El balance de las elecciones en la Argentina


El derrumbe electoral de Menem y Duhalde, el domingo 26 de octubre, es apenas una expresión amortiguada e inadecuada de una crisis política mucho más profunda y de alcances mayores de lo que trasuntan las cifras. Los comentaristas del día siguiente de las elecciones pusieron sus mejores empeños en obviar el contexto histórico de los resultados electorales. Fingieron que no habían existido los cortes de ruta ni el paro activo del 14 de agosto, ni la enérgica huelga de docentes en Neuquén; tampoco tuvieron en cuenta las movilizaciones por el asesinato de José Luis Cabezas ni el extraordinario empantanamiento de la política educativa que se reflejó en los apoyos que recibió la carpa de Ctera. Es decir que omitieron la rebelión popular que estaban protagonizando los trabajadores que han votado tradicionalmente al peronismo y en especial los que lo hicieron por Menem en las presidenciales del 95, y dejaron de lado la radicalización de sectores cada vez más amplios de la clase media. En el acto de cierre de la campaña electoral del 95, fue precisamente esta perspectiva la que fue señalada desde la tribuna del Partido Obrero (1). En una palabra, el desmoronamiento electoral del partido justicialista tiene relación con el agotamiento del peronismo como movimiento policlasista. El largo gobierno de Menem dio expresión a un fenómeno que fue repetidamente frustrado por golpes militares, cada vez más sangrientos, que abortaron la posibilidad de que pudiera desarrollarse en forma completa una experiencia de las masas con el peronismo.


 


El desmoronamiento del ménemo-duhaldismo no se ejemplifica sólo en su derrota espectacular en la provincia de Buenos Aires o en el hecho de que hubiera perdido por primera vez una elección siendo gobierno. Más importante es que esto hubiera ocurrido frente a una oposición improvisada, extremadamente mediocre, que no vaciló un instante en declarar su apoyo a todos los planteos pro-imperialistas desde el comienzo, sin importarle los votos que pudiera costarle. Aunque el oficialismo sume para sí la totalidad de los votos que el PJ obtuvo en las diferentes provincias, la realidad política que esconde es diferente. Entre Menem y Duhalde se ha ido produciendo una creciente diferenciación a medida que el agotamiento del plan económico fue enfrentando a los grupos exportadores de la burguesía nacional con los capitales financieros extranjeros que fueron copando paulatinamente la banca y la Bolsa, en particular luego de la crisis económica de 1995/96, que aún no ha concluido.


 


El protagonismo político de Menem durante la campaña electoral apuntó, precisamente, a evitar que se pusiera en evidencia la diferenciación del duhaldismo, porque ello hubiera comprometido la sustentación del gobierno. La derrota de la familia Duhalde puede crear la impresión, en un primer momento, de que el gobernador de Buenos Aires se verá ahora obligado a girar en torno al clan menemista, pero la verdad es la contraria. La derrota electoral deberá profundizar esta división. Junto a la desafectación creciente de los trabajadores con el justicia-peronismo, esto plantea la posibilidad de una división del PJ para antes de las elecciones del 99. Ambito Financiero dedica especialmente un largo artículo de su edición del lunes 27, que responsabiliza a Duhalde de haber transformado una derrota pasable en catástrofe, por su distanciamiento de Menem durante la campaña electoral.


 


Otro elemento más que potencia el alcance de la debacle sufrida por el ménemo-duhaldismo, lo constituye el nivel de los votos en blanco o de la abstención en algunas provincias, esto a pesar del alto porcentaje de votos que en ella obtuvo la Alianza. A sólo 24 horas de las elecciones es difícil hacer una apreciación exacta del votoblanquismo. El diario La Nación lo cuantifica en 800.000 votos (4.7%) a nivel nacional y le quita relevancia, pues destaca que son unos 200.000 votos menos que los registrados en 1995. Ambito Financiero lo califica de preocupante, porque le adiciona los votos nulos, lo que totalizaría un 9.3% del padrón electoral. Lo que importa, sin embargo, no es esto, sino lo ocurrido en algunas provincias, por ejemplo en Santa Fe, donde el voto en blanco alcanzó el 22%, o en Santiago del Estero, provincia a la que sólo concurrió a votar el 60% del padrón. En el caso de Santiago habría que establecer qué porcentaje de la deserción electoral obedece a la migración interna que no ha registrado cambio de domicilio.


 


Otro dato todavía más fuerte es el avance que registró la izquierda con relación a 1995. Aunque las cifras globales esconden resultados electorales contradictorios, obtuvo un 5% del total de los distritos en los cuales se presentó, lo que proyectado en una elección nacional equivaldría a más de un millón de votos (el porcentaje es mayor si se adiciona el 14% que obtuvo Pueblo Unido de Tucumán). Dentro de este total, se destaca el primer lugar del Partido Obrero, que multiplicó por seis (500% de aumento) sus resultados de 1995. En numerosas barriadas obreras de Buenos Aires, Córdoba, Neuquén y Santa Fe, la votación del PO alcanzó pisos del 6% y máximos del 9/10%. Es naturalmente el resultado de un gran progreso organizativo del Partido Obrero en el transcurso de 1997. En la provincia de Córdoba, el PO pasó de 1.750 votos, en 1995, a 32.000 (2.3% del total), un crecimiento de 16 veces; con relación a 1989, cuando obtuvo 7.400 votos, los resultados del domingo pasado reflejan un aumento del 500%. El promedio provincial de Córdoba es engañoso, dada la natural debilidad del PO en el interior rural; en la industrializada capital de la provincia, el porcentaje del PO subió al 3,2%, unos 19.000 votos, casi 20 veces más que hace dos años. También en la ciudad de Cruz del Eje, que se destacó por su gran corte de rutas a mediados de este año, el PO tuvo un gran salto del 0.2 al 2.5%, unas 12 veces más. En la provincia de Buenos Aires, el Partido Obrero obtuvo cerca de 80.000 votos (1.3%), un 400% arriba de 1995. Pero las ciudades obreras se llevaron la tajada de la votación, como Zárate, Pilar, los distritos de Varela, Escobar, Merlo, las ciudades de Marcos Paz, Pehuajó o Bahía Blanca, entre otros. En esta última, se pasó de 300 votos, en 1995, a 2.400 un 700% de crecimiento.


 


En las provincias de Santa Cruz y Neuquén, el Partido Obrero se acercó al 3 y al 2% de la votación general, respectivamente. El Partido Obrero sacó 150.000 votos en sólo 8 provincias, contra los 25.000 que obtuvo en 1995 en todo el país o sea, seis veces más en menor cantidad de distritos (Izquierda Unida logró 112.000 votos a nivel nacional).


 


El Partido Obrero ocupó el quinto lugar dentro de los partidos con presencia nacional, esto si se computan dentro de la Alianza todos los votos de la UCR y el Frepaso.


 


Es decir que el derrumbe del gobierno fue protagonizado por un movimiento muy amplio de la población, en el cual se registra, además de la disconformidad con la Alianza de la UCR y el Frepaso (voto en blanco y por la izquierda), también un voto político conciente por un programa revolucionario. Esto último está plenamente confirmado por el hecho de que la votación del Partido Obrero está directamente correlacionada con el grado de su inserción en los distritos y ciudades correspondientes, y con la intensidad de la campaña electoral que desplegó en esos lugares. La votación del Partido Obrero hubiera sido incluso más alta de no haber mediado el uso que los medios de comunicación hicieron con la provocación policial a la manifestación de repudio a Clinton, el jueves 16 de octubre.


 


Lo que la prensa y los plumíferos de turno describen como el ejercicio de una alternancia democrática, oculta en realidad un gran realineamiento de las clases sociales, que deberá acentuarse con la recaída en la crisis económica en los próximos meses, la que será resultado del derrumbe financiero internacional, la crisis cambiaría en Chile y Brasil y la tendencia a la salida de capitales, que comenzó en la Argentina con anterioridad a las elecciones.


 


Es incuestionable que el apoyo de la Unión Industrial a la Alianza, así como el de un sector del Consejo Empresario Argentino (el grupo Soldati), refleja la necesidad de un amplio sector de la burguesía nativa de salir del esquema cambiario impuesto por el gobierno de Menem. Aunque todos juran fidelidad a la paridad del peso con el dólar, los monopolios exportadores hace tiempo que reclaman, junto con los brasileños, una política cambiaría móvil que permita el otorgamiento de subsidios, es decir que independice la política monetaria de los peligros de una salida de capitales. José Luis Machinea, del grupo Techint, se transformó en vocero de la Alianza cuando ésta aún no había salido de la pila bautismal; otro ortodoxo que está al acecho de los aliancistas es López Murphy, que se destacó en el último tiempo por una serie de artículos en Ambito Financiero, dedicado al tema de la salida de la convertibilidad. La última novedad, poselectoral ésta, es la invitación al cavallano Juan Llach para que se integre a la alianza, lo cual mataría dos pájaros de un tiro, porque además de un agente de los exportadores, Llach es también un hombre de la Iglesia y de los privatizadores de la salud.


 


El giro de los capitanes de la industria nativos responde al hecho objetivo del agotamiento del régimen económico menemista y del propio Mercosur. El creciente déficit de la cuenta corriente del balance de pagos; el crecimiento exponencial de la deuda externa; la alta desocupación; el déficit fiscal en aumento, a pesar del crecimiento del giro comercial en los últimos doce meses; la volatilidad del ingreso de capitales, que no registra un crecimiento de inversiones netas sino la adquisición de capitales existentes; incluso la caída en las exportaciones todo esto apunta a una modificación del régimen económico menemista. Lo que los políticos y economistas de la burguesía no pudieron aprender aún es cómo hacerlo en forma fría e indolora con la mitad de la economía dolarizada; ni lo aprenderán: el cambio lo impondrá una crisis, como ha ocurrido con México y ahora con todo el Sudeste asiático. Es precisamente la inminencia del derrumbe lo que ha hecho jurar a los políticos de la Alianza la fidelidad al régimen cambiario; los economistas de ambos bandos se aprestan a actuar en común frente al derrumbe de la moneda. Una crisis similar se manifiesta con el Mercosur, cuyas posibilidades comerciales se agotan en la medida en que el déficit comercial y la cesación de pagos acechan a la Argentina y al Brasil. El Mercosur se ha limitado a implementar un comercio automotriz compensado, que ha servido para saquear a las finanzas públicas debido a los subsidios y a concentrar la industria terminal y de autopartes, y también a dar vía a grandes proyectos de gasoductos, que requieren financiamiento garantizado a largo plazo, lo que es incompatible con un régimen cambiario amenazado, sin seguridad en la posibilidad de repago de los créditos.


 


En principio, hubiera debido ser Duhalde la cabeza de esta coalición capitalista frente a los grupos financieros que respaldan la política de Menem-Roque Fernández; así lo permitía prever el acuerdo del gobernador bonaerense con Cavallo, a principios de año, bajo el patrocinio de los Alemann. A Duhalde le faltó, sin embargo, osadía para la empresa, y a esto se le sumó el crimen de Cabezas, que tuvo la complicidad de su policía, y el surgimiento de la Alianza. No hay que descartar, por esto, una alianza del duhaldismo y la Alianza en la próxima legislatura, e incluso una división simultánea en el PJ y en la Alianza, en función de una perspectiva seudo-nacionalista.


 


El giro más importante lo protagonizó el pueblo: la clase media, que empezó a conocer la desocupación en masa, y el proletariado, que perdió su expectativa en el justicialismo y protagonizó los cortes de ruta, la lucha contra el convenio Fiat-Smata en Córdoba, contra el cierre de Atlántida en Buenos Aires, la lucha de los choferes de colectivos y el paro del 14 de agosto contra la ´flexibilidad laboral´ . Pero en el plano político, el fenómeno más importante fue la veloz desaparición de la escena de las direcciones de la CTA y el MTA, luego de comprometer su apoyo a la Alianza, cuando ésta se pronunció por la flexibilidad, por la arancelización y privatización de la salud, por un nuevo acuerdo con el FMI, por un presupuesto cero para seguir pagando la deuda externa, y recientemente por la derogación de los convenios colectivos por industria.


 


Las direcciones de la CTA y del MTA se puede decir que estuvieron a la vanguardia en la formación de la Alianza. El propio Alfonsín reconoció que dio vía libre a la fusión UCR-Frepaso luego de una presión que sufriera por parte de ese sector de la burocracia sindical. Los pronunciamientos de la Alianza, sin embargo, la desubicaron de inmediato frente a la base gremial. Ahora, el MTA, sin el acuerdo de la CTA, ha lanzado una campaña de firmas contra cualquier forma de flexibilidad laboral, lo cual aplicado con consecuencia deberá llevarlo a romper con la Alianza. La CTA, en cambio, parece empeñada en defender la política proimperialista de la Alianza, si es que sirve como una guía de su conducta futura las posiciones de su principal gurú político-económico, Lozano, concentrado en demostrar que es posible una política industrial activa sin dejar de pagar la deuda externa, y superar la desocupación mediante subsidios a las Pymes.


 


Es indudable que la recaída en una crisis industrial y la aplicación de la política de flexibilización que han concertado la Alianza y el gobierno, pondrán contra la pared a la burocracia sindical opositora. Ni qué decir que intentará todos los extremos antes de romper con la patronal representada en la Alianza y que buscará, por mil medios, que el movimiento obrero se resigne a una derrota. Pero si esta variante no se produce, tendrá que elegir entre un acercamiento a la vieja CGT, para salvar algunos restos del paquete flexibilizador y de la privatización de la salud, o plantearse una acción política independiente, algo cuyas probabilidades son remotas. En cualquier caso, sin embargo, la burocracia opositora deberá participar de la crisis y división del peronismo, es decir, que en cualquier caso, será la agente involuntaria e inconciente de un proceso vinculado a la lucha por la independencia de clase del proletariado, o sea un partido obrero con influencia de masas.


 


Aunque la izquierda democratizante se empeña en esconderse detrás de la suma de los votos de la izquierda, del 5% a nivel nacional, en realidad ha sufrido una derrota política sin atenuantes. En primer lugar Izquierda Unida, que no deberá sobrevivir siquiera una semana a su mediocre existencia, ya que a pesar de la ingente suma de dinero que sus capitalistas invirtieron en la campaña capitalina, no fue votada ni por los clientes y socios de la banca y de los fondos de pensión que la financiaron. Fuera de la propaganda mediática, IU no existió en la campaña electoral, es decir que no militó, no agitó ni se hizo ver, no organizó ni pudo, por lo tanto, crecer. La campaña electoral más importante desde 1989 apenas le rozó, no participó de la reflexión política que las masas se veían obligadas a hacer con referencia al fin del ciclo del gobierno peronista. Con excepción del apoyo bancario, lo mismo puede decirse del resto de la izquierda.


 


Izquierda Unida fue bastante menos que un frente democratizante. Estuvo dominada por la candidatura de Floreal Gorini, de la Capital, gerente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), el cual está vinculado a la privatización de las jubilaciones. Es decir que no fue un frente, digamos obrero, sino capitalista. El círculo allegado a Gorini manejó la campaña de éste al márgen de su partido, el comunista, al grado que despreció a la candidatura que más posibilidades tenía, la de su candidato a legislador porteño; ni hablar de la completa falta de mención a sus otros aliados, Mst, Mtp, el grupo del ex vicerrector Borón, y otros. Fue la campaña descarnada de determinados intereses económicos, vacía de un contenido de lucha de clases y de partido. Ningún observador de la escena política argentina, no digamos ya de los verborrágicos profesores democratizantes que pululan en las aulas criollas, señaló esta confiscación sin precedentes de un proceso político.


 


La izquierda democratizante volvió a poner de manifiesto su falta de autonomía política, es decir, su condición de títere de las clases en pugna. Es necesario refrescar ahora que las carreras políticas de Alvarez y la Meijide hubieran sido imposibles sin el mismo aparato y sin la misma plata que en las elecciones pasadas impulsaron a Gorini. Cuando se formó el Frente del Sur tomó cuerpo la carrera política de estos dos arribistas, de la mano del PC y del (IMFC), bajo la cobertura de la candidatura de Pino Solanas. Fue la primera vez que los popes aliancistas del Frepaso obtuvieron los votos para llegar al Congreso; no es casual que Gorini fuera su suplente. También hay que recordar que a esta empresa se sumaron entusiastas los maoístas del Ptp, sin importarles el tufo soviético del Frente del Sur.


 


La experiencia, primero del Frente Grande y luego del Frepaso, demuestra hasta qué punto la pequeña burguesía lanzada a la política con sus ideas y fantasías se convierte rápidamente en instrumento del gran capital. Catapultados por los stalinistas de ambos cuños a la notoriedad política, los dirigentes frepasistas superan a sus aliados radicales en sus pronunciamientos proimperialistas y antiobreros. Comparada con la campaña que le dio el triunfo a Alfonsín, la de la Alianza revela todo el retroceso experimentado por la pequeña burguesía en sus pretensiones de liderazgo independiente. Allí donde Alfonsín ponía a la democracia formal, dentro del aparato de la dictadura saliente, como el santo remedio para todos los males sociales, la Alianza ha puesto la lucha contra la corrupción, que se reduce a poner en vigencia el Consejo de la Magistratura, un engendro corporativo donde el carácter vitalicio de los jueces y de las camarillas judiciales deberá ser reforzado por las camarillas de los abogados de los grandes estudios y de la burocracia académica del derecho.


 


Otro aspecto de los planteos de la Alianza, relativos a la eficacia y transparencia de la justicia, es que convergen con el reclamo del Banco Mundial de que se establezca un fuero financiero especial para resolver en forma sumaria, los pleitos que afectan a los créditos hipotecarios o lo relativo a colocaciones de títulos privados que pueden perjudicar a los bancos.


 


El hilo conductor del Frente del Sur a la flamante Alianza está representado por sus eslóganes democratizantes formalistas, por sus llamados participacionistas, por veleidades de justicia social y redistribución de ingresos, y por una moralina insoportable que delata la ambición del arribista. El Partido Obrero se distinguió de toda la izquierda por el señalamiento oportuno del carácter reaccionario del Frente del Sur; en cambio, Luis Zamora, del Mst, confiesa a quien se le ponga a tiro sus expectativas en la Alianza en los primeros días de su lanzamiento.


 


A la izquierda tampoco le faltó su pléyade de democratizantes votoblanquistas, encabezados por el ya mencionado Ptp, viejo aliado de Menem en 1989 y del Frente del Sur, y que allí donde pudo, en la provincia de San Juan, hizo frente con un menemista. Pero el voto en blanco no representó, en las últimas elecciones, una tendencia de contenido político definido, como lo fue, por ejemplo, cuando el peronismo estuvo proscripto en los años 60, ni tampoco significativa. Fue interpretada como una-protesta-contra-los-políticos-que-no-dan-soluciones-y-son-corruptos, lo que de por sí denuncia una dependencia completa del régimen vigente y de su personal. Incluso fue formulado así este planteo por el seudo-militante Luis Bilbao, editor persistente de revistas cuyo financiamiento es desconocido, y por Carlos Gallo, el dirigente de la ex Cormec, que descubrió los encantos de Lorenzo Miguel cuando este burócrata se encuentra sobreviviendo a su cuarta edad y al derrumbe de la UOM. El revolucionario tiene la obligación de dar una salida a la impasse de las masas, no reforzar esa impasse con protestas sin dirección. No es casual que, en este movimiento, se hayan anotado burócratas sindicales como Luis Bazán, de Córdoba, que podría ser llamado organizador de derrotas, si lo de organizador no fuera excesivo para su persona.


 


La influencia de la pequeña burguesía en las elecciones fue enorme. Se manifestó en los llamados telefónicos del público a la radio y a la televisión, siempre con referencia a los delitos económicos de los funcionarios del gobierno y a otros no solamente económicos, como los que tuvieron por protagonista al Yabrán. La tendencia de la pequeña burguesía a desviar hacia los chivos emisarios la crisis del capitalismo es tan vieja como el propio capitalismo; fácilmente puede convertirse en reaccionaria y esto sucedió en parte cuando la televisión mostró las vidrieras rotas durante la manifestación contra la presencia de Clinton. La Alianza, y en particular el Frepaso, explotó a fondo esta característica política, y logró que predominara sobre sus reiterados planteos anti-obreros en la percepción del electorado y de la opinión pública. La mayoría de la población visualizó a la Alianza como alternativa al menemismo a través de este mecanismo político montado en torno a las fantasías de la clase media. De este modo, el país se perdió de ver los anuncios de los frepasistas contra el derecho al aborto, por la arancelización de la universidad, por la reducción del mínimo no imponible, es decir, por un conjunto de ataques contra la democracia en general y la clase media en particular.


 


El consignismo democratizante de la izquierda viene como anillo al dedo a esta campaña ideológica que parte de la pequeña burguesía y llega a la clase obrera, pero que está dirigida por el imperialismo. Los izquierdistas argentinos se negaron a enfrentar a la pequeña burguesía frepasista mediante un frente de izquierda, y así lo manifestaron sus oradores en el acto del 1º de Mayo en la Plaza de Mayo (2). En Prensa Obrera se tomó debida nota de esta incapacidad izquierdista para una lucha política autónoma en un editorial que llevó por título "La izquierda no dio respuestas". La victoria electoral del Partido Obrero sobre el conjunto de la izquierda democratizante, en lo que constituye una completa reversión de las tendencias electorales del pasado, es el resultado de la consistencia de un planteo político que puso, por encima de todo, un análisis clasista de la situación, un análisis de la situación política en su conjunto y de las corrientes políticas que intervienen en ella, y una política para que las masas pudieran superar, por medio de su experiencia, una nueva tentativa de la pequeña burguesía capitalina democratizante pero proimperialista. La hegemonía descomunal de la Alianza en la capital federal traduce exactamente el fenómeno político que encabeza y anticipa la inevitabilidad de la frustración de los estratos medios y su ruptura con el aliancismo.


 


En la reunión de un comando político-reivindicativo que se reunió en julio pasado y en la asamblea nacional en Ferro, en agosto, quedó fijada la estrategia político-electoral del Partido Obrero. Fue definida con estas palabras: ofrecer una salida a las masas desesperadas, es decir, a los superexplotados de las fábricas, a la masa de los desocupados, a las mujeres y a la juventud. Toda la campaña del PO giró, precisamente, en torno a las reivindicaciones para esta salida. No fue una campaña de ideas sociales en general, sino de medidas concretas; a partir de ellas fueron denunciados los partidos capitalistas, que necesitan la postración de las masas para sobrevivir a la crisis de su régimen social. Por este motivo, los grandes contingentes que se incorporaron antes y durante la campaña electoral fueron los desocupados y las mujeres; en numerosos distritos, el Partido Obrero pasó a ser un partido predominantemente femenino. El otro vector de la campaña del PO fue la apertura de numerosos locales, para traducir la tendencia a la organización de los desorganizados, es decir, de las mujeres, de la juventud y de los desocupados; antes, el Partido Obrero había completado una exitosa campaña de 5.000 suscripciones a Prensa Obrera y elevaba su tiraje a 20.000 ejemplares. No es casual que los locales hayan sido los protagonistas de los mejores resultados electorales. Toda la campaña del Partido Obrero estuvo encarrilada en la lucha de clases y en la tendencia de las masas, con la finalidad de darle a ella una traducción conciente, clasista, socialista y revolucionaria. Como consecuencia de todo este proceso se percibe la incorporación de numerosos contingentes de trabajadores y militantes del peronismo, lo que se refleja, en una cierta manera, en la fisonomía de los locales y en el lenguaje político. Pero es necesario destacar la ligazón al PO de todos los militantes de izquierda que han querido por sobre todo luchar; luchar contra Menem y Duhalde, contra la estafa de la Alianza, contra el desinfle y la inconsistencia izquierdista. Esta ligazón de la izquierda que lucha se manifestó también en varios distritos del interior de la provincia de Buenos Aires.


 


Clarín es el único diario que al día siguiente de las elecciones advirtió en un párrafo aislado de su editorial el riesgo de una crisis de gobernabilidad. Para ello ha tenido que mirar debajo de la superficie de los partidos victoriosos. El escenario de una crisis política es muy sencillo de describir: acentuación de la lucha de las masas que se sienten postergadas; combinación con una recaída económica o directamente un derrumbe; acentuación o estallido de la crisis en el peronismo; desilusión con la Alianza debido a su colaboración con los planes del FMI.


 


La derrota del gobierno supondría que el centro de gravedad política debería pasar al Congreso, adonde ingresarán los reclutas que salieron favorecidos el 26 de octubre. Pero incluso si ésta llegara a ser la primera fase de la próxima etapa, la incapacidad del parlamentarismo para arbitrar las crisis volvería a poner en primer plano el régimen de gobierno personal de Menem y de su camarilla. Pero se trataría de un régimen extraordinariamente debilitado, que sólo podría funcionar chantajeando en forma permanente a la oposición, o sea, sería un régimen de capitulación de los opositores y, por lo tanto, de creciente impaciencia y agitación populares. En un punto extremo, semejante gobierno debería acabar, o con su caída o con la disolución del Congreso y un régimen de excepción. Para escapar a esta alternativa, la crisis económica debería dilatarse en el tiempo y tener una amplia posibilidad de vida un cogobierno en el parlamento. Pero aun en este caso, los desequilibrios sociales, políticos y económicos no dejarían de expresarse, a través de rupturas y realineamientos en los partidos, en el gobierno y en los sindicatos.


 


El justicialismo duhaldista y las centrales sindicales opositoras pasarán a ser un centro de gravedad en cualquiera de las alternativas planteadas. Duhalde intentará reconstruir un apoyo popular; la CTA y el MTA deberán hacer frente al reclamo imperialista de liquidación de los convenios de trabajo. Pero el problema de fondo es que las masas han iniciado un recorrido que cuestiona su dependencia política de los partidos patronales. La crisis del duhaldismo, la posible división del peronismo, las crisis inevitables en las centrales opositoras, habrán de plantear imperiosamente la organización política autónoma de la clase obrera. El Partido Obrero, que estaba subjetivamente al frente de esta tendencia, se encuentra ahora objetivamente también, luego de los resultados electorales. Durante varios meses se escuchó a los grupos más reducidos de la izquierda vocear que los cortes de ruta eran el camino en oposición a la homogeneización de la clase obrera en un partido; así dicho, era una posición formalmente anarquista y concretamente reaccionaria. El problema número 1 es el partido. Todas las consignas, todos los esloganes, todas las luchas, todos los combates que deberán producirse y que se producirán, deben ser invariablemente una escuela para construir y desarrollar el partido, porque sin estrategia ni organización no hay lucha conciente, y sin ella no hay posibilidad de victoria.


 


 


 


Posdata


 


Al concluir la redacción de este artículo, al día siguiente de las elecciones, las noticias radiales anuncian una crisis bursátil mundial sin precedentes, incluido el cierre anticipado de las operaciones en Wall Street.


 


La globalización se ha caído, entonces, como un castillo de naipes, toda vez que la universalidad a la que tiende el desarrollo de las fuerzas productivas es incompatible con las relaciones de producción capitalistas y con sus cuadros estatales nacionales.


 


La presente crisis es una consecuencia inmediata de gigantescos desequilibrios internacionales, que en un principio se polarizaron en la depresión financiera y bancaria japonesa, de un lado, y en la euforia especulativa norteamericana, del otro. La enorme sobreinversión de capital, en Japón, explotó a principios de 1990, mientras Estados Unidos comenzaba a recuperarse de la enorme crisis de 1987/89. La bolsa norteamericana recicló los capitales ociosos japoneses, sin por ello darle una salida a la crisis en Japón. Estados Unidos ingresó, a su vez, en un gigantesco proceso de sobreinversión gracias, en parte, a este reciclaje, en especial de capital financiero, lo que se manifestó en una descomunal especulación bursátil y en la aplicación de ingentes sumas de capital para la absorción de empresas rivales. Estados Unidos pasó a reclamar la apertura completa de los mercados internacionales para sus capitales excedentes, y Japón a reclamar lo mismo para sus mercaderías de otro modo invendibles.


 


Pero la crisis no estalló directamente por medio de un enfrentamiento entre Japón y Estados Unidos. Estalló en los países del Sudeste asiático, cuyas monedas se encontraban atadas al dólar, es decir que se sobrevalorizaban, mientras que sus productos debían venderse en mercados como el japonés o el chino, cuyas monedas se devaluaban para mejorar su capacidad de competencia internacional. Las monedas del Sudeste asiático se ataron al dólar cuando éste se encontraba depreciado, pero lo tuvieron que seguir cuando comenzó a subir, como consecuencia del gran ingreso de capitales a Estados Unidos. Los ciclos económicos entre los diferentes países estaban desajustados. La pretensión de que la globalización había anulado la ley del desarrollo desigual quedó desvirtuada. El Sudeste asiático fue forzado a devaluar, pero esto arrastró a sus bancos (Tailandia), a sus industrias (Corea del Sur, Malasia e Indonesia) y a su régimen financiero (Hong Kong), fuertemente endeudados por préstamos en dólares, sea con el exterior, sea por créditos concedidos dentro de esos países con destino a la especulación inmobiliaria o bursátil. Los capitales europeos y norteamericanos invertidos en estos países experimentaron pérdidas que se trasladaron a las cotizaciones de sus acciones en Nueva York, Londres, París y Frankfurt. La perspectiva de una recesión afectó las previsiones de exportación de grandes conglomerados industriales de alta tecnología, derribando también el valor de sus capitales. La extensión de los préstamos especulativos a niveles que exceden en un 50 por ciento el total del producto bruto de los países involucrados, deja ver que asistimos a una crisis de sistema, que debería arrastrar a la caída a gran parte de los bancos y de la industria.


 


Ha sido significativo el fracaso del FMI y de la banca internacional para montar operaciones de rescate, en gran parte porque esa banca estaba a la espera del derrumbe para quedarse con los capitales de sus rivales y entrar con fuerza en esos países. Para Japón, la crisis del Sudeste asiático resultó un golpe muy duro, porque, imprevista, se adicionaba a la larga lista de créditos incobrables que tiene en su propio país.


 


De cualquier manera, se esperaba que la crisis se detuviera en Hong Kong, lo que de ocurrir hubiera aislado el derrumbe y afectado limitadamente a la economía mundial. Pero para eso era necesario contar a favor con dos datos que en realidad actuaban en contra. El primero era la colaboración de China, que con 200.000 millones de dólares de reservas, debía representar la salvación comunista del capitalismo. El problema aquí es que, para eso, China debía aceptar, no ya el mantenimiento de la sobrevaluación del dólar de Hong Kong, sino de su propia moneda, que también se encuentra sobrevaluada luego de las recientes devaluaciones gigantescas de sus competidores asiáticos. Después de la devaluación de la moneda de Taiwán, hace dos semanas, esto ya no era posible; más tarde o temprano, China devaluaría, lo que ya hacía provisorio el rescate del dólar de Hong Kong; los fondos de pensiones e inversiones de Estados Unidos y Gran Bretaña comenzaron a retirar su plata de la isla. Otra cosa importante es que, aunque China no desea la desestabilización financiera de Hong Kong, el mantenimiento del valor de la moneda de ésta exigía imponer elevadas tasas de interés que llevaban a la quiebra a los especuladores internos de Hong Kong. Inglaterra, la vieja potencia colonial con grandes inversores aún en la isla, prefería una devaluación a semejante bancarrota. Es decir que China e Inglaterra tiraban para lados opuestos. En estas condiciones, una acción internacional común para defender el valor del dólar de Hong Kong era imposible. La crisis que acaba de comenzar deberá llevar a la lona al principal banco de Hong Kong, con sede en Londres, dueño del Midland Bank, el HSBC, que acaba de comprar el Banco Roberts y varios bancos brasileños.


 


La otra punta de la crisis es que la bolsa de Nueva York se encuentra sobreinvertida, o sea recontrasobrevaluada. Una onda de devaluaciones internacionales la debe afectar a muerte, porque ataca las exportaciones de sus empresas y aun su mercado interno. La devaluación potencial china es incompatible con la estabilidad de la sobrevalorizada bolsa de Wall Street.


 


La crisis se trasladó enseguida a Brasil, México y la Argentina todos ellos con monedas sobrevaluadas. La Bolsa brasileña inició un ciclo de baja en julio, del cual aún no se había repuesto cuando la agarró la estampida actual. Lo que transforma a la crisis actual en varias veces más grave que la de 1987 y 1989, es que afecta totalmente las paridades cambiarias. Si se desata una onda de devaluaciones, será inevitable que se dejen de cumplir los contratos y que comience una onda de proteccionismo e intervencionismo estatal. Como decía Hegel, las cosas son lo que son y todo lo contrario.


 


Para los pueblos del mundo, afectados por una desocupación masiva, el problema es quién va a pagar esta crisis. Es precisamente esto lo que pone a la orden del día el programa de la confiscación de los grandes monopolios, el control obrero, el reparto de las horas de trabajo, el cese del pago de la deuda externa.


 


 


Notas:


1. Prensa Obrera, nº 453, 27 de junio de 1995.


2. Prensa Obrera, nº 538, 9 de mayo de 1997.


 

Neuquén desenmascara a la izquierda argentina


La gran huelga de 37 días de los docentes neuquinos y las puebladas de Cutral Co y Plaza Huincul, han sido un factor fundamental en la lucha de clases nacional. Ninguno de los problemas que llevaron a esas luchas han sido resueltos, de manera que su continuación y profundización son inevitables. Es por eso que un balance de estas luchas se impone al calor de los propios acontecimientos.


 


La huelga docente y el Cutralcazo


 


La huelga docente de 37 días contra la reforma educativa menemista en la provincia logró la solidaridad activa de las masas (paros y marchas, ocupación de los puentes, etc.) y hasta obligó a que la Ctera tuviera que convocar a paros nacionales solidarios. 


 


¿Cuál fue la política que siguieron las direcciones del sindicato docente (Aten) provincial y de la seccional Capital?


 


Cuando estalló la segunda pueblada de Cutral Co, en solidaridad con la docencia, los dirigentes de Aten provincial y capital salieron a decir que se trataba de la acción de "lúmpenes" y "marginales", realizada fuera de los "cuadros orgánicos". En el momento en que la lucha callejera de todo un pueblo hacía huir a la gendarmería de Menem y Sapag, en el momento en que caía asesinada Teresa Rodríguez, las directivas de Aten entraban en la Casa de Gobierno a firmar un "acta" por la cual levantaban la huelga y dejaban solo al pueblo de Cutral Co que había cortado las rutas. En dicha "acta", por otra parte, no se daba solución a los problemas por los cuales se había salido a luchar, entre ellos, el descuento salarial del 20% que quedaba a ser resuelto por la Legislatura.


 


Esto fue considerado por el activismo y la masa movilizada como una "traición" a la lucha docente y al alzamiento del pueblo de Cutral Co.


 


¿Es así?


 


Dejemos que se expresen los protagonistas.


 


I. Aten Provincia (CTA): a confesión de parte …


 


"Nadie puede desconocer que hay compañeros que cuestionan el accionar de la CDP (Comisión Directiva Provincial de Aten, enrolada en la CTA) y/o el de la Comisión elegida para tratar con las autoridades", dice el documento "elaborado por la CDP y remitido a todas las seccionales para su discusión" (1).


 


"Tal vez, como piensan algunos compañeros, no debimos entrar el sábado 12/4 a la noche cuando nos llamó el Gobernador. Posiblemente fue una trampa para hacernos cargo de la muerte de la Compañera ante nuestros propios Compañeros", reflexiona la directiva. Pero, dicen, "Nos alentó la decisión de lograr una solución en medio de tantas demandas sumadas" (cursiva nuestra). Es decir, que el propósito declarado de Aten fue desactivar la posibilidad de una lucha de conjunto de todos los explotados en la provincia. En lugar de "sumar demandas", la directiva de la CTA quería restar movilización.


 


Ante las recriminaciones de Sapag ("¿están contentos? ¿Esto es lo que querían? Miren lo que han hecho, ahora digan cómo lo van a arreglar…"), la directiva provincial de Aten respondía: "Nosotros nunca quisimos, por decisión orgánica, enfrentar a la gendarmería. Siempre dijimos que nuestra resistencia era pacífica". Por eso firmaron el "acta" y decidieron levantar la huelga docente, para desactivar la confluencia de las luchas provinciales contra el gobierno antiobrero y por sus derechos.


 


El documento de la CTA-Aten provincial responde así a la crítica de la base: "No hagamos del resto de nuestra vida una catarsis permanente".


 


Para no hacer "catarsis permanente" durante "el resto de (su) vida", la directiva centroizquierdista se consuela con que "el 18 de abril (a sólo 2 días del levantamiento del paro) el Pueblo de Cutral Co y Plaza Huincul ACEPTA el ofrecimiento del Gobierno Provincial y Nacional…". Esto es, que el pueblo que había triunfado echando a la gendarmería en batalla frontal, ahora era inducido a aceptar con la oposición de los "fogoneros" un acuerdo tramposo, que sólo ofrecía paliativos, para lograr la desmovilización popular.


 


La directiva de Aten se congratula de su capitulación, porque, dice, "hacía falta despejar el camino para que los genuinos representantes de ese Pueblo lograran las respuestas que demandaban. Así lo hicimos y creemos no habernos equivocado en la convicción". Cuando el pueblo se alzó y salió a la calle, la secretaria general, María Eugenia Figueroa, consideró que eran "lúmpenes" al margen de toda "organización" y renegó de los mismos. Luego se alegrará cuando "los genuinos representantes" los políticos y empresarios del pueblo, maniobrando a los fogoneros, logran imponer en una asamblea trucha y dividida, un "acta" que levanta la lucha sin obtener soluciones, pero sí muchas promesas mentirosas.


 


Sobre la directiva de Aten Provincial queda el estigma de haber sido los que dieron la espalda a la lucha de Cutral Co; los que no se animaron a enfrentar al gobierno a pesar de que las masas cerraban filas para ello; los que cobardemente entregaron el movimiento de lucha de los docentes para pasar a… "exigir a la Legislatura Provincial… respuesta al reclamo salarial de todos los trabajadores estatales para evitar que se generen nuevos conflictos", lo cual significará nuevas capitulaciones y derrotas.


 


II. Aten Capital: "No se podía ganar"


 


La directiva de Aten Capital, la seccional que tiene el 50% de los docentes de la provincia, subió a la conducción con la Lista Rosa (frente entre el Partido Bolchevique, Mst y otros), enfrentada a la directiva provincial de la CTA. La minoría fue ganada por la Blanca, ligada al socialcristiano Salaburu.


 


Aten Capital batalló enérgicamente para que se levantara la huelga, cuando ésta entró en su fase crítica provocando rupturas incluso en el seno de la Rosa y de la Blanca.


 


La correlación de fuerzas y las luchas económicas


 


Los ideologizados dirigentes de Aten Capital tienen una concepción justificatoria que vuelcan en un folleto de balance (2): "Partimos de una caracterización de las relaciones de fuerza y del momento histórico que atraviesa la clase obrera… vemos que el movimiento obrero atraviesa por una etapa de resistencia a la pérdida de conquistas históricas. Tanto en los Estados Obreros (sic, ya no son tales, son burgueses) como en los países capitalistas los trabajadores son dirigidos por políticas conciliadoras y burocráticas… La resistencia a este avance del capitalismo ha tomado la forma de luchas aisladas (que culminan generalmente en grandes derrotas u obtienen escasos resultados). Las direcciones que llevan adelante estas políticas buscan conciliar y no coordinan las luchas".


 


De esto deducen que las luchas no se pueden ganar… Existe ya un determinismo que lleva a la derrota a todas las luchas de las masas. La directiva de Aten Capital dirigida por Liliana Obregón y Susana De Luca insiste en su balance en que "la discusión aquí no es la justeza de los reclamos, o por la decisión de luchar o no; es esencialmente en torno a la evaluación que se hacen de los conflictos, las posibilidades de sostenerlos, el no buscar medidas desesperadas y minoritarias ante el aislamiento…" (cursivas nuestras).


 


Para Obregón y De Luca la huelga docente "fue en todo momento una lucha económica, y en defensa de la escuela pública". Consideran que la "evaluación de la correlación de fuerzas" que tenía el activismo era incorrecta, porque "desmerecen la fuerza del poder político policial, manifestando una impaciencia ajena a los trabajadores que día a día, construyen en la lucha su dirigencia y organización".


 


¿Lucha económica? Se entiende por lucha económica la que libran los trabajadores de una empresa o rama de la producción contra sus patronales.


 


Pero, ¿se puede considerar como una "lucha económica" cuando el patrón es el Estado provincial y se va a la huelga para reclamar la devolución de un descuento salarial del 20% establecido por decreto? ¿O cuando se sale a enfrentar medidas que son consecuencia de la aplicación de la reforma (anti)educativa menemista?


 


El descuento salarial fue realizado por Sapag en el 96, y las directivas provincial y capital de Aten llevaron adelante un plan de lucha de paros parciales y aislados que la agrupación Tribuna Docente-Lista Marrón, caracterizó como un "plan de lucha en cuotas", lo cual permitió que el descuento se consumara.


 


Al iniciarse el ciclo lectivo, y ante el nuevo ataque sapagista que dejó cesanteados a 1.000 compañeros, una revuelta en la base obligó a Liliana Obregón (Aten Capital) a manifestar en asamblea su "autocrítica" por la conducta seguida el año anterior. En las grandes seccionales (Capital, etc.) las asambleas votaron la huelga general. Pero la directiva provincial, partidaria de una medida más realista (paro de 48 o 72 horas) tuvo que sacar un inédito paro… por 15 días, para no aprobar la huelga por tiempo indeterminado. Dejaba así planteada la posibilidad de levantar la lucha el 24 de marzo.


 


La huelga docente surge cuando el pueblo ya tiene realizada una experiencia con el ajuste menemista. Esto se manifestó en que día a día crecía el apoyo popular, en multitudinarias marchas, en la constitución de Coordinadoras de Padres, en la movilización de los estudiantes secundarios, en los paros solidarios de gremios zonales e incluso en los paros nacionales de Ctera y de la CTA. Y en el aislamiento de Sapag. Se estaba en inmejorables condiciones para enfrentar al gobierno, luchando por las reivindicaciones concretas de los trabajadores. Y para abrir un rumbo político de masas contra el régimen.


 


Para la directiva de Aten Capital, en cambio, "las luchas, en este sistema, comienzan con reivindicaciones económicas y ante la falta de respuestas, terminan por desnudar la función de los poderes y las leyes demostrando que no responden a los intereses de la clase trabajadora". Se dice esto para contraponerlo a "los compañeros (que) consideraron al conflicto docente y a la lucha de Cutral Co como una lucha insurreccional, donde estaban dadas las condiciones para voltear al gobierno". Desde ya que esto es una infamia contra todos los trabajadores que luchaban por obtener el triunfo de sus reivindicaciones, contra un gobierno antiobrero. Y es un intento de justificación de la dirección burocrática. Para la Obregón, De Luca y Cía., en "este sistema" democrático el objetivo de las luchas económicas (que no se pueden ganar por la correlación de fuerzas) es el de "desnudar la función de los poderes".


 


Sobre el aislamiento


 


Cuando la Obregón y la De Luca hablan "del aislamiento y de la falta de masividad en las medidas", mienten. Por el contrario, cuando los docentes ocuparon los puentes que unen a Neuquén con Río Negro, cortando el tráfico entre ambas provincias, miles y miles marcharon en solidaridad. Vinieron delegaciones de docentes y trabajadores del interior para luchar por la permanencia en los puentes hasta que el gobierno cediera a los reclamos de los huelguistas. Los gendarmes de Menem y Sapag pudieron "desalojar" los puentes porque hubo un operativo político tendiente a garantizar que dicha operación fuera "pacífica". Para ello bajaron el obispo y los legisladores opositores, quienes se empeñaron en convencer que había que desocupar.


 


La directiva de Aten Capital acompañó este operativo desmovilizador y lo justificó señalando la necesidad de aceptar "como aliados temporales aun a sectores de la burguesía, como algunos diputados y organizaciones religiosas". En realidad éstos venían a romper la lucha y desmovilizar a los trabajadores. Para eso prometieron que desde la Legislatura (y una vez que finalizara la huelga) se iba a votar la devolución del descuento del 20%.


 


Con esta concepción es que la directiva de Aten Capital reconoce que "esta conducción vio como absolutamente necesario buscar posibles salidas para un conflicto que a pesar de su masividad no conseguía obtener respuestas". Su estrategia fue… levantar la lucha lo antes posible.


 


Anticlasismo


 


Se insiste en que la huelga docente estaba aislada justo en el momento en que estalla la pueblada de Cutral Co y que toda la provincia y el país se conmueven. La directiva de Aten Capital dice: "No desconocemos que la pueblada en Cutral Co y Plaza Huincul surge en apoyo al paro docente pero inmediatamente aparece el verdadero trasfondo que es la marginalidad y la miseria a la que los ha llevado este sistema" (cursivas nuestras).


 


A la directiva de Aten le surge su enano anticlasista. La pueblada no habría roto el pretendido aislamiento de la huelga docente porque su verdadero trasfondo "es la marginalidad y la miseria". ¡Se trataría de un movimiento de desclasados!


 


Esta concepción anticlasista se reitera cuando dice que no se podía resistir en los puentes "porque este tipo de medidas… no son propias del sector docente".


 


La Obregón y Cia. denuncian cualquier intento de profundizar y extender las medidas de lucha como "acciones desesperadas".


 


Antidemocráticos


 


"En esta huelga, un sector de compañeros de la Lista Marrón, Tribuna Docente, Docentes en Marcha, Alternativa Docente, un sector importante de Marcha Blanca y algunos compañeros de base, acusaron a esta directiva y a los docentes que levantaron la huelga, de traicionar a Cutral Co y aun, de ser los responsables de la muerte de Teresa Rodríguez. No olvidemos que la represión se dio en Cutral Co mientras Aten estaba en plan de lucha y después de levantado el paro no hubo represión; en consecuencia, estamos ante una hipótesis que no pudo demostrarse", se justifican De Luca y Obregón.


 


Estos dirigentes se jactan de que "hasta el final del conflicto se respetaron las instancias de participación". Sin embargo, no pueden dejar de reconocer que para levantar el paro, después de 37 días, la directiva de Aten Capital tuvo que convocar a… ¡tres asambleas!


 


Derrotada el lunes por la tarde por casi 800 a 300 votos, convocó a una nueva asamblea de urgencia para el martes, donde logró una mayoría por terminar con el paro general. La posición de la dirección de Aten Capital era levantar a cualquier costo y de cualquier manera combatiendo toda muestra de solidaridad con las barricadas de Cutral Co, entregando el programa de lucha de los docentes, etc. La directiva no llamó a las Asambleas para consultar, sino para levantar la lucha, y se empeño a fondo! Organizó a los sectores carneros, especialmente a los docentes de institutos privados, puso micros, los movilizó, para volcarlos a una Asamblea que levantara el paro. ¡Esto está reñido con los más elementales principios del sindicalismo! Porque a los carneros aquellos que ya habían levantado el paro al margen de la decisión de la Asamblea no se los puede convocar para votar el futuro del paro. Se los enfrenta con piquetes para que primero adhieran y luego, cuando estén en las filas de los huelguistas, se pueda discutir de común acuerdo los pasos a seguir. Los carneros no pueden mientras sigan siendo carneros participar en las asambleas de los huelguistas. Y la directiva de Aten Capital se empeñó en movilizar a los carneros para quebrar la huelga. Constituyó un bloque rompehuelga.


 


El balance es claro: Menem y Sapag sabían que a pesar de la combatividad de los docentes y del pueblo neuquino, las direcciones de Aten (provincial y capital) estaban decididas a bloquear una lucha consecuente. La lucha de las masas (lanzamiento de la huelga, levantamiento de los puentes, firma del acta frente al cutralcazo, etc.) hacía girar a estas direcciones hacia el compromiso con el gobierno. No a empeñarse en organizar el empuje de lucha de las masas hacia el triunfo de las reivindicaciones que consideraban imposible de conseguir, dada la "correlación de fuerzas". En estas condiciones, el gobierno trabajaba por quebrar la huelga apelando a las vacilaciones y finalmente la entrega de estas direcciones.


 


III. La izquierda frente a la huelga y frente a su dirección


 


Casi todas las corrientes y partidos de izquierda (Pc, Pcr-Ptp, Mst, Pts, Partido Bolchevique) adoptaron una actitud justificatoria o de apoyo a las direcciones de Aten, especialmente de Aten Capital, a la que saludaban como a una dirección combativa y clasista.


 


El llamado Partido Bolchevique, en su Tribuna Clasista (3), define a la directiva de Aten Capital como un modelo de clasismo. "La dirección del sindicato docente de la Capital de Neuquén… está compuesta por luchadoras reconocidas en la base del gremio, por su actitud combativa y de clase: reivindican la huelga, la movilización, los piquetes, como la forma natural de lucha de los trabajadores". Esto es dicho después de que esta dirección había repudiado la movilización de los desocupados de octubre del 95 y había hecho causa común con el gobierno y la jauría burguesa. Los bolcheviques de Tribuna Clasista dicen reconocer que han "tenido diferencias con esta dirección respecto a la actitud adoptada cuando los desocupados fueron reprimidos y encarcelados algunos de sus dirigentes en octubre del 95" (aunque en su momento las minimizaron)… "Pero estas diferencias no nos ciegan, como para no reconocer una dirección que hoy plantea una defensa consecuente de la educación pública". Así autodenunciaban su impostura los bolche-clasistas. Pero si la dirección era consecuente, su posición contra los desocupados y a favor de la represión policial en el 95, apenas fue un mal paso táctico. Por eso, ahora aseguraban que estaban frente a una dirección que tenía una "orientación y disposición" (de) "enfrentar con métodos de clase la ofensiva del gobierno provincial". Sin embargo, los bolche-clasistas justifican que la directiva de Aten haya levantado el corte de puente realizado con tanta disposición de lucha. Coincidiendo con De Luca y Obregón, afirman que "en un gremio mayoritariamente de mujeres, es obvio que una represión semejante sea díficil de enfrentar". Aunque reconocen que "disposición de parte de los trabajadores de base no faltó ya que espontáneamente, taxistas, colectiveros y otros compañeros se sumaron a la cabeza de los piquetes"; lo que habría fallado es "la ausencia en esos piquetes de trabajadores organizados por los distintos gremios". Otro habría sido el cantar, dicen sin vacilar, si la "lucha de los docentes hubiera estado acompañada por piquetes de compañeros de la construcción, de metalúrgicos, petroleros, etc. Es responsabilidad de la burocracia de la CGT, y su actitud traidora, que hayan triunfado los gendarmes", afirman.


 


Pero quince días después, en su nuevo boletincito (4), denuncian "que la burocracia de Aten, incluida su ala izquierdista de Capital, pretendían hacer pasar este acuerdo (el acta rechazada en los puentes) como una base para levantar la huelga". Los bolche-clasistas reconocen después de la capitulación de sus apadrinados que estos mismos manifestaban que las bases los estaban "sobrepasando". Para terminar repudiándolos por haber firmado el Acta en Casa de Gobierno, mientras los fogoneros cortaban las rutas en Cutral Co.


 


En otro boletincito posterior (5), los travestis-bolche-clasistas terminan puteando a "la izquierdista, Liliana Obregón, secretaria general de Aten Capital y líder de la lista Rosa apoyada por toda la izquierda a nivel nacional". Dan una voltereta en el aire, sin vergüenza alguna.


 


El PO y Tribuna Docente pidieron a fines del 95, en un plenario nacional de la Lista Rosa de Ctera, la expulsión de Liliana Obregón y de los miembros de la directiva de Aten Capital, por haber repudiado la lucha de los desocupados. Como los allí presentes entre quienes se encontraban los bolche-clasistas se negaron, PO y Tribuna se retiraron de la Rosa nacional. No se podía compartir una agrupación común con traidores a las luchas. ¡Esto fue 18 meses antes que se consumara esta nueva traición! Por eso el PO y Tribuna Docente de Neuquén pudieron convertirse en el eje de la resistencia a la traición.


 


Las reubicaciones oportunistas del Mst


 


El Mst formó parte de la directiva de Aten Capital. Esto es importante tenerlo en cuenta, porque la directiva de Aten Capital fue reelegida en noviembre del 95. El PO y Tribuna Docente llamaron en un plenario nacional de la Lista Rosa de Ctera a expulsar a las De Luca y Obregón por el rol antiobrero que jugaron en oportunidad de la represión a los desocupados de Neuquén. Como esto fue rechazado, por el Mst en primer lugar, Tribuna Docente se retiró de la Rosa Nacional, porque consideraba una cuestión de principios la no convivencia con esquiroles.


 


Cuando se realizaron las elecciones para Aten, en noviembre del 95, Tribuna Docente llamó a organizar una lista alternativa al sector repodrido de la directiva Rosa. El Mst se negó abiertamente, prefiriendo mantenerse con estos elementos en la Rosa. Tribuna Docente, con compañeros de diversos sectores, presentó la Lista Marrón, que sacó el 10% de los votos, mientras que la Rosa que ganó caía de más del 50% en la elección anterior, al 35%.


 


El Mst tuvo más que nadie una posición conservadora. En 1996, cuando se desarrolló el plan de lucha "en cuotas", fue partidario de levantarlo cuanto antes y/o de hacer las cuotas a más largo plazo. Al iniciarse la huelga, su posición aplastada en las asambleas era de que no había condiciones para una lucha de este tipo, mocionando por paros de 48 ó 72 horas en lugar de la huelga general.


 


Durante todo el conflicto, sus posiciones eran similares a las de Obregón o De Luca. Su periódico (6) señalaba, ufano, que estábamos ante "una nueva dirección… a la que hay que seguir apoyando" y con la que "se puede enfrentar a la burocracia sindical y construir la dirección necesaria para el triunfo de los trabajadores".


 


Dos días después, la directiva de Aten Capital, junto a Aten provincial, firmaban el acta capituladora.


 


En su número siguiente (7), diez días después de la capitulación, el Mst no critica el Acta capituladora. Por el contrario, reivindica sus términos: "Podemos decir que el resultado es favorable para el gremio", declaró Gustavo Moyano, secretario gremial de Aten Capital y dirigente del Mst neuquino. Para el Mst fue un triunfo, "empañado" porque no se consultó a la base y porque se le restó apoyo a Cutral Co. "Se podrían haber logrado más cosas, como la cuestión de los descuentos salariales o el cobro de la totalidad de los días caídos, pero lo obtenido es importante".


 


Para el Mst: "El balance tenemos que hacerlo ubicando los aspectos negativos y las debilidades, sin perder de vista los logros y avances. Algunas agrupaciones de izquierda cometen el error de ver sólo sus aspectos negativos y las debilidades, dejando olvidados los logros".


 


El Mst, que apoyó toda la política de Obregón y De Luca y que cree que el acta firmada está bien, se irá, sin embargo, reubicando. Primero, pedirá en un balance público, que a la directiva se "incorporen trece nuevos compañeros" del cuerpo de delegados. Luego, en un nuevo balance, planteará que las reivindicaciones pendientes el 20% de descuento salarial "ahora (lo) debemos reclamar por la vía judicial" (días más tarde, el gremio vuelve a salir a paros y movilizaciones, es decir a la lucha gremial, en reclamo de la restitución de sus salarios).


 


Cuarenta días más tarde, termina renunciando a la directiva "porque la mayoría de esta conducción traicionó". Desprestigiados, hacen mutis por el foro, entregando los puestos de dirección al ala derechista de Aten.


 


Pero al igual que en el gremio docente, también consideran un triunfo el levantamiento de los cortes de ruta en Cutral Co. El Mst considera un triunfo, particularmente, el "acta firmada". Pero el acta y el levantamiento del corte de rutas fue considerado por los fogoneros como una "traición" y "entregada" de su lucha. La Asamblea que levantó el corte de ruta tuvo sus singularidades (minoritaria, corte de luz, etc.) y fue maniobrada para conseguir este objetivo. Esto el Mst no lo puede desconocer, cuando señala (8) que "la decisión de levantar fue mayoritaria", sin explicar cuál fue la minoritaria.


 


Como lo denunció Prensa Obrera en ese momento, el Acta sólo daba algunos paliativos y promesas "de inversiones" que como era de esperar no se cumplieron.


 


Sin programa, el Mst se evidenció como una hoja que se inclina hacia donde sopla el viento, actuando a la retaguardia de las tendencias de lucha de las masas, adaptándose a los sectores burocráticos y entregadores de las luchas.


 


Comentarios oportunistas y anti-izquierdistas del PC


 


El PC no lo niega no tuvo ningún tipo de intervención en la gran huelga docente, ni en los cutralcazos.


 


Sin embargo, en su periódico (9) dos días antes de la capitulación de las directivas de Aten señala como "valiosa enseñanza" la "construcción de la unidad en la lucha en el propio seno de Aten, entre las distintas agrupaciones que la componen, particularmente entre las listas Rosa, Celeste-Azul y Blanca". Se olvida de la Marrón y de otros sectores críticos. Luego se encargará de señalar como gran protagonista a la "izquierda independiente de vertiente marxista, cristiana y nacional-popular, (que) junto a la izquierda orgánica de menor expresión en el conflicto está en condiciones de construir la herramienta política necesaria". Como expresión de ello, les dedicará dos páginas a referentes "cristianos" y "nacional-populares". Sólo 48 horas más tarde, uno de ellos, Jorge Salaburu, dirigente de la Lista Blanca, firmará el acta de la entrega, se desmayará en la asamblea donde es repudiado y su agrupación terminará dividida por la sana reacción de un sector de su base que no acompaña la traición.


 


Los comentarios del PC se encargarán de ensalzar al obispo y a "algunos diputados de la oposición" por su "presencia" en las jornadas de ocupación del puente, sin denunciar que fueron a plantear el desalojo de los mismos.


 


En su periódico (10), luego de la traición de "la Rosa, Celeste-Azul y Blanca" al firmar el acta, sólo dirán que hizo falta la "muerte absurda" (!?) de Teresa Rodríguez, para que "Sapag (anunciara) el diálogo con el gremio de los docentes neuquinos, Aten, y un posible acuerdo basado en la marcha atrás del ajuste".


 


Los comentarios de Propuesta son contradictorios con la firma del PC, junto al PO y a otras organizaciones de izquierda, en el Llamamiento (con fecha 17/4) a realizar un acto unitario el 1º de Mayo, donde explícitamente se dice: "Nos dirigimos al pueblo combativo de Cutral Co-Plaza Huincul y a los dirigentes y luchadores de Aten que dieron la pelea por mantener unidos a los docentes en lucha con los fogoneros de Cutral Co enfrentando a los sectores burocráticos de Aten provincial y capital…".


 


Son comentarios proburocráticos, avalando a la curia seudo progresista y defendiendo el diálogo (acta) de Sapag con Aten. Comentarios que están colocados en la perspectiva de conformar una "herramienta política" de izquierda nacional y popular.


 


Ptp: buscando la burguesia anti modelo


 


Al igual que el PC, el Ptp no tuvo prácticamente intervención en los conflictos neuquinos. Primero en su periódico (11) considera que "el gobierno provincial debió retroceder en casi todas las medidas de ajuste que pretendía imponerle a los docentes". Justifica así el acta firmada por Aten con Sapag el 12 de abril. Aunque considera que la dirección de Aten "apostaba a la negociación, temerosa de la caldera de combatividad que crecía por abajo", la "huelga logró triunfar gracias a que Cutral Co repitió la pueblada". En lugar de ver que las direcciones centroizquierdistas de Aten provincial y la seudoizquierdista de Aten Capital capitulaban, temerosas ante el agravamiento de la lucha de clases, considera que es el gobierno el que retrocede.


 


Posteriormente, el Ptp-Pcr en su revista (12) planteará que en "la firma del Acta-Acuerdo del 12 de abril… se puede afirmar que los puntos logrados son insuficientes", aunque "se estaba en un punto crítico, porque no se podía seguir sosteniendo el paro…".


 


El Ptp-Pcr considera que "la unidad de los distintos sectores populares y la lucha por mantenerla y fortalecerla fue uno de los factores principales en las puebladas".


 


Para el Ptp-Pcr esto pasa por incorporar sectores de la burguesía nacional. Así, "en la segunda pueblada (de Cutral Co) se constituyó una Comisión… (que) por un lado amplió en cierta medida la base social e incorporó distintos grupos sociales y políticos, pero el problema es, como siempre, quién hegemoniza". Pero, ¿cómo mantener la "unidad de los distintos sectores populares" y luchar por la "hegemonía" para los explotados? La burguesía se aleja rápidamente de las luchas de masas cuando no las puede controlar. En los grandes combates de masas en Neuquén como en toda lucha social profunda se puede percibir una tendencia a la escisión de la sociedad respecto a los poderes vigentes. El problema consiste en ver si la clase obrera (incluyendo a los desocupados) puede convertirse en caudillo de la gran masa explotada, para que esta lucha sea consecuente. Y para ello debe imponer su programa. Pero si "hegemonizan" los trabajadores con su programa, los capitalistas se alejan. Entonces el Ptp-Pcr considerara al movimiento de lucha como sectario.


 


Esta corriente siempre busca como aliados de la lucha de las masas a sectores de la burguesía nacional (aunque les cueste encontrarla). Por eso embellecen cualquier expresión de ésta. Así, por ejemplo, hicieron con Menem en 1987/91, y así caracterizaron que Sapag "llegó al gobierno expresando a un sector de terratenientes y burguesía regional que criticaba ante las masas el modelo neoliberal, pero desde que asumió la gobernación cedió ante la política de ajuste y entrega del gobierno nacional y desde adentro de estas políticas trata de sacar su tajada" (13).


 


Por eso, señala que "es preciso advertir que la situación es sumamente compleja porque el sapagismo aún tiene influencias en amplias masas populares" y alerta "en la medida en que no se ubica claramente como blanco principal de la lucha al gobierno menemista".


 


IV. Mas: del desengaño al paralelismo


 


El Mas es una de las corrientes que caracterizó la firma del Acta del 12 de abril como una traición a la huelga de los docentes y a la pueblada de Cutral Co.


 


Pero esta traición, lo vimos, no cayó del cielo. Estuvo preparada por toda una conducta anterior, que el Mas no quiso enfrentar.


 


Cuando el 2 de octubre del 95 la directiva de Aten Capital salió a repudiar a los desocupados en lucha, haciendo causa común con la represión y el Estado, el Mas consideró esta posición política como un "error". Por eso, cuando el PO, Tribuna Docente y una serie de sectores combativos, rompiendo con la directiva Rosa, presentó la Lista Marrón, el Mas se negó a integrarla. Prefirió apoyar críticamente a la Rosa desde afuera. En realidad, seguía con sus ilusiones en la directiva rosa hegemonizada por las clasistas De Luca y Obregón.


 


Así, en los inicios de la huelga, lanzaba desde su periódico (14) llamamientos "a la Directiva de ATEN Capital (Lista Rosa y Blanca) a tomar esta propuesta (combativa) y juntos exigirla e imponerla a la directiva provincial". Y en un folleto de balance, "Enseñanzas de la heroica lucha del Neuquén" (15), reconocerá que "esta directiva no sólo no hizo honor a su prestigio, sino que defraudó a gran parte de los trabajadores y el activismo que en su momento la había apoyado".


 


Pero, ¿qué "enseñanza" saca el Mas de esta heroica lucha? Que es necesario "dotarnos de nuevas organizaciones que nos permitan obtener nuestros reclamos". Es decir, el paralelismo sindical. Para el Mas, un aspecto central "es ganar a la vanguardia y a la base para una pelea consciente por superar las trabas impuestas por los estatutos gremiales y los cuerpos orgánicos de los sindicatos". Porque "terminan siendo los secretarios generales quienes tienen la última palabra, apoyándose en los cuerpos orgánicos y en los estatutos gremiales que les otorgan poderes absolutos, y que están amparados por los Ministerios de Trabajo y las leyes patronales". Colocan la lucha política desarrollada en torno a la gran huelga docente en … el plano de una reforma estatutaria.


 


¿Qué garantiza que "estatutos nuevos" u "organizaciones nuevas" impidan la traición de direcciones capituladoras? ¿Es un problema de fondo (programa) o de forma (organizativo-estatutario)? Lo que garantiza que no se va a traicionar es un programa basado en una concepción de lucha contra el Estado burgués y de independencia clasista.


 


Ya el Mas tiene sobre sus espaldas la creación del sindicato paralelo en el gremio de la construcción de Neuquén, con el que llevó años atrás al aislamiento y la posterior disgregación a un importante sector de la vanguardia obrera.


 


El Mas considera que hasta que no se encare "una reorganización global del movimiento de los trabajadores" y hasta que no se saquen las "valiosísimas experiencias" de estas luchas (cambio de estatutos, etc.), "las futuras luchas que inevitablemente transitaremos, serán nuevamente traicionadas por alguna de las diferentes variantes burocráticas existentes". Hace mucho que los revolucionarios señalaron que la acción de las masas es más fuerte que los aparatos… si está orientada revolucionariamente.


 


Pts: sin táctica


 


El Pts también considera que el levantamiento de la huelga docente neuquina es una traición. Lo plantea porque dejó aislada a la pueblada de Cutral Co ("firmaba el acta de traición a espaldas de la base, aceptando algunas reivindicaciones parciales para que quedara aislada Cutral Co" (16). No toca el contenido concreto del Acta que la dirección de Aten firmó con Sapag, que entrega el reclamo salarial.


 


Critica a la dirección de Aten por no haber mantenido el paro en forma solidaria con la pueblada de Cutral Co, porque "podrían haber conseguido tirar al gobierno" (pág. 25). Concede a la dirección burocrática que "parte de las demandas docentes" habían "sido satisfechas momentáneamente". No denuncia que la firma del Acta es una traición también a los reclamos de la huelga (pago de los días de huelga, recuperación del descuento salarial del 20%, etc.) y que la irrupción de Cutral Co le daba más fuerza para obtener la capitulación del gobierno y la conquista del conjunto de los reclamos de la huelga.


 


Espontaneísmo


 


El Pts se propone ayudar a "superar el espontaneísmo" de las masas. Y para ello, propone "saber retroceder y esperar, desarrollar una organización independiente y lo más amplia posible y levantar un programa para la unidad con el resto de los sectores explotados todavía más atrasados". Esta idea estratégica "saber retroceder y esperar" es muy común en el Pts. Así, por ejemplo, considera que las movilizaciones de los desocupados de Senillosa y de tantos pueblos, que recorrieron durante 1995 el Neuquén, no fueron puebladas sino "motines". "El motín de los desocupados del 29 de agosto del 95 que toma de rehén al intendente para cobrar un subsidio de 200 pesos, a pesar del triunfo momentáneo de los subsidios conseguidos, queda aislado del conjunto de los trabajadores y en esto estará su debilidad" (17). Aunque triunfó y abrió un rumbo a la lucha de los desocupados, para no quedar "aislados", los estrategas del Pts sugieren que la Coordinadora tenía que haberse quedado en el molde buscando el apoyo de las estructuras sindicales burocráticas. Para justificar su estrategia, el Pts se hace eco de la acusación del gobierno del MPN de que el 2 de octubre del 95, 1000 desocupados con sus mujeres e hijos intentaron tomar la casa de gobierno. "Una dirección obrera revolucionaria… se hubiera puesto a la cabeza del movimiento para detener la toma de la Casa de Gobierno, no cediendo ante la justa desesperación de muchos trabajadores desocupados, y así evitar las peores consecuencias" (18), plantea. Pero la acusación del MPN fue una provocación para justificar la represión y persecución del movimiento de los desocupados. Los estrategas critican a los militantes del PO y de otros partidos que participaron de dicha movilización, por "putchistas", y sugieren que "en lugar de salir a una acción descolgada había que luchar por una política de unidad con los estatales que en Río Negro estaban protagonizando heroicas jornadas de lucha en Viedma". Caprichoso… ¡y dependiente de la burocracia de la CTA rionegrina!


 


Para el Pts, hay que frenar el desarrollo de las luchas de las masas y en el laboratorio construir la "estrategia revolucionaria". ¡Una tontería! Sólo el desarrollo de la Coordinadora de Desocupados, la constitución de una dirección clasista de los fogoneros en la Asamblea Popular de Cutral Co, pueden garantizar la profundización de los procesos y la victoria para el movimiento de lucha de las masas, abriendo así el camino para el crecimiento de la organización y la conciencia revolucionaria de la clase obrera. En ese proceso, los problemas tácticos y de programa son fundamentales.


 


El Pts los desprecia. El 1º de Mayo, desde la tribuna de la Plaza de Mayo, su dirigente sostenía que "Lo que vimos en la Asamblea Popular fue que ¡La organización independiente de los trabajadores es un camino mucho más efectivo que cien campañas electorales para conquistar la independencia de clase!" (19). Como si la mayoría de los fogoneros no hubieran terminado votando tras los partidos patronales sin que el Pts diera una respuesta. Y como si en el proceso electoral, el PO no estuviera llevando adelante un trabajo de reagrupamiento de la vanguardia obrera y de los desocupados, para que los trabajadores no voten a los candidatos y partidos patronales y sí lo hagan por sus expresiones de clase.


 


La importancia del programa mínimo


 


El Pts desprecia y rechaza la consigna que se ha hecho popular en el movimiento de desocupados de Neuquén y que se está extendiendo nacionalmente de seguro al desocupado de 500 pesos, sin discriminaciones ni contraprestación laboral, para todo mayor de 16 años.


 


El Pts reclama, en cambio, "Trabajo para todos". "No queremos limosnas ni subsidios, sino trabajo para todos" (20). El "Programa de Transición" plantea "el reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial", para que todo el movimiento obrero salga de la marginalidad de la desocupación lo que implica objetivamente un cambio de régimen político (control obrero, planificación estatal, etc.). Pero Trotsky, en dicho Programa, recuerda que "La Cuarta Internacional no deja de lado el programa de las viejas reivindicaciones mínimas en la medida que hayan conservado al menos parte de su fuerza vital". ¡Y qué duda cabe que el reclamo de un subsidio al parado tiene en Neuquén y en todo el país una "fuerza vital"!


 


No sólo se ha planteado en todas las puebladas, sino que el mismo gobierno se ha visto obligado a levantarla, en forma bastardeada, alrededor de los planes Trabajar, etc.


 


Pero en diferentes luchas, los desocupados han comenzado a reclamar que el subsidio sea sin discriminaciones, abarcando a jóvenes y mujeres y no sólo a "jefes de familia". Que sea elevado a 450 o 500 pesos. Que tenga beneficios sociales (aguinaldo, vacaciones, obra social, etc.). Partiendo de estos reclamos es que se puede organizar a los desocupados y encadenar provincial y nacionalmente su movilización, facilitando la irrupción de las consignas de transición y un nivel de luchas superior. Por eso, la gran consigna del movimiento de los desocupados de Neuquén era "Trabajo para todos o subsidio al desocupado de 500 pesos".


 


El fetichismo organizativo


 


Al igual que el MAS, el Pts considera obsoletos y superados "a los viejos e impotentes sindicatos" y plantea su reemplazo por "nuevas organizaciones superiores a las existentes". La huelga general de 37 días de los docentes neuquinos demuestra, sin embargo, la vitalidad de las organizaciones sindicales. Y el copamiento de la Asamblea Popular de Cutral Co por los políticos y elementos de la pequeño-burguesía (y de la burguesía), la debilidad de las "nuevas organizaciones".


 


La radicalización y el desarrollo de la lucha de las masas planteará, en forma nítida, la creación de organismos representativos de las masas en lucha, que superen la división profesional de los sindicatos y que incorporen a la combativa masa de los desocupados. Pero nada puede reemplazar la necesidad de contar con un programa y una política revolucionarias. La huelga docente no sucumbió por la mala estructura sindical, sino por la capitulación de su dirección. Y la Asamblea Popular de Cutral Co se hundió por la falta de orientación política independiente de los fogoneros.


 


El papel de la táctica


 


La estrategia correcta no existe sin una táctica adecuada, que permita una intervención en la guerra de clases. Y el Pts no tiene ningún tipo de táctica que facilite el agrupamiento clasista y revolucionario de los trabajadores. Impugna la lucha de los desocupados. Critica la traición de las directivas de Aten, coincidiendo con que éstas han "satisfecho momentáneamente" parte de las "demandas docentes". Se abstiene de intervenir en la lucha político-electoral, tanto en Cutral Co como a nivel nacional, haciendo el panegírico verborrágico de las puebladas.


 


Sin táctica revolucionaria, es decir, sin intervención concreta en la lucha de clases, no puede haber estrategia revolucionaria, sino puro charlatanerismo. El Pts hace un culto al charlatanerismo cuando acusa al PO y otras organizaciones de que "nunca quieren ser sectarios, nunca quieren quedar aislados y solos" (Cuadernos, pág 25.). No hay peor sectario que el que se regodea en serlo.


 


Caso único de oportunismo: la LSR


 


La llamada Liga Socialista Revolucionaria es un caso único de oportunismo.


 


Toda la izquierda, de una u otra forma, se pronunció contra la traición de las directivas de Aten. Esto se manifestó en la declaración del 1º de Mayo, reproducida más arriba.


 


Pero para los dirigentes de la LSR (Guidobono y Astarita) que ahora se acaban de dividir no es así, "aunque dicen no conocemos en detalle el proceso de Neuquén, porque carecemos de trabajo en la provincia y no tenemos, por lo tanto, ninguna posición tomada respecto de las cuestiones tácticas que haya enfrentado el conflicto". Ya hace mucho, Lenin calificó como tontos y necios a quienes se pronuncian sobre una polémica que no conocen. Esto es lo que hace la LSR, que rápidamente ofreció una tribuna en su actito divisionista del organizado por la casi totalidad de la izquierda en Plaza de Mayo en oportunidad del 1º de Mayo, para "que tengan un lugar relevante en el mismo los compañeros de Aten Capital que ocuparon un lugar tan destacado en la lucha más importante de los trabajadores de este país" (21). Con lo cual, aunque "no conocen", toman parte en favor de la directiva traidora. En su lugar, intervinieron en dicho acto unos socios de Obregón y De Luca (la agrupación Construyendo, de la Capital), quienes reivindican la política de ésta que habría llevado al "triunfo" a la huelga docente.


 


La LSR tiene el mérito de ser la única corriente de la izquierda que reivindica la traición y la disfraza de estrategia digna de una "dirección luchadora, consecuente y revolucionaria". Eso sí, aunque como organización no tengan "posición acabada".


 


La mediocridad, el oportunismo, el sectarismo, la superficialidad, caracterizan a la izquierda argentina. Las grandes luchas de Neuquén lo ponen en evidencia. Esta es la causa por la que la izquierda se opuso a la constitución de un frente político de la izquierda y el movimiento obrero combativo, que permitiera abrir un cauce a los sectores combativos del movimiento obrero (acto del 1º de Mayo) y dar batalla a la burguesía en el plano político y electoral.


 


La vanguardia que surge en las luchas como los cutralcazos y la huelga de los 37 días no tiene, en esta izquierda, el canal que le permita madurar y crecer políticamente. Por el contrario, tendrá que sortear este pantano charlatanesco y oportunista.


 


Las grandes luchas neuquinas sirven para evidenciar este papel anti-revolucionario de la izquierda argentina.


 


El PO, por el contrario, se esfuerza por dotar de una política, un programa y una táctica a la vanguardia obrera y juvenil.


 


El PO y Tribuna Docente han sido los ejes de la constitución del frente "desde el puente", que ha logrado unificar en las recientes elecciones para consejo escolar a una parte importante del activismo que se opuso al levantamiento de la huelga. La izquierdista Rosa de Obregón y De Luca terminaron haciendo frente común con la centroizquierdista Azul-Celeste. Los panoramas se van clarificando. La culminación de la huelga docente llevó a la ruptura de la Rosa y de la Blanca y a que estos sectores realizaran un acuerdo con la Marrón, que está poniendo en pie una alternativa clasista.


 


En Cutral Co también, el PO ha presentado una lista contra las candidaturas patronales, que ha permitido reagrupar a una parte de la vanguardia de los fogoneros.


 


La lucha político-programática es fundamental, en esta etapa, para iluminar a la vanguardia de luchadores que se irá incorporando en el proceso político nacional.


 


 


Notas:


 


1. Todas las citas son del folleto ATENción, abril de 1997.


2. Aten Capital, mayo de 1997.


3. Tribuna Clasista, 26 de marzo de 1997.


4. Idem, 13 de abril de 1997.


5. Idem, 20 de abril de 1997.


6. Alternativa Socialista, 10 de abril de 1997.


7. Idem, 23 de abril de 1997.


8. Alternativa, 23 de abril de 1997.


9. Propuesta, 10 de abril de 1997.


10. Idem.


11. Hoy, 16 de abril de 1997.


12. Política y Teoría, agosto-octubre de 1997.


13. Hoy, 16 de abril de 1997


14. Solidaridad, 20 de marzo de 1997.


15. Cuadernos de Solidaridad Socialista.


16. "La Asamblea Popular y los fogoneros muestran el camino de la lucha por el poder obrero", en Cuadernos de la Verdad Obrera, 29 de abril de 1997.


17. "Lecciones del movimiento de desocupados de Neuquén", en Lucha de clases, pág. 114, invierno de 1997.


18. Idem, pág. 119


19. periódico La Verdad Obrera, 8 de mayo de 1997


20. Lucha de Clases.


21. Todas las citas son del periódico Bandera Roja, 11 de mayo de 1997.


 

La voluntad quebrada


La aparición de "La Voluntad", un libro que anuncia en su tapa "Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina 1966-1973", ha concitado el interés de muchos lectores, hasta convertirse en un éxito editorial. La promesa de sus autores -Anguita y Caparrós- en el subtítulo, sin duda, podía suscitar la curiosidad de muchos jóvenes, y aun de quienes vivimos como jóvenes aquellos años, con la expectativa de encontrar una "verdadera historia" que permitiera sacar un balance político, advertir errores, reconocer las diferentes situaciones entre aquel pasado y el presente, de modo de poder trazar una nueva perspectiva política.


 


Sin embargo, nada de esto queda satisfecho con la lectura de las 700 páginas que contiene la obra. Se puede afirmar que el libro de Anguita y Caparrós está más cerca de la novela histórica que de la historia, porque aunque contenga datos históricos y aun alguna investigación, el acento está puesto en la estructuración del relato, la buena pluma y en testimonios de protagonistas de aquellos años. Por el contrario, no han hecho uso de la ventaja que otorga poder mirar acontecimientos del pasado desde el presente, como cotejar los documentos de las organizaciones que protagonizaron los sucesos de mayor significación política simultáneamente, advertir los programas y propósitos políticos de cada uno y, entonces, colocar los testimonios de los protagonistas en su verdadera dimensión. Esto sí sería hacer historia; aunque los autores podrán esgrimir el argumento de que ellos han presentado sólo "una", lo que desde luego es otra concesión a la concepción posmoderna, negadora de la posibilidad del pensamiento científico.


 


La presentación a-valorativa de sucesos y testimonios es a todas luces el falso lugar de la "objetividad", que consiste en ocultar desde qué posición política presente se mira el pasado. En este punto, Anguita y Caparrós, más allá de los esfuerzos realizados en la recreación de época, están en deuda con los lectores, y desde ya podemos adelantar que el tomo II prometido, que contendrá del 73 al 78, como continuación del editado, adolecerá de los mismos defectos.


 


Lo que define el carácter del libro es la posición actual de los autores, claramente expresada por Caparrós en un reportaje otorgado a la revista "Brecha" (1), en la que, frente a la pregunta sobre la nostalgia que trasunta el libro, dice: "Creo que es la nostalgia de la pasión, de la pasión pública" y continúa, "Sí, una pasión que se añora. Pasado aquel tiempo, pasados los años, yo empecé a tener, y tengo hoy, una vida que me gusta, pero el estado de pasión en que vivimos en esos años no se repite. Hablábamos nada menos que de cambiar el mundo". La posición actual de los autores puede ser escribir libros, sobre cuando querían cambiar el mundo, con lo que según sus propias manifestaciones no la pasan tan mal, pero no logran encontrar en sí mismos, la motivación revolucionaria de su juventud en el presente.


 


La ideología dominante en el libro es, sin embargo, la misma que los autores tenían cuando militaban, pero desde la nostalgia, la derrota y la poltrona del intelectual escéptico, que se refugia en el individualismo ecléctico. Para Caparrós, la principal enseñanza que le dejó su experiencia militante de los setenta, fue la comprensión del "peligro de los valores absolutos" (2), porque "la existencia de valores absolutos crea una estructura que no puede sino fracasar" (ídem), de modo que no se obtiene el resultado final prometido "ya sea el paraíso o el camino al socialismo" (ídem), sino que "cualquier movimiento que funcione sobre este sistema de verdades absolutas está condenado a reproducir aquel mecanismo de poder contra el cual supuestamente se ha luchado" (ídem). Es decir que, según Caparrós, la lucha de su juventud apuntaba inconcientemente a la reproducción de la dictadura del capital, sea bajo la forma militar o democrática. No se entiende, entonces, su nostalgia y su pasión, aunque sí por qué perdió esta última y ahora, que el sistema que quería reproducir se ha salvado, tiene una vida que le gusta.


 


Si los militares demonizaron a los militantes revolucionarios y Sábato y Alfonsín lo reafirmaron con la teoría de los dos demonios, Caparrós inaugura otra teoría de la "maldición", según la cual toda organización que luche por el socialismo se transforma en su contrario. La mirada de Caparrós sobre el pasado está tan turbada, que no ha advertido la cantidad de triunfos que pueden encontrarse en la historia de la clase obrera contra la explotación capitalista, basados en su organización detrás de "verdades (que él llama) absolutas".


 


Los principales protagonistas de "La Voluntad" son los militantes de las organizaciones foquistas, a las que los autores estuvieron ligados: el ERP, los Montoneros, las FAR, las FAP, cuyo papel en la vida política de entonces no es debidamente caracterizado, y sólo se introduce una crítica a su concepción que pone en boca del Partido Comunista. Pero cualquier lector avisado podrá comprender que se trata de desacreditar la crítica utilizando una fuente tan desnaturalizada.


 


Por aquellos años, si se hubieran tomado la molestia de indagar la documentación, habrían encontrado textos con críticas al accionar foquista que no partían del pacifismo cómplice de los stalinistas, sino de un punto de vista de clase, como el siguiente, producido frente a la muerte del general Sánchez y el secuestro de Sallustro: "De cualquier manera, pocas veces un episodio terrorista tuvo características más sobresalientes de provocación. En realidad, la liquidación de Sánchez fue el elemento decisivo de reagrupamiento que utilizó Lanusse ante los golpes que le propinara el Mendozazo. La represión instrumentada por el atentado logró detener la agitación que empujaba hacia un paro nacional activo en solidaridad con todo Cuyo. La misma burocracia sindical se vio favorecida por el hecho, ya que le permitió controlar las enormes presiones provenientes incluso de regionales burocráticas, para que cesara la tregua fijada con el acuerdo de Perón" (3).


 


Las provocaciones de las organizaciones foquistas eran el complemento de su seguidismo a la política de Perón y de la burguesía en general, estructurada en el Gran Acuerdo Nacional. Esta política no era patrimonio exclusivo de las organizaciones de adscripción peronista; el ERPcon el fin de no colisionar con la burocracia sindical del peronismo combativo se negó sistemáticamente a la constitución de una corriente clasista a nivel nacional y a dar batalla contra el desvío electoral organizado por Lanusse y Perón, promoviendo candidaturas obreras. Esta política fue un factor de bloqueo a la evolución de la conciencia de clase de los trabajadores peronistas.


 


Los autores, al no adscribir a esta visión crítica de la política de aquellas organizaciones, caen en las lamentables expresiones de Caparrós sobre el peronismo en el reportaje dado a Brecha: "Lo que pasa es que el peronismo real no existe. El peronismo es una máquina infernal y maravillosa que consigue reproducirse a sí misma infinitamente". Esta manifestación de impotencia política es el producto de no haber buscado en la historia las claves de su derrota, lo cual la transforma en infinita.


 


Un capítulo, sin duda, decisivo del libro, es el que se refiere al Cordobazo y, una vez más, la selección de los testimonios no es la adecuada y no permite ver con claridad la naturaleza de un acontecimiento, sin duda, de gran relevancia histórica. Los acontecimientos contados desde un dirigente de Luz y Fuerza y un estudiante del ERP, están por lo menos fragmentados, cuando los grandes protagonistas de aquella jornada fueron los obreros mecánicos y metalúrgicos, y el peso organizativo recayó, fundamentalmente, en el cuerpo de delegados del SMATA, donde se estaba desarrollando el proceso político más rico del proletariado argentino, que culminaría con el triunfo de la lista Marrón integrada por sectores independientes, de la Intersindical (4), del peronismo de izquierda, de la 1º de Mayo (5) y de Vanguardia Obrera Mecánica (6) contra la burocracia de Elpidio Torres, el 29 de abril de 1972.


 


Si los autores habrían tomado los documentos de las agrupaciones que militaban en el gremio mecánico, hubieran podido advertir qué se discutía en la vanguardia obrera de esa época, como por ejemplo lo reflejaba Política Obrera del 3 de mayo de 1972, con motivo del balance de las elecciones entre los mecánicos: "En su primera etapa el Movimiento de Recuperación Sindical (MRS), embrión de la Lista Marrón, fue del dominio de la ultraizquierda; se reflejaba en ello la influencia fundamental de la directiva del Sitrac-Sitram.


 


"Dos hechos lograron dividir a la ultraizquierda y aislar a sus sectores más ultras: el balance de la derrota del Sitrac-Sitram y de la huelga municipal (aquí los ultras hicieron bloque con la burocracia), y la discusión sobre la lucha electoral en el SMATA. La defensa incondicional de los ultras a la pasividad del Sitrac-Sitram, en el momento de la disolución, y su negativa a la lucha electoral, a la que reputan de pacifista, separó por completo a la 1º de Mayo del bloque ultraizquierdista.


 


"La escisión de la ultraizquierda se operó al tiempo que el peronismo combativo y el MUCS (7) intentaban distintas variantes electorales, incluso con la burocracia, para evitar un compromiso con VOM y la 1º de Mayo. El peronismo combativo se rompió: un sector decidió ir al voto en blanco, en la línea de no quebrar la "unidad, solidaridad y organización" enfrentando a la burocracia. El fracaso de un frente con el oficialismo depurado de sus peores elementos obligó al MUCS y al restante sector peronista a considerar el frente con los sectores que se reclaman clasistas.


 


"Pero este proceso de realineamientos no fue mecánico, se produjo por medio de una importante polémica. La 1º de Mayo se negaba a considerar un frente que no repudiara a la Hora (8) y al ENA (9); los reformistas querían asegurar que la lista siguiera al bloque legalista (10)-Intersindical de la regional. Esta polémica estaba atenuada porque a pocos se les ocurrió que la lista podía triunfar.


 


"Vanguardia Obrera Mecánica intervino en la polémica rechazando el repudio a la Hora y al ENA porque ello hubiera imposibilitado un frente cuyo objetivo era derrotar a la burocracia y recuperar la democracia sindical como método para elaborar la definición política de la clase obrera. Al mismo tiempo pugnó por introducir en el programa planteos referidos a la independencia política del proletariado y por asegurar la preeminencia del bloque 1º de Mayo-Independientes-VOM, que se identificaba críticamente con la experiencia del Sitrac-Sitram, sobre el peronismo prolegalista y la Intersindical. Sobre la ultraizquierda y sobre el reformismo triunfó el frente único de combate.


 


"La hegemonía de los sectores que se reclaman clasistas es muy leve. Aún así, activistas de la 1º de Mayo afirman que aceptaron el frente por esta hegemonía. Se olvidan, sin embargo, que la hegemonía es de un frente que se reclama clasista, y no sólo de ellos. Cometen el error de creer que, a partir de ahora, no habrá que actuar con acuerdos con el reformismo, lo que, dentro de un correcto marco polémico, será inevitable. Omiten decir que la leve primacía clasista en la lista se obtuvo por medio de la polémica enmarcada en el frente único, y no por medio del ultimatismo sectario".


 


Estos son los debates ausentes en "La Voluntad": los que desarrollaban, en las luchas políticas, los protagonistas de mayor significación y en los que se encarnaban los programas políticos de los partidos: el peronismo, el PC, el maoísmo, el ERP, PO, etc.; cada uno procurando por diversas tácticas hacer progresar, en el seno de las masas, su pensamiento político.


 


La riqueza de estos debates como puede advertirse está íntimamente ligada a los desafíos políticos del presente para la militancia revolucionaria. Seguramente, a Anguita y Caparrós no se les escaparán las analogías posibles entre las luchas populares de entonces con el Santiagueñazo, el Cultralcazo, los cortes de ruta y otras luchas de nuestros días, y la necesidad de dar respuestas políticas a las masas, que luchan contra la política fondomonetarista de hambre y miseria, del gobierno peronista de Menem-Duhalde. Pero no pueden plantearse cuáles son esas respuestas porque tienen quebrada la voluntad; de lo contrario, comprenderían la necesidad de las masas de dotarse de una organización política propia, que rompa con los planteamientos políticos de la burguesía argentina y el imperialismo, es decir, acometer la tarea histórica de construir un partido obrero, el partido de la revolución proletaria, superando de este modo, la subordinación de los trabajadores a la burguesía a través del peronismo, y su destacamento en las filas obreras, la burocracia sindical, tanto oficialista de la CGT, como la opositora de la CTA y el MTA.


 


Un párrafo merece la crítica a "La Voluntad" realizada por Gustavo Coria, en la publicación Política y Teoría (11), que en lo fundamental trata de exaltar la conducta del PCR, que fue un entusiasta partidario del seguidismo a la política burguesa del peronismo, como los grupos foquistas que pretende criticar, con la salvedad que atesora en su historial la pesada carga de haber apoyado al gobierno de la Triple A, anticipo del terrorismo de Estado desatado posteriormente por la dictadura militar. El PCR, como Anguita y Caparrós, no aprendió nada de la historia, y por eso integró las listas del Frente Justicialista y llamó a votar a Menem (el gorila más proimperialista de los últimos años) y en el presente procura por todos los medios a su alcance que los trabajadores no tengan una política independiente, para que sigan encolumnados detrás del peronismo. Esta gente, después de exhibir este prontuario, pretende hacer teoría política planteando la necesidad de "… una política correcta de neutralización de la burguesía nacional" (ídem). Toda una impostura.


 


La reacción y la derecha podrán ver en las páginas de "La Voluntad" una afrenta, por el solo hecho de que los militantes del ERP, los montoneros, etc., aparecen con una dimensión humana, con una dignidad que aquellos no encontrarían en "sus guaridas asquerosas", pero también con sus pequeñas debilidades, sus miedos, es decir, con toda la complejidad que tienen las personas de carne y hueso. Esta virtud, sí, debemos reconocerle al libro, por lo que tiene de des-sacralizador; pero en homenaje a los militantes de entonces, que murieron en defensa de sus convicciones, los luchadores del presente tenemos la obligación de una visión crítica de la historia que protagonizaron.


 


 


Notas:


 


1. Brecha, 11/7/97.


2. Idem.


3. Política Obrera, 19/4/72.


4. Intersindical: agrupamiento sindical dirigido por Agustín Tosco.


5. Agrupación 1º de Mayo, respondía al PCR.


6. Vanguardia Obrera Mecánica, ligada a Política Obrera.


7. MUCS (Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical), respondía al PC.


8. La Hora del Pueblo: acuerdo político conformado por el peronismo, el radicalismo, la democracia cristiana, el Mid y otros partidos patronales, para impulsar la salida electoral.


9. Encuentro Nacional de los Argentinos: bloque conformado por el Partido Comunista con algunos pequeños partidos patronales, como el de Oscar Alende.


10. Legalismo: tendencia sindical que respondía a Atilio López, dirigente de la UTA y futuro vicegobernador de Córdoba en 1973. Fue asesinado por la Triple A.


11. Política y Teoría, Nº 36, 8/10/97.


 

Una política que no podía ser.


La "no presidencia" de Cámpora, que duró exactamente 49 días, es el eje sobre el cual Miguel Bonasso analiza al justicialismo en sus distintos gobiernos hasta el golpe militar de 1976.


 


Resulta llamativo que el período durante el que transcurre una experiencia fundamental de la clase obrera argentina y ha signado toda la historia política nacional sea abordada en un voluminoso libro novelado de 600 páginas, alrededor de un personaje absolutamente secundario.


 


No es un dato menor que el autor, enrolado en la izquierda peronista, y que fuera secretario de prensa durante la campaña electoral de Cámpora haya sido él, a su vez, el secretario de Prensa de la presidencia "que no fue…"


 


Con el gancho publicitario de "Los archivos ocultos del peronismo", sugiere revelaciones trascendentes hasta ahora desconocidas.


 


Sin embargo, el resultado de la lectura del libro es una enorme falta de consistencia y de caracterización de lo relatado.


 


Más que la revelación de lo oculto, el autor pretende ocultar lo evidente. La incapacidad política del protagonista y el carácter patronal, reaccionario y antiobrero del retorno de Perón al poder y al gobierno.


 


Recién en la página 591 Bonasso trata de sacar un balance del último Perón y dice: "una vez en el país y sometido al fuego cruzado de su propio Movimiento, el Mito tuvo que descender a la carnadura del hombre. En el peor momento del hombre: cuando la enfermedad y la vejez lo acosaban, hasta embotar el instinto político que había poseído en grado sumo el joven coronel de los años cuarenta. Porque el mismo líder que en el 45 incorporó a los obreros y las mujeres a la escena política, no supo (o no quiso) abrir un espacio para la juventud revolucionaria de los años setenta".


 


Esta conclusión, si así puede denominarse, está formulada después de señalar la entrega sin lucha del gobierno en el 45, el apoyo a Onganía, la masacre de Ezeiza, la defenestración de Cámpora y la creación de las 3A con la secuela de asesinatos de esa juventud revolucionaria que el viejo no habría sabido incorporar.


 


Todo el libro es un monumental escamoteo al servicio de defender la justeza invariable de lo realizado por el autor, a pesar de que la realidad testarudamente se encargue de desmentirlo.


 


Para intentar semejante despropósito, Bonasso relata cada acontecimiento simulando desconocer el siguiente y sobre todo sus resultados.


 


Cámpora


 


Cámpora, exaltado por Bonasso por su rectitud, su ética y al que llega a ver como una "ilusión intacta y una alternativa a impulsar en el momento oportuno" (pág. 591) para hacer posible la revolución, es en realidad un oscuro personaje, cuya condición más notable es la ausencia de cualquier condición política que no sea la obsecuencia. Para aventar cualquier sospecha en este juicio, tomemos las palabras del propio Bonasso para describir a Cámpora en la página 61, "era un típico peronista… de esos que llegaron a la política… sin saber por qué". " Si le decían obsecuente respondía que sí lo era de puro consecuente… Pero el calificativo que más defendía era el de incondicional, porque su lealtad a Perón no ponía condiciones y se confundía con su sentimiento religioso".


 


Esta descripción hecha para elogiarlo se refiere al período en que Cámpora era presidente de la Cámara de Diputados de la primera y segunda presidencias de Perón.


 


Recurriendo a los famosos archivos ocultos, Bonasso transcribe el siguiente texto para analizar la destitución de Cámpora al frente de la Cámara, en su propia versión: "Nunca supe por qué dejé de ser presidente de la Cámara. Había circulado el rumor de que el General quería que presidiera la Cámara una mujer…". Este individuo es a quien Bonasso y toda la juventud peronista creían capaz de encabezar la revolución social y llevar a la "Argentina Socialista".


 


Semejante maquillaje está dictado por el afán de hacer viable el proyecto de la izquierda peronista, y se sustentaba en la pretendida cercanía de Cámpora con la juventud y con posiciones radicalizadas.


 


La simpatía de Cámpora con la juventud coincide con el período en que Perón hablaba de la "juventud maravillosa", auspiciaba a Galimberti y alentaba a las "formaciones especiales", eufemismo detrás del cual funcionaban los grupos armados en torno al peronismo. En fin, Cámpora recitaba su parte de la demagogia radicalizada usada por Perón, para capitalizar el repudio popular a la dictadura y granjearse la confianza que le permitiera reestructurar el frente burgués, acosado por la acción de las masas, que dominaba la escena nacional desde el Cordobazo y había volteado a Onganía, Levingston y acorralaba a la dictadura de Lanusse.


 


Cámpora fue sólo un engranaje en el mecanismo del Gran Acuerdo Nacional montado por Lanusse, los militares y el imperialismo para contener el ascenso surgido desde el Cordobazo y canalizar el descontento popular a través de las elecciones.


 


Destituido por Perón de la presidencia de la Cámara en la primera presidencia, lo vuelve a encumbrar como delegado personal desde el exilio, luego de desplazar al anterior delegado (Paladino), quien había armado un juego propio con los militares.


 


La candidatura de Cámpora, dictada por Perón, tenía el reaseguro de que no sacaría los pies del plato y lo podría bajar en cualquier momento.


 


A pesar de esto, Bonasso, reverdeciendo ilusiones comunes a toda la izquierda peronista, se ilusiona con los alcances de un gobierno del Tío.


 


Este gobierno fue formado por Perón, quien colocó a su gente en los lugares de relevancia, empezando por López Rega y por Gelbard, representante de la Confederación General Económica. Paralelamente, les dio a Osinde y a Norma Kennedy la labor de constituir las bandas asesinas que debutarían en Ezeiza en la masacre contra la movilización de recibimiento a Perón. Esta masacre que preanuncia el contenido del futuro gobierno de Perón, es acotada por Bonasso a 13 muertos, cuando superó las 200 víctimas.


 


En un verdadero despropósito se exhibe, en el libro, una foto de Perón e Isabelita, Cámpora y señora sonriendo en el avión que luego fuera desviado a la base aérea de Morón, mientras la multitud movilizada era atacada a balazos desde el Puente 12.


 


Bonasso, sin embargo, insiste en llamarlo "gobierno del Pueblo", aun cuando estaba enteramente dominado por la burguesía, y en su corto mandato impuso la postergación de las paritarias por dos años, intervino las universidades ocupadas por los estudiantes y se entregó sin lucha a un golpe de estado que colocó a las Triple A en el poder.


 


La inexplicable defensa de Cámpora, con los hechos en la mano, sólo es entendible en la postración de la corriente pequeño-burguesa a la que pertenecía Bonasso ante alguna figura popular proveniente de la burguesía. De "Camporita" quisieron sacar rédito hasta su agonía, cuando lo imaginaban al frente del partido peronista auténtico.


 


El autor relata, sin embargo, que Cámpora se distanció de él para no quedar pegado a los montos a los que Bonasso pertenecía, como tuvo que confesarle al propio Cámpora.


 


Perón


 


El encubrimiento de Cámpora es esencial al encubrimiento del propio Perón. Perón es reivindicado cuando se enfrenta a Braden y disculpado cuando en 1947 firma el tratado de las Américas (TIAR, usado en el 82 contra la Argentina en Malvinas); bajo la titularidad del propio Braden!


 


Destaca a Perón cuando alienta a la juventud y las "formaciones especiales", adjudicándole un sentido progresivo y antiimperialista.


 


En cambio, duda que Perón auspiciara las Triple A, y adjudica las posiciones reaccionarias de éste a que estaba dominado por el brujo. El apoyo a la burocracia sindical se debería a la falta de información del viejo líder. Y así infinitamente.


 


Esta triquiñuela repite el discurso de la izquierda peronista, de que ella se proponía usar al viejo para imponer posiciones revolucionarias, en la remanida aspiración a ser considerados como la cuarta rama del movimiento, en competencia con la rama femenina y la rama sindical.


 


La dependencia de estas figuras llega hasta la propia Isabelita. Ante la muerte de Perón y el ascenso de Isabelita, Bonasso dice: "Montoneros comenzó apoyando la continuidad institucional y en Noticias nos esmeramos en buscar las mejores fotos de Isabel para que el apoyo fuera también estético y gráfico".


 


La izquierda peronista


 


El encubrimiento de Cámpora y Perón hacen al encubrimiento del propio Bonasso.


 


Defenestrado mientras esperaba que lo nombraran secretario de Prensa de la Presidencia del Gobierno de Cámpora, fue marginado sin explicaciones hasta que las recibió en el exilio: "El Tío me confesó la verdad dos años después de los hechos con un furcio insuperable: La caza del Brujo comenzó con usted, Miguel… Yo (como se lo habrá imaginado) pensaba llevarlo a usted a una importante función de gobierno. Pero cuando el Señor López Rega vio su nombre me dijo: No podemos poner los medios de comunicación en manos de un marxista. Y lo tachó de la lista".


 


Así, sintéticamente, quedan al desnudo los límites del horizonte político de quienes estaban a la cabeza de un movimiento, como la juventud peronista, con más de 100.000 afiliados: la espera del resultado de disputas de palacio para influir sobre el líder patronal de turno.


 


La crítica a los montoneros se resume nuevamente en la mencionada página 591, y es que "Perón tenía el suficiente talento (y aún le restaba una decisiva lucidez) como para haber intentado convencer a los dirigentes juveniles de que debían sofrenar su apresuramiento y aceptar un rol político (y no militar) en la nueva etapa que se iniciaba". Así, termina culpando a la juventud por no haberse sometido al rumbo reaccionario, antiobrero y antinacional que evidenciaba el gobierno popular, cuando la juventud peronista hizo lo imposible por hacerlo. Apoyó el Pacto Social, la suspensión de las paritarias, la intervención a las universidades, llegando a defenderla y fue empujada por la provocación de la derecha a la lucha armada.


 


La izquierda peronista trató de ocultar el carácter impopular, a la manera de la selección de fotos de Isabelita, para que los trabajadores no rompieran definitivamente con ese gobierno.


 


La flexibilidad que Bonasso le reclama a los izquierdistas se convirtió en doctrina, y los avivados han auspiciado a Luder (el del Operativo Independencia de eliminación de la guerrilla), Herminio Iglesias, Saadi, Cafiero y Menem, con el que muchos de ellos llegaron al poder.


 


Bonasso, que ahora apoya a la Alianza, preparará para el futuro un nuevo libro sobre los progres que no fueron.


 


El gran ausente de todas las combinaciones urdidas por estos líderes populares es "el Pueblo", en nombre de quien dicen operar. La elección de Cámpora como protagonista de este extenso y rico período histórico es una confesión del papel que los oprimidos juegan en su concepción política.


 


El mayor aporte del extenso trabajo de Bonasso es que ha dejado una muestra palmaria de que el justicialismo no tiene absolutamente nada que ver con una organización obrera.


 


La acción de los trabajadores es negociada y traficada en los pasillos. Los programas son armados por redactores para decir algo sobre lo que nunca harán sus personeros; en los puestos dirigentes se destacan los empresarios, los militares o los burócratas sindicales digitados en reuniones secretas. Las aspiraciones de las masas son burladas por los que dicen representarlas.


 


Los trabajadores, en su marcha al poder, tienen la oportunidad de hacer política e historia sobre otras bases. Es la experiencia de las asambleas, del Partido Obrero basado en la acción y la deliberación comunes de los protagonistas de las luchas, reflexionando sobre su propia experiencia.


 


El libro de Bonasso será un relato más de la prehistoria que debemos superar.


 

Disminuye la correntada de la hidrovía Paraguay-Paraná


Nos encontramos en el auditorio de la Universidad Tecnológica de Resistencia: el ingeniero Gualberto Venesia, vicegobernador de Santa Fe, se dirige al mapa de Sudamérica, toma el puntero con la decisión de un director de orquesta y comienza a trazar líneas, describiendo itinerarios y conexiones a lo largo de paralelos y meridianos. Su paroxismo planificador deja nombres de ríos: Paraguay, Paraná, Amazonas, Orinoco, Madeira, Tieté. El ingeniero Venesia está canalizando el mundo, pergeñando un gabinete del horror constructivo que enlaza el Río de la Plata con el Caribe, uniendo las aguas de los ríos sudamericanos y enlazándolas con corredores de autopistas y ferrocarriles. En alas de su fantasía, su codicia ingenieril mezcla Dulce con Salado (nuestros ríos norteños), viajando por cada línea azul que le ofrece el mapa. A Bolivia llega tanto por el Pilcomayo como por el Bermejo.


 


Con esta ponencia, el ingeniero Venesia, presidente del Comité Federal de la Hidrovía Paraguay-Paraná, cierra ante un pequeño grupo de funcionarios, escasos periodistas y algunos anhelados ecologistas, las Primeras Jornadas sobre políticas provinciales para la Hidrovía, que se reunió en Resistencia el 2 de abril de 1997. Lo acompañan los representantes de Buenos Aires, Entre Ríos, Formosa y Misiones, provincias que, junto a Corrientes, serán afectadas por las obras.


 


¿Qué es el proyecto Hidrovías Paraguay-Paraná (HPP)?


 


Esta obra comprende la construcción de una vía industrial navegable para embarcaciones de hasta 3,3 metros de calado, en un tramo fluvial de aproximadamente 3.400 km desde Puerto Cáceres, Brasil, hasta el Puerto de Nueva Palmira, en el Uruguay. Los gobiernos de la Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay se proponen hacer navegable este tramo durante las 24 horas del día los 365 días del año. La comunicación con Bolivia se establecerá a través del Canal Tamengo. El área de influencia de la HPP comprende una superficie de 720.000 km2, y una población de 40 millones de habitantes. Su financiación, que según el presidente argentino, Carlos Saúl Menem, ascenderá a 1.000 millones de pesos numerosos críticos del proyecto sostienen que excederá largamente dicha suma, será solventada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El proyecto será planificado e implementado por el Comité Intergubernamental de la Hidrovía Paraguay-Paraná (CIH), constituido en 1990 por los gobiernos de las cinco naciones mencionadas más arriba.


 


Los beneficios del proyecto, según el colorido prospecto que entrega el CIH a quienes encuentren el camino a una de sus dos únicas oficinas en el país (1), son:


 


1. Ahorrar costos de transporte mediante el uso de convoyes de barcazas de mayor tonelaje. Por ejemplo, los estudios de factibilidad económica estimaron que los costos de transporte para granos tal el caso de la soja, que en la actualidad ascienden a cerca de 0,0083 dólar por tonelada-kilómetro, se reducirán a 0,0059 dólar.


 


2. Mejorar las condiciones de seguridad en la navegación, reduciendo los riesgos de accidentes.


 


3. Reducir los tiempos de transporte.


 


Más abajo, el citado prospecto cita los principales productos y sus características: "en dirección Norte-Sur, son mercaderías a granel, tales como: algodón, pellets de soja, pulpa de papel, mineral de hierro, manganeso. En la dirección Sur-Norte, el principal producto es combustible".


 


El siguiente apartado del prospecto describe sucintamente el medio ambiente que atraviesa la Hidrovía, y el posterior habla de las condiciones humanas: "El CIH, conciente de la importancia de los aspectos sociales en todo emprendimiento de desarrollo, ha empeñado su voluntad política para garantizar un proceso de estudios transparente y participativo. Especial deferencia se ha tenido con organizaciones ambientalistas y representantes de pueblos indígenas que temen por efectos negativos a consecuencia de las obras en estudio. A los mismos se les ha garantizado el acceso a información, poniendo a su disposición los estudios de factibilidad y de impacto ambiental producidos por los consorcios consultores. Además, se ha programado una serie de reuniones públicas para presentar y discutir el avance de los estudios. De este modo, el proceso de estudios de la HPP se constituye en un ejemplo de un proceso de carácter participativo a escala regional".


 


Los lectores que descreen de aggiornamientos tan ambiciosos, se ven apoyados en su escepticismo por numerosas organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, como la Coalición Ríos Vivos, las agencias estadounidenses USAID e International Rivers Network y la danesa Booth Ends.


 


Ríos Vivos


 


Ríos Vivos es una coalición integrada por 300 organizaciones ambientalistas, sociales e indígenas de la Cuenca del Plata (2), que se opone a la construcción de la HPP basándose en el principio fundamental de que la Hidrovía existe desde los tiempos en que la fundación de las ciudades del Litoral se hacía a lo largo de la ribera de los grandes ríos, partiendo desde el Paraguay.


 


En su boletín de comunicación de agosto de 1996, Ríos Vivos advierte que el proyecto HPP amenaza toda la Cuenca del Plata, tanto por los impactos en su medio ambiente como en las culturas y formas de sustento de las poblaciones ribereñas, agregando que las poderosas fuerzas económicas que impulsan este proyecto saben que si hoy los ríos ayudan a los pequeños productores y pescadores, la construcción de este enorme emprendimiento pondrá la navegación al servicio de los grandes exportadores, propulsores del voraz monocultivo agroexportador, que significa desmontar selva, envenenar aguas, destruir culturas y correr gente para sembrar unos pocos o incluso un sólo producto de exportación.


 


Visita a un hijo del río


 


Saliendo de Resistencia, nos dirigimos hacia la desembocadura del riacho Antequera, en el Paraná. En el camino, atravesamos un humedal de increíble verdor, plagado de garzas, biguás y de numerosas otras especies de aves endémicas: un espectáculo de una hermosura incomparable.


 


Nos detenemos al borde del riacho y hablamos con uno de los pobladores, que viven entre otras actividades de la pesca. Al hablar sobre el futuro que les depara la HPP, Manuel nos habla de sus temores, fundados en un conocimiento del río trasmitido de generación en generación: "Para nosotros éste es el fin, ya que cuando pasen los trenes de barcazas cada 45 minutos, el ruido y la marejada sobre las orillas impedirá el deshove de los peces. Además, sabemos que el dragado de los bancos de arena es algo de nunca acabar, ya que lo que se draga de un lado, vuelve a sedimentarse en otra parte del río. Van a tener que seguir dragando interminablemente".


 


Impacto ambiental


 


Entre las obras de gran impacto que impugna Ríos Vivos, se encuentran:


 


1. Los cambios en el régimen hidrológico, debido a las transformaciones en el uso del suelo.


 


2. La erosión de los suelos a consecuencia de la alteración de los patrones de escurrimiento superficial de las aguas, impidiendo el drenaje y afectando las condiciones de salinidad.


 


3. La alteración de los márgenes y estructuras costeros.


 


4. La modificación del régimen de erosión y sedimentación, debido al aumento del oleaje generado por las embarcaciones.


 


5. La captación y acumulación de sedimentos contaminados.


 


6. El aumento de riesgos de derrames de las cañerías de las estructuras de almacenamiento de combustibles para embarcaciones.


 


7. Las alteraciones de la producción pesquera, por modificaciones en la velocidad de escurrimiento de las aguas y por el aumento de la actividad humana.


 


8. El deterioro de la calidad del agua.


 


9. La pérdida de humedales, que dejarán de cumplir su función reguladora de las crecientes (absorben y despiden agua a la manera de una esponja) provocando inundaciones en regiones situadas aguas abajo. Las consecuencias del desecamiento de los humedales serían: la pérdida de la biodiversidad local, regional y global, en especial de la diversidad de peces; la disminución de la productividad biológica, la pérdida de las bellezas naturales y los cambios en los modelos de la cadena alimenticia. Uno de estos biotopos expuestos al peligro de desertificación es el Pantanal, situado en Brasil, el humedal más extenso del mundo.


 


Gran parte de las críticas de Ríos Vivos son compartidas por el documento "Lista de próximos proyectos de la banca multilateral de desarrollo con posibles motivos de preocupación ambiental", de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), de marzo de 1996.


 


Entre las obras más criticadas por las organizaciones ambientalistas e indígenas se encuentran la rectificación de meandros de los ríos, para evitar el desarmado de trenes de barcazas; la profundización del lecho del río en varias partes; la remoción de afloramientos rocosos y el cierre de afluentes laterales para mantener el volumen de aguas en el cauce principal.


 


Entre las obras proyectadas que más críticas suscitan se encuentra la construcción de una represa en el Paraná Medio, que podría terminar en una catástrofe ecológica y social de dimensiones parecidas a las de Yacyretá u otras similares. Nuevamente, se confirmaría la hipocresía de la afirmación aprendemos de nuestros errores, tan cara a quienes construyen megaproyectos socializando los costes y privatizando los beneficios a favor de las grandes empresas que lucran con la exportación de productos de escaso valor agregado, como la soja, que termina como alimento animal en Europa y en los EE.UU. No en vano, Cargill, la mayor comercializadora de productos agrícolas del mundo compró recientemente el 51% de las acciones de la terminal de exportación de soja y puerto de barcas en Puerto Aguirre, Bolivia. A este país y a sus vecinos les quedarán la expansión de la frontera agricolo-ganadera a expensas de los bosques y las selvas subtropicales, y la contaminación de las tierras con plaguicidas y fertilizantes.


 


Las objeciones de los críticos a la HPP no se limitan a cuestiones ambientales, sino que también cuestionan el remanido argumento de la creación de puestos de trabajo.


 


El señor Carlos Leoni, de Ríos Vivos, señala que en las regiones vecinas a Salto Grande y a Yacyretá, la terminación de las obras hizo aumentar el desempleo, agregando con incontrastable lógica que la racionalización de los puertos y la nueva forma de navegación mediante trenes de barcazas en el río Paraná derivará en un desmontaje de puestos de trabajo en la flota fluvial. Todo esto sin contar la desaparición de formas de vida tradicional, como es el caso de los pescadores.


 


Por otra parte, Ríos Vivos critica duramente que la misma consultora que realiza las obras y acciones de corto plazo, destinadas al mejoramiento de la navegabilidad, mediante la restauración de canales en el tramo Santa Fe-Corumbá/Puerto Quijano y la señalización entre Nueva Palmira y Corumbá, sea la misma que evaluará el impacto ambiental: el consorcio formado por Hidroservice Engenharia Ltda. (Brasil), Louis Berger Engineering Ltd. (EE.UU.) y Estudios de Ingenieria Hidráulica (Argentina).


 


Crítica fundamental: la falta de información y de participación de los afectados


 


Pese a la declaración de buena voluntad de la CIH, fueron necesarias muchas presiones de parte de Ríos Vivos y organizaciones ambientalistas extranjeras para que los realizadores del proyecto cambiaran una política de información que se limitaba a convencer a la opinión pública de las bondades de la megaobra, ocultando las críticas.


 


De esta manera, el CIH organizó el Primer Taller Indígena, reunido en la ciudad de Corrientes el 3 de abril de 1997. Al finalizar este taller se creó el Grupo de Trabajo Indígena, formado por un representante indígena de cada uno de los cinco países miembros del CIH.


 


Este grupo solicitó al CIH la formación de un Grupo Asesor de Pueblos Indígenas, entre cuyas funciones estarán la facultad de pronunciarse, en base a información suficiente, sobre el programa HPP y sobre sus acciones y políticas; el monitoreo y control de prevención de impactos ambientales, socioeconómicos, culturales y espirituales de los pueblos de la región; el establecimiento de mecanismos de consulta e intercambio de información con los pueblos indígenas que puedan resultar afectados, y la formación de equipos técnicos referidos entre otros temas a legislación, fondos de desarrollo y territorios indígenas.


 


Entre los indígenas representados en el Taller se encontraban los kaiowa-guaraní, nación que está sufriendo una ola de suicidios motivados en el temor a perder su base de sustento, ya que su territorio está siendo ocupado y degradado por los grandes plantadores de soja.


 


De cualquier manera, a esta apertura informativa se opone la escasa difusión que se le da a todo aquello que pueda dar por tierra a la HPP.


 


Informe de hidrólogos


 


El 27 de diciembre de 1996 fue dado a conocer un estudio realizado por el doctor Stephen K. Hamilton, de la Kellog Biological Station de la Universidad de Michigan, que concluye que incluso una pequeña variación en el nivel del río Paraguay, causada por la profundización o ampliación del río, podría secar extensas áreas del Pantanal.


 


Por otro lado, un grupo de hidrólogos estadounidenses y argentinos, reunidos en Buenos Aires a comienzos de este año, cuestionó los estudios del consorcio de consultoras designadas por el CIH, sosteniendo que los análisis hidrológicos de Louis Berger Associates e Hidroservice son "simplistas, por decir lo mejor", agregando que "no pudieron representar las complejas interacciones entre aguas superficiales y aguas subterráneas, su variabilidad temporal y espacial y las interacciones entre los niveles del río, depósito de agua subterránea, extensión de las inundaciones en la planicie inundable y los efectos sobre la flora y la fauna, cuya riqueza caracteriza al Pantanal".


 


Sin embargo, la Secretaría Ejecutiva del CIH, tan preocupada por un proceso "transparente y participativo", se limitó a publicar este informe en Internet, en lugar de cumplir su obligación de hacerlo llegar a la mayor cantidad de gente posible (ver recuadro).


 


Conclusiones


 


Es evidente que las instituciones interesadas en la realización de la HPP han asimilado las críticas que se le formularon, adaptando su discurso a esta nueva dialéctica. Ahora ellos también hablan de hidrovía natural y de adaptar la navegación al río y no el río a la navegación. Este cambio también se refleja en la participación de las comunidades indígenas en el nuevo Grupo Asesor.


 


Sin embargo, esto no significa necesariamente que los impulsores de la HPP dejen de presentar a ésta como un hecho consumado, ni que no intenten utilizar a las comunidades indígenas como coartada (el divisionismo y la corrupción no son ni nuevos ni impracticables para quienes detentan el dinero y el poder).


 


Para un proyecto político en el que la globalización está regida por los principios del crecimiento constante, de la apropiación privada de los beneficios, de la socialización de los costes y de la ficción del comercio libre, es muy escaso el margen de maniobra que queda para experiencias de desarrollo comunitario y para un mejoramiento de la calidad de vida sustentado en decisiones realmente democráticas, que vayan más allá de la acumulación de bienes materiales.


 


Pero para evitar que se haga realidad la terrorífica imagen del ingeniero Venesia conduciendo barcazas cargadas de materias primas ante orillas plagadas de depauperizados, toda la sociedad deberá participar de las decisiones sobre la HPP.


 


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Entrevista al Secretario Ejecutivo del CIH, Sr. Jesús González, después del Primer Taller Indígena


 


P: Sr. González, ¿se envía información a cada una de las comunidades afectadas?


 


J.G.: No. Después de este Taller vamos a centralizar la información en la Comisión Asesora, para que los responsables la lleven a las comunidades. Para esto pedimos la constitución de este grupo en el seno de la CIH.


 


P: ¿Con qué presupuesto cuenta el CIH para la información?


 


J.G.: Nosotros tenemos bancos de datos. Se han realizado los primeros estudios, que darán lugar a otros estudios puntuales de las obras. Estos estudios están en manos del PNUD, del BID y de la Secretaría Ejecutiva en Buenos Aires.


 


También esperamos ayuda de otras organizaciones internacionales, como la Unión Europea, que en julio enviará una gran delegación a Buenos Aires.


 


P: En caso de que las comunidades de afectados se opongan a toda la obra o a obras puntuales, ¿se suspenderán éstas?


 


J.G.: Sí. Nosotros sostenemos que la obra ya está hecha por la naturaleza. Lo que estamos haciendo es armonizar las reglamentaciones de los diferentes países. Si de los estudios y de las objeciones surge que no se puede hacer la HPP, no se hará, debiendo en este caso adaptarse las flotas. Pero para eso necesitaremos ayuda, porque nuestros países no lo pueden financiar.


 


Notas:


 


1. Dirección de la Secretaría Ejecutiva de la CIH: Reconquista 385, 2º Piso, Capital Federal.


2. Dirección: Oficina de CTERA (que forma parte de Ríos vivos), Rivadavia 3623, Capital Federal.


 

El Che Guevara y los trotskystas cubanos


Con la llegada de sus restos a Cuba y su virtual canonización por los líderes cubanos, el Che Guevara es presentado como un implacable símbolo de la Revolución Cubana y un inflexible, disciplinado y auto-sacrificado luchador antiimperialista contra el imperialismo norteamericano, dispuesto a dejar su vida por la causa. No obstante, aunque el Che fue, sin duda, un intransigente luchador antiimperialista y un convencido defensor de la estrategia de la guerrilla, él también entró en La Habana a comienzos de enero de 1959 con el propósito de construir y consolidar un Estado Cubano socialista basado en el modelo stalinista de partido único.


 


En 1959, junto con Raúl Castro, el Che supervisó la formación de un nuevo aparato estatal, especialmente sus fuerzas armadas, y fue la figura central en llevar más y más miembros del partido comunista, el Partido Socialista Popular (PSP), al aparato estatal. Con un gran poder en manos del Ejército Rebelde, ellos empezaron la reeducación e integración de los restantes oficiales del Ejército, y la conformación de la G2, el nuevo servicio de seguridad del Estado. Paralelamente a la construcción de este nuevo aparato estatal, se impusieron una serie de reformas sociales, y el Che propugnó, desde un principio, un programa más radical que el impulsado inicialmente por el gobierno oficial. En el verano de 1960, la revolución estaba al borde de quebrar el original programa máximo nacional verde oliva originario de Fidel Castro. Fue en esta coyuntura que la combinación del trabajo preliminar llevado a cabo por el Che y sus seguidores, junto con la voluntad de la Unión Soviética de proveer la ayuda económica, diplomática y militar para llevar adelante la expropiación de las propiedades norteamericanas, hicieron que la transformación social radical que el Che había imaginado hacía un tiempo se convirtiera en una posibilidad real.


 


Sin embargo, aunque esta transformación implicó para América Latina sus más incisivos pasos contra el imperialismo, la actitud del Che hacia la democracia en la transición al socialismo fue esencialmente la de un stalinista. Sin ninguna duda, él creyó en algo más que en el garrote de la supervisión de la policía secreta con el tonto plebiscito, pero inicialmente su stalinismo lo condujo a creer que los intereses del Estado y los de la gente eran idénticos, y que la vanguardia, o sea la dirección, estaba preparada para interpretar esos intereses. Mientras apoyó la formación de las comisiones barriales y de los Comités para la Defensa de la Revolución, esos órganos no fueron vistos como pilares, para el establecimiento de consejos obreros y campesinos soberanos, como órganos del poder obrero y de control del aparato estatal. En lugar de eso, sirvieron como foros de diálogo y canales de comunicación de arriba hacia abajo entre una dirección organizada y una masa desorganizada y atomizada, que no tenía el derecho a formar grupos ni partidos para forjar un programa alternativo de crítica constructiva, que asegurara e hiciera avanzar la revolución social.


 


En línea con su creencia en un Estado de partido único stalinista, el Che apoyó inicialmente en forma acrítica la fusión de los cuadros y el aparato del viejo PSP y del Movimiento 26 de Julio en una nueva organización, las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en 1961, y apoyó los ataques y la represión de otros grupos y tendencias revolucionarias, incluyendo las que sufrió el trotskista Partido Obrero Revolucionario (POR), que criticaba al stalinismo desde la izquierda.


 


El trotskismo en Cuba tenía una larga tradición que se remontaba a inicios de la década del 30. La Oposición Comunista de Cuba se había formado en 1932, en oposición a la línea sectaria que tenía el Partido Comunista de Cuba (PCC), e influida por figuras como Sandalio Junco y Juan Brea, adhirió tempranamente a la trotskista Oposición de Izquierda Internacional. Con un récord de intensas luchas revolucionarias durante la Revolución del 30 y contando con alrededor de aproximadamente 500 miembros, el trostkismo echó sus raíces en el movimiento obrero cubano. Después del terror que siguió a la histórica derrota de la huelga de marzo de 1935, los trotkistas cubanos, aunque reducidos en número, continuaron luchando por el socialismo y abogando por la acción independiente de la clase obrera en contra de la alianza Batista-Comunista, que colocó a dos stalinistas en ministerios del gobierno de Batista de los ´40. Mientras los trotskistas cubanos dejaban de funcionar como un partido organizado nacionalmente a fines del 40, continuaron luchando, particularmente en Guantánamo, como individuos en el movimiento obrero, en fracciones sindicales y en la propia insurrección, que llevó a la refundación del POR en la ola revolucionaria de 1959.


 


Reclamando la libertad de expresión y acción para toda tendencia revolucionaria de la clase trabajadora que estuviera comprometida con la defensa incondicional del Estado obrero cubano en contra del imperialismo, los trotskystas cubanos defendían la idea de que esas tendencias serían capaces de ofrecer a las masas propuestas alternativas para la construcción de una nueva economía socialista, y que las masas debían tener el derecho de elegir sus representantes de y entre esas tendencias y posiciones revolucionarias. Ellos escribieron: "La formación de tendencias y su lucha dentro del Estado obrero y en sus organizaciones políticas y sindicales no son nada más que la expresión de la heterogeneidad de las clases trabajadoras y dentro de la misma clase obrera, de los distintos intereses y capas que se manifiestan en distintas soluciones y vías para resolver los problemas de la época de transición hacia el socialismo. Tratar de ahogar estas tendencias con el argumento dogmático y sectario de una supuesta unidad impuesta, del monolitismo absolutista de una línea oficial dictada desde arriba, sería querer dar marcha atrás a la rueda de la historia para volver a las condiciones que engendraron la etapa tenebrosa de las represiones stalinistas ya condenada y superada por el movimiento obrero comunista" (1).


 


Usando, sin embargo, el pretexto difamatorio de que los trotskistas estaban vinculados con los Mujalistas, sindicalistas oficialistas durante la dictadura de Batista en los años 50, y de que estaban actuando como provocadores agitando a favor de un asalto a la base naval norteamericana de Guantánamo, los miembros del POR fueron, con intervalos, arbitrariamente arrestados, removidos de sus lugares de trabajo y transferidos a otros centros más aislados, mientras su prensa y publicaciones fueron intermitentemente incautadas. La actitud inicial del Che fue en general, de apoyo a este tipo de medidas. Como él decía: "No se puede estar con la Revolución, y en contra del Partido Comunista Cubano. La Revolución y el Partido Comunista marchan juntos (2)".


 


Esta versión de los acontecimientos y la actitud del Che es, en general, bien conocida. Lo que se conoce menos son los contactos personales del Che con el trotskismo cubano y la evolución de su posición en relación a esas actividades, así como el desenvolvimiento de su propio pensamiento político.


 


En los años inmediatamente posteriores a la crisis de los misiles, de octubre de 1962, la desilusión del Che con el socialismo realmente existente en la Unión Soviética se hizo cada vez más evidente. El había hecho comentarios favorables sobre la revolución china y denunció airadamente como una traición la retirada del Kremlin de la base de misiles en Cuba. Mientras Fidel salía en defensa de la Unión Soviética en la ruptura chino-soviética, alabando la política de coexistencia pacífica, el Che fijó su perspectiva de guerra de guerrillas para enfrentar al imperialismo en América Latina. Jon Lee Anderson sostiene que: "Para el Che, el término coexistencia pacífica era odioso, mero apaciguamiento hacia el sistema imperialista vestido en lenguaje diplomático." Por el momento se mantuvo callado, pero era indudable que su camino y el de Fidel habían comenzado a divergir. "El objetivo de Fidel era consolidar el bienestar de la economía cubana y su propia supervivencia política, y por eso estaba dispuesto a comprometerse. La misión del Che era extender la revolución socialista" (3).


 


En contradicción con la política de coexistencia pacífica, el Che no escatimó llamados en favor de la lucha armada para enfrentar al imperialismo. Así, mientras sostenía el rol de vanguardia y de liderazgo de la organización guerrillera, y rechazaba la estrategia de la lucha consciente de las masas por y a través de los objetivos democráticos y antiimperialistas hacia las tareas socialistas, creando en esta lucha los órganos de una nueva y superior forma de democracia, desafiaba sin duda la vía establecida por el stalinismo post-1935: la estrategia de la coexistencia pacífica. En 1964, alrededor de esto, así como de otras cuestiones económicas, el Che sufrió ataques cada vez mayores dentro del régimen cubano, que reflejaban la Kremlinización de la ideología y la estructura del aparato burocrático en Cuba. Al volver de un viaje a Moscú en 1964, no concurrió al Congreso de los Partidos Comunistas de América Latina que tenía lugar en La Habana, eligiendo hablar en otra parte. Las diferencias entre el enfoque más aventurero del Che, y el más burocrático y rutinario de la dirección castrista fueron tales que, hacia fines de 1964-comienzos de 1965, el Che había resuelto dejar Cuba para intentar encender otra revolución antiimperialista, primero en Africa y luego fatalmente en Bolivia.


 


Durante este período, en el que el Che se distanciaba cada vez más de la estrategia del Kremlin y sus seguidores en la dirección cubana, la represión sufrida por los trotskistas cubanos continuó hasta hacerse total. Los militantes del POR fueron calumniados, censurados, separados de sus lugares de trabajo y, finalmente, arrestados y enviados a prisión. Los arrestos arbitrarios de personas comenzaron el 18 de agosto de 1962, con la detención de Idalberto y Juan León Ferrera Ramírez, cuando repartían un volante en el Congreso de las Cooperativas de caña de azúcar. Más tarde, ese mismo mes, la policía prohibió un mitin en Guantánamo, para conmemorar el 22º aniversario del asesinato de León Trotsky. Esto fue rápidamente seguido por el arresto del Secretario General del POR, Idalberto Ferrera Acosta, y el de José Lungarzo, un enviado de la sección argentina de la Cuarta Internacional posadista. Aunque fueron liberados a las 48 horas, el acoso continuó, y antes de fin de año fueron nuevamente arrestados José Lungarzo y miembros de Guantánamo. En marzo de 1963, los trotskistas soportaron una nueva serie de arrestos, que fueron denunciados como una forma de terrorismo burocrático. En agosto de 1963 el POR explicó, en una carta dirigida a estudiantes norteamericanos que se encontraban de visita, que el Che Guevara para justificar la represión contra los trotskistas, había tenido que repetir algunas de las viejas invenciones stalinistas acerca de su rol como provocadores y agentes del imperialismo. Ellos escribieron: "El compañero Guevara conoce suficientemente bien nuestra posición como para saber que la vieja calumnia stalinista sobre el ataque a la base de Guantánamo es nada más que eso: una calumnia. Lo que los trotskistas hemos propuesto y defendemos es la agitación y la lucha en todo el mundo por la expulsión del imperialismo de todas las bases militares y navales, incluida la de Guantánamo. El momento y las vías para realizarlo no pueden decidirse independientemente de las tareas y ritmos centrales de la revolución" (4).


 


Las suspensiones en sus trabajos y los arrestos y amenazas continuaron durante 1964, culminando a comienzos de 1965 con el procesamiento de un grupo de militantes del POR de Guantánamo, argumentando que el POR estaba orientado por el imperialismo yanqui y que publicaban falsificaciones y difamaciones en su prensa. No obstante, fue durante este período que la actitud del Che hacia ellos sufrió algunos cambios.


 


Fue en muchos casos la intervención personal del Che la que logró la inmediata libertad de varios camaradas. El, por ejemplo, visitó a Roberto Tejera en la prisión de La Cabaña luego de que fuera sentenciado a varios años de prisión, le preguntó qué era lo que había hecho y lo liberó al día siguiente. Del mismo modo, fue su intervención la que logró la liberación de Armando Machado, un viejo trotskista de los años 30, en cuya casa se habían realizado reuniones del POR, y fue el Che quien intervino para salvar a Angel Fanjul, un enviado argentino de la Cuarta Internacional posadista, de una sentencia a muerte.


 


Además, el Che recibía una copia del periódico Voz Proletaria cada vez que éste era publicado, y en su oficina del Ministerio de Industria, Roberto Acosta Echavarría, miembro del Buró Político del POR, tenía el cargo de Director de Normas y Metrología. Dada su posición como colega del Che, Roberto Acosta nunca apareció públicamente como miembro del POR, y aunque el Che conocía sus ideas, mantuvieron un acuerdo tácito de no discutirlas. Sólo en unas pocas ocasiones, desde fines de 1964 y antes del arresto de Acosta, el Che lo llamó para pedirle que le confirmara que era un trotskista. Durante esta conversación hablaron durante varias horas sobre la ley del valor, un tema que preocupaba mucho al Che en ese momento, así como sobre otras cuestiones del marxismo. Cuando Acosta fue arrestado, el Che le dijo que entre los papeles que los servicios de seguridad le habían embargado había una copia de la carta que Acosta había enviado a la Cuarta Internacional posadista que, de acuerdo al Che, reproducía exactamente su conversación previa sobre la ley del valor y otros temas. Cuando el Che le preguntó qué pensaba hacer, Acosta le dijo que no podía renunciar a la actividad trotskista. El Che le dijo entonces que si pensaban que tenían razón, debían continuar la lucha hasta lograr aquello por lo que peleaban. Como le dijo el Che: "Acosta, las ideas no se matan a palos". Antes de irse a Africa, el Che le dijo que sería liberado a la brevedad. Finalmente el Che se despidió de Acosta en su oficina del Ministerio de Industrias, a la que Acosta concurrió acompañado por dos funcionarios del G-2, con un abrazo y las palabras: "Nos veremos en las próximas trincheras".


 


Como quiera que sea, fue con la partida del Che de Cuba, en 1965, que los stalinistas tomaron ventaja para, finalmente, poner un alto a las actividades públicas de los trotskistas cubanos. Con el Che fuera de Cuba, los stalinistas que dominaban el aparato de seguridad, le plantearon a Acosta y a otros prisioneros trotskistas que podrían ser liberados si acordaban dejar de funcionar como partido y renunciar a publicar manifiestos y su periódico. Conociendo que su libertad había dependido del Che, que acababa de partir y que Fidel Castro era hostil a ellos, los trotskistas aceptaron una reunión con los servicios de seguridad en Guantánamo, en la cual Idalberto Ferrera Ramírez habló por el POR aceptando formalmente la necesidad de unidad. Acordando renunciar a su propaganda y actividades como partido, todos los militantes del POR fueron liberados, salvo dos.


 


Si bien la actitud del Che Guevara hacia los trotskistas cubanos no lo convierte de ninguna manera en trotskista, es un ejemplo de cómo su concepción de la democracia proletaria sufrió algunos cambios a través del tiempo. A medida que la naturaleza conservadora y las necesidades del modelo cubano de socialismo paternalista burocrático chocaban con su llamado a una lucha intransigente contra el imperialismo, su genuina honestidad intelectual lo fue llevando a expresar sus desacuerdos estratégicos. Aunque su propia estrategia de guerra de guerrillas estaba definitivamente condenada al fracaso, porque basaba la lucha en la clase errónea, si él hubiera sobrevivido a su derrota en Bolivia, su misma curiosidad intelectual podría haberlo llevado a reflexionar con más profundidad sobre los desencantos y fracasos de su guerrillerismo, y sobre la necesidad de las propias masas de crear, durante la lucha consciente por las tareas democráticas y antiimperialistas, los órganos propios de una nueva democracia antes de pasar a los objetivos socialistas.


 


En Cuba, por supuesto, no hay ningún intento de hacer un balance de los desacuerdos del Che con Fidel Castro y el stalinismo soviético. En cambio, su imagen como revolucionario autosacrificado es canonizada, mientras los fanáticos de la unidad buscan íconos del pasado y gritan más fuerte que nunca por una ficticia unidad nacional frente a las crecientes desigualdades económicas y discordias de las que ellos mismos son parte respónsable. Sin duda, el Che fue un luchador revolucionario antiimperialista y no un burócrata, pero si aceptamos que la lucha por librar al mundo de los regímenes de explotación y de opresión, así como también del sistema imperialista en que se apoyan, entonces el estudio de su fracasada estrategia guerrillerista junto con su actitud hacia la democracia de la clase obrera y los derechos de las tendencias revolucionarias dentro de Cuba, incluyendo las trotskistas, es de gran importancia.


 


Notas:


 


1. Voz Proletaria, La Habana, número 11, primera quincena de octubre de 1962, pág. 3.


2. Cita de El Militante, New York, 9 de abril de 1962, pág. 3.


3. Jon Lee Anderson, Che Guevæara, a Revolutionary Life, London, Bantam Press, 1997, p. 587.


4. Voz Proletaria, La Habana, Nº 32, primera quincena de agosto de 1963, pág. 6.


 

El Che Guevara en Bolivia y en Cuba


(*)Memorias de un soldado cubano, Vida y muerte de la Revolución por Benigno (Dariel Alarcón Ramírez), Tusquets, 1997.


Pombo, Un hombre de la guerrilla del Che por Harry Villegas (Pombo), Colihue, 1996.


 


Los libros que comentamos fueron escritos por dos de los sobrevivientes cubanos de la guerrilla boliviana encabezada por el Che (en total hubo tres). Estos textos tienen no sólo un interés histórico, sino que importan, sobre todo, como testimonios de personalidades que fueron, uno importante oficial del Ejército y funcionario del régimen castrista durante 37 años, mientras el otro lo sigue siendo.


 


El primero de ellos, Benigno, escribió su libro aproximadamente hace dos años, poco tiempo después de abandonar la isla, exiliado en París. Sus Memorias son mucho más que un relato o una reflexión acerca de la guerrilla boliviana. Es un alegato de quien sumado a la revolución cubana como un joven campesino en la Sierra Maestra, analfabeto, se transforma en el curso de la guerra contra Batista y la revolución en un destacado cuadro, junto al Che y Camilo Cienfuegos. Más tarde, después de asumir importantes responsabilidades, vuelve a acompañar al Che en la guerrilla del Congo y después en Bolivia, y más tarde, una vez más allí, junto al Chato Peredo. Benigno, por lo que cuenta, asumió responsabilidades de enorme riesgo no sólo en esos lugares, sino también en otras misiones (en Perú, en Angola), lo que le va a significar altas consideraciones, al punto de alcanzar el grado de coronel en el Ejército y destacados cargos en el Ministerio del Interior.


 


Su alegato denuncia al régimen castrista, lo que Benigno presenta como un terrible desencanto con la propia revolución, luego de haber soportado durante años, dice, los atropellos y las mentiras del régimen. Benigno afirma, con importantes pruebas, "que tal vez el gobierno cubano, fríamente, había decidido deshacerse del Che Guevara". Denuncia que, aprovechando y abusando del "ejemplo de Guevara", la burocracia oficial arranca todo tipo de "sacrificios" al pueblo cubano mientras ella goza de todo tipo de privilegios.


 


Benigno demuestra, por ejemplo, que Fidel (sin que el Che lo hubiera sabido hasta su muerte) había recibido en Cuba, en diciembre de 1966, al stalinista Mario Monje, en ese entonces secretario general del PC boliviano, al regreso de un viaje a Bulgaria y la URSS. Monje se había negado a una entrevista con el Che en octubre de 1966, la realiza recién el 1º de enero de 1967 y culmina según todos los alegatos conocidos, incluidos estos dos libros con la ruptura de relaciones y la desaprobación de Monje de la acción guerrillera. Monje va a dejar en el más absoluto aislamiento a la guerrilla y va a ser denunciado después de la muerte del Che como un traidor por el propio Fidel. En opinión de Benigno, sin embargo, a la luz de la conducta del gobierno cubano, Monje "actuó respondiendo al pedido de Fidel".


 


Esta decisión habría sido tomada por indicación de los "soviéticos". El Che, dice Benigno, había tenido "grandes discusiones" con Fidel y fue "acusado de trotskista o de prochino". Los hombres que respondieron al Che, especialmente durante su paso por el estratégico Ministerio de Industrias, van a caer "en desgracia" en el curso de pocos años, según lo demuestra Benigno. Desde octubre de 1965 el Che habría sido víctima, aunque Benigno no lo dice expresamente, de una trampa tendida por Fidel. Fue cuando éste da a publicidad, estando el Che en el Congo y sin consultarlo, su famosa carta de "despedida", aprovechándose entre otros motivos del elogio desmedido que el Che hace allí de Fidel. Según Benigno, el Che manifiesta en sus "papeles del Congo hasta ahora mantenidos en el más estricto secreto por las autoridades de Cuba", que a partir de la publicación de esa carta, él es colocado ante el pueblo cubano "como un extranjero", cuando era considerado, siempre según Benigno, como el segundo o tercer hombre en importancia desde la revolución y a partir de la construcción del régimen revolucionario, después de Fidel. Las actitudes de Guevara habrían llegado a tal situación, al momento de "la guerrilla del Che en Bolivia", que "poco faltó para que la situación trajera como consecuencia el rompimiento de relaciones entre Cuba y la Unión Soviética".


 


Benigno transmite recuerdos de los diálogos que habrían tenido lugar entre los combatientes cubanos en Bolivia (y frente a un silencio que hubiese sido incomprensible en el Che en cualquier otra circunstancia), donde se habla del "abandono" que habrían sufrido de parte del gobierno cubano. Más tarde, dice, esto va ser motivo de "sanciones" disciplinarias a Urbano (el tercer cubano que logró escapar de Bolivia junto a Benigno y Pombo), por no cumplir la consigna de guardar silencio sobre el tema.


 


Siendo el del Che el asunto de mayor interés, no es el único punto que resalta del libro de Benigno. Describe, además, crudamente la corruptela que ha ido inundando al régimen castrista, su burocratización y militarización; el caso de la purga (y ejecución) en julio de 1989, del "héroe nacional" Arnaldo Ochoa y los hermanos De la Guardia, como una venganza de Fidel contra los únicos hombres que podían hacerle alguna sombra; el caso del suicidio de la hija de Salvador Allende (secretaria de su padre, el presidente chileno asesinado), que había ido a Cuba enamorada de un hombre que actuaba en la embajada cubana y descubre que había sido víctima de una celada de inteligencia para infiltrar al gobierno de su padre.


 


Benigno va a plantear abiertamente sus sospechas sobre la muerte "accidental" del comandante Cienfuegos en los inicios de la revolución, entonces un hombre de la estatura del Che y Fidel; y más tarde, en 1979, sobre "el suicidio" de Celia María Santamaría, "otra gran heroína de la Revolución", hermana de Abel, muerto en el Moncada cuando era el "segundo jefe del M-26".


 


Todas estas denuncias provocaron en 1996, cuando la primera edición francesa del libro, una gran conmoción. La prensa europea las comentó ampliamente. El gobierno de Cuba las desacreditó afirmando que estas memorias fueron editadas bajo la dirección de Elizabeth Burgos, una venezolana que vive hace 30 años con Regis Debray, el ex-compañero del Che, apresado en abril de 1966 en Bolivia y luego transformado en un filósofo renegado de la revolución. El castrismo lanzó toda una campaña contra el libro, comenzando por atacar a Benigno de "traidor", y a Debray, supuesto instigador de la conducta del anterior, como el entregador del Che en Bolivia. Para esto el régimen castrista se valió de una de las hijas del Che, Aleida.


 


Regis Debray escribió contemporáneamente al de Benigno otro libro, "Alabados sean nuestros señores", donde acusa al Che de "fanático" y "sadomasoquista". Regis Debray, según un reportaje que le hizo Corriere della Sera, "despedaza" al Che, por ejemplo, cuando afirma que "el Che Guevara no fue a Bolivia para vencer, sino para perder. Así lo exigía su batalla espiritual contra el mundo y contra sí mismo. Cierto, no se mató, pero se dejó morir. Tenía esa vocación. Entre un suicido y un sacrificio, ¿qué Dios vería la diferencia?" (1).


 


Por graves que sean estos insultos contra su ex-compañero (no olvidemos que fue mucho más que eso, Debray fue quien teórizó acerca del foquismo en su famoso libro Revolución en la Revolución, manual en su momento en Cuba), nadie denunció en ese entonces, sin embargo, que Debray hubiera sido un delator. Benigno niega categóricamente esos cargos y denuncia que Aleida Guevara es esposa de un alto funcionario del régimen, "miembro de los servicios de seguridad que jugó un rol ruin en el montaje del proceso Ochoa en 1989" (2).


 


Toda esta historia explica precisamente la aparición del otro libro, el de Pombo. Este se editó primero en Cuba, y salió inmediatamente en varias ediciones en todo el mundo , bajo el auspicio de los viejos aparatos del PC, como una respuesta al libro de Benigno. Presentado como el "diario" de Pombo en la guerrilla, curiosamente no se lo hizo conocer durante casi 30 años. Pero no aporta prácticamente nada que ya no se supiera a través del Diario del Che u otros relatos. Era necesario contrarrestar de algún modo el texto de Benigno. Curiosamente, o no tanto, en los Estados Unidos su edición en inglés que apareció antes aún que la argentina, estuvo a cargo de los trotskistas del Socialist Workers Party, que se han transformado en una agencia del castrismo.


 


El "diario" de Pombo, probablemente, sea verídico, no sólo porque coincide en muchos relatos con los de Benigno, particularmente en todo aquello que destaca el aislamiento sufrido por la guerrilla de parte del PC boliviano. Sin embargo, el libro cae en el ridículo, por lo menos en su versión argentina, con la introducción del actual "General Harry Villegas". Allí, contradiciendo burdamente lo que ha escrito supuestamente 30 años atrás, afirma que el "Che tomaba también muy en cuenta las características del Partido Comunista Boliviano, que había dado muestras de decisión en los enfrentamientos populares", el "importante papel… que le tocó desempeñar… en la compleja etapa de los preparativos" y su carácter "joven, combativo, que había dado muestras de la decisión de… la toma del poder por medio de la lucha armada". El hombre es ahora un chirolita de alguien que le mandó a escribir una introducción apologética de los PCs, o sufre de amnesia. El "diario" transcribe, ni bien comienza, el "informe Nº 15" del mes de julio de 1966, donde ya entonces se decía que "Estanislao vacila bastante" (Estanislao era el nombre de guerra de Monje) cuando los primeros cubanos llegan a Bolivia y advierten, tempranamente, que el PCB no cumple ninguno de sus compromisos. El mismo Pombo agrava después estos cargos reiteradamente a Monje y al PCB en el curso de su "diario".


 


A pesar del lapsus de la introducción de 1996, el "diario" nos proporciona dos datos significativos. El primero es el grado de infidencia que se advierte de parte del aparato stalinista, a escala de toda Latinoamérica, frente a la llegada del Che a Bolivia. Pombo denuncia, por ejemplo, que un combatiente "se vio obligado a despistar al Secretariado (del PC uruguayo) porque sus miembros hablaban mucho, porque en el Uruguay, Arismendi (su secretario general) habló de nuestra presencia aquí y acerca de la llegada de Ramón (el Che)". Precisamente Brecha de Montevideo, ahora en una edición especialmente preparada en el aniversario del Che, acaba de confirmar, por medio de declaraciones de José Luis Massera, un ex-dirigente del PCU, que éste también "había asumido un compromiso que, por los motivos que fuere, no cumplió" (un contingente de 18 compañeros) (3). Más aún, siempre según "testimonios recogidos por Brecha", Arismendi invitó especialmente a los Tupamaros a sumarse a la guerrilla boliviana, "oferta (que en su momento) fue comentada con ironía por varios dirigentes del MLN, que veían en la operación dirigida por Rodney Arismendi una forma de sacarse de encima a los tupamaros, algo así como que fueran a pegar tiros a otro lado… " (4).


 


El otro dato es la presencia en el campamento guerrillero de "un libro de Trotsky sobre la revolución rusa", que según Pombo es descubierto por el ejército boliviano en una emboscada junto a otras cosas. No puede caber duda que el libro está allí porque el Che lo portaba, en primer lugar; porque no había equipaje de ningún combatiente que no estuviera bajo su control, y sobre todo porque era el único que podía tener interés en el tema, a la luz de su experiencia, y de la despolitización que reinaba entre el resto de los combatientes.


 


Un dato más, que surge del registro que hace Pombo de los protagonistas de la guerrilla, es el curriculum posterior de Mario Monje. Después de su separación del PCB, tras la denuncia pública que hace Fidel, no se conocía su paradero. Por Pombo sabemos ahora que actualmente vive en Moscú y es un empresario. Como se ve, la burocracia soviética pagó bien los servicios prestados, como antes lo había hecho con Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky.


 


El texto de Pombo ilustra con mucho detalle, aún más que el de Benigno, la tragedia de los combatientes guerrilleros y su heroísmo (sin zapatos, sin comida, a veces sin agua lo que llevó a algunos a tomarse su propio orín, cada vez más enfermos, etc.). Esta tragedia se explica, sobre todas las cosas, por el brutal aislamiento que sufrió a manos del aparato stalinista. Este aparece como el responsable, incluso, de las cuatro deserciones que se producen entre los guerrilleros bolivianos y de muchas de las vacilaciones que se evidenciarán entre los demás combatientes bolivianos, cuanto más acorralada está la guerrilla. Es que quienes se quedan combatiendo junto al Che desacatando la orden del Comité Central del PCB de abandonar la guerrilla, dejan a sus familias sin recursos porque el PCB les quita el sustento que recibían.


 


Benigno sostiene que el régimen cubano tenía todas las posibilidades de emprender una misión especial para salvar a los guerrilleros frente al acorralamiento del ejército, para lo cual tiene en consideración la descomposición de la dictadura de Barrientos (lucha intestina entre clanes y disputas entre los comandantes de las diferentes regiones), que de algún modo se va a confirmar un año después con su caída.


 


El texto de Pombo persigue indudablemente justificar al castrismo y demostrar tardíamente, como afirma en la introducción, las supuestas virtudes del stalinismo entonces y las nuevas condiciones que, ahora, a diferencia de "entonces, (hacían la lucha armada), la única vía posible". Una infamia.


 


Pocos años después de la experiencia de Guevara, "Cuba, según Benigno, realizó contra ellos (se refiere a los grupos foquistas que iban en busca de orientación y ayuda a la isla), en su propio territorio, un trabajo que más bien le correspondía haberlo hecho a la CIA". Afirma que algunos de los principales responsables de los organismos a cargo de esas tareas terminaron completamente degenerados, afanándose la guita que depositaban las organizaciones guerrilleras en Cuba, etc. Cuenta, por ejemplo, la historia de la traición al lider dominicano Fausto Caamaño Medina, que había encabezado un movimiento popular contra la invasión yanki de su país en 1965, que va a ser asesinado por el ejército dominicano al intentar un desembarco guerrillero en su país en 1973, dejado a la deriva por el régimen castrista.


 


En Cuba, sostiene Benigno, existe en la actualidad un clima de "terror", especialmente al interior de las FF.AA., donde "sin temor a equivocarme, … más del 90 por ciento de las Fuerzas Armadas cubanas no está con el gobierno ni con Fidel, simplemente es gente que no tiene otro lugar donde estar, y ellos también viven en el miedo".


 


Entre el cretinismo de un combatiente que se transforma en escriba de una felonía en defensa del régimen burocrático y el aparato stalinista cómplice del asesinato del Che, y entre un desencantado de la revolución después de haber confiado ciegamente en Fidel durante años, está planteada a las nuevas generaciones sacar sus propias conclusiones revolucionarias.


 


Notas:


 


1. Reproducido en La Prensa, 12/5/96.


2. Le Monde, 3/9/96.


3. Brecha, 3/10/97.


4. Idem.


 

IVa Internacional: la cuestión estratégica


La cuestión de la Internacional Obrera, de la IVa Internacional, sólo puede ser planteada como respuesta a los problemas objetivos y los desarrollos políticos concretos del movimiento obrero mundial, a partir de las conquistas programáticas históricas del marxismo revolucionario. En diversas ocasiones, sin embargo, ella es planteada como un problema ideológico, con lo que se transforma en una abstracción, o en referencia a debates políticos superados por los acontecimientos, sin vinculación con los problemas de la actual etapa política, con lo que se transforma en un planteo sectario o faccional.


 


Lo que decimos tiene máxima vigencia en momentos en que el desmoronamiento de las organizaciones tradicionales (Federación Sindical Mundial, "movimiento comunista internacional", Internacional Socialista, etc.), junto al carácter mundial de la ofensiva del capital contra el trabajo (y de la propia crisis del capital), obliga a todas la direcciones del movimiento obrero a dar una respuesta a la cuestión de la organización internacional de los trabajadores.


 


Las iniciativas en curso


 


En los últimos meses, una serie de iniciativas mundiales y regionales, especialmente en América Latina, dieron expresión a ese proceso objetivo. Su característica común ha sido la de revelar la adaptación creciente de esas direcciones, no sólo a la política burguesa nacional e internacional, sino también a la propia ofensiva capitalista que afirman combatir.


 


En el Manifiesto de los Trabajadores de las Américas, producido por las centrales sindicales vinculadas a la ORIT, reunidas en Belo Horizonte el 12 y 13 de mayo de 1997, en ocasión de la reunión de ministros del ALCA, la crítica a las políticas de los gobiernos burgueses regionales fue hecha con base "en los principios de democracia, desarrollo integral y justicia social". El ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, impulsado por el imperialismo norteamericano) es combatido como "injusto y antidemocrático", y se afirma: "Es cada vez más imperativa y urgente la coordinación de las políticas económicas y sociales a nivel internacional para superar las desigualdades, crear empleos, mejorar la calidad de vida y garantizar la sustentabilidad del proceso de crecimiento económico. Debemos combatir el peso creciente de los oligopolios internacionales, que hoy actúan globalmente y sin ningún control democrático. Los procesos de integración deben respetar el derecho de cada país de buscar el nivel de autosuficiencia alimenticia… El comercio internacional no es un fin en sí mismo. Debe beneficiar a los pueblos. Combatimos el libre comercio sin salvaguardas sociales, sin garantías apropiadas para las condiciones de trabajo y los derechos sociales, y sin la debida protección al medio ambiente. Nos oponemos al establecimiento de ventajas comparativas en desmedro de los derechos fundamentales del hombre y la mujer".


 


Al obviar el carácter capitalista de la ofensiva en curso, responsabilizando sólo a los "oligopolios", se pierde de vista que lo único "coordinado", "a nivel internacional", son las "políticas sociales" (antiobreras), siendo el resto objeto de una competencia despiadada, enmarcada en acuerdos cada vez más precarios. El "control democrático de los oligopolios" (para "reducir su peso") es una utopía paralizante: el secreto comercial y el sigilo bancario son tan sacrosantos para el capital como lo es el ocultamiento de los libros contables de las empresas. El control obrero de la producción, planteado y desarrollado en el programa de la IVª Internacional, es la única respuesta realista a la monopolización y miseria crecientes. El "control democrático" es su versión burguesa y prostituida, cumpliendo la función de justificar la inacción: el rasgo común de todas las "reuniones internacionales" recientes es su total incapacidad de adoptar cualquier programa de acción real.


 


Alianza con el capital


 


En el "Encuentro Internacional de los Trabajadores frente a la Globalización Neoliberal", reunido en La Habana, Cuba, del 6 al 8 de agosto de 1997, con la participación de "1.200 dirigentes de 300 organizaciones sindicales, así como representantes de 48 países", la oposición a las políticas en curso fue fundamentada en que "todos los hombres y mujeres son por naturaleza libres e independientes, y poseen determinados derechos innatos; los gobiernos son instituidos para común provecho, protección y seguridad de los pueblos, las naciones y la población mundial; ningún hombre o grupo de hombres tiene derecho a recibir de la sociedad global privilegios exclusivos o especiales; todo poder democrático es inherente a las mayorías, y en consecuencia procede de ellas; la democracia que fue soñada por pueblos y héroes en todo el mundo, a través de luchas liberadoras y populares, es la democracia de la participación decisiva del pueblo y de la justicia social"(1).


 


Esta reivindicación del "gobierno ideal" y del derecho natural era progresiva, y hasta revolucionaria, en los albores del capitalismo (para la lucha contra el Antiguo Régimen), pero en su etapa de crisis y descomposición significa la renuncia a toda oposición clasista al Estado burgués, y hasta a la identidad clasista de los firmantes. En perfecta armonía con lo citado, el programa del "Encuentro" reivindica la unión con "el empresariado amenazado por la creciente transnacionalización y superconcentración de capital" (como dijo un delegado, después de denominar al "neoliberalismo" como "una nueva fase del capitalismo", se convocó, para luchar contra él… a los capitalistas); una "Reunión de Cúpula" sobre el empleo "auspiciada por la ONU"; la "democratización del sistema de la ONU", con "países en desarrollo" en su Consejo de Seguridad (lo que la ONU se apresta a hacer); un "clima de paz en todos los países", y no la lucha contra el imperialismo, con todas sus consecuencias; "medidas de control y regularización sobre los flujos especulativos desestabilizadores" (lo que significa admitir, no sólo los monopolios, sino la propia especulación "regulada", o sea, el parasitismo capitalista); "desarrollar la unidad e integración regionales y subregionales". Para coronar todo, se reivindicó una "Carta Social Internacional", o sea, un pacto social planetario. Con semejante perspectiva de bombero, el "Encuentro" adoptó la única resolución de acción posible: "dar continuidad a este diálogo abierto y plural".


 


No puede extrañar que en el capítulo de "enmiendas" se lea la siguiente "PROPUESTA: darle una perspectiva socialista a la resolución en general y al Programa de Acción en particular", con la siguiente "RESPUESTA: a pesar de que una gran cantidad de participantes estarían de acuerdo con hacer explícita la perspectiva socialista del programa, consideramos que no seria pertinente en aras de confirmar el espíritu plural y amplio que debe caracterizar nuestra acción" (2).


 


La "gran cantidad" hizo por tanto la experiencia de aprender que el famoso "pluralismo" equivale al respeto de la propiedad privada. La palabra "socialismo" no fue incluida en la resolución, ni para defender a "Cuba Socialista", y ésto… ¡en la propia Cuba!


 


El Foro de San Pablo


 


La palabra "socialismo" (para no hablar de la idea) sufrió la misma suerte en la última reunión del Foro de San Pablo, reunido en Porto Alegre con representantes de la inmensa mayoría de la izquierda latinoamericana, durante los primeros días de agosto. La novedad consiste en que en la "Carta de Porto Alegre" se afirma que "las empresas nacionales son un termómetro y un patrimonio de la sociedad. Miles de ellas quebraron, como consecuencia de las nuevas reglas de la economía mundial y de la apertura indiscriminada del mercado, dejando un rastro de desempleo y exclusión social, consecuencia del modelo neoliberal adoptado".


 


La famosa "ampliación del Foro" que lo llevó, en defensa de la "amplitud", a no sancionar al MBL (Movimiento Bolivia Libre, integrante del gobierno de Sánchez de Lozada), cuando decretó el Estado de Sitio en Bolivia, y a aceptar como observador al PRI mexicano tiene una dirección precisa. Si el "socialismo" ya no tiene lugar, ni como saludo a la bandera, es para hacer pasar la noción de que las empresas son un "patrimonio de la sociedad" (que lo digan sus obreros superexplotados, o los desempleados que dejan sus quiebras fraudulentas) amenazado por las "nuevas reglas de la economía mundial" (que consisten en la absoluta falta de reglas, o sea, en la ley de la selva).


 


La actitud "empresarial" del "Foro" y del "Encuentro" no tiene correspondencia en la real presencia del empresariado en dichas instancias. Es, por eso, algo peor que una realidad: es una vocación. Este conjunto de posiciones revela que las diversas burocracias, antiguas o "recicladas" en la "democracia", profundizan su integración al capital a medida que se ahonda la crisis de éste, o sea, que son irreversiblemente contrarrevolucionarias.


 


Se disipa la ilusión, alimentada por ejemplo por la izquierda petista, de que el "Foro" sería un contrapeso eficaz a las "reuniones continentales" de la izquierda, con la presencia de representantes oficiosos del imperialismo, realizadas en los EE.UU., México y Chile, con el objetivo explícito de que la izquierda deje de ser izquierda, o en las palabras del principal portavoz de esas reuniones, Jorge Castañeda: "Se trata de conseguir cambiar las alianzas en escala continental. Donde el centro político se alió principalmente a la derecha en estos últimos años, sería preciso conseguir que ese centro se desplazase hacia la izquierda. Esta última, en la mayoría de los casos, ya sabe que no tiene condiciones de ganar sola una elección presidencial, sobre todo ahora que en todos los países del continente con excepción de México y Venezuela prevalece el sistema de dos turnos"(3).


 


Pero si el centro gobierna para la derecha es porque, además de tener una vocación definida en ese sentido, carece de base propia, y la derecha en crisis, carente de fuerza política suficiente, le cede el gobierno para impedir el ascenso de la izquierda, que la derecha sola no conseguiría impedir. El "centro" existe contra la izquierda: ésa es su única utilidad para la burguesía, y si deja de tenerla, desaparece, pues carece de base propia en el movimiento organizado de los trabajadores.


 


El Papel del Secretariado Unificado


 


La cuestión de la IVa Internacional entra directa, contradictoria y doblemente en este debate: a) porque estas reuniones, de las que participó la casi totalidad de la izquierda latinoamericana (y mundial), demuestran que el trotskismo pervive como la única corriente internacional de lucha por el socialismo, y en defensa de la independencia y la identidad clasistas del movimiento de los trabajadores; b) por el hecho de que el "Foro" haya elegido como portavoz de su última reunión… a una destacadísima figura del Secretariado Unificado de la IVª Internacional, el recientemente elegido intendente de Porto Alegre.


 


Se engaña quien piensa que el SU actúa como izquierda del Foro (en realidad, actúa como abortador de cualquier ala izquierda), pues su portavoz esclarece que "el gran significado del Foro es que, aun tomando en cuenta la diversidad de orígenes y posiciones de los partidos integrantes, no hubo discordancia en el diagnóstico sobre la realidad continental, ni sobre la necesidad de unificar las fuerzas democráticas y populares en la lucha contra el modelo neoliberal, con todas sus consecuencias de exclusión social". Y mucho menos que actúe como representante de los trabajadores, pues él mismo celebra que, paralelamente al Foro, se desarrolló "el primer encuentro de empresarios que se oponen a la imposición del modelo neoliberal, con importantes organismos, como Cives (Brasil), Apyme (Argentina) y Anit (México), quienes debatieron un modelo alternativo de desarrollo" (4).


 


Debe ser descartado también que se trate de un exabrupto o de un "desvío" de la sección brasileña del SU, o de sus secciones latinoamericanas. En realidad, fue el SU, como tal, quien anticipó las premisas teórico-ideológicas bajo las cuales se desarrolla esta adaptación inédita de la izquierda latinoamericana y mundial al capital.


 


Evolución del Secretariado Unificado


 


Nuestra corriente fue la única que señaló que la adopción, en 1978, de las tesis sobre Democracia Socialista y Dictadura del Proletariado, significaba el abandono de la piedra angular del programa marxista la dictadura proletaria y el pasaje del SU de posiciones revisionistas a posiciones proburguesas (5). Haciendo esto, el SU se adaptaba plenamente a la démarche proburguesa "democratizante" de la burocracia rusa y su aparato internacional, so pretexto de explotar las "contradicciones" de esa burocracia. Esta caracterización se confirmó con la evolución derechista del SU, reflejada en sus sucesivos "Congresos Mundiales", los cuales fueron también objeto de un riguroso análisis crítico de nuestra parte (6).


 


En su XIII Congreso (1991), el SU identificó la crisis (y el desmoronamiento) de las burocracias con "una puesta en duda de todo el proyecto socialista", que "mete a numerosos movimientos revolucionarios en la perplejidad (lo que) reclama desde ahora grandes readaptaciones". Al mismo tiempo declaró terminada "la época de la revolución rusa (la que) ya no representa una referencia estratégica central en función de la cual se definen los revolucionarios de todo el mundo"(7).


 


En un documento inmediatamente posterior (1992), el sentido de las "readaptaciones" era esclarecido, al plantear "la lucha por la realización de los derechos del hombre y la mujer, en todos los continentes, en el centro del combate" (8). Un retroceso del marxismo al programa burgués de 1789-1794, inconsecuente, pues rechaza al mismo tiempo la dictadura revolucionaria con la que el jacobinismo garantizó esos derechos (y sin mencionar la relativización del derecho de propiedad realizada por la dictadura de la Convención).


 


Todo esto no constituye una suma de "desviaciones", pues es evidente su lógica (derechista) interna, lo que nos llevó desde mucho antes a caracterizar la incompatibilidad entre el SU y la lucha por la IVª Internacional: "La refundación de la IVª es incompatible con el SU. En la historia de la lucha de tendencias dentro del movimiento trotskista en el pasado, ninguna tendencia fue capaz de ir más allá del señalamiento de numerosas divergencias de tipo táctico con el SU, por importantes que fueran, ni de establecer una delimitación de carácter principista (a excepción, hasta 1981, de la Tendencia Cuartainternacionalista). La razón de ello fue la tendencia hacia el democratismo que se apoderó de la casi totalidad de las organizaciones que se reivindican de la IVª Internacional" (9).


 


El XIV Congreso del SU


 


En su XIV Congreso Mundial, realizado en 1995, el SU avanzó un poco más en esa línea, llegando lógicamente a un planteo liquidacionista de la IVª Internacional, y de toda organización internacional de la clase obrera: "Rechazamos la pretensión, hija de otros tiempos, de ser el partido mundial de la revolución… La concepción centralista de la Internacional, incluso la del Comintern de la primera época, debe ser abandonada en nuestros días" (10).


 


Un poco de coherencia, o mejor, un mínimo de honestidad política, debería llevar a los autores de este planteo a disolver la ficción del SU "de la IVª Internacional". No lo hacen, sin embargo, lo que precisa la exacta función política del SU: liquidar la IVª Internacional, y toda tentativa de reconstruirla, en nombre de la IVª Internacional. Pero esa función no es nueva: el SU ha sido el "agujero negro" de todas las tentativas de reconstrucción de la IVª hechas en el pasado. Se trata de una verdadera "quinta columna" en el trotskismo, que es necesario eliminar, como condición de la existencia de la IVª como corriente política internacional.


 


El planteo liquidacionista es la consecuencia lógica de una caracterización que declara caduco el período abierto por la Revolución de Octubre (o sea, el ciclo histórico de la revolución socialista), así como "las divisiones entre socialdemócratas y bolcheviques", y hasta "entre revolucionarios y reformistas", las cuales "no tienen más sentido alguno" (sic).


 


Lo que pocos notaron es que el SU fue mucho más allá, y a partir de la "crisis del proyecto socialista" proclama ahora también la inactualidad de la lucha antiimperialista y hasta de la lucha democrática consecuente: "El proyecto socialista no es el único en crisis. También están en crisis las diversas visiones del mundo que coexistían, se confrontaban y se complementaban en el periodo precedente: el tercermundismo de Bandung, el universalismo democrático-burgués y las ilusiones de progreso del comunismo productivista victorioso en el año 2000". Por detrás de una especie de nihilismo, aparece un planteo de adaptación total al régimen social y político existente, y esto en nombre de la "democracia y la ciudadanía" (con lo que éstas se revelan un puro bla-bla-bla para adaptarse a la realidad existente).


 


Liquidacionismo pro-capitalista


 


Lo mismo puede decirse acerca de la cháchara sobre la fantasmagórica categoría del "neoliberalismo", que encubre una adaptación de tal magnitud al régimen de la propiedad privada, que llega a oponerse hasta a la consigna burguesa de "nacionalización" (ni hablar de la expropiación sin pago y bajo control obrero, planteadas por el Programa de Transición de la IVª Internacional). El SU plantea: "El reciclaje de los lucros de la productividad (servicios de educación, salud, habitación) con ampliación de la gratuidad e injerencia en el derecho de la propiedad privada. Derecho de los ciudadanos (as) a la propiedad social de las grandes empresas cuyas opciones y decisiones tengan mayor incidencia sobre sus condiciones de vida presentes y futuras. Ese derecho no implica necesariamente nacionalización, sino una socialización efectiva (derecho al uso autoadministrado, descentralización, planificación)" (itálicas nuestras).


 


Esta apología casi católica de la "función social de la propiedad (privada)" ya no es revisionismo (¡ni centrismo!), sino liquidacionismo en nombre de la adaptación al capitalismo. Los que califican al SU de centrista olvidan que los planteos de éste poseen total coherencia teórica. Para el SU está en marcha "una mutación histórica del modo de acumulación capitalista" que tornaría obsoletas las categorías del pasado, como el imperialismo, para no hablar de la lucha de clases, que no es siquiera mencionada en las resoluciones del XIV Congreso. Y también las tradiciones "del movimiento obrero, cuyas políticas fueron moldeadas hace décadas en el cuadro del Estado Nacional". Este habría sido superado por el "Estado supranacional"(sic), en la medida en que "la fusión de capitales engendra oligopolios cuyas relaciones con los Estados de origen se distienden". Según el SU, "las multinacionales eran el agente de una metrópoli imperialista en los países dominados e instituían relaciones biunívocas, completadas por un sistema de dominación política. Con la mundialización, las relaciones son, de entrada, multilaterales y los grupos multinacionales franquearon una etapa suplementaria en la internacionalización que les conduce poco a poco a autonomizarse con relación a sus Estados". Estaría en formación "un capital regional-continental (por ejemplo Europa)".


 


¿Globalización o dislocación ?


 


El SU, por lo tanto, suscribe a pie juntillas la "teoría de la globalización", cuyo meollo plantea que el capitalismo habría logrado superar la contradicción mortal entre la tendencia hacia la expansión ilimitada de las fuerzas productivas y las barreras de los Estados y fronteras nacionales, contradicción que está en la base de la "mundialización" de la anarquía productiva capitalista, de las guerras comerciales y financieras y, finalmente, de las guerras mundiales. Si esto fuese cierto, el capitalismo tendría garantizado su pasaporte para la eternidad.


 


Para hacer pasar la "globalización", el SU presenta una versión kautskiana del "imperialismo del pasado", que habría sido un "sistema de relaciones biunívocas, completadas por un sistema de dominación política". Para Lenin, en cambio, la política era "la economía concentrada": la dominación política no "completaba", sino que era la precondición y la expresión concentrada de la expansión mundial de los monopolios habiéndola precedido históricamente que se libran a una despiadada competencia mundial, sin respetar fronteras nacionales. El "sistema biunívoco" corresponde al "Antiguo Sistema Colonial", que fue barrido por el imperialismo capitalista, expresión del capital financiero. El "imperialismo" del SU es premarxista y prehobsoniano…


 


La realidad, por otro lado, es que la "teoría" de la globalización no es correcta desde el punto de vista teórico, ni desde el punto de vista empírico. El primer esbozo de una teoría semejante fue demolido por Lenin, al criticar el "superimperialismo" de Kautsky (el que tenía la ventaja, sobre el SU, de no olvidar la existencia del imperialismo). La globalización afirma que el capital será transformado en mundial. Las rivalidades nacionales tenderían a desaparecer, no habrá más guerras. Se trata de una versión rosa del ultraimperialismo de Kautsky, que tampoco es original, pues ya había sido planteado por Hobson en 1902.


 


Algunos marxistas prefieren la noción de "mundialización del capital", que precisaría la naturaleza social de la globalización. Este "capital mundial" sería un capital que nada tendría que ver con el real-nacional, ni con sus contradicciones. Pero ya Bujarin (en El Imperialismo y la Economía Mundial) estableció claramente que la tendencia imperialista no es en dirección a la mundialización, sino a la nacionalización del capital. Sólo en caso de que el desarrollo capitalista fuese exactamente igual (tecnológica y económicamente) en todos los países, existiría la posibilidad de que los capitales se fusionasen en paridad de condiciones. Pero la desigualdad es un axioma del desarrollo capitalista. Toda desigualdad es aprovechada por el capital más fuerte para imponer condiciones de subordinación, lo que, en determinado momento, genera las relaciones típicas del sistema imperialista.


 


La internacionalización de las fuerzas productivas torna más agudas que en la época de Lenin las contradicciones del capital, no lo contrario. Además, el capitalismo es incapaz de estructurar un Estado mundial, o cualquier tipo de coordinación que dé expresión a la supuesta internacionalización del capital. La perspectiva, entonces, no es la de un co-dominio mundial, sino la agudización de la lucha interimperialista. Esto implica un fortalecimiento sin precedentes del Estado, por su entrelazamiento más profundo con el capital, con vistas a defender e impulsar con mayor fuerza los intereses del capital "nacional". Esta es la base de la crisis mundial contemporánea.


 


Desde el punto de vista empírico, diversos economistas han criticado la supuesta "globalización" del capital, probando que en los últimos años se ha fortalecido la base nacional del capital, que las tendencias hacia el proteccionismo y la guerra comercial están más presentes que nunca, que los bloques regionales no consagran la tendencia hacia un "capitalismo global", sino hacia la dislocación del mercado mundial, a través de la agudización de la guerra económica entre sus potencias hegemónicas (11). Está claro que, al hacer abstracción del cuadro de crisis profunda del capital en que se producen esos desarrollos, los mismos economistas no sacan la conclusión obvia: la "globalización" no pasa de un espejismo ideológico destinado a ocultar la crisis estructural del capitalismo mundial y la tendencia hacia su colapso, que los repetidos cracks bursátiles prefiguran.


 


Contra la Revolución Permanente y el Programa de Transición


 


En lo que tiene de verdadero (la internacionalización sin precedentes de las fuerzas productivas capitalistas), la "globalización" significa lo contrario de lo que pretenden sus teóricos: del mismo modo que el monopolio socializa la producción al punto de crear las bases del modo de producción socialista, su internacionalización crea, de manera más amplia que en el pasado, las bases para el internacionalismo proletario y el socialismo mundial, la revolución permanente a escala internacional.


 


La "economía vulgar" del SU, sin embargo, no es un error ingenuo que se podría corregir a través de un buen curso de marxismo y economía contemporánea. Es el remate ideológico de un curso de adaptación profunda y completa al democratismo y al régimen burgués. No es un ornamento, sino que cumple una función política precisa: declarar caduco el "sistema de reivindicaciones transitorias hacia la conquista del poder", debido a que el poder… ya no está en ningún lado.


 


"¿Dónde está el poder?", se pregunta el SU, para quien "las reivindicaciones transitorias… esos puentes y pasarelas, son, en este momento, muy precarios", porque "los Estados (nacionales), el poder que representan, pierden el control de una parte creciente de los procesos de producción, de los flujos monetarios, de las corrientes de capital" (12). El SU se tragó el cuento del "Estado Mínimo" "neoliberal" sin advertir el crecimiento sin precedentes, a nivel nacional e internacional, del intervencionismo estatal (el G7, acuerdo entre Estados nacionales, ha sustituido las principales funciones de la "supranacional" ONU, en crisis galopante), debido a la propia crisis del capital, a la que el SU ha dejado de referirse (pues no cree en ella).


 


La base de la crisis, y de las tentativas de salir de ella a través de la "flexibilización" y de los "bloques regionales", fue la caída brutal del crecimiento de la productividad del trabajo entre 1966 y 1974 (cuando cayó por debajo del crecimiento demográfico mundial), con su consecuencia, la caída de la tasa de ganancia, que pasó (entre 1973 y 1982) de 18,8 a 4,2 en los EE.UU.; de 35 a14,3 en Japón; de 14,1 a 8,1 en Alemania; de 6,6 a 0,6 (!) en Inglaterra (13). Estos son los números menos citados por los economistas "globalizados" las resoluciones del SU contienen una catarata de estadísticas, que generalmente no vienen al caso, porque revelan que en la base del proceso actual se encuentra la caída tendencial de la tasa de ganancia, o sea, la tendencia hacia la auto-abolición del capital.


 


A eso se resume la teoría, el programa y la política actuales del SU: a una declaración de guerra contra el trotskismo, la IVª Internacional y su Programa de Transición, o sea, contra el propio marxismo.


 


El "Llamado" de la LIT


 


La Liga Internacional de los Trabajadores (fundada por Nahuel Moreno) ha analizado las resoluciones del XIV Congreso Mundial del SU y, confrontándolas con largos fragmentos de Lenin y Trotsky, concluye afrimando la total contradicción de esas resoluciones con el internacionalismo (14).


 


Cabría comentar que esa constatación es tardía, se mantiene sólo en el plano ideológico (no se la vincula con la evolución y las posiciones políticas del SU, ni con sus bases sociales). Es muy limitada políticamente ("Este conjunto de posiciones levantadas por el SU expresan bien el sentimiento de varias organizaciones y militantes revolucionarios que buscan rebajar el programa para construir una Internacional más amplia": en realidad, se trata de un programa de destrucción de cualquier Internacional, amplia o estrecha) y también teórico-programáticamente (no se constata el ataque en regla contra el programa transitorio y los propios principios del marxismo).


 


Paralelamente, la LIT lanza un "Llamado a una Reunión Internacional", conjuntamente con dos organizaciones (rusa y polaca), convocando a "todas las organizaciones que consideren la Declaración de París como un punto de partida, con el objetivo de examinar cuestiones programáticas y prácticas, y la posibilidad de conformación de un cuadro organizativo internacional, capaz de unir, con igualdad de derechos y obligaciones, a todas las fuerzas que expresen su disposición a trabajar por la construcción de una Internacional obrera basada en el principio del centralismo democrático y en un programa revolucionario" (15).


 


La "Declaración de París" de 1995 ya fue objeto de análisis críticos de nuestra parte (16). Al eufemismo de criticar los "gobiernos de Frente Popular" (sin caracterizar la función contrarrevolucionaria de los Frentes Populares en la oposición), al democratismo de criticar la "guerra de guerrillas" en general (la guerrilla es un método de lucha, recomendable o no según las circunstancias: condenarla en general es incorrecto), y a otros problemas, se suma que la declaración no contiene una caracterización, siquiera cualquier mención, al SU de la IVa Internacional, como si la reconstrucción de la IVª pudiese hacerse ignorando a la única corriente que reivindica su continuidad organizativa y política. El "Llamado" actual reproduce el mismo defecto.


 


Crisis y refundación de la IVª Internacional


 


En realidad, el "Llamado" surge de la disolución del "Comité de Enlace" (LIT-WIRFI) que había pergeñado la "Declaración", debido a la defección del WIRFI (el WRP británico). El "Llamado", surge, entonces de una crisis en la política de la LIT: "deja abierta", inclusive, la cuestión de si la Internacional será la IVª, el programa de la Internacional. Plantea, sin embargo, objetivamente, una cuestión vital para la vanguardia obrera mundial, que abre un curso para impulsar el debate internacional.


 


Nuestra posición es que el desarrollo de la crisis mundial ha confirmado las bases programáticas del trotskismo: a) La burocracia es una camada restauracionista en los Estados Obreros, y contrarrevolucionaria a nivel mundial; b) Los Frentes Populares y el democratismo pequeño-burgués son contrarrevolucionarios; c) El capitalismo se encuentra en una fase de crisis y decadencia históricas, a la que el proletariado debe oponer el programa de las reivindicaciones transitorias hacia la dictadura del proletariado y el socialismo; d) El partido revolucionario y la IVª Internacional son sus instrumentos imprescindibles (el SU es una corriente liquidacionista de ambos).


 


Esas bases deben ser la plataforma para una campaña internacional para la refundación de la IVª Internacional.


 


 


 


Agosto de 1997


 


Notas


 


1. Resolución sobre el Programa Mínimo de Acción de los Trabajadores frente a la Globalización Neoliberal, La Habana, agosto 1997.


 


2. Principales Propuestas de Modificaciones sugeridas al Documento, ídem.


 


3. Folha de Sao Paulo, 9 de febrero de 1997.


 


4. Raul Pont. O novo caminho da América, ídem, 15 de agosto de 1997.


 


5. Cf. Luis Oviedo. La cuestión del programa, En Defensa del Marxismo , nº 16, Buenos Aires, marzo 1997.


 


6. Ver: Aldo Ramírez. El XIII Congreso Mundial del SU de la IVª Internacional, En Defensa del Marxismo, nº 4, Buenos Aires, septiembre 1992; Osvaldo Coggiola. Sobre el Secretariado Unificado y las corrientes trotskistas internacionales, ídem nº 14, septiembre 1996, y: Condiciones políticas de la lucha para refundar la IVª Internacional, ídem nº 16, marzo 1997.


 


7. Documentos del XIII Congreso Mundial de la IVª Internacional, Inprecor, nº 86, Madrid, septiembre 1991.


 


8. Socialisme ou Barbarie. Manifeste de la IVªè Internationale, Supplément à Inprecor, nº 371, París, julio 1993.


 


9. Jorge Altamira. Por la refundación inmediata de la IVª Internacional. Respuesta a Lutte Ouvrière, En Defensa del Marxismo, nº 17, Buenos Aires, julio 1997.


 


10.Resoluciones del XIV Congreso Mundial de la IVª Internacional, Inprecor, nº 50, México, octubre-noviembre 1995, así como las citas siguientes.


 


11.Cf. Osvaldo Coggiola. "Globalización" y Socialismo, En Defensa del Marxismo, nº 15, Buenos Aires, diciembre 1996.


 


12.Daniel Bensaïd. Referência para a análise da nova situação mundial (Documento para o XIV Congresso da IVª Internacional), Em Tempo, nº 282, San Pablo, junio 1995.


 


13.Cf. Osvaldo Coggiola. Sobre Sindicato Orgânico e Contrato Coletivo de Trabalho, Universidade e Sociedade (Revista de ANDES-Sindicato Nacional), nº 10, San Pablo, enero 1996.


 


14.Ver: Jonas Potyguar. La Internacional Hoy, Correo Internacional, nº 72, s.l.p., junio 1997.


 


15. Llamado a una Reunión Internacional, ídem.


 


16.Ver: Jorge Altamira. Un "Comité de Enlace" que apoya los Frentes Populares y disemina la confusión, En Defensa del Marxismo, nº 11, Buenos Aires, abril 1996; y: Osvaldo Coggiola. Los estertores del morenismo, ídem n. 8, septiembre 1995.


 

¿Internacionalismo obrero o Foro de San Pablo?


En una situación internacional caracterizada por la crisis capitalista y el ascenso de la lucha de los explotados, la cuestión de la organización política del movimiento obrero, de la creación de partidos revolucionarios y de una Internacional obrera, aparecen como una discusión impostergable.


 


Este problema aparece planteado objetivamente al movimiento obrero internacional, dada la crisis de las relaciones políticas establecidas en la posguerra, y la ofensiva del capitalismo contra las conquistas obreras y los derechos laborales y jubilatorios en todos los países. Distintas reacciones ante esta crisis política del movimiento obrero son los movimientos por la constitución reciente de partidos laboristas o de trabajadores en distintos países (PT de Brasil, Labor Party de Estados Unidos, Socialist Labour League, en Gran Bretaña). Otra expresión del carácter objetivo de este fenómeno (es decir, que se plantea incluso con independencia de la voluntad de las direcciones de la izquierda o el centro-izquierda), son los distintos movimientos internacionales como el Foro de San Pablo, en América Latina, o los encuentros de partidos de izquierda, en Europa.


 


Qué carácter deben tener los partidos y la Internacional a construir es, entonces, un debate de primer orden, teórico, práctico e inmediato.


 


Es por esta razón que queremos comentar un documento publicado en la Revista Alfaguara de Montevideo en mayo pasado, que sostiene una posición movimientista y frentepopulista como supuesta vía para la solución a la crisis de dirección de los trabajadores. 


 


Bajo el título "El mito del centralismo democrático", Alfaguara presentó una ponencia a un "Encuentro Latinoamericano de Revistas Marxistas" realizado en Florianópolis, Brasil, en mayo pasado. Según Alfaguara (1), "las revistas que han anunciado su participación para esta oportunidad son: Praxis, Crítica Marxista, Principios, Cadernos de Debate y Praga, de Brasil; Crítica de nuestro tiempo, La marea, Apuntes del mañana, El Rodaballo y Cuadernos del Sur, de Argentina; y por supuesto, Alfaguara de Uruguay".


 


La ponencia de Alfaguara, escrita por Juan Carlos Venturini, pretende extraer conclusiones prácticas para la "reconstrucción de la izquierda como movimiento teórico y práctico".


 


El documento de Venturini ataca el mito del centralismo democrático, como un obstáculo que impediría la elaboración teórica y política, que "aparece como una muralla, no contra el capitalismo, sino contra el rearme teórico y político necesario para combatirlo".


 


En su ponencia, Alfaguara sostiene posiciones tan diversas y contradictorias como: a) el centralismo democrático no es una invención de los bolcheviques, sino que es propio de cualquier organización obrera; b) ningún obrero puede rechazar el planteo de "la mayor libertad en la discusión, la mayor unidad en la acción"; c) en el partido bolchevique no regía el "centralismo democrático"; d) las "21 condiciones de ingreso" a la Internacional Comunista, y la prohibición de constituir fracciones en el seno del partido bolchevique en 1921, serían la causa de la degeneración stalinista de la URSS, el PC ruso y la IC; e) la incapacidad del trotskismo para construir la IVª Internacional respondería a su objetivo inviable de constituir un partido internacional centralizado, basado en el centralismo democrático; f) el "mito del centralismo democrático", creado por la inmensa autoridad de Lenin y Trotsky, sería un obstáculo fenomenal a la constitución de partidos y una internacional obrera.


 


La enorme autoridad de Lenin y Trotsky, obstáculo para el análisis


 


Alfaguara comienza su ponencia con la conocida frase "El recuerdo de los muertos oprime el cerebro de los vivos", comentada de la siguiente forma: "En especial, es el recuerdo de los grandes hombres, cuyas ideas y acciones han tenido una influencia destacada en el curso de la historia, el que se apodera de las generaciones siguientes obstaculizando el análisis crítico y la imaginación creadora".


 


Más adelante, continúa: "En el caso de la Revolución Rusa, el relevante papel que le cupo a Lenin, Trotsky y sus compañeros, en el triunfo de la revolución y en la dramática guerra civil posterior, elevó a la categoría de dogma indiscutible todas las orientaciones y resoluciones que se tomaron. Allí comenzó a cobrar forma uno de los mitos más persistentes que se arrastra hasta el presente: el mito de que el triunfo de la Revolución Rusa fue posible por la existencia de un partido monolítico, férreamente centralizado y disciplinado, donde no tenían cabida la existencia de fracciones o corrientes internas, y mucho menos opiniones públicas individuales discrepantes con las opiniones mayoritarias".


 


En resumen, la inmensa autoridad de Lenin y Trotsky habría oprimido el pensamiento de las generaciones siguientes, impidiendo un análisis crítico y la "imaginación creadora". De esta inmensa autoridad de los revolucionarios bolcheviques surgiría el dogma del partido staliniano.


 


Decir que el "endiosamiento" de Trotsky frena el debate político y el análisis teórico, es una evidente aberración: Trotsky nunca fue endiosado, sino que fue la víctima de la más implacable campaña de difamaciones, tergiversación, persecución política y policíaca que conozca la historia. Quienes defendían las tesis del revolucionario ruso eran confinados en campos de concentración o directamente fusilados. El propio Trotsky y su familia fueron perseguidos hasta el exterminio. Decir que un revolucionario, atacado por igual por la burocracia staliniana y el imperialismo mundial, que apenas encontró en México un país que le ofreciera asilo político, fue "endiosado" al punto de que sus escritos serían tomados como "palabra santa", es a todas luces falso.


 


Con respecto a Lenin, tampoco hubo tal "endiosamiento": más bien hubo una "momificación" de sus ideas, utilizando sus escritos para uno u otro fin de acuerdo a las necesidades del momento de la burocracia soviética. Lenin fue tergiversado sistemáticamente, mutilado y, en algunos casos acallado al extremo de que quienes distribuían algunos de sus escritos (como el célebre "Testamento") eran encarcelados o asesinados. La tarea planteada es rescatar al verdadero Lenin de su "embalsamamiento" stalinista, y no atribuirle a Lenin la responsabilidad por la regimentación del pensamiento.


 


Todo el análisis del compañero Venturini peca de formalismo e idealismo. No explica la regimentación de las organizaciones obreras y el burocratismo por la presión de fuerzas y clases sociales, sino por "concepciones" erróneas sobre la organización. Es así que no explica el surgimiento del stalinismo por la lucha de clases, sino que el mismo sería el resultado de errores garrafales de la dirección bolchevique.


 


El origen del stalinismo


 


No podría establecerse un método más idealista y ajeno al marxismo, pues éste exige partir de las bases materiales de un fenómeno para comprender su evolución. El artículo de Alfaguara parte de abstracciones para pretender explicar el fenómeno concreto del stalinismo.


 


El hecho de que la burocracia del Kremlin haya utilizado para sus propios fines la autoridad política de la Revolución bolchevique, presentándose como su heredera y continuadora, no tiene nada de extraño, y no puede explicar nada. La burocracia se vio obligada a presentarse como "marxista-leninista" porque no estaba en condiciones de acabar con las bases sociales del Estado obrero y porque las tradiciones de la Revolución de Octubre todavía estaban frescas en la conciencia de las masas. Por otra parte, la burocratización del Estado soviético, la degeneración del partido bolchevique, la subordinación de la Internacional Comunista a los intereses de la casta burocrática (hasta su completa disolución, para defender los pactos con el imperialismo, en 1943), en fin, el papel de freno de la revolución socialista internacional por el stalinismo, no pueden ser analizados a partir de cuestiones formales u organizativas, sino que deben ser explicadas a partir de la lucha de clases internacional.


 


Ha sido el propio bolchevismo, a través de Trotsky en primer lugar, el que ha explicado las condiciones en las cuales surgió la burocracia como casta parasitaria y conservadora, interesada en mantener el statu quo. Fue el retraso de la revolución en Europa, principalmente en Alemania, el elemento fundamental para la degeneración staliniana: el aislamiento del Estado obrero durante un período prolongado condujo al copamiento del Estado y del partido por la burocracia, que encontró en la fracción stalinista su mejor expresión política. El proceso no obedeció a las "consecuencias lógicas" de las decisiones bolcheviques, como Venturini parece creer, sino que siguió las reglas de la lucha de clases e incluso de la guerra civil, como se puede comprobar con los juicios sumarios, las ejecuciones, los campos de exterminio, los asesinatos y la represión masiva, con los que se liquidó a la vanguardia bolchevique a fines de la década del 20 y en la década del 30.


 


El pragmatismo de Lenin


 


Venturini se lanza contra el centralismo democrático con todas sus baterías, aunque las mismas apunten muchas veces en sentidos opuestos. En su artículo afirma, contradictoriamente, que "en el bolchevismo no regía el centralismo democrático", para a continuación sostener que "Los defensores del partido monolítico, conscientemente o no, han tergiversado el concepto de unidad de acción por el de unidad de opinión", falsificando el pensamiento de Lenin. Es decir, en realidad sí regía el centralismo democrático, pero no éste que defienden los partidarios del monolitismo. En el artículo no se defiende el método bolchevique contra su tergiversación staliniana, sino que se tira a la basura, junto al engendro burocrático, al partido de tipo bolchevique.


 


En la ponencia de Alfaguara se afirma que "Lenin exhibió a lo largo de su trayectoria militante un sano pragmatismo y opiniones notablemente cambiantes en materia de organización (como en tantos otros temas)". Tendríamos a un Lenin empírico, que justifica teóricamente cada una de sus necesidades prácticas del momento. Nada más falso.


 


Lenin luchó incansablemente por construir un partido revolucionario, basado en la clase obrera, y en cada circunstancia polemizó y luchó contra las tendencias que diluían al partido o lo convertían en una fuerza antirrevolucionaria. En una primera etapa, contra quienes pretendían sustituir la acción revolucionaria de la clase obrera por la acción del grupo terrorista. Más adelante, contra quienes querían apartar al movimiento obrero de la lucha política contra la autocracia zarista, en nombre de la preeminencia de la lucha económica sobre la política, o de la concepción economicista de que la lucha política surgiría "naturalmente" de la lucha económica. En torno al carácter de la revolución rusa, y también al carácter del partido (la célebre discusión sobre el artículo 1º de los Estatutos), Lenin rompió con los mencheviques. También se enfrentó, y llegó a la escisión, con aquellos bolcheviques que rechazaban la participación en el parlamento trucho del zarismo, planteando la necesidad de combinar el trabajo legal e ilegal. Luego se enfrentó a quienes pretendían disolver el partido socialdemócrata, sustituyéndolo por un "congreso obrero legal" forzosamente reformista en las condiciones de la dictadura más feroz, con posterioridad a la derrota de la Revolución de 1905. Más adelante, durante la guerra imperialista, se opondrá a cualquier unificación con los socialdemócratas que apoyaban la "defensa de la patria", y en 1917 será partidario del ingreso al partido bolchevique de todas las tendencias auténticamente revolucionarias e internacionalistas (en primer lugar, el grupo de Trotsky), que justamente reforzaban la orientación leninista de derrocamiento del gobierno provisional de frente popular (coalición burguesa-socialista) y de instauración de la dictadura proletaria.


 


Durante todo este proceso, Lenin no actuó con pragmatismo, sino con una consecuencia (teórica y práctica) impresionante, combatiendo todas las tendencias pequeño-burguesas que pretendían disolver al partido.


 


Venturini afirma que "No existió una teoría leninista de la organización". Fue el propio Lenin el que se defendió frente a las críticas del propio Trotsky y de Rosa Luxemburgo, que lo acusaban de híper-centralista, aclarando que él no tenía un "esquema" o "modelo" de partido, sino que luchaba por construir un partido obrero con los únicos métodos posibles. Con el paso del tiempo, Trotsky le daría la razón, y todo indica que la propia Rosa Luxemburgo evolucionaba en el mismo sentido. Pero si no existió una "teoría", el leninismo sí levantó un método para construir el partido, en el que las cuestiones organizativas estuvieron subordinadas a las caracterizaciones y objetivos estratégicos, es decir, unidad de teoría y práctica, o sea partido de combate, no discursivo. Donde la unidad en la acción revolucionaria fue la búsqueda constante a partir de la deliberación, la polémica y las luchas políticas más encarnizadas.


 


Obviamente que para Lenin los objetivos revolucionarios estaban por encima de las cuestiones organizativas o la disciplina formal. Lo demuestra el propio Venturini cuando recuerda la enorme batalla desplegada por Lenin, en 1917, para hacer adoptar al bolchevismo el programa de la dictadura proletaria y para organizar la insurrección. Lenin incluso llega a manejar la posibilidad de renunciar a la dirección e "ir a la base", para provocar una pequeña "revolución" en el seno del partido bolchevique, como vía para derrotar la política de conciliación y pasividad que mantenía al principio la mayoría de la dirección bolchevique (con Kamenev y Stalin a la cabeza). Y luego del triunfo de la insurrección, cuando un sector de la dirección bolchevique planteaba constituir un gobierno de unidad con mencheviques y socialistas revolucionarios, llegó a amenazar con recurrir a los "marinos" revolucionarios en contra del propio partido. En definitiva: tanto desde la mayoría como desde la minoría, la tarea es cohesionar al partido detrás de la estrategia revolucionaria. Los problemas organizativos están, forzosamente, subordinados a esta tarea política fundamental.


 


Lenin, el padre del stalinismo


 


La ponencia de Alfaguara sostiene que el centralismo democrático era una idea común a todos los movimientos proletarios del siglo XIX. "Pero con posterioridad al X Congreso del Partido Bolchevique y a la aprobación de las 21 Condiciones de ingreso a la Internacional Comunista, centralismo democrático es la fórmula que resume la concepción de un partido monolítico, rígidamente jerarquizado y centralizado, con una disciplina casi militar". Es decir, el padre de la criatura sería el propio Lenin. Stalin sería algo así como una conclusión lógica de este proceso.


 


Para fundamentar teóricamente esta afirmación, Venturini se apoya en un texto de 1918 de Rosa Luxemburgo, que su autora nunca quiso publicar por considerarlo superado, y que fuera editado dos años después de la muerte de Rosa por Paul Levi, en 1921, para atacar al bolchevismo luego de su ruptura con el Partido Comunista Alemán. En ese texto, Rosa Luxemburgo plantea una serie de temores con relación a la revolución rusa, para terminar afirmando que los bolcheviques han actuado revolucionariamente, que todas las dificultades y errores "son comprensibles" y que "en última instancia fueron sólo repercusiones de la bancarrota del socialismo internacional en esta guerra mundial".


 


La ponencia de Alfaguara afirma: "En forma clarividente Rosa Luxemburgo planteaba, a fines de 1918, los riesgos enormes que representaba para la revolución la supresión de la vida política: Con la supresión de la vida política en todo el país, los mismos soviets no podrán evitar sufrir una parálisis cada vez más extendida. Sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reunión irrestrictas, sin el libre enfrentamiento de opiniones, y en toda institución pública, la vida se agota, se vuelve aparente y lo único que permanece activo es la burocracia".


 


Pero la conclusión de Rosa Luxemburgo no fue ésa: ella supo analizar a la revolución rusa, no aisladamente del marco internacional, sino como parte de la revolución mundial. Venturini extrae de contexto la frase de Luxemburgo, pretendiendo explicar el surgimiento de la burocracia de la supresión de la vida política, es decir, de la proscripción de los partidos contrarrevolucionarios, de la exclusión de éstos de los soviets, de la limitación de la vida interna del partido. Pero Rosa Luxemburgo concluye su análisis con un método distinto: "Todos vivimos bajo la férula de la historia, y el ordenamiento socialista sólo es realizable internacionalmente. Los bolcheviques han mostrado que pueden hacer lo que un partido verdaderamente revolucionario está en condiciones de hacer en los límites de las posibilidades históricas. Ellos no pueden pretender hacer milagros, puesto que una revolución proletaria modelo en un país aislado, agotado por la guerra, estrangulado por el imperialismo y traicionado por el proletariado internacional sería un milagro. Lo que importa es saber distinguir en la política de los bolcheviques lo esencial y lo accesorio. En este último período, vísperas de luchas decisivas en el mundo entero, el problema más importante para el socialismo ha sido y es la candente cuestión del día: no este o aquel detalle de táctica, sino la capacidad de acción del proletariado, la energía de las masas, en general, la voluntad en el socialismo de lograr el poder. Desde este punto de vista los Lenin y los Trotsky con sus amigos fueron los primeros en dar el ejemplo al proletariado mundial, y son todavía los únicos que con Hutten pueden exclamar: ¡Yo he osado. He aquí lo esencial e imperecedero de la política bolchevique. En este sentido su mérito imperecedero es haberse colocado en la vanguardia del proletariado internacional con la conquista del poder político y haber formulado en la práctica el problema de la realización del socialismo, contribuyendo así poderosamente al ajuste de cuentas entre el capital y el trabajo en todo el mundo. En Rusia el problema sólo pudo ser planteado. No podía ser resuelto allí. Y en este sentido el porvenir pertenece en todas partes al socialismo".


 


En esta caracterización de la revolución proletaria como un fenómeno internacional, imposible de culminar en el plano nacional, es donde se encuentra la verdadera clarividencia de Rosa Luxemburgo, ya que tanto la burocratización del Estado obrero, como el posterior derrumbe de los regímenes burocráticos, se explica por la incapacidad de resolver en un país aislado "el problema de la realización del socialismo". Todas las medidas bolcheviques que limitaban la vida política, no eran más que medidas obligadas; de no haberlas adoptado, la revolución habría sido derrotada mucho antes. Para los bolcheviques se trataba de defender la "fortaleza sitiada" hasta que la revolución mundial viniera en su auxilio. Es con ese sentido que luego adoptarán el retroceso estratégico de la Nueva Política Económica (NEP) y limitarán la posibilidad de organizar fracciones en el seno del partido bolchevique. Se puede teorizar hasta el hartazgo sobre la conveniencia o inconveniencia de estas medidas: la realidad es que, de no haber sido adoptadas, la revolución habría sucumbido.


 


Venturini responsabiliza a las resoluciones del X Congreso, que prohibieron organizar fracciones (no así desarrollar polémicas en las publicaciones del partido), de la posterior burocratización. En realidad podría acusar aún con mucho más sentido a la NEP, en la medida en que desarrolló una capa social interesada en abandonar la utopía y la locura de la revolución mundial, que correspondía a los campesinos acomodados (kulaks) y a los nuevos ricos (nepman). A la creciente burocracia del Estado, a estos sectores pequeño burgueses del campo y la ciudad, y a la presión del propio imperialismo mundial, respondió la política de la fracción stalinista. La política del stalinismo a nivel internacional agravará las condiciones del aislamiento, como se comprobará en Alemania (1923), China (1923-1927) y Gran Bretaña (1926). Esas derrotas, a su vez, reforzarán a la burocracia, debilitando todavía más a la clase obrera y a la Oposición de Izquierda, que defendía el programa de la revolución internacional.


 


El partido monolítico


 


"Aparte de las famosas 21 Condiciones, que fueran correctamente calificadas por Claudín como un modelo de sectarismo y de método burocrático en la historia del movimiento obrero, el otro factor que contribuyó a consagrar la teoría del partido monolítico fue la propia evolución interna de Rusia y la prolongación y acentuamiento de su aislamiento internacional", sostiene Venturini. Afirmar, con Fernando Claudín, que las "21 Condiciones" son sectarias, significa pasarse al campo de la IIª Internacional o de la llamada Internacional IIª y 1/2. Las "21 Condiciones" tenían como finalidad la ruptura de los jóvenes partidos comunistas con los líderes reformistas de la socialdemocracia, incluidos aquellos centristas y kautskistas que aceptaban de palabra la revolución socialista pero defendían en la práctica una política parlamentarista y antirrevolucionaria. Criticar el sectarismo de las "21 Condiciones" equivale a colocarse en el plano de los llamados reconstructores de la Internacional Socialista, que defendían la autonomía de cada partido nacional con relación a la Internacional y la existencia de diversas tendencias (revolucionarias y reformistas) conviviendo en la Internacional: en Uruguay, la crítica al sectarismo y burocratismo de las "21 Condiciones de ingreso" corresponderá a Frugoni, Troitiño y demás sectores reformistas del PS, que defendieron el ingreso a la IC con condiciones.


 


Luego de las "21 Condiciones", el otro craso error de Lenin, tendría que ver con "la trampa del monolitismo", que estaría expresada en "la resolución del X Congreso" del PC ruso. Para Alfaguara "constituye una completa tontería seguirla reivindicando como una medida transitoria obligada por la situación. La plena libertad de discusión política no es un lujo para tiempos de bonanza sino la condición en que se fundamenta la unidad de acción". Suponemos que Venturini también defenderá la plena libertad de discusión política, como fundamento de la unidad de acción, en medio de un tiroteo, ya que no admite atenuantes a este "dogma". La libertad de debate estaría, entonces, por encima de todo, incluso cuando pone en riesgo, justamente, la sobrevivencia en una situación desesperada. Lo que Lenin le planteó al X Congreso es un acuerdo que fue voluntariamente asumido para limitar el debate hasta salir de esa situación. Cualquiera fueran las diferencias sobre las medidas a adoptar por el gobierno soviético, éstas requerían en primer lugar asegurar su continuidad: de otro modo, podría darse la plena libertad de discusión política en un debate de emigrados en el exilio… luego de la caída de la revolución (si es que algún bolchevique sobrevivía). El que el stalinismo haya utilizado esta medida contra el bolchevismo tiene tan poco que ver, como el que haya utilizado citas de Lenin anteriores a 1917 contra Trotsky, o al propio Ejército Rojo para reprimir a las masas.


 


Venturini critica la ceguera de Lenin al adoptar esta medida, y "para relacionar los problemas de la burocratización del Estado, de los que era consciente, con el régimen de partido que propuso en 1921". En realidad, Lenin no propuso ningún régimen de partido especial, sino que con aquel pragmatismo que el propio Venturini le encomiara adoptó una medida elemental de autodefensa del partido y la revolución. "La misma ceguera afirma el articulista de Alfaguara se puede encontrar en sus últimos trabajos dirigidos abiertamente contra la burocracia. Así en sus propuestas para organizar la Inspección Obrera y Campesina contra los abusos y los robos de la burocracia a todos los niveles del aparato del Estado, Lenin propugnaría mayores medidas de control y sanciones draconianas llevadas adelante por los inspectores centralizados desde arriba, desde el aparato. La ironía de la historia querrá que esta función recayera sobre … Stalin".


 


La ceguera en realidad es del articulista. Los artículos y documentos que escribiera Lenin en sus últimos meses de vida, apuntan justamente contra Stalin, incluidos los que tratan sobre la Inspección Obrera y Campesina, que ya era dirigida por Stalin en 1923. El que el Bureau Político discutiera la posibilidad de no publicar este artículo revela que el mismo era un golpe tremendo contra Stalin. El planteo de Lenin no era el control por el aparato, sino controlar al aparato con el partido y la clase obrera: por ello planteaba remover a Stalin de Secretario General, ampliar el CC con 100 obreros, e introducir comunistas probados en la Inspección Obrera y Campesina.


 


Venturini afirma que "Trotsky y los 46 siguen presos mentalmente en la idea del partido monolítico consagrado por las resoluciones del X Congreso" y que "no se quería reconocer (¿no se podía?) que la situación era una consecuencia directa de las resoluciones prohibiendo las agrupaciones y el libre debate público de las divergencias, contrarias a toda la tradición anterior del bolchevismo". El mismo Trotsky, siempre según Venturini, haría "una patética defensa de la disciplina autoritaria implantada en el X Congreso, errónea posición que lógicamente no lo salvará de ser defenestrado". ¿Y acaso si hubiera defendido "la plena libertad de discusión política" sí se hubiera salvado? Trotsky, por otra parte, nunca buscó salvarse, como sugiere Venturini, sino que siempre defendió su posición revolucionaria, aun en los períodos más duros y en los que se sabía condenado. Sugerir que su defensa de la resolución del X Congreso tenía por finalidad salvarse es, por lo menos, un agravio gratuito.


 


Trotsky y la Revolución Española


 


Según la ponencia de Alfaguara, el mito del centralismo democrático afectó (a) toda la izquierda defensora de la Revolución Rusa. "En el caso de Trotsky vemos que éste estructura su movimiento, Oposición Internacional de Izquierda, primero, IVª Internacional, después, con los criterios ultracentralistas de la IIIª Internacional, del que fue uno de los principales animadores y redactor directo de muchas de sus principales tesis y resoluciones".


 


Para Venturini, ésta sería la causa del fracaso del trotskismo en constituir un movimiento de masas. "Acosado por la persecución más despiadada, tanto del fascismo como del estalinismo, el movimiento trotskista tuvo su más importante oportunidad de enraizarse con un movimiento revolucionario de masas durante el desarrollo de la revolución española (1931-1937). Sin embargo esta posibilidad se frustró por la persistencia de la concepción monolitista del partido internacional. Ante el surgimiento de diferencias tácticas entre la Izquierda Comunista española liderada por Andrés Nin y Juan Andrade, y el Comité Ejecutivo Internacional de la Oposición de Izquierda dirigido por Trotsky, se va a la ruptura. Es verdaderamente revelador que ni Trotsky ni Nin, formados en la tradición de la Internacional Comunista, fuesen capaces de comprender que una Internacional revolucionaria sólo puede basarse en la colaboración de las distintas corrientes y organizaciones nacionales, respetando sus idiosincrasias y su autonomía, que inevitablemente tienen sus raíces en la historia y en las tradiciones diferentes, y hasta en las herencias culturales específicas, en cada uno de los países".


 


¿Diferencias tácticas entre Trotsky y el POUM? Aquí el artículo de Alfaguara muestra la hilacha frentepopulista. El planteamiento de Trotsky en 1936, para España, fue el mismo que el de Lenin para la Rusia de 1917 en las "Tesis de Abril". El artículo de Alfaguara recuerda la lucha de Lenin contra la mayoría del Comité Central bolchevique, que apoyaba al gobierno provisional de coalición presidido por Kerensky. La Oposición de Izquierda Internacional reclamó a Nin y Andrade romper con el Frente Popular, es decir, con el kerenskismo español. Lenin se planteaba la ruptura con los sostenedores del gobierno provisional en caso de no lograr ganar al partido para su política. Esa fue justamente la lucha de Trotsky en España. Como Lenin triunfó en su lucha fraccional, en tanto Trotsky no logró imponer su orientación, Venturini elogia a Lenin y critica el monolitismo de Trotsky. Cualquiera que estudie este tema con una mínima honestidad, debe reconocer que la lucha de Trotsky contra el Frente Popular en España fue exactamente la misma que la de Lenin para lograr romper con el frente popular en la Rusia de 1917.


 


Para Venturini y Alfaguara, una Internacional revolucionaria debería "basarse en la colaboración de las distintas corrientes y organizaciones nacionales, respetando sus idiosincrasias y su autonomía", es decir, parecerse mucho a … ¡la IIª Internacional! Pero la existencia de una Internacional tiene por base precisamente la preeminencia de la economía y la política mundiales por encima de la economía y política nacionales. De allí se sigue que la Internacional debe tener una única estrategia a nivel mundial: la autonomía de las secciones significa la vía libre al oportunismo y la colaboración de clases con las burguesías nacionales de cada país.


 


Más cerca en el tiempo, otro modelo de respeto de la autonomía nacional es el llamado Foro de San Pablo, donde se admite la presencia de partidos que integran gobiernos neo-liberales, como el PS chileno, el PRD panameño y hasta el Movimiento Bolivia Libre, que desde el gobierno apoyó el Estado de Sitio contra la huelga de la COB y el encarcelamiento y confinamiento de dirigentes sindicales en zonas selváticas. ¿Hasta dónde debe respetarse la autonomía e idiosincrasia de cada movimiento? ¿Este respeto incluye a quienes reprimen a las masas? Una Internacional revolucionaria, ¿puede aceptar en su seno la presencia de quienes apoyan e integran un gobierno burgués que desarma las milicias obreras, y prepara por ese camino la derrota de la revolución? El colocar este tema en el terreno de la disciplina, el centralismo y las cuestiones organizativas, es un tremendo error. Lo que determina la unidad o la ruptura de los partidos y corrientes políticas, no es el que se sometan o se rebelen a una autoridad central, sino las diferencias estratégicas.


 


Es notable la tergiversación que realiza Venturini de la ruptura de Nin con la Oposición de Izquierda: "Nin y Andrade no están de acuerdo con la directiva internacional de Trotsky de realizar la táctica del entrismo en el Partido Socialista, y se orientan en cambio a constituir una organización independiente, el POUM, en acuerdo con la corriente antiestalinista de Maurín. Imposibilitados de acatar las directivas de Trotsky por considerarlas equivocadas, pero fieles al dogma de la Internacional centralizada y disciplinada, no se les ocurre postular y exigir para la Oposición de Izquierda el respeto a las decisiones autónomas de la sección española; consideran en cambio inevitable la ruptura momentánea con Trotsky al que siguen considerando su maestro. Trotsky, a su turno, considerará la actitud de los trotskistas españoles como una traición y lanzará contra el POUM las más duras diatribas. La ruptura condenó a Trotsky al papel de mero comentarista ante la revolución española y contribuyó al aislamiento internacional del POUM, facilitando su posterior destrucción física por la represión estalinista. Sin que los protagonistas tuviesen conciencia de ello, por encima de este trágico desencuentro planeaba la sombra de las 21 condiciones y el mito del partido monolítico".


 


Primero: es falso que la ruptura se haya producido como consecuencia de divergencias sobre el entrismo en el PS. A pesar de estas divergencias, la Oposición de Izquierda mantuvo una relación con el grupo de Nin e intentó mantener el debate político. La ruptura definitiva obedeció a la firma por parte de Nin y Andrade del programa del Frente Popular, en 1936. Esto es lo que Trotsky caracteriza como una traición, y ante la pretensión de los poumistas de que Trotsky era su maestro, el revolucionario ruso afirmó que "nunca había enseñado la traición".


 


Segundo: Nin y Andrade se negaron a debatir la política de la Oposición de Izquierda en España. Rehuyeron el debate y actuaron autónomamente. Su negativa a entrar como fracción organizada en el PS (cuando eran invitados a hacerlo incluso por sectores de la izquierda y de la juventud socialistas), que era una organización de masas, se hizo en nombre de la convergencia con el minoritario y oportunista grupo de Maurín, y de una política de diplomacia hacia los dirigentes anarquistas. En lugar de la penetración en las masas, Nin y Andrade se encaminaron a la "proclamación" de un partido centrista y conciliador. Cuando en 1936 se produce su apoyo al programa del Frente Popular y más adelante la integración al gobierno de la Generalitat de Catalunya (desde donde colaboraron al desarme de las milicias obreras), no es concebible ninguna colaboración con la Oposición de Izquierda Internacional.


 


Para Alfaguara, todas éstas son diferencias tácticas. Una Internacional debería unir, por lo tanto, a quienes apoyan al Frente Popular contra las milicias obreras, junto a aquellos que enfrentan a ese Frente Popular y llaman a luchar por la dictadura proletaria. Para qué podría servir una Internacional de esas características, incapaz de mantener la unidad de acción en medio de la revolución, nadie lo sabe. De todos modos, la caracterización de Venturini sobre la revolución española tiene como virtud clarificar todas sus disquisiciones sobre el centralismo democrático. La negativa al centralismo se ha convertido aquí en la aceptación de cualquier posición política en nombre de la democracia interna. Si al comienzo de su artículo, Venturini afirmaba que ningún obrero rechazaría el planteo de la mayor libertad en la discusión y la mayor unidad en la acción, ahora pasa a defender la libertad de cada tendencia de llevar adelante su política al margen de la discusión y resolución colectivas, en nombre de la autonomía nacional.


 


La Internacional que defiende la ponencia de Alfaguara está basada en el movimientismo y en el frentepopulismo. Movimientismo porque debería servir para unir a distintas corrientes al margen de las diferencias estratégicas, es decir, sería lo contrario de un partido. Frentepopulismo, como se ve en la revolución española, porque considera que las posiciones de Nin y Andrade se adaptaban a la idiosincrasia, tradiciones o la herencia cultural específica, que aparentemente Trotsky no comprendería.


 


No es casual que, cuando hace un balance de las distintas corrientes internacionales que se reclaman del trotskismo, la única que arrojaría un balance positivo sería el SU: "Más allá de las debilidades teóricas y políticas, hasta cierto punto inevitables, de todas las corrientes trotskistas, la relativa fortaleza en su momento del llamado Secretariado Unificado de la IVa Internacional, orientado por Ernest Mandel, tuvo que ver probablemente con la renuncia, tal vez en forma empírica, a establecer una disciplina estricta en sus filas, adoptando una relación laxa entre las diversas corrientes nacionales".


 


El Secretariado Unificado se caracterizó, precisamente, por su integración y apoyo a todos los frentes populares que se pueda concebir, rompiendo completamente con la política de la IVª Internacional. El hecho de que una organización pequeño-burguesa y frentepopulista haya logrado, en algún momento y sólo en algún país, una relativa fortaleza, no tiene ninguna importancia desde una perspectiva revolucionaria. La historia del Secretariado Unificado es la historia del sometimiento a la opinión pública pequeño-burguesa europea, desde las posiciones pro-stalinistas de la década del 50, pasando por las tesis del neo-capitalismo que negaban el agotamiento del capitalismo, por la disolución en el foquismo y el castrismo, y finalmente por la adaptación al pacifismo y la democracia burguesa, el eurocomunismo y el apoyo a Mitterrand.


 


Pero además, el SU sólo admitió cierta autonomía como expresión de una descomposición imparable. La historia de esta corriente comenzó, precisamente, cuando la tendencia mayoritaria (de Michel Pablo y Mandel) impuso a todas las secciones de la Internacional la política de disolución en el stalinismo. Con la negativa de la mayoría de la sección francesa a acatar esta orientación, y su expulsión por la dirección pablista, es que comienza la escisión de la IVª Internacional. La corriente que elogia Venturini fue fundada justamente en torno a una política de liquidación de la IVª Internacional y de su programa. En Brasil, el SU juega un papel fundamental en el sostenimiento de la política derechista de la dirección del PT, al punto que el propio E. Mandel, poco antes de morir, criticó la orientación de la sección brasileña por su carácter abiertamente frentepopulista.


 


Pero la colaboración entre tendencias políticas opuestas no podría limitarse al plano internacional. Si es concebible que dentro de la Internacional convivan quienes apoyan a un gobierno burgués con quienes plantean la lucha por la dictadura proletaria, ¿por qué no podrían convivir estas tendencias en el seno del mismo partido o sección nacional? Si esto es aceptado, ¿dónde queda entonces la unidad de acción? ¿Para qué serviría un partido político que se organizara sobre esta base? Fue contra este tipo de partido que se levantó Lenin en 1903, cuando rompió con el menchevismo. Alfaguara, que de a ratos parece reivindicar aquel "centralismo democrático" del bolchevismo original, plantea en realidad un partido en el que, no importa lo que se discuta y resuelva, cualquier tendencia puede hacer lo que quiera.


 


Más arriba, Venturini criticaba a "Los defensores del partido monolítico, (los que) conscientemente o no, han tergiversado el concepto de unidad de acción por el de unidad de opinión". Ahora él mismo culmina defendiendo la ruptura de la unidad de acción, en nombre de la libertad de opinión.


 


¿Y en Uruguay?


 


Las referencias de Alfaguara a las particularidades e idiosincrasias nacionales, no la llevan a formular qué política habría que tener para construir un partido revolucionario en Uruguay, si es que se plantea esa tarea.


 


No es casual que el artículo no se pronuncie sobre el Frente Amplio, aclarando si es posible la "reconstrucción de la izquierda como movimiento teórico y práctico" desde dentro del frente de colaboración de clases.


 


El articulista prefiere seguir manejándose con abstracciones. En la única referencia a la política nacional, Venturini opina sobre un debate actual en el seno del PC de Uruguay. Afirma que "para muchas generaciones de militantes comunistas, desconcertados ante los espectaculares vuelcos de la línea partidaria, el centralismo democrático es la verdadera y única marca de la identidad comunista. Leemos por ejemplo en el órgano del Partido Comunista Uruguayo (Carta Popular, 9/8/96): El Comité Central del PCU en su primera sesión posterior al Congreso, reafirmó el principio del centralismo democrático… componente fundamental del Partido de nuevo tipo… herramienta fundamental, que aplicada no por imposición sino por aceptación consciente, es una muralla ofensiva insustituible contra todo intento de penetración enemiga".


 


La crítica de Venturini es una completa abstracción. Ante las críticas de Rosa Luxemburgo a sus esquemas ultra-centralizadores, Lenin respondía reclamando un análisis concreto de la situación ("la primera regla de la dialéctica es que la verdad es siempre concreta"). Partiendo de este método, hay que analizar si las posiciones que dentro del PCU reclaman terminar con el centralismo democrático, como las que levantan Turiansky y el llamado Espacio Paraninfo, son progresivas; si plantean una crítica a la orientación de la dirección partidaria, que defiende la colaboración de clases y el objetivo del gobierno popular del Frente Amplio en 1999. La realidad es que los críticos al centralismo dentro del PCU plantean un viraje todavía más hacia la derecha, y esto es evidente para todo el mundo. Si la repetición ritual de que el centralismo democrático es una barrera ante la burguesía, no puede ser ninguna salida al margen de definir una política de independencia frente al Estado capitalista y los frentes de colaboración de clases, lo menos que se puede decir de las críticas abstractas al centralismo democrático es que constituyen un apoyo involuntario a los planteos de tipo "Confa" o "Paraninfo". Alfaguara debería ser un poco más concreta y exigir al PCU no la ruptura con el monolitismo sino… con el Frente Amplio, claro que para ello primero debería fijar ella misma una posición ante el FA.


 


Por la refundación de la IVª Internacional


 


El partido y la Internacional que necesita el movimiento obrero para llevar al triunfo su revolución, no tienen nada en común con los modelos de Alfaguara, la IIª Internacional y el Foro de San Pablo.


 


Es necesario construir partidos revolucionarios y un partido mundial de la revolución socialista. Esto no se puede construir sobre el vacío: hay que retomar las tradiciones y conquistas teóricas del movimiento obrero internacional. Hay que reconstruir la continuidad histórica del movimiento obrero y el marxismo, y para ello hay que recomenzar la tarea pendiente de la fundación de la IVª Internacional.


 


La crisis de la IVª Internacional no se explica por su apego al método del centralismo democrático. La realidad ha sido en general la opuesta: todas las fusiones y unificaciones se han dado sobre una base oportunista, a través de pactos entre camarillas y sectas, no basándose en acuerdos programáticos ni en una verdadera unidad de acción y disciplina internacional.


 


La crisis de la IVª Internacional tiene que ver con su incapacidad para jugar un papel protagónico en la situación revolucionaria de la posguerra, dada su escasa o nula inserción en el movimiento obrero de los distintos países, lo que en el marco del fortalecimiento aparente del stalinismo y de la estabilización transitoria del capitalismo, llevó a una desorientación y desmoralización políticas. En las pocas secciones donde el trotskismo tenía una inserción importante en el movimiento de masas (como en Bolivia y Sri Lanka), la orientación de la dirección de la IVª Internacional fue de subordinación a movimientos nacionalistas burgueses y pequeño-burgueses, es decir, la negación del programa marxista. La crisis de la IVª Internacional es, entonces, esencialmente programática.


 


La refundación de la IVª Internacional debe hacerse reivindicando lo esencial de su legado programático: la lucha por la dictadura proletaria, la ruptura con los Frentes Populares y la movilización de las masas en torno a las reivindicaciones transitorias, como preparación para la toma del poder por la clase obrera. Su funcionamiento debe ser el del bolchevismo: "Sin democracia interna no hay educación revolucionaria. Sin disciplina no hay acción revolucionaria. El régimen interior de la IVª Internacional se rige conforme a los principios del centralismo democrático: completa libertad en la discusión, absoluta unidad en la acción" (Trotsky, "El Programa de Transición").


 


Es por ello que reivindicamos el método adoptado por diversas organizaciones trotskistas, que lanzaron un movimiento por la refundación de la IVª Internacional, en una declaración que transcribimos a continuación:


 


"Declaración"


 


Los cambios que se desarrollan en la situación política internacional, especialmente la profundización de la crisis económica del capitalismo mundial y los levantamientos populares en diversas partes del globo, obligan a todas las organizaciones que se reivindican trotskistas a plantear la refundación de la IVª Internacional, para ofrecer a la vanguardia de los trabajadores de todo el mundo una orientación y una organización marxistas revolucionarias.


 


El Secretariado Unificado de la IVª Internacional (SU), que se reivindica como la continuidad de la IVª Internacional, no es la IVª Internacional ni puede ser reformado para serlo. La refundación de la IVª Internacional requiere la derrota política del SU.


 


En nuestra opinión, las bases de discusión para refundar la IVª Internacional deben incluir: 1) La actualidad de la lucha por la revolución socialista mundial y la dictadura del proletariado; 2) la reafirmación de la caracterización de la IVª Internacional de los Frentes Populares como un bloque con la burguesía democrática, que condena al partido del proletariado a ser un apéndice del capital; 3) la necesidad de la revolución social y política en la antigua Unión Soviética, Este europeo, China, Indochina, Corea del Norte y Cuba; 4) la elaboración de una estrategia anticapitalista basada en el método y en las reivindicaciones de transición.


 


Génova, 10 de marzo de 1997


 


Partido Obrero (Argentina); Partido Causa Operaria (Brasil); Oposición Trotskista Internacional; Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia); Liga Trotskista (Estados Unidos); Oposición Trotskista (Bolivia)".


 


Notas


 


1 . Alfaguara, mayo de 1997.


 

Una entente con los privatizadores y la Otan


La corriente internacional que dirige Pierre Lambert ha conseguido colocarse no sólo a la derecha de los partidos que se reclaman trotskistas, sino incluso a la derecha de cualquier partido que se reclame defensor de los trabajadores.


 


En 1991, el lambertismo creó en Francia el llamado Partido de los Trabajadores (PT), un pseudo partido laborista, conformándose como pseudo tendencia interna, la Corriente Comunista Internacionalista (CCI). Asimismo formó la Entente International des Travailleurs (en español, Acuerdo Internacional de los Trabajadores, AIT), en la cual revistan todas las organizaciones lambertistas del mundo más una serie de políticos social-demócratas y burgueses desplazados. El programa de la AIT, que el lambertismo concibe como una especie de Primera Internacional, es en realidad reformista, y sus declarados objetivos son la lucha por la legislación laboral y los convenios colectivos, contra las políticas de desregularización y flexibilidad, y por las libertades democráticas (1). Su programa máximo es, en realidad, el programa mínimo, y su forma de acción es el pasilleo por los organismos internacionales de la burguesía, tales como la Organización Internacional del Trabajo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y el lanzamiento de campañas conjuntas con partidos y políticos burgueses, sin ninguna perspectiva en el movimiento obrero (2). La AIT no se propone como dirección internacional revolucionaria del proletariado, y dice incluir todas las corrientes genuinas respetando su diversidad. Por supuesto este respeto a la diversidad sólo incluye a burócratas o políticos burgueses como los sindicalistas social-demócratas de Force Ouvrière en Francia, o del PRD de México. Con un diputado del PRD, el PT francés visitó la sede del FMI en 1994 para convencer al organismo de que anule sus planes de austeridad para los países del Tercer Mundo.


 


Desde el punto de vista del lambertismo, la situación de supuesta mundialización del capital y retroceso de la clase obrera a nivel internacional significa que hay que dar una respuesta de carácter puramente economicista o sindicalista. Luego de autodisolverse en la AIT, el lambertismo decidió nada menos que la refundación de la IVa Internacional en 1993. Quien lea las resoluciones de la ultima conferencia mundial de esta organización (3), podrá ver en la práctica cómo es posible violar de todas las formas posibles el legado revolucionario de Trotsky en nombre de la IVa Internacional. En realidad, el programa de la IVa lambertista es el programa de la AIT. Así lo revela el capítulo sobre los problemas políticos existentes, donde entre otros puntos toca la crisis del PT francés. El PT es, en realidad, una fachada del lambertismo dirigido desde la CCI, y los pocos militantes independientes son dejados de lado por los dirigentes de la CCI (4).


 


Que el camino de la AIT no sólo no conduce a una política de reconstrucción de la IVa Internacional, sino ni siquiera a la más mínima lucha reformista lo demuestra la política del lambertismo en Eslovaquia.


 


En 1995, la AIT participó en una conferencia mundial en Banska Bystrica, Eslovaquia, conjuntamente con la Asociación de los Trabajadores de Eslovaquia (ZRS); entre otras cosas, la conferencia se dedicó a denunciar las privatizaciones. Previamente, la ZRS había concurrido a elecciones con un programa que incluía, además, la negativa a la participación de Eslovaquia en la NATO. Sin embargo, luego de las elecciones, la ZRS decidió ingresar al gobierno burgués de Vladimir Meciar, del Movimiento por una Eslovaquia Democrática (HZDS), el Partido Campesino Eslovaco (RSS) y el ultranacionalista Partido Nacional Eslovaco (SNS). Al ingresar al gobierno, la ZRS firmó un documento que llama a Eslovaquia a integrarse a Europa y a las estructuras políticas, económicas y de seguridad trans-atlánticas, es decir al imperialismo (5). Josef Kalman, miembro de la ZRS, fue nombrado nada menos que comisionado del primer ministro Meciar y miembro del comité a cargo de las negociaciones para la integración a la Unión Europea y a la OTAN, mientras que otro dirigente de la asociación, el ingeniero Peter Bisak, fue nombrado … ministro de privatizaciones.


 


Luego de esto, el lambertismo, lejos de romper con la ZRS, ha pasado a defenderla fervorosamente en nombre de la democracia obrera. Daniel Gluckstein, secretario general del PT francés y máximo dirigente de la CCI, ha publicado un artículo en el cual justifica que la ZRS participe en el gobierno de coalición eslovaco "en nombre de su oposición a las privatizaciones" (6). Para Gluckstein, este "es un acto político que, como todo acto político, levanta discusión. Pero nadie puede erigirse para dar lecciones o proceder a alguna excomunión".


 


Es decir, en nombre de la democracia es posible compartir el mismo organismo internacional con un partido que participa en un gobierno burgués, privatizador y pro-imperialista, ya que después de todo "se trata de una libre discusión entre militantes de orígenes diversos, que buscan la vía mas eficaz de preservar al pueblo trabajador".


 


Curiosa forma de razonar para una corriente que hace veinte años decidió la persecución política de los militantes de Política Obrera de la Argentina, en medio de la más sangrienta dictadura de su historia, por las diferencias políticas que se produjeron en el Comité de Reorganización de la IVa Internacional (CORCI) en torno a la naturaleza bonapartista de las burguesías nacionales en los países semi-coloniales.


 


El hecho de que las críticas a la AIT y la ZRS hayan sido publicadas en el órgano del PT de Bélgica, un partido stalinista que apoya por la izquierda las privatizaciones en Bélgica y otros países, no invalida la denuncia. Sólo demuestra que el lambertismo se ha colocado en el mismo campo que la burocracia stalinista, que llevó a los estados de la ex-Unión Soviética y el Este europeo a la restauración capitalista.


 


En realidad, en el artículo de Gluckstein hay una fervorosa defensa del régimen burgués de Bratislava, el cual, según el dirigente lambertista, sería víctima de la ofensiva del FMI y la Unión Europea. Es verdad que el imperialismo presiona al gobierno eslovaco para que lleve adelante hasta el fondo las medidas privatizadoras y su integración a Europa. Continuando con esta línea de pensamiento, el lambertismo tendría que pasar a ser parte de todo gobierno nacional burgués del mundo que sufra las presiones del imperialismo.


 


El gobierno eslovaco de Meciar estima que existe un sistema de privatizaciones razonables. Por supuesto, el defensor de la ZRS rechaza identificarse con dicho gobierno, pero resulta extraño imaginar que si la ZRS se opone tanto a dicha política, haya aceptado no sólo formar parte del gobierno sino, además, dirigir el ministerio de privatizaciones.


 


El lambertismo ha tirado por la borda no sólo las enseñanzas del leninismo y el trotskismo en relación al rol pro-imperialista de los gobiernos burgueses nacionales, y de los llamados Frente Populares, sino los mas mínimos criterios de honestidad intelectual. La enseñanza práctica es que para estos supuestos refundadores de la IVa Internacional se puede construir una organización proletaria internacional en alianza con la burguesía pro-imperialista. Para los militantes obreros que buscan la reconstrucción de la IVa Internacional, la conclusión es que el lambertismo es irrecuperable para dicha tarea.


 


 


Notas:


 


1. "¿Quiénes Somos?" en Carta del Buró Internacional de la AIT nº19. Nueva serie, junio de 1996.


2. Ver por ejemplo Carta del Buró Internacional de la AIT, nos 17/23. Nueva serie.


3. Conferencia Mundial de las Secciones de la IVa Internacional en La Verdad, nº19. Madrid, primer trimestre 1997.


4. Idem, página 28.


5. Solidaire, órgano del Partido del Trabajo de Bélgica, nº 10, 7 de agosto de 1996.


6. Daniel Gluckstein, "Respuesta a una campaña contra la AIT. Defensa de la democracia"; en Carta del Buró Internacional de la AIT nº 20, Nueva serie, septiembre de 1996.


 

El carácter social de la Rusia actual


Introducción


 


Con el ascenso al poder de Boris Yeltsin, la burocracia del Kremlin proclamó abiertamente su objetivo de restaurar el capitalismo en Rusia.


 


Pasados ya seis años, ¿cuál es el balance de esta restauración? En otras palabras, ¿qué tipo de sociedad está emergiendo de la conciente destrucción de lo que aún quedaba en pie del Estado Obrero soviético después de más de medio siglo de dominación burocrática?


 


Para la mayoría de los observadores burgueses, la respuesta es inequívoca. Las privatizaciones, la penetración del imperialismo, la especulación bursátil y financiera, la apertura al mercado mundial, la creación de una capa de nuevos rusos supermillonarios (incluso para los patrones occidentales), la salvaje pauperización de las masas y su aparente desinterés político y, por sobre todo, la continuidad de la dominación de la camarilla restauracionista, habrían implantado definitivamente el capitalismo en Rusia.


 


La apreciación de una restauración irreversible del capitalismo en la ex URSS domina, incluso, en buena parte de la izquierda.


 


Aun cuando algunos sostienen que "puede tomar más de una generación antes de que se pueda responder en qué clase de sociedad se ha convertido Rusia" (1), el interrogante a develar se refiere tan sólo a lo que el diario de los especuladores londinenses califica como una "segunda gran cuestión": si el capitalismo que se habría implantado en Rusia tendrá "características latinoamericanas, (es decir) corrupto y mafioso" (2), u "occidentales". Se trata, claramente, de una disyuntiva falsa y no sólo porque los grandes monopolios norteamericanos y europeos son los que dominan al corrupto capitalismo latinoamericano. Es que para los propios imperialistas, este "capitalismo mafioso (ruso), de formas corruptas y monopolistas (es) políticamente necesario (porque) era parte del precio a pagar" para el éxito de la restauración (3).


 


Señalemos de paso, que la dominación de un capitalismo corrupto, mafioso y monopolista, según los términos comunes de los observadores internacionales, liquida cualquier pretensión de que en Rusia exista un régimen político democrático, como repiten a diario esos mismos observadores.


 


Pero incluso dentro de los estrechos límites de esta falsa disyuntiva, se afirma que Rusia avanza decididamente hacia un "capitalismo normal" por obra del gobierno que surgió después de las últimas elecciones, es decir, por obra del propio régimen de los mafiosos y corruptos.


 


En esta dirección, la prensa internacional y los grandes capitalistas no ahorran elogios. Para algunos, "las reformas empiezan a dar frutos" (4). Otros señalan el boom de la Bolsa de Moscú que se valorizó más del 200% desde 1996 como un síntoma de un siempre inminente renacimiento económico. Para el Financial Times, la última privatización de importancia, la del monopolio de las telecomunicaciones Svyazinvest, fue "la primera subasta relativamente libre de una de las joyas de la corona del Estado" (5). El financista George Soros, principal inversor externo en Rusia, sostiene por su parte que "hay un serio intento de progresar de un capitalismo de ladrones a un capitalismo legítimo" (6).


 


Una perspectiva tan idílica como interesada choca con la realidad de un marasmo económico sin fin y de una devastación social sin precedentes en la historia moderna. Su función ideológica es ocultar la manifiesta incapacidad del capital financiero mundial para dar una salida al derrumbe de las economías donde había sido expropiado el capital. "Faltan palabras para describir este desastre", confiesa un corresponsal que ha viajado por el interior de Rusia (7). Esta incapacidad no puede sorprender, porque el derrumbe de las economías de los Estados obreros burocratizados es consecuencia y expresión de la propia crisis capitalista mundial, que a través de la deuda externa, el comercio y la masiva aplicación de los planes fondomonetaristas golpeó brutalmente a las economías de los llamados países socialistas, integradas parcialmente por la burocracia al mercado mundial. El fracaso del capital financiero mundial para sacar a Rusia del marasmo cuestiona sus pretensiones de dominarla pero, por sobre todo, pone en evidencia su senilidad y su agotamiento histórico.


 


El objetivo del presente trabajo es demostrar que la transición al capitalismo de Rusia no es un proceso acabado e irreversible; que la desintegración del Estado Obrero como consecuencia de la política restauracionista no ha logrado establecer un nuevo régimen social; que las reformas no han logrado echar raíces en la economía rusa y que, por lo tanto, no alcanzan a definir el destino de la transición; que la razón última de este fracaso es la propia crisis capitalista mundial, y que el pronóstico fundamental de León Trotsky sobre la URSS que su naturaleza social definitiva, si capitalista o socialista, debería resolverse en la arena de la lucha de clases mundial sigue en pie, pasados cinco años de restauración capitalista en la ex URSS.


 


La cuestión de la propiedad


 


Desde el ascenso de Yeltsin, el 89% de los activos industriales de Rusia han sido privatizados; más del 60% están total o mayoritariamente en manos privadas (8).


 


Los beneficiarios han sido un reducido grupo de banqueros y gerentes comunistas todos ellos provenientes de los altos escalones de la burocracia del Kremlin que se apropiaron de empresas industriales y yacimientos de dimensiones mundiales a precios de regalo, cuando no simplemente simbólicos. La privatización la mayor transferencia de activos de la historia abarcó 120.000 empresas, algunas de enormes dimensiones como la Gazprom (ex ministerio soviético del gas), poseedora de la tercera parte de las reservas mundiales conocidas; grandes yacimientos petrolíferos, de minerales estratégicos, de oro y de piedras preciosas; grandes fábricas de aluminio.


 


En este proceso "rápido y sucio" (9), los burócratas accedieron a la propiedad por medios puramente mafiosos. No sólo las conexiones con el poder político sino también la violencia más brutal fueron utilizadas para la apropiación de los activos: cada año, decenas de banqueros, gerentes comunistas y funcionarios son asesinados por las bandas de sus competidores.


 


Esta capa de nuevos propietarios es la base social del régimen yeltsiniano. Esto se hizo evidente en las elecciones presidenciales del año pasado, cuando la catástrofe de la guerra de Chechenia, el hundimiento económico sin límites y el desplome de la popularidad del gobierno hacían prever una derrota de Yeltsin. Ante el peligro, los grandes banqueros que se habían beneficiado con la parte del león de las privatizaciones se unieron para sostener política y financieramente la reelección de Yeltsin. Pusieron a uno de sus hombres, Anatoly Chubais el llamado arquitecto de las privatizaciones como jefe de la campaña reeleccionista y dos de estos grandes banqueros entraron al gobierno: Vladimir Potanin, del Oneximbank, como viceprimer ministro, y Boris Berezovski, del grupo Logovaz, en el Consejo de Seguridad. Tan poderosa resultó la influencia de los grandes banqueros sobre el gobierno yeltsiniano que los rusos inventaron una nueva palabra para definir al nuevo régimen: la semibankirschchina, la era de los siete banqueros (10).


 


La privatización de los grandes medios de producción está lejos, sin embargo, de haber creado un régimen social acabado.


 


No hay inversión en la industria privatizada; por lo tanto, no hay reproducción requisito básico de cualquier régimen social estable sino una mera utilización, verdadero saqueo, de los activos y reservas ya existentes. "La industria rusa, dice un informe del Banco Mundial, sigue haciendo lo mismo que la soviética: utiliza mano de obra y recursos naturales para producir polución y productos que no se venden" (11).


 


La penuria de inversiones se evidencia en la industria petrolera, una de las más disputadas por los privatizadores y con más perspectivas en el mercado mundial: "La producción rusa de petróleo se ha reducido más de la mitad desde el pico de 11,47 millones de barriles por día en 1987 … " (12). La industria petrolera, sólo ella, necesita para mantener los actuales niveles de producción (¡no los de 1987!) inversiones equivalentes a la mitad de todos los activos bancarios rusos (13).


 


Mientras la industria carece de las mínimas inversiones necesarias para mantener los niveles de producción existentes (y que en promedio son, apenas, el 50% de los de 1989), se ha producido una impresionante fuga de divisas: 200.000 millones de dólares desde 1991 (14), una cifra que supera en varias decenas de veces el total de la inversión externa en Rusia en el mismo período. La masiva fuga de divisas es una evidencia irrefutable de que las privatizaciones son, antes que nada, un proceso de saqueo de los activos heredados y de disolución del régimen social vigente bajo el Estado obrero burocratizado, y de ninguna manera la estructura de un nuevo régimen social. Como se ve, es la propia burocracia sacando del país los grandes beneficios que ha realizado en estos años la que cuestiona la tesis de la irreversibilidad del proceso de la restauración capitalista en Rusia.


 


Bajo el capitalismo, la fuerza ciega del mercado compele al propietario de los medios de producción a acumular capital, ampliar su escala de producción y desplazar del mercado a sus competidores. Quien no lo logra, está condenado a la quiebra, es decir, a la negación capitalista de la propiedad privada de los medios de producción por las propias leyes del capital. Nada de esto existe en Rusia, donde ninguna empresa industrial ha ido a la quiebra a pesar de que la inmensa mayoría la excepción son un puñado de productoras de materias primas para el mercado mundial está técnicamente en bancarrota, produciendo mercancías que no tienen lugar en los mercados, incluso en el propio mercado ruso.


 


La propiedad, en Rusia, ha sido obtenida por medios mafiosos y es por estos métodos que se mantiene y se defiende. Esto explica la sistemática queja de la prensa imperialista acerca del pobre respeto de los derechos de propiedad. Aunque los inversores privados (rusos y extranjeros) poseen el 54,8% de las acciones de las cien mayores empresas industriales (15), apenas "el 11% de las empresas están manejadas por gerentes designados por los accionistas (…) El 80% de las compañías rusas está controlado por insiders (los propios gerentes comunistas)" y "aunque un tercio de estos gerentes ha sido reemplazado desde 1992, la mayoría de sus reemplazos ha sido designada por los propios insiders " (16). La prensa abunda sobre historias en las cuales los accionistas han visto su capital licuado por emisiones clandestinas de acciones ordenadas por los administradores o, directamente, las han visto desaparecer por la falsificación de los libros de las empresas o el desconocimiento de los contratos. Según un estudio, en la inmensa mayoría de las grandes empresas rusas se libran batallas abiertas y sangrientas, en el sentido más textual de la palabra entre los accionistas y los administradores (17). El propio responsable de la Comisión Federal de Acciones, Dimitry Vasiliev, reconoce que "estamos en el punto más alto de la lucha entre administradores y accionistas" (18).


 


¿Es posible calificar como irreversiblemente capitalista un régimen donde la propiedad de los medios de producción está en una disputa aguda y donde, como consecuencia de "la administración corrupta y un sistema judicial débil", la "redistribución de los activos del Estado es todavía insegura" (19)?


 


"La economía actual dice el privatista y liberal Georgy Yavlinsky es la descendiente lineal de la economía soviética" (20). Efectivamente, en la época final de la URSS, el control de los organismos estatales centrales sobre los gerentes comunistas colapsó. En su lugar, crecieron estrechas relaciones de mutua apoyatura entre los gerentes e intermediarios, que se ayudaron entre sí para evadir el plan del Estado y para beneficiarse individualmente de las oportunidades creadas por sus posiciones. La perestroika de Gorbachov potenció la tendencia de los gerentes a escapar del plan, al establecer la autonomía financiera y productiva de las empresas. Para quien en aquel momento quisiera haberlo visto, resultaba evidente que esta autonomía dada a los gerentes alcanzaba para definir la naturaleza restauracionista de la perestroika, a la que la inmensa mayoría de la izquierda, incluso en las filas trotskistas, calificó sin embargo como una renovación del socialismo.


 


Las redes financieras y de intereses que se formaron en la etapa final de la URSS y bajo la perestroika son el corazón de la nueva economía. Los Potanin, los Berezovski y los nuevos ricos de Rusia comenzaron privatizando los beneficios de sus empresas; luego privatizaron los activos. Por eso, "todavía se comportan más como depredadores que como propietarios" (21), es decir, como burócratas, no como capitalistas.


 


Todo esto permite concluir que, aunque la masiva privatización de la propiedad en Rusia entraña un cambio jurídico fundamental, esa alteración de los títulos de propiedad, con toda la importancia que tiene, no alcanza para definir al régimen social creado como capitalista. El simple cambio de títulos jurídicos es, por sí mismo, incapaz de crear el conjunto de relaciones sociales que están, por decirlo de alguna manera, adheridas a la propiedad privada capitalista de los medios de producción. Esto porque el capital contra lo que dice la ciencia social burguesa no es una cosa que se pueda poseer, sino que es una relación social históricamente determinada, precisa, entre los propietarios y los no-propietarios de los medios de producción, y entre esos propietarios entre sí. Como hace ciento cincuenta años, el análisis capitalista no logra superar el fetichismo de la mercancía, descripto por Marx en El Capital: la identificación de las relaciones sociales relaciones entre los hombres y entre las clases con los objetos que son su producto.


 


Fractura


 


La lucha por la monopolización de la propiedad llevó a la formación del bloque de los siete banqueros que respaldó la reelección de Yeltsin; la agudización de esa misma lucha también provocó su fractura.


 


El ascenso, a fines de marzo, del nuevo gobierno Chubais-Nemtsov, marca esta ruptura. Uno de estos grandes banqueros, Vladimir Potanin, del Oneximbank, abandonó su puesto de viceprimer ministro; el otro representante de los banqueros en el gobierno, Boris Berezovski, del grupo Logovaz, mantuvo su puesto en el Consejo de Seguridad.


 


Esta fractura se hizo evidente en las últimas grandes privatizaciones, en las que se quebró el "acuerdo tácito" entre los banqueros para una "distribución cordial" (22) de las principales empresas. Berezovski logró derrotar a Potanin en la privatización de la petrolera Sibneft. En las siguientes, sin embargo, Potanin, asociado con Soros, Deutsche Morgan Grenfell y la banca Morgan Stanley, se apoderó de Norilsk (el mayor productor mundial de níquel) y de Svyazinvest, el monopolio de telecomunicaciones ruso. 


 


Como lo reconoce el propio Financial Times (23), las menciones de Soros sobre la supuesta evolución de un capitalismo de ladrones a uno normal son "auto-justificatorias", porque se asoció con uno de ellos. Potanin obtuvo de allí los fondos para apoderarse de la telefonía, que ganó a precios de regalo, y de la aduana, que el gobierno le entregó a cambio de préstamos. Más aún, se benefició de la amistad de Chubais y Nemtsov (24): dos semanas después de esta privatización, fue despedido del gobierno Alfred Kokh, ministro del ramo y hombre de Chubais, acusado de favorecer a Potanin (25). Poco después fue asesinado otro hombre de Chubais, Mijail Manevic, responsable de las privatizaciones en la ciudad de San Petersburgo. En cuanto a Norilsk, Potanin que ya administraba la empresa desde hacía dos años pagó 8,85 dólares por cada acción que ahora se cotiza a 15 en la Bolsa (26).


 


Como se ve, bajo el nuevo gobierno nada ha cambiado: la propiedad se sigue obteniendo por medios mafiosos, y por las conexiones y el entrelazamiento entre los nuevos capitalistas y el aparato del Estado.


 


La "guerra de los banqueros" (27) entraña una fractura de la base social del régimen de Yeltsin. El propio Nemtsov "advirtió que esta lucha puede llevar a un realineamiento de las fuerzas políticas, con algunos de los grandes bancos cambiando su apoyo del presidente Yeltsin a comunistas y fascistas. Incluso sugirió que Chernomyrdin, el primer ministro, podría romper con sus dos viceprimeros ministros y hacer jugar su influencia detrás de este nuevo agrupamiento" (28). En otras palabras, desde el propio poder se anuncia una severa crisis política, como consecuencia de la agudización de la lucha por la propiedad entre los grandes beneficiarios de las reformas que incluso puede llevar a la caída del gobierno al que, oportunamente, se calificó como "la segunda y última oportunidad para Yeltsin y las reformas en Rusia" (29).


 


¿"Soldatis" rusos?


 


Durante los cinco años de las reformas yeltsinianas, se ha asistido a un proceso conciente y deliberado de desorganización y destrucción económicas de dimensiones, simplemente, colosales: "entre diciembre de 1991 (ascenso al poder de Yeltsin) y diciembre de 1996, los precios al consumidor aumentaron 1.700 veces (¡un 1.700.000 %!), devorando los ahorros de toda la vida de cualquiera que no tuviera activos reales. Según la edición del último trimestre de 1996 de Tendencias Económicas de Rusia, la relación de los activos en poder de las familias respecto del PBI colapsó del 100% en diciembre de 1990 al 10% a fines de 1993. Hoy, el 80% de la población no tiene ningún ahorro" (30).


 


La hiperinflación, la especulación contra el rublo, el manejo de la deuda pública, el mercado negro y el desvío de los fondos destinados al pago de jubilaciones y salarios, permitieron un fenomenal enriquecimiento especulativo de una delgada capa de burócratas a costa de una también fenomenal pauperización de la población. Por su posición, los bancos fueron sus principales beneficiarios. La llamada estabilización del rublo que redujo la inflación del 2.500 al 20% anual no alteró en nada este festival especulativo, porque "nacen nuevos instrumentos especulativos a cada momento" (31). La Bolsa es uno de ellos.


 


Importa destacar, sin embargo, la manifiesta debilidad económica de los bancos rusos, a pesar de las grandes confiscaciones populares con que se han beneficiado. El capital total de los bancos rusos es menor que el de los bancos finlandeses (32), lo que basta para caracterizarlos como pigmeos a escala mundial. Sus activos alcanzaban, en 1995, al 34% del PBI, contra el 155% de la República Checa (33). El mayor banco ruso, el banco estatal de depósitos Sverbank, tiene activos seis veces mayores que el mayor banco privado. En los últimos años, han desaparecido más de 450 bancos, incluidos algunos grandes bancos regionales (34).


 


Si se examina detenidamente, no existe en realidad un real sistema bancario en Rusia, es decir, un intermediario financiero dedicado a canalizar el ahorro nacional hacia los demandantes de crédito. Uno, porque "sólo los bancos cuya función ha sido desde el inicio servir a los intereses del Estado (es decir, a manipular la deuda pública y el presupuesto, a administrar las aduanas y a pagar las jubilaciones y los salarios de los trabajadores estatales) han logrado sobrevivir a la concurrencia y afirmarse en el mercado financiero" (35). Dos, porque estos bancos carecen de depósitos, ya que los ahorros de la población han sido evaporados por la hiperinflación y fugados por los propios bancos al exterior. Tres, porque los bancos rusos no prestan dinero a terceras compañías a causa de las "pobres garantías" y de la insolvencia generalizada; en Rusia sólo las compañías relacionadas obtienen créditos de sus propios bancos (36). Se trata, por lo tanto, no de auténticos bancos, sino de simples compañías financieras adosadas a alguno de los grandes grupos industriales y que usufructúan el presupuesto estatal.


 


Todo esto permite afirmar que existe una manifiesta contradicción entre la debilidad económica de los bancos y la masa de activos industriales que se han apropiado mediante las privatizaciones. ¿Tendrán los bancos rusos el músculo financiero suficiente para sostener los imperios que han montado? ¿O la privatización en beneficio de los bancos es, apenas, un punto de partida cuya estación final es el copamiento de estos grandes medios de producción por parte de rivales más poderosos?


 


Es muy significativo entonces que, en la más reciente de las privatizaciones, la de la telefónica Svyazinvest, el banquero Potanin se haya visto obligado a asociarse con verdaderos pesos pesados de las finanzas mundiales como Soros, la banca alemana Deutsche Morgan Grenfell y la norteamericana Morgan Stanley para derrotar a sus competidores, también asociados a otros grandes bancos internacionales.


 


No hay que olvidar que el endeudamiento externo para intervenir en las privatizaciones de las que fueron inicialmente sus principales beneficiarios convirtió a los capitalistas argentinos en rehenes de sus acreedores, a quienes rápidamente debieron ceder la parte del león de esas privatizaciones para saldar sus deudas. La adjudicación inicial de las empresas públicas a los grandes capitalistas argentinos significó un intento de defensa, por parte del Estado, de sus propios privilegiados frente a la competencia del capital financiero. Esa defensa, sin embargo, no logró impedir que los Soldati y otros beneficiarios de las privatizaciones fueran desplazados de las propias empresas, recientemente capturadas, por el gran capital imperialista. ¿Están condenados los grandes banqueros moscovitas a convertirse, a su turno, en la versión rusa del argentino Soldati?


 


Un espejo del futuro de los bancos rusos bien puede ser lo que está ocurriendo con la banca polaca, que ha comenzado a sufrir después de varios años de reformasun agudo proceso de extranjerización y de expulsión de su propio mercado por parte de la banca extranjera. Como los rusos, los bancos polacos están subcapitalizados y carecen de depósitos. El banco norteamericano J.P. Morgan y el sueco Swedbank ya se han apoderado de uno de los mayores bancos polacos; el Citibank domina la banca minorista y los grandes bancos alemanes Dresdner y Deutsche los negocios corporativos; el holandés ING y el irlandés Allied Irish se están apropiando de los bancos regionales. Según el Banco Mundial, la apertura a la libre competencia de los bancos del exterior, establecida para fines de 1998, provocará "una situación volátil, con reestructuraciones y liquidaciones" (37). En este cuadro, los banqueros polacos han debido "resignarse a dejar el lugar a los bancos extranjeros" y refugiarse en la banca regional es decir, en los pequeños negocios de provincias y "en los nichos de negocios más al Este (en las repúblicas bálticas) donde todavía pueden tener un papel dirigente" (38).


 


En cierta medida, este mismo proceso ya se ha iniciado en la propia banca rusa, con la penetración de los grandes bancos de inversión internacionales como Merryll Lynch y Goldman Sachs, la participación del capital financiero en las grandes privatizaciones (hasta ahora, un coto cerrado de los banqueros rusos), la penetración masiva en la Bolsa moscovita y las adquisiciones de los paquetes accionarios de algunos bancos rusos por parte de grandes bancos europeos (39).


 


Todo esto explica que una especialista califique a los banqueros rusos, a pesar de los enormes activos industriales de los que se han apoderado y de los fenomenales beneficios especulativos que han obtenido (y siguen obteniendo) como "la más inestable de todas las elites" creadas con las reformas (40).


 


Un boom artificial


 


Otra expresión significativa de la penetración imperialista es el boom de la Bolsa de Moscú, cuya valorización en los últimos doce meses supera la de cualquier otra Bolsa del mundo: sus 50 acciones principales se valorizaron un 140% en términos de dólar, sólo en el primer semestre de este año. Algunos fondos de inversión obtuvieron beneficios superiores al 300% en ese mismo período, y determinadas acciones, en particular las de las compañías de segunda calidad, crecieron entre el 1.000 y el 2.800% (41). Para establecer una medida de los fenomenales beneficios especulativos que produjo la Bolsa moscovita en los primeros seis meses de este año, basta señalar que la que le sigue en el ranking de crecimiento, la de San Pablo, registró un aumento del 60%, menos de la mitad que la de Moscú.


 


El motor del boom bursátil son los fondos de inversión externos, en particular los norteamericanos: el 80% de las inversiones proviene de ellos. Apenas el 20% restante ha sido aportado por los fondos de inversión y los bancos rusos, que han desviado hacia la Bolsa la masa de fondos especulativos que antes destinaban a la compra de títulos públicos.


 


Se trata de un fenómeno puramente especulativo, "basado más en motivos externos que internos" (42): "las grandes ganancias (en la Bolsa de Moscú) son un producto del dinero barato que está inflando los precios de las acciones desde Wall Street a Varsovia". Una revista de negocios resalta su carácter "artificial": está centrado en las "empresas de segunda línea (es decir, en acciones-basura) () la producción continúa cayendo en muchas industrias; la escasez de capital de trabajo es rampante y las empresas no han sido reestructuradas" (43).


 


El ingreso de capitales externos ha servido para estabilizar al rublo, pero la inevitable pinchadura de la burbuja moscovita "que puede ocurrir si las tasas de interés aumentan en los Estados Unidos o si los inversores abandonan los mercados emergentes" (44) lo derrumbaría inmediatamente. Así, después de recorrer los cinco continentes, la crisis de los tigres asiáticos podría sumar una nueva víctima en Rusia.


 


Para algunos observadores, "la conclusión" del repentino interés de los fondos de inversión norteamericanos por algunos de los llamados mamuts industriales rusos es que "la desindustrialización no es una fatalidad" (45). Es notable cómo unos cuantos millones de beneficios especulativos bastan para hacer olvidar las experiencias más evidentes y recientes.


 


En la República Checa, reputada hasta ayer nomás como uno de los modelos de la transición al capitalismo, la inmensa mayoría de los activos industriales está administrada, desde 1991, por un conjunto de fondos de inversión, controlados por los grandes bancos locales. ¿Cuál es el balance? "Según los analistas, el 40% de las grandes empresas está técnicamente en quiebra, cargando a los bancos con montañas de préstamos incobrables y garantías sin valor () la razón es que los bancos estuvieron más interesados en prestarles a las compañías a tasas altas que en elevar su productividad" (46).


 


La República Checa combinó una industria estancada y dominada por los fondos de inversión, con una burbujeante Bolsa de Valores, que produjo fenomenales beneficios especulativos con las acciones de las empresas técnicamente en quiebra. El masivo ingreso de capitales externos que nutrió a la Bolsa provocó "uno de los mayores déficits de balanza de pagos del mundo, en proporción" (47). La fuga de los inversores externos, como consecuencia de los primeros shocks de la crisis asiática, hundió la Bolsa en horas y provocó una fuerte devaluación de la moneda.


 


En este cuadro de derrumbe, la receta capitalista para salvar a los fondos de inversión checos y a los bancos que los dominan es, precisamente, la desindustrialización: "cerrar las empresas que pierden dinero, despedir a los empleados sobrantes, impedir que los bancos sigan financiando a empresas que de otra manera no podrían sobrevivir" (48). La experiencia checa muestra las insuperables limitaciones de la furia inversora que se ha desatado sobre la Bolsa de Moscú para promover el siempre anunciado renacimiento económico ruso; al contrario, por su carácter parasitario y artificial, el boom bursátil es una fuente de nuevas y violentas contradicciones.


 


¿Capitalismo de ladrones? Made in USA


 


Lo que mejor demuestra, sin embargo, el papel que está jugando el imperialismo en la transición rusa, es el escándalo que se ha desatado con los asesores de Harvard.


 


Los dos principales encargados de la más importante misión de asesoramiento enviada por el gobierno norteamericano a Rusia acaban de ser despedidos después de comprobarse que habían utilizado sus "estrechas conexiones" con los más altos escalones del gobierno, en especial con el viceprimer ministro Chubais, para su enriquecimiento personal. Mientras se llenaban los bolsillos, estos profesores de Harvard diseñaron el programa de privatizaciones que les permitió a los grandes banqueros quedarse con las empresas, y pusieron en pie los mercados de acciones y de bonos del gobierno, además de diseñar el sistema legal que defendería a los nuevos propietarios (49). El escándalo, reconoce otro profesor de Harvard, "alimenta las peores fantasías de los rusos: que todo el esfuerzo de la reforma es un intento de robo y pillaje" (50).


 


La paternidad intelectual, compartida entre la burocracia y el imperialismo norteamericano, del esquema que permitió a los grandes bancos apoderarse de los principales activos industriales y a los principales asesores norteamericanos, embolsar gruesas sumas por comisiones, da una contundente respuesta a la falsa disyuntiva planteada por la prensa internacional: si en Rusia se impondrá un capitalismo de ladrones o un capitalismo occidental: ¿Capitalismo de ladrones? Sí, pero made in USA.


 


Catástrofe económica


 


Así como los decretos de Yeltsin, las bondades del mercado no se extienden más allá de los límites de Moscú y San Petersburgo, donde están las oficinas centrales de los bancos, de la Bolsa y de los asesores externos. "Moscú es la excepción. Rusia hoy es un país de salarios impagos, impuestos impagos, huelgas, subsistencia, privatizaciones dudosas, industrias golpeadas, crimen, corrupción, polución y pobreza. Es una tierra de exceso de vodka y muerte temprana () miseria y desesperación" (51). La catástrofe económica que ha provocado semejante cuadro de disolución social no tiene precedentes en la historia moderna.


 


Según el propio viceprimer ministro Chubais, el déficit fiscal es "monstruoso". Para contenerlo, "el Ministerio de Finanzas simplemente secuestró las partidas presupuestarias" (52): el gobierno dejó de pagar los salarios de sus empleados y las jubilaciones. Las empresas, confrontadas con la restricción monetaria, dejaron de pagar a sus proveedores, a sus trabajadores y los impuestos al Estado. El total de los salarios y jubilaciones atrasadas, como porcentaje del PBI, saltó entonces del 14% en julio de 1996, al 26% en marzo de 1997; los atrasos afectan a 65 millones de trabajadores y a 36 millones de jubilados.


 


El no pago de los salarios y las jubilaciones fue otra oportunidad para el enriquecimiento de los banqueros y los directores de empresas: "cualquiera que pudiera tener algo de efectivo en sus manos lo que significa los directores de todo tipo de empresa y los burócratas cercanos al presupuesto simplemente ahorraron moneda (retrasando el pago de salarios y jubilaciones) e invirtieron en bonos del Tesoro (que) el año pasado pagaban intereses del 350% contra una inflación del 22%" (53).


 


Es imposible, por lo tanto, medir el déficit fiscal: la cifra oficial, que lo sitúa en el 9% del PBI, carece de sentido, porque el Estado se encuentra desde hace meses en cesación de pagos.


 


En realidad, el déficit estructural del Estado se ha agravado notablemente, como lo revela el hecho de que algunos pequeños, pero publicitados, pagos de jubilaciones atrasadas, han debido financiarse con préstamos externos.


 


La "desaparición de la moneda" (54) que llevó a la reaparición del trueque, que da cuenta del 40% de las transacciones, incluso en la gran industria, para el pago de proveedores y salarios, y hasta en ciertas ramas del comercio exterior es un síntoma inocultable de la disolución del Estado que la emite. Más aún, si las cifras del presupuesto y del déficit público son "más ficticias que otras estadísticas rusas" (55), la más ficticia de todas ellas es la cotización del rublo. El valor de la moneda rusa no es mantenido por la economía rusa, en cesación de pagos, sino por el sistemático ingreso de fondos del exterior. Es el imperialismo mundial, en consecuencia, el que sostiene el valor estable del rublo.


 


"El año pasado, los ingresos impositivos del gobierno central alcanzaron apenas al 12,4% del PBI, demasiado poco para cumplir incluso sus obligaciones mínimas" (56). El régimen yeltsiniano ha fracasado en la tarea de cobrar impuestos a los nuevos privilegiados, otro síntoma de la disolución del Estado: un total de 73 grandes empresas es responsable del 40% del total de la deuda impositiva (57). La promocionada reforma impositiva que el FMI y el Banco Mundial le reclaman al gobierno no logrará, sin embargo, despejar el camino: ¿cómo cancelar las mutuas deudas atrasadas del Estado y las empresas, sin provocar una quiebra generalizada?


 


Salta a la vista, que el secuestro del presupuesto y la desaparición de la moneda son insostenibles; por eso, hay quien teme que "será imposible mantener baja la inflación en el largo plazo" (58). La transición al capitalismo en Rusia no logra superar la alternancia de la hiperinflación y la híper-recesión. Son apenas dos caras del mismo proceso social: la disolución del Estado Obrero.


 


Derrumbe productivo


 


Después de tres años de reformas gorbachovianas y de cinco de reformas yeltsinianas, el derrumbe productivo no tiene pausas. El PBI cayó por octavo año consecutivo; hoy es apenas la mitad del de 1989. Respecto de 1995 cuando comenzó a anunciarse la inminencia de la recuperación en 1996 la producción industrial cayó un 10%; la de nuevos equipamientos y construcciones se redujo todavía más: un 15%. La industria, incluso, no logra defenderse frente a la creciente penetración de mercancías importadas.


 


Es tan brutal el derrumbe productivo ruso que, según los expertos del Banco Mundial, Rusia necesitaría dos décadas de crecimiento continuo a una tasa anual del 7% para recuperar el potencial económico perdido bajo el régimen de Yeltsin (59).


 


En el campo, las cosechas del 95 y el 96 fueron las peores de varias décadas; apenas alcanzaron los 69 y 76 millones de toneladas, contra 128 millones en 1990. Las importaciones de carne, harina y otros comestibles crecen año a año.


 


La descripción de un corresponsal sobre la situación rural en Rusia es aterradora. "El resultado más visible de las reformas en la agricultura ha sido la creación de una nueva clase sumergida de pobres rurales, ligados a la tierra porque no tienen dinero para irse, con menos esperanza de libertad o bienestar que la que tuvieron sus antecesores siervos un siglo atrás. De alguna manera, los nuevos siervos de Rusia están incluso peor que sus antecesores esclavos, que estaban atados a las tierras de sus señores por las leyes feudales () Los que permanecen en el campo están viendo la lenta muerte de su sistema agrícola en un creciente aislamiento. Todo el que tuviera el ingenio, el coraje o el dinero necesarios para escapar, voló a las ciudades hace tiempo () Bajo el régimen de Yeltsin, la población rural se redujo en 3,5 millones de personas, casi el 10% () Incluso durante la guerra, las cosas estaban mejor, declara un campesino de la vasta zona agrícola del Volga" (60).


 


El fracaso del régimen restauracionista en el campo es tan evidente que hasta sus propios apologistas lo reconocen: abortada la reforma de 1992, apenas el 5% de las tierras se encuentra en manos privadas; sólo el 3% de los trabajadores rurales son propietarios privados de sus tierras y su número continúa cayendo (61).


 


La razón de fondo de la continuidad del derrumbe productivo ruso, tanto en la industria como en la agricultura, es que su producción es excedentaria en el mercado mundial, sobresaturado de mercancías. Con la excepción de un pequeño número de empresas que pueden ser ligadas fácilmente como proveedoras de materias primas (y sólo con la característica de un brutal saqueo), la producción rusa no tiene lugar en el mercado mundial. ¿Cómo podrían mantenerse las empresas rusas de automóviles, de químicos, de acero o los astilleros, si la crisis mundial está barriendo a algunos de los grandes pulpos mundiales de estas ramas? Esta "dificultad (de las empresas rusas) para competir no es estrictamente económica: obedece a la estructuración monopólica (sostenida por los Estados) del mercado mundial" (62).


 


La asimilación de la privatizada industria rusa al mercado mundial y, consecuentemente, la plena transformación capitalista de Rusia requeriría un mercado mundial en expansión, capaz de recibir sus mercancías y abrir un curso de desarrollo productivo e industrial. Así se extendió históricamente el capitalismo por el mundo. El carácter destructivo y parasitario que ha asumido la transición rusa obedece, en cambio, a una de las características esenciales de la crisis capitalista, de la cual la propia transición es un componente fundamental: la destrucción de una parte sustancial de la capacidad productiva instalada a nivel mundial.


 


Así, la propia crisis capitalista mundial que a través de las deudas externas, la monopolización del comercio mundial y los planes fondomonetaristas (y las rebeliones populares contra ellos) llevó al derrumbe de las economías en las que se había expropiado el capital, se ha convertido, al mismo tiempo, en un obstáculo para la restauración del capitalismo en Rusia.


 


La presión del mercado mundial está provocando la masiva desindustrialización de Rusia, como antes provocó la de la RDA. Se trata de un proceso enormemente convulsivo, que llevado hasta el final, entrañaría la expropiación de un sector fundamental de la burocracia y una todavía más brutal devastación social: existen en Rusia más de 70 ciudades de más de 50.000 habitantes que dependen de una única industria.


 


El capital financiero alemán pudo llevar hasta el final la desindustrialización de la región Oriental, a pesar de las brutales contradicciones que desató, porque antes había capturado el poder político del Estado mediante la anexión de la RDA. En Rusia, por el contrario, el Estado todavía está en manos de la burocracia. Es por esto que no puede excluirse la posibilidad de que para proceder al salvataje de sus industrias ¡sus activos tan duramente conseguidos! al borde del colapso, la propia burocracia se decida a renacionalizar parcialmente la industria, es decir, volver al estatismo.


 


No se trata de una simple hipótesis; esto ya ha ocurrido con la empresa productora de los camiones Kamaz, ubicada en la república de Tatarstán, una de las más ricas de la Federación Rusa. Cuando fue inaugurada, en 1975, era la mayor planta de camiones del mundo. Fue privatizada en 1990 en beneficio de sus administradores; en ese entonces, el gobierno de Tatarstán retuvo apenas el 8% de las acciones. En 1993, con serias dificultades financieras, se asoció con una empresa norteamericana, KKR, encargada de gestionar préstamos internacionales para Kamaz a cambio de una promesa de venta de una parte minoritaria de su paquete accionario. Cuatro años después, y a pesar de haber recibido cuantiosos créditos, la empresa seguía en una crisis profunda; el gobierno de Tatarstán resolvió entonces retomar su control accionario, haciéndose cargo de sus pasivos. Lejos de protestar por la estatización, la norteamericana "KKR apoyó la transacción" (63).


 


La renacionalización de Kamaz respaldada por el capital financiero muestra el empantanamiento de conjunto de la transición.


 


La desintegración del Ejército


 


Si hay que señalar un terreno donde el fracaso de los restauracionistas expone abiertamente su incapacidad para crear a partir de la desintegración del Estado Obrero un nuevo régimen social y, consecuentemente, un nuevo aparato estatal, es el de la llamada reforma militar. Esto porque si el Estado es, fundamentalmente, "un destacamento de hombres armados", la desintegración del Ejército es un sinónimo de desintegración estatal.


 


La humillación rusa en Chechenia puso en evidencia la desintegración del Ejército como fuerza de combate, su penuria material, las fracturas de su alto mando, la desmoralización de sus tropas y la masiva evasión juvenil al servicio militar. Los sucesivos planes de reforma todos los cuales preveían distintas dosis de reducción de efectivos, reorganización de las regiones militares y del alto mando y de asignación de nuevos recursos han fracasado, arrastrando consigo a los respectivos ministros de Defensa y jefes del Ejército.


 


La desintegración del Ejército ruso es, antes que nada, una cuestión presupuestaria: el Ejército Rojo ha pasado a ser un ejército en rojo. El Estado es incapaz de sostener a 1,7 millón de hombres que se encuentran bajo bandera: los salarios y las jubilaciones militares arrastran varios meses de atraso, los servicios sociales de las fuerzas armadas han colapsado y una gran masa de oficiales y suboficiales provenientes de antiguos emplazamientos del Ejército Rojo en la ex URSS o en Europa Oriental están obligados a vivir en carpas, porque el Estado no ha podido después de siete años proveerles vivienda.


 


La última versión de la reforma militar, que prevé el licenciamiento de medio millón de hombres, entre oficiales y suboficiales, en los próximos 18 meses, "llevó la tensión al límite" (64): se realizaron asambleas en los cuarteles y el Sindicato Militar de Rusia (legalmente reconocido) llamó a "resistir e impedir" los despidos. El Movimiento de Apoyo al Ejército, que engloba a un conjunto de altos jefes militares devenidos diputados y que está encabezado por un ex ministro de Defensa de Yeltsin, el general Lev Rojlin, llamó, por su parte, a "forzar la renuncia de Yeltsin como se forzó la de Nicolás II" (65).


 


Con todo, "la reducción de medio millón de hombres no será suficiente para compensar la baja (anunciada por Yeltsin) del presupuesto militar al 3,5% del PBI Aun cuando se gastara el 8%, esto significaría una cifra similar a la que gasta Gran Bretaña para sostener a un ejército siete veces menor" (66). Esto explica por qué "es muy grande el temor a sucesos incontrolables en las fuerzas armadas" (67).


 


El presupuestario, claro, no es el único factor de desintegración de las fuerzas armadas.


 


La propia fractura de la burocracia gobernante, enfrentada en una lucha a muerte por la apropiación y conservación de la propiedad, lleva a la aparición de numerosos ejércitos particulares: la tercera parte de las fuerzas armadas de Rusia no son militares, sino que obedecen a los distintos ministerios de fuerza como el de Interior, la ex KGB o la propia Guardia Presidencial. El poder de fuego de estos ejércitos paralelos para no hablar de la moral de sus tropas o de su unidad de mando supera en muchos casos al de las propias fuerzas armadas.


 


Otro factor de disolución de las fuerzas armadas es la fenomenal diferenciación social establecida en su seno, que se ha agudizado como consecuencia de las reformas. La alta oficialidad participa activamente en el comercio (legal e ilegal) de armas y obtiene grandes beneficios de las cuotas de exportación de petróleo que el gobierno le ha otorgado al Ejército (embolsándose la diferencia entre el precio internacional del crudo y su precio interno, alrededor de 8 dólares por barril a principios de año). En cuanto al comercio ilegal de armas con que se benefician los jefes militares, basta citar el escándalo que estalló a principios de julio cuando se descubrió que "jefes, anónimos, de la flota del Pacífico cuyos conscriptos han muerto de hambre en las islas Russki vendieron como chatarra dos portaviones (con sus sistemas de combate incluidos) a Corea" (68). Ni qué hablar del robo sistemático de los suministros militares para su venta en beneficio propio. En defensa de sus privilegios de casta, la alta oficialidad ha formado el "Movimiento de Apoyo al Ejército", que cuenta con el respaldo de sectores desplazados de la propia burocracia yeltsiniana, como el general Korjakov -jefe durante años de la Guardia Presidencial y el general Lebed, ex jefe del Consejo de Seguridad, del PC y de la ultraderecha.


 


Mientras tanto, la masa de oficiales medios, suboficiales y soldados se encuentra en la miseria. Esto ha provocado que muchos de ellos se unieran a distintas bandas mafiosas o se conchabaran como guardaespaldas y matones; "otra salida, más drástica, son los suicidios, de los que hubo 438 el año pasado, comparados con 280 en las fuerzas armadas norteamericanas" (69).


 


"La paciencia de la oficialidad joven y de la suboficialidad, muchos de ellos sin botas y a medio alimentar, ha sido inmensa. Pero no es infinita y puede estar rompiéndose ahora" (70). Por eso, el gobierno teme tanto a "un motín armado que suscite el apoyo popular como a una revuelta de la población que encuentre apoyo armado" (71). No es un temor vano: a principios de julio, los trabajadores de una planta de reparación de submarinos en el Extremo Oriente, dependiente de la armada, con atrasos salariales de ocho meses, fueron a la huelga juntamente con los médicos y los docentes de la región y se enfrentaron, también en conjunto, contra la policía. En otros lugares de Rusia, trabajadores de los arsenales militares también salieron a la huelga en reclamo de los salarios impagos.


 


El fracaso de los restauracionistas para formar un ejército a su imagen y semejanza contrasta notoriamente con la experiencia histórica de los regímenes políticos que llegaron al poder como portadores de nuevas relaciones sociales. La burguesía revolucionaria francesa del siglo XVIII, los bolcheviques rusos, Cromwell, los comunistas chinos, por citar apenas a algunos, supieron crear, bajo el fuego de los acontecimientos (y en medio de penurias económicas quizá peores), ejércitos que tenían en común el hecho de ser el aparato militar de un Estado que defendía nuevas relaciones sociales.


 


Un Estado que es incapaz de sostener a su fuerza armada es decir, que es incapaz de sostenerse a sí mismo y que incluso es incapaz de establecer la disciplina en sus filas es, claramente, un Estado en disolución. La desintegración del Ejército ruso es la confirmación más rotunda de la caracterización del PO de que el elemento dominante en Rusia no es la supuesta edificación de un régimen social capitalista. Los restauracionistas no han logrado crear un nuevo ejército porque el proceso de desintegración del Estado Obrero es, por sí mismo, incapaz de crear nuevas relaciones sociales: se limita a un saqueo, parasitario y destructivo, de la riqueza social acumulada.


 


La situación de las masas


 


El proceso de la restauración del capitalismo en Rusia es una contrarrevolución política iniciada por la burocracia comunista con el concurso del imperialismo para acabar integralmente con las conquistas sociales de la Revolución de Octubre, transformándose así en clase propietaria. Por su amplitud y su profundidad, la confiscación de las masas que entraña este proceso no tiene precedentes históricos.


 


Hoy, el 32% de la población, está por debajo de la línea de pobreza. Los salarios y las jubilaciones, de miseria, se pagan con varios meses de atraso e, incluso, en especies. La desocupación se ha duplicado en los últimos años y "crecerá mucho más todavía" (72). Los ahorros de toda la vida de la población trabajadora han sido confiscados por la hiperinflación y por sonadas estafas financieras. Para Alexandr Solyenitzin, "la brecha entre los ricos y los pobres es mayor hoy que en 1917" (73).


 


Una de las evidencias más impresionantes de la destrucción de las condiciones de vida de las masas bajo el régimen restauracionista son las estadísticas demográficas. En menos de una década, según la Organización Mundial de la Salud, la expectativa de vida de los hombres ha caído de 62 a 58 años, y la de las mujeres de 74 a 72.


 


"La tasa de mortalidad de 15,1 por cada mil personas pone a Rusia sólo detrás de Afganistán y Cambodia entre los países de Europa, Asia y América (la tasa de los Estados Unidos es de 8,8 por mil); la tasa de mortalidad entre los rusos en edad de trabajar es hoy más alta que un siglo atrás () para los rusos varones de entre 40 y 49 años fue del 16,3% en 1995, un 77% más alta que la de 1990 () De los 3,5 millones de personas de menos de 60 años que murieron en Rusia en los últimos 5 años un número semejante sólo hubo en la historia moderna durante las grandes hambrunas o las guerras prolongadas la mayoría han sido personas en edad de trabajar" (74). Para la vida cotidiana de las masas, la experiencia de la restauración resulta una calamidad de dimensiones superiores a las hambrunas que siguieron a la guerra civil y la intervención imperialista contra el naciente Estado soviético, o las que produjo la colectivización stalinista e, incluso, superiores a las de las dos guerras mundiales.


 


En cuanto a los niños, "el número bruto de enfermos, espantosamente alto para cualquier estándar, parece ser un poco más bajo este año sólo porque nacieron muy pocos chicos en los últimos años" (75).


 


Según los propios médicos rusos, "los hombres se están muriendo en su edad madura, a una tasa sin paralelo en la historia moderna, por fumar mucho, por beber demasiado vodka, por las dietas dañosas, el poco ejercicio y el enorme stress que producen el rápido cambio económico y la dislocación social desde la disolución de la URSS () los suicidios están en aumento; también los asesinatos" (76).


 


La "asombrosa caída en la expectativa de vida () combinada con una de las menores tasas de nacimiento del mundo convirtieron a este país en una muestra de anormalidad demográfica () el más reciente informe sugiere que si no hay nuevas iniciativas de salud y educación, la población de Rusia disminuirá en 30 millones de personas en los próximos 50 años" (77). Para encontrar un retroceso poblacional tan pronunciado en tiempos de paz hay que retroceder a la época de la descomposición del Imperio Romano, a los tiempos de la peste negra en el Medioevo europeo o al despoblamiento indígena de América Latina. Un demógrafo ruso sostiene que "ninguna sociedad puede vivir mucho tiempo con estos parámetros".


 


Una catástrofe demográfica de tales dimensiones tipifica a un régimen social en violenta disolución, sometido a un saqueo brutal e impiadoso.


 


¿Apatía o desarrollo de la conciencia política?


 


La burguesía mundial y también la burocracia encuentran en este verdadero genocidio un motivo para el optimismo: "Aquellos que esperan otra revolución pueden razonablemente rastrear sus comienzos en tres aspectos de la situación rusa: pobreza, atropellos y opresión. Cada una ofrece tanta abundancia que aterra () Y sin embargo, a pesar de la miseria y de la desesperación, la revolución no está en el aire. Lejos de ello () Los motivos para el optimismo no radican tan sólo en el estado exhausto y desmoralizado de la nación" (78).


 


Que una buena parte si no todo del optimismo del imperialismo mundial en las posibilidades de la restauración en Rusia radique en el hecho de que el estado de ánimo de las masas no es hoy revolucionario, es una confesión impensada de la enorme fragilidad de los publicitados logros económicos, políticos y sociales de la transición. Bastaría un pequeño cambio en el estado de ánimo de las masas para que todo ese optimismo se transformara, súbitamente, en pesimismo y hasta en estampida. Los optimistas de hoy parecen olvidar la catarata de editoriales del tipo "Occidente ha fracasado en Rusia" (79) que se encontraban diariamente en la prensa internacional en los meses previos a las elecciones presidenciales del año pasado.


 


"La revolución no está en el aire", dicen hoy los optimistas. ¿Estaba en el aire en Albania un año antes de que las masas salieran a la calle a asaltar los cuarteles y tomaran las armas? En esa época, los editorialistas de la gran prensa mundial también eran optimistas respecto de Albania, a la que se calificaba como el ejemplo más exitoso de la restauración del capitalismo.


 


Los imperialistas caracterizan a las masas trabajadoras rusas como "apáticas" y "crónicamente fatigadas" (80). No es posible, sin embargo, caracterizar así a trabajadores que han protagonizado y protagonizan huelgas y marchas y que han organizado comités de huelga en todo el país por el pago de sus salarios. No pasa un día en Rusia sin que estalle una nueva huelga de los obreros industriales, los mineros, los docentes, los médicos, y hasta los trabajadores de las industrias militares.


 


El carácter parcial, limitado y hasta episódico del movimiento huelguístico no obedece a una supuesta apatía, sino al grado de organización, y en última instancia, al grado de desarrollo de una conciencia política independiente de los trabajadores de Rusia. No fue la fatiga, sino el carácter yeltsiniano de su dirección y la confianza en determinadas fracciones de la burocracia, lo que llevó a la frustración de las grandes huelgas del carbón y de los sindicatos independientes.


 


Es indudable que el desarrollo de una conciencia política independiente, revolucionaria, en la clase obrera rusa y en su vanguardia, es uno de los factores más determinantes del futuro destino de la transición: si la vanguardia obrera logra desarrollar esa conciencia política y, a través de la acción y de la organización, sacude el estado de ánimo de las grandes masas trabajadoras, saltará por los aires el optimismo de los capitalistas y los burócratas.


 


¿Cómo puede preverse que se desarrolle esta conciencia revolucionaria? La clase obrera rusa es una fracción de la clase obrera internacional. Por este motivo y por la naturaleza esencialmente mundial de los desafíos que enfrenta, la evolución de su conciencia política no puede independizarse de la evolución de la conciencia de las clases obreras de los grandes países capitalistas y de sus vanguardias. A los golpes de la crisis capitalista mundial y de la experiencia de los grandes proletariados del mundo, la clase obrera rusa deberá ir desarrollando una conciencia revolucionaria que la ponga a la altura de su enorme fortaleza social: se trata de un proletariado de cientos de millones de hombres y mujeres, altamente educado y concentrado.


 


En este sentido, la lucha por una organización internacional de la vanguardia obrera mundial que clarifique sistemáticamente la experiencia de las luchas de clases mundial y que actúe como una ligazón para los elementos revolucionarios que actúan en los proletariados de todos los países, incluida Rusia es un aspecto fundamental de la lucha por el desarrollo de una conciencia revolucionaria en Rusia. La experiencia revolucionaria de las últimas cinco décadas confirma que, por su programa, la única corriente del movimiento obrero que puede cumplir ese papel es la IV° Internacional, lo que la convierte en un factor objetivo de la crisis mundial y de la transición en Rusia.


 


Conclusiones


 


En un reciente reportaje, Boris Nemtsov, uno de los dos viceprimeros ministros rusos, declaró que "el período de acumulación inicial del capital () siempre fue acompañado, incluso en los Estados Unidos, de robos, bandidismo, corrupción y tráfico de influencias" (81).


 


¡Pero no todo robo es una acumulación originaria, capaz de abrir una vía para el desarrollo capitalista! Para ello son necesarias determinadas condiciones históricas que hoy no existen.


 


La acumulación capitalista originaria separó a los trabajadores de los medios de producción, creando un proletariado urbano dócil e inexperto que sería explotado en las fábricas por una burguesía en ascenso y cuya producción se enfrentaba con un mercado mundial ávido de mercancías. Hoy, los mercados mundiales están saturados de mercancías y capitales; el proletariado tiene tras de sí una experiencia de lucha y organización sindical y política mundial de más de un siglo y medio, y la burguesía mundial es una clase históricamente agotada. Estas condiciones históricas específicas explican por qué la acumulación inicial rusa el saqueo de la riqueza social acumulada no ha logrado definir la transición hacia un régimen social capitalista en Rusia.


 


Rusia continúa siendo una sociedad transitoria. La burocracia y el imperialismo se han apropiado de la propiedad, pero no han logrado establecer en Rusia relaciones sociales que correspondan a una organización capitalista de la sociedad. Los burócratas no han invertido un solo dólar en las empresas privatizadas; carentes de capital, estas empresas sólo logran sobrevivir gracias a la cesación de pagos generalizada. Las empresas privatizadas carecen de mercados en el exterior (sólo los grandes pulpos energéticos pueden acceder al mercado mundial) y en el interior están obligadas a competir con las importaciones del mercado mundial. Rusia carece de un sistema bancario y de un sistema legal que garantice la propiedad y hasta el simple cumplimiento de los contratos lo que permite que las empresas no paguen a sus acreedores. Las empresas no pagan el salario de sus obreros. Rusia no tiene un sistema monetario, ya que el valor del rublo es sostenido por los préstamos internacionales y la entrada de capital especulativo. El Estado ruso está en bancarrota y su dependencia del crédito externo es mayor que nunca; el retraso relativo de la economía rusa respecto del mercado mundial se ha agudizado. La fuga de divisas es monumental. Después de diez años de reformas de mercado, el mercado no es el elemento unificador de la economía rusa; ese papel de unificación lo juega la intervención directa de los Estados imperialistas.


 


El Estado Obrero ha dejado de existir, como consecuencia de los ataques conscientes del régimen político restauracionista. Como se ha señalado en otros trabajos de nuestra corriente (82), la crisis política de estos regímenes, el brutal hundimiento de las fuerzas productivas y la tendencia a la guerra civil no son más que la consecuencia, en última instancia, de la lucha entre los regímenes políticos dedicados a destruir la nacionalización de la propiedad y el conjunto de las relaciones sociales establecidas por esa nacionalización de la propiedad, que no han sido superadas.


 


Para que este saqueo pueda abrir paso a una restauración plena del capitalismo en Rusia son necesarias, todavía, condiciones políticas y económicas precisas que harán crujir al capitalismo mundial en su conjunto.


 


En el cuadro actual de la crisis mundial, el capital es incapaz de integrar plenamente a Rusia o, mejor dicho, sólo puede integrarla destruyéndola. Las enormes contradicciones de este proceso plantean una todavía más violenta confiscación de las masas trabajadoras. Como señaló el VIII° Congreso del PO, "las conquistas democráticas de las masas de Occidente que obligan al imperialismo a jugar la carta democratizante son una limitación fundamental a los intentos del imperialismo de resolver por la fuerza la cuestión de la restauración del capitalismo en los Estados Obreros degenerados. En la medida en que el imperialismo no pueda ajustar las cuentas con sus propios proletariados, será completamente impotente para resolver la cuestión de la restauración () Para producir una derrota duradera de la clase obrera, la burguesía necesita imponer una completa alteración de las relaciones políticas con el proletariado, lo que necesariamente debe manifestarse en el plano político del Estado (modificación del régimen político, liquidación de las libertades democráticas)" (83).


 


Para León Trotsky, la vigencia de la Revolución de Octubre radicaba en tres factores: en las relaciones de propiedad, en la conciencia del proletariado y en las condiciones de la crisis mundial, es decir, en la perspectiva de la superación de la crisis capitalista por la revolución mundial. La propiedad estatizada ha desaparecido por obra de la burocracia restauracionista y las generaciones que conocieron la victoria de la Revolución y su fase de ascenso han desaparecido. Pero la crisis asiática, el empantanamiento de la Unión Europea, la agudización de la guerra comercial y el giro en la situación mundial, provocado por los levantamientos de los explotados contra los regímenes fondomonetaristas en Albania y Ecuador, revelan que la crisis capitalista está muy lejos de haberse cerrado.


 


Esta conexión íntima entre la lucha de la clase obrera en los países adelantados y la suerte del proceso de la restauración capitalista confirma la unidad mundial de la lucha de clases y el pronóstico fundamental de León Trotsky, de que la cuestión de la naturaleza social definitiva de las sociedades de transición sería definido a escala mundial.


 


 


Notas:


1 . Financial Times, 9/4/97.


2 . Idem.


3 . Idem.


4 . Le Monde, 10/8/97.


5 . Financial Times, 3/8/97.


6 . Financial Times, 30/7/97.


7 . K. S. Karol, en Le Monde Diplomatique, agosto de 1997.


8 . Financial Times, 9/4/97.


9 . Idem.


10 . Financial Times, 3/8/97.


11 . The Economist, 12/7/97.


12 . International Herald Tribune, 21/8/97.


13 . Le Monde, 10/8/97.


14 . Idem.


15 . Financial Times, 25/3/97.


16 . The Economist, 12/7/97.


17 . Financial Times, 9/4/97.


18 . Idem.


19 . Idem.


20 . Idem.


21 . Idem.


22 . Le Monde, 9/8/97.


23 . Financial Times, 30/8/97.


24 . The Economist, 2/8/97.


25 . Financial Times, 14/8/97.


26 . Financial Times, 21/8/97.


27 . Le Monde, 9/8/97.


28 . Financial Times, 3/8/97.


29 . Financial Times, 14/4/97.


30 . Financial Times, 18/3/97.


31 . Le Monde, 10/8/97.


32 . The Economist, 12/7/97.


33 . Le Courier des Pays de l´Est, noviembre de 1996.


34 . Financial Times, 9/4/97.


35 . Idem.


36 . Financial Times, 9/4/97.


37 . Financial Times, 27/8/97.


38 . Idem.


39 . La Nación, 30/8/97.


40 . Natalia Lapina, "Elites económicas rusas y modelo de desarrollo nacional", en Le Courier des Pays de l´Est, noviembre de 1996.


41 . Le Monde, 10/8/97.


42 . Business Week, 5/5/97.


43 . Business Week, 24/3/97.


44 . Idem.


45 . Le Monde, 10/8/97.


46 . The Wall Street Journal, 15/8/97.


47 . Idem.


48 . Idem.


49 . The Wall Street Journal, 13/8/97.


50 . Idem.


51 . The Economist, 12/7/97.


52 . Idem.


53 . Idem.


54 . The Economist, 15/3/97.


55 . The Economist, 12/7/97.


56 . Financial Times, 9/4/97.


57 . Idem.


58 . Idem.


59 . Le Monde Diplomatique, agosto de 1997.


60 . Los Angeles Times, 2/4/97.


61 . The Economist, 12/7/97


62 . Archibaldo Mompez, "¿Existió la Revolución de Octubre?"; en En Defensa del Marxismo, n° 17, julio de 1997.


63 . Business Week, 11/8/97.


64 . Página/12, 28/8/97.


65 . La Nación, 21/9/97.


66 . Idem.


67 . Le Monde, 5/7/97.


68 . Idem.


69 . Página/12, 28/8/97.


70 . The Economist, 2/8/97.


71 . Página/12, 28/8/97.


72 . The Economist, 12/7/97.


73 . Idem.


74 . The New York Times, 9/6/97.


75 . Idem.


76 . Idem.


77 . Idem.


78 . The Economist, 12/7/97.


79 . Financial Times, 7/5/96.


80 . The Economist, 12/7/97.


81 . Financial Times, 31/7/97.


82 . Archibaldo Mompez, Op. Cit.


83 . En Defensa del Marxismo, n° 16, diciembre de 1996.


 


 

Globalización y Socialismo


Discurso presentado en la Conferencia Internacional de "Becarios Internacionales",

Asociación para la Democracia y el Socialismo, realizada en Moscú los días 28 y 29 de junio de 1997.


 


 


1. La última década del Siglo XX recuerda las palabras de Charles Dickens: "Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos".


 


Fue el mejor de los tiempos para los parásitos financieros de Occidente y sus contrapartes en el Este, los "novii Rouskii" (1) y otros mafiosos.


 


Fue el peor de los tiempos para las masas hambrientas del Tercer Mundo; para las decenas de millones de desempleados y para los excluidos de los ghettos de las mega-ciudades occidentales; para cientos de millones en el Este, desde Yugoslavia y Albania a las ruinas de la ex Unión Soviética.


 


Pero en otro sentido, fue tanto el mejor como el peor de los tiempos para las propias clases dominantes.


 


La primera parte de la última década fue el mejor de los tiempos para el capital (incluso alimentaba la ilusión paranoica de que había alcanzado su victoria completa y final con el colapso del así llamado "socialismo realmente (no) existente". Esta fue únicamente una victoria realmente no existente.


 


La segunda mitad de la década resultó ser el peor de los tiempos para los creyentes en el fin capitalista de la historia. La mayoría de sus sueños se convirtieron en pesadillas.


 


La inauguración del NAFTA en el continente norteamericano fue saludada por la rebelión de los zapatistas en Chiapas.


 


La marcha de la Unión Europea sobre la senda de las pautas de convergencia del Tratado de Maastricht condujo a una nueva y poderosa ola de lucha de los trabajadores en Europa, sobre todo al mayor movimiento huelguístico desde el Mayo del 1968 en Francia, en noviembre-diciembre de 1995.


 


El así llamado milagro de los tigres asiáticos fue empañado por la revuelta en curso del proletariado y de la juventud en Corea del Sur contra la flexibilidad laboral.


 


A la ofensiva neoliberal en Latinoamérica se opone ahora la contraofensiva de una serie de revueltas populares, desde Ecuador a la Argentina. La histórica marcha de los campesinos sin tierra hacia Brasilia en abril de 1997 culminó en una enorme manifestación de 100.000 personas, poniéndole fin a la euforia inicial del régimen de Cardoso y sus mandantes, el bloque de industriales y terratenientes apoyados por Washington.


 


Finalmente en la vasta área desde Praga a Vladivostok, donde el capital había sido expropiado y ahora se desarrolla el proceso de su restauración, reinan nuevas incertidumbres en un paisaje de devastación social. Las dos historias exitosas en el área, muy publicitadas hasta hace poco por el FMI y los medios de prensa occidentales como "los mejores y más avanzados casos de transición hacia una economía de mercado" fueron la República Checa y … Albania.


 


La primera historia de éxito, comenzada con la "revolución de terciopelo" (o contrarrevolución), se terminó por un aterciopelado fiasco de la corona checa y de las políticas monetaristas del régimen neoliberal de V. Klaus.


 


El éxito de Albania en la economía de mercado colapsó junto con su esquema piramidal, conduciendo a la total desintegración del Estado y a la fase inicial de una revolución popular. El establecimiento del gobierno de Unidad Nacional, la intervención imperialista de una fuerza multinacional, las elecciones, y sobre todo la falta de una dirección revolucionaria con una estrategia y objetivos políticos claros interrumpieron momentáneamente el proceso revolucionario pero no la crisis. Madelaine Albrigth, cabeza del Departamento de Estado, ha dicho correctamente que Albania muestra el nuevo tipo de crisis política en desarrollo en el continente europeo. Los imperialistas reconocen la amenaza y toman sus medidas, incluyendo la extensión de la NATO hacia el Este hasta las fronteras de Rusia.


 


La imagen global lejos de mostrar un fin de la historia, está mostrando un nuevo y dramático comienzo, en las vísperas del tercer milenio.


 


2. El pensamiento burgués es orgánicamente incapaz de captar y comprender la contradicción y el cambio, particularmente los agudos giros de nuestra época. Los zig-zags de los años 90 lo obligó a vacilar desde el tonto triunfalismo de F. Fukuyama sobre el fin capitalista de la historia hasta la demencia pesimista de S. Huntington sobre un racista choque de civilizaciones.


 


Así como la teoría política burguesa es incapaz de captar las complejidades del caótico mundo de la post guerra fría, del mismo modo, la teoría económica burguesa fracasa en captar lo que está pasando en la economía mundial. La globalización, de un proceso real y contradictorio, se vuelve un mito que cristaliza las ilusiones fetichistas producidas por la dominación del capital financiero.


 


De acuerdo a este mito, ningún gobierno nacional, ningún Estado nacional y, sobre todo, ningún movimiento de masas puede desafiar la supremacía de los mercados financieros globalizados.


 


Pero ciertamente una nueva ola histórica de luchas internacionales, desde Francia a México y desde Corea del Sur a Bélgica y a Brasil, desafía precisamente este mito.


 


3. Solamente el marxismo el así llamado marxismo clásico de los Grundrisse y de El Capital puede proveer las bases para un análisis científico de la globalización y sus implicancias.


 


La globalización es por sobre todo la globalización de las contradicciones del capital.


 


Estas contradicciones fueron, en un primer lugar, la fuerza motriz de la tendencia hacia la universalidad, inherente al capital como valor que se expande a sí mimso, desde sus primeros estadios, a través de su desarrollo histórico, alcanzando su clímax cuando el capitalismo logra su completa madurez y entra en la época de su declinación histórica.


 


En la época imperialista de la decadencia capitalista, la globalización, en otras palabras el carácter mundial de las fuerzas productivas modernas, de la vida económica, de la política y de la cultura, se vuelven dominantes.


 


El conflicto entre las demandas de universalidad y el particularismo conectado con la propiedad privada y la ganancia, la colisión entre el desarrollo histórico mundial en curso y las barreras del Estado Nacional, se convierte en la ley y en la fuerza motriz de la declinación del capitalismo y de la transición hacia el socialismo mundial, hacia una sociedad comunista sin clases.


 


Durante la época de transición, el proceso de globalización pasó, hasta ahora, por tres fases principales:


 


a) La primera fase, desde fines del siglo XIX hasta 1914, corresponde a la emergencia del imperialismo y la denominación del capital financiero analizado por Hilferding y Lenin.


 


b) La segunda fase siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial, desde los acuerdos de Bretton Woods hasta su colapso en 1971.


 


c) La tercera fase, que llegó como el resultado de este colapso, comenzó con desregulación y liberalización del movimiento del capital en los mercados financieros en 1979 y todavía continua.


 


La primera fase de globalización condujo a la exacerbación de las contradicciones internacionales, a la guerra mundial, a la ruptura de la cadena internacional del imperialismo en el proverbial eslabón más débil, Rusia en 1917, que inició la primera ola de revoluciones proletarias en Europa con la Revolución de Octubre, el comienzo de la época de la revolución socialista mundial.


 


La primera ola revolucionaria retrocedió y el capitalismo tuvo éxito en restablecerse, gracias a la interacción tanto de factores objetivos como subjetivos.


 


Inicialmente la propia burguesía no reconoció el cambio del carácter de la época histórica y trató de retomar los medios y las formas del período previo a 1914, buscando soluciones nacionales a problemas internacionalizados. Hubo una tendencia universal a retornar al nacionalismo económico en diferentes formas y la globalización era formalmente negada. El intento de regresar al patrón oro, la base nacional del sistema monetario internacional, provocó una avalancha que llevó al crash de 1929, a una serie de devaluaciones competitivas de las monedas nacionales, al proteccionismo, a la Gran Depresión. La "intoxicación de la vida económica con el bacilo del cadáver del nacionalismo" (Trotsky) encontró su manifestación más oscura en el fascismo y su demagogica autarquía económica. Las democracias burguesas que quedaron en pie en Occidente evitaron el fascismo mediante la movilización de sus todavía considerables recursos nacionales y coloniales para enfrentar la crisis mundial.


 


La tendencia mundial a negar la universalidad como la característica esencial de la época, por un retorno a los límites y recursos del Estado nacional finalmente catapultó a la humanidad a una nueva, y mucho más bárbara guerra mundial.


 


Pero en el período entre guerras de los años 20 y 30, todavía existía una base, aunque frágil y desintegrada, para las ilusiones en una solución nacional a la crisis.


 


En el período posterior a la Primera Guerra Mundial, los recursos nacionales y los capitales ficticios acumulados sustentaron los esfuerzos del capitalismo para reestablecerse, con la ayuda crucial de la socialdemocracia nacionalista, dejando a la joven Unión Soviética trágicamente aislada, con todas las terribles consecuencias de la burocratización y el stalinismo. La tendencia universal al anti-universalismo encontró su reflejo en el interior del Estado obrero aislado con el dogma burocrático del socialismo en un solo país.


 


Si en Europa occidental todavía existían recursos, especialmente provenientes de los imperios coloniales, para sustentar la reestabilización y las ilusiones reformistas, en la Unión Soviética hubo un espacio histórico para la industrialización y un estadio extensivo de construcción socialista por medios burocráticos, que estabilizaron temporariamente el control del nuevo estrato privilegiado. El stalinismo fue siempre un régimen de crisis, tratando de estabilizar el control burocrático por el terror; pero ningún terror podría tener éxito sin la ayuda de los triunfos de la economía planificada, a pesar de sus monstruosas distorsiones.


 


Estos factores materiales, tanto en en el Oeste como en el Este, pertenecen a un pasado remoto e irreversible . La decadencia capitalista, que llevó a poderosas luchas de masas, desintegró las bases coloniales de la Europa capitalista. Las tendencias globalizantes de la economía, en el período posterior a la II Guerra Mundial, negaron su negación nacionalista de los años ´20 y ´30 y, finalmente, llevó a una crisis histórica del Estado nacional y al colapso de la utopía burocrática del socialismo en un solo país.


 


Esta doble crisis crea ya una devastación social y amenaza con un nuevo barbarismo. Pero al mismo tiempo pone de manifiesto que todos estos factores, que interrumpieron la primera ola de revolución mundial y aislaron al primer Estado obrero, es decir el espacio para soluciones nacionales (temporarias) y utopías nacionalistas han sido superados por medio de las convulsiones y las tragedias del desarrollo histórico durante el siglo XX.


 


Incluso el renacimiento de nacionalismos étnicos anacrónicos es una reacción negativa a la imposibilidad de cualquier solución nacional viable de los problemas producidos por la globalización del capital en su estadio avanzado.


 


4. El mediador crucial entre los inicios de la época, la primera fase de globalización y las primeras revoluciones proletarias en Europa y el presente fin de siglo dominado por la tercera fase de globalización, es el establecimiento y la desintegración del acuerdo de Breton Woods, la declaración del keynesianismo internacionalizado,en la segunda posguerra.


 


En la Conferencia de Versalles de 1919, J. M. Keynes fue el único entre los representantes y consejeros de la burguesía imperialista que captó el cambio de la naturaleza histórica de la época y de su más alta manifestación, la Revolución Socialista de Octubre.


 


Insistió en que no había retorno a las condiciones del capitalismo previas a 1914 y que era necesaria una nueva estrategia económica para enfrentar tanto a la decadencia del capitalismo como a la amenaza representada por la Revolución de Octubre, resultante de aquélla.


 


La estrategia keynesiana de intervención del Estado en la economía, para fortalecer la demanda y asegurar el empleo, se implementó finalmente a escala mundial luego de la Segunda Guerra Mundial, después de la derrota del fascismo, el monstruo nacido de la vuelta al nacionalismo económico una derrota debida, por sobre todo, a la lucha heroica del Ejército Rojo, las fuerzas del primogénito de la revolución mundial.


 


El keynesianismo internacionalizado fue implementado en el contexto de la guerra fría, para contener la amenaza comunista y evitar nuevos Octubres.


 


El acuerdo de Bretton Woods inauguró el boom más largo de la historia del capitalismo, asegurando casi el pleno empleo y un fuerte Estado del bienestar en los países capitalistas avanzados, a costa del Tercer Mundo que se rebeló.


 


Pero al mismo tiempo, este largo período de boom y relativa paz social en los países occidentales preparó las condiciones para la peor crisis política y económica mundial.


 


La segunda fase de la globalización, en el encuadre de Bretton Woods, ligó a todas las partes de la economía mundial a través del dólar norteamericano en una paridad fija con el oro. Formó una estructura de crédito internacional (incluyendo el mercado de eurodólares) para financiar la inversión y la acumulación expandida de capital en un boom sin precedentes.


 


Pero fue esta expansión la que, finalmente, se convirtió en una crisis sin precedentes de superproducción de capital.


 


Con el fin de la convertibilidad fija del dólar, en agosto de 1971, el crédito se convirtió en deuda. Cada factor estabilizante del período previo se transformó en su opuesto, en un factor de desestabilización y crisis.


 


Debajo de la superficie del boom de post-guerra, las leyes de la decadencia capitalista estaban funcionando. Esencialmente, el sistema de Bretton Woods fue una solución internacional (temporaria) a los problemas internacionales basados en los recursos nacionales y en la moneda nacional del país capitalista más fuerte, los Estados Unidos, cuyo dólar era considerado tan bueno como el oro. En cierto punto, las contradicciones y tendencias de la declinación capitalista, en constante interacción con el desarrollo de las luchas sociales y nacionales (sobre todo la guerra de Vietnam), debilitaron paulatinamente la base nacional del sistema internacional de Bretton Woods, exacerbaron las tensiones entre lo internacional y lo nacional y llevó a las medidas de Nixon de agosto de 1971, al fin de la convertibilidad fija del dólar y al colapso de todo el edificio de Bretton Woods.


 


La extendida reproducción del capital durante la segunda fase de la globalización terminó en una crisis gigantesca de sobreacumulación, que se convirtió en la fuerza motriz para la fuga del capital hacia la especulación financiera, la liberalización, la desregulación y, finalmente, el libre movimiento del capital dentro del mercado financiero globalizado que hemos llamado la tercera fase de la globalización.


 


5. La segunda y tercera fase de globalización intensificaron todas las presiones sobre la economía de transición soviética y exacerbaron todas sus contradicciones, acumuladas durante las décadas de desgobierno burocrático en nombre del socialismo en un solo país.


 


El equilibrio geopolítico establecido en Yalta y Potsdam, la división de Europa y la guerra fría perpetuaron el retraso del desarrollo revolucionario en Occidente y el dominio burocrático en el Este.


 


A pesar de sus triunfos, o mejor dicho a causa de ellos, la economía de la Unión Soviética, ahora la segunda superpotencia industrial en el mundo, necesitaba más que nunca antes el acceso a los recursos mundiales, a lo más avanzado de las fuerzas productivas mundiales para avanzar más allá del primer estadio extensivo de la industrialización socialista hacia otro segundo estadio, intensivo. No es solamente una cuestión de modernización tecnológica. La etapa intensiva de la construcción socialista necesita la supresión de la burocracia, la regulación por una real planificación democrática que involucre a los propios productores, la liberación de todas las fuerzas de la actividad creadora e imaginación de las masas populares. En otras palabras, necesita una transición desde una socialización formal hacia una real.


 


Más se retrasaban los desarrollos revolucionarios en Occidente, más asfixiante se convirtió el chaleco de fuerza burocrático para la economía de transición y más profundamente la sociedad soviética (y las de tipo soviético) se encerró en un callejón sin salida histórico. En este sentido, el fin de las expectativas revolucionarias del Mayo francés de 1968 fueron el preludio del desastre soviético de 1991.


 


El período entre 1968-1975 de revueltas revolucionarias internacionales, como el resultado del colapso del sistema estabilizador de Bretton Woods, fue seguido por un período de contención, desorientación y confusión en el movimiento de los trabajadores, debido políticamente al rol de las direcciones burocráticas tradicionales y económicamente a la expansión de una Nueva Economía de la Deuda. Esta última fue la forma de la transición hacia la globalización del capital financiero y la ofensiva neoliberal de los 80.


 


Este período de ataques neoliberales, de retroceso de la clase trabajadora y de desorientación de la pequeñoburguesía, de ilusiones formadas sobre la base de la especulación financiera y la aparición de la generación yuppie, combinada con la histeria anticomunista reaganiana y la gigantesca expansión del gasto militar durante la locura de la Guerra de las Galaxias, intensificaron todas las presiones sobre la esclerotizada y estancada economía soviética, en manos de una nomenclatura senil y osificada. En este contexto tuvo lugar el giro hacia la katastroika y el mercado, culminando en la implosión de 1991.


 


6. El colapso de los regímenes burocráticos en el Este en 1989-91 y el fin de la guerra fría pusieron de manifiesto todos los antagonismos ocultos en el campo imperialista occidental, ante todo entre Europa, Estados Unidos y Japón.


 


El conflicto entre Europa y Estados Unidos ya se había desarrollado en el período previo, especialmente después del boom de la post guerra. En 1978, el Sistema Monetario Europeo (SME) fue establecido para enfrentar las implicancias del vacío dejado por el colapso del sistema de Bretton Woods.


 


En 1986, en el Acta de la Europa Unica (The Single European Act) iniciaba el movimiento para establecer el mercado más grande del mundo en comnpetencia con Estados Unidos y Japón.


 


En 1991, el Tratado de Maastricht fue la respuesta de la Europa capitalista al desafío planteado por la caída del Muro de Berlín, el colapso del stalinismo y la reunificación de Alemania.


 


Para mantener el condominio germano-francés, Francia y los otros países europeos aceptaron los términos de Alemania.


 


a) la disolución de Yugoslavia y la seguridad de la zona de influencia de Alemania en Europa Central.


 


b) el más estricto "criterio de convergencia" según los diktats del Bundesbank (el banco central alemán) para marchar a la Unión monetaria europea a partir del 1º de enero de 1999.


 


Los grandes costos del Anschluss de la ex-RDA fueron pagados no sólo por la República Federal de Alemania sino por todas las economías de Europa Occidental. Las altas tasas de interés impuestas por el Bundesbank fueron seguidos en otros países, especialmente Francia, por un fuerte efecto deflacionario. En 1992 el propio Sistema Monetario Europeo fue su propia víctima.


 


En general los resultados de Maastricht fueron dramáticos en todos sus aspectos:


 


a) Yugoslavia fue totalmente desintegrada en un sangriento caos, el infierno de Bosnia probó la incapacidad de Europa para controlar una situación de crisis en su propio suelo y abrió el camino para una reafirmación de la hegemonía americana en el continente europeo con los Acuerdos de Dayton y los cambios en la Otan.


 


Si la Otan se fundó, como se dijo cínicamente, para mantener a los rusos afuera, a los norteamericanos adentro y a los alemanes abajo, ahora, su extensión hacia el Este y su reorganización tienen como un objetivo mantener a los americanos dentro, a los europeos abajo y a los rusos quebrados, en una posición neocolonial subordinada, para ser reabsorbidos dentro del capitalismo mundial.


 


b) Las medidas draconianas de Maastricht llevaron a la "fractura social" en Europa occidental, a un incremento del desempleo estructural de más de 20 millones de personas, a la formación de gigantescos ejércitos de excluidos y a 50 millones de nuevos pobres.


 


Pero de esta forma Maastricht llevó a una nueva ola de radicalización social y lucha de masas, no sólo dentro de cada país europeo sino también a nivel de toda Europa. Las primeras eurohuelgas (Vilvorde) y euromanifestaciones, euromarchas contra el desempleo, el racismo y la exclusión, que culminaron en una manifestación de 50.000 personas en Amsterdam durante la Conferencia Intergubernamental de la Unión Europea de junio de 1997, son claros signos de un nuevo estadio de la lucha de clases europea y mundial.


 


Por lo tanto, de un lado la irresuelta y más profunda crisis en Rusia y el viejo espacio soviético, junto con todos los esfuerzos de los Estados Unidos-Otan para intervenir en él y, del otro lado, la nueva radicalización social en Europa está interactuando e interpenetrándose, creando una totalmente nueva y explosiva situación histórica.


 


7. El capitalismo enfrenta un estancamiento estratégico. Todas las estrategias usadas durante este siglo para enfrentar su decadencia y crisis desde las soluciones nacionales al keynesianismo internacional y al neoliberalismo anti-keynesiano fracasaron.


 


La derrota electoral de la derecha en Gran Bretaña y Francia demuestran el fracaso político y económico del neoliberalismo, no un renacimiento de la socialdemocracia. Los socialdemócratas llegan ahora al poder para continuar las políticas neoliberales con un rostro más humano. No pueden sino fracasar.


 


No hay lugar para un retorno a las políticas keynesianas, las bases del reformismo posterior a la Segunda Guerra Mundial la crisis de la sobreacumulación del capital lo impide.


 


No hay lugar para el retorno al nacionalismo económico, como en el período entre guerras. La decadencia capitalista y la globalización socavaron no sólo los recursos nacionales-coloniales del imperialismo, sino también el Estado nacional y sus guardianes, la socialdemocracia nacionalista y el stalinismo.


 


No hay lugar para ningún retorno a la utopía burocrática del autárquico socialismo en un único país del tipo Stalin, Hoxha o Pol Pot. El stalinismo no puede ser restaurado, ni siquiera puede retornar como un cadáver político resucitado. ¡En este contexto, la combinación de nacionalismo, de socialdemocracia y stalinismo presentado por Genadi Ziouganov, puede ser sólo una farsa antes de convertirse en una tragedia!


 


La globalización es el despliegue de las contradicciones del capital hasta el punto de no retorno; hasta el punto donde el capital encuentra sus propios límites. El hecho de que la globalización hoy es esencialmente la sobreexpansión del capital financiero a expensas del capital productivo, pone de manifiesto estos límites en la forma de crisis de sobreacumulación.


 


Cuanto más se desarrolle la globalización, tanto más se agudiza la contradicción entre el capital sobreacumulado y el monto disponible de plusvalía. El re-equilibramio de las proporciones sólo puede alcanzarse a través de la destrucción del capital excedente, de las fuerzas productivas y de millones de empleos. La conexión entre la globalización y el desempleo estructural demuestra que este último es un problema sin solución bajo el capitalismo.


 


Se ha hablado mucho acerca de los mercados globalizados, pero en realidad la globalización empuja al mercado hacia sus límites históricos. Sólo la planificación democrática conciente de los recursos mundiales por los productores puede controlar la globalización y transformarla en la base material para una nueva civilización realmente humana.


 


Tenemos que enfrentar la globalización del capital con la globalización de la lucha de clases, con prácticas políticas, una estratégia y una organización internacional e internacionalista.


 


Si la primera fase de globalización llevó a la Revolución de Octubre y a las primeras revoluciones socialistas en Europa; si la segunda fase de globalización intentó impedir nuevos Octubres pero enfrentó una creciente ola de revoluciones en el Tercer Mundo, que terminaron con los viejos imperios coloniales; entonces, la tercera fase de globalización conduce a una combinación y posible coordinación de explosiones sociales tanto en Europa como en los países subdesarrollados.


 


Esto abre el camino hacia el Octubre mundial. La globalización, lejos de traer el fin de una era de revoluciones, es su poderosa fuerza motriz, la matriz del socialismo mundial en el próximo Siglo XXI.


 

Marx, Derrida y el fin de la era de la fantasía


¿O no demostraremos mediante el álgebra que el nieto de Hamlet es el abuelo de Shakespeare y que él mismo es el espectro de su propio padre?


 


Ricardo Piglia, Respiración Artificial


 


Desde que salió la noticia fabulosa sobre el increíble discurso del filósofo francés, comenzó a divulgarse la idea de que Derrida se había convertido al marxismo (1). Los comentarios eran pocos pero sustanciosos: el creador de la "deconstrucción", la filosofía que se proclamaba la verdad última sobre la verdad misma, aunque ésta no fuera más que un juego de palabras; la teoría que había dejado al marxismo "a la derecha", arrinconado contra la pared del "totalitarismo" junto al nazismo y el fascismo, la iglesia católica y la religión en general; la crítica más ácida y corrosiva, tanto que parecía extraño que no terminase por corroerse a sí misma algún día; él, el padre de los pueblos deconstruidos, el profeta, había abierto la boca para decir: Marx no ha muerto. Peor: todos somos marxistas sin saberlo. Grave. Muy grave. Particularmente grave para los descendientes de M. Jourdain que, como los seguidores de Forrest Gump, se quedaron de pronto desconcertados ante el súbito cambio de dirección del maestro. Y peor todavía: como el mismo Forrest, el maestro parece no ir a ningún lado. En este texto intentaremos responder a dónde va Derrida, qué viaje nos propone y si vale la pena seguirlo, en caso de que tal viaje fuera posible y tuviera algún sentido. Dada la confusión que este tipo de maniobras intelectuales introduce en algunos círculos, no estará de más terminar esta crítica recordando quiénes somos y por qué luchamos.


 


La gran crisis de los relatos sobre la crisis de los grandes relatos y el fin de la era de la fantasía


 


"Hoy no terminaría este libro como lo hice en 1976 con esta declaración: La reposesión de nuestros cuerpos por parte de las mujeres llevará a un cambio mucho más esencial a la sociedad humana que la toma de los medios de producción por los trabajadores. Si bien el libre ejercicio por parte de todas las mujeres de la elección sexual y procreadora catalizará enormes transformaciones sociales (yo así lo creo), también creo que sólo puede ocurrir codo con codo, no antes ni después, con otras demandas que se han negado durante siglos a las mujeres y algunos hombres: el derecho a ser personas; el derecho a compartir justamente los productos de nuestro trabajo, no ser usadas sólo como un instrumento, un papel, un útero, un par de manos o una espalda o un conjunto de dedos; a participar plenamente en las decisiones de nuestro lugar de trabajo, nuestra comunidad; a hablar por nosotras mismas, por derecho propio".


 


Adrienne Rich: Nacemos de mujer


 


Adrienne Rich es una feminista que en los 70 se definía a partir del paradigma radical. El feminismo, uno de los movimientos políticos más importantes del mundo moderno, se reconoce en muchas caras: burgués-liberal (el logro de los mismos derechos que los varones en el marco del mundo capitalista, al que no cuestiona en tanto tal); post-moderno (la lucha se dirige contra construcciones "discursivas" que constituirían el núcleo de la opresión femenina); radical (considera la posición de las mujeres como originándose en las relaciones sexuales y, por lo tanto, al patriarcado como objeto a destruir); marxista (la opresión sólo es entendible en el marco de las relaciones de clase, que adquieren primacía ante las de género: es imposible un cambio en las últimas sin una transformación radical de las primeras). Las tres primeras posturas son abiertamente antimarxistas y constituyen la mayoría del feminismo "realmente existente" hoy por hoy. En este marco, la confesión de Rich se vuelve más que valiosa: la oleada antimarxista que arranca en los 70 la tiene como una de sus protagonistas. Hoy, sin embargo, el reconocimiento de la necesidad de transformaciones sociales más amplias como correlato necesario de la lucha feminista, la consagra como una rara avis en el concierto académico contemporáneo. Sin embargo, no es la única manifestación (2).


 


¿Qué es lo que ha pasado para que comiencen a verse síntomas de un retorno de los viejos problemas? Es necesario un poco de historia. El fracaso de la última oleada revolucionaria del siglo XX, la que se cierra con las dictaduras militares del Tercer Mundo, el ascenso de Thatcher y Reagan y la derrota de las ilusiones del Mayo francés, dio paso a un profundo retroceso del marxismo, sobre todo en los ámbitos intelectuales: la "desmarxización" de Europa occidental, especialmente allí donde el eurocomunismo entró en bancarrota a mediados de los 70 (Francia, España e Italia, sobre todo) fue su episodio más espectacular, aunque no el único. Intelectualmente, el ciclo contrarrevolucionario se tiñó con temas tales como "la crisis del marxismo" y tonterías por el estilo. Entre los ex marxistas desilusionados, el tema postestructuralista del "fin de los grandes relatos" se puso tan de moda como la crítica al marxismo como "religión moderna". La confianza en que el mundo avanzaba hacia la solución de sus grandes problemas se había quebrado: ni bajo el capitalismo (con su "religión" desarrollista y su teoría de la copa) (3) ni bajo el socialismo (con su "religión" marxista y su teoría revolucionaria) el mundo avanzaba hacia ningún lado. Era el "fin de los grandes relatos": cualquier afirmación acerca del futuro de la humanidad, aunque más no fuera como potencialidad, era pasible de ser acusada de "religión", es decir, de "teleología" y, por ende, "teología". Así, izquierdistas del más variado pelaje, como Ludolfo Paramio, gustaban de afirmar públicamente "yo ya no soy cristiano", para explicar su conversión a credos no menos ilusorios pero que se felicitan de imaginarse libres de toda ilusión. Dos caminos se abrían ante los creyentes del "nuevo realismo": el cinismo más puro y descarado, por un lado; el reformismo a cuentagotas, por otro. Como de la crisis del primero trata este artículo, concentrémonos brevemente en el segundo.


 


El reformismo "a cuentagotas" es el mejor nombre que le cabe a toda la teoría y la práctica de lo que dio en llamarse los "nuevos movimientos sociales" (4). La desilusión ante las promesas incumplidas de los "grandes relatos" dio paso a la idea, bastante simplota, de que si no eran posibles "grandes cambios", al menos se podrían intentar "pequeños cambios". Desconfiados de todo lo que oliera a política y políticos "tradicionales", los representantes de los "nuevos movimientos" reivindicaban su más completa autonomía ante cualquier instancia "totalizante". Feministas (sobre todo en sus variantes postmodernas y radicales), ecologistas (sobre todo aquellos grupos que reivindicaban la "acción directa" estilo Green Peace), grupos en lucha por reivindicaciones aún más particularistas (vecinales, por derechos civiles, por la reforma de las cárceles, estudiantiles, pacifistas, homosexuales, étnicas, nacionales, etc.), se ufanaban de una política inmediatista y repudiaban toda organización que superara los estrechos márgenes de la protesta local. Ecos de "lo personal es político" y "lo pequeño es hermoso", de izquierda mao-anarco-foucaultiana, coloreaban un discurso que sostenía la mayor eficacia de las reivindicaciones parciales, así como las bondades de la "democracia directa", que se hacía posible en las pequeñas organizaciones sin burocracia permanente. En su momento de auge (durante la década de los 80) constituyeron una poderosa crítica (que no carecía de valor) a todas las formas de acción política adocenadas e identificadas con gigantescas maquinarias burocráticas y represivas (centralmente, el estalinismo, la socialdemocracia y, en muchos casos, el conjunto de la sociedad capitalista y su Estado). La incapacidad de los "nuevos movimientos" para desafiar en su conjunto al orden vigente aislaba cada lucha y la condenaba al fracaso. Y si por alguna razón, alguna reivindicación hubiese tenido éxito, el carácter efímero de la victoria transformaba esta forma de lucha en una tarea de nunca acabar. Y quien nunca acaba, se cansa y, finalmente, no acaba. Este onanismo político terminaba, en el mejor de los casos, en un "basismo" sin perspectivas que se deshilachaba con el tiempo. En el peor (y más frecuente), simplemente se manifestaba como lo que era: una claudicación ante la burguesía, repitiendo todos los vicios de lo que antes habíase llamado "tradicional". El derrotero de muchas feministas que comenzaron siendo "progresistas" y terminaron como funcionarias de Alfonsín, Menem y Duhalde, por dar un ejemplo local, o de los "verdes", en Europa, es muy ilustrativo al respecto (5).


 


Sin embargo, en su momento, los "nuevos movimientos" parecieron expresar el renacimiento de la "sociedad civil" frente a organizaciones deshumanizadas como los estados dictatoriales, las grandes corporaciones económicas y los partidos políticos "tradicionales". Aparecían, además, como una alternativa a la política de "grandes masas", sobre todo a las de izquierda, de las que desconfiaban tanto (o más, en la mayoría de los casos) como de las de derecha. Frente a la "vieja izquierda", la "nueva izquierda" movimientista se reivindicaba efectiva y democrática (6). Utilizando analogías derivadas de Tocqueville, muchos "cientistas sociales" imaginaban una nueva democracia emergiendo de una sociedad que se había reencontrado con sí misma, más allá de ilusiones milenaristas. Los primeros años de Alfonsín, en los que se pregonaba la extinción de la clase obrera y la expansión de los "nuevos sujetos sociales", de los cuales estos movimientos no eran más que su expresión en el marco de una nueva sociedad "postindustrial", donde la democracia "a secas" se constituía en el final del viaje más allá de las utopías deshumanizadas, fue el apogeo de lo que puede llamarse, con toda justicia, la "era de la fantasía". Como no podía ser de otra manera, el proceso fue capitalizado por la burguesía y, como tampoco podía ser de otra manera y nadie podría ser el más indicado, Francis Fukuyama, un japonés yanquilizado e ignorante, coronó el proceso con la explicitación del gran, gigantesco, descomunal relato que se escondía detrás de todos los fenómenos que hemos narrado: el fin de la historia por la victoria definitiva del capitalismo.


 


Entre el capitalismo exultante, acunado entre barras, estrellas y un sol naciente, y la abandonada ilusión del reformismo a cuentagotas, el posmodernismo hizo su aparición en escena y, con él, toda la claudicación intelectual y la miseria moral imaginable. Como la realidad se empeña en ser real, el capitalismo en ser capitalismo y la crisis, crisis, es frente a este marasmo intelectual y político que algunos han visto la necesidad de volver tras sus pasos: es el caso de Adrienne Rich. Y, hasta cierto punto, el de Derrida. Ambos son meras manifestaciones del fin de la era de la fantasía: la gran crisis de los relatos sobre la crisis de los grandes relatos. Con una desocupación mundial gigantesca, mayor en muchos casos en los países centrales que en los periféricos, descenso generalizado de los salarios en todo el mundo, crisis económica interminable, devastación ecológica, renacimiento de enfermedades medievales y surgimiento de pestes contemporáneas incontrolables, por dar algunos ejemplos, ni los "nuevos movimientos" ni los teóricos del capitalismo triunfante pueden reivindicar nada más que el fracaso más absoluto. Menos, todavía, puede resultarnos útil una teoría que dice que nada puede hacerse con este mundo salvo reproducir sus horrores una vez que la oposición llega al poder. Es tiempo, hoy, de volver a creer positivamente en la posibilidad real de resolver los problemas. No es necesaria (ni deseable) ninguna nueva fantasía.


 


Un día de furia


 


Nacida de la última transformación de la filosofía francesa de la segunda posguerra, con antecedentes en el formalismo ruso de los 20, la deconstrucción es heredera de la crisis del "marxismo occidental" en general y del francés en particular (7). Filosofía del lenguaje, filosofía del texto: viejo idealismo que viene a decirnos que sólo decir se puede. Las aporías de la deconstrucción son conocidas. La incapacidad para conocer la realidad es la más importante: dado que no hay "fuera de texto", la realidad es texto. Y todo lo que se diga, también. Si se acepta que la realidad fuera del texto existe, da lo mismo porque es incognoscible. En consecuencia, la noción de "verdad" se vuelve relativa si es que mantiene alguna utilidad. Crítica a la izquierda: nadie puede demandar la posesión de algo que no existe. El relativismo niega pretensión alguna a toda lectura de la realidad: el marxismo no es más correcto que cualquier otro discurso. Crítica a la crítica: la deconstrucción no es más correcta que lo que critica. En consecuencia, todo se vuelve una enorme banalidad y el mismo acto de hablar carece de sentido.


 


El eje de la tarea deconstructiva es la exacerbación de la crítica de la posición: si el marxismo había señalado que la posición denuncia a quien habla (ejemplificado por antonomasia en la crítica de la economía política vulgar), la deconstrucción explica que no hay posición, o lo que es lo mismo, todo lo es ("el centro está en todos lados", al decir de un acólito). En consecuencia, no hay un punto que ordene una lectura privilegiada. Porque todas son lecturas sin privilegio alguno. Marx había denunciado como meramente ideológica a la economía política vulgar pero creía firmemente que era posible una ciencia no ideológica, un arte de la verdad. La posición del observador permite ver una parte o toda la verdad: la burguesía en ascenso ofrecía un buen mirador para descubrir la teoría del valor-trabajo, pero no para descubrir el secreto de la plusvalía. Para poner sobre el tapete la explotación era necesario subirse a las espaldas del proletariado. La deconstrucción parte de la negación del privilegio posicional. Todos son relatos con igualdad de jerarquía. No es casual, entonces, que el deconstructivismo haya terminado siendo, con Foucault y Deleuze, tanto la biblia de la izquierda mao-anarquista que surgió del 68, como de la actual derecha norteamericana encaramada en la caída del Muro.


 


La negación del privilegio posicional significaba, para esta "izquierda", la negación de la posibilidad misma del estalinismo. Si no hay sujeto privilegiado, no hay lugar privilegiado, no hay demiurgos de la verdad entre otras cosas, porque ésta no existe: ni el proletariado ni el PCUS pueden ordenar una lectura canónica. La crítica del privilegio posicional viene a devolver la libertad al conjunto de la humanidad: si el capital es una cárcel, también lo es la escuela, la milicia, la fábrica y, ¿por qué iba a salvarse?, el partido. Crítica a la crítica: fetichismo. La idea de que la escuela es una cárcel, igual que la fábrica o cualquier otro tipo de organización humana, traslada al objeto lo que es propio de las personas, de sus relaciones: son las relaciones que trazan los seres humanos para aprender, trabajar o gobernarse las que deben ser responsabilizadas del uso que dan a las instituciones. Nuevamente, Marx: no es la máquina la que deja sin empleo a los obreros sino las relaciones en las que ellas aparecen como un arma para doblegar la mano rebelde del trabajo. Como luditas de las instituciones, los modernos filósofos franceses, con sus diferencias, saltaron furiosos sobre los panópticos varios de la vida moderna. Como a los verdaderos luditas, la realidad se les mostró más rebelde de lo esperado y emergió triunfante. El desaliento, la desazón y la angustia pasaron al centro de la escena posmoderna y se trocaron en conformismo conservador, la ideología de una clase de personas: los profesores universitarios desilusionados, los yuppies, los nuevos gerentes del capital y la economía del papel, los profesionales afortunados y el reducido núcleo que forma lo que algunos gustan llamar la "nueva clase media". Cualquier sensación extraña podía ser olvidada rezando en los nuevos templos de la religión sin alma del consumismo: los shoppings.


 


Originalmente crítica, la deconstrucción jugó su parte en la tarea de atacar por izquierda al marxismo (8). Que el resultado pueda verse en la fiebre derechista que hace furor en los recintos académicos norteamericanos no es algo que pueda dejarse pasar: aunque Derrida no pueda ser acusado de reaccionario, no se debe impedir que le recordemos su cuota de responsabilidad por el marasmo intelectual en el que la derecha medra como pescador en río revuelto. El fin de la historia, el posmodernismo y los excesos de la deconstrucción no son ajenos a la tarea que Derrida desempeñó con singular maestría de los sesenta a esta parte (9).


 


El filósofo francés contempla ahora el panorama dominado por una derecha desalmada y miserable y un marxismo arrinconado por la derrota que él contribuyó a crear (10). Y como Michael Douglas trastocado en clase media americana desesperada, la emprende contra los males del mundo moderno, acercándose cada vez más a una lectura de la realidad que exige a gritos salirse si o si de ese marco conceptual que constituye la verdadera prisión de Derrida y sus discípulos: la prisión del lenguaje. Incapaz de hacerlo, Derrida muestra toda la torpeza de quien se ha empecinado en negar la posibilidad de un análisis positivo del sistema en el que vivimos: su descripción de "los males del mundo" es tan pobre que da pena ver a un individuo tan brillante opacarse tan tristemente. En efecto: puesto a interpretar algo más que textos, Derrida muestra una torpeza sorprendente. Veamos:


 


"La representatividad electoral o la vía parlamentaria no sólo está falseada, como fue siempre el caso, por un gran número de mecanismos socio-económicos, sino que se ejerce cada vez peor en un espacio público profundamente trastornado por los aparatos tecno-tele-mediáticos y por los nuevos ritmos de la información y de la comunicación, por los dispositivos y la velocidad de las fuerzas que representan, e igualmente, y como consecuencia, por los nuevos modos de apropiación que aquéllas ponen en marcha, por la nueva estructura del acontecimiento y de su espectralidad…" (pág. 92).


 


La novedad de nuestro tiempo sería entonces una transformación de orden tecnológico, con su correlato de los nuevos "aparatos tele-tecno-mediáticos". ¿Repetición de las viejas y, a esta altura, aburridas críticas a los medios de comunicación masiva? Es difícil saber si este Frankenstein que asusta tan poco, que se parece tanto a un remedo weberiano (o tardo frankfurtiano, según Eagleton), debe ser tomado en serio (11). Si apunta a algo concreto, menos fantasmagórico. Sobre todo, porque su gran crítica a la política "parlamentaria" se limita a señalar la medida en que los políticos han sido transformados de "actores políticos" en "actores de televisión"… (pág. 94). La ingenuidad y falta de novedad se repiten cuando enumera (con cierto lenguaje bíblico) "las plagas" del "nuevo orden mundial": la desocupación, los homeless, la guerra económica, la anarquía del mercado, la deuda externa, el armamentismo, el problema nuclear, las guerras "interétnicas", la mafia y las drogas, el estado del "derecho internacional" (págs. 95-98). Derrida parece descubrir ahora lo que Marx (y muchos antes que él y muchos más después que él) denunció, no como efectos de un "nuevo orden", sino como las consecuencias del orden esencial de la sociedad capitalista. No tienen nada de "nuevo", forman parte de la estructura misma de esta sociedad. Que Derrida los descubra ahora sólo muestra que estuvo todo este tiempo mirando para otro lado. Estas "novedades" ya eran vaticinadas, no para el Tercer Mundo sino para el Primero, hace 30 años, cuando marxistas como Mandel anunciaban el fin de fiesta capitalista, época en que Derrida se afanaba en construir la salsa intelectual en la que él mismo se está cocinando ahora (12). No es necesario entrar a discutir la gigantesca tontería que puede encontrarse como fundamento de su análisis de las "plagas": baste, como ejemplo, el problema del "paro", aparentemente atribuido al "tele-trabajo"… (pág. 95).


 


¿Por qué un individuo de probada inteligencia cae a tales extremos de ingenuidad científica y política? Por una sola razón: es su propia estrategia la que invalida sus resultados: Derrida ha tirado por la borda todo el instrumental teórico amasado durante dos siglos, todo el conocimiento acumulado y toda la experiencia que tenemos sobre esta sociedad, buena parte del cual ha sido condensado en un cuerpo teórico concreto, ese marxismo al que él llama a olvidar. ¿Cómo entender el mundo social sin aceptar la existencia de sujetos sociales (Derrida explícitamente rechaza la existencia de las clases), sin reconocer la dominancia del poder económico (Derrida prefiere hablar de "capitalizaciones" en lugar de el capital), de la jerarquía del poder social (Derrida coloca a la misma altura al capital, a los medios de comunicación, al Estado)? ¿Cómo organizar una resistencia eficaz sin organización, valga aquí más que nunca la redundancia (véase más adelante las características de su "nueva internacional")? Lo único que nos queda es esperar la llegada del mesías, en algún lejano porvenir, tan lejano como la eternidad.


 


El fantasma de Marx, el de Chris Hani y el manifiesto de Derrida


 


Quienes piensan que, finalmente, Derrida "se acerca", "nos tiende un puente", "reconoce por fin el valor de una figura tan querida", se equivocan. Tomar el texto derrideano como un reconocimiento y una filiación, tardías pero válidas después de todo, es no entender en dónde se para nuestro filósofo (13). Dejando de lado que ningún valor tiene reivindicar a Marx por su nombre mismo (no somos marxistas por Marx, sino por el marxismo, que es otra cosa, que lo excede y lo supera), actitud que el propio dueño del fantasma había rechazado en vida ("en lo que a mí respecta, no soy marxista"), Derrida no reivindica a Marx ni al marxismo: celebra su muerte. Por eso recibe a su fantasma con alegría. No lo recibe a él, sino a su fantasma. No hay fantasma sin muerto: Marx está muerto. Como consuelo, podemos evocar "un cierto espíritu de Marx". ¿Y cuál es ese cierto "espíritu"? El de una "cierta" vocación mesiánica sin mesianismo. Una "cierta" insatisfacción general hacia el estado del mundo y, por lo tanto, una "cierta" esperanza de cambio. Como ya lo dijo Terry Eagleton, "un marxismo sin marxismo" (14). Porque todo lo que resulta amputado, todos los demás "espíritus" del marxismo que no son ese "cierto espíritu", constituyen el corazón del marxismo vivo. Para poder heredarlo, Derrida tiene que matarlo y convocar luego a ese "cierto espíritu". Como para Derrida la herencia es una construcción, es decir, una creación donde el heredero tiene más derecho a determinar lo que hereda que el muerto a lo que cede, el fantasma sólo guarda de Marx lo más fantasmal de una persona: su nombre.


 


No es extraño que así sea, porque Derrida no quiere recuperar al marxismo, sino apropiarse de ese "cierto espíritu": si el marxismo murió, entonces la deconstrucción puede tomar su posta: véase si no esa nota en la que se ufana de señalar que "filósofos" rusos le habrían confesado que el verdadero nombre de la perestroika era "deconstrucción". Revela tanto sus intenciones reales al invocar ese "cierto espíritu" cuanto lo que Derrida tiene en mente cuando habla de marxismo: el stalinismo y todo lo que se le parezca (que para el filósofo francés es prácticamente todo). Revela también las ilusiones postmarxistas de Derrida: movimientos "democratizadores" al estilo perestroika. No por casualidad, entre sus escasas intervenciones políticas figura un texto dedicado a la "Admiración de Nelson Mandela".


 


Si Marx ha muerto, si ahora podemos invocar un "cierto espíritu" suyo, si podemos apropiarnos de la más consecuente y peligrosa tradición crítica de la era moderna, si podemos hacer nuestro (de Derrida) el nombre del demonio, podemos incluso apropiarnos de su santoral: como la socialdemocracia se adueñó de Gramsci, Derrida encuentra su alter ego, el último mártir del comunismo y el primer héroe mitológico de la deconstrucción, en Chris Hani, a quien dedica su libro-manifiesto (15). Derrida se autoidentifica con el comunista sudafricano por el mismo movimiento que se apropia de ese "cierto espíritu" de Marx: Hani pudo haber intentado ser Stalin y se negó a sí mismo esa posibilidad. En esa negación de los otros espíritus del marxismo que no son ese "cierto" espíritu que Derrida reclama para sí, Hani se transforma en el héroe de la deconstrucción, en la encarnación viva de ese "cierto espíritu". No hace falta mucha imaginación para descubrir en la dedicatoria del libro el certificado de adopción de la figura y la autoidentificación: páginas adentro Derrida, identificado con Hamlet, recuerda que a Marx le fascinaba Shakespeare y menciona como al pasar (pero sin ingenuidad) que a Hani también… Si se recuerda que la esencia de la política de la deconstrucción es la de la oposición que se niega a constituirse en poder, que prefiere habitar "críticamente" una estructura indestructible como una especie de virus idiota, no sorprende que uno de los líderes de un partido que pudo haberlo sido todo y eligió ser nada, que marchó consciente y consecuentemente hacia su propia derrota, se le aparezca como la encarnación misma del espíritu de sí mismo: ¿acaso no es idéntico el movimiento del filósofo que podría ahora festejar su victoria y sin embargo prefiere pasar a la oposición? (16).


 


Mediante este juego de identificaciones, Derrida se ha fagocitado una tradición, apropiándose canibalescamente del poder mágico del nombre (Marx), ha construido un nuevo santoral (Hani) y se ofrece a sí mismo como el mesías, y a la deconstrucción como la palabra revelada. El carácter religioso de este procedimiento está atestiguado por sus propias palabras, no es un simple juego retórico de la crítica. La pretensión de fundar una Nueva Internacional es, como su predilección por el Manifiesto (del cual su propio libro es un remedo), el instrumento que completa el gesto. Derrida llama a la unidad contra la santa alianza derechista, abre el juego, tiende la mano y dice a los marxistas: Venid a mí con el corazón abierto, vuestro padre lejos está de ser un criminal, el pecado que portáis puede ser expiado. La condición es la aceptación de la unidad bajo la égida derrideana: la Nueva Internacional nace bajo sus auspicios y, obviamente, con sus leyes.


 


La Primera Internet del Anarquismo Conservador: un largo camino hacia ninguna parte


 


"Antes bien, su lenguaje filosófico se abre paso a tientas a lo largo de los muros de su prisión conceptual, describiéndola desde dentro como si fuera simplemente uno de los mundos posibles, el resto de los cuales son, sin embargo, inconcebibles".


 


Frederic Jameson, La prisión del lenguaje


 


Creyendo que aporta a la resistencia, Derrida propone la formación de una Nueva Internacional. Ya tiene un socio, Gianni Vattimo (filósofo recientemente convertido al catolicismo y que ha cobrado fama por escribir, contra el Papa, una serie de obviedades que sorprende que hayan escandalizado a alguien), con quien va a editar un anuario filosófico cuyo primer número estará dedicado a la desocupación (17).


 


Uno de los peligros de la nueva internacional es que se puede transformar en un lugar tentador para muchos intelectuales críticos: como veremos, no exige un gran trabajo pertenecer a ella, no impone un gran compromiso y, sobre todas las cosas, actúa bajo el gigantesco paraguas protector del "padre de los pueblos deconstruidos". Así lo reconoce Frederic Jameson:


 


"Muchos de nosotros podemos sentir una profunda simpatía con su concepción de una nueva Internacional, especialmente en tanto nos toca como a intelectuales radicales… No es difícil imaginar conexiones análogas a las formadas por los exiliados usando medios impresos en tiempos de Marx, pero a un nivel diferente, tanto cualitativa como cuantitativamente…" (18).


 


Respetabilidad académica, puesto que su mentor es "the worlds most eminent living philosopher", según el mismo Jameson; imagen crítica derivada del jugueteo con un nombre, vacío de contenido pero suficientemente poderoso como para asustar a los más recalcitrantes derechistas, la Nueva Internacional tendrá sus sedes argentinas en lugares tales como la Fundación Banco Patricios, la librería Ghandi, la revista La Maga y el café La Paz. Entre sus apóstoles subordinados figurará, en primer lugar, Ernesto Laclau, y serán sus primeros y más fervientes seguidores la enorme masa de posmo-foucau-deleuzianos (sobre todo, psicoanalistas y críticos literarios) que pulula en Buenos Aires, capital de la frivolidad intelectual del Tercer Mundo.


 


¿Por qué, además de peligrosa, es inútil? La Internacional del Anarquismo Conservador es descrita por su propulsor de la siguiente manera:


 


"La nueva Internacional no es solamente aquello que busca un nuevo derecho internacional a través de estos crímenes. Es un lazo de afinidad, de sufrimiento y de esperanza, un lazo todavía discreto, casi secreto, como hacia 1848, pero cada vez más visible hay más de una señal de ello. Es un lazo intempestivo y sin estatuto, sin título y sin nombre, apenas público aunque sin ser clandestino, sin contrato, out of joint, sin coordinación, sin partido, sin patria, sin comunidad nacional (Internacional antes, a través de y más allá de toda determinación nacional), sin co-ciudadanía, sin pertenencia común a una clase. Lo que se denomina aquí con el nombre de nueva Internacional, es lo que llama a la amistad de una alianza sin institución entre aquellos que, aunque en lo sucesivo ya no crean, o aunque no hayan creído nunca en la internacional socialista-marxista, en la dictadura del proletariado, en el papel mesiánico-escatológico de la unión universal de los proletarios de todos los países, continúan inspirándose en uno, al menos, de los espíritus de Marx o del marxismo (saben, de aquí en adelante, que hay más de uno) y para aliarse, de un modo nuevo, concreto, real, aunque esta alianza no revista ya la forma del partido o de la internacional obrera sino la de una especie de contra-conjuración, en la crítica (teórica y práctica) del estado del derecho internacional, de los conceptos de Estado y de nación, etc.: para renovar esta crítica y, sobre todo, para radicalizarla" (pág. 100).


 


La paradoja de una organización sin organización que no puede definir sus enemigos con claridad (recordemos las "fuerzas tele-tecno-mediáticas"), que nomina a sus miembros con una vaguedad tal que ya podemos imaginarnos la parálisis absoluta que caracterizará a una mixtura de prácticamente todo lo que hay en el universo (dado que el "cierto espíritu" es sólo una aspiración a la justicia, ¿quién puede negarse?, pero también, ¿a qué acuerdo concreto puede llegarse?), que limita su tarea a una "crítica teórica y práctica" de entelequias desgajadas de toda atadura real ("el estado del derecho internacional", "los conceptos de Estado y nación"), que establece su forma de acción retrotrayendo la capacidad organizativa de los seres humanos a los tiempos de la masonería, cuando no a las actuales prácticas de la mafia ("contra-conjura" semi-secreta, como en 1848), ¿puede servir para enfrentar a los enemigos reales y concretos, para reunir a la resistencia, para colocar en un futuro visible una esperanza cierta?


 


El peor de todos los mensajes que Derrida nos deja es que esto es todo lo que puede hacerse: que buscar una salida más eficiente implica, necesariamente, una organización más robusta. Lo que es completamente cierto. Pero éste sería, para Derrida, un camino de retorno hacia el stalinismo. A cambio, el ofrecimiento consiste en transformarnos a todos en masónicos hackers, que es la forma que asume hoy el antiguo terrorismo anarquista. Aquéllos al menos ponían bombas, éstos se contentan con desparramar virus. Por su forma misma de actuar, el terrorismo anarquista no sólo es peligroso (tanto por la locura de su práctica política, cuando la tiene, como por el quietismo absoluto en el que suele desembocar) (19). También es inútil: confunde las relaciones con las cosas, la emprende contra estas últimas y deja intactas las primeras. Para desgracia de nuestros hackers-masones-luditas, la realidad social está hecha de relaciones, no de cosas.


 


¿Volver a 1848? Volvamos: el Manifiesto. A diferencia del texto derrideano, que intenta analizar la realidad comentando libros (Shakespeare, Blanchot, Marx, Fukuyama, etc.), el texto marxiano va directo al mundo "realmente existente"; designa claramente al enemigo (la burguesía, algo bastante más concreto y definido que las "fuerzas tele-tecno-mediáticas"); señala claramente los sujetos del cambio y, por ende, los miembros de la Internacional (los más prosaicos "proletarios", en lugar de la etérea construcción derrideana que podría resumirse en la "unidad de todos los hombres-mujeres de buena voluntad, no importa cuál y para qué sea esta última"); muestra la forma específica en la que la lucha se llevará a cabo (lucha de clase versus ¿lucha de "pantallas"?) y el objetivo de las fuerzas progresistas (el socialismo frente a… ¿qué?). Todo eso acompañado de una idea clara del sentido del desarrollo de la sociedad capitalista y de sus contradicciones frente a … ¿qué? Derrida no nos ha dicho, todavía, de qué sociedad está hablando, de ahí que su crítica y su propuesta pueden perfectamente adaptarse a la estructura policíaco filosófica de El nombre de la Rosa, con sus conjurados inquisidores y su Guillermo de Baskerville perdido en una biblioteca sin fin, especie de hiperespacio virtual pre-moderno, tan medieval como el posmodernismo engendrado por la deconstrucción.


 


Lo que el texto de Derrida viene a poner de relieve es el problema de la organización contra el dominio capitalista. En última instancia, así como el foucaultismo había dado pie a la crítica de la totalidad y diluido el poder en "los poderes", lo que permitió criticar por izquierda al marxismo y alentó teóricamente a los "nuevos movimientos sociales", Derrida da una vuelta de tuerca y establece el carácter totalitario de toda organización. Si el Foucault de la lucha contra el sistema carcelario o la medicina "oficial" podía dar lugar a un tipo de organización, desestructurada y parcial, pero organización al fin, Derrida no puede ofrecer nada. Contra el gigantesco poder del capital, el filósofo francés no sabe hacer nada mejor que diluir la oposición, no ya en pequeños grupos sino en individuos. Frente al poder cada vez más centralizado del capital, Derrida llama a una conjuración de pantallas de computadora unidas por el hiperespacio virtual de la Internet, en última instancia, el único soporte material posible para su "internacional".


 


No habrá futuro para quienes se nieguen a encarar la lucha oponiendo el poder del trabajo al poder del capital. No es éste el momento de repetir cosas ya dichas, pero sí el de recordar que la transformación real del mundo es fruto cotidiano del trabajo (20). Es el trabajo que crea la vida el que tiene también el poder de organizarla de una manera superior, el poder de hacer de ella la más bella aventura para cada ser humano. Y no está muerto, al contrario, está vivo en cada uno de los que sueñan con un mundo mejor: el único hiperespacio en el que habita la revolución está en el corazón de los revolucionarios.


 


Ulises, los hijos del demonio y la tormenta que encarnamos


 


Sospecho que hoy empiezo a ser canción


si seco un llanto, si seco un llanto


 


Silvio Rodríguez


 


Derrida nos convoca a que lo sigamos. ¿A dónde? No se sabe. ¿A qué? No se sabe. ¿Hasta cuándo? Eternamente. Derrida, que siempre llega tarde, viene a renovar ilusiones ahora que hemos arribado al fin de la era de las fantasías. Frente al hecho irrefutable de que la realidad capitalista impone el más inteligente realismo político, es decir, la lucha organizada contra el capital, la lucha por una sociedad diferente del capitalismo, Derrida pretende ofrecernos una nueva fantasía. La nueva fantasía es que, sin hacer nada, lograremos todo sin saber en qué consiste. Que podemos esperar sentados frente a una computadora la segunda llegada del Mesías. Hay quien piensa que, dados los tiempos que corren, es suficiente. Quienes se contentan con esto, han perdido la confianza en sí mismos, aceptan por bueno el rumor que afirma que no somos nada, que estamos muertos o, por lo menos, tan enfermos que nadie se preocupa por lo que hagamos. Y sin embargo, no es así. Siempre es bueno recordar quiénes somos y por qué luchamos. Sobre todo en tiempos en que la confusión reina como si una gigantesca explosión hubiera impuesto un repentino caos en nuestras cabezas. Así viven muchos compañeros la caída del Muro y las victorias de la derecha. Y son esos compañeros quienes rechazan legados más difíciles de aceptar, por los compromisos vitales que ellos entrañan. Y son, también, los más propensos a escuchar cantos de sirena que hablan de playas seguras, palmeras y alimento en abundancia, más allá del dolor y la lucha. Como Ulises, es necesario atarse al mástil: porque hay que escuchar el canto de las sirenas, es inevitable. Pero también es necesario resistir a la tentación: para los intelectuales es relativamente atrayente la conversión, puesto que ella haría más fácil la inserción en las instituciones. Para quienes se encuentran en la oposición frontal, la Nueva Internacional del Anarquismo Conservador (cuya filosofía puede resumirse en una especie de: "el mundo es una porquería, así que, como ya lo sabes, relájate y goza") ofrece un modo más aceptable de acomodamiento, sin necesidad de genuflexiones demasiado evidentes y sin que parezca que se ha abandonado la batalla. ¿Y cuál es ese mástil? La realidad misma: la realidad del capital y su dictadura totalitaria. Seguir mirando: es difícil no sentir asco ante un espectáculo tan horrendo como la reaparición cíclica de la miseria más espantosa, de niños descalzos y barrigas punzantes (no en Etiopía, en Corrientes y Montevideo; no en Haití, en Florida y Lavalle), de seres humanos quebrados por la pobreza y la locura (no homeless en EE.UU., en las puertas de nuestras casas), con su ropa mugrienta y sus cabellos duros, con la mano tendida pidiendo limosna. Pero es necesario seguir mirando la realidad: es ella la que nos muestra la radical inutilidad de una política cuyo contenido se encuentra en papeles y bits, su propio contenido es papel y bits, su vehículo privilegiado es también papel y bits y cuya tumba es, también, papel (y bits). Ningún destino se decidirá en librerías y computadoras: será en las calles. Ningún destino se decidirá en cátedras y bares para seudo intelectuales: será en las calles. Y si para algo sirven los papeles es para trazar mapas: ¿cómo movernos?, ¿por dónde?, ¿hacia dónde? Un mapa que no puede indicar una salida, que sólo muestra caminos que no llegan a ninguna parte, no sirve para otra cosa que para confundir.


 


Quien crea que éste es un llamado a la lucha desde un cómodo y populista anti-intelectualismo se equivoca. Es un llamado al más radical de los "intelectualismos", al que cree que los sueños de la razón no producen monstruos, al que sabe que la cabeza tiene manos. Brazo y cerebro: ideal anarquista tanto como marxista. Brazo y cerebro: pensamos para actuar. Porque la realidad no puede permanecer tal cual es: los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Y ello exige pensar. Y escribir: papel y bits. Y partido. Y organización. La organización es la esperanza, al decir de Malraux, sólo si ella está al servicio de la transformación. Un marxista sabe esto. Y la burguesía también; por eso, aunque parezca increíble, nos teme y por eso protege y alienta a quienes tratan de convencernos de que no somos nada, que nada más es posible. Si fuera realmente así, si fuéramos absolutamente inofensivos, no estaría allí todo el Estado y sus instituciones, su policía asesina y su ejército, su escuela y su familia, sus internacionales trilaterales y otanes, sus burocracias sindicales y de las otras, su propaganda fascista y su dinero corruptor, sus medios de (in)comunicación, su pan y su circo (más el segundo que el primero). Y quienes han perdido la esperanza han olvidado quiénes somos y por qué nos temen: si nosotros tuviéramos éxito, ellos no tendrían lugar en el mundo. Por eso, para ellos, nosotros somos los hijos del demonio al asalto del cielo. Y es cierto: los hijos de Marx. Y de muchos otros que ya pasaron y que aún no han sido. Los hijos de la noche rebelada, los que negamos a Dios su derecho a ejercer el mando totalitario del universo. Los que planeamos la socialización de las estrellas y la entrada libre al paraíso. Eso somos. Por eso nos tienen miedo.


 


No peleamos por Marx, peleamos por lo mismo que él: por la libertad. Por el olor de los árboles tras la lluvia, por el descanso de los músculos, por la evocación milagrosa de la vida en la música, en el arte, en el amor. Peleamos por las plegarias de los niños dormidos, por su bella torpeza, por su ingenuidad, por sus gestos, sus caritas, sus caprichos y su amor. Peleamos por el tiempo de lo humano, el tiempo de la creación, de la plenitud de la experiencia, del gozo frente al dolor, de la felicidad frente a la desdicha, para todos, para todos los seres humanos del mundo. Somos la avanzada ante el sufrimiento, la vanguardia que enfrenta la desdicha, la necesidad, el hambre, los vengadores del cielo. Nunca se entenderá del todo, hasta que no esté allí, la magnitud de lo que nos proponemos. Somos la tormenta que espera en el horizonte, acechante. Y volveremos. Nosotros volveremos por todos los caminos. Por el socialismo, por la libertad. Por eso nos tienen miedo: por la tormenta que encarnamos…


 


 


Notas:


 


1. Derrida dió una conferencia en la Universidad de California (Riverside) los días 22 y 23 de abril de 1993, como apertura del coloquio "Whither marxism?" (traducible como ¿Adónde va el marxismo?). El texto apareció en francés en 1993, en inglés, en una versión abreviada en New Left Review, nº 205, may-jun de 1994 y en castellano (traducción directa del francés) en septiembre de 1995 bajo el título Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional, Trotta, Madrid, 1995.


2. Véase, por ejemplo, el renacimiento de la economía marxista en el mundo anglosajón, sobre todo en Estados Unidos.


3. La teoría de la copa era una muestra de la fabulosa capacidad del desarrollismo de los 50 para crear expectativas en la propia dinámica del capital. Se suponía que el crecimiento económico desbordaría el vaso de la riqueza social que, de esa manera, iría cayendo hacia la base de la sociedad, de modo que todos terminarían beneficiándose.


4. Sobre los "nuevos movimientos sociales" se han escrito cataratas de textos. Véase, por estar a mano, las ingenuas apreciaciones sobre el potencial "emancipador" y "democrático" de dichos movimientos, en Jelin, Elizabeth: Los nuevos movimientos sociales, Bs. As., CEAL, 1985. También, desde una óptica más crítica, Gunder Frank, André y Marta Fuentes: Para una nueva lectura de los movimientos sociales, en Nueva Sociedad, ene-feb de 1988.


5. Sobre las feministas en el gobierno de Alfonsín, véase Bellucci, Luvecce, Mariani y Rofman: La subsecretaría de la mujer de Argentina (1987-1990), en Doxa, primavera-verano 1990-91, nº 3. Sobre los verdes, Petras, James: Los intelectuales en retirada, en Nueva Sociedad, mayo-junio de 1990, nº 107.


6. Buena parte de estas ilusiones persisten todavía hoy, a pesar de la esterilidad evidente de estas prácticas. Son muy comunes en el movimiento estudiantil universitario, donde agrupaciones "independientes" limitadas a una sola facultad (y aun a una sola carrera), proponiéndose un "basismo" instintivo y apolítico (pero de una verba rabiosamente politizada), fracturan al movimiento estudiantil y lo conducen a callejones sin salida. En los momentos importantes, cuando hace falta consolidar la toma de esta facultad con la de otras e incluso con todo el país, incorporando a la lucha a los elementos más renuentes, como los docentes, los "independientes de izquierda" suelen ser los más reacios a salir del corral seguro y aventurarse a construcciones políticas más audaces. No obstante, no se privan de correr a todo el mundo "por izquierda", arrogándose la "verdadera" representación de "los estudiantes" y de exigir demandas imposibles de levantarse con éxito, en un ámbito reducido. El resultado es que terminan entregando la lucha a quienes tienen una capacidad de estructuración más inteligente y fines más espurios, como el Frepaso y Franja Morada.


7. Ver Jameson, Frederic: La cárcel del lenguaje, Ariel, 1980 y Anderson, Perry: Tras las huellas del materialismo histórico, Siglo XXI, 1986.


8. La deconstrucción es una variante del postestructuralismo conocida como "textualismo", por su énfasis en el análisis textual y la limitación del acceso a la realidad, constituida por discursos. La otra variante es el postestructuralismo "mundano" de Foucault y Deleuze. Junto con el "marxismo analítico" constituyen las dos variantes de la crítica "por izquierda" al marxismo, de moda en los `80. En el caso del postestructuralismo, en sus dos versiones, el resultado ha sido una mayor derechización que en el del marxismo analítico, más inclinado hacia la socialdemocracia. Si los analíticos son el resultado de marxistas que recaen en el reformismo, el postestructuralismo concluyó en lo que en otro lugar hemos llamado "anarquismo conservador". Para el posmodernismo, ver Callinicos, Alex: Contra el postmodernismo, Tercer Mundo, Bogotá, 1995. Para el marxismo analítico, Ellen Meiksins Wood: "Rational Choice Marxism: Is the Game Worth the Candle?", en New Left Review, nº 177, sep-oct 1989 y Petras, op. cit. Sobre la definición de "anarquismo conservador", Sartelli, Eduardo: La multiplicación que divide. Breves notas sobre el anarquismo conservador, en En defensa del marxismo, nº 13, julio de 1996.


9. Aijaz Ahmad: Response to Derrida, en New Left Review, nº 208.


10. Tampoco exageremos el papel de la deconstrucción en la "derrota" del marxismo. La "crisis del marxismo" es más el resultado de la derrota política de quienes invocaban su nombre sin mucha justificación, el stalinismo, el maoísmo y, en menor medida, la socialdemocracia y algunos nacionalismos tercermundistas, que la consecuencia de la inutilidad de sus tesis principales. La "crisis intelectual del marxismo" es, en realidad, la crisis política de los intelectuales ligados a las orientaciones mencionadas. Véase por ejemplo la trayectoria de intelectuales como Laclau y Castañeda, en América Latina, o Baudrillard y Régis Debray, en Francia, en los que se resume la peripecia político-intelectual que hemos delineado. Para muchos de ellos, el postestructuralismo (y Derrida en particular) sirvió como justificativo ideológico a una decisión tomada en otro ámbito y no a raíz de algún "descubrimiento" en el plano intelectual. Para la "odisea" de Laclau, véase Ellen Meiksins Wood: The Retreat from Class, Londres, Verso, 1988.


11. Terry Eagleton, en la más divertida reseña que he leído sobre un libro tan aburrido como éste, señala, con mucha razón, que la dualidad de la deconstrucción le ha permitido mantener una imagen a la izquierda (que amenaza con decir algo serio sobre algo serio) y otra a la derecha (que termina por no decir nada sobre nada). La primera le da brillo y espectacularidad, y la segunda la seguridad necesaria para sobrevivir en los ambientes más conservadores. Véase su Un marxismo sin marxismo, en El Rodaballo, nº 4, invierno de 1996.


12. Mandel, Ernest: El capitalismo tardío, Era, 1986.


13. Entre los comentaristas de Espectros…, Frederic Jameson es uno de los pocos marxistas que se toman en serio a Derrida y buscan establecer un diálogo filosófico. Ver Jameson, Frederic: Marx Purloined`s Letter, en New Left Review, 207. Otro caso de buena recepción, al menos del encomio de Marx que Derrida derrama, un poco demagógicamente, en las principales páginas del libro, es el de Ronald Rocha. Creo que concede demasiado: ¿Es cierto que Derrida se arriesga a algo por colocarse un poco menos a la derecha que Paul de Man? ¿Perderá Derrida su poder institucional y su prestigio académico por su reivindicación de "un cierto espíritu del marxismo" que podría suscribir cualquier individuo bien pensante con un grado elemental de apertura intelectual? Por el contrario, Derrida puede descansar tranquilo en las playas del vasto mar liberal-socialdemócrata europeo-norteamericano, un poco harto ya de vientos conservadores excesivamente intempestuosos. Hay que aceptar, sin embargo, que Rocha está en lo cierto en que Espectros… "significa un corte político ideológico en el interior del irracionalismo y el relativismo contemporáneo". Para los deconstructivistas más a la derecha y para los posmodernos más estúpidos es un golpe duro: Dios los ha expulsado del paraíso. Ver Ronald Rocha: ¿Ser o no ser posmoderno?, en El Rodaballo, nº 4, otoño-invierno de 1996.


14. Eagleton, op. cit. El marxismo en manos de Derrida queda reducido a una demanda ética. Curiosamente, ha venido a coincidir (sin mesianismo) con los teóricos del marxismo analítico, para quienes el marxismo sólo puede ofrecer a la teoría económica una pasión ética ausente en los neoclásicos (que aportarían a su vez la ciencia…). Véase Roemer, John: Valor, explotación y clase, FCE, México, 1989.


15. Hani fue el dirigente más importante del comunismo sudafricano y el político más popular de la Sudáfrica negra después de Nelson Mandela. Abandonó el CNA en vísperas de su llegada al poder, rechazando la posibilidad de encaramarse en puestos de privilegio, para reconstruir el partido comunista. Fue asesinado en 1993. Ver Langa Zita: Chris Thembisile Hani Remembered. A Loss to South African Socialism in: Against the Current, nº 45, jul-ag 1993. La estrategia del South African Communist Party (SACP), el partido comunista más grande que queda y una verdadera organización de masas con arraigo popular e historia de combate, fue siempre postergar la revolución socialista en nombre de una revolución democrática, constituyendo, de hecho, la base política para el movimiento burgués que Mandela supo capitanear a partir del Congreso Nacional Africano (CNA). Hoy Sudáfrica se encuentra en una posición previsible, que recuerda mucho a la Argentina de Alfonsín y Menem. Estamos trabajando en un texto sobre raza, clase obrera y democracia en Sudáfrica, en donde analizamos las causas de la claudicación del CNA ante el capitalismo en la política postapartheid y la responsabilidad histórica del SACP en la derrota de las fuerzas revolucionarias. El artículo lleva por título: "En su propia salsa: apartheid, democracia y clase obrera en Sudáfrica", de próxima aparición en el nº 4 de Razón y Revolución.


16. Como dice Eagleton, la receta de Derrida consiste en esperar la venida del Mesías y lo peor que podría sucederle es que, efectivamente, llegara. El gesto aparentemente generoso de Derrida puede interpretarse de otra manera, como lo señala Ahmad: si el marxismo cayó no es precisamente la deconstrucción su heredera. Derrida parece encontrarse en el lugar de aquellos que de pronto descubren que han estado trabajando para otros, especialmente para la derecha conservadora americana como el colaboracionista Paul de Man. Véase Aijaz Ahmad: "Reconciling Derrida: Spectres of Marx and Deconstructive Politics, in New Left Review, nº 208, nov-dec 1994.


17. Ver Vattimo, Gianni: Creer que se cree y el reportaje de Eduardo Blanco en La Maga, 30/10/96, donde se expone brevemente sobre lo que parece va a ser la idea rectora sobre el desempleo que presidiría el análisis que él y Derrida harán (en la isla de Capri…) para el anuario filosófico que ambos dirigen.


18. Jameson, p. 78.


19. Véase si no, la bellísima contrastación entre las actitudes del socialista y el anarquista en ese extraño momento en que el cine francés dejó de mirarse el ombligo y produjo Germinal.


20. Para la noción de Poder del trabajo, central para entender por qué hoy es más posible que nunca la revolución socialista y más actual el marxismo, véase Holloway, John: Marxismo, Estado y Capital. La crisis como expresión del poder del trabajo, Fichas temáticas de Cuadernos del Sur, ed. Tierra del Fuego, Bs. As., 1994.


 

Equívocos frente al arte (2ª parte)


Aclaración:


 


Esta es la segunda parte de Equívocos frente al arte (ver Nº 5 de En Defensa del Marxismo, diciembre 1992). Esta continuación estuvo finalizada en febrero del 93.


 


Su difusión actual merece algunas aclaraciones: 1) sin la lectura de esta segunda parte, la crítica queda trunca en sus principales fundamentos; 2) en el lapso transcurrido fueron corregidos aspectos defectuosos e imprecisiones de su redacción, pero sin afectar el sentido mismo que la crítica tuvo desde el principio; 3) está vigente la intención principal: combatir una concepción sobre el arte considerada de efectos muy negativos y, a la vez, estimular el debate en torno de las posiciones del marxismo frente a las obras artísticas y las concepciones de la cultura dominante.


 


A.A., enero 97


 


 


 


Una discusión sobre "esencias"


 


Citando textual y largamente a Georg Lukács, hemos demostrado que no es la igualación arte-conocimiento objetivo lo que caracteriza su teoría estética. Por otra parte, Lukács no es todo el stalinismo ni todo el realismo (ni siquiera Lukács es siempre el mismo Lukács) (1). Ni los diversos defensores del realismo socialista (si es que queda alguno) podrían encontrar seriamente en su Estética suficientes elementos para una justificación. "El realismo no es realista", dice Theodor Adorno.


 


En lugar de aportar algo para el conocimiento de lo que fueron y significaron el realismo socialista y la política stalinista para el arte y la cultura, o por lo menos referencias históricas sobre el arte de la era staliniana (al que Trotsky, ob. cit., ha señalado como "la más [elocuente] expresión del profundo descenso de la revolución proletaria" de 1917), el autor de Arte y subjetividad se aferra a una definición simplista: "el arte expresa la subjetividad", como si a esto se pudiera reducir el proceso "teórico" contra el stalinismo. Esta vía expeditiva toma la forma de una discusión sobre esencias: "Lo que estamos discutiendo entonces es el fundamento del arte, la unidad que conforma su esencia, o al menos a la que ha llegado luego de siglos de evolución".


 


De tal abordaje de esencias no puede decirse, a priori, que sólo debe hacerse desde el campo de las teorías estéticas, historias y sociologías del arte, u otras disciplinas afines, que en sus modos diversos (histórico-filosófico, preceptivo-normativo, etc.) constituyen el conjunto muy vasto de afirmaciones y negaciones sobre lo que llamamos actividad artística. Pero debe reconocerse que intentarlo desde fuera de esta especificidad implica dificultades que deben abordarse con cautela.


 


Tratándose de una crítica pública y "en defensa del marxismo" (así fue planteado), lo menos que se puede exigir es que tal discusión sobre "la esencia" se intente con rigor y, en cualquier caso, con el mayor reconocimiento posible de las dificultades planteadas. Salvo que nos consideremos en posesión de una fórmula maravillosa, comprensible y compartible por todos y porque-sí, sin falla ni necesidad de demostración.


 


Sin embargo, en la nota que estamos criticando no hay una sola línea en que se esboce siquiera un principio de demostración (no ya la prueba misma) del axioma fundamental: "La función principal del arte es la inscripción de la subjetividad".


 


Tras los primeros planteos equívocos, y luego de una serie de in/definiciones sobre lo subjetivo, lo objetivo, el arte y el conocimiento, el párrafo esperado se resuelve en esto: "Si la idea que yo plasmé es una ley física, habré expresado un pensamiento objetivo; si la idea que yo plasmé fue un poema de amor, habré expresado mi subjetividad, es decir, le habré otorgado un carácter objetivo (para los demás y para mí) a mi subjetividad. El arte expresa la subjetividad".


 


¡Con esto pretende contentarnos, en lo que debía ser fundamental, quien afirma estar defendiendo al marxismo de los "errores" de un "pensamiento anquilosado, mecanicista y fosilizado"!


 


Aunque de ningún modo consideremos que esta cuestión sobre "la esencia" pueda resolverse por la confrontación entre un poema de amor y una ley física (que por más "plasmación de ideas" en que hayan resultado no son "el arte" ni "el conocimiento objetivo"), dejamos planteado este dilema: si ese poema de amor resultó, en el devenir histórico, una síntesis bastante física (corporal y espiritual y social) y objetiva de lo que una parte clave de la humanidad elaboró como amor durante centurias; y si aquella ley física, al cabo de ciertas investigaciones, no resultó otra cosa que una fecunda expresión de amor al conocimiento por parte de un "espíritu objetivo"; ¿de qué lado será colocada la "inscripción de la subjetividad"? ¿En ambos? ¿En ninguno?


 


En cuanto a poemas de amor, no encontramos dificultad para ilustrar lo antedicho. El poeta Amaru (de quien se afirma que vivió en la India entre 650 y 850 d.C.) escribió en sánscrito una "Centena" (Shatakam) de breves poemas de carácter erótico ("en el sentido de que las situaciones y los sentimientos descritos hacen referencia a la vida amorosa del hombre y la mujer, a la vida conyugal, a las relaciones entre amantes"), que han sido traducidos, comentados y editados abundantemente, siendo su autor "sumamente respetado en la India" (Fernando Tola, "Introducción" a Cien poemas de amor). Las vicisitudes subjetivo-objetivas, por así decir, de estos "poemas de amor" milenarios también "expresan" la objetividad de un desarrollo social e histórico determinado, no ya sólo en un individuo, sino en un pueblo y una cultura decisivos.


 


Para ilustrar el caso de las vicisitudes objetivo-subjetivas de una "ley física", podemos apoyarnos en un pasaje de la Dialéctica de la Naturaleza de F. Engels: "La ciencia natural de la primera mitad del siglo XVIII estaba muy por arriba de la antigüedad griega en el conocimiento y la clarificación de sus materiales, pero igualmente por debajo de ella en la dominación ideal de ese material, en la concepción general de la naturaleza. (…) La ciencia estaba todavía encajada a fondo en la teología. (…) Copérnico, al comienzo del período, arroja a la teología el guante de desafío; Newton lo termina con su postulado del primer impulso divino. (…) La primera brecha en esta concepción petrificada de la naturaleza fue abierta, no por un naturalista, sino por un filósofo. En 1775 apareció la Historia natural y teoría general del cielo de Kant. La cuestión del (newtoneano) primer impulso (divino) quedaba eliminada; la Tierra y todo el sistema solar se presentaban como algo que se fue formando en el transcurso del tiempo. Si la gran mayoría de los naturalistas hubiera tenido menos horror a pensar, ese horror que Newton expresa con la advertencia: Física, ¡cuídate de la Metafísica!, habrían tenido que deducir de este genial descubrimiento de Kant conclusiones que les habrían ahorrado extravíos interminables y un trabajo y un tiempo inmensos…". La hipótesis kantiana, objetivamente errónea, consideraba que el Sol y los planetas eran consecuencia de la condensación de una nebulosa rotante; sin embargo, este pensamiento subjetivo tuvo una importancia fundamental subjetivo-objetiva porque introducía un desarrollo temporal para el universo (universo que es, a la vez, un hecho objetivo y una concepción histórico-científica de eso llamado universo).


 


Nos parece que la superación del primer equívoco (arte-conocimiento) y la ya mencionada ausencia de fundamentación para la "pura subjetividad del arte", nos liberan de la necesidad de hacer aquí un desarrollo propio sobre el arte en relación con la subjetividad, el sujeto, el conocimiento, etc.


 


Una ideología sobre el arte


 


Tras lo fundamental no fundamentado, aparecen otras afirmaciones importantes que vemos, en realidad, como los núcleos de una ideología simplista y desvalorizante de la actividad artística:


 


"No existe el arte anónimo ni colectivo"


 


¿Cómo puede negarse el carácter individual-colectivo tanto de las prácticas artísticas como de sus objetos y de su recepción y circulación social? Del choque entre la necesidad de contar con un argumento para la "pura subjetividad" como ley suprema, y la imposibilidad de lograrlo, nace ese elusivo "decretazo".


 


Que exista una actividad milenaria reconocible, por lo menos en sus rasgos básicos, como un proceder con objetos de creación humana (tomado este concepto en su mayor amplitud) y con una finalidad que aparece como agotándose y renovándose en sí misma y en su contexto (como un medio-fin a la vez); arte-factos ligados indisolublemente a su historicidad, incluso cuando trascienden las formas sociales que en cada época les son contemporáneas (2), parece no aportar ninguna objetividad considerable para quien ve lo principal en el mostrar y en el depositarse de una subjetividad individual (activa) en otra subjetividad individual (pasiva).


 


Los poemas anónimos incluidos en el Cancionero de Baena, la poca originalidad de las Coplas de Manrique (3), el Lazarillo de Tormes, el recital de Woodstock, las Estéticas, las Poéticas y los Tratados centenarios o milenarios, las compañías colectivas de actores, las producciones colectivas cinematográficas, las decenas de versiones del multifacético Drácula, las variaciones (a veces casi imperceptibles) de un mismo tema o de un tratamiento o de una forma o de un estilo por mencionar apenas algunas variedades en un mar de ejemplos ¿convencerían a quien sólo reconoce el ente "La Subjetividad" (y sólo como Autoría) como lo fundamental inscripto en el arte?


 


Se asimila el Nombre del Autor (la marca de origen, época, etc.) a la subjetividad, con lo que se demuestra que no se nos está hablando de una genérica "subjetividad humana", necesariamente colectiva e innúmera, sino de un autor de una obra (identidad total y subjetiva obra-autor). La relación de oposición excluyente que así se establece entre anónimo-colectivo / nominado-individual está, en este caso, exenta de toda proposición dialéctica.


 


Incluso llega a afirmarse: "En nuestra sociedad el arte es necesariamente individual". En esa fórmula hay un programa, pero inconsciente de sí y de lo que supone. (Distinto caso hubiera sido, por ejemplo, una caracterización que abriese a una reflexión sobre lo individual en relación con la obra de arte considerada como mercancía; o bien sobre la concepción de sujeto individual en la cultura dominante, vista a través de la obra de arte; casos particulares que, de todos modos, no agotan los enfoques sobre lo individual en este campo).


 


"Lejos de la política, las ciencias y el conocimiento. Cerca de la moral y la religión"


 


Para tratar de entender por qué Díaz acerca el arte a la moral y la religión, no podemos valernos más que de lo que suponemos, ya que su texto no contempla descripción válida o análisis alguno que nos indiquen de qué modo y por qué se produciría esta proximidad.


 


De más está decir que aquí volvemos a encontrarnos con valores absolutos, con entes sin historia ni mayor localización: religión, moral… ¿La religión de qué pueblo, en qué período? ¿Moral de qué clase o sector social, en qué tiempo?


 


Aunque su autor no lo pretenda, en Arte y subjetividad se sostiene una concepción degradante de la actividad artística, porque de su texto se desprende claramente que una supuesta "búsqueda de valores absolutos", un supuesto andar "por el camino de la oscuridad y el error", una supuesta incapacidad para captar "las circunstancias de las cosas en su devenir", serían lo que la estaría colocando, a dicha actividad, "más cerca" de la moral y la religión que de la política, las ciencias y el conocimiento.


 


El arte correspondería, entonces, al orden del autoengaño y las meras idealizaciones humanas, si no de la hipocresía y la sumisión; a no ser que se considere a la moral y a la religión como la quintaesencia de la "pura subjetividad" en sentido positivo.


 


Para nosotros, en cambio, es posible entender que la especificidad del arte (su autonomía relativa) puede colocarse en relación privilegiada, a partir de obras determinadas y en tiempos determinados, con determinadas zonas sociales (históricas): política, ciencia, moral, religión, filosofía, etc. Eso dependerá de una serie de causas y azares, de correspondencias y acciones y reacciones, recíprocas y desiguales entre los diferentes niveles superestructurales y entre éstos y las condiciones económicas, conexiones (concatenaciones) que será de la mayor utilidad estudiar en cada caso, para poder comprender la vida social humana y su funcionamiento. Pero nada de relativización y nada de (por lo menos) intención dialéctica aparecen en la visión criticada.


 


"El arte es esencialmente diversión"


 


A un arte así concebido sólo cabe considerarlo inocuo e intrascendente. Lo mejor que se le podría encontrar es su calidad de "diversión": "Se habla de un mostrar, no de un conocer", "sólo le pedimos que nos muestre", etc.


 


Pero tal es, hoy por hoy, el programa para el arte de los interesados medios de comunicación y tergiversación. Para ellos (como parte necesaria de la acción normativa de la burguesía pensante), el arte es una poderosa herramienta de blanqueo y distracción, cuyos productos tienen, además, la ventaja de convertirse en ciertas circunstancias en mercancías de enorme beneficio; carácter que se combina adecuadamente toda vez que se impone la necesidad de su utilización política más o menos específica: válvula de escape, celebración de ciertas ideas o valores, instrumento crítico manipulable, factor partidista tanto en la disputa interburguesa cuanto en la acción contrarrevolucionaria.


 


Instalada la importancia del arte en este campo, se lo aleja de toda posibilidad de subversión o transformación respecto de verdades, objetos, realidades, ideales, costumbres y relaciones sociales y humanas, individuales y colectivas. Nada de aventura o experiencia, nada de política y denuncia, nada de intervención crítica, nada de invención y prefiguración.


 


Ya no extrañará, que con una concepción dualista y mecánica como la criticada, se llegue a afirmar que "un panfleto, un diario, etc., están más cerca del conocimiento y la política que la obra de arte más politizada". Es decir, un reportaje a Henry Kissinger de visita en la Argentina, diga lo que dijere, o una noticia titulada "El ministro de Salud Pública recorrió la provincia para interiorizarse de la situación de la población marginal" (ambos plagados de mentiras de grueso calibre) serían conocimiento y objetividad porque aparecen como "reales", y estarían más cerca de la política que el Guernica de P. Picasso, Leonce y Lena de G. Büchner, los Cantares de E. Pound, la Oda a Charles Fourier de A. Breton, Los inundados de F. Birri o la Comedia Humana de H. de Balzac. (La disimilitud de obras y artistas mencionados es intencional).


 


La complejidad de la actividad artística


 


"Como cada obra de arte implica un complejo de problemas y tal vez de aporías, la definición de fantasía que de aquí procediera no sería la peor. Como capacidad de encontrar en la obra de arte impulsos y soluciones, se la puede llamar (a la fantasía) lo diferencial de la libertad en medio de la determinación" (Th. Adorno. Teoría estética).


 


Debe quedar claro que nuestra crítica pretende una resituación de la perspectiva sobre el arte a partir de considerar su complejidad tan particular. Dicho de otro modo: hay que reconocer que dicha complejidad proviene de lo que cada obra y cada conjunto de obras, en medio de la determinación social e histórica (individual-colectiva), va poniendo en juego y no de las dificultades para el establecimiento y reconocimiento de sus motivos, significaciones, etc.


 


Por esto, una postura simplista resulta una profunda desvalorización de lo que aparece como inasible cuando se lo pretende asir con una sola frase-definición que quiere captar su esencia.


 


Afortunadamente, no hay una visión simplista en el enfoque de los principales representantes del marxismo: "Es bueno que exista en el mundo el arte, así como es bueno que exista la política. Es bueno que la potencia del arte sea tan inagotable como la vida misma. En cierto sentido, el arte es más rico que la vida…" (León Trotsky, ob. cit.). Esta "fanática" apreciación proviene de quien también afirma: "El arte, que es la parte más compleja de la cultura, la más sensitiva, y al mismo tiempo la menos protegida, es la que más sufre con la decadencia y putrefacción de la sociedad burguesa". Imposible dejar de relacionar esto último con el siguiente pasaje de Marx: "las relaciones no son tan simples como él (Storch) lo imagina a primera vista. Por ejemplo, la producción capitalista es hostil a ciertas ramas de la producción espiritual, como el arte y la poesía" (en Teorías sobre la plusvalía).


 


Podemos considerar que tal hostilidad ha de tener la misma raíz que la hostilidad capitalista hacia todas las actividades, conductas y necesidades humanas que, a su vez, le son por así decir naturalmente hostiles, tales como el descanso, el sueño, los vínculos amorosos, el pensamiento crítico, el juego y la organización independiente y revolucionaria de los explotados, entre muchos otros "males rojos".


 


Las formas de la libertad


 


"La revolución comunista no teme al arte". Así comienza uno de los párrafos decisivos del manifiesto Por un arte revolucionario independiente (de André Breton y León Trotsky). Aquello es lo opuesto de lo que jamás confesará abiertamente ningún representante de la burguesía; es decir, que su clase le teme al arte.


 


Hervidero de ideas, experimentación, invención y concreción de formas; espejos del deseo de los individuos, los grupos y las masas; llamados contra la sumisión y la trivialidad; atentados contra la hipocresía social y la degradación humana; violencia contra los dioses de la racionalidad (e irracionalidad) burguesa; ironía, crítica y ataque a los hábitos y las Buenas Costumbres; y todo ello entre muchos otros problemas implicados en la actividad artística. Así, una buena cantidad de obras de arte son al mismo tiempo deseo que amenaza, cuestionamiento de los límites existentes, crítica del devenir real y prefiguración del porvenir social y humano.


 


El enfoque aquí criticado pasa por alto que el arte es también un campo de lucha, oposiciones y conflictos. Y esto incluso más allá de todo contenido manifiesto o "buena intención" que conlleven determinadas obras. En las prácticas artísticas está implicada (y complicada) una necesidad inalienable de libertad, así como verdades que no son del orden de lo pasajero y superficial.


 


Estar incluidos (tanto las obras como los seres) en un sistema supone no poder escapar de la concurrencia de sus determinaciones generales y particulares. Pero por tratarse de un sistema social, que es obra de actividad humana individual-colectiva y no divina, la transformación (destrucción/construcción) se encuentra entre las posibilidades reales de resolución social.


 


La lucha contra la sujeción (y eso es lo que aquí entendemos, del modo más general posible, como libertad) es la condición elemental de esta posibilidad; pero lucha tal no se hace por mero decreto o simple declaración de insujeción y libertad, sino por obra de… Y el arte, en sus obras, tiene todo que ver con este "obrar humano". No cualquier obra, artista, tendencia o forma; no cualquier público; no en cualquier época y circunstancia. De la determinación, en cada caso, de estas realidades y caracteres particulares, podrá esperarse una crítica liberadora y no una mayor sumisión frente al Estado y el Capital por parte de las obras, los artistas y esos coautores que son cada público.


 


En pro de nuestra definición "electiva", que antepone la libertad a la sumisión, nada se resuelve (y en cambio se hace lo peor) si a la actividad artística se la envía de paseo a las regiones del "más allá" que en el "más acá" se llaman religión y moral con el supuesto objeto de resguardarla de concepciones totalitarias que le atribuirían vocación de verdad, conocimiento, crítica y conciencia. Porque es en el "más acá", y revestidos de intangibilidad subjetiva (lejos de la política, la filosofía, las ciencias y, sobre todo, de la vida cotidiana), donde residen viejos y conocidos victimarios, reunidos en el gran partenón de la mistificación y la hipocresía, enemigos no ya sólo del arte sino de las libertades más elementales que puedan concebir los seres humanos en y para sus sociedades y mundos posibles.


 


En este apartado final damos una definición general, que puede ser enunciada así: sujeción y libertad constituyen la realidad dialéctica del arte. Y es sostenida aquí como fundamento concreto de una práctica artística que pretende ser consciente de su función revolucionaria, es decir, de su vínculo actual con la revolución. Sin duda, esto también debe ser necesariamente desarrollado para que su discusión se realice de un modo útil.


 


Proponemos su debate, su crítica y su profundización. Y lo hacemos teniendo en cuenta que, histórica e internacionalmente hablando, no son pocos los artistas ni escasas las obras que podríamos identificar con lo que es el objeto central de la mejor tradición revolucionaria: la transformación de la sociedad en una "asociación en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos" (Manifiesto Comunista).


 


 


 


(Diciembre de 1992 – febrero de 1993)


 


Notas:


 


1. Lukács parece reconocer (véase su Estética) tres grandes períodos de su formación y actividad: el de sus "escritos juveniles", bajo la órbita de Kant y Hegel; el de su formación "marxista" (en verdad, stalinista), y el de su última elaboración de una "estética sistemática" (comenzada a principios de los años cincuenta).


2. Esta descripción que hacemos resultará, más que otras, controvertible, porque está referida a una actividad que abarcaría así muchos y muy diversos períodos, realidades, geografías, culturas, sociedades, etc. Pero, ¿hubiera sido menos controvertible el mencionar concretamente obras de diversas épocas y períodos (por ejemplo: estatuillas primitivas y esculturas actuales) como pruebas de una persistente "obsesión" humana por las formas, por el "obrar en sí"? No perdemos de vista que así estamos abusando del concepto moderno de "arte", concepto que necesita ser precisado antes de ponerlo en juego en toda discusión.


3. De Manrique y sus Coplas dice José M. Azáceta (Poesía cancioneril, 1984): "Su obra poética no es extensa. Unos cincuenta poemas en total… (…) Las Coplas por la muerte de su padre constituyen su obra cimera y uno de los logros más perfectos de las letras españolas. (…) Se han señalado como antecedentes remotos de la obra (…) libros de la Biblia, Santos Padres, el De consolatione Philosophiae de Boecio, y San Juan Crisóstomo. Los más próximos apuntan al Canciller Ayala, Ferrán Sánchez Talavera, Santillana, Mena, Gómez Manrique, etc. (…) … en su contenido y esencia maneja pensamientos e ideas muy conocidos. Su originalidad radica en la forma de exposición y en el esquema métrico… (…) Nadie como él acierta en el uso del tan manoseado ubit sunt?". Y en otra parte: "Entre los versos de (Ferrán Sánchez) Talavera destaca el poema a la muerte en Valladolid de Ruy Díaz de Mendoza… (…) Se trata de un claro antecedente de las Coplas manriqueñas, donde no falta el ubit sunt?, lo caduco de la vida y la vanidad del mundo".


 


 


 


Bibliografía


 


-Theodor Adorno. Teoría estética. Orbis (Hyspamérica), Madrid, 1983.


 


-Amaru. Cien poemas de amor. (Versión e Introducción de Fernando Tola). Barral-Corregidor, Buenos Aires, 1976.


 


-André Breton. Antología (1913-66). Siglo XXI, México, 1979.


 


-Hernán Díaz. "Arte y subjetividad". En Defensa del Marxismo, Nro. 4, Buenos Aires, set. 1992.


 


-Friedrich Engels. Anti-Dühring. Cartago, Buenos Aires, 1973.


 


-Friedrich Engels. Dialéctica de la Naturaleza. Problemas, Buenos Aires, 1947.


 


-Jorge Figueroa. "Marxismo y realismo". En Defensa del Marxismo, Nro. 3, Buenos Aires, abril 1992.


 


-Georg Lukács. Prolegómenos a una estética marxista. Grijalbo, Barcelona, 1969.


 


-Georg Lukács. Estética 1. Grijalbo, Barcelona, 1982.


 


-Karl Marx y Friedrich Engels. Sobre la literatura y el arte (recopilación). Calomino, La Plata, 1946.


 


-León Trotsky. Literatura y Revolución. El Yunque, Buenos Aires, 1974.