Derecho al retorno, por una Palestina única, laica y socialista

Miembros del grupo de Altamira apoyan política prosionista de “dos Estados”

Las provocaciones represivas sobre los palestinos de Jerusalén y Cisjordania y los bombardeos sionistas sobre la Franja de Gaza han dado lugar a diferentes pronunciamientos públicos de personalidades, reclamando el cese de estos ataques contra el pueblo palestino.

Uno que ha llamado la atención es el que plantea la necesidad de imponer “el respeto al derecho internacional, para restablecer el imprescindible acuerdo de paz entre palestinos e israelíes”1Ver “Otra vez Gaza, otra vez la política de la masacre sistemática”..

Cuando se refiere al “derecho internacional” (en cuyo nombre se justificó la invasión imperialista a Irak, etc.), en este caso está hablando de la defensa de los llamados “Acuerdos de Oslo”. Esto no es una deducción, sino una defensa expresa del texto-pronunciamiento.

Allí se hace un panegírico de dichos acuerdos, y del primer ministro y general sionista que los impulsó: Yitzhak Rabin. Según el texto, con el asesinato -ocurrido hace 26 años, en noviembre de 1995- del “primer ministro israelí, murió la chance de una paz posible”.

Los acuerdos de Oslo

En 1987, casi 40 años después de la instauración del Estado de Israel, sobre la base de la expulsión violenta de más de 700 mil palestinos, estalló la Intifada, una rebelión del pueblo palestino, primordialmente de su juventud. Una rebelión que fue fuertemente reprimida, logró ser contenida, pero no derrotada. Y que inició una nueva etapa de organización y resistencia palestina.

Como “respuesta” a esta situación se llegó -impulsado por el imperialismo yanqui- a las negociaciones entre Israel y la Organización por la Liberación de Palestina (OLP), dirigida por Yasir Arafat, de la corriente Al Fatah, que terminaron en los Acuerdos de Oslo. En ellos se estipula que la OLP renuncia a la lucha por “una Palestina única y laica” y reconoce la vigencia del Estado sionista de Israel. A cambio se abría una negociación sobre la instauración de un Estado palestino. Se retomaba la propuesta de partición de Palestina, en dos Estados, a la cual se había opuesto el pueblo palestino. La implementación de este acuerdo significaba reconocer una Autoridad Nacional Palestina (ANP), como un autogobierno de diversas ciudades de Cisjordania y Gaza, separadas entre sí, y fuertemente limitado y controlado por el Estado sionista. El gobierno israelí se mantendría como único responsable de los asuntos exteriores, la defensa nacional y las fronteras, incluyendo los puntos de cruce entre el “territorio” palestino y sus vecinos de Jordania y Egipto. Israel también conservaría la responsabilidad de la “seguridad” de los colonos israelíes asentados en Cisjordania y la libertad de movimiento en las carreteras. La ANP podría abocarse a la educación, la cultura, los impuestos directos, el turismo y el establecimiento de una policía palestina. Esta se establecía para asegurar la seguridad cotidiana y, especialmente, reprimir los movimientos de lucha y resistencia de palestinos contra Israel. Esta es una de las conquistas más importantes de Israel: la formación de una policía colaboracionista con el sionismo.

Sobre la situación de Jerusalén ocupada por los sionistas y del “derecho al retorno” no había acuerdo, se discutiría en el futuro. Pero Rabin declaró entonces que “Jerusalén es la antigua y eterna capital del pueblo judío, con Jerusalén unida bajo soberanía israelí”. La ANP renunciaba de un plumazo a dos de sus reivindicaciones históricas: su oposición a la partición de Palestina y el derecho al retorno a sus tierras y viviendas de centenares de miles de palestinos perseguidos y expulsados.

Oslo también introdujo un curso de cooptación y corrupción de la dirigencia palestina integrada a la naciente ANP.

Los Acuerdos de Oslo fueron recibidos con fuertes críticas por una parte de los palestinos. Ahí comenzó a potenciarse Hamas como fuerza alternativa a Arafat de Al Fatah, rechazando los Acuerdos de Oslo, llegando a ganar una década más tarde las elecciones en la Franja de Gaza.

Es evidente que ningún luchador que se reclame socialista o anti-imperialista puede avalar estos “acuerdos de paz”. Se trata de una “paz” de la opresión sionista sobre los palestinos.

Rabin: ¿apóstol de “la paz”?

Asesinado en 1995 por un elemento de la ultraderecha sionista, el pronunciamiento presenta a Rabin, junto con Arafat de la OLP, como los hacedores de una “paz posible”. Rabin fue no solo primer ministro de Israel, trae una larga trayectoria derechista como general al frente de todas las guerras que desarrolló el sionismo contra los palestinos y árabes, con sinfines de masacres a cuestas.

El gobierno imperialista de Clinton impulsó que se diera el “Premio Nobel de la Paz” a Rabin y Arafat: se trataba de una “pax yanqui” que imponía al Estado sionista contra las masas palestinas. La dirección de la ANP había sido cooptada a una salida prosionista y proimperialista. El embellecimiento de Rabin (y Arafat) es altamente nocivo para la causa de la lucha del pueblo palestino. Veinticinco años después se evidenció que la “solución de dos Estados” es inviable y que solo ha servido para permitir que fuera progresando la colonización de Palestina por los sionistas. A lo que condujo fue al dominio del Estado de Israel sobre toda Palestina y al establecimiento dentro de ese territorio de algunos bantustanes (guetos) donde encerrar a la población palestina hasta que se diera la posibilidad de la “solución final”: expulsarla a países vecinos y/o exterminarla.

La reciente ofensiva guerrerista de Netanyahu sobre Jerusalén, Cisjordania y la Franja de Gaza se inscribe en esta orientación fascistoide para crear el “gran Israel”.

De nuevo con la propuesta inviable de los “dos Estados”

La firme resistencia de las masas palestinas en Jerusalén, Cisjordania y la Franja de Gaza han puesto en crisis los planes de los Netanyahu. La lucha palestina se incorpora al torrente de rebeliones populares que está recorriendo el planeta. La polarización evidenciada con la primera huelga general palestina -que abarcó todos los territorios, unánimemente cumplida contra las amenazas sionistas- amenaza con provocar una radicalización de las luchas en todo Medio Oriente (Líbano, Jordania, Egipto, etc.). El presidente yanqui, Biden, que apoyó hasta el día 11 la ofensiva provocadora y criminal de Netanyahu, se vio obligado a presionarlo fuertemente para que declarara una “tregua” en sus ataques. Los anuncios de Biden indican un giro orientado a volver a fortalecer a la ANP dirigida por Al Fatah en la zona cisjordana, para aislar a Hamas, reflotando la propuesta de “dos Estados”.

Por eso, es un grave error que izquierdistas salgan a embellecer los “Acuerdos de Oslo” y al general Rabin que los promovió, en lugar de denunciarlos. Dos veces el mismo collar, después de una experiencia de 25 años, es síntoma de despiste total o complicidad abierta.

Los “izquierdistas” de la autodenominada “Tendencia”

Alguno de los firmantes puede ser un despistado, que cuando se le explique quién era Rabin y el significado de los Acuerdos de Oslo se rectifique. Pero el profesor Osvaldo Coggiola, dirigente internacional de la “Tendencia” que rompió con el Partido Obrero y se fue con Altamira, y el periodista Diego Rojas, activo vocero de la misma, también han estampado sus firmas. Llama la atención la firma de estas “personalidades” que vienen de un Partido Obrero con una fuerte tradición de lucha antisionista internacional y nacional. Ya en 1995, el PO denunciaba y se oponía a participar de un acto convocada por el PC argentino y su organización judía (Icuf) en “homenaje a Rabin” y en “apoyo al proceso de paz palestino-israelí”. Entonces libramos una batalla política contra la corriente morenista (MST, etc.) que saludaba los Acuerdos de Oslo como una conquista de la Intifada palestina, apoyando la postura de Arafat, contra las críticas palestinas a esa entrega. Seguimos sosteniendo la misma caracterización y la misma lucha.


1. Ver “Otra vez Gaza, otra vez la política de la masacre sistemática”.

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