10 años del levantamiento zapatista en Chiapas

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Al conmemorarse 10 años del levantamiento campesino de Chiapas, encabezado por el EZLN, diversos intelectuales "primer mundistas"1, celebraron, como su mayor conquista, los "cambios culturales" que el EZLN habría introducido en la izquierda latinoamericana y mundial la "revolución sin tomar el poder", el reconocimiento de la "pluralidad identitaria", la "estrategia del caracol", el uso de Internet como arma de comunicación política, etc. hasta presentarlo como el precursor del movimiento "altermundialista", hoy expresado en el Foro Social Mundial. No sólo se hace abstracción del concreto desarrollo político mexicano y latinoamericano, sino principalmente de la historia de la propia izquierda "antiglobalizadora", la que, en el momento del levantamiento de Chiapas, reunida en el Foro de San Pablo, tomó prudente distancia del mismo y condenó su "violencia" (el SU de la IV Internacional, presente en la instancia, llegó a proponer la mediación de la Iglesia Católica para una salida negociada) en el exacto instante en que el ejército mexicano masacraba a los campesinos insurrectos, fusilando sin juicio a decenas de prisioneros, lo que fue de inmediato denunciado por el PO2; el EZLN nunca fue admitido, siquiera como observador, en el Foro de San Pablo.


 


Desde 1994 surgió en el sur mexicano (Chiapas), en la Selva Lacandona, la más importante rebelión campesina desde la revolución de 1910-1917. Lejos de amainar de inmediato, ella fue el punto de partida de una agudización nacional de la lucha de clases, que tuvo un punto culminante en la huelga de la UNAM de 1999-2000. Ésta duró más de diez meses, y provocó una importante polarización política nacional, que convergió con la lucha del EZLN y otras de los trabajadores, campesinos y jóvenes, como la huelga de Ia Volkswagen (declarada ilegal por los tribunales), la huelga del personal de compañías aéreas, que casi provocó la ocupación militar y el uso de la ley de emergencia nacional, la huelga de los trabajadores del azúcar, de la fábrica de ómnibus DINA así como la huelga del STUNAM (sindicato de profesores y no docentes de Ia UNAM) por 50% de aumento salarial. La crisis mexicana, en realidad, remonta sus raíces mucho más atrás, como expresión de la crisis mundial del capitalismo. México estuvo, en 1982, en el centro de la "crisis de la deuda", que expresó el agotamiento del sistema financiero internacional, y agudizó el desarrollo sin precedentes de la especulación financiera mundial. El imperialismo descargó su crisis en los países atrasados, en especial América Latina, aprovechando la obsecuencia de las burguesias continentales: con el Plan Baker redujo de 200% a 121% la relación capital propio/préstamos de los 15 países más endeudados. Pero eso no bastó: con el posterior Plan Brady, bajo pretexto de reducir la deuda externa en 10 mil millones de dólares, México aumentó su deuda interna en US$ 30 mil millones, cayendo en Ia recesión, el retroceso industrial, el desempleo y la concentración agraria especulativa (los campesinos sin tierra pasaron de ser un millón y medio a 6 millones, o 60% de la fuerza de trabajo agraria, durante la década de los 80)3. Como demostró Henri Favre, seria imposible entender la insurrección zapatista sin el deterioro económico provocado por la crisis del mercado mundial de materias primas, en especial del café (principal producto de exportación de Chiapas) durante la llamada "década perdida"4.


 


La crisis económica se transformó en crisis política, obligando al PRI, en 1988, a un monumental fraude en las elecciones presidenciales para impedir la victoria del PRD de Cuauhtémoc Cárdenas, un partido surgido de una escisión del propio PRI, encabezada por Cárdenas y Vicente Muñoz Ledo. Carlos Salinas de Gortari, presidente electo, promovió la mayor entrega nacional de la historia, al mismo tiempo que la más grande corrupción en un país que ya ostentaba los records mundiales en la materia, lo que concluyó en la prisión de su hermano Raúl, y en la transformación del propio presidente el prófugo de la justicia, después de terminado su mandato.


 


El alzamiento zapatista reconocía, a su vez, sus antecedentes en un proceso de organización y lucha del campesinado indígena a partir, por lo menos, de mediados de la década del 70. Explotó en enero de 1994, en el exacto momento de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre México y los EEUU (NAFTA). Las limitaciones de su dirección política eran un producto de la historia de la izquierda mexicana, en una de sus vertientes, el maoísta FLN, que se transformó en EZLN. El desarrollo de la insurrección verificaría los límites del zapatismo, que pasó, a partir de la Convención Nacional Democrática (CND) de 1995, a apoyar la candidatura presidencial del perredista Cárdenas, con el que pretendía construir un "Movimiento de Liberación Nacional" (MLN). Al conciliar con esa izquierda burguesa, y no abrir una alternativa propia, el EZLN también fue entrando en un impasse, que llevó al fracaso al MLN y a las negociaciones con el gobierno, que concluyeron con una masacre perpetrada por el ejército en febrero de 1995. La Convención Nacional Democrática llamó a "los mexicanos honestos" a un "cambio democrático y pacífico", y luego el EZLN llamó a votar "contra los candidatos del PRI y sus equivalentes, excluyendo a quienes no están de acuerdo en probar la via electoral", y defendiendo un "gobierno de transición", que debería "salir del proceso electoral", de "los candidatos que hay". Luego, el dirigente del EZLN, Rafael Guillén, conocido como subcomandante "Marcos", envió una carta a "los empresarios mexicanos honestos", desmintiendo "la idea de que el cambio democrático en nuestro país traerá inestabilidad económica, desconfianza de los inversionistas, etc.".


 


En 1994, el candidato del PRI (Zedillo) venció en las elecciones, pero por primera vez su partido obtuvo menos del 50% de los votos totales. A fines de ese año, la crisis económica explotó, inaugurando el "efecto tequila", que conmovió mundialmente a los "mercados". Sólo el 16 de diciembre, entre US$ 2,5 y US$ 3 mil millones dejaron México; de US$ 25 mil millones que México tenía como reservas a mediados de 1994, sólo quedaron US$ 6 mil millones a fin de año. El Banco Central aumentó las tasas de interés de 13% para 17%, aun así el 19 de diciembre, US$ mil millones se fugaron; en nueve dias, US$ 8 mil millones abandonaron el país. El peso mexicano perdió en una semana 40% de su valor. En febrero de 1995, se anunció un socorro financiero de US$ 50 mil millones para salvar al peso mexicano. Bill Clinton tuvo de argumentar que era la única manera de impedir un colapso general del sistema financiero internacional, con consecuencias apocalípticas para la economía mundial y norte-americana. Aún así, tuvo que sacar US$ 20 mil millones del fondo del Tesoro de los EE.UU. (Federal Reserve). El resto fue recaudado por el FMI (US$ 8 mil millones), los restantes US$ 22 mil millones fueron aportados por Japón, Canadá y los principales países de Europa Occidental. Fue la mayor operación de salvataje financiero mundial desde el Plan Marshall.


 


El respiro ganado no frenó la crisis política interna. En febrero de 1996, el gobierno Zedillo, con la intermediación de la Iglesia, celebró con el EZLN los Acuerdos de San Andrés de Larrainzar sobre los derechos indígenas en Chiapas. En julio, el EZLN promovió el primer encuentro internacional "contra el neoliberalismo" que inauguraría, en los años sucesivos, una seria de peregrinaciones de la izquierda europea y norteamericana por el sur mexicano, que la izquierda mexicana bautizó como zapatours. Los Acuerdos de San Andrés, sin embargo, quedaron como letra muerta, lo que fue denunciado inclusive por el presidente de la comisión mediadora, la Cocopa (Comisión Parlamentaria de Concordia y Pacificación).


 


La situación económica se fue deteriorando: entre 1982 y 2000, la deuda externa de México casi se triplicó (pasando de 57 mil millones de dólares a 157 mil millones) mientras el país pagó a sus acreedores 8 veces lo que debía (según el Banco Mundial, México reembolsó 478 mil millones de dólares). El país reembolsaba endeudándose. El pago de la deuda externa mexicana representa una enorme transferencia de ingresos de los trabajadores y de los pequeños y medianos productores hacia los capitalistas poseedores de títulos de la deuda externa. Entre los acreedores se encuentran capitalistas mexicanos que poseen una parte de los créditos gracias a los capitales que han colocado en los mercados financieros extranjeros. Después de la crisis de 1994-1995, las transferencias de México hacia el exterior han sido enormes, peores que en los años de 1982-1986. Según el Banco Mundial, entre 1986 y 2000, México recibió 140 mil millones de dólares en préstamos y reembolsó 210 mil millones, es decir que transfirió hacia sus acreedores 70 mil millones de dólares más de lo que recibió. El reembolso de la deuda pública externa se hizo en detrimento de los gastos sociales (educación, salud, vivienda) y de la inversión pública: el gobierno dedicaba el 30% del presupuesto público al pago de la deuda externa.


 


Pese a eso, la crisis del régimen del PRI llevó a buena parte de la izquierda a referirse a una "revolución democrática" en curso. Era, en verdad, un cuadro de descomposición político-gangsteril del régimen -después del asesinato del candidato presidencial del PRI Colosio, se produjo el del secretario general del partido, Ruiz Massieu una descomposición del priato, a la que un vasto arco político, englobando desde los representantes del imperialismo hasta, curiosamente, algunos "trotskistas", comenzó a llamar de "revolución democrática". En junio de 1997, en las primeras elecciones para gobernador del Distrito Federal, el PRD venció con Cuauhtémoc Cárdenas, con 48% de los votos: en las legislativas, el PRI perdió la mayoría de la Cámara de Diputados (pasando de 300 a 234 escaños), con el derechista PAN yendo de 119 a 124 y, sobre todo, el PRD de 64 a 126, además de 8 nuevos diputados "verdes". Una de las estrellas intelectuales del país declaró que "México está viviendo un momento de euforia, tan feliz como el de la entrada en la capital de Francisco Madero, en 1911, después de la caída de Porfirio Díaz y 30 años de dictadura. El PRI perdió la jefatura del gobierno en el DF (el mayor centro urbano del mundo), la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y dos estados más, que se suman a los cuatro ya gobernados por el PAN. Más de Ia mitad del país es gobernada, actualmente, por Ia oposición"5.


 


El verdadero contenido de la "democratización" fue dado por "la ruptura de los acuerdos de San Andrés (con el EZLN), la formación de los escuadrones de la muerte, la militarización de Chiapas, una estrategia de contra-insurgencia que provocó más de doscientos asesinatos en dos años"6. El gobierno de Zedillo, asesorado directamente por el imperialismo, combinó la "negociación" con las provocaciones, que culminaron en varias masacres, explorando a fondo las debilidades políticas de la dirección zapatista. Mientras el gobierno de Zedillo dio vía libre para la militarización de la región, el accionar del Ejército cobró características independientes (preanunciando la militarización general del país), y el imperialismo intervino directamente a través del trabajo de zapa realizado en la región por las sectas protestantes. En diciembre de 1997, todo culminó con la masacre de Acteal, cuando decenas de campesinos fueron muertos, las bases zapatistas fueron cercadas, y millares de habitantes de Chiapas fueron obligados a migrar para evitar el hambre y la persecución. Al mismo tiempo, sin embargo, el levantamiento del sur cobró características nacionales, con la reactivación de viejos grupos guerrilleros (por ejemplo, el EPR, en el estado de Guerrero), la formación de un "zapatismo civil" (FZLN) en las ciudades, y el surgimiento de corrientes sindicales vinculadas al zapatismo. Comenzó inclusive un trabajo de organización de los trabajadores mexicanos en el sur de los EE.UU., donde éstos no sólo realizan tareas agrarias descalificadas, sino que son también un porcentaje creciente de los trabajadores urbanos industriales y de servicios de la metrópoli.


 


En el propio PRD, las elecciones internas se realizaron bajo un intenso fraude, lo que llevó a su anulación. La "revolución democrática" emitió su canto de cisne a finales de 1997, cuando el PAN rompió con el bloque opositor y se alió con el oficialista PRI para aprobar, en el Parlamento, el presupuesto nacional para 1998. Posteriormente, el PAN sería factor decisivo en el blanqueo de la corrupción priista, en especial de los fraudes cometidos en la privatización de 18 bancos en 1991-92 (Fobaproa) evaluados en 100 millones de dólares7. El PRD colaboró reprimiendo las luchas obreras en el DF y, principalmente, en la represión de la huelga universitaria de 1999-2000, cuando efectivos federales invadieron brutalmente el campus de la UNAM, después de las manifestaciones que habían reunido 200 mil personas en la plaza del Zócalo (detuvieron a 998 estudiantes).


 


Principalmente, el PAN y la "izquierda moderna" del PRD manifestaron su acuerdo de principios, con divergencias secundarias, con el proceso privatizador llevado adelante por Zedillo (el PRD, en especial, privatizó el suministro de energía eléctrica en el Distrito Federal): el "bloque opositor" de la "revolución democrática" se transformó, en pocos meses, en "bloque oficial" del bonapartismo "neoliberal". La continuidad de las luchas se enfrentó no sólo al priato, sino también a la burocracia perredista, en momentos en que el "charrismo" sindical priista comenzó a hacer agua por todos lados, lo que sucedió en las luchas de los electricistas del SME contra las privatizaciones, que hicieron levantar cabeza al SUTERM en todo el país, luego de 25 años de retrocesos, bajo el control burocrático de la CTM (central sindical mexicana). Petroleros, azucar, telefónicos, también iniciaron importantes procesos de lucha. El descontento comenzó a crecer en los sindicatos "independientes", controlados por el PRD.


 


En el cuadro del "gran acuerdo" tácito PRI-PAN-PRD, se aisló cada vez más la lucha de Chiapas, que pasó a tener más vigencia como centro de "turismo revolucionario" internacional. Los representantes del gobierno pusieron el desarme del EZLN como condición para la negociación, lo que fue recusado por los zapatistas, que reivindicaron la salida de las tropas de los territorios ocupados con 40 mil soldados. Con la presión del ejército, los zapatistas perdieron sus principales bases de operación (Guadalupe Tepeyac, la cañada Patihuitz, San Miguel, La Garrucha, El Prado, La Sultana). Refugiados en las montañas, se contactaban con sus bases de apoyo a través de La Realidad, nueva puerta de entrada del "territorio zapatista", con algunas comunidades de Los Altos de Chiapas. De allí salían las caravanas de Ia Cruz Roja que escoltaban a los comandantes del EZLN para las negociaciones.


 


No obstante, en las elecciones presidenciales del 2000, el "subcomandante Marcos" y el EZLN insistieron en su apoyo a Cárdenas y al PRD, el que declaró que daría el Ministerio de Asuntos Indígenas para "Marcos", con máscara pasamontañas incluida. El PRD acabó obteniendo 16% de los votos, un desastre para quien había vencido realmente las elecciones de 1988, una debacle que se mide por el hecho de que fue del propio PRD que surgieron presiones para que Cárdenas desistiese de su candidatura a favor del "candidato Coca Cola", Vicente Fox, del PAN. Fox obtuvo la victoria con más del 43% de los votos -el PRI perdió su primera elección presidencial en un siglo- siendo inmediatamente felicitado por Bill Clinton, y por intelectuales mexicanos como Enrique Krauze, quien juró ante el Time Magazine que "México finalmente se tornó una democracia". El PRI perdió la Presidencia, el gobierno de Morelos (que, junto a Guanajuato, mantenido por el PAN, fueron los únicos estados en disputa), la mayoría en ambas cámaras, y no consiguió representantes en las Delegaciones Políticas, pasando a ser una minoría ínfima en el Parlamento del Distrito Federal. Fox ordenó el retiro de 1.500 soldados del cerco al EZLN, prometiendo un "acuerdo de paz" (los solados se limitaron a volver a sus barracas, mientras otros 60 mil permanecieron en sus posiciones).


 


El EZLN puso, como condiciones para la paz, el retiro del ejército y la aprobación de la Ley de Derechos y Cultura Indígena, que era apenas uno de los seis puntos de la mesa de debates con el gobierno del PRI. Vicente Fox saludó la "nueva actitud, nuevo modo de pensar, del EZLN". En febrero del 2001 se inició la marcha pacífica del zapatismo de Chiapas a México DF, que culminaría en un gran acto público, el 11 de marzo. Luego, se volvió a la situación anterior. Lo que pretendía (y pretende) Fox es un acuerdo con intervención directa del gran capital (el encargado de formular el "plan económico" para Chiapas fue Alfonso Romo, amigo de Fox, uno de los mayores capitalistas mexicanos, y una de las más grandes fortunas del mundo), para valorizar los inmensos recursos naturales de la Selva Lacandona: 25% del agua superficial del país (45% del suministro hidroeléctrico), reservas petrolíferas e importantes yacimientos de uranio.


 


El programa de Fox venía, en realidad, a completar el programa del expresidente Salinas de Gortari, de la "segunda generación de reformas", después de la desregulación financiera y comercial y las grandes privatizaciones: privatizar la educación, desmantelar la seguridad social, imponer la regresividad del sistema impositivo y la flexibilización laboral (reformando la Ley Federal del Trabajo), destruir los contratos colectivos, y debilitar el sindicalismo controlado por el PRI, para promover el ataque a todas las conquistas sociales e incrementar la superexplotación (aumentando la competitividad mexicana en el "mercado global").


 


En el 2001, el gobierno pagó 29 mil millones de dólares a los acreedores de la deuda pública externa. Si añadimos el costo de la deuda pública interna, llegamos a sumas astronómicas. En 2001, el costo financiero de la deuda pública interna y del Fobaproa-Ipab representó 131 mil millones de pesos mexicanos (14 mil millones de dólares). El total de la deuda pública interna y externa supera los 150 mil millones de dólares (mitad interna, mitad externa). En dólares, el costo de esa deuda representó en 2001 alrededor de 43 mil millones de dólares: una hemorragia tremenda de recursos hacia los capitalistas nacionales y extranjeros acreedores. El tesoro público dedica 2,5 veces más dinero al pago de la deuda que a la educación pública en un país en el que hay 32,5 millones de mexicanos analfabetos, y más de la mitad de la población vive bajo la línea de pobreza.


 


La venta de empresas públicas implicó una pérdida de soberanía nacional y el dinero de las privatizaciones sirvió para asegurar el pago de la deuda pública interna y externa. En el 2001, el banco estadounidense Citigroup se apoderó de Banamex, y en el 2002 el Banco Bilbao Vizcaya ganó el control completo sobre Bancomer. La situación económica en México se agravó: pérdida de 500.000 empleos desde que empezó la nueva crisis económica en EE.UU. (destino de 90 % de las exportaciones mexicanas), caída del Producto Interno Bruto en 2001. El precio del petróleo, como el de otras materias primas, cayó, lo que redujo los ingresos fiscales del gobierno con los que se paga la deuda externa. Las presiones contra el peso aumentaron nuevamente en el 2002; las salidas de capitales se aceleraron. En breve habrá una nueva crisis económica y financiera con problemas de pago de la deuda: "las maquilas, las cadenas de montaje de capital extranjero, que crearon más de un millón de empleos, y constituyen el segundo generador de divisas después del petróleo, pierden competitividad. La razón es simple: los obreros mexicanos ganan tres dólares y medio por hora, y los chinos o indios, cuarenta centavos"8.


 


Las nuevas privatizaciones (electricidad y… petróleo), los nuevos impuestos al consumo, el desempleo galopante, el deterioro salarial, han repuesto a la orden del día la crisis política: el PRI ha vuelto a ganar las elecciones legislativas, en julio del 2003, y el Congreso ha trabado el "plan de reformas" de Fox. Sobre todo, han abierto un nuevo capítulo de la lucha de las masas, con la concentración de más de 150 mil manifestantes en el Zócalo, a fines de noviembre del año pasado. La rebelión de Chiapas, por lo tanto, abrió una etapa política que plantea una salida revolucionaria en el talón de Aquiles, en el bajo vientre del imperialismo norteamericano.


 


Para que eso suceda, debería superar las limitaciones insalvables de su dirección, o direcciones. Después de 10 años de luchas y masacres, el zapatismo no ha visto realizadas ni las más elementales de sus reivindicaciones (el reconocimiento de los derechos indígenas sobre sus tierras). Hasta sus más ardientes defensores reconocen que "el aterrizaje (del EZLN) en la escena política nacional ha terminado por capotar"9. El proletariado y el campesinado mexicanos precisan de una política independiente, que sólo podrá ser realizada por su propio partido, planteando su unificación nacional, la unidad con la revolución latinoamericana, y la alianza de ésta con el proletariado norteamericano, que es la gran misión histórica de la revolución mexicana.


 


El programa del zapatismo está lejos, y es contrario, a esos objetivos. Ha ido cayendo en un impasse creciente, que ha tratado de resolver por medios simbólicos, de los que se apropió una (centro) izquierda oportunista que fue, inicialmente, cuando el EZLN encabezó una lucha de masas, su detractor. El balance del zapatismo es un elemento esencial de la formulación del programa de la revolución socialista, latinoamericana y mundial, y debe ser el contrario de su apología oportunista por la llamada "izquierda alterglobalizadora".


 


 


Notas:


1. El adjetivo no se refiere apenas a la nacionalidad, citemos por ejemplo: John Holloway y Eloína Peláez. "El zapatismo cumple diez años". Clarín, Buenos Aires, 30 de diciembre de 2003; o Bernard Duterme. "Diez años de zapatismo en Chiapas". El Dipló, Buenos Aires, enero de 2004.


2. Cf. Osvaldo Coggiola. "La crisis mexicana y la guerrilla zapatista". En Defensa del Marxismo nº 10, Buenos Aires, diciembre 1994.


3. Cf. Osvaldo Coggiola. América Latina: mudanças políticas recentes. Estudos nº 18, San Pablo, Universidad de San Pablo, diciembre 1990.


4. Henri Favre. "Chiapas 1993: intento de análisis de una situación de insurrección". Cuadernos Americanos nº 91, México, UNAM, enero-febrero de 2002.


5. Carlos Fuentes. "A morte do medo". O Estado de S. Paulo, 13 de Julio de 1997.


6. Maurice Lemoine. Nouvelles guérrillas dans le Guerrero mexicain. Le Monde Diplomatique, París, noviembre 1998.


7. José Balp. Anatomía del megafraude. Umbral nº 12, México, marzo de 1999.


8. El País, Madrid, 23 de junio del 2002.


9. Bernard Duterme, op. cit.

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