La crisis europea

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Luego del referendo francés


Tony Blair y su colega francés, Jacques Chirac, estuvieron a punto de enredarse en una pelea a trompadas, como vulgares matones, durante la última reunión de la Unión Europea en Bruselas. Discutían, según la prensa, el presupuesto siempre deficitario de la UE y los aportes británicos. Londres no quiere poner una moneda más porque el Reino Unido no subsidia a sus agricultores mientras el eje París-Berlín sí lo hace, con lo cual, dice Blair, perjudican a todos los demás.


El presidente de tumo de la Unión, el luxemburgués Junker, lo dijo sin cortapisas: “Estamos en una profunda crisis”.


 


Es cierto, y tal profundidad tiene esa crisis que se arrastra desde hace 30 años; es, por tanto, anterior a la formación de la UE.


 


Y una crisis de tres décadas no expresa simplemente problemas de coyuntura. Nada de eso: estamos ante una crisis estructural que hunde raíces en el proceso histórico de construcción de la Unión Europea, en su fracaso para recomponer el resquebrajamiento de los delicados equilibrios internacionales posteriores a la II Guerra Mundial.


 


Toda crisis implica un proceso, no se produce de la noche a la mañana. Sin embargo, aun con cierta cuota de arbitrariedad, resulta posible situar el comienzo de esta cuasi bancarrota cuando los precios petroleros estallaron en los primeros años de la década de 1970 y provocaron una recesión que ha mantenido su eficacia hasta la actualidad, salvo en períodos convulsivos que sólo prepararon una nueva caída.


 


Desde entonces, ha sido sistemática la ofensiva de la burguesía europea contra las conquistas de las masas, ejecutada por gobiernos de todo color, fuesen de derecha, de centroizquierda o de la llamada “izquierda plural”.


El derrumbe de aquellos equilibrios de posguerra quiso encontrar una respuesta en los intentos de la burguesía imperialista europea de reforzar su coalición. Así, la Comunidad Económica Europea dio paso a la Unión Europea, que, en principio, constituyó una nueva Santa Alianza contra la clase obrera de Europa, atacada ahora de manera racional y unificada en todos los países.


 


Además, ese acuerdo intentó amortiguar las contradicciones entre los distintos imperialismos europeos.


Finalmente, aunque no menos importante, la UE buscó re-equilibrar su papel político y su espacio económico para mejor competir con el imperialismo norteamericano.


 


Casi nada de eso pudo lograrse. La UE no consiguió jamás superar sus propias contradicciones. El eje franco-alemán, tendiente a construir progresivamente una Europa con suficiente cohesión para contraponerse -incluso desde el punto de vista militar- al imperialismo norteamericano, chocó siempre con los intereses de Gran Bretaña, aliada y subordinada a los Estados Unidos desde el fin de la guerra. Europa continental no fue suficientemente fuerte para prescindir del Reino Unido ni para empujarlo a la integración europea.


 


“Hasta qué punto estaremos en crisis, que ha caído el imperio soviético y ninguno de nosotros tiene ánimo para festejar”, declaró en su momento Henry Kissinger, ex secretario de Estado de Richard Nixon, actual “lobbista” de grandes corporaciones de su país e ideólogo permanente de la política exterior norteamericana.


 


En efecto, poco o nada había para festejar. El derrumbe de la URSS y de los regímenes stalinistas de Europa oriental y central, lejos de traer un nuevo equilibrio al capitalismo mundial, agravó la situación de inestabilidad y contradicciones a nivel mundial y europeo.


 


No


 


La catástrofe del proyecto de Constitución europea en el plebiscito francés ha sido un claro rechazo de la clase obrera a una Unión Europea de ataque al salario, a la previsión y seguridad social, a la salud y educación públicas; en fin, a las condiciones de vida y trabajo de las masas.


 


Si el voto francés se discrimina por clases sociales, se tiene que el 80 por ciento del proletariado industrial votó No, así como la amplísima mayoría de los trabajadores, fuesen obreros o no. Esto es: se trató de un voto indudablemente de izquierda.


 


Ese desastre de la burguesía imperialista hace recrudecer los conflictos, y por eso pierden la calma ‘mister’ Blair y ‘monsieur’ Chirac, quieren pelear y hay que separarlos como si fueran un par de borrachínes a la salida de un tugurio. En principio, el tratado constitucional ya no existe, y eso es para el imperialismo europeo un desastre por donde se lo mire. Ahora sí, queda a la vista de todos que la Europa de las burguesías imperialistas está hoy en completa crisis.


 


La Unión Europea cruje por todas partes y, al mismo tiempo, los Estados europeos no pueden prescindir de ella porque si actuaran solos les iría peor ¿Qué harán? No puede saberse, pero lo seguro es que continuarán sus ataques contra la clase obrera: en ese punto no tienen divergencias.


 


La loza de las direcciones obreras


 


La política imperialista de la UE encuentra hoy sus defensores más decididos en los partidos centroizquierdistas, como el SPD alemán, el PS francés o la DS italiana. Por eso, esas corrientes han resultado las primeras derrotadas por el plebiscito francés.


 


Otros, que votaron No, como una minoría del PS francés y varios partidos comunistas y socialistas agrupados en el Partido de la Izquierda Europea, dirigido por Fausto Bertinotti, no ofrecen respuesta positiva alguna a la crisis europea. Es más, muchos de ellos respaldaron el avasallamiento a la clase obrera en nombre de “los intereses de Europa”. Su posición actual, contraria a la Constitución de la UE, es puramente oportunista.


Por ejemplo, el Partido de la Refundación Comunista italiano ha regresado a la coalición centroizquierdista conducida por el ex primer ministro Romano Prodi. Seguramente, si el Olivo toma al gobierno en 2006, tal como se espera, los “refundadores” echarán mano a algún ministerio en ese gobierno burgués imperialista. Parecido camino sigue el PC francés.


 


Por su lado, la “extrema izquierda” del No, como es el caso de la Liga Comunista Revolucionaria, adherida al llamado Secretariado Unificado de la IV Internacional, no va un paso más allá de proponer una Europa perfectamente capitalista pero “democrática y social”, extremo tan reaccionario como utópico cuando el capitalismo se descompone aceleradamente.


 


No se distinguen de ellos sectores como Attac, que bregan por el objetivo irrealizable de una “Europa social y democrática”. Todos ellos sueñan con el regreso al “Estado de bienestar” de la posguerra, debidamente idealizado, que' no puede volver. Pero, en nombre de esa utopía, se preparan para gobernar con la burguesía.


 


Por los Estados Unidos Socialistas de Europa


 


El proletariado necesitará buscar a partir del importante éxito obtenido en el plebiscito francés, su propia salida a la crisis. Es decir: su plena independencia de clase.


 


La crisis de la UE muestra que Europa no podrá unirse sobre una base capitalista. .Su necesaria unidad sólo podrá ser unidad socialista.


 


Resulta preciso que las fuerzas políticas y sindicales del movimiento obrero se unan independientemente en un frente único de lucha para hacer frente a las contrarreformas de la Unión Europea, por un plan de defensa de las necesidades y las condiciones de vida de las masas populares, contra las reducciones salariales directas y las indirectas, la flexibilidad laboral, los ataques al Estado social y a las jubilaciones; contra la desocupación, por la reducción de la jornada de trabajo sin flexibilidad y por salario para los desocupados.


 


Se necesita luchar unitariamente contra la guerra imperialista, por el retiro inmediato de las tropas de todos los países de toda nación ocupada (Irak, Afganistán, Balcanes y otras).


 


A cada gobierno burgués, del color que sea, opongamos la perspectiva del gobierno de los trabajadores (dictadura del proletariado).


 


Así responderemos coherentemente a la cuestión de una alternativa a la Europa del capital que ya ha sido formulada por el voto del proletariado francés, cuestión que no puede hallar respuesta definitiva en otro contexto que no sea el de los Estados Unidos Socialistas de Europa.


 


La indispensable construcción de partidos revolucionarios en los países europeos, en la perspectiva de la refundación de la IV Internacional, no podrá tener otra perspectiva.


 


(Escrito sobre la base de una resolución internacional del Comité Ejecutivo de la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)


 

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