Sobre el film “Tierra y Libertad”

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El último film de Ken Loach ha sido una verdadera bomba en el desolador panorama político de la izquierda española. “Tierra y Libertad" ha demostrado que la guerra y la revolución, a pesar de haber transcurrido cerca de sesenta años, siguen estando presentes en la realidad de este país. Loach ha rescatado para el público, y especialmente para la juventud y los trabajadores, una página de la historia que conscientemente ha sido olvidada por la ‘historia oficial’.


La prueba de su excepcional importancia han sido los histéricos ataques procedentes de algunas de las viejas figuras del stalinismo español y también de la prensa del Partido Comunista. La patética protesta de Santiago Carrillo, antiguo secretario del PCE, reconvertido ahora a la socialdemocracia, se dejó oír en las páginas de la prensa, acusando al director de cine británico de no haber comprendido la verdadera naturaleza ‘antifascista’ de la guerra civil española. En las páginas de 'Mundo Obrero’ tampoco han faltado las críticas contra Loach, por haberse atrevido a cuestionar el mito revolucionario del PCE. Los enterradores de la revolución todavía pretenden mentir para eludir sus responsabilidades.


 


¿Guerra antifascista o revolución socialista?


 


La historia la escriben los vencedores. La singularidad de la revolución española es que no fue vencida por el ejército de Franco, sino por sus enemigos en el campo republicano. Si nos atenemos a la ‘historia oficial’, se redujo a un conflicto armado entre demócratas y franquistas, ocultando o menos preciando la importancia del fenómeno revolucionario en el mismo. Loach tiene el mérito indiscutible de haber desenterrado esta 'historia maldita’ y haberla acercado al público en general. El director de cine británico desmonta piedra a piedra el mito de la 'guerra antifascista’ detrás del que, gran parte de la ‘izquierda’ (que ahora descubre las maravillas del capitalismo y de la democracia burguesa) pretendió esconder su traición a una revolución social que los obreros y los campesinos pobres habían puesto en marcha espontáneamente. Los ataques de Carrillo contra el film no tienen desperdicio:


“Desde mi punto de vista, éste es el primer error del filme (se refiere a la asamblea donde los campesinos deciden sobre las formas de explotación de la tierra), pues comienza a situar aquí la ruptura entre revolucionarios y no revolucionarios, en una guerra antifascista, en la que era necesario el concurso de todos” (1).


 


Carrillo acusa a Loach de tergiversar la naturaleza antifascista de la guerra civil. El ‘antifascismo’ se convierte en sus manos en un instrumento para camuflar el carácter socialista de la revolución española. El ‘antifascismo’ de Carrillo no explica el triunfo revolucionario en las principales ciudades españolas frente al ejército sublevado. Tampoco explica el rápido hundimiento de la ficción republicana que ya no representaba a ninguna clase social. El ‘antifascismo’ silencia la monumental obra espontánea de los trabajadores: la ocupación y la gestión obrera de las fábricas; la colectivización de los latifundios llevada a cabo por el campesinado sin tierra; la formación de comités locales y Juntas revolucionarias que se transformaron en embriones de un verdadero Estado obrero, la formación de patrullas y de milicias que se enfrentaron desde los primeros momentos a un ejército convencido de que la sublevación iba a ser un simple paseo triunfal. Nada de esto consigue explicar el ‘antifascismo’ stalinista, y no es capaz de hacerlo porque el PCE fue la principal arma de la reacción republicana para aplastar al movimiento revolucionario. La revolución socialista española se había convertido en una grave amenaza para la tiranía despótica de Stalin, porque no estaba dispuesta a dejarse controlar por sus servidores incondicionales al estilo de Carrillo. Femando Claudín la calificó magistralmente de ‘revolución inoportuna’, porque ponía en peligro el juego de alianzas que el stalinismo pretendía tejer con el imperialismo ‘democrático’ para contrarrestar la amenaza fascista (2). El miedo ‘antifascista’ utilizado por el stalinismo desde los comienzos de la revolución española buscaba el sometimiento de los trabajadores a los intereses ‘democráticos’ de la República, es decir, la renuncia a sus aspiraciones socialistas, a cambio de una alianza con una burguesía que se había pasado en bloque al campo franquista. El triunfo de la diplomacia internacional del Kremlin exigía la muerte de la revolución, y ésa fue la criminal tarea a la que se lanzaron entusiastamente sus peones en España. Detrás de los ataques de personajes tan miserables como Santiago Carrillo, todavía resuenan los ecos siniestros de la prensa stalinista:


“En Catalunya, la eliminación de los trotskistas y de los anarcosindicalistas ya ha comenzado: será llevada a término con la misma energía que en la URSS”(3).


 


'Tierra y Libertad’


 


La verdad es revolucionaria, y tarde o temprano —a pesar de las numerosas escuelas de falsificación de la historia que existen y han existido— acaba por prevalecer. La película de Ken Loach forma parte de esta búsqueda por conocer la verdad sobre uno de los pasajes más polémicos y oscuros de la historia de España. Loach refleja esta búsqueda a partir de la nieta del protagonista, David, que reconstruye las experiencias de su abuelo, a través de un puñado de cartas y recortes de periódico que éste guardaba en una vieja maleta.


 


El espectador no debe buscar un film que describa la guerra y la revolución en su totalidad. Si fuera éste el objetivo de Loach, no tendría explicación la importancia inusitada que le da al POUM, una pequeña organización comunista antiestalinista, que jugó un papel secundario frente a las grandes organizaciones del movimiento obrero español: el anarcosindicalismo y la social-democracia (4). ‘Tierra y Libertad* es una aportación mucho más modesta —aunque no por ello menos importante—, es una historia dentro de la historia. A través de ella, asistimos extasiados al esplendor de la revolución y también a su decadencia.


 


Con este film, Loach ha hecho un valiente homenaje, lleno de esperanza, a todos los revolucionarios que participaron en la guerra, no sólo contra el fascismo, sino también para construir una sociedad más justa. Loach rescata del olvido a los primeros internacionalistas que lucharon en la guerra, anarquistas, trotskistas, comunistas… que combatieron la sublevación franquista, mucho antes de que llegaran las primeras brigadas internacionales (5).


 


‘Tierra y Libertad’ es la historia de David, un joven militante comunista inglés, trabajador en paro, que decide abandonar su país para luchar en España contra el ejército de Franco. El verdadero sentido del internacionalismo revolucionario queda reflejado en estas imágenes. Para David, en la guerra de España está en juego mucho más que el destino de este país, está en el aire el futuro de las libertades democráticas del movimiento obrero internacional, amenazadas por el auge del fascismo en Europa. David no lo hace en nombre de la caridad pequeño burguesa, sino de la solidaridad y de la hermandad entre los trabajadores de todos los países; consciente de que una derrota de la dase obrera española es también su propia derrota.


 


David se incorpora a la revolución al traspasar la frontera francesa. El clima que se respira en el tren colectivizado es el de la camaradería de los que se saben luchadores por un mismo sueño. Aunque militante del Partido Comunista británico, David acabará incorporándose por casualidad a las filas del POUM. El film es también la historia de su evolución política, al descubrir que su partido ha dejado de ser revolucionario, para convertirse en un peón de la diplomada del Kremlin. Su evolución no se hace sin resistencias y vacilaciones. Todo su antiguo mundo se hundirá ante la mida realidad de la guerra de España.


 


Los personajes femeninos están cargados de una fuerza especial. A través de ellos, el espectador sigue los pasos de la revolución. La mujer deja de ser el descanso del guerrero, o un bello adorno, como ocurre en tantas y tantas películas. Maite y Blanca son revolucionarias que luchan en las trincheras, sin esperar ningún trato especial por su condición de mujer. Luchan, discuten y dan sus opiniones políticas, que son escuchadas con respeto por sus compañeros de ideas y de armas. Cuando la revolución empieza a declinar, las milicias se verán obligadas progresivamente a integrarse en el Ejercito Popular. Maite y Blanca quedarán relegadas de nuevo a los roles que la sociedad burguesa destina a las mujeres. Tendrán que limitarse a ejercer de enfermeras o de cocineras, para no tener que abandonar las milicias.


 


‘Tierra y Libertad’ nos revela aspectos fundamentales que nos pueden ayudar a comprender la naturaleza socialista de la revolución española. El capítulo más emblemático es el de la asamblea que se realiza en un pueblo aragonés recién liberado. Los campesinos y milicianos discuten el futuro de la tierra y deciden mayoritariamente su colectivización. La mayor parte de los actores que participan en la asamblea son verdaderos campesinos del pueblo donde se filmó la película y que se ofrecieron a colaborar como extras. El intenso y fresco debate que de esta forma Loach consigue tiene una carga de espontaneidad que ningún guión habría podido conseguir. Los obreros y el campesinado pobre colectivizaron espontáneamente las fábricas, los talleres, las minas y la tierra, sin esperar las directrices de ningún partido o sindicato. ¿Puede haber una prueba más palpable de la naturaleza socialista de la revolución española?


 


Con la revolución, los trabajadores organizan por su propia cuenta la sociedad sobre nuevas bases, y para ello no dudan en organizar su propia violencia para defenderse de la amenaza fascista. Al incorporarse a las milicias, David se integrará en una improvisada columna de voluntarios sin formación militar, ansiosos por marchar hacia el frente.


 


Las nuevas milicias no sólo encarnan la revolución, sino que a través de ellas comprendemos su espíritu igualitario y emancipador. Son un ejército de nuevo tipo, que aborrece la disciplina ciega, el apoliticismo y todo aquello que caracteriza a los ejércitos de casta. Los mandos y la tropa conviven sin diferencias. Los mandos se distinguen sólo por su autoridad en el combate y en que tienen que soportar mayores obligaciones que la tropa. Los problemas son discutidos en asambleas, en las que todo el mundo puede dar su opinión. La disciplina se lleva a cabo a rajatabla en los combates porque todo el mundo es consciente de que de ello dependen sus vidas. La solidaridad entre los revolucionarios, la conciencia de que luchan por una misma causa, ayuda a superar las antiguas diferencias que podían haber existido entre David (comunista inglés) y su amigo Coogan (republicano irlandés). Aunque todos están organizados en las milicias del POUM, conviven ideas distintas y a veces antagónicas, lo que no impide que exista un profundo sentimiento de camaradería y de apoyo mutuo. Cuando Lawrence abandone voluntariamente las milicias para alistarse en el nuevo ejército de la república, porque considera que de este modo sirve mejor a la causa anfascista, nadie se lo reprochará.


 


El film ha recibido numerosos ataques. Sin embargo ninguna de las críticas malintencionadas ha podido demostrar que se aparte un ápice de la realidad. ‘Tierra y Libertad’ está muy lejos de ser panfletaria o maniquea. No es una película de ‘buenos y malos’. La evolución política de la revolución española, sus contradicciones y enfrentamientos se viven a través de los sentimientos de los personajes. Los protagonistas no son héroes de cartón piedra al estilo de Hollywood, sino hombres y mujeres de carne y hueso, con dudas e ideales que se transforman, en ocasiones, de forma dolorosa, conforme lo hace la realidad. Algunos, como David, después de muchas vacilaciones, acabarán rompiendo con sus viejas creencias, para seguir combatiendo al lado de sus compañeros. Otros, como Lawrence, abandonarán las milicias para combatir la revolución, convencido de que las directrices marcadas por Stalin son las correctas. La honestidad de los que arriesgan sus vidas en las trincheras está fuera de toda duda. No es la honestidad de los militantes lo que se discute, sino las consecuencias revolucionarias o contrarrevolucionarias de cada una de las alternativas.


 


David resulta herido en un accidente, lo que le permite ir a Barcelona en uno de los momentos cruciales de la revolución. Lleno de dudas, se debate entre la fidelidad a su antiguo partido y la de sus compañeros de armas. Como militante comunista se resiste a aceptar que el stalinismo pueda estar traicionando los ideales de la revolución. Considera que todo se reduce a una diferencia de táctica entre revolucionarios. Sin embargo, la realidad le obliga cada vez más a tener que elegir entre los dos bandos en los que se divide el campo antifascista: el de la revolución social y el de la restauración republicana. Finalmente, David se alista en el flamante Ejército Popular que acaba de crearse. Ante sus ojos se harán cada vez más evidentes los avances de la contrarrevolución. Poco a poco, las conquistas de la revolución irán quedando arrinconadas para dar paso al orden republicano reconstruido. Los antiguos cuerpos policiales que habían desaparecido unos meses antes se harán cada vez más presentes en las calles de Barcelona, armados hasta los dientes, marcando un vivo contraste con la penuria del frente. La abundancia de armas con las que cuenta la policía republicana demuestra a David que el gobierno con el que colaboran entusiastamente sus camaradas del PSUC (el PC en Catalunya) está más preocupado en liquidar el movimiento revolucionario que en alcanzar la victoria militar sobre Franco.


 


Uno de los momentos de mayor intensidad dramática del film, es el de los enfrentamientos armados que estallan a principios del mes de mayo de 1937 en Barcelona, en los que la revolución y la contrarrevolución republicano-stalinista se ajustan por última vez las cuentas. David, todavía militante del PSUC, tendrá que combatir en las barricadas contra sus antiguos compañeros de armas. Los diálogos en las barricadas están cargados de humor, reflejo del desconcierto de muchos de los combatientes que no comprenden el porqué de la lucha fratricida. Los que sí lo entendían, sin ninguna duda, fueron los dirigentes del PCE-PSUC, que prepararon la provocación que dio lugar al enfrentamiento armado: el asalto al edificio de la Telefónica, que estaba desde el principio de la revolución, controlado por los sindicatos. Las jornadas barcelonesas de mayo de 1937 marcaron el preludio de la persecución y el exterminio del POUM y la derrota de la revolución española.


 


Los comentarios despectivos hacia las milicias que escucha David a un grupo de jóvenes reclutas del nuevo ejército serán la gota que desbordará el vaso. Romperá el carnet del partido, como quien rompe definitivamente con su pasado. Volverá al frente para reincorporarse junto a sus antiguos compañeros.


 


Las consecuencias de la derrota de los revolucionarios en Barcelona, por el rechazo continuado de sus dirigentes a tomar el poder, tendrá consecuencias inmediatas: la eliminación del gobierno de Largo Caballero (demasiado izquierdista para los planes de restauración republicana), la marginalización y la decadencia del anarcosindicalismo, la ilegalización del POUM y el asesinato de muchos de sus militantes. La derrota será aprovechada por los adversarios de la revolución para asestarle el golpe definitivo. Desde el gobierno y con un aparato policial restaurado, la coalición republicano-stalinista se dedicará a eliminar los restos del antiguo orden revolucionario.


 


La amenaza también se hará realidad en el frente. Las milicias que se resistían a integrarse en el ejército serán enviadas a realizar operaciones suicidas, para que el enemigo franquista se encargue de realizar el trabajo sucio.


 


Finalmente, el ejército hará su aparición, pero no para enfrentarse a los franquistas, sino para proceder a la disolución y al desarme de las milicias. Lawrence volverá a hacer su aparición, pero en este caso dirigiendo las tropas republicanas. Enfrentado a sus antiguos compañeros de armas, Lawrence sólo podrá repetir mecánicamente una pobre excusa: “Vuestros jefes os engañan”. El desarme y la detención de sus dirigentes, bajo la terrible y grotesca acusación de que son agentes de Franco, no tienen nada que envidiar a las escenas finales de ‘Novecento’. La muerte de Blanca será el símbolo de la trágica derrota de la revolución.


 


Una vez liquidadas las conquistas revolucionarias, el gobierno republicano-stalinista de Negrín fue incapaz de impedir la desmoralización que se había abatido sobre el movimiento obrero y el campesinado pobre. Completado el desmantelamiento de la revolución, la victoria de Franco sólo era cuestión de tiempo.


 


A modo de conclusión, recuperar nuestra historia


 


Loach ha conseguido con su film, que entendamos un poco más uno de esos momentos extraordinarios de la historia en los que los trabajadores casi logramos alcanzar el cielo con los dedos de nuestras maní®, en los que conseguimos tomar el timón de nuestro destino y nos disponemos a cambiarlo, para hacer una sociedad más justa y solidaria.


 


El film de Loach es también una invitación a la reflexión para los militantes revolucionarios y de izquierdas, no sólo sobre el pasado, sino también sobre nuestro presente y futuro. La trágica derrota de la revolución española no ha impedido a Loach lanzar un mensaje para las generaciones actuales y futuras:


 


Zas revoluciones son contagiosas. Si hubiéramos triunfado aquí, habríamos podido cambiar el mundo. No pasa nada. Ya llegará nuestra hora’.


 


La semilla de futuro queda simbolizada en él pañuelo rojo que envuelve un puñado de tierra española (recogido de la tumba de Blanca), que acompañará a David en su muerte, pero que brotará de nuevo en la conciencia de su nieta.


Finalmente, quizás el valor de la película pueda resumirse en el agradecimiento espontáneo que hizo uno de los asistentes anónimos a la inauguración de la película en Barcelona: ‘Gracias por devolvernos nuestra historia’.


 


 


Notas:


 


(*) Enric Mompó (En Defensa del Marxismo deEspaña)


 


1. El País, 6/4/95, 'Elfascismo olvidado’


2. Claudin, Femando. 'La crisis del movimiento comunista’. Barcelona 1978.


3. Pravda. 17/12/1936


4. La importancia política del POUM no debe medirse por su tamaño y su implantación (sólo significativa en Catalunya) sino por su capacidad potencial para transformarse en una alternativa revolucionaria ante la crisis de la socialdemocracia y el anarcosindicalismo, incapaces de llevar la revolución española hasta las últimas consecuencias, la toma del poder por parte de la clase obrera y el campesinado pobre.


5. Las brigadas internacionales, pese a estar formadas por idealistas que pretendían combatir la sublevación fascista, estuvieron organizadas por el estalinismo para poder contar con una fuerza militar organizada en España que pudiera servir como contrapeso ante las fuerzas de la revolución.


 

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