Campaña en defensa de la revolución boliviana

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Por la nacionalización del petróleo en toda América Latina


Los acontecimientos bolivianos han dejado muy en claro que la lucha consecuente por la nacionalización de los recursos naturales estratégicos plantea la revolución social. La nacionalización del petróleo y del gas, en Bolivia, es una condición absoluta para su desarrollo nacional y al mismo tiempo incompatible con la dominación del imperialismo y del gran capital. La cuestión de los hidrocarburos es al mismo tiempo, sin embargo, una cuestión internacional. Hay por los menos dos guerras internacionales que se están librando por el control de ese recurso, en Irak y en Chechenia. El petróleo ha sido, igualmente, el protagonista indiscutido de la crisis política en Rusia y en la ex zona soviética, como Uzbekistán o Kirguistán. Cuando no se trata del control de su extracción, se trata del transporte del fluido, por oleoductos y gasoductos. La reciente crisis en Ucrania no derivó en una guerra civil cuando la llamada ‘rebelión naranja’ pactó con Putin, por recomendación de Washington y de la Unión Europea, la continuidad de los gasoductos rusos que atraviesan Ucrania. La cuestión palestina es también, al menos en última instancia, una cuestión petrolera, porque la instalación del sionismo en el Medio Oriente ha tenido por objetivo servir de cuña del imperialismo en el mundo árabe y en el Golfo Pérsico. La completa privatización del petróleo y del gas boliviano, bajo el gobierno de Sánchez de Losada, se inscribe en una ofensiva privatizadora planetaria, en particular por parte del imperialismo yanqui, para desmantelar las estatizaciones petroleras que tuvieron lugar en distintas etapas con posterioridad a la última guerra mundial. La cuestión boliviana no puede ignorar el carácter internacional de la lucha por la nacionalización.


En América Latina, los hidrocarburos han pasado al centro de la escena por .más de un motivo, aunque la cuestión boliviana se encuentra al frente. En 2002 el imperialismo organizó un sabotaje de dos largos meses contra Venezuela, que tenía por objeto, precisamente, dejar en pie los planes de vaciamiento de PDVSA que habían dejado en marcha los gobiernos que. antecedieron al de Chávez. A mediados de los ‘90, el gobierno de Menem, en Argentina, con la complicidad del actual; presidente Kirchner, entonces gobernador de la provincia petrolera de Santa Cruz, remató virtualmente la empresa YPF, sobre la base dé una valuación del barril de petróleo de diez dólares. En Colombia, la defensa de la privatización a ultranza de la explotación privada del petróleo ocupa un lugar tanto o más importante que cualquiera de los otros objetivos contrainsurgentes del Estado, En Ecuador, los recursos excedentes de la empresa estatal de petróleo iban a parar hasta hace pocas semanas a un fondo especial para el pago de la deuda externa; el procedimiento era, al mismo tiempo, objetivamente, un modo de vaciar a la empresa estatal y privatizar por completo la explotación del recluso. En Perú, como lo demuestra el proyecto Camisea, la explotación del gas y del petróleo se van transformando en un negocio fundamentalmente privado. En Brasil, Petrobras, aunque estatal, se encuentra controlada por la Bolsa, donde cotizan sus acciones; la cuarta parte del capital pertenece a fondos norteamericanos.


 


Independientemente de esto, la empresa brasileña emula lo que se intentó hacer con PDVSA, o sea usarla como canal de salida de capital al exterior por medio de su ‘internacionalización’. Por último, está al frente la gran batalla por la privatización de la mexicana Pemex, a la que se la ha hecho incurrir en los déficits monstruosos que son el preludio de la privatización. Para esto seguramente hace falta que en México gobierne la centroizquierda, lo que ocurrirá el año que viene con López Obrador, del PRD (aunque él diga lo contrario).


Incluso fuera de América Latina, la codicia del capital por el gas se ha acrecentado como consecuencia de la posibilidad de enviarlo licuado al mercado de los Estados Unidos. Es lo que hará Perú a partir de Camisea y lo que estaba previsto para Bolivia, a través de un puerto chileno.


 


La lucha por los recursos bolivianos decidirá la que se libra en toda América Latina. En este aspecto, es necesario destacar que las experiencias estatistas burguesas en la materia y los gobiernos nacionalistas han operado en la crisis boliviana a favor del imperialismo y de la privatización. El papel de Petrobras y del gobierno capitalista de Lula contra la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos, está muy por delante de lo que haya hecho el gobierno de Bush. La burguesía brasileña goza de un poder de arbitraje sin igual, poique influencia como ningún otro la política de la provincia de Santa Cruz de la Sierra e incluso sus movimientos pretendidamente secesionistas. Petrobras estuvo a la cabeza de las presiones contra la nacionalización y fue la que luego viabilizó los acuerdos políticos que pusieron fin a la crisis que provocó la caída de Mesa, cuando decidió, la primera, allanarse a la nueva ley de hidrocarburos de Bolivia. Un papel igual jugó la española Repsol, que no actúa sino en connivencia con Kirchner, y Techint, que participa del negocio del fluido por medio de la fabricación de los caños sin costura para los ductos, aunque también tiene inversiones gasíferas. Una función de extorsión a Bolivia cumplió el gobierno peruano de Toledo, que reunió a los ministros del cono sur del continente para discutir la posibilidad de que Camisea sustituya a Bolivia en la provisión de gas para Chile y Argentina. La nacionalización del petróleo boliviano plantea, entonces, una lucha continental, que al mismo tiempo no puede dejar de ser una lucha por la nacionalización integral del petróleo de Argentina, Perú y Brasil y la gestión obrera de los hidrocarburos.


 


El rol de cada cual en la crisis boliviana pone de manifiesto el carácter ilusorio de la propuesta del presidente Chávez, de conseguir la independencia energética de América del Sur por medio de una alianza de PDVSA, Petrobras y Enarsa, un engendro de Kirchner para desviar recursos del presupuesto nacional hacia una caja controlada por sus compinches. Chávez quiere un Petrosur saltándose la tarea de la expropiación de los pulpos petroleros y su transformación en empresas dé gestión obrera. Una reciente tentativa de formar Petrocaribe terminó en fracaso ante la oposición de Trinidad Tobago, seguramente por exigencia de los yanquis y los ingleses. Aunque Chávez recuperó la autonomía nacional para PDVSA (en esto consiste un aspecto fundamental del contenido nacional del chavismo), es necesario señalar que los pulpos internacionales ya son responsables de la tercera parte de la producción de petróleo en Venezuela y los que quedarían a cargo de la explotación del combustible pesado del Orinoco,'a partir de nuevos procedimientos de destilación. Una inversión de la tendencia internacional de los precios del petróleo colocaría seguramente a Venezuela bajo una dependencia, incluso extrema, de las inversiones de las compañías extranjeras. Todo este encuadre explica que Chávez se haya convertido en el mentor de Evo Morales en la tarea de oponerse a la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, a la cual ha opuesto el control de los pulpos en boca de pozo por una inexistente YPF boliviana. La línea de compromiso con el imperialismo que ha seguido Evo Morales corresponde integralmente a la política del mismo Chávez. Pero con esta política, ni Venezuela conseguirá la mentada independencia energética de América Latina, ni Bolivia sus hidrocarburos.


 


Una vez Colocada la cuestión de la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia en su contexto real, resulta claro que una campaña por este objetivo debe tener, por un lado, un carácter continental y hasta internacional, y que su contenido, por el otro lado, no puede ser otro que la nacionalización de los hidrocarburos en toda América Latina y en cada uno de sus países, entendiendo por esto: a) la confiscación de los pulpos; b) la expulsión de las camarillas capitalistas de la dirección de las empresas total o parcialmente estatales; c) el control y la gestión obreras. La apropiación de los recursos energéticos por los explotados latinoamericanos significa ni más ni menos; que controlar los medios que harían posible una gigantesca industrialización de América Latina. En tomo a la nacionalización de los hidrocarburos en todo el continente se pondría en marcha el propio objetivo de la unidad política continental, la Unión Socialista de América Latina.


 

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