Argentina: Por la expropiación y gestión obrera de Zanón


Ya hace más de tres años que Zanón, la principal empresa de cerámicos del país, ubicada en la localidad de Neuquén, viene siendo gestionada por sus propios obreros. En su momento, previo al Argentinazo, los trabajadores de la fábrica ocuparon la planta y el 2 de marzo de 2002 comenzaron a producir, abriendo una primera línea de producción. Durante este lapso, los trabajadores han multiplicado por 20 la producción de la fábrica, que en la actualidad asciende a 350.000 metros cuadrados de cerámicos, duplicando, al mismo tiempo, el número de trabajadores, que pasó de 200 a 450 compañeros. Es decir, han demostrado en la práctica la superioridad de los métodos de organización de la clase obrera frente a la inoperancia y el parasitismo empresarios, responsables del vaciamiento y abandono de la fábrica. Los compañeros de Zanón, en este intervalo, han resistido varias tentativas de desalojo. La defensa de Zanón se ha convertido en una causa popular incluso más allá de Neuquén.

 


La patronal ha fracasado en todas sus maniobras por recuperar el control de la planta; entre ellas, el concurso de acreedores, que fue pergeñado por los propietarios de Zanón ya en 2001, en el marco del vaciamiento que venían orquestando. La última de esas maniobras consistió en el armado de una empresa fantasma que oficiaba de testaferro de los antiguos dueños de la empresa, es decir, del propio Zanón (sus principales accionistas eran su esposa y uno de sus hijos), la cual se presentó, sorpresivamente, al concurso en calidad de grupo inversor interesado en comprar la fábrica. La Cámara de Apelaciones denegó la solicitud y, como consecuencia de ello, el juzgado está obligado a dictar la quiebra.




La quiebra de Zanón abre una nueva etapa: va a acentuar la presión capitalista, y en particular del Estado, contra la gestión obrera. A partir de la quiebra se abren dos alternativas: que el juez decrete la continuidad de la empresa, o que directamente proceda al remate de los bienes. En la primera de ellas, que luce como la más improbable, la ley abre la posibilidad de que los trabajadores organizados en forma cooperativa se hagan cargo de la empresa. Pero esta administración obrera queda bajo supervisión y debe ajustarse a un plan previamente acordado con los acreedores, explicitando el modo en que se van a cancelar las deudas.


 


El remate de los bienes, por su lado, replantea la perspectiva del desalojo. Esta variante constituye un terreno ideal para que prosperen propuestas como la compra de la fábrica por parte de los propios obreros de Zanón, como ya ha ocurrido con otras fábricas recuperadas. La propuesta será exhibida, por supuesto, como “un mal menor”.


 


En el caso del remate, los trabajadores deberían competir por la compra con otros grupos capitalistas, y hasta con los ex dueños. El proceso de liquidación judicial de la empresa es un campo minado y se presta a un sinfín de maniobras de capitalistas que podrían manipular los precios de los bienes, digitar las bases de la subasta y condicionar integralmente el proceso que conduce al remate final y adjudicación de los activos.


 


Bajo estas condiciones, una eventual adquisición de la planta por parte de los obreros de Zanón podría transformarse en una victoria a lo Pirro. En la actualidad, los compañeros vienen cobrando un salario de alrededor de 1.000 pesos, es decir, un 60 por ciento de la canasta familiar, y vienen perdiendo poder adquisitivo si se compara con los sueldos que per cibían dos años atrás. ¿Qué pasaría con la ecuación actual si hubiera que sumarle el pago de la deuda originada por la compra de la fábrica?


 


La operación de compra debería hacerse seguramente al contado. La gestión obrera estaría obligada a contratar un préstamo, o sea, caer en una fuerte dependencia de grupos empresarios.


 


Si no hubiera más remedio que llegar a un compromiso, es importante evitar presentarlo -como una salida exitosa o estratégica como el estadio final. Si aceptamos esos compromisos forzados por las circunstancias, debemos, sin embargo, seguir luchando por los objetivos estratégicos de una gestión obrera que mantenga su independencia hasta un próximo levantamiento popular. Más allá de los compromisos que estemos forzados a adoptar, tenemos que tener claro que la administración obrera judicial, por un lado, como la compra, por el otro, son perspectivas ajenas a nuestros intereses de clase. En oposición a ellas, reivindicamos la expropiación sin compensación alguna y la gestión obrera independiente. Planteamos subsidios, garantía salarial y la participación de directores obreros en una banca nacionalizada. En síntesis, un programa que se inscribe en un proceso de transformación integral del país sobre nuevas bases sociales.


 


Esto plantea un plan de lucha del conjunto del movimiento obrero. El sindicato ceramista de Neuquén tendría que ponerse a la cabeza de este reclamo y exigir a las centrales obreras y sindicatos neuquinos un plan de lucha, que incluya el reclamo de la expropiación de Zanón. Hay que aprovechar la quiebra para darle un nuevo impulso a la expropiación de Zanón, en momentos en que se viene incubando, en la provincia, una rebelión contra el gobierno de Sobisch.


 

Artículos relacionados

Deja un comentario