Un balance necesario del fracaso de la dictadura y las tareas de la izquierda

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La ocupación británica de las Malvinas desde la 1833 es una manifestación inocultable del carácter semicolonial de nuestro país. Pero bien mirado, no es ni siquiera el más importante, dado el control que los capitales imperialistas ejercen de las ramas más importantes y significativas desde la constitución de la Argentina como nación independiente. Y la impagable deuda externa que se viene acumulando desde los mismos albores de la independencia (Banca Baring, 1824).

Lo que fue cambiando a lo largo de estos doscientos años fueron las ramas económicas y también las potencias imperialistas dominantes. Del dominio británico desde las primeras décadas después de la independencia hasta mediados del siglo pasado pasamos al predominio estadounidense desde entonces en adelante. Con la presencia acompañando a estos sectores predominantes de capitales europeos (españoles, alemanes, franceses),  también japoneses y más recientemente chinos. Y la deuda incrementándose con la tutela del FMI desde hace setenta años.

Es a partir de esta caracterización que debe analizarse la guerra por Malvinas ocurrida hace hoy cuarenta años.

El régimen que la emprendió no pretendió en ningún caso romper el dominio imperialista sobre el país. Ni  económica, ni políticamente y por lo tanto tampoco en términos militares. Esta caracterización permite entender el hilo de los acontecimientos que de otro modo aparecen plenos de conductas contradictorias  y a veces hasta incomprensibles. 

Numerosas investigaciones periodísticas y de historiadores han revelado los vericuetos, las idas y vueltas de esas conductas,  sus tramas secretas,  sus vacilaciones y hasta cierto punto  sus incoherencias,  las improvisaciones y acciones entre aventureras y timoratas. 

Pero lo que importa poner de relieve para una mirada que pretenda sacar conclusiones políticas para los intereses de los explotados, de los trabajadores y de todo el pueblo y la nación sometida desde hace doscientos años al yugo extranjero, es cuales fueron los intereses de clase que llevaron a la guerra, y por lo tanto sus límites insalvables. Entenderlo  tiene en primer lugar el valor de poner de relieve las reivindicaciones antimperialistas que tenemos por delante y las tareas que la clase obrera debe asumir para encabezarlas y llevarlas al triunfo. Y además poner de relieve las limitaciones insalvables de las corrientes burguesas de entonces y de ahora para encararlas.

Una dictadura agotada

Hacia fines de 1981, la dictadura militar surgida del golpe de marzo de 1976 daba signos de agotamiento tanto en el plano económico, como social y político. La inflación descontrolada, la quiebra de bancos, la devaluación que incrementaba el peso de una deuda externa que había tenido un enorme crecimiento, impactaban en el humor social que mostraba un descontento generalizado. El movimiento de resistencia tanto entre los organismos de derechos humanos, como del movimiento obrero tomaba más envergadura y comenzaban a ganar las calles. Los partidos burgueses (peronismo, radicalismo, desarrollismo, entre los más importantes) habían conformado una multipartidaria que reclamaba una salida “institucional” consensuada.

En diciembre de 1981 un golpe palaciego desplazó al general Viola de la presidencia (había reemplazado a Videla nueve meses antes). Asumió la presidencia el general Galtieri, comandante del Ejército, con un especial apoyo de la Armada liderada por el almirante Anaya. La  Junta Militar se completaba con el brigadier Lami Dozo, titular de la Aviación. Como nuevo titular de Economía fue nombrado Roberto Alemann, un agente de los capitales bancarios y  del imperialismo, hermano de Juan, del equipo de Martinez de Hoz durante el mandato de Videla.

El proyecto Malvinas

A iniciativa de Anaya, la Junta militar aprobó en forma reservada un plan para ocupar las Malvinas bajo dominio británico desde hacía un siglo y medio. Esperaban con esa acción retomar la iniciativa ante el clima de descontento generalizado. Suponían que el imperialismo yanqui iba a convalidar su acción para desplazar a los ingleses. La intención de la dictadura no pretendía derrotar al imperialismo  sino asociar a los yanquis (e inclusive a los propios ingleses) en la explotación petrolera y pesquera de las Malvinas. También estaba  el proyecto de colaborar en la conformación en el Atlántico Sur de una réplica de la OTAN, incluyendo a los EEUU y Sudáfrica. Tenían en cuenta el estrecho alineamiento que venían teniendo con los EEUU especialmente en América Central. La dictadura tenía un rol activo en las acciones contra la revolución sandinista, que se había impuesto en Nicaragua en 1979.

Lejos de una acción antimperialista, la máxima aspiración de la dictadura se limitaba a reemplazar una rémora colonial por incorporar a las Islas Malvinas al status semicolonial del país. La política que llevó adelante el equipo económico comandado por Alemann tanto antes como después de la ocupación de las Isla sera fuertemente proimperialista y de ataque a las masas.

El plan estimaba la ocupación de las Malvinas para el 20 de mayo para coincidir en pocos días con la celebración de la revolución de Mayo. Un incidente menor en las islas Georgias del Sur también ocupadas por los ingleses, pero especialmente las mayores tensiones sociales en las vísperas de la gran movilización del 30 de marzo (ver nota Porteñazo…) llevaron a la Junta Militar a adelantar el operativo para el 2 de abril, lo cual agregó una cuota de mayor improvisación a todo el proyecto.

Las negociaciones y la mediación de EEUU

El 3 de abril, los ingleses lograron se reuniera el Consejo de Seguridad de la ONU y aprobara la resolución 502 que defendía los intereses británicos y  reclamaba el retiro inmediato de las tropas argentinas. El gobierno argentino quedó sorprendido de la amplitud de la derrota diplomática, pues no solamente los EEUU votaron junto a los ingleses sino que ni la URSS, ni China, usaron su poder de veto para bloquearla (solo se abstuvieron) y hasta la mayoría de los países no alineados apoyaron la propuesta inglesa. Solo Panamá, único representante latinoamericano y protagonista de su propia disputa anticolonial contra los EEUU por el Canal, votó en contra.

La sorpresa del gobierno era en cierta medida forzada. La dictadura había encabezado las cruzadas contra la izquierda latinoamericana (Plan Cóndor, intervención junto a los Contras en Centroamérica) y había ostentado abiertamente su alineamiento con el imperialismo yanqui criticando y denunciando a los países no alineados. Había llevado adelante una represión con miles de desaparecidos y terrorismo de Estado. 

Tras el traspié diplomático, las expectativas del gobierno se centraron en la mediación de EEUU. Estuvo claro desde el comienzo que la Junta militar no había previsto ninguna preparación para una confrontación militar. La mediación yanqui se extendió por varias semanas pero dejaba claro que de no aceptarse sus condiciones se orientaría al apoyo logístico a la causa británica, su aliado en la OTAN. 

El gobierno militar recibió inicialmente un amplio apoyo de todo el arco político burgués, incluyendo a la Multipartidaria pero a medida que la expectativa de una salida negociada se iba haciendo cada vez más improbable y que la mediación de EEUU iba de fracaso en fracaso comenzaron a aparecer voces disonantes que reclamaban aceptar los términos anglo-yanquis especialmente en el desarrollismo y en el ala alfonsinista del radicalismo. Incluso se menciona una reunión de un enviado norteamericano con Frondizi el 24 de abril que “casualmente” coincidió con su cambio de posición.

Por el contrario entre las masas populares crecía un sentimiento antimperialista que operó como un nuevo condicionante para la Junta Militar, limitando sus posibilidades de aceptar las condiciones que exigían los ingleses y canalizaban los mediadores estadounidenses que implicaban una vuelta atrás al régimen vigente previo a la ocupación de las islas.

El imperialismo inglés y el rol de la izquierda europea

En Gran Bretaña gobernaba Margaret Thatcher al frente del partido Conservador desde 1979. Llevaba adelante una política derechista contra los sindicatos, de privatización de las empresas públicas coincidente con la orientación que llevaba adelante el gobierno de Reagan en EEUU que había asumido en enero de 1981 y que también implicaba un viraje hacia una política más derechista.

Durante sus primeros años de gobierno la popularidad de Thatcher cayó fuertemente por la recesión y el desempleo y su política antisindical, con lo cual la ocupación de las Malvinas le dio la oportunidad de recuperar  apoyo  apelando a un nacionalismo con reminiscencias imperiales y apostando fuertemente a emblocarse con un gobierno estadounidense de su misma orientación política y económica.

Se mantuvo dura en sus exigencias durante las negociaciones con la mediación yanqui y mandó a la flota para recuperar las islas. Hay que resaltar  que contó con  el apoyo de los laboristas ingleses que antepusieron su defensa de los intereses imperialistas y colonialistas de su burguesía a los reclamos de un país oprimido más allá de las características que tenga su gobierno.

Pero no fue solo el laborismo inglés. El gobierno francés liderado desde mayo de 1981por el socialista François Mitterrand también se alineó con el bloque Reagan-Thatcher brindando apoyo logístico, político y diplomático a la flota inglesa. También en este caso priorizando los intereses imperialistas europeos. Aunque debe ser denunciado no debería sorprendernos, Hacía rato que la izquierda socialdemócrata europea era un engranaje  del imperialismo. Pero hay que denunciar también que una parte de la izquierda que se reclama revolucionaria europea también apoyó  a la “flota pirata” como la caracterizamos en tiempo real durante la campaña de recuperación de Malvinas.

Contrastando con estos apoyos hacia el imperialismo hubo una corriente de simpatía por la causa argentina en pueblos de Latinoamérica y esto a pesar de estar muy fresca la conducta de la dictadura argentina de las peores atrocidades.

Los enfrentamientos militares

Nuestro partido señaló acertadamente apenas se produjo la ocupación de las Malvinas que estábamos ante una maniobra distraccionista de un régimen en manos de los agentes de la opresión nacional. Eso quedó ampliamente confirmado porque toda la política del gobierno continuó pagando la deuda externa y protegiendo los intereses de los capitales imperialistas. Pero al mismo tiempo señalamos claramente que si hay guerra, la nación debe tomar las armas y hacer la guerra a lo largo y ancho del país.

Y mientras las negociaciones se estiraban infructuosamente la flota inglesa se acercaba a los mares del Atlántico Sur y comenzaba la etapa de los enfrentamientos bélicos. Nuestras iniciativas empalmaron con una gran movilización popular que incluyó la formación de comités, recolección de fondos y de productos y las exigencias de liberación de los presos políticos entre otras acciones.

El gobierno militar por el contrario mostró que todo su plan dependía de que los yanquis lograran que la flota no llegara. Porque la falta de preparación, la desorganización y hasta el maltrato hacia los soldados fue la conducta de los mandos militares.

El comienzo de las acciones militares fue dramática porque por expresa orden del gobierno británico un submarino con propulsión nuclear hundió al crucero general Belgrano que navegaba fuera de las áreas de restricción impuestas por los propios ingleses en una acción  que equivale a un crimen de guerra y que provocó centenares de muertes. Y fue uno de los pocos casos de denuncia dentro del propio parlamento británico por parte de algunos sectores del laborismo.

La desorganización, las improvisaciones y hasta rencillas internas marcaron la respuesta del gobierno militar ante la ofensiva inglesa. La marina directamente no salió de sus bases en el continente.Salvo acciones destacadas de la aviación, como el hundimiento de uno de los buques más modernos de la flota británica, el Sheffield, la conducta de los mandos militares fue lamentable. Casi parecía como que “la dictadura organizóconscientemente la derrota” como titulamos una nota en nuestra prensa de junio de 1982. Es que la conducta militar no puede disociarse de la orientación general del régimen y del gobierno militar que mantuvo todos los privilegios de los intereses imperialistas en el país.

Y esto contrastaba con la actitud y la actividad de amplios sectores de las masas populares que se comprometieron y se involucraron en el apoyo y la colaboración con los combatientes contra los ingleses. Más aún, los soldados sufrieron no solamente la presión de las fuerzas inglesas sino que carecieron de los más elementales elementos para protegerse del clima, fueron mal alimentados, careciendo del armamento y los recursos logísticos más elementales.

En nuestra prensa de esos meses publicamos numerosos testimonios de los soldados mostrando estas falencias. Incluso uno de los artículos publicado en julio con el testimonio de estas carencias se titulaba “la dictadura masacró más que la flota inglesa” por la cantidad de bajas que esta desorganización “planificada” implicó entre los soldados en las islas. Y desde ya que las colectas de víveres y otras vituallas que fueron recolectados en todo el país jamás llegaron a quienes debían ser los destinatarios de esos esfuerzos.

La rendición y la caída de la dictadura

La caída de Puerto Argentino era entonces solo cuestión de tiempo. La rendición se produjo el 14 de junio y tuvo inmediatas repercusiones entre las masas especialmente en Buenos Aires. La Plaza de Mayo que había sido en abril el escenario donde Galtieri pretendió posar de anticolonialista fue esta vez el escenario de la desilusión popular y la indignación frente a la inoperancia del gobierno militar. Ni la llegada del Papa, dos días antes que pretendía amortiguar  el impacto de la rendición pudieron calmar la efervescencia popular. Ni la represión a la que apeló el gobierno calmó la bronca. 

La multipartidaria y los mandos militares se vieron llevados a procesar un recambio. La Junta militar y Galtieri renunciaron y asumió un general recientemente retirado por Galtieri, Reynaldo Bignone, con el compromiso de abrir un proceso  de traspaso del poder a un gobierno elegido en elecciones.

La acción de la multipartidaria fue fundamental para evitar que una caída de la dictadura por una acción popular pudiera abrir un escenario convulsivo. Por el contrario los peronistas con Bittel a la cabeza buscaron la manera de preparar condiciones para una auto amnistía de los militares responsables del terrorismo de estado. Por el lado del radicalismo, Alfonsín que había sido de los primeros dirigentes en oponerse a la ocupación de las islas y militar por la desmalvinización logró liderar a su partido y convertirse poco más de un año después en presidente constitucional. 

La derrota de Malvinas fortaleció a la Thatcher y al imperialismo. Las tareas de la verdadera lucha antimperialista y de emancipación nacional no fueron ni siquiera planteadas ni por el gobierno militar ni por los partidos burgueses de la Multipartidaria. Es una tarea que queda en manos de los trabajadores y de las masas populares bajo el liderazgo de la clase obrera.

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