Para una des-historia de la IVª Internacional

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Combats et Debats de la IVª Internationalede François Moreau


Los procedimientos de la degeneración pablista y su encubrimiento por los post-pablistas


 


Como ya vimos (1) , el balance que F. Moreau hace del período posterior al III° Congreso de la IVª Internacional, y de la escisión que le sucede, tiene un carácter derechista.


 


Para este exponente del Secretariado Internacional, luego Secretariado Unificado (SI-SU), el abandono de los planteos "catastrofistas" que hace la IVª a partir de ese congreso, responde al "retroceso" que se operó en la situación mundial y a la "orientación izquierdista (de los partidos comunistas occidentales) en respuesta a la política de confrontación del imperialismo, como se vio en el período de 1947 a 1952" (2).


 


El SU se toma definitivamente toda la cicuta de los argumentos que destruirán políticamente a la IVª, colocando a los que osan levantar un planteo revolucionario en la época como poco menos que virtuales "delirantes" (3).


 


Para imponer esta orientación, el SI, bajo la dirección de Michel Pablo, va a recurrir a procedimientos arbitrarios y totalitarios. F. Moreau justifica esos procedimientos en nombre de "ciertas ideas (dominantes) de la época", y aún más, porque así se "quería combatir las presiones centrífugas que pesaban sobre el movimiento" (trotskista).


 


Esa "concepción organizacional", reconoce F. Moreau, tuvo consecuencias "nefastas", implicó "la imposición de una disciplina al nivel de las instancias de dirección sobre las cuestiones de organización, que obligaba a todos los miembros del SI (por ejemplo) a defender sus decisiones frente a la Internacional" (4). Por esta vía se expulsó a la mayoría de la organización francesa que combatió las tesis pablistas, y más tarde se abrieron todo tipo de intrigas en otras organizaciones.


 


En nombre de las "obligaciones estatutarias", dice F. Moreau, la organización francesa va a ser intervenida poco tiempo después del III Congreso de la IVª. Esa posición del secretario general, Michel Pablo, en el SI, se impone "por una votación de 5 a 4. El dirigente británico, Healy, y el representante del SWP americano, votaron a favor de Pablo, en tanto que Ernest Mandel y Livio Maitán se pronunciaron contra él … (Mandel) fue designado para jugar ese rol" de interventor.


 


F. Moreau nos quiere demostrar así que "felizmente aquella concepción fuertemente defendida por Pablo no pudo imponerse jamás completamente", porque sucederá que los críticos de aquella intervención van a terminar siendo los escuderos de M. Pablo, mientras que los defensores serán sus futuras víctimas. En los dos años posteriores a aquella resolución, van a terminar fuera de la IVª dirigida por M. Pablo, además de la mayoría del PCI francés, el SWP americano y las secciones inglesa (dirigida por Healy), canadiense, china (emigrada en Hong Kong) y suiza, todas las cuales habían votado las resoluciones pablistas del III Congreso. Alrededor de la "Carta abierta a los trotskistas del mundo entero", suscripta y publicada por el SWP en noviembre de 1953, se conformará el Comité Internacional (CI), fruto de las intrigas que en esas organizaciones va a suscitar M. Pablo, y que la Carta denuncia. La misma, que luego van a suscribir todas esas organizaciones, pasó a ser de algún modo su acta fundacional.


 


"El grupo argentino de N. Moreno dice F.Moreau se acercará a él (al CI) más tarde", fruto del fracaso de la orientación pablista que Moreno había aceptado de unificación en la Argentina de las dos organizaciones que se reclamaban de la IVª. Moreno mantuvo hasta 1954 posiciones ultraizquierdistas (5), frente a una política abiertamente capituladora ante el peronismo de Posadas (la corriente de Jorge A. Ramos había roto relaciones ya con la IVª, aunque de algún modo, en su postura ante el peronismo, va a llevar hasta el final, antes que M. Pablo en Argelia, el LSSP ceilanés y Bejar en Perú, la disolución del trotskismo en el nacionalismo burgués).


 


Moreno se reclamó "pablista de la primera hora", como recuerdan correctamente los historiadores del Mas que acaban de editar su segundo tomo (6). Es totalmente falso, sin embargo, lo afirmado allí en el sentido del que la organización morenista "formó parte de él (el CI), desde su carta de marzo de 1953, en la que rompíamos políticamente con Pablo" (7).


 


Esta obra que acabamos de mencionar es útil para indagar también en los ya citados procedimientos. Y dicho por Nahuel Moreno, tiene un valor especial. Refiriéndose a un debate en el III Congreso de la IVª, del que Moreno participa como delegado, declara que "en la cuestión del Frente Unico (antiimperialista) nosotros éramos quienes estábamos equivocados y aprobamos documentos con sendas autocríticas escritas. Estas autocríticas tienen dos objetivos, permitir una real superación del movimiento comprendiendo la causa de nuestros errores y dar un ejemplo, ya que todo el mundo ha cambiado su programa en media hora de discusión sin decir agua va ni agua viene" (8) (!).


 


Según F. Moreau, los procedimientos pablistas, sin embargo, no pusieron en duda el "funcionamiento centralista democrático internacional", y además insiste no tienen "comparación con las prácticas de ninguno de los agrupamientos internacionales rivales".


 


Se refiere así al CI, que no alcanzó "a tener más que una o dos conferencias mundiales", y cuya inconsistencia llevó al poco tiempo (1957) a la reapertura de conversaciones entre el SWP americano y el SI, que llevarán finalmente a la reunificación de 1963, bajo el rebautizado Secretariado Unificado (SU).


 


F. Moreau, abogado en esta causa del SI-SU, alcanza su cumbre defendiendo al pablismo. Peor que los ex-stalinistas devenidos en vulgares democratizantes que reniegan vergonzozamente de su pasado, por lo menos de palabra, el trotskista François Moreau, convertido también a la defensa de la democracia como todo el SU, va a reivindicar, en cambio, toda su trayectoria. La escisión de 1952/53 no habría sido una reacción ante la degeneración de la IVª por limitados que fueran sus alcances, sino un "golpe de fuerza" contra el centralismo democrático, una expresión de la "manía faccional y falsificadora" de los firmantes de la Carta, cuyo "método … toma prestado del stalinismo".


 


El pablismo, agente de la burocracia termidoriana


 


Todo el período que va de la escisión de 1952/53 a la reunificación de 1963 está signado por la descomunal ilusión abierta por los trotskistas del SI en la regeneración de la burocracia stalinista. Como ya vimos, ésta sería un agente del progreso social, y más aún, instrumento de la lucha contra el capital.


 


El glacis soviético (todo el Este europeo desde Polonia y Albania a la URSS) era mantenido por el stalinismo con acuerdo del imperialismo bajo una mordaza totalitaria, sólo comparable al fascismo. El pablismo, como lo había denunciado el trotskista francés Bleibtreau-Favre en su crítica a las tesis de Michel Pablo de 1951, se encontraba sometido a la opinión pública dominante en la pequeño-burguesía, que cortejaba a los imperialismos democráticos y presentaba al socialismo real como su estandarte. Esta posición era complementaria de los acuerdos contrarrevolucionarios de posguerra entre el imperialismo y la burocracia staliniana. Para el SI, la guerra fría había pulverizado aquéllos, cuando en realidad ésta no es más que la vía tortuosa por la cual se pueden vehiculizar los acuerdos entre dos regímenes que, a pesar de su carácter contrarrevolucionario común, tienen una base social antagónica. El pablismo cae, así, preso de una brutal ceguera.


 


Desde mediados de 1953, en el mismo momento en que el glacis amenaza estallar por una imponente movilización popular tras la muerte de Stalin, desde Berlín, Praga y Budapest hasta los campos de concentración del Artico, el pablismo se coloca de espaldas a este movimiento y reniega abiertamente de todos los pronósticos y tesis del trotskismo. El pablismo se va a colocar en el campo de la defensa del ala liberal de la burocracia (Kruschev en la URSS, Gomulka en Polonia) contra el movimiento obrero alzado frente al termidor soviético.


 


En vez de alertar a las masas sobre el peligro de estas fracciones de la burocracia el peligro mayor, en el sentido que se trata del sector reformista que se coloca, incluso, en la posición de cierto coqueteo con las reivindicaciones populares, para poder estrangular al movimiento obrero, como finalmente va a ocurrir, el SI va a contribuir a cimentar la autoridad de esta burocracia, a la que llamará "centrista".


 


En relación a esta cuestión, F. Moreau dice que "reivindicar las reformas no es abandonar la lucha por la revolución. Reconocer que una reforma fue obtenida, no significa darle el apoyo al gobierno que la hizo". De inocente esto no tiene nada. Se trata de un abandono total de la lucha por la revolución política en los Estados obreros, bajo el dominio de una burocracia contrarrevolucionaria.


 


Tempranamente, frente a los levantamientos obreros de junio de 1953, en Berlín oriental, el SI afirmó que "los dirigentes soviéticos están obligados a perseverar en dirección de mayores y reales concesiones, para no correr el riesgo de perder el apoyo de las masas y provocar explosiones más fuertes. No podrán detenerse en el medio del camino" (9).


 


F. Moreau no puede ocultar que en Berlín se dio "la primera salva de la revolución política", pero sin embargo, afirma para justificar la negativa del SI a reclamar el retiro de las tropas rusas de Alemania oriental ¡esto se escribía 40 años después de la masacre de los obreros berlineses!, que "esa consigna, en amplitud, no correspondía para los obreros de Berlín oriental, porque deseaban fraternizar con los soldados del Ejército Rojo y evitar una confrontación prematura".


 


El "SI, en 1956, en plena rebelión de los obreros polacos, saludó el papel dirigente del POUP (el PC polaco) transformado por la tendencia Gomulka, expresión deformada de la tendencia de las masas, pero tendencia centrista que evoluciona hacia la izquierda. Días después, Gomulka lanzaba a la policía contra los huelguistas y estudiantes (los obreros terminarán derrumbando a Gomulka en 1970). Cuando la revolución húngara de 1956, el SI pablista criticó a Imre Nagy (secretario general del PC húngaro, que se coloca a la cabeza de la rebelión, y acabó asesinado por la burocracia rusa) por maniobrar fuera del campo de clase. El campo de clase era … el Kremlin" (10).


 


En este cuadro, no puede extrañar que en las filas de la IVª levantaran cabeza corrientes abiertamente pro-stalinistas. F. Moreau informa, por ejemplo, que en el SWP de los EE.UU. apareció "una tendencia opuesta al levantamiento húngaro y favorable a la intervención soviética, bajo la dirección de Sam Marcy. Esta corriente va a dejar el SWP para formar el Workers World Party (WWP), que existe hasta nuestros días".


 


El Manifiesto del Congreso del SI realizado un año después de los acontecimientos polacos y húngaros el Vº, seguía reivindicando la política del entrismo en los partidos comunistas, y planteaba de hecho su derecho a reintegrarse al movimiento comunista: "Exigid se dirigía a los PP.CC. la reconstrucción de una Internacional Comunista en cuyo seno, en un pie de estricta igualdad, los Partidos Comunistas elaboren en conjunto la línea común que conduzca al triunfo mundial del comunismo" (11). ¡La lucha de León Trotsky y el movimiento cuartainternacionalista, desde 1933 en adelante, quedaba completamente a un lado!


 


Un "número especial" de la Revista Marxista Latinoamericana, de abril de 1958, que editaba el posadismo en Montevideo para todo el continente, consagrado a reproducir las principales resoluciones e intervenciones del Vº Congreso del SI, tenía un prólogo que decía así: la IVª Internacional tiene como "fin … ubicarse no como negación crítica del stalinismo, sino como una alternativa positiva de la línea comunista, en todos los dominios …".


 


¡Todo esto después de las masacres de Berlín y Hungría, y del rápido desvanecimiento de la democratización polaca (Gomulka va a apoyar, a los pocos días de asumir, la entrada de los tanques rusos a Hungría)!


 


La conclusión de toda esta temprana y profunda degeneración llevó al pablo-mandelismo a la elaboración de una tesis, que Daniel Bensaïd recuerda en el prólogo del libro que comentamos, y que nos da la pista de los periplos posteriores del SI-SU: "En un comentario de julio de 1954 sobre la significación del IVº Congreso mundial, Mandel sistematiza así una periodización de la conciencia de clase: la primera ola se caracterizaría por la espontaneidad de las masas, la formación de direcciones empíricas, antes que se profundice un movimiento hacia el marxismo revolucionario: Estas tres características pueden ser resumidas por una sola fórmula: la primera fase de la revolución mundial es la del centrismo, y la aplicación en gran escala de la táctica entrista, decidida a los inicios de los años cincuenta, toma todo su sentido a luz de una perspectiva tal ".


 


Como para esta gente "la conciencia de clase" es una cosa dada para siempre, se trata, en consecuencia, de una fórmula eterna que conduce a reproducir regularmente el mismo mecanismo de parásito. El marxismo ha sido transformado así en un fetiche de fórmulas y reglas que sirven para justificar los acontecimientos. De su función histórica como guía para la acción de las masas e instrumento para vencer los obstáculos, no quedan ni rastros.


 


Pasada por el tamiz de la crítica, la obra de F. Moreau es una monumental radiografía de esta labor mistificadora, de destrucción de la IVª Internacional.


 


Descomposición rampante


 


Por considerar insuficiente la adaptación del SI a la burocracia termidoriana, a principios de los 60, se va a producir la escisión de la corriente posadista, que controlaba la mayoría de las secciones latinoamericanas (el seguidismo de Posadas al stalinismo no tuvo prácticamente parangón, transformándose en un apéndice de éste, aun bajo la secta que concluyó en nuestros días). Años después, se produce la escisión también del mismo Michel Pablo.


 


Respecto a la primera, F. Moreau va a hacer, una vez más, un balance por derecha, culpando en particular a la sección cubana orientada por Posadas de "críticas irresponsables" al régimen castrista, que "comprometieron las posibilidades de discusión y acercamiento con la dirección de la revolución cubana, en pleno proceso de definición programática y estratégica". Es decir, las víctimas de la represión castrista serían sus responsables, por una injusta crítica que, por tanto, justifica la represión.


 


Es lo mismo que va a hacer el SU, casi 20 años después, en oportunidad de la revolución nicaragüense, frente al morenismo (otra corriente rastrera del nacionalismo y del stalinismo, que mamó del pablismo, al igual que el posadismo). El SU se va a colocar, también, junto a la represión sandinista contra la Brigada Simón Bolívar un contingente de militantes de esta corriente que se sometió política y militarmente al sandinismo, y que casi sin haber entrado en combate, va a ser expulsada del país ni bien asume el gobierno chamorro-sandinista.


 


(En el caso de la revolución nicaragüense, el SU va a llegar muy lejos, reivindicando los acuerdos de paz en toda Centroamérica. F. Moreau va a expresar esta identificación con la estrategia política del FSLN, que "hizo posible la conclusión de acuerdos circunstanciales con las fuerzas burguesas incluso a nivel gubernamental en el cuadro de una estrategia revolucionaria de conjunto, que desembocó en la formación de un Estado Obrero y en su consolidación". ¡Esto era escrito en la misma época en que la coalición de la UNO, burguesa e imperialista, desplazaba democráticamente del Estado … obrero al comandante Ortega!).


 


Respecto a la escisión de Michel Pablo, quien va a terminar fuera del SU en 1965, y más tarde rompiendo con la idea misma de la necesidad de la IVª, ésta va a tener lugar, básicamente, como resultado de dos procesos: por un lado, la tendencia a la reunificación burocrática de la IVª, con el SWP y el morenismo, reclama un cambio de cara que permita justificar la maniobra. (La misma estará pavimentada en las posiciones comunes de la mayoría de los reunificados en torno a la idealización del castrismo con la parcial excepción del morenismo, que inicialmente tuvo la misma posición que el lambertismo y Healy, caracterizando al castrismo como un movimiento gorila, de raigambre derechista y proimperialista) (12).


 


Michel Pablo va a llevar hasta sus últimas consecuencias sus planteos, liquidando hasta la existencia formal del movimiento trotskista. Fue necesario que esto llegara muy lejos para que el SI reaccionara, lo que hizo temerosa y vergonzozamente. Desde hacía mucho tiempo Michel Pablo "jugaba dice F. Moreau un rol personal importante como consejero del gobierno de Ben Bella", el líder nacionalista que pactó con De Gaulle la independencia de Argelia. La acusación tardía de esta situación sirvió al SI, a su vez, para esconder sus responsabilidades en Argelia, donde ni siquiera pudo poner en pie una organización formalmente trotskista, dado que el ex-secretario general se negaba a la posibilidad "de construir un grupo argelino", dadas sus funciones oficiales.


 


Cuando estalla el conflicto chino-soviético, en 1963, con enfrentamientos armados entre ambas burocracias, según explica F. Moreau, el SI vira hacia las "posiciones más progresistas" de la burocracia maoísta, que reivindica frente a "la conciliación (de la burocracia soviética) con el imperialismo, en detrimento de las revoluciones anticoloniales". La burocracia china había reclamado, antes que nadie, la invasión soviética a Hungría, e iba a ser la principal responsable del estrangulamiento de la revolución en Indonesia, por el sometimiento del PC prochino al régimen nacionalista de Sukarno (probablemente, la derrota más grande de un movimiento nacionalista en la década del 60). Más tarde, esta burocracia va a sellar los famosos acuerdos con Nixon, que abrirán tempranamente a China a la mayor colonización imperialista de los Estados obreros, jamás conocida hasta el presente.


 


M. Pablo y su tendencia (la TMRA), en cambio, frente al conflicto entre ambas burocracias, van a dar su apoyo al PCUS contra el PC chino. F. Moreau reconoce que "las posiciones que él (M. Pablo) defendía ahora sobre la URSS, identificaban la revolución política con el movimiento de reformas kruschevianas".


 


Contemporáneamente a estas dos escisiones, se va a producir, en 1964, la expulsión del SI del Lanka Sama Samaja Party (LSSP) de Ceylán (hoy Sri Lanka), por su "degeneración reformista", según F. Moreau. Esta "había sido la principal sección de la IVª Internacional en los años cincuenta y la única que disponía de una influencia de masas". Ese año va a ingresar a una coalición gubernamental con el principal partido nacionalista burgués del país, lo que conduce al SI a esa medida.


 


Pero esta degeneración, reconoce F. Moreau, viene de muchos años antes, a partir de "una rutina parlamentarista". "Ya en 1960, la fracción parlamentaria del LSSP había votado a favor del presupuesto" del partido gubernamental, con el que luego se va a coaligar.


 


El SU no sólo es incapaz de detener la degeneración, sino que, al igual que en Argelia, ve diluirse bajo sus pies a sus partidarios sin poder hacer nada.


 


Pero aun en "este triste episodio de la historia del trotskismo", F. Moreau no pierde oportunidad de atacar a quienes "retardaron la reunificación de 1957, llevando la pesada responsabilidad de haber debilitado la Internacional durante el período crucial de la evolución reformista del LSSP". ¡Los culpables de la degeneración estarían así absueltos! Además, esos errores serían inevitables, según F. Moreau, ¡si hasta el "partido bolchevique conoció esas presiones", y encima estaba "el obstáculo lingüístico, que le impedía (al SI-SU) dirigirse directamente a la base del LSSP"!


 


La evolución posterior del SU es más conocida. Al viraje guerrillerista, que llevó al derrumbe político y físico de toda una generación revolucionaria en América Latina (y cuyos principales exponentes van a terminar dando la espalda a la IVª Internacional sobresale, en este punto, la experiencia del ERP-PRT de Santucho en la Argentina), le siguió la orientación apologética del fenómeno eurocomunista, usina de todas las teorías partidarias del socialismo con democracia. Es decir, de la liquidación de la lucha por la revolución social bajo el capitalismo, y de la abolición del monopolio definitivo de los medios de producción en los Estados obreros, a favor de la apertura. En esta convergencia está, también, la simiente de la postura abiertamente favorable a la perestroika y la glasnost que defendieron el SU y el mandelismo, que los llevó a capitular en toda la línea frente a la burocracia restauracionista. ¡Si según el SU, en Nicaragua hay … Estado obrero, cómo sorprenderse que aún sigan afirmando la existencia de ellos en todos los Estados detrás de la ex-cortina de hierro, en los que la burocracia se ha transformado en el principal factor de la restauración capitalista y de la más terrible degradación social!


 


Ambos procesos, el viraje guerrillerista y luego, el planteamiento eurocomunista, al igual que la postura previa filo-staliniana, no deben sorprender. Como caracterizó en su momento el Partido Obrero, todas estas posturas tienen el denominador común de girar en torno a la opinión predominante de la pequeño-burguesía y la desconfianza en la acción revolucionaria de la clase obrera. En su lugar, el SI-SU van a colocar a las nuevas vanguardias, que constituirían primero los estudiantes, luego los movimientos feministas y/o ecologistas.


 


A partir de 1973, el SU va a saludar prácticamente todos los acuerdos contrarrevolucionarios que, bajo el manto protector del imperialismo mundial, se les impone a las masas en lucha, con la complicidad de sus direcciones traidoras. Entonces, como recuerda F. Moreau, la mayoría del SU apoyó los acuerdos de París entre Kissinger y Ho Chi Minh, que mantenían la división contrarrevolucionaria de Vietnam, y que van a ser barridos por el ascenso imparable de la revolución indochina, que expulsa a los yankis de toda la península.


 


El SU va a apoyar, más recientemente, los acuerdos contrarrevolucionarios que llevaron al Congreso Nacional Africano al gobierno, manteniendo todas las prerrogativas de la minoría blanca que implantó el apharteid, y después, los acuerdos de Oslo para Palestina, que refuerzan la opresión sionista en Cisjordania y Gaza, bajo la Autoridad del policía Arafat.


 


En la Historia de Pierre Frank, escrita pocos años después de la reunificación, el SWP americano era presentado aún como uno de los grandes partidos trotskistas. Veinticinco años después, en la obra de F. Moreau, se informa que el SWP abandonó el movimiento trotskista, pasándose abiertamente al campo del castrismo. Para el SWP, éste "era la mejor dirección comunista y el núcleo del nuevo movimiento comunista internacional en el que el SWP se inscribía". "El SWP dice F. Moreau teoriza sobre la necesidad de una etapa democrática, es decir capitalista, volviendo así a las concepciones mencheviques o, en el mejor de los casos, a las bolcheviques anteriores a 1917".


 


La lectura crítica de la obra de François Moreau debe servir para un examen de nuestra tarea presente. La reconstrucción de la IVª Internacional está en el orden del día, pero está claro que no existen atajos. La labor de poner en pie el programa revolucionario no puede ser sustituida por ninguna maniobra, exige el mayor esfuerzo de deliberación y delimitación política.


 


 


 


Notas:


 


1. En Defensa del Marxismo nº 15.


2. Pierre Frank, en 1968, en la obra ya citada, decía, por ejemplo, que "en los países capitalistas propiamente dichos se produjeron fenómenos harto sorprendentes … Un capitalismo que había perdido sus colonias y más floreciente que nunca, con una clase obrera casi exclusivamente preocupada por su nivel de vida y sin aspiraciones políticas …".


3. Es lo que dice textualmente F. Moreau del PCI, la organización trotskista francesa, cuando ésta caracterizó la huelga general de 1953 de "haber puesto a Francia al borde de la revolución proletaria".


4. El texto entre paréntesis es del original de F. Moreau. En adelante, como lo hicimos en la primera parte de este texto, de no mediar indicación en contrario, todo texto entre paréntesis dentro de un párrafo encomillado es nuestro.


5. Ver Julio N. Magri, "Apuntes a la Historia del trotskismo argentino" y "Otra historia morenista del morenismo", en En Defensa del Marxismo, Nros. 2 y 10, y Osvaldo Coggiola, Historia del trotskismo argentino, CEDAL, tomos I y II.


6. El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, Palabra Obrera y la Resistencia (1955-59), Editorial Antídoto, 1996.


7. Id. ant. Los autores ni se tomaron el trabajo de chequear las fechas; en la misma obra dan, después, la fecha correcta de la Carta. Este lapsus, con todo, es sólo una minucia en relación al ocultamiento y la mistificación de la historia de esta corriente, cuyo primer tomo ya fue analizado por esta revista (Ver nota 5). Este segundo tomo supera con creces las imposturas del anterior.8. De un informe de N. Moreno de la época, que los autores reproducen en el primer tomo de la obra: El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, Del GOM a la Federación Bonaerense del PSRN (1943-1955), Editorial Antídoto, 1995.


9. Declaración del SI de 1953, citada por Osvaldo Coggiola, en Trotsky, Ontem e hoje, Nosso Tempo, 1990.


10. Osvaldo Coggiola, Op. Cit.


11. Revista Marxista Latinoamericana Nº 8, número especial, abril de 1958, Montevideo.12. Es con el mismo fin, que en el Congreso de unificación "los estatutos fueron modificados para poner fin al hipercentralismo de los años cincuenta, particularmente suprimiendo la posibilidad de la Internacional de nominar las direcciones nacionales y reconociendo la soberanía de las secciones sobre las cuestiones de táctica nacional" (F. Moreau).

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