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Florestán Fernandes

Por Corresponsal
El 10 de agosto por la madrugada, falleció el famoso sociólogo y diputado federal del PT, Florestán Fernandes, poco más de una semana después de haber sido sometido a un trasplante de hígado. La noticia cayó como una bomba, pues en los días siguientes a la operación los informes médicos afirmaban que no existía ningún indicio de rechazo del nuevo órgano. El informe oficial mencionó un colapso general de las funciones renales. Sin embargo, en la tarde del mismo jueves 10, cuando se iba a proceder a la cremación, oficiales de justicia interrumpieron la ceremonia con una orden de autopsia, derivada de la sospecha de error médico o falla en el sistema de hemodiálisis, planteada por el jefe del servicio del Hospital de Clínicas de San Pablo, Silvano Raia.
 
Hace más de una década, Florestán fue por primera vez víctima del colapso del sistema brasileño de salud pública, cuando después de una operación sin riesgos, le fue realizada una transfusión con sangre contaminada por el virus de la hepatitis B. A partir de ese momento comenzó a tener sistemáticos problemas de salud, originados en el hígado, que lo llevaron en los últimos tiempos al borde de la muerte. Los sistemas de detección del virus de la hepatitis B ya eran bien conocidos en la época de la transfusión, pero no aplicados en el sistema estatal de salud, esto en plena época del ‘milagro brasileño.
 
Desde entonces, la situación empeoró hasta niveles de paroxismo, llevando a la salud pública brasileña a ostentar índices situados entre los peores del mundo, comenzando por una epidemia sistemática de “infecciones hospitalarias”, que llevan a miles de pacientes a la muerte como consecuencia de cosas tan simples como una operación de apendicitis. Es obvio que se trata de una política consciente de destrucción de la salud pública, al servicio de la privatización de la salud, que asistió a la constitución de enormes monopolios de mercaderes del cuerpo (cuyas empresas no pagan impuesto a los réditos por ser (‘servicios de interés general’), que ahora, como la empresa Amil, pretenden también invadir el promisorio mercado argentino (otra consecuencia del Mercosur).
 
Florestán Fernandes siempre rehusó cualquier privilegio derivado de su condición de figura pública y de diputado (como el famoso expediente de ‘saltear el orden' de los transplantes) y exigió ser tratado por el sistema de salud pública, como ejemplo de lucha para su defensa. Rehusó recientemente, inclusive la oferta de un tratamiento ‘vip’ en el exterior, sin gastos, que le hiciera su antiguo alumno y discípulo, el ahora presidente Femando Henrique Cardoso.
 
En el entierro de Florestán, cuando aún no se sabía de la sospecha planteada, hicieron discursos el rector de la Universidad de San Pablo, el diputado federal del PT, Ivan Valente, y el compañero Osvaldo Coggiola, como representante del sindicato docente de la Universidad (ADUSP). Este último saludó la memoria del luchador muerto, y llamó a continuar sus dos grandes frentes de batalla (en defensa de la educación y de la salud públicas, y contra la discriminación racial, en especial de los negros) a través de la independencia política de los trabajadores y de la lucha de clases. También se refirió a la proyección nacional y latinoamericana de la obra de Florestán.

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