fbnoscript

25° aniversario del Congreso de Sitrac-Sitram: Un programa y un debate insoslayables

25° aniversario del Congreso de Sitrac-Sitram
Por Christian Rath
Hace 25 años, el 28 y 29 de agosto de 1971, tuvo lugar el Congreso de Sindicatos Combativos, Agrupaciones Clasistas y Obreros Revolucionarios convocado por los sindicatos de las plantas FIAT de Córdoba (Sitrac-Sitram). En mayo de 1970, una vigorosa ocupación de planta en Concord impuso la expulsión de la burocracia del sindicato de fábrica y el reconocimiento de la comisión provisoria electa en asamblea (rumbo que los obreros de Materfer, la otra planta, tomaron de inmediato). Un año antes, el Cordobazo había herido de muerte a la dictadura militar (Onganía), abriendo un proceso impetuoso de ascenso y recuperación de las organizaciones obreras.
 
Al momento del Congreso, en todos los sindicatos importantes habían surgido movimientos identificados con el “clasismo" (antipatronales, antidictatoriales y antiburocráticos), que en muchos casos habían barrido a internas burocráticas en lugares claves. Al mismo tiempo, sectores de las masas explotadas 'copiaban’ los métodos de la vanguardia obrera y constituían sindicatos allí donde no los había —|os docentes dan vida a CTERA, los sectores pobres del campo crean las “Ligas Agrarias", los docentes universitarios se sindicalizan.
 
En el congreso se hizo presente la casi totalidad de las internas, cuerpos de delegados, ‘provisorias’ y agrupaciones que estaban protagonizando esta verdadera revolución dentro y fuera de los sindicatos, con el objetivo declarado de constituir un movimiento nacional. Esta asamblea histórica del activismo obrero fracasó en sus objetivos pero dejó como saldo la declaración presentada por los sindicatos clasistas, que es una defensa de principios sindicales revolucionarios, un rechazo a la colaboración de clases del sindicalismo peronista y una “notoria reanudación con los lazos históricos del marxismo (que) coloca los cimientos básicos sobre los cuales puede construirse, en el combate, la corriente sindical clasista" {l).
 
El planteo de Sitrac y Sitram, por su contenido y por su método (convocatoria a un congreso para debatirlo), constituyó una franca superación de todos los programas producidos desde el surgimiento del peronismo y, en particular, de todos aquellos que la izquierda revindica como antecedentes válidos de un 'sindicalismo de liberación’. Nos referimos a los programas de Huerta Grande (1957), Huerta Grande (1962) y CGT de los Argentinos (1968), que condenan la lucha nacional a la dirección de la burguesía nativa, que plantean la integración de los sindicatos al Estado, proponen la “participación de los trabajadores en la dirección de las empresas públicas” (antecedente de la "propiedad participada”) y que por éstas y otras razones fueron aprobados sin problemas por los mismísimos secretarios generales de la CGT, es decir, por la burocracia sindical.
 
No casualmente, ninguna de las corrientes peronistas asistentes al Congreso de Sitrac-Sitram quiso votar la declaración y en fila con ellos, las agrupaciones ‘maoistas’ del hoy PTP y los ‘infiltrados’ del PC, que no concurrió oficialmente pero conspiró en su contra —el stalinismo integraba una ‘multisectorial’ con políticos patronales ("Encuentro Nacional de los Argentinos”) por la “vuelta de la democracia”, línea maestra de la burguesía para salvar al Estado frente a la fundición de la dictadura y el avance del movimiento obrero.
 
No casualmente, también, sólo las corrientes sindicales orientadas por el PO se mantuvieron hasta el final en la tesitura de votar lo que luego pasó a llamarse el "programa clasista de Sitrac-Sitram”. Veinticinco años después, esta situación se mantiene. La izquierda reivindica todos los programas que la han llevado a disolverse en el nacionalismo y en la ‘democracia’, pero mantiene proscripto el planteamiento de los sindicatos clasistas de Córdoba.
 
¿Un debate ‘histórico’?
 
La Declaración del Sitrac-Sitram parte de caracterizar que el pueblo argentino vive bajo el “sistema capitalista", "cuyo signo fundamental es la explotación del hombre por el hombre, y la existencia de clases dominantes y clases oprimidas". Traza una abierta delimitación de quienes plantean que la clase obrera debe intervenir en la lucha antiimperialista perdiendo su fisonom ía de clase y postergando para las calendas griegas la revolución socialista, es decir, disolviéndose en el nacionalismo. La Declaración dice que el sistema sólo puede ser enfrentado por la clase obrera acaudillando a las masas populares objetivamente interesadas en la lucha anticapitalista y antiimperialista.
Las luchas de liberación social son inseparables de las luchas por la liberación nacional... El texto no llega a plantear que la transformación déla revolución democrática en socialista es el producto del ascenso de la clase obrera al poder (revolución permanente), pero subraya la necesidad de una dirección obrera de la rebelión popular y “la lucha del proletariado y demás capas sociales oprimidas hacia la conquista del poder político".
 
Para Sitrac y Sitram, “los sindicatos y la CGT deben ser los organismos de la unidad proletaria en tomo a sus intereses de clase", una definición que considera las dos cuestiones decisivas en este terreno: el sindicato como frente único de la clase y el principio de la lucha de clases. Proponen recuperar los sindicatos actuales y reales, lo que es el fruto de una dolorosa maduración después de llamar, durante mucho tiempo, a construir sindicatos paralelos, una política que los llevó a desconocer la CGT y a retrasar la lucha del conjunto de los trabajadores por una nueva dirección, de bases y clasista.
 
La declaración sostiene, con toda justeza, que "el sindicato clasista puede y debe tomar determinadas posiciones políticas coincidentes con los intereses históricos del proletariado", una definición contra las ‘salidas’ burguesas y pequeño burguesas y que debería haber coronado en el texto con “el gobierno de las organizaciones obreras” (que el PO planteó incorporar a la Declaración).
 
El programa tiende a superar incluso la identificación de Sitrac y Sitram con los grupos armados pequeño burgueses, a los que reserva sólo una vaga alusión, luego de una encarnizada lucha política (en el propio Congreso, el PO señaló que la existencia de estos grupos no era producto de la radicalización obrera sino de la crisis de dirección, que impedía que la organización obrera tuviera su propia política de autodefensa, independiente de toda tutela extraña).
 
Del final al principio
 
Meses después, los sindicatos clasistas eran disueltos por la dictadura militar, que actuó con las espaldas cubiertas por el ‘Gran Acuerdo Nacional’ entre Lanusse, Perón y Balbín (la CGT Córdoba jugó un papel clave en esta derrota). Centroizquierdistas y stalinistas pasaron a escupir abiertamente sobre los sindicatos clasistas por haber querido construir una “alternativa distinta" al peronismo, despreciar una política de alianzas con la burocracia “combativa" y “no superar el ideologismo”. Pero "Sitrac y Sitram no fueron disueltos ni por su aislamiento ni por otros errores...sino por sus aciertos... el enemigo no disuelve a los sindicatos que cometen desaciertos, a éstos los disuelve el avance de la conciencia de la masa” les respondió Carlos Masera, secretario general del Sitrac, años después (Crisis, 1989).
 
La Declaración de Sitrac y Sitram plantea la construcción del partido revolucionario, una lección para la izquierda que hoy se disuelve en el ‘movimientismo’ y el sindicalismo. Sostiene que la acción de los sindicatos clasistas “no sustituye" al partido revolucionario, y define al partido por su objetivo de “destrucción del sistema capitalista y del Estado burgués”, la única conclusión “consecuente" del proceso político abierto con el Cordobazo.
 
El planteamiento hecho en 1971 en la sede de Sitrac tiene inmensa vigencia, porque fue la afirmación de un camino propio de la clase obrera, independiente de toda tutela extraña a sus intereses, y el rechazo a toda política de colaboración de clases. En un período en que el problema clave de la vanguardia obrera es el Frente Popular, es decir, la colaboración de clases, y no la lucha de clases, para contener o desviar las tendencias revolucionarias, el programa de los sindicatos clasistas cordobeses es toda una referencia.
 
Como dijimos hace veinticinco años: “a la luzde todas las polémicas pasadas, los que con mayor legitimidad podíamos votar por este documento éramos los trotskistas: y lo votamos" (2).
 

Compartir

Comentarios