El carácter del acuerdo entre LO y la LCR de Francia

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(Respuesta a Chris Edwards)


El artículo de Chris Edwards es, ¿por qué no?, admirable. Escrito para denunciar la posición del Partido Obrero con relación a la unión electoral entre Lutte Ouvrière y la Liga Comunista Revolucionaria de Francia, el autor no dice una palabra sobre el asunto y recurre al único deporte que cree conocer pero práctica para el diablo: o sea, recoger todas las citas posibles de Trotsky sobre el centrismo y justificar su seguidismo pertinaz al Secretariado Unificado.


 


Como muchos habrán podido leer en Prensa Obrera o podrán hacerlo en la presente edición de esta revista (1), las dos organizaciones mencionadas concluyeron un acuerdo para formar una lista común con vistas a las elecciones europeas de junio próximo, que constituye un verdadero atentado político contra los intereses históricos de la clase obrera. En el análisis del programa del acuerdo, hemos llamado la atención sobre varios aspectos del programa de ese acuerdo, como la propuesta de controlar al capital especulativo con un impuesto especial, ya planteado por amplios sectores de la burguesía imperialista mundial; la ausencia de una denuncia del gobierno de Jospin como pro-imperialista e incluso la ausencia de una consigna de poder que llame a las organizaciones obreras a romper la cohabitación gubernamental con el gaullista Chirac; la denuncia, no de la tentativa imperialista que implica la Unión Europea, sino de los tratados de Maastricht y de Amsterdam, que establecen pautas presupuestas, monetarias y jurídicas para adherir a la UE; la denuncia, no del capitalismo sino de "la lógica liberal"; etc. El punto que condensa el carácter del programa y la estrategia de los firmantes, es el planteo de construir una Europa democrática "donde las poblaciones controlen las decisiones", lo que equivale a proponer la sustitución de las instituciones previstas en los tratados mencionados, que se caracterizan por la ausencia de responsabilidad ante el electorado, por las que rigen en los actuales estados nacionales imperialistas de Europa.


 


Para el compañero Chris Edwards todo esto no serían más que los "defectos políticos del acuerdo". Esta posición es inadmisible; el compañero ha llevado al extremo su seguidismo ciego al Secretariado Unificado, al que se encuentra afiliada la LCR (aunque lo contrario sea más correcto).


 


Pero la "Europa democrática" es algo más que una reivindicación en el marco del imperialismo; es también funcional a la restauración capitalista en Europa del este y los ex estados soviéticos dentro del programa de ampliación de la Unión Europea (enlargement). La extensión de la democracia formal hacia el este significa la imposición del estado de derecho y los derechos que corresponden a este estado; en primer lugar, el derecho de propiedad, con la consiguiente libertad de comercio y de capitales; es decir, de "la lógica neo-liberal". Es la coronación de un proceso político que ya está en marcha hace bastante tiempo y que comenzó, no con los tratados de Amsterdam o Maastricht, sino con el de Helsinki en 1975, bajo el reinado todavía indiscutido, al menos en apariencia, de la burocracia stalinista y sus satélites.


 


Para Chris Edwards esto no sería muy importante, si es que en general coincidiera con las críticas, algo que no explícita; porque, dice, "La alianza ha generado un alto grado de entusiasmo, energía y esperanza en la extrema izquierda francesa". Así razona nuestro sesudo estratega. ¿Qué dirá después, nos preguntamos, cuando las consecuencias de esta adaptación política democratizante al imperialismo se hagan cada vez más evidentes y provoquen la desmoralización de la "extrema izquierda francesa"?


 


Desde que el imperialismo fue imponiendo su proyecto de unificación europea, hacia mediados de la década de los 60, los Estados Unidos Socialistas de Europa fue para el SU una reivindicación limitada, como lo era también para la burguesía, a la Europa occidental. Se trataba de una distorsión profunda del planteo fundacional de la IVª Internacional, que por su carácter histórico concreto incluía a todos los países que han protagonizado la historia europea moderna, es decir, capitalista, o sea desde el Atlántico hasta el Pacífico.


 


El planteo de la IVª era una concretización del planteo de la revolución permanente referido a Europa y se trataba de una explotación de la impasse capitalista europea, expresada en dos guerras y en su retroceso y división internacionales, y de un ataque frontal al mismo tiempo contra el socialismo en un solo país, que era la política del stalinismo. Disfrazada por el término socialismo, la consigna de la Unión socialista de Europa, referida al ámbito de la unidad entonces posible, es decir, permitida, la de Europa occidental, no era más que una adaptación a la unión imperialista de la burguesía europea en el marco de la división de Europa determinada por la llamada guerra fría. Ahora que esta guerra fría ya no existe y que la división jurídico-militar ha sido en gran parte extinguida, el planteo de la unión de Europa incluye, para la burguesía, a todos los países fronterizos de Rusia. Coincidentemente con el cambio de la situación histórica, es decir el derrumbe de la URSS y la anexión capitalista de Alemania, y con el consecuente cambio de alcance de los planteos unionistas por parte de la burguesía europea y mundial, el SU ya no plantea más una unidad restringida a Occidente, pero en lugar de los Estados Unidos Socialistas reclama, junto con Lutte Ouvrière, la Unión Democrática de Europa. Esta segunda adaptación al imperialismo (en realidad es una secuencia de la primera sin solución de continuidad), significa una adaptación a los planes de restauración capitalista en marcha. El SU ha seguido las idas y vueltas de la burguesía europea como una sombra al cuerpo, reflejando siempre el estado de ideas (état desprit) de la pequeña burguesía académica de la Sorbona, Laussane y de la "nueva izquierda" inglesa. El camarada Chris actúa de la misma manera, pero ante el SU.


 


Pero no es sólo el compañero el que ha quedado obnubilado por la unidad de los trotskistas al punto de ignorar olímpicamente las bases políticas del acuerdo. Como él mismo lo dice, la extrema izquierda francesa no cabe en si de alegría ante la promesa de un resultado electoral que empate o supere al del partido comunista, al extremo de que al programa no le ha dado una sola línea de consideración. ¿Pero no dijo acaso Marx que "un paso adelante del movimiento real vale más que una docena de programas"? ¿Para qué entonces detenerse en el programa de la LO-LCR? Ni la extrema izquierda en cuestión, ni el propio Chris, hacen alusión a él, no digamos que propongan superarlo. Están preocupados, sí, pero por otra cosa; lo que los perturba es que se trate de un mero acuerdo circunstancial, de que no sea estratégico; una organización, Voix des Travailleurs, quiere que conduzca a la unidad de toda la extrema izquierda en la perspectiva de un futuro "partido amplio de los trabajadores". No plantean, entonces, superar este programa; quieren grabarlo en el mármol; quieren desatar a partir de él una dinámica de liquidación completa de la IVª Internacional. Que el Partido Obrero denuncie esto, al compañero Chris le parece naturalmente una clara manifestación de "sectarismo organizativo". No importa, claro, que la acusación parta del militante de un grupo que desde hace varios años no logra superar el número de media docena de afiliados.


 


Decíamos en Prensa Obrera (2) que "Lucha Obrera tiene todo el derecho a establecer un acuerdo electoral con la Liga, pero no a prostituir el programa revolucionario". Sostenemos incluso que ese derecho lo tiene con respecto al partido comunista o al socialista, es decir siempre que sea útil a un frente único de las masas contra el capital. Para eso es necesario establecer una reducida serie de reivindicaciones; cuando en lugar de esto se hacen concesiones de principios, el acuerdo electoral se transforma en el pretexto para una liquidación política. ¿Es esto tan difícil de entender compañero Chris?


 


Claro que Chris podría retrucarnos: ¿pero no dicen acaso ustedes que "Lucha Obrera debería rechazar este acuerdo anti-socialista"? (3). Así es. Pero esto significa que hay que decirle sí a la posibilidad de un acuerdo electoral y no al programa. Lo que quizás Chris no tomó en consideración, o quizás la tomó a fondo, es que si no es con ese programa la Liga podría, por ejemplo, no estar de acuerdo con seguir con el frente electoral. En este caso, Chris consideraría que seguir de largo es el mal menor; nosotros pensamos que eso sería un crimen y que el mal menor es romper. Y decimos que romper es un mal menor y no un colosal acierto, porque no podemos asumir ninguna responsabilidad por haber dejado que las cosas llegaran a este punto, o sea, por no haber ejercido una campaña a favor de la unidad electoral con métodos políticos correctos. Por todo esto Marx completa su planteo antes citado agregando que no hay nada, sin embargo, que pueda justificar el sacrificio del programa revolucionario.


 


Este texto de Chris Edwards desnuda lo que el entiende por el centrismo del SU, porque simplemente ignora la adaptación de éste al imperialismo europeo. En realidad, el único centrista que queda en pie en toda esta historia es el propio Chris, que oscila entre el SU y nuestras posiciones, con marcadísima tendencia al SU dicho esto sin ninguna clase de celos. En este punto el compañero se manda una maniobra política que sería inadmisible pasar por alto, porque el planteo que él critica de que el SU no puede ser regenerado o reformado para una causa revolucionaria, no es del PO, sino que fue votado en la reunión internacional de Génova de marzo de 1997, sobre la base de una redacción efectuada por los representantes de la fracción a la que pertenece el propio Chris, la ITO. Es decir, que el compañero quiere liquidar los acuerdos alcanzados en la reunión de Génova y ratificados en San Pablo en 1997 y en Buenos Aires en mayo de 1998. La declaración que fuera aprobada por unanimidad provocó, es cierto, una crisis muy fuerte en la delegación de la ITO, que por lo que se ve el compañero Chris querría reabrir. En esa declaración no se declara ninguna suerte de escepticismo sobre la irrecuperabilidad del SU, sino que se la afirma sin dejar lugar a dudas. El compañero debería dejar en claro si sigue suscribiendo o no las declaraciones que fundamentan la lucha por la refundación inmediata de la IVª.


 


Pero toda la historia que Chris teje sobre el centrismo no tiene ni pie ni cabeza, por eso recurre como un adicto a largas citas de Trotsky que él mismo no ha entendido. Cualquiera sea el destino final de una organización centrista (o incluso contrarrevolucionaria; nos estamos refiriendo siempre al campo obrero o proletario), la regeneración no es uno de ellos, esto porque no puede superar sus limitaciones sobre la base de su propio programa político. Para que una organización centrista, es decir que oscila entre las tendencias revolucionarias y contrarrevolucionarias dentro de la clase obrera, supere esa condición, es necesario que rompa con su programa y con su estrategia y adopte el revolucionario o contrarrevolucionario. En ese caso quedará destruida como organización centrista. Si bajo la presión de determinados acontecimientos históricos incluso una organización contrarrevolucionaria puede transformarse en centrista, qué decir de la posibilidad de que una centrista se transforme en revolucionaria, y de que por lo tanto incluso la primera termine siendo revolucionaria. Incluso si se admite que el SU ha roto con el marxismo y con la revolución proletaria, lo que lo transforma en contrarrevolucionario, no se puede negar la posibilidad de que ciertos factores históricos lo conviertan alguna vez en revolucionario. Pero eso sólo sería posible por medio de la destrucción de sus posiciones centristas o contrarrevolucionarias. Negar por principio estas posibilidades significa negar (limitar a priori) la propia posibilidad del cambio; negar la posibilidad de que la subjetividad humana pueda ser alterada por las catástrofes que se vea obligada a vivir; o considerar que la ruta de la historia tiene trazado un único camino. Pero ni lo posible es siempre probable, ni lo probable es siempre seguro; lo que sí es muy seguro es que ese cambio significa la destrucción de las posiciones antirrevolucionarias por el efecto combinado de los factores históricos y de la intervención de la vanguardia revolucionaria. Aquí no hay ninguna clase de regeneración; incluso los obreros que han pertenecido a esas organizaciones no considerarían que se hubieran regenerado en nada, porque, como tales obreros, siempre se consideraron a sí mismos fieles a su clase, con independencia de las ilusiones o los velos que limitaron su actividad política hasta ese momento.


 


Habiendo abandonado por completo el marxismo, el SU es contrarrevolucionario; su política internacional es democratizante, o sea proimperialista, como lo prueba claramente su adhesión política al Foro de Sao Paulo; es un factor de dislocación de los elementos de vanguardia que buscan emerger a la política mundial; su presencia es un peso muerto para la vanguardia obrera internacional; no se puede reconstruir la Cuarta si no es sobre el cadáver del SU. En la política francesa, sin embargo, ocupa una posición centrista de derecha entre el PC y el PS, de un lado, y los centristas de izquierda y revolucionarios, del otro, y está marchando decisivamente a disolverse en el bloque contrarrevolucionario (al menos es su tendencia actual); es por esto que un frente electoral con la LCR todavía podría ser atractivo. Pero creer que la LCR se regenerará sobre la base de la "dinámica o ímpetu ("momentum", en el original) del proceso", como dice el compañero, que entraña al mismo tiempo una base programática de adaptación al imperialismo, esto es un completo seguidismo político, que tiene más posibilidades de llevar, no a la regeneración de la LCR sino a la degeneración de Chris Edwards.


 


En la política brasileña, la fracción del SU no es centrista, pues milita en frente único con el aparato burgués que controla el Partido de los Trabajadores y, ahora, con el propio aparato del Estado, y ha hecho de policía política votando por la expulsión de la extrema izquierda del partido o haciendo la vista gorda a la separación de otras tendencias como el actual PSTU. Pero la caracterización de centrista, como categoría política concreta, no hay por qué limitarla a los trotskistas que son puestos de candidatos a la regeneración, pues se puede aplicar también a Refundación Comunista de Italia, que oscila entre los ex stalinos del PDS y los trotskistas de esa península; una característica que se ha acentuado luego de la separación del ala derecha de Cossuta. Pero dentro de RC tenemos también tres bloques uno pro-frente popular, otro centrista, otro revolucionario. La IVª podrá ganar al 10, al 30 o al 60% de RC para la revolución socialista mundial; lo que no podrá suceder es que ello ocurra como consecuencia de una evolución natural de RC a partir de sus presentes bases políticas.


 


De esta descripción surge lo siguiente: El SU es caracterizado por nosotros como contrarrevolucionario con relación al programa histórico del proletariado, o sea, porque le ha dado la espalda. En las políticas nacionales puede ocupar diferentes lugares, lo que no depende tanto de sus posiciones como del cuadro político del país en cuestión. Es incuestionable que para Lenin, después de 1914, Kautsky era un contrarrevolucionario, no obstante de que, a partir de 1916, perteneció a la fracción del centro de la socialdemocracia alemana.


 


El texto del compañero Chris comete innumerables errores históricos cuando se refiere a las crisis en el movimiento trotskista en los años 52/53, 63 ó 71, pero que utiliza con toda intención para reforzar una posición de total adhesión a la corriente política principal Pablo-Mandel que antecedió a la actual del SU. Desconoce que el Partido Obrero no emergió de la corriente lambertista sino que surgió con completa independencia de ésta o, para el caso, de cualquier otra corriente, ni que tampoco se fundió en ella cuando actuó en el Comité de Organización por la reconstrucción de la IVª Internacional. Esta organización fue la primera que planteó la necesidad de proceder a esa reconstrucción.


 


Lo que hay que decir para terminar es que los luchadores del mundo entero no podrán evolucionar adecuadamente en el cuadro del excepcional momento histórico actual, sino es sobre la base de la refundación de la IVª Internacional, y que esta refundación es incompatible con el SU, y no sólo esto, el SU es su principal obstáculo. El programa del acuerdo LO-LCR es una terminante demostración del acierto de este planteo; el movimiento revolucionario en Francia ha dado un paso atrás. Ese paso atrás se va a hacer más evidente si la llamada extrema izquierda en Francia logra avanzar en términos electorales u organizativos sobre el partido comunista, avance práctico que es el argumento más fuerte que esgrimen sus partidarios. Porque es precisamente el progreso que se hace hacia una situación revolucionaria lo que más pone en evidencia el drama histórico de la falta de un programa revolucionario y del sacrificio que se ha hecho de las conquistas revolucionarias precedentes.


 


 


Notas


 


1. Ver "LO-LCR: acuerdo sobre un proyecto de fe, en página 21 de esta edición; Jorge Altamira, "El Frente Revolucionario del doctor James Tobin", en página 24 de esta edición; Jorge Altamira, "La política de los trotskistas franceses", en página 29 de esta edición.


 

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