Proyecto de salario mínimo de 600 pesos del Partido Obrero

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email


La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sanciona con fuerza de ley:


 


1. Queda establecido un salario mínimo de 600 pesos mensuales, 30pesos la jornada y 3,50 pesos la hora, en todo el ámbito de la Ciudad. Elpago de este salario mínimo es obligatorio para toda empresa que ejerzasus actividades, se encuentre radicada o cuente con domicilio legal en la Ciudad de Buenos Aires.


 


2. El salario mínimo establecido beneficia a todo trabajador mayor de catorce (14) años que desempeñe sus funciones en la Ciudad de Buenos Aires, sea su retribución mensual, jornalizada, por hora o a través de cualquier modalidad o procedimiento.


 


3. El salario mínimo regirá para una jornada laboral de 8 horas diarias y 40 horas semanales y será objeto de los aportes y contribuciones previstos en la legislación vigente.


 


4. El salario mínimo se ajustará automáticamente en forma mensual según la variación que registre el índice de costo de vida que publica el Indec correspondiente al mes vencido inmediatamente anterior. El ajuste no tendrá lugar cuando la variación del costo de vida sea negativa.


 


5. Se establece un incremento semestral del salario mínimo en un 9 por ciento, con el objeto de llevarlo, en un plazo de cuatro años, a los 1.200 pesos mensuales en valores constantes, que es el costo estimado de la canasta de bienes y servicios básicos en el que incurre una familia tipo en la Ciudad de Buenos Aires en la actualidad.


 


6. Se encarga el cálculo del costo de la canasta de bienes y servicios en función del concepto de necesidad social para una familia tipo, con la finalidad de que sirva como referencia para un nuevo cálculo del salario mínimo vital. Se encarga la realización de una encuesta con este fin al organismo técnico competente de la Ciudad, conjuntamente con los representantes de las organizaciones de trabajadores que se mencionan en el artículo 7.


 


7. Para fiscalizar el cumplimiento de esta ley de salario mínimo, vital y móvil, se ordena completar la elección de delegados y comisiones internas en todos los establecimientos de trabajo de la Ciudad. Estas organizaciones de trabajadores se harán responsables de efectuar las denuncias que correspondan al incumplimiento de la presente ley.


 


8. Se designa una comisión compuesta por un representante de cada bloque de la Legislatura y un representante por cada una de las centrales sindicales para supervisar el cumplimiento de la disposición que establece la elección de los delegados y las comisiones internas.


 


Fundamentos del proyecto de salario


 


Una de las bases de la política de superexplotación y de emprobrecimiento de los trabajadores en la última década ha sido, por un lado, el congelamiento del salario mínimo al nivel que tenía en las vísperas de la hiperinflación alfonsiniana y, por el otro, la violación de la jornada de ocho horas. Al prohibir más tarde la indexación de los salarios y de las jubilaciones en función del costo de vida, la ley de convertibilidad permitió a las patronales licuarlos en un 50 por ciento. A esto se agregaron la andanada de contratos basura, el trabajo en negro y todas las formas de flexibilidad laboral, que sirvieron para alargar la jornada y aumentar los ritmos de trabajo.


 


La lucha por recuperar el salario mínimo, vital y móvil, que está relacionado con el costo de la canasta familiar, así como la vigencia de la jornada de ocho horas, se ha transformado en una necesidad crucial. Esta lucha requiere una acción decidida por parte de los sindicatos, y por lo tanto la remoción de la burocracia sindical, pero también una decidida acción en el plano de la lucha político-legislativa. Los límites insalvables que tienen una acción y la otra, exigen primero que sean planteadas a fondo.


 


La organización de base de las masas y la acción directa de éstas, sólo pueden desarrollarse a partir del planteamiento de sus necesidades establecidas en forma concreta.


 


El salario inferior a los 400 pesos que cobra el 49% de los trabajadores de la ciudad de Buenos Aires, se emparenta casi peso por peso con lo que podría llegar a ser la changa de un desocupado. Los salarios de miseria han quebrado, en una medida impresionante, la diferencia social entre unos y otros. La tesis de que existe una 'fractura social' entre los 'excluidos' y los que gozan del beneficio de la 'inclusión' en el capitalismo, ha sido completamente desmentida. El capital necesita tener una masa de desocupados no como un fin en sí mismo, sino para lograr mayores niveles de superexplotación de la fuerza de trabajo viva.


 


El efecto de la hiperinflación de 1989 puede verse en los índices calculados por Fide, que, sobre una base 100 para el salario real en junio de 1985, daba 68,2 para el promedio de 1991, o sea una caída del 32%. El Indec, por su lado, informó de una caída del 23% en los salarios reales de la industria, entre 1993-98, reflejando las consecuencias del congelamiento establecido por la convertibilidad (Clarín, 5/9/99). Este mismo informe oficial señala que en esos cinco años el empleo industrial se redujo en un 11,7%, mientras que el volumen físico de la producción creció casi el 15%.


 


La tasa de explotación por obrero creció, por este solo motivo, en un 30%, lo que añadido a la caída del salario suma un incremento del 60%. El incremento de la producción y de la productividad no se ha 'derramado', como sostienen los apologistas del sistema, al conjunto de los trabajadores, sino que ha redundado en una mayor tasa de explotación y en una mayor concentración de los ingresos en pocas manos.


 


"Durante la década de los '90, mientras el PBI creció un 51,4% -dice Artemio López de la encuestadora Equis- la brecha entre el 10 por ciento de los perceptores más pobres y más ricos se amplió un 57 por ciento…" (Clarín, 23/7). En la Ciudad de Buenos Aires, esa brecha pasó del 39,2 al 89,2 por ciento, es decir un crecimiento del 127%.


 


La mayor parte del incremento de la tasa de explotación tiene que ver con el alargamiento de la jornada laboral. Aunque se trata de una tendencia mundial, Argentina encabeza el pelotón con 2.334 horas anuales en 1997, el año previo a la actual recesión. En comparación, Estados Unidos registraba 1.948 horas al año y Francia, 1.683, en el año 1998. Una diferencia del 20 y del 40%, respectivamente. El exceso de horas de trabajo de la población ocupada, que son diez millones de personas, equivale casi exactamente al tiempo de trabajo que podría ser empleado por los trabajadores desocupados y sub-ocupados, que suman unos cuatro millones.


 


No se ha llegado a esta situación como consecuencia de un libre juego de la oferta y la demanda, ni tampoco está relacionada con la productividad del trabajo, que es la más alta de la historia. Se han empleado para alcanzar estos resultados medios extraeconómicos, es decir la coerción política. Entre los medios utilizados figuran la hiperinflación promovida desde el Estado; una corrupción estatal sin precedentes de la burocracia de los sindicatos; la represión de las luchas populares, con un récord de procesamientos judiciales; el remate y el desmantelamiento de casi todo el patrimonio económico del Estado; y por supuesto, la liquidación de toda la legislación protectora del trabajo, entre ellas la del salario mínimo.


 


La productividad social del trabajo no mide el valor de la fuerza de trabajo, sino el estadio de desarrollo de la sociedad. El valor de la fuerza de trabajo está determinado por el valor del conjunto de las necesidades sociales requeridas para el mantenimiento de la capacidad productiva del trabajador. Pero el precio corriente de la fuerza de trabajo, o sea el salario, se encuentra hoy muy por debajo de ese valor, y por lo tanto muy alejado de las exigencias y posibilidades que plantea el actual desarrollo de las fuerzas productivas.


 


Argentina es un caso extremo de una tendencia mundial, lo que demuestra que más allá de las particularidades de su política económica, refleja a un sistema social que es incapaz de garantizar la vida de quienes lo sostienen con su trabajo. Así lo revela la persistente desocupación europea, que ya tiene un cuarto de siglo y aun hoy supera el 10%; o el caso de Estados Unidos que, a pesar de una coyuntura favorable, aún paga en promedio salarios inferiores a los de la década del '60. Es que a pesar de este incremento de la explotación, los beneficios de las corporaciones norteamericanas se encuentran por debajo del 9% del total de sus activos, luego de haber tocado un mínimo del 7% a fines de los '70, en contraste con el casi 12% que era típico en la década del '60 (Financial Times). La incapacidad del capital para recuperar su tasa de beneficios a pesar de los recursos políticos y hasta militares que ha empleado para ello, explica por qué el desempleo, los bajos salarios, la miseria cotidiana y la pobreza no son fenomenos coyunturales. Es necesaria, entonces, una decidida acción política para combatir estas tendencias del capitalismo a la destrucción de la vida social.


 


Los 600 pesos que el Partido Obrero reclama como salario mínimo apenas corresponden a la mitad del gasto promedio mensual de una familia tipo de la ciudad de Buenos Aires calculado por el Indec. Este gasto era, a mediados de la década del '90, de 1.600 pesos, lo que refleja el deterioro social que se ha producido. El establecimiento de ese salario mínimo combinado con la vigencia de la jornada de ocho horas, significaría para la mitad de los trabajadores una mejora del 50%. La cifra de 600 pesos ha sido tomada solamente como un punto de partida en función de las expectativas mínimas manifestadas por los trabajadores en las actuales circunstancias. Por eso el Partido Obrero plantea un reajuste periódico que lleve el salario mínimo a 1.200 pesos al cabo de cuatro años. Sería ridículo que una propuesta de salario mínimo de 600 pesos pudiera ser rechazada cuando el propio gobierno nacional acaba de establecer esa remuneración como la condición mínima para ingresar a un plan de viviendas (Clarín, 21/7). En la situación actual varios millones de argentinos tienen oficialmente negado el derecho, no ya a una vivienda propia, sino a un crédito oficial que les permita construirla!!


 


El gasto mensual promedio de una familia tipo no refleja, sin embargo, la satisfacción de las necesidades sociales que tienen que ver con la época histórica actual. En este sentido, un salario de 1.200 pesos aún estaría lejos de cubrir esa necesidad social. Es necesario, e incluso fundamental, que las organizaciones obreras se aboquen a determinar la composición y el costo de una canasta familiar que realmente conserve la capacidad productiva de los trabajadores y sus posibilidades de desarrollo humano.


 


Los principios de un nuevo desarrollo social, que permita que el libre desarrollo de cada uno sea la medida del desarrollo de todos, deben manifestarse en forma concreta en la lucha contra el deshumanizado régimen actual.


 


La legislación laboral es incapaz, aun en las mejores de las circunstancias, de proveer a la protección de la fuerza de trabajo. Una burocracia de Estado se encarga de permitir que sus disposiciones sean incumplidas. Los más relevantes órganos del Estado se inclinan fácilmente a la complicidad con el capital, como lo demuestra la tolerancia de sus tres poderes con la desactualización de la ley nacional de salario mínimo durante ya más de una década. Las características democráticas del régimen político actual tienden a asumir cada vez más un carácter formal y verborrágico, en tanto las decisiones se concentran cada vez más en un círculo restringido del poder vinculado a los grandes intereses capitalistas. Por todo esto proponemos que el cumplimiento de la presente ley quede en manos de las organizaciones obreras interesadas, los delegados y comisiones internas, y que la propia ley imponga su vigencia y reconocimiento en todos los lugares de trabajo. Se destaca aquí el empeño en que la legislación no tenga un carácter puramente declamatorio, como sería si se dejara su implementación a la jefatura de gobierno. Es necesario que la ley sea directamente ejecutiva para evitar su desconocimiento o distorsión por la burocracia de turno.


 


La sanción de una ley de salario mínimo para la Ciudad de Buenos Aires servirá como referencia movilizadora para todo el país. Deberá ser complementada con una ley de reparto de las horas de trabajo, que ponga fin a la desocupación. El proyecto referido al ámbito de la ciudad pone de manifiesto un federalismo revolucionario porque contribuye a modificar la evolución retrógada sufrida por la nación. El "puerto" dejará de ser acusado de estar de espaldas al país y volverá a ser, como en algunas contadas ocasiones, su vanguardia.


 


Jorge Altamira: "Este es un proyecto contra la explotación social"


 


El 24 de octubre, se realizó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires una conferencia de prensa para presentar el proyecto de salario mínimo. Además de los diputados que lo respaldan, estuvieron presente importantes dirigentes obreros. Altamira presentó el proyecto con esta intervención.


 


"Compañeros, realmente les agradezco muy profundamente a todos los que están aquí presentes por su asistencia, porque se trata de conseguir realmente un respaldo popular para uno de los proyectos de ley más significativos que hoy pueden impulsar las luchas del movimiento obrero.


 


"Cuando un dirigente, un activista, un delegado tiene intereses populares, siempre encuentra el camino para una acción. Digo esto porque somos diputados de un distrito, no somos diputados nacionales, y ya antes de asumir nos llovieron toda clase de presiones advirtiéndonos de que en el ámbito de una sola ciudad no se pueden plantear ciertas cosas, que hay cosas que son "nacionales", como el salario, la desocupación o la pobreza; que en el ámbito de la ciudad lo único que había que hacer era preocuparse por el bacheo de las calles. Y, naturalmente, esto lo decía gente que no hacía nada para superar la desocupación a nivel nacional, sino que la agravaba; que no hacía nada para mejorar los salarios a nivel nacional, ni hacía nada a nivel nacional por alguna causa popular, sino todo a favor de los grandes monopolios, y que, además, es la gente que gobierna la ciudad, los partidos mayoritarios, los menemistas y la Alianza, que han dejado la ciudad llena de baches.


 


"Nosotros hemos presentado un proyecto de ley sobre salario mínimo de 600 pesos por una jornada de ocho horas en el ámbito de la ciudad. Hemos impuesto su tratamiento en el ámbito de la ciudad y estamos demostrando que en el ámbito en que actuemos se puede hacer una acción efectiva en favor de las reivindicaciones populares.


 


"Debo destacar la presencia, en esta conferencia de prensa, de compañeros representativos del movimiento obrero, delegados del movimiento obrero, dirigentes del movimiento obrero, dirigentes de sindicatos, dirigentes de centrales sindicales, todos los cuales tienen en común distintas propuestas de oposición a estos planes de pauperización y de superexplotación.


 


"Lo esencial de este proyecto es que es un proyecto de lucha contra la explotación. Ustedes preguntarán cómo se puede llamar "proyecto contra la explotación" a un proyecto que dice 600 pesos por una jornada de ocho horas. ¿Acaso si este proyecto se hiciera efectivo y se pagaran 600 pesos, y se respetara la jornada de ocho horas, no seguiría habiendo explotación? Pero la explotación no es una cifra fija; la explotación es la presión social y política constante de la clase capitalista para arrebatarle al trabajador una medida cada vez mayor de su esfuerzo y de su capacidad de creación. No es una cosa estática: de las ocho horas se ha pasado a las diez horas, y de las diez a las doce, y de un ritmo de producción a otro mayor, y del salario por jornada al pago de primas, en donde hay que matarse trabajando y no sólo destruirse físicamente sino también psíquicamente para sobrevivir; donde el salario ha bajado de un nivel a otro, hasta encontrarnos hoy a la mañana con el anuncio de que el gobierno pretende ofrecer a las empresas privadas trabajadores del Plan Trabajar que cobran 160 pesos y que no tienen contribución social, con lo cual lo que en un principio aparecía como un subsidio a la pobreza, se ha revelado como un método pérfido para consagrar un piso laboral menor al vigente, un piso salarial que después sea el margen de una nueva tasa de explotación. Y, por lo tanto, cuando uno lucha contra esta presión social y política hacia una explotación cada vez mayor, por lo que está luchando es por terminar con la explotación.


 


"Es un proyecto que tiene que ver con la relación fundamental de la sociedad, en que una minoría explota a una inmensa mayoría, inclusive cuando crea cuatro millones de desocupados, porque los desocupados son una masa de reserva creada por el capital para ejercer una presión sobre el trabajador activo y aumentar así la explotación. Este es el punto central. Este es el punto estratégico.


 


"Hemos establecido estos 600 pesos porque, como agitadores y propagandistas de esta idea, veíamos que los trabajadores, en el estado de superexplotación a que fueron llevados, no le creían al político, inclusive al político popular, al político militante como somos nosotros, cuando decíamos que vamos a luchar por un salario igual al costo de la canasta familiar, que hoy es de 1.200 pesos. El compañero, con todas las razones del mundo, decía que también en el campo popular hay demagogos que exageran, a lo mejor quizás para conseguir votos o para lo que fuere. Como nuestro propósito es luchar contra la demagogia, incorporamos en el proyecto el nivel de credibilidad popular. Sabemos que si vamos adelante con un proyecto de 600 pesos, los trabajadores de todo el país van a saber que podemos ir por más. Vamos a poder luchar por esos 1.200 pesos, y en el proyecto dejamos establecido que es un objetivo llegar a un salario igual al costo de la canasta familiar.


 


"Lo esencial del proyecto es desnudar una relación de explotación que envuelve a toda la sociedad, y esto hay que decirlo más que nunca ante la perfidia de esta campaña seudo intelectual, según la cual asistimos a la era del fin del trabajo. Si el trabajo llegó a su fin, ¿por qué tanto afán de que trabajemos 16 horas? ¿Por qué tanto afán de bajar el salario? ¿Por qué todas las medidas apuntan a exprimirnos más? Si lo nuestro ya terminó, si los laburantes ya no somos protagonistas, no creamos la historia, no servimos para nada y la técnica nos superó, ¿por qué no le chupan la sangre a la técnica, en lugar de chuparnos la sangre a nosotros? Esto es una demostración de que el sustento único, final e irreductible del capitalismo es la explotación del trabajador, la cual quieren negar proclamando "el fin del trabajo". Es una fantasía.


 


"Este proyecto de ley es fundamental como reivindicación, porque el 40% de los trabajadores de la ciudad ganan menos de 400 pesos, por jornadas superiores a ocho horas. En el distrito más rico del país, un 40% está debajo de los 400 pesos y está por debajo del nivel de pobreza. El desocupado es un excluido, pero también está en la capa de los compañeros pobres el 40% de los que tienen trabajo. El proyecto plantea 600 pesos por una jornada de ocho horas porque hay que poner un límite a la explotación en términos de la relación de la jornada laboral.


 


"Cuando se estudia el problema de la desocupación, se ve que el ataque al salario ha provocado la desocupación. A medida que ha ido cayendo el salario desde la hiperinflación, los compañeros han sido forzados a aceptar jornadas de trabajo más prolongadas para poder llevar algo a su casa. Desde el momento en que el trabajador, debido a los bajísimos salarios, trabaja 12 horas, le está sacando un 30% de la oportunidad de trabajo a otros trabajadores.


 


"Elevar el nivel salarial reducirá fuertemente la presión de la patronal por la extensión de la jornada laboral. Si podemos reducir la presión de la patronal por la jornada laboral, podemos armar una bolsa de trabajo para los compañeros desocupados y, con los sindicatos, distribuir las horas de trabajo libres resultantes. No digo que esto vaya a ocurrir espontáneamente; por el contrario, hay que forzar a los capitalistas estableciendo una bolsa de trabajo y repartiendo las horas de trabajo, y también con proyectos de subsidio, como planteó el compañero de ATE Capital. Este proyecto tiene vinculación con la lucha contra la desocupación, y por eso, metodológicamente, para nosotros es un paso que nos lleva a este otro paso de subsidio al parado y de reparto de las horas de trabajo.


 


"No se trata de acompañar un proyecto. Como diputado, como militante, como miembro del Partido Obrero, para mí esta jornada es valiosa porque se nos brinda la oportunidad de acompañar al movimiento obrero con un proyecto en la lucha general que el movimiento obrero ya tiene empeñada, como lo demostraron el paro del 5 de mayo y el paro del 9 de junio, las concentraciones, la marcha de la CTA. El movimiento obrero está ahí, peleando. Nosotros, con esto, queremos acompañar al movimiento obrero que pelea, queremos hacer una contribución desde una tribuna en una institución del Estado, a la causa que el movimiento obrero ya desarrolla, que no ha esperado y no debía esperar la acción parlamentaria, y que no corresponde que la espere. Nosotros nos sumamos a esa causa de conjunto.


 


 


Nota:


(*) Jorge Altamira, diputado de la Ciudad de Buenos Aires por el Partido Obrero presentó en la Legislatura este proyecto de ley de salario mínimo. La presentación fue acompañada por los diputados Lía Méndez (Partido Humanista) y Abel Lattendorf (Partido Socialista Auténtico).

Artículos relacionados

Deja un comentario