Condiciones políticas de la lucha para refundar la IVa Internacional

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El VIIIº Congreso del Partido Obrero definió que "la cuestión de la dirección política internacional de la clase obrera es un problema objetivo de la actual situación mundial", planteando la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional como "la respuesta política revolucionaria a una cuestión que está puesta en el orden del día del movimiento mundial de la clase obrera y los explotados". Este abordaje metodológico implica caracterizar la situación política mundial, los ejes políticos alrededor de los cuales se define el reagrupamiento internacional de la vanguardia obrera, y las corrientes políticas que, situándose sobre el terreno de la IVª Internacional, proponen una respuesta a estos problemas.


 


La cuestión metodológica, sin embargo, no puede ser comprendida sin referirse, brevemente, a la experiencia histórica del movimiento revolucionario.


 


En nuestra época histórica de "guerras y revoluciones", dos fueron los momentos más importantes de reagrupamiento revolucionario internacional de la vanguardia obrera: la IIIª y la IVª Internacionales. Nacidas en períodos políticos de signo opuesto (la primera, con un ascenso revolucionario, y la segunda, en una etapa de preeminencia de la contrarrevolución), ambas surgieron, sin embargo, recorriendo caminos políticos semejantes (no olvidemos, por otro lado, que los bolcheviques proclamaron la lucha por la IIIª Internacional en noviembre de 1914, esto es, en plena marea chauvinista contrarrevolucionaria, consecutiva a la explosión, en agosto de ese año, de la Iª Guerra Mundial).


 


La Izquierda de Zimmerwald


 


En 1914, los bolcheviques eran ya una tendencia diferenciada en el movimiento obrero y socialista ruso, después de una lucha en la que, según Kautsky, "en ningún país una lucha semejante despertó mayores desconfianzas y enconos que en Rusia". La propia revolución rusa, en marcha desde las impresionantes agitaciones de inicio del siglo, explica que los problemas que en otros países se expresaban apenas como divergencias tácticas, organizativas y hasta personales, asumieran en Rusia el carácter de diferencias programáticas de principios.


 


La capitulación sin combate de la Internacional Socialista (IS) obligó a los bolcheviques, a partir de agosto de 1914, a dar proyección internacional a su combate "ruso" contra el reformismo y el oportunismo, que ya era internacional por su contenido, pero todavía nacional por su forma, en el período precedente.


 


La capitulación de la IS tuvo lugar en condiciones en las que, como sucede hoy, el supuesto "realismo" de sus dirigentes escondía una ceguera voluntaria frente a la realidad de la crisis capitalista, o sea, el peor de los irrealismos. De acuerdo con el mejor historiador de ese proceso, "la reunión del Buró Socialista Internacional del 29-30 de julio de 1914 (víspera inmediata de la guerra) reveló que los dirigentes estaban convencidos de que la guerra era imposible y que la crisis tendría una salida pacífica" (1). En las semanas siguientes, ya declarada la guerra, elaboraron un comunicado diciendo haber hecho todo lo posible para evitarla, sin éxito, y cerrando la persiana por tiempo indefinido.


 


Contra el pronóstico del dirigente reformista más combativo, Jean Jaurès (asesinado en la víspera de la guerra) "la guerra será el punto de partida de la revolución internacional", se confirmó la caracterización de Otto Bauer: "La revolución proletaria no es nunca menos posible que al inicio de una guerra, cuando la fuerza concentrada del poder estatal y toda la potencia de las pasiones nacionales desencadenadas se oponen a ella". O, como dijo Trotsky en el propio comienzo de la guerra: "Luego de anunciada la movilización militar, la socialdemocracia se encontró frente a la fuerza de un poder concentrado, basado en un poderoso aparato militar listo para derribar, con la ayuda de todos los partidos e instituciones burguesas, todos los obstáculos que apareciesen en su camino".


 


El desarrollo de la guerra, y la evidencia de la capitulación socialdemócrata, dio lugar a una reacción internacional en los partidos obreros (los PPSS) y en las organizaciones de los explotados: de esa reacción nació, por ejemplo, el Partido Socialista Internacional de Argentina, futuro PCA. Internacionalmente, la reacción se expresó inicialmente en el CRRI (Comité por la Retomada de las Relaciones Internacionales). Los revolucionarios se vieron obligados a intervenir en este movimiento mayoritariamente "socialista pacifista", en la medida en que suscitaba un interés político en la vanguardia obrera (y, potencialmente, en las masas): lo hicieron victoriosamente, por el hecho de haber sido la única fuerza que, a pesar de muy minoritaria, actuó en aquel movimiento como partido organizado (el bolchevismo).


 


Según una de sus animadoras (Agnès Blandorf), el "movimiento de Zimmerwald" (del nombre de la ciudad suiza en que se reunió inicialmente) tenía por objetivo "revivir la IIª Internacional bajo los viejos principios del marxismo socialista de antes de la guerra", o sea que su objetivo era "más la restauración que la transformación", lo que no impidió que "concebido para crear un fundamento para la unidad socialista, la conferencia de Zimmerwald, en cambio, abrió la puerta para una escisión cuyas consecuencias dominarían el paisaje político del siglo XX". En esa conferencia, "Lenin tuvo éxito en reunir una pequeña fracción para dar un paso adelante como líder de una alternativa internacional" (2).


 


Internacionalismo y Revolución


 


Las siete Tesis sobre la Guerra de Lenin pueden ser sintetizadas en: la guerra tiene un carácter burgués, imperialista, reaccionario y dinástico; la postura patriótica de la IS es una traición al socialismo que marca el colapso político e ideológico de la Internacional; la lucha contra la autocracia continúa siendo el primer deber del socialista ruso; todos los auténticos socialistas deben romper con el oportunismo pequeño burgués de la IS, y desarrollar un trabajo entre las masas para acabar con la guerra a través de la revolución. A partir de noviembre de 1914, Lenin declaró que, bajo esa plataforma, debía lucharse por una Tercera Internacional, la Internacional Comunista.


 


El bolchevismo ejerció un papel dirigente en una fracción del "movimiento", la "Izquierda de Zimmerwald", que sería la base, después de la Revolución de Octubre, de la Internacional Comunista (fundada en 1919), a pesar de sus serias divergencias con otros componentes de la fracción (los mencheviques internacionalistas, Radek, Rosa Luxemburgo, Trotsky). El vértice político de las divergencias se situaba en la consigna bolchevique de "transformar la guerra imperialista en guerra civil", y su consecuencia lógica, el "derrotismo revolucionario", considerada como una "provocación" por el ala "moderada" de Zimmerwald (que incluía a algunos futuros ministros burgueses). Y también en la cuestión de la necesidad de la IIIª Internacional, sólo defendida por los bolcheviques.


 


El desarrollo histórico daría la razón a los bolcheviques. Lo más importante a notar es que los bolcheviques no sólo "intervinieron" en Zimmerwald, sino que fueron los promotores del movimiento aunque no de su confusión política, en la medida en que, a pesar de sus limitaciones, planteaba objetivos susceptibles de movilizar a las masas.


 


Como afirma Craig Nation, "cuando los bolcheviques tomaron el poder, el movimiento de Zimmerwald perdió cualquier importancia que se hubiese esforzado en retener" (3). No obstante, sin su existencia y sin la participación bolchevique, esto es, sin la actividad internacionalista del partido de Lenin, éste no habría tenido chances de ser victorioso a escala nacional, de tomar el poder a la cabeza de la revolución proletaria como consecuencia de la crisis rusa de 1917.


La revolución rusa, como dijo Rosa Luxemburgo, "fue el acontecimiento más importante de la guerra mundial", y sólo podía admitir como dirección consecuente a una tendencia que plantease su actividad y su programa en esa escala. Además de la larga tradición acumulada, fue a partir de esos principios que los bolcheviques, minoritarios al inicio de la revolución, consiguieron organizar a la vanguardia obrera y revolucionaria en función de su propia alternativa política. En el cuadro de una crisis mundial, sólo las tendencias cabalmente internacionalistas consiguieron ejercer un papel dirigente de carácter histórico en la revolución.


 


La IVª Internacional


 


Fue con ese bagaje político que León Trotsky enfrentó la crisis provocada por el "4 de agosto" del stalinismo: su capitulación y la renovada capitulación socialdemócrata sin combate frente al ascenso de la extrema reacción política representada por el nazismo, de cara al proletariado más poderoso de ese entonces, el alemán. Está claro que se trató de un acontecimiento de proyección mundial, que preparó simultáneamente la vía para la segunda conflagración imperialista, así como para su contrario, las revoluciones obreras de Francia y España en la década del 30.


 


Luego del ascenso de Hitler, Trotsky (como Lenin en 1914) chocó con la resistencia de sus propios partidarios al defender la necesidad inmediata de la IVª Internacional (que sólo sería proclamada cinco años después, en 1938). Trotsky no podía ignorar, sin embargo, la existencia de una corriente internacional (el "Buró de París") que planteaba el objetivo progresivo del frente único obrero contra el fascismo, aunque esa corriente fuese continuidad de la centrista "Internacional IIª y 1/2", o "Unión de Viena", organizada en 1920 para salvar a la IIª Internacional del avance de la IIIª, y fallecida en 1923: "Los animadores (del Buró de París) se reivindicaban continuadores de la Unión de Viena, y ponían el acento en la indispensable unidad que debía reencontrar el movimiento obrero para luchar contra el fascismo" (4).


 


Sin adherir al Buró de París, los trotskistas intervinieron para promover en el mismo una diferenciación revolucionaria, que culminó en la "Declaración de los Cuatro" (de 1934), redactada por Trotsky (y corregida por los otros firmantes) y suscripta por los trotskistas (la Liga Comunista Internacional), el OSP y el RSP de Holanda, y el SAP alemán (del que participaba el futuro canciller y líder de la IS en la posguerra, Willy Brandt). La LCI ya defendía el "Programa de 11 Puntos", que fue el primer esbozo del Programa de Transición de la IVª Internacional. La "Declaración" era una caracterización de la situación mundial y de las otras corrientes del movimiento obrero, correcta en los principios, aunque no contuviese el conjunto de las proposiciones de Trotsky.


 


Salvo la LCI, los otros partidos no evolucionaron hacia la IVª Internacional, bajo el pretexto de que ésta "sólo podría resultar de un largo proceso de maduración de la vanguardia del movimiento obrero", divergencia que escondía otra "que no apareció claramente sino en los últimos meses de 1935, cuando el SAP comenzó a evolucionar hacia la política de Frente Popular" (5).


 


La "Declaración" y la promoción de la más amplia unidad revolucionaria fue, sin embargo, esencial para el trotskismo, porque: 1) verificó a los ojos de la vanguardia revolucionaria que los trotskistas no defendían la IVª Internacional como una reivindicación sectaria; 2) permitió evidenciar, entre los propios trotskistas, divergencias semejantes a las que planteaban los centristas (que fueron inclusive propuestas, y derrotadas, en la conferencia de fundación de la IVª Internacional); 3) permitió reclutar cuadros y grupos que serían decisivos para la construcción de la nueva Internacional.


 


La crisis de la IVª Internacional


 


En los ejemplos evocados, tanto Lenin como Trotsky actuaron como revolucionarios, esto es, capaces no sólo de formular teóricamente una tarea, sino también de plantearla políticamente (prácticamente).


 


Actualmente, entre los "trotskistas", la cuestión de la Internacional está dominada, de movida, por una inconciencia, en mayor o menor grado, de la profundidad y el alcance de la crisis de la IVª Internacional. Luego de su fundación y durante la IIª Guerra, ésta ya evidenció su debilidad cuando la mayoría de la dirección de su sección más importante (el Socialist Workers Party, SWP, de los EE.UU.) adhirió a la política "anti-defensista" (de la URSS en la guerra interimperialista), encabezando una escisión internacional (liderada por Max Schatchmann) a la que apoyaron, por un tiempo por ejemplo, Mario Pedrosa en Brasil y Pedro Milessi en la Argentina, escisión que concluyó evolucionando hacia el socialismo amarillo y proimperialista.


 


Cuando se produjo la crisis de 1951-53, con la exclusión, primero, de la mayoría de la sección francesa y, después, con la afirmación del Comité Internacional encabezado por el SWP, la IVª Internacional ya había sufrido escisiones que comprometían la organización emergente de la IIª Guerra Mundial: la corriente, inicialmente inglesa, de Tony Cliff (que, tras una serie de polémicas, rompió defendiendo el neutralismo en la guerra de Corea); la ex Unión Comunista de Francia (futura Lutte Ouvrière), que había liderado la importante huelga de la Renault en 1947, en desacuerdo con la caracterización de "obreros" para los Estados de Europa Oriental, ocupados por la burocracia stalinista (cuando la propia IVª, en su IIº Congreso Mundial de 1948, los caracterizara como capitalistas, a pesar de ya haber tenido, o estar teniendo lugar, las principales transformaciones en el régimen de propiedad, que la llevarían a cambiar después esa definición); sólo por citar las más conocidas (cabría mencionar también el completo aislamiento del POR boliviano, a pesar de su papel fundamental en la revolución de 1952).


 


Durante la IIª Guerra Mundial e inmediatamente después, hubo "una crisis política en la dirección de la IVª Internacional, que socavó la posibilidad de actuación de la organización" (6). El adaptacionismo a la burocracia stalinista del III Congreso Mundial de 1951 (conocido como "pablismo") fue una tentativa desastrosa y oportunista de salir de esa crisis, tentativa que condujo a la liquidación de las secciones europeas y al surgimiento de grupos declaradamente stalinistas dentro de la propia Internacional (Cochrane, Mestre, etc.).


 


Este panorama permite calificar de aparatesca la disputa posterior entre el Secretariado Internacional "pablista" y el Comité Internacional "ortodoxo", reivindicando ambos ser "la" IVª Internacional: en los hechos, ésta ya no existía como organización o como programa mundial, lo que debería ser el punto de partida de la lucha por su reconstrucción por parte de una tendencia revolucionaria, cosa que demoró todavía muchos años. El crecimiento posterior de las divergencias y divisiones no hizo sino aumentar la dispersión y el vacío programático.


El punto de partida de la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional no es ideológico sino político (definición de la situación de la lucha de clases mundial, de las corrientes políticas del movimiento obrero y de los explotados, y de las tareas políticas planteadas), en el sentido en que Lenin respondió, en 1916 (en pleno "período Zimmerwald"), a la socialista de izquierda holandesa Henriette Roland-Holst, que lo urgía a definir el "programa de la revolución socialista": "No hay necesidad de él por ahora. Ese programa sólo será necesario cuando la revolución sea inminente, de modo absolutamente seguro" (7).


 


La caracterización de las corrientes políticas debe hacerse en el cuadro de una situación de crisis que rompió los equilibrios internacionales de posguerra, siendo lo más importante "que el equilibrio capitalista fue quebrado por la acción de las masas, lo que configura un desarrollo revolucionario… Las fuerzas que destruyeron el equilibrio en Polonia, en Checoslovaquia, etc., fueron las masas, que sin embargo fueron incapaces de dar a la crisis un desenlace propio… Lo que tenemos es producto de un desarrollo revolucionario controlado por el imperialismo, que consigue canalizarlo para su autoafirmación" (8). La crisis mundial se refiere al momento en que la descomposición del conjunto del capitalismo como sistema mundial, adquiere la forma de crisis políticas y revoluciones, e integra a los Estados Obreros burocratizados, ahora en descomposición, ya vinculados anteriormente a la circulación económica mundial, y a la burocracia, como un agente de la burguesía mundial en el Estado Obrero.


 


La cuestión del internacionalismo proletario se plantea entonces sobre bases inéditas que exigen, no un retorno programático al pasado, sino la profundización teórico-política sobre la base de las conquistas programáticas del marxismo revolucionario (el trotskismo). En el cuadro de la crisis y ausencia de la IVª Internacional, la sobrevivencia de un sin número de grupos y corrientes que se reivindican trotskistas expresa (más allá de sus limitaciones políticas, en muchos casos insuperables) la fuerza del programa y la teoría revolucionaria, y su vigencia histórica. Con la descomposición burguesa de la socialdemocracia, y la transformación de los Partidos Comunistas en partidos burgueses (por la disolución de los Estados Obreros burocráticos a los que estaban vinculados), el trotskismo se yergue como la única corriente internacional de lucha contra el capitalismo y por el socialismo. Esto torna imprescindible el análisis de las corrientes que se reclaman de la IVª Internacional.


 


Sectarios


 


Esta "área" está constituida por un sin número de grupos, en parte de los cuales su característica apenas refleja inexperiencia política. Buena parte, sin embargo, constituyen lo que Trotsky llamaba "el contorno lunático de la IVª Internacional".


 


Su ejemplo más acabado (y vicioso) es la tendencia Spartacist, con sede en los EE.UU. y pequeños grupos en otros países (de la cual los llamados "bolcheviques" del Mercosur constituyen apenas una versión degradada). Frente a todos los problemas, especialmente aquellos que suceden lejos de casa, postulan el "programa máximo" (revolución socialista). Nuevamente citando a Trotsky, "no tienden el puente de las reivindicaciones transitorias porque no pretenden atravesar el río".


Fuera de los trotskistas ellos mismos, el resto de los partidos constituye "una masa reaccionaria única", en estilo lassalleano, carente de contradicciones internas. Lo mismo sucede con las clases no proletarias (pequeña burguesía, burguesía nacional, imperialismo). Como consecuencia lógica y so pretexto de que la construcción de la IVª exige previamente la eliminación del "revisionismo" trotskista (o sea que sería una cuestión ideológica) no desarrolla ningún trabajo sistemático en dirección del movimiento obrero.


 


Se trata de una tendencia pequeño burguesa, para la cual la Historia se reduce al vals de las ideologías, sin ser parte de ella las luchas políticas concretas, surgidas de la lucha de clases. Este "ideologismo" se transforma en oportunismo barato cuando es confrontado con los acontecimientos. En la guerra de las Malvinas proclamaron el neutralismo, igualando al país semicolonial a la potencia imperialista, reclamando ¡en medio del cañoneo! "fuera Thatcher y Galtieri" (no necesariamente en ese orden), una política muy a gusto de la clase media "izquierdosa" de las metrópolis.


 


Cómicamente, critican el "castrismo" del SWP, pero apoyan variantes peores: a la burocracia rusa en la invasión a Afganistán (¡que realizaría la revolución democrática!); apoyaron el golpe militar y el Estado de sitio de Jaruzelski en Polonia (1981), lo que los retrata como una tendencia antiobrera (cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre Solidaridad); o a los golpistas de la ex URSS en agosto de 1991. Incapaces de ver más allá de la superficie ideológica de los acontecimientos (de ver la lucha de clases), consideran todo el proceso del ex "bloque socialista" como una contrarrevolución. Son un apéndice de la burocracia stalinista en descomposición.


En casa, la vociferación "revolucionaria" no les impide caer en el democratismo más vulgar, como en la campaña contra la pena de muerte del activista negro Mumia Abu-Jamal, y en el planteamiento general de la cuestión negra en los EE.UU., al margen de la intervención del movimiento obrero organizado, o sea, no como un aspecto de la revolución proletaria (aunque declaren lo contrario).


 


En la polémica con las otras corrientes trotskistas que, sectariamente, es la única polémica que realizan, asumen una actitud provocadora. En el Programa de Transición, Trotsky consagró un capítulo "contra el sectarismo" (incluyendo, significativamente, el trabajo en las organizaciones obreras como condición para pertenecer a la IVª Internacional). La dispersión de la IVª no hizo sino crecer este problema: pese a esto, el sectarismo "trotskista" está en descomposición (lo que incluye a una de sus variantes nacionales, el lorismo, la más lamentable, porque está basada en una gran intervención pasada del trotskismo en la lucha de clases). Carece de cualquier aspecto progresivo, y la única polémica posible con este sector es desde este ángulo.


 


Derecha


 


Se trata de las corrientes abiertamente derrotistas, que proclaman también abiertamente su adaptación al capitalismo y la inactualidad de la IVª Internacional, como partido mundial de la revolución socialista. Algunas, como el SWP norteamericano, afirman esto último declaradamente, y abandonan explícitamente el trotskismo (bajo pretexto de apoyo a la revolución cubana, se ha transformado en un grupo en favor de un acuerdo entre el imperialismo y el castrismo, o sea, de entierro de la revolución cubana y latinoamericana).


 


Otros se reclutan, paradojalmente, entre los que se reivindicaban "ortodoxos" (término religioso acuñado por el propio SWP para referirse al trotskismo): el lambertismo (que se proclama ahora "la" IVª Internacional) y el Secretariado Unificado de la IVª Internacional (SU), que siempre hizo lo mismo. El primero se ha convertido, en el único país en que tiene algún papel (Francia), en un apéndice derechista de la burocracia sindical socialdemócrata. En función de esto, ha ido elaborando una "teoría" ("imperialismo senil") que afirma la necesidad de defender las conquistas sociales a través de una vuelta a la "producción" contra la "especulación", al "consumo", al capitalismo "reglamentado" (el Welfare State).


 


El desarrollo especulativo no sería la expresión del parasitismo y la descomposición capitalistas, que ya estaban presentes en su período de "auge" de posguerra, sino el índice de su pasaje para un nuevo estadio histórico. El "Acuerdo Internacional de Trabajadores" que impulsa la "IVª" lambertista so pretexto de reproducir la Iª Internacional sobre bases economicistas está puesto bajo la perspectiva derechista de hacer del programa mínimo el programa máximo (lo que lo pone a la derecha del socialismo reformista de inicios de siglo), y vive de inflar artificialmente a burócratas sindicales y a políticos burgueses desplazados.


 


Toda la historia del SU es la de la disolución de la IVª Internacional en agrupamientos reformistas, nacionalistas, petardistas o foquistas. Ahora, en función del supuesto "retroceso" (o "muerte") del socialismo caracterización que revela que el SU nunca pasó de un ladero de la burocracia y de su desastrosa política contra la unificación socialista de Alemania, el SU tiende abiertamente hacia la descomposición burguesa, con la disolución de secciones enteras que se integran a agrupamientos burgueses o frentepopulistas; papel de bombero de la rebelión campesina de Chiapas; asunción por un miembro prominente de su sección brasileña de la intendencia de la importante ciudad de Porto Alegre, anunciando que dará continuidad a la gestión (capitalista y "austera") del PT. Quien espere que Raúl Pont reprima huelgas para romper con el SU con la "conciencia tranquila", estará siendo cómplice de esta evolución.


 


Centro


 


Debemos mencionar a algunas corrientes que, sin ser revolucionarias y, estrictamente, tampoco centristas oscilantes entre reformismo y revolución no llegan a los extremos de las anteriores, aunque ocasionalmente lleguen a estar a su derecha, ideológica o políticamente.


 


El SWP inglés (Tony Cliff) rompió con la IVª Internacional por la derecha, abandonando la defensa incondicional de los Estados Obreros frente al imperialismo, y rompiendo con la caracterización trotskista de la burocracia stalinista y de la URSS, a la que definió como "capitalista de Estado". No es una tendencia trotskista, sino "trotskizante", pues no reivindica a la IVª Internacional, a la que considera un error de Trotsky. Fuera de Inglaterra (posee un trabajo internacional) se dedica apenas a una labor propagandística.


 


En Inglaterra, al contrario, parece tener una intervención en la lucha de clases y en el movimiento sindical y juvenil. Por otro lado, no declara cerrado el ciclo histórico de la revolución socialista, ni abjura de la Revolución de Octubre (como lo hace el SU y lo insinúa el morenismo). Su práctica política en Inglaterra, sin embargo, es claramente democratizante, centrada en los "derechos de las minorías" y en el "antifascismo", lo que es particularmente grave en un país imperialista, que oprime abiertamente a Irlanda en sus propias puertas (y es el bastión europeo del imperialismo norteamericano).


 


La Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) morenista probó no ser una corriente internacional, pues se dividió en tantos grupos como lo hizo su "casa matriz", el Mas argentino. Tampoco es una verdadera organización, pues las primeras divergencias internas serias la condujeron a la explosión. La fracción más derechista (Zamora) evoluciona abiertamente hacia el frentepopulismo, y se unió a un pequeño grupo frentepopulista español, que vota y defiende a "Izquierda Unida" (acuerdo entre el ex PCE y corrientes burguesas).


 


Lo que queda de la LIT está enfrascado en un debate en el que varias fracciones se disputan en torno a la mejor demostración de que un supuesto "capitalismo global" tornaría prácticamente imposible la revolución; esto, inmediatamente después de haber defendido durante años el absurdo de la "situación revolucionaria mundial". Se llega a plantear que el ciclo histórico de Octubre está cerrado, porque en realidad nunca fue abierto (la revolución proletaria de 1917 no habría sido ni revolución, ni proletaria). Queda como elemento de interés la repercusión de esta crisis en el PSTU brasileño, en el que participan sectores de la vanguardia obrera y combativa surgida con la creación de la Central Unica de Trabajadores y el PT en la década del 80.


 


Izquierda


 


Ocupan la izquierda en este espectro las corrientes que reivindican la IVª Internacional, reconocen su crisis y admiten la inexistencia de un centro internacional, y poseen una intervención real en la lucha de clases y en el movimiento obrero de sus países.


 


Lutte Ouvrière obtuvo recientemente en Francia más de un millón y medio de votos (5-6% del electorado), lo que no fue un fenómeno artificial, si se tiene en cuenta que el PCF obtuvo uno de sus más bajos registros históricos (8%) o sea, que LO se benefició de una transferencia de votos del histórico partido obrero del país. Posteriormente, proclamó la imposibilidad de organizar un partido obrero con base en este vuelco político, y su intención de votar al PCF en las próximas elecciones, retomando su histórica política de seguidismo al stalinismo. Su caracterización de que los Estados Obreros no están en disolución y que siguen en pie, está al servicio de esta política. El primitivismo populista tradicional de sus planteos, y su anquilosamiento sectario en materia organizativa, se elevan como obstáculos a su evolución política.


 


Militant Labour es la organización de izquierda más fuerte de Inglaterra (y, por lo que parece, de Escocia). Tuvo dos diputados a través del Labour Party (LP), ejerció un papel dirigente y un liderazgo en la histórica lucha contra la Poll Tax del gobierno Thatcher, y también en la lucha contra la extrema derecha fascista.


 


Sus posiciones cargan vicios del "entrismo profundo" (deep entrism) en el LP (lo que se verifica hasta en el nombre de la organización). Esto se evidencia en sus posiciones aberrantes frente a la guerra de las Malvinas y la opresión de Irlanda, en las que se pone de relieve "una historia de adaptación al reformismo y al imperialismo democrático británico" (9). El aburguesamiento del LP no elimina la causa de este problema (Militant ha sido, además, expulsado del LP), pues reivindica ahora "la unión con otras fuerzas socialistas (¿cuáles?) en un partido socialista de masas". Son, sobre todo, posiciones antiinternacionalistas, que sólo pueden ser resueltas a través de un debate y de un combate internacionales efectivos, si se quiere ser consecuente con la afirmación de su principal dirigente: "El terreno está preparado para colosales levantamientos sociales en Gran Bretaña y en todo el mundo capitalista antes del fin de esta década" (10).


 


La AMR-Proposta está librando un combate importante en ese fenómeno central que es el Partito della Rifondazione Comunista (PRC) de Italia, habiendo reunido cerca del 16% de los delegados en su último Congreso Nacional (del que salió con 4 miembros en el Comité Nacional, contra dos anteriormente), y liderando la oposición de izquierda a su dirección frentepopulista y sustentadora del gobierno Prodi-Olivo. Ha orientado la intervención de otros grupos trotskistas en procesos de capital importancia para el reagrupamiento revolucionario del proletariado, como el Labor Party de los EE.UU. y el SLP (Socialist Labour Party) de Inglaterra, en el cuadro de la ITO (Oposición Trotskista Internacional). Participa claramente del movimiento obrero de su propio país. Ha dirigido su intervención internacional hacia un acuerdo con la corriente revolucionaria encabezada por el Partido Obrero.


 


Las limitaciones y aspectos centristas de su intervención en el PRC (reivindicando el "proyecto original" o el "PRC de los orígenes" que no era revolucionario, trampa en la que en su momento se ensartó la izquierda del PT brasileño) remiten a deficiencias programáticas, que se vinculan con su propia actividad internacional: la AMR no ha proclamado (ni la ITO) pública, abierta y programáticamente, su ruptura con el SU (al que califica, centristamente, de "centrista").


Al no definirse programáticamente por la dictadura del proletariado, tampoco plantea abiertamente la cuestión del partido revolucionario con base en su intervención en el PRC (lo que significaría plantear a la vanguardia la ruptura en perspectiva, y prepararla en ese sentido): el peligro de transformarse en la extrema izquierda de la política democratizante del PRC está directamente vinculado al de quedar "agarrados en la trampa democratizante del SU" (11). Esta cuestión está planteada como punto central del debate internacional.


 


Revolucionarios


 


La corriente revolucionaria compuesta por el PO y las organizaciones con las que desarrolla un trabajo internacional, desenvuelve una intervención sistemática en la lucha de clases sobre la base del programa trotskista, no de modo dogmático, sino confrontándolo con los nuevos desarrollos históricos y políticos. El rescate de la caracterización trotskista de la burocracia como capa social restauracionista (agente burgués en el Estado Obrero) que fue abandonada por la casi totalidad de los "trotskistas", la lleva a analizar la disolución de los EE.OO. como un aspecto de la crisis mundial, que tiene su epicentro en la crisis y decadencia históricas del capitalismo.


Los procesos en la ex URSS y Europa oriental tienen un carácter contradictorio, pues plantean simultáneamente la restauración violenta del capitalismo y la revolución política (y eventualmente social) contra la burocracia pro-burguesa. La crisis del imperialismo yanqui no es un fenómeno coyuntural ni episódico aislado, sino que se vincula con la descomposición del orden mundial que tenía en la burocracia stalinista su otro pilar fundamental, y ambos tienen por base la crisis estructural del capital: "neoliberalismo" y "globalización" son apenas el disfraz ideológico de esa crisis.


 


Plantea la cuestión de la Internacional Obrera (la IVª Internacional) como un agrupamiento político y revolucionario, no "economicista" ni "movimientista" (acuerdo ideológico "socialista" o "trotskista", que oculta divergencias políticas de principios), lo que es diferente de un acuerdo político revolucionario en que se delimitan y explicitan las eventuales divergencias. Sobre la base de las conquistas programáticas del marxismo (la principal y más actual de las cuales es el Programa de Transición) está planteada, no sólo su reafirmación (que puede tener un carácter puramente ritual), sino también la caracterización de la presente etapa histórica y política, y de las tareas revolucionarias que ella impone.


 


Este agrupamiento esquemático y simplificado de las diversas corrientes deja de lado grupos y organizaciones de desigual importancia, sobre los que carecemos de informaciones suficientes. Tiene por objetivo esclarecer el panorama político para la elaboración de una caracterización de la situación mundial, sus principales tendencias, y las corrientes presentes en el movimiento obrero y antiimperialista, con vistas a una delimitación política que sea un paso efectivo en la dirección del programa y la organización de la revolución socialista mundial.


 


 


 


Notas:


 


1. Georges Haupt. LInternationale et LUnion Sacrée en Août 1914, LHistorien et le Mouvement Social, París, Maspéro, 1980, p. 203.


2. R. Craig Nation. War on War, Lenin, the Zimmerwald Left and the origins of communist internationalism, Londres. Duke University Press, 1989, pp. 91-92.


3. Idem, p. 207.


4. Michel Dreyfus. Bureau de Paris et Bureau de Londres: le socialisme de gauche en Europe entre les deux guerres, Le Mouvement Social nº 112, París, julio-setiembre 1980, p. 27.


5. Idem, p. 34. Para un balance de esas discusiones, ver: León Trotsky, Alchimie centriste ou marxisme. Sur la question du SAP, Oeuvres, vol. 5, París, EDI, 1979, pp. 261-296.


6. Norberto Malaj. Para una Historia de la IVª Internacional. En Defensa del Marxismo nº 15, Buenos Aires, diciembre 1996, p. 120.


7. In H. Lademacher. Die Zimmerwalder Bewegung, Paris-La Haya. Mouton, 1967, p. 498.


8. Partido Obrero, Boletín Interno nº 20, 1º de octubre de 1996.


9. Chris Edwards. La política de Militant Labour. En Defensa del Marxismo nº 11, Buenos Aires, abril 1996, p. 37.


10. Peter Taaffe. The Rise of Militant, Londres, Militant Publications, 1995, p. 558.11. Jorge Altamira. Comentario al Informe Internacional. En Defensa del Marxismo nº 15, Buenos Aires, diciembre 1996, p. 21.

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