Los desafíos de la rebelión popular chilena frente a la Constituyente

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Con el triunfo aplastante del “Apruebo” (78%) y de la opción “Convención Constituyente” (79%) en el plebiscito del 25 de octubre pasado, se abre una nueva etapa en el proceso político chileno.

Con la victoria del “Apruebo” triunfó la opción de avanzar en una reforma de la actual constitución -contra la opción de mantener intacta la Constitución heredada de la dictadura pinochetista y sostenida incólume por todos los gobiernos democráticos de los últimos 30 años. Y con la victoria de la “Convención Constituyente” triunfó la opción de que los convencionales encargados de llevar adelante esa reforma constitucional sean electos en su totalidad -contra la opción de que solo sean electos la mitad de ellos y la otra mitad sean los actuales parlamentarios.

Las opciones “Apruebo” y “Convención Constituyente” ganaron en 341 comunas de las 346 que existen en todo Chile. Las cinco comunas donde ganó el “Rechazo” se caracterizan por ser las más ricas de la región metropolitana de Santiago y de todo el país (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea) o por ser muy pequeñas y tener una fuerte presencia militar, como lo es la comuna La Antártica. Que en las comunas más populosas las opciones ganadoras hayan llegado a picos superiores al 90% y que el 25 de octubre por la noche se produjeran masivas manifestaciones de festejo en Plaza Dignidad y en todos los centros de la movilización popular de las principales ciudades del país es la constatación de que las masas chilenas conciben a este proceso constituyente como un producto de su propia rebelión, iniciada el 18 de octubre de 2019. Es cierto, sin embargo, que diferencia de lo sugerido inicialmente por los medios de comunicación chilenos, solo sufragó el 50% del electorado. Es decir, hubo una participación apenas un punto porcentual por encima que en las últimas elecciones presidenciales. Pero es necesario tener en cuenta que la disminución de la participación de los adultos mayores, principalmente como consecuencia de la crisis pandémica, fue compensada por el alza de la participación de la juventud, la gran protagonista de la rebelión popular.

El triunfo plebiscitario empalma, a su vez, con un proceso de reactivación de la movilización popular. Una semana antes del plebiscito, el 18 de octubre, en el primer aniversario del estallido de la rebelión, se produjeron las movilizaciones más importantes desde la llegada de la pandemia a Chile. La jornada del 18 fue precedida por dos semanas de un alza significativa de la agitación social y, en particular, de un creciente repudio a la política represiva del Estado. El accionar criminal de Carabineros, empujando a un joven de 16 años al río Mapocho desde el puente Pío Nono en el marco de una manifestación, volvió a colocar en el tope de la agenda popular el reclamo de la disolución de Carabineros.

Aunque la llegada del coronavirus contuvo el proceso ascendente que registraba la rebelión popular en marzo de 2020, y que tuvo su hito en la gigantesca movilización por el día internacional de la mujer trabajadora, nunca dejaron de estar presentes los indicios que mostraban la vitalidad del proceso. Así lo evidenciaron significativas luchas que se desarrollaron a pesar del Estado de excepción y el toque de queda que Piñera impuso amparándose en la crisis pandémica. Hacia fines de marzo, masivos cacerolazos reclamaban la cuarentena total para la preservación de la salud y la vida de la población. Ese mismo mes, en la Isla Chiloé, se imponía a través de huelgas y cortes de rutas el control popular de la cuarentena, conformándose una “aduana social” que definía qué entraba y qué salía de la isla. Tempranamente surgieron también las “ollas comunes” (ollas populares) frente al brutal crecimiento de la pobreza y la desocupación. En mayo tuvieron lugar, en las comunas periféricas de Santiago, levantamientos populares en reclamo de comida. Masivas movilizaciones de mujeres se desarrollaron en julio, en repudio a la impunidad garantizada por el Estado a un violador “hijo del poder”. En cruzada contra las empresas que administran los fondos de pensión (AFP) se volvieron a producir cacerolazos, barricadas, marchas e incluso incendio de cuarteles policiales; y la Unión Portuaria de Chile convocó un paro general que afectó a 17 puertos. En simultáneo con todas estas luchas se mantuvo firme la lucha del pueblo mapuche, que enfrenta el asedio permanente de Carabineros y las fuerzas represivas del Estado.

Las movilizaciones del 18 de octubre y los resultados del plebiscito del 25 parecieran haber puesto fin a un relativo cuadro de contención que la pandemia le impuso a la rebelión popular, pero que contó con las importantes luchas arriba apuntadas.

La Convención Constituyente

Que el proceso constituyente sea un subproducto de la rebelión popular no anula el hecho de que éste ha sido trasformado en un instrumento clave de una estrategia contrarrevolucionaria. Pues la convención ha sido el fruto del “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” que los parlamentarios de la coalición oficial pergeñaron con el conjunto de la oposición política en noviembre de 2019, como respuesta al principal hito de la rebelión popular: la huelga general del 12 de noviembre.

Que la convención es parte de una estrategia contrarrevolucionaria montada por los partidos del régimen lo evidencian varios elementos: que la Constituyente se realice con Piñera en el poder, que la convención carezca del poder para implementar las modificaciones que realice y que todas las reformas que eventualmente surjan de la convención deban ser luego ratificadas por un nuevo plebiscito. Se trata de todo un dispositivo que le quita a esta Constituyente cualquier vestigio de soberanía y la transforma en un organismo completamente amañado y regimentado. Efectivamente, la Constituyente será el instrumento del que se valdrá la burguesía y sus partidos para tratar de encauzar el descontento popular por una vía parlamentaria, desgastándola a través de un intenso calendario electoral donde se discuta de todo mientras el poder siga en las mismas manos, y que sea por ese medio que se procese un cambio en el personal de gobierno.

Que en la Convención sea necesaria una mayoría especial de dos tercios para poder aprobar alguna reforma, otorgándole una potencial posibilidad de veto a la derecha, puede transformar a la convención en un verdadero chasco. De todas formas, a la derecha no le será fácil hacerse de un tercio de la representación convencional. Reagrupada en la coalición oficial Chile Vamos, la derecha viene de actuar dividida en el plebiscito y de protagonizar nuevos choques y crisis luego de las elecciones del 25 de octubre. Para lograr esa representación tiene a su favor que la Constituyente contará con apenas 155 convencionales electos por 28 distritos electorales diferentes, lo que reduce la representación de las comunas más populosas y les otorga una sobrerrepresentación a comunas de menor densidad poblacional, donde priman, en algunos casos, tendencias más conservadoras o directamente reaccionarias. Debe quedar en claro que ni la paridad de género ni una eventual representación (aún no garantizada) de los pueblos originarios y de sectores ‘independientes’ y de las organizaciones sociales y sindicales, cambiará la estructura reaccionaria de la convención. Existirá, hasta el momento del cierre de las listas de candidatos a convencionales, una profusa política de cooptación de referentes y dirigentes de las organizaciones sociales y populares por parte de los partidos del régimen.

Sea como fuese, es claro que las expectativas de las masas en el actual proceso constituyente se irán poniendo progresivamente en crisis. Pues las masas conciben a la Constituyente como el instrumento para satisfacer sus aspiraciones y necesidades más inmediatas y para avanzar en la conquista de transformaciones de fondo, y no simplemente para modificar la letra muerta de una Constitución. Es lo que acaba de reconfirmar la encuesta Cadem[1], donde se refleja que el 49% de los votantes del “Apruebo” lo hicieron en función de garantizar los derechos sociales de salud, educación y pensiones. La idea, enarbolada por la centroizquierda e incluso sectores de la izquierda, de que en el plebiscito se habría votado meramente contra la “herencia pinochetista” representa una interpretación sesgada del proceso chileno, pues pasa por alto que la actual Constitución ha sido sostenida por todos los gobiernos democráticos de los últimos 30 años. No solo eso, sino que ignora a una de las principales y más revolucionarias consignas de la rebelión chilena: “no son 30 pesos, son 30 años”. Esta consigna, justamente, tiene el valor de señalar a la democracia capitalista, no solo a la dictadura, como la responsable de los padecimientos de las masas.

Las masas esperan que la Constituyente resuelva las grandes reivindicaciones que motorizaron el estallido de la rebelión popular. Es que ninguna de esas reivindicaciones ha sido satisfecha. Por el contrario, la burguesía y el gobierno se han encargado de descargar la crisis capitalista internacional y la crisis pandémica sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo chilenos. Tal es así que todas las grandes demandas populares se han recrudecido. El hambre, los bajos salarios, las magras pensiones, la crisis habitacional, la precarización laboral y la desocupación han llegado a sus picos históricos. Se ha puesto en evidencia, como nunca antes, el carácter criminal de un sistema sanitario puesto al servicio de la rentabilidad empresarial. De conjunto, volvió a quedar de manifiesto la existencia de un Chile devastado por las sucesivas gestiones capitalistas, desde la dictadura pinochetista, pasando por los sucesivos gobiernos de la centroderecha y la centroizquierda, hasta la actualidad.

Dar salida a las grandes reivindicaciones populares plantea tomar medidas de fondo, es decir poner en marcha un programa económico y político bajo la dirección de los trabajadores, lo que necesariamente plantea afectar los intereses capitalistas. Pero a nada de esto están dispuestos los bloques políticos que se han alternado en el poder en los últimos 30 años, ni tampoco la izquierda parlamentarista del Partido Comunista y el Frente Amplio.

¿Para quién juega el Partido Comunista?

El Partido Comunista ha sido, probablemente, la fuerza política que con mayor destreza se ha desenvuelto desde el estallido de la rebelión a esta parte. A diferencia del Frente Amplio, el PC no firmó el “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” ni el nuevo “acuerdo nacional” de junio de 2020. Este último acuerdo habilitaba un gigantesco paquete de rescate para la clase capitalista, aunque en lo esencial representaba también un nuevo compromiso de las fuerzas políticas con el sostenimiento del gobierno y contra la rebelión popular. De esta manera, el PC evitó quedar, ante los ojos de las masas, como una fuerza abiertamente comprometida con Piñera y el conjunto del régimen. De todos modos, la desconfianza que la actitud del PC pudo haber despertado en la burguesía fue largamente compensada por actos muchísimos más determinantes. El PC, en tanto dirección política de la Central Unica de Trabajadores (CUT) y de la Mesa Sindical de la Unidad Social, condujo a las organizaciones obreras a una completa y absoluta parálisis, a pesar del recrudecimiento de la ofensiva patronal contra los trabajadores en el marco de la pandemia. Desde ese lugar, evitó siempre levantar la consigna “Fuera Piñera” y procuró sistemáticamente tratar de encauzar la movilización y la lucha de las masas al terreno parlamentario. Esta dualidad política le permitió al PC, por un lado, prestigiarse frente a las masas y contar hoy entre sus filas nada menos que con un “presidenciable”, el actual alcalde de la comuna Recoleta, Daniel Jadue. Por otro lado, le permitió ponerse en valor ante los ojos de la burguesía, al ver en el PC a una fuerza capaz de contener la acción de lucha de los trabajadores con mucha mayor eficacia que los partidos tradicionales.

Pero el PC, además de su papel de contendor de la lucha del movimiento obrero y de su cretinismo parlamentario, ha dado también señales inconfundibles de ser una fuerza política con un acabado programa de sostenimiento del régimen y del Estado capitalista. Así se refleja en el documento de convocatoria a su XXVI Congreso[2], donde plantea que “la contradicción capital/trabajo” se expresa “en este período histórico en la disputa entre neoliberalismo versus democracia”. Para el PC, el principal desafío del proceso constituyente es lograr que Chile “abandone el modelo neoliberal” y pase a ser “una república democrática representativa, paritaria y participativa con visión de género”. Lo más ‘osado’ del programa del PC es el planteo de que la nueva Constitución establezca “un Congreso unicameral con sistema electoral representativo con facultades legislativas más amplias”.

Plantea una economía “abierta y mixta”, aunque “siempre permitiendo que el Estado pueda participar de manera estratégica en la actividad económica de la matriz productiva”. A su vez, plantea que “la recuperación de los recursos minerales -en especial, las espectaculares ganancias que año a año reporta la gran minería del cobre- es fundamental para financiar la nueva industrialización ‘verde’ que Chile necesita”. Pero esa “recuperación de los recursos minerales” de la que habla no se realizaría sobre la base de la expropiación sin pago de los grupos capitalistas que se llevan “espectaculares ganancias”, sino sobre la base de su rescate. Es decir, el programa del PC se circunscribe a plantear un esquema de desarrollo capitalista con mayor injerencia del Estado, como lo termina de confirmar el hecho de que se mencione que “el Banco Central debe quedar regulado en su autonomía solo a nivel legal y no constitucional” y su reivindicación de “los gobiernos democráticos de Argentina y México” que, según el PC, “resisten la presión de Trump por sumarlos al bloqueo y las sanciones contra Cuba y Venezuela, y dan pasos para impedir ser tratados como colonias”. La invocación de los gobiernos de Alberto Fernández y López Obrador no es casual. El PC integra, con esos gobiernos, el Grupo Puebla. Pero la invocación de ambos gobiernos como expresiones de anti-imperialismo no tiene asidero en la realidad. Fernández viene de cerrar un canje de deuda con los buitres del capital financiero y se apresta a cerrar un nuevo pacto con el Fondo Monetario Internacional, perpetuando el sometimiento semicolonial de la Argentina. Por su parte, Obrador optó por que su primer viaje al extranjero en su condición de presidente de México sea a los Estados Unidos, para apuntalar la candidatura de Trump en el momento mismo en el que se desarrollaba la histórica rebelión popular norteamericana.

El planteo del PC no apunta ni siquiera a reivindicar al chavismo, sino a los gobiernos que no lo atacan. Pero el gobierno argentino de los Fernández viene de votar el informe Bachelet contra el gobierno venezolano en la ONU. En cambio, nunca se pronunció contra las violaciones a los derechos humanos en Estados Unidos, que dieron lugar a la enorme rebelión popular que sacudió al imperialismo yanqui. Para las masas chilenas, colocar como horizonte de su lucha a la Argentina kirchnerista de la catástrofe social, el hambre que avanza, la precarización laboral y los bajos salarios implica destruir el horizonte histórico de la rebelión popular. La reivindicación del gobierno de Fernández en medio de una corrida cambiaria, cuando se apresta a negociar un nuevo pacto con el Fondo Monetario Internacional, y cuando las fuerzas policiales de la provincia de Buenos Aires, el distrito dirigido por el ala ‘izquierda’ del peronismo, vienen de protagonizar una desaparición seguida de muerte del joven Facundo Castro y un violento desalojo de los terrenos ocupados por los sin techo en Guernica y en otros numerosos puntos, le deja servida en bandeja la campaña a la derecha pinochetista, que va a golpear mostrando la inconsistencia total del peronismo, al otro lado de la cordillera, para resolver los problemas populares más básicos.

Es claro que la orientación política y programática del PC no es más que una aproximación a un planteo nacionalista y anti-imperialista timorato, donde las reivindicaciones centrales de la rebelión popular (gratuidad de la educación y la salud, fin de las AFP, salarios, desocupación, etc.) están completamente subordinadas y planteadas en forma difusa o directamente ni figuran. Que esto es así lo termina de confirmar su reivindicación de “la vocación reformista del segundo gobierno de Michelle Bachelet”, que el propio PC integró. Es decir, se reivindica al gobierno que enfrentó las grandes luchas del movimiento estudiantil por la gratuidad de la enseñanza y las primeras grandes manifestaciones contra el régimen de las pensiones privadas, las AFP. Reivindicaciones que se mantienen vigentes al día de hoy. Bachelet, junto al gobierno derechista de Mauricio Macri, protagonizó una cruzada contra la lucha del pueblo mapuche y, como alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, fue quien apuntaló la ofensiva golpista contra Venezuela presentando un informe a la medida de lo requerido por el imperialismo yanqui.

Aunque una derrota contundente de Chile Vamos en las elecciones de abril agudizaría la crisis del gobierno y le daría más fuerza a la lucha por echar a Piñera en forma inmediata, el PC pretenderá canalizar ese descontento en el terreno electoral-institucional, apuntando a liderar una salida frentepopulista en las elecciones presidenciales de noviembre de 2021.

Qué hacer

La nueva etapa abierta plantea desenvolver una intensa agitación política para darle un fuerte impulso a la lucha por el conjunto de las reivindicaciones motoras de la rebelión popular y por el “Fuera Piñera”. Esas reivindicaciones deben adquirir la forma de un programa: salario y pensiones mínimas equivalentes a la canasta familiar (800 mil pesos); establecimiento de un seguro al cesante, prohibición de despidos y ocupación de toda fábrica o empresa que cierre o despida; reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario para garantizar el pleno empleo; defensa de todas las tierras ocupadas por los pobladores, por el acceso universal a la tierra y la vivienda; expropiación sin pago de las AFP, por un sistema de reparto solidario donde las contribuciones corran por cuenta exclusiva de las patronales, bajo el control de trabajadores y jubilados; por la gratuidad sin restricciones de la educación y la salud; por el derecho al aborto legal seguro y gratuito; por la disolución de Carabineros y el juicio y castigo a todos los responsables de los crímenes contra el pueblo, por la libertad de todos los presos por luchar; por el fin de la enajenación de los recursos naturales, por la centralización del sistema bancario y el no pago de la deuda externa, por la nacionalización sin indemnización bajo la gestión y el control de los trabajadores. Para desenvolver esa lucha en forma organizada es necesario impulsar la reactivación de las asambleas populares y la pelea por un congreso de trabajadores de la CUT y de todos los sindicatos, para impulsar un plan de lucha en la perspectiva de la huelga general. El desenvolvimiento de la pelea por toda esta agenda obrera y popular pondrá nuevamente de manifiesto la incompatibilidad de este programa con la permanencia de Piñera en el poder. El “Fuera Piñera” seguirá siendo una consigna central en el proceso chileno.

En base a este programa es necesario impulsar el frente único de los partidos, fuerzas u organizaciones que se reclaman de la izquierda revolucionaria y que luchan por el gobierno de los trabajadores. La presentación de listas y candidaturas obreras, socialistas y revolucionarias para la Convención Constituyente deberá servir para desenmascarar la esterilidad de la misma para dar salida a las aspiraciones y anhelos populares. Será necesario insistir en la necesidad de echar al gobierno de Piñera y a todos sus cómplices para que haya una Asamblea Constituyente realmente libre y soberana, es decir una Constituyente convocada por las organizaciones de las masas en lucha.


[1]. Cadem. (2020, 25 de octubre) Estudio especial post plebiscito. Cadem. Recuperado de: https://www.cadem.cl/encuestas/estudio-especial-post-plebiscito/

[2]. Comité Central PC Chile (2020, 20 de septiembre) Convocatoria XXVI Congreso Nacional Partido Comunista de Chile: En el Cincuentenario de la Unidad Popular, junto al pueblo, pensando y construyendo el futuro de Chile. PC Chile. Recuperado de http://pcchile.cl/2020/09/20/documento-convocatoria-xxvi-congreso-nacional-partido-comunista-de-chile-en-el-cincuentenario-de-la-unidad-popular-junto-al-pueblo-pensando-y-construyendo-el-futuro-de-chile/

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