metros cúbicos/dia (24) (cifra insignificante comparada con la compra proyectada por los EE.UU.). Rusia es el país con las mayores reservas mundiales (1700 billones de pies cúbicos), pero los mayores consumidores, EE.UU. y Japón, tienen menos del 10% de las reservas rusas. La producción y consumo de gas natural es la que exhibe, entre todas las fuentes energéticas, los más altos índices de crecimiento mundial, de casi 4% anual, habiendo pasado de 53 billones de pies cúbicos en 1980, a 104 billones actualmente, con 167 billones proyectados para 2020 (25). En Bolivia, las 52 cuencas de reserva de gas certificadas como probadas y probables, se encuentran en manos de compañías extranjeras (26). Brasil paga 1,10 dólares por BTU (unidad térmica) de gas, y ha pedido revisión de los contratos para bajar el precio (los consumidores bolivianos pagan 5,48 dólares): la Pacific LNG, con el contrato previsto, pagaría 0,70 dólares por BTU (27).


 


A esto se agregó la privatización del agua. En La Paz, desde que el consorcio francés Aguas del Illimani (Lyonnaise des Eaux) administra su distribución, su precio pasó de 2 a 12 bolivianos. La mayor parte de la población, que no puede afrontar este aumento, reemplazó las duchas por instalaciones sanitarias comunes, y pagas. La privatización vino acompañada de un deterioro del servicio, relacionado con los despidos efectuados para reducir los costos. En su campaña publicitaria, el consorcio prometió priorizar la mejora del servicio y la extensión de la red. La realidad es muy distinta: los desperfectos son cada vez más frecuentes por la falta de mantenimiento y las reparaciones llevan más tiempo. Se llega a recurrir a los viejos pozos para asegurar el funcionamiento de los comercios: "Hoy en día, es un lujo tener agua en la ciudad de El Alto", señaló un trabajador despedido por Aguas del Illimani. Otro choque con el imperialismo se anuncia en torno a la recuperación del plantío de coca, debido al completo fracaso del plan de cultivos substitutivos, que hizo caer la cultura cocalera en 90% entre 1998 y 2001: "El gobierno americano ya está preocupado con la producción de coca en Bolivia, que subió 23% el año pasado, desde su punto mínimo en 2001, por causa del rápido replantío. Bolivia permanece la tercera mayor productora mundial, con Colombia y Perú" (28). El aumento del plantío de coca, que ha alcanzado actualmente el mismo ritmo que el de la erradicación (o sea, que ha tornado a ésta completamente inútil), evidencia la completa quiebra de las otras salidas para la economia boliviana, así como el completo fracaso de los proyectos de "desarrollo alternativo para la inclusión social". Los cultivos de coca en la región andina (prohibidos por la Ley 1008) ya alcanzan a 200 mil hectáreas (29).


 


El cuadro de crisis, miseria creciente, e intervención económica y política directa del imperialismo yanqui, preparaba una nueva explosión popular, que ya se avizoraba en movilizaciones parciales, y en la propia protesta de la burguesía boliviana (que obligó a Goni a nombrar un Secretario de Estado para la revisión de las privatizaciones, cortina de humo, en realidad, para la gran entregada del gas). La crisis boliviana se internacionalizaba con la intervención de los EE.UU., y el embrollo con Chile y Perú sobre la salida del gasaducto, en vísperas de desplome económico del primero, y de una crisis política galopante del gobierno de Alejandro Toledo en el segundo (sin hablar de la proximidad de la crisis argentina y del efecto devastador que un desplome brasileño, ya en el horizonte, tendría sobre las exportaciones bolivianas). Las direcciones de las masas (de la COB, del MAS y del MIP), burócratas sindicales, indigenistas y "anti-globalizadores", estában años-luz de las exigencias políticas de la hora para los explotados bolivianos, sectores enteros de la vanguardia obrera y juvenil lo comprendían cada vez más claramente.


 


El acuerdo para salvar al gobierno de Goni no se limitaba a la "pegacoalición". Las Fuerzas Armadas se erigieron en árbitros de la situación, obteniendo del gobierno un increíble decreto que legaliza el trabajo esclavo de los conscriptos, luego del escándalo provocado por el descubrimiento del uso de centenares de éstos en la propiedad particular de un miembro del Estado Mayor, conocido como el caso del "mocororó" (colecta de ricino). Se multiplicaron, también, las denuncias de maltrato de soldados por los oficiales, con castigos y golpizas que los dejan inválidos, y en algunos casos les han provocado la muerte. Además de legalizar el trabajo esclavo, el gobierno abrió la cancha para la militarización del país, editando una nueva Ley del Sistema de Seguridad Ciudadana, en el propio Código Penal, que amplió las penas para incitadores de bloqueo o bloqueadores de ruta hasta ocho años (30).


 


Pero la crisis no podía ser combatida con la pura represión. La pieza contrarrevolucionaria central tenía como centro a la Iglesia Católica y su propuesta de "Reencuentro Nacional", a través de un documento a todos los partidos políticos. Reeditando las "siete mesas para el diálogo" de inicios de año, ahora institucionalizadas y con la participación de "todos", el "Reencuentro" se perfiló como un "Gran Acuerdo Nacional" destinado a asegurar la sobrevivencia del gobierno del MNR hasta el 2007. El documento de la Iglesia tuvo como su eje el reclamo de "impedir conflictos sociales y crear las condiciones de normalidad de tránsito y transporte" (o sea, que fue la variante "pacífica" de la militarización). Como no podía ser de otro modo, el principal interés de la prensa se volvió hacia la participación (y acuerdo) del MAS (y del MIP) con el "Reencuentro": el MAS (que inicialmente amenazó con siquiera participar de las reuniones) cuestionó, lógicamente, el "modelo económico", pero también declaró que "no ve elementos insalvables" (31), a lo que el MNR se hizo eco, declarando que, con el "Reencuentro", "ya tendrá condiciones de gobernabilidad" (32). Paradójicamente, los principales cuestionamientos al documento de la Iglesia provenían del imperialismo (por el tema de las drogas) y del propio MNR (porque el documento proponía mecanismos para "revisar las capitalizaciones" y ¡"eliminar la corrupción"!).


 


Después de las movilizaciones de febrero, uno de los principales dirigentes del MAS, el ya nombrado Filemón Escobar, mantuvo reuniones con dirigentes sindicales afirmando abiertamente la necesidad de sustentar la "gobernabilidad" de Goni hasta 2007, cuando el MAS vencería en las elecciones presidenciales, después de vencer las municipales en 2004, y las departamentales, dando como ejemplo la conquista gradual del gobierno por el PT del Brasil. Si ésto es ya una confesión (el MAS en el gobierno haría lo mismo que el PT, con consecuencias obviamente peores para un país más pobre, como Bolivia), a Escobar ni se le ocurrió que esa trayectoria del PT fue facilitada porque, durante los 20 años de ascenso electoral (no rectilíneo) del PT, no hubo ninguna crisis revolucionaria en Brasil (aunque sí luchas parciales muy importrantes, como las de los sin tierra, estatales y petroleros) con lo que el PT consiguió mantener a la casi totalidad de la vanguardia obrera amarrada a su carreta durante dos décadas, lo que está lejos de ser, objetiva y subjetivamente, la situación boliviana (de entrada nomás, el MAS, a diferencia del PT, no dirige sindicatos, y sólo posee un papel de dirección indiscutido en Cochabamba, entre campesinos, regantes y movimiento popular).


 


Otro teórico, vinculado al MAS (a falta de tienda más generosa), el profesor Alvaro García Linera, también defendió abiertamente el "pacto social" después de la crisis revolucionaria de febrero. García Linera teorizaba ahora desde páginas más abiertamente encuadradas por la burguesía (El Dipló) acerca de la caducidad de la "vieja izquierda vanguardista", de la "recuperación de recursos públicos por la sociedad, estatales y no estatales" (o sea, la privatización "autogestionada", es decir, gestionada por las ONGs); teorizaba demagógicamente a cerca, de los "nuevos liderazgos indígenas", que "tienen ciertas posibilidades de ser presidentes de la República, por vía electoral o por via del levantamiento social" (o sea, que la perspectiva máxima de una revuelta social sería el actual régimen político, la revolución está descartada), todo en un sociologués desenfrenado, con citas de Pierre Bourdieu incluídas, proponiendo al "poder indígena" "acompañar su presencia gubernamental (legislativa, municipal y ejecutiva) con una revolución radical de los sistemas técnicos y organizativos del poder estatal" (la "radicalidad" de este discípulo de Bourdieu se agota, por lo tanto, en declarar al quechua y al aymara lenguas oficiales de la institucionalidad del Estado colonial), en "una estrategia de poder capaz de unificar lógica partidaria y lógica comunal, tanto en las calles y carreteras en contra del Estado como dentro del Estado" (33). ¡Qué tentador es el Estado!


 


Sólo como crítica a la parte "indigenista" del discurso del ex-tupakatarista vale la de Félix Patzi: "A esa práctica política multicultural, Kymlicka la llamaría derechos especiales de representación, una política para los grupos históricamente desfavorecidos. Esta política no valora a los indígenas como seres soberanos que se pueden valer de sí mismos y por sí mismos, sino que considera que necesitarían una sobreprotección paternal… La propuesta de Álvaro García Linera no anula el sistema de partidos, sino que éste se multiculturalizaría por medio de los derechos especiales de representación; (sus) posiciones autonomistas son compatibles con la forma de economía del capital y la forma política liberal. Suenan más bien a una política de los Estados naciones. Podemos sospechar, inclusive, que serán las nuevas formas de las políticas multiculturales de los Estados nacionales a lo largo del tercer milenio" (34).


 


El MIP, a su vez, basado en el liderazgo carismático de Felipe Quispe Mallku, convocó para finales de julio a un bloqueo de las rutas del Altiplano, claramente boicotead o por el MAS. El bloqueo, sin embargo, fracasó (35), porque no estaba inscripto en una estrategia de lucha (formalmente fue convocado para "dar cumplimiento a los 72 puntos negociados con Banzer") sino que obedecía a una disputa burocrática por el control de la central campesina (CSUTCB) con dirigentes vinculados a Evo Morales (Germán Coquehuanca – a quien Mallku llamó en público de "índio de mierda", olvidando su propia ideologia política – y Román Loayza) desafavorable a Quispe: "Cuando ocurrió, Felipe Quispe se sumió en la desesperación y para reflotar su imagen convocó al bloqueo" (36). De un modo general, "el MAS o el MIP, en pocos meses de gestión, no sólo han dado muestras de una ineficiencia escandalosa en el Congreso, sino que ni siquiera son capaces de sintonizar con el sector al que supuestamente representan: el sector campesino. Felipe Quispe llamó loteadores a los sin tierra del Altiplano y el partido de Evo Morales, que hoy por hoy anda ya enfrascado en una campaña electoral por los municipios, prefirió enfrascarse en una trama conspirativa para apropiarse del liderazgo de la CSUTCB; los sin tierra de todo el país marchan al margen, buscando nuevas afinidades y liderazgos en su lucha" (37). Esto adquiere gran importancia, porque el histórico fracaso de la reforma agraria iniciada en 1953 está llevando a una nueva y profunda ola de luchas campesinas, sobre la base de que el 87% de las tierras del país (28 millones de hectáreas) está en manos de 7% de propietarios de dotaciones agrícolas. Los campesinos tienen sólo 4 millones de hectáreas (13%) según datos oficiales (38).


 


En la COB (Central Obrera Boliviana) la disputa por la CSUTCB fue pretexto para aplazar interminablemente el XII Congreso, a ser realizado en Oruro en julio: "La COB está en su peor crisis. Esa forma de sindicalismo pactista o negociador, asumida por los dirigentes, empeoró su situación, coadyuvando a la profundización de la crisis" (39). El abierto gubernamentalismo "neoliberal" de los dirigentes de la década del 90 llevó a la conformación de un gran Bloque Opositor, el Bloque Sindical Antineoliberal, que pasó a controlar varias Federaciones de Fabriles (inclusive la de La Paz), y tenía a 300 de los 900 delegados al Congreso de la COB. Este bloque, sin embargo, carecía de definiciones políticas, y también recicló a elementos reaccionarios: la lista antiburocrática de las elecciones de fabriles La Paz (papeleta blanca) calificó a la dirección de la Federación local de "pro-patronal, que ha llevado al movimiento fabril a un pacto con nuestros verdugos, sin lograr ni cuatro marraquetas para nuestro sector". El Congreso, sin cambiar nada, a no ser a la Ejecutiva y su Secretario, se realizó sobre la base de dinamitazos mineros que desalojaron a los partidarios de Mallku, que bloqueaban el edificio donde se realizó. El abogado Gonzalo Trigoso, muy vinculado al Bloque, emitió una declaración proponiendo un horizonte sólo nacionalista y de "supresión del neoliberalismo" al sindicato. Trigoso ha desarrollado la teoría (de origen lorista), ahora como balance de los acontecimientos de febrero, de que, para la victoria revolucionaria, "no basta que la tropa se rebele… se ha visto la necesidad de que jefes y oficiales deben estar junto de su tropa… (Debemos) incorporar a nuestra doctrina de liberación los resultados y conocimientos obtenidos" (40): en síntesis, una "revolución antineoliberal" (no anticapitalista y antiimperialista) con participación (dirección) de la oficialidad militar y policial, una vuelta al ciclo militar nacionalista, agotado por la historia y por la impotencia política de la burguesía nacional o de su substituto castrense (41).


 


En ese período, con gran combatividad, la OT se vinculó a sectores clasistas del movimiento obrero, y participó de luchas muy importantes: la organización de la Intersindical Nacional de la Cerveza (con la formulación de un pliego único nacional en defiensa de los derechos laborales, la estabilidad en el empleo, el reajuste salarial), la lucha por una posición clasista en la Federación de Fabriles de La Paz (se organizó una lista clasista en La Paz, contra la lista centroizquierdista que domina la Federación: la lista centroizquierdista venció con poco más de 3000 votos, contra 1200 de la impulsada por la OT), la lucha por la recuperación de los agentes de la Rectoría-Gobierno, de la Carrera de Comunicación Social de la Umsa, por la elección democrática de sus autoridades (lucha coronada por una gran victoria), la lucha por la universidad pública en El Alto, presentando listas en la elección de la federación estudiantil local.


 


El camino abierto por la insurreción popular de febrero, contra el "impuestazo", lejos de cerrarse, se había profundizado. El viernes 19 de setiembre fue un día de gran movilización, que fue reflejo, a su vez, del profundo debilitamiento y aislamiento del gobierno, el cual trató de evitar, por todos los medios, de llegar al enfrentamiento. Su centro fue la lucha de los pobladores de Warisata, donde los campesinos defendieron el bloqueo de caminos contra la política hambreadora y proimperialista del gobierno MNR-NFR-MIR-UCS, en especial la entrega del gas boliviano a los EE.UU. El bloqueo fue objeto de una provocación asesina por parte de las Fuerzas Armadas. El sábado 20, un operativo policial-militar, en Warisata, ordenado por la embajada norteamericana, se saldó con la muerte de dos uniformados y al menos cinco civiles, demostrando que en el momento actual, de profundo agotamiento de las ficciones democráticas (justicia, "estado de derecho"), el único sostén real del gobierno se reduce al ejército. Estaba cada vez es más claro que el poder real ya no lo ejercía Sánchez de Lozada ni ningún payaso de turno, el poder real que sostenía todavía al gringo asesino, se iba centrando en la cúpula castrense, cuyo margen de maniobra era también limitado (si se diera la exportación del gas por Chile, el ejército perdería una gran parte de su razón de ser ante los ojos de los trabajadores); en todo caso, una respuesta militar precisaba de una careta civil, aún no claramente perfilada. El día 22, en un intento de mostrar la fortaleza política que ya no tenía, el gobierno decidió convocar al patético show de la firma del Reencuentro Nacional: el gobierno estaba casi acorralado. La crisis de dirección se evidenciaba en la participación, en dicho Reencuentro, de la corriente que fuera depositaria de la esperanza popular en el cambio, el MAS de Evo Morales. Como ya lo dijéramos, el Reencuentro fue sólo una maniobra de corto alcance, impulsada por la Iglesia, para dar un oxígeno suplementario al gobierno asesino del Goni, ya odiado por toda la población trabajadora. El resultado del Reencuentro no fue la imposición (parcial) de algunas reivindicaciones populares, sino la masacre de trabajadores en Warisata.


 


Lo sucedido en Warisata fue el primer episodio de una insurrección de vastas proporciones, en un momento que resumía las contradicciones acumuladas por la sociedad boliviana a lo largo de su historia, de extrema debilidad de las expresiones políticas de la izquierda y más aun de la derecha. El uso de las fuerzas armadas, como recurso de disuasión y de orden era también limitado; cualquier enfrentamiento que sucediese iría desgastando la capacidad de respuesta del "ejército boliviano".La crisis económica, golpeando fuertemente a la clase media, determinó que el gobierno perdiese definitivamente cualquier apoyo social. Una expresión de la completa descomposición gubernamental fue el surgimiento, en sectores de la clase media, del reclamo de uso de métodos de guerra civil contra los trabajadores en lucha, apelando a una pseudo-ideologia racista y fascista (cuya irrupción hizo evidente en Santa Cruz de la a Sierra y en Tarija). En este escenario, el problema de la entrega del gas a las transnacionales, de bandera de lucha antiimperialista, podía transformarse en una ofensiva contra todo el régimen político. Esto no haría sino acentuar la lucha de clases, ya en un sentido político, profundizando el cuestionamiento no sólo a la política económica sino al régimen en su totalidad. El gobierno no había dudado, una vez más, en mancharse de sangre. Los pobladores de Warisata mostraban el camino a seguir, la movilización, la organización y la lucha.


 


Se estaban dando procesos de unificación de las direcciones de los sectores en lucha, bajo la dirección de la COB. Un proceso que debía centralmente no ser de cúpulas sino tener el aval de las bases, solo así se podría recuperar una COB o una dirección revolucionaria para afrontar al imperialismo y sus cipayos nacionales. En la universidad este proceso comenzó, las camarillas entraron en una "crisis institucional", que ha impidió que un sector corrupto (Diego Salazar) asaltase la FUL (Federación Universitaria Local de La Paz), sector que sería barrido por la lucha estudiantil. Por iniciativa de la OT (Organización Trotskista) se constituyó la UNE, Unidad Estudiantil (con la participación de JCB, Revolución Universitaria, Bases y Resistencia) que ya se presentaba como alternativa de dirección para la juventud estudiantil. La UNE publicó un panfleto de vasta divulgación en centros de estudio y ciudades. Bolivia está en pie de lucha. La sede del gobierno había sido cercada varias veces en las últimas semanas por obreros y campesinos. Urgía unificar las luchas en una huelga política de masas, y dotarla de una dirección política, revolucionaria.


 


En octubre, el conflicto y el paro se generalizaron, provocando la caída del gobierno. Con la caída de Sánchez de Lozada, sostenido hasta el último momento por el imperialismo norteamericano, la OEA y los gobiernos democratizantes y de centroizquierda de América del Sur, concluyó el primer asalto de la revolución boliviana, con una incuestionable victoria popular. Todas las salidas que buscaban mantener el gobierno de Goni, inclusive obligándolo a concesiones extremas (convocatoria de una Constituyente, derogación de la Ley de Hidrocarburos y convocatoria de un referendum sobre la venta del gas, etc., que el propio Sánchez de Lozada llegó a admitir para salvar la piel) fueron hechas añicos en las calles, caminos y campos, por los fabriles, mineros, campesinos y estudiantes en lucha, que exigieron la caída del gringo asesino como condición primera e insoslayable. Goni tuvo que abandonar su sueño anunciado de sobrevivir en la presidencia decretando el Estado de Sitio (que lo hubiera mandado, en otro "estado", a otro "sitio", a seis palmos bajo tierra), calificado de delirante por los políticos bolivianos y la embajada yanqui. Las organizaciones que comandaron la movilización, y sus líderes, habían anunciado que si Lozada no renunciaba, el pueblo boliviano se volcaría sobre la Plaza San Francisco para apresar al Presidente. La victoria se cobró un duro precio: más de 80 muertos y desaparecidos, centenas de heridos, prisioneros. Pero los sacrificios no fueron en vano, los caídos no serán olvidados, y su memoria será la garantia contra las inevitables (y ya anunciadas) traiciones que acechan a la revolución boliviana en sus próximos pasos.


 


La improvisada (y desesperada) salida provisoria, con la constitución de un gobierno encabezado por el vicepresidente Carlos Mesa, consagrado en el Congreso Nacional, con la presencia de los enviados de Argentina y Brasil, fue armada con la directa participación de la embajada de los EE.UU., que la había rechazado inicialmente para sostener a rajatablas a Goni. Es decir, fue armada por los instigadores y alimentadores de las masacres populares de las semanas previas. El gobierno del "intelectual"-presidente nació, por lo tanto, con sus ropas y la banda presidencial manchadas de sangre, y eso el pueblo boliviano lo sabe con certeza. La huelga general de la COB continuó, planteando el fin definitivo de la entrega del gas a los EE.UU. Los campesinos del Altiplano mantuvieron el bloqueo de caminos, hasta la satisfacción de sus reivindicaciones (contenidas en un pliego de 72 puntos acordados durante el gobierno del general Bánzer) y la liberación de todos los presos.


 


Carlos Mesa se proclamó "jefe de un gobierno de transición", y solicitó al Congreso que evaluara la posibilidad de convocar a elecciones generales ("Quiero proponer formalmente al Congreso Nacional la consideración de un tiempo de transición histórica que nos permita convocar elecciones transparentes, creíbles y efectivas para consagrar un nuevo presidente", o sea, que Mesa sabe que no es "efectivo y creíble"), durante su discurso en el Legislativo. Propuso abrir un proceso que permitiese a los bolivianos "dar respuesta a los desafios" (¡como si ya no lo hubieran hecho, al precio de sus vidas!), con un referéndum vinculador sobre la política de gas y la convocatoria de una Asamblea Constituyente que reforme la Carta Magna. Esas propuestas requererían la reforma de la Constitución. Mesa se declaró "presidente de un gobierno de transición histórica ", abriendo el paraguas para no ser volteado de inmediato. Dijo también que era preciso "entender el país a partir de etnias" como los quechuas, los aymaras y los guaraníes, "que construyeron con su sangre una historia de desigualdad que estamos obligados a reparar".


 


Evo Morales, a su vez, pidió "tiempo para el nuevo presidente". El líder del Movimiento Al Socialismo (MAS) pidió tiempo para que Carlos Mesa pudiese organizar su trabajo y su gabinete: "Pienso que es importante darle un tiempo, un respiro a Carlos Mesa. Que se organice, que organice su gabinete y sus representantes", declaró. Y también dijo: "Carlos Mesa expresó el pensamiento del pueblo boliviano", con la convocatoria de elecciones anticipadas. En respuesta, Carlos Mesa pidió "paciencia" a los "sectores sociales". De acuerdo con la Constitución boliviana, Mesa debería gobernar hasta 2007, pero los EE.UU., la burguesía boliviana y sus partidos (inclusive la "izquierda"), y hasta el propio Mesa, saben que eso es imposible, que cualquier intento en ese sentido provocaría una revolución social, por eso precisan reformar la Constitución para poner una barrera "democrática" inmediata a la revolución, "democracia" que tendrá el apoyo de los fascistas, empezando por el carnicero Bush y su vampira-asesora, Condoleeza Rice, que ahora hipócritamente reconocen al que rompió con el Goni, después de haber declarado que sólo el Goni representaba a la democracia "legítima" en Bolivia.


 


Frente a estos planes infames, como en la revolución rusa de febrero de 1917, comenzó a levantarse un doble poder, con el poder organizado por los obreros, campesinos y juventud en lucha. En El Alto, la ciudadela obrera de un millón de habitantes, vecina a La Paz, en los últimos días se ha organizado el poder obrero con las asambleas barriales y juntas vecinales, hay 562 de ellas con un comité coordinador. Hay ollas populares en cada manzana y barrio. Asambleas y juntas tienen poder para autorizar manifestaciones, marchas y otras demostr aciones. Todas las comisarías de policía de El Alto han sido destruídas, ningún policia que no sostenga la revolución es admitido en la ciudad. El gobierno obrero ya existe en El Alto, y si desde El Alto nació la rebelión que se extendió al país todo en la últimas semanas, desde El Alto deberá nacer ahora el gobierno obrero y campesino que deberá extenderse a escala nacional, posibilitando la victoria definitiva de la revolución. Pero la organización de un poder obrero y campesino a escala nacional exige una dirección política. El desarrollo revolucionario actual no es un acaso de la historia inmediata, como gustan plantear politólogos, sociólogos e historiadores burgueses, sino el resultado necesario de las contradicciones históricas y políticas de la nación boliviana, a lo largo de toda su trayectoria. Las condiciones coloniales llevaron a las insurrecciones indígenas del siglo XVIII, encabezadas por Tupac Amaru y los Kataris; el saqueo social impulsó las guerrillas bolivianas, cuando el Alto Perú era el primer productor de plata del mundo; la derrota de la insurreción, entonces, llevó a la frustración de la revolución agraria en toda América del Sur, tornando al latifundio la base económica de las naciones que conquistaron su independencia política del yugo español, en el siglo XIX. Los conflictos mezquinos de las oligarquias sudamericanas se resolvieron, en la guerra del Pacífico (1879-1883), con la amputación del territorio boliviano, que perdió su salida al mar.


 


En 1899, las mismas oligarquías apoyaron a la "rosca" boliviana para derrotar la insurrección de los Willkas, llevando a la oligarquía boliviana a proclamar el fin de la "raza indígena". Ya en el siglo XX, la Bolivia de la rosca continuó perdiendo riquezas y territorio, en la guerra del Chaco (década de 1930), a manos del Paraguay; el Acre y parte de la actual Rondonia para el Brasil. Después, el control del estaño llevó a la revolución de 1952 y, con el petróleo, a la de 1971 (Asamblea Popular); el gas ahora a la revolución en marcha en la actualidad. En Bolivia, la explotación capitalista en beneficio privado, para el mercado mundial dominado por el capital financiero, se ha hecho incompatible con la existencia nacional. El consorcio Pacific LNG, que organizó el megaproyecto de exportación del gas boliviano (con un valor estimado de unos 7 mil millones de dólares) está compuesto por Bechtel, Amoco, British Petroleum y Repsol-YPF, empresas estadounidenses, británicas y españolas, o sea, de las mismas potencias imperialistas que invadieron a Irak. El gas boliviano estaba destinado a resolver la crisis eléctrica en California, cuyo nuevo gobernador, Arnold Schwarzenegger, es un conocido agente del cártel energético.


 


Pero también hay un proceso de crisis y disolución del capitalismo, lo cual explica por qué sectores y las clases sociales que votaron por Sanchez de Lozada participaron en la insurrección. Bolivia es parte del capitalismo mundial, y de su crisis. Como escribió Jorge Altamira, en Prensa Obrera (42), la insurrección boliviana tiene una enorme densidad histórica, porque los bolivianos saben que el saqueo del gas significa una nueva lápida a su posibilidad de existencia nacional. La actual Ley de Hidrocarburos (Ley 1689), aprobada el 30 de abril de 1996, dispone que el "derecho de explorar y explotar los campos de hidrocarburos y de comercializar sus productos" se ejerce por YPFB pero bajo la condición de celebrar "necesariamente contratos de riesgo compartido"; de manera más clara todavía, afirma que "quienes celebren contratos (…) adquieren los derechos de prospectar, explotar, extraer, transportar y comercializar la producción obtenida"; finalmente, determina que el Estado no podrá negarse a la cesión de los derechos y obligaciones de un contrato, de un socio cesante a otro nuevo, siempre y cuando "la nueva empresa tenga la capacidad técnica y financiera que le permita cumplir con las obligaciones establecidas en el contrato". Es decir, que la forma real que adquiere el derecho propietario – su uso, disfrute o usufructo mediante su explotación y posterior venta – es atribución privativa de las empresas transnacionales y no del Estado. Así, la propiedad de los hidrocarburos, reconocida constitucionalmente al Estado, no pasa de ser una declaración lírica, pues el Estado no es soberano – como lo sería el propietario de cualquier bien – en las decisiones relativas a su usufructo. No es el gas, entonces, lo único que está en juego sino la reestructuración de la historia boliviana sobre nuevas bases sociales e históricas.


 


Todo lo dicho no significa que la insurrección boliviana se limite a ser una "revancha indígena" o, como dijo el embajador brasileño en Bolivia, Antonino Mena Barreto, "el acceso al escenario político del inmenso sector indígena, que siempre estuvo marginalizado, desde el período colonial", o sea, una especie de castigo histórico por los excesos cometidos por los colonizadores hispánicos hace tres o cuatro siglos atrás. En la misma tecla apoya Alvaro García Linera, intelectual ex guerrillero (ahora promovido a la condición de intérprete oficial, y potencial ministro, de un futuro gobierno "étnico"), para quien estaríamos viviendo "la rebelión de la nación aymara". La rebelión de febrero y la insurreción de octubre serían "un eslabón mas de un nuevo ciclo de rebelión indígena que desde hace tres años atrás viene reapropiándose de territorios aymara, expulsando funcionarios estatales y reconstruyendo un tipo de poder político comunal basado en los ayllus y sindicatos… la reactivación de la memoria de una especie de parentesco ampliado entre aymaras de todas partes que, sin haberse conocido, se sienten partícipes de una misma historia, de un mismo sufrimiento y un mismo destino". Lo más interesante, para García Linera, sería que "lo nuevo hoy quizá este por el lado de la subordinación de ciertas instituciones estatales y de sus recursos (municipios y diputados parlamentarios) a la lógica de la acción colectiva comunal". Con el indigenismo concluye, entonces, el Estado semicolonial, el actual régimen po lítico, podría ser subordinado a la "rebelión aymara", a condición, claro, de que la titularidad del poder político (y sus prebendas) pasen a manos de García Linera y congéneres. Se trata, a partir de la desvirtuación del carácter clasista, antiimperialista y anticapitalista de la revolución boliviana, de un monumental oportunismo político.


 


Históricamente, lo del "parentesco ampliado" y la "rebelión aymara" es una limitación unidimensional de la revolución en curso. Los atropellos cometidos a lo largo de cinco siglos contra aymaras, quechuas y guaraníes, inclusive contra sus culturas, se plantean, hoy como en el pasado, en términos de lucha de clases. La reconstrucción y el desarrollo de las identidades culturales autóctonas pasan (¡como en la época colonial!) por la aniquilación de la explotación colonial-imperialista, que sólo el proletariado y los campesinos, de todos los orígenes étnicos, pueden realizar. Los problemas nacionales urgentes de Bolivia (la salida al mar, en primer lugar) sólo tienen respuesta satisfactoria en el marco de la lucha unida de América Latina contra el imperialismo, esto es, en el marco de los Estados Unidos Socialistas de América Latina. El planteo de García Linera ("rebelión", y no revolución, aymara) es también una injusticia, en primer lugar, con los quechuas, que son 30% de la población, y también estuvieron y están en la lucha (no sólo como quechuas, sino principalmente como trabajadores).


 


Bajo el manto de la ideología "indigenista" y a-clasista, que sólo los trotskistas hemos combatido frontal y radicalmente, se prepara la integración de la izquierda democratizante "étnica" (MAS y MIP en primer lugar) a las responsabilidades políticas del Estado, que el propio imperialismo entiende como la única línea posible de contención de la revolución. El MAS, como denunciado por los dirigentes de la COB, las CODs y las juntas vecinales, retardó la incorporación de los campesinos del trópico cochabambino, vanguardia de las luchas del 2000, a la insurrección nacional iniciada en setiembre. Ya con la represión asesina en funcionamiento (masacre de Warisata), el MAS, como ya se dijo, se siguió prestando a la fantochada del "Reencuentro Nacional", impulsado por la Iglesia después de las luchas de febrero, para salvar al agonizante gobierno del Goni. Empujado a las filas de la insurrección popular, el MAS demoró hasta el último momento la exigencia del fin del gobierno asesino y, cuando lo hizo, lo planteó en términos de "renuncia", o sea de transición "institucional", y no de caída revolucionaria, por lo que puede ser calificado de correa de transmisión de la política contrarrevolucionaria en el campo revolucionario. En los últimos años, en especial desde las elecciones del 2002, el MAS de Morales y Escobar se ilusionó y espejó en el PT del Brasil, pretendiendo repetir su trayectoria de conquista gradual de municipios y bancadas parlamentarias, hasta llegar a la presidencia. Ni sabe que el PT conquistó primero la dirección de casi todas las organizaciones de masas (algo que el MAS está muy lejos de haber conseguido en el pasado, y más lejos ahora), y que se benefició de la ausencia de cualquier situación revolucionaria en el Brasil (aunque hubiera luchas parciales de gran envergadura) en las últimas tres décadas, sin necesidad por lo tanto de sacarse la máscara (lo que está haciendo ahora, con gran ímpetu, en el gobierno). Lamentablemente, para el MAS, las condiciones bolivianas son completamente diferentes: lo del MAS es un caso político de eyaculación precoz.


 


El MIP de Felipe Quispe Huanca, el Mallcu, más allá del bloqueo contundente en la zona del lago Titicaca planteó, como dijo un trotskista boliviano (Antonio Pavón), "un hermetismo sin posibilidades de reforzar el movi miento de caída del gobierno", y terminaría alineándose en las salidas de corte constitucional. Mientras los dirigentes más avanzados de la lucha de setiembre-octubre plantearon la negativa a las negociaciones sectoriales (o sea, que la caída del Goni era prioridad número 1 para todos), el MIP ahora plantea la continuidad de la lucha a partir de las demandas sectoriales de los campesinos de las tierras altas, o sea la división de la lucha, sin plantear un enfrentamiento de conjunto al régimen maquillado del imperialismo, encabezado por Mesa. Como salida general plantea la vuelta al Kollasuyu, cuyo contenido es mantenido en debido "hermético" secreto por los oráculos del MIP, y que en la práctica seguramente se revelará como un vulgar planteo democratizante del Estado colonial, con correría a las "pegas" gubernamental-administrativas incluída.


 


La ausencia de dirección revolucionaria a la altura de la revolución en curso se refuerza por la completa degeneración del POR, que continúa planteando, de modo impertérrito y sin variantes políticas, la "insurrección y dictadura proletarias", pero que, frente a la insurrección de carne y hueso, se reveló como cadáver político insepulto, con planteos delirantes y ausentes de la lucha, evidenciados en su claudicación a la huelga general en la dirección del magisterio paceño, apenas unos días antes de la masacre ejecutada por el gobierno, y por su inexistencia política, incapaz de una consigna y una política para orientar la lucha. Los trotskistas de la OT revelaron ser la única base posible para la construcción de un partido revolucionario, al plantear, en su periódico Trinchera, publicado en octubre en plena insurrección, distribuido en medio de las barricadas, que "desde los barrios se está construyendo una democracia directa, popular; en la ciudad de El Alto los cabildos y asambleas son las formas que va asumiendo un poder dual en germen, las direcciones de las movilizaciones no se apoyan en este hecho (…) No podemos quedarnos en el mero constitucionalismo, y optar por una salida chavista. Frente a la salida de Goni los trabajadores debemos tener una perspectiva propia, una Asamblea Constituyente libre y soberana. No convocada por ningún parlamento, sino sobre sus escombros. Con la disolución del ejército represor" (43). O sea, la comprensión de la dinámica revolucionaria abierta y, al mismo tiempo, la necesidad de una política que supere (sin ignorar, o suprimir de modo puramente teórico) el estadio democrático de la revolución, a través de la construcción de una dirección revolucionaria.


 


La fase actual de la revolución se originó el 19 de septiembre, cuando 150 mil personas manifestaron en La Paz y en las principales ciudades en rechazo de la entrega del gas al monopolio encabezado por los imperialistas ingleses y españoles. Jaime Solares, principal dirigente de la COB, le dio un mes de plazo al gobierno para anular los decretos de entrega y amenazó con una huelga general en un futuro indeterminado. Desde antes, los campesinos de la región de Warisata, organizados en la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos (CSUTCB) encabezada por Felipe Quispe, cortaban las rutas de la región por reclamos sectoriales, la liberación de campesinos presos y también, contra la entrega del gas. Se trataba de un corte parcial y limitado, y se habían entablado negociaciones entre el gobierno y los dirigentes campesinos. La política de Goni apuntó a la división del movimiento mediante la oferta de negociaciones por separado. El 20 de septiembre, mientras algunos ministros negociaban con la CSUTCB, el gobierno (a instancias de la embajada norteamericana) ordenó el desalojo por parte del Ejército del bloqueo de Warisata: el resultado fue la masacre de seis campesinos (entre ellos una niña). Aunque la dirección de la CSUTCB continuó negociando con el gobierno hasta el 27 de septiembre (una semana después de la masacre de Warisata), ya no había negociación posible. La masacre desató una rebelión general de los campesinos, que salieron masivamente a cortar rutas y bloquear caminos en toda la zona del Altiplano.


 


Bajo la presión de las bases movilizadas, la dirección de la CSUTCB se vio forzada a abandonar las negociaciones con el gobierno y a decretar el bloqueo general de rutas y caminos hacia La Paz; también la COB se vio obligada a llamar a la huelga general y a apoyar el bloqueo general de caminos. Al reclamo de la anulación de la entrega del gas se sumaba ya el de la renuncia del presidente Sánchez de Lozada. En esta fase de la lucha no participó el MAS, el propio Morales se encontraba en el exterior (de donde regresó recién el 6 de octubre). El MAS no se sumó a la huelga general, a la que consideró "prematura" y hasta "precipitada", ni a los bloqueos de caminos. La negativa de los cocaleros del Chapare y las federaciones campesinas controladas por el MAS para ingresar a las movilizaciones convirtió a éste en un aliado del gobierno, siendo muy duramente criticado por los activistas obreros y campesinos en lucha. El paro de actividades y los combates se trasladaron rápidamente de la ciudad de El Alto a La Paz, Oruro, Cochabamba, el Chapare, Sucre, Potosí. Los bloqueos de caminos se generalizaron y el aparato productivo fue casi totalmente bloqueado. La huelga se transformó en insurrección


 


En esas condiciones, la ausencia de una dirección revolucionaria es un producto del desarrollo político del movimiento obrero y campesino, de sus limitaciones políticas actuales. Las direcciones que se presentaron, en medio de la lucha, como instancias superadoras de la izquierda democratizante, como la COB de Jaime Solares y la COD del El Alto, comenzaron, después, a girar lentamente a la derecha, eliminando la posibilidad de realizar ampliados con la participación de delegados de las juntas vecinales y organizaciones sociales y políticas que estaban en la lucha, arguyendo situaciones de seguridad frente a posibles detenciones. Se ignoró la necesidad de una línea política con participación de las bases luchadoras y con derecho a voz de las organizaciones políticas que estaban en la pelea, lo cual hubiera permitido consolidar e impulsar el desarrollo revolucionario; de establecer mecanismos de ollas comunes para solventar las condiciones de mantenimiento de los vecinos y del conjunto del movimiento, concreción de redes de solidaridad intersectorial entre vecinos y gremiales para la provisión de alimentos y otros insumos, que permitíesen una fase de resistencia complementada por una ofensiva centralizada por un comando político.


 


En distintas intervenciones, según la prensa boliviana, "los maestros urbanos y rurales, los campesinos, los constructores, los trabajadores de la salud, los mineros, los fabriles, los carniceros, los gremiales, las Centrales Obreras departamentales, los universitarios, los periodistas y otros sectores sociales, identificaron que la dispersión del conflicto es producto de la falta de una estrategia revolucionaria de poder con dirección única, coherente y nacional". Pero incluso entre quienes estuvieron de acuerdo en criticar el electorerismo de Quispe y Evo Morales, no fue posible establecer una política común sobre un planteo de poder frente a la crisis actual. Los acuerdos que se alcanzaron hablaban de fortalecer la huelga y los bloqueos, pero no lograron establecer el objetivo estratégico de la lucha. Solares de la COB y De la Cruz de la COD del El Alto terminado cediendo ante salidas de corte constitucional del régimen. El primero fuese terminaron planteando que ante la renuncia del presidente sea la Corte Suprema de Justicia la que se hiciese cargo del poder transicional, es decir nada menos que uno de los pilares fundamentales del régimen podrido y asesino; por su parte el segundo planteó que fuese el vicepresidente el que quedaren al mando del país, sin comprender que Mesa expresa sólo la imposibilidad de resolver los problemas que han desencadenado el conflicto.


 


El gobierno de Mesa es apenas el taparrabos del dominio del imperialismo yanqui y su Embajada, que con él prepara la transición hacia un gobierno centroizquierdista "étnico", apelando, como en Brasil, al Plan "B", frente a la descomposición política de la burguesía nativa. Por tras de esas maniobras, se perfila un ataque mortal, que haría parecer al Plan Colombia un ejercicio de rutina. Como denunció Pulso, existe "una especie de comando militar estadounidense que ha tomado el mando de las "Fuerzas Armadas de la Nación". La Embajada de Estados Unidos en Bolivia no sólo ha articulado el "apoyo internacional" al presidente ficticio [se refiere al derrocado Goni], no sólo ha convocado a los medios de comunicación "en nombre de la democracia", sino que "aporta", además, con cuatro hombres que operan en el país, tres en el Estado Mayor del Ejército, en el Gran Cuartel de Miraflores, y uno en la propia embajada de la avenida Arce…. Uno de los tres hombres que opera en el Cuartel de Miraflores es una suerte de coordinador político-militar; se ocupa de concentrar y procesar la información con destino al ejército boliviano y, fundamentalmente, a la Embajada de Estados Unidos. El segundo de esos militares ejerce la coordinación general de las tres fuerzas militares bolivianas; de él ha surgido la idea, por ejemplo, de movilizar "soldados cambas [sureños] a El Alto". El tercero de esos hombres se ocupa de eso que, en términos militares, se llama logística, abastecimiento de municiones y alimentación de las tropas bolivianas que están bajo su mando (el aprovisionamiento estadounidense llega en aviones Hércules, desde Miami). El cuarto de esos hombres opera en la embajada de la avenida Arce, es el Agregado de Defensa de Estados Unidos, el que se relaciona directamente con el Ministro de Defensa de Bolivia, Carlos Sánchez Berzaín, el comodín perfecto, el nexo entre la Embajada y la residencia presidencial, donde vive y "manda" el presidente ficticio. A partir de esta verdadera ocupación del poder que sostiene [al gobierno], las Fuerzas Armadas, es que se explican las crecientes versiones de un "cabreo" militar en marcha, un cabreo de uniformados que todavía lucen la banderita boliviana en algún lugar de su uniforme. Ese es el ámbito del poder real". Basado en la tradición de lucha boliviana, se plantea formar comités y grupos de defensa obrera que apunten hacia la formación de milicias obreras y campesinas. Partiendo de un núcleo proletario, abarcarían a los campesinos y también al creciente número de soldados que quieren "dar vuelta a la gorra" y sumarse a los trabajadores en plena rebelión.


 


Todo el poder militar "geopolítico" de los EE.UU. en América Latina nada sería, entretanto, sin las maniobras políticas, en el centro de las cuales se encuentra actualmente el centroizquierda de América del Sur, sin cuyo concurso no habrían conseguido capear la actual fase de la revolución. Diputados bolivianos manifestaron que Lula era el único político regional capaz de mediar una negociación, y la Folha de S. Paulo (44), pescó al canciller de Goni, Carlos Saavedra, telefoneando a su embajador en Brasil para decirle: "Insista con Brasil, inisista con Lula, para hablar con Evo Morales"; el gobierno asesino se aferraba a Lula y al MAS para salvar la vida (literalmente). Hormando Vaca Diez, presidente del Congreso boliviano, agradeció la "intermediación vital" de Brasil y Argentina. Hasta poco antes de la caída de Goni, sin embargo, Itamaraty apoyaba al asesino ("El gobierno brasileño exhorta enfáticamente a que se establezcan canales de diálogo entre el gobierno constitucional del Presidente Sánchez de Lozada y las fuerzas de oposición, a fin de encontrar soluciones pacíficas para la crisis", decía una nota oficial.) (45), y cambió de caballo en medio del río, para evitar una insurrección victoriosa y transformarse en el artífice número uno de la "transición institucional", así como lo hizo también el gobierno argentino. El enviado de éste, sin embargo, subsecretario de política latinoamericana de Kirchner, Eduardo Sguiglia, parece haber sido, apenas, el monigote porteño de maniobras en cuyo centro estuvo otro personaje, ya artífice de maniobras semejantes en la reciente crisis venezolana.


 


La Condoleeza Rice de Lula tiene menos pelos en la cabeza, y más en la quijada, tiene otro sexo, y no tiene ningún PhD en Harvard (ni siquiera un modesto MBA en alguna universidad brasileña), sino la condición de profesor crónicamente comisionado/licenciado del Departamento de Historia de la Unicamp (bajo el actual gobierno, por vez primera, sin goce de sueldo). Gracias a su pasado militante, Marco Aurelio García se ha especializado en argumentar contra el "radicalismo de izquierda" latinoamericano (que alguna vez lo contó en sus filas), siendo unánimemente aclamado en la función por el establishment de todos los colores políticos, por su "originalidad". Su poder mediador, sin embargo, no se basa en la calidad intrínseca de sus argumentos políticos (igual a cero), sino en la ilusión que, en la pobreza latinoamericana, despierta el supuestamente robusto PIB brasileño (comprometido en más de un 50% por la deuda pública, en especial externa), ilusión a la que la redonda humanidad de García parece ilustrar y otorgar alguna credibilidad.


 


Los explotados conscientes saben que uno de los factores que llevaron a la radicalización de la entrega del gas a los EE.UU. por el Goni, fue la presión de Petrobras de Lula y García por la revisión a la baja (en precio y volu men adquirido) del contrato de compra de gas boliviano por el Brasil, lo que fue calificado de "guachada" por un experto en hidrocarburos brasileño ("en enero, la Petrobrás mantuvo la suspensión de pagos de 100 millones de dólares, para presionar a los bolivianos a reducir el precio, poniéndose en default") (46), pese a que Brasil posee un crónico problema energético. Al servicio de esa presión mezquina, que revive las infamias de las oligarquías regionales contra Bolivia, estuvo el alardeado descubrimiento de nuevas reservas gasíferas por el Brasil, en la cuenca de Santos. En setiembre, la garrafa de gas boliviano le explotó a Lula en las manos, por eso, como jefe del cuerpo de bomberos de América Latina, mandó a su bombero favorito al Altiplano, pero con manguera corta: García volverá de su aventura con las manos chamuscadas, y no hay bomberos de recambio en Brasilia (ni en el resto del vasto territorio brasileño). Los plazos de una nueva explosión, por lo tanto, son cortos.


 


En los días siguientes a la caída de Goni, el desarrollo revolucionario se ha profundizado. Valga como ejemplo la asamblea general realizada en el pabellon A de la Umsa, con una asistencia de 700 estudiantes de seis facultades, el 22 de octubre, en la que se estructuró un "comité de transición" de la universidad; de los cinco compañeros que fueron elegidos cuatro son del frente UNE, construido por la OT con otras organizaciones. Las resoluciones de la asamblea general de la Umsa afirman (47):


 


1. Ratificar las resoluciones de la asamblea docente-estudiantil de la Umsa, realizada en fecha 17 de octubre, y convocada por el Honorable Consejo Universitario.


2. Elegir un comité estudiantil transitorio, que asuma la representación y organización del movimiento universitario.


3. Realizar asambleas facultativas y de carrera para materializar las resoluciones de la asamblea general y elegir dos representantes para el comité transitorio. Dichas asambleas deben ser convocadas por las respectivas direcciones estudiantiles o los estudiantes de base.


4. Declarar a la Umsa en estado de emergencia y movilización.


5. Veto al MNR, MIR Y NFR.


6. Expulsar al Dr. Gonzalo Taboada de la Umsa y del CEUB.


7. Veto a los Univ. Diego Salazar, Univ. Jhon Tejeda, Univ. Mónica Ocampo por ser militantes públicamente declarados del MIR, MNR y haber utilizado las direcciones estudiantiles al servicio de los partidos políticos mencionados.


8. Vetar al Dr. Ramiro Barrenechea (Decano de la Fac. Derecho), al Dr. Manuel Rada (Dir. Carrera de Derecho), al Dr. Julio Ballivián (Dir. de la Carrera de Cs. Políticas) y Dr. Jorge Fernández (Vice-Decano de la Fac. de Derecho), por estar vinculados al MNR e impulsar la política gubernamental de privatización en la universidad.


9. Auditoria económica, proceso a los integrantes de la FUL saliente y congelamiento de cuentas.


10. Exigir seguridad y garantías para los estudiantes de la Umsa por existir riesgos de maltrato físico de pandillas contratadas por el mirista Diego Salazar.


11. Convocar a una asamblea general estudiantil el miércoles 29 de octubre, a horas 12:00 en el pabellón "A" (Monoblock Central).


12. Periodicidad de cátedra para combatir la prepotencia y mediocridad docente.


13. Anulación inmediata de los llamados "Aportes Voluntarios", "Académicos", o "Institucionales".


14. Lucha intransigente por la defensa de la Educación Superior Estatal, Fiscal, Unica, Gratuita, Autónoma, Científica.


15. Impulsar el movimiento estudiantil hacia la revolución universitaria.


16. Exigir que las cesiones del consejo universitario sean públicas y televisadas por Canal 13.


17. Exigir al Honorable Consejo Universitario que ratifique el traspaso de la Administración de Canal 13 a la carrera de Comunicación Social.


18. Desconocimiento al Centro Facultativo de Humanidades, por fraude electoral y apuntalar a la ex-FUL mirista.


19. Desconocimiento al Centro Facultativo de Ciencias Económicas por complicidad de la ex FUL mirista.


20. Presentación de la organización de Auxiliares de Docencia por ser centro de operaciones de pandillas que maltratan físicamente a estudiantes.


21. Elegir en asamblea a los miembros de las comisiones de procesos de la Umsa.


22. Apoyo a la movilización realizada por los estudiantes de agronomía para destituir a una docente prepotente.


23. Seminarios, Debates y Elaboración de proyectos sobre la venta e industrialización del gas.


24. Elecciones inmediatas y transparentes al rectorado.


25. Desconocimiento a los candidatos oficialistas (Irazoque-Cajias, Sánchez) en las elecciones al rectorado.


26. Movilización al Consejo Universitario de fecha 22 de octubre, para ser respetar nuestras resoluciones.


27. Los estudiantes declaramos: que el gobierno de Carlos D. Mesa no es del Pueblo, representa los intereses empresariales de las transnacionales Norteamericanas al igual que Gonzalo Sanchez de Lozada.


En consecuencia, la revolución bolivana tiene, tanto por su alcance histórico como por sus objetivos económicos inmediatos, una dimensión continental (y más allá, mundial). La responsabilidad de la solidaridad militante con los obreros y campesinos del país más revolucionario del mundo, y de la construcción en el mismo de una dirección revolucionaria, no son tareas nacionales, ni siquiera continentales, sino internacionales, en sentido estricto. La reconstrucción del internacionalismo proletario, la refundación de la IV Internacional, ganan nuevo aliento con la capacidad fuera de lo común del proletariado altiplánico, uno de los más castigados, en todos los sentidos, del planeta, para reconstituir una y otra vez una actividad militante, que lo sitúa en la vanguardia internacional. En este 2003, los explotados de América del Sur estaban dominados políticamente, y crecientemente desmoralizados, por el desvío democrático impuesto al "Argentinazo", y por la desilusión provocada por el derechismo casi increíble del gobierno de Lula en Brasil, otrora esperanza de América Latina. Los explotados bolivianos, con su acción heroica, han quebrado irreversiblemente el equilibrio imperialista-centroizquierdista del subcontinente: la primavera de los pueblos latinoamericanos (re)comienza en Bolivia.


 


26 de octubre de 2003


 


 


 


 


Notas:


1. Hasta hace poco hegemonizada por Raúl Garáfulic, una especie de "Roberto Marinho" (el recientemente finado dueño de las Organizaciones Globo en Brasil) de Bolivia, un fascista ex-paramilitar de la dictadura de Banzer, que hizo su fortuna a golpes de robos y asesinatos, y que se fue a la quiebra, siendo tragado por el grupo español multinacional Prisa: todo un símbolo de la pujante "libre iniciativa" de la burguesía boliviana.


2. "Pega", en la jerga política boliviana, designa a las prebendas oriundas de los cargos estatales. Según un comentario, "el banquete no termina ahí. La fiesta incluye, además, las comisiones en el Congreso y los más de un centenar de cargos del Poder Judicial, que comprenden el nombramiento de ministros en la Corte Suprema de Justicia, del Tribunal Constitucional y el Consejo de la Judicatura, junto a fiscales del ministerio público. Se trata de una torta donde todos quieren sacar tajada" (Punto Final, Cochabamba, 27 de julio de 2003).


3. "Se llamaba Luis Zelaya Márquez el número 60 de la lista de muertos que carga el gobierno en sus 11 meses de gestión. A los 32 años, murió en un conflicto en Santa Rosa del Sara, en Santa Cruz. La movilización y el bloqueo de carretera solicitaba que el gobierno prefectural atienda las demandas de Santa Rosa; terminar el asfalto y el desalojo de avasalladores de la reserva forestal. Además del bloqueo, se acudió al cierre de válvulas de un ducto de gas de Transredes" (Hugo José Suárez. ¿Cuántos muertos más? La Prensa, La Paz, 28 de julio de 2003).


4. La Prensa, La Paz, 31 de julio de 2003.


5. La Razón, La Paz, 28 de julio de 2003.


6. Según una información reciente, los fondos de pensión se destacan en la economía de diversos países de América Latina. En Perú, el ahorro acumulado por los fondos fue de US$ 5.365 millones, con 33,6% invertidos en empresas locales, líderes del mercado financieiro, minero, energético y cervecero, entre otros. En Panamá también están en alta, com dos compañías, Progreso y Profuturo. Datos de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP), apuntan que los fondos de pensión en toda América Latina administran US$ 92.500 millones y "representan" a 57 millones de trabajadores (InvestNews, 15 de agosto de 2003).


7. Osvaldo Coggiola. Bolívia: viraje político. Prensa Obrera, Buenos Aires, agosto de 2002; y también en Trinchera (por un Partido Obrero), La Paz, 12 de agosto de 2002.


8. Líder del movimiento cocalero desde 1986, cuando éste se unificó en una Federación, Evo Morales Ayma emigró en 1978 para el Chapare, saliendo de la provincia de campesinos quechuas de Sur Carangas, en el departamento minero de Oruro. En 1978, Morales Ayma ingresó en el ejército comandado por Padilla, militar sucesor del golpista Bánzer: como soldado, participó en la represión a los campesinos y a los cocaleros yungueños, duran te las grandes movilizaciones populares. En el mismo año salió del ejército y fue al Chapare para plantar la hoja de coca, pues solamente en esas regiones "podría progresar" (entrevista en: Hoy, 15 de enero de 1995). Hasta 1986, cinco sindicatos disputaban el control organizacional de los productores de coca: Evo Morales los unificó en una federación con dirección única. Con su victoria electoral del 2002, según Víctor Orduna (La democracia cambia de color. De abril a Evo, La Paz, 2002): "A mediados de 2000, después de obtener unos resultados inferiores a lo esperado en las municipales del 99, Evo pensó en dejar la jefatura del MAS en manos de un relevo con mejores opciones de cara a las nacionales del 2002. Incluso poco antes de ser proclamado como candidato a la presidencia, en febrero, el cocalero tenía serias dudas sobre su perfil presidenciable y miedo, mucho miedo a lo que se venía… Aquella intentona fracasada a mediados de 2001 de conformar una Coordinadora de Movilizaciones Única Nacional (Comunal) ha sido reflotada por un día de sufragios alocados. El triunfo electoral de un dirigente cocalero al que se lo dio por muerto más de siete veces es el epílogo de lo que ha venido sucediendo en el país desde abril de 2000… Lo que la COB nunca pudo hacer lo ha hecho Evo Morales y sus seguidores: convocar la voz de los nuevos marginados, esos que ya no se ajustan al esquema proletario, ni a las oxidadas trompetas cobistas…. La gran virtud de Evo ha sido sumar. Ahora tiene bajo su batuta a los cocaleros del Chapare y de los Yungas, a las federaciones campesinas, a los colonizadores, a parte de los Indígenas del Oriente, a las Bartolinas, a gente del Movimiento Sin Tierra, a Centrales Obreras Departamentales, a Federaciones de Fabriles, a la Coordinadora del Agua, a los ayllus del norte de Potosí ya un sin número de sectores gremiales que van desde jubilados sin jubilación hasta padres de familia".


9. Evo Morales, en El Diario, Cochabamba, 12 de julio de 2002.


10. Página 12, Buenos Aires, 12 de julio de 2003.


11. Lucha que fue traicionada por la burocracia sindical cobista, ver: Juan Carlos Montenegro. Estaño, Liquidación de Comibol y Ocupación de las Minas, La Paz, octubre de 1986.


12. La idea del partido sindical es antipartidaria: Filemón Escobar la ha desarrollado desde hace dos décadas, por lo menos, después de su ruptura con el POR, llamando a los trabajadores a que "salgan de la minoría de edad en la que los mantienen los partidos, y sacando las consecuencias políticas de sus propias prácticas, se vayan haciendo cobistas, es decir, militantes por cuenta propia" (Filemón Escóbar. Testimonio de un Militante Obrero, La Paz, HISBOL, 1984).


13. Luis Oviedo. Caracterización del MAS de Evo Morales. Prensa Obrera 764, Buenos Aires, 6 de agosto de 2002.


14. La mayoría de los marchistas son ex mineros, viudas de mineros que reciben la jubilación de sus difuntos esposos e hijos y nietos de este mismo sector, jóvenes que vinieron marchando en representación de sus ancianos padres, madres y abuelos imposibilitados de marchar; en menor cantidad se sumaron fabriles y constructores que constituyeron una pequeña masa de gente. Existe una generación de ex mineros, el llamado movimiento sándwich, a quienes les fue cortada su jubilación por el decreto de relocalización 21060, es decir que no pudieron cumplir con los años que les faltaba para jubilarse y se quedaron sin nada aunque muchos trabajaron hasta 15 años en la mina; también estos compañeros vinieron marchando. Muchos comenzaron a trabajar a los 12 años de edad, quienes son jubilados actualmente con tan sólo 34, 35, 36, 37 años, otros comenzaron a los 17. Los hijos de mineros muchos continuaron con la tradición; a otros sus madres se lo impidieron por las consecuencias del mal de mina. Otros cuentan cómo sus padres comenzaron a trabajar a los 10 años y se jubilaron a los 27, mueren jóvenes por el mal de mina, silicosis, una especie de tuberculosis que, el mineral les destruye los pulmones y escupen sangre.


15. La dolarización de la economía boliviana es un hecho, la mayoría de los precios y tarifas en la economía están indexados al dólar en muchos casos se pagan en dólares; más del 90 por ciento de los depósitos en los bancos están en dólares. La hiperinflación de mediados de los años 80 destruyó la estructura de los precios relativos en pesos bolivianos, pero simultáneamente, al generar un elevado grado de dolarización, sentó las bases para que el sistema de precios se reconstruyera en la moneda extranjera. 


16. En Panduro: el chofer del ómnibus que llevaba a jubilados de Calamarca a Oruro quiso adelantar a un vehículo, pero se encontró con otro en el carril contrario. De los 57 heridos, 11 murieron.


17. Jorge Martín. Bolívia: Una rebelión contra todos los regímenes en América del Sur. Prensa Obrera 790, Buenos Aires, 20 de febrero de 2003.


18. Los Tiempos, La Paz, 14 de febrero de 2002.


19. La Prensa, La Paz, 14 de febrero de 2002.


20. Una reconstrucción minuciosa de los acontecimientos de febrero se encuentra en: Miguel Pinto Parabá. Lecciones del Levantamiento Popular del 12 y 13 de Febrero. La Paz, Central Obrera Departamental, 2003. Miguel fue uno de los oradores en el acto por la refundación de la IV Internacional realizado en mayo del 2000 en Buenos Aires.


21. Walter Chávez. Eruption annoncé du volcan bolivien. Le Monde Diplomatique, Paris, mayo de 2003.


22. Que las organizaciones obreras rompan con los partidos patronales. Ediciones Trinchera, La Paz, 2003


23. Lo máximo que se llega a plantear, oponiéndose a "regalar el gas no procesado a vista y paciencia de los tecnócratas asesores y del gobierno de Sánchez de Lozada", es el procesamiento de gas convertido a líquidos (GTL), o la producción de diesel "puro" en el propio territorio boliviano, aún así bajo contrato con compañías multinacionales extranjeras, y hasta agencias gubernamentales de EEUU (Repsol-YPF, Syntroleum Corporation, y la Agencia de Comercio y Desarrollo yanqui), o sea, la exportación de un semi-manufacturado, en vez de un recurso natural no renovable: ver Oscar A. Quiroga y Hernán Soria (del GEDENABOL), Proyecciones industriales del gas natural, Opinión, Cochabamba, 5 de agosto de 2003.


24."Gás natural: contrato com a Bolívia pode ser prorrogado." Gazeta Mercantil, São Paulo, 23 de mayo de 2003.


25. Luis Alberto Echazú Alvarado. La venta del gas, control yanqui, un gran negocio para las transnacionales y un saqueo para Bolivia. La Paz, 22 de agosto de 2002.


26. Juan Perelman Fajardo. Un dilema entre soberanía y miseria: el gas boliviano. Trinchera 21, La Paz, 12 de agosto de 2002.


27. Osvaldo Antezana. Bolivia tiene el gas, pero el negocio es de otros. Trinchera 20, La Paz, 20 de junio de 2002. Datos actualizados en: Bolivia vende más gas, pero se beneficia menos, Tiempos del Mundo, Cochabamba, 31 de julio de 2003 (los beneficios de las ventas para el Tesoro boliviano están congelados en 18%, incidiendo a partir de ahí la evasión fiscal).


28. Marc Lifsher, in: The Wall Street Journal. Nueva York, 14 de mayo de 2003.


29. Ver, entre otros: Nuevos cultivos de la hoja de coca. La Prensa, La Paz, 31 de julio de 2003; El narcotráfico ingresa a las áreas protegidas, La Razón, La Paz, 30 de julio de 2003; Relanzan el desarrollo alternativo, Tiempos del Mundo, Cochabamba, 31 de julio de 2003.


30. Ver: Ley contra los bloqueos, La Prensa, La Paz, 3 de agosto de 2003; La ley contra bloqueadores será resistida con bloqueos, Idem, 2 de agosto de 2003.


31. La Razón, La Paz, 29 de julio de 2003.


32. La Prensa, La Paz, 4 de agosto de 2003.


33. Álvaro García Linera. Radiografía de las nuevas izquierdas. Le Monde Diplomatique, La Paz, julio de 2003.


34. Félix Patzi. Miserias de la multiculturalidad y las propuestas de autonomías indígenas. El Juguete Rabioso, La Paz, 6 de julio de 2003.


35. "Sólo hubo uma interrupción, a un kilómetro de Huarina, donde medio centenar de pobladores prácticamente pidió permiso para la inauguración del bloqueo y se fue sin enfrentarse a las fuerzas del orden" (La Razón, La Paz, 29 de julio de 2003).


36. Sergio Cáceres. ¿Porqué fracasó el bloqueo? El Juguete Rabioso, La Paz, 3 de agosto de 2003. Ver también: Víctor Orduna. El bloqueador impotente. El Juguete Rabioso, La Paz, 25 de julio de 2003.


37. Fernando Prado. La crisis del MAS y el MIP. El Juguete Rabioso, La Paz, 6 de julio de 2003.


38. El Deber, Cochabamba, 5 de agosto de 2003.


39. La mala hora del Comité Ejecutivo de la COB. Alerta Laboral 28, La Paz, junio de 2003.


40. Gonzalo Trigoso et al. Balance Jurídico Social del Motín Policial. La Paz, 2003, pp. 44-45.


41. Guillermo Lora teorizó ésto, ya hace tiempo, como parte de una supuesta "excepcionalidad boliviana", que conferiría un carácter distintivo a sus Fuerzas Armadas, lo que llevó a Juan Pablo Bacherer a concluir en que se operara la transformación del POR-Lora en una "secta nacionalista": recientemente, el POR realizó un acto conmemorativo de su 68 – aniversario, con la presencia de 500 personas, que no ocultó que, a pesar de su pasado y de su influencia actual en la Federación del Magisterio de La Paz, el POR vive más de las glorias de su pasado que de la realidad revolucionaria (en verdad, completamente sectaria) de su presente.


42. "Ahora es cuando, la bella y certera consigna de la revolución boliviana". Prensa Obrera 821, Buenos Aires, 16 de octubre de 2003. Pág. 73 de esta edición de En Defensa del Marxismo.


43. "Fuera Goni, el gringo asesino". Trinchera, La Paz, octubre de 2003. Ver Pág. 78.


44. 17 de octubre de 2003.


45. Correio Braziliense, 14 de octubre de 2003.


46. Correio Braziliense, 15 de octubre de 2003.


47. Informe de César Choque, dirigente de la OT, 23 de octubre de 2003.


 


 

La revolución boliviana ha (re)comenzado


A fines de la semana pasada, la embajada norteamericana había ordenado a Sanchez de Lozada ocupar militarmente El Alto, la gran ciudad que rodea La Paz, centro de los acontecimientos revolucionarios. Empezó, entonces, la gran masacre. Claramente, el imperialismo norteamericano no estaba apostando a ningún recambio dentro del régimen, seguramente convencido que tal cosa sólo precipitaría una gran victoria revolucionaria, o sea el desarme del ejército por parte del pueblo, como en abril de 1952.


 


En esta operación aparecieron "grupos de elite" e incluso brigadas de civiles armados de la derecha.


 


Durante el fin de semana y el lunes, la extensión de la movilización popular hacia otras zonas de Bolivia y la resistencia paceña hizo naufragar el copamiento militar de El Alto. Es el momento en que el vicepresidente llega a la conclusión de que hay que proceder a un recambio. Renuncian tres ministros y algunos partidos de la coalición hacen gestos de abandonar el gobierno.


 


Nuevamente por instigación del gobierno Bush, Sanchez de Lozada lanza una contraofensiva para ocupar militarmente tanto la ciudad capital como El Alto, lo que desata mayores masacres aún. Es el momento en que la OEA de los Kirchner y los Lula se pronuncia por "la defensa de la democracia", lo cual naturalmente le impide condenar la masacre cuidadosamente planificada por esa misma "democracia". Durante una parte del martes el gobierno creyó que había puesto fin al levantamiento popular por medio de la represión.


 


Pero como viene ocurriendo desde mediados de septiembre, cuando los asesinatos de Warisata, las nuevas masacres sólo sirvieron para acentuar la movilización, la audacia y el arrojo de las masas.


 


El levantamiento se extendió en la geografía boliviana y se profundizó en ciudades como Cochabamba, Potosí y Oruro.


 


La rebelión cobró cuerpo incluso en Tarija, allí mismo donde el yacimiento Margarita sería el encargado de producir la mayor parte del gas para exportar.


 


El miércoles 15 la tentativa de "restablecimiento del orden", ordenada por Bush a Sanchez de Lozada y a los militares bolivianos había fracasado.


 


Es el momento decisivo. Cuando una dirección y una organización deben encarar la toma del poder por medio de una cuidada lucha armada.


 


Por esto mismo, hay síntomas de que el cuerpo de oficiales quiere ahora una salida política.


 


Por la misma razón, las cancillerías de Buenos Aires y Brasil se están ofreciendo (ahora) para "mediar".


 


Bolivia, de nuevo, es una escuela política para todo el continente.


 


El desarrollo del movimiento


 


El 19 de septiembre, 150.000 personas manifestaron en La Paz y en las principales ciudades en rechazo a la entrega del gas al monopolio encabezado por los imperialistas ingleses y españoles. Jaime Solares, principal dirigente de la Central Obrera, le dio un mes al gobierno para anular los decretos de entrega y amenazó con una huelga general en un futuro indeterminado.


 


Desde unos días antes, los campesinos de la región de Warisata, organizados en la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos (CSUTCB) encabezada por Felipe Quispe, cortaban las rutas de la región por reclamos sectoriales, la liberación de campesinos presos y, también, contra la entrega del gas. Se trataba de un corte parcial y limitado, y se habían entablado negociaciones entre el gobierno y los dirigentes campesinos. "Según fuentes muy bien informadas sobre lo que ocurre en el Palacio de Gobierno, la instrucción presidencial es ceder en varias de las demandas socio-económicas de los campesinos, viabilizar de inmediato la liberación de varios campesinos procesados, así como ofrecer concesiones de forma aunque no de fondo en el tema del gas" (1).


 


"El propósito -continúa la información- , es obtener un rápido acuerdo con el Mallku (Quispe), para así desinflar la protesta de la COB y del MAS de Evo Morales" (2). Desde el vamos, la política gubernamental apuntó a la división del movimiento mediante la oferta de negociaciones por separado.


 


El 20 de septiembre, mientras algunos ministros negociaban con la CSUTCB, el gobierno (a instancias de la embajada norteamericana) ordenó el desalojo por parte del ejército del bloqueo de Warisata: el resultado fue la masacre de seis campesinos (entre ellos una niña). Aunque la dirección de la CSUTCB continuó negociando con el gobierno, según informa Econoticias, hasta el 27 de septiembre (una semana después de la masacre de Warisata), ya no había negociación posible. La masacre desató una rebelión general de los campesinos, que salieron masivamente a cortar rutas y bloquear caminos en toda la zona del Altiplano.


 


Bajo la presión de las bases movilizadas, la dirección de la CSUTCB se vio forzada a abandonar las negociaciones con el gobierno y a decretar el bloqueo general de rutas y caminos hacia La Paz; también la COB se vio obligada a llamar a la huelga general y a apoyar el bloqueo general de caminos. Al reclamo de la anulación de la entrega del gas se sumaba ya el de la renuncia del presidente Sánchez de Lozada.


 


La huelga general declarada por la COB se hizo sentir entre los maestros rurales y urbanos, los mineros, los trabajadores de la carne y los de las universidades. Algunas direcciones regionales de la COB, como por ejemplo la de Santa Cruz, boicotearon el llamado a la huelga general (3). Aunque las represalias patronales debilitaron la huelga general en algunos sectores obreros (la legislación laboral autoriza el despido sin causa ni indemnización en cualquier momento), la masa de trabajadores, junto con los estudiantes, comenzó a sostener multitudinarias manifestaciones cotidianas en La Paz. La capital estaba rodeada desde el exterior (los 18 caminos que llevan hacia ella estaban bloqueados por los campesinos), y ocupada desde el interior por las manifestaciones obreras y estudiantiles. Un periodista dió cuenta de la situación al describir al presidente como un "prisionero de palacio" (4).


 


En esta fase de la lucha no participó el MAS (el principal partido de la oposición, encabezado por el dirigente cocalero Evo Morales). El propio Morales se encontraba en el exterior (de donde regresó recién el 6 de octubre). El MAS no se sumó a la huelga general, a la que consideró "prematura" y hasta "precipitada" (5), ni a los bloqueos de caminos. "La negativa de los cocaleros del Chapare y las federaciones campesinas controladas por el MAS para ingresar a las movilizaciones se convirtió en una aliada del gobierno…" (6). La política del MAS fue muy duramente criticada por los activistas obreros y campesinos en lucha.


 


Pese a la defección del MAS, el ascenso del movimiento continuó. Los mineros de Huanuni anunciaron que marcharían a La Paz y comenzaron su caminata. Pese a la represión, los bloqueos y las manifestaciones se fortalecieron. Bajo esta intensa presión, las federaciones campesinas controladas por el MAS se vieron obligadas a sumarse a los bloqueos de caminos a partir del 10 de octubre. Así, el movimiento se extendió al Chapare y a todo el trópico de Cochabamba. Comenzaron las manifestaciones en otras ciudades, como Santa Cruz, Cochabamba y Oruro.


 


El centro de la lucha, sin embargo, seguía siendo el altiplano que rodea a La Paz. En la ciudad de El Alto, la Central Obrera Regional, organizaciones campesinas, de estudiantes, de trabajadores y de vecinos convocaron a un "paro cívico" que paralizó la ciudad completamente durante tres días. La represión fue sangrienta. En sucesivos enfrentamientos en El Alto, fueron asesinados un trabajador minero (la columna de Huanuni ya había llegado a la ciudad) y dos jóvenes. Como después de Warisata, la represión encrespó aún más el odio popular y la movilización.


 


El 11 de octubre, "los manifestantes y la policía libraron duras batallas por el control de la ruta que une La Paz y El Alto, en cuya jurisdicción se encuentran el aeropuerto internacional y una planta generadora de combustible. Los enfrentamientos estuvieron centrados en la región de Senkata, desde donde a pesar del resguardo militar con el apoyo de tanquetas y helicópteros, no pudieron partir los camiones cisterna con gasolina y diesel" (7). Al mismo tiempo, otros sectores se sumaron a la huelga general, como los carniceros, los panaderos y los choferes del transporte público.


 


El movimiento popular se volvió imparable. El gobierno anunció "la detención de siete policías acusados de organizar un presunto motín y de vincularse con sectores radicalizados que impulsan la agitación social" (8 ). No es un hecho menor. En la pueblada de enero/febrero de este año contra el "impuestazo", importantes sectores de la policía se enfrentaron con armas en la mano contra el ejército.


 


Desintegración nacional


 


La "guerra del gas" no es la primera rebelión popular que sacude a Bolivia. Antes fueron, la "guerra del agua" de Cochabamba, en el año 2000 (contra la entrega del agua a los pulpos privatizadores), las puebladas de los cocaleros contra la erradicación forzosa de sus cultivos en el trópico, y la pueblada de principios de este año contra el "impuestazo", que marcan la sistemática tendencia de las masas bolivianas a la insurrección.


 


Las rebeliones populares son la respuesta de los explotados a la desintegración nacional y a la desenfrenada entrega de las riquezas nacionales.


 


La privatización de las minas en 1985 provocó la expulsión de 50.000 mineros, muchos de los cuales se han "reconvertido" como cocaleros en la región del Chapare. La privatización petrolera, durante el anterior gobierno de Sánchez de Lozada, trajo una miseria y desocupación masivas al Altiplano y una relativa mejora (muy limitada) en las condiciones de vida de los trabajadores en la zona de explotación oriental. La desintegración nacional se manifiesta, también, en el campo: mientras en el occidente del país y en el Altiplano miles de pequeños campesinos languidecen en el hambre y la miseria, en el oriente, un puñado de latifundistas monopolizan las tierras más ricas del país.


 


Esta tendencia tiene otras manifestaciones, como el colapso de las débiles instituciones políticas nacionales, en particular el Parlamento y los partidos políticos. En la crisis actual, como en las anteriores, el Parlamento es un enorme cero a la izquierda; los partidos patronales de oposición han desaparecido: algunos, como el NFR, porque se han incorporado al gobierno; otros, por su nulo vínculo con la movilización popular.


 


Las burguesías locales en centros como Tarija, Cochabamba y Santa Cruz vienen desarrollando, desde hace tiempo, planteos autonomistas para aprovechar en beneficio de cada uno de estos sectores los recursos de su región.


 


Felipe Quispe, el dirigente de la CSUTCB, ha desarrollado ampliamente, por su lado, el planteo indigenista de construir una "nación aymara". También Evo Morales y el MAS, aunque con un énfasis menor, sostienen planteos indigenistas y autonomistas.


 


Bolivia es una nación en vías de desintegración nacional. Las rebeliones populares muestran la tendencia de los explotados a reconstruir la nación sobre nuevas bases sociales. Sólo la expulsión del imperialismo mediante el gobierno de los obreros y campesinos, que una a los explotados de la ciudad y del campo (y con los de toda América Latina), pueden impedir el hundimiento y la desintegración de Bolivia.


 


El gobierno frente a la rebelión popular


 


A un mes del comienzo de la rebelión popular, Sánchez de Lozada sólo cuenta con el respaldo del ejército, de los medios de comunicación (en manos de diferentes grupos capitalistas), en parte de la Iglesia y los llamados organismos de derechos humanos, y de la embajada norteamericana. El presidente no dudó en masacrar al pueblo, como lo ha hecho con anterioridad (carga con más de sesenta muertos en sus dos presidencias), pero la vía represiva mostró sus limitaciones: cada vez que el gobierno reprimió (en Warisata, o en El Alto), la respuesta fue un ascenso de la movilización popular. Por este motivo, la declaración del estado de sitio "despierta temor en el gabinete presidencial" (9).


 


Sánchez de Lozada, por otro lado, sabe que un ala de los militares, que se ha expresado públicamente a través de los generales retirados, se opone a la venta del gas a Chile. Estos sectores denuncian que el gas no tendrá como destino final Estados Unidos sino Chile (que carece de yacimientos propios). La venta a Estados Unidos, dicen, es apenas una excusa para rebajar el precio de venta en boca de pozo que recibiría Bolivia.


 


En el cuadro de la enorme presión de las masas movilizadas, la Iglesia y la APDH (Asociación Permanente de Derechos Humanos) están explorando todas las posibilidades de establecer negociaciones parciales con los distintos sectores en lucha, y obtener el levantamiento de la lucha mediante la concesión de reivindicaciones menores y secundarias.


 


Felipe Quispe, de la CSUTCB, declaró que "los ampliados provinciales serán los encargados de determinar si los labriegos aceptan retornar a la mesa de negociación (…) si hay posibilidades de hablar con el Gobierno con la garantía de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia creo que sería factible…" (10). Osvaldo Peredo, dirigente del MAS, por su parte, declaró que "estamos agotando todas las posibilidades políticas para obligar al gobierno a un diálogo" (11). En cuanto a la característica de estas eventuales negociaciones, el presidente de la APDH fue claro: "Si se dan las negociaciones, se dejará fuera del debate los pedidos de renuncia del presidente" (12). El ampliado de la Central Obrera Regional (COR) de El Alto, uno de los sectores más combativos, realizado el 10 de octubre, llamó a todas las organizaciones a "rechazar toda negociación sectorial".


 


La política de las direcciones de las masas


 


Al plantear la caída de Sánchez de Lozada, los explotados bolivianos han puesto a la orden del día la cuestión del poder político. La crisis que enfrenta la rebelión popular es que las organizaciones que la dirigen no tienen una respuesta revolucionaria a esta cuestión.


 


Osvaldo Peredo, dirigente del MAS, dejó en claro en una entrevista radial la estrategia democratizante de su partido, y la defensa del actual régimen político.


 


"Pensamos -dijo- que las organizaciones populares están demostrando una tal capacidad de administrar toda esta crisis (¡!), en la medida en que se respete el hilo democrático (…) no queremos entrar en una pugna por la toma del poder" (13).


 


"Respetar el hilo democrático" no significa otra cosa que asegurar la continuidad política y jurídica del actual régimen. Esto es precisamente lo que plantea el MAS: Peredo reclama que se convoque a elecciones para una Asamblea Constituyente y a elecciones generales, junto con las elecciones municipales que tendrán lugar en el 2004.


 


La Constituyente debe ser convocada por las instituciones del propio régimen ("la continuidad del hilo democrático"), eventualmente por el vicepresidente, Mesa, y deliberar paralelamente al Ejecutivo y Parlamento actuales. Para esto es necesario, antes que nada, disolver la rebelión popular en curso. El MAS ya ha dicho que está "agotando todas las posibilidades políticas para obligar al gobierno a un diálogo". Esto es lo que Peredo llama, en su lenguaje particular, "administrar toda esta crisis".


 


La justificación del MAS es electoralista. Continúa Peredo: "Al pueblo le conviene más seguir con el hilo democrático porque es imposible que este gobierno gane en las próximas elecciones, empezando por las municipales" (14). Negro sobre blanco, la rebelión popular – según el propio Peredo – debe recular para permitir una victoria electoral del MAS en las municipales del año próximo.


 


La estrategia democratizante esbozada por Peredo confirma la caracterización del Partido Obrero de hace un año: "El MAS es un partido de centroizquierda. Para el tumultuoso torrente de luchas populares que busca una salida al derrumbe capitalista de Bolivia por medio de la acción directa, y que se expresó en la votación del MAS, existe una contradicción insoluble con el programa y la política centroizquierdistas. Las importantísimas responsabilidades políticas que ha asumido el MAS como consecuencia de su victoria electoral, pondrán esta contradicción al rojo vivo" (15). Esto ha resultado efectivamente así: el MAS plantea el recule de la rebelión popular que reclama la caída de Sánchez de Lozada y se resiste a derrocar el régimen vigente.


 


Jaime Solares, principal dirigente de la COB, y Felipe Quispe, de la CSUTCB, tienen un planteo relativamente similar: "No vamos a parar hasta que Sánchez de Lozada dimita y deje la presidencia a Carlos Mesa, el vicepresidente, para que de inmediato convoque a una Asamblea Constituyente". Pretenden mantener una continuidad política y jurídica del régimen actual. El planteo de la sucesión supone un compromiso con la rebelión popular, o sea, su recule.


 


En las direcciones que están a la cabeza del movimiento, está ausente el planteo del gobierno obrero-campesino. En este cuadro, todos los planteos de Constituyente -que parten de la vigencia del actual régimen político- son un arma contra la rebelión popular.


 


La rebelión popular boliviana tiene al frente a direcciones democratizantes, que oscilan entre la rendición ante Sánchez de Lozada (por la vía de negociaciones parciales) y la continuidad "democrática" del actual régimen político y social de los explotadores. Pero la continuidad del régimen político democrático, que todas estas direcciones defienden, sólo puede apoyarse en la derrota de la rebelión popular en curso.


 


Al plantear la cuestión del poder, la rebelión popular boliviana ha puesto en un primer plano la responsabilidad de las direcciones de las masas, de la calidad de su política y de la claridad de sus objetivos estratégicos. Las direcciones centroizquierdistas y movimientistas que están al frente del movimiento son un obstáculo para su victoria.


 


 


NOTAS:


 


1. Econoticias Bolivia, 28 de septiembre de 2003.


 


2. ídem


 


3. Bolpress, 6 de octubre de 2003.


 


4. Econoticias, 2 de octubre de 2003.


 


5. Econoticias, 30 de septiembre de 2003.


 


6. Bolpress, 3 de octubre de 2003.


 


7. La Nación, 12 de octubre de 2003.


 


8. Idem anterior.


 


9. Econoticias, 3 de octubre de 2003.


 


10. La Razón, 10 de octubre de 2003.


 


11. Bolipress, 9 de octubre de 2003.


 


12. La Nación, 12 de octubre de 2003.


 


13. Bolipress, 9 de octubre de 2003.


 


14. Idem anterior


 


15. Prensa Obrera, N° 764, 25 de jul io de 2002.


 

“Nos hemos equivocado”


Roberto de la Cruz es el principal dirigente de la Central Obrera Regional (COR) de El Alto. A 4.000 metros de altura, El Alto es una gran concentración obrera y campesina, que estuvo a la cabeza de la lucha por el derrocamiento de Sánchez de Lozada. El fracaso de éste por ocupar militarmente El Alto, después de dos días de intensas luchas callejeras, que dejaron decenas de compañeros muertos, marcó el comienzo de su fin.


 


A continuación presentamos un documento político de la mayor importancia: un reportaje a Cruz, publicado por la agencia Econoticias (13/11), en el que el dirigente de la COR de El Alto reconoce que fue un error haber detenido la rebelión popular con la caída del Goni y haber aceptado la designación de Mesa como presidente. Será necesaria, anticipa, una nueva rebelión popular.


 


"Los alteños continuamos rezagados y marginados. Este gobierno no se diferencia en nada del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Carlos Mesa no supo recibir el mensaje de la rebelión indígena de El Alto contra la venta del gas", declaró el líder de la rebelión popular Roberto de la Cruz, dirigente de la Central Obrera Regional.


 


"Los alteños lo único que logramos fue expulsar a un gringo (Sánchez de Lozada) que estaba bañado con la sangre del pueblo (…) Ahora los alteños nos arrepentimos (de la tregua) porque lo mejor habría sido continuar con esa medida (la rebelión popular) hasta que se abroguen las Leyes de Hidrocarburos, de Seguridad Ciudadana, el Decreto Supremo 21060 (que da vía libre al neoliberalismo) y se cese con el negocio del Alca (Area de Libre Comercio de las Américas)", agregó el dirigente laboral que encabezó la resistencia civil contra la masacre militar que dejó en septiembre y octubre pasados más de 80 muertos y más de 400 heridos a bala.


 


En una evaluación del nuevo gobierno surgido el pasado 17 de octubre, tras la renuncia y fuga de Sánchez de Lozada, el dirigente alteño dijo que "las políticas económicas y sociales de Mesa sólo estaban dando continuidad al modelo de libre mercado vigente desde 1985, por lo que una nueva rebelión social daría fin con el presidente Mesa y sus aliados políticos neoliberales".


 


Descontento social


 


"Ha retornado el cabreo contra el gobierno. Nos hemos equivocado; los actuales ministros y el entorno del gobierno continúan con la posición de exportar el gas por Chile (…) Me estoy reuniendo con varios sectores, entre ellos universidades, para preparar una futura rebelión, ahora no sólo contra Carlos Mesa, sino contra (los neoliberales y derechistas) Jaime Paz (el jefe del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, MIR), Manfred Reyes Villa (el jefe de la Nueva Fuerza Republicana, NFR), Jhonny Fernández (el jefe de la Unida d Cívica Solidaridad, UCS) y contra Acción Democrática Nacionalista (ADN, el partido del ex dictador Hugo Banzer).


 


Gonismo sin Goni


 


"Está intacto el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (más conocido con el sobrenombre de Goni) y de Carlos Sánchez Berzaín (su ministro de Defensa y ejecutor directo de un año de masacres en Bolivia). Sólo se cambió a Sánchez de Lozada por Carlos Mesa", agregó el líder obrero, que también dirigió la revuelta popular en la ciudad de El Alto durante la primera quincena de febrero de 2003, cuando una treintena de policías y civiles cayeron a bala y más de 200 personas quedaron heridas en la lucha contra el "impuestazo", un intento gubernamental por recaudar más tributos de los asalariados del sector público y privado.


 


Actualmente, el gobierno de Mesa lleva adelante una modalidad de ese "impuestazo", obligando a los asalariados que más ganan en el país a pagar por única vez el 5% de su ingreso anual para evitar posibles juicios penales por uso de facturas falsas, un hecho muy común en Bolivia.


 


El dirigente de El Alto reprocha a Mesa que esté dando continuidad a la política económica neoliberal, a la erradicación forzosa de la hoja de coca, a profundizar el libre comercio y a mantener en la impunidad los crímenes cometidos por Sánchez de Lozada. 


 


Sin justicia ni pan


 


"Hasta ahora no hay justicia para las personas que murieron y resultaron heridas por la masacre de octubre. Hay heridos que no tienen dinero para comprar medicamentos, por eso están recurriendo a remedios caseros para sanar sus malestares (…) Los heridos continúan llorando, abandonados a su suerte. Por eso se ha terminado la paciencia, por eso se han declarado en huelga de hambre los familiares", dijo al anunciar que un segundo piquete de ayunadores se sumaría a los primeros huelguistas que reclaman justicia e indemnización por los sucesos de octubre, que dejaron en el desamparo y sin pan a muchas familias humildes.


 


"Este es un gobierno igual al de Sánchez de Lozada. Es un gobierno que habla, pero no cumple. Hasta el momento no hay juicio de responsabilidad contra los responsables de esos hechos. Ahora, nosotros (los dirigentes) de acusadores pasamos a acusados. Ahora quieren detenerme, supuestamente, por haber incumplido mi libertad condicional por los hechos de febrero pasado", denunció.


 


Econoticias Bolivia


 

Kirchner opera con Evo Morales contra la revolución boliviana


La reunión entre el dirigente cocalero Evo Morales y Kirchner, y la promesa del argentino de apoyar el intento del boliviano de llegar a la presidencia, fue el hecho político fundamental de la "cumbre" iberoamericana de Santa Cruz de la Sierra. No sólo puso en evidencia la activa diplomacia del santacruceño en contra de la rebelión popular boliviana; sirvió también para marcar a fuego las limitaciones democratizantes del indigenismo y de los "autogestionarios".


 


Aunque convocada con anterioridad, la cumbre de Santa Cruz de la Sierra sirvió a un indisimulado objetivo contrarrevolucionario: el apoyo de los gobiernos del continente y de España y Portugal al gobierno de Mesa. Más allá de los discursos, la cumbre fue un operativo político internacional contra el pueblo boliviano y sus reivindicaciones.


 


En Santa Cruz de la Sierra también se realizó una "cumbre social alternativa", cuya organización corrió por cuenta de Evo Morales, con el mismo objetivo que la oficial. Los vasos comunicantes entre una y otra cumbre fuer on mayúsculos: no sólo Evo Morales y Felipe Quispe (cabeza de la Confederación Campesina) fueron invitados a la cumbre oficial; se llegó al verdadero ridículo de llevar al neoliberal Mesa, presidente de Bolivia, a la "paralela". Este aprovechó el convite para "transmitir al mundo la imagen de que la tregua que vive el país después de los sangrientos sucesos de octubre va en serio y que el país avanza hacia la reconstrucción" (1). Pero en Bolivia no hay ninguna "tregua", pues el gobierno de Mesa sigue a toda marcha con los planes de vender el gas a los pulpos imperialistas, con los acuerdos con el FMI y con los ataques a las condiciones de vida del pueblo.


 


Para completar el cuadro, las delegaciones argentina y brasileña a la cumbre "paralela" estuvieron dominadas por elementos como DElía y los partidarios de Lula, es decir, por los representantes políticos de los presidentes reunidos en la cumbre "oficial". Es decir que en Santa Cruz hubo una única cumbre que por razones "protocolares" se dividió en dos: la de los presidentes y la de los amigos de los presidentes.


 


Evo-Kirchner


 


El argentino prometió "colaborar en la formación de cuadros técnicos" para que Morales llegue a la presidencia y para que se "atenga a las reglas institucionales, la única vía posible" (2). Es decir que Kirchner busca reforzar el rol de bombero que Morales juega frente a la revolución boliviana.


 


Quienes, como López Murphy, criticaron a Kirchner, no han comprendido que la entrevista es la continuidad de la "misión" enviada por Kirchner y Lula en el punto más álgido de la crisis para salvar al Estado boliviano.


 


Evo Morales se ganó la entrevista con Kirchner luego de su traición a la rebelión popular, intentando vaciar los bloqueos y la huelga general e impulsando a fondo el "recambio constitucional" y el ascenso de Mesa.


 


Evo Morales ratificó ante Kirchner que está dispuesto a respetar la "democracia" e incluso a no reclamar el adelanto de las elecciones, lo que significa sostener al gobierno usurpador hasta el 2007. Embriagado por la situación, se manifestó dispuesto a encontrarse con el presidente de Repsol (presente en Santa Cruz) para "discutir un sistema económico mixto, en el que los empresarios reinviertan sus ganancias en Bolivia", y la "política de Kirchner hacia las empresas dadas en concesión, en especial con relación a los hidrocarburos". Es decir, enunció un programa de entrega del gas.


 


 


NOTAS:


 


1. El País, 14 de noviembre de 2003.


 


2. La Nación, 16 de noviembre de 2003.


 

Ahora es cuando: La bella y certera consigna de la Revolucion Boliviana


La insurrección en Bolivia es un llamado al orden a quienes se han atrevido a sepultar en el pasado el "Argentinazo". Es cierto que la explosión popular fue provocada por la política de un gobierno "menemista" y que eso mismo nos hubiera deparado una victoria de Menem en las pasadas elecciones. La patronal argentina ha logrado "zafar" con los Duhalde y con los Kirchner. ¿Pero por cuánto tiempo? La firma del acuerdo con el FMI, el pago de una deuda externa de magnitud fabulosa, el congelamiento de los salarios, la reprivatización de los privatizadores y nuevos subsidios, el "canje" de deuda externa por educación y por vivienda, la presión de los acreedores internacionales, el "código penal" para enfrentar a los piqueteros; ¿adónde nos lleva esto sino a Bolivia, o sea a la segunda edición de nuestros 19 y 20 de diciembre?


 


Muy bien adjudicó Ambito Financiero (14/10) el levantamiento boliviano a los piqueteros. En efecto, los campesinos de la altiplanicie (con sus cortes de rutas y caminos) y los desocupados de El Alto no son más que una réplica piquetera. Que se encuentren a la vanguardia de una gigantesca revolución demuestra que concentran la experiencia histórica de lo que fue, desde los años 40, el proletariado más avanzado de América Latina. Los piqueteros de Bolivia marchan ahora con los fabriles, los mineros, los maestros, los estudiantes y el conjunto de las masas, a derrocar el poder de la burguesía.


 


Se equivocan, entonces, y fiero, los que insisten, en Argentina, en negar potencial revolucionario a las masas que se organizan en Berazategui o en Ledesma (Jujuy), en Ensenada o en Tartagal (Salta), en Moreno y La Matanza o en Caleta Olivia y el Turbio, en Resistencia y Barranqueras o en San Juan capital.


 


Hay un hilo conductor en la revolución boliviana. Las mitas (explotación minera) coloniales llevaron a las insurrecciones indígenas del siglo XVIII; también el saqueo social impulsó las guerrillas del Alto Perú; el estaño llevó a la revolución del 52 y el petróleo a la de 1971 (Asamblea Popular); el gas ahora (y la soja transgénica) a la revolución en marcha en la actualidad. Es decir la explotación en beneficiado privado y para el mercado mundial.


 


Pero la revolución boliviana no responde solamente a esto. Por decisiva que sea la dominación del monopolio internacional, Bolivia ha construido bajo su sombra alguna suerte de desarrollo capitalista. Pues precisamente estos capitalistas se encuentran en completa bancarrota: ocho de cada diez empresas no pueden hacer frente a sus deudas. Tampoco las pueden rescatar el Estado o los bancos. La deuda externa, varias veces "perdonada", no supera el 20% del producto bruto boliviano, pero es suficiente como para destruir las finanzas públicas. Hay un real proceso de disolución del capitalismo, lo cual explica perfectamente por qué incluso las clases sociales que votaron por Sanchez de Lozada participan en la insurrección o se mantienen neutrales. Pero la quiebra financiera y la bancarrota económica no son monopolio de Bolivia, como bien lo sabemos nosotros, los brasileños, los rusos y los asiáticos (y ahora los californianos).


 


Por su amplitud social la insurrección boliviana recuerda a la de Nicaragua de 1979; sólo entre agosto y octubre del año precedente Somoza había masacrado a 50.000 insurgentes en el afán de aplastar militarmente el levantamiento popular. En Bolivia se trata también, ni más ni menos, que de la intervención del campesinado, que muchísimas veces en el pasado fue la retaguardia de los gobiernos.


 


La insurrección boliviana tiene una enorme densidad histórica, porque los bolivianos saben que el saqueo del gas significa una nueva lápida a su posibilidad de existencia nacional. No es el gas, entonces, lo que está en juego sino la reestructuración de la historia boliviana sobre nuevas bases sociales.


 


Como lo había intuido, pensado o previsto el Che, Bolivia es un epicentro de la revolución en América del Sur. Para regímenes capitalistas completamente quebrados, como son los de los países que la rodean (incluido, especialmente, Brasil), la victoria de la revolución boliviana es un peligro mortal. Saltando las leyes de la historia, la Bolivia pobre se puede convertir, de repente, por la acción de sus explotados, en el modelo de desenvolvimiento para otros Estados más desarrollados.


 


Esto explica que el imperialismo yanqui haya salido con los botines de punta, no solamente por el negocio del gas, el cual ni siquiera está en manos de los principales monopolios internacionales. La orden fue, como cuando los iraníes se levantaron contra el Sha, en 1979, bala y más bala; ningún partido intermedio goza de la confianza de Bush como factor capaz de controlar o mediatizar la insurrección de las masas. La OEA, con Kirchner, Lula y el Frente Amplio de Uruguay, entre otros, se han cobijado en el imperialismo norteamericano. Es que pueden discutirle a Bush los aranceles del Alca o la diplomacia con Cuba, pero no tienen una posición independiente del amo frente a una revolución obrera y campesina. En el momento decisivo no han tenido una mísera palabra para los derechos humanos de los masacrados oprimidos de Bolivia. Que esos oprimidos se hayan transformado en revolucionarios los ha eliminado de la sensibilidad democrática.


 


Bolivia ha puesto al desnudo el carácter contrarrevolucionario de la democracia y de los democratizantes, especialmente los de izquierda. Lula llegó al gobierno empeñado en impedir una quiebra bancaria y, su correlato, el Argentinazo. Frente a Bolivia ha demostrado que ese empeño es decididamente estratégico. En 1995 el Partido Obrero rompió una Conferencia Internacional del Foro de San Pablo, en Montevideo, por la negativa de los partidos presentes a expulsar de su seno a un partido nacionalista boliviano que había respaldado, como miembro del gobierno, el estado de sitio y la represión de una huelga general en Bolivia. En el gobierno o todavía en la oposición esos partidos apoyan hoy a la OEA.


 


En Bolivia el democratismo izquierdista se ha puesto al desnudo con el esfuerzo de Evo Morales para boicotear la insurrección en función de asegurar las elecciones municipales del 2004. La revolución le sirve a la derecha, ha dicho, en algo que parece haberse convertido en el taparrabos de los Lula, Ibarra, etc., para justificar su trabajo sucio. Frei Betto acaba de decir lo mismo para justificar la alianza del PT con los latifundistas y banqueros brasileños y con el imperialismo. El trotskismo, como ocurre en Brasil, debe decidirse a gestionar, acaba de decir un pigmeo de la intelectualidad porteña. Despues de haberla proclamado "utopía", los democratizantes ahora la han convertido en "provocación" que serviría al propio imperialismo con el cual ellos se han unido para ahogar a la revolución boliviana.


 


Luego de haber pretendido negociar los decretos del gas con Sánchez de Lozada, ahora Evo pretende limitar la superación de la crisis a la salida del mandatario. Pero incluso una asamblea constituyente convocada a partir del viejo régimen sería una derrota de la revolución. Para que haya una constituyente soberana es necesario que las masas derroquen al gobierno y que sus organizaciones tomen el poder.


 


Lo que por sobre todas las cosas distingue a la insurrección boliviana del "Argentinazo" es la concentración excepcional de energías, histórica, absolutamente inmensa de los piqueteros obreros y campesinos bolivianos. Es lo que resume la consigna de los vecinos de La Portada, un barrio que domina desde sus alturas la autopista que va de El Alto a La Paz: "Ahora es cuando".


 


Una respuesta al dilema que, desde la Biblia, persigue a la humanidad: Si no es ahora, ¿cuándo?


 

La ley de la protesta y la protesta de la ley


Los acontecimientos ocurridos en El Alto son la primera señal fluorescente que ilumina el camino de la futura liberación de los explotados y oprimidos en Bolivia. La historia es conciente de sus contradicciones, son las fuerzas antagónicas de la historia (hombres concretos, hombres gobierno, hombres empresarios, hombres pobres, explotados) quienes marcan y establecen los nuevos campos de batalla. Con la promulgación de la Ley de Seguridad Ciudadana se marca el comienzo de una nueva fase en la historia boliviana: la fase de la revolución boliviana. La clase burguesa y poseedora en Bolivia, fatigada ya, a causa de la tesonera lucha de los campesinos y los pobres se intranquiliza ante el fantasma de la revolución, pone de manifiesto su poder sobre toda la sociedad, desmintiendo aquella farsa de la neutralidad clasista del Estado, se dota de "legalidad" contra la nueva época de tormenta social, prevista también por ellos, que amenaza su orden y su "seguridad". Ese es el verdadero proceso que inspira las leyes y pone de relieve a la función del derecho: preservar la continuidad de un sistema de relaciones sociales.


 


Los empresarios afirman que "es inaceptable que se pierda el principio de autoridad", dicen además, que "el gobierno tiene la obligación constitucional de aplicar la ley en resguardo de los derechos de la propiedad privada, de las empresas y de sus instituciones". Así meditan nuestros brillantes empresarios y poseedores, bajo ese criterio se preparan ellos para contener la acción de las masas que ellos mismos empobrecen y explotan a diario. Pero a pesar de que su nueva Ley de Seguridad Ciudadana endurece las penas para quienes bloquean caminos y el gobierno asegura que garantiza el libre tránsito y que aplicará con fuerza su nueva norma, el bloqueo de caminos persiste en las carreteras alrededor del El Alto, de La Paz, la carretera a Oruro-Cochabamba-Santa Cruz, a los Yungas, carretera Río Abajo, carretera Desaguadero, carretera al Lago Titicaca (Huarina, Achacachi, Warisata) y se están llevando a cabo, a diario, marchas en Cochabamba, La Paz, El Alto, Oruro, Potosí, Beni, Santa cruz, por miles y miles de personas hastiadas de la penuria económica y la opresión política que ya no podrán respetar la ley, hasta haber agotado todas sus energías en defensa de sus reivindicaciones.


 


La Ley de Seguridad Ciudadana promulgada con la finalidad directa de facilitar la lucha política del gobierno contra los obreros, campesinos, estudiantes, desocupados, etc.(y de encubrir al mismo tiempo el carácter político de esta lucha por medio de consideraciones "del estado de derecho", sobre "el orden público", etc.) se queda irremisiblemente relegada a un segundo plano por la lucha política directa, por los choques callejeros abiertos. La "justicia" se quita la careta de imparcialidad y solemnidad, y se da a la fuga, dejando el campo de acción a los militares y a la policía, a quienes se recibe a pedradas y dinamitazos. Desde el punto de vista de la Ley de Seguridad Ciudadana el bloqueo de caminos es un delito independientemente de las reivindicaciones que presentan los que protestan. Pero el gobierno ha perdido ya precisamente la posibilidad de situarse en el terreno de la ley que él mismo promulgó en fecha tan reciente, y trata de justificar la represión y las masacres hechas, afirmando que las reivindicaciones son inmotivadas, que no hay definiciones sobre el tema del gas, que se abrogarán leyes, etc.


 


No faltan las voces de los que quieren vivir en "paz", "sin bloqueos", "porque perjudican al país", "que la vendedora, que el albañil, que a los que ganan tres pesos diarios se les está perjudicando". Ellos quieren que se les deje en "paz", con sus tres bolivianos y listo, que se les deje con sus duras privaciones y con sus condiciones inhumanas de 5, 3 y 1 bolivianos diarios para toda su familia. Que se les deje, como en El Alto, de 649.958 habitantes, 312.807 vivan en la pobreza, que 108.434 en la indigencia y 3.263 en la marginalidad, los que exclaman a voz en cuello contra las protestas, seguramente no están en el partido de los que tienen hambre, están en el de los estómagos llenos, de cabezas alienadas. Nosotros decimos que para modificar estas condiciones se hace necesaria la lucha revolucionaria contra todo el régimen social y político contemporáneo. La crisis de la economía obligará a muchos obreros y a sectores cada vez más amplios de la clase media a persuadirse de la justeza de esta verdad. A pesar de las muchas leyes que el gobierno pueda promulgar en contra de la protesta social, la marea de la tempestad social se renueva y se impone en la lucha contra el gobierno policíaco, por la libertad del pueblo que cada vez está más próxima.


 


¡Que viva la Revolución! La rueda de la historia avanza y será imparable.


 

Que se vaya Goñi, el Gringo asesino ¡Huelga política de masas!


Un millón y medio de trabajadores, campesinos y vecinos de las ciudades de La Paz y El Alto paralizaron todas las actividades públicas y privadas este lunes 13 de octubre; en silencio condenaron la cruel masacre que ensangrentó al Altiplano, ese mismo día, más muertos por las balas asesinas de las fuerzas del orden. Pese a eso, nada quiebra el espíritu de los trabajadores del país más pobre y rebelde del sur de América. El orden no reina en La Paz ni en Bolivia. Los muertos se suman a ese torrente que ahora se prepara y apunta a destrozar todo un régimen y una sociedad caduca históricamente. Calles desiertas, puertas y ventanas con banderas y crespones teñidas de negro marcan las jornadas en La Paz y El Alto, marchas permanentes de diversos sectores, un pedido se ha hecho unánime: Que se vaya Goni, el gringo asesino. Ese clamor popular se ha extendido a todo Bolivia, Cochabamba, Potosí, Chuquisaca, Oruro, incluso en la supuesta otra Bolivia, Santa Cruz, de a poco la población marcha con la misma reivindicación. La huelga política de masas es acatada espontáneamente por todos.


 


La calma que presagia tormentas


 


Para los especialistas e intelectuales del capital sólo existen dos posibilidades: una política, con la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, "dentro de la legalidad constitucional"; y la otra, la militar, la sangrienta, la de la masacre, para esto último han reforzado la presencia militar y parece que el gringo Goni ha optado por la segunda. Estos hechos han resquebrajado a los de arriba, el MIR se ha partido, la NFR va por el mismo camino, el vicepresidente se ha "alejado" y cuestionado las decisiones gubernamentales. Sólo el imperialismo sustenta y apoya ahora al "demócrata" Goni: "La comunidad internacional y los Estados Unidos no van a tolerar ninguna interrupción del orden constitucional y no reconocerán a cualquier régimen que sea el resultado de procedimientos antidemocráticos", nos dicen. El pueblo también se prepara, en los barrios de El Alto, los jóvenes de la Universidad Pública de El Alto, los comerciantes minoristas, los mineros fabriles y campesinos. Aguardan el refuerzo de sus hermanos de la vecina Viacha, Yungas, de Río Abajo, de los mineros de Oruro, de los de Achacachi y Potosí. El pueblo sabe que sólo la multitud en su acción de masas podrá derrotar una nueva masacre. La Huelga General destrozará a cualquier gobierno. En estas circunstancias, las direcciones del conflicto vienen imponiendo en los cabildos la desorganización y boicotean las medidas que se apoyan en la movilización y en la lucha.


 


El ejército, germen de división


 


Versiones de vecinos han denunciado el asesinato de conscriptos que se han negado a masacrar a su pueblo, para que su ejemplo no cunda en la tropa. Previo a todo esto, fue difundido un pronunciamiento en el que sectores del ejército amenazaban al presidente si es que decidía la exportación del gas a EE.UU., apresuradamente el gobierno pasó a desmentirlo. El enfrentamiento ha dejado huellas en los aparatos represivos del ejército y la policía. La política de los trabajadores, de los vecinos, ha sido organizar en las zonas la resistencia con piquetes de diverso orden, muchos hechos llevan a pensar que la organización ha pasado a planos mayores. Frente a la decisión de Goni de no renunciar y optar por más represión, los trabajadores debemos parar los piquetes de autodefensa y responder en la misma forma armada.


 


Fuera Goñi, Por una asamblea Constituyente


 


El objetivo estratégico del MAS era "recuperar la democracia secuestrada por el neoliberalismo", para lo cual planteó "una asamblea Popular contituyente para que el pueblo defina la nueva estructura del Estado", o sea que se limitaba a la reforma de la Constitución Política del Estado; en este marco frente a la crisis política, esta posición se concretiza en pedir la renuncia de Goni y que exista una sucesión presidencial, que Carlos Mesa asuma el gobierno. Jaime Solares, dirigente de la COB, en cierta forma tiene la misma lógica de salida "democrática". Desde los barrios se está construyendo una democracia directa, popular; en la cuidad de El Alto los cabildos y asambleas son las formas que va asumiendo un poder dual en germen, pero las direcciones de las movilizaciones no se apoyan en este hecho. Los desnuda como sostenedores de la democracia de los ricos.


 


El repudio de los trabajadores al gobierno ha planteado centralmente la cuestión del poder, la división de los sectores y la multiplicidad de sus planteamientos tienen como un límite la falta de una sola dirección y un objetivo político que dé una salida a la "inflexión" que vive el país. La Asamblea Constituyente ha demostrado ser una salida, aunque limitadamente democrática, puede dar un norte a la crisis de poder y desarrollar los gérmenes que han surgido y surgirán del poder dual. No podemos quedar en el mero constitucionalismo y optar por una salida "chavista". Frente a la salida de Goni, los trabajadores debemos tener una propia perspectiva, una Asamblea Constituyente libre y soberana. No convocada por ningún parlamento, sino sobre sus escombros. Con la disolución del ejército represor.


 


Ausencia de una dirección revolucionaria


 


Si cae el "gringo" (Gonzalo Sánchez de Lozada) ¿qué hacemos? ¿Quién será presidente de Bolivia? ¿Felipe Quispe? ¿Evo Morales? ¿Jaime Solares? ¿Los tres se unirán? ¿Qué pasará con el parlamento? El nuevo gobierno, ¿cómo sacará de la crisis a Bolivia? ¿La toma de poder debe ser por vía armada o pacífica? Preguntas que Miguel Pinto se hace y no responde, pero que concentran las dudas que tienen las direcciones de la movilización en curso, en torno a la perspectiva de la lucha.


 


La conclusión que sacaron en un ampliado de la COB llevado en la universidad revolucionaria de El Alto es de la falta de una "estrategia de poder", hecho que marcaría a fuego a la rebelión en curso. Estamos frente a un hecho social similar al de Marx frente a la Comuna de París. Estamos en un momento histórico, que marcará las luchas futuras y a la llamada "vanguardia", que deberá sacar las conclusiones necesarias. Trotsky, frente a momentos como éste nos decía: "Los efectos políticos de una crisis (no sólo la extensión de su influencia, sino también su dirección) están determinados por el conjunto de la situación política existente y por aquellos acontecimientos que preceden y acompañan la crisis, especialmente las batallas, los éxitos o fracasos de la propia clase trabajadora, anteriores a la crisis. Bajo un conjunto de condiciones, la crisis puede dar un poderoso impulso a la actividad revolucionaria de las masas trabajadoras; bajo un conjunto distinto de circunstancias puede paralizar completamente la ofensiva del proletariado, y en caso de que la crisis dure demasia do y los trabajadores sufran demasiadas pérdidas podría debilitar extremadamente, no sólo el potencial ofensivo, sino también el defensivo de la clase" (1921). En la paradoja de este conflicto, la clase obrera está ausente como sector y como política obrera. Incorporados a una huelga general de hecho. Teniendo estos elementos podremos concluir que estamos en una rebelión que puede expulsar al gobierno y parar los planes del imperialismo de manera temporal; este solo hecho es importante, pero estamos aún lejos de un proceso revolucionario, sin partido político de los obreros y frente a grandes tareas.


 


12 de octubre de 2003


 

“Falta una estrategia revolucionaria de poder”

El Alto, 3 de octubre


El 3 de octubre se realizó en la Universidad de El Alto un ampliado nacional de emergencia de la Central Obrera Boliviana (COB), con la participación de centenares de dirigentes de base y activistas, la vanguardia obrera de la pueblada. Los debates e intervenciones, reproducidos por Econoticias (6/10), son extremadamente interesantes.


 


Jaime Solares, en nombre del Comité Ejecutivo de la COB, criticó a las organizaciones que aún no se habían sumado a la huelga general y al bloqueo de caminos. Después de convocar a Evo Morales y al MAS a sumarse al bloqueo nacional, Solares señaló que "los dirigentes deben decir si están con el neoliberalismo o contra el neoliberalismo".


 


Evo Morales y Felipe Quispe fueron el blanco de numerosas críticas. El dirigente minero Juan Hoyos declaró que "si Evo es revolucionario, como nos dijo el año pasado cuando nos pidió el voto, tiene que sumarse sí o sí a esta batalla del pueblo". Toribio Hinojosa, dirigente de los trabajadores de la Caja Nacional de Salud, denunció que "Evo Morales y Felipe Quispe están pensando equivocadamente en las elecciones municipales que se realizarán en 2004. Estos partidos no creen en un cambio radical del sistema". Teodomiro Herrera, de los maestros rurales, denunció que "cuando estaban en campaña electoral, Evo Morales y Felipe Quispe venían todos los días a nuestras organizaciones. Ahora, hace más de un año que no bajan a las bases. Si el lunes 6 Evo no se suma a la lucha, debe ser visto como un traidor". Y concluyó señalando que "la disputa egoísta del MAS de Evo Morales y el MIP de Felipe Quispe para ganar votos para las elecciones es una de las trabas fundamentales que no permiten una lucha unitaria".


 


Según informa Econoticias, la denuncia de Herrera contra Quispe y Morales fue ovacionada.


 


Vilma Plata, dirigente de los maestros de La Paz y del Por, denunció a "los caudillos campesinos (como) electoralistas oportunistas". Planteó la formación de "comités de huelga para evitar que dirigentes burócratas distorsionen la lucha del pueblo boliviano, que está en pie de guerra por mejores condiciones de vida". Plata planteó "crear piquetes armados de autodefensa, derribar al gobierno, cerrar el parlamento, estatizar los medios de producción en manos de la burguesía y las transnacionales, y luchar por un gobierno obrero y campesino".


 


En distintas intervenciones, "los maestros urbanos y rurales, los campesinos, los constructores, los trabajadores de la salud, los mineros, los fabriles, los carniceros, los gremiales, las Centrales Obreras departamentales, los universitarios, los periodistas y otros sectores sociales identificaron que la dispersión del conflicto es producto de la falta de una estrategia revolucionaria de poder con dirección única, coherente y nacional".


 


Pero incluso entre quienes estuvieron de acuerdo en criticar el electorerismo de Quispe y Evo Morales, no fue posible establecer una política común sobre un planteo de poder frente a la crisis actual. Los acuerdos que se alcanzaron hablan de fortalecer la huelga y los bloqueos, pero no lograron establecer el objetivo estratégico de la lucha.


 

El MST y Bolivia: El “triunfo popular” es la máscara de la contrarrevolución


El Mst ha dedicado un suplemento especial de su periódico a la revolución boliviana (1). Su eje es caracterizar la caída del gobierno de Sánchez de Lozada como "un gran triunfo popular" e, incluso, como "un triunfo revolucionario". Esto no debería sorprender, porque lo mismo había hecho con la victoria electoral del ecuatoriano Gutiérrez (rápidamente convertido en un agente del FMI y de los petroleros norteamericanos y en un cómplice del derechista Uribe en la guerra civil colombiana) y con la "victoria" del frente encabezado por Lula y el empresario y evangelista Alencar en Brasil, respaldado por el 99% de la burguesía brasileña y buena parte del imperialismo mundial.


 


Los gobiernos surgidos de las "victorias populares" del Mst se convierten con toda regularidad en los agentes de los opresores y los explotadores. El Mst nos ofrece el eterno círculo vicioso de la "traición" de los protagonistas de estas "victorias" y de unas masas que se enfrentan a los frutos de sus "victorias".


 


¿"Triunfo popular"?


 


¿Cómo llegó Mesa al gobierno? Responde el Mst: "El vacío de poder abierto no fue llenado, sin embargo, por el poder de la calle (porque) sus dirigentes más importantes se negaron a tomar esta tarea (…) se opusieron a que gobernaran la COB, los campesinos y cocaleros y entregaron ese espectacular triunfo al vicepresidente". Es decir, que los "dirigentes más importantes" actuaron como traidores y "entregaron el triunfo". ¿Cómo se explica que los obreros y campesinos hayan "triunfado" a pesar de que sus direcciones "entregaron el triunfo" a los explotadores?


 


Continúa el Mst: "El nuevo gobierno es producto de un acuerdo entre los partidos tradicionales y los dirigentes de las organizaciones del movimiento obrero y popular". Hay que agregar, además, a la Iglesia, las cámaras patronales, la diplomacia argentino-brasileña, las fuerzas armadas y policiales y hasta el propio imperialismo. Para llamar las cosas por su nombre, hay que decir que un acuerdo de esta naturaleza, que tiene como objetivo desplazar un gobierno legalmente constituido, es un golpe de Estado. Y que el objetivo de este golpe era reaccionario: impedir que la caída de Sánchez de Lozada llevara a los explotados al poder político. El nuevo gobierno es el producto de un golpe de Estado, de naturaleza democratizante. ¿Cómo puede calificarse esto como una "victoria popular"?


 


El Mst lo resuelve fácilmente: declara que el ascenso de Mesa es "una limitación del triunfo revolucionario". Dice que "las conducciones mayoritarias del pueblo boliviano tienen una clara responsabilidad en haber limitado el triunfo revolucionario". En otras palabras, la "entrega del triunfo" no es una traición histórica. Pero el nuevo gobierno no es "una limitación" sino que representa el realineamiento de la contrarrevolución.


 


"Revolución democrática"


 


Para el Mst, lo fundamental, es que se habría derrotado al "neoliberalismo". Pero caracterizar los sucesos bolivianos como una "victoria popular" oscurece las tareas políticas de la clase obrera y los explotados en el período político abierto por la asunción de Mesa. La lógica indica que un gobierno surgido de una "victoria popular" debe ser defendido. Pero la tarea revolucionaria central en Bolivia es exactamente la contraria: organizar el derrocamiento del usurpador Mesa. El primer paso para esto es explicar que en la competencia por darle una salida a la crisis política abierta por el hundimiento del gobierno de Sánchez de Lozada, la burguesía prevaleció sobre el proletariado.


 


Para el Mst, lo ocurrido en Bolivia sería una "revolución democrática", es decir la misma caracterización que los mencheviques y stalinistas hacen de la revolución de febrero de 1917, en Rusia, y de noviembre de 1918, en Alemania. En sus célebres "Tesis de Abril", no es posible encontrar un simple párrafo en el que Lenin califique la caída del zarismo como "una victoria popular" (y eso que había caído una monarquía de mil años y no un simple presidente). Lo que el Mst define como "revolución democrática" no es más que el aborto de la revolución proletaria en el cuadro del régimen democrático burgués. Cae una dictadura y sube un demócrata, el Mst dice "revolución democrática"; cae un "neoliberal" y sube un "anti-neoliberal", el Mst repite "revolución democrática". Pero en la lucha de clases concreta, el ascenso del "demócrata" (o el "antineoliberal") es un realineamiento de la contrarrevolución, que cambia de figurones y métodos, dadas las nuevas circunstancias.


 


Como el Argentinazo, la rebelión de las masas del Altiplano abrió una nueva etapa política; en eso radica su importancia. Pero las masas no han vencido. Para ello serán necesarias nuevas batallas y una nueva dirección revolucionaria, cuya primera obligación es llamar a las cosas por su nombre.


 


1. Alternativa Socialista, 23 de octubre de 2003.


 

La posición contrarrevolucionaria de Socialist Appeal


Su prolongada disolución en el laborismo británico ha dejado marcas indelebles en Socialist Appeal, la tendencia encabezada por Ted Grant y Alan Woods: el seguidismo a las direcciones establecidas es "marca registrada" de esta corriente; además de tener un respeto reverencial por las direcciones burocráticas: son chavistas en Venezuela, partidarios de Lula en Brasil, están con la Cta (y contra los piqueteros) en Argentina. En Bolivia, como no podía ser de otra manera, son fervientes defensores de la burocracia de la COB (Central Obrera Bolivia).


 


Su balance de los acontecimientos bolivianos ("La clave de la revolución andina", de Alan Woods y Jorge Martín[1]), da un respaldo incondicional a la dirección de la COB. "La dirección de la COB mostró gran coraje y determinación en la huelga general (…) Los líderes de la COB han jugado un rol muy positivo. Han mostrado gran integridad personal y coraje encabezando la lucha contra Sánchez de Lozada." Ni entre las propias filas de la burocracia cobista será posible encontrar mejores defensores de Jaime Solares.


 


Pero, para disimular, Alan Woods agrega que "ahora es necesario algo más que integridad y coraje: lo que es necesario es una clara perspectiva de tomar el poder y un programa y las tácticas adecuadas a esta perspectiva". Es decir que recomienda una "perspectiva de poder" luego de dejar pasar el momento de la lucha por el poder, la insurrección del 17 de octubre pasado.


 


Contra lo que afirma Alan Woods, la dirección de la COB (al igual que Quispe y Evo Morales) tuvo una posición extremadamente clara respecto a la cuestión del poder: era partidaria de la "salida constitucional", es decir del reemplazo de Sánchez d e Lozada por Mesa; en otras palabras, abiertamente hostil a la toma del poder por los explotados. Es decir, que tuvo una política que está muy lejos del "papel muy positivo" que le asigna Woods. Claro que para jugar ese papel contrarrevolucionario, la dirección de la COB debía estar a la cabeza de la huelga general…


 


Continúa Alan Woods: "Los trabajadores tuvieron éxito en derrocar al presidente, pero entonces permitieron que el poder se les escapara entre sus dedos". Pero los que permitieron que Mesa llegara al gobierno no fueron los trabajadores sino sus direcciones, entre ellas la burocracia de la COB, que pactaron el recambio presidencial con la Iglesia, los partidos del régimen, los empresarios y la diplomacia brasileño-argentina. Para blanquear la política de la burocracia de la COB, Socialist Appeal responsabiliza a la masa.


 


Hay más. Refiriéndose al nuevo gobierno, Woods escribe que "existe una corriente subterránea de desconfianza y bronca entre las masas que se refleja en la intransigencia de sus líderes naturales". Sobre la supuesta "intransigencia" de la COB, la Federación campesina de Quispe o el Mas de Evo Morales, basta mencionar que todos levantaron las medidas de lucha y abrieron una tregua con el nuevo gobierno. Pero lo más importante es el respeto reverencial de Woods a las burocracias del movimiento, a las que califica como "direcciones naturales". Es una categoría novedosa. Las direcciones que se encuentran al frente de una clase en un momento determinado de su historia no son una consecuencia de la naturaleza sino de la lucha política entablada entre las distintas tendencias de esa clase (que incluye a los agentes de las clases enemigas, como la burocracia). Al calificar a Quispe y Solares como los "dirigentes naturales" de los campesinos y los obreros, Woods declara por anticipado que renuncia a luchar por una dirección alternativa, revolucionaria, en las organizaciones de las masas.


 


Una cuestión final. En su largo análisis de los sucesos bolivianos, Alan Woods no dice una simple palabra acerca del papel jugado por Lula. Se trata de una omisión consciente, a la vista del papel decisivo jugado por el gobierno brasileño en la defensa del "régimen constitucional" boliviano contra las masas insurrectas. Pero Lula no sólo es el presidente del Brasil; es, además, el representante político de las direcciones "antiglobalizadoras". El silencio sobre el papel contrarrevolucionario del gobierno del PT en Bolivia no sólo es una capitulación frente a Lula sino también frente a las direcciones del "movimiento antiglobalizador" europeo, algo muy conveniente a las maniobras de Socialist Appeal en aquellas tierras.


 


1. Aclaramos a los lectores habituales de Prensa Obrera que el Jorge Martín que firma distintas notas sobre la situación en Bolivia en las publicaciones del Socialist Appeal no es el Jorge Martín que colabora en nuestro periódico. Se trata, simplemente, de homónimos.


 

Chávez, Lula, Kirchner, ¿adónde va Latinoamérica?


Compañeros: Les agradezco que hayan venido, les doy las buenas tardes a todos y antes de entrar directamente en la materia, los quiero llevar a la siguiente reflexión.


 


El problema que vamos a discutir hoy es un problema complejo; no se trata solamente de qué posición tiene el Partido Obrero sobre el tema en debate. Se trata de ver cuál es la envergadura de la crisis que está viviendo América Latina; qué tipos de respuestas a esta crisis significan los gobiernos de Chávez, Lula y Kirchner; y qué tipo de alternativas debe encarar el movimiento obrero. Es un problema de análisis, o sea una respuesta partidaria a la cuestión, pero al mismo tiempo es un pronóstico, una caracterización, una perspectiva. O sea, una caracterización de la realidad en su conjunto, determinar en qué medida el pronóstico se confirma o no se confirma y obliga a adecuar los planteamientos políticos. Es, en realidad, la forma de actuar de un partido revolucionario, no es un sistema de recetas, sino una experimentación política constante.


 


Intuitivamente, por la cantidad de personas que asiste hoy a la charla y por el interés que ha suscitado, se puede decir que hay una percepción de que hay cosas en común entre Kirchner, Chávez y Lula. Cualquiera se da cuenta que las diferencias existen pero intuye que hay cosas en común. Por ejemplo, Lula y Chávez vinieron a Buenos Aires y su presencia en la asunción de Kirchner tuvo una repercusión que tendía a emparentarlos.


 


¿A qué obedecía todo eso? ¿Hay elementos comunes para que podamos colocarlos a los tres en una misma hilera?


 


El derrumbe político


 


Un primer elemento común es que los tres emergen en la escena política como consecuencia del derrumbe de todos los partidos tradicionales, un fenómeno político impresionante.


 


En Venezuela los partidos tradicionales no eran moco de pavo, eran dos grandes partidos.


 


El partido Acción Democrática era un partido como el peronismo, era una mezcla de radicalismo y peronismo, que intervino en varios procesos revolucionarios en la década del 40, sus dirigentes fueron exiliados y perseguidos. Finalmente, participaron en una gran insurrección popular en enero del año 58, apenas un año antes de enero del año 59, cuando triunfaría la revolución cubana. La juventud universitaria era toda Adeca (Acción Democrática). Los derechistas acusaban a Rómulo Betancourt, presidente del partido, casi de comunista, y el hombre en realidad pertenecía a un partido de las características de los partidos que, en América Latina, tienen que ver con la famosa Reforma Universitaria que nació en Córdoba en el año 18: el Apra del Perú, la Acción Democrática y el radicalismo, que aunque no nació en el 18, ideológicamente está vinculado a la reforma universitaria de Córdoba. Hay otros partidos de esas características en América Latina.


 


El otro partido importante en Venezuela era Copei, el partido de la Iglesia. La democracia cristiana era la otra vertiente, que en el pasado había tenido características franquistas, falangistas (en la década del 30). Luego, en la posguerra, en la Iglesia empieza a emerger un movimiento demócrata cristiano que busca tener características populares. Eran dos partidos que en determinado momento hicieron un pacto, que se llamó el pacto del punto fijo, por el cual se repartían el gobierno. Eran dos partidos fundamentales en los años 70. Acción Democrática nacionaliza el petróleo venezolano. A partir de los 80, éstos dos partidos se derrumban; aplicaron los planes del FMI, ajustes, desangre de la población; hay un levantamiento popular en Caracas, en el año 89. En el 92, un coronel da una suerte de golpe de Estado muy interesante, con coroneles y tenientes coroneles, pero cuando el pueblo se entera del levantamiento sale a las calles y se produce una insurrección popular, junto con estos militares.


 


La reacción de toda América Latina frente a la tentativa del coronel Chávez de llegar al gobierno a la cabeza de un insurrección popular; esa reacción de toda América Latina es apoyar la democracia (abajo los golpistas, no queremos más golpes militares, viva la democracia, Alfonsín, IU, ¿y quién?… Fidel Castro. En una carta dirigida al presidente Carlos Andrés Pérez lo saluda por haber logrado derrotar el golpe). Pero hay un partido en Argentina que apoya la insurrección encabezada por los militares, naturalmente hay algunos partidos en Venezuela. El partido, en Argentina, que apoya, no porque es un golpe sino porque es una lucha popular, es el Partido Obrero. El PO llama a apoyar el levantamiento popular en Venezuela contra el Estado y los partidos democráticos y aunque sabemos que está encabezado por un militar cuya ideología exactamente no conocemos en ese momento, lo que estamos apoyando es el levantamiento popular. Sabemos que si triunfa el levantamiento popular hay una perspectiva para el pueblo de Venezuela; que si es aplastado triunfa la reacción.


 


Los levantamientos populares son anteriores a Chávez. El Caracazo, en el año 89, y la tentativa de Chávez y el levantamiento popular en 1992, fracasan y, por un período parecen enterrados en la historia. Lo recuerdo, en particular, para los que creen que el Argentinazo se cayó. En los años 92, 93, 94 y 95, nadie daba dos mangos por Chávez en Venezuela, pero cuando tienen lugar las elecciones subsiguientes, emerge nuevamente el chavismo como expresión de una corriente popular que barre y destruye en una primera elección a Asamblea Constituyente, a los partidos tradicionales. Estos sacan un solo diputado; todos los demás son chavistas. Todos esos partidos se destruyen. Recuerdo una tapa de Prensa Obrera, en el 92, que advertía el "derrumbe de los regímenes políticos patronales" en América Latina. La emergencia del chavismo en Venezuela es, entonces, la expresión del derrumbe de la dominación política tradicional de la oligarquía y de la dominación del imperialismo y un planteamiento que quiere alterar las características sociales y políticas de Venezuela sobre bases capitalistas, no sobre bases socialistas. No hay aquí movimiento socialista, no es una revolución de los trabajadores.


 


Chávez convoca a sucesivas asambleas constituyentes que reforman la Constitución y le dan una base política para gobernar.


 


Si tomamos el caso de Lula, no sólo saca 60 millones de votos en el segundo turno, aunque ya en el primer turno había sacado una cantidad impresionante de votos y la gente creía que podía ganar en el primer turno.


 


Lo significativo es que entre Lula y el segundo hay decenas de millones de votos de diferencia, es decir que los partidos tradicionales de Brasil son pulverizados en el proceso electoral. Hay un solo candidato de un partido relativamente tradicional, que es Serra, el candidato a presidente de Cardoso. Los demás son aventureros políticos, que formaron un partido solamente para ir a esas elecciones, es decir, que el partido de los trabajadores gana una elección contra nadie. La burguesía brasileña, los capitalistas brasileños, no le oponen a Lula una fuerza política estructurada. No la tienen, está completamente quebrantada, y algunos partidos se dividen, además, porque Lula lleva como candidato a vicepresidente a un hombre de la burguesía brasileña, un gran industrial, derechista, clerical, anticampesino, José Alencar, es decir, hace un pacto con la burguesía brasileña ya antes de las elecciones.


 


Todo esto es significativo porque los capitalistas dominan estos países, no directamente, sino a través de determinadas fuerzas políticas. El banquero no está al frente de la política, el que está frente de la política es una organización especializada en política. Si la organización se cae, la burguesía tiene un problema. ¿Cómo se reconstruye? Por otro lado, si esa organización política se cae porque la organización económica y social se está quebrando, eso provoca un choque entre el elemento popular y los partidos políticos. Esa desilusión, desengaño y repudio, que tiene al final la expresión de "Que se vayan todos", es una expresión del derrumbe de la dominación de los capitalistas; no es que se derrumbó totalmente esa dominación pero es una expresión de su derrumbe. Entonces, en Brasil, hoy, no hay otro partido político para gobernar que el Partido de los Trabajadores.


 


Si tomamos el ejemplo de la Argentina, el grado de atomización en las últimas elecciones, con el peronismo dividido en tres, los radicales divididos en tres, y el gobierno de Kirchner tratando de formar ahora virtualmente un nuevo partido, pegando un cachito del Frepaso, un cachito del Partido Justicialista, un poco de cada lado, es también un demostración de que ese derrumbe político que se manifestó en el Argentinazo, en las abstenciones, en una serie de fenómenos, que condiciona el ascenso de Kirchner. El derrumbe político tiene un fondo económico incuestionable. Los tres países pasan por lo que nosotros podríamos denominar una franca bancarrota capitalista, es decir que lo que está en el fondo del problema es una quiebra de las relaciones económicas capitalistas en todos estos países.


 


Para que ustedes lo vean claro, vamos a empezar con Argentina, que está en una situación más extrema.


 


Cuando se devalúa la moneda, todas las relaciones entre deudores y acreedores se derrumban, no se pagan deudas; los bancos registran pérdidas descomunales y su capital se convierte en negativo, es decir que deben más de lo que se les debe a ellos, o quienes les deben a ellos no les van a pagar; son industriales o personas que contrajeron créditos y quebraron, y como quebraron no van a pagar lo créditos. Cuando una empresa tiene capital negativo o no tiene capital no puede actuar en el mercado porque no puede afrontar los compromisos que asume. Si una empresa pide un crédito y no tiene capital no le van a dar un crédito. Grandes empresas de servicios públicos tienen capital negativo; Telecom, el año pasado, perdió 3.000 millones de dólares porque las tarifas se pesificaron y el peso argentino se devaluó a treinta centavos por dólar.


 


¿Cómo funciona entonces el capitalismo en Argentina? Funciona porque el Estado ha autorizado a los bancos a que sus balances no reflejen las pérdidas y en sus balances no aparece que tienen capital negativo, es decir que el Estado, la policía, el Ejército, la Justicia, ha dado la orden de que esos capitalistas sigan funcionando bajo la garantía del Estado. Este es un fenómeno excepcional, que permite ver claramente al Estado como el representante final del capitalismo. El Banco Central, que bajo Cavallo tenía prohibido darle crédito a los bancos, es autorizado a hacerlo por Duhalde y en los primeros cuatro meses del año 2002 les da unos 25 mil millones de pesos. Es decir que si un juez le daba permiso a un ahorrista para sacar la plata y el banco no tenía plata, el Banco Central ponía esa plata. El Banco Central, institución clave del Estado, emitió dinero para rescatar al capital.


 


Brasil vivió en el año 99 en parte lo que nosotros vivimos en el 2001, devaluó la moneda y se produjo una enorme crisis. En las vísperas de la subida de Lula la situación se agravó todavía más, la moneda se empezó a devaluar de nuevo y se creía que Brasil caería en la cesación de pagos. La deuda del Estado es de unos 450.000 millones de dólares, absolutamente impagable, con el agravante de que se ajusta, es decir que la que está en reales brasileños se ajusta con el dólar; entonces si el real se devalúa sube la deuda.


 


El caso de Venezuela es fantástico porque es un país productor de petróleo y tiene buenos precios internacionales. Pero, ya desde el año 89, lo que provocó el levantamiento popular del Caracazo fue una gigantesca devaluación. Tenemos acá, entonces, dos grandes fenómenos que son comunes a los tres países: desintegración del sistema político, bancarrota económica. Tanto en Venezuela y en Brasil como en Argentina hay que reconstruir el sistema capitalista en sus aspectos económicos, lo que significa que las masas paguen el costo. En la Argentina, los bancos reclaman que se les compensen las pérdidas, lo mismo Telecom. Telefónica también y los acreedores del exterior igualmente. Ahora, si el hombre y la mujer que van de a pie tienen que pagar este rescate, va a haber otro Argentinazo. Entonces, el presidente que tiene que encargarse de reconstruir el sistema político enfrenta, por un lado, la amenaza de los banqueros y sabe, por el otro, que si cumple la función que él tiene que cumplir de pagarle a los banqueros va a tener un levantamiento popular y que va a terminar como los Duhalde, los Menem y los De la Rúa.


 


Naturalmente, a partir de aquí los fenómenos políticos nacionales se diferencian. A la izquierda argentina, y a la Izquierda Unida en particular, Lula las volvió locos, porque creyeron que habían llegado al paraíso. Ahora que Lula quiere privatizar la jubilación y ahora que Lula quiere pagar la deuda externa y hacer el ajuste, perjudicar a las masas y los campesinos se enojan, los empleados públicos se enojan, y hay huelgas y todo lo demás, la izquierda que lo apoyó tanto, forzosamente, dice que Lula traicionó el programa, uno más que traiciona. No, no es así. El fenómeno de Lula no es el de un tipo que no cumplió su programa. Lula, como representante de un partido que se dice de los trabajadores, ha formado en Brasil un gobierno capitalista y ese gobierno capitalista lo formó ya en la campaña electoral. Los que decían "Viva Lula", decían "Viva la formación de un gobierno capitalista". Había nombrado como vicepresidente a uno de los principales industriales brasileños y luego designó como ministro de Agricultura al representante de los terratenientes (miren si los campesinos no van a estar enojados). El presidente del Banco Central es un ex funcionario del Bank of Boston, es decir de los bancos norteamericanos. El secretario de Industrias es un gran industrial de la Unión Industrial de San Pablo, Luis Furlan. Es un gobierno capitalista hasta los tuétanos, acá nadie traicionó absolutamente ningún programa. Acá pasó algo mucho más profundo que traicionar un programa; un partido que invocaba el nombre de los trabajadores ha formado un gobierno, no de los trabajadores sino de los capitalistas y ahora el problema para las masas brasileñas no es que Lula vuelva a su programa original, sino que para ser un gobierno de los trabajadores debería, como mínimo, echar a todos los funcionarios capitalistas, de lo contrario, nunca podría volver a ningún programa original. No se puede hacer un cambio social profundo gobernando con los capitalistas. Primero hay que echar a los capitalistas, si los echan se abre una posibilidad de que el Partido de los Trabajadores en Brasil pueda ser todavía un partido de cambio, pero si no los echan pedirle que cumpla su programa original es cometer un tamaño embuste, es pedir que el presidente del Bank of Boston, el industrial vicepresidente, el ministro terrateniente y el ministro de la gran industria hagan la transformación popular de Brasil. Este es el fenómeno politico de Brasil, por eso el Partido Obrero, en el caso de Brasil, lleva como consigna política de orientación de las masas que han votado a Lula: que el PT eche a los capitalistas del gobierno y con ello se plantea una cuestión de poder. Que el Partido de los Trabajadores eche a todos los capitalistas del gobierno y satisfaga todas las reivindicaciones del pueblo; eso va a crear una crisis de poder. En este caso, como Lula no tiene mayoría parlamentaria, el PT estaría obligado a chocar con el Congreso y a desarrollar una situación revolucionaria. Pero Lula hace lo contrario: para conseguir mayoría parlamentaria convoca a todos los partidos políticos que se quebraron en Brasil y cuya quiebra permitió que el PT llegue al gobierno. Mientras los partidos tradicionales se derrumban, incapaces de dirigir el país (por eso gana el Partido de los Trabajadores), el Partido de los Trabajadores busca reconstruir bajo su dirección el sistema político quebrado, haciendo un acuerdo en el Congreso con todos los partidos tradicionales. Lula es toda una regresión política en la crisis. Por eso, si el descontento popular no fuerza una crisis política en el gobierno de Lula provocando la expulsión de los ministros capitalistas, del vicepresidente y la convocatoria de una Asamblea Constituyente, es decir, si la crisis no va por ese rumbo, la crisis va a ir por el rumbo que tuvo en Argentina, la gente va a terminar golpeando a Lula y a todo su gobierno en función de una alternativa que se tendrá que desarrollar oportunamente, porque Lula, con su política económica está haciendo lo mismo que hicieron Machinea y De la Rúa (aumentar los impuestos, aumentar la recaudación para pagar la deuda externa, aumentando los intereses y hay una caída industrial muy fuerte en Brasil, al caer la industria se recauda menos, etc.).


 


El otro problema de por qué el Partido de los Trabajadores es un gobierno capitalista es la fuerza social que lo empuja en esa dirección. La prensa de derecha en Argentina elogia a la izquierda moderna en Brasil, que no es un grupejo de marca menor como el Partido Obrero, que allá sí hay un partido, acá sólo bandas de piqueteros. Pero todo esto significa que, durante 25 años, los dirigentes del Partido de los Trabajadores fueron entrando al aparato del Estado, paso a paso, se fueron integrando al Estado y en la medida en que se fueron integrando al Estado fueron empezando a defender los intereses del Estado que les paga suculentos salarios. La última encuesta realizada sobre los congresos del Partido de los Trabajadores de Brasil demostró que el 75% de los delegados al congreso del Partido de los Trabajadores de Brasil son funcionarios del aparato estatal en las intendencias, en los municipios, en las gobernaciones y ahora diríamos en la presidencia. Es esto lo que saludó la izquierda argentina que fue a bailar zamba brasileña al Obelisco el domingo que ganó el PT, o mejor el Frente del PT con el… partido Liberal.


 


En el caso del movimiento de Venezuela el fenómeno es más complejo en una serie de cuestiones. En primer lugar, ustedes han visto que el gobierno de Chávez tiene choques muy fuertes con los que nosotros llamaríamos los gorilas de Venezuela, la derecha que está apoyada por una parte de la izquierda. Casi todos los partidos de izquierda de Venezuela se han dividido en un ala pro Chávez y un ala anti Chávez, y el ala anti Chávez de todos esos partidos de izquierda milita con lo que en Venezuela se llama los escuálidos, que serían los gorilas. Le han hecho un paro patronal muy fuerte a Chávez y un golpe de Estado y una injerencia norteamericana, etcétera, y Chávez ha aguantado todo eso, ha resurgido enfrentando todo eso. Cuando esta ofensiva contra Chávez llegó a su punto más grave, en el comité nacional del Partido Obrero decidimos hacer un movimiento de solidaridad con toda una cantidad de importantes manifestaciones y un viaje a Venezuela. El ejército de Venezuela defendió a Chávez y se opuso a los golpistas y en algunos casos, muy interesante, por ejemplo se produjeron debates con líderes obreros en los cuarteles; eso les da una idea del clima, en cierto modo revolucionario, de la población que combatía el golpe derechista. Mientras que al gobierno de Lula lo caracterizamos como un gobierno capitalista y proimperialista, que ejecuta los planes del FMI, el gobierno de Chávez está realizando una cierta tentativa de nacionalismo económico, muy restringido, importante pero restringido, porque es un nacionalismo que se limita a tratar de ganar para el pais la mayor cantidad posible de divisas que resultan de la explotación del petróleo y en esa medida el Partido Obrero ha dicho "que el gobierno de Chávez es un gobierno de nacionalismo fiscal". En este punto tiene un choque importante con el imperialismo. Es que aunque en Venezuela el petróleo está nacionalizado, los grandes pulpos petroleros internacionales lograron encaramar una camarilla en la empresa estatal de petróleo. Esta empresa de petróleo invertía el dinero que ganaba Venezuela con el petróleo en el exterior, construyendo refinerías, construyendo estaciones de servicios, y dejaba la plata en el exterior, reduciendo el ingreso fiscal de Venezuela. Un estudio muy importante llegó a la conclusión de que Venezuela ganaba más plata cuando la explotación del petróleo era privada que cuando lo hacía el Estado, es decir que cuando el petróleo era yanqui ingresaban más dólares a Venezuela que cuando los "nacionalistas" venezolanos echaron a lo s yanquis. Chávez decide despedir, entonces, a la plana mayor de la empresa estatal y a cambiar esta situación de saqueo y este problema provoca el estallido de toda la clase capitalista de Venezuela, que empieza a atacár a Chávez, porque ahí estaba la madre de los problemas, ahí estaba el problema, de como se estaba saqueando Venezuela.


 


Es la empresa estatal PDVSA (empresa estatal de petróleo de Venezuela) la que larga la huelga general contra Chávez y la que provoca el desabastecimiento de petróleo. En este punto, la clase obrera venezolana juega un papel muy importante; en cierto modo el gobierno de Chávez habría caído si no hubiera sido por los obreros. Los obreros que salvaron a Chávez se llaman clasistas, son obreros petroleros de varias destilerías de Venezuela, que las ocuparon y las mantuvieron funcionando. Yo estuve en una asamblea general de obreros que se convocó para discutir las ocupaciones de fábricas en la Argentina y había una multitud de trabajadores discutiendo Sasetru, Brukman, las empresas recuperadas y todo ese tipo de problemas. Allí me mostraron los recortes de los diarios donde Chávez declara que los obreros de la región de Barcelona salvaron el gobierno. Como ustedes ven, acá ha estallado una gran crisis porque sin los recursos del petróleo ningún gobierno capitalista podría gobernar en Venezuela. El problema es que el chavismo es nada más que un nacionalismo fiscal. Los ingresos de petróleo que quedan en Venezuela van a los bancos venezolanos, con los cuales el Estado ha acumulado el 50% de la deuda pública. Los bancos venezolanos son todos extranjeros y Chávez no pretende nacionalizar los bancos.


 


Chávez ha tomado una medida nacionalista, que tiene un gran valor, histórico si ustedes quieren, pero no tiene una profunda incidencia económica: la declaración del carácter público de las orillas de los mares y de los ríos que eran acaparadas por la propiedad privada. Pero Chávez ha inaugurado lo que se llama la apertura petrolera en Venezuela. Con Chávez las empresas extranjeras empiezan a invertir en petróleo asociadas a la empresa estatal de petróleo. Un oligarca petrolero declaró: "De Chávez nos separa el suelo, pero nos une el sub-suelo". En este momento, más que en ningun otro, la industria petroquímica y petrolera está siendo abierta al capital extranjero en asociacion con PDVSA. Una empresa muy importante, Techint, es un fuerte sostenedor de Chávez, que rescató con dinero público la fuerte pérdida de la empresa siderúrgica Sidor, cuando no pudo pagar sus deudas. El Estado decidió transformar en capital los créditos que tenía contra Techint, socializando las pérdidas del grupo Techint.


 


Para que el movimento obrero que se destacó en estas luchas tenga un futuro tiene que comprender la limitación del nacionalismo burgués fiscal. Chávez mismo, cuando estuvo en Argentina, hizo un señalamiento muy importante cuando dijo que Venezuela no tenía salida si no había una unidad de América Latina, que no podía ser económica sino que ante todo debería ser política. Pero un plan político común con la burguesía de los otros países de América Latina (Lula, Kirchner) es imposible, porque los Kirchner y los Lula defienden a las burguesías de su países, no tienen propósitos colectivos comunes contra el imperialismo. El fenómeno más brutal de todo el fracaso de la izquierda y del nacionalismo ¿dónde está? ¿Dónde está mejor representado? En el gobierno de Ecuador, con Lucio Gutiérrez, un coronel que hizo una alianza con los indígenas y con el movimiento campesino en el año 2000, cuando ocurrió un levantamiento popular, y hoy no sólo gobierna con los planes del FMI, no sólo traiciona a los indígenas, sino que es el agente del Plan Colombia de los yanquis en Ecuador. La izquierda democratizante apoyó a Lucio Gutiérrez.


 


El gobierno de Kirchner está marcado por las contradicciones señaladas. Cuando Kirchner dice las cosas y que dice tiene gestos de tipo popular está pagando un tributo de palabra al Argentinazo, está tratando de recoger el sentimiento popular que había en la rebelión, pero no puede satisfacer las reivindicaciones de la rebelión. Hay que tomar distancia y hacer un balance en una perspectiva más amplia. Cuando uno hace eso ve que no se puede explicar nada si no se tiene en cuenta como factor de fondo la bancarrota económica capitalista y el derrumbe del sustento de dominación política.


 


Estos son los problemas que reclaman construir una alternativa política independiente sobre la base de este pronóstico de la enormidad de la crisis capitalista y de que la clase social que le puede ofrecer una salida es la clase social de los trabajadores que se encuentran desocupados y ocupados, es decir de la clase obrera en la perspectiva efectivamente de que un gobierno de los trabajadores abra el camino hacia el socialismo.


 


Nada más conpañeros.


 


(*) Conferencia de Jorge Altamira en la Universidad Nacional de Salta, 6 de agosto de 2003.


Compañeros: Les agradezco que hayan venido, les doy las buenas tardes a todos y antes de entrar directamente en la materia, los quiero llevar a la siguiente reflexión.


 


El problema que vamos a discutir hoy es un problema complejo; no se trata solamente de qué posición tiene el Partido Obrero sobre el tema en debate. Se trata de ver cuál es la envergadura de la crisis que está viviendo América Latina; qué tipos de respuestas a esta crisis significan los gobiernos de Chávez, Lula y Kirchner; y qué tipo de alternativas debe encarar el movimiento obrero. Es un problema de análisis, o sea una respuesta partidaria a la cuestión, pero al mismo tiempo es un pronóstico, una caracterización, una perspectiva. O sea, una caracterización de la realidad en su conjunto, determinar en qué medida el pronóstico se confirma o no se confirma y obliga a adecuar los planteamientos políticos. Es, en realidad, la forma de actuar de un partido revolucionario, no es un sistema de recetas, sino una experimentación política constante.


 


Intuitivamente, por la cantidad de personas que asiste hoy a la charla y por el interés que ha suscitado, se puede decir que hay una percepción de que hay cosas en común entre Kirchner, Chávez y Lula. Cualquiera se da cuenta que las diferencias existen pero intuye que hay cosas en común. Por ejemplo, Lula y Chávez vinieron a Buenos Aires y su presencia en la asunción de Kirchner tuvo una repercusión que tendía a emparentarlos.


 


¿A qué obedecía todo eso? ¿Hay elementos comunes para que podamos colocarlos a los tres en una misma hilera?


 


El derrumbe político


 


Un primer elemento común es que los tres emergen en la escena política como consecuencia del derrumbe de todos los partidos tradicionales, un fenómeno político impresionante.


 


En Venezuela los partidos tradicionales no eran moco de pavo, eran dos grandes partidos.


 


El partido Acción Democrática era un partido como el peronismo, era una mezcla de radicalismo y peronismo, que intervino en varios procesos revolucionarios en la década del 40, sus dirigentes fueron exiliados y perseguidos. Finalmente, participaron en una gran insurrección popular en enero del año 58, apenas un año antes de enero del año 59, cuando triunfaría la revolución cubana. La juventud universitaria era toda Adeca (Acción Democrática). Los derechistas acusaban a Rómulo Betancourt, presidente del partido, casi de comunista, y el hombre en realidad pertenecía a un partido de las características de los partidos que, en América Latina, tienen que ver con la famosa Reforma Universitaria que nació en Córdoba en el año 18: el Apra del Perú, la Acción Democrática y el radicalismo, que aunque no nació en el 18, ideológicamente está vinculado a la reforma universitaria de Córdoba. Hay otros partidos de esas características en América Latina.


 


El otro partido importante en Venezuela era Copei, el partido de la Iglesia. La democracia cristiana era la otra vertiente, que en el pasado había tenido características franquistas, falangistas (en la década del 30). Luego, en la posguerra, en la Iglesia empieza a emerger un movimiento demócrata cristiano que busca tener características populares. Eran dos partidos que en determinado momento hicieron un pacto, que se llamó el pacto del punto fijo, por el cual se repartían el gobierno. Eran dos partidos fundamentales en los años 70. Acción Democrática nacionaliza el petróleo venezolano. A partir de los 80, éstos dos partidos se derrumban; aplicaron los planes del FMI, ajustes, desangre de la población; hay un levantamiento popular en Caracas, en el año 89. En el 92, un coronel da una suerte de golpe de Estado muy interesante, con coroneles y tenientes coroneles, pero cuando el pueblo se entera del levantamiento sale a las calles y se produce una insurrección popular, junto con estos militares.


 


La reacción de toda América Latina frente a la tentativa del coronel Chávez de llegar al gobierno a la cabeza de un insurrección popular; esa reacción de toda América Latina es apoyar la democracia (abajo los golpistas, no queremos más golpes militares, viva la democracia, Alfonsín, IU, ¿y quién?… Fidel Castro. En una carta dirigida al presidente Carlos Andrés Pérez lo saluda por haber logrado derrotar el golpe). Pero hay un partido en Argentina que apoya la insurrección encabezada por los militares, naturalmente hay algunos partidos en Venezuela. El partido, en Argentina, que apoya, no porque es un golpe sino porque es una lucha popular, es el Partido Obrero. El PO llama a apoyar el levantamiento popular en Venezuela contra el Estado y los partidos democráticos y aunque sabemos que está encabezado por un militar cuya ideología exactamente no conocemos en ese momento, lo que estamos apoyando es el levantamiento popular. Sabemos que si triunfa el levantamiento popular hay una perspectiva para el pueblo de Venezuela; que si es aplastado triunfa la reacción.


 


Los levantamientos populares son anteriores a Chávez. El Caracazo, en el año 89, y la tentativa de Chávez y el levantamiento popular en 1992, fracasan y, por un período parecen enterrados en la historia. Lo recuerdo, en particular, para los que creen que el Argentinazo se cayó. En los años 92, 93, 94 y 95, nadie daba dos mangos por Chávez en Venezuela, pero cuando tienen lugar las elecciones subsiguientes, emerge nuevamente el chavismo como expresión de una corriente popular que barre y destruye en una primera elección a Asamblea Constituyente, a los partidos tradicionales. Estos sacan un solo diputado; todos los demás son chavistas. Todos esos partidos se destruyen. Recuerdo una tapa de Prensa Obrera, en el 92, que advertía el "derrumbe de los regímenes políticos patronales" en América Latina. La emergencia del chavismo en Venezuela es, entonces, la expresión del derrumbe de la dominación política tradicional de la oligarquía y de la dominación del imperialismo y un planteamiento que quiere alterar las características sociales y políticas de Venezuela sobre bases capitalistas, no sobre bases socialistas. No hay aquí movimiento socialista, no es una revolución de los trabajadores.


 


Chávez convoca a sucesivas asambleas constituyentes que reforman la Constitución y le dan una base política para gobernar.


 


Si tomamos el caso de Lula, no sólo saca 60 millones de votos en el segundo turno, aunque ya en el primer turno había sacado una cantidad impresionante de votos y la gente creía que podía ganar en el primer turno.


 


Lo significativo es que entre Lula y el segundo hay decenas de millones de votos de diferencia, es decir que los partidos tradicionales de Brasil son pulverizados en el proceso electoral. Hay un solo candidato de un partido relativamente tradicional, que es Serra, el candidato a presidente de Cardoso. Los demás son aventureros políticos, que formaron un partido solamente para ir a esas elecciones, es decir, que el partido de los trabajadores gana una elección contra nadie. La burguesía brasileña, los capitalistas brasileños, no le oponen a Lula una fuerza política estructurada. No la tienen, está completamente quebrantada, y algunos partidos se dividen, además, porque Lula lleva como candidato a vicepresidente a un hombre de la burguesía brasileña, un gran industrial, derechista, clerical, anticampesino, José Alencar, es decir, hace un pacto con la burguesía brasileña ya antes de las elecciones.


 


Todo esto es significativo porque los capitalistas dominan estos países, no directamente, sino a través de determinadas fuerzas políticas. El banquero no está al frente de la política, el que está frente de la política es una organización especializada en política. Si la organización se cae, la burguesía tiene un problema. ¿Cómo se reconstruye? Por otro lado, si esa organización política se cae porque la organización económica y social se está quebrando, eso provoca un choque entre el elemento popular y los partidos políticos. Esa desilusión, desengaño y repudio, que tiene al final la expresión de "Que se vayan todos", es una expresión del derrumbe de la dominación de los capitalistas; no es que se derrumbó totalmente esa dominación pero es una expresión de su derrumbe. Entonces, en Brasil, hoy, no hay otro partido político para gobernar que el Partido de los Trabajadores.


 


Si tomamos el ejemplo de la Argentina, el grado de atomización en las últimas elecciones, con el peronismo dividido en tres, los radicales divididos en tres, y el gobierno de Kirchner tratando de formar ahora virtualmente un nuevo partido, pegando un cachito del Frepaso, un cachito del Partido Justicialista, un poco de cada lado, es también un demostración de que ese derrumbe político que se manifestó en el Argentinazo, en las abstenciones, en una serie de fenómenos, que condiciona el ascenso de Kirchner. El derrumbe político tiene un fondo económico incuestionable. Los tres países pasan por lo que nosotros podríamos denominar una franca bancarrota capitalista, es decir que lo que está en el fondo del problema es una quiebra de las relaciones económicas capitalistas en todos estos países.


 


Para que ustedes lo vean claro, vamos a empezar con Argentina, que está en una situación más extrema.


 


Cuando se devalúa la moneda, todas las relaciones entre deudores y acreedores se derrumban, no se pagan deudas; los bancos registran pérdidas descomunales y su capital se convierte en negativo, es decir que deben más de lo que se les debe a ellos, o quienes les deben a ellos no les van a pagar; son industriales o personas que contrajeron créditos y quebraron, y como quebraron no van a pagar lo créditos. Cuando una empresa tiene capital negativo o no tiene capital no puede actuar en el mercado porque no puede afrontar los compromisos que asume. Si una empresa pide un crédito y no tiene capital no le van a dar un crédito. Grandes empresas de servicios públicos tienen capital negativo; Telecom, el año pasado, perdió 3.000 millones de dólares porque las tarifas se pesificaron y el peso argentino se devaluó a treinta centavos por dólar.


 


¿Cómo funciona entonces el capitalismo en Argentina? Funciona porque el Estado ha autorizado a los bancos a que sus balances no reflejen las pérdidas y en sus balances no aparece que tienen capital negativo, es decir que el Estado, la policía, el Ejército, la Justicia, ha dado la orden de que esos capitalistas sigan funcionando bajo la garantía del Estado. Este es un fenómeno excepcional, que permite ver claramente al Estado como el representante final del capitalismo. El Banco Central, que bajo Cavallo tenía prohibido darle crédito a los bancos, es autorizado a hacerlo por Duhalde y en los primeros cuatro meses del año 2002 les da unos 25 mil millones de pesos. Es decir que si un juez le daba permiso a un ahorrista para sacar la plata y el banco no tenía plata, el Banco Central ponía esa plata. El Banco Central, institución clave del Estado, emitió dinero para rescatar al capital.


 


Brasil vivió en el año 99 en parte lo que nosotros vivimos en el 2001, devaluó la moneda y se produjo una enorme crisis. En las vísperas de la subida de Lula la situación se agravó todavía más, la moneda se empezó a devaluar de nuevo y se creía que Brasil caería en la cesación de pagos. La deuda del Estado es de unos 450.000 millones de dólares, absolutamente impagable, con el agravante de que se ajusta, es decir que la que está en reales brasileños se ajusta con el dólar; entonces si el real se devalúa sube la deuda.


 


El caso de Venezuela es fantástico porque es un país productor de petróleo y tiene buenos precios internacionales. Pero, ya desde el año 89, lo que provocó el levantamiento popular del Caracazo fue una gigantesca devaluación. Tenemos acá, entonces, dos grandes fenómenos que son comunes a los tres países: desintegración del sistema político, bancarrota económica. Tanto en Venezuela y en Brasil como en Argentina hay que reconstruir el sistema capitalista en sus aspectos económicos, lo que significa que las masas paguen el costo. En la Argentina, los bancos reclaman que se les compensen las pérdidas, lo mismo Telecom. Telefónica también y los acreedores del exterior igualmente. Ahora, si el hombre y la mujer que van de a pie tienen que pagar este rescate, va a haber otro Argentinazo. Entonces, el presidente que tiene que encargarse de reconstruir el sistema político enfrenta, por un lado, la amenaza de los banqueros y sabe, por el otro, que si cumple la función que él tiene que cumplir de pagarle a los banqueros va a tener un levantamiento popular y que va a terminar como los Duhalde, los Menem y los De la Rúa.


 


Naturalmente, a partir de aquí los fenómenos políticos nacionales se diferencian. A la izquierda argentina, y a la Izquierda Unida en particular, Lula las volvió locos, porque creyeron que habían llegado al paraíso. Ahora que Lula quiere privatizar la jubilación y ahora que Lula quiere pagar la deuda externa y hacer el ajuste, perjudicar a las masas y los campesinos se enojan, los empleados públicos se enojan, y hay huelgas y todo lo demás, la izquierda que lo apoyó tanto, forzosamente, dice que Lula traicionó el programa, uno más que traiciona. No, no es así. El fenómeno de Lula no es el de un tipo que no cumplió su programa. Lula, como representante de un partido que se dice de los trabajadores, ha formado en Brasil un gobierno capitalista y ese gobierno capitalista lo formó ya en la campaña electoral. Los que decían "Viva Lula", decían "Viva la formación de un gobierno capitalista". Había nombrado como vicepresidente a uno de los principales industriales brasileños y luego designó como ministro de Agricultura al representante de los terratenientes (miren si los campesinos no van a estar enojados). El presidente del Banco Central es un ex funcionario del Bank of Boston, es decir de los bancos norteamericanos. El secretario de Industrias es un gran industrial de la Unión Industrial de San Pablo, Luis Furlan. Es un gobierno capitalista hasta los tuétanos, acá nadie traicionó absolutamente ningún programa. Acá pasó algo mucho más profundo que traicionar un programa; un partido que invocaba el nombre de los trabajadores ha formado un gobierno, no de los trabajadores sino de los capitalistas y ahora el problema para las masas brasileñas no es que Lula vuelva a su programa original, sino que para ser un gobierno de los trabajadores debería, como mínimo, echar a todos los funcionarios capitalistas, de lo contrario, nunca podría volver a ningún programa original. No se puede hacer un cambio social profundo gobernando con los capitalistas. Primero hay que echar a los capitalistas, si los echan se abre una posibilidad de que el Partido de los Trabajadores en Brasil pueda ser todavía un partido de cambio, pero si no los echan pedirle que cumpla su programa original es cometer un tamaño embuste, es pedir que el presidente del Bank of Boston, el industrial vicepresidente, el ministro terrateniente y el ministro de la gran industria hagan la transformación popular de Brasil. Este es el fenómeno politico de Brasil, por eso el Partido Obrero, en el caso de Brasil, lleva como consigna política de orientación de las masas que han votado a Lula: que el PT eche a los capitalistas del gobierno y con ello se plantea una cuestión de poder. Que el Partido de los Trabajadores eche a todos los capitalistas del gobierno y satisfaga todas las reivindicaciones del pueblo; eso va a crear una crisis de poder. En este caso, como Lula no tiene mayoría parlamentaria, el PT estaría obligado a chocar con el Congreso y a desarrollar una situación revolucionaria. Pero Lula hace lo contrario: para conseguir mayoría parlamentaria convoca a todos los partidos políticos que se quebraron en Brasil y cuya quiebra permitió que el PT llegue al gobierno. Mientras los partidos tradicionales se derrumban, incapaces de dirigir el país (por eso gana el Partido de los Trabajadores), el Partido de los Trabajadores busca reconstruir bajo su dirección el sistema político quebrado, haciendo un acuerdo en el Congreso con todos los partidos tradicionales. Lula es toda una regresión política en la crisis. Por eso, si el descontento popular no fuerza una crisis política en el gobierno de Lula provocando la expulsión de los ministros capitalistas, del vicepresidente y la convocatoria de una Asamblea Constituyente, es decir, si la crisis no va por ese rumbo, la crisis va a ir por el rumbo que tuvo en Argentina, la gente va a terminar golpeando a Lula y a todo su gobierno en función de una alternativa que se tendrá que desarrollar oportunamente, porque Lula, con su política económica está haciendo lo mismo que hicieron Machinea y De la Rúa (aumentar los impuestos, aumentar la recaudación para pagar la deuda externa, aumentando los intereses y hay una caída industrial muy fuerte en Brasil, al caer la industria se recauda menos, etc.).


 


El otro problema de por qué el Partido de los Trabajadores es un gobierno capitalista es la fuerza social que lo empuja en esa dirección. La prensa de derecha en Argentina elogia a la izquierda moderna en Brasil, que no es un grupejo de marca menor como el Partido Obrero, que allá sí hay un partido, acá sólo bandas de piqueteros. Pero todo esto significa que, durante 25 años, los dirigentes del Partido de los Trabajadores fueron entrando al aparato del Estado, paso a paso, se fueron integrando al Estado y en la medida en que se fueron integrando al Estado fueron empezando a defender los intereses del Estado que les paga suculentos salarios. La última encuesta realizada sobre los congresos del Partido de los Trabajadores de Brasil demostró que el 75% de los delegados al congreso del Partido de los Trabajadores de Brasil son funcionarios del aparato estatal en las intendencias, en los municipios, en las gobernaciones y ahora diríamos en la presidencia. Es esto lo que saludó la izquierda argentina que fue a bailar zamba brasileña al Obelisco el domingo que ganó el PT, o mejor el Frente del PT con el… partido Liberal.


 


En el caso del movimiento de Venezuela el fenómeno es más complejo en una serie de cuestiones. En primer lugar, ustedes han visto que el gobierno de Chávez tiene choques muy fuertes con los que nosotros llamaríamos los gorilas de Venezuela, la derecha que está apoyada por una parte de la izquierda. Casi todos los partidos de izquierda de Venezuela se han dividido en un ala pro Chávez y un ala anti Chávez, y el ala anti Chávez de todos esos partidos de izquierda milita con lo que en Venezuela se llama los escuálidos, que serían los gorilas. Le han hecho un paro patronal muy fuerte a Chávez y un golpe de Estado y una injerencia norteamericana, etcétera, y Chávez ha aguantado todo eso, ha resurgido enfrentando todo eso. Cuando esta ofensiva contra Chávez llegó a su punto más grave, en el comité nacional del Partido Obrero decidimos hacer un movimiento de solidaridad con toda una cantidad de importantes manifestaciones y un viaje a Venezuela. El ejército de Venezuela defendió a Chávez y se opuso a los golpistas y en algunos casos, muy interesante, por ejemplo se produjeron debates con líderes obreros en los cuarteles; eso les da una idea del clima, en cierto modo revolucionario, de la población que combatía el golpe derechista. Mientras que al gobierno de Lula lo caracterizamos como un gobierno capitalista y proimperialista, que ejecuta los planes del FMI, el gobierno de Chávez está realizando una cierta tentativa de nacionalismo económico, muy restringido, importante pero restringido, porque es un nacionalismo que se limita a tratar de ganar para el pais la mayor cantidad posible de divisas que resultan de la explotación del petróleo y en esa medida el Partido Obrero ha dicho "que el gobierno de Chávez es un gobierno de nacionalismo fiscal". En este punto tiene un choque importante con el imperialismo. Es que aunque en Venezuela el petróleo está nacionalizado, los grandes pulpos petroleros internacionales lograron encaramar una camarilla en la empresa estatal de petróleo. Esta empresa de petróleo invertía el dinero que ganaba Venezuela con el petróleo en el exterior, construyendo refinerías, construyendo estaciones de servicios, y dejaba la plata en el exterior, reduciendo el ingreso fiscal de Venezuela. Un estudio muy importante llegó a la conclusión de que Venezuela ganaba más plata cuando la explotación del petróleo era privada que cuando lo hacía el Estado, es decir que cuando el petróleo era yanqui ingresaban más dólares a Venezuela que cuando los "nacionalistas" venezolanos echaron a lo s yanquis. Chávez decide despedir, entonces, a la plana mayor de la empresa estatal y a cambiar esta situación de saqueo y este problema provoca el estallido de toda la clase capitalista de Venezuela, que empieza a atacár a Chávez, porque ahí estaba la madre de los problemas, ahí estaba el problema, de como se estaba saqueando Venezuela.


 


Es la empresa estatal PDVSA (empresa estatal de petróleo de Venezuela) la que larga la huelga general contra Chávez y la que provoca el desabastecimiento de petróleo. En este punto, la clase obrera venezolana juega un papel muy importante; en cierto modo el gobierno de Chávez habría caído si no hubiera sido por los obreros. Los obreros que salvaron a Chávez se llaman clasistas, son obreros petroleros de varias destilerías de Venezuela, que las ocuparon y las mantuvieron funcionando. Yo estuve en una asamblea general de obreros que se convocó para discutir las ocupaciones de fábricas en la Argentina y había una multitud de trabajadores discutiendo Sasetru, Brukman, las empresas recuperadas y todo ese tipo de problemas. Allí me mostraron los recortes de los diarios donde Chávez declara que los obreros de la región de Barcelona salvaron el gobierno. Como ustedes ven, acá ha estallado una gran crisis porque sin los recursos del petróleo ningún gobierno capitalista podría gobernar en Venezuela. El problema es que el chavismo es nada más que un nacionalismo fiscal. Los ingresos de petróleo que quedan en Venezuela van a los bancos venezolanos, con los cuales el Estado ha acumulado el 50% de la deuda pública. Los bancos venezolanos son todos extranjeros y Chávez no pretende nacionalizar los bancos.


 


Chávez ha tomado una medida nacionalista, que tiene un gran valor, histórico si ustedes quieren, pero no tiene una profunda incidencia económica: la declaración del carácter público de las orillas de los mares y de los ríos que eran acaparadas por la propiedad privada. Pero Chávez ha inaugurado lo que se llama la apertura petrolera en Venezuela. Con Chávez las empresas extranjeras empiezan a invertir en petróleo asociadas a la empresa estatal de petróleo. Un oligarca petrolero declaró: "De Chávez nos separa el suelo, pero nos une el sub-suelo". En este momento, más que en ningun otro, la industria petroquímica y petrolera está siendo abierta al capital extranjero en asociacion con PDVSA. Una empresa muy importante, Techint, es un fuerte sostenedor de Chávez, que rescató con dinero público la fuerte pérdida de la empresa siderúrgica Sidor, cuando no pudo pagar sus deudas. El Estado decidió transformar en capital los créditos que tenía contra Techint, socializando las pérdidas del grupo Techint.


 


Para que el movimento obrero que se destacó en estas luchas tenga un futuro tiene que comprender la limitación del nacionalismo burgués fiscal. Chávez mismo, cuando estuvo en Argentina, hizo un señalamiento muy importante cuando dijo que Venezuela no tenía salida si no había una unidad de América Latina, que no podía ser económica sino que ante todo debería ser política. Pero un plan político común con la burguesía de los otros países de América Latina (Lula, Kirchner) es imposible, porque los Kirchner y los Lula defienden a las burguesías de su países, no tienen propósitos colectivos comunes contra el imperialismo. El fenómeno más brutal de todo el fracaso de la izquierda y del nacionalismo ¿dónde está? ¿Dónde está mejor representado? En el gobierno de Ecuador, con Lucio Gutiérrez, un coronel que hizo una alianza con los indígenas y con el movimiento campesino en el año 2000, cuando ocurrió un levantamiento popular, y hoy no sólo gobierna con los planes del FMI, no sólo traiciona a los indígenas, sino que es el agente del Plan Colombia de los yanquis en Ecuador. La izquierda democratizante apoyó a Lucio Gutiérrez.


 


El gobierno de Kirchner está marcado por las contradicciones señaladas. Cuando Kirchner dice las cosas y que dice tiene gestos de tipo popular está pagando un tributo de palabra al Argentinazo, está tratando de recoger el sentimiento popular que había en la rebelión, pero no puede satisfacer las reivindicaciones de la rebelión. Hay que tomar distancia y hacer un balance en una perspectiva más amplia. Cuando uno hace eso ve que no se puede explicar nada si no se tiene en cuenta como factor de fondo la bancarrota económica capitalista y el derrumbe del sustento de dominación política.


 


Estos son los problemas que reclaman construir una alternativa política independiente sobre la base de este pronóstico de la enormidad de la crisis capitalista y de que la clase social que le puede ofrecer una salida es la clase social de los trabajadores que se encuentran desocupados y ocupados, es decir de la clase obrera en la perspectiva efectivamente de que un gobierno de los trabajadores abra el camino hacia el socialismo.


 


Nada más compañeros.


 


(*) Conferencia de Jorge Altamira en la Universidad Nacional de Salta, 6 de agosto de 2003.


 


 

El régimen político de Salta


Buenas noches compañeras y compañeros. Como seguramente deben haber escuchado durante todos estos días, nuestra campaña electoral se ha basado en explicar que desde hace 8 años en esta provincia está gobernando una camarilla empresarial, dirigida por esta maquinaria romerista, que beneficia a sectores de la economía claramente distinguidos por toda la población salteña: el sector del turismo, el sector de la agroexportación, el banco Macro, las petroleras. Es decir, aquellos que durante 8 años se han beneficiado con las arcas públicas mientras que el conjunto de la población vive en la completa pobreza.


 


Ustedes habrán escuchado inclusive en el último período que hasta el Partido Renovador sale a denunciar el nivel de degradación de las condiciones de vida de la población salteña. El 70% de la población salteña vive por debajo de la línea de pobreza y el 38% debajo de los niveles de indigencia, esto quiere decir que el conjunto de la población salteña es pobre.


 


Mientras que un puñado de capitalistas se ha hecho brutalmente rico en los últimos 8 años, los datos están a la vista, compañeros. Yo lo vengo explicando en cada uno de los actos que hicimos en esta campaña electoral, los exportadores agrarios ganaron 460 millones de dólares en el curso del 2002, esto es más de 1300 millones de pesos. Hace dos años solamente exportaban 400 millones de pesos y lo han hecho ¡con trabajadores rurales que trabajan durante 12 ó 14 horas diarias ganando 8 o 10 pesos el jornal y multiplicando brutalmente el trabajo infantil! Son salarios devaluados que estos empresarios, en el momento que están haciendo estas brutales ganancias, no están dispuestos a elevar.


 


Hace un mes, nada más, se conquistó que los trabajadores rurales ganaran efectivamente 23 pesos por día. Pero la patronal hizo una presentación judicial porque dice que no tiene plata. Esto también pasa en el sector gastronómico, en el sector del turismo, Romero dice que "está gobernando la provincia con tanta eficacia, con tanta capacidad probada, que tiene los hoteles llenos durante todo el año y, sin embargo, esas habitaciones cobran 120 pesos una noche. Como las del Dique Cabra Corral, en donde están echando a los trabajadores que viven en el pueblo de Moldes y los están echando de sus casas para poder quedarse con el perilago, porque se han ganado un crédito de 180 millones de pesos para seguir construyendo hoteles para que se siga beneficiando este sector del turismo ligado a Romero, hoteles que la clase obrera del país de ninguna manera va a poder gozar, porque ni siquiera tiene vacaciones. Hoteles donde trabajan compañeros también doce horas diarias por 10 pesos; es decir, siguen enriqueciéndose y, sin embargo, los salarios siguen congelados, estaban congelados y devaluados cuando estábamos en el tiempo de las vacas flacas y… ahora que están ganando como nunca, siguen congelados, ¡seguimos pagando la crisis! Esto es porque Romero gobierna estrictamente para una camarilla de empresarios.


 


Carácter del gobierno


 


¿Cómo lo hace? ¿Cuál es la maquinaria que le permite a Romero seguir haciéndose votar por un pueblo hambriento?


 


Esta maquinaria, además de estar formada por empresarios que se vienen beneficiando con este gobierno, está formada por un enorme personal político alimentado por el Estado, que va desde los punteros barriales que tienen sometida a la gente a través del bolsón y de los planes jefes, cuyas jefaturas están en los consejos consultivos de cada localidad, cuya expresión más brutal la vimos anoche en la caravana de Isa en donde llegaron a matar a un trabajador para no pagarle lo que le debían. Esta descomposición brutal del justicialismo es la última expresión que estamos viendo de un partido que se va pique, que se desangra, que se descompone.


 


Porque, en realidad, la cabeza ya está podrida (aplausos).


 


Por eso, compañeros, esto que han visto en la caravana de Isa y que esta mañana a los periodistas les llamó tanto la atención lo viven en carne propia todos los días los trabajadores de los barrios, porque todos los días la familia obrera está totalmente sometida, vapuleada, humillada por los punteros peronistas barriales. Cuando hacemos un acto en cada uno de los pueblos del interior pasan anotando a la gente, para ver a quién le van sacar el bolsón. Parecen buitres detrás de trabajadores hambrientos que esperan que se humillen por la comida o por el plan jefes.


 


No termina ahí el método político romerista; sigue por los funcionarios, esos intendentes y concejales que en cada municipio hace 15 ó 20 años que vienen gobernando con la familia, los primos, los amigos. Es una lista familiar miserable de descompuestos que se han quedado clavados al Estado, mientras siguen sometiendo a la población.


 


Además, esta camarilla gobierna con el Poder Judicial porque todo trabajador salteño sabe que aquel que roba una gallina puede ir 10 años preso pero cuando Romero y sus funcionarios saquean al pueblo, no se les toca un pelo (aplausos).


 


Se han quedado con el Banco de la Provincia. Están vaciando las arcas públicas; se benefician con las empresas privatizadas de servicios cuando el trabajador paga, completamente sometido y en forma monopólica, porque no tiene otra opción, la boleta de luz y de agua 10, 15, 20 pesos. En la mayoría de los casos el agua no le llega en varias horas durante el día. Ese vaciamiento lo realizan con impunidad, porque los jueces y el Poder Judicial están completamente domesticados al romerismo.


 


El otro sector que también sostiene esta maquinaria es el Poder Legislativo, en donde hay 47 levantamanos justicialistas, que le votan las leyes a Romero sin dudar. Porque para votar leyes antiobreras estos atorrantes están ganando entre 15 y 20 mil pesos. ¡Cómo les va a preocupar que un trabajador con 5 hijos deba vivir con 150 pesos por mes, ni siquiera se dan cuenta de lo que esto significa! Junto con ellos los 12 levantamanos del PRS (aplausos). Junto con toda esta maquinaria hay una política desenvuelta desde el Estado y desarrollada a través de los medios de comunicación lamebotas de Romero, que dicen que Romero es lo único que hay, que hay que tomarlo cómo está, y desmoralizan a los trabajadores porque plantean que no hay otra salida. Sin embargo, los trabajadores, diariamente, a través de sus luchas, como dijo el compañero Del Plá, todos los días están mostrando que se puede… porque frente a estos incapaces que no son capaces de garantizar el agua ni la comida ni la salud ni la educación ni el trabajo, los trabajadores no se desmoralizan y salen todos los días a luchar (aplausos).


 


Compañeros, caminando las localidades del interior, menciono Aguaray solamente como una muestra, para que ustedes vean cómo luchan en Aguaray, tienen el camión de agua para apagar incendios conseguido por los trabaja dores a través del corte de ruta del ´97, porque hasta el año ´97 esta localidad dependía cuando había un incendio de la localidad de… Tartagal.


 


Para que les entreguen las viviendas que hace siete años están en construcción, cada dos años iba alguno de estos atorrantes se ponía al lado de las viviendas en construcción, juraba que las iba a adjudicar, se sacaba la foto y se iba. Los trabajadores tuvieron que usurparlas y hoy las tienen adjudicadas luego que se han hecho garrotear por la infantería, por la gendarmería, porque, a fuerza de poner el lomo, los trabajadores han conquistado su vivienda en Aguaray (aplausos).


 


En medio de la campaña electoral el PO ya dice que ganó, porque como ustedes saben, y a pesar de que todavía no se hicieron las elecciones, acá están los compañeros que nos han estado acompañando en cada una de las localidades. Saben que en cada lugar donde estamos organizados estamos construyendo una herramienta política para terminar con la dominación romerista. En cada una de las localidades estamos poniendo en pie un movimiento de lucha por el trabajo, por la vivienda, por la salud, por la educación, por el extendido del agua.


 


En la mayoría de las localidades donde he ido, para realizar actos públicos, lo primero que me decía la gente es que no tienen la red de agua potable. Como el gobierno capitalista no es capaz de hacerlo, los trabajadores se están poniendo de pie y como ustedes saben compañeros que extender el agua potable a las nuevas poblaciones no está dentro del contrato de la privatizada, le vamos a imponer que extiendan las redes de agua sin contrato aunque todavía no la hayamos reestatizado. Porque en el camino de la reestatización le vamos a imponer tener el agua para todos los trabajadores (aplausos).


 


Por eso el PO dice a tres días de las elecciones que ya hemos ganado, porque en cada localidad donde estamos, cuando empezábamos a hablar, la plaza estaba desierta por el temor a que los atorrantes de los cuadros políticos los apuntaran en una lista negra. Pero ni bien empezábamos, los compañeros se empezaban a acercar y cuando terminábamos de hablar había 40, 50, 60 trabajadores rurales en cada pueblo del valle. Porque veían la posibilidad de tener un partido propio, como aquel que habrán visto en el año ´45, que pudo enfrentarse a los conservadores creyendo que el peronismo venía a sacarlo de sus miserias ¡Así están viendo en el interior esos trabajadores rurales al PO!


 


Porque llega el PO y los compañeros empiezan a construir una esperanza (aplausos).


 


Por eso, no solamente decimos que hemos ganado porque estamos construyendo organizaciones en cada uno de los 20 municipios en donde hemos abierto las listas. También porque estamos seguros que el domingo 16 vamos a conquistar nuevas bancadas ¡vamos por la gobernación, por las intendencias, por los concejos deliberantes y por nuevas bancadas en la legislatura ¡ llegaremos hasta donde el pueblo nos lleve!


 


Pero el pueblo va tener claro que si vota a Pablo López y lo lleva al Congreso de la Nación, por primera vez el país va a escuchar otra Salta, esa Salta desconocida, sin voz, que nadie conoce, que solamente la ven en los canales nacionales cuando cortamos la ruta o cuando hacemos movilizaciones. Esa otra Salta por fin podría tener una expresión en el Congreso de la Nación y miles y miles de trabajadores van a poder escuchar, en ese Congreso , todos sus reclamos y multiplicar contra el romerismo todas las expresiones de organización que los trabajadores vayan haciendo para terminar con esta camarilla miserable


 


Por eso compañeros el día 16 los convocamos ¡meta el voto del PO, construya con nosotros esta alternativa política. ¡¡Somos los sepultureros de Romero!!


 


Gracias compañeros.


 


(*) Discurso de Cristina Foffani en el acto de cierre de la campaña electoral del Partido Obrero de Salta, 12 de noviembre de 2003.


 

La batalla del Movimiento por la Refundación de la Cuarta Internacional

Hacia el Congreso Internacional de abril próximo en Buenos Aires


"La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria" (Programa de Transición, León Trotsky)


 


 


A 65 años de aquel septiembre de 1938, fecha de adopción del Programa de Transición, si bien en una situación en diversos aspectos muy diferente, la crisis de dirección del proletariado está lejos de haber sido resuelta.


 


Contra cualquier ilusión reformista o movimientista, ésta, a nuestro parecer, es, ayer como hoy, la cuestión decisiva; es la lección de la cual ningún revolucionario puede apartarse: una dirección revolucionaria es necesaria no sólo porque el movimiento comunista se construyó desde sus orígenes, con la Liga de los Comunistas de Marx y Engels, como un movimiento internacional organizado. Sino sobre todo porque el capitalismo mundial y su crisis vuelven a ofrecer a la humanidad todo lo peor del siglo precedente: miseria, guerras, racismo, reacción, devastación ambiental. Cada vieja ilusión reformista es por lo tanto negada desde la raíz por las condiciones objetivas de escenario mundial. Sólo una revolución socialista internacional que reoriente la producción y los recursos naturales bajo el control consciente de las masas laboriosas puede liberar a la humanidad de la barbarie, abrir un nuevo horizonte, ofrecer un futuro digno a las nuevas generaciones.


 


Aunque si bien, por un lado, el continuo derrotero de fracasos y desastres del capitalismo ha producido en estos años reacciones espontáneas que frecuentemente se han colocado en un terreno más avanzado en relación a aquel que las diferentes burocracias han tratado de imponer; y, por otro, hoy tanto la socialdemocracia como el stalinismo (y el nacionalismo burgués en los países dependientes) no tienen ciertamente la capacidad de control de las masas de antaño, el elemento esencial que ha llevado a todos los movimientos a la derrota, si bien con modalidades diversas, ha sido la ausencia o la debilidad del factor consciente: una dirección revolucionaria internacional que sepa trabajar en el corazón de la joven generación para desarrollar su conciencia política. Contrastar las viejas y nuevas direcciones es, por lo tanto, luchar por la hegemonía de un programa revolucionario mundial.


 


La Refundación del Partido Mundial de la revolución socialista es el deber, tan difícil como necesario, al que son llamados los marxistas revolucionarios de todo el mundo: sin Internacional, con un "sucedáneo" (quizás centrista) de Internacional, se condenan las mejores energías, en particular de la joven y la muy joven generaciones, protagonistas de las movilizaciones de los últimos años, al enésimo fracaso sin gloria.


 


En esta tarea los marxistas revolucionarios no parten de cero.


 


Creemos que la refundación de la Internacional revolucionaria significa hoy la Refundación de la Cuarta Internacional; porque no hay refundación de una internacional revolucionaria sino sobre la base programática del marxismo revolucionario.


 


Los principios de independencia de clase del movimiento obrero de cada gobierno burgués, de la vinculación constante entre los objetivos inmediatos y los fines generales, de la dictadura del proletariado como poder de los consejos, han marcado el hilo rojo del marxismo a través del pensamiento y la política de Marx, de Engels y de Lenin.


 


La Oposición de izquierda liderada por Trotsky y la IV Internacional de los orígenes han defendido y desarrollado el programa contra la socialdemocracia y el stalinismo, sufriendo por esto la persecución conjunta de la burguesía y de la burocracia staliniana.


 


Hoy sólo la recuperación y la reactualización de aquel patrimonio programático puede relanzar el futuro del comunismo como movimiento revolucionario internacional. A la inversa, por fuera y contra la recuperación de aquellos fundamentos, cualquier intento de refundación está destinado a volver a recorrer senderos ya utilizados y fracasados.


 


En este sentido al refundación de la Internacional Comunista es, programáticamente, la refundación de la IV Internacional. No se trata de la celebración religiosa de la "infalibilidad" de Trotsky. Se trata, en cambio, del reagrupamiento político alrededor de los principios marxistas revolucionarios, de la vanguardia de clase internacional, de todas las fuerzas y tendencias de vanguardia que, más allá de las diversas procedencias, estarán en condiciones de converger en el programa de la revolución.


 


No es por lo tanto una idealización del "movimiento trotskista", en realidad atravesado en la larga historia de la posguerra por un proceso de fragmentaciones organizativas y desviaciones políticas (hoy por ejemplo expresadas con el ingreso en el gobierno de Lula de la tendencia brasileña del Secretariado Unificado), sino una real recomposición revolucionaria de clase capaz de capitalizar la crisis profunda de las viejas fuerzas reformistas y centristas y de responder a la exigencia decisiva de una nueva dirección internacional.


 


Durante diversos años las organizaciones firmantes de la declaración que reproducimos en estas páginas (1) han lanzado una campaña internacional por la Refundación de la Cuarta Internacional. Hoy el Movimiento por la Refundación de la Cuarta Internacional (MRCI) no es más una simple expresión de deseos, sino una realidad: un sujeto político internacional que, más allá de sus límites, hoy mismo trabaja en diferentes países y a escala mundial en pos de este ambicioso proyecto.


 


En América Latina (por ejemplo, que se vea el resultado positivo del Partido Obrero en las elecciones locales con picos extraordinarios del 10-12% en la región de Salta en el norte de Argentina), en Europa occidental y Oriental, en los Estados Unidos, en Medio Oriente y en Asia, esta presencia vive y este trabajo ya ha comenzado.


 


La Asociación Marxista Revolucionaria Proyecto Comunista adhiere al Movimiento por la refundación de la IV Internacional, llevando consigo el bagaje de su propia experiencia y posiciones, y se propone construir alrededor de éste el más amplio reagrupamiento de comunistas revolucionarios italianos.


 


El Congreso de delegados marxistas revolucionarios, que se llevará a cabo en Buenos Aires en la primavera (boreal, N del T.) del 2004, no es sólo el registro de este importante paso adelante en la construcción de una tendencia marxista revolucionaria consecuente. Ni quiere ser la consagración sectaria como un fin en sí mismo del MRCI, que por el contrario sufre inevitablemente los límites producidos por de la sustancial ausencia por 50 años de una dirección política marxista revolucionaria internacional. Tampoco es un "atajo" que, evitando el reagrupamiento revolucionario, caiga en estériles tentaciones autoproclamatorias. El Congreso, por el contrario, pretende, por un lado, relanzar el sendero difícil, pero necesario, del reagrupamiento revolucionario; y por otro contribuir a incidir de una manera mayor en la lucha de clases actual.


 


Por esto sobre la base de los principios políticos señalados (actualidad de la dictadura del proletariado, rechazo de la colaboración de clases, actualidad del programa de transición y de su método, necesidad de la revolución política en los estados obreros degenerados) el MRCI convoca a los militantes de vanguardia y a las organizaciones revolucionarias de todo el mundo a construir juntos el partido mundial de la revolución socialista: es decir la IV Internacional Refundada.


 


1. "Llamamiento a un Congreso Mundial por la Refundación de la IV Internacional" (Resolución del Comité de Coordinación del Movimiento por la Refundación de la IV Internacional), aprobado en Atenas, junio de 2003. Ha sido reproducido en En Defensa del Marxismo, N° 31, agosto de 2003.


 

Rusia: una guerra por el reparto de la propiedad


La detención de Mijail Jodorkovsky, principal accionista de la Yukos (la mayor petrolera rusa, con reservas comprobadas superiores a las de Kuwait) y el oligarca más poderoso de Rusia, ha desatado una crisis política en Rusia con alcances internacionales. 


 


Jodorkovsky no solamente fue detenido a punta de pistola en un aeropuerto de Siberia, acusado de fraude y evasión fiscal, sino que la justicia se incautó de sus acciones en la Yukos, el 44% del total, que detenta a través de una compleja red de sociedades establecidas en distintos paraísos fiscales. Distintos medios anticipan que esta incautación es el paso previo a la expropiación.


 


La detención de Jodorkovsky fue seguida por la renuncia de Alexandr Voloshin, jefe de la administración presidencial y representante de la familia Yeltsin en el gabinete de Putin. Esta renuncia llevó a ciertos medios a caracterizar que se había desatado una guerra entre las dos principales mafias que comparten el poder en Rusia: los oligarcas yeltsinianos y la camarilla de los silovici (ministerios de fuerza, encabezados por la KGB).


 


En respuesta a la detención, la Bolsa de Moscú cayó abruptamente (aunque luego se recuperó parcialmente) y se agudizó el proceso de fuga de capitales iniciado en julio, cuando se conocieron las primeras noticias sob re las investigaciones contra Jodorkovsky Entre julio y septiembre salieron de Rusia 7.700 millones de dólares y se especula que en el último trimestre la fuga alcanzará los 13.000 millones.


 


La ExxonMobil y la Chevron-Texaco suspendieron las negociaciones establecidas con el ahora preso Jodorkovsky para comprar una parte significativa (entre el 20 y el 40%) del paquete accionario de la Yukos. Sensible a los intereses petroleros, el Departamento de Estado norteamericano cuestionó la "legalidad" de la detención y la "imparcialidad" del sistema judicial ruso. Como respuesta recibió un seco "no se metan" del gobierno de Putin.


 


No hay dudas de que los cargos contra Jodorkovsky podrán ser ampliamente probados pues, como reconoce Bill Browder, cabeza del Hermitage Capital Fund, el mayor fondo de inversiones externo en Rusia, "no hay oligarcas limpios ni ángeles ricos en Rusia. Todos violaron un montón de leyes e hicieron un montón de cosas malas para tener los activos que tienen. Mucha gente fue asesinada en muchas industrias. En la mayoría de los grandes activos, hubo muertes de por medio". (1) Los funcionarios del Estado saben perfectamente donde encontrar las pruebas por la sencilla razón de que el Estado fue el principal cómplice y garante de la apropiación de los activos por parte de los oligarcas.


 


Golpe de Estado y redistribución de activos


 


Importantes medios rusos caracterizaron la detención de Jodorkovsky como "un golpe de Estado de la KGB". Su objetivo sería "no la renacionalización sino un nuevo reparto de la propiedad privatizada". (2)


 


Pero el nuevo reparto de esa propiedad ya estaba en curso, incluso con la activa participación del capital extranjero. El oligarca Roman Abramovich vendió, en apenas dos semanas, el 50% de Rusal (uno de los mayores grupos mundiales de aluminio) y la petrolera Sibneft precisamente a la Yukos de Jodorkovsky. Con la compra de Sibneft, Yukos se ha convertido en la cuarta mayor petrolera del mundo.


 


Las ventas de Abramovich, explicaba el Financial Times (3), "intensificaron una tendencia que comenzó en la primera parte del año. Una década después de que fueran adquiridos por oligarcas políticamente influyentes, los principales activos financieros rusos están otra vez en venta (…) Y, por primera vez desde la Revolución de 1917, algunas de las joyas de la corona de Rusia Inc. están en el mercado para los inversores externos (…) La mayoría de las empresas están a la venta si el precio es el correcto". (4)


 


Efectivamente, grandes grupos capitalistas "están volviendo" a Rusia: British Petroleum compró la mitad de la petrolera TNK; Sual, otro gran grupo del aluminio ruso, vendió una parte significativa de sus acciones al capital británico (con el agregado de aceptar que los ingleses pongan sus gerentes a dirigir las empresas); ExxonMobil tiene una asociación con la petrolera estatal Rosneft para la explotación de los campos de Sajalin1; General Motors ha establecido una empresa mixta con Autovaz para la fabricación de autos; el grupo francés Danone hizo lo propio con Wimm Bill Dann, una empresa de productos lácteos.


 


Pero todo esto palidece frente a las negociaciones entre Exxon, Chevron y Yukos: las dos empresas norteamericanas estaban compitiendo por el 40% de las acciones de la petrolera rusa, por la que estaban dispuestos a pagar hasta 28.000 millones de dólares.


 


Para algunos, la razón de la detención de Jodorkovsky sería que la venta de activos rusos tan determinantes a compañías norteamericanas sería "indigerible" para el gobierno de Putin. (5) Para otros, en cambio, la causa fue la resistencia de Jodorkovsky a "asociarse con corporaciones occidentales como socio menor, de acuerdo con el plan de Putin para la economía rusa". (6) Más aún, algunos analistas sostienen que "la fracción que apoya la incautación de las acciones (…) quiere seguir adelante con el plan de vender una parte significativa de las acciones de Yukos a una compañía petrolera norteamericana, pero no quiere que Jodorkovsky se lleve los beneficios". (7)


 


Sea como fuere, está claro que la crisis política desatada por la detención está directamente ligada a la redistribución de los activos rusos y a la participación en ella del capital financiero internacional.


 


Putin: de un golpe a otro


 


A fines de 1999, Vladimir Putin llegó al poder en Rusia, a fines de 1999, mediante un golpe de Estado promovido por la KGB y los "ministerios de fuerza" y apoyado por la diplomacia occidental. Decíamos entonces en Prensa Obrera que "la desintegración del Estado es el resultado de la restauración capitalista, que tiene por eje el acaparamiento privado de los recursos y patrimonio del Estado. Para una gran parte de los noveles capitalistas rusos, el Estado central ruso no representa una protección suficiente de sus intereses adquiridos, ni mucho menos una garantía. Esto explica que cada región administrativa de Rusia se encuentre bajo el control de la oligarquía local, más que del gobierno nacional". (8)


 


En realidad, todo el proceso de la restauración capitalista en Rusia es una interminable sucesión de golpes de Estado, comenzando por el propio ascenso del "renovador" Gorbachov contra la camarilla "brezhneviana" de Chernenko. A su turno, la caída de Gorbachov y la disolución de la URSS fue el producto de otro golpe de Estado. Yeltsin tuvo su segundo golpe de Estado en 1993, cuando bombardeó el parlamento, y aún su tercer golpe, en 1998, con la alianza con los oligarcas para impedir la victoria electoral de los comunistas.


 


A fines de 1999, Yeltsin fue reemplazado por Putin a través de otro golpe de Estado. "La naturalidad del traspaso – decía entonces Prensa Obrera – no alcanza para ocultar que se trata de una crisis mayúscula e incluso que reúne las características de un golpe de Estado. No sería la primera vez , en el largo curso de la historia mundial, que un agudo proceso de descomposición política aparece disimulado por retoques menores que parecen responder a necesidades estrictas del momento". (9) Con la detención de Jodorkovsky y la incautación de sus acciones, Putin está protagonizando su segundo golpe de Estado.


 


Esta cadena de golpes de Estado pone en evidencia las mortales contradicciones que desata la restauración del capitalismo a cada paso. Todos los golpes de Estado fueron apoyados tanto por la KGB como por las cancillerías occidentales. (10)


 


Para alcanzar sus objetivos de contrarrestar la desintegración estatal, Putin desató una sangrienta guerra en Chechenia; impuso el monopolio estatal de la información y "apretó" a la prensa; limitó los poderes casi ilimitados de los gobernadores regionales. Al mismo tiempo, estableció una alianza con el desplazado "clan Yeltsin", uno de cuyos representantes, Alexandr Voloshin, fue designado como jefe de la administración presidencial, y estableció un "pacto de no agresión" con los oligarcas por el cual las privatizaciones delictivas de los 90 (el 80% de todas las privatizaciones, según la Corte de Cuentas rusa) no serían revisadas.


 


Bajo Putin, los oligarcas obtuvieron un dominio indisputado de la economía rusa. "En lugar de combatir a la oligarquía como clase, Putin la institucionalizó. (Pero) en lugar de darle a sus favoritos, como hizo Yeltsin, el manejo del Kremlin, Putin excluyó a los oligarcas, como grupo, del manejo del Estado". (11) Los que no respetaron el pacto, como Boris Berezovski (crítico de la política oficial respecto de Chechenia) y Boris Gusinsky, fueron sometidos a investigaciones y obligados a exiliarse. Los que lo respetaron, entre ellos, Jodorkovsky, "prosperaron y consolidaron sus holdings". (12)


 


Con Putin, se repitieron incluso algunos de los más oscuros esquemas puestos en vigencia por Yeltsin para permitir el acaparamiento mafioso de la propiedad por parte de los oligarcas, como el canje de "préstamos por acciones". Mediante este sistema Jodorkovsky "compró" el 78% de Yukos por 309 millones de dólares. Bajo Putin, el "rey del aluminio" Oleg Deripaska le prestó al gobierno 10 millones de dólares para la construcción de una planta energética en Siberia; si el préstamo no fuera reembolsado, Deripaska se quedaría con el 25% de la propiedad de la planta, valuada en 2.000 millones de dólares.


 


Hoy, con Putin en el gobierno, "ocho clanes de oligarcas controlan el 85% del valor de las 64 mayores compañías rusas"; las ventas combinadas de las 12 mayores empresas privadas iguala los ingresos del gobierno.


 


En el plano internacional, Putin acentuó la alianza con Estados Unidos, a quien apoyó en forma irrestricta en la llamada "guerra contra el terrorismo" y en la invasión a Afganistán.


 


Balance


 


Pasados tres años, ¿cuál es el balance? "Putin heredó una Rusia débil del presidente Yeltsin en el 2000, y el país ha continuado en una espiral descendente (…) Rusia es una nación que se desintegra lentamente, que se muere…". (13)


 


En Chechenia, la guerra no ha resuelto nada. En las recientes elecciones, realizadas bajo ocupación militar, el candidato de Putin sólo se impuso después de que los restantes candidatos se retiraron, comprados o amenazados, y los dirigentes y activistas opositores fueran encarcelados o asesinados.


 


La llamada "frontera sur" (Georgia, Azerbaiján, Kazajstán y las ex repúblicas soviéticas de Asia Central) escapa al control del Kremlin bajo la presión de los intereses petroleros promovidos por los Estados Unidos.


 


Jodorkovsky, el principal oligarca ruso, venía demostrando una creciente influencia política en la campaña por la privatización de los oleoductos y, por sobre todo, en el éxito con que bloqueó en el parlamento los intentos gubernamentales de imponer un impuesto extraordinario a las petroleras. El oligarca nunca ocultó sus intenciones de convertirse en primer ministro, e incluso en presidente, al término del segundo mandato de Putin. Según relata el Financial Times (14), el propio Jodorkovsky le habría propuesto a Putin una reforma constitucional para "pasar de una presidencia con poderes casi zaristas como la rusa a algo más cercano al sistema francés, con un primer ministro con mayor autoridad y estabilidad".


 


Al mismo tiempo, Jodorkovsky desplegaba una creciente influencia en la política exterior. El representante de los oligarcas en el Kremlin, Voloshin, era un abierto partidario de la integración de Rusia en la "coalición" que invadió Irak.


 


De conjunto, la continuada tendencia de las regiones exteriores a separarse de Rusia, el creciente peso de los norteamericanos en el Asia Central, la crisis económica, y la amenaza, representada por Jodorkovsky, del retorno de los oligarcas al poder político, muestran el fracaso de Putin en imponer los objetivos del golpe de 1999. Las tendencias centrífugas desatadas por la restauración del capital se demostraron más fuertes que todos los poderes del presidente, la KGB y los "ministerios de fuerza".


 


Es en estas condiciones de crisis del régimen y del Estado que Putin lanza su segundo golpe, bajo la forma de la detención de Jodorkovsky y la incautación de sus acciones en la Yukos.


 


Crisis financiera


 


La detención de Jodorkovsky tiene como telón de fondo la inminencia de una nueva crisis financiera de envergadura.


 


Durante la primera mitad de este año, por primera vez desde el inicio de la restauración, Rusia tuvo un ingreso neto de capitales (es decir que el monto de la inversión externa superó la fuga de divisas de los oligarcas rusos) del orden de los 35.000 millones de dólares. En ese mismo período, el índice de la Bolsa de Moscú creció un 41%, uno de los más altos en todo el mundo.


 


La bonanza duró poco. En el tercer trimestre se registró una salida neta de capitales por 7.000 millones y se pronostica una salida de otros 13.000 en el trimestre en curso. Con la salida de capitales, la Bolsa moscovita se desinfló. La detención de Jodorkovsky no es la única causa del desinfle.


 


A mediados de julio, cuando apenas había comenzado la investigación a Jodorkovsky, The Wall Street Journal (15) hacía notar la existencia de "una sobreinversión en acciones y bonos rusos". Cuatro meses después, y a pesar de que los valores de las acciones ya habían comenzado a caer, un semanario financiero afirmaba que "definitivamente hay signos de una burbuja en Rusia". (16)


 


Nuevamente, como en 1998, Rusia se había convertido en uno de los teatros de la especulación internacional. Los capitales fluían a la Bolsa de Rusia a pesar de que el país marchaba hacia un parate económico: la tasa de crecimiento del PBI cayó del 8,5% en 2002 a 3,5% (pronosticado) para este año. No eran las expectativas de mayores dividendos sino la pura especulación lo que hacía crecer el valor de las acciones. Con Jodorkovsky preso o en libertad, la Bolsa de Moscú marchaba inevitablemente a una "corrección" en la que se esfumarían valores por miles de millones de dólares.


 


La inminencia de una crisis financiera mayor se manifiesta en otro hecho, también protagonizado por la Yukos: el reparto de dividendos por 2.000 millones de dólares (por los primeros nueve meses del 2003). Esta cifra, un récord para Rusia, es una manifestación de que sus principales inversores quieren tener "la plata en la mano" para fugarla. Semejante reparto constituye un principio de vaciamiento ante el crecimiento del endeudamiento de la empresa como consecuencia de la compra de la petrolera Sibneft.


 


Precisamente, una de las razones de los choques entre Jodorkovsky y el Kremlin fueron los intentos de éste último de imponer un impuesto extraordinario a las petroleras que le permitiera al Estado captar una parte de la renta obtenida por el aumento de los precios internacionales del pretóleo. Distintas estimacio nes sitúan el monto de la recaudación de este impuesto entre 8.000 y 40.000 millones de dólares anuales.


 


Pero esos intentos fueron bloqueados por los representantes de Yukos, la empresa de Jodorkovsky, en el parlamento. El diputado Vladimir Dubov, presidente del subcomité de impuestos, es uno de los accionistas de Yukos: su 4% del paquete accionario está valuado en 1.000 millones de dólares. Dubov ha bloqueado cada uno de los intentos de imponer impuestos a los pulpos petroleros, convirtiéndose en uno de los ejes políticos del parlamento: "Cuando hay un proyecto que afecta a Yukos, parece que hubiera 250 Dubovs en la sala", reconoce el presidente de la Duma. (17) En los hechos, Jodorkovsky ya controla el parlamento ruso.


 


Guerra


 


Putin oficiaba de árbitro entre los oligarcas y los "ministerios de fuerza". Pero con el encarcelamiento del magnate Jodorkovsky, Putin ha quedado como prisionero de los servicios y, por lo tanto, con menores márgenes de acción.


 


Como hace notar K. S. Karol, "no todo el gobierno es la KGB". (18) La camarilla de liberales de San Petersburgo, llevada a Moscú por Putin a comienzos de su gobierno, ocupa ahora el papel que tenía la oligarquía en el esquema de gobierno anterior. Su jefe, Medvedev, ha tomado el lugar de Voloshin al frente de la todopoderosa administración presidencial. Pero "la fracción liberal del Kremlin no está dispuesta a dejar que el oscuro clan de los silovici (los "ministerios de fuerza" ) maneje el país sin oposición". (19) Esto explica las sensacionales declaraciones de uno de sus miembros, el ministro de Desarrollo Económico Arkady Dvorkovich, cuando advirtió a los inversores externos que "es riesgoso hacer negocios en Rusia" ya que "existe el riesgo de que los pecados del pasado sean reexaminados y este riesgo debería ser incluido en los cálculos". (20)


 


Para algunos, la crisis terminará en una nueva tregua entre Putin y los oligarcas. "A pesar de un sustancial influjo de sangre nueva en la elite política, la naturaleza del proceso político y la interacción entre la elite política y los grandes negocios no cambiará en lo fundamental. Estas relaciones volverán al acuerdo informal alcanzado en el 2000, bajo el cual los empresarios se abstenían de mezclarse en política y las autoridades no interferían en las cuestiones de negocios". (21)


 


Pero la mayoría de los observadores considera que el encarcelamiento de Jodorkovsky fue el primer paso de una guerra por el reparto de la propiedad. Distintos funcionarios advirtieron que las licencias de explotación de la petrolera Yukos pueden ser canceladas. El ministro de Interior, Boris Gryzlov, fue más lejos cuando dijo que "los recursos naturales nunca han sido privatizados (…) Todos los recursos naturales que posee Rusia, declaró Gryzlov, no pertenecen a ninguna corporación ni a ningún individuo sino al pueblo de Rusia (…) las corporaciones los administran pero esto no significa que puedan privatizar sus beneficios". (22) En Rusia, nadie se hace ilusiones sobre el significado de estas palabras: "son un intento del clan de San Petersburgo de redistribuir la riqueza de la nación en su propio beneficio". (23) Lo más importante, sin embargo, es que las declaraciones de Gryzlov dejan en claro la enorme fragilidad social de la oligarquía y la precariedad de la transición al capitalismo tomada de conjunto.


 


La negativa de Jodorkovsky a abandonar Rusia, su renuncia a los cargos en Yukos y su declaración de que en adelante se dedicará a "las actividades públicas" son un indicio de que la oligarquía está dispuesta a presentar batalla. Algunos medios autorizados anticipan que la guerra por la redistribución de la propiedad durará un período prolongado y que cada bando recurrirá a todos los medios a su alcance, incluidas sus alianzas con el capital internacional y las cancillerías occidentales. Así, la crisis rusa vuelve a convertirse en un factor de primer orden de la crisis mundial.


 


Una batalla internacional


 


El Estado ruso privatizó a favor de un puñado de oligarcas la explotación petrolera pero es celoso en mantener en sus manos la red de oleoductos a través de los cuales se exporta el crudo. Esto le permite mantener el control sobre el volumen y la dirección de las exportaciones. Por ejemplo, a causa de la crisis actual, la cuota de transporte de la Yukos, la empresa de Jodorkovsky, fue reducida de 700.000 a 200.000 barriles.


 


La burocracia gobernante peleó a muerte para impedir que los oleoductos que llevarían el petróleo del Mar Caspio a Europa soslayaran a Rusia e, incluso, fue a la guerra en Chechenia para tener bajo su control los territorios por donde pasarían esos oleoductos. Es decir, que el Estado mantiene en sus manos el control de última instancia del negocio petrolero.


 


La red estatal de oleoductos necesita una significativa mejora: en la actualidad ya no da abasto para transportar una producción anual de 8,4 millones de barriles/día (una parte se mueve por trenes, más caro); mucho menos podrá hacer frente a la producción futura (se estima en 11,3 millones en el 2011).


 


El lobby petrolero ruso, y muy especialmente Jodorkovsky, ha venido realizando una amplia campaña política por la privatización de la red existente y por el trazado de nuevos oleoductos privados, lo que constituye un factor de choque enorme con la camarilla del Kremlin.


 


Jodorkovsky, por ejemplo, impulsa la construcción de un oleoducto al puerto de Murmansk (en el mar de Barents) para exportar crudo a Estados Unidos. Los norteamericanos respaldan el proyecto (dos miembros del gabinete de Bush fueron a Moscú a hacer lobby por su construcción); con este oleoducto, Jodorkovsky y los demás "barones" se comprometieron a abastecer el 10% de las importaciones norteamericanas de crudo, superando a Arabia Saudita y Venezuela y llegando casi al mismo nivel de Estados Unidos. Jodorkovsky también impulsa la construcción de otro oleoducto que lleve el petróleo siberiano a China, en alianza con PetroChina. Pero el gobierno ruso se opone a ambos y se plantea construir, en asociación con Japón, uno que lleve el crudo siberiano al puerto de Nagoda, desde donde podría ser exportado al resto de Asia. Japón se ha comprometido a poner 7.000 millones de dólares para su construcción y a comprar 1 millón de barriles diarios, fondos y garantías que ni Estados Unidos ni China están dispuestos a dar. La construcción del oleoducto a Japón anularía los otros proyectos porque, como reconoce un funcionario del Kremlin, "Rusia no está en condiciones de abastecer al mismo tiempo a Estados Unidos, China y Japón". (24)


 


Pero tan importante como los oleoductos que pasarán por Rusia son los que pasarán por fuera de sus fronteras. Estados Unidos impulsa la construcción de un oleoducto, denominado BTC, que lleve el petróleo de Azerbaiján a Turquía a través de Georgia; en forma paralela al BTC correría un gasoducto (denominado BTE). Esta red doble "constituye el eje de la política norteamericana en la región" (25) ya que le permitiría atraer a las ex repúblicas soviéticas de Georgia y Azerbaiján a una estrecha alianza con Turquía. Georgia ya se ha convertido en un virtual protectorado militar de los Estados Unidos, con tropas norteamericanas estacionadas en su territorio. Rusia intentó bloquear su construcción pero fracasó: el Banco Mundial acaba de aprobar la financiación del proyecto. En un furioso contrataque, la estatal rusa Gazpron acaba de firmar un convenio para proveer a Georgia con gas a precios subsidiados; la puesta nuevamente en funcionamiento del gasoducto que une a Rusia con Georgia "será un golpe a la realización del BTE". (26)


 


El oleoducto BTC, sin embargo, es apenas la cabecera de otro oleoducto mayor impulsado por los norteamericanos, que llevaría el crudo de los riquísimos campos de Kazajstán (en Asia Central) hasta Azerbaiján y desde allí a Turquía. Rusia se opone cerradamente a su construcción porque el Kremlin es consciente de que la integración de Kazajstán, Georgia y Azerbaiján con Estados Unidos por la vía de los oleoductos significaría la desintegración de su "frontera sur", no sólo en las ex repúblicas soviéticas sino también en la propia Rusia. Recientemente, su ministro de Defensa declaró que Rusia tiene el derecho a efectuar "golpes preventivos" contra los Estados que amenacen su seguridad, una advertencia claramente dirigida a sus vecinos de Asia Cen tral. (27)


 


Las autoridades de Kazajstán, contra el reclamo de las empresas occidentales que explotan su petróleo, han dejado en claro que "esperan que el grueso de su producción se exporte hacia el Este". (28)


 


El trazado de los nuevos oleoductos plantea una serie de problemas políticos externos e, incluso, de alianzas estratégicas, que el Estado ruso no está dispuesto a dejar en manos de los "barones del petróleo".


 


Putin vs. Jodorkovsky: otro factor de la crisis política norteamericana


 


El Departamento de Estado norteamericano protestó por la detención del oligarca ruso Jodorkovsky. Sin embargo, tanto los medios occidentales como los rusos califican la reacción de la cancillería norteamericana como "una protesta más formal que sustancial". (29) Es que el gobierno norteamericano está profundamente dividido acerca de la política a adoptar frente a Putin y Rusia.


 


Los llamados "neoconservadores", encabezados por Rumsfeld y Cheney, apoyan a Jodorkovsky; Richard Perle reclama "castigar a Putin" excluyendo a Rusia de la próxima reunión del G8 que debe realizarse en Estados Unidos.


 


Aunque los "neoconservadores" tienen importantes posiciones en el gabinete (la vicepresidencia, el Pentágono, el Consejo de Seguridad Nacional), la corriente política principal – que responde a los intereses de las petroleras y los bancos que las financian – es partidaria de apoyar a Putin .


 


"Un prominente accionista de la ExxonMobil (que estaba negociado con Jodorkovsky la compra de una parte del paquete accionario de la Yukos) anunció públicamente su apoyo a las medidas de Putin. Cuanto más rápido tipos como Jodorkovsky salgan de la escena, mejor para Rusia. Si ello ocurre, las inversiones en Rusia serán mucho más atractivas para empresas como Exxon, Shell y Chevron…". (30)


 


Pocos días después, en una conferencia petrolera realizada en Londres, el presidente de la Exxon declaró que su empresa "dará prioridad a las negociaciones políticas más que a los contactos directos con los oligarcas y privilegiará las asociaciones sobre la participación directa en las empresas rusas (…) Toda compra de acciones de una compañía petrolera rusa debe ser directamente negociada con el gobierno de Putin y el Kremlin, antes que con los oligarcas". (31) Los "modelos" son la asociación de la propia Exxon con la estatal rusa Rusneft para explotar los campos siberianos de Sajalin 1 o, también, la compra por la británica British Petroleum de la petrolera rusa TNK, negociada directamente con el gobierno de Putin. Para empresas como la Exxon, el acceso al petróleo ruso es vital ya que sus reservas de crudo se encuentran en un punto muy bajo y "la presión de los mercados bursátiles para que las compañías aumenten sus reservas son muy fuertes". (32)


 


De un lado, el lobby armamentista, del otro el petrolero; ambos puntales del gobierno de Bush. El affaire Jodorkovsky se ha convertido en otro componente de la crisis política norteamericana.


 


Transición


 


A diferencia de la época de Yeltsin, con Putin, la burocracia estatal logró una relativa independencia respecto de los oligarcas. El ya citado Bill Browder, del Hermitage Capital Fund, enfatizaba hace ya un tiempo que "Putin está actuando claramente en el interés del Estado (…) Hace lo correcto". (33)


 


La "independencia" de la burocracia estatal respecto de los oligarcas es el régimen político que mejor se acomoda a las características del período de transición existente en Rusia. De nuevo, Bill Browder, que opera en Rusia desde hace diez años: "Un gobierno autoritario bien conducido es mejor que un régimen de las mafias oligárquicas – y esas son las únicas ofertas disponibles". (34)


 


La oligarquía surgida de las "privatizaciones salvajes" de la era de Yeltsin, a pesar de la enorme masa de riquezas de las que se ha apoderado, es una capa social extremadamente débil. No es el resultado de un desarrollo histórico sino de la apropiación mafiosa de los activos del Estado, con la complicidad del propio Estado. Durante este período, el del "reparto de los despojos", el gobierno ruso limitó severamente la posibilidad de participación del capital externo en las privatizaciones; los pocos que se arriesgaron, fueron sencillamente desvalijados por sus "asociados" rusos.


 


Ahora que la primera etapa de la guerra por los despojos ha concluido, los "oligarcas" se encuentran con que no tienen la fuerza financiera, ni el acceso a los mercados mundiales, ni el desarrollo tecnológico para llevar adelante sus negocios. Por otro lado, temen que las leyes que les dieron la propiedad de sus imperios puedan revertirse. Por eso, están transformando sus propiedades en efectivo para marcharse a vivir de rentas en Londres o Montecarlo o se asocian, como socios menores, del gran capital imperialista. "En los próximos tres a cinco años – dice Stephen Jennings, cabeza del banco de inversiones moscovita Renaissance Capital – todos los oligarcas venderán sus activos y se marcharán de Rusia o harán asociaciones con esos activos, como TNK con BP". (35)


 


La restauración del capitalismo no ha dado nacimiento a una burguesía rusa sino a una capa parasitaria intermediaria del paso de la propiedad estatizada al gran capital financiero internacional. La experiencia yeltsiniana demostró que la dominación directa del Estado por parte de esta oligarquía llevaba a la desintegración de Rusia.


 


La crisis desatada ilustra el carácter transitorio en que aún se encuentra el capitalismo en Rusia.


 


Los oligarcas podrán ser "propietarios" de empresas pero no son todavía una clase social propia del capitalismo. No es el desarrollo del régimen social capitalista, con sus propias leyes, lo que los ha convertido en oligarcas; son una creación del Estado. Por eso la masa del pueblo los ve como usurpadores y apoya el ataque contra ellos.


 


La transición de la economía estatizada al capitalismo ocupará todo un período histórico, cargado de crisis, convulsiones, choques, violencias y guerra, no sólo determinado por las condiciones internas de Rusia sino, en particular, por la crisis de la economía mundial a la que Rusia debe integrarse. La camarilla de la KGB en el poder "actúa en interés del Estado" porque es perfectamente consciente de que, sin Estado, la restauración del capitalismo es una utopía.


 


 


NOTAS:


 


1. Financial Times, 1 de noviembre de 2003.


 


2. El País, 31 de octubre de 2003.


 


3. Financial Times, 6 de octubre de 2003.


 


4. En la edición de octubre de 1997 de En Defensa del Marxismo, se señalaba que "existe una manifiesta contradicción entre la debilidad económica de los bancos y la masa de activos industriales que se han apropiado media nte las privatizaciones. ¿Tendrán los bancos rusos el músculo financiero suficiente para sostener los imperios que han montado? ¿O la privatización en beneficio de los bancos es, apenas, un punto de partida cuya estación final es el copamiento de estos grandes medios de producción por parte de rivales más poderosos?"


 


"No hay que olvidar – agregábamos – que el endeudamiento externo para intervenir en las privatizaciones – de las que fueron inicialmente sus principales beneficiarios – convirtió a los capitalistas argentinos en rehenes de sus acreedores, a quienes rápidamente debieron ceder la parte del león de esas privatizaciones para saldar sus deudas. La adjudicación inicial de las empresas públicas a los grandes capitalistas argentinos significó un intento de defensa, por parte del Estado, de sus propios privilegiados frente a la competencia del capital financiero. Esa defensa, sin embargo, no logró impedir que los Soldati y otros beneficiarios de las privatizaciones fueran desplazados de las propias empresas, recientemente capturadas, por el gran capital imperialista. ¿Están condenados los grandes banqueros moscovitas a convertirse, a su turno, en la versión rusa del argentino Soldati?" (Luis Oviedo, "El carácter social de la Rusia actual", En Defensa del Marxismo, octubre de 1997).


 


5. Clarín, 1 de noviembre de 2003.


 


6. Stratfor, 31 de octubre de 2003.


 


7. Financial Times, 31 de octubre de 2003.


 


8. Jorge Altamira, "Todo el poder a los servicios", en Prensa Obrera, 13 de enero de 2000.


 


9. Idem anterior.


 


10. Jacques Sapir, director de estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS), señala la complicidad de los países occidentales con uno de estos golpes, el de Yeltsin en 1993. Después de "la disolución, claramente inconstitucional", y del bombardeo del parlamento, en diciembre de 1993, Yeltsin montó una "penosa parodia de referéndum constitucional en la que se hizo desaparecer cinco millones de votos. Yeltsin recibió el apoyo de los dirigentes occidentales, las embajadas de estos países pidieron a los observadores del escrutinio no revelar las manipulaciones de las que tenían conocimiento. El autor de estas líneas puede afirmarlo porque fue testigo de estas presiones" (Le Monde, 4 de noviembre de 2003).


 


11. The Washington Post, 14 de diciembre de 2002.


 


12. Idem anterior.


 


13. Stratfor, 31 de octubre de 2003.


 


14. Financial Times, 1 de noviembre de 2003.


 


15. The Wall Street Journal , 21 de julio de 2003.


 


16. The Economist, 1 de noviembre de 2003.


 


17. The Wall Street Journal, 1 de noviembre de 2003.


 


18. El País, 3 de noviembre de 2003.


 


19. The Moscow Times, 31 de octubre de 2003.


 


20. Idem anterior


 


21. The Moscow Times, 6 de noviembre de 2003.


 


22. The Moscow Times, 31 de octubre de 2003.


 


23. Idem anterior.


 


24. The Washington Post, 25 de octubre de 2003.


 


25. Le Monde, 6 de noviembre de 2003.


 


26. Idem anterior.


 


27. The Moscow Times, 16 de octubre de 2003


 


28. Idem anterior.


 


29. The Moscow Times, 6 de noviembre de 2003.


 


30. Stratfor, 31 de octubre de 2003.


 


31. Le Monde, 6 de noviembre de 2003.


 


32. Idem anterior.


 


33. Financial Times, 1 de noviembre de 2003.


 


34. Idem anterior.


 


35. Financial Times, 6 de octubre de 2003.


 

Estatizaciones burguesas y gestión obrera


Si para imponer la voluntad del gobierno era necesario reconstruir el cuerpo de policía regular y disolver los comités revolucionarios que habían asumido funciones que antes desempeñaba el Estado, comunistas, socialistas y republicanos creían que también era necesario debilitar el poder de los comités revolucionarios en las fábricas poniendo las empresas colectivizadas, particularmente las industrias básicas, bajo el control del gobierno.


 


Al comienzo de la revolución, el gobierno republicano liberal de José Giral ya había dado el primer paso en esta dirección. Con miras a reforzar su posición ante los comités y dar un viso de legalidad a sus expropiaciones, el 2 de agosto aprobó un decreto presentado por el ministro de Industria y Comercio, Plácido Alvarez Buylla, que disponía la expropiación por el Estado de las empresas industriales y comerciales, cuyos propietarios o administradores las hubieran abandonado – en otras palabras, que hubieran huido al extranjero, estuvieran escondidos, o hubieran sido encarcelados o ejecutados al comienzo de la Guerra Civil. Según el decreto, si los administradores o propietarios, no se presentaban en su trabajo en las 48 horas siguientes a su publicación, el Estado procedería a la expropiación de sus empresas para garantizar la continuidad de sus actividades (1).


 


Aunque la intervención del gobierno durante los primeros meses fue muy limitada y no pasó del nombramiento de un representante de uno de los partidos del Frente Popular en cada una de las empresas industriales y comerciales de Madrid designadas oficialmente, que ahora estaban controladas por comités de trabajadores (2), este decreto fue la primera medida significativa del gobierno central encaminada a controlar la industria y el comercio.


 


No tardaron en seguirle otros decretos.


 


"Por los decretos del 14 y 20 de agosto y 1º de septiembre de 1936 – escribe la historia comunista oficial de la Guerra Civil y la revolución – , el gobierno Giral nombró a una serie de consejeros del Estado en diversas compañías de electricidad y constituyó un Consejo General de Electricidad con poderes de intervención en las cuestiones técnicas y administrativas de estas compañías. El Comité Ejecutivo de dicho Consejo tenía una composición de Frente Popular: el republicano Elfidio Alonso, el socialista Amador Fernández, el comunista Luis Cabo Girola, el ugetista Manuel Llois, etc.


 


"Surgía en la economía española un sector de capitalismo de Estado de un tipo muy particular. No era un capitalismo de Estado utilizado y manejado por la oligarquía financiera. Era un capitalismo de Estado en el que la intervención de éste se realizaba a través de los representantes de los partidos del Frente Popular, lo que aseguraba una influencia no pequeña de la clase obrera. El gobierno Giral, a pesar de sus limitaciones, llevó a cabo realizaciones revolucionarias que hasta entonces no había hecho ningún otro gobierno burgués en España. Y acerca de él solo puede hablarse con respeto y admiración." (3)


 


Los comunistas sabían que el capitalismo de Estado o nacionalización no sólo permitiría a la autoridad central organizar la capacidad industrial de la zona antifranquista de acuerdo con las necesidades de la guerra, y controlar la producción y la distribución de material bélico, que los sindicatos solían asignar a sus propios miembros o milicias (4), sino también debilitar el ala izquierda de la revolución en una de sus principales fuentes de poder, aunque, desde luego, sólo empleaban argumentos militares y económicos para defender la nacionalización, sin reconocer abiertamente sus ventajas políticas (5). En esta campaña les ayudó el hecho de que la colectivización adolecía de defectos palpables. En primer lugar, las empresas colectivizadas no parecían preocupadas por los problemas de abastecimiento y distribución de mano de obra calificada, materias primas y maquinaria de acuerdo con un plan único y racional de producción para cubrir las necesidades militares. "Nos hemos dado por satisfechos con arrojar a los propietarios de las fábricas y ocupar su lugar con los comités de control – declaró Abad de Santillán, dirigente de la CNT-FAI en la semiautónoma región de Cataluña – . No hemos tratado de conectar ni de coordinar la economía debidamente. Hemos trabajado sin planes y sin un conocimiento real de lo que hacíamos" (6). Además, se seguían produciendo bienes de consumo no esenciales para uso civil, e incluso artículos de lujo, simplemente porque producían altos beneficios, con el consiguiente derroche de materias primas y esfuerzo humano (7). Según el estudio de Michael Seidman sobre la revolución económica en Barcelona, basado en gran medida en fuentes sindicales originales, aunque los sindicatos y los comités de fábrica regularizaron y modernizaron la producción, adquirieron nueva maquinaria, mejoraron las condiciones de trabajo y trataron de eliminar algunas de las deficiencias más evidentes, "con frecuencia tropezaron con la resistencia de los propios trabajadores, que seguían exigiendo sueldos más altos, fingían estar enfermos, saboteaban la producción y rechazaban el control y la disciplina del sistema fabril" (8).


 


El cenetista Albert Perez-Baró, que participó activamente en el movimiento colectivista de Cataluña, describe la confusión económica inicial: "Los trabajadores, una vez pasados los primeros días de algazara – una especie de borrachera de la victoria – fueron retornando al trabajo y se encontraron huérfanos de dirección responsable, lo cual dio lugar a crear, en fábricas, talleres y almacenes, comités obreros que se hicieron cargo de ellos, intentando la reanudación del trabajo con todas las dificultades inherentes a un cambio de tal naturaleza. Faltos de preparación adecuada a la dirección de empresas, con el sabotaje de algunos de los técnicos que se quedaron, pues muchos habían huido al igual que los patrones, los comités obreros y demás organismos que se improvisaron debieron recurrir, desde el primer día, a la orientación que se les pudiera dar desde los sindicatos… Los militantes sindicales, faltos de preparación en materia económica, con más buena fe que acierto, empezaron a difundir consignas que sembraron la confusión en los comités de las empresas y un desbarajuste enorme en la producción, agravado por el hecho de que cada sindicato… daba orientaciones diferentes y con frecuencia contradictorias" (9).


 


Para superar estos problemas y dar status legal a las colectivizaciones, que historiadores no anarquistas han descrito como "el mayor experimento de autogestión obrera" (10), el 24 de octubre de 1936 la Generalitat aprobó un decreto sobre "Colectivización y control de los trabajadores". Esta medida fu e propiciada por la CNT y rubricada por su representante en el gobierno, Juan P. Fábregas, consejero de Economía (11). En el artículo 2 se estipulaba que todas las empresas que emplearan a más de 100 trabajadores quedaban colectivizadas automáticamente y en las que emplearan a menos de 100 la colectivización estaba sujeta a lo que acordara la mayoría de los empleados. Aunque en este sentido el decreto servía para poco más que legalizar la situación existente, la ley, en palabras de Perez-Baró, "intentó coordinar, codificar y unificar en una sola práctica lo que anteriormente había estado abierto a la interpretación de cada sindicato o comité obrero" (12). Además, con la aprobación de los trabajadores, el consejero de Economía de la CNT nombraba a un representante de la Generalitat en cada una de las empresas colectivizadas, que se agrupaban en los Consejos Industriales Generales. A su vez, cada Consejo estaba representado en el Consejo Económico de Cataluña, un organismo de coordinación y planificación central (13). No todos los anarcosindicalistas aprobaron el decreto. Diego Abad de Santillán, uno de los principales ideólogos de la FAI, que sucedió a Fábregas como consejero de Economía, escribió más tarde: "Cuando me convertí en consejero, no pensaba tener en cuenta o aplicar el decreto. Me proponía permitir a nuestro gran pueblo que llevara la tarea como mejor creyera, de acuerdo con su inspiración" (14). El decreto dijo en otra ocasión, arrebataba "al pueblo laborioso la iniciativa en el terreno en el que no necesitaba lecciones de expertos de ninguna clase" (15). No es extraño entonces, que el decreto nunca se aplicará enérgicamente, que se incumpliera en numerosas ocasiones y que no llegara a crearse el Banco de Crédito Industrial y Comercial previsto para financiar las empresas colectivizadas. Tampoco es extraño que cuando los trabajadores de alguna fábrica colectivizada le pedían a Tarradellas, republicano de izquierda y consejero de Hacienda en el gobierno regional, ayuda económica, él intentara, según su propio testimonio, "utilizar la difícil situación en que se hallaban para conseguir el control de las colectividades" (16).


 


Fuera de Cataluña, el ministro de Hacienda, Juan Negrín, centralista y firme partidario de la nacionalización, también esperaba explotar el desorden económico. "Cuando estalló la guerra – dijo a Louis Fischer – los comités de obreros, con frecuencia anarquistas, se apoderaron de las fábricas… Se pagaban en salarios todo lo que obtenían de las ventas. Ahora no tienen dinero. Y vienen a pedirme ayuda para los gastos de explotación y materias primas. Nos aprovecharemos de sus dificultades para hacernos del control de las fábricas" (17).


 


Aunque los comunistas tenían poderosos argumentos a favor de la nacionalización, los anarcosindicalistas, contrariamente a lo que se suele creer, también tenían sus propios planes para controlar y racionalizar la producción a nivel nacional. Al mismo tiempo que se oponían rotundamente al control estatal o nacionalización (18), propugnaban la centralización – o socialización, como ellos la denominaban – de ramas enteras de la producción bajo la gestión de los sindicatos (19). "Si en España se llegara, como quieren socialistas y comunistas, a la nacionalización, iríamos, a la vez, a la dictadura, puesto que al nacionalizar todo, hombres y cosas, el dueño, el amo, el jefe absoluto de todo y de todos sería el gobierno" (20).


 


En opinión de los anarcosindicalistas, la socialización eliminaría los peligros del control gubernamental poniendo la producción en manos de los sindicatos. Esta era la concepción libertaria de la socialización, sin intervención estatal, que acabaría con el derroche que representaban la competencia y la duplicación, permitiría la planificación en todos los sectores industriales de las necesidades tanto civiles como militares y frenaría las tendencias egoístas entre los trabajadores de las colectividades más prósperas, utilizando sus beneficios para elevar el nivel de vida de los trabajadores de las empresas menos favorecidas (21). Según Daniel Guerin, una autoridad en el movimiento anarquista español, "parecía… que, al concentrarse cada empresa en sus propios intereses, la autogestión obrera podría conducir a un particularismo egoísta. Esto se solucionó (en Barcelona) con la creación de un fondo central de compensación… Así, los beneficios excedentes de la compañía de autobuses se utilizaban para apoyar a la de tranvías, que era menos rentable" (22). No obstante, en realidad hubo muchos casos de desigualdad que no se podían resolver tan fácilmente.


 


Ya en los primeros meses de la guerra, los dirigentes de algunos sindicatos locales de la CNT tanto en Cataluña como en el resto de España habían introducido formas restringidas de socialización, limitadas a un sector industrial en una sola localidad, como el ramo de la ebanistería en Madrid, Barcelona y Carcagente, la sastrería, la confección, el metal y la piel en Valencia, la industria del calzado en Sitges, las industrias metalúrgicas y textiles en Alcoy, la maderera en Cuenca, la ladrillera en Granollers, la del curtido en Barcelona y Vich, y la industria del calzado en la provincia de Alicante, por mencionar sólo algunos ejemplos (23). Estas socializaciones parciales no se consideraban un fin en sí mismas, sino más bien fases transitorias hacia la integración a escala nacional de las ramas atomizadas de la producción en una economía socialista (es decir, libertaria) bajo el control de los sindicatos.


 


No obstante, esta empresa de socialización no pudo avanzar tan rápidamente como deseaban sus planificadores libertarios, pues tropezaron con la oposición de muchas empresas en situación privilegiada, controladas por trabajadores tanto de la UGT como de la CNT que no estaban dispuestos a sacrificar sus beneficios para ayudar a las colectividades menos prósperas (24). Por otra parte, la dirección del PSOE y de la socialista UGT, así como el Partido Comunista, eran partidarios de que el gobierno poseyera y controlara las industrias básicas (25), y se oponían a la colectivización de las propiedades de la pequeña burguesía, en la que se basaba la planificación socialista global, de acuerdo con las ideas de los dirigentes de la CNT.


 


"La divergencia de puntos de vista entre la CNT y la UGT sobre cuestiones económicas era constante – Atestigua Mariano Cardona Rosell, miembro del Comité Nacional de la CNT – , debido a que, mientras la CNT abogaba por una socialización cada vez más efectiva, se encontró con la falta de cooperación por parte de los líderes nacionales, regionales y locales de la UGT, que prestaban poca o ninguna atención a este problema vital. En consecuencia, la masa de la UGT seguía las directrices de la CNT en muchas localidades" (26). Estas divergencias impidieron el establecimiento de una industria coordinada centralmente bien mediante la socialización libertaria o la nacionalización, y explican en parte por qué los minuciosos planes para la socialización de la industria bajo control sindical propuestos en el Pleno Económico Nacional Ampliado de la CNT, celebrado en enero de 1938, se quedaron en el papel" (27).


 


Otro obstáculo para la integración de la industria en una economía libertaria radicaba en el hecho de que un gran numero de empresas controladas por el CNT se hallaban en una situación de insolvencia o semiinsolvencia y se vieron obligadas a pedir la intervención del gobierno para conseguir ayuda financiera. En general, no podían recurrir a los bancos, porque estaban controlados por la Federación Nacional de Banca de la UGT, un feudo de Amaro del Rosal, presidente del sindicato y simpatizante comunista. A causa de su desprecio por el dinero, la CNT y la FAI nunca intentaron organizar a los empleados de la banca y dejaron este sector en manos de la UGT, algo que lamentarían profundamente durante la Guerra Civil.


 


Una de las particularidades de la situación económica en Cataluña era que mientras la CNT se había incautado a la mayoría de las empresas comerciales e industriales, su rival, la UGT, había asumido el control de los bancos y otras instituciones del crédito bajo la supervisión de la Comisión Bancaria, en la que estaban representadas la UGT y la Generalitat.


 


Como por razones políticas e ideológicas las empresas de la CNT se negaban a depositar sus fondos en las instituciones bancarias establecidas y a efectuar sus transacciones en metálico, las empresas rentables atesoraron enormes sumas de dinero en sus oficinas (28). Esta acumulación produjo una grave escasez de dinero en circulación y restringió la base disponible del crédito, que en otro caso se podría haber utilizado para financiar a las empresas menos prósperas. Con la esperanza de poner remedio a la situación, Tarradellas, consejero de Hacienda, decretó que todas las sumas superiores a 1.000 pesetas se pagaran por medio de cheques (29), pero esta medida pasó desapercibida. "La paralización de mucho dinero – decía La batalla, el órgano del POUM – obedece a causas psicológicas que no podrán evitarse mientras existan dos organizaciones sindicales, mientras casi todos los instrumentos de producción los controle una central y a los del crédito otra" (30). En vista que la CNT se negaba a utilizar las instituciones financieras y necesitaba fondos para sus proyectos de socialización, su congreso, celebrado en febrero de 1937, propuso que la organización creara su propio banco (31). pero el proyecto no se llevó a la práctica (32).


 


Tanto en Cataluña como en el resto de la España republicana, esta situación creó graves problemas económicos para las colectividades de la CNT. Algunas de ellas necesitaban fondos tan desesperadamente que el anarcosindicalista Juan Peiró, ministro de Industria, recomendó la intervención del gobierno central (33), tras haber recibido once mil solicitudes de fondos tan sólo en enero de 1937 (34). Según la historia comunista oficial, los ministros de Industria y Comercio de la CNT "trataban por todos los medios de legalizar y consolidar el dominio de la CNT sobre la mayor parte de la vida económica, utilizando fondos del Estado para financiar empresas sindicalizadas [es decir colectivizadas] en bancarrota" (35).


 


Pero los esfuerzos de la CNT por obtener ayuda gubernamental para salvar esas empresas y extender el sistema colectivo fueron en vano. El historiador anarcosindicalista José Peirats afirma que Peiró intentó redactar un decreto de colectivización de todas las industrias, pero Largo Caballero le hizo desistir, advirtiéndole que Inglaterra, Francia y Bélgica, que tenían considerables intereses económicos en España, retirarían el reconocimiento diplomático al gobierno republicano. Peiró modificó su decreto, pero el gabinete también se opuso a esta nueva versión e introdujo más cambios. El decreto pasó después a una comisión ministerial que, según Peirats, lo dejó en su esqueleto. "Pero el calvario no ha terminado. Para poder ponerlo en práctica se necesita dinero, o sea un crédito que debe conceder el ministro de Hacienda. Este regatea como un usurero y finalmente concede una suma insignificante… Por fin, interviene el Banco Industrial, quien rebaja aun más la suma acordada y encima se hace pagar fuertes intereses, lo que disminuye aun más el crédito". El resultado, concluye Peirats, fue que la crisis gubernamental de mayo de 1937 se produjo antes de que el ministro de Industria pudiera aplicar aquel decreto "eminentemente conservador", que el nuevo gobierno, en el que la CNT no estaba representada, debía "anular lisa y llanamente" en la primera de sus medidas (36).


 


Los comunistas aprovecharon las dificultades económicas para reforzar su campaña a favor del control gubernamental de la industria y la economía. "El poder económico debe estar en manos de una sola entidad", afirmó Pere Ardiaca, dirigente del PSUC, controlado por los comunistas (37).


 


Y refiriéndose a lo que calificó de "ensayos prematuros de colectivización y socialización", el secretario del partido, José Díaz, declaró: "Sí, en los primeros momentos, estos ensayos tenían su justificación en el hecho de que los grandes industriales y terratenientes abandonaron las fábricas y los campos, y había necesidad de hacerlos producir, luego ya no fue así… Era natural que entonces los obreros se adueñaran de las fábricas, que habían sido abandonadas, para hacerlas producir, fuese como fuese… Repito que esto es explicable, y no lo vamos a censurar… [Pero] hoy, cuando existe un gobierno de Frente Popular, en el que están representadas todas las fuerzas que luchan contra el fascismo, eso no es aconsejable, sino contraproducente. Ahora hay que ir rápidamente a coordinar la producción, e intensificarla bajo una sola dirección para abastecer de todo lo necesario al frente y a la retaguardia… Lanzarse en estos ensayos prematuros de "socialización" y de "colectivización", cuando todavía no está decidida la guerra, en momentos en que el enemigo interior, ayudado por el fascismo exterior, ataca fuertemente nuestras posiciones y pone en peligro la suerte de nuestro país, es absurdo y equivale a convertirse en cómplice del enemigo" (38).


 


(*) Capítulo 22, "Nacionalización versus Socialización", del libro La Guerra Civil Española.


 


 


NOTAS:


 


1. El texto completo del decreto se publicó oficialmente en la Gaceta de Madrid el 3 de agosto de 1936.


 


2. Sobre la intervención del Ministerio de Industria y Comercio en las empresas industriales de Madrid tanto antes como después de la publicación del decreto del 2 de agosto, véanse Gaceta de Madrid , 27 de julio de 1936; CNT, 3 de agosto de 1936; Mundo Obrero, 1º de agosto de 1936; Política, 18 de agosto de 1936.


 


3. Guerra y revolución en España, 1936-1939, I, pág. 271.


 


4. Véase la declaración del Comité Ejecutivo de la Federación Metalúrgica de la UGT, La Correspondencia de Valencia, 2 de marzo de 1937.


 


5. Véanse, por ejemplo, Verdad, 8 de diciembre de 1936 (discurso de José Díaz), 17 de diciembre de 1936 (manifiesto del Partido Comunista), 23 de diciembre de 1936 (editorial); discurso de José Díaz del 8 de febrero de 1937, en Tres años de lucha, pág. 325; Frente Rojo, 27 de febrero de 1937 (editorial), 19 de marzo de 1937 (manifiesto del Comité Central del Partido Comunista).


 


6. Diego Abad de Santillán, After the Revolution, pág. 122. Véanse también Boletín de Información, CNT-FAI, 21 de junio de 1937; discurso de Juan López en Fragua Social, 6 de octubre de 1936; Solidaridad Obrera, 25 de septiembre de 1936 (entrevista con España Industrial); manifiesto del Partido Comunista en Verdad, 17 de diciembre de 1936; informe de Helmut Rüdiger, representante en España de la Asociación Internacional de Trabajadores, a la que estaba afiliada la CNT, Informe para el congreso extraordinario de la AIT, el día 6 de diciembre de 1937; Albert Pérez-Baró, 30 mesos de collectivisme a Catalunya, 1936-1939, pág. 43.


 


7. Véase la declaración conjunta de los comités nacionales de las federaciones textiles de la CNT y la UGT en Claridad, 3 de marzo de 1937; Tierra y Libertad, 2 de enero de 1937; discurso de Jesús Hernández en marzo de 1937, reproducido en Hernández, El Partido Comunista antes, durante y después de la crisis del gobierno Largo Caballero, pág. 41; discurso de Antonio Mije, reproducido en Mije, Por una potente industria de guerra, pág. 4.


 


8. "Work and Revolution: Workers Control in Barcelona in the Spanish Civil War, 1936-38", págs. 45-46. Véase también ibid., págs. 28-29, 39-44. Una copia de este manuscrito inédito se halla depositada en la Hoover Institution, Colección Bolloten.


 


9. Pérez-Baró, 30 mesos, págs. 43-44.


 


10. "Inside the Revolution", Parte V de la serie televisiva The Spanish Civil War, a cargo de los historiadores Ronald Fraser, Hugh Thomas y Javier Tusell.


 


11. Como se verá en un capítulo posterior, la CNT entró en el gobierno catalán antes de participar en el gobierno central.


 


12. Citado por Ronald Fraser, Blood of Spain, pág. 11.


 


13. El texto completo del decreto se reproduce en Pérez-Baró, 30 mesos, págs. 228-36. Sobre la colectivización en Barcelona, véase el revelador relato en Fraser, págs. 109-36, 575-76.


 


14. Carta a Pérez-Baró, citada por Fraser, pág. 212, n. 1.


 


15. Abad de Santillán, Alfonso XIII, la II República, Francisco Franco, pág. 360. Véase también la carta que me dirigió fechada el 25 de septiembre de 1971 (HI).


 


16. Entrevista grabada de la serie televisiva The Spanish Civil War, Parte V ("Inside the Revolution"). Véase también Fraser, pág. 211, n. 1. En ocasión del quincuagésimo aniversario de la Guerra Civil, Tarradellas afirmó que sin el Consejo de Economía y el decreto de colectivización, el conflicto "habría durado muy poco, pues constituyeron en toda España un acicate en la lucha para conseguir nuestros fervorosos anhelos. Nadie debería ignorar que la victoria que obtuvimos los primeros días de la sublevación no habría dado resultados positivos y duraderos sin los profundos cambios que se operaron en nuestra economía" (El País, 21 de julio de 1986).


 


17. Men and Politic, pág. 421. Según Juan Ferrer, secretario del Sindicato de Empleados de Comercio de la CNT, Negrín se negó a reconocer el decreto de colectivización de Cataluña. "El y la mayoría del gobierno central estaban decididos a no aceptarlo ni a permitir que la CNT en particular controlara ninguna parte de la economía" (citado por Fraser, pág. 576). Véanse también José Peirats, Los anarquistas en la crisis de la política española, págs. 263-64, y el decreto del 2 de septiembre de 1937 (Gaceta de la República, 3 de septiembre de 1937), firmado por Juan Negrín en calidad de ministro de Hacienda, por el que las colectividades industriales quedaban sujetas al sistema tributario estatal, pero sin concederles status legal. Sobre el decreto, véanse las esclarecedoras observaciones de Pérez-Baró, 30 mesos, págs. 141-42.


 


18. Véase la intervención del secretario del Comité Nacional de la CNT en Memoria del Congreso Extraordinario de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña celebrado en Barcelona los días 25 de febrero al 3 de marzo de 1937, pág. 197; véase también Juan Negre, ¿Qué es el colectivismo anarquista?, pág. 5.


 


19. Véase, por ejemplo, Tierra y Libertad, 26 de diciembre de 1936 ("Posición de la FAI" y el artículo de Gaston Leval), 30 de enero de 1937 ("Se impone la socialización" y "Hacia nuevas realizaciones", 6 de febrero de 1937; asimismo, Boletín de Información, CNT-FAI, 23 de diciembre de 1936; Mariano Cardona Rosell, Aspectos económicos de nuestra revolución, págs. 3, 6; Collectivisations, págs. 13-16.


 


20. Nosotros, 9 de marzo de 1937. Véase también Tierra y Libertad, 14 de agosto de 1937.


 


21. Sobre el desarrollo de esas tendencias, véanse las siguientes fuentes anarcosindicalistas: Boletín de Información, CNT-FAI, 21 de junio de 1937 (discurso de C. Bassols); Cultura y Acción, 24 de julio de 1937 (artículo de Máximo Llorca); Regeneración, 15 de marzo de 1938 (artículo de H. N. Ruiz); Solidaridad Obrera, 24 de abril de 1937 (discurso de Playan); Tierra y Libertad, 1° de mayo de 1937 (artículo de Juan P. Fábregas); Pierre Broué y Emile Témime, La revolution et la guerre dEspagne, págs. 145-46; Fraser, págs. 231-34; César M. Lorenzo, Les anarchistes espagnols et le pouvoir, 1868-1969, págs. 246-47.


 


22. Espoir, 13 de septiembre de 1964.


 


23. Véanse otros ejemplos en Documentos Históricos de España, marzo de 1938; Tierra y Libertad, 9 y 16 de octubre y 13 de noviembre de 1937. La socialización no resolvió en todos los casos los problemas económicos. En la industira del calzado de la provincia de Alicante, "tan catastrófica es la situación", según la revista comunista Nuestra Bandera, que la única salida era la nacionalización, "¡si no, nos moriremos de hambre!" (citado en Vicente Ramos, La Guerra Civil 1936-1939 en la provincia de Alicante, I, pág. 272).


 


24. Véanse, por ejemplo, Las Noticias, 14 de abril de 1937 (discurso de Riera); Solidaridad Obrera, 24 de abril de 1937 (discurso de Playan); asimismo, Tiempos Nuevos, septiembre, octubre de 1937.


 


25. El socialista moderado Manuel Cordero, miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE, declaró: "Hay quien ha interpretado mal la revolución, creyendo que la expropiación de los capitalistas se hacía en beneficio de determinados elementos colectivos. Se equivocan. Lo abandonado por los particulares enemigos de la República y expropiado, y que aún no ha revertido al Estado, tendrá que revertir" (La Vanguardia, 21 de octubre de 1938). Véanse los discursos de Pacual Tomás, socialista de izquierda y vicesecretario de la UGT, en La Correspondencia de Valencia, 21 de diciembre de 1936, 11 de enero, 17 de febrero y 9 de abril de 1937, y otras referencias suyas a la nacionalización en Adelante, 13 de febrero de 1937, y Claridad, 6 de abril de 1937.


 


26. Carta dirigida a mí (HI).


 


27. Sobre el Pleno Económico Nacional Ampliado, véanse Fragua Social de enero de 1938 y las cartas que me dirigió Mariano Cardona Rosell, que encabezaba la delegación del Comité Nacional de la CNT (HI).


 


28. Véanse, por ejemplo, J. Jiménez, Solidaridad Obrera, 3 de diciembre de 1936: Tierra y Libertad, 30 de octubre de 1937 (declaraciones del tesorero del Sindicato de Alimentación e Industrias Gastronómicas); Treball, 27 de marzo de 1937.


 


29. La Batalla, 31 de enero de 1937.


 


30. 31 de enero de 1937.


 


31. El Día Gráfico, 28 de febrero de 1937.


 


32. En julio de 1938 todavía se estaba discutiendo la cuestión de un Banco Sindical.


 


33. Véanse sus declaraciones publicadas en La Correspondencia de Valencia, 6 de enero de 1937, y en El Día Gráfico, 9 de febrero de 1937; asimismo, su decreto sobre la intervención estatal en las empresas industriales publicado en la Gaceta de la República, 24 de febrero de 1937, y su orden del 2 de marzo de 1937; ibid., 7 de marzo de 1937.


 


34. Peiró, Mi gestión en el Ministerio de Industria, en Guerra y revolución, II, pág. 276. Véase también Josep M. Bricall, Política económica de la Generalitat, 1936-1939, pág. 200, n. 75.


 


35. Guerra y revolución, II, pág. 276.


 


36. Los anarquistas, págs. 263-64. El decreto al que se refiere Peirats fue firmado por Largo Caballero el 5 de marzo de 1937 (Gaceta de la República, 7 de marzo de 1937). Disponía la concesión de un crédito de 30 millones de pesetas. Sobre las dificultades de la CNT para obtener fondos del gobierno para sus empresas colectivizadas, véanse Juan López, "Evolución del sindicalismo español", en Comunidad Ibérica, noviembre-diciembre de 1964, pág. 32, citado en Lorenzo, pág. 244, n. 11; y el prólogo al discurso de Peiró (De la fábrica de vidrio de Mataró al Ministerio de Industria), citado en César M. Lorenzo, pág. 257, n. 6.


 


37. Treball, 13 de abril de 1937.


 


38. Informe al Comité Central del Partido Comunista en marzo de 1937, reproducido en Díaz, pág. 353.


 

La lucha contra la opresión y el abuso de las mujeres en Grecia y los Balcanes


Buenos días, desde Grecia. Esperamos que ustedes se encuentren bien. Las mujeres fueron y aún son las víctimas de la violencia pública y doméstica a escala internacional. La violencia contra las mujeres es un fenómeno político e histórico y tiene su origen en la estructura de clases de la sociedad, en la propiedad privada y en la división del trabajo, tal como se desarrolla a través de todas las formas de dominación de clase.


 


Pero en la sociedad industrial capitalista tiene nuevas extensiones. El hecho de que la mujer ingrese en puestos públicos y salga de las tareas domésticas no significa necesariamente que haya ganado una posición igual a la de los hombres.


 


La mujer trabajadora, en el capitalismo, trabaja duro dentro y fuera del hogar.


 


En la época de la globalización, el abuso sexual de las mujeres toma nuevas dimensiones cualitativas y cuantitativas. La industria del sexo sostiene la economía de algunos países. Hay ciudades enteras en muchos países en Asia y América, cuyo principal recurso económico se basa en la industria del sexo. Además de las mujeres, los niños son también víctimas de esta explotación.


 


Los beneficios del tráfico internacional de esclavos ya ha superado el del mercado de la droga.


 


Una de las contradicciones de la globalización es que mientras por un lado libera la economía de las barreras nacionales, por el otro intensifica los nacionalismos, creando fortalezas contra refugiados e inmigrantes.


 


Las mujeres del mundo son víctimas del barbarismo del capitalismo y de las guerras imperialistas. Son quienes se transforman en refugiados. Son quienes han sido violadas, quienes mueren de hambre. Son quienes se transforman en las principales víctimas de la violencia estatal. Son quienes sufren la opresión de la familia y en sus trabajos. Trabajan duro fuera del hogar y tienen salarios inferiores que sus colegas masculinos. Trabajan duro en el hogar por nada.


 


Al lado de la mayoría trabajadora oprimida, pobre y peor pagada que trabaja bajo la autoridad del empleador y el Estado, está la esposa, más oprimida y pobre, porque ella está oprimida por todos los que oprimen a su esposo y también por él. E incluso si ella parece emancipada, toma el rol del oprimido, el débil, la víctima. El peso de la tradición heredada es, a veces, insoportable.


 


En Grecia, las investigaciones sobre la violencia contra la mujer nunca se han llevado a cabo de forma sistemática. Unas pocas investigaciones aisladas dan resultados pobres y no comparativos. Por lo tanto, no tenemos un panorama claro de la extensión, la severidad y las consecuencias del fenómeno. Sin embargo, su extensión va más allá de cualquier dato que tengamos.


 


Legislación


 


La legislación griega tiene disposiciones referidas a delitos contra las libertades personales y determinaciones sexuales, en general. Así todo tipo de violencia contra las mujeres está cubierta por las disposiciones generales de la ley civil y penal. Hay muy pocas disposiciones específicas acerca de la violencia contra las mujeres.


 


Por ejemplo, la violación de una mujer por parte de su esposo no se considera delito. No hay disposiciones específicas contra el acoso sexual en el trabajo. Hasta 1984, la violación era un delito solamente si la víctim a presentaba una queja contra el delincuente.


 


El abuso sexual de las mujeres por parte de las redes de traficantes se ha incrementado dramáticamente por no estar bajo disposiciones legislativas específicas.


 


Servicios


 


En Grecia no hay suficientes dependencias para las mujeres víctimas de la violencia. Solamente dos centros de recepción en Atenas, que proveen de apoyo legal y psicológico.


 


Hay solamente un hospedaje, fundado en 1993, que ofrece alojamiento en forma temporal, pero su capacidad es sólo para 11 mujeres. Estos son servicios estatales.


 


Hay pocas organizaciones de mujeres y organizaciones no gubernamentales que ofrecen apoyo legal y socio-psicológico. La colaboración de todos los servicios no es sistemática y está basada principalmente en iniciativas y sensibilidades individuales.


 


Como resultado, las mujeres víctimas y que sufren privaciones en Grecia, nunca saben dónde dirigirse por ayuda, con un incierto resultado.


 


Desempleo en Grecia


 


El desempleo en Grecia es oficialmente del 11%. Los índices de desempleo entre las mujeres son más altos que entre los hombres (15,4% a 6,7%).


 


El número de mujeres que se gradúan en las universidades es el doble que el de los hombres, pero el desempleo de estas mujeres es el doble que el de los hombres con el mismo nivel educacional (8,9% a 4,1%).


 


También el trabajo part-time golpea mucho más a las mujeres (7,4%) que a los hombres (2,4%).


 


Las llamadas "igualdades" están ausentes. Las mujeres en Grecia tienen los trabajos peor pagos y en las condiciones más inciertas. También raramente ellas son promovidas a puestos de dirección de la misma forma que sus colegas masculinos. En el sector privado, los derechos de las mujeres son más vulnerables.


 


Abuso sexual de las mujeres en Grecia


 


El colapso de los regímenes de los países del este europeo y la total disolución de su infraestructura social y económica llevó a millones de personas a la pauperización y la inmigración. La mayoría de los refugiados e inmigrantes en todo el mundo, no sólo en Europa, son mujeres y niños.


 


En Grecia, los refugiados e inmigrantes son al menos un millón. La mayoría de ellos proviene de Europa del Este y los Balcanes. En estas condiciones el tráfico, el abuso sexual y la compulsión a la prostitución, se incrementan dramáticamente.


 


Europol da un número de 300.000 mujeres por año, solamente de Europa Central y del Este. A escala internacional, las Naciones Unidas estiman este número en 4 millones por año. Los beneficios del tráfico internacional de esclavos son de 5 a 7 mil millones de dólares por año y se viene multiplicando desde 1990.


 


Grecia es el punto de cruce de la transferencia y destino de estas mujeres. Las víctimas tienen una edad de entre 8 y 41 años y son trasladadas por dos tipos de redes de traficantes: unas para pedofilia y otras para la prostitución. El precio de una mujer es de 3.000 dólares…


 


La situación empeora año a año. Durante 1990, alrededor de 2.100 mujeres fueron forzadas a la prostitución en Grecia, mientras que diez años después, durante el 2000, ¡este número llega a 19.400! El 4,5% de ellas son adolescentes. Los beneficios de las redes de tráfico en Grecia en el año 2000 fueron de 135 millones de euros, siete veces más que los del año 1990.


 


Las principales redes de tráfico están en Ucrania, Rusia, Albania y Balcanes. Estas redes cuentan con la colaboración de la policía y las autoridades griegas en muchas formas y en diferentes niveles: para dar licencias de entrada y residencia, para dar visa, para apoyar a los clubes nocturnos, etc. Sin esta colaboración es imposible la actividad de las redes de traficantes en el país.


 


Estas mujeres son llevadas con sus proxenetas, con contratos, y son forzadas a trabajar más de 18 horas por día, sin derecho a tener el dinero que ganan. Pasan las fronteras, en forma legal o ilegal, como artistas o turistas.


 


La corrupción de la policía griega no es un fenómeno marginal sino una situación intrínseca. Hay muchos casos de policías involucrados en las redes de traficantes, desde suboficiales a oficiales jefes, que usualmente salen a luz en los medios de comunicación.


 


¿Qué sucede si una mujer, forzada a la prostitución, pide ayuda? De acuerdo con el informe de Iniciación Femenina contra la Compulsión a la Prostitución, las mujeres extranjeras arrestadas en una operación policial, quedan detenidas en las estaciones policiales por varios días, o meses, en condiciones terribles y son preparadas para su expulsión. Cuando ese día llega, se les hace abordar trenes u ómnibus y a menudo, tan pronto atraviesan las fronteras, los traficantes que las están esperando, las hacen regresar, con diferentes nombres pero a la misma actividad.


 


Aquéllas que han tratado de escapar de las redes de traficantes y los acusan tienen un tratamiento similar. Si tratan de dirigirse a otras personas, como periodistas, etc., están en grave peligro de confrontarse nuevamente con la policía.


 


Las mujeres que piden ayuda a organizaciones antirracistas o feministas tienen mejor suerte. Estas organizaciones hacen un esfuerzo para proveer hospitalidad, pasaporte y pasaje aéreo a las mujeres que desean regresar a su hogar en su país de origen.


 


El informe antes mencionado de Iniciación Femenina contra la Compulsión a la Prostitución fue entregado al Parlamento griego en 1999, pero la mayoría de los legisladores lo ignoró. Hasta el día de hoy no ha cambiado la forma en que son tratadas estas mujeres víctimas.


 


La lucha contra la opresión y el abuso de las mujeres


 


El abuso y la opresión de mujeres no es sólo un error o un incidente marginal del sistema, a ser corregido. Está basado en la explotación y la opresión social. Desde este punto de vista, la lucha contra el abuso y la opresión de la mujer es también una lucha contra las condiciones y los términos que crean esa opresión. Esto no nos permite decir que haya que esperar la transformación revolucionaria de la sociedad para resolver la cuestión de la mujer. Es un error que nosotros, como marxistas, a menudo cometemos: no a la lucha contra la situación actual de las mujeres, pensando que será resuelta por la transformación radical de la sociedad.


 


Al mismo tiempo que luchamos por derrocar la dominación de clase, debemos luchar cada día por todos los temas que conciernen a esta dominación. Desde esta percepción consideramos que el simposio es muy importante y también es muy importante nuestra participación. El simposio tiene lugar en un momento crucial, cuando los Balcanes y el Medio Oriente son sacudidos por las guerras imperialistas, y en un país como Turquía, que se desangra por una crisis política, social y económica.


 


Uno de los objetivos del Centro Socialista Balcánico Cristian Rakovsky es unificar la lucha de las mujeres en toda la región de los Balcanes, contra esta red de opresión y contra todo tipo de opresión, con una perspectiva revolucionaria basada en la unidad de los pueblos de los Balcanes.


 


Las mujeres son la parte más oprimida de la sociedad, y exactamente por esto, la más revolucionaria. La historia tiene ejemplos para dar. Durante la Revolución Española y la guerrilla griega, las mujeres tomaron las armas, fueron a las montañas y estuvieron al lado de los luchadores, de igual a igual, por primera vez en sus vidas. Sólo la revolución y la lucha les dieron la oportunidad de escapar del amo patriarcal, del amo esposo, del matrimonio compulsivo. Ellas condujeron sus vidas y su propia supervivencia en forma revolucionaria más que cualquier otro luchador.


 


La mujer no puede liberarse a sí misma a menos que toda la sociedad sea liberada. Por otra parte, no hay revolución real sin la liberación de la mujer. La real liberación de las mujeres de la malla de poder es imposible sin el derrocamiento de un sistema que alimenta la explotación del hombre por el hombre y se alimenta de ella.


 


(*) Intervención de Maria Chlorou, en representación del Centro Socialista Balcánico Cristian Rakovsky, en el Simposio contra la violencia y la discriminación contra la mujer, organizado por el Centro de Solidaridad de la Mujer de Sahmaran, en Estambul (Turquía), entre el 11 y 12 de octubre de 2003).


 

Sobre el marxismo y la cuestión judía


I


 


"Para los discípulos de Marx y para la clase obrera, la cuestión judía como tal, no existe" (Rosa Luxembourg [1]).


 


Dicha afirmación puede parecer cínica, incluso puede sonar como una acusación después de la Shoah (2) y Auschwitz. Pronunciada por una de las más nobles figuras revolucionarias judías de comienzos de la historia del movimiento socialista, esta frase tiene, sin embargo, un sentido ambivalente, contradictorio.


 


Por un lado, expresa una verdadera negligencia y/o una debilidad de la tradición marxista en relación a la cuestión judía, incluida la debilidad de las posiciones particulares defendidas por Rosa Luxembourg sobre las minorías nacionales y la opresión nacional en general.


 


Por otro lado, es absolutamente cierto que la cuestión judía (es decir la cuestión histórica de la persecución constante de los judíos en el cuadro de formaciones económico-sociales y de regímenes políticos diferentes en el transcurso de la historia y el misterio de su supervivencia) no puede ser explicada abstrayéndola y separándola de la historia, estudiándola "como tal" de una manera ahistórica.


 


Si separamos las explicaciones teológicas (o demonológicas) que consideran a la supervivencia tenaz del pueblo judío como la expresión de la voluntad de Dios (o del diablo), la única aproximación científica y metodológica correcta del problema es la que adoptó Marx en su controversia con Bruno Bauer: "El pueblo judío se ha conservado y desarrollado a través de la historia, en la historia y con la historia" y no "a pesar de la historia". (3)


 


II


 


Es necesario comenzar por un breve comentario preliminar sobre la polémica de Marx con Bauer a propósito de la cuestión judía.


 


Con frecuencia se considera, y para mal, que La Cuestión Judía de Marx demuestra, de forma definitiva, la incapacidad de Marx y del marxismo de analizar ese problema. Para los estalinistas obtusos, este largo artículo representa la última y máxima verdad que se ha expuesto sobre este tema. Del lado opuesto, algunos describen este texto del joven Marx como un panfleto típicamente antisemita o "una manifestación del odio que los judíos resienten por sí mismos" (4) y por qué no ¡un "llamado al genocidio"! (5) 


 


Enzo Traverso presentó un análisis muy distinto y mucho más matizado, al situar la controversia en el contexto histórico-cultural de la Alemania de los años 1840. Se esforzó por colocar el texto en el seno del desarrollo del pensamiento de Marx en un momento en el cual éste se encuentra superando el sistema hegeliano, abriendo un nuevo horizonte: el del materialismo dialéctico. (6)


 


Arlene E. Clemesha, universitaria, ha escrito un estudio en este mismo sentido. (7)


 


La controversia entre Marx y Bauer (8) forma parte de las intensas discusiones que se fueron desenvolviendo en Alemania entre los demócratas radicales en general y los hegelianos de izquierda en particular algunos años antes de estallar la tormenta de la revolución europea de 1848. En retraso con respecto al desarrollo histórico, este país se estanca. El desarrollo tardío del capitalismo comienza entonces a acelerarse con el impacto de las transformaciones de la historia mundial. En el seno mismo de la comunidad judía, como lo señala Enzo Traverso, se instala una diferenciación social: una parte de la inteligentsia judía adquiere el estatus de paria a medida que entra en conflicto con la burguesía comercial y financiera de su propia comunidad – enfrentamiento que en ciertos comentarios de artículos de Marx de este período se expresan violentamente.


 


El punto central de la controversia entre Karl Marx y Bruno Bauer no radica principalmente en la cuestión judía como tal, sino en los límites históricos de la democracia burguesa y la necesidad de romper con el liberalismo para ir hacia una dirección comunista revolucionaria. Esta reorientación política que va más allá de la democracia burguesa está intrínsecamente ligada a la necesidad filosófica de superar el límite alcanzado por la conclusión del sistema hegeliano.


 


Epígono de Hegel, Bruno Bauer reduce la cuestión judía a una cuestión estrictamente religiosa y ve en los Diez Mandamientos una traba reaccionaria para la aplicación de las prácticas "racionales" del Estado cristo-prusiano. Se opone a la emancipación de los judíos en nombre de la emancipación política en general.


 


Marx, en cambio, establece una distinción crucial entre emancipación política y emancipación humana o social. Apoyando siempre el derecho de los judíos a la emancipación política introducida por la Revolución Francesa, Marx señala, con razón, que el problema, en su conjunto, no puede resolverse sino es atacando la cuestión social global. Por encima de la teología y del secularismo burgués, Marx coloca en el centro de su reflexión la relación real entre la sociedad civil y el Estado moderno, establece la primacía de la primera, de la esfera de los intereses materiales, e invierte, de manera materialista, toda la concepción hegeliana de la relación entre el Estado y la sociedad.


 


III


 


Los primeros escritos de Marx sobre la cuestión judía no constituyen, evidentemente, una verdad eterna y definitiva. No son ni siquiera "completamente marxistas" ya que Marx mismo está rompiendo sus lazos, en esa época, con los hegelianos de izquierda y otros demócratas radicales, superando el sistema hegeliano para ir hacia una dirección nueva y nunca alcanzada hasta ese momento: el comunismo fundado sobre la dialéctica revolucionaria y la concepción materialista de la historia. La discusión con Bruno Bauer representa un momento de ese proceso, sin ninguna duda, pero es anterior al "salto epistemológico". Marx aún no ha descubierto el papel revolucionario de la única clase universal: el proletariado. Sin esta concepción, ninguna ruptura real con el liberalismo es completa.


 


De sus primeros escritos hay que retener sobre todo un punto metodológico esencial: se comete un error idealista a la Bauer cuando se intenta "explicar los judíos reales partiendo de la religión judía". (9) Marx no pierde de vista la dimensión religiosa y cultural de la cuestión: "No niego de ninguna manera, como lo pretende Herr Bauer, que la cuestión judía sea igualmente una cuestión religiosa. Todo lo contrario, he demostrado que Herr Bauer sólo comprende la esencia religiosa del pueblo judío, pero no la base secular, real, de esta esencia religiosa". (10) Después de Marx, los marxistas, con algunas excepciones (Trotsky en los años 30) no han analizado de manera exhaustiva y profunda esta base secular real. Su punto de vista ha estado anudado por el chaleco de fuerza positivista de la pretendida "ortodoxia marxista" de la Segunda Internacional (Karl Kautsky) o se ha perdido en la nebulosa austromarxista néo-kantiana, o peor aún, ha sido amputado por el estalinismo. A estas interpretaciones pseudo-materialistas, se han opuesto sobre todo concepciones idealistas-culturalistas.


 


La concepción materialista de la cuestión judía (11) representa ciertamente el intento más serio por realizar una aproximación histórica de la cuestión judía. Esa obra fue escrita por un joven trotskista judío, Abraham León, a los 24 años, dos años antes de morir en Auschwitz.


 


Abraham León considera que la base secular de la supervivencia de los judíos está ligada a un proceso social: el de la formación de un grupo social específico, el pueblo-clase de los judíos comerciantes. Los judíos, según León, en tanto que pueblo-clase de comerciantes aparecieron por primera vez después de la destrucción del Primer Templo (586 AC) y el Exilio de Babilonia, y luego se desarrollaron en la Antigüedad tardía y durante el período carolingio (751/911 DC), período que marca "el apogeo de la clase de judíos comerciantes".


 


El contexto histórico natural del pueblo-clase judío fue el pre-capitalismo. Dicho grupo social de comerciantes y de usureros, de portadores de valor de cambio, proliferó en los poros de las sociedades precapitalistas fundadas sobre economías naturales orientadas hacia el valor de uso. A causa de esta contradicción, los judíos se convirtieron en objeto de odio para la sociedad y fueron víctimas de olas de represión recurrentes.


 


El capitalismo moderno – según León – destruye la base secular del pueblo judío. En consecuencia, o ese pueblo es asimilado, o es destruido, como lo ha demostrado la barbarie moderna antisemita del nazismo.


 


El análisis de Abraham León fue blanco de numerosas críticas incluso de parte de marxistas. Como numerosas personas lo han notado, Abraham León reduce la particularidad judía a una función económica, y subestima el papel crucial jugado por la vida religiosa y cultural en la supervivencia del pueblo judío. Algunas críticas llegan incluso a rechazar la importancia de toda base económica material específica, insistiendo en el hecho de que únicamente la religión y la cultura han asegurado la continuidad judía en la historia.


 


Maxime Rodinson, adopta una posición intermedia. (12) Acepta la noción de pueblo-clase pero solamente después del siglo XI y las Cruzadas. Pero, como lo notó con justa razón, Arlene Clemesha, los siglos XI y XII no marcan la eclosión de una clase judía comerciante sino un período de transición durante el cual los judíos comerciantes y usureros existentes evolucionan hacia un grupo casi exclusivamente compuesto de usureros. (13)


 


Según Robinson, la persistencia de una entidad judía autónoma se debe al "carácter pluralista étnico-religioso del pueblo judío dotado de un particularismo poderoso y de una religión con aspiraciones universalistas".


 


Esta explicación de múltiples causas parece profundamente inspirada por Max Weber y carece de coherencia interna. No cuestiona la noción de pueblo-clase de Abraham León durante el período posterior a las Cruzadas.


 


Pero, ante todo debemos formularnos algunas preguntas. ¿La formación de una clase social única es históricamente posible? ¿Los judíos constituyeron en un momento de la historia una entidad monolítica y monoclasista? Incluso cuando los comerciantes se convirtieron en una capa mayoritaria en el seno de las comunidades judías, hubo siempre una corte de artesanos subalternos, pequeños agricultores, vendedores ambulantes, etc. Además: ¿qué sucedió antes del siglo VI AC, antes de la aparición de ese pueblo-clase? ¿Qué se puede decir de la historia social, de la estructura económica y social de ese pueblo, de sus orígenes, del desarrollo histórico, de sus tradiciones culturales y de sus relaciones con la historia posterior al Exilio?


 


Como lo han subrayado Abraham León y Maxime Rodinson, la Diáspora durante la Antigüedad no se debió sólo a la represión que sufrieron los judíos en Judea. Está ligada sobre todo a la expansión del comercio en los países de la cuenca del Mediterráneo, más allá de Palestina. Las comunidades judías del exterior jugaron un papel significativo en ese comercio mediterráneo. Su función económico-social estaba estrechamente ligada a la expansión del valor de cambio. Sin embargo, dicho lazo, así como las propias relaciones de Palestina, era contradictorio, rodeados de una cantidad de contradicciones no resueltas. La tensión entre las comunidades de comerciantes judíos en la Diáspora y el pueblo judío en la Tierra Prometida, en donde los principios de la Torah eran reconocidos como los principios organizadores de la vida social, dejó huellas en el Talmud (escrito precisamente durante la Antigüedad tardía y completado hacia el siglo VI AC) así como en su comentario por Rachi de Troyes (hacia 1040-1105).


 


En el Ketoubot 110b, por ejemplo, que comenta el Levítico 25: 335-38 ("Si tu hermano cae en apuros y su mano vacila cerca de tí, tú lo sostendrás, aunque fuera residente o invitado para que viva cerca de tí. No le cobres ni interés ni usura, así temerás a Dios, y tu hermano vivirá cerca de tí… Tú no le cederás tu dinero con intereses ni alimentos con usura. Yo soy Yahvé, vuestro Dios, quien los hizo salir de Egipto para darles la tierra de Canaan, para ser vuestro Dios") está escrito que "toda persona que resida fuera de Palestina está en la misma situación que alguien que no tenga Dios". Rachi de Troyes, en su comentario a la misma cita bíblica menciona al Talmud de Babilonia, Ketoubot 110b y explica que Israel ha sido dada a los hombres para que cumplan los mandamientos de Dios y que, por esa razón, "toda persona que vive en el exilio se asemeja al que no tiene Dios" como si hubiera cometido avoda zara (sic) (retomaremos más adelante este punto importantísimo).


 


Los comentarios de Rachi y del Talmud se aplican a aquellos que residen fuera de la región en donde la Torá regula la vida social. Están ligados a la parte del Levítico que analiza las relaciones monetarias y condena la usura, llegando incluso a cuestionar el estatus de la propiedad privada; junto al Jubileo y de la anulación de las deudas, el Levítico introduce la perspectiva mesiánica de una Redención en Israel de todos los explotados y de todos los oprimidos. Gustav Landauer, el gran dirigente anarco-comunista de la República soviética de Baviera de 1918, revolución que estuvo condenada desde su inicio, tenía mucha razón en referirse al Jubileo como a la introducción de la revolución social en ¡la Biblia!


 


Aun en la Tierra Prometida, la propiedad no está definida en relación a su propietario sino al hecho de que pertenece, en última instancia, al Dios liberador (ver por ejemplo el salmo 24.1: "A Yahvé la tierra y lo que en ella hay"); la propiedad privada será finalmente superada en el Shabat Shabaton en el futuro mundo igualitario (Olam abá), en la Era mesiánica del fin de la Historia en el interior de la Historia.


 


El misterio de estas líneas no se reduce ni a un cúmulo de supersticiones religiosas ni a una serie de datos empíricos. Existe una "base histórica material, secular, real" que debe ser develada y analizada al mismo tiempo que la dimensión cultural y social determinada por dicha base. Para llevar a cabo esta tarea hay que apoyarse en el método verdadero del materialismo histórico que no tiene nada que ver con su caricatura economicista o con una concepción lineal de la historia.


 


IV


 


Nuestro análisis se opone tanto al de los culturalistas, que niegan de forma idealista la primacía de las contradicciones históricas materiales en la determinación de la existencia de los judíos como pueblo diferenciado, como al de los economicistas que reducen la particularidad judía a las actividades de un pueblo-clase o de una casta de comerciantes.


 


La idea de que un grupo nacional casi homogéneo esté compuesto de una sola clase (o casta) social fundada en la relación ancestral entre el pueblo judío y el comercio (y/o la usura) es una construcción sociológica, ahistórica y antidialéctica que debe ser rechazada.


 


La pretendida dimensión cultural no debe ser ni sobrestimada ni subestimada. Su base histórica material que no es estática, sino que se encuentra en movimiento y cambio constantes, debe ser tomada y analizada en sus relaciones complejas con la totalidad de la vida y de la existencia judías a través de la historia. Dicha existencia debe ser estudiada como un organismo en desarrollo, como una totalidad en proceso.


 


Como ya lo señalamos en un trabajo anterior, (14) la cuestión judía es una cuestión fundamentalmente de clase. Esto no se debe a que los judíos pertenecen a un pueblo-clase particular (Abraham León) o a una casta (Karl Kautsky) que desarrolla una función económica exclusiva, la del comercio y/o la de la usura, al interior de las sociedades precapitalistas. La cuestión judía es una cuestión de clase porque su génesis y desarrollo como grupo étnico-religioso particular coinciden y están ligados a la génesis y desarrollo de la sociedad de clases como tal, como un todo. La aparición de los judíos fue una manifestación de la ruptura de la comunidad primitiva y una forma particular de transición entre una sociedad pre-clasista y una sociedad proto-clasista que surgió al mismo tiempo que los proto-Estados de Medio Oriente. Los judíos aparecieron demasiado temprano y demasiado tarde a la vez. Demasiado temprano, en la frontera del desarrollo histórico, encarnando a una de las primeras formas de transición hacia una sociedad dividida en clases y hacia la aparición de la propiedad privada y del valor de cambio. Demasiado tarde, porque el espacio histórico ya había sido ocupado por otras formaciones económico-sociales que se regían por grupos étnicos más poderosos, sobre todo en los despotismos conflictivos del Medio Oriente. Los judíos fueron prisioneros de las contradicciones de un medio hostil mientras que sus relaciones sociales representaban la negación necesaria y viva del mundo que los rodeaba dominado por el modo de producción asiático. Nacido en una trampa histórica, el grupo étnico-religioso judío tuvo que desarrollar una estrategia para sobrevivir, encontrar líneas de escape. Su nacimiento (o su re-nacimiento) como nación particular coincide con un Exodo de la prisión de la sociedad despótica asiática que reducía a la esclavitud a las tribus nómades de la región. Esta liberación de la Casa de los esclavos (Bet Bait avadim) y la transición hacia una nueva sociedad en la Tierra Prometida marca al mismo tiempo la transición del modo de producción asiática hacia las primeras formas de propiedad privada de la tierra y de las relaciones fundadas sobre el dinero-mercancía. F. Tökei (15) estudió la génesis de la propiedad privada en este tipo de sociedades y señala con razón la necesidad de localizar el grupo social específico que habría podido llevar a cabo dicha transición.


 


Ni la burocracia estatal, ni los agricultores en las comunidades agrarias dispersas, ni los esclavos, tenían la fuerza social o el interés necesarios para quebrar la forma asiática de la propiedad comunal, con toda su inercia histórica. No podían introducir nuevas formas de relaciones fundadas sobre la propiedad privada, sobre todo en la esfera principal de la producción: la cultura de la tierra. Sólo un grupo social, según Tökei, era capaz y tenía interés en una transición tal: los esclavos emancipados. El Exodo pone en escena la Emancipación y la marcha victoriosa de los esclavos emancipados hacia la tierra de la libertad donde van a acceder a la propiedad privada y van a regular sus intercambios de acuerdo al nuevo principio económico. Sin embargo, como ya lo hemos dicho, en los textos bíblicos donde está inscripta esta tradición, la propiedad privada está lejos de ser presentada como el objetivo final y la encarnación de la liberación. Por el contrario, dichos textos señalan el carácter históricamente transitorio de la propiedad privada y profetizan su abolición en una Era mesiánica universal.


 


En la Biblia, el lazo entre la propiedad y el trabajo está bastante claro. Pero al mismo tiempo su relación y sus dos polos son objeto de vivas críticas.


 


La Torá (16) ataca a aquellos que consideran a la propiedad privada en la Tierra Prometida como el objetivo final o un producto que proviene solamente de su propio trabajo: "(…) Ten cuidado que tu corazón no se eleve y no olvides a Yahvé tu Dios que te ha hecho salir de Egipto, de la casa de los esclavos (…) Ten cuidado de decir en tu corazón Es mi vigor y la fuerza de mi mano los que adquirieron esta riqueza. Tú recordarás a Yahvé, tu Dios, pues es El quien te da el vigor para adquirir riqueza".


 


La propiedad no está legitimada por el trabajo, aunque está considerada como un producto del trabajo. La riqueza no proviene de los esfuerzos individuales de los seres humanos, proviene de la liberación de sus capacidades anteriormente prisioneras en la "Casa de los esclavos", prisioneras del trabajo servil en el modo de producción asiático.


 


La legitimación de la propiedad privada remonta al comienzo de la emancipación del trabajo servil por la fuerza de la liberación. La división de la tierra en parcelas privadas iguales entre las tribus de Israel se efectuó "según el padrón de tribus de sus padres" (17), como lo explica Rachi, según el padrón de "los que se escaparon de Egipto. Las escrituras diferenciaron esa herencia de cualquier otra en la Torá, ya que en todas las herencias los vivos heredan de los muertos, mientras que acá los muertos heredan de los vivos (…) la herencia remonta a los padres de sus padres y ellos lo han dividido en partes iguales y ese es el sentido de la expresión según el,…, etc." (18)


 


En otros términos, los derechos de un miembro de una tribu a la propiedad privada de la tierra provienen del hecho de que él desciende de un esclavo emancipado, que está ligado a ese momento inicial de la emancipación. En cambio, en la forma griega antigua de transición entre la sociedad pre-clasista y la sociedad de clases, el derecho de los ciudadanos libres a la propiedad privada de la tierra proviene de su derecho a cultivar la tierra común de la tribu, el ager publicus del modo de producción antiguo.


 


En la transición griega entre las comunidades agrarias (Hesíodes lamenta su decadencia en Los trabajos y los días) y la ciudad-Estado hubo todo un período de agitación revolucionaria, el estaseis. El protocomunista Phaleas de Calcedonia – furiosamente criticado, obviamente, por Aristóteles (19) – había señalado con razón que la fuente de las revoluciones, del estaseis, reside en el conflicto por el derecho a la propiedad privada en la esfera principal de la producción: la tierra. Mientras que en la visión griega de Phaleas, la revolución es introducida por la lucha por establecer la propiedad privada, en la visión hebraica presentada por la Torá, el elemento de la revolución social es introducido, como lo explicó Gustav Landauer, por el Jubileo, por la supresión no sólo de las deudas sino también de los derechos de propiedad que regulan el pago de las deudas. En la Biblia, la propiedad privada es transitoria, está en suspenso, o mejor, suspendida por encima del abismo de la voluntad de Adonai quien se la ha entregado a la humanidad bajo ciertas condiciones y la abolirá en el mundo por venir.


 


Dichas diferencias son muy importantes ya que las sociedades antiguas griega y hebrea fueron las primeras en efectuar la transición de una sociedad pre-clasista a una sociedad de clases fundada en la propiedad privada. De la forma griega de transición nacieron la ciudad-Estado, la polis y los hombres políticos, el diálogo y la dialéctica. De la forma hebrea de la transición nacieron el monoteísmo y la concepción mesiánica de la historia, la visión bíblica universal de una humanidad emancipada en un mundo totalmente modificado. Matthew Arnold vio claramente la dialéctica entre el mundo griego y el mundo judío como el eje central del proceso de formación de lo que se ha convenido en llamar la modernidad.


 


El marxismo es el resultado de esta dialéctica histórica – que no es otra cosa que la dialéctica de la sociedad de clases, desde sus orígenes hasta la última forma antagónica, el capitalismo – fundada materialmente sobre todos los progresos de la ciencia y de la cultura humanas. En la Biblia se expresa una/la primera reflexión crítica de la propiedad y el trabajo, de su relación y sobre todo acerca del hecho de que los dos se transforman inevitablemente en una fuente de alienación.


 


No es azaroso si, en la eterna discusión sobre la definición de la identidad judía, la única definición indiscutible, presente en las fuentes bíblicas y talmúdicas, es que los judíos son "aquellos que rechazaron la avoda zara". Se traduce habitualmente esta expresión por "idolatría". Pero una traducción literal nos ofrece una pista más fecunda: avoda = trabajo, zara = alienado, extraño a si mismo, de ahí avoda zara = trabajo alienado, que le es extranjero extraño a si mismo.


 


Los hebreos, como grupo étnico-religioso diferenciado, aparecieron junto con el doloroso parto de la sociedad de clases, en el seno de la sociedad pre-clasista del despotismo oriental/asiático. Ese proceso determinó el trabajo de las comunidades agrícolas y de todas las actividades serviles en los trabajos públicos de irrigación, etc. Dicho trabajo y ese sobretrabajo extraídos, alienados y centralizados por las burocracias autocráticas, legitimados por los ritos paganos de los predicadores, se convirtieron en objeto de odio y de oposición sociales, especialmente de parte de los que se movilizaron por la emancipación desde la "Casa de los esclavos". El reflejo de este proceso está inscripto en la tradición bíblica. La ruptura del círculo vicioso de la vida en una sociedad fundada en la economía natural del modo de producción asiático, la aparición de la propiedad y del valor de cambio, en ese proceso de ruptura, el trauma causado por la génesis de la sociedad de clases, el sufrimiento social y la profunda necesidad de oponerse a toda forma de alienación, antigua y nueva, la que viene de la antigua barbarie asiática y la que emergía de las nuevas relaciones sociales fundadas en la propiedad privada y el intercambio – esta convulsión histórica se vio reflejada en la Biblia y la tradición judía; y sobre todo en la concepción totalmente nueva y revolucionaria de una interrupción mesiánica de la continuidad del tiempo histórico. El mito del Eterno Regreso, de un tiempo cíclico, tema central de la vida socio-cultural de todas las sociedades precapitalistas antiguas fundadas sobre una economía natural (mito que reaparece cuando el capitalismo entra en la época de la decadencia histórica) es combatido radicalmente por primera vez por los judíos y la Biblia, precisamente por las razones históricas que acabamos de mencionar brevemente.


 


Cierto, los judíos se transformaron, a partir de una etapa determinada de su evolución como grupo étnico-religioso, en portadores de la relación del valor de cambio en contradicción con un ambiente precapitalista. Pero, a la vez, debido a su posición contradictoria en los poros de formaciones sociales hostiles, ellos encarnan, por sus tradiciones y su vida cultural, la crítica viva de esas condiciones y el Principio de Esperanza (Ernst Bloch) abriendo la vía a su transformación radical.


 


V


 


Todo modo de producción, todo modo de apropiación del sobretrabajo, toda forma histórica de explotación genera sus propias formas de exclusión social.


 


La exclusión no es un sustituto de la explotación, como lo pretenden ciertos posmodernos franceses contemporáneos, sino su corolario necesario: un mecanismo que sostiene y promueve las relaciones de producción dominantes, la relación de explotación dominante.


 


Mientras que los judíos evolucionaban, seguían el desarrollo de las sociedades de clases viviendo entre sus intersticios, en una suerte de intermundo, en el medio de los puntos de interconexión y de transición entre lo más avanzado y lo más arcaico, entre lo sincronizado y lo no-sincronizado (Ernst Bloch), eran permanentemente excluidos de la estructura de clases de la sociedad, porque los intereses de las clases dirigentes que pertenecían a otras colectividades étnicas primaban sobre los suyos.


 


La función económica y social de los judíos estaba sobre todo determinada por los otros, por una estructura social de clases dirigida por no-judíos. Dicha función fue modificándose según los cambios históricos que afectaron a los demás. La posición de excluidos ha empujado a los judíos a adoptar profesiones rechazadas por los demás o profesiones que les eran impuestas. Los judíos se transformaron en portadores de valor de cambio en sociedades orientadas hacia el valor de uso y, más tarde, cuando comenzó la crisis del feudalismo y la transición al capitalismo, el rol de usureros fue impuesto a los judíos de manera violenta, porque les estaba prohibido por la Tora y el Talmud. La Italia del Renacimiento nos ofrece un ejemplo característico. Con la llegada de los tiempos modernos, el antisemitismo cambia de naturaleza. Ese cambio es fundamental en la aparición y desarrollo del capitalismo mismo. El anti-judaísmo religioso de la época precapitalista se transforma en un antisemitismo racista. La institucionalización de los Estatutos de limpieza de sangre en el juicio de los marranos en Toledo en 1449, es un punto de inflexión necesario para el capitalismo naciente y, como lo señaló Etienne Balibar (20), constituye el preludio de la conquista del Nuevo Mundo por la Raza purificada.


 


Esta transición entre las condiciones precapitalistas (a las que la Diáspora judía se adaptó) y el capitalismo ha sido profundamente traumática. Pero la transición entre la etapa ascendente del capitalismo y la etapa de decadencia ha dado lugar a la más inhumana de todas las tragedias.


 


VI


 


El caso Dreyfus es uno de los primeros signos que marcan un cambio en el contenido del antisemitismo, cambio ligado a la transición entre el apogeo del capitalismo a mediados del siglo XIX y su declive, el comienzo de la etapa de la decadencia imperialista.


 


El caso Dreyfus representa la primer gran brecha en las ilusiones sobre la asimilación de los judíos, ilusiones cultivadas por el Iluminismo y sobre todo por la Revolución francesa.


 


A pesar de haber sido un asimilacionista, Marx predijo que "la emancipación política" en la democracia burguesa no podía igualar a la emancipación humana. El caso Dreyfus fue una de las primeras pruebas de que la asimilación de los judíos, que el capitalismo promueve, era imposible en el seno del capitalismo mismo. La asimilación de las capas medias y altas del pueblo judío empieza desde entonces a ser bloqueada por los no-judíos que ocupan las posiciones dirigentes; en cuanto a las capas más bajas, por su miseria, son de todos modos excluidas. Queda entonces una sola asimilación posible: la que efectuarán a partir de abajo, en el curso de la lucha común de todos los oprimidos y explotados por la emancipación social humana.


 


En un principio, y durante un período largo, los marxistas no percibieron el cambio. Jules Guesde tomó una posición neutra ante el "oficial burgués reaccionario" Dreyfus. Otros, incluido Jean Jaurès, lo defendieron situando su combate en el marco de la defensa de los valores demócrata-republicanos de la Rev olución Francesa. El antisemitismo era denunciado como el socialismo de los imbéciles. Se consideraba que el capital manipulaba los vestigios de los prejuicios feudales y de los sentimientos pequeño-burgueses anticapitalistas utilizando nuevamente a los judíos como chivo emisario.


 


Frente al antisemitismo, ¿qué perspectiva se le propone a los judíos? O la asimilación, o a partir del último período del siglo XIX, el sionismo. Salido de un movimiento obrero socialista, en el cual los judíos siempre se distinguieron, Ber Borojov dio vuelta el análisis de Karl Kautsky y la estrategia de la asimilación. Para él, la única solución residía en la "normalización" de la nación judía, la transformación de una nación sin territorio ni economía en una nación dotada de un Estado nacional y de su "propia" economía.


 


El sionismo, como fenómeno histórico, no es sólo el último de los nacionalismos del siglo XIX. Marca un cambio de época en el capitalismo – su decadencia, la amenaza naciente de la revolución socialista, la necesidad para la burguesía de detener esta amenaza revolucionaria, incluso proponiendo un nacionalismo sin salida frente a la creciente cantidad de trabajadores judíos empobrecidos, de artesanos y de intelectuales radicalizados que se inclinaban hacia el movimiento revolucionario internacional.


 


Desde un comienzo, el sionismo ha sido más "popular", más nacional-populista, que democrático. Su estrategia fue siempre la alianza con las fuerzas imperialistas. Muchos documentos históricos demuestran que, desde los años 1930, los dirigentes sionistas discutieron planes racistas para expulsar a la población árabe palestina de su tierra natal. Una nueva generación de historiadores israelíes está revelando todo esto gracias a sus investigaciones.


 


Sin embargo ese sionismo nacional-popular-imperialista estuvo obligado a referirse en la misma época, a una mitología del trabajo, utilizando una fraseología socialista. En un primer momento llegó a pretender compartir los mismos objetivos históricos de la Revolución de Octubre de los bolcheviques: ¡el colectivismo y la emancipación humana universal! El sionismo no habría podido nacer y desarrollarse sin el carácter contradictorio de nuestra época de transición. Hasta la Segunda Guerra mundial, la ideología sionista era criticada por la mayoría de los judíos, tanto laicos como religiosos, y por la casi totalidad de las corrientes socialistas, en particular los bolcheviques, Trotsky y la organización de los trabajadores judíos, el Bund.


 


Trotsky fue el único marxista que, en los años 30, se opuso al sionismo y a las ilusiones sobre la asimilación. Contrariamente a la corriente principal de la tradición socialista y comunista, observó que el antisemitismo moderno no solamente revitalizaba los prejuicios precapitalistas sino que era la "quintaesencia de la cultura imperialista moderna". (21) Sobre esa base, Trotsky predice, poco después de la llegada de Hitler al poder, la pesadilla de los campos de exterminio y de la Shoah.


 


No ha sido la destrucción del precapitalismo por el capitalismo lo que condujo a este genocidio, como pensaba Abraham León. Al contrario, la Shoah fue, como lo había previsto León Trotsky, la manifestación más bárbara de la transformación de las fuerzas sociales de producción en fuerzas de destrucción masiva, en la época de la decadencia imperialista.


 


"Arbeit macht frei" (El trabajo nos hace libres) no es sólo una cínica broma nazi o un cliché de los filisteos alemanes. Es el resultado de la lógica de la alienación del trabajo, de la avoda zara real, en las condiciones de la última forma antagónica de la sociedad de clases en decadencia.


 


Quien dice decadencia dice también transición. La época de transición en la que la humanidad se bate desde hace cien años, es sobre todo la época de la revolución socialista mundial. Únicamente la victoria de esta revolución puede concluir la transición hacia una sociedad sin clases, poniendo fin a todas las formas de explotación, de opresión, de exclusión y de humillación, al resolver al mismo tiempo el problema judío como un problema universal, condensando todas las contradicciones del mundo en nuestra época épica y trágica de guerras y revoluciones.


 


* Texto presentado por primera vez en la Introducción a un taller especial durante la conferencia por los "150 años del Manifiesto Comunista" organizado por el Centro para el estudio de la teoría, de los movimientos y de la crítica socialistas, en la Universidad de Glasgow, el 22 de mayo de 1998.


 


 


NOTAS:


 


1. Citado por Enzo Traverso, Les marxistes et la question juive, p. 34, Editions La Breche.


 


2. Término hebreo para el Holocausto.


 


3. Karl Marx, Friedrich Engels, La Sainte Famille.


 


4. Maximilien Rubel, Karl Marx, Essai de biographie intellectuelle.


 


5. Robert Misrahi, Marx et la question juive, París, Gallimard, 1972.


 


6. Enzo Traverso, op. cit., pp. 37-52.


 


7. Arlene Clemesha, "¿Marx antisemita?", en En Defensa del Marxismo, Nº 12, Buenos Aires, mayo de 1996, pp. 56-58.


 


8. Ver Karl Marx, "Sur la question juive et La Sainte Famille".


 


9. La Sainte Famille, p. 109.


 


10. Idem anterior.


 


11. Abraham Léon, La conception matérialiste de la question juive, EDI, París, 1980.


 


12. Maxime Rodinson, Prefacio al libro de Abraham Léon, op. cit., p. 14.


 


13. A. Clemesha, op. cit., p. 59.


 


14. Savas Michael-Matsas, Figures du messianisme/messianique, Atenas, Agra, 1998.


 


15. Tökei Ferenc, Les conditions de la propriété fonciere dans la Chine de lépoque Tcheu, Acta Antiqua, 1958; ver igualmente el comentario de Gilles Deleuze y Félix Guattari en Millie Plateaux, Minuit, París, 1980, pp. 560-561.


 


16. Deuteronomio 8, vers. 14 y 17/18.


 


17. Nombres 25, 55.


 


18. The Pentateuch and Rachis Commentary, S.S. and Publishing Company, Brooklyn, NY Estados Unidos, 1977.


 


19. Aristóteles, Política, B1266b.


 


20. Etienne Balibar y Immanuel Wallerstien, Race, nation, classe, La Découverte, París, 1978, p. 75.


 


21. León Trotsky, Imperialist War and World Revolution, Emergency Conference of the Fourth International, Pathfinder Press, Nueva York, 1973, p. 321.


 

Los orígenes de la Declaración de Balfour


Hoy, 50 años después de la Declaración de Balfour, hay poca gente que sabe exactamente de qué se trata. Los que saben más que el estudiante medio han bebido un trago bastante largo de las varias versiones e interpretaciones que, a través de los años, han ganado aceptación entre el público respecto a la naturaleza de la Declaración, sus orígenes, las circunstancias en que fue elaborada y publicada y los factores y personalidades que la trajeron al mundo. La Declaración fue un gran acontecimiento. Era, al publicarse, generalmente entendida como una promesa hecha por el gobierno británico de restaurar Palestina a los judíos y ayudarles a poner en pie un estado judío – noticias conmovedoras que emocionaban o molestaban, según fuera el caso, a millones de corazones judíos y gentiles. Como muchos de los acontecimientos sobresalientes en la historia, pronto fue embellecido con cuentos y leyendas. En el ambiente que prevalecía en aquel entonces, de idealism o político, con un alto nivel de esperanzas y expectativas de que se extendería la moralidad y la justicia internacionales a las pequeñas naciones, la gente tendía a creer que la Declaración fue hecha para saldar una enorme deuda que la Civilización Cristiana tenía con el pueblo judío, al que había perseguido durante siglos en casi cada país europeo – y el que hasta aquel entonces aún, en algunos países, estaba sujeto a la opresión y a la discriminación. Sin dudas la Declaración puede verse en esta perspectiva. Pero, ¿fue ésta la razón que motivaba al gobierno británico?


 


La gente versada en política es propensa a ser escéptica. Muchos de ellos, viendo que la Declaración estaba vinculada con la cuestión árabe en Palestina, así como con las relaciones británicas con el mundo árabe y todo el mundo islámico, no pudieron comprender por qué el gobierno se involucraba en semejante complicación. Algunos de ellos incluso sentían que no había necesidad de dar justicia a los judíos de la manera en que la Declaración se lo proponía. Algunos de ellos consideraban que Palestina no era del todo esencial para los intereses de Gran Bretaña, por lo menos no algo por lo cual había que involucrarse en todas las complicaciones de una política sionista. Por una razón u otra, aquellos hombres inteligentes llegaron a la conclusión de que fueron los judíos, y los sionistas en particular, los que envolvieron al gobierno británico en Palestina. Los líderes sionistas, por su lado, parecen haber creído que, después de todo el esfuerzo que había hecho el movimiento desde los días de Herzl para ganarse la simpatía activa de los gobiernos de las potencias hacia la idea sionista, ellos eran quienes habían tenido éxito en convencer al más fuerte de los gobiernos a dar apoyo a la justicia de su ideal y de su reclamo.


 


En opinión de todos, de protagonistas y antagonistas por igual, la Declaración fue un gran logro. Con los logros históricos, que siempre son dramáticos, sean políticos o militares, la gente tiende a buscar a un héroe o a un villano, según sea el caso. Para la Declaración ya se había encontrado a un héroe, a saber, Jaim Weizmann. Fue Jaim Weizmann, según dijeron, quien obtuvo la Declaración de Balfour, uno de los rectos entre los gentiles; o Jaim Weizmann ganó la Declaración de Lloyd George a cambio de su descubrimiento importante en el campo de la química, tan vital para la industria bélica británica; o fue Jaim Weizmann quien por su inteligencia y simpatía influyó a ambos, Balfour y Lloyd George, y fue él quien trajo la Declaración al pueblo de Israel. Tal vez a través de los años todas estas versiones sirvieron al Yishuv (la colonia judía en Palestina) y a la causa sionista en general. El mismo Weizmann tuvo conciencia del elemento legendario en sus actividades. Una vez, en una conversación privada no conectada con la Declaración, dijo, con ese sentido del humor judío tan especial y con la simpatía que conquistó los corazones de muchos: "La gente dice que soy un gran químico; no es así; pero si eso ayuda al sionismo, entonces que así sea". Con respecto a la Declaración, también, pareciera, permitió que se entretejan las leyendas alrededor de su actividad política. Tal vez pensó que eso ayudaría al sionismo, y no sólo a él mismo. No sirvió a la historia, sin embargo, excepto tal vez en el sentido de que esto alentó a los estudiosos a indagar cómo habían sucedido realmente las cosas.


 


II


 


Lo que sí es notable, efectivamente, no es tanto que un acontecimiento tan portentoso como la Declaración quedara envuelto en historias y leyendas, sino que hasta cierto punto siguiera así hasta el día de hoy. La investigación histórica no ha ido lo suficientemente lejos aun para exponer el núcleo del asunto y desnudarlo, de forma tal que cualquiera que quiera pueda verlo en su cruda realidad. Es verdad, algo se había hecho en este sentido hace 30 años por Sir (como lo era en ese momento) Herbert Samuel, el primer Alto Comisionado en la Palestina bajo mandato británico. Samuel no era historiador, pero presentó un trabajo a la Sociedad Histórica Judía de Inglaterra sobre su rol en llevar la cuestión del futuro de Palestina ante el gobierno británico a principios de la guerra. En sus memorias cumplió sobre este trabajo con apuntes y notas que había escrito en su momento. El difunto Dr. N.M. Gelber, que escribió (en hebreo) sobre La Declaración de Balfour y su Historia , tragó las palabras de Samuel, pero no las digirió. El libro contenía mucho material, la mayor parte nuevo en su momento, pero había defectos insignificantes en su presentación; y el cuadro resultante cambió poco de lo que había llegado a la imaginación popular hasta entonces. La Declaración Balfour, de Leonard Stein, es un libro completamente distinto: tenemos aquí una excelente obra de investigación histórica. El autor efectúa un análisis a fondo de la evidencia proporcionada por todo el material a su disposición, un análisis tan sutil como meticuloso y minucioso, y expresa el proceso y los hallazgos de su investigación en un lenguaje que es a la vez tanto rico como reservado y cauteloso al máximo. En la excelencia del trabajo, se encuentran tal vez, algunos de sus defectos. Stein, como regla, no saca conclusiones, y aun su talento para la presentación no es siempre suficientemente fuerte como para que el lector saque la conclusión que cae de maduro de sus palabras. Stein quitó muchas capas para llegar al fondo del tema; aun así, perduran algunas. Muy posiblemente, a pesar de su labor de investigación y redacción, él mismo aun no ve al centro completamente expuesto.


 


Aquí quisiera agregar una pequeña contribución al tema, haciendo uso del material que se encuentra en el libro de Stein, junto con los documentos de archivos, oficiales y privados, de Israel y de Inglaterra, que he examinado durante los últimos años, antes de la publicación de su libro y después de ello. En esta ocasión me gustaría demostrar, en líneas generales solamente, que los británicos codiciaban a Palestina – y mucho – por sus propios intereses, y que no fueron los sionistas los que los arrastraron al país. Tampoco fueron los sionistas los primeros en traer la cuestión de Palestina y su futuro ante el gobierno británico durante la guerra; y tampoco fueron los sionistas los que iniciaron las negociaciones con el gobierno, sino que fue el gobierno el que abrió negociaciones con ellos. Y no fue Jaim Weizmann el que trajo la Declaración al pueblo judío, ni Arthur James Balfour. De hecho, me parece a mí que la participación de Balfour fue bastante chica. El grado de participación de Weizmann trataremos de examinarlo más adelante. Durante años he estado diciendo a mis alumnos sobre este tema que, si no hubiera existido el sionismo en aquellos días, los británicos habrían tenido que inventarlo. Hace poco me han dicho que algo muy parecido fue expresado por Max Nordau en el momento de la Declaración. Así que estoy bien acompañado. Nordau habló pero no aclaró: yo quisiera también exponer.


 


III


 


Primeramente, examinemos la posición de Palestina dentro del complejo de intereses imperiales británicos. Desde por lo menos los tiempos de la ocupación de Egipto (1882), la franja de territorio entre la Bahía de Acre y la frontera de Egipto adquiría cada vez más interés para el sistema imperial británico. Esto encontró expresión, al principio, en la disputa anglo-otomana sobre la frontera egipcia oriental (1892-1906) que solo terminó cuando el gobierno de Londres forzó al Sultán a retirar su frontera del Canal a la línea Rafa-Akaba. Ahora se temía que el Imperio Otomano podría buscar la oportunidad de vengarse mediante un ataque contra Egipto. El interior de Sinai, la Palestina occidental y oriental por lo menos hasta la línea Acre-Dara, por lo tanto adquirió una importancia estratégica. Estudios militares de la península y "las tierras alrededor de Haifa" fueron llevados a cabo en consecuencia para los altos mandos. Por eso, cuando en 1913 el gobierno francés consideraba la construcción de un ferrocarril en el sur de Palestina llegando a El-Arish, Sir Edward Grey, luego de consultar con Kitchener, lo objetó, y el plan fue desechado. Al año siguiente toda Palestina occidental, junto con una parte considerable de Transjordania, fueron reconocidas como parte de la esfera de influencia británica por el gobierno alemán. (1)


 


Algunos meses después de que los otomanos entraran a la guerra, Asquith nombró un comité de funcionarios de alto rango del Foreign Office (Ministerio de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña), de la Oficina de la India, de la Armada, del Ministerio de Guerra, y del Ministerio de Comercio (Board of Trade), bajo la presidencia de Sir Maurice de Bunsen, para considerar los objetivos (la desiderata) británicos en las posesiones asiáticas del Imperio Otomano. Por el secreto Acuerdo de Constantinopla, a Rusia se le había adjudicado hacía poco una tajada considerable de Turquía; Italia y Grecia tenían sus reivindicaciones en Asia Menor; y Francia, en prosecusión de su conocida política de obtener el control sobre Siria hasta Egipto y el norte de Arabia, reclamó para sí "la Syrie intégrale" – o, como lo expresó Le Matin , La France du Levant – que incluía Palestina. Parecía bastante obvio que en caso de una victoria de los Aliados el Imperio Otomano sería descuartizado. ¿Cuáles eran los intereses especiales que Inglaterra debería esforzarse en asegurarse para sí? Luego de largas deliberaciones el informe estaba prácticamente listo a fines de mayo de 1915. El comité aceptó la opinión, planteada principalmente por Sir Mark Sykes (uno de sus miembros, "nombrado a pedido personal de Lord Kitchener"), que tanto el oeste como el este de Palestina, desde la línea Acre-Dara, aproximadamente, en el norte, hasta la frontera con Egipto y Aqaba en el sur, se encontraban dentro de la esfera de intereses británicos. Por dos razones fundamentales: primero, Gran Bretaña necesitaba el área intermedia entre el Mediterráneo y la Mesopotamia, primordialmente para una comunicación conveniente con el Golfo Pérsico, y para enfrentar el peligro de un posible ataque contra aquel país desde Rusia al norte, cuando sería necesario traer refuerzos militares rápidamente desde Inglaterra; segundo, los británicos "apenas si podían tolerar" – para citar el informe – que los franceses tuvieran la frontera de su esfera de intereses sobre el Canal, la Península Arábiga y el Golfo Pérsico. El Comité, es verdad, tenía plena conciencia del reclamo de Francia hacia Palestina, un obstáculo que probablemente impediría la inclusión del país dentro de la esfera británica. Pero ellos entendían que la acción para lograr los objetivos sugerida en el informe era asunto de estadistas. Fue Mark Sykes quien consistentemente hizo su mejor esfuerzo para guiar el gobierno hacia el logro de esos objetivos. Parece haber recibido, en forma permanente, el apoyo, por lo menos de Kitchener y, más tarde, de Lloyd George y, en general, no haber sido combatido por ningún miembro de los gabinetes durante la guerra.


 


Con el borrador del informe en su bolsillo, Sykes fue enviado, en junio, por Kitchener "para visitar todo el Medio Oriente"; y durante los siguientes seis meses permaneció tres veces en El Cairo, donde la desiderata y su posible implementación fueron discutidos plenamente con los principales representantes británicos. Luego, en octubre, con la ayuda de sus experimentados consejeros, McMahon escribió – en base a las indicaciones generales y algo ambiguas del secretario de Asuntos Exteriores – la muy conocida carta al Emir de La Meca. Desasociándose de parte del reclamo de Hussain en nombre de la nación árabe de todo el territorio entre el Tauro y el Océano Indico, dio a entender que Palestina también podría no ser incluida dentro de los límites de los territorios respecto a los cuales el Gobierno de Su Majestad estaría dispuesto a reconocer y a apoyar la independencia de los árabes. La redacción de la reserva fue bastante complicada y no muy lúcida. Sharif Hussain – ¿quién podría saberlo? – podría no haber comprendido su significado completamente; o en el caso de que sí lo comprendiera, podría no haber estado de acuerdo. Documentos recientemente descubiertos, sin embargo, confirman la suposición anterior de que el negociador británico en El Cairo tuvo la intención en esa parte crucial del texto de la carta de no prometer Palestina al Emir. El argumento puesto como excusa fueron los intereses del aliado francés de Gran Bretaña – no los de Inglaterra en sí. Cómo veían la posibilidad de que Francia fuera vecino en el Canal, en el Mar Rojo y en Arabia tal como acabamos de ver del informe del Comité de Bunsen.


 


Habiendo sido rechazados los reclamos árabes sobre Palestina, Siria occidental, y parte de Mesopotamia, Sykes, de regreso de sus viajes, ofreció al Comité de Guerra del Gabinete las razones por los cuales en las negociaciones con los franceses, exigiría Palestina, occidental y oriental. "Es de la mayor importancia, dijo, inter alia, que tengamos un cinturón de territorio controlado por Inglaterra entre el Sharif de La Meca y los franceses" [en Siria]. Kitchener, al apoyarlo, explicó que este territorio era necesario para el resguardo del control británico "sobre el sur". Esto fue en vísperas de las negociaciones de Sykes con Georges-Picot. Aproximadamente 16 meses más tarde, cuando sus contactos con los líderes sionistas ya se encontraban bastante avanzados (y ya podía ver como el gobierno estaba en el proceso de asumir el control sobre Palestina), Sykes reveló en una conversación con un distinguido comentarista de asuntos militares, cuánto de Palestina ya le había sacado a los franceses. Inglaterra, explicó, no quiso que hubiera una potencia europea o árabe al lado de Egipto. No se debe inferir que quiso que los sionistas llegaran precisamente hasta la frontera de Egipto. No lo quiso. Los líderes sionistas parecen no haber tenido conciencia de ello. Es un hecho, sin embargo, y volveremos sobre ello más adelante.


 


IV


 


Se deduce pues que los estadistas británicos tenían plena conciencia de la importancia que Palestina tenía para los intereses británicos. Las Actas y el Informe del Comité de Bunsen (junto con los esbozos de Kitchener y de Sykes) generalmente reflejan lo que iba tomando forma en las mentes y en las notas de los estadistas, expertos y departamentos antes de que tuvieran lugar sus deliberaciones – y, de hecho, lo que había sido la política británica básica en el Medio Oriente durante tres generaciones. (2) Por lo tanto no fueron los líderes sionistas los que les enseñaron a los ingleses cuánto necesitaban a Palestina, no fueron ellos que los llevaron al país. Probablemente, tampoco lo fueron las conversaciones de Herbert Samuel con sus colegas sobre el tema, tampoco sus memorándum sobre Palestina enviados al Gabinete. Samuel no había sido sionista, ni tampoco había tenido ningún contacto con Weizmann al comenzar su actividad prosionista en noviembre de 1914. Su propuesta para poner en pie en Palestina, como resguardo para Egipto, un estado judío, o un protectorado británico que permitiera una inmigración y colonización judías extensivas, y que podría desarrollarse como colonia autónoma, debe haber sido recibido por el Foreign Office (si alguna vez llegó allí) con el mismo grado de escepticismo otorgado a un memorándum sobre este tema presentado, a comienzos de 1915, por un joven sionista británico (3), Nahum Sokolow, un miembro del ejecutivo de la Organización Mundial Sionista, que en aquel entonces ni siquiera tuvo el privilegio de una entrevista con el Foreign Office con el fin de plantear el caso sionista. Parece evidente que a comienzos de la guerra el Foreign Office no mostró ningún interés en el sionismo, ni en contactos con los sionistas. En el Informe de Bunsen no figura ninguna mención de sionistas ni del sionismo ni de los intereses judíos en Palestina. Es obvio que este asunto no fue insinuado en la correspondencia entre El Cairo y el Emir de La Meca. Tampoco fueron involucrados los sionistas en las largas negociaciones a fines del 1915 y comienzos de 1916 entre Mark Sykes y Francois Georges-Picot sobre la partición del Imperio Otomano, en que el futuro de Palestina era un hueso duro de contención. No era tampoco que los sionistas discretamente se abstuvieran de intervenir, y que esperaran pacientemente a que finalizaran las negociaciones. Simplemente ignoraban qué pasaba. El destino de Palestina en el Acuerdo Sykes-Picot fue decidido sin ellos y sin ninguna mención de los sionistas o de los judíos. (4) Samuel tal vez tuvi era una vaga idea de lo que se estaba tramando, y tal vez estaba en alerta. No está claro. De todas maneras, no dijo palabra alguna a los sionistas. Y dos meses después de hablar con Samuel y de haber leído su memorándum, Sir Mark no se acercó a Weizmann y a Sokolow, sino que discutió el sionismo con el Dr. Moisés Gaster. Unos seis meses más tarde, conoció a Aharon Aaronson, que había aparecido en Inglaterra a fines de octubre de 1916 para ganar apoyo en círculos del ejército para su proyecto político-militar (según su diario, él tampoco se encontró con los líderes sionistas). Tan sólo a comienzos de 1917 se estableció contacto entre Sykes y Weizmann y Sokolow.


 


Posiblemente los mismos líderes sionistas tuvieron la culpa de que los círculos oficiales no supieran nada de ellos o los ignoraran. Weizmann percibió claramente las oportunidades políticas abiertas para el movimiento sionista por la guerra y desde su comienzo había iniciado una actividad política en Inglaterra. Pero este trabajo parece haber sido considerado por él como preparatorio para la Conferencia de Paz: no intentaría encontrar la manera de negociar sobre un programa político antes de que el fin de las hostilidades estuviera a la vista, sino que preparaba el terreno para enfrentar tal situación a través de relaciones públicas: conversaciones con las principales personalidades, publicación de folletos sobre temas sionistas, etcétera. También fue necesario unificar el dividido campo del nacionalismo judío – con los sionistas perteneciendo a distintas facciones y los territorialistas – y también intentar juntar los sionistas, los no-sionistas y los antisionistas en un frente único judío. Toda esta importante operación fue comenzada por Weizmann. Cuando Sokolow llegó a Inglaterra, a fines de 1914, se concentró primordialmente en el "frente interno" mientras Weizmann seguía ocupándose principalmente de los contactos, o de la búsqueda de contactos, con estadistas e importantes figuras públicas. Conoció a Balfour, quien, en ese momento, no era miembro del gobierno. Durante una larga y muy interesante conversación hablaron del sionismo en general, y Balfour se conmovió. Cuando al final de la visita Balfour preguntó, como habitualmente preguntan los ingleses corteses, si podía hacer algo por él, Weizmann contestó que vendría para hablar otra vez una vez que finalizara el fuego de las armas – una linda frase que mostraba, sin embargo, su falta de interés en hablar de negocios. Tampoco hizo uso de la oportunidad para pedir a Balfour que le presentara a otros estadistas. Fue sin la ayuda de Balfour que Weizmann conoció a Lloyd George, en aquel momento ministro de Economía. No se sabe nada de fuentes sionistas del contenido de esta conversación – tal vez porque no tenía suficiente importancia. Pero sí sabemos que Lloyd George tenía conocimientos generales del sionismo antes de su encuentro y que había dicho en algunas oportunidades que simpatizaba con el sionismo. Weizmann también mantuvo conversaciones con Herbert Samuel, a solas y también con Gaster y Sokolow. Sin embargo, parece que luego de aquellos encuentros iniciales con Balfour y Lloyd George, no mantuvo ningún contacto regular ni discusiones con ellos durante los años 1915 y 1916. Tampoco nunca entrevistó al ministro de Asuntos Exteriores ni al Primer Ministro, o a ningún otro miembro influyente de los gobiernos de Asquith. No es del todo seguro si hizo algún intento por conocerlos. Si es que lo intentó y no tuvo éxito, esto probaría una vez más que aquellos estadistas no tenían ningún interés en el sionismo o en los sionistas. Además, durante los primeros 28 meses de la guerra, no sólo Weizmann no tuvo contacto con los que formulaban la política exterior (posiblemente Lord Robert Cecil podría mencionarse como la única excepción), sino que los líderes sionistas ni siquiera presentaron ni enviaron un solo memorándum al Foreign Office. Aun cuando fueron informados en la primavera de 1916 de que el gobierno empezaba a mostrar interés en la cuestión sionista y finalmente se decidieron a preparar un memorándum político, el trabajo fue llevado a cabo sin prisas y no estaba terminado hasta fines de ese año.


 


V


 


Fue en ese entonces que se tomó la iniciativa de establecer contacto entre el gobierno y los líderes sionistas. Este contacto vino, sin embargo, no de los líderes sino de Mark Sykes. La primera vez que Mark Sykes quiso ponerse en contacto con los sionistas fue a principios de la primavera de 1916, y su interés en el sionismo surgió de su notorio Acuerdo con Georges-Picot, cuyas negociaciones estaban prácticamente concluidas en enero de 1916. El gobierno parece haber quedado poco satisfecho del Acuerdo debido a la gran cantidad de concesiones hechas a Francia, respecto a Palestina, entre otras. Durante las negociaciones, ambos lados parecen haber reclamado el país, y los británicos estaban dispuestos a hacer concesiones sustanciales. Dado que el gobierno francés no hizo ninguna concesión a cambio, lo indicado era un compromiso: administración internacional de una parte de Palestina occidental, con un enclave británico en la Bahía Haifa-Acra; junto con una influencia británica en el territorio al sur de la línea Rafa – punto norte del Mar Muerto al Golfo de Aqaba, hacia abajo, y toda la Transjordania. La situación en el Frente Occidental y el fracaso del ataque británico contra los Dardanelos forzó al gobierno a acercarse mucho más a su aliado francés que lo que habría sido si la campaña Gallipoli hubiera tenido un final feliz – y una solución de compromiso era inevitable. Con todo, el gobierno no estaba contento respecto a ésta y otras concesiones. Conociendo su firme deseo de que Palestina pasase a manos británicas, es de suponer que el propio Sykes debe haber estado insatisfecho.


 


El memorándum que Georges-Picot y él habían preparado, encarnando los puntos principales de una propuesta de Acuerdo, fue expuesto a graves críticas provenientes de una serie de expertos del gobierno, primordialmente porque Sykes cedía a los franceses demasiado de sus reclamos, y sacrificaba demasiado los intereses británicos. El Director de Inteligencia Naval, Reginald Hall, que emitió los comentarios más graves, cuestionaba incluso si era necesario en absoluto en esa coyuntura un acuerdo con Francia sobre las esferas de influencia en Siria y Mesopotamia. Si el gobierno, sin embargo, llegaba a decidir que lo era, y estaba dispuesto a abandonar todo reclamo por Alejandreta y el área cultivable norteña [de Siria y Mesopotamia], se debería tener en cuenta, protestaba, que "el reclamo de Francia sobre Palestina no se puede justificar. (…) Al sur de Tiro, no posee un reclamo tan firme… como… nosotros," siguió, indicando los intereses vitales que tenía Inglaterra en el país. Luego señaló que los judíos en todo el mundo tenían no sólo "un interés consciente y sentimental" (como se mencionó en el Memorándum) sino "un fuerte interés material y un muy fuerte interés político" en el futuro de Palestina, y con toda probabilidad se opondrían a "una preponderancia árabe en el sur del Cercano Oriente"; y sugirió que "en el Area Marrón se considerara la cuestión del sionismo". (5) Es de suponer que Sykes investigó esta crítica y hasta podría haber discutido con Hall lo que éste había planteado, incluyendo "la cuestión del sionismo"; y Hall lo pudo haber apuntado al memorándum de Samuel – si es que Sykes no lo había conocido de antes – donde se dice claramente que tanto los sionistas como los no-sionistas deseen por igual un protectorado británico sobre Palestina. Sykes no era sionista y los judíos parece que no le gustaban en general; la cuestión judía no le afectaba ni siquiera en el mismo grado que a Balfour, y en general un grano de antisemitismo matizaba sus opiniones. Aun así, y sin que Hall le hubiera remitido al memorándum de Samuel, ambos deben haber comprendido que al alentar al sionismo, el gobierno podría mejorar su posición en el territorio designado en el Acuerdo para control internacional. La idea de rechazar efectivamente el reclamo de Francia sobre Palestina con la ayuda de los sionistas tal vez no había madurado aun en la mente de Sykes. Hasta podría haber pensado en aquel momento – en el caso de que esto realmente no se le hubiera ocurrido antes – que si el gobierno apoyaba la inmigración judía, y la colonización de Palestina, esto aportaría a Gran Bretaña una medida considerable de influencia para equilibrar, en el entorno de la administración internacional, la medida de influencia francesa y rusa, respectivamente sobre los sectores católicos y ortodoxos griegos de la población; mientras además el enclave Acra-Haifa estaría directamente bajo la gobernación británica (según el Acuerdo) con el Negev y Transjordania sujetos a su influencia.


 


Sencillamente es posible – parece haber existido una insinuación velada en los archivos – que Sykes abordara el tema con Georges-Picot, quien probablemente no era de mucha ayuda. Pero Sykes, habitualmente optimista, debe haber mantenido alguna esperanza. Algunos días después el Memorándum Picot-Sykes y las críticas que había recibido fueron discutidos por un comité inter-departamental, y la conclusión fue que "ninguna dificultad insuperable fue planteada por ninguno de ellos con respecto al proyecto [del Memorándum]." No es inconcebible que la cuestión del sionismo en el Area Marrón, si es que surgió, también fuera pensado como algo "sin dificultades insuperables." Es interesante notar que en las Propuestas para un Acuerdo y en el Borrador de Acuerdo, ambos redactados en enero, no hay ninguna mención del interés judío en el futuro de Palestina – ni siquiera del "interés conciente y sentimental" del judaísmo mundial, o de "los deseos concientes… del judaísmo… respecto a la situación de Jerusalén" apuntado en el Memorándum Picot-Sykes. "La cuestión de la Tierra Santa [sic ]", informó Grey al embajador en Petrogrado, "fue omitida para una futura discusión entre las Potencias". Sykes, y tal vez Grey también, puede haber pensado que esta "futura discusión", junto con la "forma de administración internacional" en el "Area Marrón", que tampoco había sido discutido todavía entre Rusia y los otros Aliados, podría aun brindar la ocasión para llamar la atención a "la cuestión del sionismo".


 


En ese preciso momento surgió otro asunto judío en el Foreign Office que empalmaba con una posibilidad de esa naturaleza. Los gobiernos británico y francés, que intentaban lograr la participación de los Estados Unidos en la guerra, a su lado, tenían graves preocupaciones por el hecho de que los judíos norteamericanos no sólo estaban a favor de la neutralidad de su país, sino que hasta mostraban una actitud hostil hacia los Aliados, particularmente por su socio ruso, actitud ésta que tuvo su influencia en la opinión pública general. Alguien en Wisconsin abordó la idea, en forma privada, y llegó al Foreign Office, de remediar esta situación por medio de "una declaración en nombre de los Aliados a favor de los derechos de los judíos en todos los países… y una sugerencia muy velada respecto a la nacionalización [sic] en Palestina." Lucien Wolf, que solía estar en contacto con el gobierno sobre ciertos asuntos judíos específicos, fue llamado al Foreign Office para dar una opinión sobre este importante problema. Wolf era un buen patriota inglés y deseaba brindar toda la ayuda posible. Pero él, un judío asimilado que rehusaba reconocer el nacionalismo judío, descubría para su horror que gente ubicada en altas esferas del Foreign Office tendía a creer que todos los judíos se rendían cuentas entre sí, y temían que la furia del gobierno se descargaría contra los judíos de Inglaterra también. Fue tal vez primordialmente esta consideración que lo hizo a él, el amargamente antisionista, admitir en el curso de una larga carta (16 de diciembre de 1915) a Lord Robert Cecil que la idea del sionismo conquistaba cada vez más los corazones de las masas judías, y que el sionismo se tornaba un factor de peso entre el público judío norteamericano. Por ende sería posible, acordaba, movilizar la simpatía de los judíos en Norteamérica y en todo el mundo, del lado anglo-francés, mediante una "declaración pública" de carácter sionista. Cecil parece haber remitido ésta y otras sugerencias de Wolf a la atención de Grey y también escribió al embajador en Washington para recabar su opinión; pero no pareciera que el asunto pasara por el departamento que tenía a su cargo los asuntos del Levante, y Sykes tal vez lo ignoraba. Sin embargo, una sugerencia similar, llevada al Ministerio algunas semanas más tarde, causó un enorme revuelo.


 


Fue recibido, en un despacho de McMahon, el mismo día (23 de febrero de 1916) en que fue enviado el cablegrama de Grey informando a Buchanan que "la cuestión de la Tierra Santa fue dejada para una futura discusión entre las Potencias". Edgar Suares, dirigente de la comunidad judía de Alejandría, presentado como italiano y antisionista, estaba bastante seguro (el despacho seguía registrando) que "con el trazo de una pluma, casi, Inglaterra podría adquirir para sí el apoyo activo de los judíos en todo el mundo neutro, si tan solo los judíos supieran que la política británica estaba de acuerdo con sus aspiraciones en Palestina". Ahora se interesó la Oficina de inmediato. Precisamente lo que pasó entre las personas que asistían al concilio, es imposible establecer, pero es un hecho que Sykes habló con Samuel y leyó (¿otra vez?) su memorándum. Estaba surgiendo rápidamente un esquema de lo que se podría llamar una política sionista. Parecería que Grey había sido consultado, antes de que el asunto se hiciera responsabilidad de un funcionario de más rango, Hugh OBeirne, para luego formar parte de una minuta presentada en el Ministerio, ya que Sykes estaba por viajar a Rusia para continuar las negociaciones respecto a las partes del Acuerdo todavía pendiendes.


 


En su minuta OBeirne planteó la sugerencia de que el ofrecimiento a los judíos de "un arreglo completamente satisfactorio a las aspiraciones judías frente a Palestina" tendría "tremendas consecuencias políticas"; y dio algunos detalles del proyecto sionista que tenían algún parecido a lo dicho sobre este punto en el memorándum de Samuel. Grey, en un intento de ganar al embajador francés a su lado, instruyó a Nicolson a "contarle a M. Cambon que el sentir judío que es ahora hostil [a los Aliados] y que favorece un protectorado alemán sobre Palestina podría cambiarse totalmente si un protectorado norteamericano fuera favorecido con el objeto de restaurar a los judíos a Palestina". Cecil, creyendo que "no era… fácil exagerar el poder internacional de los judíos", mostró su apoyo por el "arreglo". Así hizo también Crewe, que comentó que "abraza posibilidades extraordinarias". Cambon, sin embargo, no escucharía las explicaciones de Nicolson. "Era de esperar", notó OBeirne; pero no cedería. Urgió a sus jefes en otra minuta a proseguir con el asunto, señalando que "el proyecto Palestino contiene posibilidades políticas de gran alcance". Crewe, que ahora reemplazaba a Grey, no aceptó el consejo de Nicolson de "dejar el asunto así". Ofreció hablar a Cambon él mismo; y más tarde observó: "tengo bastante claridad que este asunto no debería ser dejado de lado y creo que Sir E. G[rey] es de la misma opinión… Deberíamos proseguir con el tema, ya que la ventaja de conseguir la buena voluntad judía en el Levante y en Norteamérica difícilmente pueda ser sobreestimada en absoluto, tanto en el momento actual como al término de la guerra".


 


En ese tiempo, Lucien Wolf escribió otra vez, esta vez adjuntando un borrador de lo que desde su punto de vista podría hacer las veces de una declaración pública sionista. La idea en sí misma atraía al Ministerio. No así la fórmula sugerida. Se consideraba insuficiente. Una mejora fue propuesta para hacerlo más sustancial, "mucho más atractivo a la mayoría de los judíos". Sir Edward Grey y la Oficina, que antes de las últimas fases de las negociaciones con Francia y la llegada de la sugerencia de Suares, no había mostrado ningún interés ni en el sionismo ni en los sionistas, ahora estaban dispuestos a hacer ante los gobiernos de Francia y de Rusia una propuesta para una declaración, de la cual los judíos sacarían sin duda la comprensión de cómo, con el apoyo de los Aliados, Palestina podría eventualmente tornarse algo así como una comunidad judía autónoma.


 


VI


 


Sykes pudo haber conversado con Grey sobre la propuesta respecto al sionismo planteado por Hall; y, como Grey quería verlo con el propósito de instruirlo sobre su misión a Rusia, pudieron haber discutido la sugerencia de Suares y el proyecto emergente sobre Palestina. De todas maneras, ambos hombres deben haber esperado que un acuerdo con los judíos que respetara a Palestina podría tener un valor propagandístico con más posibilidades de ser aceptado por los franceses, que la propuesta aparentemente altruista de hacer algo para el sionismo en el "Area Marrón". Si fuera aceptado, podría, como fue sugerido, hacer que el judaísmo mundial favoreciera a los Aliados. Deben haber creído que el arreglo podría, además, lograr más que eso. Con los sionistas pro-británicos establecidos crecientemente en Palestina la posición de Inglaterra, si el país estuviera en poder de un régimen internacional, estaría más fortalecida. Pero los sionistas y los judíos en general, con su "poder internacional" y más especialmente en Norteamérica – donde se creía que gozaban de considerable influencia – podrían oponerse fuertemente a una administración internacional y reclamar un protectorado británico o una administración de soberanía compartida. Aun la consideración sincera de un protectorado norteamericano (tal como fue sugerido a OBeirne por Grey), o una administración belga (según lo escrito por Sykes a Samuel), esto también era mejor para Gran Bretaña que un régimen internacional, especialmente con los franceses como socios. Por ende es muy probable que fueran estas consideraciones las que impulsaron al Ministerio a tomar como base la fórmula de Wolf y ofrecer en una declaración a los judíos un proyecto sobre Palestina que tendría las mejores posibilidades de ser aceptable para los sionistas.


 


La idea de ganar al judaísmo mundial al bando de los Aliados mediante una declaración sionista generosa y la noción que tenía Hall de alentar al sionismo, se manifestaron en el Foreign Office casi en forma simultánea, cuando el gobierno empezó a sentirse insatisfecho con el acuerdo que concluía con Francia por la división de poderes en Palestina. La idea de Hall parece ser la más temprana cronológicamente; y por su naturaleza, por fortalecer la presencia de Inglaterra en Palestina mediante el apoyo a la causa del sionismo, tenía la posibilidad de echar del todo a Francia de compartir el control sobre el país. Esta idea, tanto en su primera etapa como en su eventual desarrollo, hacía que el gobierno británico fuera dependiente en un grado no menor de la ayuda de los sionistas, y lo siguió haciendo durante varios años, por lo menos hasta el Tratado de San Remo. Se lo puede considerar como el eje principal y determinante en el enfoque del gobierno británico hacia el sionismo y hacia los sionistas.


 


La otra idea, la de una declaración sionista para asegurarse "el apoyo activo de los judíos de todo el mundo neutral", fue cronológicamente la segunda cuando finalmente fue adoptada por el Foreign Office. En tanto fue concebida como una ayuda para el conjunto de la Alianza, puede considerarse como una medida de guerra, de valor inmediato por cierto, pero de duración limitada. Sin embargo, facilitó una nueva dimensión para la primera idea, y allí yace, en parte, su atractivo. El valor propagandístico del "proyecto palestino" ahora podría usarse como poderoso argumento a la hora de convencer a los gobiernos de Francia y de Rusia. Por ende, podría facilitar la eventual posesión de Palestina por Gran Bretaña, meta que Sykes, Samuel, Kitchener y Lloyd George (así como Hall y algunos otros hombres de influencia), aunque sea por razones no del todo idénticas, tenían en mente y buscaban lograr. En este sentido, desde el punto de vista británico, además de ser una medida de guerra, la idea tenía un interés de largo plazo. Más que un interés de este tipo puede leerse en los francos comentarios marginales efectuados (citado anteriormente) por Crewe. El pensamiento de que, con la ayuda de los sionistas apoyados por "el poder internacional de los judíos", Gran Bretaña posiblemente podría superar los reclamos franceses sobre Palestina no se puede descartar. Se habría tratado de personas mucho menos inteligentes, perceptivas y hábiles en política que Grey, Crewe y Cecil, si no se percibiera esto. Se le ofreció a los gobiernos de Francia y de Rusia un dispositivo que, en la superficie tenía la intención de servir a la causa Aliada de conjunto mientras a largo plazo fue diseñado para ser valioso sólo Gran Bretaña. En este sentido (tanto como en otros) – si se nos permitiera otra reflexión más – existe una similitud interesante entre la diplomacia de Inglaterra en la cuestión sionista y en su alianza con el Sharif Hussain: la negativa de Hussain de participar en la Jihad y su rebelión contra el Sultán supuestamente servían a la causa de los Aliados en general, pero debido a su alianza con él, Inglaterra pretendía beneficiarse en el largo plazo.


 


Sin embargo, debido a los dos intereses británicos principales (los de corto y de largo alcance) el Secretario de Asuntos Exteriores tenía la voluntad y estaba dispuesto en marzo de 1916 a hacerse amigo de los sionistas y de atraer a los judíos a Palestina. Grey no era ni sionista ni pro-sionista; tenía, parecería una cierta simpatía convencional por el sionismo, o por algo cercano. Con el tema de la declaración, o bien él, o Crewe, debían haber consultado a Asquith, ya que la propuesta estaba a punto de ser enviada a los gobiernos de Francia y de Rusia y, si tuviera el acuerdo de ellos, sería obligatoria para el gobierno londinense. En cuanto a Asquith, no tenía ni siquiera aquella escasa simpatía por el sionismo que tenía Grey. Igualmente, ambos estaban dispuestos a llevar a cabo un acto de política sionista. Aquí está la raíz y la fuente de la política pro-sionista de los gobiernos británicos hasta la Declaración Balfour, el "Hogar Nacional" y el Mandato. La política y la motivación para ella existía ya en forma embrionaria en marzo de 1916. Durante el año siguiente sus rasgos se volvieron cada vez más claros simplemente por el hecho de que el futuro de Palestina estaba entonces en proceso de ser decidido por un ejército británico muy grande, y había un Primer Ministro resolutivo y enérgico para llevar a cabo lo que él pensaba sería ventajoso y correcto como curso de acción para Gran Bretaña. Pero en su política sionista Lloyd George y Balfour son en realidad los continuadores de Grey y de aquellos de sus ayudantes y colegas que tuvieron algo que ver con su formulación o bien optaron por no oponerse a ella; mientras que Mark Sykes parece ser el hombre que forjó la política y que construyó un puente entre ambos gobiernos.


 


El lado irónico del intento de Grey consiste en que las sugerencias más contundentes a favor de una acción dentro de una política pro-sionista fueron formuladas por dos antisionistas; y especialmente la recomendación a favor y el borrador de una declaración sionista que vino de Wolf, un "inglés de la persuación mosaica", quien estaba poco dispuesto al sionismo y a los sionistas. Otro lado irónico es que los líderes sionistas, quienes deseaban tanto algún logro político, que deseaban tanto mantener negociaciones con los estadistas británicos y que aspiraban a una sociedad con el gobierno británico, carecían por completo de cualquier información sobre los esfuerzos que se estaban llevando a cabo a favor del sionismo y de los sionistas. Nadie les preguntó y nadie los tenía en consideración; como si no existiesen. Cuando Sykes abordó el tema después de su retorno de Rusia los fueron a buscar.


 


VII


 


Dado a que el gobierno ruso se inclinaba a "ver la propuesta de colonización judía en Palestina con simpatía"; la tarea que enfrentaba ahora Sykes no era precisamente la de averiguar si los sionistas estarían de acuerdo en principio con una política sionista por parte de los gobiernos aliados, sino primero y principalmente, la de atraerlos del lado de su gobierno y a la lealtad hacia los británicos. (Información en los papeles del Foreign Office sobre la actitud de los judíos de los EE.UU. parece sugerir que los representantes franceses allí podrían haber estado intentando acercarse a los sionistas.) Del Dr. Gaster, Sykes averiguó que los sionistas se oponían a un co-dominio con los franceses en Palestina, y que no reclamaban un estado judío. Debe haber averiguado más, pero qué exactamente aun no lo sabemos. Sin embargo, los contactos no perduraron, ya que el gobierno de París rehusó tomar en consideración la declaración propuesta y, un poco después, Sharif Hussain levantó la bandera de la rebelión; y Sykes no le vio sentido a seguir las conversaciones, y prefirió esperar para ver cómo las cosas iban a resultar. Pasaron algunos meses y Sykes no buscaba a los sionistas, ni ellos lo buscaban a él. A fin de año fue impulsado a buscarlos nuevamente.


 


Precisamente por qué eligió hacerlo es incierto. Sus conversaciones, en noviembre, con Aharon Aaronson, de quien averiguó sus planes para un movimiento clandestino judío pro-británico en Palestina, y la disposición del Ministerio de Guerra de apoyarlo, deben haber fortalecido su deseo de incluir a los sionistas en la cuestión Palestina. La razón principal para su ardua búsqueda de líderes sionistas en enero de 1917 parece, sin embargo, estar fuertemente relacionada con la situación en el frente del Sinai. A fines de noviembre los turcos fueron prácticamente expulsados de la península; el Ejército Británico se encontraba ahora en el umbral de Palestina; y se decidió, después de algunas semanas, que una ofensiva vigorosa debía llevarse a cabo, con el objetivo de ocupar el país. Esta fue la línea política en relación al futuro de Palestina que había sido anticipada por Sykes, Kirchener y Lloyd George, y decidida por el Comité de Guerra del Gabinete un año atrás, cuando apenas habían comenzado las conversaciones con Francia. Ahora, hacia fines de diciembre de 1916, los franceses fueron persuadidos a aceptar que los británicos marcharan a través de la frontera palestina. También fue acordado que, cuando las tropas británicas entraran en Palestina, "un oficial político francés debería acoplarse al comandante en jefe británico"; y el 1° de enero de 1917 el Foreign Office fue notificado que Georges-Picot "representaría al gobierno de Francia en la futura administración de Palestina." La cuestión palestina claramente se volvía una realidad. Era hora de que Sykes actuara para incluir a los sionistas. Quería que ellos participaran en la administración desde el mismo comienzo.


 


Para ese entonces, el gobierno había cambiado, Lloyd George se había convertido en Primer Ministro y pretendía, como sabemos, tomar en sus propias manos no sólo la conducción de la guerra sino también la elaboración de la política exterior. Sykes se había incorporado al secretariado del Gabinete, y sobre la cuestión Palestina parece haber estado, en general, por lo menos durante algunos meses más, más en contacto con el Primer Ministro que con el ministro de Asuntos Exteriores, Balfour. Lloyd George era un "oriental". Es más, no estaba satisfecho con el Acuerdo Sykes-Picot, ni tampoco quería que los franceses tuvieran un punto de apoyo en Palestina. "No le importan un comino los judíos, ni su pasado, ni su futuro" así escribió Asquith en marzo de 1915 respecto al apoyo de Lloyd George al memorándum de Samuel – "sino que piensa que sería un ultraje que los Lugares Santos pasen a manos de la "Francia atea y agnóstica". Asquith parece haber cometido una injusticia con su colega galés. Lloyd George tenía real simpatía por la causa sionista, deseaba que los judíos retornaran a Palestina. Venía de los protestantes fundamentalistas que no sólo se consideraban los cristianos verdaderos y guardaban hostilidad hacia los católicos, sino que también poseían la creencia de que el retorno a Israel estaba "a mano" y que era el destino de Inglaterra ayudarles. Sin embargo, Lloyd George quería que Inglaterra ganara algún beneficio material mientras ayudaba al propósito del Señor. Quería, por lo menos tan tempranamente como a comienzos de 1915, que Palestina estuviera dentro de la esfera de la influencia exclusiva de Gran Bretaña, en razón de los intereses imperiales y de prestigio internacional, y debido a sus propios sentimientos religiosos. Deseaba y esperaba que el Ejército Británico ocupara el país, creyendo que esto se constituiría en base firme para su reclamo respecto a sus posesiones. La ocupación, junto con el apoyo a la causa sionista, fue la forma más nítida, más conveniente y aceptable para forzar a Francia a abandonar su participación en Palestina. Este fue casi exactamente el enfoque de Sykes. El conservador católico Mark Sykes encontró un simpatizante entusiasta para su política sutil en el radical protestante Lloyd George. Ambos eran grandes patriotas británicos e imperialistas declarados, con mentes fecundas y, a veces, formas de ser arteras, que una lengua lista y refinada, abundante oratoria, además de bastante encanto personal, permitieron esconder.


 


Forzado por estas circunstancias y con este telón de fondo, Sykes una vez más se dirigió a los sionistas. Esta vez encontró a Weizmann y a Sokolow y al grupo de sionistas británicos que les ayudaban en su trabajo. Los contactos entre los sionistas y las autoridades, para todo propósito práctico, comenzó, entonces, no cuando las armas cesaron de tronar, sino cuando recién empezaban a rugir con toda su fuerza en las fronteras de Palestina; no como resultado directo de la actividad política de los líderes sionistas, sino cuando Sykes y el Primer Ministro pensaron que era el momento para iniciar las conversaciones. Lloyd George tal vez no haya sido informado por anticipado del acercamiento de Sykes a Weizmann. Una vez que empezaron las conversaciones parece haber sido mantenido informado.


 


VIII


 


Este no es el lugar para contar en detalle los contactos, conversaciones y discusiones, sólo indicaré los hechos más sobresalientes. Sykes quería saber qué buscaban lograr los sionistas. Lord Rothschild hablaba de un Estado judío, y Harry Sacher – de un grupo de jóvenes sionistas británicos que ayudaban a Weizmann, de mente independiente y lúcido – hablaba de una manera parecida. Los mismos líderes no hicieron mención de un Estado. Para la reunión con Sykes entregaron un memorándum en cuya elaboración muchos participaron, pero su autor principal era Sokolow y su corrector y editor era Herbert Samuel. El memorándum hablaba de Palestina como un Hogar Nacional Judío (un término creado por Sokolow, aparentemente) con derechos iguales para todos los ciudadanos del país, y autonomía para la población judía en cuestiones concernientes a religión y educación; y de una Carta que recibirían los sionistas de Inglaterra para la colonización y desarrollo del país. Sin embargo, los sionistas aclararon a Sykes que ellos querían un gobierno británico en el país, no un gobierno internacional ni un gobierno francés. Sykes contestó que, como su gobierno no podía plantear esto al gobierno francés, tal vez los sionistas podrían decidir hacerlo por sí mismos; él podía organizar un encuentro con sus representantes en Londres. Sokolow fue elegido para cumplir la misión. Ahora surge una especie de triángulo en las negociaciones: Sokolow-Weizmann con Sykes, Sokolow con Weizmann en una reunión con Georges Picot, Sykes con Georges Picot. Sokolow explicó largamente a Georges Picot el ideal sionista, sus fuentes y sus metas, y la admiración y gratitud que sentían los judíos hacia la nación francesa, junto con la aprehensión de los sionistas debido a la tendencia manifiesta en la historia colonial francesa a imponer su cultura entre los nativos. Por esta razón, dijo, los sionistas prefirieron que Gran Bretaña fuera la potencia bajo cuya protección la población judía viviría y se desarrollaría en Palestina. Georges Picot comprendió, por supuesto, a dónde apuntaba esto, pero fue impresionado por la diplomacia de Sokolow. Sykes continuaba presionando. En una carta larga, que parecía franca por fuera (pero que era bastante astuta bajo de la superficie) explicó a Georges Picot lo que querían los sionistas; cómo Sokolow le había explicado (a él, Sykes) sus programas de colonización y el alcance de estos planes, y cómo le parecía a Sykes que, ya que tanto Francia como Gran Bretaña deseaban ganar el apoyo del judaísmo mundial y alentar a los sionistas, era esencial cumplir con sus demandas; y que, finalmente, tal vez podría encontrarse algún gobierno, que no fueran ni Francia ni Inglaterra, que estuviera dispuesto a asumir la protección de Palestina.


 


Después de esto, Sykes aconsejó a los sionistas seguir las negociaciones con el gobierno francés, y Sokolow fue enviado a París. A esa altura en Londres se creía que el Ejército Británico ocuparía muy pronto por lo menos una pequeña parte de Palestina; las negociaciones preliminares con los sionistas habían concluido para todo propósito práctico; Sykes viajaba a Egipto para servir como Oficial Político adjunto al Comandante en Jefe, y Weizmann estaba a punto de unirse con él allí. El Primer Ministro pensaba que era hora salir al ruedo con su política sobre Palestina. Durante una reunión de Gabinete el 3 de abril instruyó a Sykes que era importante asegurarse "de que Palestina fuera sumada al área británica [en el Acuerdo Sykes-Picot]" y asegurar el desarrollo del movimiento sionista "bajo los auspicios británicos". Apenas vio Sykes a Georges Picot le indicó "la importancia de cumplir con las demandas judías" y preparar "a la mente francesa para la idea de la administración británica en Palestina con consentimiento internacional".


 


Los líderes sionistas tal vez no supieron nada sobre las instrucciones, pero el telón de fondo militar y diplomático que el gobierno francés enfrentaba calmó las cosas, hasta cierto punto, para Sokolow. De todos modos, durante las numerosas y largas conversaciones mantenidas por Sokolow con ministros y altos funcionarios, los franceses defendían sus derechos en Palestina y se mostraron muy difíciles de manejar. Al final logró obtener una garantía de "simpatía" francesa "para su causa". Por consejo de los franceses y de Sykes, Sokolow fue también a Roma. Italia era socio de Gran Bretaña y de Francia en la división del Imperio Otomano y era correcto, por supuesto, informarle lo que estaba sucediendo con Palestina. Hubo, sin embargo, otras razones aparte de las exigencias del buen comportamiento. Las razones francesas aun no están suficientemente claras; mientras que Sykes, el católico, parece, pretendía atraer al lado británico tanto a Italia como al Vaticano, quienes no estaban satisfechos con la posición muy influyente de Francia respecto a todo lo conectado con los Santos Lugares. El apoyo del gobierno italiano y del Vaticano a los sionistas afectos a Inglaterra, debe haber pensado, ganaría para Gran Bretaña un aliado importante contra Francia en la cuestión palestina; y, a cambio, Italia podía contar con Inglaterra para que ésta alentara la influencia italiana, a expensas de la de Francia, sobre las instituciones católicas en Palestina y respecto al Vaticano en general. En sus conversaciones con los ministros y con el Vaticano, Sykes allanó el camino para Sokolow, que habló sobre el sionismo con el Papa, con el Primer Ministro y con altos funcionarios, hasta que finalmente quedó asegurado el beneplácito y muestras de simpatía del gobierno italiano.


 


Después que Sokolow había trabajado y logrado tanto, en beneficio también de los intereses británicos, era el turno del gobierno británico de hacer pública su actitud hacia los sionistas. Sokolow (Weizmann estaba afuera en su misión a Gibraltar) se sentó con el comité político elegido por los líderes para trabajar sobre la redacción de un borrador que se presentaría al Gabinete. A diferencia de los borradores de algunos de sus colegas que intentaban asegurar un gobierno judío en una Palestina íntegra, Sokolow argüía que tales demandas no serían aceptadas por el gobierno. La fórmula de Sokolow fue adoptada; debe haberlo discutido previamente en líneas generales con un alto funcionario del Foreign Office . Alrededor de mediados de julio fue entregado como propuesta para su confirmación por el Gabinete.


 


Balfour, que era sionista tanto por convicción como por su visión del problema, parece haber estado dispuesto a aceptar, en líneas generales, la fórmula de Sokolow, que hablaba de Palestina como el Hogar Nacional reconstituido del pueblo judío, sin ninguna reserva de importancia – todas los cuales fueron agregadas más tarde. Pero hubo una oposición proveniente de otros sectores. En particular fueron planteadas fuertes protestas y críticas por el secretario de Estado para la India, Edwin Samuel Montagu, un judío violentamente antisionista. Posiblemente Sykes, al igual que otros, consideraba que era justo después de todo ofrecer garantías en la Declaración para los derechos de las comunidades no-judías en Palestina. De todas maneras, comenzó el trabajo de revisión y tanto ministros como funcionarios del Secretariado del Gabinete y del Foreign Office hicieron un intento de probar, examinar y alterar. El fruto de este trabajo grupal es el texto de la Declaración tal como es conocido por nosotros, que Balfour presentó en reuniones del Gabinete durante el mes de octubre. De hecho, ya a comienzos de setiembre Cecil urgió al Gabinete a decidir sobre una política definitiva a favor del movimiento sionista, haciendo hincapié en que "sería de la mayor utilidad para los aliados" tener a los sionistas "de nuestro lado". Ya en octubre, al presentar el tema a sus colegas, Balfour expresó la inquietud de que el gobierno alemán podría "capturar la simpatía del movimiento sionista". Luego, durante otra reunión del Gabinete, explicó que una declaración favorable a los ideales del sionismo sería un instrumento de "propaganda extremadamente útil tanto en Rusia como en Norteamérica". Porque algunas personas en el Foreign Office pensaban que bajo la influencia provechosa de la Declaración el público judío en Rusia presionaría a su gobierno para que continuara en la guerra y para que se opusiera a un tratado por separado con Alemania. No se dijo palabra alguna en las reuniones sobre la justicia de la causa sionista en sí, o sobre el derecho de los judíos, ni tampoco el de ninguna nación, a tener un Hogar Nacional propio. No hubo, por supuesto, ninguna mención de la intención de estafar a Francia y quitarle su parte de Palestina. De tales asuntos los ingleses no tienen costumbre de hablar abiertamente, especialmente en público. Aun así, debe haber estado entendido o sabido, y aceptado, entre los miembros del Gabinete, o por lo menos algunos de ellos, durante un tiempo apreciable. La última discusión del Gabinete, el 31 de octubre, da la impresión de haber sido una mera formalidad; ya que Montagu estaba en el exterior y el resto de los participantes eran conocidos simpatizantes de la medida, con la posible excepción de uno, Lord Curzon, quien mostró más bien una falta de simpatía. Pero aun cuando fuera él el más crítico, sus colegas sabían que no tenía el hábito de oponerse.


 


IX


 


Hemos visto, entonces, los grandes pasos dados por los sionistas y por los británicos, el uno hacia el otro y ambos juntos; y me parece que, en cuanto a la consideración de la Declaración, no tiene ningún significado la cantidad de veces que Weizmann o que Sokolow visitaron al Foreign Office y a Sykes, y cuantas veces se encontraron con ministros, funcionarios, periodistas y personalidades en Inglaterra, Francia e Italia, o quien visitó más o se encontró o conversó más frecuentemente. Uno podría atreverse a ir más lejos y afirmar que para el propósito de la política sionista del gobierno, no era tan importante lo que los sionistas hicieran o dejaran de hacer, ni tampoco había necesidad de Weizmann o de Sokolow, en particular; de la misma manera en que también carecían de importancia el sionismo de Balfour, de Lloyd George, de Milner y de Smuts, o el del Gabinete de Guerra que aprobó la Declaración. Asquith, Grey, Lloyd George y Churchill – como ejemplo – no habían tenido ninguna simpatía anterior por el Movimiento Nacional Arabe; por lo menos, nadie se había enterado de ello. Sin embargo, el gobierno de Asquith acordó con el famoso proyecto de contactarse con árabes y negociar y concluir una suerte de alianza con ellos, y los británicos hasta encontraron a los hombres a quienes, en cierta medida, trasformaron en líderes del Movimiento. En el caso de la Declaración, los motivos convincentes y decisivos fueron los mismos que impulsaron a Inglaterra a acercarse a Palestina y a los sionistas, y las circunstancias especiales en los que dichos motivos fueron activados. Si el gobierno de Lloyd George quería Palestina sólo para Gran Bretaña y se esforzó por desembarazarse de los socios franceses en Palestina, y deseaba ganar el apoyo de las masas judías en los Estados Unidos junto con las de otros países beligerantes y también neutrales, con el propósito de influir para que los gobiernos y los pueblos se pusieran del lado británico, entonces la existencia o no de simpatía por las ideas sionistas sería un asunto de poca monta en cuanto a la Declaración concierne, y la presencia de éste o aquel líder sionista haría poca diferencia. Ya hemos visto que la iniciativa a favor de la declaración nació de hombres que en su actitud hacia el sionismo tenían diferencias con Balfour y con Lloyd George; que el tema fue llevado adelante sin el conocimiento de los líderes sionistas; y que la fórmula sugerida, en líneas generales, para tal declaración fue más específica y alentadora, desde el punto de vista sionista, que el texto del "Gabinete sionista" de Lloyd George. (Uno no puede decir, por supuesto, qué habría pasado con la fórmula si hubiera existido un acuerdo en principio con el gobierno de Francia.) Supongo que uno también podría decir con bastante certeza, que la simpatía por sí sola de Balfour y Lloyd George por la causa sionista no habría convencido al Gabinete de aceptar la Declaración. Y si hubiera existido, por su parte, solo la simpatía y no los intereses, o (como en el caso de Balfour) la falta de una argumentación apuntando a los intereses materiales, es casi seguro que no se habría planteado para nada la cuestión sionista en el Gabinete. Sin los intereses de Gran Bretaña, tanto en Palestina como hacia los sionistas, o con interés en Palestina pero no en los sionistas, no es difícil llegar a la conclusión de qué habrían logrado los sionistas en la Conferencia de Paz. Sería oportuno utilizar para los propósitos del análisis, el caso paralelo de la cuestión armenia y la propuesta a favor de un Estado armenio en la misma conferencia.


 


Por lo tanto, el motivo decisivo para que el gobierno viera con aceptación y se decidiera a prestar apoyo a las aspiraciones sionistas, era el interés puro en todos sus aspectos. Sin embargo, uno debe admitir que era bueno, conveniente y agrad able que Balfour, Lloyd George, Smuts, junto con algunas personalidades en general en las altas esferas, guardaran simpatía con la causa sionista. Esta actitud tuvo bastante importancia, sobre todo, después de la Declaración. Por otro lado, fue bueno y útil que los sionistas – quienes en realidad habían pensado que las negociaciones con el gobierno iban a ser posibles sólo al finalizar la guerra – hicieron algunas preparativos con anticipación, al principio a partir de la iniciativa de Weizmann y, más tarde, bajo la guía y control del conjunto con Sokolow. Era, además, conveniente que supieran más o menos lo que querían, o mejor dicho, lo que no querían reclamar del gobierno (aunque pareciera que no hubo una planificación adecuada en el trabajo preparatorio para la reconstrucción del país y para su desarrollo, ni tampoco en cuanto a los problemas políticos importantes).


 


Sin embargo, una muestra de pasividad quedó demostrada del lado sionista: no sólo cuando de repente, sin ninguna iniciativa de parte de sus líderes, el gobierno Briátnico empezó a buscarlos, sino también después que los contactos se habían establecido. Es cierto que nunca existe una pasividad absoluta en los contactos, aun del lado de la entidad pasiva. El carácter pasivo del lado sionista es evidente, sin embargo, principalmente por el hecho de que no logró obligar al otro a aceptar el programa que había preparado. En un asunto tuvo éxito Sokolow: al desbaratar lo que aparece como la intención de Sykes de intentar limitar la colonización judía a regiones específicas, mantener a los sionistas lejos de Jerusalén, y fijar el centro de las operaciones sionistas alrededor de Haifa. Por otro lado, los interesados nunca alcanzaron la etapa de una discusión vinculante sobre las fronteras de aquel mismo Hogar Nacional sobre lo cual se había dicho tanto. Posiblemente, Lloyd George parece haber dado a entender, durante un encuentro fortuito y apurado con Weizmann, que el sionismo tendría que restringirse al lado occidental de Palestina. Pero hacia el norte, ¿hasta dónde? Y hacia el sur, ¿hasta dónde? Alguien – no está claro si fue Sokolow o Lloyd George – dejó caer la frase "desde Dan hasta Beersheba". Para los sionistas, esto significaba por lo menos toda la franja occidental de Palestina, desde Letanía hasta Wadi el-Arish. Pero aparentamente, los británicos quisieron decir "hasta Beersheba" y nada más. Los líderes sionistas no estaban al tanto de esto. (Tampoco se les puede acreditar la restitución del Neguev a las fronteras del Hogar Nacional. Esto les fue donado a los sionistas por la revuelta en Egipto en la primavera de 1919 cuando fue decidido por los británicos que no valía la pena anexar el Neguev a la península de Sinai y a Egipto, ni tampoco a ningún territorio oriental. Los líderes no parecen haber estado al tanto tampoco de esto.) En pocas palabras, sobre la cuestión de las fronteras, así como de todas las cuestiones que afectaban directamente al futuro del Yishuv [la colonia judía en palestina] y de la colonización, no se llegó a ningún acuerdo, y los británicos no se comprometieron a nada en concreto. Los líderes sionistas acordaron, tal vez por consejo de Sykes, posponer las negociaciones sobre todas las cuestiones prácticas, creyendo que éstas llegarían a buen puerto en la etapa siguiente. Se contentaban, por el momento, con "una declaración" – algo que aparentamente no se les había ocurrido antes. Una declaración que – como Sokolow señaló cuando se discutió la redacción del borrador – consistía en "una aprobación en general de los objetivos sionistas, muy corta y lo más fecunda posible".


 


X


 


En realidad, la Declaración – como Weizmann escribió después de su publicación – tiene un carácter de principio. Es decir, el gobierno reconoció en principio al nacionalismo judío junto con el derecho de los judíos de re-establecer su propio centro político en Palestina, y prometió en principio prestar ayuda para la realización de este objetivo. Todos estos aspectos de la Declaración tenían una expresión más plena, más amplia y más vinculante en la fórmula sugerida por Sokolow. Sin embargo, los líderes sionistas pensaban que el principio seguía vigente también en el texto aprobado por el Gabinete. Más que esto era tal vez imposible obtener de los británicos. Si esto es correcto, justifica la posición de Weizmann y de Sokolow que lo comprendieron y se fiaron del principio en sí. Sobre la base de este principio, creyeron, sería posible alcanzar un acuerdo con el gobierno que lo comprometiera a llevar a la práctica los reclamos de los sionistas. No está claro aun si, durante aquellos meses de discusión con Sykes y con el Foreign Office, los líderes entendían que los británicos los necesitaban y por qué. Según parece, más allá de su comprensión de esto y de tener seguridad con respecto a ello, pusieron sus esperanzas en Balfour y en Lloyd George y en el grupo de ingleses con quienes trabajaban, y tal vez también en los británicos en general, y contaron con la Declaración como un pronunciamiento con el carácter de un acuerdo de caballeros: a cambio de esa promesa por parte del gobierno británico para ayudarles a encontrar un Hogar Nacional, harían todo lo que pudieran para garantizar que solo Gran Bretaña gobernaría en Palestina. Porque así como no había ninguna garantía de que el Gobierno de Su Majestad estaría obligado a ayudar en el establecimiento de un Hogar Nacional viable dentro de las fronteras históricas de Palestina, como estaba previsto en el programa sionista, así tampoco había ninguna garantía que estipulara que sólo Gran Bretaña iba a tomar el control del país. Los sionistas y los británicos seguían necesitándose después de la Declaración. Entonces vino la gran hora de Weizmann.


 


Dentro de esta política de principios – sería mejor que lo tengamos en cuenta al resumir – fue el gobierno británico el que tomaba la iniciativa: en base al memorándum de Samuel, así como sobre la base de los planteos de Lucien Wolf, Suares y de otros en lo que se refiere a la conveniencia de una declaración sionista – un planteo que ganó la aprobación de Lord Robert Cecil, que simpatizaba con el sionismo, de Lord Crewe y de Sir Edward Grey, así como de varios de los funcionarios del Foreign Office. El arquitecto de la política sionista del gobierno fue Mark Sykes, con las nociones sugestivas que provinieron de Reginald Hall y posiblemente también de Fitzmaurice y OBeirne del Foreign Office. Y de modo de hacer hincapié y exagerar ligeramente uno podría tal vez hablar de la "Declaración Sykes" – aunque el giro que tomaba la política durante 1917 aparentemente no era lo que él preveía. Weizmann y Sokolow fueron, de alguna manera, los más comprometidos con esa política. Sus constructores fueron todos los que ayudaron a crearla, algunos más, otros menos. Mucho del trabajo de construcción fue llevado a cabo por Harry Sacher, Leon Simon, Lord Rothschild, Smuël Tolkovsky, Herbert Sidebotham, Israel Sieff y Aqiva Ettinger: sobre todo, por Herbert Samuel, quien guió, dirigió y aconsejó siempre que se lo pedían los sionistas, y ayudó mucho aun cuando no le fue requerido; y por C.P. Scott, que puso a Weizmann en contacto con las personalidades importantes, recomendaba el caso sionista a Lloyd George y a otras personalidades, y sirvió a Weizmann y al sionismo fielmente y incansablemente; y por Achad Haam, cuya gran cautela a veces demoraba el progreso de la construcción pero cuya sabiduría profunda ayudó en general. La parte de Balfour no parece haber sido grande. La de Lloyd George fue mayor; parece haber estado realmente más adelantado con su política sionista que Sykes, que parece haber estado algo indeciso. Mientras tanto, Sokolow también fue un gran constructor. Su participación en las conversaciones y negociaciones con Sykes fue considerable. Las discusiones y las negociaciones con los franceses y con los italianos fueron mucho más difíciles de manejar que las que se llevaron a cabo con los británicos; y en éstas actuaba sin Weizmann. El fue, también, el autor principal del memorándum sobre los "reclamos" sionistas presentado a Sykes, y de la fórmula para la declaración presentada a Balfour. La parte de Weizmann en el trabajo de construcción y en la actividad incesante para su ejecución fue seguramente muy grande. Particularmente su iniciativa de tantear a los ministros y figuras pública británicas importantes, tanto judíos como no judíos, y la de establecer relaciones con ellos, junto con las conversaciones con Sykes, Balfour, Lloyd George, Cecil, Smuts y muchas figuras de menor rango en el Ministerio Asuntos Exteriores, en el Ministerio de Guerra y en el Secretariado del Gabinete; y al perseverar con la Declaración. Pero no es fácil decidir si su participación fue más grande que la de Sokolow. La cuestión de "Weizmann el líder" no afecta directamente el tema. Aquí estamos hablando sobre todo de la naturaleza de sus actividades hasta la Declaración. En relación con su participación y su valor uno podría, tal vez, utilizar las palabras de Smuts: "Fuimos persuadidos [dijo él] de que la política encarnada en la Declaración debería ser aprobada, pero fue Weizmann el que nos persuadió". No sé precisamente qué quiso decir Smuts. A mí me hace acordar del cuento de la dama que – como se dice – tenía ganas y solo quería que la sedujeran. Gran Bretaña, de la misma manera, tenía ganas de Palestina, quería a los sionistas y los buscó. Weizmann justo apareció en el camino, le habló para que aceptara a los sionistas y los acompañara a Palestina, como si fuera solo a ella que deseaban y sólo a ella que le serían fieles. Gran Bretaña se dejó seducir. Estaba dispuesta de dejarse seducir por cualquier sionista de estatura.


 


 


 


Notas:


1. CAB 16/4; Informes y minutas de evidencia de un Subcomité Imperial de Defensa; 1907/1909.


2. CAB 27/1; Minutas e informes del Comité sobre Turquía asiática; junio 1915.


3. Se refiere al memorándum "Inglaterra y el asentamiento judío en Palestina", redactado por Norman Bentwich en enero de 1915.


4. Memorándum de Georges-Picot y Sykes del 5 de enero de 1916, redactado aparentemente por Sykes.


5. Comentarios del capitán W. Reginald Hall, 12 de enero de 1916.


 


 


El "Area Marrón" comprendía, en el Acuerdo Sykes-Picot, con la excepción de la zona de Haifa y Acre, a la Palestina occidental entre (las líneas) Ras Nakura-Tiberias y Rafa-norte del Mar Muerto. El status establecido en el Acuerdo para esta área era el de una administración internacional.


 


 

Consideraciones adicionales sobre los orígenes de la Declaración de Balfour


La historia de la Declaración Balfour continúa hechizando al mundo. Como lo demuestran los últimos trabajos sobre el tema, se vuelve aún más fascinante cuando se hacen alusiones a la supuesta influencia de un pequeño grupo de sionistas que lograron, desde el comienzo de la guerra, penetrar en cada rincón de la actividad del gobierno britaníco, persuadiendo gradualmente a los ministros y a los funcionarios para que adoptaran sus proyectos: ese es el tema del libro de Ronald Sanders, The High Walls of Jerusalem (Los altos muros de Jerusalén; Nueva York, 1983). Muchos lectores recibirán con satisfacción interpretaciones tan descabelladas. Los lectores más críticos, sin embargo, así como los historiadores de la política sionista o británica durante aquel período, bien podrían preguntarse si este relato aparentemente atractivo es también la verdadera historia.


 


Hace unos años, examiné los procesos a través de los cuales nació la Declaración de Balfour. (1) Mis hallazgos tendieron a mostrar que las etapas principales de la política que resultó en la Declaración fueron iniciadas enteramente del lado británico, debido a intereses británicos, sin ninguna consideración de la actividad política de los sionistas – es decir, el Dr. Weizmann y sus colaboradores – que recién tomaron contacto con el gobierno al principios de 1917.


 


El señor Sanders no menciona específicamente mi trabajo, aunque se puede detectar en algunas secciones del libro que el autor intenta desafiar mi interpretación de los acontecimientos. Si tiene razón, mi versión de los orígenes de la Declaración no tiene ninguna veracidad. Propongo, por ende, examinar solamente aquellas secciones de su libro donde creo que se pretende mostrar la influencia, directa o indirecta, de Weizmann en las etapas iniciales de la formación de la política británica hacia el futuro de Palestina.


 


Primero, tomemos el llamado acuerdo SP (Sykes-Picot). Georges-Picot y Sykes, habiendo terminado sus conversaciones preliminares, hicieron un borrador de memorándum donde "los requerimientos de las varias partes" están expuestos, y se propone un "acuerdo satisfactorio". (2) Este documento se sometió a algunos departamentos del gobierno para su observación. Los comentarios del Director de la Inteligencia Naval, el célebre almirante (capitán en aquél momento) Reginald Hall, merecen atención. Plantea la cuestión de Palestina y la de los vínculos judíos con el país. (3) En cuanto a Palestina, – en el país "al sur de Tiro", escribió – los intereses británicos eran más importantes que los de Francia. Sin embargo, si el gobierno decidió ceder la parte septentrional de Palestina, como parecía en el acuerdo propuesto, debería asegurar para Gran Bretaña la parte meridional, con "control exclusivo de los ferrocarriles" para asegurar "su posición en Egipto, junto con el derecho de la posesión y fortificación de una base naval en la costa de Siria".


 


El memorándum Sykes-Picot también propuso el establecimiento de una confederación árabe. Hall pensó que esto provocaría la oposición de "los intereses judíos en el mundo entero", ya que implicaba "el reconocimiento de la independencia árabe y el anticipo del predominio árabe en el Medio Oriente meridional". "Los judíos, escribió, poseen un fuerte interés material y un muy fuerte interés político en el futuro del país (Palestina) (…) En la Zona Marrón, observó, la cuestión del sionismo … (tiene que) ser considerada". (4)


 


Por lo que sabemos, este es el primer documento oficial escrito por un alto funcionario del gobierno británico en el cual la importancia nacional de Palestina y del sionismo para el mundo judío fue expresado claramente. ¿Cuál era la fuente de las posiciones pro-sionistas de Hall? El señor Sanders nos cuenta que:


 


"El capitán Hall parece… haber leído en The Manchester Guardian sobre el sionismo, Palestina y la defensa de Egipto. De todas maneras, no sorprende que esta iniciativa hubiera provenido del Almirantazgo, que había indicado en el pasado sus sentimientos favorables al sionismo. Balfour ahora era primer lord, y el Almirante Fisher había vuelto al Almirantazgo como presidente de la Junta de Invenciones … una posición que probablemente le había llevado a tomar contacto con Weizmann. (5)


 


Si bien el nombre de Weizmann aparece sólo al final de la cita, el señor Sanders parece indicar que la influencia de Weizmann se extendía en 1915/16, no sólo a la posibilidad de publicar artículos en The Manchester Guardian, sino también a los más altos rangos del Almirantazgo, incluyendo, aunque sea indirectamente, a Hall.


 


Ahora bien, consideremos el caso del Almirantazgo. Se debe señalar que el señor Sanders no ofrece ninguna prueba para su afirmación intrigante de que el Almirantazgo había "indicado en el pasado sus sentimientos favorables al sionismo". ¿A quién se refiere el señor Sanders? ¿Al almirante Henry Jackson, que había favorecido la anexión de Haifa? ¿O también podrían ser Balfour y Winston Churchill, "cuya solidaridad… se remontaban a las elecciones de 1906"? (6)


 


Es curioso que se mencionara la campaña electoral en Manchester, ya que al discutirlo el señor Sanders no pudo indicar nada que Churchill hubiera dicho en aquel entonces que aún ligeramente tuviera que ver con el sionismo. Tampoco cita ninguna evidencia de la solidaridad de Churchill durante el período temprano de la guerra. En verdad, es muy extraño que Weizmann, que había conocido a Churchill durante las elecciones de 1906, aparentemente no intentara reunirse con el Primer Lord, tan accesible en general, abierto, imaginativo, para hablarle sobre el sionismo. Hubo, en realidad, mucha necesidad de una iniciativa de este tipo. Porque alrededor del mismo momento en el cual el señor Sanders escribe acerca de su actitud amable hacia el sionismo, Churchill sugirió que "Palestina podría entregarse a Bélgica, tan cristiana, liberal … noble", a pesar de que para aquel entonces ya se debía haber enterado del memorándum pro-sionista de Herbert Samuel.


 


En referencia al almirante Jackson, el señor Sanders nos dice que cuando discutió los desiderata británicos en la Turquía asiática, en principio quiso anexar Alejandreta, pero eventualmente optó por Haifa. Aparentemente, quiere que el lector crea que la mera idea de anexar Haifa significa que los británicos favorecían una solución sionista para Palestina. (7) Esto es claramente erróneo. La posibilidad de ocupación, o de anexión, de Haifa para asegurar los intereses británicos en el Medio Oriente fueron debatidos intermitentemente en círculos gubernamentales al menos desde 1870. Pero esto no implicaba ocupar o anexar todo el país. Esta posición no cambió, incluso cuando la importancia de Haifa aumentó debido a las necesidades planteadas por la defensa de Egipto. La promoción de un enclave británico en Haifa no debería ser interpretada como el deseo de ver una Palestina sionista, o la existencia de alguna conexión entre los intereses británicos y el sionismo. Por ejemplo, en marzo de 1915, el general Barrow, secretario militar de la Oficina de la India, abogó por la anexión de Haifa; y aunque recomendó la internacionalización del resto de Palestina, nunca se refirió al sionismo. Alrededor de un mes después, George Clerk, del Foreign Office, puntualizó que la Oficina de Guerra quería Haifa, pero otra vez no hizo ninguna mención del sionismo. (8)


 


Para Jackson, la elección de Haifa fue simplemente como la alternativa tradicional a Alejandreta. Como el gobierno estaba reacio a reclamar Alejandreta – dados los reclamos franceses – ¿habría algo más natural que optar por Haifa en su lugar? No hay nada de sionismo en ello. Pero es posible que hubieran otras influencias que dieran más peso a la alternativa de Haifa.


 


Estaban, por ejemplo, los trabajos de Herbert Samuel que abogaban por una Palestina anexada o como protectorado, donde se deberían promover facilidades para la inmigración y colonización judía. (9) Esto es bastante claro; pero hay grandes dificultades para averiguar su impacto. Eran memorándums del Gabinete, y si bien podríamos asumir que los ministros los habían leído, es imposible saber si los habían pasado a sus ayudantes, asist entes, o jefes de departamento. El Comité de Bunsen sobre los Desiderata británicos en la Asia turca, parece haber usado los memorándums departamentales, los cuales, en la medida en que se encuentran en los apéndices del informe, no hacen ninguna referencia a las propuestas de Samuel. La única evidencia que se conozca de que los trabajos de Samuel habían llegado a un funcionario del gobierno de alto rango es el reconocimiento del almirante Fisher. (10) Hubiera sido extraño que el mismo Samuel, en ese momento tan motivado para dar a publicidad sus opiniones sobre Palestina, hubiese dejado de reenviar su memorándum al presidente del Comité. Sus opiniones, sin embargo, no se reflejan en las minutas ni en el informe. En resumen, en ausencia de cualquier evidencia al contrario, el memorándum de Samuel no puede considerarse como influencia sobre la elección de Haifa por parte de Jackson.


 


¿Lo influyó Sir Mark Sykes, el colega de Jackson en el Comité de Bunsen? Sykes, consciente de los reclamos franceses sobre Siria y convencido de la necesidad de establecer a Gran Bretaña en la frontera septentrional de Egipto y de Arabia, adoptó la posición de que el gobierno debería abandonar el reclamo de Alejandreta y la zona aledaña, y concentrarse en su lugar en Palestina. Para mediados de abril, había preparado un proyecto para la partición del Asia turca e incluir una Palestina británica, al oeste y al este del Jordán. Además, había reconciliado a su plan a Kitchener, quien lo había nombrado en el comité, y que había sido insistente sobre Alejandreta. (11)


 


Existen algunas evidencias de que Sykes presionaba a Jackson fuera de las reuniones formales del Comité. Jackson seguramente parece haber conocido los detalles esenciales de las ideas de Sykes. (12) Al ser preguntado por el presidente sobre una salida de la Mesopotamia al Mediterráneo, Jackson indicó Haifa. No era adecuado, señaló, como base naval, pero podría acondicionarse para otros propósitos del Almirantazgo y de la Oficina de Guerra. (13) Al día siguiente, fue más preciso. Planteó las ventajas de poner bajo la protección británica el territorio al sur de la línea Haifa-Mosul. (14) Esta es una alusión obvia a la parte palestina del proyecto que Sykes propagaba.


 


Sykes bien podría haber fortalecido tanto la elección de Jackson a favor de Haifa como su simpatía por una Palestina británica. Pero Jackson nunca aludió a los intereses judíos o al sionismo – de la misma manera en que Sykes, en aquella etapa de la guerra, tampoco tuvo conciencia de ellos. No hay ninguna razón para sugerir, por ende, como lo hace el señor Sanders, que el almirante Jackson influyó en el capitán May al plantear la cuestión del sionismo. Tal vez se apoya en la influencia generalizada de Arthur Balfour, Primer Lord del Almirantazgo, cuya mente sutil había discernido lo que había escondido tanto tras el sionismo de Jackson como de Hall. (15)


 


¿Por qué Balfour? Bien, según la "versión autorizada" de la historiografía sionista, Weizmann ya había convertido a Balfour al sionismo; y según la interpretación del señor Sanders, uno concluiría que Balfour, ahora un sionista apasionado, dispensaba su nueva filosofía a todo el mundo en el Almirantazgo. No se puede confiar ciegamente en la afirmación del señor Sanders. Pero resultaría de gran interés descubrir qué es exactamente lo que hizo Balfour en beneficio del sionismo en los primeros años de la guerra.


 


Durante las reuniones en el Consejo de Guerra parece haber sido el primero en hacer reclamos sobre la Asia turca. Pero cuando Lloyd George propuso que Inglaterra asumiera la responsabilidad por Palestina, Balfour mantuvo silencio. (16) En ese momento, Balfour tenía el deseo de anexar Alejandreta. En los años siguientes, parece haber cuestionado la necesidad de una Palestina británica. Sin embargo, durante las discusiones anglo-francesas sobre la partición de Turquía hubo una oportunidad excelente para que él promoviera los reclamos del sionismo. Pero en las fuentes no existe ningún indicio de que así lo hiciera. El memorándum de Hall fue otra oportunidad adicional para Balfour, en aquel momento Jefe del Almirantazgo, para agregar su propia recomendación favorable al sionismo. Sólo informó al capitán Hall que Jackson había acordado con su memorándum. No menciona a Balfour. ¿Cómo, entonces, podemos establecer la supuesta influencia de Balfour – de la cual no se halla ningún indicio?


 


Las relaciones entre Weizmann y el almirante Lord Fisher proveen otra instancia del argumento artificial del señor Sanders acerca de la así llamada extendida influencia y poder de Weizmann. Resulta que en este caso hay evidencia para refutar su teoría. Fisher veía con entusiasmo Alejandreta; pero como ésta resultaba imposible de conseguir, debe haber pensado en Haifa como segunda alternativa. Es imposible decir si también contemplaba la anexión del país entero. Aun así, después de haber leído el memorándum de Samuel de marzo, le escribió que había leído su "excelente trabajo con convicción respecto a la inclusión en la esfera inglesa de Palestina". (17) Fue fiel a su palabra. A mediados de mayo, concibió un plan para transportar al ejército británico "de Gallipoli a Haifa para usarlo para la conquista de la Tierra Santa". (18) Fisher no hace ninguna mención al sionismo. Pero podría haber sido influenciado por el razonamiento altamente convincente de Samuel que mostraba los beneficios que traería la colonización de los judíos en una Palestina británica.


 


¿Podría haber agregado Weizmann algo de importancia a los argumentos de Samuel? Tal vez. Pero la pregunta obvia es si había tenido la oportunidad de hacerlo. El señor Sanders escribe casualmente sobre el contacto entre Fisher y Weizmann después de que aquel había sido nombrado presidente de la "Junta de Invenciones" del Almirantazgo luego de julio de 1915. Weizmann tuvo, es cierto, contacto con el Almirantazgo en ese momento, y a veces con sus funcionarios, pero los asuntos que trataba con el gobierno no tenían nada que ver con Fisher. C.P. Scott, por ejemplo, el celebrado editor de The Manchester Guardian, que conocía bien a Fisher y que también mantuvo contactos cercanos con Weizmann, nunca menciona a Fisher en esta conexión, ni en sus diarios ni en sus cartas a Weizmann. Weizmann tampoco menciona a Fisher ni en su correspondencia ni en sus memorias. (19) No hay muchas alternativas a la conclución que el cuento del señor Sanders sobre un "contacto ocasional" entre Weizmann y Fisher simplemente carece de fundamentos.


 


En la medida en que se pueda afirmar, ni Churchill ni Fisher ni Jackson habían tenido, durante el período en discusión, ninguna conexión directa con Weizmann, ni tampoco, podríamos agregar, a través de Balfour o de ninguna otra personalidad. Qu eda el capitán Reginald Hall, quien, se recordará, supuestamente obtuvo su tendencia pro-sionista no sólo de Jackson y de Balfour sino de otra fuente: el editorial principal, La Defensa de Egipto, publicado en The Manchester Guardian el 22 de noviembre de 1915. Esto, también, nos conduce de vuelta a Weizmann.


 


El líder expuso la posición de que Egipto era el eslabón débil en el sistema británico de defensa imperial debido a su vulnerabilidad a ataques por tierra. Se deduce pues que los territorios que lindaban al Canal y a Egipto nunca debían estar "bajo la ocupación de una potencia hostil o posiblemente hostil". Los gobernantes del Antiguo Egipto, explica el artículo, enfrentaban los mismos problemas, "y lo que les ayudó a resolverlo fue la existencia en la antigua nación judía de un Estado tapón contra los gran imperios militares del norte". Para defender Egipto era esencial que Palestina fuera amistosa. Esto se podría lograr si estuviera "poblada, como lo fuera en el pasado, por una raza intensamente patriótica" interesada en preservar relaciones amistosas con los gobernantes de Egipto. "Deberíamos trabajar- continuó el líde-hacia estos objetivos".


 


C.P. Scott ni escribió ni comisionó el artículo como lo da a entender Sanders. (20) El propio Scott nunca hizo ningún reclamo en ese sentido. El autor verdadero del editorial fue Herbert Sidebotham, un comentarista sobre temas militares. Algunos años más tarde, Sidebotham escribió que Scott … nunca buscó "comunicar su fe (en el sionismo) a ningún miembro de su personal"; que su propio "argumento a favor del sionismo" fue planteado "puramente sobre la base de los intereses británicos", "por iniciativa propia"; y que "no le conoció (a Weizmann) hasta 1916". (21)


 


Por supuesto, la posición planteada por Sidebotham fue esencialmente la de Weizmann: cumplir con los objetivos sionistas dentro del armazón de una Palestina británica que fuera necesaria para proporcionar la defensa satisfactoria a Egipto y a otros intereses imperiales. La razón para esto, sin embargo, no fue la influencia directa o indirecta de Weizmann sobre Sidebotham que, como se acaba de demostrar, no existía en esta etapa. Más bien era el simple hecho de que las posiciones fundamentales que ambos hombres tenían sobre el tema, por más contundentes que fueran, por más inteligentes y hermosamente expresadas que fueran, con una frase llamativa aquí y allá, no eran ni originales ni novedosas, ni entre los no judíos británicos ni entre los judíos sionistas. 


 


La noción elemental de que Egipto, desde la ocupación británica, estaba en peligro de un ataque desde el norte por Turquía, sea en forma individual, sea junto con una potencia europea, y que la zonas de tapón del Sinaí y de Palestina tenían una importancia estratégica vital para el alcance de la defensa del país, era un lugar común entre los altos oficiales y personal militar británicos. La frontera del noreste había sido empujada hasta llegar a la línea Rafa-Aqaba; el área del Negev y Haifa había sido estudiada y mapeada; y los intentos franceses de infiltración en el área habían sido frenados. Este interés estratégico era bien conocido por las potencias extranjeras. En Inglaterra – tanto como en los otros países – fue discutido abiertamente en la prensa, en las revistas y en los libros.


 


La idea de la restauración de los judíos a Palestina, como algo de interés para el imperio británico, forma parte de una tradición que se remonta aún más en el tiempo, a fines del siglo XVIII. (22) Lord Shaftesbury la conocía cuando urgió a Palmerston en 1840 a ejercer su influencia con el Aultán para alentar y apoyar la recolonización judía. Muchos diarios, artículos, folletos y libros (escritos) por no judíos británicos, muchos de los cuales conocían los esfuerzos de Shaftesbury, diseminarían la misma posición en los años venideros. Las actividades políticas de Herzl en Inglaterra, especialmente después del cuarto congreso sionista en Londres de 1900, y sus discusiones con Joseph Chamberlain, Lord Lansdowne, y Lord Cromer sobre las propuestas de el-Arish y las otras, sionistas, agregaron más contundencia a la idea y ayudaron a propagarla. Hablando a los funcionarios del Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña) en 1904, Weizmann entendía que ellos pensaban que los sionistas deberían concentrarse en Palestina, y no en Uganda. Sir Harry Johnston, una autoridad sobre cuestiones coloniales e imperiales, y una figura pública muy bien conocida, le ofreció el mismo consejo a Weizmann. Explicó que si bien Gran Bretaña no podía tomar Palestina para sí misma, apoyaría al sionismo para excluir a las otras potencias de ejercer una influencia dominante allí. The Manchester Guardian encontraba espacio en forma consistente para los asuntos sionistas. Desde 1905, un reportero sionista cubrió los congresos sionistas; en 1913 y en 1914 el diario llevaba "artículos largos y descriptivos sobre las colonias agrícolas judías en Palestina". Con Inglaterra en guerra contra Turquía, desde noviembre de 1914, el tema surgió reiteradamente en la prensa y en los periódicos.


 


Los conceptos sionistas, entonces, eran muy extendidos y aceptados, sea como creencia en sí o bien en armonía con los intereses imperiales británicos, según fueron presentadas por Weizmann. Para un hombre muy bien instruido en las cuestiones históricas e imperiales como Sidebotham, que había sido comentarista sobre las políticas militar y extranjera durante muchos años, estas posiciones deben haber resultado familiares. Pero si no, siempre hubo un Harry Sacher, también un miembro del personal del Guardian, quien estuvo a mano. El señor Sanders escribe sobre Sacher como uno de los jóvenes seguidores de Weizmann. El lector inocente puede deducir de esta descripción que Sacher se empapó del sionismo por proximidad con su amigo más avanzado en años. Eso sería muy equivocado. Sin duda era muy alentador para Sacher y para otros sionistas, tener entre ellos un sionista de la estatura de Weizmann. Pero el sionismo no comenzó en Inglaterra cuando Weizmann se instaló a vivir en Manchester. Sacher se había hecho sionista ya desde hacía algunos años. Y, como sería el caso naturalmente para un judío británico sionista, debe haber tenido consciencia desde hacía mucho tiempo de la coincidencia entre las necesidades imperiales británicas en Palestina y el sionismo.


 


Para volver al memorándum de Reginald Hall. Es muy posible que haya leído el editorial principal del Manchester Guardian; y de hecho el artículo apareció siete semanas antes de que su trabajo fuera escrito. Pero de ninguna manera es seguro que un inglés no judío del cual no se conociera ninguna disposición hacia el sionismo, inevitablemente llegara a la conclusión de que el editorial del Guardian tenía en mente "la restauración de los judíos". En cualquier caso, el tópico no era nuevo; y el objetivo político más importante de los sionistas parece haber sido discutido ocasionalmente en los círculos en los cuales se movía Hall.


 


El problema de la cuestión de Palestina no fue la novedad sino su factibilidad, particularmente después de que Turquía entró en la guerra y el destino del Imperio Otomano empezó a ser objeto de consideración. Se aceptaba en general que no se permitiría a ninguna potencia hostil establecerse al norte de Egipto. Pero ¿significaba esto que Gran Bretaña debería ocupar Palestina para resguardar sus intereses imperiales? Y si fuera así, ¿debería Gran Bretaña anexar el país entero, o sólo la parte meridional, o meramente el enclave de Haifa?


 


Como ya hemos visto, los puntos de vista y las propuestas eran diferentes. La Oficina de Guerra – con la excepción de Kitchener – contemplaba la toma del país entero, una política que parece haber recibido apoyo en El Cairo y en Khartoum. Ciertamente, Sykes lo planteó en el Comité de Bunsen. El almirante Jackson, luego de alguna vacilación, fue ganado a la posición de Sykes. Sin embargo, la Oficina de India tenía otra posición. Reconociendo que Palestina era vital para los intereses británicos, su portavoz, el general Edmund Barrow, solo insistió en "Haifa", proponiendo que el resto del país fuera internacionalizado.


 


Hall debe haber sabido todo esto. El mismo señala en su memorándum que Palestina era de interés para los británicos; y finalmente, parece haber decidido a favor de que los británicos tomaran el sur de Palestina y Haifa. Aun así, Hall sí planteó la cuestión del sionismo, y recomendó que se lo tomara en cuenta en la Zona Marrón – la porción de Palestina dejada de lado en el proyectado acuerdo anglo-francés para una administración internacional. Sin embargo, su posición a favor del sionismo parece totalmente distinta a el de Samuel y Sidebotham. Por supuesto, Hall también debe haber conocido el sionismo en general. Pero su punto de partida fue que "los intereses judíos en todo el mundo" probablemente se opusieran a "cualquier proyecto que reconociera la independencia árabe y que presagiara el predominio árabe en el Medio Oriente". La fuente de esta visión desacertada fue Gerald Fitzmaurice, Dragomán en Jefe de la embajada en Constantinopla, el consejero experto de Hall sobre cuestiones turcas. Fitzmaurice era considerado un sabio sobre todas las facetas de la política interna otomana, y también sobre los movimientos pan-islámicos y pan-árabes. También mantenía fuertes puntos de vista sobre el sionismo y los judíos.


 


Para él, los judíos conformaban una potente fuerza internacional, que arrastraba a las potencias tras de sí en pos de sus propios intereses. Esta entidad misteriosa, opinaba Fitzmaurice, había ganado ascendiente dentro del gobierno turco y trabajaba por "la creación de un estado autónomo judío en Palestina". Al sucumbir a los dictados judío-sionistas, el gobierno turco se había distanciado de las otras nacionalidades del imperio, especialmente de los árabes sirios, quienes como consecuencia se habían agrupado en organizaciones nacionales y fuertemente anti-sionistas. Para un hombre con puntos de vista tan idiosincráticos, debe haber sido algo natural llegar a la conclusión de que los judíos todopoderosos se opondrían a cualquier intento de establecer el predominio árabe en el Medio Oriente.


 


Hall puede no haber sido receptivo a todas las opiniones de Fitzmaurice sobre los judíos. Pero la noción de que existía un cuerpo internacional judío omnipotente, que ejercía su influencia en todos los países importantes del mundo, hacía mucho que se había generalizado. Hall muy bien podría haber sido de esa convicción. En este contexto, para alguien como Hall, el sionismo debe haber aparecido como una consecuencia natural de estas teorías ridículas. Por lo tanto no era ilógico que escribiera que "los judíos tienen un fuerte interés material y un muy fuerte interés político en el futuro del país (Palestina)", pero que era probable que "los intereses judíos en el mundo entero" se opusieran a cualquier proyecto que reconociera a la independencia árabe y que presagiara "el predominio árabe en el Medio Oriente meridional". Pero si su lógica se llevara un paso más, había que proveer algo más tangible para apaciguar el "interes judío". De aquí, su recomendación de que "en la Zona Marrón la cuestión del sionismo (tenía que) ser considerada".


 


Desde el comienzo de la guerra, esta fue la primera vez que el sionismo, como fuerza política independiente que exigía atención, fue mencionado en un documento oficial. Es cierto, se presenta en función de la propuesta de confederación árabe. Para que la Confederación perdurara – o siquiera llegara a existir – era necesario primero remover o neutralizar su más grave obstáculo: la esperada oposición del judaísmo mundial. ¿Cómo lograrlo? Satisfaciendo las aspiraciones políticas del judaísmo mundial – el sionismo – en la Zona Marrón. Y de esta manera la nueva colonización del área adquiriría una estabilidad de conjunto. Hall tampoco ve al sionismo como un interés necesariamente británico. Naturalmente, debe haber sostenido que el sionismo no dañaría a la posición británica. Pero en ningún lado afirma que el sionismo constituye un interés imperial británico específico. No ofrece la más mínima indicación de una respuesta a la pregunta intrigante: ¿existía un interés común entre el sionismo y el rol británico, tanto en la Zona Marrón como en el resto de Palestina?


 


Y finalmente, ¿qué tipo de sionismo tenía en mente Hall? ¿Era un Estado, como sostenía la Oficina de Guerra y quería el sionismo? ¿O era algo más parecido a la fórmula de Herbert Samuel? En todos estos aspectos de la cuestión sionista, Hall difiere marcadamente de las opiniones de Sidebotham y de Samuel, para no hablar de Weizmann. La cuestión de cómo logró, entonces, influir a Hall el artículo publicado en The Manchester Guardian, y, a través de él, el doctor Weizmann, queda como un problema que el señor Sanders aún tiene que resolver.


 


No menos cuestionable que el tratamiento del señor Sanders sobre el "caso del Almirantazgo" es su manera de tratar lo que parece haber sido el primer intento del Foreign Office de adoptar una política sionista. Le niega cualquier crédito por este acto al Secretario de Asuntos Exteriores, Sir Edward Grey – quien nunca había conocido a Weizmann – y en su lugar pone a Lord Crewe como la parte responsable. Es cierto que Crewe tampoco "había conocido a Weizmann"; sin embargo se nos asegura que conocía "los puntos de vista de Weizmann" y que "había sido fuertemente influenciado por ellos". (23)


 


El intento de formular una política sionista surgió de un informe de Egipto que contenía los puntos de vista de Eduard Suares, presidente de la comunidad judía de Alejandría, un acomodado caballero pro-británico y antisionista. Suares argumentó que Gran Bretaña – y de hecho, todos los Aliados – ganarían la simpatía del pueblo judío, acercándose de ese modo a la victoria, si hicieran un gesto de apoyo a una Palestina judía, tal vez bajo la protección británica. "Con un golpe de la pluma", pensaba Soares, "Inglaterra podría ganar para sí el apoyo activo de los judíos en todo el mundo neutral", pero sólo si supieran de "la actitud de simpatía… hacia la cuestión palestina" del gobierno Británico."


 


Harold Nicolson, en aquel momento funcionario subalterno en el Foreign Office, expresó graves dudas sobre la factibilidad de la sugerencia de Suares. Hugh OBeirne, su superior, pensaba de otra manera. Creyó que el razonamiento de Suares tenía sentido. Estuvo de acuerdo en que la mayoría de los judíos no eran sionistas, sin embargo mediante la oferta de "un arreglo completamente satisfactorio para las aspiraciones judías en relación a Palestina podría (…) tener una inmensa atracción para la mayoría de los judíos", y por ende podría tener "tremendas consecuencias políticas". Los judíos, pensaba, podrían retirar "su apoyo al gobierno de los Jóvenes Turcos, el cual colapsaría entonces automáticamente". Otra "tremenda consecuencia" emergería de un protectorado norteamericano en Palestina, en la medida en que el británico "parece impracticable", porque esto "despertaría intenso interés entre el muy influyente cuerpo de los judíos norteamericanos". OBeirne estaba de acuerdo, parece, con el argumento central de Suares de que un arreglo sionista muy bien podría tener el efecto de ganar a los judíos de Estados Unidos y de otros países neutrales, para la causa de los Aliados.


 


Sir Arthur Nicolson, el subsecretario permanente, tenía otra posición. Argumentaba que el sionismo era "una minoría considerable" y dado que Gran Bretaña proponía a Rusia, en el borrador del Acuerdo Sykes-Picot "poner Palestina bajo la administración internacional, no podemos abogar por otro proyecto". Tampoco creía que los gobiernos de Francia o de Rusia "tomarían la propuesta en consideración", llegando a la conclusión de que sería mejor dejar de lado el asunto. Según la versión de señor Sanders, sin embargo, Lord Eustace Percy, un funcionario del Departamento de Asuntos Norteamericanos, tomaba una posición enteramente diferente, más favorable, como lo hacía Lord Robert Cecil, subsecretario parlamentario y ministro del Bloqueo, que señaló: "No pienso que sea fácil exagerar el poder internacional de los judíos". También Lord Crewe, que había reemplazado a Grey provisoriamente en el Foreign Office, observó que si bien la propuesta sobre Palestina era "una cuestión controvertida (…) no hay duda de que encierra posibilidades extraordinarias". (24)


 


OBeirne, sin duda alentado por estos comentarios favorables, volvió a insistir sobre su posición. "El proyecto Palestina contiene posibilidades de enorme alcance, y estaríamos perdiendo (…) una gran oportunidad si no empleáramos todo en nuestro poder para superar las dificultades que puedan ser planteadas por Francia y por Rusia". Sugirió presionar al gobierno francés, explicándole plenamente las ventajas políticas a obtener al convencer a los judíos en Estados Unidos, en el Medio Oriente, y en otros lugares, que "ahora son mayormente hostiles a nosotros".


 


Sir Arthur Nicolson cedió. Ahora estaba dispuesto a acercarse a los gobiernos ruso y francés para pedir garantías generales de simpatía con las aspiraciones judías respecto a Palestina. Lord Crewe veía la necesidad de fortalecer la formula débil de Nicolson. "Tengo bastante claridad", comentó enérgicamente, "de que este asunto no debe dejarse a un lado, y pienso que Sir E(dward) G(rey) comparte esta opinión (…) Deberíamos llevar adelante el tema, puesto que la ventaja de asegurarnos la buena voluntad de los judíos en el Levante y en Estados Unidos casi no puede ser exagerada, tanto en este momento como al finalizar la guerra".


 


El señor Sanders prepara la próxima escena. "El mismo Lord Crewe… preparó el borrador de una carta sobre Palestina" para ser presentada a París y a Petrogrado. (25) Comienza señalando los beneficios que traería el reclamo judío sobre Palestina. Luego cita en forma plena la fórmula de Lucien Wolf definiendo "las aspiraciones judías respecto a Palestina" que "nos parecen inobjetables". Siguió así: "Consideramos, sin embargo, que el proyecto (Palestina) podría ser mucho más atrayente para la mayoría de los judíos si se les ofreciera la perspectiva de que cuando, con el curso del tiempo, la colonización judía en Palestina sea suficientemente fuerte como para hacer frente a la población árabe, les sería permitido tomar en sus propias manos la administración de los asuntos internos de Palestina (con la excepción de Jerusalén y los Santos Lugares)."


 


La carta de Crowe, esta muestra "acérrima de sionismo", en la frase extática del señor Sanders, fue producto de la escuela Crewe-Cecil-OBeirne. De OBeirne, se nos dice, sin aportar ninguna evidencia, que fue "uno de los novatos en el Foreign Office que había sido fuertemente impresionado por los planteos del sionismo". En cuanto a Cecil y Crewe, su sionismo se explica de manera más sencilla: "Sobran razones para asumir que ellos habían sido fuertemente influenciados por las ideas de Chaim Weizmann". (26) Nos llevan así a la inevitable conclusión de que el "sionismo acérrimo" de la carta de Crewe fue el resultado de la influencia directa de Weizmann.


 


Esta versión de los acontecimientos es seriamente defectuosa. En primer lugar, no somos informados sobre lo que realmente ocurrió con la primera minuta de OBeirne. Aquí no hay ningún misterio. OBeirne, después de leer el comentario escéptico de Sir Arthur Nicolson, garabateó sobre la tapa del documento secretario privado, que significaba que quería que el secretario privado de Grey, Eric Drummond, trajera la propuesta de Suares, es decir, sus propios apuntes, para presentarlos al Ministro de Asuntos Exteriores. Drummond hizo esto debidamente. Grey debe haber leído los papeles, ya que garabateó sobre la misma tapa: "Plantear mañana a la mañana", agregando sus iniciales. Este episodio es omitido por el señor Sanders. Sin embargo, comete un error mucho más grave, porque confunde a Lord Eustace Percy, quien en su versión "presionó al Foreign Office" para que hablara con el embajador francés, con el mismo Sir Edward Grey, quien instruyó a su subsecretario permanente, Sir Arthur Nicolson, a "decirle a M. Chambón que se le había sugerido que el sentimiento judío que ahora era hostil y que favorecía un protectorado alemán en Palestina, podría ser cambiado totalmente si fuera establecido un protectorado norteamericano con el objeto de restaurar a los judíos a Palestina. Tendría que haber un control internacional sobre los Santos Lugares cristianos."


 


El señor Sanders también omite mencionar como OBeirne llevó adelante su propuesta original. Después de haber leído las alentadoras instrucciones a Nicolson, así como también los comentarios de Crewe respecto de que Grey pensaba "que este asunto no debería ser dejado de lado", OBeirne reunió todos los papeles relevantes que había acumulado durante la semana de la ausencia de Grey, y garabateó un mensaje a Eric Drumond: "Pienso que a Sir E. Grey le podría gustar ver estas hojas que muestran cómo se plantea la cuestión de Palestina". Como resultado, algunos pasajes del borrador del informe fueron debidamente enmendados, y dos cables de instrucciones, que incluían el borrador modificado, fueron enviados a París y a Petrogrado.


 


Hay otros errores, no menos graves, en la historia del señor Sanders. Las instrucciones que generosamente ha bautizado "la carta de Crewe" (creyendo, erróneamente, que "el mismo Lord Crewe preparó el borrador") implica que Grey no tuvo nada que ver con la decisión de enviar "la Carta". Ahora, es cierto que Grey estaba de licencia por enfermedad cuando se preparó el borrador y que los cables fueron enviados, y también que sus iniciales no se encuentran agregadas al borrador. Sin embargo, es imposible llegar a la conclusión de que no leyó – o no hizo que se le leyeran – los papeles sobre Palestina que OBeirne había deseado que él viera. Porque si bien Drummond no menciona este punto en su carta a Crewe, y aunque no sabemos si, entre el 9 y el 10 de marzo, Drummond se vió con Grey personalmente o si se comunicó con él de otro modo, él seguramente debe haberse enterado de la aprobación general de Grey del borrador, y su deseo de que se enviará. De otra manera, es apenas concebible que los cables se hubieran enviado en el nombre de Grey. Y que fueran enviados en nombre de Grey puede determinarse por la repuesta recibida de la embajada de París y por el ayuda-memoria del 13 de marzo de 1916, enviado desde la embajada en Petrogrado al Ministro de Asuntos Exteriores ruso. (27)


 


Formalmente, por lo menos, no existe ninguna "Carta de Crewe". Y por más que la haya endosado, no la redactó. Su autor fue Hugh OBeirne. Es su lenguaje, la fuente de sus frases son mayormente sus dos extensas minutas. Aun más, su autoría está indicada por sus iniciales, escritas de puño y letra, en el encabezado de la primera hoja del borrador. No hay lugar para equivocación.


 


¿Cómo podemos evaluar, entonces, el bullicio del señor Sanders sobre "el (primer) despertar del Foreign Office al sionismo"? Para empezar, en su recuento Sir Edward Grey está, por decirlo así, dormido durante todo el "despertar": no participa en él, tampoco está afectado por ello. Aun si hubiera estado presente en el Foreign Office, el señor Sanders duda que hubiera enviado los cables a París y a Petrogrado. Pero el hecho es que Grey existía de manera sobresaliente. A pesar de los comentarios escépticos y contrariados, Grey tenía un concepto lo suficientemente elevado de la iniciativa de OBeirne como para instruir a Sir Arthur Nicolson a influir sobre Chambón a favor de la noción de "restaurar los judíos en Palestina". El testimonio de Lord Crewe de que Grey sostenía que "este asunto no debe ser dejado de lado" no da ninguna base para dudar de su intención de llevar a cabo "el asunto". Además, lo más probable es que la posición definitivamente positiva del secretario de Asuntos Exteriores hacia el plan de OBeirne movió a los dos Nicolson a cambiar su actitud crítica.


 


Tampoco es correcto negar que Lord Crewe tuviera su lugar legítimo en la política pro-sionista. Pero Grey había adoptado su propia postura positiva antes de que Crewe lo reemplazara en el Foreign Office. Crewe, por supuesto, fue capaz de formar su propio punto de vista. Sin embargo no podría haber escapado a la influencia de la actitud de Grey. Al contrario de la interpretación del señor Sanders, el rol de Crewe era secundario en relación al de Grey.


 


Tampoco fue el sionismo de Crewe "fuertemente influenciado por las ideas de Chaim Weizmann", lo que lo llevó a apoyar a OBeirne. Aparte de la pregunta intrigante de qué significaban precisamente "las ideas" de Weizmann, y cómo aquellas ideas fueron asimiladas por Crewe, si, como admite el señor Sanders, los dos jamás se conocieron ni habían intercambiado correspondencia, es completamente evidente que los ideales sionistas, o la simpatía con el sionismo de parte de Crewe – o Cecil – no vienen mayormente al caso. Porque se debe tener en cuenta que el objetivo de la propuesta Suares-OBeirne no era el sionismo sino la captura de la buena voluntad de los judíos del mundo. El sionismo no fue más que el medio usado para alcanzar aquella meta; fue la carnada para conseguir a los judíos de los Estados Unidos y de otras partes, y para inducirles a actuar a favor de los intereses de los Aliados. La defensa de un proyecto sionista tenía motivos puramente prácticos. Surgió de la necesidad de fortalecer la causa de los Aliados, y no de simpatía por el ideal sionista. Posiblemente se recordará que Suares – quien fue antisionista, o por lo menos un no-sionista – tomaba esta línea, al igual que Lucien Wolf, un antisionista rabioso, pero que sin embargo consistentemente empujaba la idea de un proyecto para Palestina en el Foreign Office.


 


Sir Edward Grey, también, siguió este enfoque. El señor Sanders, correctamente, no lo sospecha de sionismo. Sin embargo le dio total apoyo a Suares y a OBeirne, y urgió a Chambón la idea de "restuarar los judíos a en Palestina". No por simpatía con los ideales nacionales judíos, ni por preocupación por algún interés exclusivamente británico – porque sugiere un protectorado norteamericano y no británico sobre Palestina – sino porque, como surge claramente de sus instrucciones a Nicolson, tal movida podría "cambiar totalmente" los sentimientos judíos hostiles respecto a los Aliados.


 


El propio OBeirne ilustra mejor este enfoque pragmático. El señor Sanders intentó dar la impresión de que OBeirne había sido amistoso hacia el sionismo antes de reingresar al Foreign Office en 1915. Nada se sabe, sin embargo, de los puntos de vista o de los sentimientos de OBeirne sobre el tema en este período. También es razonable asumir que su largo servicio en Rusia, sus orígenes y educación católicos, y sus contactos cercano s con Fitzmaurice en Sofía no lo convirtieron en amigo ni de los judíos ni del sionismo. ¿Por qué, entonces, tomó OBerne la sugerencia de Suares? Simplemente porque tenía mucho sentido, y llegaba al mismo tiempo que las ideas planteadas por Horace Kallen, un filósofo y educador judío norteamericano, por Lucien Wolf y por Zeev Jabotinsky, todos apuntando al sionismo como algo que poseía un enorme valor propagandístico entre las masas judías de Estados Unidos. Si este fue el caso, OBeirne debe haber razonado, ¿por qué no aprovecharlo para ganar a los judíos a la causa de los Aliados? Y tal vez, a través de su influencia, eventualmente llevar a los Estados Unidos a entrar en la guerra. Al no ser gran conocedor de estos temas, parece haber consultado con Fitzmaurice, a quién había conocido en Sofía.


 


La opinión "experta" de Fitzmaurice sobre la influencia universal del judaísmo mundial debe haber empalmado convenientemente con lo que había escuchado de OBeirne sobre la propuesta de Suares. También le debe haber confirmado su punto de vista largamente sostenido de la gran concepción de los judíos de establecer su estado en Palestina. Fitzmaurice, que estuvo en Sofía en una misión secreta para derrocar al gobierno turco, sostenía que los Jóvenes Turcos trabajaban a favor de los intereses del judaísmo internacional, y que los judíos norteamericanos apoyaban a los Jóvenes Turcos porque esperaban, al manipularlos, alcanzar su meta de un Estado judío. Si esto fuera así, ¿por qué no ofrecer a los judíos del mundo un proyecto sionista a cambio de que los judíos cortaran su apoyo para el gobierno turco, una acción que conduciría a su derrumbe y la retirada de Turquía de la guerra? OBeirne debe haber encontrado este enfoque inmensamente atractivo. Pero obviamente pensó que sería aconsejable hablar primero con Eric Drummond, el secretario privado de Grey. Un católico, Drummond favorecía la propuesta de Suares, pero aconsejaba un protectorado norteamericano en lugar del británico. También consultó el memorándum de Samuel, del cual podría recopilar el tipo de proyecto palestino que tenía posibilidades de atraer a los sionistas.


 


Fue Fitzmaurice, quien durante años había estado obsesionado por el antisemitismo, y que consideraba al sionismo una fuerza negativa, quien ahora sugería ofrecer al odiado judaísmo mundial un arreglo sionista para Palestina en pos de ganar su apoyo para los Aliados. Los motivos de OBeirne tenían las mismas características prácticas. Esto se puede demostrar ampliamente al observar su reacción, aproximadamente en el mismo momento, ante otra propuesta de carácter sionista que también reclamaba ser beneficiosa para la propaganda británica entre los judíos norteamericanos. Comentó: "No estamos irremediablemente opuestos al sionismo". Con esto parece haber estado diciendo que él y algunos de sus colegas habían estado en un momento opuestos al sionismo. Otro funcionario del Foreign Office verifica esta suposición. "Todo el proyecto- escribió- probablemente sería usado por los promotores para impulsar el sionismo, y el beneficio que obtendríamos de ello no sería grande… desde el punto de vista político las ventajas no aparentan ser suficientes para impulsar la cuestión". El redactor Guy Locock, secretario privado de Lord Robert Cecil, sostenía que el sionismo no era necesariamente de interés para los británicos. ¿Por qué, entonces, debería Gran Bretaña otorgarle ayuda alguna? La minuta de OBeirne indicaba un estado de ánimo similar.


 


¿Cómo se podría neutralizar esta oposición? Solamente si una propuesta pro-sionista ofreciera definidas ventajas a favor de los intereses británicos que tuvieran más peso que su aversión por el sionismo. Esto es precisamente lo que ocurrió con la propuesta de Suares. OBeirne, quien había admitido su hostilidad hacia el sionismo, ahora efectuó un giro a favor de apoyar y abogar por el sionismo. Pero lo hizo porque estaba convencido de que Gran Bretaña y sus aliados se beneficiarían inmensamente de una amistad con los judíos de todo el mundo, en deuda con los Aliados por un arreglo sionista en Palestina.


 


Fue un abordaje puramente funcional, libre de todo dogmatismo o ideología, y surgió simplemente de las necesidades prácticas de la situación. Fue esta línea utilitaria la que motivó el pasaje al "sionismo acérrimo" de OBeirne, ya que éste había dicho claramente que esta, y no la tibia fórmula de Wolf, volvería el proyecto Palestina "mucho más atractivo para la mayoría de los judíos" y "los llevaría a nuestro lado". Estos sentimientos también fueron los que impulsaron a Crewe y a Cecil y alentaron a OBeirne. Cecil habló libremente del "poder internacional de los judíos", mientras Crewe señaló que, si bien el sionismo "es un tema controvertido, abarca posibilidades extraordinarias", y deberíamos, por ende, "llevar adelante el tema, ya que la ventaja de asegurar la buena voluntad de los judíos casi no se puede exagerar". En ninguna parte de estas observaciones puede discernirse ni remotamente la noción del "sionismo por el sionismo". El proyecto Palestina no era más que un señuelo político, una conveniencia; no era, por lo menos para estos funcionarios, una gran y justa causa para adoptarse y para ser alcanzada. "Nuestro meta real, hizo notar Harold Nicolson, es hallar algo con lo cual podamos deslumbrar a la opinión judía". Pensamientos tan escuetamente cínicos tal vez eran ajenos a Crewe y a Cecil, especialmente Cecil, susceptibles a los sentimientos sionistas. Pero ¿puede uno defender, realmente, la afirmación de que una medida de simpatía por el sionismo – moderada o fuerte fuera el primer motivo que impulsó a los británicos a tomar la decisión de favorecer la propuesta, y que pesó más que los beneficios prácticos que ellos creyeron que traería para la causa de los británicos y de los aliados? El solo planteo de la pregunta es suficiente para percibir la respuesta.


 


Es, entonces, imposible imaginar cómo los sentimientos sionistas participaron en la decisión a favor o en contra del apoyo por la propuesta Suares-OBeirne. OBeirne y Fitzmaurice, los promotores más importantes de la iniciativa de Suares, junto con Drummond, y aún Grey – sin cuyo apoyo inequívoco, la propuesta nunca hubiera progresado – estaban todos lejos del sionismo y ni siquiera conocían a Weizmann. Otra vez, los dos Nicolson, quienes inicialmente se habían opuesto a la propuesta de OBierne, finalmente la aceptaron. Pero no porque de repente fueran transformados en sionistas; tampoco por los poderes de persuasión de Weizmann, porque ellos tampoco lo habían conocido jamás. Al prestar su apoyo al proyecto Palestina, todos estaban preocupados, casi exclusivamente, por ganar para la causa de los Aliados la buena voluntad del judaísmo mundial. A cambio, darían a los judíos lo que creían que los judíos deseaban: una esfuerzo británico para apoyar los objetivos sionistas. OBeirne lo dijo muy claramente: "En cualquier comunicación dirigida a… cualquier representativo judío deberíamos aclarar que nosotros no estamos proponiendo otorgar a los judíos una posición de privilegio en Palestina a cambio de nada, sino que esperamos su apoyo incondicional a cambio". Esta fórmula fue totalmente aceptable también para Crewe y Cecil.


 


Y ¿que hay, entonces, de sus simpatías sionistas? ¿Afectaban de alguna manera las consideraciones de Crewe y de Cecil? Esta es una pregunta complicada de contestar. No existe la más mínima evidencia capaz de mostrar que los sentimientos sionistas entraban conscientemente en sus acciones políticas. Por más que fuese así, sólo podría haber tomado un significado marginal en relación a los otros factores, más tangibles. Crewe y Cecil carecían de prejuicios antisemitas o antisionistas para superar, y se podría argumentar que un sentimiento sionista, por más pequeño que fuese, probablemente funcionaría de manera subconsciente. Bajo un examen más detallado, sin embargo, aún este mínimo sentimiento se desvanece.


 


Con respecto a Lord Robert Cecil, daba muestras de simpatía por el sionismo tan tempranamente como en 1906. Diez años más tarde, escuchaba atentamente el discurso sionista de Weizmann. Entonces, cuando indicó su apoyo por la propuesta de OBeirne, también lo podría haber hecho influenciado por una medida de entusiasmo por el sionismo. A pesar de eso, la cuestión no caía dentro de sus actividades regulares: "No estoy directamente involucrado en la cuestión judía", le dijo a Amery. Su intervención parece haber sido accidental. Hasta el 11 de marzo, cuando se enviaron los cables a París y a Petrogrado, no hay señal de que volviese a intervenir. Entonces, él no podría haber jugado rol alguno en la redacción de los cables.


 


Por el otro lado, Lord Crewe apoyó la propuesta persistentemente en todas sus etapas y ayudó en la corrección del borrador del cable. Pero bajo un examen más cercano, su sionismo también parece algo endeble, y se apoya en evidencia muy débil. El único testimonio indiscutible viene de Dorothy de Rothschild. Aparentemente, ella le preguntó cuál creía que sería la actitud del gobierno británico a la colonización judía en una Palestina británica después de la guerra. "Piensa- escribió Dorothy de Rothschild en noviembre de 1914- que nuestros compatriotas (es decir, los judíos) no serían inoportunos en Palestina, por supuesto si por alguna fortuna se volviera británica".


 


Parece que su corta conversación tuvo lugar en un encuentro social en que la entusiasta, curiosa y muy joven señorita – sólo tenía 19 años – esperaba la posibilidad de hacer su pregunta al estadista cortés y avanzado en años. No está claro del todo cómo evaluar su respuesta. Podría no ser más que la expresión de una simpatía serena y reservada; pero ya que la respuesta fue dada sin pensar, su carácter algo solidario podría reflejar simpatías más tempranas y generales por el sionismo. Eso es todo lo que se podría decir con certeza del apoyo de Crewe por el sionismo. No ha surgido a la luz ningún otra evidencia de su sionismo en el período que va hasta marzo de 1916. La afirmación del señor Sanders de que Crewe habría recibido otro "discurso ardiente sobre el sionismo" se apoya en bases muy poco sólidas. (28)


 


¿Qué conclusiones se podrían sacar de la investigación? Primero, la sugerencia de que existía una dimensión sionista en los motivos de Cecil y de Crewe para apoyar la propuesta de OBeirne se basa en suposiciones, nada más. Ni una pizca de evidencia existe para corroborar esta premisa. Pero existe algo de evidencia de sus simpatías en general por el sionismo, o por lo menos por un programa sionista moderado. Y esto ha sido sesgado hasta convertirse en la noción de que su disposicón influyó al tomar decisiones políticas. Podría haber influenciado en algo; pero si es así, contó muy poco en el esquema general de las cosas. Tampoco puede defenderse la suposición de que su sionismo se originara en "las ideas de Weizmann". Seguramente no en el caso de Cecil, cuyas simpatías de larga data se apoyan en evidencias firmes; pero menos aún en el caso de Crewe.


 


Lord Crewe es el héroe del señor Sanders en su melodrama del despertar al sionismo en el Foreign Oficce. Es cierto que jugó un rol significativo, pero no ha sido posible establecer que esto fuera en alguna medida un resultado de su sionismo. Todo lo contrario, bajo examen se ha descubierto que el pasaje de "acérrimo sionismo" en el borrador del cable, que el señor Sanders atribuye magnánimamente al sionsimo de Crewe, simplemente no fue escrito por él. El origen de la actitud de Crewe hacia el sionismo permanece extremadamente turbio. El señor Sanders sostiene que Crewe jamás conoció a Weizmann – un hecho indudable. Dorothy de Rothschild nunca dijo que había hablado con Crewe de "los puntos de vista de Weizmann" de cualquier manera, una expresión muy elástica – y no existe evidencia de que alguna otra persona sí lo hizo. ¿Cómo, entonces, podemos aceptar las afirmaciones del señor Sanders de que fueran los poderes persuasivos de Weizmann los que lo impulsaron a defender y presionar a favor de las propuestas pro-sionistas?


 


Uno podría simpatizar con el deseo de presentar la historia de la Declaración Balfour como el resultado de una interacción entre las actividades políticas de los sionistas con el creciente interés de los británicos por Palestina y por el sionismo. Si hubiera existido semejante conexión, la historia durante la mayor parte de 1914-16 hubiera progresado sin obstáculos. Pero no se ha revelado ningún vínculo semejante. Lo único que el señor Sanders ha descubierto es la supuesta influencia de Dr. Weizmann en todas partes. Por supuesto, Weizmann fue extremadamente activo en su trabajo sionista, trabajando según sus propios planes, "explorando", para usar sus propios términos, la buena voluntad de Whitehall y de los salones de la sociedad londinense. (29) El gobierno progresaba con su propio ritmo, de acuerdo con su propio desarrollo, que Weizmann ignoraba, dando origen a ideas y concepciones que Weizmann jamás había planteado. Durante casi 30 meses, hasta finales de enero de 1917, no se había formado ningún contacto de un carácter significativamente político.


 


La posición respecto a la reconstrucción histórica del camino hacia la Declaración Balfour, hasta la coyuntura de enero de 1917, sigue siendo, esencialmente, exactamente como fue presentada en mi artículo de 1970. Por supuesto, podría cambiar. Pero se exigirá para ello un estudio más cuidadoso y erudito que el del señor Sanders.


 


 


Notas:


1. Mayir Vereté; "La Declaración de Balfour y sus creadores"; ver página 143 de la presente edición de En Defensa del Marxismo.


2. Memorándum del 5 de enero de 1916.


3. Foreign Office, memorándum del 12 de enero de 1916.


4. El área entre las líneas Gaza al punto norte del Mar Muerto, al sur, y Ras Nakura-Tiberias, en el norte, estaba diseñada para ser puesta bajo control internacional.


5. Sanders, The High Walls of Jerusalem, p. 310.


6. Idem anterior, pp. 192, 207.


7. Idem anterior, pp. 192, 207, 310.


8. CAB 27/1, "Report and Minutes of the (Bunsen) Committee on Asiatic Turkey.


9. Ver CAB 37/123, 126, op. cit.


10. Carta de Fisher a Samuel, 29 de abril de 1915. Fisher Papers, Israel State Archives.


11. Ver carta de Sykes a Sir George Arthur, 12 de septiembre de 1916, FO 800/57/91.


12. "Report and Minutes of the (Bunsen) Committee on Asiatic Turkey.


13. Idem anterior.


14. Idem anterior.


15. Sanders, op. cit., pp. 192, 310.


16. Ver CAB 22/1, Reuniones del Consejo de Guerra, 26 de febrero y 10 de marzo de 1915.


17. Carta de Fisher a Samuel, 29 de abril de 1915. Fisher Papers, Israel State Archives.


18. Ver Martin Gilbert, Winston Spencer Churchill, 1971, III, p. 452.


19. Ver Trevor Wilson, The Political Diaries of C. P. Scott , 1970, pp. 87, 88, 118, 180.


20. Sanders, op. cit., pp. 288, 290.


21. Ver Herbert Sidebotham, Great Britain and Palestine, 1937, pp- 29, 24-7, 32-3.


22. Ver Mayir Vereté, The Idea of the Restoration of the Jews in Palestine in English Protestant Thought.


23. Sanders, op. cit., pp. 341, 342.


24. Idem anterior, pp. 335.


25. Idem anterior, pp. 341.


26. Idem anterior, pp. 333, 342.


27. E. A. Adamov, Russian Foreign Office Documents Relating to the Partition of Asiatic Turkey, Moscú, 1924, pp. 161-2.


28. Sanders, op. cit., pp. 342-3.


29. Ver Norman Rose, Chaim Weizmann, A Biography, Nueva York, 1986, cap. 7.