Lenin y la filosofía

En la obra de Lenin -cuya recopilación completa incluye escritos, ensayos y discursos y comprende 47 tomos en los que figuran títulos que, como El Estado y la revolución, el ¿Qué hacer?, el Imperialismo, fase superior del capitalismo, entre otros- han pasado relativamente desapercibidos o al menos relegados a un segundo plano sus textos de filosofía. Si bien Lenin no se consideraba un erudito en la materia y lo admitía en público, sus trabajos tienen un mérito y constituyen una contribución en el plano teórico y político.

Lenin produjo dos obras filosóficas importantes. La primera, Materialismo y empiriocriticismo, se escribió en 1908 y los Cuadernos filosóficos, fueron escritos en 1914 pero recién fueron publicados varios años después de su muerte. La aparición de ambas obras, así como su contenido y oportunidad no puede entenderse fuera del contexto general, más específicamente del escenario de la lucha de clases y de las controversias políticas e ideológicas que enfrentaba el movimiento revolucionario.

Materialismo

La razón, en primer lugar, que llevó al dirigente de la Revolución de Octubre a incursionar en filosofía en 1908 fue el cuadro de desmoralización y el retroceso provocados por la derrota de 1905 que impregnaba el ambiente intelectual y político del país y al que el movimiento socialista no era inmune. En principio afloraron diferencias tácticas con una camada de revolucionarios como Bogdánov y quienes compartían su punto de vista, entre los que se encontraban el futuro comisario del pueblo de Educación, Lunacharsky, y el escritor Máximo Gorki. Luego fue notorio que las discrepancias iban más lejos y tenían que ver con cuestiones de fondo. El desencanto que siguió a la derrota de la revolución de 1905 contribuyó mucho a fortalecer las tendencias a abandonar el materialismo que primaba entre la inteligencia rusa y caer en el idealismo, incluso, en el misticismo. Este desplazamiento empalmaba con la moda dominante en Europa que estaba adquiriendo un matiz subjetivista, personal y a veces hasta religioso.

Un extremo de este panorama intelectual lo ocupaba el renacer del interés en las ideas de Immanuel Kant, tras el centenario de su muerte en 1904. El movimiento neokantiano, que pretendió apoyarse en la revolución científica de la época encabezada por Einstein, era el trasfondo filosófico del debate entre Lenin y Bogdánov. Si bien una revolución científica puede habilitar un cambio en la forma en que percibimos la realidad física, la premisa que se pretendía consagrar era que todo lo que conocemos acerca del mundo consiste en nuestras sensaciones y concepciones. Es decir, que la realidad no existe. Tanto en física como en filosofía, parecía que la prueba de la existencia objetiva del mundo se había desvanecido: la única realidad cognoscible eran nuestros conceptos mentales sobre el mundo.

Bogdánov se inspiró en parte en las teorías del físico Ernesto Mach y del filósofo Richard Avenarius. Mach había participado en los debates que reestructuraron drásticamente la física en la primera década del siglo. “Inicialmente influido por Kant, llegó a sostener que toda idea de una ´cosa en sí´ era ´superflua´, retrocediendo así del ambiguo idealismo de Kant hacia el idealismo puro de Berkeley y Hume, a los que consideraba ´pensadores mucho más coherentes que Kant´. Mach opinaba que la ciencia es un intento de organizar las sensaciones de la manera más concisa posible… no de descubrir la verdad acerca del mundo”.1John Rees, Lenin y la Filosofía. Capítulo 4 del libro Algebra y revolución, reproducido por Izquierda Web, 28-03-2021

El concepto unificador de Mach era la experiencia, más que la materia. La experiencia en y a través de las sensaciones era la única categoría epistemológica con sentido, excluyendo toda noción de fuente, causa o referencia. “Los objetos físicos eran solo conjuntos relativamente constantes de sensaciones. Mach trató de eludir la acusación de idealismo insistiendo en que no consideraba a los objetos materiales como estados mentales, sino que simplemente declaraba irrelevante la cuestión de la relación entre mente y materia, dado que no podemos distinguir entre las sensaciones producidas en nosotros por la supuesta materia y las que aparecen como resultado de los procesos de pensamiento”.2 Ibid

El filósofo de Zurich, Richard Avenarius, estaba embarcado en una búsqueda similar de la superación de las contradicciones de la dicotomía kantiana entre el mundo del pensamiento y el mundo material, la cosa en sí: “sobre todo, intentaba refutar la (…) distinción entre ´impresiones mentales´ y las inaccesibles ´cosas en sí´. (…) Una vez que nos desembarazamos de la ilusión de que tenemos una ´consciencia interior´ en la que los ´objetos externos´ están misteriosamente presentes -los objetos existen independientemente del hecho de que son ´dados´, pero no hay modo de saber de qué manera- quedamos liberados de todas las preguntas y categorías tradicionales de la filosofía, las disputas entre realismo y espiritualismo y el problema insoluble inherente a las categorías de sustancia, fuerza y causalidad. O, como dice Lenin, “Avenarius recae en el remanido argumento del idealismo subjetivo de que pensamiento y realidad son inseparables, puesto que la realidad solo puede ser concebida mediante el pensamiento”. El acto de la comprensión, en este esquema, se convierte en un simple reflejo biológico. “Los avances en el terreno del pensamiento son meramente métodos más eficientes mediante los cuales el cerebro organiza la corriente de estímulos que recibe desde los sentidos. El objetivo del pensamiento no es conocer la verdad sobre el mundo, sino optimizar el esfuerzo necesario para procesar la información recibida por los sentidos: ´todo el propósito del pensamiento científico queda reducido a la utilidad biológica´”. Avenarius, como Mach, pretendía eludir la acusación de idealismo simplemente considerándolo inadmisible para su marco conceptual, pero “aunque el objetivo de Avenarius era liberar a la filosofía del dualismo mente-materia, reduciendo todo ser a la experiencia en la cual el yo y el objeto están presentes en igualdad de condiciones, no pudo evitar sacar conclusiones que lo ponen bajo sospecha de subjetivismo o incoherencia”.3Ibid

Bogdánov planteaba que “la naturaleza no era una realidad de existencia independiente sino una experiencia colectivamente organizada”. Para él, el problema de la correspondencia de la experiencia con algo fuera de sí misma era un sinsentido, dado que la experiencia abarcaba todo lo existente, no habiendo nada fuera de ella. La diferencia entre subjetividad y objetividad, según Bogdánov, era que la primera “consiste en la percepción de un individuo, en tanto que la segunda consiste en la percepción común del conjunto de una sociedad dada”.4Ibid

Lenin cuestiona las premisas que Mach, Avenarius y Bogdánov extrajeron de la revolución en la ciencia. Este es el gran punto fuerte de su obra de 1908: distinguir con la mayor claridad “la nueva física del abuso filosófico al que aquella daba lugar, incluso por parte de algunos de los científicos más estrechamente relacionados con ella”. En su apreciación de la “reciente revolución en las ciencias naturales”, Lenin subraya que la nueva ciencia “le ha servido de excusa a los filósofos para abandonar el materialismo por el idealismo”. En una atmósfera en la que las concepciones del mundo cambiaban rápidamente, donde “una hipótesis deja lugar a la otra”.5Ibid

En esta defensa del materialismo estriba el principal mérito de Materialismo y empiriocristicismo pero al mismo tiempo quedan en videncia sus límites y entre ellos el fundamental referido al relegamiento de la dialéctica. Esto se puede explicar si tenemos presente que el mundo del marxismo en el que actuaba y del cual abreva Lenin es el de la II Internacional, intelectualmente dominado por figuras como Kaustky, reconocido como máximo teórico o Plejánov, el fundador del marxismo en Rusia.

Las bases teóricas de la II Internacional

A la hora de sintetizar los rasgos de la corriente de pensamiento dominante de la II Internacional, podemos señalar

1) En primer lugar, la tendencia a borrar “la distinción entre el materialismo dialéctico de Marx y el viejo, vulgar, metafísico materialismo de Helvetius, Feuerbach, etc., y a hacer una distinción entre ambos”. Plejánov, por ejemplo, se las arregla para escribir que las tesis de Marx sobre Feuerbach “no rechazan en absoluto las ideas fundamentales de la filosofía de Feuerbach; solo las mejoran… ¡las concepciones materialistas de Marx y Engels se desarrollaron en la misma dirección indicada por la lógica interna de la filosofía de Feuerbach!”. Además, Plejánov critica a Feuerbach y a los materialistas franceses del siglo XVIII por tener “una concepción demasiado idealista de la historia”.6Michael Lowy, “De la Ciencia de la Lógica de Hegel a la Estación Finlandia en Petrogrado”, Pensamiento Crítico, 3-2-2024

2) La tendencia, derivada de la primera, “a reducir el materialismo histórico a un determinismo económico mecanicista en el que lo objetivo es siempre la causa de lo subjetivo”.7Ibid

3) La tentación de reducir la dialéctica “al evolucionismo darwinista, en el que las diferentes etapas de la historia humana (esclavitud, feudalismo, capitalismo, socialismo) se suceden en un orden rigurosamente determinado por las ´leyes de la historia´”.8Ibid

4) “Una concepción abstracta y una ciencia naturalista de las leyes de la historia, sorprendentemente ilustradas por la maravillosa frase pronunciada por Plejánov al recibir la noticia de la Revolución de Octubre: ´¡Pero esto es una violación de todas las leyes de la historia!´”.9Ibid

5) Una tendencia a recaer en el método analítico, “captando únicamente objetos ´distintos y separados´ congelados en su diferencia: Rusia-Alemania, revolución burguesa-revolución socialista, partido-masas, programa mínimo-programa máximo, etc.”.10Savas M. Matsas, “La dialéctica y la revolución, ahora”, En defensa del Marxismo N° 34

Con referencia a la prioridad ontológica de la naturaleza o de la materia, ya Marx había reconocido que para él esa prioridad no estaba en cuestión. Pero “Marx va más lejos: se trata de reconocer una nueva unidad, del hombre y la naturaleza, de sujeto y objeto que se da en y por la praxis, como actividad práctica humana transformadora de la realidad natural y social. En este sentido, Marx supera tanto el idealismo que solo concibe la actividad del hombre en forma subjetiva, abstracta como el materialismo que ve el objeto como algo exterior o simple objeto a contemplar al margen de la actividad del sujeto. Tal es la distinción que Marx hace tanto del idealismo como del materialismo anterior, en su Tesis I sobre Feuerbach”.11John Rees, Lenin y la Filosofía .Capítulo 4 del libro Algebra y revolución, reproducido por Izquhierda Web, 28-03-2021 Dentro de la literatura marxista, hay quienes destacan que este rico y dialéctico ángulo de Marx no es abordado con ese mismo alcance y óptica en el Anti Duhring.

En un fundante texto del marxismo, la Introducción a la crítica de la filosofía y del derecho de Hegel, escrita por Marx en 1844, el método dialéctico de la movilización revolucionaria es presentado en forma condensada con una famosa frase: “Estas relaciones petrificadas deben ser forzadas a bailar cantándoles su propia melodía”. Tres elementos están incluidos en la frase marxiana resumiendo todo el proyecto dialéctico: “a) un reconocimiento (descubrimiento) crítico de la petrificación de las relaciones sociales históricas; b) el descubrimiento y capacidad de ´¡cántarles su propia melodía!´; c) la transformación activa de su petrificación presente en lo contrario, un movimiento rítmico, una danza de liberación. La dialéctica da cuenta del proceso en su movimiento fundando un choque y una lucha entre opuestos y de que en de su propio interior se abre paso la capacidad transformada de sujeto y que se plasma en la danza de liberación”. (léase la revolución social) 12Ibid

Lenin tiene razón cuando advierte que el “materialismo es el reconocimiento de los ‘objetos en sí’, o de los objetos fuera de la mente…pero no la tiene, o es insuficiente, si se trata del materialismo de Marx que ve al objeto como producto social de la actividad práctica humana. Y es justamente la práctica lo que Lenin deja en la sombra cuando trata de rescatar la objetividad disuelta en el idealismo de los marxistas rusos con quienes polemizaba”. Nuestros pensamientos son, de acuerdo con Lenin, “copias, fotografías, imágenes, reflejos especulares de las cosas”. No era éste el punto de vista de Marx. “De hecho, afirmaba que tal era ´la forma de ver las cosas del filisteo y del economista vulgar´ que ´surge del hecho de que lo que se refleja en sus mentes es solo la forma directa de manifestación de las relaciones y no sus conexiones interiores´. Cuando Marx explica que la ciencia es necesaria debido a que “la apariencia de la sociedad es distinta a su estructura subyacente, está señalando el hecho de que se requiere un esfuerzo conceptual para develar las causas reales del cambio, que están bajo la superficie. En la introducción a los Grundrisse, Marx explica parte de lo que implica este método: si nos guiáramos excesivamente por las sensaciones llegaríamos a tener una caótica representación de un conjunto. Una representación concreta implica dar cuenta de la totalidad en sus múltiples determinaciones y relaciones”.13Ibid

Guiarse por las sensaciones no sirve para desentrañar la anatomía de la sociedad contemporánea desde el momento en que el funcionamiento del mercado tiende a disfrazar la verdadera naturaleza de las relaciones de clase que yacen en su seno. “Es inconcebible, por tanto, que Marx pudiera haber aceptado una tosca teoría del conocimiento como copia o reflejo. Una teoría tal simplemente reproduciría la apariencia superficial de la sociedad -una concepción caótica del todo-, y no estaría por tanto en condiciones de revelar su estructura subyacente. Y esta estructura subyacente no está en simple contraposición con la apariencia superficial, sino que al develar la verdadera estructura de la sociedad se pone de manifiesto por qué la sociedad tiene la apariencia que tiene; se explica por qué apariencia y esencia son necesariamente diferentes, pero al mismo tiempo por qué la segunda da origen a la primera”. El enfoque dialéctico maneja “la relación entre teoría y realidad de un modo que no exige el abandono de una correspondencia entre ellas, pero que tampoco reduce la primera a la segunda y, en ese sentido, merece ser considerado superior a los enfoques mecanicistas. El propio Lenin asumió lo equivocado de su punto de vista e hizo un retorno al método de Marx sobre este tema en 1914. Para redescubrir ese método, Lenin tendría que volver sobre la crítica de Marx a Hegel. El estallido de la Primera Guerra Mundial y el colapso de la II Internacional fueron la ocasión para que Lenin llevara a cabo un reexamen fundamental de los orígenes del marxismo”.14Adolfo Sanchez Vazquez, El concepto de praxis en Lenin. 16-09-2015

El método dialéctico

El estallido de la Primera Guerra Mundial no sorprendió a Lenin, pero el colapso de la II Internacional resultó un golpe para él. El impactante descubrimiento de que la Internacional se había pasado al campo de la burguesía exigía no solo el desarrollo de una política internacionalista y la necesidad de una nueva Internacional, sino también una revisión de los principios fundamentales del marxismo sobre los cuales la II Internacional descansaba.

¿Qué fue lo que descubrió Lenin en su relectura de Hegel, que lo llevó a dar nueva forma a su comprensión de la dialéctica?

Es completamente imposible, según Lenin “entender El capital de Marx, especialmente el primer capítulo, sin haber estudiado a fondo y entendido toda la Lógica de Hegel. ¡Por consiguiente, después de medio siglo, ninguno de los marxistas ha entendido a Marx!” De hecho, Lenin estaba tan impactado por la fuerza del sistema de Hegel que concluyó que “el idealismo inteligente está más cerca del materialismo inteligente que el materialismo estúpido”. Pero en la reconsideración de Hegel por parte de Lenin hay mucho más que una ruptura con el pasado”.15Stathis Kouvelakis, Lenin, como lector de Hegel. Hipótesis para una lectura de los Cuadernos de Lenin sobre La ciencia de la lógica.

La clave de la dialéctica, su esencia, según Lenin “puede ser definida como la doctrina de la unidad de los contrarios”. “Así concebida es la ley de toda realidad. De acuerdo con su carácter fundamental, Lenin da al antagonismo, a la lucha, un sentido absoluto, mientras que la unidad la considera relativa”. ¿Qué distingue a la transición dialéctica de la transición no dialéctica? Su respuesta es: ´el salto, la contradicción, la interrupción de la gradualidad´. Sobre esta base, Lenin sostiene que ´las dos concepciones básicas del desarrollo´ son 1) el cambio visto como incremento o decrecimiento gradual, o repetición, o 2) el cambio como resultado de la lucha entre opuestos. En la primera concepción, la causa última del cambio permanece oculta o se atribuye a algo externo al sistema, como Dios. La solución dialéctica al problema del cambio apunta a las contradicciones internas y, por tanto, al ´automovimiento´: la concepción mecanicista vulgar es pálida, seca, inerte. La segunda es viva; solo ella proporciona la clave del ´automovimiento´ de todo lo existente; solo ella da la clave de los ´saltos´, de las ´rupturas de la continuidad´, de la ´transformación en lo contrario´, de la destrucción de lo viejo y el surgimiento de lo nuevo”.16Idem 10

En este mismo texto Lenin se preocupa de distinguir entre la evolución de acuerdo con Marx y la vigente en la socialdemocracia siendo “la idea marxista una idea de evolución ´por medio de saltos, catástrofes o revoluciones´ (la palabra clave probablemente sea ´catástrofe´); insiste en la ´dialéctica´ como ´el aspecto revolucionario de la filosofía de Hegel´, evitando la habitual diferenciación entre el método y el sistema hegeliano. Sus referencias a las Tesis de Feuerbach, parciales y distorsionadas como son, recogen un tono diferente a los analistas ortodoxos, especialmente de Plejánov. Es especialmente significativo que Lenin acabara el capítulo sobre materialismo filosófico con una referencia a la noción de ´actividad práctica revolucionaria´ que había sido rigurosamente descartada por el evolucionismo determinista de la ortodoxia. La noción de ´catástrofe´ está ciertamente ausente de esta línea de razonamiento. Resulta lógico que resurgiera con la aproximación al punto culminante del proceso revolucionario de 1917, especialmente en el trabajo de Lenin La inminente catástrofe y como combatirla”. 17John Rees, Lenin y la Filosofía. Capítulo 4 del libro Algebra y revolución.

“1789 produjo los elementos dialécticos de Hölderlin y de la fenomenología y la lógica de Hegel. La crisis europea y la Revolución de 1848 se transformaron en el primer campo para la dialéctica marxista. 1905 y la Primera Revolución Rusa fueron el lugar de nacimiento para la teoría dialéctica de la Revolución permanente de Trotsky. El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y el colapso de la Segunda Internacional condujeron a Lenin a cambiar la lógica de Hegel por una completa tradición dialéctica, comenzando desde los antiguos griegos, como una preparación teórica necesaria para la victoria de la primera revolución proletaria en 1917. La tragedia épica de la Revolución alemana de 1919 dio el impulso a las grandes contribuciones dialécticas de Walter Benjamin y Ernst Bloch. La catástrofe de 1933, con la victoria del nazismo de Hitler y la muerte política de un Comintern burocratizado, empujó a Trotsky a seguir el camino de Lenin en un nuevo estudio de la lógica hegeliana. Las Tesis sobre el concepto de Historia, escritas por Benjamín en 1940, el mayor ataque contra las antidialécticas y gradualistas concepciones de la democracia social y el stalinismo que condujeron a políticas desastrosas, fueron el anteproyecto cuando fue la ´medianoche del siglo´”.18Ibid

Al revelar las relaciones esenciales de la sociedad, se hace posible explicar también más plenamente por qué esas relaciones aparecen en una forma diferente a la de su verdadera naturaleza. “Al hacer la distinción entre apariencia y esencia, pero al insistir, a la vez, en su conexión, al subrayar la importancia de develar la estructura subyacente de los hechos, pero sin suponer que su apariencia cotidiana es en cierto modo irreal o irrelevante, a manera de ejemplo, Lenin hace referencia al movimiento de un río: la espuma en la superficie y las corrientes profundas por debajo. ¡Pero incluso la espuma es una expresión de la esencia!”.19Ibid

El conocimiento no puede escapar a esta perspectiva dialéctica impuesta por el movimiento de lo real, y el esfuerzo principal en la lectura leninista tiende precisamente a aplicar la dialéctica a la esfera de conocimiento “Pensamiento y objeto se hallan en relación, pero esta tiene que verse no como una relación estática, inerte sino ´dinámica, como un proceso, en movimiento, eterno e infinito, porque de acuerdo con el carácter absoluto de la lucha de contrarios es eterna e infinita la contradicción entre el pensamiento y el objeto´. El conocimiento es la aproximación eterna, infinita, del pensamiento al objeto. El reflejo de la naturaleza en el pensamiento del hombre debe ser entendido no ‘en forma inerte’, no ‘en forma abstracta’, no carente de movimiento, no carente de contradicciones, sino en el eterno proceso del movimiento, en el surgimiento de las contradicciones y su solución”.20Ibid

El conocimiento es una actividad, un proceso en el curso del cual se recurre a una serie de operaciones y procedimientos para transformar los datos iniciales (nivel empírico) en un sistema de conceptos (nivel teórico). “Elevándose así de lo concreto a lo abstracto, constituye por ello mismo una actividad cognoscitiva creadora. Lenin señala a este respecto que se trata de una actividad necesaria justamente para poder aproximar el pensamiento al objeto, para reproducirlo intelectualmente. ‘El pensamiento al elevarse de lo concreto a lo abstracto no se aleja -si es correcto- de la verdad, sino que se aproxima a ella’.  Es decir, la actividad del conocimiento como elevación de lo concreto a lo abstracto es condición indispensable para la reproducción intelectual del objeto”.21Ibid

Los conceptos lógicos son subjetivos en tanto permanezcan “abstractos”, en su forma abstracta, pero al mismo tiempo expresan las cosas en sí. “La naturaleza es tanto concreta como abstracta, tanto fenómeno como esencia, tanto momento como relación. Los conceptos humanos son subjetivos en su abstracción, en su separación, pero objetivos en su conjunto, en el proceso, en la totalidad, en la tendencia, en la fuente. Lenin apunta aquí a lo mismo que señalaba Marx cuando afirmaba que las ideas se convierten en fuerza material cuando son tomadas por las masas”. De hecho, el mismo Lenin escribió al observar el proceso en curso en 1917 que “las ideas se convierten en un poder cuando se apoderan del pueblo”. Esto es, llega un punto en que “la conciencia deja de ser una mera opinión subjetiva sobre el mundo e ingresa, mediante la práctica colectiva, en la conformación objetiva del mundo”.22Ibid

El papel de la práctica

El pensamiento de que lo ideal se transforma en lo real fue tan lejos como para afirmar que “la conciencia del hombre no solo refleja el mundo, sino que lo crea”.

Llegamos así al problema medular del papel de la práctica en el conocimiento.

El recurso a la práctica es crucial porque involucra “una fusión de la comprensión intelectual con la existencia objetiva. La acción humana es un acto consciente y, como tal, los seres humanos superan la abstracción del pensamiento al integrarlo a la realidad concreta e inmediata en toda su complejidad. Este es el momento en el que constatamos si el pensamiento realmente asume una forma objetiva, si realmente puede crear el mundo, o si ha captado equivocadamente la naturaleza de la realidad y es por ende incapaz de ingresar a la cadena histórica como una fuerza objetiva que, en el caso de la lucha de clases, se apodera de las masas. Esto es lo que quiere decir Lenin cuando escribe que ´la práctica es más elevada que el conocimiento (teórico), porque posee no solo la dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad inmediata´”.23Ibid

La práctica supera la distinción entre lo subjetivo y lo objetivo, así como la brecha entre esencia y apariencia y esto vale para el lugar que Lenin le asigna a un partido de combate, compuesto por militantes cuya defensa y construcción fue un rasgo distintivo y obsesivo en la trayectoria del dirigente de la Revolución de Octubre. El conjunto de la concepción de un partido que es parte de la clase trabajadora, pero con su propia fisonomía, exige una dialéctica que comprenda la unidad de los opuestos, la naturaleza esencial de la práctica y la naturaleza histórico-concreta del desarrollo.

Pero de tanto señalar los límites y defectos teóricos que se constatan en Lenin -y que el mismo admite y que van a ser superados más adelante- no se puede concluir que hay un total olvido o ausencia de la dialéctica. La interacción entre lo objetivo y lo subjetivo, el lugar que le asigna al sujeto, a saber, a la clase obrera cuya forma más avanzada y consciente es el partido revolucionario, como parte de la realidad objetiva pero también de su capacidad de transformarla ya está fuertemente presente entre las premisas que maneja Lenin. Sería injusto, por lo tanto, hablar solo de la ruptura y no de los elementos de continuidad con su pensamiento.

Lenin llama la atención contra el peligro de confundir el marxismo con el fatalismo propio del determinismo vulgar.  

“El objetivista habla de la necesidad de un proceso histórico dado; el materialista hace un cuadro exacto de una formación socioeconómica dada y de las relaciones antagónicas engendradas por ella. Al demostrar la necesidad de una serie de hechos, el objetivista corre siempre el riesgo de volverse un apologista de esos hechos; el materialista pone al desnudo las contradicciones de clase y, al hacerlo, define ya su punto de vista. El objetivista habla de ‘tendencias históricas insuperables’; el materialista habla de la clase que ‘dirige’ un sistema económico dado, dando lugar a tales y cuales formas de reacción por parte de otras clases… No se limita a señalar la necesidad de un proceso, sino que aclara qué clase exactamente es la que determina esa necesidad.(…)el materialista no se limita a constatar las ‘tendencias históricas insuperables’, sino que señala la existencia de ciertas clases que determinan el contenido de un sistema dado y excluye la posibilidad de cualquier solución que no sea por la acción de los productores mismos…el materialismo presupone el partidismo, por así decirlo, y prescribe la adopción franca y abierta del punto de vista de un grupo social concreto en cualquier evaluación de los hechos”.24Ibid

Dialéctica y partido

Este enfoque dice mucho acerca de cuánto ganó Lenin en lo teórico a partir del valor que le otorga al sujeto actuante encarnado en la lucha práctica por construir un partido revolucionario militante, abusar del objetivismo -según lo advertía Lenin- conduce a la pasividad. La lucha de los trabajadores no empuja espontáneamente a la revolución. De allí, que tempranamente ya Lenin salió a combatir sin vacilaciones al economicismo destacando que las condiciones objetivas no llevan automáticamente a una transformación revolucionaria El proletariado como clase en sí tiene una conciencia tradeunionista. Para pegar un salto y transformarse en una clase para sí, es decir, que asume sus objetivos históricos y no solo inmediatos, la clase obrera debe estructurarse como fuerza política independiente, o sea, como partido, lo cual está reservado para su fracción más consciente y aguerrida. Lenin establece una distinción entre el proletariado como un todo, que tiene un carácter heterogéneo y está atravesado por diferentes tendencias de su vanguardia revolucionaria. Lenin en definitiva hace una diferenciación entre clase y partido, y habría que agregar entre el propio partido y su dirección… La clásica premisa sintetizada por Kautsky de que la conciencia venia desde afuera fue recogida y reivindicada por Lenin, pero, aun en este caso, el ángulo de ambos ya contiene diferencias como señala incisivamente el marxista francés Daniel Bensaid no es exactamente el mismo.

Dice Bensaid: “Lenin tantea y no siempre mide el alcance de sus propias innovaciones. Así, creyendo parafrasear un texto canónico de Kautsky, lo modifica de forma esencial. Donde Kautsky escribe que ‘la ciencia’ llega a los proletarios ‘del exterior de la lucha de clases’ introducida por los ‘intelectuales burgueses’, Lenin traduce que ‘la conciencia política (no la ciencia) viene del exterior de la lucha económica’ (y no de la lucha de clases que es tanto política como social), llevada no por los intelectuales en tanto categoría sociológica, sino por el partido en tanto actor específico”.25Daniel Bensaid, extraído de “Lenin en el siglo XXI”, Roberto Sáenz, 23-01-2022, Izquierda Web.

Efectivamente, la redacción de Lenin en el ¿Qué hacer? puede aparecer -para los que lo lean formal y superficialmente- como “contradictoria”. Citando “textualmente” a Kautsky, dice Lenin: “Pero no es el proletariado el portador de la ciencia, sino la intelectualidad burguesa (…) de modo que la conciencia socialista es algo introducido desde afuera en la lucha de clases del proletariado”. Sin embargo, más adelante dice algo muy distinto: “la convicción de que se puede desarrollar la conciencia política de clase de los obreros desde adentro, por así decirlo, de su lucha económica, o sea, tomando solo (o por lo menos, principalmente) esa lucha como punto de partida, y basándose solo (o por lo menos, principalmente) en esa lucha (…) es falsa de raíz (…). La conciencia política de clase solo puede llegar al obrero desde el exterior, es decir, desde un campo ubicado fuera de la lucha económica, al margen de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera de la que se pueden extraer estos conocimientos es la de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre sí (…). Para dotar de conocimientos políticos a los obreros, los socialdemócratas deben ir a todas las capas de la población, deben enviar a todas partes los destacamentos de su ejército”. Es decir, la definición de Lenin, en realidad, a lo que apuntaba, es a que la adquisición de la conciencia socialista debía provenir no desde afuera de la clase obrera como totalidad compleja (lo que incluye al partido), sino desde afuera de la mera lucha económica reivindicativa, lo que es muy distinto.26Ibid

La adquisición de la conciencia “requiere una elaboración de la experiencia, que no puede ser procesada de manera simple, mecánica y directa por el conjunto de la clase (ni siquiera por el conjunto de la vanguardia) sino que exige la mediación de algún elemento que tenga acumuladas o incorporadas las herramientas para esa elaboración (adquisición de la conciencia): esto es, el partido como una síntesis específica de la teoría y la práctica de la lucha de clases histórica”. La pertinencia del pensamiento de Lenin tiene que ver, entonces, con la comprensión de que “la conciencia plena acerca de la propia acción y las condiciones de la acción socialista, requiere -insistimos- de una elaboración. Y esta elaboración, que a la vez alude a una imposibilidad de explicar la conciencia como mero reflejo o copia de la realidad, precisamente señala el rol del partido en su relación metabólica con la clase y la lucha de clases”.27Ibid

Obviamente, lo aquí señalado no significa restarle relevancia al cambio operado en el arsenal teórico de Lenin a partir del redescubrimiento de la dialéctica. Este hecho es inseparable de la bancarrota de la II Internacional, que provocó un verdadero terremoto en el movimiento socialista y obligó a hacer una revisión integral de su existencia, incluidas sus bases teóricas e ideológicas. No es casualidad que esa revalorización de Hegel y la dialéctica coincidieran con el comienzo de la guerra y la hecatombe de la Internacional. Por supuesto no puede hacerse un fetiche de la dialéctica. Nada puede sustituir al análisis concreto de una situación concreta y de esto Lenin era más consciente que nadie. En los grandes pasos, acciones e iniciativas que marcaran un rumbo estratégico confluyen una multiplicidad de factores, pero, entre ellos, también hay que agregar este salto en la comprensión de la teoría marxista. Recordemos que una de las frases del dirigente de la Revolución de Octubre era que sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. El enfoque dialéctico que Lenin pasa a reivindicar fervientemente está presente en el rechazo a definir el carácter de la Revolución rusa por su atraso semifeudal, en la mecánica de la revolución que conduce a su transformación interna de revolución democrática en socialista, en su abordaje de las contradicciones insalvables del capitalismo que lo llevan al colapso y a la guerra mundial, en el planteo de transformar la guerra imperialista en guerra civil, o sea, en su opuesto y en el naufragio de la II Internacional… Y en general, pasa a ser una valiosa herramienta que puede percibirse en cada uno de los avatares e instancias de la lucha de clases y de la que tuvo que hacer frente previamente, durante y a posteriori de la Revolución de Octubre.

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