Banderas en tu corazón: los mundiales y las luchas populares a lo largo de la historia

La Copa del Mundo llegó a su fin. La tertulia más famosa del deporte mundial atrae históricamente no solo a los ojos del mundo entero por la espectacularidad deportiva, sino que sirve de escenario para la revisión de trasfondos políticos, sociales y culturales. No es algo que tenga una conexión completa y absoluta (sería errado pensarlo en esos términos) pero semejante plataforma ha servido muchas veces a lo largo de la historia para mostrar protestas y manifestaciones populares, ya sea a través de pueblos enteros que utilizaron la atención del espectáculo para mostrar rechazos o evidenciar demandas insatisfechas o mediante protagonistas que pudieron reflejar reclamos políticos y sociales.

El texto que sigue, vale aclarar, no agota este problema. No se propone siquiera ahondar en la totalidad de estas situaciones. Simplemente es un repaso por algunos de los principales momentos en los que la Copa del Mundo, con 92 años de historia, fue tomada como un préstamo para la publicidad y la profundización de luchas populares.

Se pelea dentro y fuera de la cancha.

Francia 1938: Matthias Sindelar, el mito y el artista

El fascismo, el nazismo y el deporte tuvieron muchos puntos de cruce. Los Juegos Olímpicos de 1936, utilizados por la propaganda hitleriana para abrir su modelo político al mundo, posiblemente haya sido el ejemplo más significativo. También las maniobras de Mussolini para vencer en la Copa del Mundo de Fútbol de 1934 en la que, según varios trascendidos, amenazó de muerte a sus jugadores si perdían la final. Profesa nobleza y heroísmo la historia del FC Start, escuadra conformada desde una panadería de Ucrania, que jugó y venció al equipo de las Fuerzas Armadas nazis (Wehrmacht) en 1942 aunque aquella victoria les costara la vida, en el famoso “partido de la muerte”. En sintonía con esta última epopeya, la historia de Sindelar (1903-1939) es sinónimo de lucha contra el fascismo.

“Hombre de papel”. Así le decían al crack austríaco por su capacidad para sacarse de encima defensores rivales. Pero el apodo que lo acompañó como jugador y como leyenda fue “el Mozart del fútbol”, no solamente por haber nacido en la misma tierra que el histórico músico, sino también por su categoría de artista de la pelota.

Histórico del Austria Viena (segundo máximo anotador en la historia de ese club), Sindelar fue uno de los referentes del “Wunderteam”, nombre que adquirió el conjunto futbolístico de la selección de Austria en la década del 30. Ese equipo brilló en el Mundial 1934 de Italia, pero fue eliminado en semifinales contra el equipo local, beneficiado por los arbitrajes por presión del propio Mussolini. Sindelar convirtió 255 goles en 427 partidos. Culminó en el puesto 22° del ranking de los cien mejores jugadores de la historia de la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS).

Más allá de las estadísticas, su figura pisó fuerte en la previa del Mundial 1938. Hitler y los nazis habían ya anexado Austria y les interesaba que eso quede plasmado en el fútbol. Por eso organizaron, el 3 de abril, un partido para “celebrar ese hecho”, entre la selección alemana y su extinta par austríaca. Estos últimos ganaron 2 a 0 con un gol de Sindelar. El mito histórico indica que el “Mozart del fútbol” festejó el gol burlándose del palco de los nazis, entre ellos el propio Hitler, en una imagen de resistencia contra la ocupación. No obstante, algunas investigaciones dicen que el hecho tiene mucho de leyenda. El argentino Camilo Francka, autor del libro “Matthias Sindelar, una historia de fútbol, nazismo y misterio”, explicó que Hitler, ese día, ni siquiera estaba en el estadio.

Sea como fuere, es claro que Alemania intentó contar con Sindelar para el Mundial de Francia 1938. Y que este se negó. El propio Francka indicó que hay documentos oficiales de la Federación Alemana que lo certifican. Josef Herberger, entrenador que lo fue a buscar, dejó sentado lo siguiente: “Me fue ganando la impresión de que el rechazo tenía otras razones, cierto malestar en relación a los acontecimientos políticos que lo oprimían, y eso motivó su rechazo”

Alemania 1974: Carlos Caszely y la mejor gambeta de la historia

Edificio Portales, Santiago de Chile. Mayo 1974. El dictador Augusto Pinochet, que comanda un Gobierno represor y convirtió al Estadio Nacional en un centro clandestino de tortura, pasa a saludar al plantel de Chile que va a jugar la Copa del Mundo de Alemania. La secuencia es la más frecuente: hay una fila de jugadores de traje que van levantando su mano frente al presidente de facto.

Carlos Caszely, que ya juega en España, tiene miedo. Aprieta las manos atrás de su saco para no extenderle la mano al dictador. Cierra los ojos. El momento pasa. La mejor gambeta del ex delantero de Colo-Colo y de una de las figuras de la selección chilena es negarle el saludo a un dictador.

Aquel gesto épico traía detrás, como siempre, una historia. Caszely, que había mostrado afinidad con el gobierno de la Unidad Popular, había también dado muestras de repudio a la dictadura. El “no saludo” ocurrió unos meses después del famoso “partido fantasma” del 21 de noviembre de 1973, encuentro en el que Chile hizo un gol con un arco vacío luego de la negativa de la URSS a jugar el repechaje mundialista en su país y, en particular, en un estadio convertido en un centro de tortura. Ese gol sin equipo contrario sirvió para la propaganda pinochetista.

El delantero tuvo una carrera de 312 goles. Uno de sus desempeños más recordados fue en la Copa Libertadores de 1973, en la que se consagró goleador y su equipo, Colo-Colo, subcampeón. Con el “Cacique” ganó cinco títulos de liga y tres copas nacionales, además de haber participado en dos mundiales. Pero la aparición política más épica de la historia de Caszely se dará unos años después.

En 1988 Olga Garrido aparece en una cámara contando su secuestro y las atrocidades de la dictadura de Pinochet. Es un spot del “no” en el referéndum, para que el dictador no siga en el poder. El país no sabe, o sabe poco, sobre quién es Olga Garrido. Al final del video, que dura alrededor de un minuto y medio, aparece el jugador ya retirado, que dice la célebre frase “esta hermosa mujer es mi madre”. La secuencia se convirtió en una de las más importantes contra la dictadura.

Alguna vez le preguntaron a Caszely si se había vuelto a cruzar a Pinochet. Contó que sí, en un evento. Tenía una corbata roja. El dictador lo miró y le movió las manos como una tijera, indicando que esa prenda de color rojo sería cortada. Caszely lo miró, y le respondió lo siguiente:

-Córtemela, que en mi casa tengo más.

Argentina 1978: La campaña de boicot y el “Videla asesino”

“No al fútbol entre los campos de concentración”. El lema, adoptado por el Comité de Boicot a la Organización del Mundial de Fútbol Argentina 1978 (COBA), apuntaba al núcleo de un problema: la dictadura de Videla y la Junta Militar llevaba adelante una feroz represión y un plan sistemático de desaparición de personas en un país en el que iba a llevarse adelante el espectáculo deportivo por excelencia. Más aun: la tertulia serviría a los fines del Gobierno de facto para lavar su imagen de cara al mundo (como, de hecho, intentó).

Entre 1977 y 1978 se sucedieron las movilizaciones y las formas de protesta contra el Mundial, principalmente organizadas por la COBA y realizadas en París, epicentro de estas expresiones de rechazo. Si bien Francia fue el lugar de origen, se extendieron los comités por otras partes de Europa, como Madrid, Barcelona y Países Bajos. La COBA estaba conformada por exiliados argentinos y activistas de los países de Europa. Recibió el apoyo de, entre otros, los escritores e intelectuales Jean Paul Sartre y Roland Barthes.

Entre algunos activistas del boicot surgió un debate, en más de una ocasión, que generó cierta distancia con la COBA. Su idea era criticar las actividades de tortura de la dictadura pero sin poner en tela de juicio el fútbol, por su naturaleza popular. No obstante esa diferenciación, las distintas actividades, que estuvieron lejos de hacer caer la Copa del Mundo, sirvieron como una herramienta de propaganda para denunciar las atrocidades del gobierno militar.

También ayudó, a tal fin, una conocida escena sucedida en Argentina. En junio de 1978, en el marco del Mundial, varios periodistas internacionales fueron a la Plaza de Mayo un jueves, a cubrir la ronda de las Madres, que ya llevaban un año de lucha. Un periodista holandés entrevistó a las luchadoras.

– ¿No ve que el Gobierno dice que tenemos un Mundial en paz?

– El Gobierno dice que ustedes son mentirosas.

– ¿Nosotras mentirosas? ¿Estamos mintiendo que nuestros hijos desaparecieron?

Luego de ese intercambio se dio una escena épica, bastante conocida, en la que Marta Moreira de Alconada Aramburú dio, ante el micrófono, una confesión emocionante: “Nosotros solamente queremos saber dónde están nuestros hijos. Vivos o muertos, pero queremos saber dónde están. Ya no sabemos a quién recurrir: consulados, embajadas, ministerios, iglesias, en todas partes se nos han cerrado las puertas. Por eso les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza. Por favor, ayúdennos. Ayúdennos, por favor. Son nuestra última esperanza”.

Escenas similares se repitieron un año después, también en época mundialista: la visita a Argentina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1979 coincidió con el Mundial Sub-20 de Japón, ganado por Argentina, con César Luis Menotti en la dirección técnica y Diego Maradona y Ramón Díaz como principales figuras. El hecho no refiere solamente a una coincidencia anecdótica: la dictadura, para defender su accionar, enarboló un lema (“Los argentinos somos derechos y humanos”) que popularizó el relator José María Muñoz, a cargo de la transmisión de los partidos de Argentina.

El 22 de mayo de 1979, Argentina y Países Bajos jugaron un amistoso en Suiza por la Copa 75° Aniversario de la FIFA. Un grupo de exiliados argentinos se las ingenió para poner una bandera contra la dictadura. Según una investigación del periodista Andrés Burgo, esto desató el nerviosismo de las autoridades de la transmisión oficial, que buscaron tapar la insignia con la promoción de un recital de Les Luthiers. La tela decía “Videla asesino”.

México 1986: Sobredosis de TV

El Mundial 86 arrancó con silbidos al presidente de México Miguel de la Madrid, en tanto y en cuanto se protagonizaba una Copa del Mundo con gastos para la participación y comercialización en un país devastado pocos meses atrás por un brutal terremoto.

Fue, además, uno de los emblemas de una profundización de los negocios empresariales al interior de las Copas del Mundo. Inauguró lo que Eduardo Galeano, en su célebre libro El fútbol a sol y a sombra, definió como la “telecracia”, es decir, la idea de que el espectáculo televisivo, convertido por completo en un espectáculo al servicio del capital, está orientado según los intereses de los magnates de la pantalla.

De esta manera y por pedido del propio João Havelange, mandamás de la FIFA, los partidos se jugaban al mediodía para favorecer la transmisión en horario “prime-time” europeo, lo que generaba un desgaste físico muy grande por el calor de la capital azteca. Varios jugadores, entre ellos Diego Maradona, Jorge Valdano y el arquero alemán Harald Schumacher, se quejaron. Havelange respondió a su estilo patronal

– Que se callen la boca y jueguen.

Maradona declaró estar “sorprendido” por la exaltación de Havelange y marcó que las condiciones de juego no serían las mejores. El altercado no salió de allí, pero significó un entrecruce entre los intereses de los futbolistas y su interés en preservar el juego como tal, frente a las exigencias de los capitalistas. Años después, varios jugadores, entre ellos Maradona como uno de sus principales impulsores, tuvieron la intención fallida de poner en pie un Sindicato de Futbolistas.

Havelange siguió su camino. La TV era su obsesión. Por supuesto que esa política llevó a una corrupción infernal. Tanto fue así que en 2012 la propia FIFA (conducida por Blatter) tuvo que dar a conocer las pruebas de la corrupción de Havelange y su exyerno Ricardo Texeira con la empresa ISL, que cambiaba sobornos por derechos de transmisión hasta 2001.

El histórico presidente de la entidad fue el primer impulsor de los intereses empresariales devenidos en ganancias para el balompié mundial. El mismo lo dejó en claro: “Yo vendo un negocio llamado fútbol”.

Brasil 2014: “Nuestra copa está en la calle”

“Copa FIFA = 33 billones / Olimpíadas = 26 billones / Corrupción = 50 billones / Salario mínimo = 678 reales”. El cartel resultaba significativo, en las tierras del pentacampeón del mundo. Brasil, el país que supo reinar en el fútbol mundial y que esperó 64 años para poder albergar una nueva Copa del Mundo, mostraba su contradicción más flagrante. Los lujos y el gasto para organizar tanto el torneo de fútbol más importante del mundo como los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 contrastaba con las penurias de las masas, por un lado, y con las decisiones ajustadoras del Gobierno petista de Dilma Rousseff, por el otro. Desde esa óptica salieron las pancartas “¿Copa para quién?”.

El inicio de las movilizaciones se dio en 2013, en el marco de la Copa de las Confederaciones, el torneo que se utilizaba en ese momento como antesala del Mundial entre los campeones de todas las confederaciones y la escuadra local. El arranque del movimiento prendió su chispa en junio, luego de un aumento en el “billete sencillo” del transporte público de 0,20 a 3,20 reales. Las protestas se extendieron a lo largo y a lo ancho de 25 ciudades del país, aunque lógicamente se destacaron las manifestaciones en los grandes centros urbanos: San Pablo, Río de Janeiro y Belo Horizonte.

Semejante situación reflejó una paradoja: en el país más campeón, una copa generaba controversia. Si bien posiblemente haya declarado para apartar a la cita mundialistas de los “conflictos sociales”, Ricardo Trade del Comité Organizador admitió: “No están protestando por la Copa del Mundo, la están utilizando para protestar por lo que es muy necesario, como educación y salud” (La Vanguardia, 13/06/2013). “No es por los centavos (de aumento). Esto es una demanda reprimida, reflejo de la falta de perspectiva de los jóvenes. El transporte también es pésimo. Andamos en chasis de camión travestidos de autobús”, “aprovechamos el momento en que el mundo está mirando hacia Brasil para llamar la atención sobre problemas antiguos. Hay gente que está doce horas en la fila de un hospital y no consigue ser atendida”, reflejaron dos manifestantes en medio de las protestas (Página 12, 18/06/2013).

Si bien Dilma Rousseff buscó discursivamente marcar una distancia con la violencia (“Las movilizaciones son pacíficas”), lo cierto es que el Gobierno del PT reprimió fuertemente las protestas, en un proceso que dejó, por ejemplo, cinco muertos en 2013. “Quien piense que puede impedir la realización de estos eventos enfrentará la determinación del Gobierno”, dejó en claro Aldo Rebelo, ministro de Deportes (Página 12, 18/06/2013).

Hacia la realización del torneo, el movimiento entró en un reflujo. No obstante, dejó en claro que el fútbol a veces permite desplegar no solamente una agenda de demandas obreras y populares, sino también un método para luchar por ellas. “Nuestra copa está en la calle”.

Qatar 2022 y algunas conclusiones

Posiblemente el último Mundial sea recordado no solamente por su nivel futbolístico y su enorme capacidad para desplegar sorpresas futbolísticas y grandes encuentros, sino también, en nuestro país, por la consagración argentina. La “Scaloneta”, equipo de profunda raigambre popular, logró el sueño luego de 36 años sin títulos mundiales para el conjunto albiceleste. Más allá de las reivindicaciones deportivas (el equipo reflejó con claridad la reivindicación del muchas veces bastardeado fútbol sudamericano, el de la gambeta, los clubes de barrio, el potrero y el arrabal), la actuación estuvo rodeada de manifestaciones populares.

La más importante fue el recuerdo de Malvinas (“los pibes que jamás olvidaré”, de la famosa canción “Muchachos”). Las islas colonizadas por el reino británico se encuentran vinculadas al fútbol desde el partido contra Inglaterra del Mundial ‘86. Agraciada comparación, en un Mundial que encontró en el fútbol un vehículo de manifestación antiimperialista constante. No es casual que en Bangladesh, Escocia, Irlanda y tantos otros lugares se hinche por Argentina.

Tampoco que haya despertado tanto interés el desempeño del equipo de fútbol de Marruecos, con victorias de una poderosa simbología política frente a Bélgica y España y la bandera palestina presente en los festejos, sin dejar de lado que su régimen de gobierno (Mohammed VI) es represor y proimperialista.

El fútbol vehiculizó la lucha del movimiento LGBTI, que sufre innumerables persecuciones y represiones por parte del régimen catarí, que califica como “delito” las relaciones entre personas del mismo sexo. Hubo manifestaciones por parte de los jugadores, como Harry Kane y Manuel Neuer. Es cierto que las mismas se dieron en el marco de una campaña demagógica del imperialismo, que tuvo, por ejemplo, a la funcionaria alemana Nancy Faeser como una de sus impulsoras. Más allá de esto, también el tema despertó el interés de un sector que se movilizó, como ocurrió, en vísperas del inicio del certamen, en la sede de la FIFA, en Zúrich. Otra vez, entonces, el Mundial muestra una cara de lucha, como puso arriba de la mesa Sindelar contra el fascismo, Caszely contra Pinochet y la campaña de boicot Argentina 78 contra Videla y la dictadura militar.

Las protestas en todo el mundo contra las muertes por las horrorosas condiciones laborales en Qatar (el diario británico The Guardian estimó 6.500, el Gobierno lo negó pero no existen cifras “oficiales”) permitieron evidenciar el carácter antiobrero de la configuración de espectáculos lujosos, muchas veces en contraste con el deterioro de las condiciones de vida de las mayorías obreras. Cada uno en un grado distinto, lo mismo se mostró en México con el antecedente del terremoto y en Brasil 2013-2014 contra el aumento de las tarifas y en defensa de la educación y la salud frente a los negociados que implica la organización de la Copa del Mundo. También el deterioro de los calendarios y las lesiones, como ocurrió en 2022 y en los horarios del “prime time” de la TV en México 1986.

Las muestras populares de solidaridad no pueden confundirse con la demagogia imperialista. Algunos alcaldes franceses decidieron no pasar el Mundial en pantallas gigantes, pero el principal equipo de fútbol de la “Ligue 1” (PSG) tiene capitales de ese país, y las dos potencias europeas hacen negocios por el petróleo y los combustibles. La “indignación selectiva” de un imperialismo que produce padecimientos, guerras y hambrunas no merece pertenecer a este campo común.

El fútbol, muchas veces transformado en negociado, permite pavimentar un camino de manifestaciones y luchas en su estirpe más popular. Las banderas vuelan en el corazón de cada pelea.

Bonus track. Patagonia 1942: El día que los mapuches le ganaron un Mundial a los nazis

“El Mundial de 1942 no figura en ningún libro de historia, pero se jugó en la Patagonia argentina sin sponsors ni periodistas”. El autor de la frase dice que en el interregno sin Mundiales entre 1938 (Francia) y 1950 (Brasil) por la Segunda Guerra Mundial, en realidad hubo una Copa del Mundo. No solo lo indicó él: en 2011 dos cineastas, Filippo Macelloni y Lorenzo Garzella, realizaron un documental sobre el tema. En aquella oportunidad, según los citados, la final disputada permitió la victoria de los mapuches al equipo que representaba a la Alemania nazi, en tiempos álgidos de Hitler y compañía.

La historia, por supuesto, no es realidad. O, mejor dicho, sucedió pero en el plano de la ficción. Es parte núcleo de la historia que Osvaldo Soriano construye en su cuento “El hijo de Butch Cassidy”. El documental, falso, recoge esa narración. Más allá de que cada consideración está supeditada a la subjetividad de la interpretación narrativa, aquel texto del autor argentino puede ser tomado como una reivindicación no solamente de su querida Patagonia (vivió algunos años en Cipolletti, Río Negro), sino también de la derrota del nazismo. El cuento elabora entonces una Copa del Mundo ficticia que se reconstruye a partir del relato de un personaje, el tío Casimiro.

Deja entre tantas otras cosas una pequeña reivindicación oculta al andar del principal dirigente de la Revolución Rusa y los bolcheviques: “El capitán alemán acusó de ladrón y de comunista a un cocinero italiano que por las noches leía a Lenin encerrado en una letrina del corralón. En aquel lugar nada estaba prohibido, pero los rusos eran mal vistos por casi todos y el cocinero fue expulsado de la cancha por rebelión y lecturas contagiosas”.

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