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Polonia: La clase obrera y los sindicatos

Por Política Obrera
Publicado en Política Obrera N° 314

El movimiento sindical en Polonia tiene una larga historia detrás suyo, que estado vinculada a condiciones políticas extremadamente diferentes y complejas.
 
Su origen esta relacionado con los comienzos del siglo XIX. Pero a diferencia de la mayoría de los movimientos obreros de los diferentes países, no se desenvolvió en el cuadro de un Estado nacional propio, pues la nación polaca se encontraba dividida bajo las dominaciones de los imperios zarista y austríaca, y de la monarquía prusiana De aquí el peso del problema nacional y de los planteamientos patrióticos en la formación de la clase obrera polaca. A pesar de estas circunstancias desfavorables para el desarrollo de un movimiento obrero independiente, los sindicatos hicieron su aparición hacia fines del siglo pasado y el movimiento huelguístico cobró una gran amplitud. Se destaca, en 1892, la célebre huelga de los tejedores de Lodz.
 
Polonia reconquista su independencia en 1918, como consecuencia de la derrota de las tres monarquías que se repartían sus territorios. Tuvo el apoyo del imperialismo anglo-francés, cuya intención era dirigir al flamante Estado contra la revolución bolchevique.
 
En esta etapa se producen choques y divergencias entre los comunistas y los socialistas, pues éstos —junto a la mayoría de las direcciones sindicales— integraron la coalición gubernamental antisoviética en la guerra de los años 20.
 
Entre la primera y segunda guerras mundiales, el movimiento obrero polaco se desarrolló considerablemente. En comparación con el resto de Europa y de los EEUU, él movimiento obrero en Polonia llegó a Ocupar, en este período, el tercer lugar en desarrollo sindical y el segundo en número de huelguistas. Esta ascendencia fue conquistada a pesar del carácter policial del Estado polaco en este período.
 
La influencia del PC y del PS, en especial de este último, era dominante a nivel de direcciones y cuadros sindicales Las formas de acción de este movimiento eran muy diversas, pero se destacaban las ocupaciones de fábrica. En los territorios de la ex administración prusiana se desarrollaron considerablemente los comités sindicales en el interior de las fábricas. La influencia del PS era favorecida por la colaboración que entablaban con el Estado, así como por las continuas purgas dentro del PC -hasta su disolución por Stalin en 1938. Así el aparato staliniano en Polonia va a ser reconstruido, a partir de 1941, directamente por Moscú.
 
Junto a esta amplia experiencia sindical, existía también, en las vísperas de la segunda guerra, una determinada tradición revolucionaria. En 1918-19, por iniciativa de los bolcheviques polacos y de los sindicatos se formaron Consejos Obreros en muchas ciudades, incluida Varsovia. En Lublin se llegó a instalar un Consejo de delegados obreros de toda Polonia. Así se impuso la jornada de 8 horas, se formaron milicias obreras y se llegaron a decidir aumentos salariales sin consulta con los patrones.
 
El pacto Hitler-Stalin significó un golpe brutal para el proletariado polaco. El fascismo y el stalinismo se ponían de acuerdo para dividir el país y aplastar todo movimiento obrero real. No sólo en la zona de ocupación alemana, sino también en la soviética, fueron suprimidos los sindicatos independientes y el PS.
 
Pero la derrota el hitlerismo abrió una situación revolucionaria en toda Europa, y especialmente en Polonia. Entre agosto de 1944 y marzo de 1945, que es el período que va desde la progresiva retirada de Alemania y la definitiva ocupación del ejército rojo, se produce un salto fenomenal de todo el movimiento obrero. Se organizan los sindicatos a todos los niveles, y especialmente los comités de fábrica, que toman a su cargo el control y la gestión de las empresas. Los sindicatos se estructuran en federaciones por industria y por regionales, y los representantes de ambos forman el Comité Central de los Sindicatos. En 1945, el 50 por ciento de los obreros (aproximadamente un millón) estaban adheridos a los sindicatos; en 1946 el número de afiliados se había duplicado y cubría al 65 por ciento de los a-salariados. Este período transicional nos demuestra de dónde venía el impulso fundamental para terminar con el régimen del capital: de los explotados de Polonia. Esto ya nos dice cuál va a ser la principal tarea que se van a imponer los burócratas stalinistas, rusos y polacos: estrangular y acabar con este poderoso movimiento obrero independiente.
 
Pero la resistencia obrera fue feroz. Primero. En las elecciones en los comités de fábrica, a fines de 1945, ios candidatos stalinistas fueron derrotados en toda la línea, a favor de los socialistas (Partido Popular Socialista). En algunos lugares, los votos que recibían los stalinistas eran inferiores al número de afiliados del PC en el lugar correspondiente! Aún en 1947, los stalinistas eran derrotados en la federación de los ferroviarios y de los docentes. Segundo. La oposición a la regimentación sindical, es decir, a transformar a los sindicatos en instituciones del Estado totalitario y en meros instrumentos de la burocracia del PC, condujo, en 1946, achoques violentos en Gdanks, Gdynia, Sczezcin y Lodz. Esto nos demuestra qué la reconstrucción de los sindicatos en la posguerra fue obra de un proletariado independiente, que defendió la autonomía de sus organizaciones con uñas y dientes. Históricamente, la liquidación de esa autonomía por el stalinismo plantea la recuperación de los sindicatos para la clase obrera.
 
El resultado de la victoria del aparato staliniano fue la disolución del PS y de todos los agolpamientos no stalinistas, y el sometimiento total de los sindicatos. Esta victoria fue impuesta por la presencia del ejército rojo de ocupación.
El Consejo Central de Sindicatos quedó bajo la tutela del CC del PC, quien nombra o destituye a sus miembros. Las federaciones pierden toda autonomía frente a este Consejo, y lo mismo ocurre con los comités de empresa respecto a los sindicatos. Un fenómeno común es que el director estatal de la empresa sea designado presidente del comité obrero! Los sindicatos pierden toda función reivindicativa y, por lo tanto, el derecho de huelga, aunque éste se encuentre establecido en la Constitución. El reclamo de los trabajadores sólo puede ser individual. La función de los sindicatos pasa a ser la ejecución del plan del Estado a nivel de los lugares de trabajo, como ya ocurría en la URSS. En 1950, el número de “dirigentes” sindicales nombrados a dedo por el PC era de 10.000! La burocracia realiza, así, el sueño dorado del fascismo: la organización integral de los trabajadores por el Estado, la transformación del 'órgano histórico de defensa de la clase obrera en instrumento del empleador (en este caso, el Estado). Este sindicalismo totalitario forma, junto al régimen de represión policial y social, y junto al régimen laboral por piezas, todo un vasto mecanismo de atomización de la clase obrera, un sistema que pretende desintegrar a ésta en su raíz.
 
Pero lo que ningún régimen totalitario puede hacer es detener la lucha de clases, ni las consecuencias obligadas de la impasse de los regímenes burocráticos. En junio de 1956, el proletariado polaco se insurrecciona, toma la ciudad de Poznan y presenta un amplio abanico de reivindicaciones. Los obreros se levantan contra el aumento de las normas de producción, que entraña una reducción del 4 por ciento del salario, así como contra las pérdidas de salarios provocadas por las interrupciones en la producción, debidas a falta de aprovisionamiento y otras fallas de la administración estatal. Los obreros eligen sus propios delegados en representación directa de las masas en lucha. El aparato stalinista sufre una profunda sacudida. A diferencia de lo que ocurrirá en las grandes crisis futuras, en 1956 toda una parte del aparato trata de colocarse en la dirección del movimiento, de un lado para controlarlo, pero del otro porque existe todo un sector que quiere utilizar esta movilización para aflojar el asfixiante control del Kremlin sobre Polonia. Esta huelga se va a combinar con reivindicaciones contra la dominación de la burocracia rusa.
En noviembre de 1956 un delegado de la fábrica de automóviles de Varsovia, pero con mandato de once grandes fábricas de la capital y de los astilleros del Báltico, plantea de este modo las reivindicaciones sindicales:
a) convocatoria inmediata de un Congreso; b) destitución de todos los dirigentes repudiados por las masas, y su retomo al trabajo; c)elección de abajo hacia arriba de todos los puestos sindicales, sin excepción; d)revocación en cualquier momento de los que se colocan en contra de las masas; e)publicidad de todas las actividades sindicales, para hacer efectivo el ejercicio inmediato de un control desde abajo; f) autonomía de las secciones sindicales g)autonomía de las uniones sindicales, es decir, no un Consejo Central de Sindicatos, sino una Federación de Sindicatos.
 
La crisis en el aparato sindical se hace evidente en esto: los alumnos de la escuela central de los sindicatos de Varsovia se asocian a las reivindicaciones y al movimiento independiente de los obreros. Delegaciones de comités de sección del PC y de comités de empresa se dirigen a Varsovia para presentar las reivindicaciones.
Pero el aparato staliniano logra controlar la situación, luego de cerrar la brecha con Moscú, apelando a diversas maniobras. Resuelve, por ejemplo, reducir las normas de producción, introducir algunos cambios formales en la estructura sindical, reducir el número de “dirigentes" digitados, incluso plantear la “autonomía” de los consejos de fábrica, etc., pero el resultado general es un reforzamiento de la regimentación de los sindicatos por el PC y el Estado, que queda más o menos completada en 1958-59.
 
Pero esto no significa que las huelgas desaparezcan por completo, incluso, a veces fuerzan al sindicato local a colocarse del lado de los obreros. Estos movimientos se verifican en 1959, en 1963 y en 1966.
 
Los acontecimientos revolucionarios de 1956 y los planteamientos de sus dirigentes prueban que el stalinismo había fracasado en el intento de borrar la presencia del proletariado independiente de Polonia. Esto es un factor decisivo en la descomposición del régimen. El régimen totalitario no se atreve a realizar la menor reforma profunda. En 1971, sobre 32.200 presidentes de consejos sindicales de empresa, solamente el 28 por ciento eran obreros. La frustración de la autoreforma postulada por los burócratas que asumen el gobierno en 1956 (Gomulka) es un factor decisivo en el agravamiento ulterior de la crisis: profundiza la impasse del régimen y obliga al proletariado a formularse perspectivas más amplias rompiendo con esta burocracia pseudoreformista.
 
La oposición entre los planteamientos de democracia e independencia de los sindicatos, que levantan los activistas antiburocráticos, y los planteos de regimentación del aparato stalinista, traduce la lucha entre el movimiento obrero independiente que existe realmente en Polonia y la contrarrevolución antiobrera que encarna la burocracia. Porque lo que importa es esto: en Polonia existe realmente un movimiento independiente del proletariado, y este es incompatible con el régimen totalitario.
 
En 1970 los obreros del Báltico ocupan los astilleros, destrozan los locales del PC y obligan a la renuncia de Gomulka. El ciclo de engaños 1956-70 está cerrado. Todo lo hecho desde 1956 para borrar el movimiento de independencia de clase se hace trizas. Se forma un comité de huelga, que traduce el movimiento instintivo de la clase hacia su propio poder. Polonia ingresa en un período de crisis económica que traduce la impasse del régimen totalitario y la presión de la crisis mundial del capitalismo sobre los Estados obreros. El nuevo primer ministro Gierek, busca componer, y opera una “apertura" superlimitada. De 1970 a 1976, las huelgas ocurren en distintas fábricas. En junio de 1976, se produce un nuevo movimiento hacia la huelga general, con motivo de los aumentos de precio de los alimentos. El régimen maniobra y reprime. Se ve obligado a dar marcha atrás con los precios; luego a declarar una amnistía. En 1978 vuelven a estallar huelgas. El régimen tantea el terreno para una nueva ofensiva. La lanza el mes pasado. Hace un mes precisamente, Polonia está en virtual huelga general. Ningún sector del aparato atina a tomar una iniciativa en dirección al movimiento de masas. Su impasse es absoluta.
 
El proceso de esta lucha de clases debía dar, necesariamente, lugar al nacimiento de una vanguardia obrera. Una vanguardia que se desarrolla, de un lado, en el marco de la enorme confusión resultante de décadas de un totalitarismo ejercido en nombre del comunismo; y del o-tro, por la pujanza enorme del ascenso de masas.
 
Una expresión, al menos visible desde el exterior, del movimiento de ascenso de una vanguardia obrera se expresa en el “Comité de autodefensa social - KOR”, que edita el periódico “Rabotnik”(El obrero) Y Que es el Que ha brindado las informaciones a la prensa extranjera, relativas a las actuales huelgas. Se trata de un movimiento políticamente confuso y heterogéneo, pues en él conviven elementos socialdemócratas (que quieren reconstruir el viejo PPS con apoyo de la Internacional socialista de Willy Brandt) y partidarios de una alianza más o menos informal con la Iglesia. No levanta, por supuesto, un programa de derrocamiento de la burocracia, sino de democratización del Estado, de “rodear al Estado de organizaciones sociales autónomas” (textual). La función progresiva de este movimiento reside en que ha apoyado y ha ayudado a organizar todo movimiento práctico de carácter democrático contra el régimen.
 
A iniciativa de miembros del “Comité de autodefensa social - KOR” se han formado, en 1978, “Comités de Fundación de Sindicatos Libres” en el Báltico y en la ciudad de Katowice. Estos Comités de Fundación nacen -según lo señalan sus propios patrocinadores- de un gran problema práctico planteado por la lucha huelguística y reivindicad va de los años 1976-79: a saber, que la desorganización posterior a estas luchas permite al aparato stalinista reprimir a los activistas que en ellas más se empeñaron. Para resolver este problema por medio de una organización permanente, se crearon los “Comités de Fundación de Sindicatos Libres", que procuran, además, conquistar una existencia legal.
Es evidente que, en el momento actual, la situación ha cambiado, pues de lo que se trata ahora es de dar una orientación a una movilización que tiene un carácter de masas, que está creando organizaciones presoviéticas y de doble poder (comité de huelga) y que por eso está poniendo en cuestión el poder del Estado.
 
De lo que se trata es de recuperar los sindicatos, arrancando la plenitud de las libertades de organización y democráticas para este proletariado independiente. Esto significa: elección de representantes surgidos directamente de la lucha en todas las fábricas, su unión en comités de huelga; destitución de toda la burocracia sindical y elección en todos los sindicatos, organizados por los representantes de los comités de huelga en cada fábrica; disolución del Comité Central de los sindicatos y autonomía plena para las federaciones para una unión Ubre; convenciones colectivas de trabajo, barriendo con el trabajo a destajo; total libertad de tendencias, libertad de organización a los partidos que se encuadran en la legalidad del nuevo régimen antiburocrático. Estas reivindicaciones han aparecido de una u otra mane: ra, en una u otra oportunidad, en los movimientos de lucha del proletariado polaco. Abren el camino a la tarea principal de la revolución política: la expulsión de la burocracia y la reorganización social y económica subsiguiente: abolición de los privilegios y reorganización de la fuerza de la nación en función de las necesidades de los trabajadores.
 
La quiebra del totalitarismo en las organizaciones obreras es el comienzo del fin del régimen burocrático y contrarrevolucionario. Colocan en primer plano todas las reivindicaciones de la revolución política. Solamente siguiendo el movimiento real de los explotados polacos y de todos los países de Estado burocrático, se podrán lanzar las consignas concretas que respondan a ese objetivo estratégico. El programa de la IV Internacional ha sido confirmado en forma colosal en Europa oriental y Polonia. Pero la vanguardia revolucionaria sólo puede forjarse, no en el doctrinarismo, sino en la unión de ese programa con el movimiento obrero real. La revolución política significa la reintroducción de la dictadura del proletariado y la puesta en marcha del programa de extinción del Estado.
 

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