El PC y la burocracia de la URSS por la defensa de la “coexistencia pacífica”

No es arbitrario unir las posiciones del Partido Comunista argentino (PC) con las de la burocracia neo stalinista que dirigía la Unión Soviética (URSS). Ambos han desaparecido. La URSS fue disuelta en los 90 en el marco de la implosión que acompaño el proceso de restauración capitalista. El PC ha desaparecido política (y físicamente) en su disolución dentro de las filas del kirchnerismo.

Cuando el golpe del 24 de marzo de 1976, la dictadura no ilegalizo al PC. Cosa que si hizo con los partidos de izquierda, entre ellos nuestro PO (entonces llamado Política Obrera). El PC, al igual que los partidos burgueses, fue “suspendido”.

Esto se debió no solo a su política anterior al golpe de plantear como salida a la crisis del gobierno de Isabel Martinez, la necesidad de una “convergencia cívico-militar” (ver trabajos de Natalia Cassola).Lo cual era una invitación indirecta al golpe, donde siguió planteando lo mismo. El PC no se opuso a la dictadura. Caracterizo que dentro de ella había dos alas: una ultra, pinochetista-fascista que quería una dictadura –que se asentara sobre una intransigente represión y otra “moderada” que quería mantener relaciones con los partidospolíticos legales. En el campo de esta última, representada por Videla, se alineó el PC.

En la no ilegalización del PC por parte de la dictadura, intervino también el hecho de que este partido “representaba” la defensa de los intereses de la burocracia soviética. Bajo el gobierno de Perón-Gelbard se habían firmado acuerdos que dieron fuerte impulso al comercio con la URSS (con inversiones incluso en proyectos hidroeléctricos: Salto Grande, etc.). Que Isabelita luego suspendió y la dictadura de Videla revalido en 1977.

La URSS rechazo toda condena a la dictadura argentina por violación de los derechos humanos en los foros internacionales. Oponiéndose a la política derechohumanista de la administración Carter. Fue una diferencia notable respecto a la actitud de condena que tomo respecto a las dictaduras chilena y uruguaya.

Pero la “luna de miel” dictadura argentina-burocracia soviética, dio un salto, frente al embargo contra la URSS decretado por el imperialismo, en represalia a la intervención rusa en Afganistán.

La dictadura de Videla no se plegó a dicho embargo. No por afinidad política y menos ideológica, con la URSS. La dictadura más anticomunista y represiva de Latinoamérica, aconsejada por su ministro de Economía, Martínez de Hoz, vendió masivamente productos agropecuarios a la URSS, amenazada por el hambre debido al fracaso de su cosecha. Lo hizo en beneficio de la oligarquía agroexportadora y de las exportadoras. Los monopolios exportadoresradicados en la Argentina, hicieron maniobras de triangulación para vender los granos y carnes argentinas, burlando el boicot dictado por sus gobiernos imperialistas. Bussines are bussines. Negocios son negocios. Lógicamente, aprovechando la circunstancia del boicot, las ventas a la URSS tuvieron un sobreprecio del 25%, que llenaron los bolsillos de oligarcas y exportadores. En 1980, el 60% de la exportación agropecuaria era colocado en la URSS.

La pertenencia al occidente capitalista de la dictadura fue “recordada” cuando esta se plegó, a mediados de 1980, al boicot imperialista a las Olimpíadas de Moscú (allí no había plata, entonces primaron los “principios”).

El PC argentino acompaño esta luna de miel entre la burocracia soviética y la dictadura.

Cuando estallo la ocupación de Malvinas, el PCA la apoyó.

Como parte de sus gestiones diplomáticas, la cancillería argentina, esperaba que la URSS –al igual que hizo contra las condenas a la violación de las libertades democráticas- acompañara el accionar dictatorial. Pero…. en el Consejo de Seguridad de la ONU se voto una resolución –a pedido de Londres- que condenaba a la Argentina y reclamaba su retirada incondicional de las Malvinas. En esa oportunidad, la URSS no aplico su derecho a veto, y se abstuvo. Dejando que triunfara la moción en la que Thatcher se monto para justificar “legalmente” el envío de la flota y su agresión imperialista.

Cuentan la anécdota de que el embajador argentino en la ONU, en la noche del 3 de abril, tuvo una entrevista con el representante de la URSS para solicitar que vetara la resolución que condenaba a la Argentina a abandonar la ocupación de Malvinas y restituirle el control a los ingleses. Esto le contesto que no podía tomar esa resolución tan importante, sin consultar antes con el gobierno en Moscú. Y que no podía hacer eso, porque allí eran en ese momento las 2 horas de la madrugada y la cúpula… dormía. La URSS se abstuvo (igual que China) y no voto en contra, no haciendo uso de su derecho al veto.

A partir de ahí, la política de la URSS fue de una débil retórica, pero ningún apoyo concreto a la guerra de Argentina contra la Thatcher. Según un “alto consejero político” de las relaciones exteriores del Kremlin, Arnoldo Mossolov, (relatado por Isidoro Gilbert en el libro publicado después de la implosión de la URSS), se actuó con mucha cautela “debido al peso de las relaciones políticas como comerciales del Reino Unido con Moscú”.

Lo concreto es que el “movimiento comunista mundial”, que dirigía el burocrático PCUS, no se movilizo internacionalmente en apoyo a la Argentina y por la derrota del imperio británico.

La versión de que la dictadura no acepto el ofrecimiento de armas por parte de la URSS para reforzar la lucha contra la flota pirata, es totalmente falsa. (Si no acepto ofrecimientos de Cuba y Perú).

Gilbert transcribe una entrevista -hecha después de la guerra- al almirante Anaya, uno de los 3 miembros de la Junta Militar, donde este le plantea que en los inicios de la batalla: “Nosotros les pedimos a los soviéticos que nos dieran sus aviones Bear. Eran aparatos muy sofisticados dotados de misiles aire-superficie y que íbamos a pagar al contado, para no tener ninguna dependencia. Los soviéticos respondieron positivamente, pero demandaron un entrenamiento del personal durante no menos de seis meses. Nosotros les dijimos que necesitábamos los aviones inmediatamente dado el curso de la guerra. Jamás hubo respuesta”. 

Otros informes afirman que la burocracia del Kremlin les explico que no podía hacer una entrega rápida no solo por lo arriba citado, sino porque los aviones deberían ser desarmados, enviados por barco y luego rearmados en la Argentina. Una justificación ridícula de su negativa, porque los aviones rusos podían ser piloteados directamente y dadas las distancias realizar escalas para reabastecerse de combustible en las bases soviéticas de Angola y Cabo Verde”.

La URSS no quería romper su política de coexistencia pacífica con el imperialismo, apoyando una guerra de una semicolonia contra la Thatcher y Reagan. El “occidente” era del imperialismo.

Públicamente la posición de la burocracia del Kremlin sobre la guerra giro en torno a la necesidad de una “solución pacífica” de las controversias, mientras los Harrier bombardeaban a los soldados argentinos.

El PC argentino “apoya decididamente la recuperación de las Islas Malvinas”, dice la declaración del Comité Central del PC del 3 de abril de 1982. Un apoyo a la dictadura, ninguna crítica a la maniobra política de la misma. El PC que había apoyado la creación de la Multipartidaria en 1981 (y pedido su incorporación a la misma) acompaña esta posición con la necesidad de buscar una salida “democrática”-institucional en el marco de una convergencia cívico-militar. La unidad nacional con la dictadura.

Esta posición del PC de apoyo inicial, fue cambiando con el transcurso de la guerra, al igual que los partidos burgueses, en función de una paz negociada, como planteaba la burocracia soviética. Según versiones, esta orientación, creo tensiones dentro de la jerarquía del PC, pero fueron finalmente “disciplinadas” a los dictados de Moscú. Ante la demora en alinearse en esta posición un alto dirigente, de los más ligados al Kremlin, Oscar Arevalo, publico una nota (diario La Razón) a favor de la posición pacifista que alentaba la burocracia soviética: retirada de las tropas argentinas de Malvinas, entrada de un contingente de los “cascos azules” de la ONU.

La renuncia de Galtieri, después de la rendición en Malvinas, encontrará al PC en el mismo barco de la convergencia cívico-militar, entre la dictadura y la Multipartidaria.

Hoy, sus restos inorgánicos son parte del gobierno del Frente de Todos, acompañando la política de ajuste fondomonetarista contra el pueblo trabajador.

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