El negocio capitalista de la prostitución

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En las últimas décadas, el negocio capitalista de la prostitución en todas sus formas no ha dejado de crecer en todo el mundo. La prostitución puede tomar cientos de fisonomías diferentes, lo cual a veces oscurece o dificulta su identificación, consideramos entonces como parte de la prostitución a cualquier acción por medio de la cual se obtenga acceso sexual al cuerpo de una persona a cambio de dinero, bienes y/o todo tipo de medios de pago. En este sentido, incluimos el matrimonio forzado, la venta de esposas por correo, la pornografía, el striptease, los video streaming, los videos bajo demanda y, por supuesto, la prostitución callejera, en burdeles, en departamentos privados y la trata de personas para explotación sexual. Debemos aclarar que si bien el fenómeno de la prostitución afecta a niños, personas trans y hombres es principalmente un problema que afecta a mujeres y niñas, por la posición mayoritariamente subordinada de éstas en esta sociedad.

El crecimiento del negocio de la prostitución y la trata de personas (que comparten junto al tráfico de armas y al narcotráfico, los tres primeros puestos de los negocios criminales más lucrativos a nivel internacional), se da justamente en la actual etapa de debacle de capitalismo, en la cual este tipo de actividades improductivas y socialmente destructivas son llevadas adelante por los más diversos sectores del capital, ya que requieren una reducida inversión y proveen una mayor tasa de beneficio. Como sostiene Vanina Biasi en su artículo “Trata de personas, el eufemismo de la esclavitud capitalista”: “La caída del sistema prostituyente provocaría el desfinanciamiento de bancos y su consiguiente ruptura de la cadena de créditos y de pagos, de igual forma ocurre con el negocio de armas y el narcotráfico. Para hacer crecer el negocio, el capital incentiva la demanda. Estas acciones están entrelazadas con el Estado, que les provee a las patronales de leyes acordes, protección en la ilegalidad y fomento de sus actividades” [1].

La normalización y naturalización de la prostitución son funcionales y a la vez necesarias para este crecimiento exponencial del negocio, ya que para mejor fomentarlo es precisa una base de aceptación social del mismo. Como parte de este proceso se ha producido, tanto en una parte del movimiento de mujeres como de la escritura académica y hasta de algunas normativas, un cambio en la forma de nombrar al fenómeno, el término prostitución es mucho menos utilizado y hasta es considerado por algunos sectores incorrecto por llevar una “carga negativa” y/o por generar “estigmatización”. En la actualidad, el eufemismo naturalizador más utilizado es el de “trabajo sexual”[2]. También han aparecido otros eufemismos para nombrar diferentes aspectos del negocio prostituyente, como el de “industria del sexo” o el de “turismo sexual”. Estos términos engloban, además, a diversas actividades relacionadas con “el entretenimiento para adultos” (otro eufemismo, por cierto) y aquellas actividades relacionadas a la prostitución, tanto directa como indirectamente: la hotelería, los bares, clubes, servicios de transporte y al “turismo sexual” (otro eufemismo más).

Al frente de este fenómeno de naturalización y normalización están, por un lado, quienes son abiertamente lobbistas del negocio capitalista, desde la Organización Internacional del Trabajo, pasando por una variedad de economistas liberales, entre quienes se encuentran figuras de peso, como la de Milton Friedman. Pero, por otro lado, nos encontramos con estas posturas en el campo del movimiento de mujeres, también representado por figuras de peso en el mismo, como la de Silvia Federici.

La “industria del sexo”

En 1998 salió a la luz un informe escrito por Lin Lean Lim, la investigadora y especialista de la Organización Internacional del Trabajo en políticas de empleo, sobre la “industria del sexo” en el sudeste asiático. “El estudio de la OIT pasa revista a las fuerzas sociales y económicas que impulsan el desarrollo de la industria del sexo en cuatro países del sudeste asiático: Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia. Afirma que la prestación de servicios sexuales ha alcanzado las dimensiones de un pujante sector comercial, que emplea directa e indirectamente a millones de trabajadores y aporta una contribución significativa a los ingresos nacionales de los países de la zona”[3]. El informe además lamenta que, a pesar del volumen y la importancia económica de la prostitución, el sector carece casi por completo de regulación y no se encuentra reconocido como sector económico en las estadísticas oficiales, en los planes de desarrollo ni en los presupuestos de los gobiernos de prácticamente la totalidad de los países del mundo. Estos lamentos, al parecer, fueron oídos, al menos por la Unión Europea, que a partir de 2013, a través de un cambio en el Sistema Europeo de Cuenta Nacionales y Regionales, resolvió que “todos los países deberán presentar informes sobre cuánto aporta a cada economía nacional la venta de drogas, prostitución y contrabando”.[4] Este paso de la Unión Europea es un claro ejemplo del proceso de normalización de la prostitución como facilitador del crecimiento del negocio al que hacíamos referencia más arriba.

Otra parte muy importante de la llamada “industria del sexo” es la pornografía, una industria gigantesca que mueve millones de dólares anuales en todo el mundo. Según el periódico británico The Guardian, si bien no es fácil estimar exactamente cuánto dinero mueve, “las estimaciones de ingresos actuales para Estados Unidos oscilan entre 9 y 97 mil millones de dólares al año. La última cifra parece excesiva, pero una estimación conservadora es de 15 mil millones. Eso lo hace no solo más grande que Netflix (11,7 mil millones) sino también Hollywood en su conjunto (11,1 mil millones). En otras palabras, la pornografía en línea es enorme”.[5]El negocio es tan grande que en él invierten grandes empresas como General Motors y Time Warner. Por su parte, las tarjetas de crédito y los bancos están también muy involucrados porque es la forma más común de pago. En su libro La industria de la Vagina[6], Sheila Jeffreys plantea que la pornografía provoca en las mujeres los mismos efectos físicos en la salud (los cuales analizaremos más adelante) que cualquier otra forma de prostitución. La autora sostiene, además, que a medida que la industria se expande toma no solo cada vez a más mujeres sino también a niños y niñas de diferentes parte del mundo.

Los clubes de striptease constituyen otra rama de la “industria del sexo”, que viene en rápida expansión también en las últimas décadas, especialmente en forma de clubes de lap dance. Si bien en Argentina no son muy comunes, estamos muy familiarizados con su existencia a través del cine y la televisión norteamericanos, los cuales constantemente los naturalizan y “desestigmatizan”, mostrando, por ejemplo, a chicas que de esa manera se pagan sus estudios. Los clubes de striptease también son muy comunes en la mayoría de los países de Europa, en Australia y en varias partes de Asia. Esta expansión del último período ha venido de la mano de un cambio clave en el rubro: hasta la década del ’80, estos clubes pagaban a las mujeres para que “bailaran”, pero se cambió a un mecanismo por el cual ellas deben ahora pagar al club por el “derecho de escenario”; de esta manera, su único ingreso son las propinas de los clientes. Así es como fueron apareciendo los “bailes privados” o lap dance, los cuales se llevan a cabo generalmente en cabinas privadas, dejando a las mujeres más desprotegidas ante ataques y que, además, promueven mayores formas de contacto íntimo que antes. De esta manera, no solo la actividad se volvió mucho más peligrosa y de mayor contacto físico para las mujeres, sino que disminuyó sus ingresos, a la vez que aumentaba considerablemente las ganancias de los propietarios.

También de esta particular industria forma parte el “turismo para la prostitución” -mal llamado “turismo sexual”, que es una actividad relativamente reciente, ya que es un aspecto del desarrollo de la industria turística en general. Filipinas es un ejemplo paradigmático de cómo se desarrolló allí la industria del sexo a partir de la infraestructura armada previamente para “servicios sexuales” de las bases militares estadounidenses. En las décadas del ’30 y el ’40, el gobierno japonés secuestraba mujeres de Corea, China y otros países de la región que habían invadido y controlaban para ser enviadas a los prostíbulos para “confort militar”. Luego de la Segunda Guerra Mundial, estos prostíbulos se masificaron en todo el sudeste asiático para “el descanso y la recreación” de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Esto fue la base de lo que posteriormente sería la enorme “industria del sexo” en esa zona y que se convertirá en parte importante de sus economías. En ambos períodos, la intervención estatal fue fundamental, ya que no solo organizaba el secuestro de las mujeres sino que también regenteaba los prostíbulos, realizando exámenes médicos y registro de las mujeres. En la actualidad, Filipinas tiene poco más de 100 millones de habitantes y la mitad vive en la pobreza. Pueblo de los Angeles[7]es una de las ciudades del país más populares para el “turismo sexual”. La especialidad de la ciudad es “la experiencia de novia”, en la cual los hombres pagan para que una mujer sea su “novia” por una noche, un día, una semana o un mes. En un artículo del periódico The Guardian, de 2019, se cita al departamento local de Turismo, según el cual “más de 4,7 millones de extranjeros vienen a Filipinas cada año. De éstos, 1,2 millones son hombres que llegan solos. La mayoría son turistas de Corea, Estados Unidos, China y Australia”.[8]

Por último, la tecnología de las criptomonedas ha entrado también en la “industria del sexo”. Según el diario La Vanguardia de España, la pornografía, los espectáculos de strippers y otras ofertas más controvertidas han entrado en la esfera de influencia de la blockchain. La cantidad y el importe de las transacciones sobre estas actividades son tan elevados que resultan tentadores para quienes aseguran pagos y cobros anónimos y seguros. Además, aseguran que “ya hay clubes de striptease en Las Vegas (Estados Unidos) que se han sumado a este sistema. Allí hay bailarinas que llevan códigos QR temporales en sus cuerpos. Los servicios que les prestan a sus clientes son pagados con dinero virtual”.[9]

¿Quiénes defienden a la explotación sexual como un trabajo?

Como planteamos al principio del artículo, la naturalización y normalización de la prostitución proviene de dos vertientes. Por un lado, están las posturas que se presentan como “estrictamente económicas” -como la que describimos más arriba por parte de la OIT- o las de economistas liberales, que plantean que los Estados no deben intervenir en las transacciones económicas. En palabras de Milton Friedman, uno de los representantes más cabales del liberalismo económico: “si ponés a un comprador dispuesto [con] un vendedor dispuesto, depende de ellos. Puedes discutir con ellos que es una tontería, puedes discutir con ellos que es algo malo, pero no veo ninguna justificación para meter a la policía en esto”.[10]

Estas posturas, sin embargo, diferencian la prostitución que llaman “elegida” por parte de personas mayores de 18 años, de la sufrida por menores de edad. Como bien explica Jeffreys en su libro, “consideran que la edad límite es la de dieciocho años y que, de allí en adelante, la prostitución es potencialmente una elección libre, mientras que hasta el día anterior al decimoctavo cumpleaños es una actividad física y emocionalmente perjudicial y moralmente repugnante”.[11]En el informe de la OIT ya citado se muestra, por ejemplo, que en un complejo de prostíbulos de Indonesia el 10% de las chicas en situación de prostitución tenía menos de 17 años, pero de las que tenían 17 años o más, el 20% había comenzado a ser explotada sexualmente antes de cumplir los 17, por lo tanto, no se puede separar a la prostitución infantil del conjunto del negocio de la explotación sexual. Intentar fraccionar el fenómeno de la prostitución para poder adaptarlo a una idea preconcebida de lo que debería ser, constituye una utopía reaccionaria, ya que, en la realidad, la prostitución de menores y mayores de 18 años se da toda junta. Defender una parte indefectiblemente lleva a defender al conjunto. Vamos a ver que lo mismo ocurre con la trata de personas.

Por el otro lado, están las posturas desde dentro del movimiento de mujeres. Una referente muy importante en este campo es Silvia Federici, quien sostiene: “Si soy abolicionista, lo soy con todas las formas de explotación del trabajo humano. Este es para mí el objetivo, que no debemos vendernos de ninguna manera, que se puede vivir en una sociedad en la cual la venta de nuestro cuerpo, corazón, cerebro o vagina no sea necesaria”. La autora, sin embargo, nunca explica de qué manera “vender el cerebro” sería comparable a “vender la vagina”, y hace caso omiso de todos los riesgos que conlleva la actividad de la prostitución. Además, su postulado “contra toda explotación” tiene una extraña lógica, en la cual la forma de “abolir toda explotación” sería beneficiando un negocio que la refuerza, como es el de la explotación sexual.

Otra de las voces en el campo del movimiento de mujeres es la de Virginie Despentes, quien en su recientemente reeditado libro Teoría King Kong, hace también una defensa del “trabajo sexual”, solo que desde otra vertiente: “Esta cepa del feminismo forma parte a su vez de un corpus posmoderno más amplio llamado ‘política de la identidad’, que pone el foco no en las diferencias de clase, sino en las formas políticas basadas en las diferencias de etnia, color, género, etc. Se basa en la consideración de formas de opresión ‘paralelas’ (el patriarcado, el racismo, etc.), negando que sean formas de sometimiento reproducidas y profundizadas por el régimen capitalista. Por lo tanto, estas corrientes son ajenas no solo a la importancia de forjar la unidad de todos los sectores oprimidos de la sociedad sino principalmente pasan por alto a la clase obrera como sujeto político. En definitiva, esta política no refleja otra cosa que la desmoralización respecto de poder terminar con el capitalismo y con todas las formas de opresión”.[12]

Tanto Federici como Despentes sostienen que los planteos que caracterizan a la prostitución como una forma extrema de explotación, “victimizan” a las personas prostituidas y no les reconocen ninguna agencia. Sin embargo, la iniciativa de las mujeres y el hecho de que estén oprimidas no son cuestiones contrapuestas: que algunas mujeres se dediquen a la prostitución como forma de sobrevivir no anula el hecho de que fueron circunstancias de opresión las que las llevaron a eso y que la actividad misma está cargada de esa misma opresión.

¿Quiénes ejercen la prostitución?

La estrecha ligazón entre las condiciones de pobreza y la prostitución es una de las claves para entender el problema. Son las mujeres de la clase obrera más empobrecida las que mayoritariamente ejercen esta actividad. Algunas obligadas directamente a través de la trata de personas para explotación sexual y otras indirectamente, cuando la prostitución aparece como la única forma de sobrevivir. También existen muchos estudios que muestran una estrecha relación entre haber sufrido abusos sexuales en la infancia y la prostitución[13].

En Alemania, por ejemplo, desde que se legalizó por completo la prostitución (2002), ésta ha pasado de ser un negocio capitalista ilegal a ser legal, pero mucho más floreciente para los proxenetas, sin traer ningún beneficio para las personas explotadas sexualmente. La situación en este país, como ya lo presentamos en un artículo específico sobre el tema, dista mucho de la idealización presentada por quienes defienden la legalización: “En la actualidad, el 65% de las prostitutas en Alemania son extranjeras, mayormente de Europa Oriental, muchas secuestradas o manipuladas y obligadas a prostituirse. En 2007, gracias a la incorporación de Rumania y Bulgaria a la Unión Europea, los proxenetas que introducen a las mujeres de estos países del empobrecido este europeo en el ‘negocio’ de la prostitución pueden hacerlo de manera legal. El incremento de la oferta ha producido además un descenso de los precios, que tiene como contrapartida un aumento de la explotación a través de una mayor ‘competencia’ -es decir, del número de hombres por día con los cuales las prostitutas deben tener sexo para poder sobrevivir y pagar los impuestos al proxeneta Estado alemán”.[14]El caso alemán es un claro ejemplo de cómo la legalización no trajo ningún beneficio para las mujeres en situación de prostitución.

Además, es importante que tengamos en cuenta que no podemos analizar a la trata de personas para explotación sexual por separado de la “industria del sexo”. Por el contrario, la trata de personas encontró en la “industria del sexo” su nuevo lugar de florecimiento y, de esta manera, representa hoy una de sus principales fuentes de abastecimiento. Silvia Federici, como tantas otras defensoras del “trabajo sexual”, quieren sin embargo separar los fenómenos (de manera similar a lo que analizamos más arriba con la prostitución infantil). En una entrevista realizada en 2018, la autora sostiene que “no hay que negar que la trata existe, pero no se puede pensar que todo es trata y que todas las mujeres que se dedican al trabajo sexual son víctimas”.[15]Sin embargo, en los países donde se ha legalizado la prostitución, la trata de mujeres para explotación sexual no solo no ha desaparecido sino que se ha incrementado. En su artículo “El derecho y la economía de la esclavitud sexual internacional: leyes sobre la prostitución y la trata con fines de explotación sexual”[16], Niklas Jakobsson y Andreas Kotsadam sostienen que “la trata de personas para la explotación sexual comercial es menos frecuente en los países donde la prostitución es ilegal, más frecuente en los países donde la prostitución está legalizada y, entre ellos, en los países donde la prostitución es legal pero el proxenetismo es ilegal”. También cita un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc) de 2006, en el cual se analiza la prevalencia del tráfico de personas para explotación sexual en los países europeos y entre los países con mayor prevalencia se encuentran Holanda y Alemania. Es significativo que justamente estos países son presentados muchas veces como ejemplo a seguir por quienes quieren legalizar la prostitución. Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, entrevistada por al diario La Nación en 2019, se presentaba “convencida de que regular esta actividad disminuirá sustancialmente el negocio de la trata, y pone como ejemplo los casos de Alemania u Holanda”[17].

¿Cómo afecta la prostitución a quienes la ejercen?

La prostitución -ya sea callejera, de la farándula, en burdeles, en departamentos privados, en países en los cuales tiene diferentes estatus legales (legal, ilegal en parte, controlada por el Estadoo totalmente criminal, etc.)- es siempre una actividad cargada de violencia hacia quienes la ejercen. Esta violencia es tanto verbal como física (insultos, maltratos, golpes, violaciones, etc.) y tiene consecuencias también de varios tipos. Consecuencias físicas como enfermedades (tuberculosis, VIH, diabetes, cáncer, artritis, taquicardia, sífilis, malaria, entre otras) y/o consecuencias psicológicas (traumas severos, síndrome de estrés postraumático, el cual varios estudios muestran que es similar al de los veteranos de guerra[18], etc.) a niveles incomparables a cualquier otra actividad, por lo cual y ya solo por esto, no puede ser considerada “un trabajo como cualquier otro”.

Jeffreys plantea que hay dos tipos de violencia física en la prostitución: la de la violación, golpes y hasta el asesinato por parte de proxenetas y clientes, y además la violencia cotidiana de la penetración no deseada y a menudo dolorosa, por la cual cobran y reciben sus ingresos. Respecto del segundo aspecto, la autora es implacable en cuanto a la especificidad de esa violencia, que hace imposible que se la considere una actividad como cualquier otra y enumera para esto sus consecuencias más comunes: las vaginas y anos desgastados, el dolor que eso provoca, las infecciones de trasmisión sexual, los embarazos no deseados, los abortos (muchas veces en condiciones de insalubridad), la infertilidad, las enfermedades en el tracto reproductivo y, finalmente, los daños psicológicos. Todas estas violencias son inherentes al fenómeno de la prostitución, ya sea que esté más o menos regulado, por eso sostenemos que su legalización como trabajo no sería otra cosa que la legalización de esas violencias.

Legalización y punitivismo: que el Estado nos ayude

Quienes desde el movimiento de mujeres sostienen una posición de legalización de la prostitución, embellecen tanto al régimen social capitalista como a los Estados que lo sostienen, ya que presentan como posible una mejora en las condiciones de vida de las personas explotadas sexualmente sin plantear la necesidad de terminar con el capitalismo. Pero, además, no ven o no quieren ver, que son ese mismo régimen y sus Estados los que generan continuamente no solo las condiciones que empujan a las mujeres a esa situación, sino a la mercantilización de la sexualidad en general.

Pero en el campo opuesto, el del abolicionismo, tampoco se presta atención al problema del carácter de clase del negocio y suele centrarse únicamente en un problema de sexo contra sexo, identificando a “los hombres” en general como los beneficiarios del negocio. De esta forma, no pueden ofrecer una salida real al problema.

Entre estas últimas concepciones se encuentra, por ejemplo, la de la ya citada Sheila Jeffreys,[19] quien sostiene que “el comportamiento masculino que lleva a la prostitución es una construcción social. Es un comportamiento aprendido, y en las sociedades donde se lo desalienta o penaliza es posible reducirlo”[20]. Esta postura, con mucho peso en el campo del abolicionismo se centra en penalizar a los “consumidores” de prostitución. Es una variante del histórico punitivismo estatal que persigue y penaliza a las mujeres prostituidas, pero invertido. Este punitivismo a los “clientes”, en primer lugar, comete el error de presentar como equiparables las responsabilidades entre los “consumidores”, los proxenetas y los Estados. Los “clientes”, sin embargo, no son los beneficiarios económicos del negocio de la prostitución, como sí lo son los proxenetas individuales, las redes de trata y los Estados. En segundo lugar, esta postura representa una tendencia que, por un lado, refuerza al Estado capitalista, a través de su línea policial y judicial y, por otro lado, plantea (al igual que la posición regulacionista) una expectativa en el mismo, al pretender que ese Estado de alguna manera sea el que reeduque a la población. Como bien explica Vanina Biasi -en el artículo citado anteriormente sobre la trata-: “Que el Estado es el primer proxeneta no es un recurso literario sino una descripción de la realidad. La cultura del consumo de prostitución debe ser combatida en la sociedad en oposición al Estado proxeneta, sostén del régimen social capitalista que es el responsable de la creación de esa cultura. Lo demás son instrumentos reaccionarios que se le otorgan al proxeneta mayor, el Estado, para que eluda sus propias responsabilidades en la materia”[21].

Hoy en día hay varios países que han adoptado oficialmente una política de castigo al “cliente”, es lo que se conoce como el modelo sueco o modelo nórdico. Este modelo fue adoptado por Suecia en 1999 y fue avanzando por diferentes partes del mundo por países como Islandia, Canadá, Sudáfrica, Singapur, Francia, Corea del Sur, Irlanda del Norte y más recientemente Israel. Si bien este modelo invierte la carga de la pena, de la persona prostituida al “cliente”, no deja de ser, como planteamos más arriba, un reforzamiento de la represión y la persecución estatal a los ciudadanos. Pero la cuestión principal es que este modelo no ataca las raíces del problema: son los Estados capitalistas que adoptan estos modelos los mismos que generan continuamente las condiciones socioeconómicas para que cada vez más mujeres y niñas recurran a la prostitución para sobrevivir. Aún en Suecia, donde, según las estadísticas, el modelo punitivista parece haber mostrado algunos éxitos en reducir el tamaño del negocio de la prostitución y la trata de personas, ésta sigue existiendo de manera clandestina, ya que mundialmente las condiciones propicias para la prostitución siguen existiendo.

El caso de Francia es demostrativo del fracaso de este punitivismo. Adoptó el modelo en 2016, pero hoy, en 2020, hay una gran preocupación por la extensión de la prostitución infantil: “Según varias estimaciones oficiosas, entre 5.000 y 8.000 menores se estarían prostituyendo en Francia (67 millones de habitantes) ‘por su cuenta’ o a través de redes de proxenetismo, de nuevo cuño. Algunos especialistas estiman que las cifras reales son muy superiores”.[22]

En 2020, Israel se ha sumado al grupo de países que penalizan a los “clientes”. Aliza Lavie, diputada y firmante del proyecto, sostiene que la intención del mismo “es asegurar que Israel se sume a un frente unido de países avanzados, que han dejado claro que la venta de los cuerpos de las mujeres como mercancía sexual es inaceptable y conlleva consecuencias devastadoras para las mujeres, los hombres, la infancia y la sociedad en su conjunto” [23]. Estas declaraciones constituyen una enorme hipocresía, por supuesto que no sólo de parte de Israel, sino de parte de todos aquellos Estados que aseguran que adoptaron el modelo para proteger a las mujeres, cuando en realidad no son otra cosa que los garantes de este régimen social de opresión de las mujeres, no sólo fronteras adentro, sino también en aquellos territorios que están bajo su órbita política y/o económica. Es esta opresión la base de la desigualdad entre hombres y mujeres, y lo que lleva, entre otras cosas, a la prostitución. No va a ser reforzando a esos Estados y otorgándoles más poder de represión sobre la población, la forma de terminar con la explotación sexual.

No podemos, por lo tanto, mirar a estas leyes punitivistas del “cliente” con ninguna expectativa en los Estados que las votaron, ya que muchos de ellos también promovieron “leyes con las que se pretende combatir la trata, pero no se proponen terminar con los negocios que la motivan, volviendo a las iniciativas jurídicas letra muerta en la mayoría de los casos y una ficción de abordaje de la problemática”.[24]Un claro ejemplo es el de la ONU, que desde la firma en 1949 del “Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena”, viene “combatiendo” a la trata y a la prostitución y, sin embargo, éstas no han parado de crecer. Lo mismo podemos decir de la batería de leyes contra la trata que fueron votadas en muchísimos países a partir del año 2000 (incluida la Argentina).

Por último, y para erradicar toda expectativa en los Estados burgueses, y sus agrupamientos como la ONU, es necesario conocer los casos de los “cuerpos de paz” involucrados en el “consumo” de prostitución en aquellos lugares a los que iban a brindar ayuda humanitaria. Esto salió a la luz en los años ’90, cuando hombres enviados por la ONU, los llamados “guardianes de la paz”, se aprovecharon de las situaciones de vulnerabilidad de mujeres y niñas desplazadas y separadas de sus familias y/o huérfanas por diversos conflictos políticos e intercambiaron sexo por diversos medios de supervivencia como alimentos, medicamentos y refugio. Existen casos en los cuales estos “guardianes” terminaron ligados a la trata de mujeres o fueron los iniciadores del negocio de la prostitución en el lugar. Recién en 2003, la ONU puso reglas para “evitar” estas situaciones. Sin embargo, el caso de Haití demuestra cómo estas reglas no sirven para mucho. La intervención de los Cascos Azules en este país comenzó en 2004 y se mantuvo por trece años. Las fuerzas de ocupación de la ONU estaban integradas por tropas de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia, entre otros. Las denuncias de “intercambio de mercancía por sexo” son centenares. Lo mismo para el caso de la intervención en Liberia[25].

¿Sin clientes no hay prostitución?

La pregunta sobre qué lleva a los hombres en este régimen social a consumir prostitución presenta una gran complejidad, y no es intención de este artículo responderla de forma exhaustiva. Pero una parte de la respuesta la vamos a encontrar del lado de la oferta, y no de la demanda. La sexualidad y los cuerpos se han convertido en un producto, en una mercancía que se compra y se vende en el mercado de diferentes maneras. El bombardeo que recibe la clase obrera para consumir sexo es constante y es un bombardeo que viene de parte de la clase capitalista y sus Estados, que se llenan los bolsillos con ese consumo. No podemos, por lo tanto, pretender que esa misma clase que nos empuja hacia estas relaciones humanas degradadas sea la que, a través de su propio Estado, nos castigue por tenerlas o nos reeduque para modificarlas.

Evidentemente, el aspecto cultural tiene un peso muy importante cuando hablamos de la opresión bajo el capitalismo, especialmente de las mujeres, y las múltiples manifestaciones que ésta presenta. Lo cultural es lo que actúa como justificación ideológica de una opresión que es económica y social, pero que, sin ese sostén cultural, no podría mantenerse. El problema es creer que para terminar con esa opresión solo hace falta un cambio cultural, solo necesitamos “reeducar” a la sociedad y particularmente a los hombres. Es creer que puede haber un cuestionamiento cultural sin cuestionar las bases materiales de la sociedad. Este es, en definitiva, un planteo de defensa del capitalismo, porque defiende la idea de que “otro capitalismo es posible”: un capitalismo sin doble opresión de la mujer o sin patriarcado. Como plantea Luciana Dentati: “Desde diferentes vertientes, el feminismo de izquierda sostiene que la opresión de la mujer sería producto del ‘patriarcado’, un sistema autónomo y preexistente al capitalismo, del que éste podría emanciparse, si quisiera; cual si fuera una vieja mochila que arrastra irracionalmente y sostiene solo porque le es útil. Esta idea se popularizó en las filas del movimiento de mujeres y diversidades en los últimos años en la Argentina con la consigna de que el patriarcado se puede ‘caer’ en el marco de una lucha meramente feminista, que puede ‘vencer’ y emancipar a la mujer, sin necesidad de una lucha política contra el régimen social capitalista”.[26]Para lxs socialistas, sin embargo, “la superación de la opresión de la mujer trabajadora está indisolublemente ligada a la lucha de clases y a la necesidad de una salida política de conjunto, de la mano de la construcción de partidos obreros revolucionarios, que unan la lucha por la liberación de la mujer a la conquista del poder por la clase trabajadora”.[27]

Dentro de la lucha de clases, la cuestión de la prostitución no es un tema que podemos tomar a la ligera. En primer lugar, debemos tener en claro, como planteamos más arriba, que “la reeducación de la sociedad, particularmente de la clase obrera, es un recurso necesario e indispensable, pero que no puede ser delegado en el mismo Estado, que educa en principios clasistas, machistas, misóginos y racistas”[28]. Ahora bien, esta reeducación no solo no la va a llevar a cabo el Estado proxeneta, sino que tampoco es algo que un Estado de otras características pueda llevar a cabo de un día para el otro. Tanto Trotsky como Lenin tenían muy en claro que esta obra, incluso teniendo las riendas del Estado en manos de la clase obrera, podía llevar decenas de años, y que esos años iban a estar llenos de contradicciones, como bien lo analizaba Trotsky en 1923: “En la vida cotidiana es donde se percibe mejor hasta qué punto el individuo es el producto y no el creador de sus condiciones de vida”[29]. La Revolución Rusa fue, sin embargo, el intento más profundo en la historia de la humanidad por terminar con la opresión de las mujeres, con su expresión máxima como es la prostitución y, en definitiva, con toda forma de explotación humana.

Las medidas sociales más importantes tomadas en los primeros años de la revolución en favor de las mujeres estuvieron contempladas en el Código Soviético sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela, de 1918. Este código barrió con siglos de leyes de propiedad y privilegios masculinos y, de esta manera, se constituyó en la legislación familiar más progresiva del mundo. Lxs revolucionarixs tenían muy en claro que estas leyes solo constituían un primer paso hacia la emancipación de la humanidad en general y de las mujeres en particular. Sin embargo, ninguna otra república burguesa, aún la más democrática, se había atrevido jamás a dar ni siquiera este primer paso legal. Se estableció el casamiento civil y el divorcio a pedido de cualquiera de los cónyuges. En la Rusia prerrevolucionaria, por el peso de la Iglesia Ortodoxa, el divorcio era algo casi imposible de realizar. También se terminó con la división entre los llamados hijas e hijos legítimos e ilegítimos, y se generalizaron las pensiones a viudas, niñas y niños. Se llevó a cabo la separación de la Iglesia del Estado y, junto con esta, la separación de la Iglesia de la educación. Se otorgaron licencias por maternidad mucho más extensas que en cualquier otro país del mundo: ocho semanas antes y ocho semanas después del parto, además de asegurarse el cobro íntegro del salario de las mujeres durante las mismas. También se votó la prohibición de cualquier tipo de criminalización de las mujeres que estuvieran en situación de prostitución, algo muy generalizado en esa época de hambre y miseria; además, el Primer Congreso de Toda Rusia de Trabajadoras y Campesinas, celebrado en 1918, declaró que “la ciudadana de la Rusia soviética nunca debe ser objeto de compra y venta”.[30] Finalmente, en 1920 se promulgó un decreto que, por primera vez en la historia de cualquier país del mundo, legalizó la práctica del aborto. Otro hecho inédito para la época fue que, en 1923, la República Soviética Rusa adoptó un estatuto pionero contra el acoso sexual a las mujeres.

Para lxs bolcheviques, el segundo paso hacia la emancipación de las mujeres tenía que ver con transformaciones materiales concretas, es decir con la superación del modo de producción capitalista, pero también con el feudal, que aún regía en gran parte de las áreas rurales. La más importante de estas medidas fue, sin dudas, la abolición de la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas. Ya que sólo de esta manera se abría el camino para la emancipación completa y efectiva de la mujer -es decir, para su liberación de la “esclavitud doméstica”. Pero entre la devastación que provocó la Primera Guerra Mundial, la guerra civil posterior a la Revolución, el boicot de todos los países capitalistas y una fuerte sequía en 1921, los límites a todas las medidas que fueron ideadas y legisladas en los primeros meses de la Revolución fueron muy concretos. Finalmente, con el establecimiento del estalinismo y la consolidación de la burocracia en el poder soviético, a partir de mediados de la década del ’20 se comenzó a dar marcha atrás con gran parte de la legislación revolucionaria de los primeros años.

Pero, incluso, si los cambios en las condiciones de vida hubieran sido más exitosos, los cambios culturales no hubieran sido inmediatos. Trotsky veía este problema claramente: “Tomamos a los hombres tal como los ha creado la naturaleza y como la antigua sociedad los ha educado en parte, y en parte estropeado”[31]. Tampoco existe otra opción si se quiere cambiar el mundo. Contamos con el material humano que tenemos y, muchas veces, ese material humano puede ser racista, nacionalista, xenófobo, homofóbico, “consumidor” de prostitución, pero también puede ser un material humano en situación de prostitución, que ve esa actividad como una salida individual sin tener en cuenta las consecuencias más generales que eso puede tener[32]. ¿Qué podemos hacer frente a esto? Podemos dar la batalla al interior de las filas de la clase obrera por superar todas estas divisiones que nos impone el capital para oprimirnos más fácilmente, para impedir nuestra organización contra este régimen social.

El trabajo (enajenado) en el capitalismo

Como planteamos más arriba, tanto dentro como fuera del movimiento de mujeres hay sectores que plantean que la prostitución debe ser considerada un trabajo como cualquier otro. Por lo tanto, es importante que nos acerquemos a un análisis inicial sobre esta cuestión. En los Manuscritos económicos y filosóficos, Marx explica las características del trabajo bajo el capitalismo, el cual es siempre un trabajo alienado o enajenado para la clase obrera: “¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador solo se siente en sí fuera del trabajo y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste (…) De esto resulta que el hombre (el trabajador) sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y al atavío, y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo humano y lo humano en lo animal. Comer, beber y engendrar, etc., son realmente también auténticas funciones humanas. Pero en la abstracción que las separa del ámbito restante de la actividad humana y las convierte en un único y último son animales”.[33]

Lo primero que queremos destacar de esta cita es que claramente no hay nada más alejado para el marxismo que un enaltecimiento del trabajo bajo este sistema social, por lo tanto, los argumentos que sostienen que “todo trabajo es explotado” o “también es nocivo para el cuerpo ser minero o trabajar 12 horas en una línea de producción” son argumentos de otro debate o de un debate con quienes defiendan la forma que toma el trabajo humano en el capitalismo. Por el contrario, desde el socialismo se han elaborado las más agudas críticas al trabajo alienado y se ha luchado consecuentemente por ponerle un fin. Quienes para defender la prostitución arguyen que “todo trabajo es explotado”, no son quienes enfrentan esa explotación, sino, por contrario, quienes le hacen de sostén al régimen.

El segundo aspecto del concepto de Marx sobre el trabajo alienando que queremos destacar tiene que ver con su contraparte: el ocio alienado. En su libro Las Formas del Trabajo y la Historia, Pablo Rieznik analiza este aspecto, “¿Pero es realmente libre alguien que se pudre trabajando y goza del placer de no trabajar? No. (…) La forma social del trabajo y del no-trabajo forman una suerte de par unívoco. Por eso existe el ocio alienado, el consumo compulsivo, la explotación del ‘tiempo libre’. La conquista real del ocio y del gozo es incompatible con el trabajo enajenado”[34]. Y, por lo tanto, es incompatible también con este régimen social, al que debemos superar no sólo para poder trabajar libre y humanamente, sino también para poder también recrearnos o descansar de esa misma manera.

Ahora bien, no todo trabajo alienado es igual y no toda actividad humana a cambio de un ingreso monetario debe ser considerada un trabajo. Existen muchas actividades que son llevadas a cabo por personas que lo hacen para sobrevivir, pero que son destructivas y perjudiciales socialmente, como por ejemplo el narcomenudeo, último eslabón de las redes de narcotráfico (que además es el más expuesto a la represión estatal y el más fácilmente reemplazable). En el caso particular de la prostitución estamos ante una “actividad” al menos peculiar, ya que lo que las personas venden no es su fuerza de trabajo sino su propio cuerpo, lo cual las pone en el mismo nivel que la esclavitud. De esta manera, es una actividad que no puede no ser alienada, porque no se trata de producir algo o llevar a cabo un servicio cuyo beneficio es apropiado por otra clase social. La elaboración de una remera o las tareas administrativas de una escuela son todas tareas que podrían estar libres de alienación si la producción o la educación no tuvieran como objetivo llenar los bolsillos de la clase capitalista, sino que fueran para el bien común. La prostitución, en cambio, solo puede ser alienada ya que solo puede tratarse de la satisfacción de un deseo ajeno, un deseo, por cierto, también alienado. La prostitución excluye cualquier sentido de placer o reciprocidad en las relaciones sexuales. Su finalidad es asegurar que la persona que “consume” prostitución lleve adelante sus propios deseos sexuales (también alienados), para lo cual la persona prostituida no debe anteponer ni su deseo personal ni su placer, ni decidir sobre qué tipo de actividad sexual se va a realizar o no.

Por último, es importante que tengamos en claro que la explotación sexual no afecta solamente a las personas directamente involucradas en ella, sino que, mediante la mercantilización de los cuerpos, la prostitución constituye uno de los elementos más fuertes de opresión del conjunto de las mujeres. Pero también funciona como un fuerte mecanismo para dividir a la clase obrera, es por esto que desde las organizaciones obreras no debemos esquivarle el bulto al problema y debemos explicar las dimensiones del vínculo que se genera con la prostitución. Esta cuestión fue advertida hace más de un siglo en las filas del socialismo por Alexandra Kollontai, en referencia a la situación en la Unión Soviética. Ella sostenía que “la prostitución sigue existiendo y amenaza el sentimiento de solidaridad y camaradería entre los obreros y las obreras, los miembros de la república de los trabajadores. Y este sentimiento es el cimiento, la base de la sociedad comunista que estamos construyendo y haciendo realidad”.[35] Cuando mucho más adelante Trotsky, en La Revolución Traicionada (1936), sostuvo que “es imperdonable hablar del triunfo del socialismo mientras subsista la prostitución”, no solo estaba desarrollando una crítica al estalinismo, sino que estaba caracterizando a la prostitución como una de las formas más brutales de explotación, algo que, por supuesto, estará siempre en las antípodas de las ideas socialistas.

Nuestras tareas como revolucionarias y revolucionarios son enormes y abarcan muchísimos aspectos de la vida. Y estas tareas, además, muchas veces son muy duras, porque nos enfrentan a las miserias humanas más profundas. Miserias que siglos y milenios de explotación de clase han volcado sobre las clases explotadas. Pero así como nuestras tareas son enormes y duras, también lo son de nobles, porque luchamos por liberar a la humanidad de toda forma de explotación.


[1]. Biasi, Vanina: “Trata de personas, el eufemismo de la esclavitud capitalista”, en En defensa del marxismo N° 55, Buenos Aires, septiembre de 2020.

[2]. No es un dato menor que en Argentina, recién en el 31° Encuentro Nacional de Mujeres de 2016, se llevó a cabo por primera vez una comisión de debate sobre “trabajo sexual”.

[3]. OIT (1998, 10 de octubre)»Un informe de la OIT sobre el sector del sexo recibe un prestigioso premio editorial en la Feria del Libro de Francfort». OIT. Recuperado de https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_008942/lang–es/index.htm#N_1_

[4]. Redacción (2014, 19 de junio) «Noticiero Internacional. Drogas, trata y contrabando al rescate de la Unión Europea». Prensa Obrera N°1319 . Recuperado de https://prensaobrera.com/internacionales/noticiero-internacional-4/

[5]. Naughton, J. (2018, 30 de diciembre) «The growth of internet porn tells us more about ourselves than technology». The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/dec/30/internet-porn-says-more-about-ourselves-than-technology

[6]. Jeffreys, Sheila: La Industria de la Vagina, Buenos Aires, Paidós, 2011.

[7]. Durante la guerra de Vietnam fue el hogar de la base aérea de Clark, entonces la instalación militar estadounidense más grande fuera de Estados Unidos.

[8]. Simons, M. (2019, 2 de marzo) «‘Do you ever think about me?’: the children sex tourists leave behind». The Guardian. Recuperado de  https://www.theguardian.com/society/2019/mar/02/children-sex-tourists-leave-behind-fathers-visited-philippines

[9]. Micó, J. L. (2019, 21 de septiembre) «El ‘blockchain’ se extiende por la industria del sexo». La Vanguardia. Recuperado de: https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20190921/47479140536/sexo-blockchain-criptomonedas-industria.html

[10]. Ammeson, J. (2006, 1 de junio) «An Interview with Milton Friedman». Chicago Life. Recuperado de: http://www.chicagolife.net/content/other/An_Interview_with_Milton_Friedman

[11]. Jeffreys, Sheila, op. cit., pág. 181.

[12]. Layton, L. (2019, 27 de febrero) «Feminismo y posmodernismo: qué hay detrás del libro Teoría King Kong». Prensa Obrera. Recuperado de https://prensaobrera.com/cultura/feminismo-y-posmodernismo-que-hay-detras-del-libro-teoria-king-kong/

[13]. Uno de ellos es Prostitución y Tráfico de Personas en Nueve Países. Un Estudio Reciente sobre Violencia y Trastorno de Estrés Postraumático, de 2003. 

[14]. Layton, J. (2018, 17 de marzo) «‘Trabajo sexual’: el caso alemán». Prensa Obrera. Recuperado de: https://prensaobrera.com/mujer/trabajo-sexual-el-caso-aleman/

[15]. Alabao, N. (2018, 13 de diciembre) «Silvia Federici: ‘El sexo para las mujeres ha sido siempre un trabajo’. La Tinta. Recuperado de:  https://latinta.com.ar/2018/12/silvia-federici-sexo-pmujeres-siempre-trabajo/

[16]. Jakobsson, N. and Kotsadam, A.: “The Law and Economics of International Sex Slavery: Prostitution Laws and Trafficking for Sexual Exploitation”, article in European Journal of Law and Economics, June 2010.

[17]. Buscaglia, T. S. (2019, 9 de diciembre) «Trabajadoras sexuales: ‘Sin regulación, somos más vulnerables'». La Nación. Recuperado de https://www.lanacion.com.ar/comunidad/trabajadoras-sexuales-sin-regulacion-somos-mas-vulnerables-nid2314116/

[18]. Prostitución y Tráfico de Personas en Nueve Países, op. cit.

[19]. El planteo de Jeffreys, si bien relaciona el fenómeno de la prostitución con el capitalismo, presenta importantes limitaciones, ya que pone grandes expectativas en la ONU (y, por lo tanto, en los Estados que la componen y el régimen social que defienden), para que puedan llevar adelante cambios verdaderos en favor de las mujeres. En este sentido, ve como progresivas las leyes -de pretendido combate- contra la trata de personas, votadas por diversos países en la década anterior, planteando simplemente que son “insuficientes” y que los gobiernos a veces actúan como cómplices de la trata.

[20]. Jeffreys, Sheila, op. cit., pág. 212.

[21]. Biasi, Vanina, op. cit.

[22]. Quiñonero, J. P. (2020, 25 de septiembre) «Crece de manera alarmante la prostitución de menores en Francia». ABC. Recuperado de https://www.abc.es/sociedad/abci-crece-manera-alarmante-prostitucion-menores-francia-202009250157_noticia.html

[23]. Traductoras por la abolición de la prostitución. https://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/israel-avanza-hacia-la-vanguardia-de-los-derechos-de-las-mujeres

[24]. Biasi, Vanina, op. cit.

[25]. Sin firma. (2015, 12 de junio). «Los cascos azules de las Naciones Unidas cometieron abusos en Haití y Liberia». ABC. Recuperado de: https://www.abc.es/internacional/20150611/abci-cascos-azules-violaciones-haiti-201506111401.html.

[26]. Dentati, Luciana: “Doble opresión en el capitalismo, debates sobre la noción de patriarcado”, en En defensa del marxismo N° 55, Buenos Aires, septiembre de 2020.

[27]. Dentati, Luciana, op. cit.

[28]. Biasi, Vanina, op.cit.

[29]. Trotsky, León: Problemas de la vida cotidiana, Edicions Internacionals Sedov. Serie “Trotsky inédito” en internet y en castellano, 2ª edición (con un anexo), Valencia, 2015.

[30]. Kollontai, Alexandra: “La prostitución y cómo combatirla”, discurso a la tercera conferencia de dirigentes de los Departamentos Regionales de la Mujer de toda Rusia en 1921.

[31]. Trotsky, León, op.cit.

[32]. Entre los diversos factores causantes de la prostitución, Alexandra Kollontai, en el texto antes citado, enumera no sólo a los salarios bajos, las desigualdades sociales y la dependencia económica de la mujer respecto al hombre sino también a “la mala costumbre por la cual las mujeres esperan ser mantenidas a cambio de favores sexuales por su trabajo”. En este punto, la reeducación respecto de la prostitución no es algo que tenga que estar dirigido sólo a los hombres sino a toda la clase obrera.

[33]. Marx, Karl: Manuscritos económicos y filosóficos. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/

[34]. Rieznik, Pablo: Las Formas del Trabajo y la Historia, Buenos Aires, Biblios, 2003.

[35]. Kollontai, Alexandra, op.cit.

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