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Por qué refundar la IV internacional

Por Franco Grisolia

El congreso en Buenos Aires

Del 20 al 22 de abril pasados, en Buenos Aires, los representantes de nueve organizaciones trotskistas dieron vida a la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional (CRCI), organización internacional centralista democrática, que lleva a una primera conclusión el trabajo internacional desarrollado -a partir de 1997- por el Movimiento por la Refundación de la IV Internacional (MRCI), del cual formaba parte nuestra Asociación Marxista Revolucionaria Progetto Comunista.
 
Además de nuestra organización, participaron en el Congreso de fundación de la CRCI el Partido Obrero (Argentina), el Partido de la Causa Operaria (Brasil), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (Grecia), el Partido de los Trabajadores (Uruguay), el grupo de militantes de la Oposición Trotskista Internacional (Estados Unidos), la Liga Marxista de los Trabajadores (Finlandia), la Liga Obrera Socialista (Palestina) y la Oposición Trotskista (Bolivia). Por motivos técnicos no pudo estar presente la sección turca del MRCI, la Liga Marxista de los Trabajadores.
 
También estaban presentes, con voto consultivo, los representantes de dos grupos simpatizantes (la Liga Marxista Revolucionaria, de Turquía, y Workers Action, de los Estados Unidos) y dos pequeños núcleos del MRCI (Dinamarca y Venezuela). También estuvieron ausentes por razones técnicas los núcleos de Gran Bretaña, India, Alemania y Holanda.
 
De conjunto, constituye una corriente organizada de varios miles de militantes. Su número se ha multiplicado por cuatro respecto de 1997 y nuestra CRCI constituye hoy la mayor de las organizaciones que se reclaman de la IV Internacional, con excepción del ultra-revisionista “Secretariado Unificado de la IV Internacional”.
 
Desde que existe, el movimiento marxista ha sido “internacionalista” no sólo en el programa sino también internacional en su organización, desde la Liga de los Comunistas a las cuatro Internacionales que se han sucedido en su historia. El problema que la vanguardia revolucionaria vive dramáticamente hoy es la ausencia de una Internacional consolidada. Esto porque en los años ’50 la IV Internacional, ya una organización de vanguardia que no logró consolidar una base de masas, entró en crisis. Esto a causa del giro revisionista de la mayoría de su grupo dirigente. Giro que implicaba la liquidación de la perspectiva de construir verdaderos partidos marxistas revolucionarios, en nombre de la transformación de la IV Internacional en una suerte de grupo de presión hacia los dirigentes “más radicales” de los partidos de masas. La crisis provocada por este giro (que implicaba también el abandono progresivo de los puntos fundamentales del programa trotskista) se hizo sentir incluso en el ámbito de los sectores que se opusieron al revisionismo. Así, la IV Internacional fue dislocada y dividida y no pudo jugar en las décadas siguientes el rol que le habría sido propio. Es difícil decir si una Internacional unida y afirmada en una política consecuente habría podido permitir una victoria revolucionaria en una o más situaciones particulares. Pero, al mismo tiempo, es absolutamente probable que, fortalecida en la intervención consecuente en la lucha de clases, la IV Internacional habría podido aparecer -frente a la quiebra del stalinismo y la crisis de todas las viejas direcciones- ante una amplia vanguardia del proletariado y de las masas oprimidas, tanto en Occidente como en Oriente, en los países oprimidos y en los países imperialistas, como el punto de referencia para combatir la barbarie capitalista y desarrollar la revolución socialista.
 
Naturalmente, somos bien conscientes de nuestras limitaciones. En relación con los desafíos de la lucha de clases, somos una organización muy pequeña. La multiplicación cuantitativa y el desarrollo cualitativo de nuestras fuerzas en países con situaciones diversas como Argentina, Brasil, Uruguay e Italia, representan la expresión, a nuestro entender, de nuestra intervención globalmente correcta en la lucha de clases. Esto puede ser especialmente subrayado en referencia a los acontecimientos revolucionarios que han tenido lugar en Argentina y al papel de vanguardia, en particular en el movimiento piquetero, que ha jugado el Partido Obrero, pero vale también para las otras situaciones. Sin embargo, comprendemos que la extensión a escala mundial de nuestra organización es todavía limitada, estando la CRCI ausente en lo sustancial en regiones importantes del planeta y también de otros países importantes para la lucha de clases, y también por la presencia de sectores de vanguardia con influencia significativa que se reclaman trotskistas, contradictoriamente a su política concreta (como Francia). Por consiguiente, nos esperan desafíos todavía muy pesados de construcción y de reagrupamiento revolucionario. Pero, a pesar de esto, nuestro desarrollo y la transformación del MRCI en organización centralista democrática representan un paso adelante significativo en la lucha por la refundación de la IV Internacional. La seriedad de nuestro método se evidencia también en el hecho de que nuestra organización representa el primer reagrupamiento revolucionario trotskista serio y significativo desde la crisis de la Internacional en los años ’50. En efecto, nuestra corriente es el producto del reagrupamiento de tres experiencias diferentes. La del Partido Obrero de Argentina y de las otras organizaciones latinoamericanas ligadas a él; la de la Oposición Trotskista Internacional, y la del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia. Y el método trotskista del reagrupamiento sobre la base de los principios es lo que ha permitido realizar esta unión.
 
En particular, se ha realizado sobre la base de cuatro puntos programáticos centrales, señalados en la primera conferencia de nuestro movimiento, realizada en Génova en 1997, que reproducimos aquí:
“Los cambios que se desarrollan en la situación internacional, especialmente la profundización de la crisis económica del capitalismo mundial y los levantamientos populares en diversas partes del globo, obligan a todas las organizaciones que se reivindican trotskistas a plantear la refundación de la IV Internacional, para ofrecer a la vanguardia de los trabajadores de todo el mundo una orientación y una organización marxistas revolucionarias.
 
“El Secretariado Unificado de la IV Internacional (SU), que se reivindica como la continuidad de la IV Internacional, no es la IV Internacional ni puede ser reformado para serlo. La refundación de la IV Internacional requiere la derrota política del SU.
 
“En nuestra opinión, las bases de discusión para refundar la IV Internacional deben incluir:
 
“-La actualidad de la lucha por la revolución socialista mundial y la dictadura del proletariado.
 
“-La reañrmación de la caracterización de la IV Internacional de los Frentes Populares como un bloque con la burguesía ‘democrática’, que condena al partido del proletariado a ser un apéndice del capital.
 
“-La necesidad de la revolución social y política en la antigua Unión Soviética, el Este europeo, China, Indochina, Corea del Norte y Cuba.
 
“-La elaboración de una estrategia anticapitalista basada en el método y en las reivindicaciones de transición.”
Estas son las bases sobre cuyo anclaje queremos avanzar en la lucha por la refundación de la IV Internacional.
En un cuadro mundial en el cual es todavía más evidente la necesidad de la abolición del estado de cosas presente y el carácter traidor de las direcciones, en crisis, del movimiento de las masas e incluso de los sectores más abiertamente revisionistas del trotskismo. Sobre estas bases continuaremos interviniendo en la lucha de clases y buscando el reagrupamiento revolucionario con los sectores de la vanguardia del movimiento obrero, apreciándolos no sólo por sus afirmaciones abstractas sino también en su acción concreta.
 
Porque la organización internacional que hemos fundado no es un club de discusión, una secta o un cuadro de testimonio, aunque fuera “principista”. Es, por el contrario, una organización de lucha, para la cual la batalla por la refundación de la Internacional se confunde con la lucha por la revolución proletaria.
 
En efecto, para nosotros sigue siendo totalmente válido aquello que Marx y Engels señalaron en el Manifiesto Comunista, hace más de ciento cincuenta años: “El objetivo inmediato de los comunistas es (...) la formación del proletariado en clase, el derrocamiento de la dominación de la burguesía, la conquista del poder político por el proletariado”.
 
Considerando esto, el paso adelante hacia la refundación de la IV Internacional que se dio en Buenos Aires con la constitución de la CRCI es también un paso adelante, todavía modesto pero real, hacia la revolución socialista mundial.

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