La Revolución Rusa y la cuestión judía

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Muchos fueron los eventos realizados en Brasil, y en otros países, para recordar los 80 años de la Revolución Rusa de 1917, que constituyó uno de los capítulos más significativos de la historia del siglo XX por su dimensión universal y por sus consecuencias en el esfuerzo de configurar una nueva sociedad humana. También, en relación a los millones de judíos que habitaban el imperio zarista, el movimiento que derribó al viejo régimen en aquella gran extensión de Europa Oriental, por el ascenso de Octubre, representó un punto de viraje en su modo de vivir tradicional.


 


Los judíos tuvieron un papel importante en la formación del movimiento revolucionario ruso, lo que se explica por la propia miseria social en que se encontraban en la Zona de Residencia (Pale), a la que habían sido confinados desde las primeras décadas del siglo anterior. Por otra parte, la intelligentsia judía, la misma que formaría el Bund en 1897, era sensible a la cuestión social, comprometiéndose desde el inicio con el populismo de los narodnik que anticipa la formación del Partido Social Demócrata Ruso, fundado en 1898 bajo influencia marxista. Elementos del Bund estuvieron presentes en el comité central del partido y muchos judíos veían en el socialismo y en la revolución social una solución para sus amarguras.


 


Sin embargo, el reconocimiento de las necesidades específicas del proletariado judío y de su identidad propia, bien como una situación social particular y diferenciada en relación a los demás, llevó cierto tiempo. Hombres como Aaron Schmuel Liberman, fundador de la Asociación de los Obreros Hebreos, en 1876, en Londres, intuirían desde el inicio que el socialismo, como solución a la cuestión judía y de la sociedad como un todo, debería considerar esa especificidad. Lo que parecía una intuición inicial en Liberman, se tornó en el programa de la Asociación General de los Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, el Bund. Pero el difícil camino que éste tenía que atravesar estaba asociado, en ese sentido, a dos cuestiones que aparentemente eran irreconciliables bajo un aspecto ideológico: el internacionalismo divulgado por la doctrina marxista y, por otro lado, la cuestión nacional presente en buena parte del extenso continente europeo.


 


En su Cuarta Conferencia de abril de 1901, en Bialistok, el Bund llegaría a tomar una resolución de respeto de la cuestión nacional, que de hecho no agradó a todos debido a su poca claridad, al mismo tiempo que entraba en un debate con la Iskra que representaba al ala izquierda de la socialdemocracia rusa. La cuestión se encontraba en el orden del día del movimiento socialdemócrata y se reveló como uno de los elementos de discordia con el Bund, en el Segundo Congreso de la Social Democracia Rusa, en julio-agosto de 1903, en Bruselas y Londres, donde el Bund se retiró de la socialdemocracia rusa. Vladimir Medem, en ese tiempo uno de los líderes más brillantes del Bund, dedicado a la cuestión nacional expondrá, en un artículo que se publicó en el Viestnik Bundha (portavoz del Bund), en 1904, bajo el título "La socialdemocracia y la cuestión nacional", una concepción del partido sobre el asunto, asociándola a la cuestión del "neutralismo", que prevaleció en la conferencia de 1901, con apoyo mayoritario. El "neutralismo" para Medem se resumía en aceptar el desenvolvimiento de la historia. "En la medida en que ella lleva a los judíos obligatoriamente a ser asimilados entre los demás pueblos, nosotros por nuestra iniciativa no deberemos dirigir nuestras fuerzas a detener ese proceso ni a obstaculizarlo. Nosotros no nos entrometemos en eso; somos neutrales. La verdad es que estamos contra los asimilacionistas que aspiran a esa asimilación, pero no por eso nos alejamos de ellos, no porque tememos la asimilación, sino porque ella no puede ser colocada como un objetivo, sino apenas como un resultado de un desenvolvimiento social. No estamos contra la asimilación, sino contra la aspiración a la asimilación, contra la asimilación como un objetivo" (1).


 


Esa posición no representaba enteramente a todas las alas del Bund, como podemos ver en el artículo de uno de sus teóricos, Vladimir Kosovski, publicado en esa misma obra (2), y de cierta forma era algo paradójico en un partido y, en Medem, que adoptaban una clara aceptación de la doctrina de la autonomía nacional-cultural, valorizando el idish en su literatura, las instituciones comunitarias judías y su representatividad frente al Estado, etc. En un artículo titulado "Movimiento nacional y partidos socialistas nacionales en Rusia", escrito por Medem en 1908 (3), se hace un resumen histórico del pasaje de la intelligentsia judeo-rusa, militante de las ideas socialistas, hacia la conciencia de la necesidad de organizar y dirigirse a las masas obreras judías, comenzando por la utilización de la lengua idish, que iba a sustituir una literatura socialista en hebreo de los años 70 (del siglo anterior), y que comenzaría con un folleto de Martov (Zederboim), Der vendepunkt in der geschichte fun der idicher arbeter bavegung (El momento del cambio en la historia del movimiento obrero judío), escrito en 1895 (4). Medem describe los pasos para la "nacionalización" o la orientación de sus ideas, dirigidas específicamente al obrero judío, como misión del Bund, objetivo que ya había encontrado ciertos precedentes en el pensamiento de los socialistas que lo antecedieron. Ya en el Congreso del Bund de 1900 figuraba la cuestión nacional y que "el problema así como era planteado por la socialdemocracia judía era muy limitado, debiéndose ampliarlo a la exigencia de igualdad de derechos nacionales". El cuenta que esa resolución no fue aceptada, pues la conferencia temía que esta exigencia desviara la atención del proletariado judío de sus finalidades políticas más importantes. En la Quinta Conferencia, de junio de 1905 en Zurich, el Bund ya muestra una concepción cristalizada sobre la cuestión nacional.


 


El drama del Bund y de los socialistas judíos comienza efectivamente en el momento en que procuran el reconocimiento total de la existencia de una cuestión nacional judía, asentada sobre el principio de nacionalidad, que los lleva a exigir una representatividad política autónoma dentro del partido socialdemócrata ruso. El conflicto con el partido ruso que seguía a esa aspiración del Bund, provocaría el alejamiento del Bund de sus filas durante algunos años, más allá del agresivo artículo de Lenin en el periódico Iskra, de octubre de 1903, bajo el título "La posición del Bund en el partido" (5). En ese escrito Lenin atacará el nacionalismo judío del Bund como reaccionario y dirá que "la idea de que los judíos forman una nacionalidad es lamentablemente una idea sionista, cuyo fundamento es erróneo y reaccionario". A continuación, Lenin trae a su favor, como testimonio, nada más ni nada menos que a Karl Kautsky, "uno de los teóricos marxistas de más categoría", que al estudiar la cuestión nacional en el Imperio Austro-Húngaro afirma que el concepto de nacionalidad se funda en dos elementos, a saber, lengua y territorio. Al igual que Kautsky, Lenin repetirá que "los judíos dejaron de ser una nacionalidad una vez que no era posible imaginar la existencia de una nacionalidad sin territorio". Otra fuente citada por Lenin, en el mismo artículo, es la polémica entre un judío radical, Alfred Naguet, y el sionista convicto Bernard Lazare.


 


Naguet usa el argumento que "los judíos en el pasado remoto eran sin duda un pueblo, sin embargo hoy no lo son, pues el concepto de nacionalidad exige un territorio sobre el cual ella podrá desenvolverse (…) y también una lengua común. Los judíos alemanes y franceses nada tienen en común con los judíos rusos y polacos (…)" (6). Lenin dirá irónicamente: "Tal vez reste a los bundistas la posibilidad de fundamentar la existencia de una nacionalidad de los judíos rusos sobre la hipótesis de que su lengua es una jerga (idish) y su territorio la Zona de Residencia (Pale)". Su argumentación acentúa que la idea nacional entre los judíos es reaccionaria, no solamente cuando es adoptada por los sionistas, sino también por los socialdemócratas (léase bundistas), porque ella contradice los intereses del proletariado judío, desde el momento que, directa o indirectamente, postula una actitud contra la asimilación, y obliga a los judíos a mantenerse en el gueto. Apoyándose nuevamente en Kautsky, repetirá que la única solución posible a la cuestión judía es su asimilación, "y todo lo que ayude a impedir el encierro de los judíos, merece todo el apoyo".


 


Lenin también atacará al Bund por su exigencia de una organización federativa del Partido Socialdemócrata Ruso y volverá sobre el argumento de la asimilación en el artículo publicado en Za Pravdo, en diciembre de 1913, con el título "Sobre la autonomía cultural-nacional", en el cual dirá: "En Europa, los judíos conseguirán la igualdad de derechos asimilándose a un ritmo creciente en el seno de las naciones en que viven".


 


La cuestión nacional estaba a la orden del día de las preocupaciones teóricas del partido durante el año 1913, pues aún el 23 de mayo de ese año, Lenin había publicado en Pravda el artículo "La clase obrera y la cuestión nacional" y, algunos meses después, en octubre, en el Prozveschnie, otro artículo titulado "Notas críticas sobre la cuestión nacional" (7). Es de comprender que los aspectos teóricos de la cuestión nacional no se limitaban al entendimiento de la cuestión judía, sino que se aplicaban a la realidad política de los dos imperios, esto es, el Austro-Húngaro y el zarista, pues en realidad los teóricos de la socialdemocracia austríaca se enfrentaron con la cuestión de las minorías nacionales con cierta anticipación en relación a los socialistas rusos. Lenin también conocía y recomendó el trabajo de Stalin sobre el asunto, publicado en el Prozveschnie (Ilustración), en enero de 1913, bajo el título "El marxismo y la cuestión nacional" (8). La definición de Stalin nos interesa, por el hecho de seguir una orientación ya establecida por su antecesor: "La nacionalidad es un agrupamiento humano estable, que se desenvuelve históricamente en una base común de lengua, territorio y vida económica, bien como en una estructura psíquica que se materializa en una cultura común". Solamente estas características conjuntas definen una nacionalidad. Obviamente, los judíos no se encuadraban en esta definición. Stalin polemizaba al mismo tiempo con Otto Bauer, el líder de la socialdemocracia austríaca, que llegó a admitir que los judíos, aunque no tuviesen una lengua común, con todo constituían una nacionalidad. La verdad es que Otto Bauer, en su libro El socialismo y la cuestión nacional, escrito en 1907, al referirse a los judíos, titubea, y como bien apunta Haim Jitlovski, "todo lo que es posible y deseable en las demás naciones, es errado y descalificado cuando se trata de los judíos" (9). Otto Bauer, que formula en su texto el concepto de autonomía nacional y cultural aplicada a las varias nacionalidades que componen el Imperio Austro-Húngaro, se complica y acaba no reconociendo ese derecho a los judíos (10). Stalin, en el citado artículo, apuntará las incoherencias de Otto Bauer en relación a los judíos, pero negará la propia línea adoptada por la socialdemocracia austríaca en relación a los principios de autonomía nacional cultural. Esto, sin embargo, es otra cuestión que no podemos tratar en los límites de este breve artículo.


 


Stalin arremeterá en su estilo personal diciendo: "¿Qué nacionalidad judía es esa, compuesta de judíos gruzios, daguestanos, rusos, americanos y otros, que no se entienden el uno al otro (hablan distintas lenguas), viven en diversas partes del globo terráqueo, nunca se vieron el uno al otro, y no estuvieron juntos en tiempos de paz o en tiempos de guerra? (…). No, no es para nacionalidades en el papel que la socialdemocracia crea programas nacionales. Ella podrá considerar solamente a las nacionalidades verdaderas, que actúan, se movilizan y obligan, por lo tanto, a preocuparse por ellas (…). Bauer confunde, por lo tanto, la nacionalidad que constituye una categoría histórica, con una tribu que constituye una categoría antropológica".


 


En ese mismo artículo, Stalin atacará el autonomismo cultural nacional del Bund y el federalismo de la organización, los cuales define como "conteniendo en su seno elementos de descomposición y separatismo". Terminará diciendo que el "Bund marcha en dirección al separatismo" (11). La ironía histórica, y la tragedia personal de parte de los líderes del Bund, se produce cuando el partido, a partir de la Conferencia de Minsk, en la primavera de 1919, propone su identificación con el programa bolchevique, lo que lo lleva a la escisión, en abril de 1920. En marzo de 1921 toda la socialdemocracia rusa, incluyendo a los bundistas y mencheviques, se vuelve ilegal, pasando a sufrir las conocidas persecuciones de la GPU, como enemigos del régimen. La dolorosa historia de los "kombundistas" (bundistas-comunistas), que al principio ocuparon importantes cargos en el Estado Soviético y más tarde estuvieron envueltos en los procesos de depuración del partido, en las disputas del poder, víctimas del impiadoso stalinismo, fue el corolario de este proceso.


 


Esa sería la concepción bolchevique en aquel tiempo, esto es, antes de 1917, y aun una década después, cuando la cuestión judía todavía se encontraba en el orden del día del movimiento revolucionario, desde Lenin y sus sucesores, incluyendo a Trotsky. Este último, con el pasar del tiempo, y fundamentalmente en el período de su exilio, cambiaría de posición y hasta preanunciaría la tragedia del Holocausto, al referirse a la situación de Europa.


 


En un estudio realizado por Yechiel Harari, militante del partido Mapam en los años en que esta organización aún existía, sobre la concepción de Trotsky en relación a la cuestión judía, podemos seguir esos cambios de su pensamiento, desde su ingreso a la militancia socialista hasta el año de su asesinato en 1940. El elemento diferenciador entre lo que Lenin y Stalin escribieron al respecto, se manifiesta en sus declaraciones y artículos de los años 30, cuando el fascismo y el nazismo se extienden por el continente europeo y el antisemitismo muestra su cara más siniestra, buscando el exterminio de los judíos. Harari se refiere a una carta que Trotsky escribió a un amigo, en los Estados Unidos, el 22 de diciembre de 1938, en la que podemos leer lo que sigue: "El número de países que expulsan a los judíos aumenta sin cesar. El número de países que los pueden absorber se reduce, al mismo tiempo que la violencia se torna más intensa. Es posible vislumbrar sin ninguna dificultad lo que les espera a los judíos con el estallido de la futura guerra mundial. Pero, aunque ésta no estalle, la evolución futura de la reacción mundial conducirá ciertamente al exterminio físico de los judíos" (12).


 


Con la revolución de 1917 la cuestión de las nacionalidades se presentaría inevitablemente como un problema práctico, que deberá ser enfrentado conjuntamente con los demás, en la nueva configuración social que se presenta con el ascenso de los bolcheviques al poder. Victor Serge, en su obra El año uno de la Revolución Rusa, cita al pensador Elisée Reclus, que al hablar en 1905 de la revolución rusa decía que "Rusia será totalmente dada vuelta hasta en su última choza. Forzosamente, será levantada una cuestión diferente a la de las clases: la de los pueblos de diferentes lenguas, de las distintas conciencias nacionales. Lo que llamamos Rusia es una enorme extensión de conquistas, en el que están entramadas de veinte nacionalidades subyugadas (…) (Correspondencia, t. III). De hecho, en un plano horizontal, la composición étnica del imperio zarista, en 1897, comprendía 56 millones de grandes rusos, 22,3 millones de ucranianos, cerca de 6 millones de rusos blancos, 8 millones de polacos, 3,1 millones de lituanos, 1,8 millón de alemanes, 1,1 millón de moldavios, 5,1 millones de judíos, 2,6 millones de finlandeses, 1,1 millón de pueblos del Cáucaso, 3,5 millones de pueblos de origen finés (estonianos, carelios, etc.) y 13,6 millones de tártaros, con hegemonía absoluta de la nación gran rusa" (13).


 


Con todo, a pesar de la declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia, promulgada el 2 de noviembre de 1917, los judíos no tuvieron una definición nacional reconocida como los demás. Esto ocurrirá más tarde, cuando un proceso de deterioro de la cultura judía, en muchos aspectos debido a las limitaciones impuestas por el nuevo régimen, comenzaba a mostrar sus primeros signos, todavía en los años 20. A pesar de la existencia de una política cultural judía, varios fueron los factores que contribuyeron para que ese proceso tuviera consecuencias funestas, entre ellos la lucha por eliminar cualquier manifestación religiosa ("el opio del pueblo") y la lucha contra la ortodoxia, así como la oposición contra la denominada cultura nacionalista-chauvinista judía (entiéndase el sionismo, y con él la lengua, la cultura y la educación hebrea), que llevó al cierre de un gran número de instituciones comunitarias en todo el territorio soviético.


 


Cuando el 1º de junio de 1917 se realizó en Petrogrado el primer encuentro de los soviets de toda Rusia, la cuestión nacional surgió inevitablemente en el orden del día de las discusiones, en particular alrededor de la autoemancipación de los polacos y finlandeses, representados por sus respectivos delegados. La mayoría de los representantes de las nacionalidades, pequeñas y grandes, postulaban una Rusia unificada en una federación, con el otorgamiento de derechos de autonomía a los territorios nacionales. Conforme al relato de uno de los participantes del encuentro, que representaba al Bund, R. Abramovitch, la mayoría de los revolucionarios, delegados de las nacionalidades, postulaban teóricamente la concepción federativa. La polémica alrededor de esa concepción tenía como base las circunstancias en que se encontraba la revolución, esto es, la existencia de una guerra que alcanzaba a Europa, y forzaba a una alianza rusa con todas las nacionalidades existentes en su territorio, para hacer frente a Alemania y Austria, postergándose así las cuestiones particulares de cada nacionalidad. Abramovitch, que participó en ese encuentro de los soviets como coordinador de la "comisión nacional" y organizador de la "sección nacional" compuesta por representantes de varias nacionalidades, recuerda que en la "comisión nacional" la tendencia general era la aceptación de un Estado ruso, democrático y federativo, con plenos derechos para cada cultura nacional, "pero que no era aceptado por los ucranianos y por los bolcheviques, estos últimos representados por Kolontai y Stalin, considerado como un especialista en la cuestión nacional" (14). Kolontai, que en aquella época adoptó la concepción de que Finlandia debía tener, de inmediato, el derecho a su autodeterminación independientemente de la situación internacional del momento, esto es, de la amenaza alemana, más tarde justificaría la ocupación del país por los rusos, bajo la dictadura de su colega Stalin, durante la Segunda Guerra Mundial. En la praxis del Estado soviético, ya solidificado, la coherencia con la teoría era algo raro e inexistente, por lo menos en lo tocante a la cuestión nacional.


 


En 1928, año crucial en la demolición de la vida cultural judía en Rusia, incluso contradiciendo la herencia teórica bolchevique del concepto de nacionalidad, relativo a los judíos, surgió la idea de colonizar con judíos una región lejana de Rusia. Se trataba de crear una república autónoma, bajo el nombre de Birobidjan, impulsada por el pragmatismo del gobierno soviético de fijar poblaciones en zonas inhóspitas, como parte de un programa de desenvolvimiento de la "madre patria". Con esto, se procuraba solucionar la cuestión judía en los límites territoriales de la Unión Soviética. El presidente Kalinin, en el discurso en que proclamaba la colonización judía en Birobidjan, entre otras cosas, expresó: "La vida en Moscú es multifacética y multinacional en su carácter, y los trazos nacionales específicos se van apagando (…). Los mismos judíos, para los cuales su carácter nacional particular es tan importante y aspiran a desenvolver una entidad política judía como base para el resurgimiento de la cultura judía y socialista de acuerdo con su contenido, deben ayudar en la puesta en pie de Birobidjan (…). Los judíos de Birobidjan no serán una nación con las características que tuvieron los judíos de Polonia, Lituania, etc. Ellos serán colonizadores socialistas en una tierra libre y rica, colonizadores corajudos y con fuerza, que en el futuro se transformarán en un agrupamiento nacional poderoso en la familia de las naciones soviéticas. Esto, naturalmente, es una cuestión de tiempo. Buena parte de los judíos serán miembros de comunas agrícolas unidas y enraizadas" (15).


 


La historia melancólica de la colonización judía en Birobidjan no llenó las expectativas de los gobernantes soviéticos ni tampoco solucionó la cuestión judía de Rusia, mucho menos del continente europeo. Pocos años después del discurso entusiasta de Kalinin, la cuestión judía se colocaría en el escenario de la historia con un dramatismo jamás visto anteriormente, y la discusión teórica sobre el concepto de nacionalidad, así como otras consideraciones alrededor del derecho de autodeterminación de los judíos, se desvanecerían frente a una realidad inimaginable: Autschwitz y el Holocausto.


 


 


 


Notas:


(*) Nachman Falbel. Profesor de Historia de la Edad Media en la Universidad de San Pablo, Brasil. Este trabajo fue publicado en el libro "História e revolução", editado por Osvaldo Coggiola.


 


1. "Di sotzial-demokratie un di natzionale frague" ("La Socialdemocracia y la cuestión nacional", en Vladimir Medem, tzum tzvontzigten yortzeit. (Para el vigésimo aniversario de Vladimir Medem), Bund, Nueva York, 1949, pág. 189 (idiche).


2. V. Medem un di natzionale frague, (Medem y la cuestión nacional), págs. 130-40 (idiche).


3. V. Medem, op. cit., pág. 220-279.


4. Idem, pág. 247.


5. Ver el artículo de Mishkinsky, Moshe, "El movimiento obrero judío y el socialismo europeo" en Vida y valores del pueblo judío (Unesco). Perspectiva. San Pablo, 1972, págs. 312-326. También del mismo autor, "The jewish labour movement in modern jewis History" ("El movimiento obrero judío en la historia judía moderna") in Worker and revolutionaries – The jewis labour movement, Tel Aviv, Beth Hatefutshot, 1994, págs. 16-25. El conflicto del Bund con el Partido Socialdemócrata Ruso también es narrado en las interesantes memorias de uno de sus líderes de la segunda generación, Abramovitch, R. In Zwei Revoluties (En dos revoluciones), Ed. Ring, Arbeter. Nueva York, 1944, t.I., págs. III-127. La concepción del Bund sobre la cuestión nacional, que sufrió modificaciones y se presentó con matices conceptuales en los escritos de sus líderes fundadores, puede ser estudiada en las siguientes obras: Medem, Vladimir. Tzum Tzvontziksten Yohrtzait, Nueva York, 1948 (idiche), que reúne una selección de sus escritos; Zivion (Dr. Hoffman), far fuftzik yohr, (Zivion, para su 50º aniversario), Nueva York, 1948, Arkadi, Nueva York, 1942 (idiche). Textos importantes sobre el tema se encuentran en el apéndice del volumen I de los escritos de Borochov, Ber Ktavim, Tel Aviv, Hakibutz Hameuchad – Sifriat Poalim, 1995 (hebreo).


6. La concepción de Lenin y Stalin sobre la cuestión judía fue estudiada por Yehuda Tubini en Avot ha markzizm vehasheeila hayehudith (Los fundadores del marxismo y la cuestión judía), Merhavia, Sifriat Poalim, 1954, págs. 63-149 (hebreo). El autor, plenamente identificado con el comunismo, tuvo que detenerse en los errores teóricos de ambos en cuanto a la cuestión nacional y los judíos.


7. El artículo de Lenin reproducido en la traducción al español de sus Obras escogidas v. V, págs. 23-56, editadas en Moscú, 1976, y dirigida contra el Bund y Vladimir Medem, pero también contra la autonomía nacional cultural de Karl Renner y Otto Bauer. En el mismo volumen V, págs. 349-363, se encuentra el escrito de Lenin, publicado en 1916 en la revista alemana Vorbote con el título "La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación", en la cual desarrolla sus tesis sobre el asunto, atacando nuevamente a los teóricos austríacos en lo concerniente al "carácter reaccionario de la llamada autonomía nacional".


8. El texto fue editado en los números 3-5 (marzo- mayo), 1913. Utilíceme de la versión en español El marxismo y la cuestión nacional, Montevideo, Pueblos Unidos, s.d.


9. Falbel, V. N. y Guinsburg, J., Haim Jitlovski, Teoría de la nacionalidad, San Pablo, C.B.E.J., 1971, pág. 50. En los Ensayos sobre la nacionalidad judía, Buenos Aires, 1931, págs. 47-63, en su artículo "Nacionalidad y progreso", escrito en 1909, Jitlovsky adopta una postura favorable en relación al libro de Otto Bauer, aceptando buena parte de sus conceptos, al contrario de lo que ocurrirá en sus libros posteriores. La crítica a Otto Bauer la desarrollará en su estudio "Otto Bauer y la autonomía de los judíos", en Ktavim (Escritos), Merhavia, Sifriat Poalim, 1961, págs. 124-138.


10. La cuestión nacional se presentó en el Congreso de Brün en 1899, en el cual la socialdemocracia austríaca formuló su programa nacional definiendo los derechos de las minorías y garantizando la autonomía cultural. Por otro lado, la cuestión surgiría como consecuencia de la propia evolución del movimiento socialista en Rusia, que no evitó la fundación de un Partido Socialista Polonés (PPS) en 1892, de tendencia nacionalista, criticado por Rosa Luxemburgo y Leo Jogisches. Ver Ettinger, E., Rosa Luxemburgo, Río de Janeiro, J. Zahar, 1996, pág. 62.


11. El marxismo y la cuestión nacional, pág. 56.


12. Harari, Jejíel, "Trotsky y la cuestión judía", en Raices (Suplemento), 31 de agosto, s.d.


13. Serge. V., El año I de la Revolución Rusa, São Paulo, Ensayo, 1993. págs. 115-6.


14. Abramovitch, R, In Tzvei Revolutzies, v. II, págs. 61-70 (idiche).


15. Extraje el párrafo del discurso de Kalinin de la compilación Mekarot Iascheeila haleumit (Fuentes para la cuestión nacional), Hanhaga Harashit shel Hashomer Hatzair be Israel (Secretaria Central de Hashomer Hatzair en Israel), 1953, pág. 7. Muchos activistas de izquierda judíos todavía adherían a la idea de Birobidjan y fueron propagandistas, entre ellos, Gina Medem, esposa de Vladimir Medem, que visitó la región entre 1929 y 1935. Ver sobre ella en Lexikon fun der naier idicher literatur (Diccionario de la moderna literatura judía), v. 6. Nueva York, págs. 21-22.

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