¿Soñamos los marxistas con socialistas utópicos?

Notas sobre De Saint Simon a Marx. Los orígenes del socialismo en Francia, de Hernán Díaz

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Hernán Díaz, doctor en Historia, secretario de redacción de Archivos de Historia del Movimiento Obrero y la Izquierda, ha escrito De Saint Simon a Marx en torno de la caracterización canónica de los socialistas anteriores a Marx y Engels como ‘utópicos’. En su ‘Prologo para marxistas’ (único prólogo por otra parte, lo que define el lugar de escritura desde el ‘vamos’), Hernán Díaz aclara que dicha denominación no le satisface. ¿Por qué? “En primer lugar, porque es una denominación negativa (el no lugar), que trata de homogeneizar varias tendencias ideológicas disímiles, muchas de las cuales no tienen nada de utópicas. De algunas se podrá decir que son limitadas; de otras, que son unilaterales, y de algunas, como el sansimonismo, […] que ni siquiera son socialistas”1Op. cit., pág. 13..

Díaz sabe que hay en la academia una “ansiedad por el nombre” y que, desechado el apelativo acuñado por Marx y Engels, otro aparecerá. ¿Son los ‘utópicos’ socialistas ‘románticos’? Tal la tesis de Horacio Tarcus2Tarcus, Horacio: El socialismo romántico en el Río de la Plata, 1837-1852, Buenos Aires: FCE, 2016.. Para Hernán Díaz “ese ‘aire de época’, esa ‘visión del mundo’ que supuestamente comparten socialismo y romanticismo, solo remite a algunos aspectos superficiales, secundarios, formales…”3Op. cit., pág. 135.. El romanticismo es individualista, liberal, aristocratizante, un producto de la pequeña burguesía que busca su lugar en las convulsiones del siglo XIX. A diferencia de éste, “el socialismo no puso al sujeto como prototipo y espejo de la realidad circundante, ni se volcó hacia el mercado, como hicieron los románticos, con una mezcla contradictoria de atracción resignada y rechazo altanero”4Op. cit., pág. 138..

No hay en el autor, y lo explicita, una intención reivindicadora de esos ‘socialistas originarios’ en contraposición con el ‘socialismo científico’. No se pregunta ¿en qué momento se había jodido el socialismo? La tesis del libro es que la intervención política de Marx y Engels partió, se benefició, de un ‘humus’, de un clima de época, en el cual estaban presentes ideas y conceptos que hoy reconocemos como propias del marxismo.

Para ello, pone a discusión la idea que “’Owen, Fourier y Saint Simon’ (con comillas porque están siempre juntos) son los tres socialistas utópicos que precedieron a Marx y Engels, con ensoñaciones morales y proyectos irrealizables, cuyo único valor fueron sus buenas intenciones”5Op. cit., pág. 10.. Engels había sido aún más drástico que Hernán Díaz y en el prólogo al Manifiesto de 1890 señalaba que “cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimos bautizarlo de Manifiesto socialista. En 1847, el concepto de “socialista” abarcaba dos categorías de personas. Unas eran las que abrazaban diversos sistemas utópicos, y entre ellas se destacaban los owenistas en Inglaterra, y en Francia, los fourieristas, que poco a poco habían ido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra habitaban los charlatanes sociales de toda laya, los que aspiraban a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remiendos, sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia”6Marx, Carlos y Federico Engels: “El Manifiesto Comunista”.

Pero los socialistas de Francia de la primera mitad del siglo XIX ¿eran simplemente un compendio de ensoñaciones morales, proyectos irrealizables y buenas intenciones?

Obviamente, la respuesta es negativa y el autor va desmontando esa afirmación capítulo tras capítulo. Empieza con Saint-Simon (un autor al que ha traducido y dedicado artículos, cf. Bibliografía) y encuentra en él la oposición ‘respeto a la producción y a los productores’/respeto a la propiedad y a los propietarios’. Oposición entre fuerzas productivas y relaciones de producción que Marx desarrollará como motor de la historia. Oposición que también se señalará entre la burguesía (entendida esta como rentistas y especuladores) frente a la clase productora de industriales y trabajadores, y a partir de esto la necesidad de la construcción de un partido de clase que represente a este último conglomerado, “los elementos del sistema que debe reemplazarlo [al régimen existente] acaban de ser creados”7Op. cit., pág. 61..

La importancia de la clase obrera será uno de los ejes de los sansimonianos, por ejemplo Pierre Rouen (cf. Sobre la clase obrera8Op. cit., pág. 69.), para quien los trabajadores son los agentes directos y necesarios ‘de todos nuestros medios físicos de existencia’ y no sólo una clase que sufre y padece. ‘La clase útil’ dirá Flora Tristán. Aparecerá por tanto en los escritos de los discípulos de Saint Simon la idea de ‘la explotación del hombre por el hombre’, central en el planteo marxista y a partir de ella la necesidad de organización de la clase, que si bien tomará formas cooperativas y religiosas, colocará a los trabajadores en el lugar de sujeto histórico.

Otro eje de los sansimonianos serán los planteos emancipatorios de la mujer, camino a su construcción también como sujeto: En cada rincón de la tierra la mujer es la esclava del hombre. Por el hombre su carne es mancillada, su espíritu es oprimido, su corazón es torturado. En cada rincón de la tierra es el hombre el que da la ley a la mujer: es el hombre el que regula todas las condiciones de su vida; la mujer es la propiedad del hombre; usa y abusa de ella. La mujer debe dejar de ser la esclava y la propiedad del hombre […]9Extraído de Le proletaire et la femme, op. cit., pág. 110.

La lucha ‘feminista’, como todas, no tuvo un recorrido en flecha sino con reflujos, especialmente luego de la derrota de 1830. Hernán Díaz recoge los nombres de muchas militantes mujeres que toman en sus manos las ideas sansimonianas que serán desarrolladas más profundamente por Flora Tristán10Hernán Díaz en un trabajo anterior (cf. “Flora Tristán: su papel en la constitución del socialismo y de la clase obrera francesa”, Archivos de Historia del Movimiento Obrero y la Izquierda, Año I, Nº 1, 2012) ya había analizado en detalle las ideas y actividad revolucionaria de Flora Tristán..

Para ella, ‘las mujeres son la clase más oprimida’11Op. cit., pág. 123. y solo concibe la emancipación de la clase obrera en conjunto con la de la mujer.

En Flora Tristán, la necesidad de constitución de un partido de la clase, independiente de la burguesía, es totalmente explícita. “Es necesario absolutamente que el pueblo sólo cuente consigo mismo, si él confía sus intereses a los burgueses estará perdido”, por ello es necesario “constituir a la clase obrera por medio de una unión compacta, sólida e indisoluble”. Su “Hermanos, unámonos” anticipa en un año a la consigna final del Manifiesto12Op. cit., pág. 126..

A diferencia de los anteriores, las experiencias ‘falansterianas’ serán un callejón sin salida, vislumbrado incluso por un sector de la clase obrera contemporánea a ellas. Díaz reseñará los intentos fallidos de Fourier y Cabet, la nostalgia del primero por el trabajo artesanal, el autoritarismo patriarcal del segundo, para concluir en la imposibilidad de la construcción de comunidades ideales apartadas del mundo capitalista: “Las comunidades igualitarias urbanas de todo tipo, los kibutz, las cooperativas, las fábricas recuperadas, comen las migas que se caen al suelo del mercado pero no logran nunca sentarse en la mesa del festín capitalista”13Op. cit., pág. 201..

Frente a este cul de sac, Hernán Díaz rescatará una figura anterior a todos ellos: Babeuf, con el que por vez primera “se plantea la necesidad de una dictadura revolucionaria, provisoria y transitoria” y una estrategia insurreccional14Op. cit., pág. 214..

Marx recoge políticamente ‘a beneficio de inventario’ todas estas experiencias de los socialistas franceses anteriores como señalara Lenin. “Pero el aporte ideológico fundamental en la constitución del marxismo, en su aspecto político, lo constituye Saint Simon y la enorme productividad de su doctrina”15Op. cit., pág. 275.. ¿Por qué no alcanza entre los marxistas un reconocimiento similar al que, aún criticados y superados, obtuvieron Hegel y David Ricardo? Hernán Díaz plantea su hipótesis: Saint Simon es demasiado parecido a Marx, es también un político y aún con sus diferencias y limitaciones un competidor, y especialmente lo son sus partidarios contemporáneos de Marx. Marx (y Engels) necesitan ajustar cuentas con ese pasado y sus defensores.

En una nota en la Revista Ñ, Alejandro Cánepa cita a Hernán Díaz, que al hablar de su libro (y de otros dos) se plantea estar ‘serruchando el pedestal de Marx’, es decir “quitarle a Marx el aura mítica del genio que pensó todo solo y cuya palabra infalible tenía el poder de cambiar el mundo”16Canepa, A. (14/04/2021) «Serruchando el pedestal de Marx». Revista Ñ..

En rigor de verdad, podríamos señalar que con su trabajo Hernán Díaz lo que consigue, deliberadamente y siguiendo la metáfora lítica, es hacer visibles los cimientos sobre los que se construyó una teoría política que sustentara una praxis liberadora.


1. Op. cit., pág. 13.

2. Tarcus, Horacio: El socialismo romántico en el Río de la Plata, 1837-1852, Buenos Aires: FCE, 2016.

3. Op. cit., pág. 135.

4. Op. cit., pág. 138.

5. Op. cit., pág. 10.

6. Marx, Carlos y Federico Engels: “El Manifiesto Comunista”.

7. Op. cit., pág. 61.

8. Op. cit., pág. 69.

9. Extraído de Le proletaire et la femme, op. cit., pág. 110.

10. Hernán Díaz en un trabajo anterior (cf. “Flora Tristán: su papel en la constitución del socialismo y de la clase obrera francesa”, Archivos de Historia del Movimiento Obrero y la Izquierda, Año I, Nº 1, 2012) ya había analizado en detalle las ideas y actividad revolucionaria de Flora Tristán.

11. Op. cit., pág. 123.

12. Op. cit., pág. 126.

13. Op. cit., pág. 201.

14. Op. cit., pág. 214.

15. Op. cit., pág. 275.

16. Canepa, A. (14/04/2021). «Serruchando el pedestal de Marx». Revista Ñ.

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