Derrumbe de los Fondos de Pensión en los EEUU

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Muchas agencias de noticias reprodujeron el artículo de The Washington Post (12/6) titulado “Pensiones derrumbadas significan gran sufrimiento humano”, referido a los efectos de la eliminación del fondo de pensión de la United Airlines sobre los trabajadores. Mostrando la foto de Ellen Saracini, viuda del piloto Víctor J. Saracini, que murió cuando su vuelo 175 fue estrellado contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, el artículo añadía: “Ahora ella enfrenta la pérdida de más de la mitad de su pensión en una colisión estrepitosa de otra índole: el default de United frente a sus obligaciones jubilatorias de más de 9 mil millones de dólares… el más grande en la historia de los EEUU”.

 


El default del fondo de pensión de la United no es sólo el mayor de la historia de los Estados Unidos. Es por sobre todo, un anticipo de lo que vendrá: “Este fallo podría ser el preludio de una sucesión de decisiones similares en el transporte aéreo, en la rama automotriz y en el conjunto de la industria” (Le Monde, 11/7). Es que, según un estudio independiente, el 81% de los fondos de pensión privados de empresa se encuentra subfinanciado; entre ellos, se encuentran monstruos como la GM. Ford. IBM, Motorola, US Steel, y la Lockheed Martin (ídem). En realidad, el procentaje de fondos con problemas de financiamiento es todavía mayor dado que “las empresas sobreestiman voluntariamente los activos de sus fondos de pensión” (ídem).


 


Hace un año, la burguesía decía que la crisis de los fondos de pensión ya había encontrado su solución: “No hay nada mejor que una bolsa de valores en alza para aliviar los fondos de pensión” (CFO Magazine, 4/8/04). Pero durante 2004, “más de 40 bancarrotas en la industria del acero y las de cinco aerolíneas contribuyeron a un déficit de 23 mil millones de dólares en el PBGC (Corporación de Garantía de los beneficios jubilatorios)”, un déficit que los analistas del Congreso prevén que llegará a 71 mil millones en esta década.


 


El PBGC es un organismo público que se encarga de pagar las jubilaciones de los fondos de pensión privados cuando éstos, como la United, declaran la cesación de pagos. Ya paga las jubilaciones de más de un millón de trabajadores.


 


En 2004, el número de empresas cuyas jubilaciones fueron pagadas por este organismo saltó de 155 a 192. El pasaje de un fondo de pensión al PBGC es, para los trabajadores, una confiscación de sus aportes previsionales: el seguro paga una jubilación máxima de 45.000 dólares anuales, muy por debajo de lo comprometido por los fondos de pensión (que están en relación con los salarios de los trabajadores en actividad).


 


La Oficina de Auditoría Congrecional estima que “el déficit conjunto de- los fondos de pensión privados llega a "600 mil millones” {Denver Post, 12/6). Aun el artículo “optimista” de CFO admitía que “la posibilidad de que el default de más aerolíneas grandes golpee a la PBGC, hace surgir el miedo de algunos analistas a una crisis en los fondos de pensión similar a la crisis de la industria de cajas de ahorro de los años ‘80”. Associated Press (7/6) dice: “El problema de los déficit en los fondos de pensión recuerda la crisis de la industria de cajas de ahorro de los años ochenta, cuando centenares de cajas se vaciaron y la deuda fue asumida por el gobierno. Un estudio del Congreso norteamericano de 1996 determinó que el costo total de ese rescate fue de 480,9 mil millones de dólares”.


 


La causa, explica The New York Times (6/6), es muy sencilla: “Más de la mitad de las compañías más grandes de la nación, que tienen planes de pensión, voló alto durante el boom de los años ‘90 y de los mercados en alza de aquella época sin efectuar contribuciones a sus fondos de pensión, usando subterfugios permitidos por las leyes federales para evitar cuotas anuales”. La revista Forbes (7/7) agrega que “311 de las 365 (compañías clave con planes de pensión) dejaron sus fondos en déficit el año pasado”. Este desfinanciamiento consciente de los fondos de pensión anticipa el default: “No significa que todas las empresas no estén en condiciones de pagar las jubilaciones sino que esperan, un día, no hacerlo” (Le Monde, 12/7).


 


La revista explica lo que va a pasar en el mejor de los casos: “Las contribuciones patronales representaban 2% de sus gastos hace 5 años. Eso dejaba mucha plata para mejoras salariales e inversiones”. Pero el año pasado las contribuciones representaron el 10%: “Eso deja mucho menos”.


 


Bush ha propuesto una nueva ley de “reforma” que obligaría a un incremento en las contribuciones patronales a sus propios fondos y al PBGC, pero que también obligaría a los planes en déficit a entrar en default. Las compañías dicen que si las obligan a pagar sus contribuciones, tendrán que entrar en bancarrota. Por ejemplo, Gerald Grinstein, presidente de Delta Airlines, habla de la posibilidad de declarar la bancarrota de su compañía dentro de cuatro meses (Cincinnati Enquirer, 8/6).


 


Pero las jubilaciones son, apenas, un aspecto de la “crisis de la seguridad social” norteamericana; el otro son los fondos de salud. La GM declara que el financiamiento de los planes de salud de sus empleados y jubilados agrega un costo adicional de 1.500 dólares a cada auto producido. Presiona a la burocracia sindical a aceptar, en el próximo convenio, reducciones sustanciales en los planes de salud. “Si no llegamos a un acuerdo, amenazan, deberemos considerar otras soluciones; la más extrema es la declaración de quiebra (del plan de salud)” (Le Monde, 12/7).


 


Ahora que la situación se ha vuelto “insostenible”, la burguesía norteamericana viene a descubrir que “el principio de ligar el plan de salud al empleo es discutible y perverso”. Claro que no lo pensaba cuando el número de beneficiarios era bajo y se embolsaba la diferencia entre los descuentos de los salarios y las prestaciones.


 


La burocracia sindical rehúsa plantear un plan de lucha. La declaración más reciente (30/6) del Consejo Ejecutivo Maestro de la Asociación de Asistentes de a Bordo (http://www.unitedafa.org/) -que denuncia que el default fue permitido a cambio de un pago de 1,5 mil millón de dólares de United al PBGC-, demuestra una preferencia por “desafiar a la patronal y al PBGC en la Justicia” antes de ir a la acción directa, y dice que va a considerar un llamado a la huelga “si es la única manera de restaurar nuestros planes de pensión”.


 


La incapacidad de la burguesía norteamericana de hacer frente a los compromisos jubilatorios y de salud con sus empleados es la manifestación de la debilidad de la tasa de beneficio. Su recuperación exige la liquidación de conquistas históricas de la clase obrera norteamericana. Como dijo Prensa Obrera N" 905 en el artículo titulado “General Motors: Cierre de plantas y 25.000 despidos”, “la crisis mundial pone al proletariado norteamericano ante choques fundamentales”.


 

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