Amir Peretz, ¿el Lula del sionismo?


La elección del secretario general de la Histadrut (confederación de sindicatos), Amir Peretz, como presidente del partido laborista en Israel, ha precipitado la crisis de todo el sistema político. Retira al laborismo del gobierno de unidad nacional con Ariel Sharon, provoca un llamado a elecciones para principios de 2006 y divide al Likud.


 


Peretz en la Histadrut


 


Amir Peretz se había distanciado en 1996 del partido laborista para formar un nuevo partido llamado “Am Hehad” (literalmente, Pueblo Unido), supuestamente un partido de los trabajadores. En ese partido coexistieron elementos de la burocracia de la Histadrut provenientes del laborismo, pero también elementos de derecha identificados con el Li-kud. La Histadrut es una confederación obrera ‘sui generis’ que defiende el carácter judío de la mano de obra en Israel, es decir, es una rama del sionismo.


 


Peretz, de origen marroquí, fue elegido al secretariado general de la Histadrut como un político del sionismo laborista. Dirigió una mediana empresa de cultivo de verduras, frutas y flores, cerca de Sderot, donde fue elegido al cargo de jefe de la municipalidad. Estuvo asociado con el abogado Hayim Ramón, propietario de un gran estudio de abogados de Tel Aviv. Llegó a la conducción de la Histadrut precisamente como segundo de Ramón. Durante su primera gestión, la Histadrut vendió -es decir, privatizó- el Bank Hapoalim (el banco “obrero”), el servicio de salud más grande de Israel (Kupat Holim Klalit) y el conglomerado de industrias Klal, además de una decena de grandes y medianas empresas que estaban en su poder. Cuando Hayim Ramón se retiró, en 1995, Peretz quedó como sucesor y dirigente “indiscutido” en la dirección de la Histadrut, y fue reelecto hace dos años.


 


Regreso al laborismo


 


La creación de “Am Hehad” no impidió a Peretz carnerear y boicotear los grandes paros de los últimos años, en nombre de la defensa del mercado y de la unidad y seguridad nacional, es decir de la represión a la Intifada palestina.


 


Memorable fue la traición a la gran huelga de octubre de 2002, cuando la Histadrut evitó la huelga general por tiempo indefinido que reclamaba la mayoría de los comités por lugares de trabajo. Luego Peretz firmó con el gobierno de Ariel Sharon la reducción de los salarios de los empleados públicos (4%) con el objetivo de “recomponer” el mercado.


 


En 2004, de nuevo consiguió salvar al gobierno de Sharon acatando las órdenes judiciales que prohibían la huelga general, las cuales violaban abiertamente la libertad de huelga.


 


Peretz disolvió su “partido obrero” hace seis meses y reingresó a la bancada laborista, cuando el laborismo ya estaba en el gobierno de unidad nacional junto al carnicero Sharon y el thatcherista Benjamín Netanyahu.


 


El diario Haaretz señala que Benny Gaon, un pope del gran capital israelí, ha venido financiando a Peretz desde su regreso al laborismo y su preparación para las internas, donde finalmente venció. En su edición del 14 de octubre, el matutino reveló que Peretz se entrevistaba con “hombres de negocios que aparentemente tienen ideas contrarias a Peretz, aunque sostienen la concepción económica de reducir las diferencias sociales bajo el resguardo de los principios del mercado ‘libre’, lo que deviene en la construcción de la imagen de Peretz como líder posible, para amplias capas de la población, incluso para aquellas que se supone él persigue”.


 


Perspectivas


 


La elección de Peretz puso en evidencia la fragilidad del gobierno y toda la estrategia sionista. Ante el fracaso del gobierno Sharon-Netanyahu-Peres, Peretz se ofrece como una alternativa “social”.


 


La interpretación corriente es que la elección de Peretz revela la gravedad de la crisis económica y social, que ha dejado a un 25% de la población dentro de Israel debajo de la línea de pobreza y un 10% de desocupación. Hay una resistencia obrera, que se puso de manifiesto en el relativo triunfo de los trabajadores del Bank Leumi, quienes impusieron la defensa de las condiciones de trabajo anteriores a la privatización del banco.


 


Peretz ha dicho que impondrá un salario mínimo de 1.000 dólares, ¡lo que representa un aumento del 40%! No ha dicho de dónde sacará el dinero para esos aumentos, si suprimirá o reducirá los gastos militares, si desmantelará las colonias judías en Cisjordania, si suprimirá los subsidios al gran capital, etc. Desde el punto de vista de los obreros palestinos, no ha dicho una sola palabra acerca de cómo combatirá la desocupación, que en Gaza es del 70% y en Cisjordania del 50%.


 


En materia política ha declarado que volverá a los acuerdos de Oslo y que es un acérrimo enemigo de la ley del retorno de los refugiados y de la división de Jerusalén. Se distanció tanto de la “ultraderecha” (Avigdor Liberman), como, y sobre todo de la supuesta “ultraizquierda”, es decir de los partidos árabes de la izquierda israelí (Azmi Bishara, de la Asamblea Nacional Democrática, y Muhamad Barake, del PCI). Además, prometió seguir la represión a las organizaciones palestinas. En su discurso de asunción frente al comité central dijo: “Como un hombre de paz, veo al terrorismo como el enemigo número uno. La guerra contra el terrorismo será sin compromisos” (Haaretz, 21/11).


 


Muchos de los sionistas de izquierda ya se han apresurado a poner sus votos, por supuesto, en Peretz; desde Uri Avnery de Gush Shalom, quien aseguró que Peretz provocara un gran cambio. El propio israelí opina que el dirigente laborista representa un fenómeno alentador (Zo Haderekh, 16/11), y hasta los pro-sionistas de las corrientes internacionales de Alan Woods y Maavak Sozialisti (la corriente del CWI en Israel) proponen a los “obreros laboristas” apoyar en forma crítica a Peretz para que… cumpla con sus promesas. Para estos “trotskistas”, Peretz es una especie de Lula israelí. Pero si ya era una tontería suponer que Lula iba a hacer algo en beneficio de los trabajadores, sólo un traidor a la lucha de la clase obrera y a la lucha palestina puede proponer un apoyo crítico a Peretz.


 


Es cierto, el capital financiero israelí duda de la capacidad de Peretz. Pero, como dijo el director de una gran empresa financiera y de seguros al diario de negocios israelí The Marker (11/11): “Las declaraciones de Amir Peretz han sido destinadas sobre todo a los electores… la elección de Peretz sorprendió al mercado y provocó desconcierto. Sin embargo, a menudo el sillón (de gobierno) cambia al hombre…”. Otro hombre de negocios dijo al mismo diario: “A pesar de que nosotros le asignamos al partido laborista una tendencia socialista, no hay nadie en el mercado financiero local que piense que el laborismo bajo la conducción de Peretz va a cambiar en forma significativa las transformaciones estructurales del mercado de los últimos años”.


 


Los revolucionarios no somos insensibles a los cambios políticos. La elección de Peretz, por el momento, sólo refleja el estado de ánimo de los afiliados laboristas y ni siquiera es seguro que sea elegido como primer ministro en las próximas elecciones; la encuesta más reciente da ganador a Sharon, en calidad de candidato de un nuevo partido.


 


De todos modos, la única perspectiva que puede dar frutos para la clase obrera judía y palestina es la construcción de un partido propio, independiente de patrones, opuesto totalmente al sionismo; un partido que rompa con el nacionalismo sionista opresor y pueda unir a las masas palestinas del ‘48 y el ‘67 junto a las masas judías por un gobierno de trabajadores, campesinos y refugiados, por una república laica, democrática y socialista.


 


 


Jerusalén (21/11)


 

Irak: el referéndum bajo la ocupación


Una farsa dentro de una tragedia


El infame “cambio de régimen” exportado por las fuerzas armadas del imperialismo norteamericano-británico y los criminales de guerra de su ‘Coalición de los Dispuestos’ se desenvuelve como una pesadilla histórica, combinando rasgos tanto de tragedia como de farsa. El “referéndum” de octubre de 2005 para una “nueva Constitución” en Irak es una farsa de este tipo dentro de una tragedia.

 


Un proceso electoral por el “documento fundacional de la democracia” ha tenido lugar bajo la amenaza de las armas del ejército de ocupación al mando de los EEUU, sobre un documento redactado por especialistas norteamericanos con el objeto de resguardar solamente sus intereses imperialistas. La “democracia” exportada por los EEUU institucionalizó su fundación constitucional a través del terror militar, del abusivo y extendido fraude electoral, particularmente en la tercera ciudad en importancia, Mo-sul, y en las áreas suni, donde ha prevalecido la abstención frente a la farsa impuesta por el imperialismo.


 


Cocina norteamericana


 


Un colaborador suni de las autoridades de la ocupación, que participa en la comisión de redacción de la nueva constitución, ha afirmado abiertamente que fue “cocinada en una cocina norteamericana, no en una iraquí” (Reuters, 28/8). El cheffue el embajador norteamericano en Bagdad, Zal-may Khalizad, un miembro del neo-conservador Project for a New American Century (Proyecto por un Nuevo Siglo Norteamericano), que ha llamado a la invasión de Irak desde 1998. Khalizad ha prestado servicios, en el pasado, como intermediario del gobierno norteamericano con el régimen talibán; ha trabajado antes para Unocal en Afganistán y luego de la invasión de 2001 fue designado como el primer embajador norteamericano a Afganistán, lo cual ayudó a otorgar una legitimidad trucha a las elecciones afganas y al régimen quisling (l) de Kar-zai en Kabul.


 


Designado nuevamente en Irak, Khalizad fue respaldado por oficiales de la Embajada norteamericana, operando desde la sede central de un partido kurdo “para ayudar a pasar a máquina el borrador y a traducir modificaciones desde inglés al árabe para los legisladores iraquíes” (The Washington Post, 23/8).


 


No causa sorpresa, entonces, que Khalizad fuera presentado al falso “parlamento” iraquí de colaboracionistas por el líder kurdo y presidente-quisling de Irak Jalal Talabani como “querido hermano” (The New York Times, 16/8).


 


La manipulación de las organizaciones kurdas fue crucial para el imperialismo norteamericano, tanto durante la invasión como durante la ocupación. Ahora es crucial también para la institucionalización de la ocupación. Por eso, la “constitución” impuesta por el imperialismo introduce el “principio federativo” con el objeto de presentarlo como una concesión fundamental a las aspiraciones kurdas y shiítas. De hecho, esto es una mentira cínica y una trampa peligrosa que amenaza producir el desmembramiento de Irak vía una guerra civil étnico-religiosa entre árabes, kurdos, sunitas y shiítas, funcional a la dominación imperialista.


 


Desmembramiento y “federación”


 


Las constituciones en los tiempos modernos institucionalizan la soberanía y la integridad territorial del Estado-nación. En las sociedades multinacionales, multiétnicas y multiculturales, donde se introduce el principio federativo, generalmente se intenta establecer un equilibrio entre las tendencias hacia la centralización de una economía integrada y un Estado, y las tendencias hacia la descentralización de las diferentes entidades dentro de la Federación.


 


La “constitución” iraquí, cocinada en la cocina norteamericana, es una novedad: presentándose como federalismo, introduce el desmembramiento del país en sub-estados impotentes, a la manera del imperio otomano, con lo cual la soberanía nacional es destruida y los restos sometidos al control del imperialismo.


 


Herbert Docena escribe en un artículo muy interesante en Asia Times de agosto pasado: “Incidentalmente, durante el curso de las negociaciones sobre la constitución, Al Hakim, del Sciri [Consejo Supremo por la Revolución Islámica en Irak], impulsó la creación de un sub-estado shiíta en el sur, abarcando nueve de las 18 provincias iraquíes. El borrador de la constitución permitiría que este sub-estado determinara políticas sobre el petróleo en su territorio, ganara una porción sustancial de regalías sobre los yacimientos de petróleo existentes, y rastrillara hasta 100% de los ingresos sobre los yacimientos que aún están por desarrollar. La posición de los EEUU sobre la cuestión del federalismo podrá tener mucho que hacer con el aseguramiento de que los que terminarían como gobierno sobre los yacimientos petróleos iraquíes -los kurdos en el norte y los partidos shiítas en el sur- es gente que se ha pronunciado públicamente a favor de su privatización (…) Mientras la constitución otorga el poder de legislar sobre las políticas petroleras a las regiones productoras de petróleo, también hace un gran esfuerzo para estipular que el Estado central debería ‘garantizar la libertad de movimiento para obreros, bienes y capitales iraquíes entre las regiones y las provincias’. Esta diferenciación de roles entre el Estado central y las regiones sigue la plantilla que favorece el tipo de ‘federalismo pro-mercado’ planteado por los constitucionalistas neoliberales: según lo cual el Estado central sólo tiene el poder de mantener un mercado común dentro del territorio, mientras que el poder de regular el mercado se delega a los sub-estados debilitados.


Para los neoliberales, el federalismo está bien siempre que las regiones no erijan paredes contra el libre comercio y no lleguen a adquirir poder suficiente para implementar las políticas laborales, del ambiente y sociales adicionales.


 


“La constitución también construye la base para la eventual adquisición de bienes iraquíes, en la forma de valores, bienes inmuebles u otras formas de capital, por extranjeros o por corporaciones multinacionales (…) Dado que el orden 39 de Bremer ya permite la propiedad extranjera de bienes iraquíes y dado que este orden se perpetuará como ley, la constitución efectivamente quita la restricción que le diera a los iraquíes la propiedad exclusiva sobre los bienes en Irak (…) Entonces, mientras la prensa sigue contando el cuento de los sunitas, shiítas y kurdos peleándose entre sí por el botín del petróleo, deja de lado el conflicto entre los iraquíes y los no-iraquíes. La constitución aún podría allanar el camino para que los no-iraquíes tengan tanto derecho sobre el petróleo de Irak como los iraquíes”. En otras palabras, el federalismo patrocinado por los EEUU allana el camino para la colonización del país y de sus recursos.


 


A pesar de la reivindicación -a veces apoyada, curiosamente, aun dentro de la izquierda- de que se hagan concesiones a las aspiraciones nacionales kurdas, o que se paguen reparaciones por las injusticias sufridas por la mayoría shiíta, bajo el gobierno predominantemente sunita baathista, la verdad es que la colaboración de los líderes kurdos y shiítas con el imperialismo norteamericano y británico lo ayuda a imponer su proyecto neocolonialista contra todas las nacionalidades y grupos étnico-religiosos que viven en Irak, árabes, kurdos, turcos, asirios, shiítas, sunitas y otros.


 


Además: es mentira que haya una tendencia popular a favor del federalismo, como expresión “distorsionada” de las aspiraciones de las hasta ahora nacionalidades o comunidades religiosas oprimidas. Según una encuesta de julio de 2005, llevada a cabo por el International Republican Instítute, una institución financiada por el gobierno norteamericano encargada de construir los aparatos de los partidos iraquíes pro-capitalistas, el 69% de los iraquíes en todo el país quieren que la constitución establezca “un gobierno fuerte centralizado” y sólo el 22% quiere que otorgue “poderes significativos a los gobiernos regionales”. Aun en las áreas de mayoría shiíta en el sur sólo el 25% quiere el federalismo, mientras el 66% lo rechaza.


 


La clase gobernante norteamericana y su Estado está profundamente divididos a causa de la guerra iraquí. Esto se demuestra claramente en el conflicto entre la CIA y la Casa Blanca -con el ‘CIAgate’ ocupando el lugar del Watergate al final de la Guerra de Vietnam-. El cambio de régimen en el ultramar se ha transformado en crisis de régimen en casa.


 


Bajo estas presiones, el gobierno de Bush Jr. intenta apurar la “construcción del Estado” y el “proceso de democratización” a través de elecciones y referéndums truchos. Las nuevas elecciones bajo la nueva “constitución” en diciembre de 2005, constituyen otro paso más en la misma dirección. Al mismo tiempo, la democratización estilo norteamericano va de la mano con las torturas en Abu Ghraib, los campos de concentración, las bombas de fósforo blanco contra los luchadores heroicos de Fallujah, las campañas contra la población civil enmascaradas como operaciones de contra-insurgencia… Es obvio que el propósito principal de la nueva constitución es encender una guerra civil catastrófica entre los sunitas y los shiítas, así como también entre los kurdos y los árabes o los otros grupos étnicos que habitan Kirkurk.


 


La Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional apoya la resistencia iraquí contra el imperialismo y todas las luchas en Irak, e internacionalmente, mediante el movimiento antibélico, para echar las tropas de ocupación de Irak y poner fin a la presencia militar imperialista en la región. Al mismo tiempo, luchamos en forma independiente para construir una dirección obrera y revolucionaria bajo la bandera de la Cuarta Internacional para unir a todos los oprimidos para la liberación nacional y social en Irak, y por una Federación Socialista en Medio Oriente.


 


 


(1) Quisling, Vidkun (1887-1945): político noruego, cuya colaboración con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial convirtió su nombre en sinómimo de traidor (nota del traductor).


 

Internet sigue en manos de los yanquis


La ‘cumbre’de Tunez sobre la sociedad digital


Los periódicos informaron que la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (Túnez, 16 de noviembre) iba a ser nada menos que una batalla final por el control del Internet. “Mientras EEUU exige mantener su control absoluto sobre la red, alegando que ayudó a crearla, otros países encolumnados detrás de la Unión Europea reclamaban tener parte en el gobierno” (Clarín, 15/11). La cumbre iba a sesionar “bajo la amenaza de que, si fracasan las negociaciones, hay riesgos de que Internet se divida y deje de funcionar como hasta hoy” (ídem).


¿De qué se trata?


 


Según Clarín, el “gobierno” de Internet consiste en el control sobre cuatro áreas:


 


La adjudicación de los “dominios” (las terminaciones .com, .org, .edu., .gov, etc.) y los códigos de cada país (como .ar en el caso de Argentina).


 


La concesión de cifras de doce dígitos (llamados IP) que constituyen las “direcciones físicas” de protocolo que lleva cada máquina conectada a Internet, como su número de identidad.


 


El control de los “servidores de raíz”, enormes computadoras que traducen pedidos enviados por una dirección en forma de nombre (por ejemplo, “http://www.po.org.ar “) en su dirección física de 12 dígitos, para que los pedidos lleguen a la computadora indicada y la respuesta (en la forma de una página web que uno visualice, por ejemplo) vuelva correctamente.


 


El control de los “estándares técnicos para asegurar la interoperabilidad de toda la red” (Clarín).


 


El País (17/11) habla de tres posiciones: la de los EEUU, de dejar todo en manos del Icann (Corporación para la Asignación de Nombres y Números en Internet, una organización privada, con sede en California y sujeta a las leyes locales, contratada por el Departamento de Comercio de EEUU en 1998; su contrato, firmado durante la administración Clinton, está supervisado por el Departamento de Comercio de EEUU y vence en septiembre próximo); la de China, Brasil e India, que “proponían rescatar la gestión y darla a un organismo internacional no sometido al derecho estadounidense y con presencia ejecutiva del resto de (los)gobiemos”; y la de la UE, que “defendía mantener la estructura técnica del Icann, pero crear un espacio de intervención para el resto de (los) gobiernos”.


 


Para defender la continuación de su control efectivo sobre Internet, EEUU sostuvo que ello era necesario para “mantener la estabilidad”, para mantener abierta la posibilidad de un alto nivel de innovación técnica, y hasta para defender la libertad de expresión.


 


Sin embargo, de la misma manera que se interconectan centenares de compañías telefónicas usando normas diversas en todo el planeta, para que funcione el servicio telefónico, Internet podría seguir funcionando perfectamente bajo un gobierno descentralizado de “servidores raíz”. Las traducciones se llevarían a cabo en forma completamente automatizada y el tráfico fluiría de la misma manera que siempre. Segundo, los supuestos “defensores de la libertad” apoyan una “cruzada” del “lobby religioso” para que no se permita la efectivización del dominio “xxx” para sitios pornográficos (“adultos”) (Cnet). El subsecretario de Comercio norteamericano, Michael Gallagher, escribió una carta al presidente del Icann, Vint Cerf, en este sentido.


 


Aparte, así como el monopolio del servicio telefónico no reside simplemente en las "normas técnicas” sino en el control sobre los medios de producción de ese servicio (las enormes redes de comunicación y el acceso a ellas), el control efectivo sobre Internet se basa en el control sobre el acceso a una enorme red de comunicación (las llamadas “columnas vertebrales”) sobre las cuales Internet funciona.


 


Algunos se hicieron eco del ‘catastrofismo’ norteamericano. Ricardo Braginski, escribiendo en Clarín (15/11), por ejemplo, asegura que si EEUU no continúa ejerciendo un monopolio sobre la traducción de nombres de dominio, “todo sería más confuso y lento”. Y elige un argumento para apoyar semejante afirmación que va de inmediato en su contra: “Sería algo así como si se dividieran las redes de Telefónica y Telecom, y para llamar por teléfono a un amigo hubiera que pasar antes por un sistema que indique a qué red pertenece el sistema”. Pero… ya es así. Braginski ha logrado que se vea cómo la privatización estorba siempre al buen funcionamiento de los servicios públicos. Y ¿cuánto peor sería, si todas las llamadas del mundo tuvieran que pasar por “Ma Bell” en EEUU para poder conectarse? Son muchos los recursos que se destinan actualmente, en ambas compañías argentinas, justamente para efectuar estas traducciones de líneas telefónicas, y ni qué hablar para evitar que la competencia tenga acceso a recursos que, según las normas vigentes, se deberían compartir (así lo puede testimoniar cualquiera que conoce la situación actual con la “banda ancha” ADSL, en base a líneas telefónicas digitalizadas). Esta situación de caos se multiplica cuando se trata de las redes celulares, donde un mensaje de texto de, digamos, CTI puede demorarse un día entero para llegar a la red de los demás operadores.


 


“Un arreglo que complace a todo el mundo”


 


Todos los periódicos cuentan que al día siguiente hubo un arreglo que complació a todo el mundo, evitando el “derrumbe” de la red. EEUU estaba contento porque… todo sigue como antes. “El embajador norteamericano en la Cumbre, David Gross, manifestó su satisfacción porque ‘no hay nada nuevo en este documento’” (El País).


 


Por otro lado, la ONU quedó encargada de abrir un “foro de debate para estudiar las políticas sobre Internet y mejorar la presencia de los otros Estados en el gobierno del mismo” (ídem). Pero “el nuevo organismo no tendrá poder alguno” (Wired, 16/11), ya que “no va a tener ninguna injerencia ni puede supervisar el accionar de Icann y no reemplaza a ningún organismo existente”. La agencia de noticias técnicas norteamericana Cnet News describe al foro como algo tan amplio que “casi todo el mundo involucrado en las discusiones puede jactarse de una victoria”. El foro será un punto central para entablar debates “sobre todo, desde la seguridad en computadoras y el crimen en línea hasta spam y otros abusos de Internet”. Ko-fi Annan, el secretario general de las Naciones Unidas, “dejó en claro que la ONU ‘no tiene interés en controlar el Internet. El día a día debe estar en manos de instituciones técnicas, no políticas”’ (El País). La cuestión para la UE es si esa institución debería ser la norteamericana Icann o la europea Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). La UE considera que el acuerdo obliga a negociar “a largo plazo y entre todos” el futuro y el “gobierno” de la red.


 


Pero la tibia reforma para la “descentralización” de Internet, que fue desechada de inmediato frente al rechazo norteamericano a favor de una “negociación” completamente sin significado, reflejaba en el fondo no una disputa puramente sobre la red, sino las crecientes contradicciones entre los imperialismos.


 


Para Cnet, cabía la siguiente pregunta: “¿Cuánto de la oposición actual sobre esta cuestión es el resultado de tensiones globales vinculadas a los EEUU, como la superpotencia solitaria mundial, y su participación en Irak?”


Estos conflictos se dan en el marco de un crecimiento del comercio basado en Internet (la agencia UPI informa que las compras navideñas por este medio para bienes y servicios no relacionados con el turismo están subiendo un 25% respecto del año pasado, por ejemplo), y ni hablar sobre el reemplazo de todo el servicio telefónico por “voz sobre IP”, una alternativa que funcionaría puramente sobre la red. Gross, justamente, es un abogado en el campo de las telecomunicaciones y ha sido lobbista de Vodaphone, una de las compañías “telefónicas por Internet” que más ha crecido en los últimos tiempos.


 


En cuanto a la democratización real de Internet, lejos de poder surgir de unas “reformas” de descentralización que se proponen entre los imperialismos, la única vía sería la misma que se tendría que imponer en el caso de todos los servicios públicos caros y de mala calidad en la actualidad: su control por parte de sus trabajadores y los usuarios.


 

La rebelión de la juventud en Francia


Defendamos el levantamiento de la juventud de Francia abajo la ‘chiracaille’ por la Unión Socialista de Europa


Desde hace dos semanas, una revuelta gigantesca de la juventud más postergada, humillada y pisoteada de los barrios y guetos que circundan a las grandes ciudades sacude a Francia y conmueve a Europa y el mundo. La muerte por electrocución de dos jóvenes que procuraban zafar de un control policial fue el detonante que hizo explotar el resentimiento social acumulado de una nueva generación sin ningún porvenir social bajo las condiciones reales del capitalismo.


El estallido no ocurre en un suburbio de África o América Latina sino en el corazón del imperialismo francés y de la Unión Europea. Luego de la exhibición de pobreza, desigualdad y miseria que tuvo lugar en Nueva Orleáns, la revuelta de la juventud de Francia deja al desnudo la realidad social del llamado primer mundo y el contenido de despojo social de la llamada globalización. El Estado imperialista francés y sus secuaces, que miraron como incidentes menores las muertes masivas de familias en los recientes incendios de albergues miserables en la periferia urbana, sacan a relucir ahora la ‘tolerancia cero’ y el toque de queda. A lo largo de los últimos años, sin embargo, este mismo Estado francés fue reduciendo la asistencia social a las barriadas populares, con el cínico pretexto de la necesidad de no superar los topes previstos del déficit de presupuesto.

 


La revuelta juvenil se extiende ahora a Bélgica y a Alemania; el primer ministro en espera, Romano Prodi, ya ha advertido que una ola de rebelión popular similar a la francesa podría desatarse en cualquier momento en Italia. El alzamiento generalizado de un vasto sector de los adolescentes franceses se produce en el mismo momento en que la mayoría de los Estados de Europa, así como los Estados Unidos, enfrentan una crisis de régimen político y están encabezados por los gobiernos más débiles de las últimas dos décadas. La sublevación juvenil se desarrolla, así, en condiciones de una crisis de conjunto -social y política- de los principales Estados imperialistas.


 


Es completamente natural que la masa de la juventud insurgente se encuentre compuesta por descendientes de inmigrantes, africanos o asiáticos, ‘les noirs et les beurs’, desmitificando por completo las pretensiones integra-doras de la democracia representativa del capital. Esa masa refleja, como también es natural, el odio de la juventud por los atropellos del imperialismo francés y mundial contra las naciones de Medio Oriente y de África del norte; conocen muy bien lo que ocurre en Palestina o en Irak, o el destino que el español Zapatero le reservó a los marroquíes y senegaleses que pretendían ingresar a Europa por Ceuta y Melilla. No ignoran en absoluto el trágico destino de albaneses o africanos que cruzan el Mediterráneo para ingresar a Italia. La revuelta juvenil es una expresión concentrada de toda la explotación colonial por parte del sanguinario capitalismo europeo. Pero es un hecho, que la gran prensa no ha podido ocultar, que a esa masa se han unido desde el principio y luego en forma creciente los jóvenes desocupados que exhiben una ascendencia europea.


 


El gobierno francés ha respondido a la revuelta con la represión, sin por ello dejar de expresar sus irreconciliables diferencias internas. El presidente Chirac demoró más de una semana en aparecer en público, un signo inconfundible de hundimiento político. Pero la represión contra lo que el ministro Sarkozy llama la ‘racaille’ (la canalla) juvenil sólo sirvió para profundizar la rebelión. La Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional hace suya la expresión de un semanario satírico francés y llama a luchar para poner fin a la ‘Chiracaille’, o sea a echar al gobierno de Chirac, Villepin y Sarkozy. Luego de la victoria del No en el reciente referendo sobre la constitución europea, la revuelta de la juventud le recuerda al pueblo trabajador de Francia que este gobierno imperialista es una cosa del pasado que sólo se sostiene en pie por la complicidad de la izquierda institucional francesa y la burocracia sindical. En momentos en que Marsella vive la conmoción de una huelga del transporte y de una lucha de portuarios y marítimos que aún no ha sido resuelta, la consigna de la unidad de los trabajadores y de la juventud para acabar con la ‘Chiracaille’ cobra una impresionante actualidad.


 


Las direcciones oficiales de la izquierda francesa han formado un frente común con el gobierno de la ‘Chiracaille’ contra lo que llaman la ‘violencia’ de la juventud. El partido socialista y el partido comunista han publicado comunicados que llaman a “poner fin a la violencia” (“El orden debe ser restablecido”, comunicado del PCF del 6 de noviembre). La organización Lutte Ouvriére caracteriza la rebelión en masa de la juventud como “estéril” y que se encuentra en un callejón como consecuencia del reflujo de la clase obrera. Como en abril de 2002 cuando el régimen político francés se enfrentó a la posibilidad de un colapso, como consecuencia del fracaso electoral del partido oficial y del partido socialista, la izquierda vuelve a cerrar filas en defensa de la democracia. La CRCI llama la atención de los obreros avanzados de Europa sobre esta secuencia política desde la crisis de abril de 2002 hasta la rebelión actual, pasando por la victoria del No en el referendo reciente, porque plantea la crisis del régimen político francés y la posibilidad de la caída de la ‘Chiracaille’, lo que abriría una perspectiva de poder.


 


La violencia de la insurrección de la juventud francesa no tiene, es cierto, el carácter de una violencia revolucionaria contra el Estado capitalista, ni el nivel de una lucha de clase del proletariado contra el capital. Es la violencia masiva de una juventud lumpenizada por el capitalismo. Se dirige contra las instituciones del Estado, como las comisarías, la policía y las municipalidades, pero también lo hace contra los bienes de otros trabajadores y vecinos o contra bienes comunitarios. Pero la tarea de los obreros luchadores y coscientes no puede reducirse a caracterizar esta violencia contradictoria, a condenarla en abstracto o a darla derrotada por anticipado. La tarea de los obreros con conciencia de clase debe ser orientar esta revuelta hacia una perspectiva revolucionaria, en primer lugar interviniendo ellos mismos en la crisis con una posición política clara y una consigna precisa. No se trata de emitir un juicio sobre la juventud sino de llevarla, por medio de la acción, a una lucha eficaz, o sea decisiva. La Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional llama a defender la insurrección de los jóvenes desposeídos de Francia por medio de movilizaciones, paros y la huelga general hasta la renuncia de los responsables de la represión el ministro Sarkozy y la caída de la 'Chiracaille'. Apoyamos las iniciativas parciales de las organizaciones de base de la izquierda y de algunas de sus direcciones (la LCR) para manifestar en defensa de la juventud y por la renuncia de Sarkozy, con la consigna de Fuera la ‘Chiracaille’, huelga general, satisfacción de las reivindicaciones de todos los trabajadores en lucha. Con esta orientación llamamos a formar comités obrero-juveniles en todas las barriadas -o sea para impulsar la huelga general. Los comités obrero-juveniles deben hacerse cargo de la defensa de los barrios y de la seguridad de su población.


 


No hace falta decir que la salida a la miseria de la juventud pasa por una acción anti-capitalista. Para asistir socialmente a los barrios marginalizados; para que los jóvenes tengan trabajo; para terminar con la desocupación en masa, que afecta a todas las franjas de edad; es necesario un plan de conjunto de características anticapitalistas: en primer lugar, acabar con todos los subsidios al capital y establecer un impuesto extraordinario a las grandes ganancias capitalistas y a las fortunas personales, para poner en marcha un programa de obras públicas sociales, bajo control de los trabajadores, esto en una escala que permita dar trabajo al conjunto de la población activa.


 


Desde hace cerca de dos años, la CRCI ha señalado que la crisis del capital plantea en Europa la cuestión del poder, o sea del gobierno de los trabajadores. La izquierda en su conjunto, sin embargo, no solamente ha ignorado esta cuestión sino que está empeñada en diferentes países en formar gobiernos de centroizquierda que salven al Estado de las crisis de régimen político. Esto vale para los que impulsan la ‘Unione’ en Italia o el gobierno de la ‘izquierda plural’ en Francia, como es el caso del Partido de la Izquierda Europea, que preside Fausto Bertinotti (que reúne al PCF, al Synapsismos de Grecia, a los ‘Linke’ de Alemania, entre otros, y con vacilaciones la Liga Comunista Revolucionaria de Francia. El alzamiento generalizado de la juventud desposeída de Francia pone al desnudo las limitaciones insalvables de esta salida política y su antagonismo irreconciliable con la tendencia a la miseria y a la desesperación social de las masas europeas en su conjunto. La CR-CI llama a aprovechar los acontecimientos que se desarrollan en la actualidad en Francia para reagrupar a la izquierda combativa de Europa y a las fracciones organizadas de los obreros más conscientes en una fuerza política revolucionaria que tenga por estrategia la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa (Rusia incluida).


 


Por la huelga general del proletariado y la juventud francesa para poner fin a la ‘Chiracaille’.


 


7 de noviembre de 2005


 

Atentado criminal contra el Partido Obrero


En la madrugada del lunes 14 de noviembre, la sede central del Partido Obrero -ubicada en pleno centro de Buenos Aires- sufrió un atentado criminal. Desconocidos ingresaron a la sede por los techos, forzando y destruyendo las rejas de seguridad, para iniciar un incendio, en tres distintos focos, que destruyó la sala central en la planta baja, donde se encontraban computadoras, archivos y materiales de trabajo. También se verificó, entre otros daños, el robo del disco rígido de una computadora. No se trata, pues de una mera destrucción edilicia, sino también de la búsqueda de información acerca del PO, es decir a una operación de espionaje.


El atentado fue la culminación de una escalada de ataques, provocaciones y falsas denuncias del gobierno de Kirchner contra el PO.

 


Cuatro días antes de las importantes marchas antiimperialistas contra la presencia de Bush en Argentina y contra Cumbre de las Américas en Mar del Plata -que tuvieron un fuerte protagonismo del Partido Obrero y el Polo Obrero- el ministro del Interior había formulado imputaciones criminales contra el PO con motivo de las violentas protestas de los usuarios contra el (mal) servicio privatizado de los ferrocarriles en una estación del Gran Buenos Aires. Ante la requisitoria legal del PO, el ministro Fernández debió retractarse, aunque no lo hizo en forma pública.




Las mismas provocaciones oficiales se repitieron luego de la gran marcha anti-Bush-Kirchner-FMI, que terminó con una brutal represión policial.




El atentado coincidió con un hecho político central en la capital argentina: el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra (fuertemente sostenido por Kirchner), enfrentaba ese lunes 14 la votación que lo llevaría a juicio político por su responsabilidad en la muerte de 194 personas en un incendio ocurrido en la discoteca Cromañón en la noche del 30 de diciembre de 2004. El Partido Obrero estuvo desde el primer momento junto a los familiares de las víctimas en todas sus movilizaciones. En la noche previa a la votación (y al atentado), el domingo 13, en uno de los “talk shows” políticos más seguidos de la TV, una legisladora ibarrista (Alicia Caruso) acusó al dirigente del Partido Obrero, Marcelo Ramal, de ser el “instigador” en los incidentes que dos días antes habían hecho naufragar el intento de sepultar el juicio político a Ibarra.




Pasadas tres semanas del atentado, ni el gobierno nacional, ni el de la Ciudad de Buenos Aires pronunciaron una palabra de rechazo o condena al hecho. Incluso, ni siquiera han intentado interiorizarse de un hecho criminal que, por su gravedad, afecta a la seguridad de las personas (el incendio pudo haberse propagado a los edificios lindantes) y a la vida política argentina. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires calificó como “una complicidad objetiva” con los atacantes la falta de solidaridad e incluso de interés del gobierno de la Ciudad (y, por extensión, al gobierno nacional) ante el atentado.




En los días posteriores al atentado, otros locales regionales del PO sufrieron ataques. En los días previos al atentado contra el PO, otros “desconocidos” habían ingresado a las oficinas del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), dirigido por el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, para robar computadoras y documentación. En los días posteriores, el local de ATE (sindicato de trabajadores estatales) en Esteban Echeverría fue objeto de un intento intencional de incendio.




El Partido Obrero agradece los innumerables mensajes de solidaridad recibidos, tanto nacionales como internacionales, y reafirma la necesidad de una campaña sistemática, incluso de alcance internacional, para el esclarecimiento del atentado.


 

Brasil: Terminó la crisis, recién empieza


Una serie de hechos parecería indicar la consumación de un arreglo político para rescatar al gobierno capitalista que preside Lula: la victoria de Ricardo Berzoini (candidato de la dirección partidaria “lulista”) en las elecciones internas del PT; la elección de Aldo Rebelo (del PC do B, agente de Lula) a la presidencia de la Cámara de Diputados; el entierro melancólico de las CPIs (comisiones parlamentarias de investigación) dedicadas a investigar los esquemas de corrupción y, en especial, al ex hombre fuerte del partido y el gobierno, el ex ministro y diputado José Dirceu; la confirmación de la política económica y de su ministro, Antonio Palocci -respaldado inclusive por la oposición derechista-, también acusado de liderar diversos esquemas de corrupción en la ciudad de la que fuera intendente, Ribeiráo Preto.

 


Este arreglo no obedece solamente al temor de que las investigaciones de corrupción también puedan alcanzar a los “opositores”, como ya comenzaba a ocurrir con el PSDB. También metió la mano el imperialismo norteamericano: “Los problemas enfrentados por el presidente Lula traen perspectivas negativas para el avance del libre mercado en América Latina, y para los intereses de los EEUU en la región”, advirtió The Wall Street Journal (12/8). Trascartón, en octubre y noviembre el representante del Tesoro yanqui (John Snow) y el propio Bush visitaron Brasil y se pronunciaron claramente en defensa del gobierno Lula. Lo mismo hicieron los principales diarios.


 


Con semejante coro, la filósofa “marxista” (?) oficial del PT, Marilena Chauí, creyó llegado el momento de romper “corajudamente” (?) el criticado “silencio de los intelectuales” y declarar seis meses después del inicio de la crisis que ésta no pasaba de una farsa montada (Folha de Sao Paulo, 15/11). La emérita profesora consiguió, finalmente, transformar el marxismo en papel higiénico.


 


En los dos últimos años, Lula-Palocei han pagado casi 300 mil millones de reales a les tenedores de la deuda pública (mientras aplicaban menos de mil millones para la reforma agraria, o cinco mil millones para las universidades públicas, lo cual tampoco sirvió para reducir la propia deuda, que era de 900 mil millones de reales en diciembre de 2003, y alcanza actualmente el billón de reales. Ei gobierno Luía na reforzado su alianza con los especuladores financieros internacionales.


 


La fiesta de los acreedores, en primer lugar los bancos “nacionales”, es orgiástica. El Itaú anunció, a mediados de 2005, el mayor beneficio de la historia bancaria nacional para un semestre: casi 2.500 millones de reales; la semana siguiente, el Bradesco le mató el récord anunciando lucros superiores a 2.600 millones de reales. ¿Y los industriales? Vale do Rio Doce (CVRD), principal empresa privada, anunció, para el mismo semestre, lucros de… 5.100 millones de reales. Petrobras, “estatal”, en realidad controlada por la Bolsa… 9.900 millones de reales. La “renuncia fiscal” del Estado en beneficio de los capitalistas crecerá 12% en 2005, alcanzando el récord histórico de 27 mil millones de reales.


 


¿Fin de la comedia? El problema es que no hubo ninguna comedia. La “nueva” dirección petista, un acuerdo de mayoritarios y opositores “izquierdistas”, finge oponerse al ajuste fiscal y la política económica. La nueva coordinadora política del gobierno, Dilma Rousseff, calificó el “ajuste fiscal de largo plazo” de Palocci como “rudimentario y suicida”, sin por eso plantear una crisis de gobierno, o sea exigir que Lula eche a Palocci. Se pretende demostrar que en el PT todavía hay una posibilidad de cambio o de reforma, a fin de mantenerlo unido para las elecciones de 2006.


 


La desintegración del PT, como consecuencia de las denuncias de corrupción, se ha hecho irrevocable. El resultado de la interna partidaria provocó la salida en masa de numerosos cuadros, incluidos más de una decena de diputados y senadores que, casi todos, han ido a engrosar las filas del recién legalizado PSOL. Cargado de deudas impagables, contraídas para financiar “por izquierda” las campañas del partido y el bolsillo de sus dirigentes, es probable que el PT acabe como cualquier empresa en quiebra, con la formación de un nuevo lema partidario y la imputación de los pasivos a un PT residual. El PT ha sido una creación oportunista construida en torno a la figura de Lula, no en torno a un programa y a cuadros formados por ese programa.


 


El PT se ha convertido desde hace mucho en un grupo de intereses creados: más de 400 intendentes, tres gobernadores, 90 diputados nacionales y más de 150 diputados estaduales (provinciales), todos con su cohorte de asesores y secretarios, sin hablar del aparato del gobierno federal (Lula) y sus miles de “cargos de confianza”. El aparato sindical (CUT) tiene más de 100 mil personas “liberadas” (del trabajo) y más de 20 mil directamente empleadas. La máquina partidaria del PT, a su vez, emplea a más de 50 mil funcionarios. Un verdadero ejército de “dependientes”.


 


La desintegración del PT no ha producido una modificación de los marcos ideológicos y programáticos que el partido dejó establecidos en Brasil al tiempo de su fundación y, en especial, cuando se acentuó el reflujo de las luchas populares. La crisis ha abierto un período de efervescencia entre los sectores politizados de la intelectualidad y entre los obreros más avanzados, que rápidamente comprobarán los límites de las respuestas improvisadas a la agonía del PT.


 


La crítica de la izquierda que abandonó el PT frente al gobierno de Lula, plantea imponer un giro en la política económica (no la ruptura anticapitalista), que en la práctica significaría devaluación y default, una catástrofe para las masas. Se limita a criticar el superávit fiscal y las elevadas tasas de interés y a reclamar un mayor pacto social. En el plano político, planteó el juicio político a Lula (impeachment) incluso por medio de un plebiscito.


 


La izquierda del PT, la burocracia de la CUT y el MST (campesino) se lanzaron a reforzar el apoyo a Lula, con el pretexto de que había en curso un golpe aerecnista. ü/i presiüente ae ia uui ingreso ai Ministerio de Trabajo. En cuanto a la “izquierda” petista, con lazos con la administración directa e indirecta del Estado, posiciones y privilegios parlamentarios, optó por defender al gobierno con vistas a obtener mejores posiciones para la disputa electoral de 2006. En su documento dirigido a la Comisión Ejecutiva Nacional del PT, firmado conjuntamente por todas las tendencias de izquierda del partido, se llega a decir que “paradojalmente, nunca un gobierno hizo tanto contra la corrupción” (“Proposta de Resolucáo para a CEN do PT”).


 


El Partido Socialismo y Libertad (PSOL) fue formado por diputados y una senadora que fueron expulsados del PT cuando se negaron a votar una reforma privatista de las jubilaciones. Hasta ese momento, habían apoyado la Alianza PT-Partido Liberal y mantenido la disciplina cuando se formó el gabinete con la Federación de Industrias, la Sociedad Rural y el Banco de Boston. El PSOL, que se define como un partido “de ruptura democrática con el orden actual”, planteó, en la crisis reciente, “unificar las luchas que están en curso en este momento con la necesaria lucha por la investigación cuidadosa de las denuncias y el castigo de los culpables”. También inició una recolección de firmas para convocar un referéndum que destituyese a Lula y anticipase las elecciones.


 


El PSOL aspira a un rédito electoral de la crisis: su patrimonio es el carisma de su principal dirigente, Heloisa Helena, a quien las encuestas otorgan el 5% de la intención de votos para presidente, en 2006. El PSOL reivindica el retorno a las posiciones originales del PT. Recientemente obtuvo las adhesiones de nuevos parlamentarios afectados por el derrumbe político y moral del PT, incluido un senador que debió renunciar enseguida, luego de que fuera comprobada su propia participación en los esquemas de corrupción de Marcos Valerio. Esto agudizó las luchas internas en el PSOL, encendiendo la alarma en algunos sectores más avanzados, que no quieren limitarse a una repetición farsesca de la tragedia petista.


 


El PSTU (LIT), a su vez, presentó un recurso al Ministerio Público (fiscalía del Estado) para investigar la corrupción gubernamental en la perspectiva de producir un juicio político contra Lula. Dijo que había que “concientizar de que Lula es el responsable de la corrupción”: esto colocó al PSTU a remolque de la ofensiva del polo capitalista de copamiento del gobierno y de la demagogia de la conspiración golpista del Congreso.


 


En junio, el PSTU defendió el planteo de “instalación de la CPI ya, contra las maniobras del gobierno por impedirla”. Después pasó a defender la “prisión y confiscación de los bienes de corruptos y corruptores”, y una “investigación independiente, paralela a la de la CPI”. Posteriormente, comenzó a plantear “¡Fuera todos!” (Opiniáo Socialista N 230, 7/9), ignorando su caracterización anterior de que “la juventud y los trabajadores creen todavía en Lula”. En ese marco, la actividad del PSTU se centra en simultáneo, desde hace un tiempo, en proponer la ruptura con la CUT y la UNE, y crear organizaciones nuevas, intentando avanzar con la adhesión de nuevos desprendimientos del PT y del gobierno, al cual consideran “terminado”.


 


Ninguna de las dos principales fracciones de la izquierda fuera del PT consiguió remontar la retórica de la corrupción y de la crítica “desarrollista” al “ajuste”.


 


Brasil enfrenta, en realidad, una perspectiva de bancarrota capitalista que opacará a todos los episodios ocurridos hasta ahora, como el que tuvo lugar en 1992 cuando se congelaron todos los depósitos bancarios y se produjo la recesión más intensa de su historia; o como la inflación previa al “plan real”, en 1996, o la devaluación del real a principios de 2001. Un freno de la especulación internacional con la deuda brasileña provocaría una quiebra como la de Argentina en diciembre de 2001. Por eso, lo que se presenta como una crítica desde el “desarrollismo” o la “equidad social” es, objetivamente, una tentativa de repetir el “éxito” de la devaluación argentina. Pero como los precios internacionales actuales, muy altos, y las tasas de interés internacionales, que siguen bajas, siguen ofreciendo la posibilidad de obtener beneficios extraordinarios, la tendencia a la devaluación y al “desarrollismo” todavía no ha ganado fuerza en el seno de la clase capitalista. El escándalo de los “sueldazos” en el Congreso brasileño tiene tanto valor “moral” como el ocurrido con la ley laboral Banelco en el Senado argentino, que produjo la renuncia del vicepresidente de entonces, Carlos Alvarez, o sea un síntoma poderoso de la tendencia en curso a una bancarrota capitalista y a un estallido político. Esta es la caracterización que debería adoptar la izquierda brasileña para preparar en forma sistemática a las masas para


una acción anti-capitalista, no para un recambio “duhaldo-kirchnerista”.


 

La “otra cumbre”


El centroizquierdismo ha convertido en rutina acompañar las “cumbres” con una “otra cumbre”. En Mar del Plata el organizador de las dos fue el mismo: el gobierno de Kirchner. Los partidarios de Kirchner aportaron las principales figuras y contingentes de la “otra cumbre” y el gobierno el dinero y los funcionarios de confianza para controlar su desarrollo.

 


Pero el que paga la orquesta, elige la música. Por eso, la “otra cumbre” no habló de la política fondomonetarista de Kirchner, Lula o Tabaré Vázquez o de la ocupación militar de Haití. El pago de la deuda externa, los acuerdos con el FMI y la miseria de los pueblos de Argentina, Brasil y Uruguay fueron ocultados. La “otra cumbre” ni siquiera fue una movilización política: sus organizadores se limitaron a organizar una serie de “talleres” y una “movida cultural”.

 


La estrella de la “otra cumbre” fue Chávez. En su discurso abogó por una “integración latinoamericana” cuyo modelo es Petrosur, la “petrolera estatal latinoamericana” que agruparía a la venezolana PDVSA, la brasileña Petrobras y la argentina Enarsa; estas dos últimas son testaferros de los fondos inversores internacionales o dé pulpos petroleros extranjeros. Enarsa es una pantalla para la privatización del Mar Argentino. El Alba alega pretensiones muy vastas pero tiene miras muy cortas. Los extensos elogios de Chávez a la “Alianza para el Progreso” de Kennedy fueron un guiño hacia los demócratas de los Estados Unidos.


 


Aún más notable en la “otra cumbre”, fue la subordinación política de la izquierda a los representantes políticos de la burguesía nacional.




El PC y el MST, en sus distintas versiones, apoyaron sin matices las deliberaciones de la “otra cumbre”, se negaron enfáticamente a denunciar su carácter oficialista y hasta aportaron sus propios “talleres”. Todos ellos se encolumnaron ordenadamente detrás de los D’Elía, los Bonasso y el gran cartel con las figuras de Kirchner, Chávez, Lula, Tabaré y Castro. En los días posteriores, sus periódicos prodigaron elogios desmesurados a la “otra cumbre” y hasta al “socialismo del siglo XXI”, la frase de marketing de Chávez. Llegaron a reflotar la vieja y fracasada consigna del “frente de países deudores” que propugnaban en ios ‘80.


 


La integración de América Latina es, en primer lugar, la integración política de sus explotados en una lucha común por la expulsión del imperialismo y por la completa reorganización anticapitalista del continente. Las burguesías nacionales del continente han demostrado, de sobra, su incapacidad para llevar adelante esta lucha. El proletariado y los explotados de las ciudades y el campo se enfrentan a la tarea de la revolución social.


 

Mar del Plata: Crisis cumbre


¿Es verdad que la Cumbre de presidentes de América, realizada en Mar del Plata, fue una derrota política de Bush (“una visita desastrosa”, dijo The New York Times) o un renacimiento del nacionalismo latinoamericano?


Desde el punto de vista de los explotados del continente, nada cambió. A pesar del “renacimiento del nacionalismo latinoamericano” continúa la política de rebaja salarial, flexibilización, el pago de las deudas externas, y los ataques a las condiciones de vida y de trabajo de las masas laboriosas.


 


Una crisis cumbre


 


La cumbre de Mar del Plata reunió a los representantes de un conjunto de regímenes políticos en crisis.


Lula, que encabeza el gobierno de un partido en disolución. El presidente de Ecuador, donde la crisis política se ha profundizado con la victoria de la huelga petrolera de agosto pasado contra la Occidental Petroleum.


Nicaragua, donde el presidente Bolaños enfrenta, sino un juicio político, sí una segura derrota electoral. Estuvo Fox, cabeza de un gobierno masivamente repudiado en México. Eduardo Rodríguez, el presidente “interino” de Bolivia.


 


La crisis más importante, ni que decirlo, es la del propio régimen político norteamericano, como consecuencia del fracaso de la invasión a Irak. Lo que se manifestó en Mar del Plata fueron las divergencias acerca de con qué política hacer frente a la crisis continental.


 


“Antiterrorismo”


 


Los chisporroteos verbales de uno u otro presidente sirvieron para dejar en segundo plano los acuerdos fundamentales. El primero de ellos fue el compromiso con la “guerra antiterrorista” de Bush. La declaración aprobada en Mar del Plata dice que “tomaremos todas las medidas necesarias para prevenir y combatir el terrorismo y su financiación”.


 


No se trata de un acuerdo menor. Es que el rubro “antiterrorismo” significa la puesta en pie de un aparato represivo clandestino común -con chupaderos (cárceles secretas), secuestros-detenciones sin cargos ni presentación ante un juez), y con el uso sistemático de la tortura.


 


Algunos de los gobiernos, como el argentino, juegan aquí un papel clave. Argentina fue “felicitada” en el informe anual del Departamento de Estado por su “cooperación” en la vigilancia de la “triple frontera” (Argentina, Brasil, Paraguay). A la luz de los hechos que se conocieron con posterioridad a este informe (que los yanquis han establecido cárceles secretas y bases para operaciones “encubiertas” en una treintena de países), se desprende que una de esas instalaciones se encuentra en territorio argentino. La Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos ha elevado a la categoría de “máxima seguridad” al aeropuerto de Ezeiza. El imperialismo “recategorizó” el aeropuerto porque ha logrado el control absoluto sobre los cielos argentinos y ha infiltrado hasta el tuétano a sus servicios de inteligencia.


 


Así ha pagado Kirchner el “apoyo” de Bush en la renegociación de la deuda externa.


 


No es el único. Brasil encabeza la ocupación de Haití. Uruguay acaba de aprobar -con el voto de los parlamentarios frenteamplistas- su participación en el “Operativo Unitas”, con la marina norteamericana. Paraguay, por su parte, acaba de-autorizar la instalación de una base aérea en su territorio, desde la cual los norteamericanos pueden intervenir en la “triple frontera”, en el sur de Brasil, en el norte argentino y, sobre todo, en Bolivia. Es decir que los países del Mercosur, presentados como el núcleo de la “resistencia” a Bush en la “cumbre” (“los cinco mosqueteros”, incluyéndose él también, de los que habló Chávez), están sólidamente incorporados a la política “antiterrorista” de Bush… incluso en momentos en que esa política es criticada en los propios Estados Unidos.


 


En este punto, la victoria política de Bush es indiscutible.


 


Bolivia


 


La crisis boliviana y las próximas elecciones en el país del Altiplano estuvieron en el centro de los debates de la cumbre. Argentina y Brasil se comprometieron de nuevo a intervenir activamente para que la victoria de Morales no afecte los principales intereses imperialistas en Bolivia.


 


Tanto Lula como Kirchner están particularmente interesados en la cuestión. El primero, por la participación de Petrobras en la explotación de los hidrocarburos bolivianos; el segundo, por la participación de Repsol (en la explotación) y de Techint (en la venta de tubos para las perforaciones). El 40% de las acciones de Petrobras está en manos privadas, y se cotiza en las bolsas de San Pablo y Nueva York; el 50% de las acciones de Repsol está en manos de fondos de inversión norteamericanos. Los mismos pulpos -Petrobras, Repsol y Techint- están asociados con la estatal PDVSA en la explotación del crudo venezolano.


 


Los intereses imperialistas en Bolivia no serán defendidos con la política (y el personal político) de Bush sino con la política (y el personal político) de los Lula, Kirchner y Chávez. Pero esto no es de ahora: así quedó de manifiesto en la insurrección de octubre de 2003.


 


Venezuela


 


Uno de los “condimentos” de la cumbre fue la presencia, en una misma sala, de Bush y Chávez, dos enemigos políticos declarados. Pero Venezuela es el principal proveedor de la reserva petrolera estratégica de EEUU.


 


El gobierno venezolano mantiene estrechas relaciones con el imperialismo europeo, como se ha manifestado en el respaldo de la UE a la venta de armas españolas a Venezuela, incluso ante la oposición del gobierno norteamericano. Repsol ha sido la primera petrolera internacional en aceptar la formación de una “empresa mixta” con la estatal PDVSA. También, mantiene estrechas relaciones con los aliados latinoamericanos de Bush, como el colombiano Alvaro Uribe. Venezuela y Colombia han firmado un “acuerdo antiterrorista” y han emprendido negocios petroleros comunes, como la construcción de un oeloducto entre el Pacífico colombiano y el Atlántico venezolano, que permitirá exportar crudo a China. La Chevron-Texaco participa en el gasoducto a ambos lados de la frontera de forma directa en Colombia; asociada a Repsol en Venezuela.


 


Las limitaciones insalvables del nacionalismo chavista se volvieron a poner en evidencia poco  después de la cumbre, con el compromiso venezolano de compra de bonos de la deuda a la Argentina… que utilizará los fondos que reciba para el pago de su deuda externa.


 


Disputas


 


Los choques alrededor del ALCA se transformaron en un fetiche que sirvió para ocultar la realidad de lo ocurrido en la cumbre. La negativa de Kirchner de incluir una mención al ALCA puso al desnudo la  negativa del norteamericano a respaldar al gobierno argentino en las negociaciones con el FMI.


 


Pero la burguesía argentina es favorable a una entrada al ALCA de Techint, el pulpo al que el gobierno considera el “modelo” de  la burguesía nacional, lo que viene reclamando desde hace rato la formación de un “ALCA siderúrgico”, que garantice a la siderurgia latinoamericana el acceso al mercado norteamericano, en detrimento de Europa y Asia. El propio Lula firmó con Bush una declaración pro-Alca inmediatamente después de la cumbre de Mar del Plata. Uruguay acaba de firmar un “tratado bilateral de inversiones” con Estados Unidos.


 


Decir que el Mercosur constituye una “alternativa” al Alca es una fantasía, salvo que el lugar del imperialismo yanqui lo ocupe el europeo.


 


Balance


 


La cumbre mostró la debilidad internacional de Bush. También fracasó Kirchner, que pretendía cobijarse en el ala del presidente yanqui para lograr alguna “ventaja” en su negociación con el FMI.


 


Pero, por sobre todo, la cumbre puso en evidencia las insuperables limitaciones del nacionalismo burgués y del centroizquierdismo que, en el cuadro de una crisis política excepcional del imperialismo dominante en la región, se revelan incapaces de dar una salida independiente al continente. Al contrario, pretenden aparecer -frente a las tendencias revolucionarias que agitan la región- como los garantes del orden imperialista.


 

Venezuela: ¿El “socialismo del siglo XXI”?


El ‘boom’ petrolero no inmuniza a Venezuela de convulsiones y crisis. Tampoco las acciones que viene encarando el gobierno de Chávez son el resultado de un esquema ideológico preestablecido. El ‘lock-out’ patronal de 2002/3 ha significado una quiebra de las relaciones sociales, que se ha agravado con el tiempo.


 


Uno de los epicentros de la crisis se registra en el campo. El carácter parasitario de la burguesía venezolana puede medirse por el sencillo hecho de que un país tan rico en tierras importa el 70 por ciento de los alimentos. La burguesía ha vivido a expensas del petróleo. EI campo permanece en una abrumadora proporción ocioso e improductivo. El 75 por ciento de las tierras están en manos del 5 por ciento de los propietarios. La población agraria ocupa a sólo el 14 por ciento de los habitantes.


 


Chávez anunció medidas de reforma agraria, que se limitan a autorizar la expropiación de tierras sin cultivar superiores a 5.000 hectáreas y a condición de que sus dueños no puedan acreditar títulos de propiedad. Se trata de un universo muy estrecho de explotaciones, pero todavía es muy poca la tierra asignada y ninguna la expropiada. El empantana-miento en que se encuentra la reforma ha desatado ocupaciones de tierras y la reacción de los terratenientes, que contratan sicarios (asesinos a sueldo) o cuentan con la colaboración de parte del aparato estatal local. Se ha puesto en marcha una articulación de los campesinos en la Conferencia Campesina, patrocinada por el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora, que ha tomado un conjunto de resoluciones de lucha.


 


El quebranto industrial no le va a la zaga. El semanario The Economist dice que un 40% de las 11.000 firmas industriales ha ido a la bancarrota desde que Chávez es presidente, pero en realidad esto es el producto del ‘lock-out’ de hace tres años. Al final de esos 64 días de paralización, las empresas se enfrentaron a la obligación de pagar los salarios de los trabajadores y saldar deudas o recurrir a créditos sin contar con ingresos por producción ni liquidez.


 


Está sobre el tapete la cuestión de las empresas paralizadas, inactivas y quebradas.


 


Chávez denunció la existencia de 700 empresas cerradas; están siendo investigadas 1.149.


 


En el acto inaugural del Encuentro Latinoamericano de Empresas Recuperadas, Chávez anunció la expropiación de dos empresas, la siderúrgica Sideroca y una central azucarera. Dos meses antes, habían sido expropiadas la papelera Invepal y la productora de válvulas Inveval.


 


En los casos nombrados, el decreto de expropiación indemniza a los propietarios y transfiere el 51 por ciento de las acciones de la empresa al Estado y el otro 49 por ciento a una cooperativa integrada por sus trabajadores. En Invepal, el Estado venezolano ya ha desembolsado varios millones de dólares. Los trabajadores deberán comprar su parte con un porcentaje de la producción. Los niveles salariales del trabajador venezolano son extremadamente bajos. La remuneración promedio no alcanza a los 440.000 bolívares (alrededor de 200 dólares). Las empresas recuperadas no son la excepción.


 


La “cogestión”, por su parte, en su corta existencia, ya ha dado lugar a conflictos entre la burocracia estatal y los trabajadores, en particular en Inveval. Si bien el decreto gubernamental decía que la conducción debía quedar reservada a los trabajadores, lo cierto es que está en manos de funcionarios estatales que designan a los gerentes y toman las decisiones relevantes.


 


En los conflictos que se están suscitando, emerge la exigencia de que se expropien las empresas y se establezca una cogestión paritaria (grupo Polar, segundo grupo empresario local; las transnacionales Heinze, que cuenta con una procesadora de tomates, y Parmalat, que posee dos plantas, entre otras).


 


Aunque la cogestión estatal-obrera ha sido muy publicitada, el gobierno se ha inclinado por esta opción sólo como excepción y cuando se han agotado otras variantes. La línea dominante es procurar una suerte de cogestión obreros-empresarios privados. A las empresas privadas que operan de esta forma se les otorgan créditos baratos, se refinancian sus deudas con el Estado y se les da tratamiento privilegiado en las compras del Estado, así como una generosa eximición de impuestos. Estas prebendas explican que Fedecámaras (la Unión Industrial venezolana) haya saludado la iniciativa de la cogestión y que numerosos empresarios se hayan anotado para acogerse a sus beneficios.


 


La cogestión opera como una transición hacia otra etapa de acumulación privada, ‘post lock-out’. Esto, por supuesto, no asegura que vaya a sacar a Venezuela de la bancarrota industrial. Como ya ocurrió en el pasado, dichos recursos pueden servir para la fuga de capitales o la especulación financiera.


 


Con el agravamiento de la crisis, Chávez ha comenzado a hablar de “la revolución en la revolución” y del “socialismo del siglo XXI”, pero hasta ahora no ha pasado de los umbrales de un rescate del capital por medio de subsidios y de la mencionada cogestión. La acción emprendida por Chávez para recuperar la capacidad de decisión del Estado venezolano en el uso de sus recursos petroleros está limitada por éste horizonte social. Por otro lado, los ingresos del petróleo circulan monetariamente por los bancos venezolanos, 100 por ciento extranjeros, que, a cambio, han acumulado el 50 por ciento de la deuda pública. El gobierno paga puntualmente esta deuda, girando un promedio del 8 por ciento del PBI. Un descenso de los precios internacionales de los hidrocarburos sería suficiente para tirar abajo toda esta ingeniería financiera.


 


Por otro lado, los grandes grupos empresarios están marginal o excepcionalmente afectados por las medidas de intervencionismo estatal. En áreas estratégicas, como la del petróleo o la petroquímica, se acentúa la llamada apertura petrolera, o sea la asociación con los pulpos petroleros internacionales, en especial en la cuenca del Orinoco, donde se concentra una de las mayores reservas del mundo. En otra rama, como la siderúrgica, Sidor, en manos de Techint, ha sido rescatada en su momento por el Estado. Sidor ha estado pagando al Estado, en los últimos cinco años, un precio ridículo por el mineral de hierro que le proveía.


 


La libertad de que goza el capital mina las medidas que el gobierno establece en diferentes planos para reencauzar la economía. El control de cambios y de precios se ve socavado por el mercado negro y por la remarcación de precios. La inflación ha trepado al 23 por ciento anual, mientras los sueldos permanecen congelados. Nada retrata posiblemente mejor los límites de esta nueva experiencia política nacionalista que este virtual congelamiento de los salarios. En este contexto, el papel de las llamadas “misiones” (campaña de movilización masiva de recursos humanos y materiales volcados a las barriadas y zonas más carenciadas, para la alfabetización, salud, asistencia social) se circunscriben a mitigar los aspectos extremos de la pobreza.


El capital procura imponer su ley en este plan de recuperación. Los trabajadores de Invepal vieron demorado el comienzo de la producción, porque el Banco de Venezuela, que pertenece a un grupo extranjero, mantuvo bloqueada la financiación de la pulpa de papel. Los empresarios productores de maíz mantuvieron paralizada más de la mitad de la producción para extorsionar al gobierno con una suba del precio máximo de la harina.


Chávez pretende superar este conflicto, sea buscando una asociación del Estado con el capital privado, sea acentuando la tutela del gobierno sobre la actividad privada, sea mediante una combinación de ambos recursos. Se pretende establecer una armonía de intereses que no existe.


 


Pero, donde no hay vacilaciones es con relación a la clase obrera. En distintas industrias estatales, en particular en la industria petrolera, y también privadas, hubo una importante experiencia de control obrero durante el paro patronal de fines de 2002. Los trabajadores desafiaron el lock-out patronal y no permitieron que se parara la producción, como en el caso de las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito. Pasaron por encima de los directivos comprometidos con la conspiración. Ahora, las autoridades procuran recuperar la plenitud de la conducción en las industrias estratégicas.


 


El gobierno puso en marcha una reestructuración de PDVSA y desplazó a los directivos golpistas, pero también desarticuló el control obrero, volviendo a la jerarquía de mando, con gerentes nombrados por el Ministerio. Con la asunción de la nueva Junta Directiva, a partir de principios de 2005, se asiste a una escalada de carácter derechista. Se ha puesto en marcha una campaña de despidos, traslados arbitrarios, listas negras y persecución de activistas, y son desplazados gerentes que se opusieron en su momento al golpe.


 


El problema de la nacionalización de los bancos, del monopolio del comercio exterior, del cese del pago de la deuda externa, de la existencia de un plan único elaborado y dirigido por los trabajadores para superar la miseria de nuestras naciones, y la gestión y el control obrero, cobran una inusitada y enorme vigencia, y en forma creciente se incorpora al debate cotidiano de los pueblos latinoamericanos.


 

Turquía: La lucha en la curtiembre Ileri Deri


Desde hace ocho meses, los trabajadores de la curtiembre Ileri Deri vienen sosteniendo una muy dura lucha para ganar el derecho a la sindicalización.


 


Se trata de una pequeña planta, ubicada en la ciudad de Corlu, en Tracia, una región que se ha convertido recientemente en una zona de fuerte industrialización, con numerosas empresas pequeñas, medianas y grandes, en particular ligadas a la industria del cuero. La tasa de sindi-calización en la región es extremadamente baja: es habitual que las patronales despidan a los trabajadores que reclaman su derecho a sindicalizarse. La patronal de Iieri Deri no fue la excepción: despidió a la totalidad de sus empleados. Los compañeros no se rindieron y continúan, desde hace ocho meses, manteniendo su lucha en la puerta de la planta. Reclaman su reincorporación y el pleno derecho a sindicalizarse.


 


La victoria de esta lucha podría abrir el camino para una generalizada sindicalización. Otras plantas, bajo el impacto de esta lucha, la han comenzado a reclamar.


 


La organización “Lucha Obrera” de Turquía está realizando una activa campaña de sostenimiento de esta lucha, a la cual adhiere la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional.


 

La movilización contra la cumbre


Kirchner tuvo dos fracasos en la "cumbre" de Mar del Plata, no uno. El primero, no logró un “respaldo” de Bush en las negociaciones con el FMI; el segundo, no logró borrar de las calles de Mar del Plata la denuncia a su política de compromiso con el imperialismo.

 


La manifestación convocada por el movimiento piquetero y por las expresiones combativas del sindicalismo y del movimiento, estudiantil reunió a 9.000 compañeros en Mar del Plata (y varios miles más en el resto del país). Fue un éxito político resonante, frente a la militarización de la ciudad. Por sobre todo, fue una victoria sobre el intento de neutralizar el repudio a Bush con un evento oficialista -la ‘'contra-cumbre’’- que contó con el generoso aporte financiero del Estado para la movilización de contingentes oficialistas desde todos los puntos del país.


 


Ei Partido Obrero jugó su papel. Desde el principio, el PO planteó la necesidad de denunciar tanto a la “cumbre''1 como a la "contra-cumbre”. El MSI y la CCC, en cambio, pretendían que se omitiera toda referencia crítica a la "contra-cumbre” y llamaron a participar en ella. El Cuba-MTR, cuya preocupación era tirar las vallas de la cumbre, no adhirió, sin embargo, a la crítica de los actos oficialistas.


 


La marcha contra Bush y contra el acuerdo de Kirchner, Bush y el FMI fue ganando terreno en Mar dei Plata con ei paso de los días. Mientras la izquierda democratizante se refugiaba en los “talleres”, de la “otra cumbre”, el PÓ emprendió una enérgica agitación callejera en toda Mar del Plata. Realizamos una gran agitación en el puerto; un acto político en el centro de Mar del Plata, donde denunciamos los campos de concentración de Bush en Guantánamo, y también en Hungría, en Tailandia, en Rusia; las invasiones a Irak, Afganistán, las masacres palestinas, la amenaza a Siria e irán, las bases militares en Colombia, Ecuador, la ocupación de Haití, el ingreso de tropas yanquis con inmunidad a Paraguay, mientras las “democracias latinoamericanas” se aprestaban a firmar un documento común con Bush, pasando la esponja a todas sus tropelías en el mundo.


 


La enorme repercusión de esta agitación ganó la prensa {incluso internacional) e instaló a la “tercera” marcha, contra Bush y contra el acuerdo Kirchner-FMI. La repercusión de esta campaña política quedó en evidencia cuando, poco antes de la partida del “Tren del Alba”, un periodista le formuló a Miguel Bonasso (diputado de Kirchner) la siguiente pregunta: “Néstor Pitrola (dirigente del PO) dice que éste es un tren oficialista. ¿Qué tiene para decirle?”. La ex IU y la CCC terminaron todos adentro de la “contra-cumbre”.


 

Conferencia de revolucionarios en los Balcanes


Con un exitoso y entusiasta acto público al aire libre en el centro de Atenas, la V Conferencia Internacional del Centro Socialista de los Balcanes “Christian Rakovsky” concluyó el 19 de septiembre su fecundo trabajo.


 


El Centro Rakovsky fue fundado en enero de 2000, tras la desgracia de la guerra de la Otan contra Yugoslavia. La iniciativa fue tomada por las fuerzas en lucha por la Refundación de la Cuarta Internacional que llamaban a un espectro más amplio de la izquierda. Su meta fue y sigue siendo unir -sobre una base socialista e intemacionalista- a las fuerzas revolucionarias en la región, de distintas tradiciones políticas, en una lucha común contra las intervenciones imperialistas y, de la misma manera, contra las clases gobernantes y camarillas chovinistas locales.


 


Durante los últimos cinco años, el Centro Rakovsky organizó cinco conferencias y muchos actos públicos. Participó en las movilizaciones internacionales del movimiento contra la globalización capitalista, como en Praga en 2000 y en Génova en 2001, en la movilización contra la Cumbre de la UE en Thessalonica en junio de 2003, en las manifestaciones contra la Cumbre de la Otan y la visita de Bush a Estambul, Turquía, en julio de 2004.


 


La V Conferencia Internacional del Centro tuvo lugar del 16 al 18 de setiembre de 2005 en Atenas. La organización anfitriona fue, una vez más, el EEK, la sección griega de la CRCI. Las deliberaciones tuvieron lugar en la alcaldía de Kaisariani, el barrio proletario histórico, donde se libraron las batallas más heroicas contra las tropas nazis de ocupación durante la Segunda Guerra Mundial, y donde centenares de comunistas, incluyendo trotskistas, fueron muertos por los pelotones de ejecución.


 


Participaron de la Conferencia organizaciones revolucionarias y luchadores provenientes de siete países de los Balcanes, del Medio Oriente, de Rusia y de Europa Occidental. Para su Presidencia de honor fueron elegidos, por voto unánime, tres luchadores presos en las cárceles sionistas: los camaradas Muhammad Kanaane, secretario general del Movimiento Palestino Abnaa el Balad (que había asistido a la Conferencia anterior en 2003); Marwan Barghouti, figura prominente de la Intifada y de las Brigadas Al Aqsa; y el joven judío Tali Fahima, prisionero, cuyo juicio como “colaborador de las Brigadas Al Aqsa” ha comenzado.


 


En la Conferencia fue presentado y discutido un informe sobre los nuevos desafíos en los Balcanes, en Medio Oriente y en Rusia. En el informe y en la discusión fueron subrayadas las tres fuentes, interconectadas por la crisis capitalista mundial, de nuevas tensiones y peligros en los Balcanes: el pantano del imperialismo norteamericano en Irak; la crisis en Rusia y en el espacio ex soviético; y la crisis en la Unión Europea luego del referéndum sobre la Constitución Europea de la UE en Francia y Holanda -crisis confirmada y profundizada en los recientes comicios alemanes.


 


Luego de una discusión plena y la incorporación de enmiendas de los delegados, este informe fue aprobado por unanimidad como la resolución principal de la 53 Conferencia.


 


Fueron presentados informes y/o documentos nacionales de Grecia, Turquía, Rumania, Bosnia/Herzegovina, Albania, Rusia, y Palestina.


 


Los informes y la discusión pusieron en claro la vasta escala del desastre social en los países balcánicos luego del colapso del stalinismo, el giro de las camarillas burocráticas locales al frenesí restauracionista y nacionalista, la intervención imperialista y la guerra. A pesar de la desmoralización y atomización en la lucha cotidiana por la sobrevivencia, las primeras señales de un resurgimiento en el movimiento obrero se manifiestan en la ola de ocupaciones de fábricas en Serbia o en el descontento de los mineros de Rumania, luego del retiro de la amnistía de sus líderes, encarcelados después de las ocupaciones hace unos años.


 


La 5° Conferencia hizo hincapié en tres ejes principales de lucha en el período venidero, resumidas en la resolución final:


 


Una lucha colectiva y organizada por la sobrevivencia. Luchar aun por las necesidades más elementales, así como por las cuestiones más generales que determinan la vida o la muerte de miles y de millones: por pan, trabajo, salarios, pensiones, vivienda, educación, salud, etcétera. Luchar contra los bandidos extranjeros y locales que han robado la riqueza social y que sobre-explotan a la población trabajadora al costo más bajo. La lucha por el control obrero tiene una importancia central. Hay que organizar cuidadosamente una Conferencia Obrera sindical de todos los Balcanes para discutir los medios y las formas para luchar contra las condiciones bárbaras impuestas por la invasión de capitales multinacionales, a la vez que se han destruido todas las formas sociales de protección anteriores. Un plan urgente para asegurar las condiciones de vida de la población tendrá que ser redactado por los colectivos obreros y populares. ¡Por la expropiación de los expropia-dores bajo el control de los obreros!


 


Contra la xenofobia, el chovinismo, el racismo, el antisemitismo y todas las formas de discriminación, particularmente la opresión de las mujeres, incluyendo la explotación sexual y el tráfico Iguales derechos para los trabajadores inmigrantes y locales.


 


Contra la intervención imperialista y contra la guerra, por la Unidad Socialista en una Federación Socialista de los Balcanes, en el marco de los Estados Socialistas Unidos de Europa, y por una Federación Socialista de Medio Oriente.


 


Con relación a la situación política en Turquía y su interconexión con la guerra imperialista y la ocupación de


Irak, la Conferencia señaló los peligros que afronta el pueblo kurdo, particularmente los millones que viven dentro de Turquía. Como subraya la Resolución, “el Estado turco ha fijado decididamente el rumbo de aplastar el movimiento kurdo dentro de Turquía e incita entre las masas el chovinismo contra los kurdos, que ha resultado en instancias reiteradas de turbas, usualmente dirigidos por fascistas, que intentan linchar a los kurdos en muchos pueblos y ciudades de Turquía. El movimiento obrero internacional enfrenta la tarea de defender a los kurdos de Turquía contra las amenazas mellizas de la represión estatal y los intentos de linchamiento, que en el futuro podría conducir a masacres en gran escala de los kurdos y/o la guerra civil”.


 


Los desafíos que enfrentan el pueblo palestino y su movimiento de liberación, luego de la llamada “retirada de Gaza” fueron discutidos exhaustivamente. La Conferencia decidió lanzar una campaña de solidaridad con Muhammad Kanaane, Marwan Barghouti, Tali Fahima y todos los prisioneros políticos en Palestina.


 


La resolución principal de la Conferencia concluye con un programa de acción:


 


Movilizarse constantemente contra cualquier acto de represión del Estado sobre los derechos democráticos y las libertades civiles a manos de los regímenes en la región.


 


Extender la campaña, tanto en el frente académico como en los movimientos obreros y populares, contra la expulsión de Goran Marcovic de su puesto de trabajo en la Universidad Slobomir P. en Bosnia, por sus puntos de vista políticos y su afiliación al Partido Obrero Comunista de Bosnia/Herzegovina, por su rehabilitación inmediata.

 


Preparar una serie de actividades alternativas y actos públicos, durante el próximo Foro Social Europeo, a realizarse en Atenas, en abril de 2006, en forma independiente del marco ideológico/político de las fuerzas dominantes reformistas del Foro.


 


Preparar hasta fin de 2005 las condiciones para lanzar un Boletín del Centro Socialista de los Balcanes con noticias, artículos políticos y ensayos teóricos.


 


Extender nuestro trabajo en Medio Oriente y preparar las condiciones para una Conferencia del Medio Oriente.


 


El Centro de los Balcanes debe preparar las condiciones para una Conferencia Internacional de las fuerzas revolucionarias y los movimientos sociales en una escala más amplia que hasta el presente.


 


Un Secretariado del Centro “Christian Rakovsky” fue elegido por voto unánime. Una nueva reunión internacional del Centro tendrá lugar en abril de 2006.


 


En el acto público, fueron presentados las conclusiones y los resultados de la Conferencia a un público de centenares de obreros, jóvenes y representantes de las organizaciones políticas de la izquierda. En la Conferencia, los oradores fueron participantes de Turquía, Rumania, Palestina, Rusia, Dinamarca, Austria y Grecia, así como de Italia (de la AMR Progetto Comunista).


 


La V Conferencia Internacional del Centro “Christian Rakovsky” de los Balcanes fue una gran escuela de internacionalismo y un paso hacia delante para la internacional revolucionaria de la clase obrera mundial.


 

Partido de la Izquierda Europea


Flanco izquierdo de la burguesía


El pasado 29/30 de octubre se realizó en Atenas el primer congreso del “Partido de la Izquierda Europea” (PIE).


Esta federación internacional de partidos se había constituido en mayo de 2004 en Roma. El motor impulsor de la iniciativa fue el Partido de la Refundación Comunista, la organización italiana cuyo secretario, Fausto Bertinotti, es el presidente del nuevo Partido de la Izquierda Europea. Alrededor de él se han agrupado una serie de fuerzas que provienen, esencialmente, de la crisis del stalinismo internacional: el Partido Comunista francés, el Partido Comunista español, el Sinaspismos griego, y segundo en importancia detrás del PRC italiano, el Partido de la Democracia Social (PDS) alemán, al que se ha sumado, recientemente, el sector izquierdo de la socialdemocracia, liderado por el ex ministro Oskar Lafontaine, dando vida al nuevo Partido de Izquierda (Die Linke), que obtuvo un buen resultado en las elecciones alemanas pasadas. Alrededor de ellos, hay varios partidos menores, tanto de Europa occidental como de los ex Estados obreros deformados (pero ninguno de Rusia). Recientemente, se agregaron también dos partidos provenientes de la “extrema Izquierda” portugués, una estructura federal que incluye principalmente a los “pablistas” y ex maoístas locales; y “Respect”, el frente popular constituido en Inglaterra por el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) con sectores pequeñoburgueses y burgueses musulmanes, y que tiene como representante al demagogo católico de izquierda George Galloway.


El PIE es un producto del colapso del stalinismo. En Italia, el viejo Partido Comunista (PCI), expresión de una situación particular, con raíces profundas en la sociedad burguesa, se había transformado en Partido Democrático de la Izquierda (PDS; luego, Democráticos de Izquierda, DS) después de 1989, concluyendo así su conversión, luego de un largo período de transformación política y social, en un partido burgués, con características peculiares, ya que contiene en su interior una corriente socialdemócrata. En ese marco, la parte más radical de la izquierda del PCI fundó el PRC, donde confluyeron las principales fuerzas de la extrema izquierda. En Francia y España, los dos partidos comunistas locales perdían su espacio político de modo significativo, abandonando el papel que habían jugado en la fase precedente. No es casualidad que los tres partidos mencionados hayan compartido la experiencia del llamado “eurocomunismo”, es decir del intento fracasado de constituir una corriente intermedia entre la socialdemocracia clásica y el stalinismo, sin romper completamente los vínculos con la burocracia del Kremlin.


 


En una situación histórica diferente, las fuerzas del PIE vuelven a proponer algo parecido al intento eurocomunista (con el heredero reformado del viejo partido de la burocracia stalinista de Alemania del Este): quieren representar un reformismo esencialmente social demócrata j unto con la reivindicación de un “movimiento comunista refundado”. Pero estando ausente la referencia social como la que una vez tuvo la burocracia rusa, el aspecto dominante es el primero.La escisión reciente con la SPD alemana por parte de Oskar Lafontaine y la formación por parte de sectores de la izquierda de ese partido del WASG, después fusionada con la PDS en el Partido de Izquierda, da la pauta de la naturaleza de la nueva formación.


 


Este reagrupamiento de tipo socialdemócrata tiene como referencia política central al Partido de la Refundación Comunista (PRC), de Fausto Bertinotti. El PRC no estuvo nunca formalmente dentro del gobierno de “centroizquierda”, pero sostuvo, entre 1996 y 1998, la mayoría parlamentaria de aquel gobierno liderado por Romano Prodi. Pero hoy participa plenamente en la coalición burguesa de centroizquierda, liderada de nuevo por Prodi, que lleva el nombre de “Unión”. Esta se perfila como la probable ganadora de las próximas elecciones de 2006. De ese modo, el PRC entraría a formar parte del gobierno. El PCF, en Francia, ya participó con ministros propios en los gobiernos recientes de la “izquierda plural”. Pero el PRC logra todavía combinar un extremismo formal (fue el PRC que desarrolló una batalla para que todo el PIE asumiera posiciones contra el tratado constitucional, haciendo, por ejemplo, cambiar de posición al PDS alemán, inicialmente a favor de la constitución europea), con una alianza con las fuerzas burguesas y centristas liberales y clericales. Es un punto de referencia para lo que se perfila como una nueva socialdemocracia demagógica y moderada, que al mismo tiempo se presenta como izquierdista, en un juego de péndulo centro-izquierda/centro-derecha que es el funcional, pero contradictorio, al cuadro del régimen capitalista europeo.


 


El documento programático que se votó en el congreso refleja bien la naturaleza del PIE. Es un texto donde se ve claramente una perspectiva puramente pacifista y reformista, en donde el socialismo no existe, ni siquiera como horizonte lejano al cual llegar después de mucho tiempo. Pero el corazón del documento está en su capítulo final, que se titula “Construir las alianzas”. En él se afirma: “Nuestra tarea es contribuir al nacimiento de una mayoría popular, de izquierda y social, que es y debe ser más amplia que nosotros: con otros partidos políticos, con el Foro Social europeo y los movimientos sociales, con las feministas, los sindicatos, las asociaciones populares, etc. Una mayoría popular crecerá con alianzas y convergencias entre todos los que quieren construir otra Europa”. Es decir, un nuevo “Frente Popular” con el cual arrastrar a la clase obrera y a los movimientos populares a los brazos de la burguesía.


 


La alternativa a una Europa del capital y a sus crisis no llegará ciertamente de esta nueva fuerza política neosocialdemócrata, reformista y movimientista pequeñoburguesa, sino que llegará al viejo continente gracias a la Internacional revolucionaria del proletariado, la IV Internacional refundada.


 

El “No” a la Unión Europea


La victoria del “No” en el referéndum francés sobre la llamada Constitución Europea ha tenido profundas consecuencias sobre el escenario político del viejo continente.


 


En primer lugar, el resultado del referéndum ha registrado y amplificado, a su vez, la enorme crisis de consenso acumulada por las políticas dominantes en Europa en los últimos quince años. Las profundas dificultades de los distintos gobiernos imperialistas en su relación con los propios bloques sociales de consenso tuvieron un rol determinante en la crisis del acuerdo sobre el presupuesto comunitario de la Unión Europea. La persistente crisis económica del capitalismo europeo en el cuadro de la competencia mundial contribuye, a su vez, a la impasse.


 


En segundo lugar, el voto francés constituyó un factor detonante sobre las contradicciones más estrictamente políticas de la UE. Ya la guerra de Irak había evidenciado y agravado la contradicción de fondo entre los imperialismos europeos: de un lado, el eje franco-alemán, orientado a la construcción de un polo imperialista europeo bajo su propia hegemonía; del otro lado, un imperialismo inglés, tradicionalmente ligado al imperialismo norteamericano. El voto francés, golpeando un tratado constitucional impulsado principalmente por el eje franco-alemán, ofreció al imperialismo británico un espacio de maniobra política más amplio. El resultado de conjunto es muy simple: la entera construcción de la UE registra una parálisis sustancial.


 


La crisis de la UE ha puesto en evidencia que el centroizquierda europeo se encuentra en una situación singular. Ninguna tendencia política ha colaborado tan especialmente, en los principales países de Europa, en la gestión directa de las políticas estructurales de la UE contra la clase obrera y las masas populares. Por eso, la desautorización producida por el voto no podía ser más despiadada. Por otro lado, para sectores decisivos de las burguesías imperialistas, la misma crisis europea actual tiende a demandar nuevamente un rol del centroizquierda. Las burguesías del viejo continente tienen una doble exigencia. Por una parte, deben relanzar una nueva ofensiva antipopular, que se ha vuelto mucho más necesaria debido, precisamente, al agravamiento de la crisis económica y política europea. Por la otra, tienen la necesidad de evitar que la impaciencia social revelada por el voto francés se transforme en una radicalización en masa y en una explosión de la lucha. ¿Cómo responder a esta doble exigencia? Invirtiendo nuevamente en el centroizquierda: en la socialdemocracia liberal en Francia, en la coalición de la Unión en Italia.


 


Paradójicamente, la izquierda del “No” al actual tratado europeo no ofrece ninguna respuesta real a este proyecto.


 


Es el caso del llamado Partido de la Izquierda Europea, conducido por el PRC italiano, que ha reivindicado formalmente el “No” a Maastricht. Ocurre que la casi totalidad de sus integrantes ya han colaborado, en el curso de los años ’90, con la construcción de la Europa imperialista: como en el caso del PCF, en el gobierno de Jospin de 1997-2001, que realizó el grueso de las privatizaciones en Francia; como en el caso del PRC italiano, ya involucrado en 1996-98 en las peores políticas antiobreras de la década pasada (flexibilización y precarización del trabajo, récord de privatizaciones en todos los sectores estratégicos, desgravación de los beneficios y alimento de los impuestos a las rentas más bajas, campos de detención de los inmigrantes). Esos mismos partidos reeditan hoy la contradicción entre las palabras y la realidad de un modo probablemente aún más caricaturesco. Por un lado, llegan a exaltar la victoria del “No” contra aquellas políticas dominantes que ellos mismos sostuvieron en el pasado. Por el otro, saludan la convocatoria a ingresar al gobierno que les dirige el centroizquierda, para continuar y relanzar esas mismas políticas que el “No” francés ha rechazado. Así, la Izquierda Unida de España ya forma parte de la mayoría del gobierno de Zapatero, que apoyó e impuso el “Sí” al tratado europeo. El PCF se recandidatea a una perspectiva de gobierno con la socialdemocracia liberal que fue arrollada por el “No”. El PRC, en particular, se prepara a participar, por primera vez en forma directa, en un gobierno de centroizquierda.


 


Por otra parte, el obsesivo relanzamiento propagandístico de una “Europa social, democrática y de paz” por la galaxia de la llamada “izquierda anticapitalista”, encabezada en particular por la LCR francesa y el denominado Secretariado Unificado, se revela mucho más hoy como una utopía pequeñoburguesa. Hoy más que nunca, no sólo la naturaleza imperialista de la UE, sino la misma precipitación de su crisis interna después del “No” francés, pone al desnudo que no hay conciliación posible entre el capital y trabajo, entre imperialismo y paz. En la práctica, la contracara concreta y el significado político de aquella utopía es doble: de un lado, provee, de hecho, cobertura ideológica a la propaganda del Partido de la Izquierda Europea y a la vocación progubernamental de sus secciones, al punto que, por efecto de arrastre, la LCR francesa parece insinuar, por primera vez, una participación propia en un futuro gobierno “antiliberal” de la Unión de Izquierda comandado por el imperialismo francés. Por otro lado, aquella utopía ideológica ayuda a preservar, en el movimiento obrero y en los movimientos de masas, a partir del movimiento “antiglobalización”, aquellas ilusiones reformistas que obstaculizan el desarrollo de su movilización y su coherencia política.


 


La Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional y sus secciones de Europa rechazan toda utopía reformista. Todas las vicisitudes de la construcción de la UE en los últimos quince años demuestran la actualidad del análisis de Lenin: “una unidad europea sobre bases imperialistas o es imposible o es reaccionaria”. Alentar la ilusión de que bajo la presión de los movimientos, es posible su desarrollo en sentido progresivo, significa poner de cabeza la realidad. Que esto ocurra en el mismo momento en que grandes masas se rebelan frente a las clases dominantes europeas representa otra paradoja. En realidad, la creciente impaciencia de las masas hacia las políticas dominantes y los gobiernos que las apoyan, puede y debe darse en una sola perspectiva real y progresiva: la de una lucha revolucionaria por el derrocamiento de las clases dominantes de Europa a favor del poder de los trabajadores y las trabajadoras, por la refundación de Europa sobre bases socialistas. Sólo esta consigna puede cerrar el camino, desde una perspectiva de clase, al desarrollo de posiciones antieuropeístas y nacionalistas de signo xenófobo y reaccionario.


 


La victoria del “No” francés demuestra la centralidad del desarrollo de una oposición comunista y de clase a todos los gobiernos de las burguesías europeas. Más aún en el momento en que el efecto retorno del centroizquierda en países clave de Europa apunta a conjugar ofensiva antipopular con desactivación de la reacción social.


 

Estados Unidos: Se divide la AFL-CIO


Una pelea dentro de la burocracia


La AFL-CIO realizó su 25° Convención Constitucional los días 25-28 de julio en Chicago. Lo más destacado de la Convención fue la ruptura de tres de sus más grandes sindicatos, el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU), la Fraternidad Internacional de Transporte (IBT) y el Sindicato de Trabajadores de la Alimentación (UFCW). Junto con la Fraternidad Unida de Carpinteros (UBC), la cual renunció a la AFL-CIO en 2001, formaron la Coalición Cambio para Ganar (CTW). Uníos-Aquí, el conglomerado de confecciones, hoteles y restaurantes, ha renunciado desde entonces y se ha unido a la CTW. Cuando todo se aclare, el CTW tendrá cerca de un tercio de los ex miembros de AFL-CIO.


El presidente de la Seiu, Andy Stern; el presidente de los teamsters (camioneros), Jimmy Hoffa Jr.; el presidente de UFCW, Joe Hansen, y el presidente de UBC, Doug McCarron, proclamaron que sus objetivos eran transferir recui sos de la AFL-CIO a los sindicatos miembros mediante la reducción de las cuotas, poniendo más dinero en organizar sindicatos y menos en la acción política (entendido por ambos lados como ayuda al Partido Demócrata), concentrándose más en promocionar las prioridades legislativas y menos en las elecciones, apoyar solamente a los candidatos que apoyen prioridades laborales; fusionar los sindicatos más pequeños, más débiles, en sindicatos más grandes, más poderosos, formar alianzas estratégicas entre sindicatos para organizar industrias y grandes empresas, e incorporar negros, latinos y mujeres en la dirección de los sindicatos.


 


Estos objetivos no son nuevos ni únicos de la CTW En 1995, la Lista “Nueva Voz”, de John Sweeney, Richard Trumka y Linda Chávez-Thompson, apoyada por la mayoría de los dirigentes de CTW, fue elegida en una plataforma similar de emprender una organización enérgica. Este año, Sweeney y otros dirigentes incorporaron los objetivos de la CTW en su plataforma. Ambas direcciones están totalmente comprometidas en la tradicional perspectiva sindicato-negocios de dominación burocrática de los sindicatos, colaboración con los empleadores y su gobierno, y apoyo a los demócratas.


 


Las negociaciones para evitar la división continuaron hasta el último momento antes de la Convención, cuando Stera, Hoffa y Hansen anunciaron que boicoteaban la Convención y formaban la CTW. El principal escollo en las negociaciones parece haber sido una exigencia de los sindicatos de la CTW de obtener un voto calificado para poder elegir al sucesor de Sweeney, después de que se retire en la mitad de su mandato, más que por el voto del Consejo Ejecutivo de la AFL-CIO. Un voto calificado daría a los grandes sindicatos de CTW una voz decisiva en la elección del próximo presidente de la AFL-CIO, que de otra forma sería para Trumka. Los dirigentes de CTW dicen, esencialmente: “Nos vamos a quedar si podemos dirigir el espectáculo”.


 


Las bases sindicales no tuvieron ni voz ni voto en la división. Los sindicatos de CTW son incluso más verticalistas que los que se quedan en la AFL-CIO. La competencia entre la AFL-CIO y la CTW podría fortalecer a las bases, pero la división también acentúa el peligro de que los sindicatos de la AFL-CIO y la CTW se dediquen a robarse afiliados los unos a los otros, más que a organizar a nuevos trabajadores. También debilita a los consejos sindicales locales y de estado, y a los sindicatos industriales y de la industria de la construcción, al igual que a otros departamentos a través de los cuales la AFL-CIO ha tratado de coordinar la actividad de los sindicatos miembros.


 


La Convención de la AFL-CIO adoptó una Resolución Sindical Contra la Guerra (Uslaw), llamando al “rápido” retomo de las tropas yanquis en Irak. La resolución es vaga y expresada con un lenguaje patriótico de “apoyo a nuestras tropas”, pero es la primera vez, en los 50 años de historia de la AFL-CIO, que la Federación interfiere en una guerra imperialista. La Convención rechazó una propuesta del comité de resoluciones que llamaba a un retiro “tan pronto como sea posible”. La dirección de Sweeney permitió que la resolución fuera ampliamente adoptada porque sintió la necesidad de apaciguar a la izquierda para sobrevivir a la división.


 


La separación de la CTW no es como cuando la CIO se separó de la AFL en los años ‘30. Ni los burócratas de la AFL-CIO ni los de la CTW tienen soluciones para la crisis del movimiento sindical norteamericano. Los burócratas de la AFL-CIO han fracasado claramente en revertir la declinación. Los burócratas de la CTW ofrecen, en el mejor de los casos, una serie de fusiones y adquisiciones para incrementar la participación de mercado de sus propios sindicatos, no una perspectiva que revitalice a los sindicatos.


 


El movimiento sindical de EEUU solamente renacerá cuando los trabajadores tomen las cuestiones en sus propias manos, como lo hicieron en los años ‘30. Los trabajadores podrían recuperar los sindicatos burocratizados y organizar Wal-Mart, McDonald’s, Citibank, Toyota y otras empresas no sindicalizadas. Pero esto llevaría a un sacudimiento que está muy lejos de las tímidas maniobras de los burócratas de la AFL-CIO y la CTW.


 

Italia: Izquierda avala alternativa liberal


Toda la situación italiana puede resumirse en este cuadro de conjunto: cuanto más declina el gobierno de Berlusconi, más avanza el recambio liberal de la Unión empujado por los poderes fuertes de la burguesía.


Cuanto más avanza el recambio liberal, más revela su programa antiobrero y antipopular. Cuanto más descubre su rostro, más necesita este recambio de la cobertura de las izquierdas.


 


La crisis del berlusconismo tiene un carácter estructural y de fondo. Las desprejuiciadas maniobras institucionales y de imagen a las cuales recurre -desde la nueva ley electoral a una ulterior ampliación del propio espacio mediático- son directamente proporcionales a su crisis de consenso en la mayoría real de la sociedad italiana. Es una crisis por abajo y por arriba: por un lado, en los sectores populares pequeñoburgueses empobrecidos por la crisis y en vastas franjas de población pobre del sur; por el otro, en los salones de la burguesía italiana, desde siempre ajenos a los rasgos familiares y de clan del berlusconismo, y mucho más proclives hoy a una solución política de recambio. La combinación de estos factores, con el trasfondo de una sostenida crisis capitalista, parece tornar irreversible la parábola descendente de Berlusconi.


 


Pero la avanzada de la Unión y de su perspectiva de gobierno -por indudable que sea- tiene lugar en un terreno convulsionado por las contradicciones de clase de su propio bloque social: contradicciones que precisamente la crisis económico-social profundiza cada día.


 


La avanzada de la Unión es, desde luego, empujada por el reclamo a coro de la expulsión de Berlusconi, presente en el sentimiento profundo de amplios sectores del pueblo. Es el legado de la larga etapa de los movimientos de lucha contra Berlusconi que se desarrollaron entre 2001 y 2003. Y es el sentimiento que ha impulsado el gran triunfo de Romano Prodi en las elecciones internas de la Unión, signadas por una excepcional participación popular. En otros términos, la avanzada del recambio liberal en torno a Prodi, a la gran industria, a los grandes bancos que lo sostienen, se apoya sobre las clases sociales sometidas y se beneficia de su empuje.


Y, sin embargo, precisamente aquí anida la contradicción. La proximidad del recambio de gobierno de cara a las elecciones de abril de 2006 obliga a Prodi y al Centro liberal a revelar progresivamente su programa real. Y este programa se encuentra en las antípodas de la demanda de cambio de vastas masas y de los movimientos de lucha de estos años: leal colaboración con los Estados Unidos, y “retiro de Irak acordado con los Estados Unidos” en política exterior; “terapia de shock” en materia de saneamiento financiero en política interna. La crisis económica de estancamiento y el calendario de reducción de la deuda pública acordado en Bruselas no dejan grandes márgenes de maniobra al futuro gobierno. Y las mismas experiencias locales de gobierno del centroizquierda -que hoy gobierna en el 75% de las regiones y las ciudades italianas- marcan cada vez más un perfil de “ley y orden” que desafía abiertamente a movimientos juveniles (Bologna) y demandas populares (Piamonte). Por lo tanto, el sentí-, miento, ciertamente dominante, de la expulsión de Berlusconi comienza a convivir, en un segundo plano, con un malhumor y desconfianza creciente respecto al Centro de la Unión. Una desconfianza real, pero aún secundaria a nivel de grandes masas. Y, por el contrario, muy marcada en un ámbito significativo de una amplia vanguardia, social y política, donde ya hoy se traduce en oposición y hostilidad abierta: así es en un sector muy vasto de la base militante del PRC; así es en entornos significativos de la izquierda sindical, de la vanguardia obrera, del movimiento pacifista y antiglobalización.


 


Esta contradicción emergente, a su vez, se refleja en la izquierda italiana: en sus relaciones con la Unión, en su vida interna. Cuanto más emerge la fractura entre el programa capitalista del Centro de comando de la Unión y las exigencias de la base popular, más busca Romano Prodi una cobertura y corresponsabilidad por izquierda.


De un lado, luego de la investidura plebiscitaria de las internas, asegura a los capitalistas que gobernará con pulso firme y “sin mediaciones” las políticas de austeridad. Del otro, se apresura a consolidar el apoyo de los grupos dirigentes de las izquierdas, de las cúpulas de la CGIL y de Fausto Bertinotti, quienes son bien conscientes del propio rol, cada vez más insustituible, de aspirantes a garantes de la futura paz social. El rédito de su posición para la Unión no se funda simplemente en los “números” hoy necesarios para batir electoralmente a Berlusconi. Se funda cada vez más en su futura función de cobertura social de Prodi y de sus programas. Pero cuanto más se acentúa esta subordinación de las izquierdas al Centro liberal de la Unión, más se multiplican las contradicciones y diferenciaciones en su cuerpo organizado y en su base social y militante.


“¿A dónde va la izquierda italiana?” es hoy un interrogante difuso en la preocupación de sectores populares significativos.


 


Progetto Comunista ha asumido como consigna central de su batalla política de masas la ruptura con el Centro de la Unión. Es decir, que la propuesta desafía a toda la izquierda italiana para que rompa con la Unión y se candidatee a luchar por una alternativa anticapitalista. Millones de trabajadores y de jóvenes no han luchado contra Berlusconi para continuar subordinándose a los industriales y a los banqueros de Prodi. Es más: ya hoy la perspectiva misma de un gobierno de concertación con los industriales y los banqueros han puesto en sordina a la oposición de masas a Berlusconi, trabaja para dividirla, para privarla de una plataforma independiente, para desactivar su potencial de explosión. Por esto la ruptura con el Centro de la Unión no es una propuesta “político-ideológica” o de carácter parlamentario-institucional. Es la condición decisiva para relanzar y unificar la oposición de clase a Berlusconi; para derribar a Berlusconi a partir de las razones de los trabajadores y no de los intereses de la Confindustria; para abrir el paso a una alternativa de poder de los trabajadores y de las trabajadoras, que es la única alternativa verdadera.


 


En este cuadro, Progetto Comunista es hoy la única tendencia de la izquierda italiana que reivindica una huelga general prolongada para expulsar a Berlusconi en torno a una plataforma unificadora de los movimientos de lucha. Una consigna que se basa en la experiencia concreta triunfante de formas de lucha por tiempo indeterminado practicadas por sectores obreros y populares en los años pasados (a partir de los 21 días de huelga de la Fiat de Melfi) y apunta a recuperarlas y generalizarlas en dirección de una auténtica prueba de fuerza global contra las clases dominantes.


 


Pero si -como todo hace creer-, las direcciones de la izquierda italiana llegan a subordinar al movimiento obrero a la perspectiva política del recambio Prodi la defensa y el relanzamiento de una oposición comunista y de clase contra el nuevo gobierno se planteará como exigencia irrenunciable. No sólo para los marxistas revolucionarios, sino también para un sector de la vanguardia de clase que ha madurado en las luchas de estos años. La tarea central de los marxistas revolucionarios no es cuidar su quinta, sino dirigirse a esta vanguardia con su programa, a partir de las luchas, para relanzar, sobre bases revolucionarias, la Refundación Comunista. El trotskismo italiano se encuentra en las vísperas de una gran prueba.


 

Bolivia: Llamamos a votar por Evo Morales y el MAS


El 18 de diciembre tendrán lugar las elecciones generales en Bolivia. De acuerdo con las encuestas, Evo Morales encabeza la intención de votos para la presidencia, con un 32%. Distante se encuentra el candidato de la derecha petrolera, ‘Tuto’ Quiroga, con el 23%, y más atrás, con el 16%;, Doria Medina, una empresario que ha acumulado una enorme fortuna. De acuerdo a la ley boliviana, si ningún candidato obtiene más del 50% de los votos, la decisión queda en manos del Congreso. Doria Medina habría adelantado que sus diputados votarían por Evo. Evo Morales rechazó este apoyo y reclamó a la ciudadanía que le dé la mayoría absoluta en las urnas. Parece claro que si la distancia entre Evo y Quiroga se acortara, la presión de los sectores capitalistas y de la embajada norteamericana sería suficiente para reunir los votos necesarios en el parlamento para bloquear la victoria de Evo Morales.

 


Toda América Latina está pendiente de los resultados de las elecciones bolivianas y todavía más lo está Estados Unidos. El pasado 20 de noviembre, la revista del New York Times le dedicó varias páginas a la posibilidad de una victoria del MAS. El autor de la extensa nota (“¿La segunda llegada del Che?”) cita de entrada la posición sobre Bolivia del subsecretario de Defensa norteamericano para el Hemisferio Occidental, Rogelio Pardo-Maurer, uno de los segundos de Rumsfeld, en ocasión de una reciente conferencia en el Hudson Institute. En opinión de este funcionario del Pentágono, “ustedes tienen una revolución en marcha en Bolivia, una revolución que, potencialmente, podría tener consecuencias de alcance tan amplio como la revolución cubana de 1959”. Lo que está ocurriendo ahora en Bolivia, precisó todavía más, “podría tener repercusiones en América Latina y más allá con las que ustedes deberán enfrentarse por el resto de vuestras vidas (…) la bronca urbana y el resentimiento étnico se han combinado en una fuerza que está buscando el cambio en Bolivia”.


 


Una etapa revolucionaria


 


La tensión que provocan las elecciones bolivianas tiene que ver con el hecho de que Bolivia atraviesa, desde la insurrección de octubre de 2003, una etapa revolucionaria. Es una etapa que no surgió, de modo alguno, de repente, sino que fue la culminación de luchas de masas de características excepcionales en el campo y con relación a la estatización del servicio de agua, en primer lugar en Cochabamba, explotado por la norteamericana Bechtel.


 


El eje del proceso revolucionario es la nacionalización del petróleo y del gas. En las vísperas de la insurrección de 2003, el gobierno de entonces se aprestaba a cerrar un acuerdo de exportación de combustibles a México y Estados Unidos, a través de puertos chilenos, que serían reconvertidos en gas licuado en su destino. Para la masa del pueblo boliviano la consumación del proyecto significa una gigantesca confiscación de recursos y el entierro definitivo de cualquier posibilidad de progreso social. La ínfima renta prevista en los contratos petroleros apenas alcanzaría para colmar el déficit fiscal boliviano durante un corto período de tiempo.


 


La insurrección volteó al presidente Sánchez de Lozada, pero no produjo un cambio del poder político. Asumió el vicepresidente, Carlos Mesa, y se mantuvo sin modificaciones el Congreso. Para alcanzar ente resultado se produjo, en primer lugar, una alianza política que no había tenido precedentes, entre los gobiernos de Bush, Kirchner y Lula. Los dos últimos sacaron al carnicero de Irak del tremendo impasse que enfrentaba su propósito de derrotar la insurrección mediante una represión militar que estaba condenada al fracaso y que hubiera seguramente puesto fin a las fuerzas armadas y al Estado boliviano. En Bolivia se manifestó agudamente la crisis internacional que le provoca al imperialismo yanqui su empantanamiento en Irak. La ‘mediación’ de Lula y Kirchner ‘canjeó’ la intervención militar por el reaseguro de una salida ‘constitucional’. A esta salida se allanaron todas las direcciones populares de Bolivia, y más que ninguno Evo Morales -el cual, por otra parte, había dilatado extraordinariamente su regreso al país por una estadía en Europa. El pretexto oficial del arreglo fue la aceptación, por parte de Mesa, de una “agenda de octubre”, que el novato presidente no estaba dispuesto a cumplir, porque planteaba, aunque vagamente, la nacionalización de los hidrocarburos.


 


La situación política que emergió de la insurrección de octubre no podía ser más excepcional: en el plano internacional, el imperialismo yanqui cedía su primacía absoluta sobre Bolivia a la tutela oficial de dos gobiernos centroizquierdistas que ya habían dado sus pruebas de confianza con el envío de una fuerza militar a Haití; en el plano nacional, se armaba un cogobierno de hecho entre Mesa y el MAS, que además ya tenía una bancada importante en el Congreso. El fruto de este cogobierno fue el referendo de mediados de 2004 que desvirtuó la reivindicación de la nacionalización del petróleo (confiscación de los pulpos) por la reivindicación del dominio estatal del subsuelo boliviano. El referendo dejó planteada una renegociación de los contratos vigentes (suba de los impuestos a las petroleras) y la ‘refundación’ de YPFB, en calidad de empresa estatal ‘testigo’. Sin embargo, la negativa de Mesa a promulgar las leyes que ponían en marcha la renegociación, debido a la completa oposición de los pulpos del petróleo, determinó una nueva insurrección, en junio pasado. Nuevamente fracasó el intento, esta vez de un sector parlamentario que trasladó el Congreso a Sucre, de imponer un gobierno apoyado en un golpe militar; nuevamente intervino la mediación de Lula y de Kirchner. Nuevamente, la intervención de Evo Morales fue decisiva (aun más que en octubre de 2003): de un lado para contener el golpe militar, apelando a la movilización parcial del pueblo; del otro, para poner fin a esa movilización parcial, una vez que hubo logrado el llamado a elecciones. Las elecciones que tendrán lugar dentro de poco, convocadas por un nuevo presidente, puramente interino, no son, por lo tanto, una maniobra artificial sino la resultante de un proceso político concreto; son la expresión, tanto de un ‘desvío’ de la tendencia insurreccional del pueblo (que sigue latente como ‘desvío’), como la expresión de la incapacidad del imperialismo de derrotar a las masas por las vías tradicionales. Las elecciones son la expresión de un empate político entre el imperialismo tomado como conjunto (petroleras, gobierno norteamericano, Lula, Kirchner, partidos tradicionales), por una parte, y las masas, por la otra.

 


En junio pasado decíamos en Prensa Obrera (N 904): “La encrucijada boliviana se ha convertido en una muñeca rusa; del reclamo de la nacionalización del petróleo se pasó a un referendo que estableció la necesidad de una ley que modificara los contratos vigentes; la impasse con la ley derivó en el reclamo de una Constituyente; el tema de la Constituyente suscitó el reclamo de que antes se votaran las autonomías [el disfraz para mantener los hidrocarburos privatizados en los distritos de Tarija y Santa Cruz, JA] y la impasse en todos estos asuntos provocó la caída de Mesa y la salida de las elecciones. Ahora se dice que el gobierno que surja de ellas convocaría a la Constituyente, que decidiría sobre el petróleo y las autonomías (…) (pero) ningún candidato conseguiría una mayoría [absoluta, JA] para presidente (…) Han vestido a la muñeca rasa para desvestirla de nuevo”. Como lo recuerda ahora The Financial Times (16/11), “El próximo gobierno de Bolivia quedará encargado de renegociar los contratos con los inversores extranjeros del sector del gas, luego que la administración actual fracasó en cambiar los arreglos vigentes en el plazo establecido. [Esto] puede colocar las negociaciones en las manos do Evo Morales, del Movimiento ni Socialismo…”.


 


¿Qué plantea Evo Morales?


 


Desde los prolegómenos de la insurrección de octubre de 2003, Evo Morales ha seguido una política extremadamente consciente, no trasunta una pizca de improvisación. Su consigna suprema es evitar una revolución social. En este menester ha revelado una habilidad poco vista; en la crisis de junio pasado, supo cabalgar entre la resistencia a una tentativa golpista de un ala del Congreso y la contención de una insurrección popular.


 


“El programa del MAS es mucho más moderado de lo que sus seguidores desearían”, dice el autor de la larga nota del New York Times. En relación a la nacionalización del petróleo, agrega, Evo Morales “me comentó que ‘Brasil es un modelo interesante’ de cooperación del Estado y el sector privado, y lo mismo es China”. El periodista señala más adelante en su artículo, que “los seguidores del MAS argumentan que si Petrobras puede prosperar, porqué no podría Bolivia adoptar una estrategia similar y florecer como consecuencia de ello?” Pero Petrobras es el resultado de un largo desarrollo histórico, mientras que a YPKB habría que reconstruirla con una enorme inyección de capital para que pudiera jugar, por lo menos, el rol bastante pequeño que tuvo en el pasado. Por otro lado, Petrobras no es siquiera una empresa estatal, sino una empresa privada, con participación mayoritaria del Estado, que está controlada por la Bolsa y que cuenta con una participación del orden del 40% de los fondos de inversión internacionales. Un economista que trabaja para el MAS dice que se pretende que Bolivia pueda obtener “un precio justo (por su petróleo y su gas natural) para pagar su industrialización”, pero Petrobras no contribuye a la industrialización de Brasil, ya que opera como una empresa internacionalizada, que cobra los precios mundiales y destina las ganancias a inversiones en el extranjero. Para llegar al ‘status’ de Petrobras, una YPFB reconstruida debería transformarse en la principal productora del país, es decir, partir de una base de capital gigantesca. En suma, incluso para desarrollar un capitalismo de Estado en base a la explotación del petróleo, el Estado boliviano debería, primero, concentrar los recursos de esa explotación en sus manos, que hoy son un monopolio privado. En realidad, el planteo del MAS se reduce a la necesidad de tener una empresa estatal que recaude una porción mayor de la renta petrolera que producen los pulpos internacionales. En el marco del débil Estado boliviano, una empresa de estas características no tendría siquiera una capacidad efectiva de control sobre la producción privada.


 


García Linera, un ex guerrillero que se transformó en teórico de la autogestión y es candidato a vicepresidente por el MAS, ha dejado bien claro que “el socialismo no es viable en Bolivia”, esto porque “el 70% de los trabajadores en las ciudades son de economía familiar”. “Usted no construye”, le dijo a Eco-noticias (30/8), “el socialismo sobre la base del 95% de la población agrícola que vive en una economía tradicional comunitaria”. García Linera propone, como alternativa al socialismo supuestamente inviable, “un tipo de capitalismo andino”, donde “las potencialidades familiares, indígenas, campesinas, son equilibradas, son articuladas en torno a un proyecto de desarrollo nacional y de modernización productiva”. El modelo para Bolivia, agrega, es “un Estado fuerte en hidrocarburos, en inversión extranjera, en inversión privada local, economía familiar artesanal y microempresarial, y economía comunitaria. No es ni siquiera”, remata, “un régimen mixto”.


 


García Linera, como se ve, concibo la transformación de Bolivia en los marcos locales -no cree, como sí lo cree el subsecretario de Rumsfeld, ya citado, que el proceso revolucionario actual tendrá consecuencias incluso más allá de América Latina. Pero un socialismo autárquico no solamente es inviable en Bolivia, lo es más todavía en Estados Unidos, donde cualquier ataque decisivo a la propiedad capitalista haría estallar al conjunto de la economía y política mundiales. García Linera postula un capitalismo ‘andino’, lo cual es un contrasentido, porque anticipa que no pretende alcanzar al capitalismo desarrollado, pero tampoco escapar a la presión que éste ejerce por su monopolio mundial. Plantea servirse de un Estado fuerte y de la inversión extranjera para congelar la economía precapitalista de Bolivia, no para hacerla transitar a un estado histórico superior; en esto consiste el indigenismo del MAS. Estamos, entonces, ante un programa históricamente reaccionario, ni siquiera ante uno reformista. Un programa que parece no tener en cuenta que un ‘Estado fuerte’, en Bolivia, es imposible si no se erige a costa del extraordinario capital extranjero, cuyo dominio no deja espacio para otra cosa.

 


Articulado al planteo de “nacionalizar los recursos” sin confiscar a los pulpos, un documento del Segundo Encuentro Social Alternativo (septiembre 2005) plantea convertir a Bolivia en un “eje energético” sudamericano, que se parece, por un lado, al Petrosur que postula Hugo Chávez, y a la “integración energética” que impulsan Kirchner y Lula, o sea Techint (tubos y gasoductos), Repsol y Petrobras. El ‘capitalismo andino’ se extiende aquí un poco más en la geografía, pero apunta a un negocio con los monopolios internacionales del petróleo -no a la nacionalización del petróleo en toda América Latina y a la unidad socialista latinoamericana. El ‘eje energético’ intenta superar la debilidad del planteo de ‘refundar a YPFB’ para asociarla con los pulpos con una propuesta de alianza internacional, que los propios monopolios se encuentran promoviendo en la actualidad. Aun antes del Encuentro Alternativo, el saqueo económico de Bolivia ya tenía puesta, por parte de los monopolios, la etiqueta del ‘eje energético’.


 


Todo sumado, la arquitectura teórica de García Linera (o sea, el programa del MAS) apunta a justificar el abandono de la nacionalización del petróleo por una renegociación de los contratos con los pulpos petroleros. Lula no solamente acaba de desear la victoria de Evo Morales, en la reciente reunión de Puerto Iguazú, sino que mucho antes Petrobras ya había dicho que estaba disponible para una renegociación. Como le observó al New York Times el ex funcionario del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, son numerosos los pulpos petroleros que vendrían a Bolivia a ocupar el lugar de aquellos que no acepten una revisión de los acuerdos leoninos que impusieron a los gobiernos anteriores. No sería, de todos modos, el caso de Repsol, que no tiene el menor propósito de irse de Bolivia, la cual cuenta a su favor con los sólidos lazos que ha tejido con Lula, Chávez y Kirchner, y que puede sacar a relucir la ‘amistad’ entre Evo Morales y Rodríguez Zapatero.


 


El confuso programa del MAS es la expresión de su impasse política, o sea de la pretensión de amalgamar las violentas contradicciones sociales del país. Constituye un intento de la raquítica pequeña burguesía profesional, que tiende a ser cooptada por las multinacionales o sus dependencias secundarias, de imponerle su salida a las masas del Altiplano que viven en la miseria. En definitiva, no intenta más que teorizar un tránsito del período revolucionario a una etapa de características democratizantes, tutelada por las burguesías de los países vecinos y el imperialismo.


 


Tomar partido en una gran crisis política


 


Las elecciones del próximo 18 no son una rutina determinada por la Constitución, sino el marco de una crisis política. Las crisis políticas no vienen en envases uniformes; en ocasiones se manifiestan en un proceso electoral. Es el caso de Bolivia. Para vestir de nuevo a la muñeca rusa (o sea resolver la cuestión del petróleo y de las autonomías y producir una mejora social) Bolivia deberá pasar por nuevos cimbronazos, que pueden poner a las masas de nuevo en movimiento.


 


No es indiferente, ni para las masas ni para el imperialismo, que gane Evo Morales o que gane Quiroga. El corresponsal del Financial Times (18/11) cuenta que Morales es recibido en los pueblos campesinos como “un heroico conquistador antiguo”. Obviamente, se refiere, no a Carlo-magno sino a Tupac Katari. Dice también que en los altiplanos que rodean a Cochabamba, lo reciben multitudes de miles de personas adornadas con guirnaldas de flores y hasta hojas de coca. “Las grandes expectativas que ha creado su candidatura pueden amenazar su capacidad para gobernar”, dice el enviado. Como se ve, no se trata de las expectativas electorales habituales, porque se inscriben en una confrontación excepcional que no encuentra salida. Cuando Morales dice en sus actos: “‘Gobernaremos como dueños de nuestro país y nacionalizaremos nuestros recursos naturales’…la multitud responde con un aplauso salvaje” (Financial Times).


 


Por el lado del imperialismo, Thomas Shannon, el secretario de Estado para asuntos hemisféricos, “ha adoptado un bajo perfil”, dice el New York Times, que agrega, sin embargo, que no es la posición prevaleciente.


Numerosos comentarios de prensa han adjudicado la penetración militar norteamericana reciente en Paraguay a la situación boliviana. Para el gobierno de Bush, “Morales responde a Chávez”, que es lo más cercano a un anatema del imperialismo contra el boliviano. Sea como fuere, los yanquis sólo podrían aceptar a Evo Morales como un recurso último e incluso transitorio. Más allá de las contradicciones entre los limitados planteos del MAS y los reclamos de las petroleras; e incluso más allá del trabajo de contención realizado sistemáticamente por Morales, los yanquis no pueden considerar como una salida propia o estable la llegada al gobierno de un dirigente sin aparato, sometido a una enorme presión popular, en el cuadro de un Estado débil más debilitado que nunca. Aunque sigan trabajando para un golpe o incluso para azuzar una secesión de los departamentos de Tarija y Santa Cruz, los yanquis no podrían jugar estas cartas de inmediato por un conjunto de factores adversos, pero antes que nada porque no se lo permite su situación internacional ni la posición política actual de Argentina y Brasil. Para separar a Santa Cruz habría que contar con el apoyo de Brasil. Añadamos que en Santa Cruz se está desarrollando un fuerte movimiento de masas contra la oligarquía local, que defiende la unidad política de Bolivia.


 


En el choque, dentro de dos domingos, entre la candidatura del MAS y el imperialismo y la oligarquía local, la única posición revolucionaria admisible es del lado del MAS contra el imperialismo, pero no con la política o la estrategia del MAS sino con una política y una estrategia realmente antiimperialistas. Esta es la peculiaridad de las elecciones próximas en Bolivia. Los partidos, tendencias u organizaciones de diferente tipo, que no han logrado ocupar un lugar de lucha en el escenario electoral, por las razones que fuere, no pueden valerse de su propia incapacidad para desconocer el terreno que está planteado. En el caso de Bolivia, en particular, los sectores que se encuentran a la izquierda del MAS han fracasado políticamente en forma completa. No pueden presentar reclamos; sólo pueden recuperarse o resarcirse orientando en esta crisis a las masas que van a votar al MAS, o sea hacerlo activamente y con un programa revolucionario. Al ‘capitalismo andino’ del MAS hay que oponerle la confiscación de los pulpos petroleros y la gestión obrera de la industria; no la articulación del precapitalismo con el capital extranjero sino la asociación de las economías precapita-listas a través de un plan único articulado por un gobierno de trabajadores. En oposición al autonomismo, que en las presentes circunstancias sirve incluso a las pretensiones de las oligarquías petroleras, debería reivindicarse la formación de gobiernos locales y departamentales de obreros y campesinos.


 


Qué gobierno, qué Constituyente


 


Una victoria del MAS sería un golpe al imperialismo, incluso si ese golpe está condicionado a las perspectivas que abre esa victoria. Llamamos a votar por el MAS. No amplía los márgenes de maniobra de gobiernos como los de Lula y de Kirchner, sino que los estrecha de cara a la lucha de los trabajadores de sus países. Ensancha el campo de la lucha de clases en América Latina. Reforzaría sí al gobierno de Chávez frente al imperialismo, porque Chávez se encuentra en un choque con el imperialismo, pero no lo fortalecería en su propósito de reducir la actividad política independiente de las masas venezolanas. Ante la amenaza de que esta victoria sea desconocida por medio de fraudes o golpes, llamamos al armamento de los trabajadores para defender el resultado electoral.


 


Los Lula y los Kirchner dicen desear la victoria de Evo obligados por las circunstancias; en otras palabras, hacen virtud de la necesidad. Pero Lula y Kirchner se expresan de este modo porque se aprestan a condicionar una victoria del MAS a los acuerdos parlamentarios (con la venia tácita del imperialismo). Si no es por medio de un gobierno de coalición, será por medio de un gobierno ‘plural’ que integre a las ‘fuerzas vivas’ y a los ‘técnicos’.


Lula ofrecerá su ‘modelo’ de gobierno de colaboración de clases con la oligarquía y el gran capital. La fase de la crisis política que inaugurará el reconocimiento de la presidencia de Evo Morales exigirá un planteo concreto de lucha contra cualquier coalición abierta o disfrazada con la burguesía o con la pequeña que actúa dentro de los círculos imperialistas. La denuncia contra cualquier forma de gobierno de coalición deberá ir acompañada con la consigna de formar asambleas populares y comités de fincas, talleres y minas. Dada la presión excepcional que la inquietud popular está ejerciendo en las fuerzas armadas, en especial en los cuarteles de Santa Cruz, donde hay resistencia a la agitación secesionista, es fundamental una actividad política concreta para la conquista práctica de los militares de base contra toda infiltración derechista a guisa de gobierno de coalición o ‘plural’.


 


Evo Morales ya ha dicho que convocaría a la Asamblea Constituyente para resolver la cuestión de la soberanía energética y de las autonomías. Sin embargo, para que esta Constituyente pueda convocarse en una perspectiva revolucionaria sería necesario, en primer lugar, que el gobierno que la convoca tome de inmediato medidas revolucionarias -como nacionalizar realmente el petróleo, reestatizar la previsión social (‘capitalización’), aumentar salarios y jubilaciones, establecer un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, recuperar el servicio de agua. Como el MAS no tiene la menor intención de ejercer su mandato de este modo, la Constituyente podría servir para estrangular el proceso revolucionario. Diversos sectores populares, que tienen conciencia de esta situación, plantean que la Constituyente debe excluir a los diputados que serán elegidos el 18; debe otorgar una representación calificada del 65% a los candidatos indígenas y un 15% a los obreros, o sea a los que designen como candidatos las bases sindicales. En cualquier caso, debemos criticar que se espere a la Constituyente para tomar medidas de confiscación de los pulpos y el control obrero, y sobre esta base preparar a las masas, mediante la agitación y organización, para actuar frente a una próxima Constituyente.


 


El llamado a votar a Morales y al MAS, con este programa, permite intervenir en la crisis política e interesar a las masas inquietas por el desenlace electoral, o sea que crea una posibilidad de organización y una posibilidad de desarrollo. Constituye una delimitación política clara frente a la tendencia al compromiso y a la capitulación de Evo Morales y el MAS. El abstencionismo, en cambio, no tiene otro auditorio que los pequeños grupos, algunos estudiantes y a las clases medidas confundidas, más dispuestas a votar a la derecha que a la izquierda. Cuando un planteo político consigue reunir la condición de servir para la delimitación política del oportunismo y para la lucha práctica contra el imperialismo, podemos decir que es el más adecuado para desarrollar una alternativa revolucionaria.