La cuestión del programa

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El Partido Obrero ha entablado un debate con la Oposición Trotskista Internacional (ITO) sobre el carácter de las diversas corrientes trotskistas, o sea, sobre la apreciación de sus programas y políticas. Semejante discusión remite a una cuestión más general el carácter del programa para reconstruir la IVa Internacional. El pasaje de las organizaciones trotskistas tradicionales al campo democratizante (repudio de la dictadura del proletariado) significa que son contrarrevolucionarias y un lastre para la reconstrucción de la IVª Internacional.


 


Dictadura del proletariado


 


La dictadura del proletariado y la progresiva desintegración del Estado, son las conclusiones estratégicas de toda la teoría social de Marx. Tanto que, para Marx, "lo que yo hice de nuevo fue demostrar … que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; (y) que esta misma dictadura no es más que la transición a la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases" (1). Para Lenin, por su parte, "Marxista sólo es quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En ello estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués ordinario. Esta es la piedra de toque con la que debe comprobarse la comprensión y el reconocimiento reales del marxismo" (2).


 


La dictadura del proletariado está íntimamente ligada a todas las cuestiones cardinales de la política revolucionaria del marxismo, tales como el internacionalismo proletario y el partido revolucionario. El internacionalismo proletario, según Lenin, es la lucha por la dictadura del proletariado en el propio país y en los restantes países. El partido revolucionario es el instrumento para la toma y el ejercicio del poder por el proletariado. Su misión histórica es la de educar y estructurar a los obreros y a las masas explotadas en la conciencia de la necesidad de la conquista del poder político. En otras palabras, si está ausente la estrategia de la dictadura del proletariado, no hay internacionalismo proletario ni hay partido revolucionario.


 


El planteamiento de la dictadura del proletariado es, en definitiva, el contenido elemental y último del marxismo. Precisamente, por esta razón, como en el pasado, la cuestión de la dictadura del proletariado es decir, la disyuntiva entre dictadura del proletariado y dictadura de la burguesía es la divisoria de aguas entre los trotskistas "reales" (para utilizar las palabras de Lenin) y quienes no lo son aunque por tradición, contrabando político o ambas cosas continúen declarándose partidarios de la IVa Internacional.


 


La cuestión de la dictadura del proletariado, es decir, la de "la comprensión y el reconocimiento reales del marxismo", está en el núcleo de la posibilidad de la reconstrucción de la IVa Internacional. Las corrientes tradicionales que se reclaman del trotskismo, tales como el Secretariado Unificado de la IVa Internacional (SU) o los lambertistas, han abandonado tanto en la teoría como en la práctica la estrategia y el programa de la dictadura del proletariado. En otras palabras, han abandonado el terreno del proletariado y del marxismo, y se han colocado en el campo del Estado burgués y del régimen social que éste defiende.


 


El Secretariado Unificado en el campo de la democracia burguesa


 


A mediados de la década del 70, comenzó un pronunciado giro derechista de la izquierda europea, cuya vanguardia fueron los llamados partidos eurocomunistas. En las usinas de ideas del PC italiano, bien alimentados burócratas comenzaron a descubrir las virtudes de la democracia tutelada por el Vaticano. Las proposiciones democratizantes que levantaban los eurocomunistas eran, apenas, la expresión pública del recurso ideológico fundamental del imperialismo para imponer la restauración del capitalismo en la URSS y en Europa oriental. Los PC eurocomunistas fueron, en este sentido, los auténticos precursores del gorbachovismo.


 


Por la misma época, el SU calificó como progresivos a los precursores eurocomunistas. Las tesis sobre "Democracia Socialista y Dictadura del Proletariado", aprobadas en 1977, reflejan el esfuerzo por convergir con los eurocomunistas, es decir, con los planteos ideológicos del imperialismo democrático. Estas tesis pusieron al SU en el campo de la democracia burguesa.


"Para el SU, la dictadura obrera significa, por sobre todas las cosas, la extensión de las libertades democráticas y afirma que el aplastamiento de la contrarrevolución burguesa debe estar limitado por el respeto de las libertades individuales. Se trata de un abandono del planteamiento marxista, puesto que el Estado obrero debe subordinar las libertades democráticas a la acción directa de las masas y al aplastamiento de la contrarrevolución. Este ha sido el curso seguido por todas las revoluciones (Cromwell, Robespierre, Lenin)" (3).


 


La concepción del SU de que la dictadura del proletariado es la "extensión de las libertades" contrasta con la de Lenin, para quien "La dictadura del proletariado, es decir, la organización de la vanguardia de los oprimidos como clase dominante con el fin de aplastar a los opresores, no puede dar como resultado sólo la ampliación de la democracia. Simultáneamente con la enorme ampliación de la democracia, que por primera vez se convierte en democracia para los pobres, en democracia para el pueblo, y no en democracia para los ricos, la dictadura del proletariado impone una serie de restricciones a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas. Debemos reprimirlos para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada; hay que vencer por la fuerza su resistencia; es evidente que no hay libertad ni democracia allí donde hay represión; donde hay violencia" (4). O más claramente: "Democracia para la inmensa mayoría del pueblo y represión por la fuerza, es decir, exclusión de la democracia, de los explotadores y opresores del pueblo: ésta es la modificación que sufrirá la democracia en la transición del capitalismo al comunismo" (5).


 


Los mandelianos, a diferencia de Lenin, sostienen que la dictadura del proletariado debe garantizar la libertad de acción y de agitación política a la contrarrevolución burguesa. "La constitución y el código penal de la dictadura del proletariado dice el SU impedirán y castigarán los actos de insurrección armada, las tentativas para derrocar el poder de la clase obrera mediante la violencia, los atentados terroristas contra representantes del poder de los trabajadores, los actos de sabotaje, de espionaje a favor de potencias extranjeras, etcétera. Pero solamente deberán ser castigados los actos comprobados de esta índole y no la propaganda general explícita o implícitamente favorable a la restauración del capitalismo. Esto significa que se deberá acordar la libertad de organización política a todos los que, en los hechos, respeten la constitución del estado obrero, incluidos los elementos proburgueses " (6). El SU, de antemano, le otorga a la contrarrevolución burguesa un certificado de legalidad obrera.


 


Para el SU, "la libertad de organización de grupos, tendencias y partidos sin restricciones ideológicas (es decir, incluidos los contrarrevolucionarios, LO) constituye una condición previa para el ejercicio del poder político por la clase obrera" (7). Es decir, que esa condición previa no es la dictadura del proletariado, sino la democracia burguesa, o sea, el código penal de los capitalistas. Continúa el SU: "La verdadera alternativa es la siguiente: o bien democracia obrera con el derecho de las masas a elegir a todos los que escojan y la libertad de organización política para todos los que han sido elegidos (incluidas las personas con ideologías o un programa burgués o pequeñoburgués), o bien, una restricción decisiva de los derechos políticos de la clase obrera, con todas las consecuencias que se derivan de ello" (8).


 


Para justificarse, el SU sostiene que "en ningún escrito de Marx, Engels, Lenin o Trotsky, ni en ningún documento programático de la IIIa Internacional bajo Lenin, apareció nunca (una) defensa del sistema de partido único" (9). Falso. Incluso Kautsky defendió la dictadura del Comité de Salud Pública de Robespierre.


 


El SU sostiene que no se puede proscribir a la contrarrevolución burguesa, porque, entonces, "¿por dónde trazar la línea de demarcación? ¿Se prohibirán a los partidos que tengan una mayoría de miembros de extracción obrera pero al mismo tiempo tengan una ideología burguesa? ¿Cómo se puede conciliar tal posición con el concepto de elección libre de los consejos de trabajadores? ¿Cuál es la línea de demarcación entre el programa burgués y la ideología reformista? ¿Se deben prohibir, entonces, los partidos reformistas? ¿Se suprimirá la socialdemocracia?" (10). Semejante planteamiento delata a una corriente ajena al movimiento obrero. Cualquier obrero huelguista sabe que los campos se determinan por sí mismos por medio de la lucha. ¿Cómo? Tomemos una sencilla asamblea sindical: la asamblea es democrática porque en ella todos pueden dar su opinión pero una vez que vota ir a la huelga, la propia lucha determina cuál es el campo en el cual los obreros permitirán el ejercicio de la democracia los huelguistas, que discuten cómo llevar la lucha a la victoria y quiénes están excluidos del ejercicio de la democracia: los rompehuelgas a los que no se les respeta, piquetes mediante, el derecho individual a carnerear y los patrones. Los huelguistas tampoco permitirán, digamos de paso, la propaganda contra la huelga. La asamblea obrera consagra la supremacía de los derechos colectivos de los trabajadores no sólo sobre los patrones sino, incluso, sobre los propios obreros individualmente considerados. Lo mismo hace la dictadura del proletariado. Por el contrario, cuando eleva la legalidad de los partidos burgueses a la categoría de un principio programático, lo que el SU presenta como dictadura del proletariado no es más que la versión idealizada de la democracia burguesa.


 


El abandono del planteamiento marxista de la dictadura del proletariado lleva al SU, naturalmente, a desconocer el papel del partido revolucionario, cuya función histórica no es para los mandelianos la conquista del poder político, sino "la lucha por conquistar a la mayoría en el seno de la clase para sus propuestas " (11). La concepción parlamentarista que tiene el SU acerca de la toma del poder justifica la denuncia que formulara la Tendencia Cuarta Internacionalista en su Declaración de Fundación (1979): "Tanto el SU como el CORCI hablan con frecuencia de gobierno obrero y campesino y lo hacen para encubrir su propia debilidad política y programática. Para ellos, gobierno obrero y campesino no es sinónimo de dictadura proletaria, sino, más bien, una fórmula que equivale a un gobierno transitorio en el proceso revolucionario. Como quiera que esa fórmula es presentada como finalidad estratégica, hay que entender que en los países atrasados se la presenta como el equivalente de un gobierno burgués Dicho de otra manera, el gobierno obrero y campesino, en boca de los renegados del trotskismo, no es otra cosa que una versión modernizada de la fórmula de la dictadura democrática de obreros y campesinos" (12).


El sandinismo nicaragüense fue quien más concienzudamente llevó a la práctica la democracia socialista mandeliana, lo que explica que el SU lo apoyara hasta el final. En nombre de la democracia, el sandinismo permitió la libre propaganda y hasta la organización política y la participación electoral de la contrarrevolución. Los resultados son conocidos: la democracia socialista es el camino más directo para la entrega de una revolución.


 


Con sus tesis sobre la "Democracia Socialista y (la) Dictadura del Proletariado", el SU se pasa por entero al campo de la democracia burguesa, es decir, de la dictadura del capital. La política crudamente derechista seguida por el SU a partir de entonces en Brasil (donde el grupo del SU se convirtió en la policía política de la dirección contrarrevolucionaria del PT contra las tendencias de izquierda, apoyo irrestricto al frente popular); en Irlanda y Medio Oriente (apoyo a los procesos de paz impulsados por el imperialismo); en Estados Unidos y Gran Bretaña (apoyo a la burocracia sindical en los procesos de formación del Labor Party y del Socialist Labour Party, contra sus alas izquierdas); en México, donde se ha colocado a la rastra del zapatismo está, por así decirlo, contenida en las tesis de 1977, que consagraron su abandono definitivo de la estrategia de la dictadura del proletariado.


 


Pablismo, foquismo


 


La degeneración del SU es el resultado de un largo proceso político cuyo punto de arranque fue el pablismo.


 


Efectivamente, fue el primer intento serio y orgánico dentro de las filas de la IVa Internacional de abandonar la estrategia de la dictadura del proletariado. Para Pablo y sus seguidores, la expropiación del capitalismo en Europa del Este y Yugoslavia planteaba que el stalinismo se había convertido, a pesar suyo, en un factor revolucionario, que se orientaba a construir Estados obreros. Entre el capitalismo y el socialismo se abría, para los pablistas, un período caracterizado por los Estados obreros deformados.


 


Semejantes posiciones llevaron al Secretariado Internacional a abandonar el planteamiento de la revolución política que, en la concepción de Trotsky, era la herramienta para la regeneración revolucionaria de la dictadura del proletariado en la URSS. Paralelamente, como en la teoría pablista la burocracia soviética reemplaza al proletariado como el agente de la revolución social, la construcción de un partido revolucionario la propia IVa Internacional es considerada superflua.


El pablismo cubrió de vergüenza el nombre de la IVa Internacional cuando se opuso a los levantamientos de los obreros de Berlín oriental (1953) y de Hungría (1956), con el argumento de que el derrocamiento de la burocracia stalinista llevaría a esos países a abandonar el campo socialista. Para los pablistas, la restauración del capitalismo en los Estados obreros degenerados provenía de la acción de las masas contra la burocracia…


 


Para los pablistas, el socialismo sólo podía ser el resultado de una auto-reforma de los regímenes burocráticos, lo que explica que, habiéndose opuesto a los levantamientos obreros de Berlín oriental y Hungría, apoyaran, en cambio, el de Polonia, encabezado por una fracción de la propia burocracia, la de Gomulka, cuyos planteamientos reformistas antecedieron a los de Gorbachov en más de 30 años. No hace falta decir que Gomulka hundió el levantamiento polaco.


 


Las posiciones pablistas hicieron escuela en la IVa Internacional, aun entre aquellos que se declararon sus opositores. Durante su efímero matrimonio en 1981/82, Moreno y Lambert, por ejemplo, sostuvieron que la "norma general y exclusiva en el curso y después de la Segunda Guerra Mundial" fue que "las direcciones pequeñoburguesas, burocráticas y contrarrevolucionarias se han visto obligadas a romper con la burguesía, expropiarla y tomar el poder" (13). O más llanamente: "el ascenso revolucionario es tan grande que la burguesía puede ser expropiada sin partido revolucionario" (14). Como criticaban Altamira y Magri en aquel entonces, "si esto es cierto, estamos en presencia de dos novedades: 1) los partidos trotskistas no tienen viabilidad; 2) reformistas y stalinistas no están en el campo del orden burgués, sino en el de la revolución proletaria, con sus propios métodos Se llega a la misma conclusión de Michel Pablo: hay, primero, un gran período de Estados burocráticos y el papel de los trotskistas no es dirigir sino impulsar" (15). Más cerca en el tiempo, mandelianos, morenistas y lambertistas no tuvieron empacho en caracterizar como progresiva a la perestroika gorbachoviana, es decir, a la primera etapa de la política abiertamente restauracionista de la burocracia soviética.


El pablismo significó la liquidación política de la IVa Internacional, porque importó el abandono del planteamiento y de la estrategia de la dictadura del proletariado.


 


Con relación a la Revolución Cubana (1959), el pablismo postuló como ley histórica la representación parcial que tenían de ella algunos intelectuales pequeñoburgueses y elevó al foquismo al rango de programa de la IVa Internacional.


 


El foquismo sustituye al proletariado como clase dirigente de la revolución por la pequeñoburguesía. En otras palabras, la adhesión al foquismo no significa un desvío militarista, como suponen algunos de sus críticos; significa, por sobre todo, la adopción del programa político de una clase social hostil al proletariado (la pequeñoburguesía), cuyos intereses históricos son opuestos al comunismo.


 


Quien más claramente expresó esta sustitución foquista fue Nahuel Moreno, que a mediados de la década del 60 integraba el SU. Para Moreno, "cualquier país, cualquier clase brutalmente explotada puede, por el programa y el método de la revolución permanente, plantearse la acumulación primitiva socialista y adquirir el desarrollo económico, cultural y técnico moderno así como hemos descubierto (!) que no sólo la clase obrera puede acaudillar la revolución proletaria, lo mismo podemos decir de los movimientos políticos: no sólo los obreros pueden organizar y dirigir las primeras etapas revolucionarias, pueden hacerlo los movimientos y organizaciones democráticas y agrarias" (16). De un plumazo, Moreno en nombre de la IVa Internacional arroja a la basura toda la teoría de Marx sobre el papel revolucionario del proletariado.


 


También aquí, el SU hizo escuela: la sustitución del proletariado por otras clases sociales como caudillo de la revolución, derivó en la teoría de las nuevas vanguardias (pequeñoburguesas, nacionalistas, estudiantiles, siempre antiproletarias), con la que no sólo los mandelianos, sino también el morenismo y el lambertismo quisieron reconstruir la IVa Internacional en los últimos veinte años. Y todavía hoy, cuando todas esas nuevas vanguardias se han pasado con armas y bagajes al campo proimperialista de la democracia, estos trotskistas nos quieren seguir vendiendo a las nuevas vanguardias como la vía para reconstruir una nueva Internacional. Esto lo han dicho claramente tanto los lambertistas como la principal sección de la LIT morenista, el PSTU brasileño, y los mandelianos (17).


 


El paso del aventurerismo foquista al democratismo de las tesis de la Democracia Socialista es un complemento necesario. El FSLN de Nicaragua un niño mimado del SU es la expresión de la perfecta complementariedad entre foquismo y democratismo.


 


Durante sus más de cuarenta años de trayectoria política con sus sucesivos congresos, escisiones y reagrupamientos, la corriente que hoy representa el llamado Secretariado Unificado de la IVa Internacional ha abandonado la estrategia de la dictadura del proletariado para defender, sistemáticamente, la política y los intereses sociales de clases hostiles al proletariado. Se trata de una corriente ajena a la IVa Internacional y, por lo tanto, irrecuperable para luchar por su reconstrucción. Cualesquiera hayan sido sus debilidades, a la Tendencia Cuarta Internacionalista le cabe el indudable mérito político de "acabar con el equívoco mantenido por la OCI (lambertista) de Francia, la que evitó decir con toda claridad que el SU no era solamente una desviación ideológica, sino que había pasado a representar intereses extraños a los del proletariado" (18).


 


El democratismo trotskista


 


El giro ideológico democratizante de la izquierda mundial de mediados de los 70/principios de los 80 en consonancia con la ofensiva democratizante del imperialismo y con las primeras formulaciones de la política gorbachoviana encontró poca oposición a la hora de tomar por asalto esa débil fortaleza política que eran los partidos de la IVa Internacional.


 


Ya se ha señalado que las tesis de unificación de las tendencias de Lambert y Moreno reprodujeron, con tres décadas de atraso, los planteos fundamentales del pablismo. "Esto implica señalaba entonces Política Obrera que la OCI, y con ella el CI, se ha autodesheredado de su único, pero valioso, elemento de tradición revolucionaria de lucha contra la liquidación de la IVa Internacional" (19).


 


La entente Lambert-Moreno también reprodujo, lo que no es poco, el planteo democratizante del SU. La base política de su unificación fue el apoyo al frente popular, encabezado en Francia por Mitterrand. En este sentido, el récord del Comité Internacional es verdaderamente impresionante si se considera que apenas sobrevivió nueve meses: apoyo al frente popular francés encabezado por Mitterrand (del que la OCI decía que pretendía destruir la Va República, es decir, que le atribuía un objetivo revolucionario); apoyo al frente con la burguesía en Nicaragua; pidió el ingreso (del PST) a la multipartidaria de los principales partidos patronales de la Argentina; el planteamiento de que la Constituyente peruana (es decir, el parlamento burgués en el cual, un frente único que integraban los partidos del CI había sacado el 12% de los votos) tomara el poder para "resolver las contradicciones del pueblo explotado". La lista sigue: Bolivia, El Salvador, Brasil (20).


 


Roto el Comité Internacional, el lambertismo entró en un acelerado proceso de desintegración política y organizativa. Su único grupo significativo en América Latina, O Trabalho de Brasil, que actúa en el PT, "consiguió zafarse de la expulsión de las corrientes trotskistas de dicho partido a través de la adhesión de principios a la estrategia de la dirección lulista democratizante, ejerciendo en el PT una especie de oposición consentida (sin hablar de omisión cómplice frente a la expulsión de los trotskistas, ni de su exaltación del caudillismo de Lula)" (21). En cuanto a la OCI, se ha auto-disuelto en un fantasmagórico Partido de los Trabajadores.


El morenismo que en el pasado había sido peronista y foquista formó la LIT, que debutó como plenamente democratizante: su planteo estratégico era el "socialismo con democracia" o sea, la democracia socialista mandeliana.


 


El socialismo con democracia es una contradicción en sus propios términos: el socialismo es un régimen social en el cual el Estado ha desaparecido; la democracia es una forma de Estado. Donde hay democracia no puede haber socialismo; donde hay socialismo, ya no existe la democracia. No se trata, sin embargo, de una confusión inocente. Significa que, para el morenismo, el socialismo puede ser alcanzado en el marco de la democracia, es decir, sin la destrucción del Estado burgués. "A esta revolución social en el marco del Estado burgués, el documento del Mas ("Documento sobre situación nacional", aprobado en el IIIº Congreso del Mas, 1988) la denomina cambiar el carácter del Estado, es decir, cambiar el contenido de clase del Estado, pero no destruir a éste como aparato de opresión de la burguesía, no hacer la revolución. Este cambio social se produce derrotando (pero no derrocando) a los partidos burgueses; llevando a la clase obrera al gobierno (pero no al establecimiento de un régimen proletario); y a hacerlo a través de sus partidos e instituciones, todos democratizantes y puntales del Estado burgués (y no a través de nuevas organizaciones revolucionarias de masas)" (22). En el citado documento, el morenismo propone la reorganización completa del Estado a través de una Asamblea Constituyente (y no su destrucción por medio de la revolución y la dictadura del proletariado). El subsiguiente planteamiento morenista de un "gobierno obrero y popular" sin la necesidad de la destrucción del Estado burgués es, típicamente, el "gobierno obrero-burgués" que denunciaron tanto la IIIa como la IVa Internacionales. Este conjunto de planteamientos democratizantes justifican plenamente la caracterización que formula Causa Operaria criticando el programa del grupo morenista brasileño: "El socialismo con democracia es, en realidad, la democracia pura transportada al escenario de la revolución, es decir, el estrangulamiento de la revolución por medio de la democracia" (23).


 


Efectivamente, el gobierno obrero en su versión morenista no es la dictadura del proletariado, sino una trasposición idealizada del parlamentarismo. Así, los morenistas brasileños sostienen copiando casi letra por letra la tesis mandeliana de la Democracia Socialista que "nuestra lucha consiste en que la clase obrera y los sectores aliados tomen el poder político a través de sus organismos y no que el partido tome el poder eso significa que la disputa política central entre los sectores revolucionarios y reformistas y las varias alas que pueden existir dentro de una determinada organización, se da dentro de estos organismos" (24). Aquí, la lucha a muerte entre la revolución y la contrarrevolución queda reducida a un debate parlamentario en el ámbito de los organismos de poder. Pero ningún organismo de poder puede reemplazar al partido revolucionario, que concentra en su programa los intereses históricos del proletariado como clase internacional.


El partido no toma el poder sino los organismos significa, simplemente, que el morenismo sólo está dispuesto a tomar el poder si es acompañado por los partidos contrarrevolucionarios.


 


Las tendencias trotskistas y la restauración del capitalismo en la URSS


 


Ya se ha señalado que el planteamiento democratizante fue el carro de guerra político-ideológico del imperialismo para preparar la restauración del capitalismo en la URSS y en Europa del Este. Los tratados internacionales de la década del 70 (Alemania Federal-URSS de 1970; Alemania Federal-Polonia de 1972; Tratado de Helsinki) garantizaron la intangibilidad de las fronteras establecidas y transformaron el derecho internacional (capitalista) en derecho nacional de la URSS y de las llamadas democracias populares la libertad de comercio, la libre circulación económica (que se encubría con la libre circulación de personas es decir, la circulación de las personas en calidad de mercancías; en otras palabras, fuerza de trabajo). La literaturademocrática acompañó al fenómeno internacional más amplio de la restauración capitalista en la URSS.


"Ese fue el servicio de la teoría de la democracia como valor universal, del predominio de la sociedad civil y de la ciudadanía. Cumplía la función ideológica, es decir, encubierta, de un planteo donde el imperialismo y la burocracia andaban del brazo. Estos tratados no sólo mostraban un esquema internacional dirigido a la instauración del régimen capitalista en la URSS y en Europa del Este, sino que estaban revelando un hecho aún más profundo: la tendencia a la restauración capitalista de la propia burocracia, la cual procuraba apoyos legales, de derecho, diplomáticos e internacionales, para proceder ella misma al proceso de restauración capitalista" (25).


El carácter democratizante de las principales corrientes trotskistas reside en no haber comprendido con la excepción parcial de la OCI que estos acuerdos políticos estaban delatando la tendencia de la burocracia stalinista a la restauración del capitalismo. Peor aún, caracterizaron este curso como progresivo porque significaba la ampliación de la democracia.


 


El hundimiento de los regímenes burocráticos destruyó las últimas ilusiones socialistas de las tendencias democratizantes del trotskismo. El XIIIº Congreso del SU votó una resolución cuyo corazón político consistía en la siguiente afirmación: "Terminó la época en que el movimiento obrero internacional se determinaba en función de la victoria y de la degeneración de la revolución rusa (que) ya no representa una referencia estratégica central en función de la cual se definen los revolucionarios de todo el mundo" (26). En otras palabras, para el SU ha terminado la época histórica de la revolución proletaria y ha desaparecido la dictadura del proletariado como referencia estratégica central. La última elaboración morenista, por su parte, sostiene que la URSS habría dejado de ser un Estado obrero prácticamente a poco de nacer (a mediados de la década del 20) y hasta niega que en China, Cuba o Vietnam hayan tenido lugar revoluciones y Estados Obreros. Este retroceso verdadera estampida en el terreno de los planteamientos políticos y programáticos, se complementó con crisis organizativas mayores, como la que llevó al estallido del morenismo.


 


Se trata de un resultado curioso para tendencias que se auto-proclamaban herederas políticas de Trotsky, quien había pronosticado con más de sesenta años de anticipación que si una revolución no derrocaba a la burocracia, la restauración del capitalismo en la URSS, más tarde o más temprano, sería inevitable. Que caracterizaba a la burocracia como una capa social restauracionista y, como tal, estaba condenada a intentar transformar sus privilegios en propiedad. ¿Por qué estas organizaciones se derrumban política y organizativamente cuando los pronósticos del fundador de la tendencia política a la cual decían pertenecer encontraban su más negativa verificación práctica?


 


Lo que explica esta aparente contradicción es que, en realidad, para ninguna de estas corrientes, la URSS y los restantes Estados obreros degenerados eran, como había caracterizado Trotsky, regímenes sociales transitorios entre el capitalismo y el comunismo, cuyo destino final sería resuelto en la arena de la lucha de clases mundial. Para todos ellos, el capitalismo no podía restaurarse en la URSS. Consideraban que la estatización de la propiedad era irreversible, porque la burocracia stalinista actuaba como su guardiana. Una guardiana totalitaria que actuaba en su propio interés pero guardiana al fin. Citemos a Mandel: "Nosotros pensamos que la restauración del capitalismo es, a corto, mediano y largo plazo, imposible" (27).


 


Fueron incapaces de comprender las enormes contradicciones, de toda índole, acumuladas por el socialismo en un solo país, y que la integración de la burocracia al mercado mundial por la vía del endeudamiento externo había llevado a un punto de explosión. Esas contradicciones debían llevar, obligadamente, a una situación revolucionaria, como la que estalló en Polonia en 1980.


Frente al hundimiento de los regímenes burocráticos y a la disyuntiva de dictadura del proletariado o restauración del capitalismo que abría este hundimiento, los planteamientos de la democracia socialista y del socialismo con democracia que levantaban mandelianos y morenistas no eran otra cosa que el utópico llamado a la autorreforma de estos regímenes por las fracciones progresivas y democratizantes de la propia burocracia. Como para los morenistas y los mandelianos, la burocracia no era restauracionista, su crítica al stalinismo se limitaba a su aspecto totalitario y antidemocrático… Una inyección de democracia debería alcanzar, entonces, para completar positivamente el desarrollo histórico de los regímenes burocráticos. Por eso aplaudieron cuando Gorbachov anunció que su objetivo era alcanzar un "estado socialista de derecho", sin percibir a excepción del PO que el planteo de la burocracia apuntaba a establecer el derecho a la propiedad privada, es decir, el marco jurídico de la restauración.


 


Las consignas de democracia socialista y de socialismo con democracia se limitaban a pretender el establecimiento de instituciones representativas (parlamentarias), en el marco de un régimen al que caracterizaban como socialista. Como la expropiación del capital (socialismo) no significa que la democracia deje de ser una forma de Estado con su correspondiente burocracia estatal, el socialismo con democracia es, en última instancia, el régimen abstracto, e imposible en la práctica, de la dominación de la burocracia.


 


Para Trotsky, el derrocamiento de la burocracia debía salvar al Estado obrero de la restauración del capitalismo; para los mandelianos y morenistas, por el contrario, la democracia debía salvar, no al Estado obrero, sino al régimen burocrático. Frente al derribamiento del Muro de Berlín por las masas sublevadas contra la burocracia, los morenistas opusieron a la consigna de la "Unidad socialista de Alemania", el "socialismo con democracia" en la RDA.


 


Si, como consecuencia del abandono de la estrategia de la dictadura del proletariado, la consigna del gobierno obrero se convierte en un gobierno obrero-burgués, en los Estados obreros degenerados, el abandono de la estrategia de la dictadura del proletariado convierte la consigna de la revolución política en un planteamiento democratizante. El Vo Congreso del Partido Obrero caracterizó que los planteamientos de revolución política antiburocrática (morenista) y de revolución política democrática (Pierre Broué, ex dirigente de la OCI) se "limitan a desalojar a la burocracia del poder, por la vía de la democratización de las instituciones del Estado. Es decir, no plantean la expropiación de los derechos políticos de la burocracia como categoría social, ni de los medios económicos que ha acumulado lo cual sólo puede significar, de un lado, un camuflage de la burocracia que conserva su dominación económica y, del otro lado, un camuflaje de la restauración capitalista" (28). La aberración del socialismo con democracia y de la democracia socialista no se refiere, sin embargo, tan sólo a la democracia, sino también al llamado socialismo. Sin dictadura del proletariado, la estatización de la propiedad no equivale, ni mucho menos, a un socialismo con o sin democracia, sino a un capitalismo de Estado.


 


La regeneración revolucionaria de los Estados obreros no se limita a una tarea puramente política reinstauración del poder de los soviets, exclusión de la burocracia. Implica una profunda reorganización social. El planteo de que la democracia podría salvar al socialismo ignora la interrelación dialéctica que existe entre el avance de la socialización y la dictadura del proletariado.


 


Pero esto no es todo, porque el socialismo sólo puede triunfar como un régimen social internacional. El aislamiento de la revolución lleva a la burocratización y a la degeneración del Estado obrero.


 


El planteamiento de la dictadura del proletariado expresa la unidad del proletariado internacional como clase y el carácter inseparable de la lucha por el poder en los Estados capitalistas con el desarrollo socialista en los países en que el capital fue expropiado.


 


Qué es el centrismo en la IVa Internacional


 


El centrismo está determinado por la oposición de extremos irreconciliables: revolución – contrarrevolución; burguesía – proletariado; marxismo – revisionismo. Las formaciones centristas son aquellas que oscilan ora a la derecha, ora a la izquierda entre estos dos extremos.


La caracterización de que la IVa Internacional estaría formada por un conjunto indiferenciado de "organizaciones centristas de tipo especial" (y un único agrupamiento revolucionario los trotskistas consecuentes, la propia ITO) (29), coloca en el polo derechista de la ecuación a los partidos comunistas y socialistas.


 


Esta caracterización significa que, para la ITO, todas las organizaciones que se reclaman de la IVa Internacional se encuentran en el mismo terreno de clase, y que las divergencias y crisis que la desgarraron durante medio siglo tienen un carácter puramente ideológico o político. La ITO no logra establecer las diferencias de contenido de clase de la política y del programa de las diversas tendencias que se reclaman trotskistas.


 


Siguiendo el mismo método de análisis, la ITO debería ubicar a Lenin y a Kautsky, en 1918, en el mismo terreno de clase, si es cierto que Kautsky "continuaba emparentándose positivamente" (30) con el marxismo (se declaraba a sí mismo marxista) y si es cierto que Kautsky "programáticamente todavía permanecía en la perspectiva de la dictadura del proletariado" (31). Ocurre que, a mediados de 1918, Kautsky publicó su folleto La Dictadura del Proletariado, al que Lenin calificó como "un perfecto modelo de tergiversación pequeñoburguesa del marxismo y una ruin negación de éste en los hechos, mientras se lo reconoce hipócritamente de palabra" (32). ¡Como Kautsky no había renunciado, de palabra, formalmente, a la dictadura del proletariado, debería ser considerado en el mismo terreno de clase que Lenin! La ITO no formula una caracterización, sino que solicita una declaración jurada …


 


La ITO no establece los diferentes contenidos de clase que se han manifestado en la crisis de la IVa Internacional. Por eso no logra avanzar más allá de una definición extremadamente vaga: "la tarea de los trotskistas ortodoxos es desarrollar una tendencia internacional orientada estratégicamente hacia la reconstrucción de la IVa Internacional por medio de la ligazón, el apoyo y la organización de toda lucha por el trotskismo, en favor de todo desarrollo genuinamente trotskista en el mundo, tanto dentro como fuera de las grandes organizaciones centristas" (33).


No es cierto, sin embargo, que estas organizaciones centristas "no han producido una completa y decisiva ruptura con las bases programáticas de la política proletaria revolucionaria. Esas organizaciones continúan emparentándose positivamente, de varias maneras, con el Programa de Transición de 1938. Programáticamente, todavía permanecen en la perspectiva de la dictadura del proletariado basada en la democracia soviética, todavía rechazan formalmente el frentepopulismo, todavía declaran su pertenencia al internacionalismo proletario, y todavía con cierta confusión y ciertas significativas excepciones mantienen el análisis trotskista de los regímenes stalinistas y de la necesidad de las formas de propiedad colectivizada contra el imperialismo incluso mientras revisan y distorsionan estos principios y se adaptan a corrientes hostiles a ellos" (34).


 


A lo largo de todo este artículo hemos demostrado que estas corrientes han perseverado en una política hostil a la dictadura del proletariado, han sido y son el vehículo del programa y los intereses de clases hostiles al proletariado, son abiertamente frentepopulistas y han abandonado el planteamiento de la revolución política (dictadura del proletariado) para los Estados obreros degenerados. Son, para usar las palabras de Lenin refiriéndose a Kautsky, "un perfecto modelo de tergiversación pequeñoburguesa del marxismo y una ruin negación de éste en los hechos, mientras se lo reconoce hipócritamente de palabra". Estamos autorizados, entonces, a caracterizarlos como Lenin caracterizó a Kautsky: como renegados. El mandelismo y el lambertismo no son centristas; son el ala derecha de la IVa Internacional y están ubicados en un terreno de clase hostil al proletariado. Su trayectoria de décadas, los ha endurecido en sus posiciones antiproletarias y los hace irrecuperables para la lucha por la reconstrucción de la IVa Internacional. En cuanto al morenismo, ha estallado; no existe más. Los grupos que han surgido del estallido morenista manifiestan las posiciones políticas más diversas.


 


El SU y el lambertismo no son centristas, pero lo que sí es típicamente centrista es la tentativa de recuperarlos y de reconstruir la IVa Internacional reuniendo a todas las tendencias, por el hecho de que se reclaman del trotskismo. Estas tentativas han fracasado en el pasado y no podían más que fracasar, porque significan la fusión, en una organización común, de tendencias y partidos con diferente contenido de clase. El fracaso de estas tentativas confirma el pronóstico formulado por la Tendencia Cuarta Internacionalista hace más de quince años: "La concepción de la reconstrucción de la IVa Internacional, como una reunificación con los revisionistas por medio de la recuperación del SU, está condenada al fracaso. Los grupos que caracterizan al SU como centrista, con la finalidad de postular su recuperación, se estrellarán contra la pared" (35).


"Hay que luchar políticamente contra el revisionismo y sus nuevos aliados continuaba entonces la TCI, no para recuperarlos o reformarlos, sino para destruirlos políticamente" (36).


La destrucción política del democratismo y el revisionismo es la vía para reconstruir la IVa Internacional.


 


La reconstrucción de la IVa Internacional, una tarea inmediata


 


La experiencia revolucionaria de las últimas seis décadas años de grandes victorias y amargas derrotas confirma que no existe ninguna posibilidad de estructurar un partido revolucionario de la clase obrera que no sea la IVaInternacional. Su programa concentra la experiencia de las tres Internacionales que la precedieron y la experiencia de la victoria y de la derrota de la Revolución Rusa. Toda esta experiencia histórica está resumida en la  consigna cardinal del marxismo, que preside el Programa de Transición: la dictadura del proletariado. Fuera del programa de la IVa Internacional, dominan las posiciones proimperialistas. La reconstrucción de la IVa Internacional exige diferenciar a las corrientes que actúan en nombre de la IVa Internacional desde un punto de vista de clase.


 


Por la vía de la delimitación y la clarificación política, mediante el debate y la experiencia de una intervención común en la lucha de clases, será posible reconstruir la IVa Internacional como el partido mundial que lucha por la dictadura del proletariado y el comunismo.


 


 


 


Notas:


1 . "Carta de Marx a Joseph Weydemeyer (5 de marzo de 1852)", en Carlos Marx – Federico Engels, Correspondencia; Editorial Cartago, Buenos Aires, 1973.


2 . Vladimir Lenin, El Estado y la Revolución; Editorial Cartago, Buenos Aires, 1974 (cursivas en el original).


3 . Pablo Rieznik, "Sobre el libro La dictadura revolucionaria del proletariado, de Nahuel Moreno", en Internacionalismo n° 2, Lima, diciembre de 1980.


4 . Vladimir Lenin, El Estado y la Revolución; Editorial Cartago, Buenos Aires, 1974 (diferenciadas por mí, LO).


5 . Idem anterior.


6 . "Democracia Socialista y Dictadura del Proletariado (Resolución del Secretariado Unificado de la IVa Internacional)", en Jornadas de Estudio sobre la IVa Internacional, Ediciones Prensa Obrera, Buenos Aires, setiembre de 1988 (diferenciadas por mí, LO).


7 . Idem anterior (cursivas en el original).


8 . Idem anterior (cursivas en el original, subrayado por mí, LO).


9 . Idem anterior.


10 . Idem anterior.


11 . Idem anterior.


12 . "Declaración de Fundación de la Tendencia Cuarta Internacionalista" (abril de 1979), en Internacionalismo n° 1, Lima, junio de 1980.


13 . "Tesis para la reorganización (reconstrucción) de la IVa Internacional" (Comité Internacional), Tesis I; reproducidas por Jorge Altamira y Julio N. Magri, "Las tesis del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 3, Lima, 1981.


14 . Idem anterior, Tesis XII.


15 . Jorge Altamira y Julio N. Magri, "Las tesis del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 3, Lima, 1981.


16 . Nahuel Moreno, "La revolución latinoamericana"; citado por Julio N. Magri en El revisionismo en el trotskismo; Ediciones Política Obrera, Buenos Aires, 1971.


17 . Ver "Resolución sobre la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional (aprobada por el VIIIº Congreso del Partido Obrero)", en En Defensa del Marxismo n° 15, Buenos Aires, diciembre de 1996; Osvaldo Coggiola, "El PSTU se afilia a la LIT y propone disolverla", en En Defensa del Marxismo n° 11, Buenos Aires, abril de 1996; Osvaldo Coggiola, "El XIII° Congreso del Secretariado Unificado de la IVa Internacional", en En Defensa del Marxismo n° 4, Buenos Aires, setiembre de 1992.


18 . "Resoluciones de la 4a Conferencia de la TCI (31 de julio al 2 de agosto de 1981)", en Internacionalismo n° 4, Lima, enero-abril de 1982.


19 . Jorge Altamira y Julio N. Magri, "Las tesis del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 3, Lima, 1981.


20 . Para una crítica detallada de la política frentepopulista del Comité Lambert-Moreno, ver Jorge Altamira y Julio N. Magri, "El desbande del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 4, Lima, 1982.


21 . Osvaldo Coggiola, El Trotskismo en América Latina, Ediciones Magenta, Buenos Aires, 1993.


22 . Jorge Altamira, La estrategia de la izquierda en la Argentina, Ediciones Prensa Obrera, Buenos Aires, 1989.


23 . Rui Costa Pimenta, "Convergencia Socialista y su defensa del socialismo", en En Defensa del Marxismo n° 2, Buenos Aires, diciembre de 1991.


24 . Joao Ricardo Soares, "La actualidad del partido revolucionario", en revista Desafío n° 2.


25 . Jorge Altamira, "Marx, Engels y la democracia de este fin de siglo", en En Defensa del Marxismo n° 2, Buenos Aires, diciembre de 1991.


26 . Citado por Osvaldo Coggiola, "El XIIIo Congreso Mundial del Secretariado Unificado de la IVa Internacional", en En Defensa del Marxismo n° 4, Buenos Aires, setiembre de 1992.27 . Ernst Mandel, Conferencia dictada en Buenos Aires, poco tiempo antes de su muerte, reproducida en la revista Razón y Revolución n° 2, Buenos Aires, 1996.


28 . Jorge Altamira, "La crisis mundial. Informe internacional al V° Congreso del Partido Obrero", en En Defensa del Marxismo n° 4, Buenos Aires, setiembre de 1992.


29 . Oposición Trotskista Internacional, "La crisis de la IVa Internacional y las tareas de los trotskistas consecuentes", en En Defensa del Marxismo n° 14, Buenos Aires, setiembre de 1996.


30 . Idem anterior.


31 . Idem anterior.


32 . Lenin, Op. Cit., cursivas del original.


33 . Oposición Trotskista Internacional, "La crisis de la IVa Internacional y las tareas de los trotskistas consecuentes", en En Defensa del Marxismo .n° 14, Buenos Aires, setiembre de 1996.


34 . Idem anterior.


35 . "Resoluciones de la 4a Conferencia de la TCI (31 de julio al 2 de agosto de 1981)", en Internacionalismo n° 4, Lima, enero-abril de 1982.


36 . Idem anterior.

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