Una historia del PT

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La historiadora y “ihrazilianista” americana Margaret Keck reúne el resultado de una investigación de una década sobre la clase obrera brasileña y el PT. El volumen de Gadotti y Pereira es una recopilación comentada de los principa.es documentos políticas del partido, desde los manifiestos fundacionales hasta la plataforma electoral de la campaña presidencial de 1989. Adicionalmente, los dos libros intentan formular una interpretación respecto del papel del PT en la historia del Brasil y de su movimiento obrero.


 


Los orígenes


 


Luego de establecer el marco histórico del gran ascenso obrero que se produce entre 1978 y 1979 Keck sitúa al sindicalismo *1auténtico" —que Lula integraba— como una de las fracciones dirigentes de los sindicatos burocráticos. Keck relata el ingreso de Lula a la comisión directiva del Sindicato Metalúrgico de San Bernardo luego de ser cooptado por el “peleguismo” y destaca su desconfianza en las oposiciones sindicales fabriles: “Lula creía que la tarea más importante de los militantes obreros era conseguir ganar el control institucional de los sindicatos, afirmando que las organizaciones de base en las fábricas tenían poca representatividad y no tenían sentido en una situación autoritaria” (p. 65). En esas condiciones era natural, señala Keck, que las primeras conflagraciones huelguísticas de esa etapa, impulsadas y organizadas por el activismo fabril, sorprendieran a la dirección sindical “auténtica”. Cuando, en 1979, más de tres millones de trabajadores brasileños paralizan su trabajo, los sindicalistas “auténticos” “se convirtieron en una especie de grupo de asesoría, ayudando en algunos casos asesoría, ayudando en algunos caos a la negociación entre los líderes sindicales y sus bases en rebelión” (p.81). La dirección de “auténticas” procuraron pilotear aquel ascenso obrero, desplazando a la oposición sindical dirigida muchas veces nostálgicos del foquismo. Sin embargo, “luego que el gobierno interviniera el sindicato se decidió volver al trabajo y esperar a que las cosas se enfriasen por 45 días antes de retomar a huelga, y mientras continuaban las negociaciones con los patrones. Pero la tensión crecía – relata Keck – y se transformaba en fiebre: los trabajadores estaban preparados para retomar el movimiento en cualquier momento”. Los patrones ofrecieron un irrisorio 6%, y “Lula y otros dirigentes sindicales debieron ir a la asamblea de los huelguistas (…) Lula describió aquella asamblea como el día más difícil de su vida. Después de una conmemoración del Primero de Mayo de 150.000 personas, toda la ciudad estaba movilizada. La asamblea esperaba que Lula les trajese un acuerdo favorable o, si no, que continuase dirigiéndolos. Por el contrario, y después del discurso de otro dirigente sindical en favor del acuerdo, él pidió un voto de confianza a la dirección del sindicato y terminó obteniéndolo” (p. 82).


 


Mientras tanto, en el plano político, los sindicalistas “auténticos” discutían, precisamente, sus pasos futuros con la izquierda del Movimiento Democrático Brasileño (MDB). En 1978, el sindicato metalúrgico de San Bernardo había apoyado para senador al intelectual democratizante Fernando H. Cardoso. “Lula —relata Keck— lo calificó públicamente como ‘una reserva moral* de la sociedad, y el sindicato fue a las puertas de las fábricas a hacer campaña para Cardoso” (p. 69). Keck relata, luego, las negociaciones entre los "auténticos” y los políticos de la izquierda emedebista, en torno de la formación de un partido “de base popular”’. “Aunque las propuestas de que el partido representar a los intereses de los asalariados y oprimidos en general correspondiesen a sus deseos, la posibilidad de acuerdo acabó por desvanecerse debido a las diferencias de apreciación tanto de la estructura, que daba lugar a las oportunidades políticas, como de la identidad e intereses de los grupos involucrados”. La posibilidad de un acuerdo con la izquierda del MDB se disipó en torno de disputas organizativas, no tuvo un carácter de principios.


 


Una vez lanzado el PT, muchos “políticos” del MDB no tardarían en acudir a él para “relanzar” sus carreras políticas: “el grueso de la afiliación de los parlamentarios —dice Keck— vino después de mediados de enero de 1980, cuando una disputa sobre elecciones internas en el MDB de San Pablo hizo que algunos miembros de la tendencia popular sintieran que estaban siendo marginados de la dirección del partido (p-100). Los cuadros “políticos” del PT fueron reclutados en las filas de la burocracia carrerista del partido patronal que hacía las veces de "opositor” en la división del trabajo establecida por la dictadura militar. Hasta aquí no se ve ninguna “diferencia" en la formación del PT aunque sí mucha “lógica".


 


 


El PT y los sindicatos


 


Keck señala que en el comité pro-PT que se constituyó a mediados de 1979, “aunque estaba compuesto exclusivamente por líderes sindicales, sus miembros estaban actuando como individuos y no como representantes de sus sindicatos. Esta distinción se convirtió en un elemento importante en el debate sobre la manera de crear el partido” (p.84). Más tarde, en el encuentro con los políticos emedebistas, “Lula argumentaba que el PT no debería estar formado por los sindicatos como instituciones, ya que eso podría comprometer la autonomía sindical; los debates sobre el partido deberían tener lugar fuera de los sindicatos, sin exigir que sus líderes apoyasen al PT” (p.86).


 


Esta posición es un reflejo muy agudo de la conciencia que los dirigentes sindicales tenían de sus intereses burocráticos. Al separar al sindicato del partido, la burocracia ratificaba su voluntad de no permitir injerencias de ningún tipo en el aparato, que ella controlaba férreamente con el concurso de la legislación estatal. Al mismo tiempo que afirmaba su posición de único representante obrero en el nuevo partido, esta misma burocracia lo convertía en un grupo de presión de sus intereses ante las instituciones estatales régimen militar se encontraba por ese entonces en una fase de transición" hacia la “democracia" lo cual iba a comportar una modificación en todas las instituciones, incluidos el Congreso y los sindicatos.


 


Estas afirmaciones fundacionales caracterizan al “PT dos origens” como pequeño burgués, de ningún modo como proletario o socialista.


 


Los dirigentes petistas procuraron, desde el vamos, diluir cualquier fisonomía clasista del partido a formar. Afirma Keck que “a comienzos de 1979, la base sindical del partido (a formar) se había comenzado a estrechar”. El PT surgía como un Compromiso entre la dirección “auténtica" —que "apartaba" conscientemente de este proceso político a las organizaciones de masas que dirigía—y un conjunto de grupos de izquierda actuantes en el principal partido patronal — aunque en algunos casos fueran centristas, ex-foquistas o maoístas.


 


Al reseñar el punto de vista de los “auténticos” Keck destaca que “la huelga de 1979, según Lula, había demostrado los límites de la acción industrial (sindical) para conquistar victorias significativas, los trabajadores precisaban de una organización política propia (…) El partido no debía conducir a los trabajadores, pero sí expresar en la arena política las necesidades y reivindicaciones que… iban surgiendo en las organizaciones sindicales y sociales”. Para los “auténticos", el PT no debía partir de una política de clase frente al Estado sino hacer política “tradeunionista”, en donde las “reivindicaciones obreras” serían definidas por la burocracia de los sindicatos.


 


Tanto Keck como Gadotti-Pereira destacan la “compleja y difícil articulación” entre el PT y el movimiento sindical de base que se dio luego en la primera mitad de los ’80, es decir los choques entre las acciones de masas y los militantes de base, de un lado, y el aparato del otro. Este procuró llegar a un acuerdo con los burócratas sindicales del PC y con los “pelegos” (agentes del gobierno) para formar una Central Obrera. Pero hacia 1985, señala Keck, —“a partir de la coordinación de huelgas en gran escala, el crecimiento continuo, y las victorias en elecciones en varios sindicatos considerados como reductos de la Conclat (de donde se habían retirado los auténticos") la CUT comenzó a ser reconocida como la organización sindical más importante”.


 


Ascenso y Crisis


 


Este período de ascensos y luchas, será simultáneamente… de crisis y de reflujo en las filas “petistas”. Margaret Keck destaca esta contradicción, y la explica por la propia relación que el petismo había establecido con los sindicatos: si el partido es un mero complemento parlamentario de aquéllos, entonces razona Keck— aflora cuando las luchas obreras refluyen, y se diluye en los períodos de ascenso huelguístico. Keck no ve en esta dicotomía la naturaleza conservadora del parlamentarismo del PTy por lo tanto del a,b,c de su estrategia política. Es un curioso “complemento” el parlamentarismo que “refluye” ante la acción de las masas; más bien revela que su “habitat” propio es la apatía de los explotados.


 


Los testimonios recogidos al respecto por Keck son elocuentes: “muchos de los núcleos que habían sido formados en el período inicial terminaron por ser absorbidos en comités electorales en 1982, para nunca más ser reconstituidos” (p. 124). Luego, “algunos núcleos moribundos se reconstituyen en los períodos preelectorales, para permitir que sus miembros paVticipen de la elección (de candidatos)” (p.133), pero “el deseo de mantener en actividad organizaciones partidarias de base fuera de las elecciones no puede en gran parte ser realizado” (p. 143). En cuanto al crucial problema de las finanzas, Keck destaca la “ineficacia organizacional en la cobranza de cuotas a los afiliados”, y la dependencia financiera “respecto de los diputados petistas así como del financiamiento partidario proveniente del gobierno” (p.131). Al analizar la primera campaña electoral petista, Keck dice que la tentativa de unificarla fracasó, “y la razón era en gran parte financiera”. En una entrevista con el líder petista Welfortt, éste reconoce que los apelativos a establecer en cada Estado “un centro de comando político para todos los candidatos en igualdad de condiciones era el camuflaje ideológico de un comportamiento electorero desenfrenado. En algunos comités, los candidatos no tenían fondos simplemente porque los candidatos, que habían acordado contribuir con un porcentual de los fondos recaudados en sus campañas para un fondo común no lo hicieron”. La ausencia de finanzas centralizadas servía de cobertura para que los carreristas políticos pudieran destinar recursos a sus campañas personales, en detrimento de otros candidatos de extracción obrera.


 


“En mis conversaciones con varios líderes petistas a mediados de 1985 —relata Keck—muchos expresaron una seria preocupación en saber si el partido duraría hasta fin de año”. En aquel momento, “era fácil predecir que el PT pronto volvería a disolverse en los movimientos de los cuales surgió” (p. 268). No se llegó a tal situación partidaria sin pasar por un conjunto de crisis políticas. En la campaña por las elecciones presidenciales directas, la posición del PT “era que el movimiento continuase hasta que el gobierno concordara en convocar a elecciones” (Keck, 251).


Pero cuando el PMDB renuncia a la campaña por las directas y se dirige a consagrar al derechista Tancredo Neves por medio del digitado Colegio Electoral, una parte de los di puados petistas —entre ellos el líder de la bancada—rechaza el boicot, concurre al Colegio Electoral, vota por Tancredo Neves y termina renunciando al PT. Un año después, y en referencia a la salida de los “tancredistas”, Lula declarará, sin embargo, que “cualquier-persona que hubiera dejado el partido sería nuevamente bienvenida” (Keck, 253).


 


La campaña por las directas no remontó la crisis partidaria: “el éxito del PT en movilizarse para una campaña podría haberle dado al partido una inyección de ánimo muy necesaria, pero el resultado de la campaña pareció limitar esa posibilidad” (Keck). La desmoralización posterior a la campaña reflejaba, en definitiva, la desilusión en la burguesía “democrática".


 


El otro aspecto de la crisis partidaria es la experiencia de las primeras administraciones municipales (Diadema, Fortaleza), donde fracasa la pretensión de establecer un “poder popular” — o de resolver las reivindicaciones populares— en el marco estrecho de los municipios.


 


“Consolidación” partidaria


 


Para Keck, el punto de partida de una recuperación de fuerzas del PT se ubica en las elecciones municipales de 1985. En medio de un ascenso de las luchas obreras, la campaña petista se destacó, sin embargo, por lá “predominancia de los candidatos de clase media” (Keck). Para la historiadora, la consolidación posterior del PT se traduce en un conjunto de progresos electorales y de actuación parlamentaria (constituyentes, 1988,1989), que explica “por la bancarrota del gobierno Sarney” y la “desilusión en el proceso de transición”.


 


En este período el PT —al decir de Keck—resuelve “la tensión inherente al deseo de ser un partido de acción y movilización social y al mismo tiempo actuar con eficiencia en el plano de las instituciones políticas”. Esta tensión se resolvió hacia lo que Keck denomina la “institucionalización” del PT, es decir, la consolidación de un partido “cuyo futuro depende de su capacidad en crear un espacio para sí dentro del sistema político donde pueda buscar sus objetivos”. Es este partido “de estado” el que se volcará a la constituyente para "democratizar' la transición, e impondrá luego el “orden fiscal” en el municipio paulista a costa de sus trabajadores.


 


Uno de los capítulos del libro de Candotti-Pereira —"la ética petista”— refleja cuál es el tipo de vida partidaria que se corresponde con esa orientación: la señalada "ética” consiste en “lavar la ropa sucia en casa”. Todo material, en consecuencia, “debe pasar por la aprobación del partido antes de ser publicado dentro o fuera”. La ética petista consiste en que, “si dentro del partido todos tienen derecho a voz, en la relación externa todos deben cantar manteniendo su voz, pero como un coral unísono y afinado” (En cambio, en el autoritario bolchevismo de Lenin —tan temido por los autores del libro—, los militantes y tendencias podían expresar públicamente sus divergencias, mientras mantuvieran la unidad en la acción…). Esta "ética” de cuño staliniano se traducirá en la regimentación y proscripción de tendencias (Causa Operaría).


 


En cuanto ala composición social partidaria que se corresponde con esta evolución, Keck cita a un sociólogo brasileño que caracteriza al PT como “un partido de clase media asalariada, básicamente de profesionales liberales y otras profesiones intelectuales, siendo minoritaria la proporción de trabajadores manuales como la de miembros de las clases altas…” (219).


 


Petismo y Partido Obrero


 


A la hora de interpretar al PT y su historia, llama la atención el desprecio de los dos autores por los factores políticos (subjetivos) que hacen al desarrollo del movimiento obrero.


 


Keck asocia el surgimiento del PT con el intenso crecimiento y concentración de la clase obrera brasileña desde mediados de los ’60. La historiadora reconoce la insuficiencia de esta explicación "sociológica’’ pero no logra superarla.


 


El historiador no marxista es incapaz de un punto de vista crítico con relación a la sociedad existente, por lo que tampoco puede caracterizar la conciencia de las clases en cuestión. La clase obrera brasileña no es, por otra parte, una abstracción "sociológica” sino una realidad histórica, con tradiciones y experiencias. De ahí que Keck no perciba la lucha de tendencias en el movimiento obrero, como la expresión de las tentativas por superar la crisis de dirección del proletariado ocasionada por el nacionalismo y el stalinismo, y que perciba una “construcción democrática” en cuadros dirigentes que vienen del stalinismo o de la colaboración con la dictadura militar, y que no se han despojado ni de una herencia ni de la otra.


 


En el caso de Candotti-Pereira, el esfuerzo por desvincular al PT del proceso histórico llega a la vulgaridad: según ellos, el PT “no vino a cubrir las lagunas no llenadas por nuestra historia”, “ni le cabe al PT ser el heredero más o menos legítimo de la historia y de las luchas en ella emprendidas”.


 


El borrón y cuenta nueva no es gratuito, ya que los dos libros saludan la consolidación del PT como "partido de Estado”, capaz de hacer alianzas con “referentes” de la burguesía e integrar estamentos del aparato estatal, esto es, un partido dominado por los sobrevivientes políticos del nacionalismo y el stalinismo.


 


Al interpretar “sociológicamente” el surgimiento del PT, Keck señala que la “población trabajadora que históricamente dió su apoyo o participó de la formación de partidos socialistas o laboristas en Brasil sólo alcanzó una ‘masa crítica’ necesaria después del período de rápido crecimiento industrial de final de los años ’60 e inicio de la década del ’70”. Pero si las posibilidades de un partido obrero dependen simplemente del peso social de la clase obrera entonces no sería posible una política obrera duradera. A esa conclusión llega Keck, al señalar que “las tendencias actuales de la industria brasileña sugieren una desaceleración … de la expansión del proletariado industrial, a medida que nuevas tecnologías sean utilizadas (…) Si esto ocurriera, el PT puede esperar una estabilización y aun una disminución de su base social entre los trabajadores industriales”. Cuando partidos obreros europeos se enfrentaron a ese dilema, “debieron escoger entre mantener su pureza de clase o ampliar su propuesta en dirección a otros grupos”. Keck encuentra, así, una fundamentación "sociológica” para la “consolidación” del PT como “partido de Estado”, precisamente cuando el Estado en cuestión atraviesa una imponente crisis.


 


Pero la necesidad de un partido obrero surge del lugar histórico que la clase obrera ocupa en la producción, y por referencia a las otras clases sociales. La relación entre la clase obrera y otras franjas oprimidas —el pequeño propietario, el trabajador autónomo— no viene dictada por los censos, sino por los objetivos históricos de la clase obrera — la abolición de la propiedad privada capitalista— que son los que pueden abrirle un rumbo a todos los oprimidos.


 


 


Notas:


 


* A lógica da diferenga” (O Partido dos Trabalhadores na construgao da democracia brasileira). Margaret E. Keck. Sao Paulo, 1991. Ed. Atica (Original: Yale Uni-versity Press, "The Workers Party and democratizaron in Brazil").


 


* "Pra que PT". (Origem, Projeto e Consolidagao do Partido dos Trabalhadores). Moacir Gadotti y Otaviano Pereira. Sao Paulo. 1989. Cortez Editora.

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