La política del “Militant Labour”


La comente Militant, que tiene su mayor sección en Gran Bretaña, ha tenido una historia de adaptación al reformismo y al imperialismo ‘democrático’ británico. Durante décadas estuvo profundamente enclavada dentro del Partido Laborista, donde tuvo lugar gran parte de esta adaptación. En lugar de influenciar a la izquierda laborista, la izquierda laborista influenció a Militant. El entrismo era una táctica sólo temporaria, insistía Trotsky en La crisis de la sección francesa, un folleto que sacaba las enseñanzas del ‘viraje francés’ el primer ejemplo de entrismo en Francia en los años 30. Militant, por el contrario, transformó al entrismo de una táctica en una estrategia de largo plazo, en un principio. La adaptación al reformismo fue el resultado inevitable de décadas de tal entrismo. El panfleto de Militant “Qué nos proponemos”, declara solemnemente hasta el día de hoy que “una transición pacífica al socialismo es enteramente posible en Gran Bretaña”. Militant también levanta la consigna “del control de la policía por la comunidad”, como si la policía capitalista pudiera ser democráticamente controlada bajo el capitalismo. También plantean que la policía debería tener su propio sindicato, cuyo primer reclamo sería, cabe presumir, más policías, más armas y más equipo antidisturbios.


 


Igualmente graves fueron las posiciones adoptadas por Militant sobre cuestiones relacionadas con el imperialismo británico: Irlanda y Malvinas. Sobre Irlanda, Militant adoptó una línea que se adaptaba a la clase obrera ‘leal’ (protestante) en el norte de Irlanda, que busca mantener la división de Irlanda y la unión con Gran Bretaña. Militant fracasó en ver la importancia de la cuestión nacional, cuestión impulsada por la población nacionalista (católica), así como las reivindicaciones democráticas que planteaba. Estas incluían poner fin a la discriminación contra los católicos en el empleo y la vivienda, acabar con los arreglos fraudulentos de las circunscripciones electorales a favor de los protestantes, el fin de la represión del ejército británico y, lo que es más importante, el fin a la partición de Irlanda. Para Militant, la cuestión clave era “unificar a la clase trabajadora” que estaba dividida por la cuestión nacional. Pero querían lograrlo ignorando la discriminación contra los católicos y las reivindicaciones democráticas que de la misma surgían. Culpaba por la desunión a los paramilitares de ambos bandos por igual: al antiimperialista Ejército Republicano Irlandés (IRA) y a la proimperialista protestante Asociación de Defensa del Ulster (UDA). El ala política del IRA, Sinn Fein, que permite el ingreso de protestantes disidentes, era puesto al mismo nivel que los escuadrones asesinos, *leales’ y semifascistas. Ambos eran descriptos, en la prensa de Militant, como “los fanáticos”.


 


El error de Militant fue su fracaso en reconocer que la clase obrera sólo podía unirse en tanto se terminara con la partición y la discriminación contra los católicos. Los trabajadores ‘leales’ son una aristocracia obrera privilegiada que actúa como bastión del imperialismo británico en Irlanda. Tienen los empleos buenos en la industria manufacturera, tales como los astilleros Harland y Wolf, y la fábrica de aviones Shorts. Mientras' tanto, los ghettos católicos sufren tasas masivas de desocupación. La minoría de católicos que consigue trabajo es empleada en el sector de servicios, mal pago. Esto significa que los obreros protestantes privilegiados controlan el movimiento sindical, que es administrado desde Inglaterra. Los sindicatos del sur de Irlanda, basados en Dublin, organizan a algunos católicos en el norte, pero sólo a una minoría de trabajadores sindicalizados.


 


Sin embargo, el aspecto más controvertido de la práctica de Militant en Inglaterra, Escocia y Gales, fue su tendencia a denunciar públicamente al IRA en términos similares a los de los medios de comunicación británicos. Los miembros del IRA eran simplemente “terroristas”, “asesinos”, “fanáticos”, sin el más mínimo rasgo de solidaridad con un movimiento nacionalista pequeño-burgués acosado, combatido, que lucha contra el imperialismo británico. Esto se verificaba particularmente cuando los atentados del IRA tenían lugar en Inglaterra. Los trotskistas británicos tienen en una situación difícil. No se trata de justificar la política y la estrategia equivocadas de un movimiento nacionalista pequeño-burgués, sino que los trotskistas en la nación opresora deben defender el derecho de un movimiento de liberación nacional a luchar por liberarse del imperialismo. Como decía Trotsky en 1930, los socialistas británicos que fracasan en ayudar, por todos los medios posibles, a la resistencia armada de los movimientos de liberación colonial en Irlanda, India y Egipto, “merecen ser marcados con la infamia, o con una bala”. Militant siempre fracasó profundamente en el cumplimiento de este deber.


 


Durante la guerra de Malvinas, Militant (que significativamente aún se refiere a las islas como “Falkland”) tuvo una posición realmente despreciable. Convocaban a “una guerra obrera contra Argentina” para “restaurar la autodeterminación” de los habitantes de las islas Falkland. Hasta el día de hoy no se han autocriticado públicamente de esta traición.


 


La línea estratégica del entrismo en el Partido Laborista fue implementada a finales de los ’60 y en los ‘70, cuando el Partido Laborista estaba moribundo y carente de una verdadera ala izquierda. El grupo Healy, también estaba en el Partido Laborista a fines de los ’50 y principios de los ’60. El grupo Healy fue expulsado del Partido Laborista, llevándose consigo virtualmente a la totalidad de la juventud del partido en 1964. El rol de Grant (jefe de Militant) en esta expulsión fue siempre considerado por Healy como dudoso: se abstuvo en la votación para expulsar a los seguidores de Healy. Grant permaneció en el Partido Laborista por muchos años, desde mediados de los años 60 y 70, cuando las oportunidades de construir una base de izquierda eran mínimas. El grupo Militant siguió siendo marginal. Mientras que la corriente Capitalismo de Estado del International Socialist-Socialist Workers Par-ty (IS-SWP), que operaba fuera del Partido Laborista en los sindicatos y en el movimiento estudiantil, había crecido de varios centenares en 1968, a dos-tres mil integrantes hacia mediados de los "70, el Militant se las había arreglado sólo para crecer a doscientos miembros en el mismo período. El período posterior a 1968 fue una etapa de radicalización estudiantil y militancia sindical, cuyo ejemplo más obvio fueron las dos huelgas mineras triunfantes de principios de los ’70. La segunda huelga minera derribó al gobierno conservador en 1974 y en su lugar fue elegido un gobierno laborista. Esto indicaba claramente las enormes posibilidades de construir el trotskismo fuera del Partido Laborista.


 


Sin embargo, las traiciones del gobierno laborista de 1974-79 y su derrota electoral a manos de Thatcher en 1979, condujeron a una poderosa radicalización dentro de la izquierda laborista. Los parlamentarios de la derecha laborista cayeron víctimas de las reglas recientemente adoptadas que ordenaban la reselección obligatoria de los miembros del parlamento. El movimiento encabezado por Tony Benn (izquierda del laborismo) creció de la noche a la mañana, mientras que el resto de la izquierda trotskista entraba al Partido Laborista y hasta conseguía que sus miembros fueran elegidos concejales laboristas en muchas localidades. El Concejo del Gran Londres eligió al bennita Ken Linvingstone como su líder. En Liverpool fue elegido un concejo laborista que tenía una gran minoría compuesta de partidarios del Militant. Un municipio obrero en Londres, Lambeth, eligió a un simpatizante de Healy como su líder. Militant también obtuvo dos miembros del Parlamento elegidos sobre una plataforma laborista. Militant tomó el control, a nivel nacional, de la Juventud Socialista del Partido Laborista (LPYS).


 


En este período fue tácticamente adecuado para los trotskistas desarrollar una operación táctica de entrismo a corto plazo. Otros grupos trotskistas, aparte del Militant, entraron efectivamente al Partido Laborista, pero sin una perspectiva clara. Se adaptaron al movimiento bennita, y en lugar de ver la entrada como una táctica a corto plazo, su permanencia en el Partido Laborista continuó indefinidamente —mucho tiempo más de lo apropiado. Aunque sea necesario para los trotskistas tener una fracción (una minoría) de sus miembros en el Partido Laborista en todo momento, un entrismo general de todos sus miembros por un tiempo indefinido conduce inevitablemente a la adaptación y a la degeneración centrista.


 


Militant, que había estado en el Partido Laborista por más tiempo, estaba mejor colocado para sacar ventaja de la radicalización dentro del Partido Laborista. Reclutó a un gran número de jóvenes obreros durante los años 80 a través de su control de la Juventud Socialista del Partido Laborista. A fines de los 80, se estimaba que Militant tenía alrededor de 8.000 miembros. El SWP, que se había quedado afuera del Partido Laborista, por su sectarismo, había permanecido estancado en alrededor de 3.000. A mediados de 1980, sin embargo, Militant se había desacreditado en el Concejo Municipal de Liverpool. Cuando los concejales fueron amenazados con la prisión por no adoptar un presupuesto legal que hubiera significado cortes en los servicios públicos maniobraron. A fin de evadir la acción legal por parte del gobierno nacional, enviaron notificaciones de despido a todos los empleados del Concejo municipal. Militant explicó que no había sido su intención implementar las notificaciones de despido, y que éstas habían sido pensadas sólo como una táctica para evadir la ley. Pero la visión de los miembros de Militant montados en taxis alrededor de todo Liverpool, entregando las notificaciones de despido en cada lugar de trabajo, los desacreditó de la noche a la mañana. Los trabajadores, hasta ese momento, habían apoyado al Concejo en su resistencia contra el gobierno. Pero esta acción los desmovilizó. Los concejales fueron multados y removidos de sus cargos con escasa resistencia por parte de la clase trabajadora.


 


Este retroceso permitió al ala derecha de la dirigencia laborista iniciar una caza de brujas contra Militant y otros trotskistas. Los miembros de Militant fueron expulsados en número cada vez mayor, a la vez que las posibilidades de trabajar en el Partido Laborista se vieron considerablemente reducidas. Al mismo tiempo, un desarrollo paralelo tenía lugar fuera del Partido Laborista. Thatcher, en un exceso de confianza, se excedió al anunciar el ‘poli tax’. Esta propuesta consistía en establecer la misma tarifa de impuestos locales para toda la población, sin tener en cuenta los ingresos, mientras que hasta ese momento se aplicaban sobre los mismos. Militant era ahora la organización más grande y conocida de la extrema izquierda en Gran Bretaña. Fácilmente pudo controlar el poderoso movimiento contra el poli tax, el cual evolucionó rápidamente contra el gobierno de Thatcher. Este movimiento culminó en una masiva demostración en Londres, que se convirtió en una lucha callejera contra la policía, con saqueos a comercios. Este fue un factor importante en el retroceso de Thatcher, en la medida en que los parlamentarios conservadores se dieron cuenta que este impopular impuesto les haría perder las elecciones generales siguientes a menos que se libraran de la Thatcher como líder. Fue derribada como líder del Partido Conservador poco tiempo después. El Partido Laborista se opuso al movimiento contra el poll-tax, ya que éste amenazaba con afectar los ingresos de los concejos locales mediante la organización de una campaña masiva por el no pago de los impuestos locales. Aunque Militant dirigió el movimiento contra el poli tax, lo hizo en forma burocrática. Luego de los disturbios en Londres, un dirigente de Militant apareció en una entrevista televisiva denunciando a los saqueadores jóvenes y amenazando con informar a la policía los nombres de los revoltosos saqueando comercios, etc. Militant bloqueó cualquier otra demostración nacional porque sabía que no podría controlarla.


 


Sin embargo, el movimiento contra el poli tax llevó a muchos jóvenes trabajadores de Militant a reconocer que existían posibilidades de construir un movimiento trotskista por fuera del Partido Laborista. Dado que la caza de brujas en el Partido Laborista iba ‘in crescendo’, se tomó la decisión de abandonar el entrismo y organizar un partido independiente —Militant Labour— que se presentó contra el Laborismo en las elecciones. Esto, sumado a diferencias en torno al significado de los sucesos de 1989 en Europa Oriental, causó una desastrosa escisión en Militant y sus aliados internacionales. El líder de Militant, Grant, se opuso a abandonar el Partido Laborista, pero convenció sólo a una minoría. Una minoría mucho más amplia, integrada por muchos jóvenes, rompió con el Partido Laborista y fundó Militant Labour, dirigido por Peter Taafe. Pero la mayoría de sus miembros, desmoralizada por la ruptura, renunció. Militant Labour pasó, de la noche a la mañana, de contar con 8.000 miembros a alrededor de 1.000. Grant retuvo a alrededor de doscientos.


 


Parte de la crisis de Militant fue causada por las derrotas sufridas por la clase trabajadora bajo el thatche-rismo, especialmente la desfavorable situación que se abrió en el movimiento obrero a partir de la derrota de la huelga minera en 1984-85. La clase obrera estaba a la defensiva y se había producido un agudo derrumbe en la afiliación sindical. Otro factor fue la caza de brujas que forzó a Militant a adoptar un profundo ‘giro’, que provocó la escisión y la catastrófica pérdida de militantes. A esto se sumó la desmoralización causada por los sucesos de Europa oriental. Era una situación difícil para la izquierda en general.


 


Desde principios de los ’90, Militant Labour (Taafe) se estabilizó hasta cierto punto a través del trabajo con la juventud anti-racista y los éxitos electorales en Escocia. Ha jugado un rol crucial en sacar de las calles a los fascistas. Ha derrotado constantemente al Partido Laborista en las elecciones de los concejos locales en Glasgow y podría convertirse pronto en el segundo partido más grande en el concejo de Glasgow después del Partido Laborista. Es bastante fuerte numéricamente en Escocia en general. Es más débil en Inglaterra y Gales. Es demasiado débil para presentarse seriamente como una alternativa al Partido Laborista a nivel nacional. Al mismo tiempo, Grant ha progresado muy poco en el Partido Laborista, que se ha movido claramente hacia la derecha. La izquierda laborista se ha desmoronado.


 


Pero para Militant ha resultado difícil competir con el capitalista de Estado SWP, que estaba mejor posicionado en el ambiente externo al Partido Laborista para capitalizar la modesta radicalización de la juventud alrededor del anti-racismo, el antifascismo y el trabajo estudiantil. El SWP comenzó a crecer nuevamente en el momento en que Militant sufría su catastrófica escisión. Actualmente, el SWP cuenta con alrededor de 5.000-6.000 miembros y está mejor organizado, a la vez que es más efectivo como grupo de propaganda.


 


Sin embargo, Militant Labour (Taafe) ha venido evolucionando muy lentamente hacia la izquierda en algunas cuestiones y ha perdido algo de su sectarismo en su actitud hacia el resto de la izquierda trotskista. Bajo Grant, Militant se rehusó a cooperar con el resto de la extrema izquierda, a la que se refería en forma despreciativa, caracterizándola duramente como las “pequeñas sectas irrelevantes en los márgenes del movimiento obrero”.


 


Actualmente, Militant participa en campañas conjuntas con otros grupos de izquierda. Si bien nunca participaría en manifestaciones de solidaridad con el IRA en Gran Bretaña, en los últimos tiempos —a partir de la escisión—, defendió a dichas manifestaciones contra los ataques que sufrían por parte de los fascistas. Además, como ya hemos señalado, la juventud de Militant ha comenzado a participar, y de hecho a jugar un rol dirigente, en la tarea de echar a los fascistas fuera de las calles de Londres. En el pasado, se hubieran abstenido de realizar tal trabajo. En cuestiones de opresiones específicas (mujeres, lesbianas y gays, etc.), han dejado de verlas como un reducto de la “izquierda a la última moda” para pasar a adoptar una actitud más seria al respecto. Militant, por ejemplo, ha liderado una campaña contra la violencia doméstica contra las mujeres.


 


 


En cuestiones de “transición pacífica” e imperialismo, sin embargo, han habido pocas modificaciones.


 


En la situación actual, existe una cantidad de otros desarrollos importantes. El líder minero Arthur Scargill, quien dirigió una dura, encarnizada e infructuosa huelga minera de un año de duración contra el cierre de las minas, ha renunciado al Partido Laborista luego de que éste anulara su compromiso a favor de la propiedad pública. Este compromiso estaba incorporado en la eliminada Cláusula 4 de la constitución del Partido Laborista. Scargill lanzó un nuevo partido, el Socialist Labour Party (SLP), como una alternativa electoral al Partido Laborista. Este partido es apoyado por miembros de la National Union of Mineworkers —Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros (NUM), que perdió a la mayoría de sus miembros cuando la industria del carbón fue diezmada en 1985, y es ahora muy pequeño. No queda claro en la actualidad si el NUM está apoyando oficialmente al SLP, pero con certeza la base de Scargill en el sindicato lo está haciendo. El movimiento trotskista está dividido en torno a esta cuestión. Los hay como el mandelista International Socialist Group (ISG), que abogan por permanecer en el Partido Laborista y denuncian al SLP por abandonar la lucha dentro del mismo. Sostienen que los trotskistas no deberían participar en el SLP. Cometen un error sectario con respecto a este partido.


 


Y los hay aquellos como Militant Labour, que sostienen que el Partido Laborista está transformándose de un partido obrero basado en los sindicatos a un partido burgués similar al Partido Demócrata de los EE.UU. Militant sostiene que este proceso está virtualmente concluido, que el Partido Laborista está ‘acabado’y que los trotskistas no tienen nada que hacer con él, lo cual también constituye un error. Si bien es verdad que la dirección de Blair en el Partido Laborista está tratando de lograr una ruptura con los sindicatos, ésta aún no está concluida, y el Partido Laborista continúa siendo un partido “burgués-obrero”, como lo describió Lenin. Los mandelistas tienen razón en cuestionar este punto.


 


La posición correcta es que aún es necesario mantener una fracción (una minoría) de los miembros de cualquier organización trotskista dentro del Partido Laborista, pero no al total de sus miembros (el entrismo no debe ser general). Al mismo tiempo, es un error ignorar al SLP, que tiene el potencial para convertirse en un amplio partido de centroizquierda. Militant hace bien en saludar la evolución del SLP, aun cuando sea un error ignorar completamente al Partido Laborista. La flexibilidad táctica, como bien sostenía Lenin, es la clave del éxito. En la situación actual, es necesario tener una fracción en el Partido Laborista y una fracción en el SLP. Pero si el SLP adoptara un giro a la izquierda y desarrollara lazos orgánicos con los sindicatos, podría ser necesario concentrar temporariamente todas las fuerzas trotskistas en él, como una táctica de corto plazo para intentar ganar al partido, o a su ala izquierda, a la política trotskista. Las actitudes hacia el SLP, de parte del pequeño movimiento trotskista británico, dominado durante mucho tiempo por la lógica formal anglosajona, están muy polarizadas. Resulta difícil persuadirlo a adoptar una aproximación dialéctica cuando las cosas son vistas en blanco y negro, en términos formalistas: “o el Partido Laborista o el SLP”.


 


Militant ha solicitado unirse al SLP, pero Scargill ha dicho hasta ahora que ésta, o cualquier otra organización de extrema izquierda, pueden unirse al SLP sólo como miembros individuales, no como una tendencia organizada, lo cual Militant se ha rehusado a hacer. En consecuencia, se ha abierto una impasse que no ha sido resuelta hasta ahora. Scargill confía en la demagogia populista y en su pasada reputación, ganada en la conducción de la histórica huelga minera de 1984-85. Existe el peligro de que el SLP se convierta en una organización burocrática de culto a Scargill, carente del tipo de régimen interno abierto necesario para que los trotskistas intervengan eficazmente.


El Partido para la Refundación Comunista en Italia y la Izquierda Unida en España son ejemplos de esta evolución, que permite el espacio necesario para que las organizaciones de extrema izquierda participen en ellos. Queda por verse si el SLP evoluciona hacia ese tipo de partido. Si se unieran a él una gran cantidad de obreros radicalizados, probablemente Scargill sería incapaz de controlarlo completamente.


 


Al mismo tiempo, existen algunos contactos interesantes entre Militant y la mayoría internacional de USFI. El dirigente de la sección británica de USFI, Phil Hearse, que fue miembro del Comité de USFI, se pasó recientemente a Militant. Militant reclutó fuerzas también dentro de las secciones juveniles francesa y sueca de USFI. Actualmente, la mayoría internacional de la mandelista USFI está llevando a cabo negociaciones con la tendencia internacional de Militant, el Comité por una Internacional de Trabajadores (Committee for a Workers’ International/CWI).


 


La mayoría internacional de USFI tiene la misma visión que Militant acerca de la situación europea actual, previendo escisiones de izquierda dentro de los partidos obreros de masas, tales como el SLP. La nueva mayoría, recientemente electa, de la sección británica de la USFI, rechaza este análisis y aboga por permanecer en el Partido Laborista, ignorando al SLP, rehusándose también a establecer negociaciones con Militant. Por otra parte, una pequeña minoría de partidarios de la USFI británica, ligada a la mayoría internacional, ha colaborado con Scargill en el lanzamiento del SLP y lo está apoyando en su oposición a que Militant se una al SLP como una tendencia organizada. Han establecido una relación francamente oportunista con Scargill, actuando como sus serviles lugartenientes. Queda por ver si su actitud hacia Militant cambia en caso de que tenga lugar una fusión entre Militant/CWI y la USFI.


 


Es así que Militant encarna en forma extrema las fortalezas y debilidades históricas del trotskismo británico. Tuvo más éxito que cualquier otra comente trotskista en implantarse profundamente en el movimiento obrero y la juventud trabajadora. Pero lo hizo a un costo político muy alto, adaptándose al reformismo y a la ideología imperialista democrática británica. Traicionó a la clase obrera argentina en un momento crucial, de guerra contra el imperialismo británico. De esta manera, al igual que la clase obrera británica en general, fue relativamente fuerte en el brazo, pero profundamente débil, políticamente, en la cabeza. El trotskismo británico opera en el corazón del monstruo imperialista, donde la clase obrera se encuentra en una situación relativamente confortable, gracias a las migajas de las enormes ganancias imperialistas, en comparación con los extremos de pobreza a los que están sometidos los trabajadores en el Tercer Mundo. Resulta difícil, en los mejores momentos, reclutar obreros para las posiciones revolucionarias. Luego de años de marginalidad de la extrema izquierda, en algunos momentos, ciertos sectores del trotskismo se impacientan e intentan tomar atajos en la construcción del partido, adaptándose al atraso de los trabajadores británicos. Este fue el error, históricamente, de Militant. Pero esto no significa que debamos darlos totalmente por perdidos. Es necesario luchar con ellos. Es por esto que necesitamos regenerar la Cuarta Internacional como un partido genuinamente mundial, centralista democrático e internacional. Esta internacional podría poner freno a las desviaciones nacionalistas producto de las presiones chauvinistas, como aquellas que se pusieron en evidencia en Militant durante la guerra de Malvinas.


 


Enero de 1996

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